lunes, junio 08, 2026

León XIV triunfa en Madrid

Robert Prevost lleva poco más de un año de pontificado, tras su elección en el cónclave de 2025, después de la muerte del Papa Francisco nada más terminar la semana santa de ese año. Norteamericano, con aspecto de tímido, sus primeros meses de mandato fueron grises, poco dado a crear titulares. Tras la verborrea excesiva de su predecesor, Prevost decidió aplicar un criterio de reserva y no meterse en charcos, defendiendo el legado de Francisco, pero también el de sus predecesores, en lo que se consideraba un papado de compromiso. Pero claro, llegó Trump, y ante el huracán naranja es imposible no posicionarse, y el Papa lo ha hecho, y eso ha elevado notablemente su figura mediática, quizás por encima de lo que desea.

En el viaje a España que está realizando Prevost es defendido por todos, que toman parte de su discurso para apropiarse de él y adaptarlo a sus necesidades, obviando otros aspectos, y haciendo así del papado una carta que pueda servir a los intereses de parte. Y ese comportamiento es comprensible, dada la capacidad de movilización del pontífice, que arrasa como nadie. ¿Qué líder es capaz de llenar el centro de una ciudad como Madrid con más de un millón de personas en un encuentro como el de ayer? Sin incidentes, sin destrozos, sin violencia alguna, en plena serenidad, el movimiento de masas que ha logrado León XIV es llamativo y muestra una sensibilidad religiosa en la sociedad que permanece frente a todo. También, por qué no negarlo, una papolatría, una adoración al famoso y una búsqueda de recuerdo, imagen o presencia de alguien importante, cosa que es típica en el comportamiento social. En todo caso, la misa celebrada ayer en el centro de la ciudad fue un éxito desde todos los puntos de vista, tanto organizativo como en la imagen de congregación que se produjo. León XVI está de moda, como parece estarlo parte del imaginario católico, y eso arrastra masas. Ejerce un liderazgo espiritual blando, que pide y exige, pero con formas cuidadas, alejadas del insulto y la demagogia, y sólo por eso ya merece la pena escuchar su discurso. Frente al líder polarizante que caracteriza a la política de nuestro tiempo, simplista y dedicado a segmentarlo todo en un claro sí a él y no a todo lo demás, Prevost presenta un discurso en el que la fe se erige como pilar de todo, como respuesta a los dilemas de la persona, pero que no se impone, ni se exige ni se dicta. Se ofrece. Sus alocuciones son amables, buscan el entendimiento y se ofrecen a la sociedad como una alternativa en tiempos de pérdida, de confusión. Se proclama su mensaje, no se grita. El liderazgo del Papa no se produce por exclusión, porque le escucho a él frente a otros, sino por añadidura, lo escucho a él junto a otros, de ahí que cada uno escoja de su discurso lo que mejor le plazca y agrade a los oídos. Al Papa no le gusta eso, sabe que los políticos manipulan sus palabras para ser cada uno de ellos los beneficiarios de las mismas, conoce hasta qué punto un acto como el de ayer genera una inmensa envidia en los corazones de los “líderes” que tenemos, incapaces de salir a la calle sin ser abucheados, que reúnen cifras ínfimas de personas en sus encuentros y que todas ellas son coincidentes en plenitud con el discurso al que van a asistir. Frente a esa selección social medida, controlada, cercada, el Papa ofrece un encuentro abierto en el que el evangelio, algo conocido por todos, es la base, guía y referencia absoluta. Realmente no hay muchas novedades en los mensajes papales de los últimos siglos, ya que, por definición, su obra es la de mantener el legado de Jesucristo, pero los matices sobre cómo se hace esa labor son importantes. León XVI aún no ha asentado su pontificado, tiene que darle un toque personal que, por lo poco que lleva en el cargo, aún no ha sido capaz, pero en este viaje, en su primera experiencia ante las masas, está aprendiendo poco a poco a lanzar los mensajes que quiere y en el tono adecuado. Aún no es un líder global, pero puede llegar a serlo.

