martes, marzo 31, 2026

El poder de la energía

Este fin de semana se ha realizado en Europa occidental el cambio de hora de verano. Hemos dormido una hora menos con el objeto de alargar las tardes y, en teoría, ahorrar energía, sincronizando de manera óptima las tareas diarias con el alargamiento de la jornada que se produce a medida que nos acercamos al solsticio de verano. Hace tiempo que se señala que los estudios que, en su momento, avalaron ese ahorro como excusa del cambio de hora se han quedado obsoletos, y que no se puede decir nada al respecto. La inercia y la imposibilidad de llegar a acuerdos entre países, e incluso dentro de los mismos, sobre qué horario es el qué debe prevalecer lleva dos veces al año al reajuste de las manecillas.

Lo relevante es que esta medida se adoptó en los años setenta con motivo de la primera crisis del petróleo. Cuando se desató la guerra del Yon Kipur y los países árabes boicotearon a occidente con un corte de suministros el petróleo escaló de una manera brusca y se multiplicó de precio hasta por tres o cuatro veces respecto a los valores que cotizaba por aquel entonces. Eran unos precios originalmente muy bajos, pero multiplicarlos de tal manera era una vía directa para generar consecuencias en una economía que se había vuelto completamente petróleodependiente. Escasez, colas, nervios, estanflación, crisis… esos años se asocian a turbulencias económicas serias, que a España le cogieron en pleno cambio de régimen y, por tanto, entre despistada e incapaz. La cuestión es que el ahorro energético se convirtió en una obsesión, y medidas que hoy damos por obvias, como ese cambio de hora, o la generalización de los límites de velocidad en las carreteras, se adoptaron en occidente a partir de entonces para tratar de reducir los consumos, a los que hasta entonces apenas se les prestaba atención. En la película Licorice Pizza, de Paul Thomas Anderson, ganador del Oscar de este año, se muestra una california setentera en la que, en medio de la curiosa historia de amor y carreras de los protagonistas, los conductores hacen colas en las gasolineras para repostar porque no hay suministro, o es carísimo, y llevarse una garrafa de gasolina es el premio más cotizado que existe, casi tanto como el beso de la chica para el desgarbado protagonista. Verlo resulta curioso, pero en sus tiempos no tenía ni pizca de gracia, desde luego, y resulta casi inimaginable desde nuestra época de abundancia…. Hasta que empieza una guerra como la que se vive ahora en Irán y los nubarrones acechan. Hoy, las economías de todo el mundo han diversificado notablemente sus consumos de energía, y el petróleo ha caído notablemente en intensidad, de tal manera que es necesaria mucha menos cantidad de ese componente para producir una unidad de PIB de lo que hacía falta entonces, pero es ingenuo pensar que es un recurso secundario. Sectores de importancia estratégica como el de los transportes, de personas y mercancías, siguen dependiendo muchísimo de él, y otros como la química y los fertilizantes usan uno de sus primos, el gas, como herramienta básica para poder llevar a cabo sus procesos. Un barril a 115$, precio alcanzado ayer, casi duplica los sesenta y pocos que se pagaban en febrero, hace mes y medio, pero el problema no es tanto ese nivel, muy alto, sino cuánto tiempo se va a mantener ahí y si eso significa, entre otras cosas, una restricción permanente en el acceso a la materia prima. Naciones que son bastante más dependientes que nosotros, de manera directa, del flujo del crudo que pasa por Ormuz, como las asiáticas, empiezan a vivir escenas de “colas en las gasolineras” y de miedo a tener que restringir el acceso al combustible, a priorizarlo ante unos precios desatados y existencias menguantes. ¿Pueden llegar a nuestras vidas situaciones como esas?

La respuesta es sí, pero depende sobremanera de cuánto dure el conflicto y lo que se mantenga el precio disparado del barril. En todo caso, hay sectores sensibles, como el de la aviación, que consume queroseno, destilado del petróleo más ligero que la gasolina y no tan abundante en el proceso de fabricación de las refinerías, que empiezan a preocuparse por las existencias de combustible más allá del dolor de cabeza que les produce el disparo de su precio, que es el mayor de sus costes. Si la guerra acaba en breve todo se quedará en un susto, pero si se mantiene, o se producen más destrozos en infraestructuras estratégicas, no es descartable un escenario de tensión en la oferta y de restricciones. Y no sería nada romántico quedar a hacer cola en la gasolinera.

lunes, marzo 30, 2026

La logística lo es todo

Hay un ensayo que es de lectura obligada para los amantes de la logística y, en general, para todo aquel que quiera entender cómo funcionan las cosas que hacen que sea posible todo lo demás. Se titula Ingenieros de la victoria, y es de Paul Kennedy. El texto se centra en la IIGM, y en el desarrollo espectacular de la logística militar que fue necesaria para que el ejército de EEUU adquiriera las capacidades necesarias para poder combatir en dos frentes globales con miles y miles de tropas en ellos. Recursos, aprovisionamiento, fabricación, distribución, reemplazo, cuestiones que hasta entonces eran importantes, se convertían en vitales, y fue necesario inventar multitud de procesos para hacer frente al reto.

Me acordaba de esto cuando hace unos días leía que el portaaviones más importante de la flota norteamericana, y el más nuevo, el Gerald Ford, destinado a las operaciones militares contra Irán, tenía que salir del escenario de combate y dirigirse a Creta porque estaba medio inutilizado por dos cuestiones que parecen de chiste, pero que no lo son. Por un lado, había sufrido un incendio en la lavandería que había acabado con cientos de juegos de camas destruido, de los más de cuatro mil que componen la intendencia sabanera que se requiere en la nave, si se me permite así decirlo. El incendio acabó sofocándose tras varias horas pero dejó inutilizada la instalación, por lo que las sábanas, y resto de ropa, de los miles de residentes en la nave, la que no había ardido, no podía ser lavada como es debido. Por otra parte, se informaba que un casi un tercio de los cientos y cientos de retretes con los que cuenta el buque estaban atascados, y que no había manera de convertirlos otra vez en operativos, de tal manera que las colas en los que funcionaban iban a más y, se imaginan, el proceso de atasco generaba un goteo de retretes cerrados que no dejaba de crecer. Sí, el portaviones es nuclear, no necesita repostar combustible para moverse sin cesar por el mundo durante varios años, pero la tropa y marinería que está en él, unas cinco mil personas creo recordar, requiere un montón de cosas cada día para mantenerse operativa, entre ellas dormir e ir al baño. Imagínense lo que come esa cantidad de gente cada día y los suministros que porta en forma de proteínas e hidratos de carbono. Por lo que salía en las noticias, el buque llevaba ya diez meses de travesía ininterrumpida, ya que participó también el año pasado el proceso de hostigamiento a Venezuela, y la tripulación no pisaba tierra desde entonces. Diseñada para realizar relevos de seis meses, la tropa de ese barco ha excedido notablemente el periodo de estancia previsto en el mismo, y es de esperar que la degradación de algunas de las instalaciones sea equivalente al malestar que se acumula entre los hombres, que llevan mucho más tiempo del previsto y prometido, fuera de casa, y en condiciones de deterioro notable. Este es un buen ejemplo en el que la capacidad militar de uno de los principales activos de la flota norteamericana puede ponerse en entredicho por algo aparentemente tan banal como que cientos de sus integrantes no puedan dormir en las camas en las que descansan como es debido. La gestión de un barco de este tipo es de un complejidad inmensa, sólo por el hecho de la cantidad de gente que hay en él, sin contar con el peligro que supone portar armas y cosas que explotan a lo bestia por todas partes, y la planificación necesaria para mantener a todos los sistemas de abordo a pleno rendimiento no sólo se debe centrar en el armamento o el combustible de los aviones, que también, sino en cosas como el famoso papel higiénico, que si se acaba hacen que el nerviosismo se adueñe de la nave, sea nuclear o impulsada por velas romanas.

Las guerras suelen ser el ejemplo perfecto de cómo campañas pensadas para una duración corta y sorpresiva se pueden alargar más de lo previsto y, con ello, sus costes asociados, y sus necesidades logísticas, que crecen de manera exponencial y lo complican todo. Un ejército de tierra devora combustible, comida, armamento y suministros sanitarios como si no hubiera mañana, y la extensión máxima a la que puede llegar en una invasión es la que le permite esa cadena de suministros que le mantiene operativo. Si se alarga más de lo posible y la cadena se rompe, el ejército ya no funciona. Rusia nunca ha aprendido esta lección, y EEUU, que sí lo hizo, parece estar olvidándola. Y los errores en logística se pueden pagar muy muy caros.

viernes, marzo 27, 2026

Noelia, abandonada

Ya les avisó, el tema de hoy es feo, así que no va a haber motivos de sonrisa ni de aprendizaje alguno. La muerte de Noelia Castillo, tras llevarse a cabo finalmente su eutanasia, no es sino el final de un fracaso en todos los sentidos, un fracaso colectivo en el que ella ha sido la víctima de toda una serie de desastres vitales, familiares, institucionales y sociales, para los que sólo ha encontrado como vía de escape la muerte, lo único que no nos permite huir, dado que, con elevada probabilidad, supone el fin de la existencia y de toda sensación. Entre ellas, las de descanso y libertad. Noelia ha muerto y todos somos culpables de ello.

El proceso judicial en el que se ha visto envuelta ha reiterado sentencias favorables a su decisión, tomada como mayor de edad en plenas facultades según todos los tribunales que han estudiado el asunto, por lo que el tema legal, en el que no soy ningún experto, parece finiquitado. La ley sobre la eutanasia es una ley necesaria en un momento histórico en el que la prolongación médica de la vida se realiza muchas veces en contra de la voluntad de los pacientes, y también es correcta desde un punto de vista liberal, porque uno es poseedor de su propia vida y puede ejercer derechos sobre ella, y uno, el definitivo, también. Que este caso haya llegado a los medios, probablemente, se deba a que la protagonista es muy joven y que ha vivido una vida de horror que, para los amantes de la truculencia, entre los que no me encuentro, genera un atractivo irresistible. Su trayectoria ha sido la de un abandono familiar, una agresión sexual, posteriores intento de suicidio, que no lograron su propósito y la dejaron impedida y, desde entonces, la búsqueda de esa muerte que ansiaba por fines legales dada su incapacidad física para lograrlo. En todos esos años a Noelia le ha fallado todo y le han fallado todos. Le ha fallado la familia, el lugar en el que uno nace, que no se escoge, pero que debe ser el que acoge, como normalmente sucede, pero no en ocasiones, y esta es una de ellas. Le han fallado los servicios sociales y todo el entramado que tenemos organizado para intentar que los menores no sean víctimas de la depredación de sujetos abominables. En no pocos casos, estos servicios se han mostrado proclives a permitir conductas infames, y abundan, de manera incomprensible, casos de menores tutelados por instituciones que sufren abusos y otro tipo de episodios repugnantes sin que ningún responsable público de la cara o asuma consecuencias. A Noelia le ha fallado la red sanitaria y psicosocial que cuida de todos los que podemos sufrir males físicos o emocionales. Tras la agresión sexual que sufrió sólo encontró como remedio el suicidio, que intentó de manera efectiva, y eso es muestra de que no hubo el apoyo necesario que permitirá frenar ese impulso. Padecía un trastorno límite de la personalidad, una dolencia mental, que no fue tratada como es debido, sin que uno tenga que ser un gran experto en la materia para afirmar algo así, y tuvo que enfrentarse sóla, con sus limitaciones, con todos los obstáculos posibles, a una experiencia de la que muchos no saldríamos indemnes. Tras las secuelas de su tentativa, optó por la vía legal para conseguir llegar al final, lo único que deseaba, y desde entonces se han sucedido los recursos y apelaciones, en un esfuerzo judicial que podría haberse evitado si algunas de las múltiples cosas que fallaron antes se hubieran hecho bien por parte de familia e instituciones. Finalmente Noelia murió ayer, como deseaba, y su caso termina de la peor manera posible, tras un bagaje desolador en el que se ve cómo los derechos y esperanzas de una persona se pueden destruir a lo largo de una vida gracias al mal hacer de tantos, obsesionados por su egoísmo y comodidad.

