Mostrando entradas con la etiqueta Sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sociedad. Mostrar todas las entradas

martes, julio 28, 2026

Evacuar la casa

Hay ciertos desastres naturales en los que la casa, tradicionalmente un refugio, se convierte en un peligro. No es el caso de, por ejemplo, nevadas o inundaciones, donde el hogar, más si cabe en el caso de ser un piso, ofrece protección. La casa se convierte en lugar de encierro, rememorando lo que pasó durante el Covid, y sus paredes, que nos separan de lo que pasa fuera, actúan como barrera defensiva, aunque también como prisión de la que no hay escapatoria. Demasiados días forzado a estar en casa suponen una prueba que muchos llevan con parsimonia y no pocos con desesperación. Todos sufrimos ese experimento social hace unos años, y seguro que son pocos los que quieren recordarlo.

El incendio es distinto. Como amenaza móvil, sujeta a los caprichos de la meteorología y la disponibilidad de combustible, supone un enemigo ante el que el hogar no es capaz de garantizarnos seguridad. Hay que huir en la dirección contraria cuando se acercan las llamas, con el viento de espalda, en busca de un lugar seguro, y en muchas ocasiones, hacerlo de manera precipitada. Vemos como cambios en la dirección del viento convierten en localidades que ven con temor el avance de las llamas en la lejanía en más que probables objetivos del incendio una vez que las rachas alteran su dirección. En este caso la huida puede ser a la carrera, descontrolada, en medio del pánico, y eso es una receta casi segura para que se produzcan desastres, como el que vimos hace no demasiadas semanas en Almería. Las evacuaciones que están provocando los malditos incendios de este julio, masivas, no han concluido en situaciones de ese tipo porque ha habido suerte y porque el personal encargado de gestionarlas es abundante y se trabaja en zonas bien comunicadas. Aun así, se han producido atascos considerables, inevitables, en muchas de las localidades que han sido forzadas a la evacuación. Los hay que pueden huir en sus coches, pero otros muchos no, bien porque no los tienen o porque ya no están en condiciones de conducirlos o por lo que sea. Hay personas que se resisten a huir, por el mero miedo de lo desconocido, porque no quieren renunciar a la seguridad de lo que hasta ahora ha sido su hogar y no ven cómo van a sobrevivir fuera de él. Esto es especialmente frecuente a medida que aumenta la edad de las personas, y complica mucho las evacuaciones. Cuando se decreta el abandono de una localidad no se hace como capricho, sino porque se cree que no hay otra alternativa más segura para los que allí viven ante un avance descontrolado de las llamas. Hay una causa objetiva, probablemente visible a poca distancia de las viviendas, que obliga a escaparse antes de que sea demasiado tarde. Los efectivos tienen como prioridad el salvar las viviendas de los pueblos para permitir que, aunque el entorno se destroce, los habitantes puedan volver a sus hogares y no sufran pérdidas materiales además de las emocionales, pero hay momentos en los que no está nada claro si ese objetivo se va a poder lograr o no, por lo que escaparse es lo más práctico para salvar la vida. En ese caso no hay que coger mucha cosa. Documentación, el móvil y el cargador, y medicinas en el caso de que sean necesarias por un consumo prescrito y recurrente. Apenas nada más. Se recomienda llevar algo de dinero en efectivo, pero eso hoy en día puede ser escaso en algunos hogares. En general, en los lugares habilitados para refugio a los que se lleva a la población se dispone de utillaje para poder comer y dormir. Rebuscar por la casa cosas que se antojan como valiosas o necesarias puede consumir un tiempo que, quizás, no tengamos. Hay que salir a la carrera, con lo puesto, tratando de salvarse a uno mismo y a los que nos rodean. Se ha visto como los equipos de emergencias llevaban a ancianos, personas con movilidad reducida y, en general, aquellos que no disponen de medios para desplazarse en su vida normal. No rebusque, no pierda ni un instante. Corra, y si no puede correr, avise para que quien sí es capaz pueda llevarle.

La incertidumbre de estar días como refugiado en tierra vecina sin saber qué habrá sido de las casas y pertenencias debe ser horrible. Los que están con los desplazados les cuidan de la mejor manera posible, pero no pueden aliviar su temor ante lo vivido y, sobre todo, ante lo que se pueda haber perdido en el caso de que el fuego haya entrado en las poblaciones. Esa angustia lo impregna todo, de igual manera que lo hace el olor a chamuscado, y no se va hasta que se puede retornar y se comprueba lo que ha quedado, el resultado de la macabra partida que los equipos de extinción han tenido que jugar contra el devastador fuego. Ojalá esto se acabe de una vez y los desplazados puedan volver, todos, a sus casas.

lunes, julio 27, 2026

Desastre absoluto

Ya el viernes por la tarde, mientras estaba trabajando en la oficina, en julio, se podía apreciar desde las ventanas que dan al oeste de mi edificio las enormes nubes de humo que cubrían la sierra de Madrid. Parecían formaciones tormentosas, el origen de los cumulonimbos que logran descargar en esa zona en los días de verano propicios para ello, pero no tenían un origen meteorológico, sino siniestro. Eran el reflejo del voraz incendio que estaba teniendo lugar en Ávila, en Toledo y en el suroeste de Madrid, todo zonas contiguas. El viento sostenido de suroeste originaba esa formación, que no llegaba a la ciudad, pero mostraba su amenaza.

A lo largo de estos días millones de personas residentes en el centro del país han, hemos, podido contemplar con nuestros ojos los devastadores efectos de unos incendios gigantescos, descontrolados, inabarcables, que se han cebado con vegetación, arbolado, enseres, infraestructuras y todo lo que han cogido a su paso. Las cifras de evacuados que se están teniendo que gestionar son propias de una catástrofe de película, o de una situación de guerra. En docenas de localidades, decenas de miles de personas, han tenido que abandonar sus hogares y llevan pasando ya tres o cuatro noches en polideportivos, locales municipales y cualquier otro tipo de instalación comunitaria, en medio del desvelo absoluto por no saber cómo estarán sus bienes. El único consuelo que queda es que, a estas alturas de la historia, no hay que lamentar desgracias personales, no hay fallecidos, ni heridos graves, pero todo lo demás es desolador. El número de personas que se emplean día y noche en luchar contra las llamas se cuenta por miles, entre bomberos profesionales, de reemplazo, voluntarios, militares, etc, en una movilización que también es digan, por su dimensión, de un tiempo de combate. Pese a todos los medios recabados, ha sido necesaria la variación de las condiciones meteorológicas, con el alivio del calor de este fin de semana, lo que ha permitido poner coto al avance de las llamas, pero el viento, el maldito viento, que sólo ayer empezó a ofrecer algo de tregua, ha traído por la calle de la amargura a todos los involucrados en la lucha contra el fuego. Las rachas sostenidas intensas, en los primeros días, llevaron las columnas de fuego a una velocidad insoportable, y a partir de este fin de semana, las más leves pero mucho más erráticas lo han expandido de manera caótica por zonas que los primeros días permanecieron a salvo. Se ha conseguido salvar el entorno de El Escorial, porque los medios y Dios lo quiso en forma de cambio de viento, pero ese mismo soplo de fortuna para esa zona supuso la condena del valle del Tiétar, en Ávila, una vez que el incendio de Castilla y León logró ascender toda la sierra en su vertiente norte y se lanzó sin freno a sotavento, recalentado. Muchas de las poblaciones que el sábado y ayer eran el centro de las llamas y la evacuación contemplaban con congoja, pero seguridad, la evolución del fuego el pasado viernes, cuando el suroeste sostenido les mantenía aparentemente lejos de la amenaza. El maldito viento ha sido su desgracia, ha jugado en su contra, y ha ganado a los esfuerzos de todos los que luchaban contra las llamas. No he estado nunca en esa zona de la sierra, que era conocida por sus parajes naturales, sus pueblos y por numerosos atractivos, la mayor parte relacionados con la gastronomía y el disfrute de los recursos. Cuando las llamas se extingan, muchos de los negocios de esas localidades se verán abocados al cierre, al existir, lo que quede de ellos, en medio de una extensión calcinada en lo que lo único que van a dar ganas de hacer cuando se pueda contemplar será llorar con rabia, con la angustia de saberse a salvo quien lo hace, pero encontrarse perdido en medio de lo que, hasta hace pocos días, era su paisaje, su vida, su pueblo, y ahora no es otra cosa que un erial de ceniza y desolación.

La meteorología vuelve a ponerse cuesta arriba a partir de esta tarde y mañana, con la llegada de varias jornadas de calor muy intenso, en el entorno de los 38 40 grados, por lo que, cuando los fuegos sean controlados del todo, la necesidad de refrescar el terreno deberá seguir siendo prioritaria para evitar reactivaciones, que el mero movimiento de una brisa entre semejante calorina bastará para convertirse en amenaza. Es de esperar que, con el avance de la semana, los desalojados vayan volviendo a sus hogares, pero aún queda bastante para hacernos una idea certera de las dimensiones del desastre que ha tenido lugar en esas comarcas, y de lo irreparable que va a ser en muchos de los casos. Qué maldito horror.

miércoles, julio 22, 2026

Nolan y la ambición

Es indudable que Chritopher Nolan posee un sentido de la ambición fuera de lo común. Sus producciones son mastodónticas, y el éxito que ha cosechado con varias de ellas le permite mantener unos ritmos de inversión y despliegue de medios que están al alcance de muy pocos. Algunos le critican por eso, aunque no veo nada malo en ello. Lo que sí apruebo es el paralelismo que no pocos le dan con Kubrick, uno de los grandes, en su deseo de hacer, en cada género que toca, la obra total que lo deja clausurado, el referente que marcará el paso al resto, la búsqueda de la excelencia, el hito.

