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viernes, abril 10, 2026

Artemisa II regresa a casa

Si consulto la web artemistracker a esta oscura hora de la mañana me indica que la nave Artemisa está a una distancia de su amerizaje de 169.960 kilómetros, acercándose a una velocidad de 1,6 kilómetros por segundo. Ha hecho ya prácticamente la mitad del recorrido que hay entre la Luna y la Tierra, y aún acelerará más a medida que caiga en el pozo gravitacional de nuestro planeta. Como supondrán, el frenado que va a sufrir en la atmósfera va a ser la última gran prueba de esta interesante, y muy exitosa, misión. Es el gran reto que queda por superar para que todo salga correctamente. 

La reentrada exige hacerse desde un ángulo muy preciso. A esa velocidad las capas de la atmósfera se comportan como una superficie dura y el grado de rozamiento es enorme. Cuenta la nave con un escudo térmico que absorberá la mayor parte del calor producido, pero que tendrá que resistir los, estimados, 3.000 grados que se alcanzarán, suficientes para fundir cualquier aleación metálica. El ángulo de entrada es fundamental, porque incidir sobre la atmósfera de manera muy plana puede generar un efecto rebote que saque a la nave de la trayectoria de entrada (siempre se pone el ejemplo de esa piedra que se lanza muy horizontal sobre el agua y no se hunde en ella, sino que rebota) y si se entra con demasiado ángulo el rozamiento se convierte en algo salvaje y la temperatura alcanzada evaporaría cualquier tipo de escudo. Pasar el trago de la entrada es, como indicaba, el último de los pasos de una misión que, en general, se puede calificar de éxito absoluto. En ella casi todo eran pruebas, test de una nave que, por primera vez, se lanzaba con tripulantes, de tal manera que todos los sistemas de soporte vital eran comprobados in situ, no en simuladores. La técnica y tecnología han funcionado correctamente en cada uno de los pasos de la misión, desde el despegue hasta el proceso de inyección translunar el recorrido de trayectoria libre que les ha permitido orbitar el satélite y las correcciones de trayectoria precisas para ajustarlo como es debido. El módulo de servicio, la parte cilíndrica inferior adosada a la nave, que contiene las reservas de combustible, motores principales y todo lo necesario para suministrar hábitat a Orion, ha respondido perfectamente a todos los requerimientos que se le han hecho, y será la última de las secciones del cohete principal que se volatilice, al contacto con la atmosfera, y no llegará a la Tierra. Sólo la Orion, ese segmento cónico en el que se encuentran los astronautas y los sistemas de control, comunicación y mando de la nave, logrará llegar a las aguas del Pacífico. Si todo va bien lo hará en torno a las 2 de la madrugada de mañana sábado, cerca de la costa de San Diego, en la baja California. Ya hay un buque esperando en las inmediaciones, presto para ir lo más deprisa posible hasta el punto exacto en el que la cápsula americe. Un conjunto de paracaídas serán los responsables de hacer que la bajada de la nave en el último tramo de la atmósfera sea suave, llegando al nivel del mar a una velocidad estimada de 30 kilómetros hora, provocando así un choque suave con el agua. Allí, los astronautas esperarán a que les llegue el barco de rescate. Sí, la Orion está diseñada para flotar dado que este es el método de aterrizaje previsto, aunque cierto es que hay un límite para el oleaje que puede aguantar. No hay previsión de temporal en esa zona del mar para la hora de la llegada, por lo que no se espera que la meteorología suponga peligro alguno. Los cuatro tripulantes están a menos de un día de volver, tras diez de intensa misión. 

Ha habido garrafales errores por parte de los medios de comunicación a la hora de relatar el desarrollo e hitos de la misión, pero el récord de distancia alcanzado, 406.771 kilómetros de la Tierra por parte de esta tripulación ya está en los libros de historia. Y, sobre todo, la belleza de las imágenes que han tomado, especialmente al realizar la órbita lunar, son el mayor de sus hitos. La vuelta de la esperanza en una carrera espacial tripulada que nos lleve más allá de nuestro mundo, la contemplación del infinito que es el espacio desde ahí fuera y, junto a ello, la gracia y fragilidad de nuestro enano planeta en medio de ese cosmos de profundidad indescriptible. Artemisa II habrá creado vocaciones de investigación y aventura. Y eso es un éxito que no se cómo se mide, pero sí que es de los mayores que se pueden lograr.

miércoles, abril 01, 2026

Artemisa II, volvemos a la Luna

Si no pasa nada raro, a las 00:24 de mañana 2 de abril, horario español, seis horas antes en Florida, la misión Artemisa II despegará de la plataforma de lanzamiento de Cabo Kennedy y emprenderá un viaje en el que los humanos, los cuatro tripulantes que se encuentran a bordo, llegarán hasta la Luna, en la primera misión tripulada que se manda a nuestro satélite desde el aterrizaje del Apollo XVII, en 1972. Han transcurrido cincuenta y cuatro años, más de medio siglo, en los que las misiones espaciales tripuladas no han pasado de la órbita baja, los cuatrocientos y poco kilómetros a los que se encuentra la Estación Espacial Internacional. Esto, y otras cosas, hacen a este vuelo algo histórico.

