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jueves, julio 30, 2026

El nivel de los stocks de armas de EEUU

Esta noche ha vuelto a ser de ataques intensos en el entorno de Ormuz. El ejército norteamericano ha disparado contra numerosos objetivos relacionados con instalaciones de la guardia revolucionaria iraní, y tras el relajo que se vio en los precios a principios de la semana, el barril de crudo vuelve a superar los 90$. Las erráticas declaraciones de Trump no hacen sino añadir confusión a una guerra que se prolonga de una manera gris. Un día dice que va a lanzar un ataque muy duro y al par anuncia que la negociación va muy bien, y luego otra vez. Es evidente que no tiene el control de la situación en la zona y que, militarmente, las cosas no le van como quisiera.

Durante los últimos días varias fuentes han hablado, y no poco, sobre los posibles problemas de suministros de armas a los que se enfrenta EEUU tras lo que lleva de campaña iraní. En los primeros meses de guerra se lanzó contra la nación persa un gran número de misiles, bombas y demás artefactos que tenían dos características muy importantes. Eran precisos y caros, muy precisos y muy caros. EEUU tiene un elevado catálogo de armas de este tipo, pero sabe que, al contrario de lo que pasa con la munición convencional de disparo, debe emplearlos con mesura, porque no es nada fácil reponer las existencias frente a, digamos, balas y obuses convencionales. Son armas pensadas para dar golpes duros y significativos a instalaciones militares, infraestructuras críticas y centros de mando y decisión, pero no para hacer barridos ni para ir a por objetivos menores. Frente a ello, la respuesta iraní, es sabido, ha consistido en el lanzamiento de algunos de sus misiles, y de muchos muchos drones de bajo coste que han logrado alcanzar no pocos de sus objetivos. El daño que pueden hacer estos drones es bastante menor que el de la munición precisa norteamericana, pero se pueden lanzar en oleadas de decenas o cientos de elementos, y su fabricación puede seguir siendo sostenida día tras día. Es una de las lecciones básicas que ha dejado la guerra de Ucrania. Precisión y potencia pueden ganarse con saturación de bajo coste. Estas fuentes analizaban los stocks que, se supone, constaban en los inventarios de defensa norteamericanos, de todo tipo de elementos: misiles Tomahawk, interceptores patriot, y una amplia gama de dispositivos similares. No pocos de los analistas que han hablado estos días estiman que EEUU ha gastado entre un tercio y la mitad de lo que tenía guardado en los almacenes, en apenas unos meses de combates contra Irán. A cambio ha obtenido… bueno, no se muy bien lo que ha obtenido, si no se puede calificar directamente como fracaso. Si esos cálculos son ciertos, EEUU tiene un problema, porque la producción de repuestos de este tipo de munición es cara, carísima, y lenta, sobe todo comparado con el proceso de elaboración de drones de ataque. El resto del mundo ha visto estos informes y comparte de la idea de que EEUU ha derrochado material de gran valía de una manera irracional, por el mero hecho de presumir de ella, pero que está mostrando unas notables carencias en el caso de que la guerra se prolongue. La estrategia de defensa de EEUU se diseña en base a su abrumador poder de intervención, pero no está planteada para conflictos largos de ataque de invasión. Sí para una entrada masiva y breve que, por aplastamiento, le de el control de la situación, pero no para un conflicto prolongado en el que el consumo de material de lata calidad se dilate en el tiempo. Simplemente, no hay lo debido de eso. Por eso no son pocas las voces que dicen que detrás de esas llamadas erráticas de Trump a la negociación se encuentran asesores militares que le advierten de que no se va a poder prolongar mucho más tiempo esta tipología de ataque a riesgo de ver seriamente comprometida la capacidad defensiva del país por el mero hecho de quedarse sin armas de primer nivel que poder disparar. Si esto es así, y es plausible, el fracaso de la estrategia norteamericana en Irán alcanzaría cotas antológicas.

