jueves, julio 23, 2026

Petróleo por encima de 90$

Llevamos ya algo más de una semana de ataques cruzados entre EEUU e Irán. Teóricamente las conversaciones entre ambas naciones siguen en vigor tras la firma del memorándum de entendimiento que se celebró tras la reunión francesa del G7, pero lo cierto es que desde hace días no hay noche en la que no se produzcan ataques norteamericanos y represalias iraníes. Se han dado también, y es el argumento norteamericano para reiniciar los bombardeos, ataques por parte de la guardia revolucionaria iraní contra navíos que pretendían cruzar las aguas de Ormuz, y es evidente que el tráfico de buques en esa zona del mundo sigue sin volver a la normalidad de febrero, antes del inicio de la guerra.

Todo esto ha llevado a que el pecio del petróleo se vuelva a disparar. Tras la firma del acuerdo, el barril de crudo se relajó, perdió la cota de los ochenta y el Brent europeo hizo un mínimo de 71$ a principios de julio, sin romper esa barrera. Recordemos que antes de la guerra, pongamos enero de este año, ese barril cotizaba en el entorno de los 60$. Pues bien, como era de esperar, la reanudación de las hostilidades ha provocado ascensos en el petróleo, y los 70$ se abandonaron rápidamente, y no ha pasado demasiado tiempo para que los 80$ dejen de ser el techo. Ahora mismo el barril cotiza claramente por encima de los 90$. En esta semana se ha ido encareciendo día a día, y a esta hora de la mañana lo hace en 96,027$ un previo muy muy alto. El máximo alcanzado durante la guerra fue de 114,44$ a principios de mayo. A las puertas de la gran operación salida del verano nacional, con el consumo de gasolinas y demás productos en máximos, en una época de viajes largos y multitud de escapadas locales, la presión del barril va a impulsar los precios de los combustibles al alza, lo que va a poner aún más por los cielos las que se esperaban ya como las vacaciones más caras de historia. El gobierno anunció hace unas semanas el apaciguamiento progresivo de la subvención que otorga a los combustibles, en consonancia con el relajamiento de los precios del barril tras el acuerdo, de tal manera que, si no recuerdo mal, serían 15 céntimos el descuento que se aplicaría en julio, 10 en agosto y 5 en septiembre, para en octubre eliminarse por completo. Eso era en el escenario en el que ya habíamos dejado atrás lo peor de la subida, pero si ahora empezamos una nueva escalada de precios es probable que ese calendario de medidas deba ser revisado en el caso de que estemos ante un ascenso sostenido. Conociendo la volatilidad de Trump puede que organice la marimorena en agosto o que, por las buenas, decida dar otra vez carpetazo a este fracaso de guerra. En todo caso, como eso es algo parecido a la meteorología, caprichosa e impredecible en plazos superiores a los pocos días, no podemos contar con ello, y habrá que ir siguiendo la actualidad día a día. Lo único seguro es que cada jornada en la que el precio del crudo sigue alto, y más de 90$ es muy alto, la presión inflacionista que se creía controlada, lo que parecía un shock de apenas unas semanas, puede volver en forma de fantasma permanente, haciendo que los precios de la mayoría de los productos escalen progresivamente a medida que los costes crecientes de la energía se filtren por la cadena productiva. La dimensión de este proceso depende sobremanera del tiempo en el que los precios del petróleo se mantengan altos. Nuevamente, si lo que vivimos es una escaramuza que se apacigua en días, el efecto será escaso, pero si la dinámica de ataques y represalias se mantiene en el tiempo, aunque la crudeza de la guerra no escale, puede ser suficiente para sostener precios energéticos altos durante más tiempo de lo que las cuentas de resultados de muchas empresas son capaces de soportar. Y eso se traduciría es ascensos de precios sostenidos y relevantes, tipos de interés al alza y frenazo económico. Supongo que los que se dedican a la modelización macro deben estar pasando un año de pesadilla a cuenta de esta maldita guerra y los shocks que provoca en los precios del petróleo.

Hay otro amiguito al que no debemos olvidar en esto de los precios y suministros, que es el gas natural. Aunque parezca lejano, ya hemos consumido el primer mes del verano y el recorte en el día empieza a ser relevante. Sí, aún queda mucho calor, pero es necesario empezar a rellenar los stocks de gas de cara al próximo invierno. En Europa las reservas están bajas, y los precios de la materia prima, espoleados por el disparate de Ormuz, altos. Si esto sigue así este invierno vamos a tener unas facturas de calefacción disparatadas, y en función de la intensidad del frío, veremos a ver si algunas naciones no pasan estrecheces de suministro. Queda tiempo, sí, pero hay que empezar a acumular ya.

miércoles, julio 22, 2026

Nolan y la ambición

Es indudable que Chritopher Nolan posee un sentido de la ambición fuera de lo común. Sus producciones son mastodónticas, y el éxito que ha cosechado con varias de ellas le permite mantener unos ritmos de inversión y despliegue de medios que están al alcance de muy pocos. Algunos le critican por eso, aunque no veo nada malo en ello. Lo que sí apruebo es el paralelismo que no pocos le dan con Kubrick, uno de los grandes, en su deseo de hacer, en cada género que toca, la obra total que lo deja clausurado, el referente que marcará el paso al resto, la búsqueda de la excelencia, el hito.

A Kubrick se le tachaba de perfeccionista, de histérico, de dictador en sus rodajes, etc. Una serie de comentarios que no le importaban para nada y no impidieron que el cineasta norteamericano, exiliado por propia voluntad en Reino Unido, dejara joyas de la historia del cine que son clásicos sin discusión alguna, y que hoy en día siguen creando ciertos problemas de interpretación entre los que las ven. ¿Era ambicioso? Claro, lo era, porque pensaba que lo que estaba creando era mucho más importante que los que en ello participaban. Tiene pinta de que Nolan también trabaja con esa idea en mente, aunque lo que se oye de sus rodajes no lo pone mal en el trato personal. Tener ambición a la hora de crear una obra no es necesario, no la convierte por ello en superior, es la cantidad, calidad del trabajo y la genialidad del creador lo que le otorga a lo creado una cualidad que destaca sobre el resto, pero tener ambiciones grandiosas en la vida puede ser la única manera de levantar monumentos que perduren. En la época dorada de Hollywood existían directores y productores que sabían que estaban ante retos fabulosos, pero que si los lograban pasarían a la historia y se convertirían en estrellas globales. Títulos como “Lo que el viento se llevó”, “Ciudadano Kane”, “Ben Hur”, “Cleopatra” o “Gigante” requieren una ambición desmedida por parte de quienes los desarrollaron, pero junto a ese deseo de grandeza también existía una enorme cantidad de trabajo de mucha gente y la presencia de genios, delante y detrás de las cámaras, que lograron llevar a buen puerto unos proyectos que podían haber naufragado por sus propias dimensiones. “Titanic” es un ejemplo de película moderna sobrada de ambiciones que acabó siendo un éxito rotundo en todos los sentidos, pero que fue un empeño megalómano de James Cameron, que casi supone su ruina y que era vista, en un principio, como un ejercicio absurdo por parte de un director especializado en acción y ciencia ficción, con títulos muy buenos en esos géneros, pero que no iba a ser capaz de levantar una historia realista, y con unos costes de producción disparados. Lo logró. De hace dos años es la película “El brutalista” de Brady Corbet, una cinta de enorme extensión temporal, más larga que La Odisea (llega a las tres horas y media y fuerza intermedio) que es un ejercicio de ambición de libro por parte de un director apenas conocido, que no llega a los cuarenta años, y que con un coste no muy elevado quiso llegar muy lejos en su diseño y filmación. ¿Lo logro? Creo que sí, o al menos a mi me gustó, aunque reconozco que es una película que tiene barreras de entrada y que, si no se superan, puede hacerse muy cuesta arriba. Corbet pedía mucho a su productora y pide mucho al público, y en algunos casos lo tiene y otros no. Recibió numerosos premios que le valieron reconocimiento y prestigio, y el ajustado coste de producción le ayudó a no generar pérdidas en su recorrido comercial. Corbet no juega en la liga de Nolan, desde luego no en lo presupuestario, pero probablemente sí en la visión de la obra que crea como algo enorme, desmedido, digno de realizarse por encima de todo obstáculo imaginable, y con la idea de que ese monumento perdure en el tiempo y ante los que se presenta, que sirva de referencia. Seguro que en eso están ambos muy de acuerdo.

Sí, no hay mayor fracaso que uno en el que la ambición ha sido la máxima, porque soñar con el cielo y estrellarse es lo peor. Ansiar vivir en el suelo y caerse hace menos daño, pero es necesario que haya en el mundo de la creación personas ambiciosas, que vayan más allá del resto, que intenten hacer cosas que no se han logrado o que ni siquiera se hayan planteado. Pueden tener éxito o no, y si lo que se busca es sólo el éxito es probable que la ambición creativa sea cercenada. Soñar con nuevos retos es lo que puede lograr que el arte alcance cotas no logradas. Sí también desastres antológicos, pero bueno, así es la gloria, pertenece a los que quieren llegar al cielo…. Y consiguen flotar en él.

martes, julio 21, 2026

La odisea, de Nolan

Fui a ver la peli de la odisea con reparos. Había tenido la oportunidad de contemplar un par de veces los avances y, la verdad, no me gustaban. Eran oscuros, había escenas marítimas propias del Mar del Norte más que del Mediterráneo, me daban una sensación incómoda que me llenaba de temores. Por ello, cuando empezó la proyección, a sabiendas de que me esperaban tres horas de visionado, me puse en guardia con unas expectativas bajas. A ver lo que ha hecho Nolan con la historia más vieja jamás contada, madre de todas las demás, pensaba en mi interior. Lo cierto es que, poco a poco, me acomodé a lo que veía y, finalmente, no pude sino alabarlo.

