Ayer, al final de la tarde, saltó la sorpresa en el mundo financiero y empresarial patrio. Se hizo público que Escribano había colocado su participación, del 14%, en Indra, por lo que la vendía y dejaba la compañía. Una noticia poco esperada y que, por ahora, pone fin a uno de los culebrones más sucios y volátiles de los vividos en la empresa española, y en la política, en el que el papel del gobierno y sus meteduras de pata (y mano) han sido memorables. Los hermanos Escribano ya tienen argumentos para que un buen profesional les escriba un libro en el que la intriga y los quiebros superna a muchas de las series de ficción imaginadas por guionistas que no alcanzan a ver hasta qué punto la realidad es insuperable.
Escribano, la empresa familiar, que empezó como un taller mecánico y creció hasta convertirse en una gran empresa de mecanizados, ha pasado de ser el ojito derecho del gobierno a un apestado, sin que se sepa claramente el por qué de lo uno y ni de lo otro. Desde que desembarcó en el accionariado de Indra, para lo que solicitó un préstamo a JP Morgan, se veía que contaba con el beneplácito de Moncloa para hacer una operación conjunta, dado el papel de la SEPI como accionista mayoritaria en la entidad suprema. Ángel desembarca en el consejo de administración y se empieza a hablar de una operación de fusión en la que Indra compra Escribano, creándose un espectacular conflicto de intereses dada la participación de la absorbida en la absorbente. Valoraciones de hasta 2.000 millones de euros para la empresa de mecanizados empiezan a circular por los medios, y no deja de asombrar a propios y extraños tanto el inflado de los números como el vicio profundo de la operación. Consejeros independientes de Indra rechazan la idea y empiezan a ver cómo Moncloa les trata con hostilidad. El augur económico de Sánchez, Manuel de la Rocha, que manda más en el tema que cualquier ministerio, bendice una operación que todo el mundo ve como imposible por su zafiedad. Indra y el ministerio de defensa, el contratista en todos los temas militares, defienden día sí y día también a Escribano frente a Santa Bárbara, el proveedor habitual de sistemas mecanizados de defensa, desde hace unos años propiedad de la norteamericana General Dynamics, alegando que Indra va a ser un campeón nacional en defensa y Escribano, carente de experiencia en el desarrollo de plataformas complejas, su suministrador de hardware, por así decirlo. La batalla dentro de Indra crece y crece, con zancadillas, golpes, broncas monumentales que se airean en público o se relatan en confidenciales, y personajes del poder de un lado y otro, con El País, de la mano de su principal accionista Joseph Oughourlian (y accionista también de Indra) defendiendo a muerte a los Escribano, entregándoles incluso el premio al ejecutivo del año del IBEX 35 hace un par de meses, frente a, por ejemplo, Iván Redondo, el consultor, el lobista, ahora a sueldo de Santa Bárbara, tratando de frenar el proceso de fusión / absorción / pelotazo. Todo iba bien hasta que, sin saber por qué, como pasó con la decisión de Sánchez con el Sáhara, Moncloa vira 180 grados y repudia a Escribano, y paraliza la operación. Ángel Escribano, presente en el consejo de Indra, se revuelve y no acata el cambio de postura de quien, hasta el día anterior, fue su principal valedor, y trata de seguir en la compañía con poder ejecutivo, pero finalmente es descabalgado y la situación entra en un impase desde hace unas semanas, con las espadas en alto pero con la adquisición aberrante frustrada. Finalmente, con la operación de ayer se pone fin a la presencia de los Escribano en la cotizada y, de momento, se cierra este extraño serial, en el que todo el mundo ha salido bastante perjudicado en su imagen.
Pero sí, algunos salen más beneficiados que otros. Se estima que Escribano, con su venta, ha generado unas plusvalías de unos 800 millones de euros, porque durante toda esta batalla, en la que Moncloa daba alas al futuro campeón nacional de defensa, las acciones de Indra se han revalorizado una barbaridad, por lo que más de uno se ha hecho de oro, y los Escribano, desde luego, sí. El margen es más que suficiente para liquidar el préstamo de JP Morgan y prácticamente equivale a lo que era toda la facturación prevista para la empresa durante este año 2026. Nuevos millonarios en la city madrileña, después de haber sido sacrificados en todo un Juego de Tronos. Desde luego la historia meceré ser escrita con detalle.
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