A Kubrick se le tachaba de perfeccionista, de histérico, de dictador en sus rodajes, etc. Una serie de comentarios que no le importaban para nada y no impidieron que el cineasta norteamericano, exiliado por propia voluntad en Reino Unido, dejara joyas de la historia del cine que son clásicos sin discusión alguna, y que hoy en día siguen creando ciertos problemas de interpretación entre los que las ven. ¿Era ambicioso? Claro, lo era, porque pensaba que lo que estaba creando era mucho más importante que los que en ello participaban. Tiene pinta de que Nolan también trabaja con esa idea en mente, aunque lo que se oye de sus rodajes no lo pone mal en el trato personal. Tener ambición a la hora de crear una obra no es necesario, no la convierte por ello en superior, es la cantidad, calidad del trabajo y la genialidad del creador lo que le otorga a lo creado una cualidad que destaca sobre el resto, pero tener ambiciones grandiosas en la vida puede ser la única manera de levantar monumentos que perduren. En la época dorada de Hollywood existían directores y productores que sabían que estaban ante retos fabulosos, pero que si los lograban pasarían a la historia y se convertirían en estrellas globales. Títulos como “Lo que el viento se llevó”, “Ciudadano Kane”, “Ben Hur”, “Cleopatra” o “Gigante” requieren una ambición desmedida por parte de quienes los desarrollaron, pero junto a ese deseo de grandeza también existía una enorme cantidad de trabajo de mucha gente y la presencia de genios, delante y detrás de las cámaras, que lograron llevar a buen puerto unos proyectos que podían haber naufragado por sus propias dimensiones. “Titanic” es un ejemplo de película moderna sobrada de ambiciones que acabó siendo un éxito rotundo en todos los sentidos, pero que fue un empeño megalómano de James Cameron, que casi supone su ruina y que era vista, en un principio, como un ejercicio absurdo por parte de un director especializado en acción y ciencia ficción, con títulos muy buenos en esos géneros, pero que no iba a ser capaz de levantar una historia realista, y con unos costes de producción disparados. Lo logró. De hace dos años es la película “El brutalista” de Brady Corbet, una cinta de enorme extensión temporal, más larga que La Odisea (llega a las tres horas y media y fuerza intermedio) que es un ejercicio de ambición de libro por parte de un director apenas conocido, que no llega a los cuarenta años, y que con un coste no muy elevado quiso llegar muy lejos en su diseño y filmación. ¿Lo logro? Creo que sí, o al menos a mi me gustó, aunque reconozco que es una película que tiene barreras de entrada y que, si no se superan, puede hacerse muy cuesta arriba. Corbet pedía mucho a su productora y pide mucho al público, y en algunos casos lo tiene y otros no. Recibió numerosos premios que le valieron reconocimiento y prestigio, y el ajustado coste de producción le ayudó a no generar pérdidas en su recorrido comercial. Corbet no juega en la liga de Nolan, desde luego no en lo presupuestario, pero probablemente sí en la visión de la obra que crea como algo enorme, desmedido, digno de realizarse por encima de todo obstáculo imaginable, y con la idea de que ese monumento perdure en el tiempo y ante los que se presenta, que sirva de referencia. Seguro que en eso están ambos muy de acuerdo.

Sí, no hay mayor fracaso que uno en el que la ambición ha sido la máxima, porque soñar con el cielo y estrellarse es lo peor. Ansiar vivir en el suelo y caerse hace menos daño, pero es necesario que haya en el mundo de la creación personas ambiciosas, que vayan más allá del resto, que intenten hacer cosas que no se han logrado o que ni siquiera se hayan planteado. Pueden tener éxito o no, y si lo que se busca es sólo el éxito es probable que la ambición creativa sea cercenada. Soñar con nuevos retos es lo que puede lograr que el arte alcance cotas no logradas. Sí también desastres antológicos, pero bueno, así es la gloria, pertenece a los que quieren llegar al cielo…. Y consiguen flotar en él.

lunes, julio 20, 2026

No me gusta el fútbol

Esas cinco palabras del título de hoy ya son toda una declaración de intenciones vital, y en un país como el nuestro, motivo de exclusión, o como mínimo de observación por parte del resto de la sociedad, que me ve como si se tratase de un espécimen digno de ser guardado en una vitrina de museo. Si a eso se le suma una serie de cosas que tampoco me gustan y que la gente considera que son de obligado seguimiento, la imagen que tantos poseen de mi es, como mínimo, exótica. Cuando uno es pequeño eso le causa problemas, pero a medida que los años avanzan y todo resulta más relativo, no me preocupa lo que el resto quiera pensar. Sólo trato de que no me impongan sus aficiones. Al menos, claro, las que rechazo.

Manuel Vázquez Montalbán, que era muy del Barça, escribió un ensayo, que no he leído, con un título brillante: “Fútbol, una religión en busca de un Dios” en el que se planteaba, según relataban las crónicas, su pasión por ese deporte y, sobre todo, la pasión social que despertaba. Y sí, el título es muy bueno, porque describe bastante bien el irracional fenómeno de masas que se desata en torno a unas personas que pegan patadas a un balón y logran que millones crean que eso es relevante en sus vidas. Todos los procesos que se dan en el entorno de las religiones organizadas se reproducen de una manera casi milimétrica en torno al mundo del balón, con las congregaciones de fieles, adoradores ciegos de una enseña, unos colores, una marca, un equipo, una selección, a la que defienden a muerte respecto al resto, a la que ven como única. Un rebaño que comparte símbolos, autoridades y discursos en forma de sermones por parte de los dirigentes de su equipo y los que juegan en él, que son elevados a los altares formando un panteón de diosecillos que reciben adoración. En estos días se podía ver a aficionados montando altares en sus hogares o en los lugares de congregación de la feligresía futbolera en los que se ponían estampitas con la imagen de los jugadores, con fotos de celebraciones pasadas, con insignias, escudos y demás parafernalia, conformando altares con todas sus letras, donde sólo faltaban las barrocas columnas salomónicas para ser dignos de consagración. Ese movimiento de fe produce exaltados, creyentes acérrimos ciegos que no dudan jamás, que viven su pasión hasta el extremo y se dedican a perseguir a los que consideran impuros, tibios, o simplemente no dignos de su creencia. Pasa en todas las religiones, los exaltados se reúnen en sectas particulares y empiezan a dictar la norma que el resto ve como una exageración, pero en no pocas ocasiones se convierte en el objetivo a seguir. Envueltos en bufandas, uniformes, cánticos y no pocos signos más de pertenencia a la tribu, esos puristas van sembrando su mensaje entre los suyos y el resto y, antes o después, llegan los incidentes. El fútbol, como simulacro de guerra entre bandos, es proclive a la violencia y se considera que esta, mal vista de manera oficial, es algo natural en el entorno del balón. Todo el mundo ve obvio que existan corrientes de aficionados salvajes, de sujetos broncas, que extienden su mal vivir a los aledaños de los estadios, y cuyos actos son, no pocas veces, reídos como gracias por parte de los responsables de los clubes, que los consideran como muy necesarios de cara a conformar el espíritu de la entidad que dirigen. Esos mismos responsables que, casi siempre, eluden la ley, gestionan los equipos de manera opaca y con un ansia de protagonismo sólo comparable al nivel de presunto fraude que cometen ante todo tipo de leyes, especialmente las urbanísticas y financieras, y que cuentan con el beneplácito de las autoridades, que en nombre de los “colores” conceden privilegios a esas entidades del balón con los que no pueden ni soñar otro tipo de empresas o asociaciones, de lucro o no, que son perseguidas con saña por la administración en forma de normas e impuestos, mientras que los del balón se ven beneficiados de todo tipo de privilegios, quizás porque no hay nada que al poder le guste tanto como subirse a un palco de un estadio y sentirse por encima, en todos los sentidos, de la plebe a la que somete en sus formas de ocio y saja de manera financiera, mientras consigue el vulgo aplauda enfervorizadamente a los santones que corren por el campo.

Lo siento, soy un ateo de esa religión organizada que es el fútbol. Si el deporte me dice poca cosa, si verlo por televisión me parece una manera de aburrirse difícilmente superable, lo del fútbol es algo que me supera. Nunca me ha gustado, cada vez menos, y la intromisión que supone su desarrollo en la vida de los demás me parece un abuso que no tiene excusa posible. Obviamente me he enterado de lo que pasó ayer, aunque de todo lo que sucedió vi nada más que la entrega de premios, para comprobar qué espectáculo organizaba Trump y su secuaz Infantino. No defraudaron, actuaron a la altura de lo que ambos era esperable. Poca cosa más me interesaba de lo de ayer, nada del jolgorio de hoy, ni de lo que venga después, ni de los siguientes partidos, o ligas, o copas, o competiciones internacionales, o duelos del siglo, o….

martes, julio 14, 2026

Cómo afrontar la extinción

Ver el paisaje desolado que deja un incendio es una de las experiencias más duras que se pueden experimentar, y más aún si es el entorno que ha protagonizado la vida de quienes lo contemplan. No hay peor catástrofe natural que un incendio forestal, ninguna deja secuelas más extensas y persistentes, ninguna duele como él. Pese a ello, año a año, gracias a la fatalidad, la desidia y los desalmados, miles de hectáreas arden en nuestro país, y en los demás, y el daño que producen se extiende, retroalimentando las emisiones de CO2 y dejando un rastro de destrucción y pérdidas, materiales siempre, en ocasiones de vidas, que ya no verán nada.

Me da la sensación de que, a medida que la virulencia de los incendios crece en medio de los veranos intensos y extensos que vivimos, la técnica que se enfrenta a ellos empieza a no ser suficiente. Se ven ejemplos constantes de grandes fuegos, en España, en Francia, en EEUU, en Canadá, donde los frentes de llama son amplísimos y las condiciones meteorológicas que provocan, con pirocúmulos asociados, se convierten en sí mismas en peligros para el entorno y todos los que se encuentran cerca, además de contribuir a la propagación despiadada de las llamas. O se actúa muy rápido, nada más comenzar el fuego, o muchos de ellos alcanzan rápidamente una dinámica que los vuelve incontrolables. La inversión en medios para apagarlos no deja de crecer, en forma de aviones, camiones motobombas y, en el caso particular de España, todo lo relacionado con la UME y su trascendental papel en esta labor de apagadores, pero no parece ser suficiente. Los expertos ven como las dimensiones del enemigo no dejan de crecer y, en muchos casos, la seguridad de los que trabajan en la extinción exige la propia retirada de su presencia ante el avance de unas llamas que pueden llegar a acorralarlos. En el incendio de Almería la superficie calcinada es elevada, 6.000 hectáreas, pero poco de ese terreno era arbolado, la mayor parte consistía en matojos, brezo, monte bajo, que espoleado por el viento desatado se convertía en yesca que hacía avanzar las llamas a una velocidad de vértigo. Sumado a eso una orografía endiablada y la dispersión de las viviendas, la receta para el desastre estaba servida, pero no ha sido un incendio como los devastadores de Zamora, León o Galicia del año pasado, de enormes masas forestales desatadas. En Almería el gran enemigo de la extinción ha sido el viento, con la orografía. El año pasado eran las dimensiones del propio fuego las que impedían atacarlo con opciones. Era demasiado grande, demasiado virulento. Con temperaturas asfixiantes y sin tregua no había mucho que hacer. Gran parte de la carga de agua que los aviones soltaban desde sus panzas se evaporaba antes de alcanzar las llamas, como si fueran virgas, y la desesperación era evidente entre todos los que trataban de combatir el incendio. ¿Cómo atacar a un fenómeno así? Si la meteorología no ayuda, ¿es posible vencerlo? Empiezo a sospechar que, a día de hoy, la respuesta es negativa, y eso nos pone ante un dilema difícil de asumir, que es el riesgo real de que alguno de estos incendios acabe por crear un enorme problema social y vital, en forma no ya de aldeas quemadas, sino de localidades de entidad atacadas y asediadas por unas llamas que no puedan frenarse. En enero del año pasado pudimos ver barrios enteros de la ciudad de Los Ángeles devorados por las llamas, que alentadas por los vientos de Santa Ana, corrían sin freno. Urbanizaciones de todo tipo, desde las residenciales de clase media hasta algunas de millonarios, sucumbían a un incendio que era imparable, y que no hubo manera de controlar hasta que los vientos aflojaron. Para entonces, cientos, miles de viviendas quedaron arrasadas, y barrios enteros del extrarradio de la ciudad se convirtieron en cenizas y ruina. El espectáculo era aterrador, y distópico, y generaba tanto miedo como impotencia. ¿Cómo frenar estos fenómenos?