En parte EEUU no ha aprendido nada de lo que sucede en Ucrania desde hace años por mera soberbia, por creerse invulnerable y operar desde una posición de privilegio absoluto. Este es uno de los caminos más directos hacia el error. El avance tecnológico que ha sufrido la guerra de drones ha vuelto obsoletas varias de las armas y tácticas clásicas de los ejércitos, y esa tecnología, masiva y barata, permite a naciones como Irán enfrentarse a EEUU con el conocimiento de que no van a ganar, cierto, pero tampoco van a ser derrotados, y eso, para el Pentágono, es una muy mala noticia. Terceras naciones, pensamos todos en China, toman buena nota de lo que está sucediendo, de lo que funciona y de lo que no y, en silencio, aprenden.

jueves, julio 23, 2026

Petróleo por encima de 90$

Llevamos ya algo más de una semana de ataques cruzados entre EEUU e Irán. Teóricamente las conversaciones entre ambas naciones siguen en vigor tras la firma del memorándum de entendimiento que se celebró tras la reunión francesa del G7, pero lo cierto es que desde hace días no hay noche en la que no se produzcan ataques norteamericanos y represalias iraníes. Se han dado también, y es el argumento norteamericano para reiniciar los bombardeos, ataques por parte de la guardia revolucionaria iraní contra navíos que pretendían cruzar las aguas de Ormuz, y es evidente que el tráfico de buques en esa zona del mundo sigue sin volver a la normalidad de febrero, antes del inicio de la guerra.

Todo esto ha llevado a que el pecio del petróleo se vuelva a disparar. Tras la firma del acuerdo, el barril de crudo se relajó, perdió la cota de los ochenta y el Brent europeo hizo un mínimo de 71$ a principios de julio, sin romper esa barrera. Recordemos que antes de la guerra, pongamos enero de este año, ese barril cotizaba en el entorno de los 60$. Pues bien, como era de esperar, la reanudación de las hostilidades ha provocado ascensos en el petróleo, y los 70$ se abandonaron rápidamente, y no ha pasado demasiado tiempo para que los 80$ dejen de ser el techo. Ahora mismo el barril cotiza claramente por encima de los 90$. En esta semana se ha ido encareciendo día a día, y a esta hora de la mañana lo hace en 96,027$ un previo muy muy alto. El máximo alcanzado durante la guerra fue de 114,44$ a principios de mayo. A las puertas de la gran operación salida del verano nacional, con el consumo de gasolinas y demás productos en máximos, en una época de viajes largos y multitud de escapadas locales, la presión del barril va a impulsar los precios de los combustibles al alza, lo que va a poner aún más por los cielos las que se esperaban ya como las vacaciones más caras de historia. El gobierno anunció hace unas semanas el apaciguamiento progresivo de la subvención que otorga a los combustibles, en consonancia con el relajamiento de los precios del barril tras el acuerdo, de tal manera que, si no recuerdo mal, serían 15 céntimos el descuento que se aplicaría en julio, 10 en agosto y 5 en septiembre, para en octubre eliminarse por completo. Eso era en el escenario en el que ya habíamos dejado atrás lo peor de la subida, pero si ahora empezamos una nueva escalada de precios es probable que ese calendario de medidas deba ser revisado en el caso de que estemos ante un ascenso sostenido. Conociendo la volatilidad de Trump puede que organice la marimorena en agosto o que, por las buenas, decida dar otra vez carpetazo a este fracaso de guerra. En todo caso, como eso es algo parecido a la meteorología, caprichosa e impredecible en plazos superiores a los pocos días, no podemos contar con ello, y habrá que ir siguiendo la actualidad día a día. Lo único seguro es que cada jornada en la que el precio del crudo sigue alto, y más de 90$ es muy alto, la presión inflacionista que se creía controlada, lo que parecía un shock de apenas unas semanas, puede volver en forma de fantasma permanente, haciendo que los precios de la mayoría de los productos escalen progresivamente a medida que los costes crecientes de la energía se filtren por la cadena productiva. La dimensión de este proceso depende sobremanera del tiempo en el que los precios del petróleo se mantengan altos. Nuevamente, si lo que vivimos es una escaramuza que se apacigua en días, el efecto será escaso, pero si la dinámica de ataques y represalias se mantiene en el tiempo, aunque la crudeza de la guerra no escale, puede ser suficiente para sostener precios energéticos altos durante más tiempo de lo que las cuentas de resultados de muchas empresas son capaces de soportar. Y eso se traduciría es ascensos de precios sostenidos y relevantes, tipos de interés al alza y frenazo económico. Supongo que los que se dedican a la modelización macro deben estar pasando un año de pesadilla a cuenta de esta maldita guerra y los shocks que provoca en los precios del petróleo.