En lo que lleva de visita todo a transcurrido como estaba previsto, sin incidente alguno y con asistencia masiva a los actos, tan masiva como se esperaba por parte de la organización, que está funcionando de manera adecuada, ante los enormes retos que supone unas concentraciones como las de este fin de semana. Para los católicos la visita de León XVI es un chute de autoestima y un impulso necesario para mantener su fe y llevara a la práctica en el día a día. Para el conjunto de la sociedad, esta visita es una llamada de atención sobre cómo vivir en los tiempos que nos tocan, y cómo hacerlo de la manera más humana posible. Ya sólo por eso su presencia tiene una importancia imposible de eludir.

viernes, junio 05, 2026

Bad Bunny arrasa, aunque no lo soporte

Creo que de las pocas veces que he estado de acuerdo con Donald Trump fue cuando se quejó porque en el intermedio de la Superbowl de este año salió a actuar un cantante al que no se le entendía nada. Los hablantes españoles asentimos diciendo que nosotros tampoco le entendíamos, aunque se suponga que habla castellano. El artista se llama Bad Bunny, conejo malo, y arrasó en ese espectáculo, uno de los de mayor audiencia televisiva a lo largo de todo el año en los EEUU. Yo le conocía de antes, pero apenas había escuchado temas suyos. Me bastaron unos pocos minutos para tener claro que no, que el conejo malo me parece malo malo malo, que no me gusta nada de nada.

Como casi siempre, debo estar en minoría. Ya por entonces se estaba planificando su gira y las fechas de los conciertos que iba a dar en España y otros países. La demanda de entradas se disparó y las fechas de los eventos se iban sucediendo sin cesar, de tal manera que se acabó creando una secuencia de días que resulta asombrosa. Entre mayo y junio el conejo acabaría dando dos conciertos en Barcelona y, pásmense, diez en Madrid, con un aforo de unas cincuenta mil entradas en cada uno. Un conjunto de seiscientas mil entradas vendidas, que ya serán algunas más, a un precio mínimo de cien euros, que supone una de las mayores concentraciones de pago jamás registradas por un solo cantante. En estos días estamos inmersos en la secuencia de conciertos del malote en Madrid, que se celebran en el Metropolitano, el estadio del Atlético que se encuentra en la zona este de la ciudad, afortunadamente lejos del centro, donde los cortes y preparativos para la llegada mañana del Papa León XIV complican notablemente el tránsito. Creo que tendrían que pagarme más de cien euros, pongamos que bastante más, para que asistiera a un concierto de ese tipo, pero se ve que hay multitudes dispuestas a ello, y se congregan para un espectáculo musical y visual que, sinceramente, me echa mucho para atrás. Soy de los pringados que creen que un concierto es música, con aderezos, pero música, y si la música del intérprete no me gusta, el resto me da igual. Ahora no, los conciertos se han convertido en “experiencias” en las que la música es uno de los factores que congregan a la masa, pero no parece ser el más relevante en ciertos casos. Luces, juegos visuales, representaciones, cosas como lo de “la casita”, presuntos posicionamientos políticos y demás estrategias de marketing acaban ocupando las portadas de los medios y el interés de los asistentes y los que hablan del concierto mucho más allá de lo que en él se cante o haga. En general, todo eso que rodea al espectáculo me da bastante igual, creo que su sobreabundancia en estos tiempos tiene mucho que ver con el desplome de la calidad musical que se interpreta, y que todo lo demás consigue llenar el hueco que dejan unos temas plúmbeos, repetitivos y sazonados de reguetón y cosas así, que me parecen insoportables. Es realmente difícil distinguir un tema del conejo malo de otro de artistas de apodos similares, en los que la letra, si se llega a comprender parcialmente, suele ser la descripción de un par de escenas de porno barato y la música se reitera reguetoneramente sin cesar, inmisericorde, constantemente, aderezada según sea el caso con toques de bachata, salsa, merengue o algún otro tipo de aderezo latino que se le añade en función de la procedencia del cantante o del público o de lo que sea. A los pocos minutos la secuencia musical es una mera iteración de lo ya escuchado y el espectáculo se prolonga durante horas, en medio del éxtasis de los asistentes, sin que apenas haya nada de música que pueda ser calificada como tal. Muy, pero que muy muy interesante, debiera ser la acompañante que me hiciera ir a un concierto de este tipo, o muy sustanciosa la comisión (Leire, estírate) que me cayera si franquease las puertas del estadio para ir a la grada y pasar horas con Bad Bunny.

En todo caso, lo que yo opine da un poco igual. Realmente no sirve para nada. Hoy en día el éxito global del reguetón y asociados es incuestionable, y ha logrado que la música en español (si acordamos que eso que suena es nuestro idioma) logre superar en facturación a la anglosajona, cosa que no había sucedido nunca. Bad Bunny arrasa y convoca multitudes, yo escucho lo que me gusta y todos contentos. No cambiaré mi opinión sobre ese tipo de música por mucho éxito que tenga, aun a sabiendas que, en unas décadas, el reguetón será visto por no pocos como algo “bueno” frente a lo que suene en ese momento, que será lo peor. Es lo normal en cuestiones musicales, donde el gusto es personal y, no pocas veces, intransferible.

jueves, junio 04, 2026

La guerra escala en Ucrania

Huyamos de la pestilencia de los que nos desgobiernan y sus tramas mafiosas, vayamos a la guerra. En Ucrania esta semana ha sido especialmente trágica. El martes el país sufrió una de las mayores oleadas de ataques desde el inicio de la invasión rusa, con decenas de muertos en Kiev, causados por unos seiscientos drones y algo más de medio centenar de misiles de diferente tipo. Edificios residenciales, principalmente, y algún complejo industrial, fueron los objetivos de este “blitz” que sumió a la capital del país en el caos y la lleno de columnas ardientes, elevando sus humaredas al cielo. Las defensas aéreas locales poco pudieron hacer ante semejante oleada.

Ayer, en la inauguración del llamado “Davos de Putin” encuentro económico y político de alto nivel que el dictador ruso organiza anualmente en San Petersburgo, los ucranianos lograron golpear esa ciudad, que está a mil kilómetros en línea recta desde Kiev, con varios drones, no tan numerosos, pero sí efectivos, que causaron daños en el puerto, en algún buque militar ruso y en instalaciones fabriles de las afueras. A menor escala, pero la imagen que ofrecía ayer la bella ciudad rusa del Báltico era similar a la de Kiev, con varias columnas de humo elevándose, señal inequívoca de los impactos logrados. Las defensas rusas abatieron a la mayor parte de los proyectiles ucranianos, pero la escena no dejaba lugar a dudas. Kiev logró golpear la ciudad cuando Putin estaba en ella y, aunque los daños no son serios, mostró su enorme capacidad de ataque y la necedad de las defensas rusas. Ayer Zelensky humilló al dictador ruso, llevando el golpe hasta las mismas puertas de su acto de propaganda. Estos hechos son el culmen de un par de meses en los que Ucrania ha logrado detener el avance de las fuerzas rusas y, aunque de manera minúscula, ha recuperado kilómetros cuadrados de frente en el Dombas, región masacrada en la que no se si quedará algo en pie. Ante la creciente falta de efectivos humanos Kiev lo está apostando todo a la tecnología, principalmente drones, tanto aéreos como terrestres, que atacan las líneas enemigas y logran rescatar heridos de las primeras posiciones del frente. También está haciendo sus pinitos con la IA, empleando armas con cierta capacidad de decisión, que dan mucho miedo a todo el que las está analizando, porque el riesgo de que se escapen de control existe. Por parte rusa, sigue la leva de tropas y las bajas se cuentan por miles y miles cada mes, tanto en fallecidos como heridos de diversa consideración, mientras que el rendimiento de las unidades terrestres sigue siendo decepcionante. Los analistas observan un frente estancado en el que los avances rusos del invierno se han detenido y la primavera ha resultado ser positiva para la estrategia de Kiev. En este contexto crecen las voces para que se llegue a un acuerdo entre las partes, acuerdo en el que los ucranianos pudieran tener en estos momentos en una posición de poder negociador mayor que en ocasiones anteriores. Hay rumores crecientes de disensiones en el entorno de Putin sobre el desarrollo de la guerra, el creciente e inasumible coste, financiero y en vidas, que está suponiendo, y la necesidad de frenar esta sangría. Es difícil saber qué hay de cierto o no en estas informaciones, que se solapan con amenazas cada vez más explícitas de portavoces oficiales rusos hacia las naciones europeas, quien sabe si en un intento de amedrentamiento para que cesen su ayuda a Kiev o como una escalada real en la que Rusia puede intentar algún golpe de efecto que cause un miedo europeo que atenace a las capitales occidentales. ¿Una escalada para desescalar? ¿Un golpe, pongamos, en los bálticos, que exija a la UE ceder en sus posiciones para no arriesgar? ¿Es un farol? Hay serias dudas sobre la capacidad militar rusa, y su ineptitud se ha mostrado a las claras durante lo que llevamos de guerra, pero sería un error subestimar el daño que puede causarnos.