La complejidad de la historia, las tramas cruzadas, la fantasía que se relata en muchos de los pasajes, la violencia que todo lo impregna… la odisea es, junto a la iliada, el relato fundacional de la literatura occidental, y junto a algunos pasajes de la Biblia, el origen de todo. El resto lo único que ha hecho en estos miles de años transcurridos desde entonces ha sido copias, variaciones, alteraciones menores en un relato basado en la marcha de unos hombres a una guerra cruel y el desquiciado regreso de uno de ellos a casa. Tan simple como eso. Nolan opta por centrarse en el segundo de los relatos, el que da título a la película, pero con fragmentos intercalados de la primera historia, la de la guerra de Troya, presuntamente provocada por el rapto de Helena, hija de Menelao, por París, príncipe troyano. Uno supone que todo el mundo conoce la historia original pero eso no tiene por qué ser cierto, y las idas y venidas en el tiempo del relato permiten hacerse una idea al espectador que desconozca el origen de la historia de dónde surge todo. Es en Ítaca, la isla de la que es rey Ulises, Odiseo, donde se ancla toda la trama, con el acoso de los pretendientes a Penélope, la mujer de Ulises, que espera su vuelta mientras que los demás ansían un trono y lo esquilman de paso. La película elimina algunos de los pasajes del libro, por necesidad material de tiempo, pero incluye otros con un detalle espectacular, como el del cíclope Polifemo, la bruja Circe, o el paso por la isla de las sirenas, realizando una variante de los efectos del canto que resulta muy interesante. Hay mucha discusión entre los exégetas sobre cuánto hay de pérdida en la vuelta de Ulises o de demora deseada por parte de un pillastre, que es como se presenta al personaje, y la película no deja nada claro si opta por una u otra alternativa. No esconde, eso sí, que el héroe de la historia tiene un componente de crueldad intenso, no es para nada un hombre de corazón puro y blanco, sino un interesado, un tramposo, alguien que puede ser vengativo cuando no es necesario, que en ocasiones es sometido por la hibris, esa expresión griega que hace referencia a la ira desatada que enloquece. A medida que avanza el relato vemos como Ulises se salva de sus peripecias, sí, pero cada vez carga con más culpas de lo que sucede a su alrededor, del destino de los que le acompañan, a quienes rige, y pierde progresivamente en cada uno de los avatares que suceden en el camino. El proceso de carga de la culpa sobre el héroe aparece como uno de los grandes puntales de toda la historia, la llena de dramatismo y, como es habitual en todas las películas de Nolan, prácticamente hace que no haya ningún momento jocoso. Todo es muy serio, cada vez más. En la parte final de la película se nos descubre el origen del dolor que acosa al protagonista, fruto de la guerra a la que fue hace ya años, a esa Troya mítica que era la joya de la civilización de la época y que sucumbió al asalto de las tropas griegas gracias, entre otras cosas, a la astucia de Ulises. La culpa de lo que allí sucedió le atormenta de una manera absoluta, moderna, total. Hay un homenaje a “El corazón en las tinieblas” o “Apocalipsys now” en medio de las ardientes ruinas de una Troya devastada, en la que el soldado sucumbe ante las consecuencias de sus actos. Es, a mi entender, el momento culminante de toda la película, y es imposible permanecer inmune ante él.

Con una producción de enorme altura, en la que se nota el cuarto de millar de dólares invertidos en cada momento, la cinta ofrece un espectáculo absoluto, pero sometido al desarrollo de la historia. Como pasa en muchas de las cintas del autor, exige al espectador de una manera bárbara y lo deja exhausto, pero a cambio ofrece un producto de un nivel técnico perfecto y que resulta conmovedor. Nolan logra, a mi modo de ver, una excelente versión personal de la madre de todas las historias, en la que imprecisiones como las señaladas por muchos respecto al tipo de armaduras y otras cuestiones de contexto no desmerecen para nada el resultado final. El reparto borda una exigencia extrema y la película está, sin duda, entre sus mejores trabajos. No se la pierdan.

lunes, julio 20, 2026

No me gusta el fútbol

Esas cinco palabras del título de hoy ya son toda una declaración de intenciones vital, y en un país como el nuestro, motivo de exclusión, o como mínimo de observación por parte del resto de la sociedad, que me ve como si se tratase de un espécimen digno de ser guardado en una vitrina de museo. Si a eso se le suma una serie de cosas que tampoco me gustan y que la gente considera que son de obligado seguimiento, la imagen que tantos poseen de mi es, como mínimo, exótica. Cuando uno es pequeño eso le causa problemas, pero a medida que los años avanzan y todo resulta más relativo, no me preocupa lo que el resto quiera pensar. Sólo trato de que no me impongan sus aficiones. Al menos, claro, las que rechazo.

Manuel Vázquez Montalbán, que era muy del Barça, escribió un ensayo, que no he leído, con un título brillante: “Fútbol, una religión en busca de un Dios” en el que se planteaba, según relataban las crónicas, su pasión por ese deporte y, sobre todo, la pasión social que despertaba. Y sí, el título es muy bueno, porque describe bastante bien el irracional fenómeno de masas que se desata en torno a unas personas que pegan patadas a un balón y logran que millones crean que eso es relevante en sus vidas. Todos los procesos que se dan en el entorno de las religiones organizadas se reproducen de una manera casi milimétrica en torno al mundo del balón, con las congregaciones de fieles, adoradores ciegos de una enseña, unos colores, una marca, un equipo, una selección, a la que defienden a muerte respecto al resto, a la que ven como única. Un rebaño que comparte símbolos, autoridades y discursos en forma de sermones por parte de los dirigentes de su equipo y los que juegan en él, que son elevados a los altares formando un panteón de diosecillos que reciben adoración. En estos días se podía ver a aficionados montando altares en sus hogares o en los lugares de congregación de la feligresía futbolera en los que se ponían estampitas con la imagen de los jugadores, con fotos de celebraciones pasadas, con insignias, escudos y demás parafernalia, conformando altares con todas sus letras, donde sólo faltaban las barrocas columnas salomónicas para ser dignos de consagración. Ese movimiento de fe produce exaltados, creyentes acérrimos ciegos que no dudan jamás, que viven su pasión hasta el extremo y se dedican a perseguir a los que consideran impuros, tibios, o simplemente no dignos de su creencia. Pasa en todas las religiones, los exaltados se reúnen en sectas particulares y empiezan a dictar la norma que el resto ve como una exageración, pero en no pocas ocasiones se convierte en el objetivo a seguir. Envueltos en bufandas, uniformes, cánticos y no pocos signos más de pertenencia a la tribu, esos puristas van sembrando su mensaje entre los suyos y el resto y, antes o después, llegan los incidentes. El fútbol, como simulacro de guerra entre bandos, es proclive a la violencia y se considera que esta, mal vista de manera oficial, es algo natural en el entorno del balón. Todo el mundo ve obvio que existan corrientes de aficionados salvajes, de sujetos broncas, que extienden su mal vivir a los aledaños de los estadios, y cuyos actos son, no pocas veces, reídos como gracias por parte de los responsables de los clubes, que los consideran como muy necesarios de cara a conformar el espíritu de la entidad que dirigen. Esos mismos responsables que, casi siempre, eluden la ley, gestionan los equipos de manera opaca y con un ansia de protagonismo sólo comparable al nivel de presunto fraude que cometen ante todo tipo de leyes, especialmente las urbanísticas y financieras, y que cuentan con el beneplácito de las autoridades, que en nombre de los “colores” conceden privilegios a esas entidades del balón con los que no pueden ni soñar otro tipo de empresas o asociaciones, de lucro o no, que son perseguidas con saña por la administración en forma de normas e impuestos, mientras que los del balón se ven beneficiados de todo tipo de privilegios, quizás porque no hay nada que al poder le guste tanto como subirse a un palco de un estadio y sentirse por encima, en todos los sentidos, de la plebe a la que somete en sus formas de ocio y saja de manera financiera, mientras consigue el vulgo aplauda enfervorizadamente a los santones que corren por el campo.

Lo siento, soy un ateo de esa religión organizada que es el fútbol. Si el deporte me dice poca cosa, si verlo por televisión me parece una manera de aburrirse difícilmente superable, lo del fútbol es algo que me supera. Nunca me ha gustado, cada vez menos, y la intromisión que supone su desarrollo en la vida de los demás me parece un abuso que no tiene excusa posible. Obviamente me he enterado de lo que pasó ayer, aunque de todo lo que sucedió vi nada más que la entrega de premios, para comprobar qué espectáculo organizaba Trump y su secuaz Infantino. No defraudaron, actuaron a la altura de lo que ambos era esperable. Poca cosa más me interesaba de lo de ayer, nada del jolgorio de hoy, ni de lo que venga después, ni de los siguientes partidos, o ligas, o copas, o competiciones internacionales, o duelos del siglo, o….

viernes, julio 17, 2026

Una derrota para Europa

Era de esperar que, tras el pronunciamiento que expresó el abogado general, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitiera el veredicto de ayer, avalando la indigna ley de amnistía y otorgando validez jurídica a la rendición de la democracia española ante Puigdemont y el resto de sediciosos. La decisión es una manera de arrodillar los valores europeos ante el intento totalitario que se dio por parte del nacionalismo separatista catalán en 2017, una insurrección populista que contó con apoyos de enemigos externos de la UE, y que nunca fue entendida por las instituciones comunitarias como lo lesiva y peligrosa que era para la idea de la Unión en sí misma.