Lo último, el uso de Noelia como estandarte partidista en una batalla mediática y política, es otro síntoma de la bajeza en la que nos henos instalado y en la necedad mental que nos domina. A casi nadie le importa el dolor de la víctima, sólo su capacidad para ser usada como arma arrojadiza para sostener la posición ególatra que uno, otro o el que sea, pretende imponer como debida. Asistir a todo esto desde la barrera es contemplar una degeneración absoluta, un espectáculo asqueroso protagonizado por sujetos que estarían encantados de fabricar “Noelias” si les sirvieran para sus fines. Este es el nivel del debate en el que estamos instalados.

jueves, marzo 26, 2026

Meta cierra el Metaverso

Predecir el futuro es un arte, sujeto a errores constantes. También, por supuesto, en el caso de la tecnología. Cosas que parecen revolucionarias pueden llegar a serlo o acabar arrumbadas en una esquina sin impacto relevante, mientras que otras que pasan desapercibidas a primera vista pueden cambiar el mundo. La ley de Moore sobre el crecimiento exponencial de las capacidades de los chips lo ha transformado todo, pregunte usted en su entorno a ver quién conoce esa idea y de lo que se refiere. La presentación del Iphone de Apple también es un caso paradigmático de revolución total, que no lo parecía en su momento, y vaya que si lo ha sido.

En 2021 y 2022, saliendo de la pandemia, Facebook, la empresa de Marck Zuckerberg, que ya se había hecho con Instagram y Whastapp, y era la reina de las redes sociales de origen occidental (lo sigue siendo) se lanzó de cabeza a la idea del metaverso, hasta el punto de cambiarse de nombre para pasar a denominarse Meta, con un logo similar a un símbolo de infinito doblado en los extremos para tratar de parecerse a una M. El metaverso es un mundo virtual, informático, al que se accede mediante dispositivos como gafas o cascos, y en el que uno interactúa mediante un avatar, personaje informático que lo representa, en un entorno en el que todo está construido de manera informática. El suelo, los espacios, el resto de entidades, la vida que ahí se desarrolla, es como una especie de juego inmersivo, y buscaba ser una realidad paralela en la que desarrollar otra vida. Meta se lanzó a un plan masivo de inversiones con el objeto de desarrollar el soporte informático que diera servicio a toda esta idea y los dispositivos físicos que permitieran acceder a él. Las cifras comunicadas rondaban los 80.000 millones de euros, cantidades enormes, y se produjo un cierto éxito mediático del concepto. Se habló bastante de él durante un tiempo y no fueron pocas las empresas que empezaron a invertir para crear sus espacios en ese mundo virtual, empresas que venden cosas reales, o no, pero que proporcionaban recursos en ese mundo. El avatar con el que uno entraba al Metaverso tendría que “vestirse” de alguna manera, portar algo que fuera visto por el resto de usuarios, y habría tiendas en ese mundo virtual, fueran ZARA u otras reales o entidades originarias de él, que venderían ropa. Y así decenas y cientos de negocios posibles, todos ellos con publicidad, también el de los espacios mismos, porque ese avatar viviría en un punto de ese metaverso, donde se podría construir una vivienda y venderse, previa compra venta del “suelo” virtual en el que se asentase…. La idea, coherente desde un cierto punto de vista, es que un número creciente de usuarios de este mundo generarían un ecosistema en el que actividades y negocios de todo tipo irían surgiendo, por lo que el volumen de transacciones financieras crecientes sería, también, una manera de financiar el soporte tecnológico y de generar beneficios para Meta, pero potencialmente para el resto de entidades que quisieran participar en ello. En 2021 se hablaba bastante de esto y cada poco tiempo surgían iniciativas particulares, o corporativas, que se apuntaban al metaverso y creaban ahí sus espacios, tiendas, negocios, productos, etc. Meta apuntaba a que este negocio iba a sr su gran matriz de facturación e ingresos, sustituyendo poco a poco a las redes sociales. El mundo parecía prometedor para esa idea y Zuckerberg la pregonaba con la fe del convencido y la necesidad del vendedor.

La semana pasada Meta anunció el cierre de los desarrollos del Metaverso, el fin del proyecto, que ha pasado de ser la esperanza de la compañía a la nada. Replicando de una manera curiosa lo que ya pasó con Second Life hace bastantes años, una idea similar en una época de conectividad y capacidad de procesamiento muy inferior a las actuales, el Metaverso ha ido muriendo porque no logró captar audiencia, no se produjo la demanda esperada, ese mundo virtual era poco más que un páramo, y no había nada relevante en él. Y desde luego, tampoco negocio. Meta ha fracasado en una apuesta que parecía buena, y ahora destina recursos ingentes a la IA. En este caso no está sóla.

miércoles, marzo 25, 2026

Manipulación de mercado

El lunes fue un día despiadado en los mercados financieros, con una volatilidad altísima y unas pérdidas y ganancias enormes. La sesión asiática cerró con caídas del más del 3% ante el incremento del precio del petróleo por las amenazas cruzadas entre EEUU e Irán. La apertura europea no fue mucho mejor, con un 2,5% de bajadas en nuestros parqués, pero, pasadas las doce de la mañana, Trump anunció contactos con el régimen de Teherán y el aplazamiento de las amenazas sobre las instalaciones eléctricas. En pocos minutos los índices se giraron completamente, pasando a subir más del 2%, y el petróleo cayó en torno al 10%. Giro de una brusquedad difícil de ver.

Pues bien, a lo largo de la tarde noche del lunes fueron publicándose algunos mensajes en redes que analizaban, con datos de alta frecuencia, los movimientos que habían tenido lugar minutos antes del anuncio de Trump, y se detectaba un patrón llamativo. Se habían producido de manera simultánea, antes del anuncio del magante, compras de futuros al alza en el SP500 de la bolsa de Nueva York y operaciones en corto en el mercado del petróleo, por unos volúmenes de entorno a 1.500 millones de dólares, demasiado para no dejar rastro. Unas operaciones que iban totalmente en contra del movimiento que estaba experimentando el mercado, y que sólo podrían ser beneficiosas si el signo de las cotizaciones se daba la vuelta… y eso es lo que pasó precisamente unos minutos después. Se calcula que los beneficios de esa jugada en el mismo lunes pudieron alcanzar los 60 millones de dólares, una ganancia de esas que te permiten retirarte para muchas vidas. ¿Casualidad? ¿Suerte? Nadie de los que conozco que analizan estas cosas, y que saben mucho más que yo, cree en eso. Todos se apuntan a la idea de la información privilegiada, del chivatazo, de la burda manipulación del mercado. Una jugada en la que algunos, casi con toda seguridad pertenecientes al círculo íntimo de Trump, familiar o no, fueron informados por el magnate de que iba a hacer un anuncio que cambiaría por completo las cotizaciones, y se les advertía de que tenían poco tiempo si querían aprovecharse de ello. Una jugada que parece una trampa colosal en la que unos manipuladores logran estafar a la banca, en este caso a muchos inversores particulares, que estaban actuando, como dictaba la lógica, ejecutando pérdidas ante el miedo por lo que pudiera suceder. Como en un homenaje a Regreso al Futuro II, Trump jugaba con una especie de almanaque deportivo que le permitía saber qué iba a pasar en los instantes posteriores a su anuncio, y que podía decidir cuándo y cómo hacerlo, estaba en condiciones de adivinar el futuro con exactitud y aprovecharse de ello antes de que ningún otro pudiera hacerlo. Jugar con cartas marcadas es hacer trampas, y la sensación general que existe en los mercados, desde hace tiempo, es que Trump ha hecho jugadas de este tipo en varias ocasiones, aprovechándose de que tiene acceso a información que nadie más sabe y a que el impacto de sus declaraciones, mensajes de red social y demás parafernalia mediática que moviliza con esmero es abrumador, planetario. La principal diferencia de lo que pasó el lunes respecto a otros episodios similares está en el volumen de las operaciones desarrolladas y, sobre todo, en la enorme gravedad de los hechos con los que Trump y sus socios estaban jugando. En medio de una guerra en la que muere gente y se destruyen infraestructuras críticas, con el mundo pendiente de las consecuencias de un conflicto que puede generar enormes problemas políticos y económicos, a Trump y cia lo que más parece importarles es cómo sacar tajada de ello, y si eso incluye manipular las bolsas, pues mejor que mejor, más beneficio.

¿Es posible encausar a Trump, o a alguien de su entorno, por lo que tienen todos los visos de ser un acto de manipulación? La SEC es el organismo regulador de los mercados de valores en EEUU, y es una institución seria, pero como todas las del país, ahora vive presionada por la ira de quien se sienta en la Casa Blanca. Es poco probable que se abra la necesaria investigación que los hechos del lunes demandan, y desde luego, vistos los precedentes, más difícil será que alguien se atreva a acusar o a abrir un procedimiento contra la banda naranja. La sensación de impunidad con la que se maneja el poder en Washington por parte de semejantes sujetos está alcanzando grados difícilmente imaginables.

martes, marzo 24, 2026

Sobre las medidas de alivio económico

Como la guerra va al vaivén de las alocadas decisiones de Trump, ayer comenzamos el día en el peor de los escenarios y lo acabamos con festejo, con una variación intradía en los mercados absolutamente salvaje, y con más que probable uso de información privilegiada del entorno del magnate a la hora de operar. En todo caso, el petróleo bajo hasta la cota, muy alta, de los 100$ y las bolsas subieron con fuerza. A saber si a lo largo de la semana vamos a asistir a un ensayo de acuerdo, con fin de las hostilidades, o todo esto es una pausa previa a un recrudecimiento. Lo que diga el hombre naranja será lo que suceda.

