Ayer tuvo lugar la media maratón de Beijing, algo no muy raro dada la fiebre, que sí veo rara, de salir a correr distancias inconmensurables que dejan los cuerpos hechos polvo. Eso se ha extendido por todo el mundo, y en Madrid hay momentos en los que parece que han soltado un monstruo por las calles, de la cantidad de gente que ves corriendo, como si huyera de él. La cuestión es que en esa media, en paralelo al recorrido oficial, había un carril reservado para que por el fueran robots humanoides, no artefactos con ruedas en plan cochecito, no sino robots bípedos como nosotros que corriesen de una manera similar.
A la prueba se presentaron algo más de cien robots, de aspecto y tamaño similares, más o menos como un humano bien grandote. La inmensa mayoría de los participantes eran de fabricación china, siendo sólo unos poquitos del resto del mundo. De entre todos los concursantes, algo más de la mitad eran dirigidos por control remoto, es decir, un operador los controlaba y, supongo, era el encargado de mantener el ritmo de la carrera y hacer los giros y demás efectos necesarios para mantenerse dentro del recorrido, una especie de piloto de coches radiocontrol pero llevando un aparato sin ruedas. El resto de los participantes eran sistemas manejados por IA, autónomos, que evaluaban por sí mismos el recorrido y decidían cuándo acelerar o cómo tomar las curvas y pendientes que surgían a su paso. El año pasado también se celebró esta carrera, con bastantes menos participantes, y muchos de ellos generaban simpatía al ver cómo tropezaban o caían de una manera un poco patosa. El ganador de esa competición robótica tardó más de dos horas en recorrer la distancia reglamentaria. Este año las cosas han sido un poco distintas. Mucho. Ha habido algunos ejemplares que se han caído, tropezado y quedado por el camino, pero la mayor parte de los participantes lograron llegar a la meta, tanto los controlados por remoto como los que usaban la IA. No sólo la ratio de éxito de los participantes ha sido exitoso, sino que las marcas ya son memorables. El ganador de la competición, creo que radiocontrolado, ha tardado unos cincuenta minutos en hacer los 21 kilómetros de la carrera, lo que bate con creces las mejores marcas humanas. Apodado relámpago, luce un color rojo intenso y unos bracitos pequeñitos, con un tronco esbelto y un par de piernas que se mueven de manera impetuosa. No hacen falta pies como tales para semejante comportamiento, y sus extremidades se parecen a esas prótesis que lucía Pistorius, el famoso atleta paraolímpico. La cabeza es enjuta, con un sistema de visión que le da un cierto toque dimensional humano pero con notable ausencia de rostro. Al parecer fue necesario cambiarle la batería a mitad de recorrido, pero sólo con dos cargas pudo mantener todo el tiempo una velocidad constante que le llevó a batir todos los récords. Relámpago ha corrido una distancia enorme, una media maratón, a un ritmo que ningún humano conocido es capaz de alcanzar, por lo que sería capaz de pillar a quien quisiera en una competición de distancia, superando poco a poco a humanos que desarrollarían velocidades mayores en distancias más cortas, pero que con el paso de los kilómetros quedarían agotados. En la competición del hombre contra la máquina es evidente que ya perdimos hace tiempo la batalla frente a los objetos con ruedas, simplemente piense una bajada de un puerto de montaña en bicicleta respecto a la carrera humana, y ni les cuento en las comparativas con coches o cualquier otro tipo de vehículo a motor. Lo ultranovedoso de este caso es que el bipedismo artificial ya es capaz de superar al biológico en prestaciones. Recuerden, relámpago tenía las mismas ruedas que usted y yo: ninguna.
El progreso alcanzado por este tipo de robots en el lapso de unos pocos años es realmente asombroso. China se ha propuesto liderar esta carrera, la conceptual, y desde hace un par de años no deja de hacer demostraciones en las que humanoides cada vez más sofisticados no sólo ya replican nuestros movimientos, sino que los multiplican de una manera asombrosa en coordinación, precisión y capacidad. El ejercicio de artes marciales y baile que mostró al mundo hace un par de meses con motivo del nuevo año lunar ya dejó epatado a medio planeta. Lo de ayer fue otra exhibición de control y, también, marketing. Espectacular.
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