martes, julio 31, 2012

Superhéroes más grandes que Batman


Justo el día en el que me iba de vacaciones, el pasado viernes 20, tuvo lugar una espantosa matanza en un cine de Denver, Colorado, durante el estreno de la tercera parte de Batman. En una sala repleta un psicópata entró armado hasta los dientes y cubierto por una máscara, y disparó con saña sin fijarse en quién mataba o quién dejaba herido. El público, creyendo al principio que todo formaba parte del montaje publicitario de la película, tardó demasiado en darse cuenta de lo que estaba sucediendo. El balance, doce muertos, es muy descriptivo del horro que allí se debió vivir.

Un par de días después, y tras haber desactivado todo el montaje que el sujeto tenía en su apartamento para matar a los que allí fueran a cazarle, fue detenido al autor de semejante salvajada, un joven llamado James Holmes, cuyo perfil biográfico le deja a uno sumido en la desesperanza. No estamos aquí ante el típico psicópata, proveniente de una familia desestructurada, con cruel pasado y escasos conocimientos, no. Se trata de un genio, becado a través de uno de los programas más prestigiosos de EEUU en neurociencia, que estaba realizando un doctorado en la materia después de licenciarse con unas notas maravillosas. Alguien de cuyo currículum sólo se espera el éxito profesional ha acabado con su carrera de la manera más absurda y cruel imaginable, llevándose la vida de doce inocentes y dejando mal heridas a varias decenas de personas más. Leyendo artículos variados sobre este “Holmes del mal” frente al detective de Baker Street, cada vez me sentía más angustiado y sin respuestas, porque quizás no las haya al maldito “Por qué” que no dejamos de repetir ante episodios como este, una pregunta muy natural, que nuestra mente trata de responder sin fin, y que puede conducirnos a la angustia al darnos cuenta no sólo de que no hay respuesta, sino que la propia pregunta carece de cualquier sentido. Sin embargo, en medio de este panorama moral uno es capaz de encontrar signos de esperanza en los humanos, gestos que nos dignifican y hacen que mirarse en el espejo sea un acto soportable. Y como suele suceder en estos casos, es en las víctimas donde encontramos esas actitudes nobles. Leer las mínimas reseñas publicadas sobre los doce fallecidos nos muestra un grupo de personas heterogéneo, de clase media, joven, con la vida muy formada para su edad en muchos de los casos, y que ante el horror que se les hizo presente adoptaron una actitud de héroe que para sí quisiera Batman, Superman o cualquiera de los muchos justicieros salidos de la imaginación de escritores y dibujantes. Es el caso de Alexander Teves, de 24 años, licenciado en psiquiatría, que al comenzar los disparos se abalanzó sobre su novia Amanda para cubrirla, lo que salvó la vida de ella y acabó con la suya. Esta misma aptitud fue la que adoptó Jonathan Bunk, de 26 años, Marine entrenado a conciencia, que sacrificó su vida para salvar la de su amiga Jansen Young, o Matthew McQuinn, de 27 años, empleado de un centro comercial, que sin dudarlo cubrió a su novia y al hermano de ésta, salvándoles a los dos pero falleciendo en el intento, o Gordon Cowden, de 51 años, comercial inmobiliario, que acudió al cine con dos de sus cuatro hijos, a los que pudo salvar, y sólo pudo decir “os quiero” antes de morir delante de sus ojos.

Frente a la oscuridad, la pura maldad de lo que hizo James Holmes, lucen como soles los cuatro ejemplos que aquí he mencionado, y otros más que, sin duda, se debieron producir en el interior de la sala de proyecciones durante esos horribles minutos. Si Holmes es un nuevo ejemplo de lo que debemos evitar, rechazar y repudiar, Alexander, Jonathan, Matthew y Gordon son ejemplos de lo que debemos ser, de lo que debiéramos ser en nuestro día a día, y sus familias, que les lloran desconsoladas, deben estar muy orgullosas de lo que hicieron en el último momento de su preciada vida. Su muerte dio vida a otros. Es lo más bello que se puede hacer en este mundo.

lunes, julio 30, 2012

Un viaje de Elorrio a Madrid


Todo se acaba, menos la crisis, y en ese todo se incluyen las vacaciones, como no. Al menos han pasado a la historia las que me he cogido el mes de Julio, en las que no ha sucedido nada reseñable salvo el encuentro con los amigos, familiares y el descanso en plan abuelo jubilado, en el que el único exceso que he cometido ha sido, precisamente, el de no caer en ninguno en concreto. Como muchos Domingos por al tarde, ayer hice el viaje de vuelta a Madrid pero con una diferencia sustancial respecto a los últimos diez años. Lo hice conduciendo.

Y mi primera vez fue suave, relajada e indolora. Desde que tengo un coche muerto de risa en Elorrio pensé en la posibilidad de traérmelo, no para venir a trabajar, ya que el metro me cubre el trayecto sin problema alguno, pero sí para experimentar un trayecto de conducción largo y hacer algunos kilómetros por Madrid, que ya me la conozco lo suficiente como para no perderme dentro de ella en la vida diaria pero, por no tener vehículo aquí, sigo sin saber qué calles son de único sentido, y plantado en un punto dado tendría serias dificultades para saber como se va en coche desde allí a cualquier otra parte (es lo malo de que el coche no quepa en el metro, jeje) La cuestión es que salí de casa a las 15:30 pasadas y llegué a mi barrio escasas cuatro horas después, habiendo hecho una parada para repostar en Briviesca, a unos 130 kilómetros de la partida y 270 del destino, aproximadamente. Ha sido el viaje más largo que he hecho conduciendo, y pese a que tenía algo de prudencia en el cuerpo, sobre todo a medida que me aproximaba a Madrid y al circo de carreteras que es esto, finalmente no tuve problemas en la M30 para encontrar la salida que da directamente a mi barrio. Como llegué pronto incluso me permití el lujo de ir a un centro comercial cercano a casa y comprar provisiones, por lo que como hace casi todo el mundo, aproveché el coche para cargar en el los cartones de leche que cada ciertas semanas me hacen sufrir cuando los llevo con el carrito camino a casa. Creo que en todo el viaje no dejé de sentirme raro, y mucho más dentro de Madrid. No se si por ser mi primera vez al volante en esta ciudad o porqué, pero bajando por la M30 me sentía algo irreal, desubicado, extraño… subiendo por la calle que da a mi casa me notaba en una postura rara, y es que iba sentado, pero con los brazos estirados sobre un volante, no se si me entienden… me parecía en cierto modo como si no fuese real del todo, como si en un momento dado una voz surgiría de alguna parte diciendo algo así como “vale, ya te has divertido bastante, ahora vuelve a caminar”. Sin embargo la voz no apareció y, con el maletero lleno de la compra, aparqué muy cerca de casa, bajo un árbol que espero proporcione sombra a la carrocería, y descargué las cosas camino al portal, dejando allí al coche que, si pudiera hablar, se sentiría tan extrañado como lo estaba yo, dado que nunca ha hecho en su corta vida un esfuerzo semejante al de ayer. Seguro que esta noche ha dormido a gusto, pero al despertarse se va a sentir muy perdido.

En lo que es el trayecto de autopista autovía no tuve problema alguno, aunque en ocasiones, rodeado de coches franceses, portugueses y suizos yo me sentía como un extranjero. El tener que fijarse en la marcha le impide a uno mirar el paisaje, los campos áridos y las nubes del cielo, y le quita una de las principales ventajas de viajar, que no es otra que ver el discurrir de camino. A cambio ofrece una sensación de control y de que uno se impone a dicho camino placentera y difícil de describir, pero que no es tan gratificante como estar absorto mirando como crecen los cumulonimbos desde la ventanilla del copiloto…

viernes, julio 20, 2012

Joker gana, Batman muere

14 asesinados en un cine en Denver en el estreno de la última película de Batman. ¿Por qué no hay superhéroes y sí villanos? ¿Por qué los asesinos son de verdad y los justicieros son fantasía? ¿Por qué???????

Es necesario leer a Stefan Zweig


Ayer España cedió, por fin, toda su soberanía a Europa, más concretamente a Alemania, mediante el simbolismo encarnado en esa votación del Bundestag, en la que señores que no hemos elegido deciden votar nuestro rescate financiero a cambio de las condiciones que sean precisas. Las manifestaciones de la tarde y noche en España expresaban enfado, pero más allá de eso el sentimiento del país es de abatimiento, pesar, temor y desconfianza ante un futuro cada vez más negro. Nada de lo que era sólido ya lo es. ¿Cómo actuar? ¿Qué pensar?

Hace unos setenta años un europeo llamado Stefan Zweig, uno de los novelistas más grandes de su tiempo, y de todos los habidos, expresaba esa misma congoja al inicio de lo que serían sus memorias, tituladas “El mundo de ayer” y con un subtítulo muy actual: memorias de un europeo. Zweig nace en Viena en el siglo XI en el apogeo del imperio austrohúngaro y muere tras suicidarse en Petrópolis, Brasil, en 1943, donde se encontraba exiliado tras huir de su país y del continente amado, víctima de la persecución nazi. Autor de maravillosas novelas que a buen seguro les gustarían, dotadas todas ellas de un tono romántico muy profundo y nada empalagoso, posee también un catálogo extenso de ensayos y biografías. Sus memorias son las de un europeo orgulloso de serlo, que nace en Viena pero que vive temporadas en Alemania, Italia, España, Reino Unido, que durante su juventud crece en un ambiente cultural en constante expansión y en una Europa subida al carro de la primera gran globalización, con los viajes trasatlánticos como moneda corriente y con miles de personas circulando sin parar entre los países del continente. Ese mundo de crecimiento, estabilidad y paz colapsa en 1914 de la manera más inesperada posible en un enfrentamiento que se suponía breve y que acabaría llamándose Primera Guerra Mundial. Las cicatrices y el recuerdo de esos años de cruel batalla destrozan la ilusión en el progreso de Zweig y de muchos de sus contemporáneos. Convertido ya en un escritor famoso, su activismo como intelectual, concepto que en aquel entonces no estaba tan consolidado, le hace pronunciar conferencias y discursos en los que no deja de reclamar una unión entre los europeos, para exorcizar el fantasma de la guerra y vencer al terrible virus del nacionalismo, que se incuba en cada país y no deja de crecer. Paradojas de la vida, reside durante varios años en una vivienda sita en unas montañas cerca de Salzburgo, con vistas a Berchtesgaden, donde en un momento dado un militar alemán llamado Adolf Hitler empieza a construirse una casa de montaña y palacio de gobierno. Zweig observa alarmado como ese virus nacionalista muta en lo que se hace llamar fascismo, y llena las calles europeas de bandas criminales que imponen la ley del más fuerte y no dejan de vejar, violar y atacar a todo aquello que se les pone por delante. Nota como su Austria natal se encamina a ser fagocitada por un expansionismo alemán que no posee límites y decide emigrar a Londres, desde donde saltará a Brasil una vez que se inicie un nuevo enfrentamiento conocido como Segunda Guerra Mundial. Mayor, cansado, angustiado en la distancia y dolido hasta el fondeo su alma al ver como Europa se desgarra y hunde en el salvajismo nazi, triunfante a principios de la década sin visos de ser derrotado nunca, Zweig se consume en el exilio y acaba por suicidarse junto con su esposa.

La visión que Zweig recoge en “el mundo de ayer” es tan vigente y actual que casi da escalofríos. Su anhelo de una Europa unida en concordia, que venza los miedos y recelos de cada una de sus pequeñas y orgullosas naciones es tan actual como lo era en los sesenta, pero a la vista de la crisis que asola el continente es un llamamiento a la actuación que no tiene parangón en su claridad y vehemencia. Leer ese libro, pensarlo y sentirlo es algo que todo europeo debiera hacer al menos una vez en su vida. Si se siente tan perdido como yo ante lo que sucede, lea este verano a Zweig, sumérjase entre sus páginas y pensamientos, y verá un rayo de luz y esperanza

La semana que viene estoy de vacaciones. Si no pasa nada raro, hasta el Lunes 30, Sean felices.

jueves, julio 19, 2012

La fuerza del imperio chino


Hablé ayer de la guerra en Siria y los acontecimientos se precipitaron a los pocos minutos, mediante un atentado, del que ahora se duda que se produjera ayer mismo, que segó parte de la cúpula del poder de la dictadura de Bashar Al Asad. Hoy se vota en el Consejo de Seguridad una nueva resolución exigiendo sanciones, y está por ver si esta vez Rusia y China permiten que prospere. El final de esta frase recoge uno de los mayores cambios que ha experimentado el mundo en estos últimos años. Los países emergentes ya han emergido y, con China a la cabeza, cada vez tienen más poder, y lo usan.

Se habla tanto de China en todas partes que es imposible seguir al actualidad de lo que allí sucede de manera continuada si uno no se dedica a ello de forma profesional. Es un mundo en sí mismo, muchos de cuyos patrones nos son completamente ajenos. Sin poder evitar contagiarse de la recesión europea y la desaceleración norteamericana, China sigue mostrando vigorosas tasas de crecimiento, superiores al 7% que son necesarias para mantener la estabilidad social en el país. Pero más allá de coyunturas, China ha cambiado nuestro mundo, y su poder económico es tal y crece a tal velocidad que se me antoja incontrolable, y hay imágenes que no dejan lugar a dudas e invitan a todo tipo de reflexiones. Hace unos días venía en la revista de El País un reportaje de un fotógrafo francés sobre los océanos, en los que mostraba parajes únicos y de gran belleza con el objeto de mostrar la fragilidad de esos ecosistemas y la necesidad de protegerlos. Sin embargo yo me fije sobre todo en una imagen tomada en China. Luego busqué por Internet y hallé la web del fotógrafo, muy recomendable, y, dentro de las tomas chinas, la foto que les quería comentar, que pueden ver en este enlace. Corresponde al muelle de contenedores del puerto de Shangai. Es un muelle normal, con grúas portacontenedores, barcos que se están cargando y contenedores en los muelles a la espera de ser cargados o transportados, pero lo que asusta es la dimensión, infinita, de la imagen. Cada una de esas grúas es enorme, del tamaño de los barcos se pueden imaginar ustedes, y al vista se pierde en el horizonte, donde las grúas, barcos y contenedores parecen continuar hasta el infinito. Comenta en el reportaje que este puerto de Shangai, el mayor de contenedores del mundo, consta de cuarenta kilómetros de muelles, cuarenta, una distancia como la que hay entre Elorrio y Bilbao para los que sean localistas, donde la actividad de carga es incesante, y el tráfico es, sobre todo, de salida. La foto refleja de maravilla eso que se da en llamar “la fábrica de mundo” y es que en esos contendores, que parecen piezas de Lego y que son tan inmensos como los camiones que los transportan, están llenos de millones de productos que acaban en nuestras casas. Piense en todo lo que haya Made in China a su alrededor… bueno, quizás piense antes en lo que no hay y acabará antes. Pues esos productos habrán pasado por ahí, o por un puerto similar de otra ciudad china, donde día y noche, sin freno, no se deja de trabajar, producir y transportar a todas partes del mundo. Lo primero que me vino a la cabeza al ver esta imagen fue, se van a reír, la Guerra de las Galaxias, imaginando estas grúas y barcos como si fueran silos de naves espaciales que, como en cualquiera de esas películas de ciencia ficción, se extienden hasta el infinito, prestas a salir disparadas al combate o a una exploración. Es una visión del futuro hecha presente.

Pero el segundo pensamiento, más profundo y menos imaginativo, fue que esa foto reflejaba el cambio del mundo que se ha producido y que, pase lo que pase, ha venido para quedarse. Independientemente de que China viva su crisis económica y política, que ambas sufrirá en el medio plazo, su fuerza y presencia en el mundo han llegado a un punto tal que lo ha cambiado todo, y no se va a ir. Y nosotros, pequeños países europeos enzarzados en disputas ruines, somos incapaces de competir con esta capacidad industrial en muchos sectores, cada vez en más. Si quieren una visión de hacia dónde camina el mundo, o quién lo hace andar, mediten sobre esa foto.

miércoles, julio 18, 2012

Combates en el centro de Damasco


Ya les he comentado alguna vez que una de las consecuencias no deseadas de la crisis que atravesamos es que nos hace “ombliguistas” y no nos deja ver más allá de nuestras miserias. Y en el mundo pasan muchas cosas importantes. Dado que la semana que viene estaré de vacaciones y no podré escribirles, voy a tratar hoy y mañana de quitar el ojo de España y Europa y fijarme en el exterior. Y no es por comparar, pero nuestra ruina es gloria en comparación a la guerra que se extiende por toda Siria, y que noche tras noche los telediarios nos recuerdan en una breve pieza resumen.