Hay otro amiguito al que no debemos olvidar en esto de los precios y suministros, que es el gas natural. Aunque parezca lejano, ya hemos consumido el primer mes del verano y el recorte en el día empieza a ser relevante. Sí, aún queda mucho calor, pero es necesario empezar a rellenar los stocks de gas de cara al próximo invierno. En Europa las reservas están bajas, y los precios de la materia prima, espoleados por el disparate de Ormuz, altos. Si esto sigue así este invierno vamos a tener unas facturas de calefacción disparatadas, y en función de la intensidad del frío, veremos a ver si algunas naciones no pasan estrecheces de suministro. Queda tiempo, sí, pero hay que empezar a acumular ya.

jueves, julio 09, 2026

Ahora bombardeo, ahora no, ahora sí….

La conclusión casi unánime de todos los expertos es que el resultado de la guerra de elección de EEUU contra Irán ha resultado ser un fracaso para los intereses norteamericanos y, en general, para la imagen de su ejército. Un ejercicio de respuesta asimétrico por parte de Irán, el estrangulamiento de Ormuz y con ello del suministro de crudo y el desprecio absoluto del régimen iraní a las posibles bajas propias logró que los ataques aéreos de EEUU no doblegaran a la dictadura islamista como algunos ingenuos esperaban, sino que se consolidara el poder duro al frente de la nación. Y todo ello con los países del golfo siendo dañados por ataques iraníes y no protegidos por EEUU, en un papel de aliado completamente incomprensible.

Trump acabó casi suplicando la paz con Irán a medida que las reservas de crudo nacionales se agostaban, el barril no bajaba de los 100$ y el galón de gasolina llegaba a los 4 dólares, lo que para el consumidor norteamericano es carísimo (y eso que un galón son 3,78 litros). Pues nada, tras una serie de incidentes menores que han ido escalando poco a poco, ayer Trump, en la cumbre de la OTAN, se ciscó en los iraníes, a los que llamó escoria en varios momentos, y dijo que el memorándum de paz firmado en Versalles era papel mojado, que se iban a enterar y que bombardearía duro para que bla bla bla bla. Sus palabras tuvieron efecto inmediato en la cotización del petróleo, que subió un 7%, y en las caídas de las bolsas europeas, que arrastraron en un principio a los índices de EEUU, pero que luego estos lograron mitigar en un cierre en rojo pero con poca pérdida. A la noche, hora española, Trump reiteraba que iba a golpear Irán, pero ya descartaba que se reabriese la guerra en el sentido estricto, diciendo que esto que iba a hacer era una advertencia para que tomasen nota y no volvieran a causar más incidentes. Si uno juntaba las declaraciones de la mañana con las de la tarde le salía un personaje paródico, que se autocontradecía, que decía una cosa y la otra a la vez, con el que uno no sabe con que quedarse y que, de no ser alguien con el poder de Trump, lo consideraría como un vulgar payaso al que no se le debe hacer caso alguno en la sarta de tonterías que suelta sin cesar. Pero claro, Trump ocupa una posición en la que, si le entra un arrebato, hay un portaviones repleto de misiles y cazas de guerra que responden al poco, por lo que debe sus palabras deben ser tenidas en cuenta. En general, la devaluación de la palabra de Trump es ya muy elevada, han sido tantas veces las que ha dicho una cosa, su contraria y algunas versiones intermedias en tan corto plazo de tiempo que hace imposible mantener una cierta credibilidad respecto a sus intenciones reales. De hecho, se considera que carece de intenciones, de estrategia a largo plazo, por así decirlo. Su narcisismo descontrolado le impulsa a vivir el día a día y, como si fuera un niño, disfrutar en la nueva jornada de un nuevo juguete para su regocijo. Si consigue el juguete se ríe y aplaca. Es, a escala, el comportamiento que las crónicas clásicas otorgan a Calígula o Nerón, sujetos pueriles, volátiles, obsesos con sí mismos, que desean caprichos instantáneos y que, como ocupan la más alta posición del poder en su tiempo, obtienen dado que el resto de los mortales se desviven para proporcionárselos. En el caso de la corte de Washington el número de pelotas pusilánimes que rodean a Trump para agasajarlo es enorme. Pierden toda la dignidad y vergüenza posible arrodillados por completo ante su líder, con la esperanza de que algo de su fortuna les llegue y solucione para siempre su vida, pero para los analistas, estrategas militares, diseñadores de políticas, encargados de logística, financieros de presupuestos y todo tipo de profesiones que viven de prever, de estimar escenarios y de una cierta previsibilidad en los acontecimientos, los bandazos de Trump son una pesadilla. ¿Cuál va a ser el precio del petróleo hoy? ¿Mañana? ¿Dentro de seis meses? Es casi más sencillo acertar con la lotería que tratar de responder a esas preguntas.