Si por lo que fuera hoy no se pudiera producir el lanzamiento hay varias ventanas para ello en estos primeros días de abril, posibilidades para que el cohete pueda salir y efectuar su misión. Por si lo están preguntando, no, no, no se va a producir un alunizaje, no se tocará el satélite. Tras entrar en órbita terrestre, la nave Artemisa II desarrollará algunas vueltas a nuestro planeta antes de encender sus motores para abandonar nuestra órbita y realizar la inyección translunar, esa maniobra en la que irá dejando la gravedad terrestre para ser, cada vez, más dependiente de la lunar. La idea es que llegue al satélite y realice lo que se llama una trayectoria de retorno libre, una vuelta a la Luna que le proporcione velocidad de escape para volver a caer hacia la gravedad terrestre, y de ahí a la inserción en nuestra órbita, penetración y amerizaje. Realmente la trayectoria de vuelo programada emula a la que, sin desearlo, hizo el Apollo XIII, el de la avería que casi deja a sus astronautas varados en tierra de nadie. Los cuatro tripulantes de Artemisa II verán la Luna, tanto su cara visible como la oculta, a una distancia algo superior a la que lo hicieron Lowell, Haise y Swigert, por lo que van a ser los humanos que más lejos van a estar de nuestro planeta en la historia, un mérito que ya es suyo. Estos cuatro astronautas, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen van a tener mucho trabajo durante los aproximadamente diez días que se espera tenga su misión, porque esto, en el fondo, es un vuelo de pruebas, un vuelo en el que se van a testar todos los sistemas de la nave y capacidades, toda la tecnología que lleva para el trayecto, soporte vital, instrumentación, investigación, seguridad, etc. En el interior de Artemisa II el espacio no es muy grande, son cuatro personas en un habitáculo más o menos comparable a una furgoneta mediana, y con infinidad de sistemas para todos los usos imaginables. Los astronautas y el equipo de control de misión de Tierra van a ir testando en todo momento cada una de las opciones posibles con la idea de ver cómo funcionan, cómo se desarrollan de manera real, a cientos de miles de kilómetros, rutinas que estarán muy ensayadas en los simuladores, pero que ahora se ejecutan en el espacio, uno de los entornos más hostiles que imaginarse pueda, donde un error o problema puede acabar siendo un riesgo vital. De hecho el testeo empieza directamente con el lanzamiento, ya que es el segundo de este tipo de cohete, un cohete con una tecnología reciclada de la de los transbordadores, en algunos aspectos bastante superada por lo que ahora mismo SpaceX muestra día a día, pero que por ahora es el único capaz de poner una nave tripulada con todo lo que eso requiere de peso, en una misión de este tipo. Los astronautas no son cobayas, pero en cierto modo también son estudiados de esa manera, y cómo afronten el reto al que se enfrentan también va a ser muy interesante. La experiencia que se adquirió con las misiones lunares del Apollo está bastante perdida y lo que se sabe de las estancias en la Estación Espacial Internacional, mucho más amplias en tiempo pero menos agobiantes en espacio y distancia, no es exactamente comparable a lo que ahora les espera.

La idea de la NASA es que Artemisa IV sea la primera misión de este tipo en la que, en efecto, se vuelva a poner el pie sobre la superficie lunar, pero no nos hagamos tantas ilusiones. Ahora mismo el que sería el módulo lunar para llegar hasta la superficie del satélite aún no está construido, y efectuar el alunizaje es una maniobra de enorme complejidad, que además requiere otro tipo de movimientos en el espacio que aún no están testados. La prisa de la NASA por volver a la Luna viene, en parte, de los innegables progresos chinos y la sensación de que ellos lo van a intentar en un plazo máximo de cuatro años. EEUU planea lograrlo en dos. De momento, es necesario que Artemisa II funcione como la seda para que eso sueños puedan volver a darse.

Hoy subo a Elorrio y me cojo dos días de ocio. Nos leemos, salvo sorpresa, el miércoles 8. Pásenlo muy bien

jueves, junio 27, 2024

Éxito chino en la misión lunar

Hace unos días les comentaba que la misión lunar china Chang’e-6 había logrado aterrizar con éxito en la cara oculta de la Luna y que, con ello, cubría una de las etapas más importantes y complicadas de su viaje. Era la primera vez que un objeto humano se posaba en esa zona de nuestro satélite y, tras varias misiones fracasadas de agencias privadas, China volvía a demostrar su capacidad para alunizar, en este caso en una zona muy alejadas de los tradicionales objetivos de las misiones lunares. Toda la Chang’e-6 era una misión extremadamente difícil y cada uno de sus pasos, de fracasar, supondría el final de la misma, dado que el objetivo no era meramente llegar, sino el retorno de muestras lunares.

Esta semana, la cápsula con, se estima, unos dos kilos de material extraído de la superficie y los primeros metros de la corteza de la cara oculta de la Luna ha llegado a suelo chino, por lo que los científicos de ese país ya tienen muestras que nadie posee en el resto del mundo y el programa espacial chino puede presumir de haber conseguido un éxito absoluto en todos los pasos que se propuso desarrollar dentro de la misión. La arquitectura de todo el proceso replicaba, a escala, la de las misiones Apollo, con un orbitador lunar del que se desprendía un módulo de descenso que tocaba suelo en la cara oculta, recogía las muestras y las depositaba en el contenedor situado en la parte superior del módulo, que despegaba, dejando al resto en la superficie lunar, y se reencontraba con el orbitador, para conseguir con el salir de la órbita del satélite y encaminarse rumbo a la tierra, siendo la parte de la nave que contiene el contenedor de muestras la única que, finalmente, alcanzaría la superficie de nuestro mundo. Es evidente que si cualquiera de estos pasos hubiera fallado el objetivo final se habría frustrado, y que la consecución de cada uno de ellos supondría que la tecnología espacial china habría franqueado una nueva barrera en su camino hacia el control de las misiones lunares. El gobierno de Beijing tiene sobrados motivos para festejar el éxito conseguido y presumir, ante propios y extraños, de un programa espacial que ya ha hecho algo que aún nadie había conseguido. Es extraordinario. Y lo es también la velocidad a la que, en no demasiados años, China ha recortado la enorme distancia que le llevaban EEUU y Rusia en lo que hace a capacidades espaciales. Ahora mismo, con la UE y sus lanzadores en un extraño punto muerto y Rusia, extrayendo oro de la tecnología Soyuz, que aún rinde, China está muy por delante de ambos y ya sólo EEUU le lleva una ventaja en aspectos relevantes, pero esa ventaja cada vez es menor. Lo que hace SpaceX de Elon Musk es, ahora mismo, la tecnología punta en lo referente a lanzamientos y viajes suborbitales, pero de cara a misiones más allá de nuestra órbita terrestre la ventaja norteamericana respecto a China se ha reducido notablemente. Los éxitos de NASA y JPL en la investigación marciana y el logro de depositar rovers en el planeta rojo son los principales hitos que aún quedan lejos para las capacidades chinas, pero en lo que se refiere a la Luna, ahora mismo, tras el éxito de esta misión, China está en condiciones de mirar a EEUU de tú a tú en lo que respecta a innumerables asuntos relacionados con el control de vuelo, maniobras de acoplamiento y desacoplamiento y gestión de trayectorias. Evidentemente no tiene mucho que ver mover sondas a hacer que naves tripuladas sean capaces de desarrollar misiones equivalentes, pero es verdad que lograr lo que se ha hecho supone que China está en condiciones de planificar una misión tripulada en todo lo que hace a los temas de vuelo. Queda el pequeño, nada insignificante detalle, de la existencia de una nave que de soporte vital a los astronautas chinos en su periplo, y un sistema de aterrizaje y despegue lunar capaz de mover los cientos de kilos asociados pero es seguro que los técnicos chinos llevan tiempo trabajando en ello.