Tras una desgracia de este tipo se reiteran los llamamientos políticos a pactos, que se olvidan pasados los días, pactos que se centran en contenidos políticos, pero que eluden la cuestión técnica de cómo afrontar algo para lo que empezamos a no estar preparados. Los veranos abrasantes y extensos pueden ser una “nueva normalidad” frente a la que el entorno forestal, abandonado, no sea capaz de sobrevivir de manera natural. Olvídense de eso de las políticas preventivas, estamos en España, tierra de procastinación perpetua. Urge pensar algo, inventar métodos, técnicas, soluciones, compuestos, ingeniería aplicada, lo que sea, para poder atacar a esos fuegos de manera más efectiva. Y lo de urgir va en serio.

viernes, julio 10, 2026

Tragedia en el incendio de Los Gallardos

Esta noche se ha producido una tragedia en la comarca almeriense de Los Gallardos, por culpa del incendio forestal que se desató ayer por la tarde. Parece que, causado por la caída de un tendido eléctrico, y avivadas por el intenso viento, las llamas han corrido de manera caótica por un paraje en el que hay muchas casas de campo habitadas. Los fallecidos serían residentes que cogieron sus coches para huir del incendio y fueron atrapados en caminos rurales por zonas de incendio que cambiaban de curso a medida que el viento los zarandeaba. A esta hora de la mañana las llamas siguen descontroladas y son once los fallecidos confirmados.

Los medios de extinción trabajaban desde ayer en la zona del fuego y esta noche eran más de mil las personas desalojadas que, de manera controlada, habían abandonado sus hogares para buscar refugio, pero evidentemente la situación fue más grave de lo que los equipos presentes podían afrontar y la diseminación de la población en casas de campo sueltas ha contribuido a que el desastre se produzca. En este caso ha sido el maldito viento el que ha traicionado a los profesionales y a los residentes. Por lo que se cuenta, la virulencia del fuego no es extraordinaria, pero esas rachas intensas y cambiantes no dejan de extenderlo de una manera caótica, imposible de prever, que cambia de dirección a cada golpe de un viento caprichoso que no da tregua, y todo en un paraje agreste, lleno de recovecos donde el viento se comporta de una manera mucho más brusca y cambiante si cabe. Va a costar mucho llegar a las zonas en las que se ha dado la tragedia y ver lo que ha pasado, pero a escala, esto es lo que ha sucedido más de una vez en Portugal, donde desgraciadamente no son raros los casos de ciudadanos que huyen con sus vehículos de asentamientos rurales dispersos y fallecen al ser atrapados en caminos que eran seguros antes de convertirse en trampas infranqueables. Recuerdo un verano de no hace muchos años en el que la escena de vehículos carbonizados en medio de una carretera rural rodeados de lo que, creo, eran pinares ennegrecidos, resultaba sobrecogedora, y más sabiendo el elevado número de personas que viajaban en ese convoy de coches que fue atrapado y no tuvieron posibilidad alguna de escapar con vida de allí. En España los protocolos de desalojo de municipios se han mejorado mucho, y se llevan a cabo cuando los riesgos ya se consideran suficientes para la población, sin esperar a que la situación se vuelva extrema. En no pocas ocasiones estos desalojos cuentan con la oposición de los vecinos, cosa que puede parecer extraña a primera vista, pero no lo es tanto. En muchos casos estamos hablando de poblaciones rurales en las que los residentes conviven con su paisaje de una manera que se puede hacer difícil de entender para más de uno, que acrecen de muchos medios más allá de las propiedades residenciales y agrarias en las que viven, y que huir de allí es desubicarles por completo de su entorno, de donde y de lo que son. Al instinto del miedo ante el fuego puede, por no poco tiempo, vencer el de conservación de lo propio, y el intento de luchar contra las llamas, y ahí se puede perder un tiempo precioso. El incendio puede comportarse con una virulencia o impredecibilidad que deja sin respuesta hasta al más profesional, también al que mejor conoce el terreno, y el tiempo que se pierde desde que se pudo huir cuando la llama se intuía al que transcurre hasta que se admite la derrota ante el fuego puede ser vital. Es fácil decirlo sentado en una mesa de oficina, ya lo se, pero si las llamas se acercan a su finca lo mejor que pueden hacer, haya profesionales cerca o no, es huir, escaparse, tratar de salvar la vida. Es una mierda perderlo todo, pero es irremediable perder la vida.

Durante todo el día los servicios de extinción van a estar trabajando en la zona afectada por el fuego, y contra el resto de incendios que se desarrollan en España en estos momentos, a sabiendas de que en la zona mediterránea el calor no va a dar tregua y el viento se irá intensificando a medida que avance el día. Los 40 grados que se registran en gran parte del país no ayudan nada, se lo imaginan, para controlar incendio alguno, y aunque hoy se ha acabado la segunda ola de calor del verano, la fechada de levante y Baleares puede vivir la semana que viene un episodio de temperaturas muy altas que disparará todos los riesgos imaginables. Mucha prudencia, mucho cuidado, y no se lo piensen. Huyan antes de que sea demasiado tarde si el maldito incendio se les acerca.

lunes, julio 06, 2026

Venezuela es una ruina

Transcurrida ya más de una semana desde que tuvo lugar el terremoto de Venezuela, aún es posible la existencia de milagros en forma de supervivientes rescatados bajo los escombros, pero las probabilidades son ya mínimas. Sólo aquellos que hayan sido localizados por los rescatistas y se les haya podido aprovisionar con agua pueden aguantar el tiempo necesario para que, tras el desescombro, sean rescatados con vida. El resto, o ya han fallecido o agonizan. Muchos de los voluntarios llegados de todo el mundo para auxiliar a las víctimas ya dejan el país ante la imposibilidad de nuevos rescates, y la tragedia empieza a perder puestos en el ranking informativo global.

Si Venezuela era ya una nación torturada por la opresión de su régimen, esta aleatoria catástrofe natural supone su ruina en el sentido literal del término. Antes sólo estaba arruinada, ahora el paisaje de escombros se repite por numerosas localidades del país. Como suele suceder en estas ocasiones, los gobiernos se ven superados por los acontecimientos, pero si en el caso de una democracia esto es grave, en una dictadura como la que se gestiona desde Caracas las consecuencias para la ciudadanía son insoportables. La incompetencia, la falta de recursos, de medios, de todo lo imaginable para rescatar o aliviar los daños personales aparecen con la mayor de las crudezas, porque el régimen chavista es muy bueno reprimiendo, por la cuenta que le trae para seguir en el poder, pero es la necedad absoluta en todo lo demás. Si en las coyunturas normales la gestión chavista ha sido capaz de hundir la economía venezolana hasta unos límites propios de la miseria más extrema, ni les cuento lo que va a pasar a partir de ahora. Privado de recursos y capacidad, el régimen tratará de cubrir con propaganda los desconchados y hacer creer a los propios que lo sucedido es poco más que una fatalidad, pero que en ningún caso es excusa para denunciar la corrupción que todo lo llena o la mera incompetencia. Por si fuera poco, el proceso de tutela que vive el país, sometido a los designios de Trump, no ayuda para nada. Al poco de producirse el seísmo se lanzaron declaraciones de apoyo desde la Casa blanca y se anunció el envío de material pesado y equipos especializados, pero la impresión de los que se encuentran sobre el terreno es que la ayuda norteamericana no se ve en abundancia. Algo hay, pero ni mucho menos de manera masiva. Conociendo los intereses de los que rigen la nación norteamericana es probable que su interés se mantenga puesto únicamente en las zonas extractoras de petróleo, situadas en una región bastante alejada de las que han sido más afectadas por el temblor. Si no se han producido daños importantes en las instalaciones petroleras del país es casi seguro que la administración Trump haya perdido todo interés en lo que hace a rescates y ayuda humanitaria, por lo que se mantendrá al margen y solo moverá un dedo para apuntalar al régimen. Si hay movimientos opositores de damnificados, que se ven, con toda la razón, abandonados a su suerte, es casi seguro que las fuerzas represoras manadas por Delcy y compañía sí que les respondan con la contundencia habitual y, de necesitarlo, contarán con todo el apoyo por parte de los norteamericanos. Las últimas noticias conocidas en las que EEUU actúa en contra del posible regreso de Marina Corina Machado a su país, en medio de la debacle, deja bien claro cuáles son las intenciones reales del régimen y de las fuerzas que lo controlan. Si los demócratas venezolanos esperan que de las ruinas de Caracas o la Guaira surja algún tipo de alternativa política al régimen, ya pueden ir perdiendo toda esperanza. Delcy es una buena lacaya de los intereses trumpistas, y si antes no se conmovía por la suerte de los suyos, ahora tampoco.

¿Qué esperar a partir de ahora? No lo se, pero las cifras de muertos y damnificados, que serán mucho más altas que las oficiales, abocan al país a una situación de desastre difícil de imaginar. Si la pobreza ya estaba generalizada, y la violencia urbana era un mal endémico, ahora a todo eso se le une un nivel de destrucción difícil de imaginar. La falta de recursos para reconstruir lo dañado aboca a miles de personas a malvivir en medio de un escenario de ruinas que pueden perpetuarse años y años. Quizás el terremoto sea el paso que lleve a Venezuela a “cubanizarse” a entrar en el más profundo escalón de la pobreza. Ojalá no sea así, pero pinta muy muy mal.

jueves, julio 02, 2026

Calor y errores europeos

Hay un debate que me asombra en gran parte de Europa, tras la ola de calor de la semana pasada, sobre la instalación o no de aires acondicionados en los hogares y distintas instalaciones colectivas. Existe un movimiento de pensadores y prescriptores que abogan porque no se deben poner estos dispositivos por sus emisiones y el efecto de calentamiento global que generan, y recomiendan a la gente que debe concienciarse con el planeta, sacrificarse y renunciar a la falsa comodidad que supone el dispositivo de aire en aras de la sostenibilidad global. Como discurso queda bien pero como estrategia es, como poco, estúpida.

¿Cuántos de los que así opinan tienen aire acondicionado en sus casas? ¿Cuántos trabajan en oficinas o lugares en los que sí funciona el aire acondicionado? ¿Cuánto CO2 emite un dispositivo de aire acondicionado frente a los jets privado en los que viajan no pocos de estos prescriptores medioambientalistas? Si uno empieza a hacerse preguntas puede obtener respuestas incómodas, todas ellas unidas a un comportamiento tan hipócrita como clasista, que se basa en el mantenimiento de unos privilegios para unos pocos y la negación de una calidad de vida media para los millones y millones de personas que conforman la sociedad real. Pongamos una ciudad europea, capital, un París, Madrid o Londres. ¿Cómo se refrigeran millones, repito, millones de viviendas en medio de los 40 grados? La instalación de sistemas de ventilación y aire acondicionado es obligatoria si uno no quiere asistir a crisis sanitarias de graves consecuencias. ¿Cómo se mantiene la calidad de vida, no educativa, sino de vida, en aulas de colegios en los que se superan los 30 grados? Al igual que los centros educativos poseen sistemas de calefacción para que los críos y profesores no se congelen en invierno, deben contar con métodos de refrigeración que sean capaces de controlar las temperaturas que se alcancen en ellos. Clases en las que se alcanzan los 30 grados son insoportables, como dormitorios o cualquier otro tipo de estancia a esa temperatura, pero quienes dicen que el aire acondicionado recalienta el planeta y no se debe utilizar seguramente viven y trabajan siempre a unos veintipocos grados, sostenidos por sistemas de climatización más o menos eficientes. Sí, hay que seguir trabajando en la mejora de los aislamientos, en sistemas pasivos que permitan que los edificios existentes se comporten mejor ante los retos térmicos, hacia arriba o hacia abajo, y sean más ahorrativos. Debemos tratar de crear todas las superficies de sombra que sean posible en medio de plazas y calles que tienden a convertirse en acumuladores de calor, fruto de diseños muchas veces erróneos, pero el mensaje de que usted no debe tener aire mientras yo sí lo tengo es de una hipocresía tan cutre que sólo sirve para crear indignación social, cabero y hartazgo. El que pretende defender el medio ambiente, o cualquier otra causa, y usa como argumentario que son otros los que deben sacrificarse por ello en vez de él mismo está destruyendo el objetivo que dice perseguir, porque va a crear una animadversión social absoluta hacia él. La sociedad va a considerar como falso el problema que se dice combatir por parte del experto y va a hacer todo lo contrario. Me sigue asombrando cómo, cada día, se observan conductas de este tipo, estúpidas en el más profundo de los términos, en nuestros medios de comunicación, y más entre los que se proclaman más concienciados con el cambio climático. ¿A qué temperatura mantienen sus redacciones estos medios? Los despachos de sus gerentes y consejeros delegados, ¿se refrigeran por las plantas que están en los alféizares de las ventanas o por el aire que sale de los extractores que circulan sobre sus cabezas? Lo de a Dios rogando y con el mazo dando en versión climática.