Es difícil saber que está pasando allí, porque el régimen de Al Asad se encargó muy bien de expulsar a los periodistas extranjeros antes de que la guerra aumentase de intensidad, pero por las noticias que se filtran a través de Internet los combates se presumen duros, las matanzas que la dictadura siria perpetra sobre su pueblo no dejan de ir a más e incluso se puede decir que la guerra ha llegado hasta Damasco, la capital. Desde hace un par de días lo que antes no pasaba de escaramuzas y tiroteos parece haberse transformado en duros enfrentamientos militares en barrios de la ciudad, pero en este caso aún resulta más difícil precisar lo que sucede, porque la intoxicación es total. Por parte de los rebeldes una calle de Damasco tiene más importancia estratégica y de propaganda que una batalla en una gran pero desconocida ciudad del interior del país, y para el régimen funciona exactamente el argumentarlo inverso. Que haya enfrentamientos en la capital es la peor de las imágenes que puede mostrar de cara a garantizar su estabilidad y el control del país. Por tanto, expresiones del tipo “la ofensiva final” o “Damasco en llamas” deben ser directamente eliminadas, o por lo menos matizadas de la manera más contundente posible. Esos combates sí revelan dos cosas ciertas. Una que la guerra civil que vive Siria ya es total, a todos los niveles y en todo el país, y la otra es que el régimen de Bashar Al Asad no controla la nación como desearía. En una situación así las posibilidades de negociación se me antojan nulas, porque ambos contendientes se ven en la posibilidad de ganar, y creo que la guerra no terminará hasta que uno de ellos sea derrotado del todo, lo que implicaría sofocar la revolución y exterminar a todos sus combatientes o la caída de Bashar y su dictadura. ¿Qué es lo más probable? Difícil precisarlo, pero si nos atenemos a los casos recientes parece que el tiempo acaba jugando en contra de dictador y a favor de los sublevados. Sin embargo las referencias que se hacen a Libia como ejemplo previo hay que tomarlas con precaución. Recordemos que hasta que la OTAN decide intervenir en Libia con apoyo aéreo Gadafi ganaba la guerra y tenía rodeados a la mayoría de los rebeldes en Brega y Misrata. Sólo fue tras las incursiones de los cazas occidentales cuando la sublevación volvió a coger fuerza y reconquistó terreno hasta acabar como ya sabemos. Aquí ese apoyo no se va a dar, no por falta de ganas de occidente, sino por la total oposición de Rusia y China, que tratan de apuntalar la dictadura de Damasco en defensa de sus propios intereses y de al solidaridad que les provoca el dictador acosado, en el fondo, uno de los suyos. Así, las fuerzas rebeldes no contarán con apoyo exterior, salvo el que se sospecha que se realiza vía contrabando proveniente de algunas monarquías del golfo, Qatar sobre todo, deseosas de la caída de Al Asad. Por ello la batalla será aún larga y muy sangrienta, sin descartar que el régimen haga uso de todos sus medios, incluyendo las infames armas químicas que posee.

Sea cual sea el desenlace, la tragedia que asola Siria deja unas cuantas lecciones sobre como funciona (de mal) el mundo de hoy en día. La ONU ha fracasado por completo en su papel de mediadora, o incluso como mero foro de debate sobre el conflicto, los países occidentales se han visto políticamente incapaces de aunar voluntades para parar esta salvajada, y el peso geoestratégico y económico de China y Rusia les ha permitido doblegar los intentos de intervención. Así, día tras día, decenas, cientos de personas mueren en las arenas de ese país sin que nadie de la comunidad internacional haga nada pare evitarlo. Es más, los únicos que actúan lo hacen para alentar al régimen que asesina.

martes, julio 17, 2012

La princesa encarcelada


En medio del maremágnum en el que nos encontramos, más que certezas, buscamos culpables, y más que respuestas demandamos causantes del destrozo que sufrimos día a día. Sean reales o no, la sociedad quiere ver que alguien pague sus culpas y sirva de expiación ante el resto de los ciudadanos. Lo malo de este deseo, irracional, es que para llegar hasta donde hemos llegado hay mucha gente culpable que debiera pagar por ello, y esa demanda de cárcel y banquillo, a veces injustificada, es en esta ocasión más comprensible y cierta que nunca.

Pues bien, ayer, entre la desolación de los indicadores económicos patrios, hubo un rayo de esperanza judicial, que no fue otro que la condena a María Antonia Munar a cinco años y medio de cárcel por corrupción en el caso llamado maquillaje. Puede que haya gente que no conozca a Munar, no les suene su nombre ni su rostro, pero créanme si les digo que representa el arquetipo de la corrupción que ha devastado la economía y la moral de la sociedad española. Creadora de un partido llamado Unión Mallorquín, UM, Munar vio desde el principio a esta formación como la vía perfecta para enriquecerse, y bien que lo hizo ella y sus colaboradores. Elección tras elección UM no sacaba muchos votos, pero sí los suficientes como para convertirse en el partido bisagra que podía decantar el gobierno a favor de, o bien el PP y sus socios, o el PSOE y los suyos. Planteándose el gobierno como una subasta, UM y su “lideresa” vendían su apoyo al mejor postor, y el PP y el PSOE cometieron el inmenso y estúpido error de entrar en el juego. Así, durante más de una década, UM apoyó a Jaume Matas y a ejecutivos del PP y, cuando se cansó de ellos o no pujaron lo suficiente, se tiró a los brazos de Francesc Antich y el ejecutivo de izquierdas que presidía el socialista. Entre tanto, ajena por completo a los asuntos de gobierno, Munar se dedicaba a enriquecerse cada vez más, y de una manera lo más ostentosa e impúdica. El apelativo de “la princesa” que se le otorgó en Palma de Mallorca definía muy bien su estilo y tren de vida. No había negocio, obra pública, concesión, contrata o demás actos administrativos rodeados de dinero en los que UM y Munar no estuvieran presentes, llevándose comisiones sustanciosas, regalos y toda clase de prebendas, logrando amasar con los años un botín inmenso. Era la corrupción total, absoluta, el uso intensivo de una formación política para llevar la cleptocracia y el desfalco a su más elaborada y profunda versión. La podredumbre llegó a un punto en el que era difícil saber si quedaba alguien en algún partido político en Baleares que no robase, por decirlo claramente. Mientras tanto, qué hacía la policía, Guardia Civil, fiscalía, jueces y demás instituciones de control? Seré bueno suponiendo que no se quedaban con una parte del pastel, pero desde luego su trabajo no lo hicieron nunca. Tampoco las asociaciones ciudadanas ni grupos de presión denunciaron este conchabeo, salvo honrosas excepciones y algunos artículo de prensa que vistos desde fuera de las islas parecían más las crónicas de los bajos fondos de la mafia rusa que la descripción de una Comunidad Autónoma española. Y así siguió la cosa hasta que cayó, pero si lo hizo fue por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, que secó de fondos la trama y por lo de siempre, porque un corrupto menor se sintió estafado por lo que se estaba llevando y acusó por elevación para salvarse. Y allí empezó el derrumbe de Antich, Matas, sus partidos, y finalmente, el de Munar.

Ahora, tras esta sentencia, Munar se enfrenta a muchos otros procesos judiciales que, si llegan a buen puerto, debieran dar con ella en la cárcel hasta el final de sus días. Si no les suena su cara cuando la ven, por favor, fíjense en ella. No tiene un rostro de esos que parece malignos o chulescos, pero créanme si les digo que pocos tienen tanta cara como ella, o encarnan tan bien los corruptos tiempos que hemos vivido que, también, nos han llevado hasta donde estamos, y pocos tienen tanta responsabilidad en haber sembrado la destrucción de la democracia allí donde tuvieron la oportunidad de asaltarla y vejarla. Munar encarna muchas cosas, sí, y ni una de ellas buena. Mirémosla y, como de un espejo, veamos que reflejo nos ofrece de nosotros mismos.

lunes, julio 16, 2012

El IVAzo


Y miren que no será porque desde aquí se lo he advertido muchas veces, pero creo que los miembros del gobierno eran los únicos españoles que no estaban seguros de que se iba a subir el IVA rápido, muy rápido, lo que demuestra que gran parte del mismo sigue sin enterarse del reto al que se enfrenta, condición necesaria para fracasar en el empeño. La verdad es que una vez leído el MoU del rescate financiero la duda era si subirían el IVA en el siguiente consejo de Ministros o en el posterior. Rajoy desveló la clave el Miércoles, Montoro desgrano algunos aspectos el Viernes y al final fue el Sábado cuando lo supimos todo.

