jueves, abril 16, 2026

¿Habrá escasez de combustible?

Aunque ayer en Wall Street tanto el Nasdaq como el SP500 cerraron batiendo sus récords históricos, superando los 7.000 puntos el principal índice agregado de aquella bolsa, el miedo a la crisis global por la guerra de Irán cree a cada día que el conflicto se mantiene. Ayer hablamos del problema de los precios, de cómo la inflación se puede colar en todos los productos, posibles respuestas monetarias de los bancos centrales y el daño que eso hará a la demanda, pero hoy quiero centrarme en un problema más físico, más de cantidades, y es el temor a que haya escasez de combustible, más concretamente, de queroseno y diésel.

Por Ormuz salía el 20% del petróleo que se consume en el mundo y un porcentaje elevado del gas natural licuado. Ese petróleo tenía como destino más directo Asia, de tal manera que son las naciones de ese continente las que están notando directamente una menor llegada de suministro. Tirando de reservas las cosas se palían, pero si entra menos que antaño y el consumo no cae lo debido las reservas se agotan. A partir de un barril de petróleo se extraen un montón de productos, algunos de ellos necesarios para la industria química, y toda una gama de derivados energéticos, desde el gas de petróleo (butano) a gasolinas ligeras, las convencionales, queroseno, diésel, naftas y alquitranes para asfaltado. Todo en función del proceso de refino que se haga, de las temperaturas de trabajo de ese proceso, de la calidad del petróleo en origen y otra serie de factores. En general, gasolinas y gasóleos son los derivados más numerosos en porcentaje respecto al total que se extrae, y también son lo que más se consume. El queroseno es uno de los derivados más importantes, porque es el combustible de la aviación, y aquí llegamos al gran cuello de botella. El transporte por carretera se puede electrificar en parte, sustituir por transporte público que optimice el consumo de combustible, etc. Es difícil y costoso, pero se pueden plantear alternativas, pero no hay nada similar en el mundo de la aviación. Todos los aviones consumen queroseno y no despegan sin él. Habrá trayectos cortos que pueden ver alternativas por carretera o tren, quizás, pero eso no es posible en la mayor parte de las rutas, sean trasatlánticas o de recorrido aún más largo. Empieza a cundir un cierto nerviosismo en las aerolíneas no sólo por el disparo de los precios del combustible sino por el mero hecho de su aprovisionamiento. Si hay naciones o aeropuertos que empiezan a afrontar escasez, los vuelos que lleguen a ellos no podrán repostar ni por tanto salir, por lo que pueden convertirse en hubs inoperativos, lugares de escala de los que no se puede salir, y las rutas comerciales empezarían a verse comprometidas. En un mercado con miedo a la escasez surgen procesos de acaparamiento, carreras para no ser el último a la hora de conseguir llenar el depósito, y eso conduce a conductas feas en las que la ley y demás normativas se ven suplidas por el pirateo puro y duro. En la pandemia pudimos ver qué es lo que pasa cuando la demanda de un producto, léase mascarillas y demás, se dispara con ansiedad respecto a la oferta disponible, y cómo se robaban cargamentos, se acaparaban, se especulaba con sus precios y más de uno se forraba en medio del problema de todos (ahora mismo se juzga a algunos que, aquí mismo, robaban a cuenta de eso, y de todo lo demás, desde instancias oficiales). ¿Puede suceder algo similar con el queroseno? ¿Está amenazado el sector de la aviación y los viajes? ¿Van a poder llegar a España los millones y millones de turistas que cada año lo hacen, a través de nuestros aeropuertos?

No hay respuesta clara. Como todo lo relacionado con este asunto, depende de cuándo se acabe la guerra, cuándo se reanude el tráfico de exportación de crudo desde Ormuz y cuáles hayan sido los daños que han sufrido las industrias extractivas en los países del golfo. En todo caso parece que sí habrá algunas tensiones, ya las hay de hecho, y cada día que se prolonga el conflicto bloqueo irán a más. Es probable que en un par de semanas o tres tengamos algunas respuestas más claras sobre esto, a medida que todo el crudo que pudo salir antes del inicio de la guerra ya haya sido procesado en destino y las refinerías asiáticas dejen de recibir barcos.

miércoles, abril 15, 2026

Consecuencias económicas de la guerra

Seguro que malas, pero la incertidumbre es grande en cuanto a su extensión y profundidad. Si uno se fija en los mercados, que se mueven a golpe de mensaje de Trump, ayer el petróleo recortó claramente por debajo de los 100$ y el SP500 subió y ya recupera prácticamente todo lo perdido desde el inicio del conflicto. La visión financiera de lo que sucede es parcial, pero indica un tropezón, no un porrazo. Sin embargo, sabemos muy bien que una cosa es lo que hacen los índices de la bolsa y otra lo que pasa en la economía real. Normalmente hay una relación muy estrecha entre ellos, pero no son pocas las ocasiones de divorcio. ¿Estamos ante una de ellas?