De hecho, los planes públicos de Beijing son los de llevar astronautas chinos a la Luna en el año 2030, dentro de poco más de cinco, y la experiencia dice que China suele acabar cumpliendo los planes que anuncia. La verdad es que, soterrada, existe una carrera entre EEUU y China por ser el primero en volver al satélite, en lo que sería una competición de prestigio global, y esta semana, con el éxito de esta misión, China ha dado un golpe de autoridad sobre la mesa y ha metido una enorme presión a su rival norteamericano, que tiene un programa lunar de la NASA que no acaba de arrancar y una iniciativa privada con el mismo objetivo que aún está muy verde. La cosa en el espacio cercano se pone apasionante.

miércoles, junio 05, 2024

China triunfa en la Luna

Esta semana EEUU ha vivido un fracaso en su proyecto espacial. El intento de lanzar la cápsula tripulada Dreamliner de Boeing se ha vuelto a aplazar por problemas técnicos de todo tipo y está por ver si mañana se volverá a testar, como se prevé. Esta cápsula es la alternativa a las Dragon que lanza SpaceX, la empresa de Elon Musk, que sí se han mostrado efectivas a la hora de llevar astronautas a la Estación Espacial Internacional. La NASA buscaba tener dos opciones posibles por si una fallaba, y lo cierto es que una no deja de fallar mientras la otra funciona como es debido. El coste duplicado de la inversión, por ahora, no rinde como es debido.

Mientras tanto, China está avanzando en sus planes espaciales con un ímpetu notable. El gran objetivo actual de los vuelos tripulados de ambas potencias es volver a la Luna, y en el caso de EEUU la cosa cada vez está más lejos. El programa Artemisa de NASA retrasa sin cesar sus vuelos orbitales en torno al satélite y ahora mismo, no existe un módulo de alunizaje digno de tal nombre, ni de fabricación NASA ni del proyecto Starship de Musk, que están grandioso como experimental. China, por su parte, ha puesto en 2030 la fecha de la llegada de un ciudadano asiático al satélite, y de momento sus planes avanzan con paso firme. La táctica está siendo, por lo que parece, combinar largas estancias de astronautas chinos en órbita baja, en su estación espacial, acostumbrándolos a todo tipo de tareas y misiones y, por otro lado, dominar mediante sondas los procedimientos de aterrizaje en la Luna y todo lo relacionado con las órbitas de transferencia que permiten llegar y salir de allí. Este es el objeto fundamental de las sondas Chang’e, y de paso, realizar misiones científicas de primer orden. Ahora mismo tenemos a la 6 en una que puede pasar a la historia, porque su intención es la de traer muestras lunares a la Tierra tomadas de la cara oculta del satélite, la que siempre se encuentra en oposición, y que puede poseer interesantes recursos minerales, útiles para futuras misiones. LA arquitectura de la misión es muy similar a las Apolo de los sesenta, sólo que sin presencia humana alguna. China ya posee un satélite en torno a la Luna que le permite actuar como transmisor de comunicaciones, por lo que tiene cobertura completa de la misión en todo momento. La sonda, una vez que abandona la órbita terrestre y se encamina a la Luna, tiene tres partes. Una de ellas se queda orbitando el satélite, mientras que las otras dos, unidas, descienden y alunizan. La principal hace de módulo de descenso y tiene instrumentos como palas y taladros, que buscan perforar el suelo lunar y obtener muestras, tanto del regolito superficial como de lo que él cubre. Tras lograrlo, las muestras se depositan en la parte superior de la nave, en la más pequeña, que es la que, cuando termina la recolección, se eleva a la órbita lunar, dejando el módulo de descenso y el instrumental en Tierra. En órbita, el contenedor de muestras se encuentra con la fase que se quedó orbitando y, unidas, reemprenden en camino de vuelta a casa, con el contenido buscado. Es una misión de una enorme complejidad, y los recientes fracasos de sondas privadas que han intentado posarse en la Luan muestran hasta qué punto cada uno de los pasos de todo este proceso es realmente arriesgado y puede convertirse en el último de la misión. Pues bien, hasta el momento la misión es un absoluto éxito y se encuentra ya en su parte final. De hecho, el contenedor ya ha despegado de la Luna con sus muestras y, hasta donde se, se encamina al encuentro del orbitador para unirse y, a partir de ahí, realizar la maniobra de escape de la órbita del satélite para poner rumbo a la Tierra. Si todo va bien no pasarán muchos días antes de que la carga útil de la misión haya retornado hasta nosotros. Si eso se produce, China podrá presumir, con todas las de la ley, de haber logrado algo que, hasta ahora, nadie ha conseguido, de una manera automatizada y efectiva. Todo un éxito que muestra hasta qué punto la tecnología de vuelo y control robótico de Beijing está a un nivel puntero, y es capaz de desarrollar una misión de tal complejidad.