La mayor de las corrupciones de esta no legislatura que estamos viviendo no es la económica, relacionada con las distintas tramas, algunas presuntas, otras ya condenadas, que se desarrollan en torno al poder del sanchismo. Ni si quiera es todo lo relacionado con las cloacas y Leire, una historia de degeneración en la que el uso partidista de las instituciones y medios públicos para tratar de sabotear investigaciones que afecten al entorno del presidente y el partido demuestra un grado de envilecimiento mucho mayor que el de los que se dedican a mangonear del presupuesto. No, la mayor corruptela, la más imperdonable, es la traición que Sánchez cometió al conjunto de sus votantes y, por extensión, a toda la sociedad española, cuando juró y perjuró que nunca se aprobaría una ley de amnistía para los condenados del Procés pero, tras los resultados electorales de las elecciones de julio de 2023, en esa misma noche, afirmó eso de “somos más”, teniendo ya muy claro desde entonces que esa amnistía se aprobaría sin problema alguno a cambio de los votos de Puigdemont. Esa es la mayor de las corrupciones de este tiempo, la cesión de la verdad a los que fueron condenados por sedición tras sus actos viles y su entronización ante una parte de la opinión pública, mucha de ella beneficiada de prebendas y mordidas que, como el resto, contempló lo sucedido en 2017 con la misma congoja con la que lo hacía todo el país. La absoluta vulneración de la ley y los derechos de gran parte de los catalanes, y del conjunto de los españoles, por parte de los totalitarios nacionalistas pasó de ser juzgada y condenada por la ley a ser amnistiada por el mero interés del mantenimiento en el poder de Sánchez. Hubiera dado igual la naturaleza de los delitos que se hubiesen cometido durante aquel golpe postmoderno, como muchos lo han calificado. La absoluta falta de escrúpulos de quien ostenta la presidencia del gobierno tenía muy clara que los siete votos de Junts valían lo que fuera necesario, y si había que amnistiarles, se les amnistiaba, y si hasta el día anterior se decía con contundencia que eso era imposible, a partir del día siguiente se argumentaba que cómo no se había hecho antes. Un proceso de corrupción institucional y de la verdad absolutamente repugnante, dirigido sin escrúpulo alguno desde la presidencia del gobierno, secundado al unísono por todo aquel que quisiera mantener un cargo público en el nuevo ejecutivo y coreado sin escrúpulo alguno por muchos que, en la órbita del gobierno, pasaron de defender con ardor la negativa a conceder semejante medida a justificarla con vehemencia por el mero hecho de que a una sola persona le convenía que se produjera. La destrucción de capital social y prestigio que se produjo en aquellos momentos fue enorme, irreparable. Contemplar el arrastramiento de no una o dos, sino tantas opiniones por el mero hecho de congratularse con el poder que les garantizaba una posición cómoda, sin el más mínimo rubor ante la traición a la ley, a la verdad y a la realidad que estaban realizando… Ese ha sido el mayor acto de corrupción de esta no legislatura. El resto, casi todo lo demás, sólo es robo protagonizado por vulgares ladrones.

Ayer, mientras en Luxemburgo se leía una sentencia injusta, es muy probable que en el Kremlin en otros despachos muy decorados se brindase con alborozo, y se riera con ganas ante la demostrada estupidez de una UE que no ha sabido, querido o podido, no se cuál de las tres opciones es peor, enfrentarse a un movimiento que atacaba sus bases institucionales, jurídicas a ideológicas, todo ello enmascarado en una presunta revuelta popular. Los sediciosos no actuaron solos, y muchos de ellos y los que les apoyaron pueden acabar inmunes, mientras que los que defendieron la libertad de todos y actuaron de parte de la ley sólo han obtenido desprecios, empezando por los emanados de sus mayores superiores. Tristeza inmensa.

jueves, julio 16, 2026

Bajan las ventas de pisos

Los últimos datos publicados de venta de pisos muestran que el mercado se frena. Las compras bajan respecto a meses anteriores y se empieza a notar un tiempo de espera creciente en las operaciones. Ya no te quitan el piso de las manos, o al menos no existe esa urgencia desaforada que hasta hace poco convertía las compras en casi subastas al mejor postor realizadas en plazos récord. El vendedor empieza a no tener todas las cartas en su mano y el comprador, angustiado, renuncia, por lo que las transacciones no se hacen a toda velocidad. Parece que, esta vez sí, hemos tocado un techo en el mercado.

Ese techo se alcanza en las zonas en las que la demanda es fuerte, léase grandes capitales, costa y demás. En muchas otras zonas del interior peninsular las compraventas siguen bastante lánguidas, aunque se ha notado la expansión de mercados como el madrileño, que incapaz de satisfacer la demanda propia, expulsa a residentes cada vez más lejos de la ciudad en busca de precios asequibles a costa de traslados cada vez más largos y costosos. Este freno al mercado inmobiliario se da en medio de una coyuntura económica complicada, con costes energéticos que no se disparan pero, dadas las incertidumbres en Ormuz, no bajan como debieran, y una inflación que ataca al bolsillo del consumidor en su día a día, dejándole menos margen disponible para el ahorro y aún menos para aventuras financieras como es la compra de un piso. El coste de la financiación hipotecaria tampoco afloja. El euríbor, en media mensual, está en lo que llevamos de julio en el 2,77%, un pelín por debajo de su cierre de junio, que fue 2,8% pero bastante caro si lo comparamos con el 2,2% de febrero, el último mes anterior a la guerra de Irán. A partir de ahí los tipos remontan y la financiación se encarece. Esto, evidentemente, es un freno a la demanda, que, hasta ahora, por lo menos, “sólo” tenía como enemigo los precios disparados, pero al menos en las entidades financieras las condiciones para solicitar hipotecas eran relativamente laxas. Desde hace unos meses ya no es así, y sean a tipo variable, mixto o fijo, el coste de la compra se ha encarecido también por esa vía. Puede que esta haya sido la puntilla a un mercado que ya estaba demasiado tensionado y, en opinión de todos, no podía seguir con esa fuerza mucho más tiempo. Quizás la subida de tipos ha adelantado la formación de un techo que pudiera haberse alcanzado a finales de año si la dinámica de subidas de precios de los pisos se hubiera mantenido. Todo este análisis esconde una realidad bastante cruel, porque la demanda de vivienda sigue estando ahí, enorme, dada la formación de hogares y el ritmo de crecimiento de la población del país, fruto en gran parte de la llegada de inmigrantes. El que los precios se estanquen y las transacciones bajen no quiere decir que la demanda haya dejado de existir, no, simplemente señala que la capacidad de compra de esa demanda no da más de sí, y que si no puede adquirir la vivienda que necesita renuncia a ello y busca alternativas como la de compartir el piso alquilado con cada vez más gente, o volver a casa de los padres, u otro tipo de soluciones similares que no son sino parches ante un problema irresoluble, no llegar al precio requerido para poder comprar. Por su parte, los datos de oferta siguen siendo rácanos, tanto en nueva vivienda como en segunda mano. Los procesos que se hacen de conversión de edificios de oficinas a residenciales son muy escasos y, en general, asociados a viviendas de lujo, segmento inmobiliario en el que no jugamos la inmensa mayoría de los ciudadanos. Las licencias de obra nueva se siguen concediendo a cuentagotas en medio de una burocracia exasperante y el mercado de segunda mano va como va. El cuello de botella de la oferta se mantiene.

¿Qué va a pasar en los próximos meses? No lo se. Si el techo se prolonga habrá muchos vendedores que puedan esperar y mantener precios altos, pero algunos empezarán a sentir presión por deshacerse del inmueble y optarán por comenzar a bajar sus peticiones, pero ese es un proceso que, si se da, deberá ser ratificado por bastante más que una serie de anuncios donde se publicita una rebaja. Si la inestabilidad económica global se mantiene es probable que el mercado entre en una fase de estancamiento, con goteos a la baja y pérdida de dinamismo. Con las vacaciones de verano casi a pleno rendimiento, será en otoño cuando podamos saber con más certeza qué rumbo toman las cosas.

miércoles, julio 15, 2026

La crisis de Volkswagen como síntoma

El viernes pasado, tras varios días de especulaciones, la empresa alemana Volkswagen hizo púbico su plan de reestructuración, que en grandes líneas confirmaba lo que se estaba comentando en los mentideros especializados del sector. En esencia, una jibarización de la compañía, una reducción. Menos empleos, con bajas que pueden llegar a los 100.000 despidos en todo el mundo, menos producción, con reducciones desde los doce millones de vehículos producidos en la actualidad hasta nueve, y menos gama, con una cancelación de casi la mitad de las tipologías que actualmente se fabrican. Volkswagen se achata para tratar de sobrevivir.