El principal problema al que se enfrentan nuestras economías en el corto plazo es el de los precios energéticos, e incluso la disponibilidad. Los que usen el coche todos los días verán que los surtidores siguen siendo dolorosos, especialmente en el caso del diésel, y esa subida de precios actúa como un impuesto sin destino, una mera detracción de renta que reduce la capacidad del consumidor, por lo que más allá de que se alcance una estabilidad en los precios, los costes de la subida ya suponen menos renta disponible para cualquier otra cosa. Los temidos efectos de segunda ronda, que es como se llama en jerga a la filtración de la subida de precios energéticos en la cadena de producción de todo lo demás, irán viéndose poco a poco, y se notarán más en unos sectores que en otros. Agricultura, por diésel y fertilizantes, va a ser de los que más va a experimentar un aumento de costes y será rápido su traslado al supermercado, lugar al que los productos llegan en transporte consumidor de diésel, por lo que la cesta de la compra subirá sí o sí. Aunque haya sectores que, de por sí, se vean menos afectados por esta catarata de subidas de precios, es probable que más de uno se suba al carro de aumentar sus tarifas, dado que el resto también lo hace. El dato del IPC de marzo publicado ayer por el INE, 3,4% supera en un punto al de febrero, y es una muestra de cómo el disparo de precios ya está aquí. La subyacente, que excluye alimentos frescos y energía, subió dos décimas, muestra de que esa segunda ronda aún no ha llegado plenamente, pero quizás empiece a asomar y se consolide en los próximos meses. Ante este panorama el consumidor y las empresas tienen que optar por políticas de supervivencia. Sube con fuerza la demanda de productos de marca blanca frente a los de marca comercial, porque son los más baratos de los lineales del súper, y en alimentación se suele dar un traslado de bienes de mayor calidad (frutas, carnes o pescados) a productos de aguante, como pasta y arroz. El problema de los fertilizantes va a provocar que bienes de alta calidad nutritiva como las frutas, verduras y cereales sean de los más afectados por el incremento de precios, por lo que además de problemas económicos se va a producir un empeoramiento de la calidad de lo que se consume. Si en el súper se busca ahorrar, pero visitarlo es ineludible, es en el ocio donde se encuentra un capítulo de gasto importante que, a priori, puede verse reducido para compensar la subida de costes. Si me queda menos dinero puedo recortar mis salidas a tomar algo, a cenar fuera, a asistir a eventos y espectáculos, etc. Si antes iba n veces al mes a cenar fuera, por ejemplo, ahora puedo ir una vez menos y eso compensa parte de la subida. Hostelería y sectores similares pueden verse afectados de rebote por la caída de la renta real del consumidor, aunque en grandes ciudades el efecto turístico pueda enmascarar este proceso. Los viajes de vacaciones también se pueden ver afectados, porque suponen un coste elevado y sus precios no dejan de subir a un ritmo bastante superior al de otros bienes o servicios. Se hablaba de incrementos claramente superiores al 10% en lo que hace a transporte y alojamiento en la Semana Santa recién concluida respecto a la del año pasado. Ese ritmo de subida no es sostenible para cada vez mas estratos de la población y no serán pocos los que renuncien no al descanso, pero sí al viaje, este próximo verano.