Por de pronto, hoy mismo, veremos a ver si los ataques norteamericanos son respondidos por represalias iraníes y si esta escalada va a más o se convierte en tormenta en un vaso de agua y se va diluyendo con el paso de las horas. Lo cierto es que la seguridad en la zona es totalmente aleatoria, y el flujo de buques y crudo en Ormuz es algo tan volátil como la propia gasolina cuando se expone al aire. Trump no nos va a dejar un día tranquilo hasta que se acabe su mandato, ese es el único hecho seguro. Bueno, también que cada día que lo ejerce destruye la imagen de su nación y la credibilidad global de los Estados Unidos, regidos desde hace más de un año por un iluminado y una corte de aduladores.

martes, julio 07, 2026

Demostración de fuerza de Irán

El régimen iraní ha decretado un duelo nacional durante seis días para celebrar las exequias del líder supremo Ali Jamenei, muerto al inicio de la guerra entre Irán y EEUU de marzo abril. No me pregunten en qué estado puede estar el cadáver del personaje, si en vida ya presentaba un aspecto propio de la muy avanzada edad con la que contaba. Lo cierto es que para honrar su muerte se ha previsto una serie de actos multitudinarios en Teherán y en la localidad de la que era natural, donde se espera que todo el mundo salga a la calle a honrarlo, y eso, más que una previsión, es una orden que muchos tendrán que cumplir.

Las imágenes que dejaba ayer Teherán eran impactantes, con mareas humanas llenando las avenidas de la ciudad en una concentración que varios medios elevan claramente por encima del millón de personas, y que es una cifra creíble viendo las escenas que se mostraban en la televisión. Más allá de que los iraníes hayan sido forzados a salir a manifestarse o no, la masa congregada es impactante, y no deja de ser un ejercicio de fuerza del régimen, que lejos de derrumbarse, se afianza en el poder, apoyado ahora en un sentimiento colectivo de martirologio y de exaltación nacionalista. Los daños que haya podido sufrir Irán durante esta guerra, probablemente intentos en infraestructuras y recursos militares, no han servido para derribar la dictadura teocrática que rige con mano firme los designios de esa nación desde muy finales de los setenta. Esas declaraciones grandilocuentes de Trump al inicio de los bombardeos alentando a la población oprimida del país a que se revele frente a la dictadura han quedado, como suele ser habitual en el personaje, en meras fanfarronadas sin sustento. El conflicto militar ha entrado en una situación de tregua inestable, pero sostenida, ya que el control por parte de Irán del estrecho de Ormuz se ha demostrado como una variable que le otorga a Teherán un poder sobre el precio del crudo que Washington no llegó a imaginar (bueno, siendo sincero, los ineptos que ahora gobiernan en Washington). Al régimen de los ayatolas le ha dado siempre igual la situación de los iraníes, menos aún la de las iraníes, que para ellos son poco más que vasijas reproductivas, por lo que las muertes causadas por los ataques norteamericanos no tienen efecto alguno. Si acaso sirven para cohesionar a la nación, ante el ataque cierto de un enemigo externo que se ha hecho realidad. La guerra ha hecho rebrotar el nacionalismo persa, algo que es compartido tanto por los jerarcas del régimen como por no pocos de sus opositores, que tienen a la nación iraní en el corazón, y los ataques perpetrados por EEUU e Israel han puesto de acuerdo a ambos bandos en la necesidad de defender al país de una injerencia que gran parte de la población no entendía, y menos aún a medida que el conflicto se desarrollaba. Desde las redes sociales el hijo del Sha Palevi, aspirante a volver a Irán tras un cambio de régimen que restaure su trono (esa es la idea de una de las facciones opositoras a los ayatolas) se mostró ilusionado con el inicio de los ataques norteamericanos, pero a medida que avanzaban las semanas y que la permanencia de la dictadura iraní iba siendo una variable fijada fuera cual fuese el resultado de los combates ha ido espaciando sus apariciones. Exiliado en EEUU, creyó a Trump cuando proclamó que la libertad llegaría a Teherán, y se ha visto tan frustrado como todos los demás con el resultado de la guerra. El mensaje de la concentración masiva de estos días en el país también se dirige a la oposición interna. Es una manera de advertir, de gritar “ni se os ocurra hacer algo” porque hay huestes de fieles al régimen, que no ha caído, que ahí siguen actuando de manera represora en su nombre, y tras lo sucedido es probable que la severidad de las condenas ante cualquier acto considerado opositor, lejos de aliviarse, se endurezcan sin cesar. La pena de muerte se dispensa en Irán con una facilidad pasmosa.