Sí, las temperaturas van a subir, sí, es un fenómeno global, y sí, depende ya mucho más de lo que hagan naciones como China o India de lo que los europeos pongamos de nuestra parte. Ante un panorama como este sólo queda adaptarse, mitigar los efectos, dado que no va a ser posible combatir las consecuencias (inapreciables cuando sólo los europeos vivíamos bien y a costa del resto). Y restringir el acceso de la refrigeración a las clases medias y bajas europeas es una política estúpida que sólo va a crear indignación y desafección. Me asombra que sigamos cometiendo errores tan burdos, de manera tan persistente, como si viviéremos en una realidad paralela.

miércoles, julio 01, 2026

Calor y renta

Cuatro días en el norte tras una de las olas de calor más intensas y persistentes que se han vivido por allí deja casi un monotema de conversación entre todo el mundo. Es habitual que los que conozco, llegadas estas fechas, se compadezcan de mi por vivir en el infierno madrileño, pero esta vez les recordaba que han pasado días más duros que los que se han dado en la gran ciudad y el semblante de mis interlocutores tornaba de lo gracioso a lo crudo, desesperado, todo atisbo de broma desaparecía y los rostros mostraban agotamiento, y casi hasta miedo por lo sucedido, por los días que han pasado, y por la mera posibilidad de que algo así vuelva.

Lo de combatir el calor cuando no hay costumbre ni instalaciones es un problema, y es algo que empieza a estar presente en esa zona del país, y en todo el continente europeo, hasta ahora ajeno en gran parte a eso de “la calor” que azota al centro y sur de los países mediterráneos. La compra de ventiladores se ha disparado entre mis conocidos, y obviamente el stock de las tiendas no ha dado abasto. En el chino de Elorrio quedaban algunos ejemplares de esos que se ponen en las mesillas, con aspas de quince centímetros de diámetro, como mucho. Ejemplares de pie, o portátiles de aspas grandes, nada de nada, y de los de techo para las habitaciones ni soñarlos. Los que los tenían de veranos pasados, como era el caso de mi madre, ejemplar mediano, los ha usado a espuertas, pero a muchos les ha pillado sin otra cosa que un abanico para poder darse algo de corriente. Si los ventiladores allí son algo escaso, lo del aire acondicionado es un exotismo. Las oficinas y comercios grandes lo tienen, junto a varios bares, pero en general escasea en tiendas y es prácticamente imposible de encontrar en viviendas particulares, sean pisos o chalets de privilegiados. No existe nada parecido a eso de la preinstalación de aire que se hace por defecto en todas las viviendas nuevas en Madrid, y ver cajas de extractores de aire en la calle resulta muy llamativo. Uno puede pasear en Madrid contemplando edificios viejos y contando las pocas viviendas que no lucen adosada en la pared una de esas cajas que quedan estéticamente como pegotes, pero que en estos días suponen la supervivencia y el sueño de más de uno. Cada uno, por aquí, ha ido instalando los equipos a la buena de Dios de tal manera que los exteriores de los edificios son realmente feos en muchos casos. Parece como si los hubiera asaltado una viruela o algo así. Arriba no, las fachadas son pulcras, porque no es posible encontrar esos dispositivos en ninguna parte. ¿Va a cambiar ese paisaje urbano en el norte? Sospecho que sí, y dado que el aire acondicionado es una instalación que supone una inversión considerable, sospecho que empezarán a proliferar en las viviendas y barrios pudientes, para ir extendiéndose poco a poco a los bloques de pisos convencionales, de barrios más modestos. En la lucha contra el calor la renta es una de las principales variables, como lo es en casi todas las cosas de la vida. Uno pasea por barrios y las viviendas y los coches suelen ser buenos indicativos de lo que ganan los residentes que allí viven. En el caso de las calefacciones los edificios suelen venir con ella instalada, sea cual sea el dispositivo escogido, y normalmente es el usuario el que decide lo que quiere, o puede, gastar. Arriba son muy escasos los piso que carecen de sistemas de calefacción, aunque los haya, pero en general es muy difícil saber desde la calle si eso es así o no. Acertarán al 90% si consideran que todos los tienen, sea cual sea la tipología de edificio que contemplen. En el caso del aire acondicionado el porcentaje de acierto será muy similar si apuestan por el no, y dado el funcionamiento de la tecnología, en breve empezará a distinguirse quién ha hecho la obra para instalárselo y quién no.

Se habla de pobreza energética cuando el ciudadano sufre para poder pagar las facturas de lo que se llama vulgarmente la luz, que es eso y mucho más. Normalmente se ha asociado a la época de invierno, en la que hay gente que pasa frío en casa porque no puede pagar las facturas si pone en marcha sus instalaciones. ¿Vamos a una extensión de ese concepto a todo el año, a medida que el calor empieza a condicionar la vida de la gente? No es descartable, la verdad. En todo caso, y como es habitual, el que tiene dinero podrá llevar una vida mucho más acomodada, en la que los veintipocos sean la norma que rija en su hogar, sea cual sea la época del año.

viernes, junio 26, 2026

Primera ola de calor

Si en lo político esta semana la cosa ha estado calentita, ni les cuento en lo meteorológico. Casi toda la España peninsular ha sufrido en sus carnes una ola de calor, de la que los más afortunados por su liviandad han sido los residentes en la esquina suroeste. Sí, esta vez Huelva o Sevilla no se han llevado la palma de las temperaturas, ni de las noches tropicales, que en el caso de Almería han pasado a ser dos niveles superiores, saltándose las tórridas y llegando a las infernales, cuando las mínimas no bajan de los 30 grados. Tres noches han tenido seguidas de este tipo, lo que supongo implica desesperación absoluta, porque las pasadas en Madrid claramente por encima de los 20 no han sido nada divertidas.

Donde esta ola, la primera del verano, ya ha sido histórica, es en el norte. Asturias pero, sobre todo, Cantabria, País Vasco y Navarra han superado récords de junio y absolutos con una facilidad pasmosa, en medio de un ambiente completamente despejado, con trazas de calima y escaso refresco nocturno. Noches tropicales que han ido seguidas de jornadas por encima de los cuarenta grados de manera consecutiva, enlazadas una tras otra en una secuencia que, tengo que revisar los datos de Elorrio, pueden haber sido récord desde que los tengo. Cuatro días seguidos por encima de cuarenta es algo anómalo allí, pero que se ha convertido en otro hito superado en el proceso de subida progresiva de las temperaturas medias que se vive en nuestro país y entorno. El calor en la meseta o en el sur es duro, pero existe costumbre frente a él, formas de vida, entornos, tecnología, etc. En el norte alcanzar los cuarenta no es tan exótico, es bastante habitual que un día al año se logre, pero es ese día, el día de los cuarenta, no una secuencia de varios y, sobre todo, tras ese día de cuarenta suele llegar algún tipo de derrumbe en forma de tormenta, role de viento o similar. Esta vez no se ha vivido nada de eso. Ayer, que se alcanzaron los treinta y ocho, como si fueran un regalo, hubo amagos de tormenta por el norte, pero tampoco nada del otro mundo. Parece que hoy la tendencia a bajar las temperaturas por allí se consolida y se mantendrá varios días, de tal manera que el inicio de la semana que viene pillará a Bilbao y alrededores en el entorno de los veintitantos. Y, como les anticipaba, frente a la costumbre del sur, el norte no sabe combatir esas temperaturas, no están preparados ni los cuerpos ni las viviendas ni las infraestructuras. No se si habrá algún piso con aire acondicionado en mi pueblo, pero tengo dudas. Es probable que alguna casa o chalet disponga de ello, pero como algo exótico, como la piscina particular, que es una de las mayores excentricidades que se pueden ver por arriba, signo de ostentación donde los haya. Sospecho que los ventiladores se habrán agotado en las tiendas y sus fabricantes estarán haciendo el agosto adelantado, pero un ventilador de esos pequeños que se ponen en las habitaciones, aunque hace su labor, no es capaz de cubrir las necesidades de una familia, o de alguien mayor para el que la regulación de la temperatura es algo que su cuerpo ya no realiza de manera correcta. Toldos, parasoles y ventiladores de techo son ideas muy prácticas y efectivas, pero que deben ser instaladas previamente, requiriendo una inversión mayor y obras, en algunos casos escasas, en otros no tantas. Se han dado casos de centros de salud urbanos en Bilbao en los que las temperaturas interiores superaban claramente los treinta grados, de tal manera que se convertían en lugares peligrosos para sus trabajadores y los que a ellos acuden, máxime cuando se supone que no lo hacen en la mejor de las condiciones físicas. Algunos de estos centros son de reciente construcción, lo que muestra las carencias con las que se han planificado. Es cierto que las olas de calor tienen un componente de punta que es breve en el tiempo, pero la persistencia de las altas temperaturas y los picos más altos es algo que se está cronificando poco a poco en esos entornos donde eso antes era un relato propio de la estancia de vacaciones en otros lugares. Salvo las oficinas modernas, las instalaciones de climatización no están para nada adaptadas a los veranos que nos tocan.

Y si en Bilbao esto ha sido duro, piensen en París o Burdeos, que también han superado claramente los 40, o en Londres por encima de los 35. Esas ciudades, países en general, tienen el calor como un elemento exótico, propio de relatos de verano en el sur de Europa o, directamente, de cuentos coloniales. Allí no ha hecho calor casi nunca, y las vías del tren o las carreteras empiezan a fallar cuando se superan umbrales de temperatura que en el sur de España son convencionales en verano. La ola en el norte y centro de Europa no ha remitido aún, y sus consecuencias son significativas. Las medidas preventivas ante hechos de este tipo deben ser planificadas con premura, porque estas temperaturas desatadas se van a repetir cada vez con más frecuencia.