Si suben los precios, aunque sea por causas no monetarias, el BCE y demás bancos centrales no pueden quedarse de brazos cruzados, y las bajadas de tipos de interés que se esperaban pueden tornarse en subidas a corto plazo para tratar de embridar esto. Eso ya se nota en el euríbor, que en marzo ha subido tres décimas respecto a febrero, y ya supone que las renovaciones de hipotecas semestrales y anuales salen más caras, después de un par de años o más de rebajas. Otro coste que sumar al de los precios directos de la compra, que aletarga la demanda. Si la guerra se acaba ya todos estos efectos se irán diluyendo a corto medio plazo, pero si esto se prolonga el problema se enquistará, y eso es nefasto para todos.

martes, abril 14, 2026

Orban pierde el poder en Hungría

El dictamen de las encuestas electorales de las pasadas elecciones húngaras era unánime. Orban, tras dieciséis años en el poder, iba a perder la votación y con ello su poder. Sin embargo, el miedo que genera el personaje y la duda sobre lo que sería capaz de hacer en la propia jornada electoral alimentaban un sano escepticismo sobre qué acabaría pasando. Finalmente el domingo no hubo que trasnochar para asistir a la defunción oficial del régimen húngaro tras la arrolladora victoria del candidato Magyar, que logró la mayoría absoluta y. además, la necesaria para revertir las reformas desarrolladas por Orban en el país. 

Durante estos años Hungría se ha deslizado hacia el autoritarismo de una manera evidente y peligrosa. Si no ha caído completamente en él se ha debido a su pertenencia al club europeo y a los frenos que Bruselas ha intentado aplicar, pero se ha visto que no eran demasiado efectivos. El propio Orban definía a su régimen como iliberal, despreciando ese liberalismo que se encuentra en la base de las democracias tal y como las entendemos, ese liberalismo que permite que la voluntad ciudadana se exprese en las urnas pero que la libertar individual y los derechos de las personas sean lo que determinen los límites del poder del estado. En Hungría había elecciones, sí, pero no mucho de lo otro. La intromisión del poder en la vida del ciudadano era inmensa, y en este caso no por una ideología presuntamente socialista, no, sino por lo que se vendía como su reverso, por un conservadurismo tradicionalista que, tanto monta monta tanto, ha cercenado derechos por doquier y ha impuesto un modelo de gobierno en el que todas las instituciones estaban al servicio de un Orban no convertido en dictador, pero sí en lo más parecido a ello que se pueda imaginar en el contexto de la Europa de hoy en día. Su alianza con lo mejor de cada casa ha hecho que Hungría se convierta en un satélite ideológico de naciones como Rusia, China y los EEUU de Trump. Dos de esos países son dictaduras y en el tercero el magnate naranja sueña con construir la suya propia. Desde esa posición internacional, Hungría ha sido el caballo de Troya de Putin en Bruselas desde hace mucho, boicoteando en todo lo posible las muchas decisiones comunitarias que requieren unanimidad y, en el caso concreto de la guerra de Ucrania, actuando descaradamente como representante del país agresor, sin cortarse en lo más mínimo a la hora de despreciar a los ucranianos y festejar la invasión putinesca. Una posición muy deshonrosa en el exterior que se ha ido mezclando con la decadencia económica interior. Si las democracias son corruptas, ni les cuento los regímenes autoritarios. Las cifras económicas de Hungría muestran una decadencia que es una excepción entre el conjunto de las naciones del este europeo, que han visto como la adhesión a la UE ha sido lo mejor que les ha sucedido en casi un siglo, también en lo económico. Los miles de millones de euros de fondos europeos que riegan al resto de países vecinos no lo hacen en Hungría, donde la Comisión no ha encontrado otra manera de amonestar a su socio más díscolo que la de recurrir a ese chantaje económico. La verdad es que Orban se lo ha puesto fácil a Bruselas, porque el incumplimiento de numerosas condiciones referidas a derechos y libertades era flagrante, y eso daba argumentos legales a Bruselas para no transferir sus fondos. Envuelto en la retórica ultranacionalista, Orban ha hecho lo que habitualmente hacen los que son como él, empobrecer a sus naciones, empequeñecerlas, someterlas, hacer que viajen a lo que se vende como un pasado idílico y no es sino un pasado peor, un pasado de atraso. 