Hasta hace poco, y durante varios años, Volkswagen ha sido el mayor productor mundial de vehículos. Poseedor de marcas como la de la propia empresa, SEAT, Audi, Cupra, SKODA, Porsche y otras, su producción y ventas son globales, y ha sido referente en el mundo de la automoción por calidad y diseño, aunando la marca de “ingeniería alemana” a unos precios asequibles frente a firmas germanas de más estatus como BMW o Mercedes. Hace ya algunos años perdió el trono de la mayor productora frente a Toyota, la japonesa, que encontró en la hibridación la piedra angular que le permitió despegar en los mercados occidentales a medida que las restricciones con las emisiones contaminantes empezaban a ponerse serias. Desde entonces las marcas asiáticas han ido ganando cuota de mercado sin cesar en el mundo, perdiéndolo las norteamericanas, reducidas casi al nicho de su país (con la excepción de Tesla), y las europeas, los gigantes globales que ven cada día como su trono se derrumba. Tras la irrupción de los japoneses, con la mencionada Toyota, Nissan o Suzuki como abanderadas llegó la de los vehículos coreanos, con una primera entrada de Daewoo, que no llegó a consolidarse, y con la implantación de Kia y Hunday, marcas que esconden detrás inmensos conglomerados industriales que son líderes en temas como el naval, la elaboración de componentes para la industria extractiva, el refino y muchas cosas más. Las marcas coreanas han ido ganando en fiabilidad y diseño de una manera constante y ahora mismo sus modelos son tan apetecibles como cualquiera de los europeos. Los últimos en llegar al mercado han sido los chinos, pero no por ser los últimos son precisamente los menos importantes. Justo lo contrario. Con una enorme cantidad de marcas, muchas de las cuales sigo sin reconocer, la capacidad productiva de las empresas chinas y su salto a la electrificación sin complejos, junto a las subvencione que su omnipotente gobierno les ha concedido, todo ello les ha llevado a pasar de ser anecdóticas a posicionarse como las que más crecen en todos los mercados. El mes pasado, por primera vez, una marca china, BYD, vendió en el conjunto de la UE+UK+Noruega más vehículos que Citröen, una de las más clásicas europeas. Las marcas chinas operan tanto mediante enseñas propias (BYD, Jaecco, Omoda, etc) como a través de las adquisiciones que han hecho en Europa de industrias automovilísticas en crisis, de tal manera que los Ebro, MG, Volvo o Polestar que usted ve por la calle pueden tener un sello europeo y haber sido diseñados aquí, pero esconden tecnología, fabricación e ingresos chinos. Ahora mismo en España las marcas chinas ya se han hecho con una cuota de mercado global que ronda el 10% y tiene pinta de que van a ir a más. Para los conglomerados europeos clásicos, como los franceses Renault o el grupo Stellantis (Peugeot, Citröen, Fiat, Opel…) o los alemanes ya mencionados, en un mercado maduro como el europeo, el ascenso de marcas chinas supone en gran medida una pérdida de los fabricantes locales. Las decisiones anunciadas por Volkswagen responden a esta pérdida progresiva de mercado.

Si un gigante como el alemán toma medidas de este tipo puede uno imaginarse lo seria que es la situación en el sector, un sector que genera un arrastre de inversiones y empleo enormes, porque a las plantas de producción de coches debemos añadirle las miles y miles de empresas que fabrican componentes auxiliares para ell.as de tipo mecánico, plástico, tecnológico, informático, etc. Todo un ecosistema que se tambalea ante el empuje de las marcas chinas y la revolución tecnológica que empieza a transformar el coche a una especie de Tablet con ruedas en la que la batería y la tecnología son lo más importante, perdiendo la mecánica importancia a pasos agigantados. Es toda una revolución.

martes, julio 14, 2026

Cómo afrontar la extinción

Ver el paisaje desolado que deja un incendio es una de las experiencias más duras que se pueden experimentar, y más aún si es el entorno que ha protagonizado la vida de quienes lo contemplan. No hay peor catástrofe natural que un incendio forestal, ninguna deja secuelas más extensas y persistentes, ninguna duele como él. Pese a ello, año a año, gracias a la fatalidad, la desidia y los desalmados, miles de hectáreas arden en nuestro país, y en los demás, y el daño que producen se extiende, retroalimentando las emisiones de CO2 y dejando un rastro de destrucción y pérdidas, materiales siempre, en ocasiones de vidas, que ya no verán nada.

Me da la sensación de que, a medida que la virulencia de los incendios crece en medio de los veranos intensos y extensos que vivimos, la técnica que se enfrenta a ellos empieza a no ser suficiente. Se ven ejemplos constantes de grandes fuegos, en España, en Francia, en EEUU, en Canadá, donde los frentes de llama son amplísimos y las condiciones meteorológicas que provocan, con pirocúmulos asociados, se convierten en sí mismas en peligros para el entorno y todos los que se encuentran cerca, además de contribuir a la propagación despiadada de las llamas. O se actúa muy rápido, nada más comenzar el fuego, o muchos de ellos alcanzan rápidamente una dinámica que los vuelve incontrolables. La inversión en medios para apagarlos no deja de crecer, en forma de aviones, camiones motobombas y, en el caso particular de España, todo lo relacionado con la UME y su trascendental papel en esta labor de apagadores, pero no parece ser suficiente. Los expertos ven como las dimensiones del enemigo no dejan de crecer y, en muchos casos, la seguridad de los que trabajan en la extinción exige la propia retirada de su presencia ante el avance de unas llamas que pueden llegar a acorralarlos. En el incendio de Almería la superficie calcinada es elevada, 6.000 hectáreas, pero poco de ese terreno era arbolado, la mayor parte consistía en matojos, brezo, monte bajo, que espoleado por el viento desatado se convertía en yesca que hacía avanzar las llamas a una velocidad de vértigo. Sumado a eso una orografía endiablada y la dispersión de las viviendas, la receta para el desastre estaba servida, pero no ha sido un incendio como los devastadores de Zamora, León o Galicia del año pasado, de enormes masas forestales desatadas. En Almería el gran enemigo de la extinción ha sido el viento, con la orografía. El año pasado eran las dimensiones del propio fuego las que impedían atacarlo con opciones. Era demasiado grande, demasiado virulento. Con temperaturas asfixiantes y sin tregua no había mucho que hacer. Gran parte de la carga de agua que los aviones soltaban desde sus panzas se evaporaba antes de alcanzar las llamas, como si fueran virgas, y la desesperación era evidente entre todos los que trataban de combatir el incendio. ¿Cómo atacar a un fenómeno así? Si la meteorología no ayuda, ¿es posible vencerlo? Empiezo a sospechar que, a día de hoy, la respuesta es negativa, y eso nos pone ante un dilema difícil de asumir, que es el riesgo real de que alguno de estos incendios acabe por crear un enorme problema social y vital, en forma no ya de aldeas quemadas, sino de localidades de entidad atacadas y asediadas por unas llamas que no puedan frenarse. En enero del año pasado pudimos ver barrios enteros de la ciudad de Los Ángeles devorados por las llamas, que alentadas por los vientos de Santa Ana, corrían sin freno. Urbanizaciones de todo tipo, desde las residenciales de clase media hasta algunas de millonarios, sucumbían a un incendio que era imparable, y que no hubo manera de controlar hasta que los vientos aflojaron. Para entonces, cientos, miles de viviendas quedaron arrasadas, y barrios enteros del extrarradio de la ciudad se convirtieron en cenizas y ruina. El espectáculo era aterrador, y distópico, y generaba tanto miedo como impotencia. ¿Cómo frenar estos fenómenos?

Tras una desgracia de este tipo se reiteran los llamamientos políticos a pactos, que se olvidan pasados los días, pactos que se centran en contenidos políticos, pero que eluden la cuestión técnica de cómo afrontar algo para lo que empezamos a no estar preparados. Los veranos abrasantes y extensos pueden ser una “nueva normalidad” frente a la que el entorno forestal, abandonado, no sea capaz de sobrevivir de manera natural. Olvídense de eso de las políticas preventivas, estamos en España, tierra de procastinación perpetua. Urge pensar algo, inventar métodos, técnicas, soluciones, compuestos, ingeniería aplicada, lo que sea, para poder atacar a esos fuegos de manera más efectiva. Y lo de urgir va en serio.

lunes, julio 13, 2026

La destrucción de RTVE

Siempre, cuando uno ve RTVE, sabe que es la tele o radio del gobierno, y eso obliga a poner una especie de filtro, para destilar la información real de la que está teñida de propaganda. Con el paso de los años uno le va cogiendo el truco, porque la manipulación, que siempre existe, es menos intensa que en las televisiones regionales, vulgares cortijos que sólo están para loar al líder autonómico. No se quién puede ver un informativo en, pongamos, Telemadrid o ETB y acabar sano de la cabeza, sin tener ganas instantáneas de que se convoquen elecciones para votar a manos llenas a la presidenta Ayuso o al Lehendakari Pradales, que tan buenos son.