Sí, sí, traer rocas no es llevar y retornar humanos, eso es mucho más complicado, pero lo cierto es que China, con una misión como está, demuestra tener el control y procedimientos necesarios para embarcarse en un proceso tripulado, y sabemos, aunque falten detalles dada la opacidad del régimen, que llevan tiempo trabajando en la nave y, sobre todo, en los módulos de descenso lunar y retorno, en una arquitectura que replique lo ya comentado. Con este nivel de desarrollo y el ímpetu político que el gobierno le da al tema, que un chino llegue a la Luna en 2030 no es ningún disparate, sino una previsión bastante fiable. Sería un gran triunfo para esa nación.

viernes, enero 19, 2024

Fracaso de la misión lunar Peregrine

Cada lanzamiento espacial es un acto lleno de esperanzas y riesgos, sobre todo de estos últimos. Sigue siendo una tecnología algo precaria que se enfrenta a un entorno totalmente hostil en el que un fallo, uno sólo, puede ser el último. Lo que está logrando SpaceX al convertir en rutina lanzamientos con sus Falcon para colocar satélites en órbita baja, con una fiabilidad casi absoluta en todo el proceso hasta la recuperación de la primera fase es algo excepcional, y conviene no confiarse, porque el desastre puede estar siempre al acecho. Desde que el cohete se pone en marcha las cosas pueden torcerse mucho más de lo que uno imagina.

A principios de este año la NASA lanzó la misión Pregrine, uno de los frutos de su programa de colaboración con empresas privadas para crear misiones pequeñas, de coste controlado, destinadas a testar tecnologías y que, de paso, produzcan resultados científicos y de promoción de la carrera espacial. En este caso el objetivo era aterrizar un módulo en la Luna, uno pequeño, dotado de algún instrumental científico y óptico, e incluso un rover de juguete que pudiera salir y pasearse por ahí. La idea era demostrar la capacidad de llecgada al satélite y el proceso de alunizaje, que es muy difícil, y si todo iba bien, lanzar más sondas similares para que sirvan de utilidad al programa Artemisa, cuyo fin es volver a llevar humanos al satélite. La misión, lanzada con el nuevo cohete Vulcan de la empresa ULA, participada por Jeff Bezos, de Amazon, tenía cuatro fases críticas; el propio despegue y la inserción de la misión en órbita baja, la ignición de una fase posterior que llevase la sonda y equipamiento auxiliar a una trayectoria de contacto con la Luna, el frenado e inserción dentro de la órbita lunar y todo lo relacionado con la separación de la sonda de su nodriza auxiliar y el descenso a la superficie del satélite. Todas las misiones lunares son similares, y en las que hay componente tripulado se complica mucho más, entre otras cosas por el soporte vital necesario para mantener viva a la tripulación y luego hay que hacer una secuencia similar para el viaje de vuelta. En misiones no tripuladas al menos el viaje se acaba cuando se llega allí, cuando el objeto es ese. Recordemos que hace año y algo China consiguió el gran logro de una misión robótica de ida y vuelta que logró traer muestras hasta aquí en lo que, sin duda, fue un hito tecnológico de primera magnitud. Pues bien, el lanzamiento de Peregrine se desarrolló sin incidencias significativas y el cohete Vulcan realizó su trabajo correctamente, depositando el resto de la misión en la órbita baja. A partir de ahí, tras unas comprobaciones sobre el estado general de los sistemas, se debía dar paso a la segunda fase del vuelo, el abandono de la órbita baja y la inserción en una trayectoria de aproximación a la Luna, pero desde el control de la misión se empezaron a detectar anomalías, no en la sonda y su sistema auxiliar de alunizaje, sino en el encargado de realizar esa segunda maniobra. Se detectó una pequeña fuga de combustible en los tanques de propergoles, oxígeno e hidrógeno criogenizados, que son los que se queman en los cohetes para generar el impulso, y al poco tiempo la dimensión de la fuga resultó ser lo suficientemente severa para, con los cálculos correspondientes, determinar que no había el suficiente combustible como para llegar a la Luna. La misión ya no podía alcanzar su destino. Imagino carreras, nervios y preocupación en todo el equipo de trabajo ante un señor problemas. Se intentaron algunas cosas desde el control de Tierra, que son capaces de arreglar unos problemas, pero no todos, desde luego, y con el paso de las horas quedaba claro que no se podía hacer nada. Peregrine no iba a alcanzar nunca la Luna y toda su tecnología se iba a convertir en algo inservible.

Como la órbita en la que estaba colocado todo el complejo tras la primera fase se diseñó como meramente instrumental, un aparcamiento temporal previo a la segunda fase, es más baja que la de los satélites convencionales o la Estación Espacial, que están a unos 400 kilómetros de altura. Sin cohetes que le sirvan para mantenerse en ella, porque no estaba pensado que lo tuviera que hacer, el complejo Peregrine comenzó el proceso de decaimiento que le llevará los próximos días a una reentrada descontrolada en la que se chamuscará completamente al rozarse a muy alta velocidad con las capas bajas de la atmósfera. Todo se destruirá, y la misión se habrá perdido. El espacio puede ser tan bello como cruel.

viernes, septiembre 01, 2023

Un agosto lunar

Ya es septiembre. A lo largo del mes de agosto que acaba de concluir se han desarrollado dos importantes intentos espaciales de dos naciones con el mismo objetivo; conseguir alunizar en las proximidades del polo sur de nuestro satélite. Con apenas días de diferencia fueron lanzadas desde Rusia la misión Luna 25 y desde la India la Chandrayaan 3. La previsión era que casi coincidiesen en su momento de tomar tierra en el satélite y se llegó a suscitar una pequeña disputa diplomática entre ambas naciones sobre quién iba a ser el primero en hacerlo. La sonda incida partió antes pero su trayectoria era menos directa que la rusa. ¿Atasco selenita?.