De quien sigue sin saberse nada es del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, del que se han escuchado algunos audios, a saber si son ciertos o no, pero ninguna imagen en vídeo desde que fuera nombrado sustituto de su padre. Quién sabe, quizás ni siquiera esté vivo, pero eso al régimen puede que ya no le importe mucho. Una de las derivadas de la guerra es el ascenso en la pirámide del poder de la guardia revolucionaria, la facción militar, que ahora es mucho más poderosa que la islamista. La dictadura sigue, pero ahora quizás más controlada por militares clásicos que por clérigos, que pueden ser paseados, pero teniendo claro que los de los fusiles son los que controlan la situación. Hoy Irán y su población está peor que antes de la guerra, y mira que era difícil, pero así es.

martes, junio 16, 2026

El acuerdo de Trump con Irán

Ayer fue un día de festejo en bolsas y mercados de todo el mundo tras el grandilocuente anuncio de Trump del acuerdo, tras más de una treintena de amagos, con Irán, y su inminente firma. Parece que esta vez va en serio, o eso es lo que compraron los valores, con subidas desatadas en las bolsas, récord del Ibex por encima de 19.000, caída del petróleo, con el Brent en 84$, aún caro, pero bastante menos que hace unas semanas, y sensación de que lo peor ha pasado. De todas maneras se mantiene una cautela lógica ante lo que pueda pasar estos días, sobre la estabilidad del acuerdo, y va a ser necesario bastante más tiempo del que muchos creen para que los flujos petrolíferos vuelvan a la normalidad, y los precios a niveles razonables.

Del acuerdo en sí hay dudas, porque se han filtrado versiones del mismo que son divergentes. Parece que existe consenso en cesar las hostilidades, en reabrir Ormuz, y poco más. Sí hay un compromiso de empezar a negociar desde este momento la cuestión nuclear, con la idea de que en sesenta días, que se antojan muy pocos, suscribir un acuerdo al respecto en el que Irán renuncie al arma atómica y se deje claro que pasa con cientos de kilogramos de uranio enriquecido a elevado porcentaje que el país mantiene. Se abre la puerta al desarrollo de un programa de energía nuclear civil, que necesita de un uranio con un nivel de enriquecimiento mucho más bajo (3,5% frente al más del 90% que necesita la bomba). A partir de aquí las dudas son crecientes, principalmente por tres aspectos. Uno, la posible compensación económica que Irán pueda recibir por parte de EEUU por los daños causados en los ataques, que el régimen de los Ayatolas da por cierto y la Casa Blanca lo desmiente. Dos, las renuncias al desarrollo de misiles y programas defensivos de ataque, entre los que se incluyen los drones, que EEUU considera como imprescindible y que Irán no quiere dejar de tener, y que según no pocos analistas sigue creando desde que se dio el cese parcial de las hostilidades. Esto incluye el final del respaldo a las milicias tipo Hamas y Hezbollah. Y tres, y el más espinoso de los asuntos, la deriva del Líbano Israel. Teherán considera que el acuerdo incluye el compromiso de cese de los ataques israelíes al Líbano y el fin de esa guerra, con el retorno de las poblaciones desplazadas y el fin del sufrimiento de la población civil, mientras que Washington no considera que este punto se incluya en el acuerdo por ser ajeno al enfrentamiento entre ambas naciones. Sin embargo, es evidente que Israel, más bien el desatado gobierno de Netanyahu, se opone frontalmente al acuerdo entre Irán y EEUU y ha declarado que no se ve concernido por él, de tal manera que seguirá con sus operaciones en Líbano y donde considere conveniente. Pero tan evidente como eso lo es la incomodidad creciente de EEUU con su socio israelí, principal causante de la entrada de los norteamericanos en el avispero iraní, y constante instigador de acciones sobre civiles que son imposibles de comprender por las opiniones públicas occidentales. Hasta la casa Blanca de Trump se ha dado cuenta de que la actitud de Netanyahu es tóxica para sus intereses, y se empiezan a filtrar con regularidad conversaciones en las que Donald insulta sin rubor al dirigente hebreo, acusándole de torpedear todos los acuerdos posibles y de actuar no ya por libre, sino de manera traicionera y estúpida, todo ello aderezado con el florido vocabulario insultante del magnate, que es tan claro como naranja su aspecto. Irán ha dejado claro que no sólo responderá a Israel ante ataques que sufra en su propio territorio, sino que si desde las IDF se siguen emprendiendo campañas contra el Líbano atacará objetivos militares y civiles israelíes. Está por ver si EEUU logrará meter en vereda a su socio israelí, pero entre las numerosas dudas que sugiere lo que se conoce del acuerdo, este flanco parece ser el más propicio para que se pueda romper, y las ganas que tiene Netanyahu de forzar esa ruptura son tan claras como peligrosas.