Sánchez, que en esto también ha querido ser único, consideró que no le bastaba una tele nacional progubernamental, no, sino que necesitaba un altavoz de propagan cutre al nivel de las autonómicas y, ni corto ni perezoso, a convertido a RTVE en una de las peores cadenas de televisión imaginables, en la que la propaganda sale hasta por las orejas, en la que los bulos diseminados por Moncloa son los que forman la escaleta de los informativos y presuntas tertulias, convertidas en versión política del Sálvame basura que también intentó resucitar, llenan la parrilla mañana tarde y noche, en un ejercicio continuo por parte de lo que se llama la “sincronizada”, el conjunto de personas a sueldo del gobierno que se hacen pasar por periodistas para ser constante altavoz de las directrices de Sánchez y los suyos. El día después de la desgraciada DANA de Valencia, a nadie con mando en este país le interesaban los muertos y el desastre, a Sánchez tampoco. En medio de la conmoción, se las arregló para sacar en el Congreso una reforma del sistema de nombramiento de la presidencia de la corporación RTVE, de tal manera que tenía manos libres para hacer lo que quisiera. A partir de ahí se nombró un nuevo Consejo de Administración con mayoría absoluta de vocales afines al gobierno y sus apoyos, presidido por José Pablo López, personaje curioso que ha mostrado ser el mejor mercenario de quien esté dispuesto a pagarle las exorbitantes cantidades que reclama. A partir de ahí la degeneración de la casa ha sido total, los programas con argumentarios monclovitas se han hecho con las partes gruesas de la parrilla y han controlado los informativos, que han pasado en buena parte a ser publirreportajes de lo que dicta cada mañana Moncloa que debe ser la actualidad. Los profesionales de la casa han ido viendo como la usurpación del ente ha llegado hasta unos límites que ningún gobierno llegó a traspasar, y se han empezado a producir movilizaciones, más en el área de RNE, que lleva semanas de “viernes negros” famosos en la época del gobierno del PP, ninguneados por completo en la actualidad por parte de la dirigencia del ente. El consejo de informativos de TVE; organismo interno que lleva años de trabajo y prestigio denunciando las injerencias de los gobiernos en la redacción de noticias de la casa, ha ido elevando sus acusaciones ante lo que considera la época más negra de la historia de la cadena, con constantes presiones y una usurpación absoluta de la marca informativa de TVE por productoras externas que, con contactos en el gobierno, desarrollan esas tertulias basura constantes que “venden” información pero que no son sino burdos ejercicios de propaganda llenos de zafiedades. La respuesta de la gerencia de RTVE ha sido la de ir a por el consejo de informativos, expedientando a varios de sus componentes y dejando claro que todo aquel que se oponga a las líneas que se dictan desde Moncloa será represaliado. Debe haber un ambiente muy tóxico en los pasillos del ente, con bandos enfrentados, en una casa que, normalmente, ha tendido a ser pro PSOE, pero que nunca se ha visto maltratada de la manera en que lo está siendo en estos tiempos. Ni los propios soñaron jamás con un nivel de falsedad tan elevado como el que se dicta a cada hora desde una marca que ya ha perdido todo su prestigio para quienes consideran el periodismo una profesión, no una mera excusa para el desarrollo del activismo militante.

El triste episodio sucedido este fin de semana en uno de esas basuras de pseudotertulias, presentado por alguien que no llegaría ni a primero de periodismo, pero que no lo necesita para ser altavoz de quien le paga la nómina, no es sino una muestra más de la degeneración de una empresa, que hace tiempo que dejó de tener el servicio público en mente. RTVE es ahora mismo una basura equivalente a cualquiera de las patéticas televisiones autonómicas, con la diferencia de su influencia y disparatado coste, pagado por cada uno de nosotros mediante los impuestos. Eso también es corrupción. La decadencia del periodismo, su crisis absoluta, tiene en España, y en RTVE, uno de los mayores exponentes.

viernes, julio 10, 2026

Tragedia en el incendio de Los Gallardos

Esta noche se ha producido una tragedia en la comarca almeriense de Los Gallardos, por culpa del incendio forestal que se desató ayer por la tarde. Parece que, causado por la caída de un tendido eléctrico, y avivadas por el intenso viento, las llamas han corrido de manera caótica por un paraje en el que hay muchas casas de campo habitadas. Los fallecidos serían residentes que cogieron sus coches para huir del incendio y fueron atrapados en caminos rurales por zonas de incendio que cambiaban de curso a medida que el viento los zarandeaba. A esta hora de la mañana las llamas siguen descontroladas y son once los fallecidos confirmados.

Los medios de extinción trabajaban desde ayer en la zona del fuego y esta noche eran más de mil las personas desalojadas que, de manera controlada, habían abandonado sus hogares para buscar refugio, pero evidentemente la situación fue más grave de lo que los equipos presentes podían afrontar y la diseminación de la población en casas de campo sueltas ha contribuido a que el desastre se produzca. En este caso ha sido el maldito viento el que ha traicionado a los profesionales y a los residentes. Por lo que se cuenta, la virulencia del fuego no es extraordinaria, pero esas rachas intensas y cambiantes no dejan de extenderlo de una manera caótica, imposible de prever, que cambia de dirección a cada golpe de un viento caprichoso que no da tregua, y todo en un paraje agreste, lleno de recovecos donde el viento se comporta de una manera mucho más brusca y cambiante si cabe. Va a costar mucho llegar a las zonas en las que se ha dado la tragedia y ver lo que ha pasado, pero a escala, esto es lo que ha sucedido más de una vez en Portugal, donde desgraciadamente no son raros los casos de ciudadanos que huyen con sus vehículos de asentamientos rurales dispersos y fallecen al ser atrapados en caminos que eran seguros antes de convertirse en trampas infranqueables. Recuerdo un verano de no hace muchos años en el que la escena de vehículos carbonizados en medio de una carretera rural rodeados de lo que, creo, eran pinares ennegrecidos, resultaba sobrecogedora, y más sabiendo el elevado número de personas que viajaban en ese convoy de coches que fue atrapado y no tuvieron posibilidad alguna de escapar con vida de allí. En España los protocolos de desalojo de municipios se han mejorado mucho, y se llevan a cabo cuando los riesgos ya se consideran suficientes para la población, sin esperar a que la situación se vuelva extrema. En no pocas ocasiones estos desalojos cuentan con la oposición de los vecinos, cosa que puede parecer extraña a primera vista, pero no lo es tanto. En muchos casos estamos hablando de poblaciones rurales en las que los residentes conviven con su paisaje de una manera que se puede hacer difícil de entender para más de uno, que acrecen de muchos medios más allá de las propiedades residenciales y agrarias en las que viven, y que huir de allí es desubicarles por completo de su entorno, de donde y de lo que son. Al instinto del miedo ante el fuego puede, por no poco tiempo, vencer el de conservación de lo propio, y el intento de luchar contra las llamas, y ahí se puede perder un tiempo precioso. El incendio puede comportarse con una virulencia o impredecibilidad que deja sin respuesta hasta al más profesional, también al que mejor conoce el terreno, y el tiempo que se pierde desde que se pudo huir cuando la llama se intuía al que transcurre hasta que se admite la derrota ante el fuego puede ser vital. Es fácil decirlo sentado en una mesa de oficina, ya lo se, pero si las llamas se acercan a su finca lo mejor que pueden hacer, haya profesionales cerca o no, es huir, escaparse, tratar de salvar la vida. Es una mierda perderlo todo, pero es irremediable perder la vida.

Durante todo el día los servicios de extinción van a estar trabajando en la zona afectada por el fuego, y contra el resto de incendios que se desarrollan en España en estos momentos, a sabiendas de que en la zona mediterránea el calor no va a dar tregua y el viento se irá intensificando a medida que avance el día. Los 40 grados que se registran en gran parte del país no ayudan nada, se lo imaginan, para controlar incendio alguno, y aunque hoy se ha acabado la segunda ola de calor del verano, la fechada de levante y Baleares puede vivir la semana que viene un episodio de temperaturas muy altas que disparará todos los riesgos imaginables. Mucha prudencia, mucho cuidado, y no se lo piensen. Huyan antes de que sea demasiado tarde si el maldito incendio se les acerca.

jueves, julio 09, 2026

Ahora bombardeo, ahora no, ahora sí….

La conclusión casi unánime de todos los expertos es que el resultado de la guerra de elección de EEUU contra Irán ha resultado ser un fracaso para los intereses norteamericanos y, en general, para la imagen de su ejército. Un ejercicio de respuesta asimétrico por parte de Irán, el estrangulamiento de Ormuz y con ello del suministro de crudo y el desprecio absoluto del régimen iraní a las posibles bajas propias logró que los ataques aéreos de EEUU no doblegaran a la dictadura islamista como algunos ingenuos esperaban, sino que se consolidara el poder duro al frente de la nación. Y todo ello con los países del golfo siendo dañados por ataques iraníes y no protegidos por EEUU, en un papel de aliado completamente incomprensible.