Ya saben ustedes que la subida tiene dos partes, una de aumento de tipos, que no afecta al superreducido del 4%, pero si al reducido del 8%, que pasa al 10%, y al general, que sube del 18% al 21%. El otro componente de subida consiste en pasar productos que antes estaban en categoría reducida a normal, por lo que pillan el tipo más alto con el incremento diferencial correspondiente, que alcanza los trece puntos. La principal polémica se ha dado en este segundo aspecto, porque trece puntos de subida no es sino un sablazo en toda regla. Los más afectados son los servicios de ocio, restauración y cultura, con las notables excepciones de libros físicos y prensa, que permanecen en el 4%. Cines, teatros, restaurantes, bares, cafeterías, se han levantado en pie de guerra contra una subida que les pone las cosas aún más difíciles de lo que ya están en un contexto de caída de demanda como el que estamos viviendo. Lo que más coña ha causado ha sido que los servicios funerarios también están entre los productos que pegan ese salto mágico, y es lo más comentado tanto por cómo lo dijo Montoro “servicios funerarios y otros espectáculos” como por ser un importe que siempre hay que pagar, cuando llegue el día correspondiente, y que nunca paga el que es beneficiario del mismo, siendo en mi opinión el mejor ejemplo de lo que es repercutir el impuesto. Morirse se va a poner tan caro que la gente cuidar su salud hasta el último minuto, tratando de estirarlo como sea, así que lo que saca el gobierno de este lado puede llegar a perderlo por el del sector sanitario. Sea como fuere, y bromas aparte, es una subida de impuestos muy fuerte, que no ha supuesto ninguna sorpresa en su formulación pero sí en su intensidad. Como toda subida, el impacto en el consumidor es inicialmente negativo en base a dos tipos de efectos. El primero es el de sustitución; dado que unos productos se encarecen respecto a otros mis decisiones de consumo se verán sesgadas hacia los que sean más baratos, o menos caros. El otro efecto es general, de tipo renta, y se deriva de que la subida de impuestos reduce el total de la renta disponible del ciudadano, reduciendo en su conjunto las posibilidades de compra. De la combinación de estos dos efectos, y de lo que finalmente el vendedor traslade a precio de la subida impositiva dependerá de qué efectos sobre el consumo y la recaudación tenga la subida. Cuanto más cargue el productor o vendedor en su margen de la subida y menos se note en el precio final mayor será la recaudación que obtenga el gobierno y menor el sufrimiento del consumidor final, porque todo se lo comerá el vendedor. Sin embargo, en los servicios profesionales, que emiten factura, la repercusión al último de la fila es inevitable, y en aquellos sectores que están ya sin apenas margen comercial la repercusión sobre precio final también será plena, y notarán más el efecto contractivo de la demanda, y su recaudación, probablemente, baje.

En definitiva, un nuevo golpe a la capacidad adquisitiva del ciudadano en tiempos en los que ya poca capacidad queda. Como medida política es un error, aunque inevitable dado que es compromiso del gobierno a cambio del rescate. Sin embargo si hubiera tomado esta medida a la semana de llegar al poder, y no hubiera estado mareando y amagando con no subirlo nunca, sabiendo que tenía que hacerlo, no hubiera perdido la credibilidad que se le ha escapado esta semana pasada, y el ciudadano ya hubiese asimilado el efecto. El no controlar los tiempos puede ser peor que el no controlar los tipos.

Por cierto, hoy se cumplen ocho siglos de la batalla de las Navas de Tolosa, alguien se acordará?

viernes, julio 13, 2012

Volar gracias al sol


Una de las cosas que más me fascinan del verano madrileño es el inmenso desperdicio que supone el sol que, día a día, nos golpea sin piedad. Uno tras otro, el sol sale por la mañana, da todo su paseo y se pone por el oeste, en ese juego figurado en el que realmente quien gira es la tierra. Ninguna nube, calor a raudales, paredes de las casas ardientes, ventanas intocables, aire caliente corriendo por todas partes, y toda esa energía se va a la porra, a puro calor residual sin que nadie ni nada la aproveche. Me parece un desperdicio insoportable.

Y los usos que hasta ahora se han desarrollado para utilizar esta energía solar no pasan de lo anecdótico e experimental. Dejando aparte el problema de los huertos solares y las primas que reciben, que hoy serán recortadas por el Consejo de Ministros en la presunta revolución eléctrica, me quiero fijar en la historia de ese avión, que puede que ustedes hayan visto en los medios, que alimentado exclusivamente por energía solar, ha realizado un vuelo desde Suiza a Marruecos con escala en Madrid. El Solar Impulse, que así se llama el aeroplano y el conjunto del proyecto, es muy distinto a los aviones que conocemos, ya que se dota de una envergadura inmensa, de punta a punta de ala es como un Airbus grandote, para transportar un habitáculo en el que apenas entra el piloto y la instrumentación. Esa envergadura, unida al pequeño peso del aparato, fabricado íntegramente en fibra de carbono, hacen que las hélices, movidas por motores alimentados por las placas solares sitas en las alas, puedan hacerlo despegar, creando en vuelo una extraña imagen en la que el avión parece levitar más que volar, siendo la inmensa ala la que domina su figura se mire por donde se mire. El proyecto ha sido un éxito, de primeras porque ha logrado que el avión vuele, que aunque parezca una trivialidad no lo es en lo más mínimo (empiecen a hacerlos de papel y a ver que éxito tienen) y de segundas porque ha conseguido relevancia en los medios, incluso en épocas como estas en las que la economía se lo come todo, y en las que la ciencia tiene que luchar con todas sus garras para arañar algunos segundos en la emisión de los informativos. Sin embargo resulta evidente que el avión no es viable en el sentido que entendemos por vehículo de transporte. Es un prototipo sugerente, bello, atractivo, pero tan curioso como poco práctico. Lo más importante de este experimento es, como siempre, no las utilidades que de él se extraigan, sino lo que se ha podido aprender en su desarrollo, lo que ha permitido que la estructura vuele, y las diferencias que hay entre el prototipo probado y la idea original de la que partían los ingenieros que una vez lo imaginaron. Pero no nos engañemos, este avión y su tecnología no es la alternativa al queroseno que llena nuestros aeropuertos y se quema en los reactores clásicos. Usando una escala equivalente, este avión se parece mucho al triciclo de juguete que Daimler creo a finales del siglo XIX, utilizando para ello el motor de combustión interna en una muy primitiva pero, por primera vez, funcional versión. Ese triciclo era poco más que un curioso juguete para casi todo el mundo que lo vio, pero su desarrollo alteró nuestro mundo de una manera que no somos capaces ni de imaginar. ¿Será el Solar Impulse una nueva versión de ese triciclo de Daimler? ¿Se le recordará como el precursor? Sólo el tiempo y el desarrollo tecnológico lo dirá.

Al menos ese proyecto ha triunfado, e incluso puede que haya sido rentable. Sin embargo, ahora que ya son las 8:10 de la mañana, el sol reina ya sobre Madrid sin ninguna oposición, como mucho la de la franja de contaminación que lo vela en parte. Millones, miles de millones de watios de potencia energética se volverán a derramar durante toda la jornada sobre la superficie de la ciudad y los resecos campos que la rodean, y seguimos sin tener una tecnología que nos permita aprovecharlos de manera mínimamente rentable. En este campo no sabemos ni siquiera si ha nacido el “Daimler” que lo revolucione. A ver si hay suerte y está bien vivo y experimentando en algún laboratorio…

jueves, julio 12, 2012

Me quitan la extra navideña


Ayer Rajoy tuvo su particular 12 de Mayo de 2010, en acertada expresión del Diputado del PNV Josu Erkoreka, haciendo referencia al día en el que ZP subió a la tribuna y dijo que no a todas sus propuestas y dijo sí a lo que le imponía Bruselas. A partir de entonces empezó el derrumbe del gobierno socialista. Es difícil saber si esto sucederá nuevamente, aunque es inevitable ver a Rajoy como un hombre abrasado por unas circunstancias que no supo calibrar en su momento y que, quizás hasta antes de ayer, cuando se hizo público el MoU, no les dio la importancia necesaria.