En este contexto, las medidas económicas aprobadas el viernes, y que deben ser ratificadas esta semana en lo que hace al decreto de verdad, no el de juguete fabricado para Restar, tienen bastante sentido y son un compromiso entre lo que sería más eficiente y lo equitativo. Ante estas situaciones los gobiernos siempre tienen el dilema de qué hacer, hasta dónde llegar, qué distorsiones introducir y qué coste va a suponer todo al erario público. Estamos ante un shock externo ante el que las decisiones de nuestros gobiernos no pueden hacer nada, y lo mejor es una posición de apoyo a los sectores más afectados y un enfoque gradual, a la espera de ver cómo evolucionan los acontecimientos. La medida estrella es una bajada de impuestos, del IVA en todo lo que hace a gas y producto petrolíferos y del de generación eléctrica. Esto se traduce directamente en una bajada del precio de los productos gravados, sin que los intermediarios ni el consumidor final tengan que hacer grandes esfuerzos técnicos, y en una reducción de la recaudación impositiva. Es una transferencia directa, un impuesto negativo al consumidor de esos bienes. Supone una medida lineal que afecta a toda la población, sea usted un asalariado con una nómina bajita o el residente en una urbanización de lujo, por lo que esa taba rasa conlleva, como siempre, un sesgo regresivo. Hubiera sido mejor poder discriminar el beneficio de la medida en función de la renta, de tal manera que el coste tributario es menor y se podría alcanzar una progresividad en la medida, pero las enormes carencias técnicas en las que vive la administración y la gestión en este país, donde la IA y otras tecnologías ni están ni se le esperan, y la parálisis burocrática que nos aplasta impedirían poder llevar a cabo algo así de manera rápida y eficaz. Por lo tanto, mejor algo rápido e imperfecto que algo mejor pero tardío y a saber cómo. En paralelo, para los sectores profesionales que usan el transporte como medio de trabajo, se ha establecido una bonificación de, creo, 20 céntimos por litro de combustible, de tal manera que vean una doble rebaja en sus facturas. Esta es una medida particular, destinada a combatir el daño de la subida de precios a quien, sí o sí, no tiene otro remedio que afrontarla. No tengo coche en Madrid, no tengo por qué repostar, pero si trabajo de transportista el llenar el depósito del vehículo es tan trascendente como el comer para la persona, y no hay manera de eludirlo. Combinadas ambas medidas, son una manera de afrontar el primer impacto de la subida. Los sectores profesionales han denunciado que las subidas que se han producido en los combustibles desde el 28 de febrero, inicio de la guerra, han sido bastante mayores que el efecto combinado de las ayudas aprobadas el pasado viernes, por lo que siguen en una situación de costes disparados en todo lo que llevamos de mes, que será inevitable trasladar a la cadena productiva, y que si se mantienen, pueden llevar a problemas, quiebras, movilizaciones, cierres, etc.

La observación diaria de la evolución de la guerra y los precios de las materias primas asociadas, a la par que el margen que los distribuidores petrolíferos aplican una vez puestas en marcha las medidas, es algo que va a ser muy necesario por parte de las autoridades. A eso se ha comprometido el Ministerio de Economía, y se juega bastante en ello. La graduación de las medidas y su duración, previstas en principio hasta el final de junio, van a depender mucho de lo que suceda en el teatro de operaciones. La posibilidad de unos precios del crudo enquistados en cotas altas es real, y eso, tarde o temprano, generaría efectos inflacionarios de segunda ronda y una contracción económica, ante la que estas medidas no serían sino simples paliativos.

lunes, marzo 23, 2026

Desgobierno absoluto

En la reunión especial del consejo de ministros del pasado viernes, en la que se aprobaba el Real Decreto de medidas de urgencia con motivo de la guerra de Irán, tuvimos un “deja vú” de lo que se vivía en la época pandémica cuando se celebraban reuniones extraordinarias para aprobar medidas semana a semana. Si recuerdan, esos consejos se anunciaban para el viernes por la mañana, no empezaban antes del viernes por la tarde y, ya de noche, a veces de madrugada, se publicaban en el BOE lo que se había acordado tras horas y horas de bronca interna que evidenciaba la fractura del gabinete. Era bastante patético.

Bueno, pues algo así tuvimos este viernes. La rueda de prensa para anunciar lo acordado se retrasó más de dos horas porque ese es el tiempo en el que los ministros de Restar estuvieron ausentes de la reunión, plantados sin entrar a ella. Al parecer sí había consenso entre todos los miembros del gobierno sobre el grueso de las medidas, muchas de ellas vilipendiadas hasta horas antes de la reunión por los portavoces oficiales y mediáticos del ejecutivo, al ser bajadas de impuestos propuestas por el PP, pero los de Restar querían incluir entre las medidas toda la batería relacionada con los alquileres, las prórrogas y congelación de los contratos que se mantienen de manera excepcional. Sabido es que Junts, esa formación tan de izquierdas y progresista con la que Sánchez mantiene una enamoradiza relación, no va a aprobar ninguna norma en el Congreso que suponga intervenir más el mercado de los alquileres, por lo que desde el sanchismos e enfatizaba que incorporar eso en el decreto de medidas económicas supondría casi seguro la garantía de que no iba a ser ratificado por el Congreso. Finalmente, tras el enfrentamiento, se optó por una solución absurda, que es la de crear dos decretos. Uno, con las medidas económicas energéticas, que es casi seguro que será respaldado, y otro con el paquete exigido por Restar, que casi con la misma seguridad que en el caso anterior será rechazado por el Congreso. En la rueda de prensa en la que se explicaron las medidas acordadas, Sánchez calificó de “salseo” la muestra evidente de ruptura que se vive en su gabinete, la incapacidad de mostrar una unidad, aunque sea falsa, en la mesa del consejo de ministros, y la evidencia de que la campaña electoral para las generales ya está en marcha, sean cuando sean. Los ministros de restar, que ya han vendido toda la dignidad que pudieron llegar a tener a cambio de puestazo y salario, y que viven a crédito desde hace mucho tiempo, saben que nunca, salvo mayúscula sorpresa, van a volver a ostentar cargo de representación tan significativos y tan bien remunerados. Nunca van a tener nóminas como las de ahora, y eso les importa mucho más que su propia dignidad o la formación política a la que dicen pertenecer. Elección tras elección las marcas de eso que se llama la izquierda de la izquierda, a la izquierda de la izquierda del PSOE, que supongo se puede llamar extrema izquierda de la misma manera que lo que está a la derecha del PP se llama extrema derecha, cosechan resultados más decepcionantes, hasta el caso de las últimas elecciones, las de Castilla y Léon, donde directamente no han obtenido representación. La habitual fragmentación con la que se presentan, las constantes rencillas sobre la pureza ideológica de unos grupos en los que el carácter dogmático se impone ante cualquier otra premisa, y la incompetencia manifiesta demostrada durante su acción de gobierno han acabado con la estrella que alguna vez pudo brillar en ese espectro ideológico, y ahora, los más pusilánimes buscan aventuras fuera de la política y los que más se han acostumbrado a la vidorra que les proporciona un escaño tratan como sea de mantenerlo, no vaya a ser que tengan que trabajar alguna vez. Porque ya se sabe, el que más defiende al trabajador sabe muy bien hasta qué punto es de pringados trabajar, y eso es lo último que quiere para sí.

La división del gobierno y la decadencia de Restar, con sus batallas internas abiertas, pone al actual ejecutivo en la tesitura de ser poco más que un trampantojo, como siempre al servicio de su sanchidad, pero sin capacidad operativa real. Con una oposición necia que no es capaz de alcanzar las cifras para una moción de investidura, el presidente sigue día a día al frente de un cargo que no ejerce, pero que engorda su infinito ego. Su partido sigue el proceso de demolición que se acentúa en cada cita electoral y la vida política nacional se convierte en una cutrez de dimensiones épicas, de la que huye cualquiera que tenga dos dedos de frente. Con estos mimbres afrontamos lo que pueda llegar del desquiciado exterior.

viernes, marzo 20, 2026

Lo de Indra

He estado pensado usar algún tipo de epíteto que roza lo soez al respecto de lo que lleva pasando un tiempo en Indra, pero creo que será mejor mantener la frialdad lo máximo posible, aunque las formas y el fondo corrupto que tiene toda esta historia es propio de trileros de clase baja, gentes de mal vivir de los que haría uno bien en alejarse, para no salir perjudicado, o vilmente estafado. Y entre todos ellos, los más tramposos, son los que desde el gobierno han ido moviendo las piezas de una partida en la que la corrupción ha sido la palabra que mejor define lo sucedido, y el de élites extractivas el concepto académico ideal para enmarcarlo.

Indra es una importante empresa tecnológica muy vinculada al mundo de la defensa, participada por la SEPI, organismo dependiente del Ministerio de Hacienda, en más de un 20%, de tal manera que el gobierno es su principal accionista. Con la marcha de su anterior presidente, Marc Murtra, puesto por Moncloa al frente de Telefónica, quedó vacante la dirección de la entidad y desde el gobierno se alentó la creación de un campeón nacional de defensa que fuera capaz de competir a nivel internacional con otras empresas en un momento en el que la defensa iba camino de convertirse en el sector estratégico que lo es desde el despegue de guerras que vivimos. Indra siempre ha sido muy tecnológica, desarrolla software, sistemas de control y vigilancia, pero nunca ha estado en el mundo del hardware, en el de los blindados, armamento físico, vehículos, etec. Ahí la empresa española de referencia era Santa Bárbara, hasta que hace unos años fue adquirida por la norteamericana General Dynamics. Indra, por tanto, necesitaba un socio industrial, y aquí es cuando entran en escena los hermanos Escribano, Javier y Ángel, creadores y dueños de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) empresa madrileña que, de un taller de mecanizado, ha pasado a ser una de las principales en el desarrollo de sistemas militares, como torretas móviles, soportes de artillería, etc. EM&E es bastante más pequeña que Indra, cientos de millones de valoración frente a miles de millones de una cotizada en el Ibex, pero el movimiento de integración se alienta desde Moncloa, y se produce el nombramiento de Ángel Escribano como presidente de Indra. Desde ese momento se pone en marcha una operación de compra en la que Indra adquirirá Escribano, en un movimiento que todo el mundo contempla con asombro y repulsión, porque se da que la empresa absorbente es dirigida por el que es co dueño de la empresa absorbida, una colusión de intereses de dimensiones absurdas y aspecto repulsivo que, pese a todo, es alentada ciegamente desde Moncloa y defendida con uñas y dientes por las fuentes del poder y por los comprados medios que de ellas dependen. En el proceso de compra surgen obstáculos abundantes, especialmente por parte de consejeros independientes de ambas empresas, que no soportan lo que se está produciendo, porque es insoportable, y cada semana que la compra se alarga el valor de Indra y Escribano sube, La adquisición se eleva a cifras del entorno de los dos mil millones y se intuyen comisiones y ganancias fabulosas, especialmente para los beneficiados por la venta. El gobierno, oficialmente, se pone de perfil, y oficiosamente fuerza sin cesar la operación, levantando críticas de todo el mundo, y propiciando de paso un enfrentamiento con Santa Bárbara sobre contratos ya firmados y posibles adjudicaciones futuras. Un lío monumental que es la comidilla de muchos círculos económicos y políticos, que relatan casi a diario las batallas que se producen entre todos los implicados en la trama.

Y hete aquí que, apenas hace unas semanas, se produce un vuelco en la situación, y Moncloa cambia de idea. Decide que, vaya vaya, hay un conflicto de intereses en el proceso de compra y solicita a Ángel Escribano que renuncie a la presidencia de la entidad para que las cosas sean transparentes. De repente, el caballero blanco, que se creía intocable y superior, se ve atacado por quien le puso ahí, como el mero peón que era de los que realmente mandan. Ayer Indra comunicó oficialmente que renuncia a la compra de Escribano pero que su presidente no se marcha, por lo que ahora Ángel Escribano se planta ante los que antes le favorecieron. Al cierre del Ibex la empresa perdió un 12% de su valor.

jueves, marzo 19, 2026

Escalada energética

Ayer se produjo una serie de ataques cruzados que tuvieron como objetivo grandes y cruciales infraestructuras energéticas en la zona del Golfo Pérsico. Israel atacó las instalaciones iraníes de South Pars, que explotan el mayor yacimiento de gas natural del mundo, una bolsa que se encuentra bajo la parte interior del golfo pérsico, situado de manera perpendicular a la forma alargada que adopta el mar en esa zona. Ese yacimiento también es explotado por Qatar, país riquísimo precisamente gracias a él: Qatar no tiene petróleo, pero sí gas. Produce más o menos el 20% del Gas Natural Licuado del mundo, y lo hace desde el complejo de Ras Laffan.

