Seguro que malas, pero la incertidumbre es grande en cuanto a su extensión y profundidad. Si uno se fija en los mercados, que se mueven a golpe de mensaje de Trump, ayer el petróleo recortó claramente por debajo de los 100$ y el SP500 subió y ya recupera prácticamente todo lo perdido desde el inicio del conflicto. La visión financiera de lo que sucede es parcial, pero indica un tropezón, no un porrazo. Sin embargo, sabemos muy bien que una cosa es lo que hacen los índices de la bolsa y otra lo que pasa en la economía real. Normalmente hay una relación muy estrecha entre ellos, pero no son pocas las ocasiones de divorcio. ¿Estamos ante una de ellas?
El principal problema al que se enfrentan nuestras economías en el corto plazo es el de los precios energéticos, e incluso la disponibilidad. Los que usen el coche todos los días verán que los surtidores siguen siendo dolorosos, especialmente en el caso del diésel, y esa subida de precios actúa como un impuesto sin destino, una mera detracción de renta que reduce la capacidad del consumidor, por lo que más allá de que se alcance una estabilidad en los precios, los costes de la subida ya suponen menos renta disponible para cualquier otra cosa. Los temidos efectos de segunda ronda, que es como se llama en jerga a la filtración de la subida de precios energéticos en la cadena de producción de todo lo demás, irán viéndose poco a poco, y se notarán más en unos sectores que en otros. Agricultura, por diésel y fertilizantes, va a ser de los que más va a experimentar un aumento de costes y será rápido su traslado al supermercado, lugar al que los productos llegan en transporte consumidor de diésel, por lo que la cesta de la compra subirá sí o sí. Aunque haya sectores que, de por sí, se vean menos afectados por esta catarata de subidas de precios, es probable que más de uno se suba al carro de aumentar sus tarifas, dado que el resto también lo hace. El dato del IPC de marzo publicado ayer por el INE, 3,4% supera en un punto al de febrero, y es una muestra de cómo el disparo de precios ya está aquí. La subyacente, que excluye alimentos frescos y energía, subió dos décimas, muestra de que esa segunda ronda aún no ha llegado plenamente, pero quizás empiece a asomar y se consolide en los próximos meses. Ante este panorama el consumidor y las empresas tienen que optar por políticas de supervivencia. Sube con fuerza la demanda de productos de marca blanca frente a los de marca comercial, porque son los más baratos de los lineales del súper, y en alimentación se suele dar un traslado de bienes de mayor calidad (frutas, carnes o pescados) a productos de aguante, como pasta y arroz. El problema de los fertilizantes va a provocar que bienes de alta calidad nutritiva como las frutas, verduras y cereales sean de los más afectados por el incremento de precios, por lo que además de problemas económicos se va a producir un empeoramiento de la calidad de lo que se consume. Si en el súper se busca ahorrar, pero visitarlo es ineludible, es en el ocio donde se encuentra un capítulo de gasto importante que, a priori, puede verse reducido para compensar la subida de costes. Si me queda menos dinero puedo recortar mis salidas a tomar algo, a cenar fuera, a asistir a eventos y espectáculos, etc. Si antes iba n veces al mes a cenar fuera, por ejemplo, ahora puedo ir una vez menos y eso compensa parte de la subida. Hostelería y sectores similares pueden verse afectados de rebote por la caída de la renta real del consumidor, aunque en grandes ciudades el efecto turístico pueda enmascarar este proceso. Los viajes de vacaciones también se pueden ver afectados, porque suponen un coste elevado y sus precios no dejan de subir a un ritmo bastante superior al de otros bienes o servicios. Se hablaba de incrementos claramente superiores al 10% en lo que hace a transporte y alojamiento en la Semana Santa recién concluida respecto a la del año pasado. Ese ritmo de subida no es sostenible para cada vez mas estratos de la población y no serán pocos los que renuncien no al descanso, pero sí al viaje, este próximo verano.
Si suben los precios, aunque sea por causas no monetarias, el BCE y demás bancos centrales no pueden quedarse de brazos cruzados, y las bajadas de tipos de interés que se esperaban pueden tornarse en subidas a corto plazo para tratar de embridar esto. Eso ya se nota en el euríbor, que en marzo ha subido tres décimas respecto a febrero, y ya supone que las renovaciones de hipotecas semestrales y anuales salen más caras, después de un par de años o más de rebajas. Otro coste que sumar al de los precios directos de la compra, que aletarga la demanda. Si la guerra se acaba ya todos estos efectos se irán diluyendo a corto medio plazo, pero si esto se prolonga el problema se enquistará, y eso es nefasto para todos.
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