En lo concreto, las medidas que anunció no fueron muy sorprendentes porque eran las que ya Bruselas había dicho que tenían que tomarse. Hay una que nos afecta a todos, la subida del IVA, y otra que es algo más particular, de momento, que es la supresión de la paga extra a los empleados públicos. Y como yo lo soy, aunque no funcionario, ese recorte me coge de pleno, como mozo corneado por astado en medio de Estafeta. Era algo que también se venía rumoreando desde tiempo atrás, y con la idea de que no se limite únicamente a este próximo Diciembre, sino que sea una medida a extender en varios años, afectando también a las extraordinarias de verano. No es mi caso concreto, pero para mucha gente que ya dispone de pocos ahorros y va muy justa en su final de mes, este anuncio supone un problema serio, parcialmente manejable dado que la reducción se efectuará de aquí a seis meses vista, pero obliga en todo caso a planificar cómo será el final de año con bastantes menos ingresos de los previstos inicialmente. Los que tengan hijos tendrán que apañárselas para comprar unos juguetes más baratos, o sustitutivos que entretengan igual pero supongan menos dolor para el bolsillo, y muy probablemente muchas cenas y eventos festivos sean este final de año mucho más deslucidos que en ocasiones anteriores, entre otras cosas porque, como es obvio, el Ministerio no paga nunca “cenas de empresa” en Navidad, y si los empleados se van por ahí a cenar deben hacerlo sufragando los gastos en su integridad. El efecto de restricción presupuestaria empezará a notarse hoy mismo, porque el empleado deberá decidir si quiere mantener un viaje de vacaciones que iba a hacer o renuncia a él a cambio de reservar ese dinero para finales de año, y así una tras otra, todas las decisiones de consumo que impliquen un gasto significativo se verán repensadas y, es bastante probable, alteradas. Difícil será medir el efecto en el gasto diario regular, en la compra semanal, en los costes de “mantenimiento” que todos tenemos en el día a día, y que muchas veces, por considerarlos rutinarios y de cuantía individual modesta, no reparamos en ellos. Será hoy el día en el que muchos quizás abran una hoja de Excel y empiecen a sumar cuantías, costes, facturas, propinas y demás gastos, y empiecen a descubrir por dónde se les escapa el presupuesto mensual y, por tanto, de qué cosas pueden prescindir o al menos limitar para ajustarse lo más posible. Este ejercicio es sano y necesario, independientemente de que a uno le suban o bajen el sueldo, porque a parte de ser útil sirve para conocer nuestros propios hábitos y patrones de consumo, que a veces pueden sorprendernos mucho, pero en ocasiones como las presentes se convierte en algo obligatorio y urgente. Siéntense, no se mientan ni engañen, cuenten de la manera más detallada y real todo lo que gastan al mes y observen la imagen que obtienen, mien si les gusta y cámbienla para aumentar su satisfacción personal y, por supuesto, reducir el gasto.

El que no se consuela es porque no quiere, y así ya les comenté a mis compañeros que mejor es que te quiten una paga que las catorce, lo que no me hizo ayer el hombre más popular del despacho, como bien comprenderán. Es muy probable que este no sea el último recorte, y está por ver si, como puede que pase en Portugal, la extra navideña no se elimine sólo a los empelados públicos, sino a todos los trabajadores, como ha dictaminado el constitucional portugués. En todo caso la Navidad de este año se presenta más apagada de lo habitual, y será la quinta que suframos envueltos en la crisis. Viéndolo de manera optimista, quizás sirva para reencontrarse con el espíritu navideño de verdad, porque deberemos renunciar al consumismo….

miércoles, julio 11, 2012

Las 32 condiciones de la intervención


Volvamos la vista atrás y hagamos un símil histórico algo retorcido. El 31 de octubre de 1517, harto de que ver como el compadreo de la iglesia romana con las indulgencias degenerara en un burdo comercio financiero, Martín Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, dando así inicio a la revolución protestante, así llamada por la protesta que Lutero encabezó contra la oficialidad. A partir de ahí el cisma religioso en el cristianismo estaba servido, y Europa se enzarzó en múltiples y dolorosas guerras, como casi siempre.

Ayer sucedió, a su escala, algo similar. Nuevamente debida a una inspiración alemana, que es la que ha redactado el texto, se colgó en Internet, el equivalente al tablón de anuncios público universal de nuestro tiempo, el llamado Memorándum of Understanding, el MoU, que puede traducirse como acuerdo o memorándum de entendimiento, con las 32 cláusulas mediante las que la banca española pasa a estar controlada por la Unión Europea, el Banco de España por el Banco Central Europeo, y el Gobierno de España pasa a ser un mero administrador, un mensajero, un corresponsal de la autoridad europea, que es la única que adquiere derechos y facultades para tomar decisiones en el ámbito financiero. Esto no abre un cisma en Europa, que está abierto desde hace ya algunos años, pero para España es una revolución, algo inédito, y para el sistema financiero nacional, el fin del mismo tal y como lo hemos conocido. Todos los expertos en el tema, estudiosos y analistas, hablarán del “antes del MoU” y “después del MoU”. Para las entidades, directivos y empleados, el MoU se ha convertido en su biblia, en su nueva constitución. Puede que ese documento, escrito en inglés, y del que se conocerá su versión definitiva el 20 de Julio, prácticamente sin modificaciones y en al misma lengua anglosajona en la que ya está, sea lo más impreso en España desde hace horas, y a lo largo del día de hoy. Muchos habrán pasado la noche escudriñando sus abigarradas veinte páginas, tratando de desentrañar su contenido, buscando si lo que indican los puntos 17 y 18 es tan duro para el gobierno y el Banco de España en lo que a cesión de competencias, o si como parece los puntos 29 a 31 son la nueva definición del programa de gobierno, ocupe quién ocupe ese puesto. En fin, no me lo he leído con detenimiento ni tengo suficientes conocimientos financieros para determinar hasta que punto las entidades pueden estar aterradas o sumidas en el pánico, pero lo que destila el documento en su conjunto es algo tan simple y sencillo como el catálogo de exigencias que te pone quien te presta dinero, cosa de la que todos tenemos una cierta experiencia en muchos ámbitos de la vida. Recordemos que la UE, el BCE, el FMI o el organismo que ustedes deseen no DA dinero, lo PRESTA, sea quien sea el que lo solicite, y en función de cuánto te preste, para qué fin, y lo creíble que te vea, te pondrá más o menos condiciones. Señalan algunos analistas que las exigencias financieras se sitúan en los márgenes de lo esperable, pero las macroeconómicas y, hasta cierto punto las políticas, son más duras y profundas de lo esperado. Tratar de hacer ahora un debate sobre palabras y términos sería ridículo. Por supuesto que estamos intervenidos, antes de manera implícita, ahora ya de forma legal, y no duden de que lo podemos estar aún más. La pregunta que muchos se hacen es si esto es bueno o no. Dado que es inevitable, vista la insolvencia de nuestro sistema financiero, la bondad vendrá determina a través de cómo se aplique el programa de reforma y las consecuencias que de él se deriven. Si quieren una pincelada, tiene de bueno que personas responsables de fuera nos dirán que debemos hacer, y d malo que constata nuestro fracaso. A partir de ahí el juicio moral es muy laxo y, a mi modo de ver, demasiado simplista.

Un detalle político que me parece muy importante. El MoU se filtró ayer, justo el día anterior a la comparecencia de Rajoy en el Congreso para explicar los acuerdos europeos de hace un par de semanas. A esto le llamo yo una jugada de presión. El supervisor, UE, filtra el contenido de la nueva agenda de gobierno para que el tutelado, España, a través de su Presidente, la explicite ante la soberanía del Congreso, mostrando así hoy a Rajoy como el presidente con menos poder de la historia. Y más le vale anunciar medidas en consonancia con el texto que se le impone, porque sino Bruselas añadirá una condición 33, su cabeza. Así estamos, a merced del viento en medio de la tormenta…

martes, julio 10, 2012

Banksters


Aunque lo parezca, no he sido muy creativo con el título del artículo, pero es que cuando uno encuentra una genialidad copiar es síntoma de admiración, no de falta de originalidad. Y es que así titulaba la semana pasada The Economist uno de sus principales artículos, referidos al escándalo de manipulación del Líbor por parte de Barclays y de gran parte del sector financiero de la City londinense, en connivencia más o menos clara con el Banco de Inglaterra y con el Exchequer, que es así como allí se denomina al Ministerio de Economía. Toda una trama de corrupción de muy altos vuelos.