La principal bandera de enganche del candidato vencedor, que viene de una escisión del movimiento de Orban, es la lucha contra la corrupción, La supermayoría alcanzada le va a permitir desmontar legalmente mucho de creado por el orbanismo, pero el número de parásitos leales al régimen que se encuentren en cualquier punto de poder en Hungría será tal que va a costar mucho deshacer el régimen. El domingo por la noche fue casi festivo en Europa tras la derrota de quien ha sido uno de sus mayores enemigos internos. Voxeros, putinistas, trumpistas, pablemos y demás populistas globales han perdido a un aliado, más bien a un siervo. Y eso también merece ser festejado.

lunes, abril 13, 2026

Artemisa II y lo que es el éxito

La maniobra de reentrada en la atmósfera de Artemisa II, el último punto crítico de la misión, se superó en la madrugada del viernes al sábado, hora española, sin contratiempo alguno. El esfuerzo al que fue sometido el escudo térmico se superó y la nave apareció ante las televisiones que allí se encontraban colgando de sus últimos y hermosos paracaídas, tocando las aguas del Pacífico apenas a una milla de donde estaba calculado que lo hiciera. Los equipos de rescate acudieron prestos y los cuatro tripulantes fueron izados al barco de la marina que se encontraba allí para llevarlos a casa. Éxito absoluto 

Durante toda la misión, las declaraciones de los astronautas han estado llenas de admiración por lo que estaban viviendo, nerviosismo ante las comprobaciones que iban a realizar, con la certera sensación de ser cobayas ellos mismos de un gran experimento, y de agradecimiento, de un profundo agradecimiento ante todo y todos. Es curioso, las personas que más lejos han llegado de nuestro mundo, las que más se han alejado de todos nosotros, no han tenido palabra alguna de vanagloria, de orgullo propio, de superioridad, de altanería. En un tiempo en el que el yo domina la conversación, la presunción ante el mínimo hecho logrado bombardea las redes sociales y la egolatría lo domina todo, cuatro personas que han alcanzado una meta que les permitirá inscribir su nombre en la historia de la carrera espacial se han mostrado lo más lejos posibles del pavoneo, de presumir por lo logrado. Son casi la némesis del presidente de su nación, de ese narcisista patológico, que alardea como un payaso de todo lo que tiene, logra o destruye, pero que es le que mejor refleja esa corriente de nuestro tiempo a la que antes me refería. Koch, Glover, Hansen y Wiseman, los cuatro de Artemisa II, saben perfectamente lo que han trabajado cada uno de ellos para estar ahí, lo que han sacrificado en el plano profesional y personal para subirse a esa nave, lo que han renunciado en la parte de la vida familiar, del ocio, de todo, para alcanzar su sueño, pero sobre todo, saben que eso ha sido posible porque miles y miles de personas en medio mundo han trabajado con igual dedicación para que esa nave exista, funcione y les lleve y traiga de vuelta. Como si fuera una metáfora de todo el proceso, el cohete de Artemisa, de algo más de cien metros, se acaba convirtiendo en nada para que la cápsula habitada, la punta superior, pueda cumplir su misión. El papel de las tripulaciones en este tipo de viaje es importantísimo, pero no menor que el de los ingenieros que han diseñado los sistemas, los empresarios y fabricantes de cada uno de los componentes, los que se encargan de montarlo todo, los que siguen el día a día de la misión, los que van pensando en los problemas que pueden surgir y en cómo afrontarlos…. Los equipos humanos que están detrás de un reto como el conseguido con Artemisa son innumerables, y se extienden a lo largo y ancho del mundo, por lo que las palabras de agradecimiento que los cuatro astronautas han expresado sin cesar no sólo son debidas y sinceras sino, sobre todo, ciertas. Ellos son los más conscientes de cuánta gente ha hecho posible lo logrado, y allí arriba, en medio de la negrura, de la nada, en la que inmensa Tierra empieza a convertirse en poco más que una canica que se va empequeñeciendo poco a poco, saben que en ese punto azul del que se alejan siguen siendo miles y miles los que velan por la seguridad de su nave y de sus vidas, que les observan y tratan de anticiparse a lo que pasa. Aunque es imposible sentirse solo en medio de tanto espacio, al otro lado del interceptor hay un mundo de organizaciones y personas que, día y noche, sin descanso, se desvelan por ellos y por el cumplimiento de la misión. Solos están, pero no exactamente. Y lo saben.