Subo a Elorrio y me cojo dos días de ocio. Si no pasa nada raro nos leemos el miércoles 1 de julio

martes, junio 23, 2026

Spielberg, y El día de la revelación

Acudir a una sala de cine y que se proyecté eso de “Dirigido por Steven Speilberg” no es sólo una garantía de calidad asegurada, sino volver al terreno añorado, a una casa en la que se sabe uno querido y se encuentra a gusto. Aún las películas que no son redondas de Spielberg entregan mucho más de la medía, y sospecho que nunca podremos agradecerlo lo que ha creado para todos, las imágenes en las que ha plasmado sus propios deseos vitales y nos los ha convertido en propios. Todos tenemos una peli de Spielberg, una escena particular, que ha penetrado hasta lo más profundo, que nos ha marcado. Eso pocos autores lo pueden decir. Muy muy pocos.

El título de la película no hace referencia al momento en el que Aldama empezó a desvelar las andanzas de Ábalos y la troupe de golfos que conformaban todos juntos, sino a la visión que el genio muestra de las conspiraciones ufológicas. Quiere creer el maestro que los extraterrestres han llegado hasta nosotros, en décadas pasadas, y que permanecen de alguna manera aquí. Sueña con el hecho de que si han logrado alcanzarnos no sólo poseen una tecnología fascinantemente superior a la nuestras, sino un grado evolutivo mucho mayor en el que la mayor parte de los instintos violentos que los humanos mostramos en demasía se han perdido, en aras de una convivencia colectiva en armonía, que aporta muchos más beneficios. Esa premisa ha estado presente en todas sus historias en las que ha habido un componente extraterrestre, es marca de la casa, y por tanto se puede considerar como el mayor hándicap a la hora de disfrutar de esta película, pero el mismo problema lo tenía ET o Encuentros en la tercera fase. La diferencia, si me apuran, es el nivel de cinismo que se ha alcanzado actualmente en la sociedad, donde la desconfianza en la dirigencia y en quienes ostentan cualquier cargo de responsabilidad es no ya creciente, sino casi imposible de superar (y viendo lo de Ábalos y sus jefes qué decirles). Spielberg habla al mundo desde una visión buenista, aunque no me gusta la palabra, que la sociedad no comparte, o ya no siente como propia, y eso lastra el resultado de esta película, en la que el desenlace puede no estar a la altura de las expectativas, en la que el clímax se alcanza justo en el vacío del conocimiento de una verdad oculta que muchos considerarían como una patraña más en un mundo de pantallas en el que el consumo de contenidos artificiosos no deja de crecer y que acabará superando al de historias reales. Si nos abstraemos de ese problema, la película funciona muy bien como una historia de tensión, persecuciones y personajes sometidos a fuerzas que les superan, sean estas muy terrenales o de origen paranormal. Como es marca de la casa, la producción resulta impecable y el realismo de todo lo que se ve es incuestionable. Spielberg sigue demostrando que, a su edad, nadie rueda como él, nadie es capaz de contar sólo con imágenes escenas completas, en las que los personajes se desnudan y relatan historias sin decir una sola palabra, porque lo que vemos ya nos lo cuenta. Eso es cine. En este sentido las cotas alcanzadas en Los Fabelman, su anterior trabajo, uno de los más deslumbrantes de entre los suyos, se muestran insuperables, no llegando en este filme a ese nivel de relato, pero es cierto que, como película de acción, la cinta no pivota tanto como la anterior en la vida interior de los personajes y sus relaciones como en la propia supervivencia de los mismos y de sus huidas. En todo caso, sea en las escenas de acción o en las relajadas, la precisión con la que rueda Spielberg logra sacar todo el jugo posible a un conjunto de actores que se muestra algo irregular, especialmente en sus caracteres masculinos, pero que desborda en los femeninos, con Emily Blunt y Eve Hewson comiéndose la tostada a todos los que comparte escena con ellos.

Si se quiere ver como una peli de acción, lo es. Si se quiere interpretarla como un alegato conspiranoico, funciona, si se busca una historia de encuentro y redención en la que el cariño entre personas y seres sea lo dominante, también cumple como tal. Las críticas que ha recibido el filme son dispares, y creo que, como señalaba al principio, se envuelven en exceso en un cinismo social que tacha a Spielberg de ingenuo, de ñoño, de no ser el adulto serio y duro que debe ser en el mundo de hoy. Es curioso que quien logró que muchos cerrasen los ojos porque no soportaban lo que Steven les mostraba en Omaha Beach el Día D sea tachado de infantiloide. Cada uno de los planos de sus películas velen mucho más que lo que yo pueda crear a lo largo de mi vida, y ese es punto de partida desde el que establezco mi juicio hacia su obra.

martes, junio 09, 2026

León XIV y el liderazgo

Una buena muestra de hasta qué punto ha triunfado el Papa en su visita a Madrid es lo rápido que corren muchos a sumarse a su discurso, a coger fragmentos que creen que les benefician para intentar sacar rédito y conseguir que parte de las masas que aplauden a León XIV les sean propicias. Eso se vio ayer de manera descarada tras el discurso del Congreso, donde el Papa hizo una exhortación a favor de la doctrina clásica de la iglesia, en lo moral y social, y unos se quedaron con lo segundo, otros con lo primero, algunos con la integridad y Miriam Nogueras con la mano de su santidad en medio de su delirio nacionalista. Mucho interesado, pero poca sinceridad ayer en las Cortes por parte de sus señorías.

Lo cierto es que en estos días León XIV ha dado una lección práctica de liderazgo a muchos de los que cada día se llenan la boca con estrategias, campañas y demás operaciones de marketing. El liderazgo es algo muy difícil de lograr. Hay gente que tiene madera para ello, otros entrenan y lo consiguen, los hay negados, y los peores son los incapaces que creen serlo. El líder es el que guía, el que lleva a otros a cumplir la voluntad que él desea, bien por el interés colectivo o personal, y hay tantas formas de ejercer esa capacidad de liderazgo como uno pueda imaginar, pero básicamente, simplificando las cosas demasiado, las dividiría en dos. Por una parte, está el líder impositivo. Normalmente poseedor de un cargo, tiene una autoridad nominal y la ejerce. Es el consejero de legado de una empresa, el jefe de equipo, el cargo público, el directivo, el presidente, lo que sea. Ahí puede ejercer sus dotes y parte con la ventaja de que, a priori, se le va a hacer caso. En muchas ocasiones esta posición de autoridad deriva en autoritarismo, y el liderazgo se acaba ejerciendo por el mero ejercicio del poder, de la amenaza, de la imposición. Los equipos acaban cumpliendo los objetivos previstos, pero más por las amenazas que caen sobre ellos que por otra cosa. El cargo tiene la “potestas” que de él se deriva pero carece de la “autoritas” del ejercicio. Puede llegar a triunfar, pero la imagen que tendrán de él los que comparten trabajo y vida no será envidiable. Este tipo de liderazgo es el más común. El otro es el que yo denominaría líder persuasivo. Normalmente no está ligado directamente a cargos nominales, aunque puede darse el caso, y es aquel que logra convencer a los demás que lo mejor que pueden hacer es, precisamente, lo que él desea que suceda. Este es el liderazgo en el sentido puro, genuino, porque los demás ven en esa persona alguien en quien fiarse y observan como en su desempeño se da un grado de coherencia entre aspiraciones y sacrificios personales. El líder también se entrega. Sí, manda y coordina, pero trabaja como los demás, y uno se cree lo que hace bajo su dirección porque le ve igualmente implicado. Este tipo de liderazgo es mucho más instintivo, se puede tener o no, pero es difícil de adquirir. Se da en entornos variados, tanto profesionales como alejados del trabajo o de las esferas del poder. Es relativamente fácil de detectar, y muy difícil de imitar. En la práctica el liderazgo acaba teniendo un poco de todo, pero a mi entender la mejor combinación es la que tenga una escasa presencia del peso autoritario, que siempre debe darse en toda organización, y una elevada del componente persuasivo, que sea el ejemplo el que muestre el camino y mando. Abundan mucho más los liderazgos impositivos, porque son más fáciles, pero conseguir esa “autoritas” que sirva de guía es lo más difícil. En el caso del Papa, el actual titular del cargo, Prevost, parece un hombre sereno, poco dado a la efusión, tranquilo, con don de gentes pero lejos de la capacidad magnética de alguno de sus predecesores, como por ejemplo Juan Pablo II, líder carismático en estado puro. Ocupa un cargo de Rey absoluto en una jerarquía extendida por todo el orbe, y por tanto parte con ventaja de cara a ejercer su misión. Posee la “potestas” desde que fue elegido en el cónclave.

En esta visita ha empezado a construir su “autoritas”. Su estrategia parece sencilla, y es la de huir del dogmatismo de la tradición católica y, frente a unos liderazgos políticos globales basado en el grito, el insulto y las malas formas, con Trump como ejemplo perfecto de todo eso, lanzar un mensaje suave, conciliador, respetuoso con la tradición católica, pero sin estridencias. No abroncar, sino acompañar. Por lo visto estos días, y más allá de que existe un componente de “papilotría” en numerosos estratos de la sociedad, ha logrado posicionar su imagen global, ha empezado a construir su liderazgo. El cómo lo ejerza en el día a día y cómo afronte asuntos peliagudos (el tema de los abusos, las finanzas vaticanas, el choque con los gobiernos populistas) determinará su futuro, pero de momento ha acumulado un muy notable capital.

lunes, junio 08, 2026

León XIV triunfa en Madrid

Robert Prevost lleva poco más de un año de pontificado, tras su elección en el cónclave de 2025, después de la muerte del Papa Francisco nada más terminar la semana santa de ese año. Norteamericano, con aspecto de tímido, sus primeros meses de mandato fueron grises, poco dado a crear titulares. Tras la verborrea excesiva de su predecesor, Prevost decidió aplicar un criterio de reserva y no meterse en charcos, defendiendo el legado de Francisco, pero también el de sus predecesores, en lo que se consideraba un papado de compromiso. Pero claro, llegó Trump, y ante el huracán naranja es imposible no posicionarse, y el Papa lo ha hecho, y eso ha elevado notablemente su figura mediática, quizás por encima de lo que desea.

En el viaje a España que está realizando Prevost es defendido por todos, que toman parte de su discurso para apropiarse de él y adaptarlo a sus necesidades, obviando otros aspectos, y haciendo así del papado una carta que pueda servir a los intereses de parte. Y ese comportamiento es comprensible, dada la capacidad de movilización del pontífice, que arrasa como nadie. ¿Qué líder es capaz de llenar el centro de una ciudad como Madrid con más de un millón de personas en un encuentro como el de ayer? Sin incidentes, sin destrozos, sin violencia alguna, en plena serenidad, el movimiento de masas que ha logrado León XIV es llamativo y muestra una sensibilidad religiosa en la sociedad que permanece frente a todo. También, por qué no negarlo, una papolatría, una adoración al famoso y una búsqueda de recuerdo, imagen o presencia de alguien importante, cosa que es típica en el comportamiento social. En todo caso, la misa celebrada ayer en el centro de la ciudad fue un éxito desde todos los puntos de vista, tanto organizativo como en la imagen de congregación que se produjo. León XVI está de moda, como parece estarlo parte del imaginario católico, y eso arrastra masas. Ejerce un liderazgo espiritual blando, que pide y exige, pero con formas cuidadas, alejadas del insulto y la demagogia, y sólo por eso ya merece la pena escuchar su discurso. Frente al líder polarizante que caracteriza a la política de nuestro tiempo, simplista y dedicado a segmentarlo todo en un claro sí a él y no a todo lo demás, Prevost presenta un discurso en el que la fe se erige como pilar de todo, como respuesta a los dilemas de la persona, pero que no se impone, ni se exige ni se dicta. Se ofrece. Sus alocuciones son amables, buscan el entendimiento y se ofrecen a la sociedad como una alternativa en tiempos de pérdida, de confusión. Se proclama su mensaje, no se grita. El liderazgo del Papa no se produce por exclusión, porque le escucho a él frente a otros, sino por añadidura, lo escucho a él junto a otros, de ahí que cada uno escoja de su discurso lo que mejor le plazca y agrade a los oídos. Al Papa no le gusta eso, sabe que los políticos manipulan sus palabras para ser cada uno de ellos los beneficiarios de las mismas, conoce hasta qué punto un acto como el de ayer genera una inmensa envidia en los corazones de los “líderes” que tenemos, incapaces de salir a la calle sin ser abucheados, que reúnen cifras ínfimas de personas en sus encuentros y que todas ellas son coincidentes en plenitud con el discurso al que van a asistir. Frente a esa selección social medida, controlada, cercada, el Papa ofrece un encuentro abierto en el que el evangelio, algo conocido por todos, es la base, guía y referencia absoluta. Realmente no hay muchas novedades en los mensajes papales de los últimos siglos, ya que, por definición, su obra es la de mantener el legado de Jesucristo, pero los matices sobre cómo se hace esa labor son importantes. León XVI aún no ha asentado su pontificado, tiene que darle un toque personal que, por lo poco que lleva en el cargo, aún no ha sido capaz, pero en este viaje, en su primera experiencia ante las masas, está aprendiendo poco a poco a lanzar los mensajes que quiere y en el tono adecuado. Aún no es un líder global, pero puede llegar a serlo.

En lo que lleva de visita todo a transcurrido como estaba previsto, sin incidente alguno y con asistencia masiva a los actos, tan masiva como se esperaba por parte de la organización, que está funcionando de manera adecuada, ante los enormes retos que supone unas concentraciones como las de este fin de semana. Para los católicos la visita de León XVI es un chute de autoestima y un impulso necesario para mantener su fe y llevara a la práctica en el día a día. Para el conjunto de la sociedad, esta visita es una llamada de atención sobre cómo vivir en los tiempos que nos tocan, y cómo hacerlo de la manera más humana posible. Ya sólo por eso su presencia tiene una importancia imposible de eludir.

viernes, junio 05, 2026

Bad Bunny arrasa, aunque no lo soporte

Creo que de las pocas veces que he estado de acuerdo con Donald Trump fue cuando se quejó porque en el intermedio de la Superbowl de este año salió a actuar un cantante al que no se le entendía nada. Los hablantes españoles asentimos diciendo que nosotros tampoco le entendíamos, aunque se suponga que habla castellano. El artista se llama Bad Bunny, conejo malo, y arrasó en ese espectáculo, uno de los de mayor audiencia televisiva a lo largo de todo el año en los EEUU. Yo le conocía de antes, pero apenas había escuchado temas suyos. Me bastaron unos pocos minutos para tener claro que no, que el conejo malo me parece malo malo malo, que no me gusta nada de nada.

Como casi siempre, debo estar en minoría. Ya por entonces se estaba planificando su gira y las fechas de los conciertos que iba a dar en España y otros países. La demanda de entradas se disparó y las fechas de los eventos se iban sucediendo sin cesar, de tal manera que se acabó creando una secuencia de días que resulta asombrosa. Entre mayo y junio el conejo acabaría dando dos conciertos en Barcelona y, pásmense, diez en Madrid, con un aforo de unas cincuenta mil entradas en cada uno. Un conjunto de seiscientas mil entradas vendidas, que ya serán algunas más, a un precio mínimo de cien euros, que supone una de las mayores concentraciones de pago jamás registradas por un solo cantante. En estos días estamos inmersos en la secuencia de conciertos del malote en Madrid, que se celebran en el Metropolitano, el estadio del Atlético que se encuentra en la zona este de la ciudad, afortunadamente lejos del centro, donde los cortes y preparativos para la llegada mañana del Papa León XIV complican notablemente el tránsito. Creo que tendrían que pagarme más de cien euros, pongamos que bastante más, para que asistiera a un concierto de ese tipo, pero se ve que hay multitudes dispuestas a ello, y se congregan para un espectáculo musical y visual que, sinceramente, me echa mucho para atrás. Soy de los pringados que creen que un concierto es música, con aderezos, pero música, y si la música del intérprete no me gusta, el resto me da igual. Ahora no, los conciertos se han convertido en “experiencias” en las que la música es uno de los factores que congregan a la masa, pero no parece ser el más relevante en ciertos casos. Luces, juegos visuales, representaciones, cosas como lo de “la casita”, presuntos posicionamientos políticos y demás estrategias de marketing acaban ocupando las portadas de los medios y el interés de los asistentes y los que hablan del concierto mucho más allá de lo que en él se cante o haga. En general, todo eso que rodea al espectáculo me da bastante igual, creo que su sobreabundancia en estos tiempos tiene mucho que ver con el desplome de la calidad musical que se interpreta, y que todo lo demás consigue llenar el hueco que dejan unos temas plúmbeos, repetitivos y sazonados de reguetón y cosas así, que me parecen insoportables. Es realmente difícil distinguir un tema del conejo malo de otro de artistas de apodos similares, en los que la letra, si se llega a comprender parcialmente, suele ser la descripción de un par de escenas de porno barato y la música se reitera reguetoneramente sin cesar, inmisericorde, constantemente, aderezada según sea el caso con toques de bachata, salsa, merengue o algún otro tipo de aderezo latino que se le añade en función de la procedencia del cantante o del público o de lo que sea. A los pocos minutos la secuencia musical es una mera iteración de lo ya escuchado y el espectáculo se prolonga durante horas, en medio del éxtasis de los asistentes, sin que apenas haya nada de música que pueda ser calificada como tal. Muy, pero que muy muy interesante, debiera ser la acompañante que me hiciera ir a un concierto de este tipo, o muy sustanciosa la comisión (Leire, estírate) que me cayera si franquease las puertas del estadio para ir a la grada y pasar horas con Bad Bunny.

En todo caso, lo que yo opine da un poco igual. Realmente no sirve para nada. Hoy en día el éxito global del reguetón y asociados es incuestionable, y ha logrado que la música en español (si acordamos que eso que suena es nuestro idioma) logre superar en facturación a la anglosajona, cosa que no había sucedido nunca. Bad Bunny arrasa y convoca multitudes, yo escucho lo que me gusta y todos contentos. No cambiaré mi opinión sobre ese tipo de música por mucho éxito que tenga, aun a sabiendas que, en unas décadas, el reguetón será visto por no pocos como algo “bueno” frente a lo que suene en ese momento, que será lo peor. Es lo normal en cuestiones musicales, donde el gusto es personal y, no pocas veces, intransferible.

miércoles, mayo 27, 2026

Abucheos a la IA

Fin de curso, las ceremonias de graduación se extienden por todas partes imitando las que se celebran en EEUU, que de tanto verse en las películas han generado envidia sin cesar. Se organizan con un boato similar y se convierten un festejo, orgullo de padres y antesala de una noche de desmadre. En EEUU existe la costumbre de que gente famosa, de los negocios o la farándula, den un discurso en esas ceremonias con el objeto de alentar a los nuevos graduados ante su inminente entrada en el mundo laboral, el abandono de la incubadora universitaria y su inmersión en el crudo mundo del empleo, del que muchos saldrán despedazados.

La semana pasada fue Eric Schmidt el que disertó ante un auditorio lleno de birretes. Schmidt fue durante varios años el Consejero Delegado de Alphabet, la matriz de Google, lo que le convirtió en uno de los más poderosos en el mundo de la empresa y tecnología en el mundo. Desde que ha dejado su puesto ha simultaneado sus apariciones como gurú tecnológico y como experto en gestión empresarial, con un cache de cobro con tantos ceros como usted pueda imaginar. Un invitado de relumbrón al acto. La cuestión es que las cosas no sucedieron como nadie de los que lo organizaron esperaba. Schmidt comienza su alocución y, en un momento dado, habla de la IA, del reto que supone para los nuevos empleos y para los estudiantes graduados que van a comenzar sus carreras laborales, y se empiezan a escuchar pitos, abucheos, silbidos, ruidos que interrumpen el discurso y cargan el ambiente. Se produce una rebelión en la audiencia ante uno de los hombres más poderosos del mundo, y Schmidt tiene que cambiar su intervención e irse por otros derroteros para salvar los muebles. La escena muestra una cierta incredulidad en el ponente, que no es precisamente dado a expresar emociones, pero se le ve incómodo, sorprendido. Es justo la IA, la gran criatura que su empresa y otras del sector han alumbrado como promesa de solución de muchos de los males, la que ha suscitado el rechazo entre los que van a ser parte del empleo norteamericano en unas pocas semanas. En vez de abrazarla como una oportunidad, como el reto que no dejan de insistir los que la desarrollan, esos chavales la ven como una amenaza, como un problema que puede condenarles a no conseguir empleo, o a alcanzar uno que diste mucho de sus aspiraciones, y que les genere muchos menos ingresos de los que esperaban, y de paso no les permita cubrir las deudas que han contraído para sufragar sus estudios universitarios. El paco faústico norteamericano, en el ámbito de la Universidad, consiste en que uno se arruina para alcanzar la titulación de prestigio que otorga una de esos campus de ensueño de nombres por todos admirados, y con eso en el mercado de trabajo las oportunidades de empleo se disparan, a la par que los salarios, y los costes de la educación se recuperan en un plazo breve gracias al éxito profesional. Ese compromiso, que involucra a instituciones educativas, empresas, familias y estudiantes, empieza a romperse porque, entre otras cosas, la IA hace que las nuevas generaciones de estudiantes entren en un mercado laboral que no les demanda. Saben que las consultoras, despachos de abogados, empresas tecnológicas y demás nichos atractivos de empleo han frenado la contratación de juniors, el primer escalón de empleabilidad en sus sectores, porque la IA empieza a realizar esos trabajos. Eso estudiantes saben que compiten con algo que, durante estos últimos años de la carrera, les ha resuelto casi todos sus problemas educativos, hecho gran parte de sus trabajos y esquematizado lo que tenían que aprender. Conocen muy bien la capacidad de la IA, por eso la temen como competidora.