Si Libor les recuerda a Euribor no van mal desencaminados, porque en esencia es lo mismo pero para el mercado anglosajón. Representa el tipo de interés de préstamo de las operaciones intradía que se fija entre los bancos británicos en la City, y es la referencia, como sucede con el Euribor, de hipotecas y productos financieros en medio mundo. La sola idea de que se produzca una manipulación en un índice así resulta tremenda, porque indica hasta que punto la podredumbre ha llegado al sistema financiero y de lo poco que uno puede fiarse ya a estas alturas. Sin embargo parece que eso ha sucedido, y si Barclays ha sido el principal banco implicado, no es menos cierto que esa manipulación no podía llevarse a cabo, al menso durante tanto tiempo como parece haber sido realizada, sin la colaboración o el conocimiento silencioso (cobarde quizás sería mejor) de otras entidades financieras, que probablemente también ganaban algo en todo esto, y del regulador público, en este caso los dependientes del gobierno británico y el independiente Banco de Inglaterra, mostrando, otra vez más, el absoluto fracaso de los reguladores en un nuevo episodio de compadreo, cohecho y falta de supervisión hasta sus últimas consecuencias. Si este escándalo se investiga a fondo puede suponer un auténtico desastre en el entramado financiero londinense, que aporta algo más del 10% del PIB de la economía del reino Unido, todo el concentrado en los escasos kilómetros cuadrados de la City y del Cannry Wharf, su extensión natural. La primera vez que visité el Cannary, a principios de los noventa, estaba terminada sólo la gran torre de punta piramidal que se sitúa en el número uno de Canada Square, pero ya a su lado surgían solares sobre los que se levantarían nuevas torres, y una de ellas, de similares dimensiones, que iba a ser un poco más pequeña, estaba destinada a alojar la sede del Barclays. Inaugurada en 2005, ha sido desde ese punto donde se ha cocinado la estafa financiera que, a base de engaños, ha permitido ganar intradía mucho dinero a operadores, directivos y asociados de la entidad, mientras que miles, millones de pagadores de préstamos, hipotecas y demás créditos, han abonado más dinero de lo debido en sus cuotas mensuales al estar sujetos a un tipo de referencia que llevaba escondida una “prima” que, al abonarla, les hacía parecer unos “primos” a los sufridos clientes. Aunque muy sofisticado, retorcido y difícil de investigar, este no es sino el último de la serie de escándalos que ha sacudido al sistema financiero en todo el mundo, que desde 2008 se encuentra en estado de descomposición, víctima de sus excesos, derivados de las instintivas y lógicas ansias de ganancia, pero que, no frenadas por los reguladores, que han fracasado en su labor, se han convertido en el origen de un cáncer que está devorando las entidades, arruinando el prestigio de empresas con decenas, cientos de años de antigüedad, y sobre todo, está logrando que el cliente pierda toda la confianza en su entidad. Entrar en un banco se empieza convertir en síntoma de sospecha, de saberse rodeado de lobos que tratarán de quedarse con el dinero de uno y, para un negocio cuyo principal activo es al confianza, eso es letal.

Y en medio de este maremágnum distinguir conceptos como el de banca de inversión y banca comercial resulta tan difícil como imposible de explicar. El negocio tradicional de la banca, remunerar a sus confiados depositantes algo menso de lo que cobran por los créditos que conceden, ha sido devorado por el componente de inversión financiera, y ahora mismo la mayor parte de las entidades poseen balances cruzados, comprometidos hasta las cejas en productos derivados de alto riesgo, que contaminan toda la estructura societaria. Limpiar todo eso, y volver a “domesticar” a al banca de inversión es una de las tareas más necesarias, difíciles y desconocidas de las que hay que llevar a cabo para salir de este agujero.

lunes, julio 09, 2012

Twitter


Tras una semana de experimentación, ya puedo decir que tengo Internet en casa. No es algo que vaya a usar en exceso, porque como trabajo más de lo debido paso poco tiempo en el hogar, y me va a dar una cierta pereza arrancar el portátil cunado allí llegue, pero en previsión ante lo que pueda pasar con mi empleo (todo el país está en el aire, y yo más) es bueno estar conectado. Otra de las razones es que cada vez hay más webs capadas en el trabajo, y twitter es una de ellas. Y Twitter quería conocerlo y usarlo para ver si realmente es tan interesante como se dice.

Y lo es, aunque no sea la panacea, como por otro lado era de esperar. Suple la exigencia d la brevedad con la posibilidad de conocer lo que piensan, dicen y expresan multitud de personas conocidas, mejor dicho interesantes, que uno ve habitualmente en los medios de comunicación, debates, tertulias y foros, y allí se los encuentra casi en directo, de la manera más natural posibles sin conocerles en persona. Como su propio nombre indica, esa red social puede convertirse en un lugar de chismorreo, y quizás por eso su éxito ha sido tan fulgurante, pero sobre todo puede ser un lugar de intercambio de información, impresiones, debates, avisos y sensaciones que, bien utilizada, puede hacer de ella el foro perfecto para poner en contacto a personas de procedencias dispares pero intereses (y admiraciones) comunes. Además permite hacer cosas impensables, como que un pobre bloguero como yo siga los comentarios de Don Antonio Muñoz Molina y pueda mandarle un mensaje a él, a Don Antonio, dándole las gracias por, por ejemplo, su última columna del Babelia, y con la mayor de las probabilidades de que él la lea que están a mi modesto alcance. Y quien dice Muñoz Molina dice Pérez Reverte, Carlos Alsina, José Carlos Díez, Mónica López, y tantos otros personajes de interés. Sin embargo el formato que impone twitter tiene un problema de origen, que es insalvable. La obligación de ceñirse a los 140 caracteres por entrada supone que se debe extractar mucho, resumir demasiado, y ahí dos alternativas: O se es muy brillante y se logra la genialidad en cuatro palabras, cosa que está al alcance de pocos (yo no estoy entre los escogidos) o se cae en el riesgo de la soflama, el eslogan o la, por así llamarlo “titularitis” el titular rápido, fácil e impactante, que normalmente suele estar tan alejado de la realidad como este verano de la lluvia. Así, las posibilidades de enfrentamiento entre twiteros crecen porque no se pueden poner contextos o explicaciones a lo que uno escribe, y la profundidad mental de muchos de los mensajes puede ser simplemente nula. En ese aspecto no es una herramienta de reflexión, como es un blog, ya que no permite ningún tipo de argumentación mínimamente expresada. Frente a la serenidad del blog, que como una carta o artículo deja el tiempo y espacio necesario para explayarse en los argumentos, twitter es la llamada telefónica, la inmediatez, la prisa, al necesidad imperiosa de ser breve conciso y directo al grano, buscando muchas veces al respuesta igualmente rápida y contundente por parte del lector. Los blogueros, al menos es mi caso, buscamos no sólo compartir nuestras ideas, que también, sino sobre todo suscitar un debate, una reflexión, un conocimiento. Usamos nuestra columna diaria, semanal o de periodicidad irregular para contar cómo vemos el mundo desde nuestra particular atalaya, en la esperanza de que no estemos solos en la cofia, y que haya otros como nosotros que observan el mar desde una perspectiva similar, pero igualmente buscamos a otros navegantes, a otros barcos, a otros puestos de mando, a otras cofias, que no ven lo mismo que nosotros, y queremos compartir su vista, apreciarla y, quién sabe, unirnos a ella. Twitter equivale a ese llamado de barco a barco, pero con mucha espuma de por medio…

Como de momento voy a seguir sin Internet en el móvil, por pura decisión personal (me conozco, es la única manera en la que puedo garantizarme que no accederé a la red en todas partes) no usaré twitter con al inmediatez y “directo” que más se asocia a su esencia y utilidad, pero trataré de conectarme de manera regular para palpar lo que allí se cuece, que es mucho. Supongo que la usaré también para retransmitir desde casa eventos como debates electorales, y cosas así, que siempre me han interesado. Si quieren seguirme mi usuario es @davidazcarate Y no lo olviden, tras mandar y consultar sus tweets, sigan leyendo el libro con el que estaban…

viernes, julio 06, 2012

Lecciones del Bosón de Higgs


Para no acabar la semana con el amargo regusto que volvió ayer a dejar el mundo financiero, con un ibex hundido, una prima voladora y un descontrol europeo incesante, quiero hoy referirme a algunos aspectos relacionados colateralmente con el descubrimiento del bosón de Higgs, pero no fijándome en el plano de la física teórica, donde tanto hay par analizar y tan pronto me encuentro sin capacidad para diseccionado, sino en ciertos aspectos económicos y sociales que me parecen de enorme relevancia, y más en estos tiempos de zozobra en los que nos encontramos. Creo que todo lo relacionado con el bosón puede servirnos de ejemplo virtuoso.