Con unos EEUU cada vez más ausentes de la seguridad europea, desentendiéndose de lo que pasa en Ucrania y errando de manera clamorosa en sus propios laberintos, Kiev sabe que lo que pueda conseguir pasa por el autosacrificio y la capacidad que tenga la UE de sostener sus gastos. Conoce las limitaciones del armamento europeo, de su incapacidad de producción, y se ha volcado en una evolución tecnológica que le está permitiendo resistir y convertirse, quien lo hubiera dicho, en líder mundial en la guerra de drones. ¿Será eso suficiente para mantener a Rusia a raya? ¿Cuánto tiempo más pueden mantener ambas naciones las hostilidades? No hay respuestas claras, sólo víctimas, destrozos y columnas de humo en el cielo.

miércoles, junio 03, 2026

Moción de censura atascada

Esta semana se ha cumplido el octavo aniversario de la moción de censura que descabalgó a Rajoy del gobierno y se lo otorgó a Pedro Sánchez, sujeto del que apenas sabíamos nada entonces, y del que ya hemos descubierto demasiadas cosas. Induce al sonrojo ver a Ábalos recitando un discurso lleno de presuntos compromisos éticos cuando ahora conocemos que estaba a punto de hacer desde su posición de poder, hasta qué nivel iba a degradarse él y su jefe y el resto de sus compañeros de gobierno y partido. Ver esas escenas inducen a volverse el sujeto más cínico del universo, para evitar la sensación de ser el engañado, el pagador de esa fiesta obscena.

