Transcurridos ya prácticamente dos meses del asalto a Ceuta orquestado por las autoridades marroquíes, se ha producido la primera renuncia de un cargo gubernamental tras su desastrosa gestión de la invasión y de todo lo que ha sucedido después. Pérez Triano, gobernador civil de Ceuta, renunció ayer a su cargo, no sin que antes El País, que antaño fue un periódico, actuando como la correa de transmisión que es del gobierno, dejara claro en sus páginas que eso era lo que tenía que hacer. Supongo que en Moncloa decidieron que podían ofrecer esa pieza de caza menor para apaciguar los ánimos y dejaron al leal siervo, inmolado por su necio líder, abandonado en la cuneta. Y que luego fuera él el que se excusase en público.
En su comparecencia, sin preguntas, ya que sólo a los periodistas del extranjero, y allí fuera, se les permite hacer cuestiones a nuestros necios gobernantes, Pérez Triano anunció su marcha, su renuncia a la política, y no mostró arrepentimiento alguno ante el desastre que, por la parte que le toca, se ha producido en la ciudad, y sigue desarrollándose. Todo fueron excusas, algunas de ellas con cierta carga de culpabilidad respecto a sus superiores en el ministerio de interior, pero en lo relevante de su anunció, el habitual discurso exculpatorio que se repite sin cesar por cada necio que es pillado en su incompetencia y no hace sino culpar a los demás, universo conocido mediante, de todo lo sucedido. El por qué de esta dimisión ahora tiene que ver mucho más con el proceso judicial abierto en la Audiencia Nacional sobre lo sucedido en Ceuta que otra cosa. Esta semana, si no me equivoco, declara en el marco de esa causa el que fue jefe de gabinete de Triano, el único que, por ahora, ha dimitido sintiéndose culpable de algo, y en su renuncia dejó claro que informó a su superior de los avisos que le habían llegado del CNI sobre la avalancha de miembros que se estaban juntando en redes sociales para llevar a cabo un asalto y de que esto no era lo de todos los veranos, ni mucho menos. En su renuncia, el jefe de gabinete dejaba completamente al descubierto a su superior, no se si tachándolo de incompetente, pero sí de mentiroso, cosa que ha reiterado sin cesar el portavoz del PSOE en la ciudad, que ha cargado muy duramente contra el ya ex delegado del gobierno, acusándole de buscar únicamente la forma de salvar su cargo y sueldo, sin importarle en lo más mínimo lo que sucede en la cuidad, y sin hacerse cargo de lo que pasó durante la invasión. Atrincherado en su despacho de la delegación, Pérez Triano llevaba ya varios días sin hacer declaraciones ni dejarse ver por ninguna parte. Los rumores sobre su posición habían ido creciendo a lo largo de los últimos días, pero los afines a Moncloa señalaban en los medios propios que no se iba a dejar caer a nadie porque eso era reconocer que se habían producido errores de gestión en Ceuta, y que no se podía admitir esa posibilidad. Es lo que tiene el fanatismo, que todo lo ciega. Supongo que el desalmado del presidente del gobierno ni se inmutó cuando, entrevistado por la CNN en Nueva York, Amanpour le calificó directamente como desastre lo que había sucedido y seguía pasando en la ciudad. Ante ella ha sido la única vez que Sánchez ha hecho una declaración en la que ha acusado veladamente a Marruecos de algo. Nada, desde luego, en los tres ejercicios de propaganda gubernamental orquestados con medios nacionales, donde Sánchez no fue preguntado, sino casi jaleado por personas que se hacían pasar por periodistas y cobran creyéndose que son tales. En el extranjero, donde España es casi nada y nuestros dirigentes no tienen esa corte de aduladores que les rodea constantemente los políticos españoles se ven forzados a mentir menos, e incluso a veces dicen alguna verdad. Quizás ahí se decidió que Triano estaba condenado, y se contacto con los propios para que dejaran bien impreso por la mañana que su ostracismo era un hecho.
En todo caso Triano se va por el miedo que tiene al proceso judicial, no por otra cosa, y como volvió a mostrar ayer, sin el más mínimo arrepentimiento por su conducta, cosa que empieza a ser lo habitual en el conjunto de sujetos que nos rigen a todos los niveles, que se conducen como absolutos psicópatas y donde los conceptos de responsabilidad, culpa, arrepentimiento o perdón no figuran para nada en su vocabulario. Vanidosos hasta el extremo, sólo su necedad está a la altura del ego que les infla el cuerpo. Pérez Triano es un buen ejemplo de todo esto. Nadie lamentará su marcha, pero ojalá pague judicialmente por lo que hizo y por lo que no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario