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miércoles, julio 29, 2026

El coste de los fuegos

Puede que sea un detalle menor, pero lo cierto es que los incendios forestales salen carísimos. Y no me refiero, desde luego, a los costes directos, ambientales y emocionales, que suponen su existencia, o al valor paisajístico destruido que tarda años en volver a ser algo comparable a lo que fue, no. El mero coste de la extinción es disparatado. Se estima en una cota que oscila entre los 10.000€ y 20.000€ por hectárea en función de si se han empleado medios aéreos para sofocarlo o no, siendo ese caso el que eleva las cifras hacia el rango alto. Multipliquen alguna de esas estimaciones por las cientos de miles de hectáreas que se queman al año y obtendrán cifras en el entorno de varios miles de millones de euros.

A este coste muy directo hay que sumar los costes derivados de los bienes destruidos. Particulares, empresas y sector público ven como algunos de sus activos físicos se pierden. Pensemos en viviendas, coches, cobertizos, instalaciones agrarias, reservas de comida para el ganado, pabellones industriales, carreteras, tendidos eléctricos, postes de telefonía móvil, antenas de Wifi… la lista de bienes a recuperar es enorme y se traduce en nuevos gastos de presupuestos de todo tipo e indemnizaciones de seguros, más o menos cicateras, que de todo hay, que se traducirán en primas más altas en años posteriores. En los incendios de esta semana sólo el coste de las viviendas perdidas en la comunidad de Madrid va a ser tremendo, dado que se estiman en decenas y decenas las perdidas, o pensemos en el entorno del pantano de San Juan, donde se encontraba toda una serie de negocios relacionados con la navegación de interior, con instalaciones de formación, chiringuitos y embarcaciones, habiendo sido todo ello arrasado. La factura global se eleva muy notablemente. Tras esto vienen los costes derivados de la reforestación o de, por lo menos, el tratamiento de los suelos arrasados. Miles de árboles que permanecerán en pie, ennegrecidos, estarán muertos o poco les faltará. Es necesario retirar todo eso y proceder a una regeneración de los suelos, y a un trabajo intenso por parte de los agrónomos de recuperación, siembra y replantado, estudiando en cada caso el diseño del paisaje que se quiera construir, las especies que van a ser adoptadas, su compra, labores de instalación, riego, abono, etc. La recuperación de caminos forestales y de toda una serie de instalaciones de monte, como conducciones de agua o tendidos también es costosa, y en ocasiones exige ser rediseñada por los destrozos causados por el incendio en el entorno. Esta es una tarea lenta, pausada, que no aparece en las noticias, pero que es primordial para que el terreno no sufra ya el abandono, sino la más profunda de las erosiones y se convierta en un anticipo de lo que es la aridez del desierto. Profesionales y empresas de todo tipo deben trabajar en estas labores, y hacerlo de una manera coordinada, y contando a ser posible con la suerte de la meteorología, en forma de otoño e invierno con precipitaciones que ayuden a crear una mínima capa de verdor que sea el principio de la recuperación. En zonas agrarias de Galicia, por ejemplo, se ha visto em años pasados como se procedía con urgencia a arrojar paja desde helicópteros sobre los terrenos chamuscados para que este material hiciera de cobertura ante las posibles lluvias del otoño. Se buscaba en este caso, en terrenos dominados por pendientes significativas, que esas lluvias no arrastrasen la ceniza depositada en las lomas tras el fuego, con la pérdida de sustrato de estos y el elevado riesgo de contaminación de ríos, acuíferos y todo tipo de sistemas fluviales de abastecimiento con los restos dejados por el fuego. La paja actuaría como compactador del terreno y limitaría los daños. Es probable que en la zona abulense arrasada este tipo de actuaciones se den con más frecuencia e intensidad que en la madrileña, a priori menos abrupta, pero en todo caso son tareas que requieren suministro de insumos y el uso de medios aéreos con intensidad, por lo que la factura no deja de crecer.

Hay un coste emocional enorme, e imposible de valorar, por la pérdida del paisaje, y otro, inmenso y, me temo, muy tangible, derivado de la ya nula explotación. Casas rurales, alojamientos de montaña, negocios de rutas y senderismos, decenas de actividades relacionadas con el ocio campestre, las excursiones o el asueto están condenadas a desaparecer una vez que los parajes que las sustentaban se han esfumado. Toda una red económica de servicios asociados a l turismo de naturaleza han desaparecido con las llamas. Para los pueblos del entorno es un daño inmenso, que se extenderá a lo largo del tiempo, y limitará mucho sus economías locales. Toda una serie de facturas que van a salir carísimas.

viernes, julio 24, 2026

ChatGPT se escapa

Una de las noticias más interesantes de la semana, que da mucho que pensar, es el incidente sucedido con un modelo de IA de la empresa OpenAI, creadora de los ChatGPT X. Al parecer, según han contado y ratificado otras fuentes, un modelo de IA que estaban entrenando en un entorno seguro y, presuntamente, aislado del exterior, logro encontrar un agujero en las medidas de seguridad que cercenaban su hábitat y escapó, de tal manera que violó el confinamiento. No sólo eso, sino que procedió directamente a lanzar un ciberataque a una empresa tecnológica emergente, de nombre Huggin Face. Esta empresa ha confirmado que sufrió el ataque.

La IA tiene, en este momento, dos grandes riesgos, de naturaleza muy distinta, y que en ningún caso, en mi opinión, se están afrontando como es debido. Uno es el financiero. La industria de la IA requiere enormes inversiones en centros de datos que sirvan para entrenar y abastecer de información a los modelos, llenos de carísimo equipamiento informático de última generación, y con ellos enormes costes energéticos de uso y refrigeración. Para lograr todo esto las empresas metidas en la carrera de la IA han anunciado inversiones inmensas, de cientos de miles de millones de dólares, se ha lanzado a la emisión de deuda privada a lo loco y se han convertido en devoradoras de capital con una voracidad pocas veces vista. Hasta ahora el mercado se lo ha consentido todo en aras de la expectativa de negocio que se puede estar creando, pero empiezan a surgir serias dudas de que toda esa montaña de costes pueda no sólo llevarse a cabo, sino ser rentable en un plazo razonable. Si crece la sensación de que estos costos no van a ser asumibles y este castillo financiero se derrumba, la IA puede llevarse por delante compromisos, emisiones, derechos y todo lo que ustedes imaginen que sucede cuando se produce una estampida financiera. La dimensión de las cifras apostadas en el sector es capaz de provocar un crack global si no cumple lo que promete. El otro problema, más de concepto si quieren, es el derivado de una tecnología que puede no ser tan controlable como se nos ha vendido. Desde el principio, mucho antes del surgimiento de los modelos LLM, ha habido una corriente precautiva con la IA ante el temor de que, si se alcanza, se escape de nuestro control y sea capaz de causar daños masivos. El que muchas películas hayan basado sus argumentos en este temor lo ha ridiculizado parcialmente para muchos expertos serios mantienen dudas profundas sobre qué va a suceder cuando las aplicaciones de IA sean capaces de operar solas y el control de quienes las diseñan no pueda mantenerlas en cautividad. La carrera que se vive entre empresas y naciones (EEUU y China) en este sector no hace sino aumentar los miedos a que alguno de los modelos llegue a un punto de escape. No hace falta que se alcance la AGI, la Inteligencia Artificial General que tanto ansían las empresas norteamericanas y que no dicen perseguir las chinas. Basta con que un modelo empiece a superar las capacidades de comprensión y seguridad de quienes lo han desarrollado para que se vuelva peligroso, como una criatura que ya no responde a quien le ha amaestrado, en este caso más bien creado. ¿Algo de esto es lo que le ha pasado esta semana a OpenAI? Puede ser, aunque recuerden que en este sector las noticias que asustan también son una excelente fuente de marketing. En todo caso, parece que estamos ante un incidente serio, que ha comprometido las medidas de seguridad de la empresa y que, probablemente, revele hasta qué punto esas medidas son, cada vez, más escasas ante el avance que se registra en la carrera tecnológica. Es probable que OpenAI haya sido sobrepasada por una de sus creaciones. Es muy necesaria una auditoría seria de lo que ha sucedido y tomar las medidas que sean necesarias para impedir que se repita.

En ambos planos, financiero y tecnológico, la IA corre a sus anchas sin apenas regulación, más allá de los intentos de una UE sobrepasada por completo. Las similitudes entre la carrera nuclear y la de la IA son numerosas, aunque hay un factor que, por ahora, las distingue claramente. En el caso nuclear primero vino la bomba, vimos el hongo y, tras ello, se vio la necesidad global de la regulación por seguridad. En la IA el desarrollo tecnológico sigue imparable sin apenas controles, pero con el temor de que, en algún momento, se produzca un accidente que revele la peligrosidad potencial de esa tecnología ¿Habrá que esperar a que eso suceda para regular como es debido? Ojalá no sea así, pero ya ven, los problemas crecen y las medidas para atajarlos no.

jueves, julio 23, 2026

Petróleo por encima de 90$

Llevamos ya algo más de una semana de ataques cruzados entre EEUU e Irán. Teóricamente las conversaciones entre ambas naciones siguen en vigor tras la firma del memorándum de entendimiento que se celebró tras la reunión francesa del G7, pero lo cierto es que desde hace días no hay noche en la que no se produzcan ataques norteamericanos y represalias iraníes. Se han dado también, y es el argumento norteamericano para reiniciar los bombardeos, ataques por parte de la guardia revolucionaria iraní contra navíos que pretendían cruzar las aguas de Ormuz, y es evidente que el tráfico de buques en esa zona del mundo sigue sin volver a la normalidad de febrero, antes del inicio de la guerra.