La misión rusa era la primera que intentaba la agencia Roscosmos al satélite desde hace mucho tiempo, tras los éxitos acaecidos en la etapa soviética en lo que hace a la llegada de sondas robotizadas. Era un proyecto que ya sufrió algunos retrasos desde sus inicios, por causas variadas, entre las que también se encuentran las sanciones tecnológicas que vive aquella nación ya desde la invasión de Crimea en 2014. Era importante que Rusia lograse un éxito con esta misión, entendiendo como tal no tanto el rendimiento científico de la misma sino, directamente, el lograr llegar y aterrizar. Lamentablemente no ha sido así. Al parecer un fallo en la duración del encendido de una de las fases de aproximación provocó que al inicio de la cuarta semana de agosto se perdiera el contacto con la sonda, lo que se consideró como un síntoma grave. Finalmente Roscosmos hizo público al día siguiente lo que muchos temíamos. La aproximación había fallado y la sonda se había estrellado sobre la superficie lunar. El golpe a la industria espacial rusa es grave, deja el prestigio de la nación en ese campo en bastante mal estado y demuestra fallas internas en los procesos de producción, calidad y mantenimiento que hacen dudar de las capacidades futuras del programa espacial ruso. Tiene pinta de que siguen viviendo de los réditos de una tecnología soviética que, cada vez, está más forzada en sus límites. Tras el fracaso ruso todas las miradas se dirigieron a la misión india, una vez que se había terminado la infantil disputa sobre cuál de los dos llegaría antes. La de India era una misión algo más compleja que la rusa, con un módulo de aterrizaje que portaba instrumentación y un pequeño rover capaz de moverse en la superficie del satélite durante un “día lunar”, catorce días terrestres. Para el caso de India era el primer intento de alunizaje de su programa espacial, y en esto, en lo de la virginidad, compartía galones con naciones como Israel, Corea del Sur o Japón, que han logrado alcanzar órbita lunar pero no aterrizar de una pieza, por así decirlo. Tras unas horas tensas llenas de procedimientos y fases, la agencia india hizo públicas las primeras imágenes de la superficie del satélite tomadas desde el módulo de aterrizaje, posado ya sobre el regolito lunar, por lo que desde Delhi se festejó por todo lo alto, y con motivos, el éxito de la misión. India se acababa de convertir en el cuarto país del mundo que ha llegado a la superficie de la luna, tras la URSS, EEUU y China, entrando en un club muy selecto. El éxito de la tecnología india se ratificó posteriormente cuando, a los pocos días, pudimos ver las primeras imágenes del rover descendiendo de la rampa del módulo y posando sus pequeñas ruedas sobre el satélite. La escena, modesta, era un éxito completo para el programa espacial hindú y un chute de orgullo para una nación que sigue creciendo en el contexto internacional, justo en el año en el que, oficialmente, se ha convertido en la más poblada de la tierra. Ambas misiones, la fracasada y la exitosa, tenían el reto, frente a todas las anteriores, de ir a una zona de aterrizaje más complicada, la del polo sur, que exige una trayectoria orbital de entrada mucho más forzada. Por ello el mérito de lo logrado por los hindúes es aún mayor, y como tal debe reconocerse. Son los que más cerca han logrado situarse de cuantas misiones lunares ha habido del extremo sur de la Luna.

¿Por qué ese interés ahí? Varios estudios realizados por los satélites que estudian a la Luna han mostrado la posible presencia de trazas de agua y de isótopos de hidrógeno en cráteres que se encuentran en esa zona, y si puede haber agua es posible que una base permanente pueda ser construida en esa zona, porque el agua permite beber y fabricar combustible criogénico para cohetes, haciendo posible tanto la investigación como la explotación de los recursos mineros de la Luna, o poder convertirla en plataforma de lanzamiento y repostaje de futuras misiones a Marte. India ha dado un gran paso en una nueva carrera lunar en la que el interés científico se suma al comercial y monetario.

martes, diciembre 13, 2022

Ida y vuelta de Artemisa a la Luna

Cosas del espacio tiempo. Cuando el cohete gigantesco que transportaba la misión Artemisa despegaba de cabo Cañaveral, el gobierno desmentía rotundamente que fuera a aprobar reforma alguna del delito de malversación. Tres semanas después, con el amerizaje de la nave en las aguas del Pacífico californiano, el desgobierno ya había firmado la devaluación del delito a mayor gloria de los independentistas, dejando a los mariachis, que se dicen periodistas, que defienden a capa y espada las locuras del ejecutivo, más chamuscados que la plataforma de lanzamiento de la misión espacial. A veces es más peligrosa la despolítica que el espacio exterior.