Trump acabó casi suplicando la paz con Irán a medida que las reservas de crudo nacionales se agostaban, el barril no bajaba de los 100$ y el galón de gasolina llegaba a los 4 dólares, lo que para el consumidor norteamericano es carísimo (y eso que un galón son 3,78 litros). Pues nada, tras una serie de incidentes menores que han ido escalando poco a poco, ayer Trump, en la cumbre de la OTAN, se ciscó en los iraníes, a los que llamó escoria en varios momentos, y dijo que el memorándum de paz firmado en Versalles era papel mojado, que se iban a enterar y que bombardearía duro para que bla bla bla bla. Sus palabras tuvieron efecto inmediato en la cotización del petróleo, que subió un 7%, y en las caídas de las bolsas europeas, que arrastraron en un principio a los índices de EEUU, pero que luego estos lograron mitigar en un cierre en rojo pero con poca pérdida. A la noche, hora española, Trump reiteraba que iba a golpear Irán, pero ya descartaba que se reabriese la guerra en el sentido estricto, diciendo que esto que iba a hacer era una advertencia para que tomasen nota y no volvieran a causar más incidentes. Si uno juntaba las declaraciones de la mañana con las de la tarde le salía un personaje paródico, que se autocontradecía, que decía una cosa y la otra a la vez, con el que uno no sabe con que quedarse y que, de no ser alguien con el poder de Trump, lo consideraría como un vulgar payaso al que no se le debe hacer caso alguno en la sarta de tonterías que suelta sin cesar. Pero claro, Trump ocupa una posición en la que, si le entra un arrebato, hay un portaviones repleto de misiles y cazas de guerra que responden al poco, por lo que debe sus palabras deben ser tenidas en cuenta. En general, la devaluación de la palabra de Trump es ya muy elevada, han sido tantas veces las que ha dicho una cosa, su contraria y algunas versiones intermedias en tan corto plazo de tiempo que hace imposible mantener una cierta credibilidad respecto a sus intenciones reales. De hecho, se considera que carece de intenciones, de estrategia a largo plazo, por así decirlo. Su narcisismo descontrolado le impulsa a vivir el día a día y, como si fuera un niño, disfrutar en la nueva jornada de un nuevo juguete para su regocijo. Si consigue el juguete se ríe y aplaca. Es, a escala, el comportamiento que las crónicas clásicas otorgan a Calígula o Nerón, sujetos pueriles, volátiles, obsesos con sí mismos, que desean caprichos instantáneos y que, como ocupan la más alta posición del poder en su tiempo, obtienen dado que el resto de los mortales se desviven para proporcionárselos. En el caso de la corte de Washington el número de pelotas pusilánimes que rodean a Trump para agasajarlo es enorme. Pierden toda la dignidad y vergüenza posible arrodillados por completo ante su líder, con la esperanza de que algo de su fortuna les llegue y solucione para siempre su vida, pero para los analistas, estrategas militares, diseñadores de políticas, encargados de logística, financieros de presupuestos y todo tipo de profesiones que viven de prever, de estimar escenarios y de una cierta previsibilidad en los acontecimientos, los bandazos de Trump son una pesadilla. ¿Cuál va a ser el precio del petróleo hoy? ¿Mañana? ¿Dentro de seis meses? Es casi más sencillo acertar con la lotería que tratar de responder a esas preguntas.

Por de pronto, hoy mismo, veremos a ver si los ataques norteamericanos son respondidos por represalias iraníes y si esta escalada va a más o se convierte en tormenta en un vaso de agua y se va diluyendo con el paso de las horas. Lo cierto es que la seguridad en la zona es totalmente aleatoria, y el flujo de buques y crudo en Ormuz es algo tan volátil como la propia gasolina cuando se expone al aire. Trump no nos va a dejar un día tranquilo hasta que se acabe su mandato, ese es el único hecho seguro. Bueno, también que cada día que lo ejerce destruye la imagen de su nación y la credibilidad global de los Estados Unidos, regidos desde hace más de un año por un iluminado y una corte de aduladores.

miércoles, julio 08, 2026

El fin de la OTAN

En el mejor de los escenarios previstos, el resto de líderes congregados en Ankara esperan que Trump aguante hoy de cuerpo presente hasta el final de la cumbre de la OTAN, pero no son pocos los que temen que lleve el desplante hasta el extremo de largarse antes de tiempo. Ya en días pasados el mandatario norteamericano afirmó que acudía al encuentro por el respeto que le tiene al anfitrión, otro de esos autoritarios y nada demócratas que tanto le gustan, y esas palabras eran en sí mismas una muestra de desprecio hacia el resto de dirigentes. No hace falta ser muy brillante para deducirlo, pero Trump, carente de filtros, no pierde oportunidad en dejarlo claro.

Durante sus intervenciones de ayer todo fueron malas palabras hacia los demás asistentes, gestos oscos, miradas de desprecio y sensación arrogante de superioridad para nada disimulada. Centró sus críticas especialmente en Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, ignorándonos al resto, ya que nos debe considerar como parte de Latinoamérica o similar. Su queja constante era que durante la fracasada guerra de Irán no ha podido usar las bases de utilización conjunta situadas en Europa porque los gobiernos nacionales no han dado permiso para ello. Pero no contento con esto, ayer volvió a sacar el espantajo de Groenlandia. Como me temía, mantiene sus obsesiones en este frente y el resto, sólo que la guerra con Irán ha supuesto un evidente tropezón en su marcha y le ha distraído tiempo y recursos. Ahora que parece que se ha aburrido del estrecho de Ormuz, no así los incidentes que se repiten allí sin cesar, vuelve a la carga con el tema de la gran isla de soberanía danesa, que considera debe pertenecer a EEUU por cuestiones estratégicas, y no se cortó ayer en lo más mínimo a la hora de redoblar sus exigencias en presencia de la primera ministra danesa, que debió quedarse con cara de circunstancias ante lo que escuchaba. Piensen un momento la escena. En la cumbre de una organización de países que buscan la seguridad mutua mediante el acuerdo de protegerse unos a otros, la nación más poderosa lanza amenazas nada veladas sobre una de las más pequeñas. Puede parecer absurdo, de hecho lo es, pero es lo que sucedió ayer delante de los medios de comunicación de todo el mundo. En principio la cumbre iba a servir para explicitar el incremento de gasto en defensa de todos los países miembros, y el compromiso europeo de aumentar sus capacidades de cara a un futuro en el que la responsabilidad de la seguridad del continente cada vez dependerá más de las propias naciones que lo conforman, pero todo eso quedó opacado por la actuación de un Trump desatado, sin filtro, sin cortapisa alguna. Quizás cabreado porque, pese a sus intentos, la selección de su país no ha podido clasificarse para la siguiente fase de la cosa esa de pegar patadas a un balón que se está desarrollando en EEUU, Trump decidió ciscarse en todo y en todos en un ejercicio definitorio de lo que es el abuso escolar. A medida que desgranaba agravios y exigencias las caras de los demás mandatarios y personal presente en la cumbre iban mudando de la sorpresa a la vergüenza colectiva, y es más que seguro que no faltarían gamas por parte de todos ellos de levantarse de la mesa y dar por terminada una reunión que no sirve para nada, pero no se produjo eso. Sólo el silencio, la pesadumbre y la sensación de que una era ha terminado, una puerta se cierra, una relación trasatlántica se ha quebrado y que nada volverá a ser igual con EEUU mientras Trump siga al frente del país. Los más espabilados saben que aunque Trump se vaya y las formas se dulcifiquen, el fondo seguirá quebrado, y que el vínculo occidental está naufragando a ojos vista de todo el planeta.

Sí, la OTAN ha muerto. Una organización de seguridad colectiva se basa en la confianza entre sus miembros y en la disuasión que la fuerza conjunta de todos ellos ofrece respecto a amenazas de terceros. Todo ese poder derivado de la unidad ha desaparecido, nadie se cree ya que EEUU acudirá a rescatar a, pongamos, un país del Báltico si sufre un ataque ruso. Es más, si Putin ofrece a Trump la gestión compartida de un puerto allí es incluso probable que EEUU participase conjuntamente en esa agresión. Paradojas de la historia, no ha sido el comunismo, el izquierdismo naif ni nada parecido lo que ha destruido la OTAN, no, sino la ceguera arrogante del ultranacionalismo norteamericano. Vivir para ver.

martes, julio 07, 2026

Demostración de fuerza de Irán

El régimen iraní ha decretado un duelo nacional durante seis días para celebrar las exequias del líder supremo Ali Jamenei, muerto al inicio de la guerra entre Irán y EEUU de marzo abril. No me pregunten en qué estado puede estar el cadáver del personaje, si en vida ya presentaba un aspecto propio de la muy avanzada edad con la que contaba. Lo cierto es que para honrar su muerte se ha previsto una serie de actos multitudinarios en Teherán y en la localidad de la que era natural, donde se espera que todo el mundo salga a la calle a honrarlo, y eso, más que una previsión, es una orden que muchos tendrán que cumplir.

Las imágenes que dejaba ayer Teherán eran impactantes, con mareas humanas llenando las avenidas de la ciudad en una concentración que varios medios elevan claramente por encima del millón de personas, y que es una cifra creíble viendo las escenas que se mostraban en la televisión. Más allá de que los iraníes hayan sido forzados a salir a manifestarse o no, la masa congregada es impactante, y no deja de ser un ejercicio de fuerza del régimen, que lejos de derrumbarse, se afianza en el poder, apoyado ahora en un sentimiento colectivo de martirologio y de exaltación nacionalista. Los daños que haya podido sufrir Irán durante esta guerra, probablemente intentos en infraestructuras y recursos militares, no han servido para derribar la dictadura teocrática que rige con mano firme los designios de esa nación desde muy finales de los setenta. Esas declaraciones grandilocuentes de Trump al inicio de los bombardeos alentando a la población oprimida del país a que se revele frente a la dictadura han quedado, como suele ser habitual en el personaje, en meras fanfarronadas sin sustento. El conflicto militar ha entrado en una situación de tregua inestable, pero sostenida, ya que el control por parte de Irán del estrecho de Ormuz se ha demostrado como una variable que le otorga a Teherán un poder sobre el precio del crudo que Washington no llegó a imaginar (bueno, siendo sincero, los ineptos que ahora gobiernan en Washington). Al régimen de los ayatolas le ha dado siempre igual la situación de los iraníes, menos aún la de las iraníes, que para ellos son poco más que vasijas reproductivas, por lo que las muertes causadas por los ataques norteamericanos no tienen efecto alguno. Si acaso sirven para cohesionar a la nación, ante el ataque cierto de un enemigo externo que se ha hecho realidad. La guerra ha hecho rebrotar el nacionalismo persa, algo que es compartido tanto por los jerarcas del régimen como por no pocos de sus opositores, que tienen a la nación iraní en el corazón, y los ataques perpetrados por EEUU e Israel han puesto de acuerdo a ambos bandos en la necesidad de defender al país de una injerencia que gran parte de la población no entendía, y menos aún a medida que el conflicto se desarrollaba. Desde las redes sociales el hijo del Sha Palevi, aspirante a volver a Irán tras un cambio de régimen que restaure su trono (esa es la idea de una de las facciones opositoras a los ayatolas) se mostró ilusionado con el inicio de los ataques norteamericanos, pero a medida que avanzaban las semanas y que la permanencia de la dictadura iraní iba siendo una variable fijada fuera cual fuese el resultado de los combates ha ido espaciando sus apariciones. Exiliado en EEUU, creyó a Trump cuando proclamó que la libertad llegaría a Teherán, y se ha visto tan frustrado como todos los demás con el resultado de la guerra. El mensaje de la concentración masiva de estos días en el país también se dirige a la oposición interna. Es una manera de advertir, de gritar “ni se os ocurra hacer algo” porque hay huestes de fieles al régimen, que no ha caído, que ahí siguen actuando de manera represora en su nombre, y tras lo sucedido es probable que la severidad de las condenas ante cualquier acto considerado opositor, lejos de aliviarse, se endurezcan sin cesar. La pena de muerte se dispensa en Irán con una facilidad pasmosa.