Todo esto ha llevado a que el pecio del petróleo se vuelva a disparar. Tras la firma del acuerdo, el barril de crudo se relajó, perdió la cota de los ochenta y el Brent europeo hizo un mínimo de 71$ a principios de julio, sin romper esa barrera. Recordemos que antes de la guerra, pongamos enero de este año, ese barril cotizaba en el entorno de los 60$. Pues bien, como era de esperar, la reanudación de las hostilidades ha provocado ascensos en el petróleo, y los 70$ se abandonaron rápidamente, y no ha pasado demasiado tiempo para que los 80$ dejen de ser el techo. Ahora mismo el barril cotiza claramente por encima de los 90$. En esta semana se ha ido encareciendo día a día, y a esta hora de la mañana lo hace en 96,027$ un previo muy muy alto. El máximo alcanzado durante la guerra fue de 114,44$ a principios de mayo. A las puertas de la gran operación salida del verano nacional, con el consumo de gasolinas y demás productos en máximos, en una época de viajes largos y multitud de escapadas locales, la presión del barril va a impulsar los precios de los combustibles al alza, lo que va a poner aún más por los cielos las que se esperaban ya como las vacaciones más caras de historia. El gobierno anunció hace unas semanas el apaciguamiento progresivo de la subvención que otorga a los combustibles, en consonancia con el relajamiento de los precios del barril tras el acuerdo, de tal manera que, si no recuerdo mal, serían 15 céntimos el descuento que se aplicaría en julio, 10 en agosto y 5 en septiembre, para en octubre eliminarse por completo. Eso era en el escenario en el que ya habíamos dejado atrás lo peor de la subida, pero si ahora empezamos una nueva escalada de precios es probable que ese calendario de medidas deba ser revisado en el caso de que estemos ante un ascenso sostenido. Conociendo la volatilidad de Trump puede que organice la marimorena en agosto o que, por las buenas, decida dar otra vez carpetazo a este fracaso de guerra. En todo caso, como eso es algo parecido a la meteorología, caprichosa e impredecible en plazos superiores a los pocos días, no podemos contar con ello, y habrá que ir siguiendo la actualidad día a día. Lo único seguro es que cada jornada en la que el precio del crudo sigue alto, y más de 90$ es muy alto, la presión inflacionista que se creía controlada, lo que parecía un shock de apenas unas semanas, puede volver en forma de fantasma permanente, haciendo que los precios de la mayoría de los productos escalen progresivamente a medida que los costes crecientes de la energía se filtren por la cadena productiva. La dimensión de este proceso depende sobremanera del tiempo en el que los precios del petróleo se mantengan altos. Nuevamente, si lo que vivimos es una escaramuza que se apacigua en días, el efecto será escaso, pero si la dinámica de ataques y represalias se mantiene en el tiempo, aunque la crudeza de la guerra no escale, puede ser suficiente para sostener precios energéticos altos durante más tiempo de lo que las cuentas de resultados de muchas empresas son capaces de soportar. Y eso se traduciría es ascensos de precios sostenidos y relevantes, tipos de interés al alza y frenazo económico. Supongo que los que se dedican a la modelización macro deben estar pasando un año de pesadilla a cuenta de esta maldita guerra y los shocks que provoca en los precios del petróleo.

Hay otro amiguito al que no debemos olvidar en esto de los precios y suministros, que es el gas natural. Aunque parezca lejano, ya hemos consumido el primer mes del verano y el recorte en el día empieza a ser relevante. Sí, aún queda mucho calor, pero es necesario empezar a rellenar los stocks de gas de cara al próximo invierno. En Europa las reservas están bajas, y los precios de la materia prima, espoleados por el disparate de Ormuz, altos. Si esto sigue así este invierno vamos a tener unas facturas de calefacción disparatadas, y en función de la intensidad del frío, veremos a ver si algunas naciones no pasan estrecheces de suministro. Queda tiempo, sí, pero hay que empezar a acumular ya.

jueves, julio 16, 2026

Bajan las ventas de pisos

Los últimos datos publicados de venta de pisos muestran que el mercado se frena. Las compras bajan respecto a meses anteriores y se empieza a notar un tiempo de espera creciente en las operaciones. Ya no te quitan el piso de las manos, o al menos no existe esa urgencia desaforada que hasta hace poco convertía las compras en casi subastas al mejor postor realizadas en plazos récord. El vendedor empieza a no tener todas las cartas en su mano y el comprador, angustiado, renuncia, por lo que las transacciones no se hacen a toda velocidad. Parece que, esta vez sí, hemos tocado un techo en el mercado.

Ese techo se alcanza en las zonas en las que la demanda es fuerte, léase grandes capitales, costa y demás. En muchas otras zonas del interior peninsular las compraventas siguen bastante lánguidas, aunque se ha notado la expansión de mercados como el madrileño, que incapaz de satisfacer la demanda propia, expulsa a residentes cada vez más lejos de la ciudad en busca de precios asequibles a costa de traslados cada vez más largos y costosos. Este freno al mercado inmobiliario se da en medio de una coyuntura económica complicada, con costes energéticos que no se disparan pero, dadas las incertidumbres en Ormuz, no bajan como debieran, y una inflación que ataca al bolsillo del consumidor en su día a día, dejándole menos margen disponible para el ahorro y aún menos para aventuras financieras como es la compra de un piso. El coste de la financiación hipotecaria tampoco afloja. El euríbor, en media mensual, está en lo que llevamos de julio en el 2,77%, un pelín por debajo de su cierre de junio, que fue 2,8% pero bastante caro si lo comparamos con el 2,2% de febrero, el último mes anterior a la guerra de Irán. A partir de ahí los tipos remontan y la financiación se encarece. Esto, evidentemente, es un freno a la demanda, que, hasta ahora, por lo menos, “sólo” tenía como enemigo los precios disparados, pero al menos en las entidades financieras las condiciones para solicitar hipotecas eran relativamente laxas. Desde hace unos meses ya no es así, y sean a tipo variable, mixto o fijo, el coste de la compra se ha encarecido también por esa vía. Puede que esta haya sido la puntilla a un mercado que ya estaba demasiado tensionado y, en opinión de todos, no podía seguir con esa fuerza mucho más tiempo. Quizás la subida de tipos ha adelantado la formación de un techo que pudiera haberse alcanzado a finales de año si la dinámica de subidas de precios de los pisos se hubiera mantenido. Todo este análisis esconde una realidad bastante cruel, porque la demanda de vivienda sigue estando ahí, enorme, dada la formación de hogares y el ritmo de crecimiento de la población del país, fruto en gran parte de la llegada de inmigrantes. El que los precios se estanquen y las transacciones bajen no quiere decir que la demanda haya dejado de existir, no, simplemente señala que la capacidad de compra de esa demanda no da más de sí, y que si no puede adquirir la vivienda que necesita renuncia a ello y busca alternativas como la de compartir el piso alquilado con cada vez más gente, o volver a casa de los padres, u otro tipo de soluciones similares que no son sino parches ante un problema irresoluble, no llegar al precio requerido para poder comprar. Por su parte, los datos de oferta siguen siendo rácanos, tanto en nueva vivienda como en segunda mano. Los procesos que se hacen de conversión de edificios de oficinas a residenciales son muy escasos y, en general, asociados a viviendas de lujo, segmento inmobiliario en el que no jugamos la inmensa mayoría de los ciudadanos. Las licencias de obra nueva se siguen concediendo a cuentagotas en medio de una burocracia exasperante y el mercado de segunda mano va como va. El cuello de botella de la oferta se mantiene.

¿Qué va a pasar en los próximos meses? No lo se. Si el techo se prolonga habrá muchos vendedores que puedan esperar y mantener precios altos, pero algunos empezarán a sentir presión por deshacerse del inmueble y optarán por comenzar a bajar sus peticiones, pero ese es un proceso que, si se da, deberá ser ratificado por bastante más que una serie de anuncios donde se publicita una rebaja. Si la inestabilidad económica global se mantiene es probable que el mercado entre en una fase de estancamiento, con goteos a la baja y pérdida de dinamismo. Con las vacaciones de verano casi a pleno rendimiento, será en otoño cuando podamos saber con más certeza qué rumbo toman las cosas.

miércoles, julio 15, 2026

La crisis de Volkswagen como síntoma

El viernes pasado, tras varios días de especulaciones, la empresa alemana Volkswagen hizo púbico su plan de reestructuración, que en grandes líneas confirmaba lo que se estaba comentando en los mentideros especializados del sector. En esencia, una jibarización de la compañía, una reducción. Menos empleos, con bajas que pueden llegar a los 100.000 despidos en todo el mundo, menos producción, con reducciones desde los doce millones de vehículos producidos en la actualidad hasta nueve, y menos gama, con una cancelación de casi la mitad de las tipologías que actualmente se fabrican. Volkswagen se achata para tratar de sobrevivir.

Hasta hace poco, y durante varios años, Volkswagen ha sido el mayor productor mundial de vehículos. Poseedor de marcas como la de la propia empresa, SEAT, Audi, Cupra, SKODA, Porsche y otras, su producción y ventas son globales, y ha sido referente en el mundo de la automoción por calidad y diseño, aunando la marca de “ingeniería alemana” a unos precios asequibles frente a firmas germanas de más estatus como BMW o Mercedes. Hace ya algunos años perdió el trono de la mayor productora frente a Toyota, la japonesa, que encontró en la hibridación la piedra angular que le permitió despegar en los mercados occidentales a medida que las restricciones con las emisiones contaminantes empezaban a ponerse serias. Desde entonces las marcas asiáticas han ido ganando cuota de mercado sin cesar en el mundo, perdiéndolo las norteamericanas, reducidas casi al nicho de su país (con la excepción de Tesla), y las europeas, los gigantes globales que ven cada día como su trono se derrumba. Tras la irrupción de los japoneses, con la mencionada Toyota, Nissan o Suzuki como abanderadas llegó la de los vehículos coreanos, con una primera entrada de Daewoo, que no llegó a consolidarse, y con la implantación de Kia y Hunday, marcas que esconden detrás inmensos conglomerados industriales que son líderes en temas como el naval, la elaboración de componentes para la industria extractiva, el refino y muchas cosas más. Las marcas coreanas han ido ganando en fiabilidad y diseño de una manera constante y ahora mismo sus modelos son tan apetecibles como cualquiera de los europeos. Los últimos en llegar al mercado han sido los chinos, pero no por ser los últimos son precisamente los menos importantes. Justo lo contrario. Con una enorme cantidad de marcas, muchas de las cuales sigo sin reconocer, la capacidad productiva de las empresas chinas y su salto a la electrificación sin complejos, junto a las subvencione que su omnipotente gobierno les ha concedido, todo ello les ha llevado a pasar de ser anecdóticas a posicionarse como las que más crecen en todos los mercados. El mes pasado, por primera vez, una marca china, BYD, vendió en el conjunto de la UE+UK+Noruega más vehículos que Citröen, una de las más clásicas europeas. Las marcas chinas operan tanto mediante enseñas propias (BYD, Jaecco, Omoda, etc) como a través de las adquisiciones que han hecho en Europa de industrias automovilísticas en crisis, de tal manera que los Ebro, MG, Volvo o Polestar que usted ve por la calle pueden tener un sello europeo y haber sido diseñados aquí, pero esconden tecnología, fabricación e ingresos chinos. Ahora mismo en España las marcas chinas ya se han hecho con una cuota de mercado global que ronda el 10% y tiene pinta de que van a ir a más. Para los conglomerados europeos clásicos, como los franceses Renault o el grupo Stellantis (Peugeot, Citröen, Fiat, Opel…) o los alemanes ya mencionados, en un mercado maduro como el europeo, el ascenso de marcas chinas supone en gran medida una pérdida de los fabricantes locales. Las decisiones anunciadas por Volkswagen responden a esta pérdida progresiva de mercado.

