Llevamos ya algo más de una semana de ataques cruzados entre EEUU e Irán. Teóricamente las conversaciones entre ambas naciones siguen en vigor tras la firma del memorándum de entendimiento que se celebró tras la reunión francesa del G7, pero lo cierto es que desde hace días no hay noche en la que no se produzcan ataques norteamericanos y represalias iraníes. Se han dado también, y es el argumento norteamericano para reiniciar los bombardeos, ataques por parte de la guardia revolucionaria iraní contra navíos que pretendían cruzar las aguas de Ormuz, y es evidente que el tráfico de buques en esa zona del mundo sigue sin volver a la normalidad de febrero, antes del inicio de la guerra.
Todo esto ha llevado a que el pecio del petróleo se vuelva a disparar. Tras la firma del acuerdo, el barril de crudo se relajó, perdió la cota de los ochenta y el Brent europeo hizo un mínimo de 71$ a principios de julio, sin romper esa barrera. Recordemos que antes de la guerra, pongamos enero de este año, ese barril cotizaba en el entorno de los 60$. Pues bien, como era de esperar, la reanudación de las hostilidades ha provocado ascensos en el petróleo, y los 70$ se abandonaron rápidamente, y no ha pasado demasiado tiempo para que los 80$ dejen de ser el techo. Ahora mismo el barril cotiza claramente por encima de los 90$. En esta semana se ha ido encareciendo día a día, y a esta hora de la mañana lo hace en 96,027$ un previo muy muy alto. El máximo alcanzado durante la guerra fue de 114,44$ a principios de mayo. A las puertas de la gran operación salida del verano nacional, con el consumo de gasolinas y demás productos en máximos, en una época de viajes largos y multitud de escapadas locales, la presión del barril va a impulsar los precios de los combustibles al alza, lo que va a poner aún más por los cielos las que se esperaban ya como las vacaciones más caras de historia. El gobierno anunció hace unas semanas el apaciguamiento progresivo de la subvención que otorga a los combustibles, en consonancia con el relajamiento de los precios del barril tras el acuerdo, de tal manera que, si no recuerdo mal, serían 15 céntimos el descuento que se aplicaría en julio, 10 en agosto y 5 en septiembre, para en octubre eliminarse por completo. Eso era en el escenario en el que ya habíamos dejado atrás lo peor de la subida, pero si ahora empezamos una nueva escalada de precios es probable que ese calendario de medidas deba ser revisado en el caso de que estemos ante un ascenso sostenido. Conociendo la volatilidad de Trump puede que organice la marimorena en agosto o que, por las buenas, decida dar otra vez carpetazo a este fracaso de guerra. En todo caso, como eso es algo parecido a la meteorología, caprichosa e impredecible en plazos superiores a los pocos días, no podemos contar con ello, y habrá que ir siguiendo la actualidad día a día. Lo único seguro es que cada jornada en la que el precio del crudo sigue alto, y más de 90$ es muy alto, la presión inflacionista que se creía controlada, lo que parecía un shock de apenas unas semanas, puede volver en forma de fantasma permanente, haciendo que los precios de la mayoría de los productos escalen progresivamente a medida que los costes crecientes de la energía se filtren por la cadena productiva. La dimensión de este proceso depende sobremanera del tiempo en el que los precios del petróleo se mantengan altos. Nuevamente, si lo que vivimos es una escaramuza que se apacigua en días, el efecto será escaso, pero si la dinámica de ataques y represalias se mantiene en el tiempo, aunque la crudeza de la guerra no escale, puede ser suficiente para sostener precios energéticos altos durante más tiempo de lo que las cuentas de resultados de muchas empresas son capaces de soportar. Y eso se traduciría es ascensos de precios sostenidos y relevantes, tipos de interés al alza y frenazo económico. Supongo que los que se dedican a la modelización macro deben estar pasando un año de pesadilla a cuenta de esta maldita guerra y los shocks que provoca en los precios del petróleo.
Hay otro amiguito al que no debemos olvidar en esto de los precios y suministros, que es el gas natural. Aunque parezca lejano, ya hemos consumido el primer mes del verano y el recorte en el día empieza a ser relevante. Sí, aún queda mucho calor, pero es necesario empezar a rellenar los stocks de gas de cara al próximo invierno. En Europa las reservas están bajas, y los precios de la materia prima, espoleados por el disparate de Ormuz, altos. Si esto sigue así este invierno vamos a tener unas facturas de calefacción disparatadas, y en función de la intensidad del frío, veremos a ver si algunas naciones no pasan estrecheces de suministro. Queda tiempo, sí, pero hay que empezar a acumular ya.