Habrá quien diga que esta ciencia, y en conjunto la investigación pura, es cara, costosa y que no sirve salvo para entretener a un grupo de chalados. Se estima que el coste del LHC, el acelerador, que integra la construcción del mismo y el dotarlo de la tecnología necesaria para su funcionamiento, ha estado en torno a los 6.000 millones de euros, cifra muy elevada, sin duda, pero que no es sino un tercio de lo que vamos a aportar para el rescate de Bankia. Sí, en la torre Kio que veo desde el otro ala de mi trabajo se ha dilapidado dinero suficiente como para construir no uno nidos, sino tres aceleradores tan gigantescos como el de Ginebra. Visto desde esa perspectiva no es caro. Sobre el retorno de la inversión, hay un problema en el mundo de la ciencia básica, y es que los retornos son lentos, tardíos y, muchas veces, inesperados. Requieren un tiempo de maduración incompatible con la histérica prisa que nos impone la vida económica actual, que se desvive por cuánto ganará el ibex en un día o, a lo sumo, los resultados trimestrales de una compañía consolidada. Seamos sinceros. Sólo mediante la investigación científica se logra el conocimiento que, aplicado a la vida diaria, genera eso que está tan en boca de todos, la ID+i, que es la aplicación tecnológica de esos descubrimientos. Si no investigamos en ciencia básica se nos cae uno de los eslabones de la cadena que acaba en un producto novedoso, rentable y de sustanciosas ganancias. Ahora que estamos en época de necesarios recortes, no tiene sentido aplicar una reducción lineal de los presupuestos para lograr el ansiado déficit del 5,3% (tranquilos, no se podrá cumplir) y el reducir el presupuesto de la ciencia y la I+D+i es la mejor forma, aunque no se vea a corto plazo, de cerrar una de las más importantes vías de salida de esta crisis. Así que grábenselo en la cabeza, invertir en ciencia no sólo es bueno y necesario, sino que acaba siendo rentable, más tarde que haciéndolo en ladrillo, sí, pero de una manera aún más sólida. ¡¡¡Sin ciencia no hay futuro!!!. Otra de las lecciones a aprender del proyecto es que se trata de unos de los más importantes del mundo en lo que hace a cooperación internacional. El dispositivo y el equipamiento del CERN está en Ginebra, pero equipos de científicos de todo el mundo ha trabajado años, muchos años, en cooperación, para poder alcanzar el resultado que conocimos ayer. Esto no es nuevo, sino que es algo que en el campo de la investigación científica se lleva haciendo desde hace muchos años, dada la cada vez mayor complejidad de los estudios que se llevan a acabo y a que la genialidad humana está repartida por todo el mundo sin distinción. Hay egos, rencillas, envidias y celos, como en todas partes, pero el bosón es el fruto de uno de los mayores trabajos en equipo que jamás se hayan desarrollado. El que se haya centralizado en una Europa, continente creado por amalgama de naciones que amenaza con disgregación, es una ironía que nos vuelve a enseñar que, ante retos que superan a los individuos, sean estos personas, entidades o naciones, sólo la cooperación y el trabajo conjunto y coordinado podrá ayudar a superarlos. Las disensiones, enfrentamientos y rencillas sólo llevan al fracaso.

Y un tercer aspecto a destacar es el humano, centrado en la persona de Higgs, un señor que supera ya los ochenta años, y que hace cincuenta, junto con otros muchos, armado de su intuición, una tiza y una pizarra, ideo un campo nuevo y una nueva partícula para dar consistencia al modelo en el que trabajaba. Ver como tras cinco décadas ese logro pasa del papel a la realidad es asombroso. Su clarividencia es enorme. Higgs es, desde ayer, “Nobel súbito”, y pocos casos recuerdo de semejante anticipación en su descubrimiento. Mendeleiev lo logró con su tabla periódica, y Einstein con casi todo lo que hizo. Ayer Higgs, el hombre, demostró que nada hay tan inmenso en el mundo como la imaginación humana, y no me digan que eso no es bello.

jueves, julio 05, 2012

Esto se parece tanto al Bosón de Higgs….


El champán corrió ayer libremente por la sede del CERN en Ginebra, tras la conferencia de prensa en la que se anunciaron los resultados que el gran acelerador de partículas LHC ha obtenido en los últimos meses. La búsqueda del bosón de Higgs parece haber terminado con éxito, y la famosa partícula, predicha por Higgs hace casi cincuenta años, se ha encontrado casi con el 100% de seguridad. Por cierto, no tiene nada que ver con Dios, por lo que el fácil titular que se puede leer en la prensa es puro sensacionalismo. A ver si en poco más de un párrafo puedo explicarles de que va todo esto.

A todos nos enseñaron en la escuela que los átomos se componen de un núcleo formado por protones y neutrones, con los electrones orbitando a su alrededor. Esta imagen es sencilla de entender pero no refleja la realidad. El proceso de investigación que se dio a partir del conocimiento de la radiactividad y de todo lo relacionado con el núcleo atómico acabó llevando a la teoría de la mecánica cuántica, que se carga la imagen del átomo como un sistema solar en miniatura, y que además descubre que las partículas que pensábamos que eran básicas no lo eran, sino que se formaban por unión de otras aún más pequeñas. A lo largo de las décadas de los cincuenta y sesenta se empezaron a descubrir nuevas de esas partículas que, para simplificar, podemos clasificarlas en dos familias, que toman su nombre de dos científicos muy importantes en todo esto. Los fermiones, que conforman la materia propiamente dicha, y los bosones, que son los que conforman los campos (un ejemplo de bosón es el fotón, que define el campo electromagnético). Cada una de estas familias tiene un conjunto de partículas, (gluónes, quarks, ect) que poseen propiedades diversas, por lo que se llegó a un punto en el que el zoológico de partículas era ingobernable. Y hubo que devanarse los sesos para establecer un marco teórico donde encajaran todas ellas. Eso es lo que se alcanzó en los sesenta con el llamado modelo estandar, que sigue vigente. Ese modelo tiene muchos supuestos para poder funcionar, y uno de ellos es que, en su origen, ninguna de las partículas posee masa por sí misma, porque en la realidad algunas la tienen (pe, los quarks) y otras no (pe, los fotones). ¿Cómo aportamos masa al sistema? A través de un campo nuevo que la genere y que posea su propia partícula, y esa es la deducción teórica de Higgs,q ue la hizo con tiza en una pizarra. Así, encontrar la partícula de Higgs, el bosón, daría sentido a la teoría y permitiría compatibilizar el modelo estándar con la más que cierta sensación de que las cosas tienen masa, lo que hace que la gravedad actúe sobre ellas y acaben pesando, algunas más que otras. Alo largo de los años el modelo estándar ha ido funcionando perfectamente, y el móvil que usted posee o su mando a distancia no son sino una de las millones de aplicaciones que, de una manera u otra, demuestran cada día la validez de la teoría cuántica y de ese modelo, pero Higgs seguía siendo una conjetura, antes en una pizarra, luego en un powerpoint. Para encontrarla el camino a seguir era el mismo que se había utilizado para las anteriores partículas. Usar la fórmula de Einstein E = mc2 a la inversa, es decir, no generar mucha energía con la descomposición de la masa (cosa que es lo que más conocemos, por ejemplo, en una central nuclear) sino crear masa a partir de mucha energía. Los aceleradores de partículas cargan a muchas de ellas con altas energías, las lanzan a todo correr y las estrellan para romperlas y que en la explosión se creen nuevas partículas, algunas de vida casi instantánea. Cuanta más energía se consiga acumular en la máquina mayor será el empuje de las partículas, mayor al explosión y más interesantes sus restos.

Según las ecuaciones del modelo, el bosón de Higgs era una partícula muy pesada, por lo que era necesario generar muchísima energía, y para ello se construyó el LHC, el acelerador más potente del mundo. Por los resultados expuestos se ha encontrado a ese bosón en el rango de energía que el modelo predecía con una seguridad de 4 sigmas (los que sepan de estadística, o sufran con ella, saben que el intervalo de confianza del 95% de las pruebas normales es de +-1,96) por lo que casi seguro que lo encontrado es esa partícula, lo que supone un respaldo inmenso al modelo estándar y glorifica el trabajo teórico de Higgs de hace cincuenta años y el esfuerzo coordinado de miles de científicos desde entonces hasta hoy. Pero esto no es sino otro paso más hacia el conocimiento, nos queda aún tanto…..

Espero que hayan entendido algo, es complejo… sino, se lo puede explicar Sheldom Cooper junto con el resto de los de Big Bang theory :-)))))

miércoles, julio 04, 2012

Ayer estuve con Paul Krugman


Cola en la entrada, sala repleta de gente, cámaras de televisión, fotógrafos con enormes teleobjetivos y decenas de periodistas corriendo por el fondo de la sala, rumores, cuchicheos y la sensación de estar ante uno de esos encuentros de los que son realmente importantes. Y allí estaba yo, sentado en la última fila, quitándole el sitio a un señor que lo ocupaba esperando a un amigo, pero que yo acabé ocupando porque la azafata de al sala ya no dejaba reservar espacios. Siendo Madrid la ciudad en la que se celebraba el acto lo lógico era pensar que esperábamos a un futbolista, pero no. Era aún más extraordinario. Todo era por un economista.