Este quizás sea uno de los primeros momentos en el que se vislumbra la ruptura entre el sueño tecnológico y la realidad, el fin del enamoramiento perdido entre la sociedad, encantada de contemplar las novedades sin fin que surgen de Silicon Valley, y el mundo de los tecnólogos y sus ensoñaciones. Internet supuso una revolución en muchos aspectos, pero que fue abrazada por todos como algo que generó un progreso evidente, aunque dejase profesiones enteras extinguidas. El caso de la IA, mucho más complejo y potencialmente profundo en sus implicaciones, ya no se ve como algo “molón” por así decirlo. La sensación de problema crece al mencionar ese asunto, sea un temor real o figurado. Y eso es una profunda novedad.

viernes, mayo 08, 2026

Musk vs Altman, juicio a la IA

Estos días, en Oakland, California, muy cerca de San Francisco, se está desarrollando un juicio interesantísimo donde no se determinará un veredicto sobre la IA, pero sí se enfrentan dos enormes inteligencias humanas muy vinculadas a este asunto, y lo que se dirime es un tema monetario, derechos, dinero, cantidades enormes de dinero, en relación con una industria que está configurando el mundo a una velocidad nunca vista. Por un lado, Elon Musk, que no necesita muchas presentaciones, y creo que estaremos de acuerdo que tampoco precisa de más dinero, es el demandante. Por otro lado, Sam Altman, el principal directivo de OpenAI, la matriz de ChatGPT, el modelo LLM de IA más famoso del mundo.

Musk ha demandado a Altman porque considera que le ha estafado. Cuando se funda OpenAu se crea no como una empresa, sino como una fundación sin ánimo de lucro, sin el componente de negocio ni su presión, que es una de las características definitorias del mundo del emprendedor, y más en el entorno de Silicon Valley. Musk fue uno de los que invirtió dinero en su momento en OpenAI, aunque también fue rápido a la hora de abandonar la idea, absorbido por entonces con el desarrollo de Tesla, que estaba cada día al borde de la quiebra. Su planta matriz está, por cierto, en Fremont, a pocos kilómetros de Oakland. La cuestión es que OpenAI crece y crece, y necesita recursos financieros sin cesar porque sus modelos iniciales funcionan, pero consumen energía y capacidad de procesamiento de una manera no vista. El dinero aportado por los fundadores no es suficiente y Altman, con otros miembros de la compañía, busca nuevos inversores. Ahí aparece Microsoft, que insufla una buena cantidad de dinero, bastantes miles de millones de dólares, y permite a OpenAI seguir su desarrollo y llegar hasta la primera versión abierta al público de ChatGPT, y el resto es tanto historia como revolución. OpenAI hoy en día sigue siendo una entidad que no genera dinero, pero su tecnología sí, y tanto Microsoft como otras empresas la utilizan para desarrollar sus propios LLM (Copilot, Gemini, etc) y la propia valoración de ChatGPT está disparada en medio del mercado efervescente que rodea a la IA. Se supone que este año va a salir a bolsa y se habla de cientos de miles de millones de dólares de valor en acciones. Musk cree que ChatGPT engañó a los inversores iniciales que, como él, creyeron en la idea cuando era poco más que una fantasía, y que se ha producido un cambio completo en la filosofía de la entidad, donde el componente de lucro ha suplido por completo a la fundación originaria. Demanda una cifra que, creo, se sitúa en los 15.000 millones de dólares como indemnización. Por su parte Altman defiende que la entidad que dirige no ha engañado a nadie, que todo el mundo veía que el desarrollo de la tecnología era exitoso pero inasumible sin más recursos, y que era necesaria la entrada de mucho capital para ello, y que Musk pasó de ellos en un estadio bastante inicial del proyecto, aunque reconoce que sí les ayudó en las primeras etapas. Alega, además, que Musk y sus empresas también han copiado la tecnología LLM de ChatGPT, porque qué otra cosa es Grok, al IA de X, sino un ChatGPT desarrollado por los ingenieros de Musk inspirado en la empresa originaria. Considera que Musk apostó inicialmente pero luego se fue a por otras ideas y se retiró voluntariamente, y no tiene derecho a indemnización alguna. Como pueden ver, el juez de Oakland se enfrenta a un dilema financiero complejo y a dos genios, acompañados de caros abogados, que si se ponen a discutir entre ellos puede que nadie sea capaz de entenderlos.

Dicen las crónicas que es poco probable que Musk se salga con la suya, y que el veredicto, a lo sumo, le puede otorgar una cifra testimonial, de decenas o cientos de millones (entiéndase lo de testimonial en el contexto de las cifras que manejan estos sujetos) y que las comparecencias están siendo dignas de ser seguidas. Lo cierto es que OpenAI, junto con Anthropic, surgida de una escisión suya, se han convertido en líderes globales de una tecnología que casi todo el mundo observa como el santo grial ante cualquier problema, y que de momento ha solucionado tantos como los que ha contribuido a crear. Sea cual sea el veredicto del tribunal, la IA no deja de crecer, y que se sepa, no redactará la sentencia que de por juzgado el caso.

jueves, mayo 07, 2026

El hantavirus

Es inevitable retrotraerse a los años del Covid cuando en los medios asalta con fuerza la presencia de un virus, un confinamiento, los asintomáticos y cosas de esas. Los recuerdos afloran con fuerza, y más cuando se escucha la voz de Fernando Simón, uno de los emblemas de nuestro fracaso nacional ante el Covid, diciendo que es probable que los casos no sean muchos más allá de los que se han conocido. Fue escuchar y ver al personaje en los medios y las redes se llenaron de memes sobre la urgencia de ir a por papel higiénico y demás, en un ejercicio de broma colectiva que sabía sacar lo poco que, de aquellos tiempos, resultó útil.

Ahora, con un poco más de rigor, vamos con el hantavirus, y lo que puede ser capaz de provocar y no. Resumidamente, y por lo que he leído a expertos que saben de esto mucho mucho más que yo, es un virus que tiene una muy alta tasa de mortalidad, de entorno al 30% o 40&, por lo que es un mal bicho, pero una limitadísima capacidad de contagio, lo que lo convierte en un transmisor casi imposible para propagar algo mínimamente parecido a una ola de infectados. Su reservorio son un tipo de ratas, y ahí dos variantes. Una, la asiática, de donde toma su nombre por un río coreano en cuyo entorno se detectó, y otra, la llamada de los Andes o sudamericana. Esta última parece ser la que está afectando a los pasajeros del crucero de la discordia. Tiene un grado de letalidad algo mayor que la asiática pero es igualmente difícil de transmitir. Al contrario que el Covid, la gripe o similares, no se propaga por el aire al ser exhalada, sino que requiere un contacto estrecho, físico, con el infectado, lo que implica que el aislamiento de los pacientes es más que suficiente para cortar la transmisión del virus. Así, el bicho es malo pero tiene las patas tan cortas que no puede llegar lejos, y eso evita que sea un problema serio. De hecho es endémico en ciertas zonas de Argentina, en su parte sur, y se sospecha que de ahí haya podido surgir el brote, probablemente llevado al crucero por algún pasajero que se infectó en tierra, a saber cómo, antes de embarcar, y a partir de ahí el brote ha surgido. Si se fijan por los datos que se han conocido, hay algunos cientos de personas en el barco y, a pesar de que el número de fallecidos es relevante, tres, el de contagiados que presentan síntomas es realmente bajo, síntoma de la dificultad de transmisión incluso en un entorno tan cerrado y limitado como es un crucero, en el que las interacciones entre pasajeros y tripulación son constantes, por el mero hecho de compartir pasillos, comedores o demás servicios comunes. Por lo tanto, tiene toda la pinta de que estamos ante un problema sanitario que afecta a los que se encuentran a bordo, a pocos de ellos, y que es muy difícil que se puede propaga en tierra, se realicen escalas para trasladar a los cruceristas a sus países de origen o no. La peligrosidad de un virus la da el producto entre su letalidad y su capacidad de transmisión, y la selección natural hace que aquellos que sean muy letales no tengan alta capacidad de transmisión, dado que acaban con sus huéspedes antes de que puedan acceder a otros cuerpos donde reinicien su proceso de incubación. Los virus exitosos, como la gripe o el Covid, sin ir más lejos, combinan baja letalidad con alta capacidad de transmisión, porque esto es lo que les permite maximizar el número de huéspedes que los van a “cultivar” y así prosperan biológicamente sobre el resto. Una combinación de alta letalidad y elevada capacidad de transmisión se da en las películas, pero es prácticamente imposible de encontrarla de manera natural. ¿Es posible generarla como arma biológica? Sí, si no ahora probablemente sí en el futuro, pero no estamos ante nada de eso.

En definitiva, la probabilidad de que el hantavirus acabe derivando en una crisis sanitaria de grandes dimensiones es mínima. No debemos alarmarnos ante ello, y pese a las incongruencias e incapacidades de nuestras autoridades, que ya el Covid demostró hasta qué punto son capaces de llegar, la biología está de nuestro lado y lo más probable es que este asunto se acabe disolviendo en los medios una vez que los pacientes lleguen a tierra y pasen las cuarentenas establecidas, sin que se produzcan demasiadas novedades al respecto. Eso sí, a los pasajeros del crucero, un viaje de lujo, se les ha amargado la aventura por completo, y a los que han fallecido y sus allegados ni les cuento.

lunes, mayo 04, 2026

El nacionalismo no admite bromas

El humor es una de las mayores armas que el ciudadano tiene frente al poder. Reírse de alguien, y más si ese alguien manda, es corrosivo, y despoja al que dicta de gran parte de su aura inexpugnable. Puede no servir de nada en caso de dictadura, pero son esos, los tiranos, los que más odian los chistes y los censuran hasta la paranoia absoluta, porque saben que quien se ríe de ellos no está totalmente sometido. Viñetistas, humoristas y demás siempre han tenido problemas con la autoridad y su censura, tanto en tiempos de dictaduras establecidas como en los actuales, donde la corrección política, el gremialismo exacerbado o el sentimiento constante de agravio tratan de imponer los mismos corsés que antaño los uniformados.

La pasada semana se vivió una trifulca relativa entre Sánchez y el PNV a cuenta de una viñeta publicada por los socialistas vascos, socios de gobierno en Vitoria, hecha con IA en la que Aitor Esteban, sonriente y trajeado, se tiraba a una piscina, en referencia a la alusión hecha por los peneuvistas hace meses de que no había agua a la que arrojarse en cuanto al nuevo estatuto de autonomía, del que llevan hablando ya demasiado tiempo, y al cambio reciente de opinión sobre si ahora sería posible llevarlo a cabo. Una imagen caricaturesca de elevada ñoñería y, para lo que se estila en las redes, apenas carga mordaz, bastante blanca. Propia del infantilismo en el que se ha convertido la política en nuestro tiempo, pero para nada ofensiva. Pues bien, el PNV, que mantiene un silencio sepulcral sobre todo lo que se dice a diario en el juicio a Ábalos y su tropa, salió en tromba haciéndose el ofendido máximo ante la publicación de la imagen y exigió, de la manera más ruidosa posible, una retractación de los socialistas vascos y una disculpa del propio Sánchez ante algo que consideraban intolerable. Tal escandalera montó que hasta los medios gubernamentales, que ocultan con exquisita profesionalidad todo lo que sea escándalo o problema de gestión que se den en el País Vasco, se vieron forzados a hablar del tema, escondiéndolo algo, pero publicándolo. Había mucho de impostura en la posición del PNV, de ego forzado, de chulería, de querer que se hable de mi, de solicitar un “casito” que los de Sabin Etxea creen que no reciben con la frecuencia deseada, cierto, pero también hay un fondo profundo en esa reacción que debe ser tenido en cuenta por parte de todo el mundo, y es que el nacionalismo, y el vasco hasta el extremo, no soporta el humor. No se pueden hacer chistes sobre cuestiones que el nacionalismo considera sacralizadas, como sus símbolos, dirigentes, historia, mitos y demás, porque son algo sagrado para ellos. Existe un componente de fe en el nacionalismo que llena su irracionalidad de misticismo, de creencia, de verdad revelada, de religión en la que la patria, la bandera y toda esa parafernalia sustituye al Dios de la religión organizada, y claro, los que se ríen de todo eso no pueden sino ser considerados como blasfemos, y el mayor de los castigos es poco para ellos. Vive el nacionalismo en un mundo imaginario, falaz, totemizado hasta el extremo, donde el poder de la simbología no debe ser alterada jamás, nunca puesta en duda y, desde luego, no ridiculizada. La gravedad de tono de todo lo que rodea a ese mundo puede resultar aplastante, no hay espacio para la risa, la broma o el desliz, todo es trascendente, eterno, infinito, lleno de futuro y destino. Las grandes palabras como la patria y demás son grabadas en piedra y adoradas como reliquias todos los restos del pasado mítico de la formación política y lo que ella decida que corresponde a los ancestros. En ese contexto, un bromista es visto como lo más subversivo que se pueda uno imaginar, y debe ser castigado sin demora, y sin apelación posible. No se puede consentir que alguien se ría de las ideas nacionalistas, no vaya a ser que eso las ablande, las muestre como la fantasía que son, y pierdan la fuerza que sirve de cohesión a ese mundo. No, el PNV no permite las bromas.