Si un gigante como el alemán toma medidas de este tipo puede uno imaginarse lo seria que es la situación en el sector, un sector que genera un arrastre de inversiones y empleo enormes, porque a las plantas de producción de coches debemos añadirle las miles y miles de empresas que fabrican componentes auxiliares para ell.as de tipo mecánico, plástico, tecnológico, informático, etc. Todo un ecosistema que se tambalea ante el empuje de las marcas chinas y la revolución tecnológica que empieza a transformar el coche a una especie de Tablet con ruedas en la que la batería y la tecnología son lo más importante, perdiendo la mecánica importancia a pasos agigantados. Es toda una revolución.

miércoles, julio 01, 2026

Calor y renta

Cuatro días en el norte tras una de las olas de calor más intensas y persistentes que se han vivido por allí deja casi un monotema de conversación entre todo el mundo. Es habitual que los que conozco, llegadas estas fechas, se compadezcan de mi por vivir en el infierno madrileño, pero esta vez les recordaba que han pasado días más duros que los que se han dado en la gran ciudad y el semblante de mis interlocutores tornaba de lo gracioso a lo crudo, desesperado, todo atisbo de broma desaparecía y los rostros mostraban agotamiento, y casi hasta miedo por lo sucedido, por los días que han pasado, y por la mera posibilidad de que algo así vuelva.

Lo de combatir el calor cuando no hay costumbre ni instalaciones es un problema, y es algo que empieza a estar presente en esa zona del país, y en todo el continente europeo, hasta ahora ajeno en gran parte a eso de “la calor” que azota al centro y sur de los países mediterráneos. La compra de ventiladores se ha disparado entre mis conocidos, y obviamente el stock de las tiendas no ha dado abasto. En el chino de Elorrio quedaban algunos ejemplares de esos que se ponen en las mesillas, con aspas de quince centímetros de diámetro, como mucho. Ejemplares de pie, o portátiles de aspas grandes, nada de nada, y de los de techo para las habitaciones ni soñarlos. Los que los tenían de veranos pasados, como era el caso de mi madre, ejemplar mediano, los ha usado a espuertas, pero a muchos les ha pillado sin otra cosa que un abanico para poder darse algo de corriente. Si los ventiladores allí son algo escaso, lo del aire acondicionado es un exotismo. Las oficinas y comercios grandes lo tienen, junto a varios bares, pero en general escasea en tiendas y es prácticamente imposible de encontrar en viviendas particulares, sean pisos o chalets de privilegiados. No existe nada parecido a eso de la preinstalación de aire que se hace por defecto en todas las viviendas nuevas en Madrid, y ver cajas de extractores de aire en la calle resulta muy llamativo. Uno puede pasear en Madrid contemplando edificios viejos y contando las pocas viviendas que no lucen adosada en la pared una de esas cajas que quedan estéticamente como pegotes, pero que en estos días suponen la supervivencia y el sueño de más de uno. Cada uno, por aquí, ha ido instalando los equipos a la buena de Dios de tal manera que los exteriores de los edificios son realmente feos en muchos casos. Parece como si los hubiera asaltado una viruela o algo así. Arriba no, las fachadas son pulcras, porque no es posible encontrar esos dispositivos en ninguna parte. ¿Va a cambiar ese paisaje urbano en el norte? Sospecho que sí, y dado que el aire acondicionado es una instalación que supone una inversión considerable, sospecho que empezarán a proliferar en las viviendas y barrios pudientes, para ir extendiéndose poco a poco a los bloques de pisos convencionales, de barrios más modestos. En la lucha contra el calor la renta es una de las principales variables, como lo es en casi todas las cosas de la vida. Uno pasea por barrios y las viviendas y los coches suelen ser buenos indicativos de lo que ganan los residentes que allí viven. En el caso de las calefacciones los edificios suelen venir con ella instalada, sea cual sea el dispositivo escogido, y normalmente es el usuario el que decide lo que quiere, o puede, gastar. Arriba son muy escasos los piso que carecen de sistemas de calefacción, aunque los haya, pero en general es muy difícil saber desde la calle si eso es así o no. Acertarán al 90% si consideran que todos los tienen, sea cual sea la tipología de edificio que contemplen. En el caso del aire acondicionado el porcentaje de acierto será muy similar si apuestan por el no, y dado el funcionamiento de la tecnología, en breve empezará a distinguirse quién ha hecho la obra para instalárselo y quién no.

Se habla de pobreza energética cuando el ciudadano sufre para poder pagar las facturas de lo que se llama vulgarmente la luz, que es eso y mucho más. Normalmente se ha asociado a la época de invierno, en la que hay gente que pasa frío en casa porque no puede pagar las facturas si pone en marcha sus instalaciones. ¿Vamos a una extensión de ese concepto a todo el año, a medida que el calor empieza a condicionar la vida de la gente? No es descartable, la verdad. En todo caso, y como es habitual, el que tiene dinero podrá llevar una vida mucho más acomodada, en la que los veintipocos sean la norma que rija en su hogar, sea cual sea la época del año.

miércoles, junio 24, 2026

El infinito poder de Alan Greenspan

Hubo unos años en los que Alan Greenspan no sólo era una de las personas más poderosas del mundo, sino también de las más admiradas. Capacidad de decisión y calidad de conocimiento se aunaban en un personaje de gafas grandes y calvicie creciente que acabó completamente pelado cuando alcanzó sus años de gloria. Recuerdo una tarde en el centro de cálculo de la Universidad, cuando estaba haciendo cursos postdoctorales (qué tiempos, qué envidia) en la que Greenspan comparecía, y sus palabras hicieron caer la bolsa norteamericana a plomo. Uno de mis compañeros de entonces, el gran PBN, empezó a cagarse en los muertos de Alan y en toda su familia viva, mientras que el SP bajaba. Todos conocíamos a Alan.

Greenspan estuvo diecinueve años, que se dice rápido, al frente de la FED, el banco central de EEUU, el organismo monetario más importante del mundo. Su gestión abarcó cuatro presidencias, multitud de crisis pequeñas y medianas, booms del mercado y situaciones de todo tipo. Instauró una gestión profesionalizada al frente de la institución, sistematizando procesos y dando cada vez más importancia a la información cuantitativa a la hora de la toma de decisiones. En su mandato se pasó de los ordenadores como algo exótico al dominio de la tecnología para la gestión financiera y estadística, en lo que supuso una revolución que, aún hoy, sigue imparable. Greenspan supo ver la importancia de la informática tanto como herramienta para su trabajo como sector productivo capaz de revolucionar al resto. Amigo de la teoría de las expectativas racionales, que acabaría siendo el paradigma de la economía en esos tiempos, se encargo de dictar lo que se denominó desde entonces las “forward guidance”, catálogo de intenciones de política monetaria previsibles, de tal manera que la FED, además de un regulador, se convirtiera en un agente económico fiable, no dado a las sorpresas. La idea era que ese conocimiento anticipado de lo que la Fed iba a hacer diera a los mercados la tranquilidad de un rumbo, de que el objetivo de inflación del 2% se mantendría como foco inamovible y que la rigurosidad de la institución sería el ancla en los tiempos turbulentos y en los días despejados. Durante los años de la presidencia de Clinton formó un tándem operativo con Robert Rubin, Secretario del Tesoro de aquel gobierno, que les hizo mundialmente famosos en el mundo de la economía y que llevó a EEUU a tasas de crecimiento sostenidas durante muchos años. Empezó ahí el despegue absoluto de esa economía, que aún por entonces se podía ver desde la distancia desde la Europa occidental, pero que ya empezaba a marcharse al infinito. Los años de la gran moderación, como se le empezaría a llamar entonces, con tasas de crecimiento económico, desempleo a la baja e inflación controlada eran el paraíso de los economistas y la balsa de aceite sobre la que crecía la prosperidad occidental. Muchos veían a Greenspan como una especie de mago que tocaba pocas teclas, pero siempre las acertadas y en el momento preciso, y su aura de infalibilidad creció hasta niveles delirantes. Bob Bodward llegó a escribir uno de sus libros, titulado “maestro” en el que la imagen de Alan ocupa toda la portada y es una especie de hagiografía desatada, una larga carta de agradecimiento a quien el periodista veía como uno de los principales artífices de la prosperidad de su país. También se recuerda mucho ese día en el que Greenspan habló de la “exhuberancia irraciona” de los mercados, pronunciada en 1996, en medio de la subida bursátil de la tecnología, que advertía de una posible burbuja en aquel mercado. Greenspan acertó, pero cuatro años antes de lo debido, lo que en economía es errar por mucho. Ese día sus palabras hundieron una bolsa que se recuperó al poco. Quizás fuera ese justo el momento en el que mi querido PBN se ciscó en todo, o no.

Greenspan pudo lidiar con la burbuja puntocom de 2000, y se fue de la FED en 2006 en medio de la aclamación global, sucedido por un desconocido profesor de Princeton llamado Ben Bernanke. En 2007 comenzó una tormenta que se convirtió, en 2008, en la gran recesión, que lo hundió todo. También la imagen del propio Greenspan, que se vio acusado por todos de no haber visto lo que venía y haber mantenido la burbuja de crédito desatada en los últimos años de su mandato. Greenspan trató de defender su legado, inútilmente, y fue Bernanke quien, junto con otros, nos salvó del desastre. Amante del jazz, saxofonista de gran nivel, ha fallecido a los 100 años. Hace tiempo que dejó de ser historia para convertirse en mito.

miércoles, junio 17, 2026

Un G7 descafeinado en Francia

Estos días tiene lugar en Evian, Francia, la reunión del G7, foro de las principales economías del mundo, diseñado sin la presencia de China, por lo que es ya la expresión de un mundo no vigente, en el que las grandes naciones occidentales y Japón se juntan para tratar asuntos de gobernanza global, tanto económica como política. Durante los años de la gran recesión este foro, junto con su versión ampliada del G20, sirvieron para coordinar esfuerzos ante un problema, el financiero, que angustió a todo el mundo y requirió acciones conjuntas a varias bandas y naciones para tratar de contenerlo. Funciono. Visto lo visto, tuvimos mucha suerte.