Lo único seguro de lo sucedido estas semanas de negociación es que, pese a que ambas partes lo vendan como una victoria, EEUU ha sido el más interesado en que la guerra se acabe para que los costes económicos de la misma no sigan erosionando las expectativas electorales de Trump en noviembre. EEUU ha perdido una guerra en la que no debió entrar, que imaginó como paseo militar con conquista de régimen a lo venezolano y que se ha convertido en una fuente de grandes daños en la infraestructura militar en la región, desaires profundos con sus socios de las monarquías del golfo, destrozos económicos, consumo desaforado de valiosos y difícilmente reemplazables stocks militares y, en general, ha dado la sensación de haber fracasado, con una carencia de estrategia absoluta.

martes, junio 02, 2026

Trump, troleado por Irán

Hace unas semanas les comentaba que Trump estaba cada vez más ansioso por firmar un acuerdo con Irán para poner fin a las hostilidades, reabrir Ormuz y desplomar el precio del petróleo, que se filtra entre los votantes norteamericanos en forma de inflación a cinco meses de las elecciones de medio mandato. Les comentaba que, en su ansia, se estaba plegando a muchas de las condiciones iraníes y que el ridículo que estaba haciendo EEUU en todo este asunto era de unas dimensiones difíciles de imaginar. Siete días después las cosas son aún más absurdas, ya que ni hay acuerdo firmado, ni hay bajada del petróleo ni reapertura de Ormuz ni credibilidad por parte de EEUU.

Trump publica en su red social, más o menos cada hora, un mensaje lleno de mayúsculas, que parece escrito por un alumno de parvulitos, en el que afirma que las negociaciones avanzan muy bien y que, prácticamente, está ya todo acordado, que no falta casi nada. Así lleva una semana, por lo que la mayor parte de los que siguen la actualidad y quieren tener una cierta información fiable de lo que sucede ya no hacen caso alguno a lo que dice este personaje. En estos días se han producido algunas escaramuzas militares entre ambas naciones, con el derribo de drones, hundimiento de lanchas y, en general, ataques de baja dimensión, pero que han dejado claro que las hostilidades siguen ahí y que no se van a ir de un día para otro. Quien ha aprovechado este impasse para su propio beneficio es Netanyahu, que ha iniciado una nueva y sangrienta ofensiva contra el Líbano, en un ejercicio de destrucción descarado que no tiene otro fin que el de la mera venganza. Irán, contemplando los actos de Netanyahu, ha encontrado la excusa perfecta para lanzar un órdago a EEUU y ha amenazado con levantarse por completo de la mesa en la que presuntamente negocia con Washington, afirmando que nada sucederá en ella hasta que Israel detenga su ofensiva. Ayer Trump afirmó haber hablado con Netanyahu con la intención de forzarle a cesar sus ataques, lo que sería, de ser cierto, toda una sumisión de la estrategia norteamericana a los deseos iraníes y a la actitud despiadada de Israel. Según algunas fuentes, la relación entre Trump y Bibi se ha agriado completamente en estos meses, porque parece que el magnate se ha dado cuenta de hasta qué punto cometió un error enorme involucrándose en la guerra iraní, que Netanyahu le vendió como rápida e indolora. Desde marzo EEUU se ha metido en un avispero del que no es capaz de salir, donde ha sufrido pocas bajas militares, pero sí significativos daños en instalaciones de gran valor estratégico, ha dilapidado munición cara de precisión y ha dejado su prestigio dañado. A cambio sólo ha obtenido inflación y la imagen de ser rehén de su aliado israelí. Los ayatolas, a los que nada les importa la nación que oprimen sin cesar, han descubierto el valor de Ormuz como arma estratégica, y es casi imposible que el tráfico por el estrecho vuelva a ser el que existía antes de la guerra, uno libre por aguas internacionales no tuteladas. Desde Washington algún iluminado pensó que atacar Teherán sería algo más ruidoso, sí, pero poco más difícil que la operación de cambio de régimen emprendida en Venezuela en enero, y con semejante ilusión, tan ilusa, se dio la orden para movilizar efectivos y armamentos en una operación carente de pensamiento que será estudiada como una de las más estúpidas jamás emprendidas por el soberbio ejército norteamericano. Tres meses después del inicio de esa guerra, lo que antes denominaba como ridículo de EEUU se extiende en el tiempo y la sensación de haber perdido el control de los acontecimientos se acrecienta. Se alcance un acuerdo explícito con Irán o no, la sensación de derrota es inevitable en Washington, aunque evidentemente nadie que no quiera ser despedido de su cargo pueda expresarla.