De quien sigue sin saberse nada es del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, del que se han escuchado algunos audios, a saber si son ciertos o no, pero ninguna imagen en vídeo desde que fuera nombrado sustituto de su padre. Quién sabe, quizás ni siquiera esté vivo, pero eso al régimen puede que ya no le importe mucho. Una de las derivadas de la guerra es el ascenso en la pirámide del poder de la guardia revolucionaria, la facción militar, que ahora es mucho más poderosa que la islamista. La dictadura sigue, pero ahora quizás más controlada por militares clásicos que por clérigos, que pueden ser paseados, pero teniendo claro que los de los fusiles son los que controlan la situación. Hoy Irán y su población está peor que antes de la guerra, y mira que era difícil, pero así es.

lunes, julio 06, 2026

Venezuela es una ruina

Transcurrida ya más de una semana desde que tuvo lugar el terremoto de Venezuela, aún es posible la existencia de milagros en forma de supervivientes rescatados bajo los escombros, pero las probabilidades son ya mínimas. Sólo aquellos que hayan sido localizados por los rescatistas y se les haya podido aprovisionar con agua pueden aguantar el tiempo necesario para que, tras el desescombro, sean rescatados con vida. El resto, o ya han fallecido o agonizan. Muchos de los voluntarios llegados de todo el mundo para auxiliar a las víctimas ya dejan el país ante la imposibilidad de nuevos rescates, y la tragedia empieza a perder puestos en el ranking informativo global.

Si Venezuela era ya una nación torturada por la opresión de su régimen, esta aleatoria catástrofe natural supone su ruina en el sentido literal del término. Antes sólo estaba arruinada, ahora el paisaje de escombros se repite por numerosas localidades del país. Como suele suceder en estas ocasiones, los gobiernos se ven superados por los acontecimientos, pero si en el caso de una democracia esto es grave, en una dictadura como la que se gestiona desde Caracas las consecuencias para la ciudadanía son insoportables. La incompetencia, la falta de recursos, de medios, de todo lo imaginable para rescatar o aliviar los daños personales aparecen con la mayor de las crudezas, porque el régimen chavista es muy bueno reprimiendo, por la cuenta que le trae para seguir en el poder, pero es la necedad absoluta en todo lo demás. Si en las coyunturas normales la gestión chavista ha sido capaz de hundir la economía venezolana hasta unos límites propios de la miseria más extrema, ni les cuento lo que va a pasar a partir de ahora. Privado de recursos y capacidad, el régimen tratará de cubrir con propaganda los desconchados y hacer creer a los propios que lo sucedido es poco más que una fatalidad, pero que en ningún caso es excusa para denunciar la corrupción que todo lo llena o la mera incompetencia. Por si fuera poco, el proceso de tutela que vive el país, sometido a los designios de Trump, no ayuda para nada. Al poco de producirse el seísmo se lanzaron declaraciones de apoyo desde la Casa blanca y se anunció el envío de material pesado y equipos especializados, pero la impresión de los que se encuentran sobre el terreno es que la ayuda norteamericana no se ve en abundancia. Algo hay, pero ni mucho menos de manera masiva. Conociendo los intereses de los que rigen la nación norteamericana es probable que su interés se mantenga puesto únicamente en las zonas extractoras de petróleo, situadas en una región bastante alejada de las que han sido más afectadas por el temblor. Si no se han producido daños importantes en las instalaciones petroleras del país es casi seguro que la administración Trump haya perdido todo interés en lo que hace a rescates y ayuda humanitaria, por lo que se mantendrá al margen y solo moverá un dedo para apuntalar al régimen. Si hay movimientos opositores de damnificados, que se ven, con toda la razón, abandonados a su suerte, es casi seguro que las fuerzas represoras manadas por Delcy y compañía sí que les respondan con la contundencia habitual y, de necesitarlo, contarán con todo el apoyo por parte de los norteamericanos. Las últimas noticias conocidas en las que EEUU actúa en contra del posible regreso de Marina Corina Machado a su país, en medio de la debacle, deja bien claro cuáles son las intenciones reales del régimen y de las fuerzas que lo controlan. Si los demócratas venezolanos esperan que de las ruinas de Caracas o la Guaira surja algún tipo de alternativa política al régimen, ya pueden ir perdiendo toda esperanza. Delcy es una buena lacaya de los intereses trumpistas, y si antes no se conmovía por la suerte de los suyos, ahora tampoco.

¿Qué esperar a partir de ahora? No lo se, pero las cifras de muertos y damnificados, que serán mucho más altas que las oficiales, abocan al país a una situación de desastre difícil de imaginar. Si la pobreza ya estaba generalizada, y la violencia urbana era un mal endémico, ahora a todo eso se le une un nivel de destrucción difícil de imaginar. La falta de recursos para reconstruir lo dañado aboca a miles de personas a malvivir en medio de un escenario de ruinas que pueden perpetuarse años y años. Quizás el terremoto sea el paso que lleve a Venezuela a “cubanizarse” a entrar en el más profundo escalón de la pobreza. Ojalá no sea así, pero pinta muy muy mal.

viernes, julio 03, 2026

250 años de EEUU

Mañana EEUU cumple 250 años, pocos países pueden decir que tienen una fecha de fundación dada, fija, y plasmada, en este caso en la famosa declaración de independencia de 1776. Una muestra de que la historia es impredecible es que nadie hubiera apostado en esas fechas, ni en muchas posteriores, a que esas trece colonias que se desgajaron de la corona británica iban a acabar siendo la nación más poderosa del mundo un par de siglos después y, depende de cómo lo veamos, la más poderosa que ha existido jamás en la Tierra. Con sus luces y sombras, EEUU tiene algo que celebrar mañana, y el objetivo de mantener lo logrado.

Precisamente llega este cumpleaños tan redondo en uno de los momentos más convulsos de la historia reciente del país. Hasta ahora, con aciertos y errores, era una nación que tenía clara su unidad y destino compartido, y también el papel que le correspondía en un mundo hecho, en parte, a imagen y semejanza de sus valores, al servicio de sus intereses. Desde la primera presidencia de Trump es evidente que ha nacido una división en el seno de la sociedad de aquella nación sobre cómo se ve a sí misma. A los europeos esto no nos suena raro, porque nuestros países han estado atravesados por conflictos civiles entre facciones que han tratado de hacerse con el conjunto de la nación desde premisas muy particulares, pero para los norteamericanos esto es nuevo. La unidad interna, el patrioterismo orgulloso que ellos exhiben, no pocas veces caricaturizado desde este lado del mundo, ha sido una de sus mayores fortalezas, y eso empieza a resquebrajarse. Hay una división profunda y creciente entre unos norteamericanos y otros, unos que ven a su nación de una forma radicalmente distinta a la que la contemplan los de enfrente, con una divergencia en las posturas que empieza a quebrar estructuras sociales en las que la política debe ser ajena. Eso es un peligro para toda sociedad, porque esa semilla de división, una vez que germina, resulta mucho más difícil de erradicar que cualquier otra cosa. La segunda presidencia de Trump no está haciendo sino ahondar en este problema, empezando por cuestionar las bases del sistema político de la nación, que ha soportado un cuarto de siglo de andadura sin haber sido jamás derribado por golpes civiles, militares o de otro tipo. Resulta cruel ver como desde naciones como la nuestra, con una experiencia democrática infantil, se pontifican lecciones hacia EEUU sobre cómo no perder la libertad. ¿Exime esto de riesgos a Norteamérica? No, ni mucho menos. Es difícil que suceda, pero también era difícil pensar que desde la presidencia de aquel país se desarrollara un programa de destrucción sistemática de los contrapesos y las costumbres legales que llevaban asentadas tanto y tanto tiempo. La disrupción que se ejecuta cada día desde el despacho oval por parte del populista naranja es asombrosa, pero también una advertencia de que EEUU no es inmune al virus de la degradación que tan bien conocemos los europeos y que, en el pasado, afectó a imperios y naciones que también se creyeron inmunes, bendecidas por los dioses, y elevadas a un rango más allá de la historia. El engreimiento es un camino seguro al fracaso, y no es fácil hacer ver a una potencia de las dimensiones de EEUU de los peligros a los que puede llevar una política populista ejercida desde sus propias instituciones. Para los que siempre hemos admirado a los padres fundadores de aquella nación, a los que pensamos que Franklin, Jefferson o Washington tuvieron la visión de crear una estructura política superior a todo lo conocido, la menos mala de las existentes, a los que creemos que presidentes como Lincoln o Roosevelt han encarnado lo mejor de eso que llamamos occidente, contemplar la deriva actual de EEUU nos duele, nos apena y, desde luego, nos preocupa. No podemos vivir en el mundo de hoy sin el papel que EEUU está destinado a cumplir en él.