Ante hechos de esta naturaleza, ante semejante ejemplo de sacrificio, entrega y cooperación, ¿dónde queda el vacío orgullo que contemplamos día a día, ese afán desmedido por presumir que nos inunda? A mi me toda esa tropa de triunfadores de pacotilla que no hacen sino alardear de la nada que hacen en cada momento, y que no piensan jamás en lo mucho que deben a los demás de sus méritos propios me dejan bastante frío, me desinspriran, si me permiten el palabro. Frente a ellos, Koch, Glover, Hansen y Wiseman son su reverso, son la cara real de un triunfo absoluto que, para nada, se baña en orgullo. Ojalá hubiera en este mundo algún astronauta más, algún científico más, y menos influencers, directivos, asesores y demás vendedores de humo.

viernes, abril 10, 2026

Artemisa II regresa a casa

Si consulto la web artemistracker a esta oscura hora de la mañana me indica que la nave Artemisa está a una distancia de su amerizaje de 169.960 kilómetros, acercándose a una velocidad de 1,6 kilómetros por segundo. Ha hecho ya prácticamente la mitad del recorrido que hay entre la Luna y la Tierra, y aún acelerará más a medida que caiga en el pozo gravitacional de nuestro planeta. Como supondrán, el frenado que va a sufrir en la atmósfera va a ser la última gran prueba de esta interesante, y muy exitosa, misión. Es el gran reto que queda por superar para que todo salga correctamente. 

La reentrada exige hacerse desde un ángulo muy preciso. A esa velocidad las capas de la atmósfera se comportan como una superficie dura y el grado de rozamiento es enorme. Cuenta la nave con un escudo térmico que absorberá la mayor parte del calor producido, pero que tendrá que resistir los, estimados, 3.000 grados que se alcanzarán, suficientes para fundir cualquier aleación metálica. El ángulo de entrada es fundamental, porque incidir sobre la atmósfera de manera muy plana puede generar un efecto rebote que saque a la nave de la trayectoria de entrada (siempre se pone el ejemplo de esa piedra que se lanza muy horizontal sobre el agua y no se hunde en ella, sino que rebota) y si se entra con demasiado ángulo el rozamiento se convierte en algo salvaje y la temperatura alcanzada evaporaría cualquier tipo de escudo. Pasar el trago de la entrada es, como indicaba, el último de los pasos de una misión que, en general, se puede calificar de éxito absoluto. En ella casi todo eran pruebas, test de una nave que, por primera vez, se lanzaba con tripulantes, de tal manera que todos los sistemas de soporte vital eran comprobados in situ, no en simuladores. La técnica y tecnología han funcionado correctamente en cada uno de los pasos de la misión, desde el despegue hasta el proceso de inyección translunar el recorrido de trayectoria libre que les ha permitido orbitar el satélite y las correcciones de trayectoria precisas para ajustarlo como es debido. El módulo de servicio, la parte cilíndrica inferior adosada a la nave, que contiene las reservas de combustible, motores principales y todo lo necesario para suministrar hábitat a Orion, ha respondido perfectamente a todos los requerimientos que se le han hecho, y será la última de las secciones del cohete principal que se volatilice, al contacto con la atmosfera, y no llegará a la Tierra. Sólo la Orion, ese segmento cónico en el que se encuentran los astronautas y los sistemas de control, comunicación y mando de la nave, logrará llegar a las aguas del Pacífico. Si todo va bien lo hará en torno a las 2 de la madrugada de mañana sábado, cerca de la costa de San Diego, en la baja California. Ya hay un buque esperando en las inmediaciones, presto para ir lo más deprisa posible hasta el punto exacto en el que la cápsula americe. Un conjunto de paracaídas serán los responsables de hacer que la bajada de la nave en el último tramo de la atmósfera sea suave, llegando al nivel del mar a una velocidad estimada de 30 kilómetros hora, provocando así un choque suave con el agua. Allí, los astronautas esperarán a que les llegue el barco de rescate. Sí, la Orion está diseñada para flotar dado que este es el método de aterrizaje previsto, aunque cierto es que hay un límite para el oleaje que puede aguantar. No hay previsión de temporal en esa zona del mar para la hora de la llegada, por lo que no se espera que la meteorología suponga peligro alguno. Los cuatro tripulantes están a menos de un día de volver, tras diez de intensa misión. 