Ocho años después, ¿Está justificada una moción de censura contra este desgobierno? Sí. ¿Es viable? No. La suma de PP y Vox sigue siendo insuficiente, y una iniciativa así sólo puede prosperar con el apoyo del PNV o Junts, partidos que se saben perjudicados por la deriva del sanchismo, que ven reducidas sus expectativas electorales por formaciones que les fagocitan, llámense Aliança catalana o Bildu, pero que saben que sus tácticas de chantajeo pueden prosperar unos meses más gracias a la debilidad del ejecutivo y no quieren aparecer ante sus propios electorados como los que han propiciado la llegada de los populistas de Vox al gobierno. La acumulación de escándalos seguirá su ritmo procesal, lento pero determinado, y el atrincheramiento del gobierno en posiciones trumpistas, conspiranoicas, parece que es su única estrategia para sobrevivir ante lo que no tiene defensa alguna, pero el mecanismo electoral para cambiar de ejecutivo sólo pasa por dos vías. O que Sánchez, a quien todo le da igual, adelante las elecciones, o que una moción imponga otro candidato como presidente del gobierno y sea ese el que convoque. De hecho, creo que la única opción para que una moción de censura prosperase, y es escasa, es precisamente que sea un candidato anónimo el que sea presentado como alternativa. Piense usted en alguien con el que se cruce por la calle o sus quehaceres a lo largo del día de hoy. Que sea él o ella la que ostente esa candidatura, con el único programa electoral de, una vez jurado el cargo de presidente del gobierno, disolver las Cortes y convocar elecciones generales. Nada más, sólo eso, que no es poco. Que no sea Feijoo ni nadie relevante del PP el que se presente como candidato. Aún en este supuesto, la posición de Junts o del PNV sería delicada, y probablemente no aceptarían votar a favor. La declaración de Junts de ayer retando a Feijoo para que acuda a Waterloo para negociar con el sedicioso las condiciones de una moción era una manera de expresar su no rotundo a cualquier colaboración con el PP, a sabiendas de que los populares no pueden acudir a la casa del fugado, como sí hizo el colaboracionista Sánchez. Por lo tanto, la discusión sobre la posible moción de censura no deja de ser un juego teórico muy interesante para las tertulias de café y bar, pero con pocas consecuencias prácticas, y nulos visos de realidad, al menos a día de hoy. Desde el principio de esta legislatura, una vez que Sánchez traicionó a los suyos, antes ya se lo había hecho al resto, otorgando una amnistía que negó una y mil veces, y consiguiendo los votos para ser investido presidente, en sus cálculos entraba que no iba a dejar el gobierno en los cuatro años que restaban por delante, pasara lo que pasase, porque todo le da igual, y porque sabe que descabalgarle implica la unión de fuerzas cuyo odio mutuo es superior al deseo que tienen de acceder al poder. NI imputado, ni aunque aparezcan vínculos con pagos ilegales, pase lo que pase, Sánchez no cederá el poder antes de tiempo. Esa es su principal garantía de inmunidad para lo que teme que le puede alcanzar, judicialmente hablando.

Los suyos, que van al degolladero en todas las elecciones futuras que se celebren mientras él siga en el poder, podían exigirle presentar una cuestión de confianza, pero tampoco creo que lo hagan. Tienen miedo de perder los carguitos de los que viven, y un año de altas nóminas públicas es una gran ayuda para las finanzas personales. El destrozo en la marca PSOE y el arrastrar nombres sin cesar por el calvario de los juzgados durante meses no causará mella en el líder que ha destrozado al partido y que se cree por encima de todo y de todos. Ajeno a la realidad, Sánchez seguirá lo que pueda, y querrá volverse a presentar. Y los suyos, en un acto de suicidio colectivo, se lo consentirán. Salvo gran sorpresa, es lo que creo que pasará.

martes, junio 02, 2026

Trump, troleado por Irán

Hace unas semanas les comentaba que Trump estaba cada vez más ansioso por firmar un acuerdo con Irán para poner fin a las hostilidades, reabrir Ormuz y desplomar el precio del petróleo, que se filtra entre los votantes norteamericanos en forma de inflación a cinco meses de las elecciones de medio mandato. Les comentaba que, en su ansia, se estaba plegando a muchas de las condiciones iraníes y que el ridículo que estaba haciendo EEUU en todo este asunto era de unas dimensiones difíciles de imaginar. Siete días después las cosas son aún más absurdas, ya que ni hay acuerdo firmado, ni hay bajada del petróleo ni reapertura de Ormuz ni credibilidad por parte de EEUU.