Esas instalaciones, uno de los lugares más importantes del mundo en lo que hace a energía e industria, fueron atacadas por Irán como represalia ante el ataque a South Pars. No consta que haya habido víctimas, según las informaciones difundidas por el gobierno qatarí, pero sí daños materiales cuantiosos, imposibles de precisas, pero que afectan la estabilidad del complejo y a su operativa lo suficiente como para dejarlo en barbecho. Todo el mundo está mirando el petróleo, con razón, pero el gas es otra enorme fuente de energía, cuyo papel no ha hecho sino creer con el paso de los años, y que tiene unos usos mucho más extensos que el del transporte o la calefacción. El gas natural se usa mucho en procesos químicos básicos como el de la producción de nitratos, cuyo principal uso es el de los fertilizantes agrarios. Comemos todos, principalmente, a la industria global de fertilizantes, que permite que las cosechas alcancen las dimensiones que nos permiten subsistir. Si esa industria sufre las cosechas lo harán, y el precio de los alimentos puede experimentar subidas muy considerables a corto y medio plazo. El gas también se usa en otros procesos que acaban generando helio, gas noble que, además de para llenar globos de feria que tanto gustan a pequeños y mayores, se utiliza en procesos de fabricación de fibra óptica, chips y otros componentes tecnológicos avanzados…. Uno puede pensar que las cosas salen de las estanterías de los supermercados o centros comerciales como por arte de magia, pero no, cada objeto esconde una cadena de producción que tiene indeterminados eslabones, muchos de ellos cruzados, que se extiende en el espacio y el tiempo, y que logra que un paquete de macarrones o un disco duro externo con USB esté a nuestra disposición a un precio razonable. Y en el fondo de todos los productos se encuentra la energía y los procesos industriales básicos capaces de producir elementos imprescindibles para que todos los bienes, todos, se acaben elaborando. Los ataques cruzados de ayer no se dieron sobre arenales sin poder estratégico o pabellones de almacenamiento de enseres, no, se produjeron sobre algo parecido al corazón de la industria global, uno de los puntos en los que se inician procesos capaces de alcanzar dimensiones planetarias. No se izo un rasguño a un fragmento de piel del brazo, no, se produjo un trombo en una de las principales arterias de la economía, logística e industria global, con unos daños que tardarán mucho tiempo en ser reparados, a un coste muy elevado, y que a cortísimo plazo suponen la interrupción de suministro y el destrozo de las cadenas logísticas para muchos sectores, además de un obvio disparo de los precios en todas partes. Lo de ayer fue el típico cruce de actos estúpidos que se produce cuando la ira de los contendientes le da por destrozar cosas de comer, y eso acaba con los que se pelean mucho más pobres. Y de rebote todo el mundo. Ayer se destruyeron cosas de una importancia que no somos capaces de calibrar. 

Trump se mostró enojado por el ataque israelí a South Pars, más que por las consecuencias o porque Qatar sea un aliado suyo porque, quizás, ya le habían dicho cuánto iba a robar haciéndose con las instalaciones y ahora están medio inutilizadas, porque al ególatra supremo la estabilidad logística y productiva global le da igual, por decirlo de manera suave. En todo caso, lo de ayer también va a suponer un abrupto encarecimiento de la vida del consumidor norteamericano (ni le cuento la nuestra) y eso puede que sí le importe más otras cosas. A punto de llegar a la tercera semana de guerra la situación se descontrola, en lo económico y militar, y los costes de este desastre no hacen sino crecer sin límite conocido.

miércoles, marzo 18, 2026

Piezas cobradas en Oriente y EEUU

Ayer Israel volvió a demostrar que posee los mejores servicios de información del mundo, y que ese trabajo de análisis se puede traducir, en breves instantes, en operaciones de ejecución tan frías como certeras, capaces de eliminar a aquellos sujetos que el gobierno tenga identificados como de interés. Pese a las precauciones tomadas, Israel ha descabezado nuevamente a la cúpula del poder iraní, no al proclamado nuevo líder supremo Jamenei hijo, del que se sabe bien poco, sino a los que actualmente regían los designios del país: el líder de la seguridad iraní, Ali Larijaní, y el jefe de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani. Dos hombres fuertes capaces de controlar las riendas del poder, lo militar y la represión social.

Por su parte, en EEUU caía el responsable de la seguridad interna antiterrorista, John Kent, pero no eliminado físicamente ni nada por el estilo, no. Dimitía de sus cargos, y en una carta hecha pública acusaba al lobby israelí de haber engañado a Trump y sus asesores para embarcarse en una guerra inútil contra un Irán que no suponía una amenaza para la nación. Ante esta baja, la respuesta del ególatra supremo ha sido de calificar a Kent como “débil”, literalmente, y no darle importancia alguna a su marcha, pero el hecho es que lo tiene. Por una parte, lo que dice en su escrito de renuncia es lo que se defiende desde muchos altavoces, de ideologías variada, la idea de que EEUU ha sido arrastrado a una intervención en la que no creía y que veía con más problemas que ventajas, que es Netanyahu el que lidera las hostilidades y el que tiene una posición de fuerza, entre otras cosas muy necesaria para salvar su propio pellejo político respecto a las acusaciones de corrupción que no pueden actuar contra él mientras se mantenga la guerra. Por otra, Kent, el dimitido, no es precisamente un demócrata que viene de la administración Biden y que, en su momento, no fue relevado por Trump. No, Kent es un miembro activo del MAGA, el movimiento populista que creo Trump y que ensalzó a Trump como su mesías. Es un conservador furibundo, alguien para el que el republicanismo clásico llega, como mucho, al nivel de derechita cobarde, para entendernos por aquí, y que se ha apuntado a todas las campañas de desinformación habidas y por haber desarrolladas por el entorno MAGA respecto a la actualidad nacional e internacional. Es un nacionalista norteamericano radical y un aislacionista patológico. Si ha dimitido no es por la conciencia de que EEUU esté actuando erróneamente, o por el miedo a que las consecuencias económicas de la guerra castiguen al bolsillo del votante o cosas por el estilo. No, si lo ha hecho ha sido porque considera que Trump ha traicionado los principios con los que se presentó a las elecciones y cosecho millones de votos, entre ellos el suyo. Trump vendió la idea de que EEUU no se iba a meter en más guerras inútiles, de esas que duran muchos años, llevan cadáveres a los pueblos del interior del país y acaban o en espantadas humillantes o en derrotas sonoras. Eso era cosa de los demócratas, de esos intervencionistas que olvidan al pueblo norteamericano. Él se iba a centrar en el país, en arreglarlo, en olvidar lo que pasara fuera y dejar que si alguien tuviera problemas en el exterior se las apañase. Poco después de cumplir el primer año de mandato Trump y su gabinete e han desatado en una política internacional intervencionista en grado sumo de una manera tan bruta, improvisada y macarra que tiene estupefactos hasta a los suyos. La base de votantes MAGA se está revolviendo contra las directrices de una administración, por llamarla de una manera, que se ha convertido en la más intervencionista y belicosa de las que ha habido en las últimas décadas, y eso de momento sólo se ha traducido en cadáveres volviendo al país, por ahora pocos, y unos precios que amenazan con volver a dispararse y asediar al consumidor, y votante.

Con este panorama es normal que las encuestas pronostiquen la elevadísima probabilidad de que, en las elecciones de medio mandato, a celebrar en noviembre de este año, los demócratas se hagan tanto con el Senado como con la Cámara de Representantes, cercenando notablemente los poderes presidenciales. Trump dice que eso le da igual, y lo peor es que quizás sea cierto, tanto por la absoluta indiferencia que muestra hacia todo lo que no sea él como por el hecho de que pueda osar a incumplir la voluntad de las cámaras, mandando en contra de sus elecciones, o incluso porque ya tenga pensado que eso de las elecciones de medio mandato es un incordio que no debe celebrarse, para no distraerle de sus ensoñaciones. Todo puede ser.

martes, marzo 17, 2026

Lealtad

La lealtad se encuentra en la base de toda relación que sea digna de tal nombre, y su surgimiento implica el respeto mutuo entre los que mantienen el vínculo. Uno sabe que el otro se va a comportar de manera leal, aún cuando desarrolle actividades ajenas, propias, privadas, y eso hace que la confrontación que pueda surgir por lo que se haga fuera de la relación sea lo menor posible. Ser leal a alguien es algo preciado, lo sabe el que lo es y lo sabe aún más el que puede confiar en el comportamiento del otro. La vida y sus avatares ponen a prueba todo esto, y cuando la lealtad se otorga, se recibe, se comprueba, la fidelidad del vínculo se afianza sobre raíces profundas, muy difíciles de arrancar.

Todo esto, que parece palabrería barata de autoayuda, vale para las relaciones de amistad, de pareja y, sí, también, internacionales entre países. Es cierto que en este último caso domina la máxima de aquel primer ministro británico (no era Churchill) que decía que los países no tienen amigos, sino intereses, y so hace que a veces algunas naciones sean sus amigas y otras no. En todo caso, cuando se establecen vínculos entre países se espera una lealtad mutua, se entiende que cada uno buscará lo propio por encima de todo lo demás, pero se espera un comportamiento predecible, una cooperación, y una actuación leal que permita que ese pacto suscrito sea llevado a la práctica y beneficie a ambos. Desde los años cuarenta hasta ahora el pacto trasatlántico ha sido uno de los mejores ejemplos de esto, una relación asimétrica entre EEUU y Europa en la que estaba meridianamente claro quién era el líder en lo económico y militar, quién el protegido, y donde todas las naciones se beneficiaban mutuamente de una simbiosis que les permitía ganar seguridad y prosperidad. El éxito de este pacto es que ha sido copiado por otros grupos de naciones, con mejor o peor fortuna. Recordemos el pacto de Varsovia en el mundo soviético en la guerra fría, que fracasó por ser un acuerdo de sumisión más que otra cosa, o la ASEAN en el Pacífico, centrado sobre todo en temas económicos, pero que supone una vinculación estrecha entre naciones que va más allá de los negocios. Pues bien, el pacto trasatlántico se está hundiendo ante nuestros ojos en pleno mar, lo que es una desastrosa noticia para todos aquellos que estamos involucrados por él. Curiosamente esto no se debe a que haya socios díscolos en la parte europea, donde el guirigay es constante y las opiniones no pueden ser más diversas dado el número de países soberanos que existen, no. El pacto se hunde porque es EEUU, la nación más poderosa, la que se ha embarcado en una senda de incumplimiento, de revancha y, sí, de deslealtad. Trump I ya fue un preludio de lo que vemos, pero no llegó a tanto. Desde antes de él ya se percibía una creciente indiferencia en Washington ante los problemas europeos, dado el creciente ascenso de China y la sombras que eso suponía sobre el mundo norteamericano, pero ese desentendimiento, que puede ser comprensible, no iba acompañado ni de formas ni de decisiones absurdas. Con Trump II las cosas han cambiado completamente en todos los sentidos. Desde un principio su discurso ha tenido en el objetivo al resto de economías y democracias liberales, atacándolas sin cesar, dedicándoles palabras gruesas y decisiones que buscaban romper el clima de entendimiento creado a lo largo de décadas. No es que EEUU con Trump se haya vuelto aislacionista, no. Eso sería un problema, pero un problema ya conocido en el pasado. Lo que sucede es que se ha vuelto agresor, marrullero, opositor a los principios liberales, y ahora es mucho más proclive a colaborar con dictaduras que le sirvan que con democracias con las que pueda negociar. Trump admira a los autócratas y recela de los sistemas democráticos. Aspira a ser gobernante único y perpetuo.