Ha habido garrafales errores por parte de los medios de comunicación a la hora de relatar el desarrollo e hitos de la misión, pero el récord de distancia alcanzado, 406.771 kilómetros de la Tierra por parte de esta tripulación ya está en los libros de historia. Y, sobre todo, la belleza de las imágenes que han tomado, especialmente al realizar la órbita lunar, son el mayor de sus hitos. La vuelta de la esperanza en una carrera espacial tripulada que nos lleve más allá de nuestro mundo, la contemplación del infinito que es el espacio desde ahí fuera y, junto a ello, la gracia y fragilidad de nuestro enano planeta en medio de ese cosmos de profundidad indescriptible. Artemisa II habrá creado vocaciones de investigación y aventura. Y eso es un éxito que no se cómo se mide, pero sí que es de los mayores que se pueden lograr.

jueves, abril 09, 2026

Crisis en el movimiento MAGA

Sin que esté nada claro ni el contenido ni la pervivencia del acuerdo que ha supuesto una tregua entre EEUU e Irán, ayer los mercados financieros festejaron el fin provisional de las hostilidades y el gobierno israelí se dio un banquete de bombazos en el Líbano, al que no considera sujeto a tregua alguna, matando a más de un centenar de personas y dejando otra zona del país convertida en escombros. Trump y los muy suyos presumen de una victoria arrolladora de su nación, pero el resto del mundo cada vez entiende menos lo que pasa y contempla con estupefacción los delirios, o no, de un personaje que supera todo lo imaginado.

Cuando he hecho referencia a sus seguidores me he referido a los muy suyos porque los suyos normales empiezan a huir. Trump llegó a la presidencia aunando a una serie de fuerzas conservadoras bastante heterogéneas, con ideas distintas respecto a muchas cosas. Algunos provenían del republicanismo clásico, otras del conservadurismo evangélico, no pocos del aislacionismo, etc. En general el desprecio a lo woke y a la administración Biden era la mayor de sus coincidencias, y la creencia en la decadencia que vive su nación (creencia, por supuesto, falsa) por lo que ese lema de Make America Great Again, el MAGA, que lucía Trump en gorras y demás mercachifles electorales les venía al pelo como lema. Se acabó creando un movimiento MAGA, que arrasó en las elecciones de noviembre de 2024, y ha sido el puntal que ha sostenido toda la deriva presidencial durante este tiempo de gobierno, que a todos se nos hace inacabable. Sin embargo, desde hace ya algunos meses, se han abierto serias grietas en ese mundo por culpa de las políticas prácticas que realiza Trump. La locura del ICE en Mineápolis sirvió para que las bases conservadoras clásicas, recelosas de la inmigración como las que más dentro de ese movimiento, se alejaran de Trump por las formas salvajes con las que actuaba la guardia pretoriana dirigida desde la Casa Blanca, dos ejecuciones de norteamericanos incluidas, pero ha sido la deriva internacional de Trump lo que ha mosqueado a todos. El magnate llegó al poder con el mantra de que se acabaron las guerras demócratas en el exterior, que quitan recursos para la nación y son costosas para el ciudadano. Lo del intervencionismo fuera es cosa de los woke, decía, él iba a salir de todo eso. Era la idea del EEUU aislacionista que dominó durante no pocos años, entre finales del siglo XIX y principios del XX. Pero, una vez en el poder, el caudillismo trumpista ha visto en el ejército, en su uso y abuso, lo más apropiado para poner a todo el mundo a sus pies, para doblegar voluntades y conseguir “acuerdos” sea lo que sea que él llama acuerdo. La movilización de las tropas es casi constante desde que ha llegado al poder y sus intervenciones incesantes. Empezar 2026 capturando a Maduro en Venezuela no es precisamente un ejercicio de aislacionismo. La guerra de Irán, enorme conflicto militar que está dejando secos los arsenales de precisión del país y ha causado ya varios muertos norteamericanos, es todo lo contrario de lo prometido en campaña. Arrastrado por Netanyahu a un conflicto que imaginaba cosa de un par de días, una Venezuela un poco más grande, pensaría, cada día de guerra le ha costado críticas crecientes de sus bases, que no entienden lo que hace EEUU allí. La sensación de traición entre los propios es creciente, y la desafección electoral no hace sino crecer. La popularidad de Trump está en un nivel bajísimo.