Trump publica en su red social, más o menos cada hora, un mensaje lleno de mayúsculas, que parece escrito por un alumno de parvulitos, en el que afirma que las negociaciones avanzan muy bien y que, prácticamente, está ya todo acordado, que no falta casi nada. Así lleva una semana, por lo que la mayor parte de los que siguen la actualidad y quieren tener una cierta información fiable de lo que sucede ya no hacen caso alguno a lo que dice este personaje. En estos días se han producido algunas escaramuzas militares entre ambas naciones, con el derribo de drones, hundimiento de lanchas y, en general, ataques de baja dimensión, pero que han dejado claro que las hostilidades siguen ahí y que no se van a ir de un día para otro. Quien ha aprovechado este impasse para su propio beneficio es Netanyahu, que ha iniciado una nueva y sangrienta ofensiva contra el Líbano, en un ejercicio de destrucción descarado que no tiene otro fin que el de la mera venganza. Irán, contemplando los actos de Netanyahu, ha encontrado la excusa perfecta para lanzar un órdago a EEUU y ha amenazado con levantarse por completo de la mesa en la que presuntamente negocia con Washington, afirmando que nada sucederá en ella hasta que Israel detenga su ofensiva. Ayer Trump afirmó haber hablado con Netanyahu con la intención de forzarle a cesar sus ataques, lo que sería, de ser cierto, toda una sumisión de la estrategia norteamericana a los deseos iraníes y a la actitud despiadada de Israel. Según algunas fuentes, la relación entre Trump y Bibi se ha agriado completamente en estos meses, porque parece que el magnate se ha dado cuenta de hasta qué punto cometió un error enorme involucrándose en la guerra iraní, que Netanyahu le vendió como rápida e indolora. Desde marzo EEUU se ha metido en un avispero del que no es capaz de salir, donde ha sufrido pocas bajas militares, pero sí significativos daños en instalaciones de gran valor estratégico, ha dilapidado munición cara de precisión y ha dejado su prestigio dañado. A cambio sólo ha obtenido inflación y la imagen de ser rehén de su aliado israelí. Los ayatolas, a los que nada les importa la nación que oprimen sin cesar, han descubierto el valor de Ormuz como arma estratégica, y es casi imposible que el tráfico por el estrecho vuelva a ser el que existía antes de la guerra, uno libre por aguas internacionales no tuteladas. Desde Washington algún iluminado pensó que atacar Teherán sería algo más ruidoso, sí, pero poco más difícil que la operación de cambio de régimen emprendida en Venezuela en enero, y con semejante ilusión, tan ilusa, se dio la orden para movilizar efectivos y armamentos en una operación carente de pensamiento que será estudiada como una de las más estúpidas jamás emprendidas por el soberbio ejército norteamericano. Tres meses después del inicio de esa guerra, lo que antes denominaba como ridículo de EEUU se extiende en el tiempo y la sensación de haber perdido el control de los acontecimientos se acrecienta. Se alcance un acuerdo explícito con Irán o no, la sensación de derrota es inevitable en Washington, aunque evidentemente nadie que no quiera ser despedido de su cargo pueda expresarla.

El cierre de Ormuz sigue tras estos tres meses, y la subida de precios del crudo va camino de convertirse en estructural. El agotamiento de las reservas de las que se está tirando para paliar la falta de suministros del golfo empieza a ser relevante y es casi seguro que habrá efectos de escasez en determinados componentes de la oferta y en algunas naciones que irán haciéndose evidentes a lo largo del verano. El daño económico global causado por esta crisis es de serias dimensiones, y era plenamente evitable. Todo es fruto de la soberbia de unos y la estupidez de otros. Todos lo pagaremos, y no poco, en el coste de lo que adquirimos. Duele pensar que semejante destrozo era plenamente evitable.

lunes, junio 01, 2026

Grave accidente de Blue Origin

SpaceX nos ha malacostumbrado. Su altísimo porcentaje de éxito en los lanzamientos espaciales y en todo tipo de pruebas con los cohetes ha convertido a esos momentos en rutina, pero nada más lejos de la realidad. Un cohete es algo muy parecido a una bomba, pero que se detona de manera controlada. Supone quemar, de forma salvaje, combustible y oxígeno a todo trapo con el fin de alcanzar la velocidad de escape. Los motores son cámaras de combustión aceleradas donde los flujos y temperaturas que se alcanzan resultan mareantes. Cualquier problema puede acabar en desastre.