Ayer, por primera vez, y en bloque, la UE se negó en redondo a colaborar ante el llamamiento que hizo Trump de solicitar colaboración para una misión que garantice el paso de petroleros por el estrecho de Ormuz. No queremos meternos en algo que otros han iniciado, vino a decir desde Bruselas la UE, en una declaración que destilaba enojo por lo que pasa y por la decisión trumpista de levantar las sanciones de venta de crudo al invasor ruso. La UE ya ha comprobado que los actuales EEUU no son leales, no ya a sus intereses, sino directamente al concepto profundo que recoge ese término. Algo viejo y noble se hunde en el Atlántico, en medio del regocijo de nuestros enemigos.

lunes, marzo 16, 2026

Pocas sorpresas en Castilla y León

En el primer fin de semana de la campaña electoral para las elecciones de Castilla y León estalló la guerra de Irán, y desde entonces, tanto las dos semanas de mítines como la jornada electoral han estado sepultadas por lo que iba sucediendo en el país persa y sus alrededores. El ojo de los informativos ha estado muy alejado de esa Comunidad Autónoma, y sólo ayer, el día de las votaciones, los informativos se centraron en ella, pero incluso en los programas especiales se mantenía un ojo fijo en Ormuz, con las últimas noticias que llegaban desde allí, entre escaño bailante y porcentaje de escrutinio.

Los resultados no han sido demasiado sorpresivos, aunque sí hay algunas diferencias respecto a lo que señalaban las encuestas. El PP gana, como se esperaba. Sube en escaños, de 31 a 33, y en porcentaje de voto, algo más de cuatro puntos, siendo este su dato más positivo de la noche. La mayoría absoluta queda muy lejos para Mañueco, pero eso lo daba todo el mundo por descontado. Frente a los resultados extremeños o aragoneses, buenos, pero por debajo de las expectativas, el PP puede estar bastante satisfecho. El PSOE sube en escaños, pasa de 28 a 30, y gana casi un punto porcentual. Esta es una de las sorpresillas de la noche, porque las encuestas daban por sentado que iba a perder los comicios, como así ha sido, pero le otorgaban un resultado peor. Tras la debacle de Extremadura o Aragón el PSOE puede sentirse aliviado, aunque no el sanchismo. En este caso el candidato no es un exministro, sino alguien local, que lleva siendo alcalde de Soria bastante tiempo, y que ha hecho una campaña propia en la que Ferraz no ha tenido papel relevante. Huir del sanchismo le ha beneficiado al PSOE, lo que es algo que todo el mundo sabe menos en la menguante secta de los adoradores al líder monclovita. ¿Extraerá alguna lección de esto el partido? Probablemente no, ya que los siguientes comicios, Andalucía, presentan a la Vicepresidenta de candidata, por lo que el voto de castigo al sanchismo, como en las dos primeras elecciones regionales de este año, se repetirá. VOX ha quedado tercero, como se esperaba. Sube un escaño, llegando a 14. Es un muy buen resultado numérico, pero confrontado con las expectativas resulta un gatillazo. Ansiaban llegar al 20% de los votos y, por poco, no han logrado el 19%. Su trayectoria de disparo, que se dio en Extremadura y Aragón, se ve frenada en estas elecciones, y por primera vez se pueden encender algunas señales de alerta en los cuarteles, nunca mejor dicho, de la formación. Supongo que las purgas de estas últimas semanas y la deriva psicótica que caracteriza a esa formación desde sus inicios, que no hace sino acentuarse, no contribuirán a que su ascenso sea sostenido. Un partido que se dice amigo de los agricultores y que sigue de manera servil al magnate que está provocando una subida de los precios de los combustibles por sus aventuras en Irán debiera hacérselo mirar. Pero no esperen reflexión en VOX, me sorprenderían si así fuera. En todo caso, mantienen el control de la investidura, porque sus votos son necesarios para ella, por lo que están en una situación de chantaje similar a la que presentan Extremadura y Aragón. Es probable que, tras la jornada de ayer, se empiecen a desencallar los pactos de coalición entre PP y VOX en estas regiones, pero no es menos cierto que hoy VOX tiene una posición algo más débil que la que mantenía ayer antes de los comicios. El resto de procuradores se atribuyen a fuerzas regionalistas como la agrupación leonesa, con tres, Ávila existe con uno y Soria ya con uno. Esta última formación pierde dos parlamentarios, uno de ellos va a parar al PSOE, por lo que sale derrotada de esta noche. La izquierda de la izquierda a la izquierda de la izquierda del PSOE consigue unos resultados lamentables. Con unos veintitantos mil votos lo que es IU Sumar se convierte en una resta absoluta. Pablemos alcanza un tercio de esa cifra de votantes, y es duplicado por lo que saca la cutrez de Alvise. Las tres formaciones son escombros.

El resultado de ayer es beneficioso para el bipartidismo, ya que las dos formaciones nacionales salen ganando, y malo para los extremos, que menguan. El espectro extremo de izquierdas sufre, como les comentaba, un resultado tan lamentable que Rufián empieza a temer seriamente por la vidorra que se pega a cuenta de representar las presuntas esencias de algo que se disuelve. La extrema derecha también ve un primer escalón, el del 20% de los votos, que se le vuelve resistencia, que no logra franquear. Ojalá esto suponga el inicio de su bajada y que, junto con Pablemos y cía, llegue a la irrelevancia absoluta.

viernes, marzo 13, 2026

Otra crisis, más deuda

A medida que pasan los días y la guerra sigue, sus efectos económicos se amplifican. El barril de crudo se ha acomodado en una horquilla que supera ampliamente los 90$, volviendo ayer a rozar los 100$, pese a las medidas de liberación de reservas de la Organización Internacional de la Energía, acto más bien testimonial y destinado a generar un efecto placebo antes que efectivo. Aún estamos a tiempo de que, si todo se acaba ya, los efectos sean puntuales, como un golpe en la mesa pero sin romper cosas. Si la situación se prolonga varias semanas más los daños estructurales en la economía global pueden ser significativos, y el ciclo verse completamente trastocado.

Por ello, los gobiernos empiezan a pensar ay en planes de ayuda, en medidas para paliar las subidas de los costes energéticos, en una situación que suena bastante a lo que vivimos en 2022 cuando comenzó la invasión de Ucrania. El disparo inflacionario que se dio en esos momentos fue fruto de tres factores; sobredemanda aún remanente tras el encierro Covid, problemas logísticos de oferta para recomponer los sistemas de producción y suministro globales y shock de precios energéticos por la propia invasión y las sanciones a los productos rusos. Ahora mismo el tercer factor se está dando, sin que se vean los anteriores, aunque es verdad que las cadenas logísticas han empeorado su eficiencia desde entonces y eso se ha traducido en unos costes más elevados. Por lo que se oye, frente a paquetes de ayudas precedentes, se está pensando en medidas focalizadas en los sectores afectados más que en programas universales. Así, se ayudaría a agricultores, transportistas, electrointensivos y demás que dependen de la energía como fuente fundamental de trabajo, pero al consumidor que se dedique a, pongamos, estar en la oficina tecleando como yo, no le caerían ayudas específicas. Habrá que ver cómo se traduce todo eso de una manera práctica, pero lo único seguro es que a los gobiernos occidentales esto les pilla con una montaña de deuda pública mayor que en las crisis precedentes. Si se fija, desde el Covid, hemos entrado en una secuencia de crisis producidas por shocks externos que se han traducido en disparos de gasto público para paliar sus efectos (con mejor o peor diseño y ejecución) e incrementos de deuda pública constantes, en escalones, uno por cada golpe, de tal manera que apenas hay tiempo material para que los gobiernos reduzcan sus niveles de endeudamiento entre crisis y crisis. No estamos antes subidas o bajadas cíclicas, que exigen esfuerzo presupuestario y se traducen en años de déficit, seguidos de años de estabilidad en las cuentas cuando el ciclo vuelve a subir. No. Estamos ante constantes aumentos de niveles de deuda que apenas se amortizan cuando se da otra situación que exige recurrir de nuevo a ella. Entre medias la diligencia de los gobiernos no tiene tiempo para poder reducir el stock de deuda acumulada, siempre que el gobierno se ponga a la tarea, claro está. Algunas naciones, como la nuestra, tienen una extraña combinación de altísima deuda, gobierno manirroto donde los haya y recaudación fiscal disparada gracias a un ciclo de subida enorme y a decisiones injustas como la no deflactación del IRPF. Eso ha disparado los niveles de ingreso púbico y ha permitido, con el crecimiento del PIB, estabilizar la ratio de deuda, que está ahora mismo en el entorno del 103,2%. No hace falta ser muy listo para suponer que esos niveles van a crecer con fuerza si se imponen paquetes de ayuda y se produce una contracción económica, aunque sea leve. La senda de consolidación presupuestaria, si es que alguna vez fue tomada en serio por alguien, se vuelve a esconder en el cajón ante necesidades imperiosas.

Cuando los tipos estaban ridículamente bajos, o negativos, recurrir al endeudamiento era una política financieramente sensata, porque un mínimo aumento del ciclo te generaba recursos para cubrir intereses y principal, pero eso ya no sucede con los tipos actuales, y será aún peor sí, como parece, suben para luchar contra la previsible ola inflacionaria que puede venir del estrecho de Ormuz. Ya hemos visto en 2025 a naciones como Francia pasarlo realmente mal por el disparo de la carga de intereses de su deuda, y ese caso es el representativo de la mayor parte de las naciones occidentales. ¿Cómo vamos a afrontar financieramente lo que pueda llegar? No hay respuestas claras.

jueves, marzo 12, 2026

Crece la división entre EEUU e Israel

¿Engañó Israel a EEUU para enfangarse en la guerra de Irán? Es una pregunta con mucha miga que, a medida que pasan los días, no deja de adquirir mayor sentido. Hay algunas fuentes que señalan que Netanyahu llevaba tiempo deseando que se produjera el ataque del sábado 28 de febrero, y que susurraba sin cesar al oído de Trump para que diera su permiso. Trump, reacio en principio a intervenciones, se ha ido soltando en este aspecto de una forma sorprendente, pero en su círculo íntimo no lo veían nada claro. El éxito de la operación de Maduro en Venezuela sorprendió a todos, y envalentonó a los más intervencionistas, pero muchos repetían, con razón, que Irán no es Venezuela, y que en el país persa todo sería mucho más difícil.