En estos tiempos de crisis los economistas juegan un papel dual que, como poco, refleja la esquizofrenia del mundo en el que vivimos. Por una parte son, mejor dicho somos, porque yo soy uno de ellos, de lo más insignificante e inculto, atacados, criticados y vituperados con dureza por haber sido en parte los causantes del desastre que estamos viviendo, y no falta razón en muchas de esas acusaciones, no lo negaré, aunque no todas sean acertadas. Pero a la vez, cuando aparece un economista en la sala todo el mundi se lanza a preguntarle qué es lo que va a pasar, qué debe hacer con sus ahorros, cómo va a acabar esto del euro, y demás preguntas de una complejidad casi inabarcable. Así, los economistas se han convertido en las estrellas mediáticas de estos tiempos de zozobra, y las televisiones y los medios se los rifan. Entre ellos Paul Krugman es algo así como el Obama de la profesión, el tótem, el súmmum de lo conocido, la fama hecha catedrático de economía. Nóbel desde 2008 por su teoría del comercio internacional, que han estudiado la mayoría de los alumnos de cursos de economía internacional en todo el mundo, adicto a las redes sociales, polemista, bloguero incansable desde el New York Times, apologista político de los demócratas, fustigador de los republicanos, euro escéptico, amante de la buena vida y la discusión, buen escritor y vendedor de libros, futurólogo a tiempo parcial, Krugman es toda una estrella mediática que se mueve por todo el mundo causando sensación allí por donde pasa. En países como España donde tendemos a la simplificación más absurda y maniquea el público se ha dividido claramente entre los prokrugman, que los contrarios tildan de socialistas, y los antikrugman, a los que los contrarios tildan de derecha, lo que demuestra que, como es habitual, en España los libros se compran y no se leen, y que el pensamiento de Paul no ha sido entendido en su conjunto por muchos de sus incondicionales ni de sus críticos. Quizás por eso en la presentación que hizo ayer en la Fundación Rafael del Pino de su último libro, los organizadores rodearon a Krugman de dos contertulios enfrentados ideológicamente. Por un lado estaba Pedro Schwartz, economista de amplia trayectoria en el mundo liberal, que optó por un enfrentamiento con las tesis del norteamericano muy radical al principio, más moderado al final, tendiendo a veces al simplismo, y por otro estaba Manuel Conthe, hombre de larga trayectoria en la función pública y, tras las desavenencias con el gobierno de ZP, metido a gestor en la empresa privada, que adoptó un papel muy laudatorio de la obra de Krugman y se situó casi en el polo opuesto a Schwartz. Previo a ese debate, la conferencia que dio el Nóbel fue interesante y directa al grano, no refiriéndose tanto al libro que se presentaba, muy centrado en la economía norteamericana, sino a la situación de Europa, el euro y España, epicentro de la tormenta que vivimos en palabras suyas. Tienen aquí un buen resumen en castellano de lo que allí dijo, pero básicamente volvió a reclamar la intervención del BCE para que compre deuda española e italiana para aliviar la presión que impide ahora financiarse a esos países, y que Alemania haga la labor de estímulo de demanda que un sur de Europa, exhausto y necesitado de reformas que lo hagan competitivo, no puede hacer.

En el turno de preguntas quiero destacar una que le inquirió sobre el papel de los economistas, su deteriorada imagen tras la crisis, y sobre si era consciente de hasta que punto sus palabras son relevantes y debe tener un cierto cuidado al pronunciarlas, cuestión que, según sus palabras, le preocupa. Al acabar el acto me acerqué al estrado, tuve suerte y Paul me firmó mi ejemplar de su último libro, que leí hace un mes. Y me fui de allí muy contento, porque por primera vez en mi vida un Premio Nóbel me ha escrito algo, sí un garabato, pero algo, y me ha saludado, y le he podido decir gracias directamente a los ojos. Para un economista de andar por casa, que trabaja en la cantera de los números en el día a día, qué más se puede pedir.

martes, julio 03, 2012

Hectáreas quemadas


No se si ustedes han visto alguna vez un incendio forestal. Yo, la verdad es que no muchos. En el norte no son tan frecuentes, dado todo lo que llueve, pero en otoño, cuando sopla el viento sur recalentado e intenso, es más probable que se produzcan. Mis recuerdos de árboles en llamas se asocian a muy primeros años noventa, con un otoño muy seco y un inicio de diciembre que arrasó gran parte de los pinares de Elorrio. Súmenle a ese tiempo adverso el hecho de que el pino es un trozo de madera lleno de resina y tendrán unas llamas enormes y un espectáculo difícil de definir dada su magnitud.

En el Mediterráneo la cosa es distinta. Allí los incendios son tan típicos que han traspasado el imaginario colectivo hasta tomar parte y ser elementos fundamentales en las fiestas. Las fallas valencianas, la “nit del foc” y cosas por el estilo no es sino el recuerdo de una naturaleza que, de vez en cuando, arde, en medio de los tórridos y secos veranos locales. La fiesta muestra la crudeza del fuego, pero también como la ceniza regenera el suelo, abona para una nueva siembra y crecimiento, como reflejo de los bien instaurados ciclos agrícolas que, hasta hace escasas décadas, condicionaban la forma de vida de casi todo el mundo. Sin embargo, y eliminando toda la poesía que uno pretenda darle, un incendio es lo peor que le puede pasar a un paisaje, a un terreno, a un lugar. Independientemente de las dimensiones y del coste en vidas humanas que pueda tener, el incendio supone la destrucción de todo lo que a su paso se encuentra, sea vegetación, animales, propiedades, enseres, restos antiguos, etc. La imagen de un monte quemado, pongamos como último ejemplo el devastador incendio de Valencia de este fin de semana, es triste hasta decir basta. Uno se imagina esas lomas de la imagen cubiertas hasta hace un par de días de verde, con árboles, arbustos, praderas y demás especies, en mayor o menor armonía, y frente a ello la escena que se puede contemplar hoy es la nada, el vacío más cruel posible, lo más parecido a la muerte frente a la imagen de vida que se respiraba hace no demasiadas horas. El esfuerzo de las miles de personas que han trabajado estos días para impedir que el incendio crezca parece que ha dado sus frutos y estos fuegos ya no irán a más, pero para las comarcas afectadas el mundo ha cambiado radicalmente. Los vecinos que hayan podido volver a sus casas, esperemos que no afectadas por las llamas, habrán abierto sus ventanas y frente a ellos el paisaje ya no será el mismo que recordaban, de hecho será exactamente el opuesto. Olor a ceniza, humo, y naturaleza muerta sustituirá a la imagen que ha reinado en sus mentes durante años y años. Los árboles bajo los que, quizás, se columpiaron cuando eran pequeños, ya no están, el prado en el que celebraron la última paellada ahora es un campo de ardientes brasas, y el olor a lavanda y jara de los pastos ha sido sustituido por una ceniza penetrante que lo llena todo. Les queda el consuelo de que, en casi todos los casos, sus casas se han salvado, pero nada fuera de sus muros ha sobrevivido. En el día después del incendio la sensación de que todo ha terminado para los que viven en la zona afectada debe ser angustiosa, insoportable y, contemplando el paisaje que se extiende ante sus ojos, imposible de evitar. Si exceptuamos todo lo relacionado con el resto de sus semejantes, no creo que existan muchas imágenes más duras para una persona que la contemplación de cómo el paisaje de su memoria desaparece en apenas dos días envuelto entre las llamas.

De hecho siempre he dicho que un incendio forestal es la mayor de las catástrofes naturales, ecológicas, medioambientales, o como ustedes quieran llamarlas, que existen. Es triste la imagen de una playa cubierta de chapapote, sí, pero en seis meses estará limpia. Sin embargo la zona quemada ni en seis años ni quizás sesenta volverá a ser lo que era. Sin embargo seguimos viendo el fuego en el monte sin darle la gravedad que tiene, y más aún en un país semidesértico como España, en el que cada árbol vale su peso en oro, rodeado como suele estar muchas veces de resecos campos, maltratados por un sol que nunca descansa. Este de Valencia es el último de una serie de tantos y tantos incendios desgraciados. Luchemos contra ellos con la máxima fuerza posible.