Entre medias, además de la vergonzosa degeneración del gobierno, la NASA puede presumir de un éxito completo en una de las misiones más importantes de los últimos años, tanto por los esfuerzos a ella dedicados como los objetivos que se basaban en que todo fuera bien. El programa Artemisa nació gafado, heredero de intentonas previas, principalmente el Constellation, que fueron canceladas por su elevado presupuesto y falta de rumbo. Artemisa surgió como solución de compromiso para reciclar gran parte de la tecnología disponible, añadir nuevas piezas y reconfigurar unas misiones que tuvieran el atractivo de la Luna como objetivo declarado, con la ambición de Marte de fondo. El progresivo abandono al que va a ser sometida la Estación Espacial Internacional a medida que se acerca la fecha final de su vida útil, unida a la ruptura de la cooperación con Rusia, obligaba a EEUU a poseer un programa propio en el espacio, y la NASA, agencia pública, a desarrollar una iniciativa que le volviera a poner como líder, agobiada por el estrellato de SpaceX, iniciativa privada de Elon Musk que se ha quedado, en la práctica, con el mercado de lanzamiento de satélites (su tecnología de reutilización de cohetes es imbatible) y era el proveedor de naves tripuladas para llegar a la órbita baja. Artemisa, además, debía generar carga de trabajo para los diferentes contratistas y centros de pruebas que, asociados a la NASA, se ubican por toda la nación y emplean a miles de trabajadores. En este sentido, la carrera espacial es, en esencia, un enorme programa de inversión pública creadora de empleo y desarrollo en aquellos lugares donde las empresas involucradas se instalan. Una NASA sin proyecto ni presupuesto de respaldo son miles de despidos. Por eso la arquitectura de la misión recuerda mucho a las extintas Apollo, empezando por el diseño de la cápsula, y el lanzador le sonará familiar a los seguidores de las andanzas del transbordador, dado que se diseñó en base a mezclar sus motores con el depósito externo de combustible. En su primera misión, no tripulada, Artemisa debía probar que el nuevo proyecto es viable, que el lanzador funciona, que la sonda era capaz de llegar a la Luna y orbitarla de manera intensiva, que podía salir de esa órbita y entrar en trayectoria terrestre, que el escudo protector permitiera llevar a cabo la reentrada en nuestra atmósfera y que el amerizaje se hiciera sin riesgos ni entrada de agua en la nave. Y de paso miles y miles de testeos, telemetrías y todo tipo de secuencias de prueba para comprobar que la estructura de la misión es sólida. En el interior de la nave, capaz de albergar a cuatro personas, iban tres maniquíes que también debían ser fuente de datos para los futuros astronautas, de tal manera que aceleraciones, atmósferas, presión y demás parámetros que se midieran en el interior de la nave fueran compatibles con la vida. Si algo falla allí arriba las opciones de rescate son nulas y las posibilidades de arreglo, muy difíciles, como ya comprobó la misión del Apollo XIII. La sensación que ofrece Artemisa I, ya de vuelta, es que todas las pruebas se han superado con éxito y que todo ha salido tal y como se esperaba. La NASA se jugaba gran parte de su prestigio (y su viabilidad presupuestaria) en esta misión y, creo, puede estar tranquila y satisfecha. Está en condiciones de seguir adelante con el programa y solicitar fondos adicionales para ello.

Además de las barrabasadas de nuestro gobierno, la vuelta de Artemisa ha coincidido con el cincuenta aniversario de la llegada a la Luna de la misión Apollo XVII, la última que puso a un ser humano en el suelo de nuestro satélite. En el año en el que nacía éste que esto les escribe se acabó el sueño de la conquista de otros mundos. Desde entonces nadie ha vuelto allí, ni a una órbita superior a los más o menos 400 kilómetros a los que se encuentran las estaciones espaciales. Dudo que el plan de la NASA de que Artemisa sea la puerta de entrada al viaje marciano tenga algo de fundamento, pero sí es una misión viable para volver a nuestro satélite y plantearse un programa de investigación permanente en él. Felicidades, NASA, prueba superada.

lunes, agosto 29, 2022

Artemisa I, volvemos a la Luna

Este año he cumplido cincuenta. Sí, muchos. Hace medio siglo, a finales de 1972, partió de Cabo Cañaveral el Apollo XVII, que alunizó en el diciembre de lo que sería mi primera Navidad. La misión, comandada por Eugene Cernan, fue la última del programa, que murió de éxito. Ganador de la carrera emprendida entre norteamericanos y rusos en medio de la guerra fría, el alunizaje de Armstrong dio el tanto a EEUU y, a partir de ahí, la sociedad y el gobierno miraron para otro lado, dejando de sufragar los inmensos costes del programa. El trabajo científico de aquella aventura, que siempre fue lo de menos, se cortó abruptamente, y nadie más ha vuelto a nuestro satélite desde entonces. Nadie.

Por eso el día de hoy están especial. La NASA, sumida en constantes agobios presupuestarios y de objetivos desde hace bastante tiempo, se dispone hoy a iniciar lo que puede ser el segundo intento real de llevar a la humanidad a la Luna. El programa Artemisa, sustituto del Constellation, que fue revocado por Obama, tiene como objetivo volver al satélite, que esta vez una mujer forme parte de la tripulación que alunice, y que esa llegada no sea un mero hecho puntual, sino el principio de un programa de asentamientos, construyendo una base permanente en nuestro satélite. Como mínimo un programa ambicioso, lleno de riesgos y que requiere un presupuesto sostenido y una visión de largo plazo en todas las decisiones que puedan ser tomadas tanto por parte de los administradores de NASA como, sobre todo, por los dirigentes políticos norteamericanos, que son quienes dotan de presupuesto a la entidad. Como todo camino empieza por un paso, hoy se dará uno, y muy relevante. La misión Artemisa I despegará, en el primer intento de los posibles, a eso de las 14:33 hora española desde Florida, seis horas antes en el horario de la costa este de EEUU. Ya les aviso que es tanto una misión de prueba como un viaje no tripulado. No hay persona alguna a bordo del enorme cohete que despunta en la rampa de lanzamiento. La arquitectura de la nave y de la misión es heredera tanto del programa Apollo como del antiguo de los transbordadores, por lo que veremos una estética que es una fusión de ambos, con un gran segmento central con la espuma naranja y los cohetes auxiliares que se parecen mucho a los que usaba el shuttle, pero en grande, mucho más grande, y luego, sin tener nada adosado, una segunda fase sobre la que se eleva el pico del cohete, en el que se encuentra el módulo de mando, la nave propiamente dicha, y el módulo de servicio, que es el que le proporciona energía, suministros y demás. Capaz de albergar hasta un máximo de cinco tripulantes, la nave despegará hoy con tres maniquíes completamente monitorizados, que harán de pasajeros, en un vuelo programado para una duración superior al mes, en el que se tratará de alcanzar la órbita terrestre, escapar rumbo a la Luan, llegar allí y realizar varios vuelos en torno al satélite, muy excéntricos, en los que tras aproximaciones cercanas la órbita se alejará notablemente del satélite. En todo ese tiempo la nave y los equipos de tierra recibirán información muy valiosa tanto de las zonas posibles de aterrizaje como del funcionamiento de todos los sistemas de abordo. Tras los pasos lunares, Artemisa abandonará el satélite y se dirigirá de vuelta a la Tierra, en una reentrada que pondrá a prueba su escudo térmico y la integridad de la cápsula más que el propio despegue, cayendo en el Pacífico como lo hacían las Apollo. En cada momento de la misión existen un montón de pasos, pruebas programadas, test y verificaciones que deben ser superadas, y que también pueden dar fallos de todo tipo, por lo que este vuelo al que nos enfrentamos es una gran prueba, un demostrador real de la tecnología de ascensión, orbitaje, y demás necesidades de vuelos futuros. Si sale todo bien, Artemisa II ya contará con tripulación humana, y la misión III ya puede plantearse como “alunizable”.