Camino de las dos semanas de intervención, es evidente que EEUU tiene prisa para dar por cerrada la operación y que el gobierno de Israel no siente apremio alguno, y si por el fuera seguiría el resto de la existencia golpeando. Los precios del petróleo suponen para Trump una losa, porque sabe que, tarde o temprano, los va a acabar pagando el consumidor estadounidense, que es también el votante. En Israel la economía está intervenida de facto desde los ataques islamistas de Hamas del 7 de octubre de 2023 y se mantiene asistida por lo que EEUU le proporciona, y la población aprueba mayoritariamente la escalada militar frente al que ha sido su enemigo histórico en la región. A Bibi y los suyos no les importa que el crudo supere los 100$ pero a EEUU y a occidente sí. Además de este coste directo existen costes financieros asociados a la guerra que son crecientes y que suponen una factura extra para el presupuesto norteamericano. El mero hecho de mantener cada día la maquinaria de guerra operativo supone cientos y cientos de millones de dólares, y el consumo que se está haciendo de armas de precisión agota los stocks y obliga a reponerlos con unos costes no previstos. Los que pensaban en el entorno de Trum que lo de Irán sería un paseo están empezando a sudar mucho, y las declaraciones contradictorias que salen de unos EEUU carentes de estrategia de salida una vez comenzadas las hostilidades resultan ser la principal muestra de una división, de una desorientación interna que no augura nada bueno. Trump ahora mismo desearía dar por terminada la operación, cosa que dice los días impares, aunque los pares repita que el esfuerzo sigue hasta que no se alcancen todos los objetivos. Parece evidente que el régimen islamista, tocado, no se ha hundido, y que la población de Irán va a sufrir en sus carnes tanto el efecto de los bombardeos norteamericanos como la represión de una teocracia que sigue haciendo todo lo posible para aguantar, convencida de que el tiempo que sea capaz de prolongar las hostilidades es su mejor aliado, tanto por los efectos económicos globales que puede causar como por la falta de paciencia del niño naranja que gobierna en la Casa Blanca. Más de uno lamentará ahora mismo en el complejo presidencial de Washington haberse embarcado en este berenjenal viendo cómo se están desarrollando los acontecimientos, y los recelos respecto a las promesas de victoria segura que vendería Netanyahu y su gestión local de la guerra es casi seguro que crecerán día a día. Visto desde fuera, resulta sorprendente cómo la primera potencia del mundo se encuentra inmersa en un conflicto en el que es Israel el que parece llevar la voz cantante en cuanto a operaciones, estrategias y decisiones. Es absurdo, y para los EEUU, a mi modo de ver, humillante.

Una derivada no menor de lo que sucede es que una y otra nación están consumiendo sus stocks de munición de la mejor calidad a una velocidad más alta a la que la pueden reponer. Ayer se supo que EEUU desviaba baterías de Patriots asentadas en Corea del Sur para trasladarlas a Oriente medio. Otro signo de mala planificación de la operación principal, de improvisación del ataque del 28 de febrero y, ojo, aviso a navegantes de que el teatro de operaciones de Irán empieza a enfangar a la maquinaria norteamericana. ¿Va a aprovechar alguno la coyuntura para intentar algo? El poderío del ejército de EEUU es inmenso, pero no infinito, y mal gestionado puede cometer errores tan burdos como algunos de los que vemos estos días.

miércoles, marzo 11, 2026

Europa en el laberinto

Cuando se utiliza la expresión “el mundo de ayer” se vuelve inevitablemente a la obra homónima de Stephan Zweig, su biografía, un libro que todo europeo, al menos, debiera leer en su vida. En ellas el bueno de Stephan cuenta lo ilusos y felices que vivían todos antes de la IGM, cuando ese conflicto no se había desatado y, desde luego, nadie pensaba que se acabaría llamando de esa manera. Exuda nostalgia el texto por un pasado perdido, idealizado, porque esa sensación no es de ahora, sino eterna, la de la seguridad de lo ya transitado frente a la incertidumbre de lo que nos espera. Escrito de maravilla, es un testimonio vital impagable y la crónica del suicidio del continente.

Todo esto viene a cuento de lo que dijo ayer Von der Layen, la presidenta de la Comisión europea, al respecto de cómo afrontar el nuevo desorden mundial. Úrsula tiró la toalla y abogó porque Europa deje de defender un orden que ha caído, un orden multilateral basado en reglas que ahora empiezan a ser papel mojado. Desde la oposición política a la presidenta, y también desde dentro de las instituciones comunitarias, se lanzaron serias críticas a esta declaración, tanto por considerar que era una manifestación que, con mucho, excedía las competencias sobre las que la presidenta de la Comisión puede hablar, como por el fondo. El presidente del Consejo, Antonio Costa, socialdemócrata, encabezó la oposición institucional europea a las declaraciones de Von del Layen, y ayer era el día para ponerse en uno u otro bando en función de la ideología en la que uno esté adscrito. Creo que las cosas son un poco más complicadas, y crudas. Yo soy partidario del orden multilateral liberal basado en reglas que todos acatamos, y que cumplimos de una u otra manera, a veces mejor, otras peor, pero en un marco estable y conocido, un marco que todos damos por sentado, y que nos permite establecer vínculos de confianza. Un marco regulado, protegido y defendido. Esa es la situación en la que hemos vivido durante bastantes décadas, principalmente desde el final de la IIGM, en un orden en el que los europeos hemos ido perdiendo influencia poco a poco y en el que EEUU ha sido el gran hegemón, el garante de la estabilidad, tanto económica como de seguridad. Sí, el orden multilateral se ha mantenido porque los europeos hemos abogado por ello, pero, sobre todo, porque la primera potencia económica y militar del mundo también lo ha hecho, y ha puesto financiación y soldados para ello. Sin el respaldo de EEUU estas pasadas décadas de multilateralismo hubieran sido imposibles, y por eso la pesadilla a la que ahora nos enfrentamos es tan alarmante. Otras naciones han podido saltarse el orden, de una manera u otra, pero sus perturbaciones no iban a ir más allá del conflicto regional, normalmente alejado del territorio europeo, por lo que no nos perturbaba mucho más allá de ocupar espacio en los informativos a la hora de la cena. La prosperidad y seguridad europea y nuestros lazos globales estaban sostenidos por los EEUU, que colaboraba con nosotros, que ganaba en esa simbiosis, y que permitía que las reglas se acatasen. El disparo económico de China a partir del siglo XXI empezó a alterar este escenario, porque su dimensión y potencia eran ya demasiadas para mantener las reglas que habían funcionado hasta entonces, pero los europeos hicimos como que no queríamos ver, mientras que nuestras economías eran superadas métrica a métrica por el gigante asiático, que no dejaba de crecer hasta tener a EEUU a tiro. La hegemonía económica occidental hace tiempo que ha pasado a ser un juego a dos, con China compitiendo en todas las dimensiones y ganando ya en muchas de ellas. Su capacidad de imponer reglas es casi natural en muchos de los mercados, porque es quien dictamina la oferta, la calidad, el volumen, la tecnología... todo.

Ahora EEUU, dominada por un populismo ciego, ha decidido romper el pacto de seguridad global, y dar rienda suelta a sus instintos, sabedor de que nadie puede hacer frente a su capacidad militar, y eso incluye no tener en cuenta las opiniones de las pequeñas, débiles y divididas naciones europeas. Si el garante de nuestra seguridad nos ignora (cuando no torpedea) y nuestra economía empieza a estar dominada por China, es normal que el pánico cunda entre las cancillerías europeas. El mensaje de Von der Layen es útil si acaba cristalizando en un debate serio sobre cuáles son nuestras alternativas reales, hoy y ahora. En cierto modo ya lo dijo bien claro Carney en su discurso de Davos. El mundo de ayer no va a volver, y nos toca a nosotros decidir cómo afrontar lo que se nos viene encima, nos guste o no.

martes, marzo 10, 2026

Locura en el petróleo

Cuando se pronuncia la expresión “guerra en Oriente Medio” lo primero que se le viene a la cabeza a todo el mundo es el precio de la gasolina, las colas ante los surtidores, los contadores locos, el coste disparado. Desde hace dos sábados los combustibles han comenzado a subir a lo loco, anticipándose a lo que pueda pasar con el precio del barril de petróleo, que ayer vivió su jornada más caótica en mucho mucho tiempo. Si uno va a repostar pagará unos veinte céntimos de más, como mínimo, respecto a los precios de febrero. Ese sobrecoste es un impuesto a todo, a todos, una fricción, un dolor que se filtra por la cadena productiva y sólo genera inflación.

El gráfico del Brent de ayer fue impresionante. Comenzó la jornada en el entorno de los 93$, y rápidamente subió, superando la barrera de los 100, hasta marcar un máximo de 115$, precio desatado que significa dolor. Desde ese punto inició un suave goteo a la baja que se aceleró bruscamente cuando Trump empezó a lanzar mensajes sobre el hecho de que la guerra estuviera ya casi ganada, queriendo hacer creer que esto iba a durar poco más. El precio se derrumbó y llegó a cotizar por debajo de los 90, marcando un mínimo diario en 86$. Todo esto en un solo día. Esos mensajes trumpistas fueron los que giraron las bolsas de EEUU y les permitieron cerrar al alza, frente a las pérdidas moderadas de las europeas y durísimas de las asiáticas. Ahora mismo el Brent cotiza en los 93,4$ muy caro, recogiendo la montaña de incertidumbre que sigue en pie en torno a Irán y la errática conducta de Trump. Es cierto que el mundo no es lo que era, que la intensidad de consumo de petróleo en las economías ha ido cayendo de manera sostenida a lo largo de las últimas décadas y que la aparición de fuentes de energías alternativas, junto a soluciones tecnológicas, han contribuido a que el crudo no sea el determinante de todo. No, no estamos en los años setenta u ochenta, pero no es menos cierto que determinados sectores, como el transporte, siguen siendo determinados por el precio de la gasolina, y todo lo que hace referencia a logística, mover cosas que pesen de un lado para otro, se correlaciona muchísimo con el mundo del crudo, y que los precios del barril se disparen no es una buena noticia. Para los europeos, que lo importamos en su práctica totalidad, es nefasto. Al petróleo se le une su primo el gas, energía que ha ido creciendo en uso e importancia en sectores como el energético o industrial. Los fertilizantes, la calefacción y muchas otras cosas dependen ya más del gas que del petróleo. También lo importamos los europeos, en este caso principalmente licuado en barco, tras el corte de los suministros rusos desde la invasión de Ucrania, por lo que el daño que nos puede provocar es mayor que a otras regiones. El miedo generalizado entre los economistas es que unos costes energéticos altos, pero que duren apenas unos días, no van a pasar de un susto desagradable, pero si esta situación se mantiene será inevitable una filtración de la subida de los costes a las cadenas productivas, y de ahí a una nueva ola inflacionaria no hay nada. Tras el subidón que se vivió entre los años 2021 y 2022 las alzas de precios se han moderado, pero los niveles no han vuelto a los de entonces. Ir al supermercado, o a una cafetería a tomar algo se ha vuelto un deporte de riesgo, donde es casi imposible no salir herido víctima de una cuenta dañina. ¿Cuánto más pueden soportar las familias y empresas un disparo de precios generalizado? ¿Qué sectores, más allá de los obvios, serían los más perjudicados y tendrían un futuro negro por delante? Un barril que se mantenga de manera sostenida en el tiempo por encima de los 90$ es un freno a la economía considerable y una fuente de subidas de precios. Valores del barril por encima de 100$ empiezan a causar daños directos en algunos sectores y hacen muy probable que el ciclo económico se revierta.

Esto, el daño en los precios, puede ser lo que haya provocado que Trump anuncie que queda poco. Al consumidor americano, que tiene la ventaja de no quedarse desabastecido dada la capacidad de EEUU de producir petróleo, también le sube el precio de la gasolina, y de lo que compra en el súper, y la inflación fue una de las principales causas que provocaron la derrota de Biden. Allí tampoco se pueden permitir otra ola de precios al alza. Por eso tratar de que el petróleo no fluya por Ormuz y que el mercado se desestabilice es una de las mejores estrategias de Irán para resistir, y puede ser la clave para que el enfrentamiento acabe en breve. De momento, hoy seguimos por encima de los 90$.

lunes, marzo 09, 2026

Errores militares de EEUU

Ya llevamos más de una semana de guerra iraní, y se pueden extraer las primeras conclusiones del enfrentamiento armado. EEUU e Israel tienen prácticamente el control del cielo iraní, de tal manera que la aviación persa, lo que aún exista de ella, apenas puede operar, y las defensas antiaéreas no son efectivas. Las campañas de bombardeo se pueden realizar sin excesivo riesgo por parte de quienes las desarrollan y el número de objetivos alcanzados crece día a día. La respuesta de Irán se materializa en forma de misiles balísticos que atacan a los países vecinos, centrados en las bases conjuntas con EEUU, e infraestructuras como aeropuertos o desaladoras.

Y claro, los drones. Esta es la gran arma iraní y el gran fracaso norteamericano. Desde hace cuatro años asistimos todos, en Ucrania, a la eclosión del dron como arma en todos los sentidos. Ataque, defensa, observación, suministro, apoyo…. La evolución tecnológica y de capacidades de estos cacharros ha resultado asombrosa, y dignade estudio para todo aquel que le ha prestado una mínima atención a lo que allí pasaba. Al parecer, en EEUU, poseedores de una fuerza abrumadora, han descuidado este aspecto, lo han considerado menor, pobre, propio de naciones carentes de alternativa, y es en estos momentos cuando descubren que los drones les pueden suponer un enorme problema. Varios de los objetivos militares norteamericanos en la zona, entre ellos algunos radares de importancia estratégica, han sido alcanzados y destruidos por drones iraníes sin que se haya visto ningún tipo de defensa actuando frente a ellos. Asombroso. En los ataques que se producen contra los países vecinos e Israel Irán lanza drones de coste bajo frente a interceptores de respuesta que pueden costar diez veces más, y cuyos stocks no son precisamente ilimitados, dadas las dificultades que existen para producirlos, por coste y tecnología. A finales de la semana pasada se dio el ofrecimiento, por parte del atacado Zelensky, por parte del despreciado Zelensky, de ayuda a los EEUU para suministrarles y adiestrarles en el uso de drones interceptores, diseñados para evitar el impacto de drones de ataque, que poseen una efectividad similar a los interceptores clásicos (no son infalibles) pero que cuestan mucho menos, no necesitan costosas plataformas para operar y se pueden lanzar en masa, como los de ataque, de tal manera que neutralizan el efecto de saturación que un enjambre produce. El ejército de EEUU ha aceptado la oferta y se ha mostrado muy interesado, demostrando primero la mezquindad de la administración que desprecia al ucraniano atacado, y en segundo lugar, cómo la soberbia de quien tiene el mejor ejército del mundo se cree invulnerable. Es evidente que en un enfrentamiento convencional nada se puede hacer frente a las capacidades norteamericanas, pero claro, un país atacado que quiera responder no puede hacerlo de manera convencional, a sabiendas de su derrota, por lo que escoge otras vías. Irán es castigado duramente noche tras noche en bombardeos de alta intensidad, que acabarán destruyendo sus capacidades industriales y militares si siguen a este ritmo, pero la posibilidad de generar disrupciones en el tráfico aéreo, de meter miedo a sus vecinos, de colapsar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y, en definitiva, de hacer daño a los que le atacan sigue, dado que se recurre a unas capacidades versátiles y muy móviles, que no son tan fáciles de identificar ni de eliminar mediante el ataque aéreo convencional. Los silos de misiles balísticos y sus plataformas de lanzamiento fijas es probable que ya hayan sido eliminados, pero perseguir lanzadores de drones es bastante más difícil. Uno supone que, a sabiendas de todo esto, el régimen de los ayatolas posee suministros guardados de drones en abundancia para aguantar el tiempo necesario para agotar la paciencia del ególatra Trump, causando de mientras un daño económico elevado a la economía occidental. Esa es su mejor estrategia de supervivencia.

Los drones han revolucionado el escenario militar, y EEUU no se ha enterado de ello. Paradójicamente fue de las primeras naciones en usarlos, con los modelos raptor, de gran tamaño y altura, que podían realizar labores de observación y ataque preciso, pero eran, por así decirlo, una versión de aviación teledirigida. Lo que nos ha enseñado el frente ucraniano en estos años de guerra es otra forma de combate muy distinta, basada en enjambres pequeños, baratos, manejados o autónomos, que actúan de manera coordinada en distancias cortas sobre la trinchera o largas cuando se usan como elementos de ataque estratégico. Ahora mismo Ucrania y, tristemente, Rusia, son las grandes potencias en este tipo de armamento. El resto estamos muy lejos de ellos.

viernes, marzo 06, 2026

Errores profundos de EEUU

Más allá del aprovechamiento partidista de la guerra de Irán por parte del presidente del gobierno y de las declaraciones anómalas, siendo diplomático, del ególatra que rige en la Casa Blanca (vaya dos castigos nos han tocado) el desarrollo de la guerra ofrece ya algunas lecciones interesantes, y EEUU no sale precisamente victorioso de ellas. Sospecho que los generales veteranos del ejército de ese país deben estar con un profundo cabreo al ver cómo se desarrollan los acontecimientos y comprobar como sus estudios de estrategia se han sustituido por tuits baratos, consumibles y de rápido olvido. Triste, pero es lo que hay.

Lo más importante, EEUU parece no tener una estrategia sobre qué es lo que quiere hacer. Más allá de la eliminación de la cúpula del régimen y la destrucción de sus principales capacidades militares ofensivas, ¿cuál es el objetivo de la guerra? Desde Washington se ha esgrimido el cambio de régimen como uno de los fines buscados, pero eso ha sido los días pares, ya que los impares lo de que el régimen cayera se consideraba como algo accesorio. Trump alentó a los iraníes sometidos a la dictadura teocrática a que se levantasen contra los tiranos cuando las bombas cesases, pero ayer mismo afirmó que desea que el poder lo tutele alguien a quien el pueda seleccionar y le sirva, al estilo Delcy, de tal manera que la dictadura pudiera mantenerse en pie sin problema. Este continuo cambio de posición es una muestra de desnorte asombrosa por parte de la principal potencia global, algo inédito en los EEUU, donde las cosas se piensan y planifican en detalle, independientemente de que luego, como es obvio, los planes salgan como estaban previstos. Aquí todo parece fruto de la improvisación, de las prisas, del seguidismo a un Israel dominado por la facción dura de Netanyahu que no tiene mucho que perder arrasando su vecindario pero que ha logrado enfangar a su gran aliado en una guerra que, como mínimo, va a causar serios costes económicos. Si esto fuera normal EEUU llevaría el liderazgo de las operaciones e Israel acataría sin rechistar lo que se le dictase desde Washington, porque está claro quien manda, pero no sucede nada de eso. Una muestra de la precipitación es que EEUU sólo dispone de fuerzas navales y aéreas para atacar el país, por lo que puede realizar campañas de bombardeo más o menos intensas, que obviamente debilitarán mucho al ejército iraní y a todas sus capacidades de ataque, pero que por sí mismas son incapaces de lograr una revolución en el país, una nación inmensa, unas tres veces España, con cien millones de habitantes y con millones de ellos formando parte de los cuerpos estatales afectos al régimen. Irán no es un barrio de las afueras de una urbe, sino un país complejo y difícil, y pensar que se puede lograr un control y sometimiento del mismo sólo con el empleo de la fuerza aeronaval se me antoja de una ingenuidad propia de primaria. Las noticias de estos días de que los norteamericanos están alentando a los kurdos para que ataquen a los iraníes son, a mi entender, otro disparate propio de la improvisación, que sólo va a conseguir que más kurdos fallezcan, si comienzan las hostilidades, cuando los norteamericanos les abandonen nuevamente a su suerte. Esta no es manera ni de hacer guerras ni de trabajar sobre el terreno ni nada de nada. Es un desastre como operación estratégica y muestra, como en todo lo que hace Trump, una combinación de riesgo, soberbia, ignorancia y desprecio por la realidad que resulta asombrosa, casi patológica. Y si eso es peligroso en economía o en otras cuestiones sociales, en temas militares ni les cuento.

Dada la improvisación absoluta en la que estamos, tampoco es descartable que Trump, como el niño caprichoso que es, se harte en unos días de todo y de por concluida la operación tras unos cuantos días de ataques, decretando una victoria en el punto en el que desee sin que nadie tenga claro qué es lo que se ha podido ganar. Estaríamos ante el tramposo que mueve la portería, o cambia las reglas a mitad de juego, para determinar que así ha ganado y ya está. Y todo el mundo se quedaría con la cara de asombro y mosqueo que se nos ha perpetuado desde que este personaje volvió a la presidencia del país más importante del mundo. Su proceso de destrucción de esa nación y de la cordura progresan adecuadamente.

jueves, marzo 05, 2026

¿Nos puede boicotear EEUU?

Lo más relevante de la declaración plasma de ayer de Sánchez, sin periodistas, sin preguntas, sin nadie, en medio de la soledad de la sala de prensa de Moncloa, ejerciendo un presidencialismo autoritario que no le corresponde, fue que abre una probabilidad, por ahora pequeña, para que se adelanten las elecciones generales a este año, una vez que los gurús del presidente han encontrado en el “No a la guerra” un lema para, creen, movilizar a los suyos, que se mueven tras el desastre de gestión de la actual presidencia. ¿Acabará dándose esa carambola de elecciones conjuntas en Andalucía, Cataluña y generales? Sigue pareciéndome muy complicada, pero ya no es descartable.