Hoy los tiempos han cambiado, y los aires de cooperación que se vivieron en esos turbulentos años han quedado atrás. Estamos en un mundo de competición despiadada en el que las viejas alianzas han caído, empezando por la que mantenía unida a occidente, a lo largo de las dos orillas del Atlántico. Europa ha visto como su socio fundamental, EEUU, se aleja sumido en el caos de su política interna, llena de populismo y soberbia, mientras que es Asia, liderada por China, quien aspira a un relevo en la dirección del mundo, al menos en las cuestiones económicas. Si en ese campo las cosas están disputadas, en todo lo demás el unilateralismo se ha hecho fuerte, como lo demuestran la eternizada guerra de Ucrania o la relámpago de EEUU con Irán, donde no hay organismo multilateral alguno que pese a la hora de determinar lo que sucede en ambos escenarios. Rusia primero, EEUU ahora, se han erigido en naciones que ponen su soberanía por encima de los designios globales, y hacen uso de la fuerza sin ni siquiera cumplir el paripé de presentar sus problemas y demandas ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Antaño EEUU ya desarrolló guerras ilegales, con Irak en el recuerdo de todos, pero si recuerdan se produjeron varias vistas en la sede de la ONU en la que la administración Bush trató de convencer al resto del mundo del problema que veía y la solución que iba a imponer. No sirvió para ello, pero al menos se cumplía un protocolo formal que hacía mantener la apariencia de que la multilateralidad importaba. Habrá quine prefiera esta versión descarnada de hoy en día a la hipócrita del pasado, dado que ambas acaban en situaciones similares, pero en mi caso prefirió que haya un mínimo grado de formalidad para que los que no podemos recurrir a la fuerza al menos tengamos tiempo para ir planificando cómo responder (huir). ¿Qué conclusiones se pueden esperar de la reunión de Evian si EEUU ha mostrado su desprecio a todo lo que no sea sometimiento a los intereses trumpistas? Acude Donald al encuentro tras haberse conocido parte del texto del MoU que van a firmar este viernes Washington y Teherán, si no sucede nada imprevisto. Un acuerdo que es bastante humillante para las posiciones de EEUU, que certifica el fracaso de su intervención y los enormes costes que le ha supuesto su imprudencia, pero Trump lo venderá como un éxito rotundo. En las imágenes que se han visto de la cumbre el emperador deambula solo la mayor parte del tiempo, como aburrido, medio ausente, desubicado. Se le veía más en su salsa junto al ring que se autoregaló en los jardines de la Casa Blanca por su cumpleaños. Se han visto algunos intentos de conciliación por parte de dirigentes europeos ante Trump, especialmente del canciller alemán Mertz, pero es patente la frialdad que existe entre Trump y Macron, anfitrión del encuentro, que mantiene una pose sonriente que no oculta su incomodidad cada vez que está cerca del mandatario norteamericano. La retahíla de comentarios despectivos que ha tenido que escuchar, él y el resto, por parte del dirigente de EEUU, lo dicen todo, y los europeos saben que los halagos a Trump lo moderan, lo alegran como el niño mimado que es, pero que no evitarán la pataleta a los pocos minutos si no sigue teniendo el juguete que desea en las manos. Sólo el poder efectivo, como el que es capaz de ejercer China, amilana a Trump, y los europeos carecemos ya de esa capacidad de persuasión, mejor dicho, coerción.

Aunque se han producido avances en el respaldo a Ucrania y Zelensky ha sido recibido por Trump con formas presentables, la verdad es que pocos esperan resultados prácticos de esta cumbre. El G7 está fracturado entre EEUU y el resto, con China como el ausente decisivo que cada vez condiciona más, y el núcleo europeo del foro se debate en cómo sobrevivir en un mundo inseguro, en una economía proteccionista, en un escenario tecnológico en el que la IA y otras herramientas no radican en sus fronteras y con costes energéticos y de seguridad crecientes. Muchas sonrisas de cara a la prensa, con ambiente de glamour francés, pero poco contenido y demasiadas dudas.

lunes, junio 15, 2026

SpaceX o el negocio espacial

El pasado viernes inició en Wall Street la cotización de SpaceX, la empresa de cohetes de Elon Musk. Salió a bolsa una parte pequeña de la compañía, en torno al 5%, con un valor estimado de 75.000 millones de dólares, así que multipliquen por veinte para calcular lo que la empresa estima como su propio valor. Como se esperaba, el debut fue exitoso, las acciones subieron por momentos por encima del 20% y acabaron cerrando con una revalorización del 19%, lo que supone una ganancia muy notable para todos los que estuvieron metidos en el ajo. Desde el viernes muchos de los empleados de la empresa son millonarios. Lo de su jefe ya está en otra dimensión.

¿Vale tanto SpaceX? Es difícil decirlo, porque el plan de negocio de la compañía es un compendio de realidades conseguidas y ambiciones fantasiosa que no se las cree casi nadie, salvo el propio Elon Musk. Lo seguro es lo que ha logrado ya. SpaceX ha revolucionado los lanzamientos con el desarrollo de un cohete reutilizable, uno que pone en órbita la carga útil, principalmente satélites, y luego vuelve a la Tierra, logra aterrizar y se puede volver a utilizar tras una revisión relativamente rutinaria. Es algo asombroso de contemplar, e inaudito. Nadie lo había conseguido. Hasta entonces lanzar cohetes era como coger un autobús para ir de un lugar a otro sabiendo que, una vez alcanzado el destino, el autobús se destruye. Tantos viajes a realizar, tantos autobuses a construir. Ruina garantizada. Este avance tecnológico ha supuesto una enorme reducción de los costes operativos y, con ello, ha permitido a la empresa hacerse con el mercado de lanzamientos, siento ahora mismo la dominante absoluta de los mismos. También ha logrado que su cápsula Dragon sea operativa, de tal manera que es capaz de poner astronautas en órbita baja, la Estación Espacial Internacional, de manera sencilla, eficaz y segura. Todo esto le ha costado no pocos accidentes, como es habitual en este mundillo, pero lo han conseguido, y sólo con eso SpaceX ya sería, es, la principal empresa espacial del mundo. Pero las ambiciones de Musk van mucho más allá. Desde hace tiempo mantiene en pie el proyecto StarShip, una nave de gran tamaño que serviría para llevar tripulaciones amplias y carga, en principio, bastante más allá de la órbita terrestre, con la Luna y Marte como principales objetivos. Cada pocos meses se realiza un lanzamiento de prueba del sistema StarShip, actualmente el mayo cohete del mundo, desde la base que SpaceX tiene en Bocachica, Texas, muy cerca de la frontera con Méjico. Ahí el número de incidentes está siendo elevado, y caso cada uno de estos intentos acaba con algo explotando de manea más o menos controlada, predominando lo segundo. “Proceso de desmontaje no programado” es como denomina Musk a todos esos incidentes. El proyecto StarShip es prometedor, pero hoy en día no cumple ninguno de sus objetivos y queda bastante para que pueda convertirse en una nave con un mínimo de fiabilidad. En lo que hace a la apuesta lunar, SpaceX tiene numerosos contratos con la NASA para poder dar servicio a las ambiciones de la agencia norteamericana de volver al satélite, tanto en lo que hace al mero retorno y poner el pie en él como para el desarrollo de una futura base estable que pueda mantener una tripulación constante en el satélite. Para ello SpaceX se ha comprometido a entregar un modelo de módulo de aterrizaje lunar, equivalente al LEM de los Apollo, que sufre una serie de retrasos nada anecdóticos, y en paralelo Musk sigue espoleando a sus ingenieros para que diseñen habitáculos y plataformas de aterrizaje lunares en las que las StarShip funcionarían como lanzaderas de conveniencia, haciendo posible el viaje que el viaje a la Luna sea algo tan rutinario como lo que ahora es un lanzamiento de satélites de su empresa. Pero, por ahora, todo esto son promesas, como la idea de instalar centros de datos para la IA en órbita terrestre, huyendo así de las restricciones que imponen los costes energéticos de los emplazamientos terrestres. Las ideas de SpaceX son numerosas y bastante rupturistas, pero por ahora muchas de ellas no pasan de bocetos.

No les he comentado nada de Marte porque, sinceramente, si lo de la Luna está verde, lo de Marte es pura fantasía, con el nivel tecnológico actual. Así pues, SpaceX es una empresa disruptiva a más no poder y trabaja en un campo de potencial enorme, costes que pueden convertirse en prohibitivos y riesgos muy elevados. Su apuesta es muy alta, y puede ser exitosa, lo que redundaría en beneficio propio y en el de toda la humanidad, o fracasar en varios de sus objetivos, creando agujeros económicos de imposible cobertura. Tener al desquiciado de Musk al frente vista su secuencia de éxitos empresariales, es uno de sus mayores activos. Invertir en ella es arriesgado, pero puede ser todo un pelotazo. El viernes pasado ya lo fue.

viernes, junio 12, 2026

Suben los precios, suben los tipos

El anuncio de ayer de Trump de un acuerdo con Irán para este fin de semana disparó los índices de la bolsa de EEUU e hizo caer el petróleo, pero esta supuesta tregua es parecida a la que se ha anunciado unas treinta veces en las últimas semanas, y sospecho que el único objetivo de ese anuncio era el de espolear los mercados justo en el momento de la colocación de las acciones de SpaceX, garantizándose así hoy una salida al mercado exitosa de la espectacular empresa espacial de Elon Musk. ¿Un mero amaño de mercado? No sería la primera vez que el tahúr de Trump lo hace, ni sería la última.

En lo relevante, el miércoles se supo el dato de inflación de EEUU, que en tasa interanual ha subido en mayo hasta el 4,2% , la más alta desde los tiempos del descenso de la tasa tras el disparate de la salida del Covid y el inicio de la guerra de Ucrania. Es un valor muy alto, altísimo, que erosiona profundamente la capacidad de compra del consumidor, devalúa sus ingresos y activos y, dado su carácter regresivo, destruye mucho más a las clases bajas y medias que a las adineradas. Ante un panorama semejante, con daños estructurales en Ormuz y su entorno que van a hacer que los precios de la energía no vuelvan a ser bajos en bastante tiempo, es de esperar que las tasas de inflación no retornen a corto plazo al nivel deseado del 2%, por lo que las autoridades monetarias deben actuar, les guste o no. De ahí la intervención del BCE de ayer, con una subida de tipos de 0,25%, dejando los oficiales de la eurozona en el 2,25%. Esto se va a traducir rápidamente en un encarecimiento del crédito, tanto el de inversión como el de consumo o el hipotecario. Este último lleva ya unos meses poniéndose cuesta arriba, porque el euríbor está actuando como buena señal de tensión monetaria, alcanzando cotas de cierre mensual del 2,8% Esto encarece las hipotecas a tipo variable, y por ello el porcentaje de las que se firman a fijo sube y sube, pero decisiones como las de ayer encarecerán las ofertas de fijo de los bancos, por lo que la financiación para la compra de inmuebles se pondrá más difícil sí o sí. ¿Puede ser esa la causa por la que parece que hemos llegado a un techo en el precio de los inmuebles? Quizás, aunque también el que su precio sea disparatado y la demanda no tenga fuerza infinita influirán sobremanera. En todo caso, y como pasó ante el disparo inflacionario de 2022, las causas de esta subida de precios no son estrictamente monetarias, no hay un disparate de emisión de moneda o algo así, son causas físicas, principalmente la escasez en el abastecimiento de energía, pero el BCE y el resto de autoridades monetarias no disponen de fragatas u otro tipo de elementos “reales” con los que hacer frente a las crisis de precios. Sólo pueden actuar sobre variables intermedias, como los tipos, los coeficientes de reserva y cosas por el estilo, para tratar de buscar una contención de la demanda y que así los precios se vean menos tensionados. Combatir problemas de escasez de oferta frenando la demanda no parece la mejor de las soluciones posibles, y no lo es, pero no hay muchas alternativas si no hay movimientos que arreglen los problemas en el mundo real. Las autoridades monetarias son las responsables de variables financieras, y no tienen muchas más opciones. Deben controlar el nivel de precios y no pueden consentir que, sea cual sea la causa, se dispare. A partir de ahora el BCE está a expensas de los anuncios de Trump, y de lo que acabe sucediendo en Ormuz. Si la crisis se mitiga en el medio plazo podrá volver a una senda de moderación, pero si las cosas se enquistan y, con ello, los precios, no tendrá más remedio que volver a subir tipos.

