jueves, febrero 19, 2026

¿Burbuja de inversión en IA?

A ver si puedo escribir un par de artículos sobre la IA, que está la cosa candente. Hoy vamos sobre temas financieros. Desde hace unos cuántos días las cotizaciones de las empresas vinculadas con la IA, el grupo de los siete magníficos (Apple, Alphabet, Meta, Amazón, Tesla, Nvidia y Microsoft) llevan goteando a la baja en bolsa, en un proceso de rotación de carteras que beneficia a sectores como el de la energía u otros más relacionados con el “value” una forma de inversión muy basada en análisis fundamental de las características financieras de la empresa, y menos en su capacidad innovadora. ¿A qué se debe esto?

El movimiento empezó tras la publicación de resultados de varias de estas empresas, en general buenos, o incluso mejores de lo esperado, pero que iban acompañados de mastodónticos anuncios de inversión en centros de datos y demás parafernalia destinada a la IA. Las cifras que las compañías han puesto sobre la mesa para un plazo que no llega a los dos años se sitúan en el entorno de los 600.000 millones de dólares, una barbaridad, o un disparate, según han querido verlo algunos analistas. Unas cifras de inversión que dejan a los presupuestos nacionales en I+D+i de las naciones europeas convertidos en propina y que comprometen la estabilidad financiera de empresas enormes, actualmente muy saneadas, pero que se han puesto un reto por delante difícil de imaginar. Además de con sus propias cajas, muchas de ellas han hablado de la necesidad de emitir deuda corporativa para hacer frente a semejante esfuerzo, y Alphabet, la empresa matriz de Google, ha sugerido la posibilidad de sacar bonos a un plazo de cien años para lograr conseguir los más de cien mil millones de dólares de inversión que, ella solita, pretende llevar a cabo. ¿Existirá Google dentro de cien años? Es una buena pregunta, y quizás sea correcto empezar a responderla imaginando qué de lo que conocemos lo logrará. En general el mercado ha acogido con prudencia, cuando no temor, estas perspectivas de inversión, porque se consideran exageradamente altas, y porque se corre el riesgo de que la apuesta por la IA alcance unas dimensiones existenciales para el futuro de estas empresas. Visto lo visto, o resulta el mejor negocio de la historia o no habrá manera de recuperar semejantes fortunas invertidas, por lo que muchos de estos planes se enfrentan a un todo o nada que no gusta demasiado. Lo de poner todos los huevos en la misma cesta y esas cosas. Además, como ha sucedido anteriormente en el mundo tecnológico, independientemente de si la IA resulta ser el negocio paradisiaco que se promete, la experiencia demuestra que no son varias, sino una empresa la que se acaba haciendo con el pastel. Hubo muchos buscadores, triunfó Google, Meta es la líder en redes sociales, Amazon lidera el comercio electrónico, Apple la tecnología de teléfonos…. Si la IA se acaba imponiendo es más que probable que alguna empresa, quizás ninguna de las mencionadas, sea la que domine su aplicación y se lleve la mayor parte de los beneficios, lo que supondría que el resto difícilmente serían capaces de recuperar las ingentes sumas invertidas. Lo que ha supuesto esta serie de anuncios es el recrudecimiento de toda una carrera de armamentos tecnológica que se ha desatado en Silicon Valley en torno a la IA, y a una especie de juego de apuestas desatado en el que los órdagos se suceden y las cifras se disparan hasta valores inmanejables. Con ello, evidentemente, también lo hacen los riesgos, en este caso los financieros, y si alguna de esas inversiones sale mal, empresas que ahora son joyas, símbolos globales de riqueza, poder y estatus, pueden acabar arrasadas. No sería la primera vez que sucede, desde luego que no.

Hay cada vez más estudios que relativizan el efecto de la IA en la productividad de aquellas empresas que la han implantado, que muestran ganancias relativas, menores que las esperadas, y que el uso de este tipo de tecnología puede tener más efectos sociales que económicos. El modelo de negocio de entidades como OpenAI (ChatGPT) o Antrophic (Claude) sigue estando en entredicho y no consiguen generar beneficios. Si la productividad no se dispara con la IA, como predicen sus gurús, los problemas de financiación de las inversiones irán creciendo y la paciencia del mercado se puede agotar. ¿Cómo va a acabar esto? Nadie lo sabe.

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