Y eso es lo que pasó el viernes en la prueba estática de Blue Origin. Esta prueba consiste en llenar el cohete de todo el combustible que puede cargar, no incorporar la carga útil que se prevea pueda portar en el lanzamiento, y poner en marcha sus motores durante un par de segundos o tres para comprobar todos los sistemas en condiciones reales. El cohete permanece atrapado junto a la plataforma de lanzamiento y no va a despegar. Todo el sistema se arranca y, pasados esos instantes, si todo es correcto, se corta el flujo de combustible y la maquinaria se apaga. A partir de ahí se puede empezar a instalar la carga útil del viaje, recargar los depósitos y planificar el despegue correcto. Pues bien, en la estática del viernes algo falló, aún no está claro que, pero algo en los motores de la primera etapa degeneró y provocó un fallo estructural en el cohete, que se extendió hasta la segunda, donde se inició un incendio no previsto. Las imágenes, nocturnas, eran las tres de la mañana en Florida, son muy veloces, y apenas permiten distinguir la ignición de algunos puntos a lo largo del cohete, pero en una fracción de segundo apenas perceptible todo se convierte en una inmensa bolsa de fuego que devora la escena, cubre por completo la plataforma e instalaciones auxiliares y se convierte en una gigantesca explosión dotada de su propio hongo, con una potencia que se ha estimado en un kilotón. El cohete estaba lleno del combustible, creo que queroseno, y oxígeno líquido, necesario para mantener la combustión cuando el cohete abandona la atmósfera y se encuentra en el vacío espacial, donde desde luego no hay aire. El incidente se produjo, por tanto, con la máxima cantidad de sustancia inflamable posible, y de ahí que la secuencia de la explosión sea tan salvaje. Se percibe como una de las torres de servicio, que actúa como pararrayos, tiembla como un árbol movido por el viento, muestra de la fuerza de la explosión. Las imágenes diurnas describen un escenario horrendo, con una de esas torres auxiliares completamente destrozada, daños significativos en la torre principal de lanzamiento y destrozos severos en el conjunto de la plataforma, que deberá ser reconstruida. La torre que sostiene el depósito de agua, necesaria para amortiguar el impacto del despegue en la estructura del lanzamiento, parece haber aguantado, pero está completamente ennegrecida y habrá que ver si sufre algún daño estructural. Son innumerables los fragmentos de material carbonizado que se extienden por toda el área y la sensación que produce la escena es de desastre total. Afortunadamente no había nadie cerca de allí, por lo que no se han registrado ni heridos ni percances personales de ningún tipo, pero el destrozo alcanza enormes dimensiones, no sólo por la pérdida del cohete en sí, sino también por lo que hace a la plataforma, que va a quedar inutilizada durante un buen tiempo, probablemente varios meses. Esa plataforma era la que se había habilitado, dentro del complejo de Cabo Cañaveral, para ser utilizada por Blue Origin, por lo que, o bien se destina otra de las plataformas a su uso, con la necesaria inversión para adaptarla a los cohetes de la empresa de Bezos, o la empresa tendrá que esperar a la reconstrucción de toda la instalación. En todo caso, pinta que habrá que esperar varios meses, no pocos, para ver un nuevo lanzamiento de Blue Origin.

Este desastre también tiene consecuencias para el programa lunar de la NASA. Las naves de Blue Origin juegan un papel muy importante tanto en el desarrollo de la futura base lunar como en el de la puesta en marcha del módulo lunar, que es el que permitirá a los astronautas salir de Artemisa y poder poner nuevamente el pie en el satélite. Si ya el calendario de las misiones II y IV se antojaba forzado, el percance del viernes pone completamente en entredicho todo el cronograma que la NASA se había impuesto, y generará retrasos de todo tipo en el programa lunar. La explosión del viernes le va a salir cara a Jeff Bezos, pero mucho más al programa espacial norteamericano.

viernes, mayo 29, 2026

Los bonos siguen cayendo

En medio de nuestras miserias patrias, y de los que los provocan, el mundo ahí fuera sigue en marcha, y con datos que llaman la atención. Los índices bursátiles de EEUU siguen en máximos, batiendo récords día tras día, con la ya cercana colocación de acciones de SpaceX como uno de sus puntos culminantes (alguno dice que ahí se tocará el techo) pero, en paralelo, el mercado de bonos vive horas bajas, con caídas generalizadas de los valores de estos activos y, en paralelo, tal y como están definidos, ascensos en los tipos de interés, que es como miden su rentabilidad implícita. Los treasuries americanos a diez años están en el 4,45%, nivel muy alto.

