Por gentileza de Donald Trump y de sus medidas psicóticas, ayer se vivió un día desastroso en los mercados financieros de todo el mundo. Las pérdidas viajaron de este a oeste, con la apertura de las bolsas asiáticas y se fueron extendiendo con el avance del Sol en los mercados europeos, con el Ibex como el índice que menos sufrió, con caídas de algo más del 1% frente a la media del 3% de sus hermanos de continente. La apertura de Wall Street fue sangrante y, poco a poco, empeoró, alcanzando al cierre caídas del 6% en el Nasdaq y del 4% en el SP. Ayer fue el peor día de la bolsa norteamericana desde los tiempos del Covid, para que se hagan una idea.
Ayer, probablemente, se rompieron cosas en el mercado, porque caídas de estas dimensiones generan consecuencias más allá de las pérdidas nominales de los activos. La sensación que se genera tras un día de estos puede ser de miedo puro, aunque muchas veces se diluye con el tiempo. En otras ocasiones se traduce en el deterioro de la economía real. ¿En qué escenario estamos? La probabilidad de lo segundo crece a medida que el mundo se enfrenta a la irracionalidad de la administración Trump y a sus decisiones psicóticas, basadas en venganzas, creencias y tonterías. Los aranceles propuestos, que entran mañana en vigor, van a dañar notablemente al comercio global, y las empresas más golpeadas serán las más internacionalizadas, muchas de ellas norteamericanas, que mantienen complejas redes de suministro y fabricación en el mundo. Nike, la de las zapatillas, se dejó ayer más de un 10% en el mercado. La afectación de los aranceles para ella es la misma que para el resto, pero es el típico caso en el que una medida de estas genera efectos expansivos. Nike diseña y comercializa sus zapatillas en EEUU, pero las fabrica en su práctica totalidad fuera, lo que le permite mantener unos costes competitivos y unos precios ajustados para el consumidor norteamericano. Una medida como la anunciada el martes supondrá, para ella, incrementos de costes no menores al 30%, dado que es en Asia donde produce principalmente. La alternativa para evitar los aranceles es fabricar en EEUU, como dicen los iluminados trumpistas, pero eso implicaría unos costes de inversión enormes, las fábricas no nacen del suelo tras la lluvia como si fueran hierba, y contratar trabajadores nacionales con sus sueldos, por lo que sus costes subirían muchísimo más del 30% que suponen los aranceles. Unas Nike producidas en EEUU con costes norteamericanos serían imposibles de vender en el mercado local norteamericano, porque la inmensa mayoría de la población no podría pagar los precios a los que tendrían que venderse para ser rentables. Pongan el sector que pongan, la situación es similar. Lo que Trump anunció el martes es la mayor subida de impuestos puesta en marcha en aquel país en los tiempos modernos, subida que se traduce en incremento de costes generalizados, ineficiencias, rupturas de cadenas, intentos subterráneos de elusión que generan corruptelas, alteraciones en las expectativas de los consumidores y empresas, incertidumbres, miedos y unas cuantas consecuencias más que son nefastas. El deseo que tiene el equipo de Trump de que la producción vuelva a su país y que sean autosuficientes en todo se define con una palabra, autarquía, de la que en España tenemos un recuerdo histórico, porque fue la principal guía económica durante los primeros tiempos de la dictadura franquista (por eso seguro que los de Vox la apoya). Evidentemente fracasó, porque es una idea irrealizable, y sólo sirvió para empeorar aún más el estado de la economía española, ya hecho polvo. Es una aspiración imposible. También lo intentó la URSS, y le fue igualmente mal.
Va a ser
muy difícil revertir las políticas de Trump, su ceguera parece total, y
curiosamente sólo unos días en los mercados como los de ayer podrían ser
capaces de lograrlo. Las pérdidas que sufrieron los magnates de la tecnología
en el día de ayer se pueden medir en miles y miles de millones. Ellos serían
los únicos capaces de forzar la mano del desquiciado presidente. Si no es así,
va a ser cada vez más difícil evitar que EEUU se encamine a una recesión y,
tras él, nosotros y gran parte del mundo. El poner al volante a un pirado tiene
consecuencias, y estamos a punto de sufrir un accidente económico grave, provocado,
no por una causa ajena, sino directamente debido a la inmensa estupidez de la
actual administración de EEUU.