Para la economía de la UE, débil y golpeada por varios frentes, la subida de tipos va a sentar mal a muchos sectores, nuevamente los más débiles, los necesitados de financiación o los que tienen ingresos bajos. Los precios aquí no han llegado a ese 4% de ascenso que se registra en EEUU, pero en gran parte eso se debe a las subvenciones que se siguen aplicando, por parte de los gobiernos, a los combustibles, por lo que un gasto fiscal extra está sosteniendo artificialmente los precios de la gasolina, y esto no puede ser indefinido. O baja el barril en origen o las subvenciones se irán recortando. Las medidas de estímulo necesarias para que nuestras economías remonten allí donde lo necesitan se encarecerán.

viernes, mayo 29, 2026

Los bonos siguen cayendo

En medio de nuestras miserias patrias, y de los que los provocan, el mundo ahí fuera sigue en marcha, y con datos que llaman la atención. Los índices bursátiles de EEUU siguen en máximos, batiendo récords día tras día, con la ya cercana colocación de acciones de SpaceX como uno de sus puntos culminantes (alguno dice que ahí se tocará el techo) pero, en paralelo, el mercado de bonos vive horas bajas, con caídas generalizadas de los valores de estos activos y, en paralelo, tal y como están definidos, ascensos en los tipos de interés, que es como miden su rentabilidad implícita. Los treasuries americanos a diez años están en el 4,45%, nivel muy alto.

Algún analista ha dicho estos días que, en medio de la complacencia general de las bolsas, los mercados de bonos están gritando, chillando de dolor. El desplome que se vive en ellos es general, tanto en el mercado norteamericano como en el europeo, y las carteras de renta fijan llevan unos rendimientos anuales muy malos, nefastos si se comparan con las variables. ¿Por qué está pasando esto? Este movimiento es relativamente habitual cuando se prevé un ascenso de la inflación en las economías, y de ahí esas subidas en los tipos de interés. Se descuenta el hecho de que, para tratar de frenar los precios, los bancos centrales van a subir los tipos y eso encarecerá las nuevas emisiones de deuda, haciéndolas más rentables respecto a los bonos que ya cotizan en el mercado. Eso genera un movimiento de venta de los bonos viejos para adquirir los nuevos, lo que hace descender el valor nominal de los valores antiguos, y su rentabilidad, como es fija sobre el valor de emisión, crece respecto al valor nominal. Una sobredemanda de bonos genera un efecto inverso y hunde los tipos de interés. ¿Recuerdan cuando estuvieron a cero o en negativo? El mercado de bonos también es el mayor del mundo, el más líquido, en el que más participantes operan, y por ello sirve también de termómetro global de riesgo país. Por ejemplo, la escalada que ha vivido el bono británico, desde el 4,23% de finales de febrero hasta el 5,18% de mediados de mayo era un buen indicador del estado político del país, con la debacle laborista y las presiones contra el primer ministro Starmer. Ahora el bono cotiza en el 4,83%, muy alto, pero no imposible. Un bono de reino Unido al 5% durante un tiempo prolongado sería insostenible para el gobierno de aquel país y sus finanzas, y obligaría a tomar medidas drásticas, tanto económicas como de personal. El que los bonos norteamericanos estén caros es una medida, también, de la incertidumbre que aqueja a aquel país desde que Trump empezó a hacer barrabasadas en todos los sentidos. Los bonos caros suponen presión para las arcas del estado, porque incrementan notablemente el coste de financiación de la deuda, y dados los enormes volúmenes de deuda pública sobre las que se asientan nuestras economías, tampoco es necesario que los tipos se vayan hasta el infinito para que su ascenso implique daños severos al presupuesto (afortunados los que lo tengan). Un país que puede meterse en problemas a no mucho tardar por este asunto es Japón. Atenazad por el estancamiento de precios durante muchos años, sus bonos han rendido tradicionalmente muy poco. Empezaron este año en el 1%, nivel que para ellos ya era elevado, dado de donde venían, pero ahora se encuentran en el 2,6%, un valor que supone zona de peligro para un país sobreendeudado, en pleno proceso de desplome demográfico y con problemas geoestratégicos crecientes. Japón es una de las naciones más golpeadas directamente por el cierre de Ormuz, y sus precios suben al ritmo al que lo hace un barril de crudo del que dependen más que otros. Este ascenso en sus bonos refleja tensiones inflacionistas como no se recordaban allí desde hace muchos años, e introduce una enorme presión en su economía. Veremos a ver cuáles serán las consecuencias de todo esto y lo que Tokyo se verá obligada a hacer.

¿Es compatible la subida bursátil con la bajada de los bonos? Los hechos de los últimos tiempos demuestran que sí, pero no deja de ser algo que llama mucho la atención. Por un lado, los bonos reflejan preocupación creciente por la inflación, considerándola como algo que ha venido para quedarse, mientras que las bolsas juegan a que el shock de precios será tan intenso como fugaz, un susto sin efectos sostenidos. Ambas interpretaciones no son posibles, por lo que uno de los dos mercados parece estar valorando erróneamente lo que sucede, o no queriéndolo admitir ¿Quién tendrá razón? Como casi siempre, el tiempo será el juez adecuado para salir de dudas.

miércoles, mayo 13, 2026

Ya asoma la inflación

Ayer se supo el dato de inflación de abril de EEUU. Se esperaba alto, pero superó las expectativas, y se quedó en una tasa anual del 3,8%, la mayor subida desde la escalada salvaje que se vivió con la reapertura del Covid y los problemas de la cadena logística posterior. Una cifra que revela que los problemas en el suministro energético se empiezan a filtrar en la cadena productiva y de consumos intermedios. Allí la gasolina ahora mismo supera ampliamente los cuatro dólares por galón, una medida que equivale, más o menos, a los cinco litros. Nos puede parecer barato, y lo es frente a lo nuestro, pero a principios de año ese galón les costaba dos dólares y poco.

Ormuz sigue cerrado, el corte de suministro se mantiene y lo que podría haber sido una crisis transitoria va camino de cronificarse en una estructura de precios altos y escasez. Es una combinación perversa que, poco a poco, como la sequía, cuartea las estructuras económicas y genera efectos constantes que no son tan dramáticos como lo pueden ser en el caso de un shock de impacto, pero que calan. Esa es la diferencia entre los destrozos que, en meteorología, provocan las inundaciones frente a las sequías. Son más mediáticas, dramáticas y puntuales las primeras, pero resultan mucho más dañinas y olvidadas las segundas. La sequía de petróleo que afrontamos empieza a hacer el daño que muchos auguraban en las estadísticas, y será inevitable que se note a pie de calle. Comercios, empresas y demás agentes han podido hacer un esfuerzo de aguantar su subida de costes y no trasladarlos directamente al precio final con la esperanza de que lo de Ormuz se acabase en unas semanas, pero no, no se acaba, y esa capacidad de aguante sí que se muestra finita. Por ello es de esperar una nueva ola inflacionaria que golpee a todos los sectores, con distinta incidencia, y que el consumidor final perciba con toda su crudeza cuando haga la compra, tome un café, se vaya de vacaciones o similar. ¿Cómo van a reaccionar las autoridades económicas ante esto? Dice el manual que las subidas de precios implican subidas de tipos de los bancos centrales, y eso es lo que se anuncia cada vez con más insistencia desde Frankfurt, la sede del BCE, pero en Washington la FED va a ser presidida dentro de unas semanas por un candidato nombrado por Trump que tiene la misión, encomendada por el agente naranja, de bajar los tipos, para aliviar la carga de la deuda inmensa que soporta el país y generar un crecimiento disparado que enjuague el estado de las encuestas de popularidad del amado líder norteamericano. Kevin Warsh, que es así como se llama el futuro gobernador de la FED, se ha mostrado partidario de las bajadas de tipos, pero todo eso era antes de Ormuz. Llevar a cabo esa política con una inflación en el entorno del 4% es algo disparatado, y sólo tendría sentido si, en paralelo, se produce una retirada de liquidez por parte del Tesoro de EEUU y la propia FED, cancelando los programas de QE que se han venido utilizando desde el derrumbe de 2008. Hay algunos expertos que opinan que llevando a cabo ambas políticas a la vez la bajada de tipos no sería inflacionaria, porque se compensarían nominalmente, y sí se vería un alivio en los préstamos que consumidores y empresas soliciten (y en el pago de intereses de la deuda pública). Esos expertos se agarran a que el mercado se ha enganchado al dopaje financiero y que subir tipos ante la inflación generaría un desplome de las cotizaciones y, quizás, un reventón en lo que algunos califican de burbuja en los mercados de crédito privado y la financiación de la IA. Sería peor el efecto de la subida de tipos que el daño de la inflación, vienen a decir. El argumento tiene puntos fuertes, sí, pero la credibilidad de la FED, y de las autoridades monetarias, quedaría muy en entredicho si en un episodio de subida de precios no actúan con la destreza e intensidad que se les da por sentado. Eso supondría desanclar las expectativas de inflación, los agentes sospecharían que las instituciones que velan por el control de precios no hacen su trabajo y el riesgo de una espiral de subidas de precios sería cierto. Y eso, además de ruinoso, entraña muchos peligros más allá de lo económico.

Me temo que los datos de inflación en Europa van a ser también muy malos en este mes y los que vienen, y a las puertas del verano, con el tema del queroseno en el aire, nunca mejor dicho, los efectos del cierre de Ormuz se irán convirtiendo en una pesadilla que nos vaya golpeando de manera constante, sector a sector, negocio a negocio. Dada la parálisis que se vive en el conflicto EEUU Irán, el barril se ha asentado cómodamente en la cota de los 100$, y ese precio es dañino, no letal, pero sí doloroso. Es necesario que baje, pero cada día que pasa es más difícil evitar las consecuencias de ese coste en nuestras economías. Nos vamos a empobrecer, la duda es cuánto, pero no el qué.

miércoles, mayo 06, 2026

Escribano sale de Indra

Ayer, al final de la tarde, saltó la sorpresa en el mundo financiero y empresarial patrio. Se hizo público que Escribano había colocado su participación, del 14%, en Indra, por lo que la vendía y dejaba la compañía. Una noticia poco esperada y que, por ahora, pone fin a uno de los culebrones más sucios y volátiles de los vividos en la empresa española, y en la política, en el que el papel del gobierno y sus meteduras de pata (y mano) han sido memorables. Los hermanos Escribano ya tienen argumentos para que un buen profesional les escriba un libro en el que la intriga y los quiebros superna a muchas de las series de ficción imaginadas por guionistas que no alcanzan a ver hasta qué punto la realidad es insuperable.