Hay programas de humor en la ETB, sí, y el “Vaya semanita” es quizás el mejor ejemplo de eso, pero es una excepción consentida, una válvula de escape que el nacionalismo otorga como dádiva, y desde luego bajo el control del medio propio, la televisión autonómica, chiringuito al servicio inexcusable del partido, la patria y toda esa serie de tonterías. En general, el fanatismo está reñido con el sentido del humor, y el exceso de ofensa ante las bromas revela, principalmente, una debilidad interna que se expresa en ira hacia los demás para tratar de escapar de las contradicciones propias, que el humor logra reflejar como casi nadie. Por eso, cuanto más autoritario es un régimen, más se persigue al humorista. Aquí y en todas partes.

martes, abril 28, 2026

Un año del apagón, cero responsables

Hoy se cumple un año del apagón que llevó todo el país a negro y nos puso delante de una de esas situaciones peliculeras que cada vez se dan más en nuestras vidas. Al mediodía de hace 365 días la luz se fue en la oficina en la que trabajo, y lo que parecía el efecto de alguna obra de mantenimiento, cosa que antes pasaba con cierta regularidad, derivó en otra cosa mucho más extraña. Los semáforos del barrio no funcionaban, y la información que llegaba indicaba que la situación no se daba en mi puesto de trabajo, sino en todas partes, en todo el país. Algo anómalo estaba sucediendo sin que nadie supiera ni el qué ni el por qué. Incertidumbre máxima en un día completamente soleado, como de película.

Un año después se ha producido un apagón de responsabilidades, lo que dice mucho del nivel de degeneración en el que han caído no ya las instituciones, que también, sino sobre todo el músculo moral de la sociedad, que si siempre ha estado fofo ahora no es más que un acomodaticio depósito de grasa. Si uno escucha a los expertos sobre el tema, a los de verdad, no a los tertulianos incultos pagados por el gobierno y afines, sabe bastante bien lo que pasó, una mezcla de mala suerte, irresponsabilidad en la gestión y deseos de experimentar con cosas con las que no se debe jugar. El hecho de que, desde entonces, la factura de la luz haya subido en promedio más de un 10%, evento iraní aparte, por las medidas impuestas por Red Eléctrica para que no se vuelva a repetir algo así es sintomático de que se podía haber evitado el suceso si la gestión actual se hubiera dado ese día, y los precedentes, donde ahora sabemos que se dieron momentos que podían también haber generado una situación de colapso como la vivida el 28 de abril. Un año después la gestión de Red Eléctrica ha cambiado, y es casi seguro que algunos de sus técnicos, los profesionales que más saben de esto, habrán sido purgados, pero la cúpula directiva de la entidad, con su presidenta Beatriz Corredor a la cabeza, ahí sigue, cobrando los cientos de miles de euros anuales con los que está retribuido su cargo, para el que no poseía ni mérito ni conocimiento cuando fue nombrada para ello, y que desde el día de la desgracia no ha hecho otra cosa que esforzarse sin cesar para salvar su nómina y exculpar a todos los demás de sus propios errores. Reconozco que cuando llegue el día del cese de este señora me alegraré aún más que el del de Tezanos, porque lo del sociólogo manipulador es de vergüenza, pero el daño que produce resulta mínimo respecto al destrozo económico y social que supuso el apagón. Beatriz Corredor es el perfecto ejemplo de incompetente puesto al frente de una entidad gestora pública, que está ahí por su lealtad al partido gobernante y a sus dirigente, no por nada más, sólo por hacer la pelota mejor que otros a los que mandan, y que gracias a ello se lleva una retribución inmensa, que a cualquier ciudadano le supondría el fin de sus problemas económicos. Corredor es el exponente perfecto de esas élites extractivas que Acemoglu y Robinson tan bien describieron en su obra seminal, y que lejos de perseguirse, por lo dañinas que son, han proliferado como los mosquitos en las aguas estancadas de nuestra sociedad. Su presencia se da a todos los niveles y en todas las administraciones, sea cual sea su color político, pero es evidente que cuanto mayor es el grado de poder que detenta una entidad política más lejos pueden llegar sus inútiles, más pueden cobrar y más destrozos son capaces de crear. En los ayuntamientos de España, donde hay todas las ideologías que quieran, hay miles de Beatrices Corredores cobrando sin merecerlo y haciendo destrozos que afectan a la vida de los residentes en esas localidades, pero su impacto es muy local, no trasciende. Destruye, como las termitas que corroen el tronco, pero es difícil de apreciar. En el caso de un organismo de la importancia de Red Eléctrica los aciertos también son invisibles, pero los errores pueden ser tremendos e imposibles de disimular. La oscuridad total se ve perfectamente.

Corredor se ha mimetizado perfectamente con el zeitgeist de nuestro tiempo, ese que viene a decir que admitir las responsabilidades de lo hecho y asumir los errores, pagando por ello, es de pringados, de cobardes, de débiles. Que el ciudadano que paga impuestos es un sujeto despreciable al que se le puede engañar todo lo posible y que dimitir es para otros, no para los que tienen el rostro pétreo, el morro infinito y se encargan de que haya siempre alguien a sueldo que les cubra las espaldas y defienda, a ser posible en medios controlado. Caerá Corredor algún día, lo festejaré, pero la probabilidad de que sea sustituida por una necedad semejante es muy alta. Y si hay otro apagón, ya saben a joderse tocan, que culpables no hay. Ni habrá.

jueves, abril 23, 2026

Libros más o menos densos

Hoy es el día del libro, san Jorge en varias CCAA, y las calles se llenarán de tenderetes con autores y ejemplares, y rosas acompañantes, en un maridaje espléndido de belleza editada y natural, a pesar de que más de uno me acusará de ser cursi hasta el extremo. El poder de las tradiciones es su vigencia, pero las hay que, por sí mismas, valen la pena, y otras que no, y lo de comprar libros y rosas me parece algo no sólo digno de que se mantenga en el tiempo, sino una de esas cosas bonitas que no debieran dejar de existir en una sociedad que tiende a la grisura en muchos otros aspectos. El que critique, bien, y el que compre, también.

Hace unos días leía un artículo en el que se estudiaban algunas características de los libros editados en los últimos años. El tema de investigación, centrado en la pérdida de atención que se vive en nuestro mundo, comparaba la densidad de los textos, la longitud de las frases y su complejidad, y le salía como resultado que, progresivamente, los éxitos de ventas se van volviendo lingüísticamente más sencillos. La media de palabras por frases está bajando, poco a poco, pero de manera sostenida, y la ausencia de subordinadas es cada vez mayor, en unas estructuras mucho más lineales de lo que lo eran antes. Para los apocalípticos del tema esta es otra evidencia de la debacle a la que nos enfrentamos tras el dominio aplastante de las pantallas y del vídeo como fuente de conocimiento y diversión, mientras que para los integrados (Eco, Eco) el estudio es relevante pero no es indicativo de que se esté produciendo una decadencia de las capacidades lectoras, máxime cuando se venden más libros que nunca y el número de lectores activos se mantiene en cotas elevadas, sin haber sufrido desplomes como ha sucedido con el de los cinéfilos. Steve Pinker, psicólogo, uno de los estudiosos más relevantes sobre el comportamiento humano, y que tiende a estar en el lado de los optimistas vitales, ha comentado en algunas de sus últimas intervenciones que la preminencia del vídeo, gracias a la tecnología que lo ha hecho omnipresente, está sustituyendo al texto explicativo, y que leer algo es un esfuerzo que va en contra del instinto de ahorro que llevamos grabado a fuego en nuestro interior. Ver es más natural que leer, que no deja de ser una técnica introducida hace varios miles de años. Comenta Pinker que las búsquedas en internet de cualquier tema ofrecen, en la actualidad, como primera referencia un texto explicativo elaborado por la IA y, a continuación, una serie de vídeos que comentan sobre el tema. Esto es mucho más claro en búsquedas de carácter técnico que en otras (pruebe a buscar en Google cómo cambiar un grifo o enchufe, por ejemplo) y es probable que tenga razón. La pasividad que supone contemplar imágenes que nos explican las cosas es insuperable, frente al esfuerzo que supone leer e imaginarlas. Eso ya lo descubrieron los programadores de televisión hace varias décadas, de tal manera que consiguieron no ya hacerse un hueco, sino modificar completamente los estándares de ocio y acceso de la información de la sociedad. La tele se convirtió en la reina de los hogares, en un movimiento criticado por muchos por la escasa calidad de sus contenidos. “La caja tonta” es algo que se ha dicho toda la vida. Ese fenómeno se ha hecho exponencial con el móvil, de tal manera que esa pantalla es la absorbente completa de nuestras vidas, o de gran parte de ellas. El suministro de vídeo que supone acceder a algunas apps llega a ser infinito, y más de uno se puede pasar toda la tarde, o toda la vida, contemplando clips más o menos cortos de un tema para saltar a otro y a otro en un bucle absoluto. ¿Se está contagiando la literatura de ese concepto de la inmediatez, brevedad, concentración? Puede ser. De momento, bastante hace el sector con sobrevivir ante semejante competencia, que ha laminado industrias enteras, de ocio y de otro tipo.

No se va a dejar de leer, ni de publicarse novelas y ensayos relevantes, junto a muchos otros que no lo son tanto, porque no todo el campo está lleno de flores. La lectura siempre resultará más exigente que otras formas de ocio, pero ofrece a cambio una de las mayores posibilidades imaginadas, que es precisamente esa, la de imaginar lo que está sucediendo, la de ser uno el creador del vídeo personalizado que refleja lo que las letras le están contando. El vídeo de la web es idéntico para todo el que lo ve, la novela también, pero el resultado de la lectura es completamente distinto para cada lector que se enfrenta a ella. Esa es parte de su magia, de los pétalos de colores de esa rosa que, con sus espinas, sigue subyugando a tantos.