El cierre de Ormuz sigue tras estos tres meses, y la subida de precios del crudo va camino de convertirse en estructural. El agotamiento de las reservas de las que se está tirando para paliar la falta de suministros del golfo empieza a ser relevante y es casi seguro que habrá efectos de escasez en determinados componentes de la oferta y en algunas naciones que irán haciéndose evidentes a lo largo del verano. El daño económico global causado por esta crisis es de serias dimensiones, y era plenamente evitable. Todo es fruto de la soberbia de unos y la estupidez de otros. Todos lo pagaremos, y no poco, en el coste de lo que adquirimos. Duele pensar que semejante destrozo era plenamente evitable.

lunes, mayo 25, 2026

Posible acuerdo entre EEUU e Irán

A lo largo del fin de semana se ha ido consolidando la posibilidad de un acuerdo entre EEUU e Irán para poner fin a las hostilidades mediante un compromiso escrito de cese el fuego. El plan que ha trascendido incluye que, en el plazo de un mes, se produzca una apertura progresiva del estrecho de Ormuz y se reestablezca el tráfico de buques, con lo que volvería a fluir el petróleo de esa zona al resto del mundo. En dos meses se lograría un acuerdo respecto al programa nuclear, dejado aparte para permitir que el resto de los asuntos salgan adelante. Si todo lo demás es impreciso, en el caso nuclear la bruma es total.

Si se llega a un acuerdo de este tipo, se puede afirmar claramente que EEUU ha perdido la guerra de Irán, una guerra electiva, no buscada, de la que ha salido dañado en varios aspectos. La derrota no es de las clásicas, como no lo es la victoria de Irán, dado que no se ha producido un enfrentamiento terrestre ni toma de posiciones sobre el terreno. Irán ha soportado bombardeos intensos que han dañado todos sus intereses como país; infraestructuras, recursos, capacidades militares, edificaciones, instalaciones industriales…. Es difícil calibrar los daños, pero a buen seguro son extensos e importantes. Sin embargo, lo que más le interesa al régimen que oprime a esa sociedad, que es su supervivencia, se ha dado. La dictadura teocrática se mantiene en el poder, debilitada en sus capacidades, pero fortalecida al presentarse ante el mundo como un resistente. Ha ejecutado una táctica muy similar a la que ha desarrollado Ucrania, de tal forma que su objetivo era no perder mediante una resistencia asimétrica, con el empleo de drones y técnicas de ataque que han infundido el pánico en todos sus vecinos, y ha descubierto que Ormuz es casi más relevante para el mundo que el programa nuclear. Si el acuerdo se firma, la dictadura islámica seguirá al frente de la nación y ya podrá centrarse en la represión interna, por lo que para los habitantes del país todo habrá ido a peor. Por su parte, EEUU, que se embarcó en una campaña de bombardeos improvisada, animado por lo que parece por el deseo de Netanyahu de que le hiciera el trabajo sucio en su conflicto con los Ayatolas, ha terminado pidiendo la hora en este conflicto al verse superado. Entiéndaseme, la capacidad militar norteamericana es abrumadora, pero sólo resulta efectiva contra un enemigo después de un planificado proceso de despliegue y concentración de fuerzas, y nada de eso se ha dado aquí. Los drones iraníes, baratos y abundantes, se enfrentaban a los caros y escasos proyectiles de precisión norteamericanos, diseñados para otro tipo de misiones, más quirúrgicas que masivas. El consumo de munición carísima por parte de EEUU ha sido muy alto, y es de suponer que sus stocks han quedado bastante reducidos, debilitados en exceso, cosa de la que es consciente él y sus enemigos que observan lo sucedido. Además, aunque ha costado reconocerlo, ha sufrido daños significativos en algunas de sus bases en la zona y ha perdido instalaciones de radar que son vitales a la hora de coordinar ataques, gestionar la información y mantener el seguimiento de las operaciones. Los daños que Irán ha infringido a EEUU son superiores a los que el imperio puede permitirse, mientras que, desde la óptica contraria, al régimen teocrático bien poco le importa lo que sufra la población de su país. Esta asimetría también ha jugado en contra de EEUU, que pensaba ingenuamente que la dictadura de Teherán caería tras su descabezamiento, sin tener en cuenta el martirologio que impera en la zona y en la creencia chií, mostrando nuevamente como el uso de la inteligencia por parte de EEUU deja mucho que desear. La sensación de que estaba improvisando a cada paso ha sido evidente, y la imagen que deja el comportamiento de su ejército no ha sido la mejor posible, ni mucho menos.