Algún analista ha dicho estos días que, en medio de la complacencia general de las bolsas, los mercados de bonos están gritando, chillando de dolor. El desplome que se vive en ellos es general, tanto en el mercado norteamericano como en el europeo, y las carteras de renta fijan llevan unos rendimientos anuales muy malos, nefastos si se comparan con las variables. ¿Por qué está pasando esto? Este movimiento es relativamente habitual cuando se prevé un ascenso de la inflación en las economías, y de ahí esas subidas en los tipos de interés. Se descuenta el hecho de que, para tratar de frenar los precios, los bancos centrales van a subir los tipos y eso encarecerá las nuevas emisiones de deuda, haciéndolas más rentables respecto a los bonos que ya cotizan en el mercado. Eso genera un movimiento de venta de los bonos viejos para adquirir los nuevos, lo que hace descender el valor nominal de los valores antiguos, y su rentabilidad, como es fija sobre el valor de emisión, crece respecto al valor nominal. Una sobredemanda de bonos genera un efecto inverso y hunde los tipos de interés. ¿Recuerdan cuando estuvieron a cero o en negativo? El mercado de bonos también es el mayor del mundo, el más líquido, en el que más participantes operan, y por ello sirve también de termómetro global de riesgo país. Por ejemplo, la escalada que ha vivido el bono británico, desde el 4,23% de finales de febrero hasta el 5,18% de mediados de mayo era un buen indicador del estado político del país, con la debacle laborista y las presiones contra el primer ministro Starmer. Ahora el bono cotiza en el 4,83%, muy alto, pero no imposible. Un bono de reino Unido al 5% durante un tiempo prolongado sería insostenible para el gobierno de aquel país y sus finanzas, y obligaría a tomar medidas drásticas, tanto económicas como de personal. El que los bonos norteamericanos estén caros es una medida, también, de la incertidumbre que aqueja a aquel país desde que Trump empezó a hacer barrabasadas en todos los sentidos. Los bonos caros suponen presión para las arcas del estado, porque incrementan notablemente el coste de financiación de la deuda, y dados los enormes volúmenes de deuda pública sobre las que se asientan nuestras economías, tampoco es necesario que los tipos se vayan hasta el infinito para que su ascenso implique daños severos al presupuesto (afortunados los que lo tengan). Un país que puede meterse en problemas a no mucho tardar por este asunto es Japón. Atenazad por el estancamiento de precios durante muchos años, sus bonos han rendido tradicionalmente muy poco. Empezaron este año en el 1%, nivel que para ellos ya era elevado, dado de donde venían, pero ahora se encuentran en el 2,6%, un valor que supone zona de peligro para un país sobreendeudado, en pleno proceso de desplome demográfico y con problemas geoestratégicos crecientes. Japón es una de las naciones más golpeadas directamente por el cierre de Ormuz, y sus precios suben al ritmo al que lo hace un barril de crudo del que dependen más que otros. Este ascenso en sus bonos refleja tensiones inflacionistas como no se recordaban allí desde hace muchos años, e introduce una enorme presión en su economía. Veremos a ver cuáles serán las consecuencias de todo esto y lo que Tokyo se verá obligada a hacer.

¿Es compatible la subida bursátil con la bajada de los bonos? Los hechos de los últimos tiempos demuestran que sí, pero no deja de ser algo que llama mucho la atención. Por un lado, los bonos reflejan preocupación creciente por la inflación, considerándola como algo que ha venido para quedarse, mientras que las bolsas juegan a que el shock de precios será tan intenso como fugaz, un susto sin efectos sostenidos. Ambas interpretaciones no son posibles, por lo que uno de los dos mercados parece estar valorando erróneamente lo que sucede, o no queriéndolo admitir ¿Quién tendrá razón? Como casi siempre, el tiempo será el juez adecuado para salir de dudas.