Escribano, la empresa familiar, que empezó como un taller mecánico y creció hasta convertirse en una gran empresa de mecanizados, ha pasado de ser el ojito derecho del gobierno a un apestado, sin que se sepa claramente el por qué de lo uno y ni de lo otro. Desde que desembarcó en el accionariado de Indra, para lo que solicitó un préstamo a JP Morgan, se veía que contaba con el beneplácito de Moncloa para hacer una operación conjunta, dado el papel de la SEPI como accionista mayoritaria en la entidad suprema. Ángel desembarca en el consejo de administración y se empieza a hablar de una operación de fusión en la que Indra compra Escribano, creándose un espectacular conflicto de intereses dada la participación de la absorbida en la absorbente. Valoraciones de hasta 2.000 millones de euros para la empresa de mecanizados empiezan a circular por los medios, y no deja de asombrar a propios y extraños tanto el inflado de los números como el vicio profundo de la operación. Consejeros independientes de Indra rechazan la idea y empiezan a ver cómo Moncloa les trata con hostilidad. El augur económico de Sánchez, Manuel de la Rocha, que manda más en el tema que cualquier ministerio, bendice una operación que todo el mundo ve como imposible por su zafiedad. Indra y el ministerio de defensa, el contratista en todos los temas militares, defienden día sí y día también a Escribano frente a Santa Bárbara, el proveedor habitual de sistemas mecanizados de defensa, desde hace unos años propiedad de la norteamericana General Dynamics, alegando que Indra va a ser un campeón nacional en defensa y Escribano, carente de experiencia en el desarrollo de plataformas complejas, su suministrador de hardware, por así decirlo. La batalla dentro de Indra crece y crece, con zancadillas, golpes, broncas monumentales que se airean en público o se relatan en confidenciales, y personajes del poder de un lado y otro, con El País, de la mano de su principal accionista Joseph Oughourlian (y accionista también de Indra) defendiendo a muerte a los Escribano, entregándoles incluso el premio al ejecutivo del año del IBEX 35 hace un par de meses, frente a, por ejemplo, Iván Redondo, el consultor, el lobista, ahora a sueldo de Santa Bárbara, tratando de frenar el proceso de fusión / absorción / pelotazo. Todo iba bien hasta que, sin saber por qué, como pasó con la decisión de Sánchez con el Sáhara, Moncloa vira 180 grados y repudia a Escribano, y paraliza la operación. Ángel Escribano, presente en el consejo de Indra, se revuelve y no acata el cambio de postura de quien, hasta el día anterior, fue su principal valedor, y trata de seguir en la compañía con poder ejecutivo, pero finalmente es descabalgado y la situación entra en un impase desde hace unas semanas, con las espadas en alto pero con la adquisición aberrante frustrada. Finalmente, con la operación de ayer se pone fin a la presencia de los Escribano en la cotizada y, de momento, se cierra este extraño serial, en el que todo el mundo ha salido bastante perjudicado en su imagen.

Pero sí, algunos salen más beneficiados que otros. Se estima que Escribano, con su venta, ha generado unas plusvalías de unos 800 millones de euros, porque durante toda esta batalla, en la que Moncloa daba alas al futuro campeón nacional de defensa, las acciones de Indra se han revalorizado una barbaridad, por lo que más de uno se ha hecho de oro, y los Escribano, desde luego, sí. El margen es más que suficiente para liquidar el préstamo de JP Morgan y prácticamente equivale a lo que era toda la facturación prevista para la empresa durante este año 2026. Nuevos millonarios en la city madrileña, después de haber sido sacrificados en todo un Juego de Tronos. Desde luego la historia meceré ser escrita con detalle.

jueves, abril 30, 2026

Powell deja la FED

Ayer fue la última reunión de la FED, la autoridad monetaria norteamericana, presidida por Jermo Powell, tras la cual termina su mandato y deja la institución. Powell fue puesto al frente de este organismo por elección de Trump en el año 2018, a mitad de su primer mandato, que nos parecía caótico y no sabíamos lo que nos esperaba. Ha demostrado ser un hombre pausado, reflexivo, serio, y profesional, en un mundo cada vez más turbio y desquiciado. Sus años al frente de la institución se recordarán por las dos crisis exógenas con las que ha tenido que lidiar y el gran problema, que nadie esperaba, y que ha marcado por completo su tramo final de mandato.

Las dos crisis han sido el Covid y la guerra de Ucrania, muy distintas, muy serias, y ambas han requerido determinación y buen hacer. El Covid se presentó como algo totalmente inesperado y novedoso, mandándonos a casi todos a casa, derrumbando la demanda y provocando una recesión artificial porque la economía, como todo lo demás, entró en suspenso. Ahí el problema era la inexistencia de demanda y el riesgo de que la falta de liquidez de las empresas al derrumbarse la actividad se convirtiera en insolvencia y quiebra. La FED, junto con otras instituciones similares, actuaron de manera coordinada y con una hoja de ruta similar, realizando inyecciones de liquidez como no se veían desde la crisis de 2008 – 2013 y garantizando la solvencia temporal de empresas, negocios y estados hasta que la situación sanitaria permitiese una vuelta a la normalidad. No había una guía muy clara de qué hacer ante ese problema, pero se trabajó bien y se superó, vacunación mediante. La otra crisis ha sido la de la guerra de Ucrania, muy distinta, no fruto del azar genético sino de la maldad deseada de Putin. Coincidiendo con la salida del Covid y la reactivación de la demanda se produjo el estallido del conflicto y la consiguiente tensión en las cadenas logísticas, con especial impacto en las que atañen a alimentación y productos energéticos. Si el Covid hundía la demanda y dejó la inflación en cero Ucrania provocó un disparo de precios, una crisis inflacionaria como no se veía desde hacía décadas. Las causas no eran monetarias, sino cruelmente físicas, pero la FED no podía quedarse de brazos cruzados viendo como los precios subían sin cesar, por lo que pasó de un modo Covid ultraexpansivo a una posición restrictiva, con subidas de tipos que trataban de contener los precios. Su éxito aquí fue relativo. Sí consiguió que las expectativas de inflación siguieran ancladas en el entorno del 2%, de tal manera que todos los agentes consideraron, como así fue, que el brote inflacionario sería temporal, pero no logró contener su dimensión, y el daño que esas subidas han hecho a la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, especialmente en sus compras diarias, es algo que no ha sido paliado, ni por la autoridad monetaria ni por ninguna otra. La guerra de Ucrania nos ha empobrecido a todos en términos, reales, cierto que a algunos más que a otros, pero ha devaluado los salarios y rentas. Ahí la FED actuaba con las herramientas que tiene para tratar un problema que derivó en monetario, pero que tenía unas causas reales que no se pudieron atajar como es debido. Hizo lo que pudo con lo que tenía, y logró algo, pero menos de lo deseado. Powell ha sido el primer responsable de la FED desde Volcker que se ha enfrentado a un brote inflacionario, justo después de una crisis de deflación, como le pasó a Bernanke. Las dos pesadillas del banquero central casi seguidas una tras otra. Ha tenido mala suerte el bueno de Jerome.

El gran problema, jamás imaginado, ha sido el acoso de Trump en el segundo mandato. Por encima de todas las cuestiones económicas comentadas, Powell pasará a la historia como el gobernador que se enfrentó al presidente en defensa de la independencia de la institución, como el funcionario que recibió insultos y desprecios incesantes desde la alocada Casa Blanca y que no tuvo miedo, pese a ello, a responder a Trump cuando lo consideró necesario. Esa independencia de la FED es su valor máximo, su capital intangible por excelencia, y Powell se ha dejado horas, la vida, su aspecto físico lo denota, en batallar para defenderla. Sólo por eso merece el mayor de los homenajes

viernes, abril 24, 2026

Mythos de la IA

Mientras el estrecho de Ormuz sigue bloqueado y la crisis energética global se agrava, la IA sigue generando noticias sin que se le preste demasiada atención. Es verdad que muchas de ellas tienen un componente, digamos, apocalíptico, que hace difícil saber que tienen de cierto, de propaganda por parte de sus difundidores o de real, pero bueno, las cosas son como se cuentan, no tanto como son en sí. Anthropic, la empresa desarrolladora de Claude, quizás la más avanzada en este mundo, y la que ha tenido los famosos problemas con el Pentágono por cuestiones de ética de uso de su IA para fines militares, vuelve a ser la protagonista.

Hace unos días desveló la existencia de una variante de su modelo Claude, al que apodó como Mythos. Las empresas de IA desarrollan modelos completos en los que mejoran las capacidades de sus precedentes, de ahí ChatGPT 3, 3.5, 4, etc pero como pasa con el software de toda la vida, hay versiones intermedias que no salen al mercado masivamente pero sí son probadas por desarrolladores y especialistas de la comunidad. Esta es una de esas. La cosa es que Anthropic ha anunciado que Mythos existe, pero que no la va a dejar nunca de acceso libre al mercado, por el peligro que supone. No, no Mythos no mata a la gente ni nada por el estilo, lo que sucede es que parece ser muy buena para detectar vulnerabilidades en el software, fallos en el código de la programación de programas que sí existen ya en el mercado y que muchos utilizamos, fallos que pueden servir para que maliciosos se infiltren en ellos o los derrumben o se apropien de los datos o hagan cosas ilegales. Pues bien, dice Anthropic que son miles y miles los fallos de vulnerabilidad que ha encontrado en software que lleva años en servicio, y que muchos de esos errores son vulnerabilidades críticas que comprometen seriamente al programa y a sus usuarios. Afirma también que la mayor parte de esos fallos jamás hubieran sido detectados por humanos, y que los riesgos que abriría la divulgación de esos errores son enormes. Nuevamente, ¿cuánto hay de cierto en esta noticia y de propaganda publicitaria de Anthropic? Es imposible saberlo, y en todo caso debiera ser alguien muy experto en programación, o mejor, un buen hacker, el que responda a esta pregunta después de analizar lo que Mythos proporciona. Como no es el caso de quien esto escribe, no les puedo responder con capacidad. Lo único seguro es que la empresa de los hermanos Amodei ha organizado una ronda de reuniones al más alto nivel con empresas de software punteras (Microsoft, Oracle, Google… ) para analizar en privado, y bajo una confidencialidad aparentemente estricta, lo que el modelo ha descubierto y las formas de corregir esos fallos. Supongo que los desarrolladores de esas empresas podrán valorar correctamente hasta qué punto las vulnerabilidades encontradas son comprometedoras, pero dado que las IA a las que podemos acudir todos en el mercado sí son capaces de programar correctamente y hacer cosas de desarrollo que hace un par de años o tres hubieran requerido grandes equipos humanos y tiempo abundante, es posible suponer que las más avanzadas serán capaces de hallar fallos en líneas de código realizadas hace tiempo por humanos bajo unos estándares de seguridad menores que los actuales. De hecho eso es el trabajo del hácker, encontrar fallos, o puertas no diseñadas pero que existen y se abren, que permiten que el software o no se comporte como se esperaba o que lo haga al servicio de quien se introduce en él, y no al de quien lo diseño u opera. Quizás Mythos no sea el hacker universal como se anuncia, pero es fácil que haya encontrado algo feo y potencialmente peligroso, así que mejor corregirlo.