Yendo a lo que importa, ¿nos puede bloquear comercialmente Trump, como amenazó hace un par de días? La respuesta rápida y convencional es que no, pero con el ególatra supremo ya se sabe que hay pocas cosas convencionales. Nuestro gobierno ha usado la ley de manera correcta al no permitir el uso de las bases conjuntas para el actual ataque a Irán por entender que no es una actuación legítima, de la misma manera que convirtió en legal el ataque que, con el apoyo de esas bases, se dio en verano, también sobre Irán. En todo caso, la posición de denegar el uso tiene respaldo con el convenio suscrito entre EEUU y España en la mano. El cabreo de Trump ante esta decisión se puede traducir en palabras, como las de hace dos días, o en hechos, aún no realizados. Las políticas comerciales de España son soberanas, pero con una “s” pequeñita, dado que muchas de sus competencias están transferidas a la UE, que es la que tiene la capacidad para firmar tratados. En este caso nosotros vamos con el resto de socios europeos, y cuando empezó el lío de los aranceles ilegítimos del año pasado, los que ha tumbado el Supremo de EEUU hace un par de semanas, la Comisión le recordó a EEUU que no podía dictar normas distintas a las naciones de la UE, que todas debieran ser tratadas de igual manera. Esto es lo que dice la ley. ¿Puede saltarse Trump la ley? Sí, lo hace con frecuencia, y ese es el problema máximo. Desde que dijo esas palabras todas las empresas y los que trabajan en las relaciones comerciales con EEUU están agobiados, porque saben que la seguridad jurídica con la que se han desarrollado esas relaciones en las últimas décadas se ha derrumbado. Donde antes había reglas claras ahora dicta la voluntad de un sujeto que decide de manera arbitraria y son argumentos. En números, en los últimos años la balanza comercial con EEUU se ha ido deteriorando porque hemos aumentado nuestras compras de energía, especialmente desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, de tal manera que ya es uno de nuestros principales suministradores de petróleo y gas natural licuado. Eso hace que ahora el déficit comercial con ellos supere ampliamente los 10.000 millones de dólares. Es decir, EEUU gana dinero en sus relaciones comerciales con España, no le conviene reducirlas, aunque sea por un mero interés financiero. Nuestras exportaciones allí se centran en maquinaria, servicios industriales y de consultoría (sector importante en el que hemos ganado mucha cuota de terreno desde hace años) y, claro, la agroalimentaria. Este último sector es el que más ha sale en los medios cuando se habla de este tipo de problemas. Bodegueros, fabricantes de queso, jamones y demás productos, especialmente los de alta gama, tienen en EEUU desde hace tiempo un mercado que compra con firmeza sus productos y de donde saca unos márgenes nada despreciables. Desde el inicio de Trump 2, esto se ha resentido notablemente, tanto por los aranceles famosos como por la creciente sensación de inestabilidad. Vender allí se complica cada vez dada la actitud hostil de la administración, que no la de los clientes, que son los perjudicados por las subidas de precios. Es de esperar que este clima confuso, lejos de mejorar, se enturbie aún más.

El problema de fondo, que Sánchez no es capaz de ver y que el resto de naciones europeas no quieren admitir, es que el país más poderoso del mundo, dotado del mejor ejército, ha decidido actuar de manera unilateral en nombre de lo que se supone son sus intereses, aunque realmente sean sólo los de Trump y la camarilla que le rodea. Un mundo de reglas y acuerdos, sostenido por la voluntad y fuerza de EEUU, se derrumba ante nuestros ojos, demolido precisamente por aquel que ha contribuido a crearlo. Ante esto, las actitudes de países de segundo o tercer nivel, como somos nosotros, pueden resultar pueriles y ser castigadas de una manera desproporcionada. ¿Cómo gestionar este escenario? Ni la más remota idea.

miércoles, marzo 04, 2026

Fernando Ónega, Periodista

Ayer, cuando llegué a casa por la noche, algo más tarde de lo habitual, me enteré de la noticia del fallecimiento de Fernando Ónega, a los 78 años, edad no demasiado avanzada para estos tiempos. Había tenido en el pasado algunos problemas de salud y tuvo que recibir un trasplante de riñón, donado por su esposa. Él decía que ella le había dado la vida personal y, tras eso, también la física, en un agradecimiento profundo que era tan sincero como comedido en sus formas. Ónega siempre fue suave, en tiempos duros y no tantos, y más aún en tiempos de algarabía incesante como los que ahora nos toca sufrir sin cesar.

Ónega lo ha sido todo en el periodismo nacional, y consiguió llegar, muy joven, a lo alto de la comunicación política, como escritor de los discursos de Suárez, en los inicios de nuestra democracia. Ese “puedo prometer y prometo” que tanto se ha parodiado y que con énfasis pronunciaba Suárez en sus discursos salió de la mente y dedos de Ónega. No duró mucho aquella etapa porque Suárez abandonó su cargo tras pocos años de permanencia, y a partir de ahí Ónega desarrolló una carrera periodística que le ha llevado por multitud de medios, tanto en radio como en televisión, tanto en la pública como en la privada. Su dicción, suave, con marcado acento gallego, algo carrasposa, era inconfundible. Ejerció el periodismo en el ámbito político, que era el que mejor conocía, y junto a Luis del Olmo creó eso de la tertulia, extensión en el mundo de la radio de lo que se hacía desde antaño en los cafés, formato que ha muerto de éxito y del que Fernando renegaba últimamente la ver en qué se había convertido. Sus análisis eran finos, normalmente acertados, nunca hirientes, tratando de buscar el por qué de las decisiones de los gobernantes, siempre en un marco de honestidad. Como todos, poseía una ideología propia, pero nunca dejó que le cegase. Tenía claro que lo primero de todo era ser periodista, testigo, relator y analista de lo que sucede, y que el público al que informaba se merecía todo el respeto, empezando por ser tratado de manera adulta y sin recurrir a la consigna. Huyó desde el principio de esa corriente que se ha convertido en la dominante, que ha transformado al periodista en activista, en propagandista de ideologías sin rubor y mendicante de apoyos por parte de los gobiernos de turno, o de los que puedan venir, para ganarse un jornal con una actitud nada cercana al espíritu del narrador de noticias. Ónega tuvo muy claro que ese estilo no era el suyo, y a medida que logró compaginar su labor de periodista con la de gestor en empresas de comunicación, llegó a ante grandes cargos en el grupo Plante Atresmedia, quiso que su estilo también se notase en la directriz de los equipos y empresas. Se centró cada vez más en la radio frente a la televisión, y fue en Onda Cero donde pasó sus últimos años de carrera, extensos, desde una primera línea de gestión y una secundaria de opinador, de editorialista de cabecera, en la que trataba de mantener un estilo que muchos, cada vez más, veían anticuado por el mero hecho de que escucharle no supusiera sentir un golpe en la mesa. Todos los que le conocían, y ahora a su muerte lo reiteran, señalan que en lo profesional y personal era como lo que parecía, alguien afable con el que se podía trabajar, y alguien que enseñaba a quien se lo pedía. Muchos comunicadores, especialmente de la radio, son deudores de los consejos que Ónega les ha dado y de haber sido subordinados suyos. Ha sido un maestro para generaciones enteras de periodistas, sobre todo en lo que hace al mundo de la actualidad y la política. Su muerte es hoy noticia en todos los medios del país, porque en todos ellos hay alguien, uno o muchos, que ha aprendido de Ónega y lo ha tenido como mentor.

En los últimos años sus hijas, especialmente Sonsoles, empezaban a ser más famosas que él para las nuevas generaciones. Cuando se retiró de la profesión, hace sólo tres años, en la última entrevista que le hizo Alsina, reconoció que en la vida había trabajado mucho y vivido menos de lo que deseaba, y que ya le tocaba un poco de eso de pasar los días sin agobios, deberes y agenda. Siguió activo en algunas facetas, especialmente en lo relacionado con los problemas de la gente mayor, pero su presencia en los medios se redujo totalmente. Hoy habrá numerosos obituarios en España que glosen su memoria. En pocas ocasiones serán tan sentidos y sinceros por quienes los van a escribir. Se va un maestro en su profesión. El “cole” está de luto.

martes, marzo 03, 2026

Guerra de salvas en Oriente Medio

Lo que contemplamos ahora mismo desde las oficinas y viviendas de gran parte del mundo es la apoteosis de lo que los expertos denominan la guerra de salvas, una batalla en la que no se producen choques de tropas en tierra, sino el intercambio constante de proyectiles lanzados mutuamente sin cesar desde las posiciones seguras de los combatientes enfrentados. Haciendo uso de su superioridad aérea, EEUU e Israel compaginan esta situación con acciones de bombardeo, pero la esencia del combate se parece mucho a una guerra de bolas de nieve en la que dos grupos de escolares se lanzasen bolazos a lo loco pero sin que ninguno de ellos llegara a pegarse con nadie del bando contrario. Cruento, pero menos, y curioso.

Por parte de EEUU, las salvas constan fundamentalmente de misiles de crucero, de alta precisión, y el peso de la aviación, reduciendo a escombros una lista de objetivos previamente planificada en la que los analistas han determinado cuáles son los prioritarios y qué armamento es el adecuado para eliminarlos. Los puntos de ataque son las flotas compuestas por los dos portaaviones que rondan por la zona y sus escuadras de apoyo, junto con acciones de bombardeo que proceden de puntos mucho más distantes. Israel sólo emplea su aviación porque carece de capacidades balísticas relevantes de ataque (ya las ejecuta EEUU en su nombre). Irán recurre a dos tipos de bolas de nieve. Por un lado, misiles balísticos, caros y poderosos, capaces de causar grandes daños en caso de impacto, tanto por su velocidad como por su peso y carga explosiva. Por otro, el empleo de drones, donde su modelo shahed se ha hecho mundialmente conocido por el empleo de una de sus versiones por parte de Rusia en Ucrania. Con su estructura de ala delta, posee un cuerpo de misil con una cabeza explosiva cercana a los 50 kilos de capacidad que causa daños notables en los objetivos contra los que impacta, aunque evidentemente de mucha menor cuantía de lo que es capaz un misil. A cambio, cada shahed le cuesta a Irán poco más de 20.000$, por lo que dispone de una cantidad mucho más alta. Eso le permite, como se ha visto en Ucrania, plantear ataques de saturación contra objetivos en los que un sistema de defensa antimisiles es incapaz de abordar a un enjambre de drones, simplemente porque los objetivos son mucho más numerosos que las capacidades. Además, los interceptores de los sistemas de defensa son mucho más caros que cualquier dron que pueda ser lanzado, por lo que la relación coste beneficio de un ataque con drones es muy ventajosa para la nación que los usa. En Ucrania ambos bandos han visto cómo el empleo de drones en enjambre puede resultar muy efectivo tanto contra plataformas pesadas (tanques, helicópteros, aviones, barcos) como frente a objetivos fijos, civiles o militares. Irán tiene pinta de que puede seguir una táctica similar, tratando de mantenerse en pie y resistir todo lo que sea posible usando para ello el stock de que disponga de drones. Son un arma secundaria respecto a los misiles, pero claro, las baterías que lanzan los misiles son más fáciles de detectar y destruir por parte de los sistemas norteamericanos, de tal manera que una sostenida campaña de bombardeo puede eliminar gran parte de las instalaciones, fijas y móviles, que dan soporte a la capacidad de disparo iraní. Sería una manera de dejarle sin ese tipo de armamento, uno de los argumentos utilizados por Trump a posteriori para justificar el ataque. Sin embargo, esto no tiene porqué suponer ni la rendición del régimen ni su derrota, ya que eso dependerá de la capacidad que mantenga para amenazar a sus vecinos con los enjambres de drones. Irán, en este sentido, ha aprendido algunas de las lecciones de Ucrania y las está empleando. Es probable que, dadas sus limitadas capacidades y la superioridad aérea manifiesta que muestra EEUU, no pueda sostener campañas de intimidación durante mucho tiempo, pero si logra sobrevivir más que la paciencia, escasa, que caracteriza a Trump, no está determinado lo que va ya a suceder.

Desde luego, aunque el régimen está más que tocado, de momento sobrevive. El odioso complejo militar y teocrático que aprisiona a Irán es bastante más compacto de lo que uno pudiera desear, y a corto plazo no se ve a una “Delcy” que pueda hacerse con el poder en Teherán y que ofrezca a EEUU lo que desea a cambio del final de las hostilidades. Ayer Trump no se cerró a la posibilidad de poner tropas sobre el terreno en Irán, pero eso, ahora mismo, es una ensoñación, dad la ausencia de logística desplegada al respecto. Días y días de bolazos pueden ablandar a unos y agotar a otros. Vamos a ver cómo se desarrolla todo este desastre.