Los riesgos de que algo falle son enormes, desde luego, y la tensión máxima. El despegue va a forzar a un cohete inédito en su diseño, que ha sido testado por partes pero nunca en su integridad, y que dadas sus dimensiones, es en conjunto más potente que los Apollo, pone sobre la plataforma de lanzamiento toneladas, energía y salvajismo en su grado sumo. Millones de ojos estarán puestos hoy en Florida ante un test en el que la tecnología norteamericana se la juega mucho, y la ilusión de tantos toma forma nuevamente. Ojalá todo vaya bien y, en medio de tantas incertidumbres y crisis como nos rodean, el espacio nos vuelva a proporcionar esperanza

viernes, diciembre 18, 2020

Exitazo chino en la Luna

Hace unos días les comentaba el lanzamiento de la misión china a la Luna con el objetivo de aterrizar, extraer muestras y traerlas de vuelta a la Tierra. Una misión completamente robotizada, con cuatro módulos finales destinados cada uno de ellos a las fases más cruciales de la operación y un botín, por así llamarlo, que se cuantificaba en unos dos kilos de rocas y regolito, ese polvo fino y algo abrasivo que cubra gran parte del satélite. Cada uno de los pasos de la misión se ha ido produciendo de manera precisa y conforme a los plazos previstos, y en la tarde noche del miércoles 16, hora española, la cápsula que contenía esos fragmentos aterrizo en suelo del gigante asiático, por lo que el éxito de la misión ha sido total.

Además de exitosa, la proeza técnica que ha mostrado el conjunto del programa espacial chino es enorme. Se trataba de una misión muy difícil, en la que había varios acoplamientos que debían efectuarse sin posibilidad de error para poder seguir el resto de pasos, y así ha sido. Que se sepa no se han vivido momentos de riesgo o incertidumbre que hayan puesto todo el proceso a punto de irse a la porra, y la llegada de la carga esperada es la culminación de una misión que, por su dimensión y ambición, supone la consagración del programa espacial chino, que en cuestiones robóticas ya es, con diferencia, el segundo del mundo, tras el de EEUU, pero recortando distancias de manera apresurada. Ha superado plenamente los desarrollos que tiene la ESA europea y a partir de ahora los límites se los pondrán ellos mismos. China se ha convertido en la tercera nación en la historia en conseguir muestras lunares, tras los EEUU y al antigua URSS, pero en volumen supera por mucho a lo que consiguió extraer la sonda soviética que lo logró. China es la segunda nación que planta su bandera fuera de la Tierra, y que ahora está allí, no ondeando porque no hay viento, pero haciendo “sombra” a las norteamericanas, que hasta ahora eran las veían en solitario la infinita quietud lunar. Como mensaje al mundo del progreso de la ingeniería y la ciencia, la carrera espacial siempre ha sido uno de los altavoces que más alto suenan y mejor proclaman los avances logrados, y resulta evidente que China ha lanzado un mensaje contundente al mundo. Ya tenemos tecnología propia para intentar hacer con y sobre la luna lo que deseemos. A lo largo de misiones pasadas, y de la presente, China ha conseguido tocar suelo lunar con pequeños rovers, de un tamaño y capacidad limitados, pero que logran moverse y comunicarse, ha puesto en órbita satélites, que le han permitido mantener el contacto con todas sus misiones, esta última incluida, independientemente de las alineaciones Tierra Luna, y finalmente han conseguido el más difícil todavía, el aterrizaje y el regreso. Por lo que puede leer, China confiaba en el éxito de su misión, pero, consciente de los riesgos y problemas que podían surgir, fabricó dos misiones gemelas, de tal manera que si algo fallaba en la primera que se lanzaba, y se perdía, se podía volver a intentar en un plazo muy breve. Como muestra de la capacidad de gasto del programa chino y su ambición pocos ejemplos son más clarividentes. Finalmente, esa misión de reserva no será necesario utilizarla si lo que se buscaba era el éxito de la prueba, dado que se ha conseguido. A buen seguro le darán algún uso, pero desde luego estos días todos los que han trabajado en el desarrollo del programa espacial de aquel país y en las industrias auxiliares que lo han construido tienen grandes motivos para sentirse orgullosos y satisfechos, y a buen seguro lo celebrarán. Quizás manteniendo las distancias de seguridad, o no, dada la aparente nula incidencia del coronavirus en aquella nación, pero es seguro que los jerarcas de la dictadura estarán más que satisfechos y, la verdad, no les voy a engañar, pueden estarlo. Lo que han logrado es una proeza.