En todo caso, lo que sí es cierto es que, sin inteligencia comparable, las IA empiezan a mostrar capacidades que no se les suponía hasta dentro de mucho tiempo, y su mejora continua no cesa de producirse en un bucle de retroalimentación interesante. Su presencia en la sociedad es creciente y sus consecuencias económicas no hacen sino crecer. Ayer Meta, la empresa de Zuckerberg, anunció el despido de 8.000 empleados, que resultan ser redundantes dado el desarrollo de la IA en la evolución diaria de su corporación. ¿IA creciente a la par que la tontería humana? Viendo Ormuz no es descartable.

jueves, abril 16, 2026

¿Habrá escasez de combustible?

Aunque ayer en Wall Street tanto el Nasdaq como el SP500 cerraron batiendo sus récords históricos, superando los 7.000 puntos el principal índice agregado de aquella bolsa, el miedo a la crisis global por la guerra de Irán cree a cada día que el conflicto se mantiene. Ayer hablamos del problema de los precios, de cómo la inflación se puede colar en todos los productos, posibles respuestas monetarias de los bancos centrales y el daño que eso hará a la demanda, pero hoy quiero centrarme en un problema más físico, más de cantidades, y es el temor a que haya escasez de combustible, más concretamente, de queroseno y diésel.

Por Ormuz salía el 20% del petróleo que se consume en el mundo y un porcentaje elevado del gas natural licuado. Ese petróleo tenía como destino más directo Asia, de tal manera que son las naciones de ese continente las que están notando directamente una menor llegada de suministro. Tirando de reservas las cosas se palían, pero si entra menos que antaño y el consumo no cae lo debido las reservas se agotan. A partir de un barril de petróleo se extraen un montón de productos, algunos de ellos necesarios para la industria química, y toda una gama de derivados energéticos, desde el gas de petróleo (butano) a gasolinas ligeras, las convencionales, queroseno, diésel, naftas y alquitranes para asfaltado. Todo en función del proceso de refino que se haga, de las temperaturas de trabajo de ese proceso, de la calidad del petróleo en origen y otra serie de factores. En general, gasolinas y gasóleos son los derivados más numerosos en porcentaje respecto al total que se extrae, y también son lo que más se consume. El queroseno es uno de los derivados más importantes, porque es el combustible de la aviación, y aquí llegamos al gran cuello de botella. El transporte por carretera se puede electrificar en parte, sustituir por transporte público que optimice el consumo de combustible, etc. Es difícil y costoso, pero se pueden plantear alternativas, pero no hay nada similar en el mundo de la aviación. Todos los aviones consumen queroseno y no despegan sin él. Habrá trayectos cortos que pueden ver alternativas por carretera o tren, quizás, pero eso no es posible en la mayor parte de las rutas, sean trasatlánticas o de recorrido aún más largo. Empieza a cundir un cierto nerviosismo en las aerolíneas no sólo por el disparo de los precios del combustible sino por el mero hecho de su aprovisionamiento. Si hay naciones o aeropuertos que empiezan a afrontar escasez, los vuelos que lleguen a ellos no podrán repostar ni por tanto salir, por lo que pueden convertirse en hubs inoperativos, lugares de escala de los que no se puede salir, y las rutas comerciales empezarían a verse comprometidas. En un mercado con miedo a la escasez surgen procesos de acaparamiento, carreras para no ser el último a la hora de conseguir llenar el depósito, y eso conduce a conductas feas en las que la ley y demás normativas se ven suplidas por el pirateo puro y duro. En la pandemia pudimos ver qué es lo que pasa cuando la demanda de un producto, léase mascarillas y demás, se dispara con ansiedad respecto a la oferta disponible, y cómo se robaban cargamentos, se acaparaban, se especulaba con sus precios y más de uno se forraba en medio del problema de todos (ahora mismo se juzga a algunos que, aquí mismo, robaban a cuenta de eso, y de todo lo demás, desde instancias oficiales). ¿Puede suceder algo similar con el queroseno? ¿Está amenazado el sector de la aviación y los viajes? ¿Van a poder llegar a España los millones y millones de turistas que cada año lo hacen, a través de nuestros aeropuertos?

No hay respuesta clara. Como todo lo relacionado con este asunto, depende de cuándo se acabe la guerra, cuándo se reanude el tráfico de exportación de crudo desde Ormuz y cuáles hayan sido los daños que han sufrido las industrias extractivas en los países del golfo. En todo caso parece que sí habrá algunas tensiones, ya las hay de hecho, y cada día que se prolonga el conflicto bloqueo irán a más. Es probable que en un par de semanas o tres tengamos algunas respuestas más claras sobre esto, a medida que todo el crudo que pudo salir antes del inicio de la guerra ya haya sido procesado en destino y las refinerías asiáticas dejen de recibir barcos.

miércoles, abril 15, 2026

Consecuencias económicas de la guerra

Seguro que malas, pero la incertidumbre es grande en cuanto a su extensión y profundidad. Si uno se fija en los mercados, que se mueven a golpe de mensaje de Trump, ayer el petróleo recortó claramente por debajo de los 100$ y el SP500 subió y ya recupera prácticamente todo lo perdido desde el inicio del conflicto. La visión financiera de lo que sucede es parcial, pero indica un tropezón, no un porrazo. Sin embargo, sabemos muy bien que una cosa es lo que hacen los índices de la bolsa y otra lo que pasa en la economía real. Normalmente hay una relación muy estrecha entre ellos, pero no son pocas las ocasiones de divorcio. ¿Estamos ante una de ellas?

El principal problema al que se enfrentan nuestras economías en el corto plazo es el de los precios energéticos, e incluso la disponibilidad. Los que usen el coche todos los días verán que los surtidores siguen siendo dolorosos, especialmente en el caso del diésel, y esa subida de precios actúa como un impuesto sin destino, una mera detracción de renta que reduce la capacidad del consumidor, por lo que más allá de que se alcance una estabilidad en los precios, los costes de la subida ya suponen menos renta disponible para cualquier otra cosa. Los temidos efectos de segunda ronda, que es como se llama en jerga a la filtración de la subida de precios energéticos en la cadena de producción de todo lo demás, irán viéndose poco a poco, y se notarán más en unos sectores que en otros. Agricultura, por diésel y fertilizantes, va a ser de los que más va a experimentar un aumento de costes y será rápido su traslado al supermercado, lugar al que los productos llegan en transporte consumidor de diésel, por lo que la cesta de la compra subirá sí o sí. Aunque haya sectores que, de por sí, se vean menos afectados por esta catarata de subidas de precios, es probable que más de uno se suba al carro de aumentar sus tarifas, dado que el resto también lo hace. El dato del IPC de marzo publicado ayer por el INE, 3,4% supera en un punto al de febrero, y es una muestra de cómo el disparo de precios ya está aquí. La subyacente, que excluye alimentos frescos y energía, subió dos décimas, muestra de que esa segunda ronda aún no ha llegado plenamente, pero quizás empiece a asomar y se consolide en los próximos meses. Ante este panorama el consumidor y las empresas tienen que optar por políticas de supervivencia. Sube con fuerza la demanda de productos de marca blanca frente a los de marca comercial, porque son los más baratos de los lineales del súper, y en alimentación se suele dar un traslado de bienes de mayor calidad (frutas, carnes o pescados) a productos de aguante, como pasta y arroz. El problema de los fertilizantes va a provocar que bienes de alta calidad nutritiva como las frutas, verduras y cereales sean de los más afectados por el incremento de precios, por lo que además de problemas económicos se va a producir un empeoramiento de la calidad de lo que se consume. Si en el súper se busca ahorrar, pero visitarlo es ineludible, es en el ocio donde se encuentra un capítulo de gasto importante que, a priori, puede verse reducido para compensar la subida de costes. Si me queda menos dinero puedo recortar mis salidas a tomar algo, a cenar fuera, a asistir a eventos y espectáculos, etc. Si antes iba n veces al mes a cenar fuera, por ejemplo, ahora puedo ir una vez menos y eso compensa parte de la subida. Hostelería y sectores similares pueden verse afectados de rebote por la caída de la renta real del consumidor, aunque en grandes ciudades el efecto turístico pueda enmascarar este proceso. Los viajes de vacaciones también se pueden ver afectados, porque suponen un coste elevado y sus precios no dejan de subir a un ritmo bastante superior al de otros bienes o servicios. Se hablaba de incrementos claramente superiores al 10% en lo que hace a transporte y alojamiento en la Semana Santa recién concluida respecto a la del año pasado. Ese ritmo de subida no es sostenible para cada vez mas estratos de la población y no serán pocos los que renuncien no al descanso, pero sí al viaje, este próximo verano.

Si suben los precios, aunque sea por causas no monetarias, el BCE y demás bancos centrales no pueden quedarse de brazos cruzados, y las bajadas de tipos de interés que se esperaban pueden tornarse en subidas a corto plazo para tratar de embridar esto. Eso ya se nota en el euríbor, que en marzo ha subido tres décimas respecto a febrero, y ya supone que las renovaciones de hipotecas semestrales y anuales salen más caras, después de un par de años o más de rebajas. Otro coste que sumar al de los precios directos de la compra, que aletarga la demanda. Si la guerra se acaba ya todos estos efectos se irán diluyendo a corto medio plazo, pero si esto se prolonga el problema se enquistará, y eso es nefasto para todos.

martes, marzo 31, 2026

El poder de la energía

Este fin de semana se ha realizado en Europa occidental el cambio de hora de verano. Hemos dormido una hora menos con el objeto de alargar las tardes y, en teoría, ahorrar energía, sincronizando de manera óptima las tareas diarias con el alargamiento de la jornada que se produce a medida que nos acercamos al solsticio de verano. Hace tiempo que se señala que los estudios que, en su momento, avalaron ese ahorro como excusa del cambio de hora se han quedado obsoletos, y que no se puede decir nada al respecto. La inercia y la imposibilidad de llegar a acuerdos entre países, e incluso dentro de los mismos, sobre qué horario es el qué debe prevalecer lleva dos veces al año al reajuste de las manecillas.