Una muestra de la división del país es que gran parte de los actos previstos para este fin de semana se han suspendido porque Trump los ha querido patrimonializar para convertirlos en loas a su persona. Festivales de música que se iban a celebrar en Washington han visto como las estrellas de sus carteles se han caído a medida que el presidente iba convirtiendo lo que estaba previsto que fuera un homenaje a la historia de la nación en un mero acto de propaganda MAGA a su más absoluto beneficio. Este es el camino que acaba destruyendo consensos, generando rencillas profundas y debilitando a las sociedades. Sí, también las puede llevar a su enfrentamiento.

jueves, julio 02, 2026

Calor y errores europeos

Hay un debate que me asombra en gran parte de Europa, tras la ola de calor de la semana pasada, sobre la instalación o no de aires acondicionados en los hogares y distintas instalaciones colectivas. Existe un movimiento de pensadores y prescriptores que abogan porque no se deben poner estos dispositivos por sus emisiones y el efecto de calentamiento global que generan, y recomiendan a la gente que debe concienciarse con el planeta, sacrificarse y renunciar a la falsa comodidad que supone el dispositivo de aire en aras de la sostenibilidad global. Como discurso queda bien pero como estrategia es, como poco, estúpida.

¿Cuántos de los que así opinan tienen aire acondicionado en sus casas? ¿Cuántos trabajan en oficinas o lugares en los que sí funciona el aire acondicionado? ¿Cuánto CO2 emite un dispositivo de aire acondicionado frente a los jets privado en los que viajan no pocos de estos prescriptores medioambientalistas? Si uno empieza a hacerse preguntas puede obtener respuestas incómodas, todas ellas unidas a un comportamiento tan hipócrita como clasista, que se basa en el mantenimiento de unos privilegios para unos pocos y la negación de una calidad de vida media para los millones y millones de personas que conforman la sociedad real. Pongamos una ciudad europea, capital, un París, Madrid o Londres. ¿Cómo se refrigeran millones, repito, millones de viviendas en medio de los 40 grados? La instalación de sistemas de ventilación y aire acondicionado es obligatoria si uno no quiere asistir a crisis sanitarias de graves consecuencias. ¿Cómo se mantiene la calidad de vida, no educativa, sino de vida, en aulas de colegios en los que se superan los 30 grados? Al igual que los centros educativos poseen sistemas de calefacción para que los críos y profesores no se congelen en invierno, deben contar con métodos de refrigeración que sean capaces de controlar las temperaturas que se alcancen en ellos. Clases en las que se alcanzan los 30 grados son insoportables, como dormitorios o cualquier otro tipo de estancia a esa temperatura, pero quienes dicen que el aire acondicionado recalienta el planeta y no se debe utilizar seguramente viven y trabajan siempre a unos veintipocos grados, sostenidos por sistemas de climatización más o menos eficientes. Sí, hay que seguir trabajando en la mejora de los aislamientos, en sistemas pasivos que permitan que los edificios existentes se comporten mejor ante los retos térmicos, hacia arriba o hacia abajo, y sean más ahorrativos. Debemos tratar de crear todas las superficies de sombra que sean posible en medio de plazas y calles que tienden a convertirse en acumuladores de calor, fruto de diseños muchas veces erróneos, pero el mensaje de que usted no debe tener aire mientras yo sí lo tengo es de una hipocresía tan cutre que sólo sirve para crear indignación social, cabero y hartazgo. El que pretende defender el medio ambiente, o cualquier otra causa, y usa como argumentario que son otros los que deben sacrificarse por ello en vez de él mismo está destruyendo el objetivo que dice perseguir, porque va a crear una animadversión social absoluta hacia él. La sociedad va a considerar como falso el problema que se dice combatir por parte del experto y va a hacer todo lo contrario. Me sigue asombrando cómo, cada día, se observan conductas de este tipo, estúpidas en el más profundo de los términos, en nuestros medios de comunicación, y más entre los que se proclaman más concienciados con el cambio climático. ¿A qué temperatura mantienen sus redacciones estos medios? Los despachos de sus gerentes y consejeros delegados, ¿se refrigeran por las plantas que están en los alféizares de las ventanas o por el aire que sale de los extractores que circulan sobre sus cabezas? Lo de a Dios rogando y con el mazo dando en versión climática.

Sí, las temperaturas van a subir, sí, es un fenómeno global, y sí, depende ya mucho más de lo que hagan naciones como China o India de lo que los europeos pongamos de nuestra parte. Ante un panorama como este sólo queda adaptarse, mitigar los efectos, dado que no va a ser posible combatir las consecuencias (inapreciables cuando sólo los europeos vivíamos bien y a costa del resto). Y restringir el acceso de la refrigeración a las clases medias y bajas europeas es una política estúpida que sólo va a crear indignación y desafección. Me asombra que sigamos cometiendo errores tan burdos, de manera tan persistente, como si viviéremos en una realidad paralela.

miércoles, julio 01, 2026

Calor y renta

Cuatro días en el norte tras una de las olas de calor más intensas y persistentes que se han vivido por allí deja casi un monotema de conversación entre todo el mundo. Es habitual que los que conozco, llegadas estas fechas, se compadezcan de mi por vivir en el infierno madrileño, pero esta vez les recordaba que han pasado días más duros que los que se han dado en la gran ciudad y el semblante de mis interlocutores tornaba de lo gracioso a lo crudo, desesperado, todo atisbo de broma desaparecía y los rostros mostraban agotamiento, y casi hasta miedo por lo sucedido, por los días que han pasado, y por la mera posibilidad de que algo así vuelva.

Lo de combatir el calor cuando no hay costumbre ni instalaciones es un problema, y es algo que empieza a estar presente en esa zona del país, y en todo el continente europeo, hasta ahora ajeno en gran parte a eso de “la calor” que azota al centro y sur de los países mediterráneos. La compra de ventiladores se ha disparado entre mis conocidos, y obviamente el stock de las tiendas no ha dado abasto. En el chino de Elorrio quedaban algunos ejemplares de esos que se ponen en las mesillas, con aspas de quince centímetros de diámetro, como mucho. Ejemplares de pie, o portátiles de aspas grandes, nada de nada, y de los de techo para las habitaciones ni soñarlos. Los que los tenían de veranos pasados, como era el caso de mi madre, ejemplar mediano, los ha usado a espuertas, pero a muchos les ha pillado sin otra cosa que un abanico para poder darse algo de corriente. Si los ventiladores allí son algo escaso, lo del aire acondicionado es un exotismo. Las oficinas y comercios grandes lo tienen, junto a varios bares, pero en general escasea en tiendas y es prácticamente imposible de encontrar en viviendas particulares, sean pisos o chalets de privilegiados. No existe nada parecido a eso de la preinstalación de aire que se hace por defecto en todas las viviendas nuevas en Madrid, y ver cajas de extractores de aire en la calle resulta muy llamativo. Uno puede pasear en Madrid contemplando edificios viejos y contando las pocas viviendas que no lucen adosada en la pared una de esas cajas que quedan estéticamente como pegotes, pero que en estos días suponen la supervivencia y el sueño de más de uno. Cada uno, por aquí, ha ido instalando los equipos a la buena de Dios de tal manera que los exteriores de los edificios son realmente feos en muchos casos. Parece como si los hubiera asaltado una viruela o algo así. Arriba no, las fachadas son pulcras, porque no es posible encontrar esos dispositivos en ninguna parte. ¿Va a cambiar ese paisaje urbano en el norte? Sospecho que sí, y dado que el aire acondicionado es una instalación que supone una inversión considerable, sospecho que empezarán a proliferar en las viviendas y barrios pudientes, para ir extendiéndose poco a poco a los bloques de pisos convencionales, de barrios más modestos. En la lucha contra el calor la renta es una de las principales variables, como lo es en casi todas las cosas de la vida. Uno pasea por barrios y las viviendas y los coches suelen ser buenos indicativos de lo que ganan los residentes que allí viven. En el caso de las calefacciones los edificios suelen venir con ella instalada, sea cual sea el dispositivo escogido, y normalmente es el usuario el que decide lo que quiere, o puede, gastar. Arriba son muy escasos los piso que carecen de sistemas de calefacción, aunque los haya, pero en general es muy difícil saber desde la calle si eso es así o no. Acertarán al 90% si consideran que todos los tienen, sea cual sea la tipología de edificio que contemplen. En el caso del aire acondicionado el porcentaje de acierto será muy similar si apuestan por el no, y dado el funcionamiento de la tecnología, en breve empezará a distinguirse quién ha hecho la obra para instalárselo y quién no.

Se habla de pobreza energética cuando el ciudadano sufre para poder pagar las facturas de lo que se llama vulgarmente la luz, que es eso y mucho más. Normalmente se ha asociado a la época de invierno, en la que hay gente que pasa frío en casa porque no puede pagar las facturas si pone en marcha sus instalaciones. ¿Vamos a una extensión de ese concepto a todo el año, a medida que el calor empieza a condicionar la vida de la gente? No es descartable, la verdad. En todo caso, y como es habitual, el que tiene dinero podrá llevar una vida mucho más acomodada, en la que los veintipocos sean la norma que rija en su hogar, sea cual sea la época del año.