La pregunta obvia que mucha gente se hace es ¿para cuándo una misión tripulada a la Luna? Por coste, dimensión del lanzamiento, necesidad de soporte vital y riesgo, el viaje humano a la luna está en una dimensión mucho más allá de lo que hemos visto estos días, pero no tengo duda alguna de que todo esto son ensayos muy grandes de cara a una primera misión tripulada china al satélite, quizás primero con intenciones de orbitación, previas al alunizaje, replicando nuevamente la arquitectura de las misiones Apollo, o de alguna otra forma, pero es seguro que Beijing intentará algo así, y creo que será en esta década, y quizás más cerca de su inicio que de su final. Y no será política e históricamente lo mismo si, tras Eugene Cernan, el último humano que pisó la Luna en 1972, el siguiente que lo haya hay nacido en, pongamos, Wuhan ¿verdad?

viernes, noviembre 27, 2020

China va a por rocas lunares

La Luna está ahí todos los días, esperando a que volvamos a ella. Gira en torno a nosotros a unos 380.000 kilómetros de distancia, una cantidad de kilómetros enorme, nada en términos espaciales. Si quieren jugar con naranjas y uvas, la Tierra tiene unos 12.000 kilómetros de diámetro, por lo que la Luna orbita a unas treinta veces el tamaño de nuestro planeta. No pongan una fruta muy cerca de la otra, sino muy lejos. Cuesta mucho dinero y trabajo llegar, y requiere suerte. Tres son las naciones que lo han conseguido (EEUU, la extinta URSS y China), una de ellas logró llevar astronautas a su superficie y dos han conseguido traer de vuelta tierras desde allí.

China quiere ser ahora la tercera nación que logre capturar muestras lunares y traerlas de vuelta a casa, en una misión lanzada este pasado martes, que es un compendio de complejidad y riesgo, y una buena muestra de la firmeza con la que el país asiático desarrolla su programa espacial, que ahora mismo ya es el segundo más importante del mundo. La misión está robotizada y en gran parte automatizada. El retardo de las comunicaciones entre la tierra y la Luna no es mucho, poco más de un segundo de ida y lo mismo de vuelta, pero suficiente para que determinadas maniobras que exigen mucha precisión deban ser ejecutadas en remoto por las sondas. La arquitectura de la misión es muy similar a la de las Apollo, con un cohete lanzador de fases que eleva el conjunto de la misión a órbita baja y una etapa auxiliar que lo saca de ahí rumbo a la órbita lunar. A ese punto llegan cuatro secciones de maquinaria, encargadas cada una de una labor muy precisa. En un momento dado dos de ellas se descuelgan y caen sobre la Luna. Una es el módulo de descenso, que es lo que permite aterrizar en la superficie, y se quedará ahí para siempre. La parte superior tiene el sistema de recogida de muestras lunares y un módulo pequeño de ascenso, que permitirá, una vez cargados los algo más de dos kilos que se esperan recoger, dejar la fase de descenso y ascender hasta reencontrarse con el resto de la nave, que orbita al satélite. Una vez reencontrados, el contendedor de rocas lunares pasará su contenido a la parte de la nave que reentrará en la atmósfera terrestre, y tras ello será desenganchado y perdido. Nuevamente conformado por dos unidades, y ya con su carga útil, el módulo de propulsión auxiliar sacará al conjunto de la órbita lunar y le pondrá rumbo a la tierra, desenganchándose en un momento dado y perdiéndose. Sólo una de las partes de la nave, la que contendrá los fragmentos, retornará a la Tierra. El esquema replica perfectamente lo que fueron las misiones lunares que lograron la conquista del satélite, siendo esa parte retornable la que, en su momento, albergaba a los tres astronautas que conformaban cada una de aquellas misiones. El hecho de no tener que portar soporte vital y que la carga de rocas previstas, un par de kilos más o menos, es mucho menor que el peso de tres humanos y todo sus adminículos hace que las necesidades de combustible, rigidez, y estructura asociadas a la misión sean mucho más reducidas que las Apolló, lo que permite entre otras cosas hacer un lanzamiento de todo el conjunto con un cohete “normal” y no con un monstruo como el SaturnoV, pero en todo caso la complejidad de la misión es enorme, y cada uno de los muchos pasos que va a tener que desarrollar en los días en los que tenga lugar es susceptible de problemas, averías o fallos que pueden dar al traste con todo el objetivo. Como los chinos son la pera, han fabricado todo por duplicado de tal manera que, si la misión falla, se pueda volver a mandar la gemela en muy corto espacio de tiempo para volver a intentarlo. La ESA, Agencia Espacial Europea, colabora con China en el seguimiento y monitorización de la misión, y la estación canaria de Maspalomas tendrá un papel importante en todo ello. Aquí pueden ver el gráfico esquemático de la misión en su totalidad.

Los norteamericanos trajeron muchas rocas lunares tras sus seis exitosas misiones Apollo, y los rusos, en 1976, fueron los últimos que lograron algo similar, pero con apenas fragmentos, regolito, conseguido por una sonda lanzada cuando la Luna ya era poco más que un estorbo para los jerarcas soviéticos. Si China tiene éxito en su misión, y espero que así sea, el golpe sobre la mesa que dará en materia espacial es de los considerables, y se revelará como el gran competidor de EEUU. Recordemos que ha logrado alunizar y que tiene pequeños rovers en la superficie. Todo el mundo sospecha que, tarde o temprano, intentará una misión tripulada. ¿Será chino u occidental el siguiente humano que visite nuestro satélite? La pregunta ya dice mucho.