Lo relevante es que esta medida se adoptó en los años setenta con motivo de la primera crisis del petróleo. Cuando se desató la guerra del Yon Kipur y los países árabes boicotearon a occidente con un corte de suministros el petróleo escaló de una manera brusca y se multiplicó de precio hasta por tres o cuatro veces respecto a los valores que cotizaba por aquel entonces. Eran unos precios originalmente muy bajos, pero multiplicarlos de tal manera era una vía directa para generar consecuencias en una economía que se había vuelto completamente petróleodependiente. Escasez, colas, nervios, estanflación, crisis… esos años se asocian a turbulencias económicas serias, que a España le cogieron en pleno cambio de régimen y, por tanto, entre despistada e incapaz. La cuestión es que el ahorro energético se convirtió en una obsesión, y medidas que hoy damos por obvias, como ese cambio de hora, o la generalización de los límites de velocidad en las carreteras, se adoptaron en occidente a partir de entonces para tratar de reducir los consumos, a los que hasta entonces apenas se les prestaba atención. En la película Licorice Pizza, de Paul Thomas Anderson, ganador del Oscar de este año, se muestra una california setentera en la que, en medio de la curiosa historia de amor y carreras de los protagonistas, los conductores hacen colas en las gasolineras para repostar porque no hay suministro, o es carísimo, y llevarse una garrafa de gasolina es el premio más cotizado que existe, casi tanto como el beso de la chica para el desgarbado protagonista. Verlo resulta curioso, pero en sus tiempos no tenía ni pizca de gracia, desde luego, y resulta casi inimaginable desde nuestra época de abundancia…. Hasta que empieza una guerra como la que se vive ahora en Irán y los nubarrones acechan. Hoy, las economías de todo el mundo han diversificado notablemente sus consumos de energía, y el petróleo ha caído notablemente en intensidad, de tal manera que es necesaria mucha menos cantidad de ese componente para producir una unidad de PIB de lo que hacía falta entonces, pero es ingenuo pensar que es un recurso secundario. Sectores de importancia estratégica como el de los transportes, de personas y mercancías, siguen dependiendo muchísimo de él, y otros como la química y los fertilizantes usan uno de sus primos, el gas, como herramienta básica para poder llevar a cabo sus procesos. Un barril a 115$, precio alcanzado ayer, casi duplica los sesenta y pocos que se pagaban en febrero, hace mes y medio, pero el problema no es tanto ese nivel, muy alto, sino cuánto tiempo se va a mantener ahí y si eso significa, entre otras cosas, una restricción permanente en el acceso a la materia prima. Naciones que son bastante más dependientes que nosotros, de manera directa, del flujo del crudo que pasa por Ormuz, como las asiáticas, empiezan a vivir escenas de “colas en las gasolineras” y de miedo a tener que restringir el acceso al combustible, a priorizarlo ante unos precios desatados y existencias menguantes. ¿Pueden llegar a nuestras vidas situaciones como esas?

La respuesta es sí, pero depende sobremanera de cuánto dure el conflicto y lo que se mantenga el precio disparado del barril. En todo caso, hay sectores sensibles, como el de la aviación, que consume queroseno, destilado del petróleo más ligero que la gasolina y no tan abundante en el proceso de fabricación de las refinerías, que empiezan a preocuparse por las existencias de combustible más allá del dolor de cabeza que les produce el disparo de su precio, que es el mayor de sus costes. Si la guerra acaba en breve todo se quedará en un susto, pero si se mantiene, o se producen más destrozos en infraestructuras estratégicas, no es descartable un escenario de tensión en la oferta y de restricciones. Y no sería nada romántico quedar a hacer cola en la gasolinera.

lunes, marzo 30, 2026

La logística lo es todo

Hay un ensayo que es de lectura obligada para los amantes de la logística y, en general, para todo aquel que quiera entender cómo funcionan las cosas que hacen que sea posible todo lo demás. Se titula Ingenieros de la victoria, y es de Paul Kennedy. El texto se centra en la IIGM, y en el desarrollo espectacular de la logística militar que fue necesaria para que el ejército de EEUU adquiriera las capacidades necesarias para poder combatir en dos frentes globales con miles y miles de tropas en ellos. Recursos, aprovisionamiento, fabricación, distribución, reemplazo, cuestiones que hasta entonces eran importantes, se convertían en vitales, y fue necesario inventar multitud de procesos para hacer frente al reto.

Me acordaba de esto cuando hace unos días leía que el portaaviones más importante de la flota norteamericana, y el más nuevo, el Gerald Ford, destinado a las operaciones militares contra Irán, tenía que salir del escenario de combate y dirigirse a Creta porque estaba medio inutilizado por dos cuestiones que parecen de chiste, pero que no lo son. Por un lado, había sufrido un incendio en la lavandería que había acabado con cientos de juegos de camas destruido, de los más de cuatro mil que componen la intendencia sabanera que se requiere en la nave, si se me permite así decirlo. El incendio acabó sofocándose tras varias horas pero dejó inutilizada la instalación, por lo que las sábanas, y resto de ropa, de los miles de residentes en la nave, la que no había ardido, no podía ser lavada como es debido. Por otra parte, se informaba que un casi un tercio de los cientos y cientos de retretes con los que cuenta el buque estaban atascados, y que no había manera de convertirlos otra vez en operativos, de tal manera que las colas en los que funcionaban iban a más y, se imaginan, el proceso de atasco generaba un goteo de retretes cerrados que no dejaba de crecer. Sí, el portaviones es nuclear, no necesita repostar combustible para moverse sin cesar por el mundo durante varios años, pero la tropa y marinería que está en él, unas cinco mil personas creo recordar, requiere un montón de cosas cada día para mantenerse operativa, entre ellas dormir e ir al baño. Imagínense lo que come esa cantidad de gente cada día y los suministros que porta en forma de proteínas e hidratos de carbono. Por lo que salía en las noticias, el buque llevaba ya diez meses de travesía ininterrumpida, ya que participó también el año pasado el proceso de hostigamiento a Venezuela, y la tripulación no pisaba tierra desde entonces. Diseñada para realizar relevos de seis meses, la tropa de ese barco ha excedido notablemente el periodo de estancia previsto en el mismo, y es de esperar que la degradación de algunas de las instalaciones sea equivalente al malestar que se acumula entre los hombres, que llevan mucho más tiempo del previsto y prometido, fuera de casa, y en condiciones de deterioro notable. Este es un buen ejemplo en el que la capacidad militar de uno de los principales activos de la flota norteamericana puede ponerse en entredicho por algo aparentemente tan banal como que cientos de sus integrantes no puedan dormir en las camas en las que descansan como es debido. La gestión de un barco de este tipo es de un complejidad inmensa, sólo por el hecho de la cantidad de gente que hay en él, sin contar con el peligro que supone portar armas y cosas que explotan a lo bestia por todas partes, y la planificación necesaria para mantener a todos los sistemas de abordo a pleno rendimiento no sólo se debe centrar en el armamento o el combustible de los aviones, que también, sino en cosas como el famoso papel higiénico, que si se acaba hacen que el nerviosismo se adueñe de la nave, sea nuclear o impulsada por velas romanas.

Las guerras suelen ser el ejemplo perfecto de cómo campañas pensadas para una duración corta y sorpresiva se pueden alargar más de lo previsto y, con ello, sus costes asociados, y sus necesidades logísticas, que crecen de manera exponencial y lo complican todo. Un ejército de tierra devora combustible, comida, armamento y suministros sanitarios como si no hubiera mañana, y la extensión máxima a la que puede llegar en una invasión es la que le permite esa cadena de suministros que le mantiene operativo. Si se alarga más de lo posible y la cadena se rompe, el ejército ya no funciona. Rusia nunca ha aprendido esta lección, y EEUU, que sí lo hizo, parece estar olvidándola. Y los errores en logística se pueden pagar muy muy caros.

jueves, marzo 26, 2026

Meta cierra el Metaverso

Predecir el futuro es un arte, sujeto a errores constantes. También, por supuesto, en el caso de la tecnología. Cosas que parecen revolucionarias pueden llegar a serlo o acabar arrumbadas en una esquina sin impacto relevante, mientras que otras que pasan desapercibidas a primera vista pueden cambiar el mundo. La ley de Moore sobre el crecimiento exponencial de las capacidades de los chips lo ha transformado todo, pregunte usted en su entorno a ver quién conoce esa idea y de lo que se refiere. La presentación del Iphone de Apple también es un caso paradigmático de revolución total, que no lo parecía en su momento, y vaya que si lo ha sido.

En 2021 y 2022, saliendo de la pandemia, Facebook, la empresa de Marck Zuckerberg, que ya se había hecho con Instagram y Whastapp, y era la reina de las redes sociales de origen occidental (lo sigue siendo) se lanzó de cabeza a la idea del metaverso, hasta el punto de cambiarse de nombre para pasar a denominarse Meta, con un logo similar a un símbolo de infinito doblado en los extremos para tratar de parecerse a una M. El metaverso es un mundo virtual, informático, al que se accede mediante dispositivos como gafas o cascos, y en el que uno interactúa mediante un avatar, personaje informático que lo representa, en un entorno en el que todo está construido de manera informática. El suelo, los espacios, el resto de entidades, la vida que ahí se desarrolla, es como una especie de juego inmersivo, y buscaba ser una realidad paralela en la que desarrollar otra vida. Meta se lanzó a un plan masivo de inversiones con el objeto de desarrollar el soporte informático que diera servicio a toda esta idea y los dispositivos físicos que permitieran acceder a él. Las cifras comunicadas rondaban los 80.000 millones de euros, cantidades enormes, y se produjo un cierto éxito mediático del concepto. Se habló bastante de él durante un tiempo y no fueron pocas las empresas que empezaron a invertir para crear sus espacios en ese mundo virtual, empresas que venden cosas reales, o no, pero que proporcionaban recursos en ese mundo. El avatar con el que uno entraba al Metaverso tendría que “vestirse” de alguna manera, portar algo que fuera visto por el resto de usuarios, y habría tiendas en ese mundo virtual, fueran ZARA u otras reales o entidades originarias de él, que venderían ropa. Y así decenas y cientos de negocios posibles, todos ellos con publicidad, también el de los espacios mismos, porque ese avatar viviría en un punto de ese metaverso, donde se podría construir una vivienda y venderse, previa compra venta del “suelo” virtual en el que se asentase…. La idea, coherente desde un cierto punto de vista, es que un número creciente de usuarios de este mundo generarían un ecosistema en el que actividades y negocios de todo tipo irían surgiendo, por lo que el volumen de transacciones financieras crecientes sería, también, una manera de financiar el soporte tecnológico y de generar beneficios para Meta, pero potencialmente para el resto de entidades que quisieran participar en ello. En 2021 se hablaba bastante de esto y cada poco tiempo surgían iniciativas particulares, o corporativas, que se apuntaban al metaverso y creaban ahí sus espacios, tiendas, negocios, productos, etc. Meta apuntaba a que este negocio iba a sr su gran matriz de facturación e ingresos, sustituyendo poco a poco a las redes sociales. El mundo parecía prometedor para esa idea y Zuckerberg la pregonaba con la fe del convencido y la necesidad del vendedor.

La semana pasada Meta anunció el cierre de los desarrollos del Metaverso, el fin del proyecto, que ha pasado de ser la esperanza de la compañía a la nada. Replicando de una manera curiosa lo que ya pasó con Second Life hace bastantes años, una idea similar en una época de conectividad y capacidad de procesamiento muy inferior a las actuales, el Metaverso ha ido muriendo porque no logró captar audiencia, no se produjo la demanda esperada, ese mundo virtual era poco más que un páramo, y no había nada relevante en él. Y desde luego, tampoco negocio. Meta ha fracasado en una apuesta que parecía buena, y ahora destina recursos ingentes a la IA. En este caso no está sóla.