El mensaje del martes amenazando con el fin de la civilización ha sido la gota que ha colmado el vaso de muchos, incluso de acérrimos defensores del trumpismo, personajes mediáticos y políticos conocidos por su radicalidad, que se han expresado totalmente en contra de la presidencia, reclaman su caída e, incluso, llaman a la desobediencia a las tropas ante las órdenes que surjan del departamento de defensa, o como se llame. Si hay algo que le preocupe a Trump debiera ser eso, porque sin el apoyo de todo el grupo que le siguió, especialmente sin los líderes mesiánicos que les movilizaron, no va a poder ganar ni las elecciones de una comunidad de vecinos. Quizás muchos de ellos descubran ahora que a Trump, lo que si que no le importa para nada, son unas elecciones. Un poco tarde para descubrirlo.

miércoles, abril 08, 2026

Salvados por la campana

Ayer por la tarde se vivió una situación muy extraña en la que el grado de paranoia global se disparó. A lo largo de la Semana Santa Trump ha ido escalando en el contenido insultante de sus mensajes en redes, alcanzado cotas barriobajeras que dejan al Pérez Reverte cabreado como un becario, hasta que hace dos noches escribió eso de que, a un día de expirar la fecha del ultimátum, anunciaba que en poco una civilización dejaría de existir. Así, por las buenas, de golpe, lamentándolo, pero sin remilgos. La amenaza máxima.

No hace falta ser una lumbrera para interpretar qué tipo de armamento se puede asociar a una amenaza así, y a lo largo de la tarde española, mañana en EEUU, a medida que el plazo se acercaba a su fin, empezó a circular la idea de si EEUU estaba dispuesto a utilizar armamento nuclear en su enfrentamiento con Irán. Sólo el especular con este hecho delata el riesgo que se vivió ayer, la tensión que se respiraba a medida que pasaban las horas. La idea general, a la que se agarraban casi todos, es que esto no era sino otro farol, enorme, del tahúr naranja en su proceso de negociación con los Ayatolas, pero el comportamiento errático y desquiciado que reina en el mundo Trump hace que alusiones imposibles dejen de serlo y que opciones que nadie contemplaría en su sano juicio tengan que ser puestas encima de la mesa para ser tratadas como viables. Con la llegada de la noche española la tensión se mantenía, pero los mercados, de bolsa y petróleo, no reaccionaban en modo pánico, apostaban a que por detrás del escenario se estaba dando una negociación que iba a permitir que el ultimátum no se ejecutara. La bolsa de Nueva York cotizó en rojo moderado todo el día, pero al final de la sesión recuperó pérdidas y cerró casi plana, con alguno de sus índices en un muy ligero tono positivo. No cotizaba el miedo que se percibía en no pocas de las opiniones globales. Dado que los que mueven el dinero tienen mejor información que muchos, la apuesta a que el mus de los mafiosos se mantenía y la dictadura iraní y el desquiciado naranja estaban regateando era lo más fácil de suponer. Pasadas las once de la noche españolas, a unas tres horas de expirar el plazo, se empezó a filtrar a los medios una propuesta de Pakistán, país que lleva ya varios días ejerciendo el papel de mediador improvisado, en la que se ofrecía una opción de acuerdo. Básicamente EEUU suspendía sus ataques a Irán durante dos semanas y, a cambio, los ayatolas reabrían el estrecho de Ormuz al tráfico internacional, se presume que peaje mediante, que sería utilizado para obtener unos ingresos que se venderían como compensaciones de guerra. De esta manera se detendrían los ataques cruzados en la zona, que afectan a Irán ya a todas las monarquías del golfo, se reducirían los daños que se siguen causando en infraestructuras energética vitales para la explotación de los yacimientos energéticos y la presión sobre los precios del crudo y sus derivados aflojaría. Esa propuesta implicaría reconocer, para EEUU, aunque no se diga, que el régimen de Teherán no sólo no ha caído, sino que pasa a tener una posición de control explícito de la zona de Ormuz, porque recordemos que antes del inicio de la guerra el paso de naves por ese punto era libra, sin peaje ni traba alguna. En este acuerdo Irán no saldría tan perjudicado como pudiera parecer

Pues bien, a estas horas de la mañana la noticia global es que estos son los términos acordados entre ambas naciones, y que por un plazo de dos semanas la guerra iraní queda en suspenso. EEUU consigue una vía de salida para intentar escapar del avispero en el que se había metido y los ayatolas van a tener tiempo para reconfigurar su mando y consolidar el control del país (y de paso liquidar a todo el que se mueva en su contra). El petróleo baja y las bolsas suben, todo el mundo suspira de alivio y la apuesta suicida de Trump parece haberse quedado en nada. Pese a ello, este acuerdo huele a fracaso para unos EEUU carentes de estrategia, cabeza y capacidad de análisis. Como mucho, es una victoria pírrica. Veremos a ver si se mantiene. Ojalá que sí.