En el frente interno, el castillo de naipes que iba a ser el régimen iraní, tal y como se le vendió a Trump por parte de algunos ilusos, se ha transformado en un petróleo disparado por encima de los 100 dólares y una gasolina cara que golpea al consumidor, y votante. Trump podía permitirse un par de semanas o tres de conflicto, no los casi tres meses que llevamos, y que han erosionado aún más sus perspectivas de cara a las elecciones de medio término de noviembre, para las que quedan menos de seis meses. Desesperado, el acuerdo es una manera de ganar tiempo de cara a esos comicios. En definitiva, si se firma, EEUU venderá una victoria, pero cosechará un fracaso.

martes, abril 21, 2026

Marineros atrapados en el golfo

Mientras estamos en el brete de si hay negociaciones o no entre EEUU e Irán, y cada uno hace ejercicios de pose cara a la galería mezclado con movimientos profundos, el estrecho de Ormuz sigue cerrado, por lo que la asfixia económica y energética que provoca se cronifica, y sus efectos, que pudieron llegar a ser transitorios, empieza a adquirir dimensiones más y más intensas. Sin embargo, hay un problema muy grave al que hasta ahora muy poca gente le habría prestado atención y que empieza a requerir la debida. No es económico, sino humano, y hace referencia directamente a miles de personas, las atrapadas en el golfo.

Se calcula que hay cerca de dos mil barcos que, en su mayor parte, siguen en las aguas interiores del golfo o están ala espera de entrar al mismo, y que no pueden franquear Ormuz. Y son miles, se estiman en más de veinte mil, los marineros que llevan ya más de mes y medio a bordo de esos buques en una estancia que se prolonga sin visos de que se pueda revertir en breve. En cada barco habrá una tripulación de distintos rangos y cometidos, pero que de manera indistinta come, bebe y duerme. Las provisiones que esos buques llevan tendrán unos márgenes de seguridad, para mantener el abastecimiento de la tripulación en caso de incidencias en el viaje, pero la que se está viviendo ahora es más que probable que haya desbordado muchos de los criterios de precaución con los que armadores y capitanes han planificado el viaje. Comienzan a llegar noticias de racionamiento de agua y víveres a bordo de muchas de las naves, y los problemas irán a más en una zona no precisamente fresca, donde las temperaturas seguirán subiendo cada día y el calor comenzará a ser un serio problema para todos. A todo esto se debe sumar el habitual caos que se produce en el sector marítimo, donde el armador suele ser uno, el pabellón bajo el que se navega otro, y las tripulaciones muchas veces parecen un espejo de la ONU, con procedencias muy diversas, idiomas y culturas de lo más diferente y sólo el trabajo a bordo como nexo común que agrupa a todos. Si las cosas se complican, y pasar hambre y sed son cosas muy complicadas, es fácil suponer que la tensión dentro de las tripulaciones se disparará y habrá incidentes de todo tipo. En el barco la máxima autoridad es el capitán, es un mundo reglado donde está bastante clara la jerarquía, el reparto de tareas y lo que cada uno representa en la vida a bordo, pero en situaciones como estas son clásicos los relatos de motines, revueltas, insubordinaciones, tomas de control, camarillas enfrentadas y todo tipo de incidencias en las que el orden interno va degenerando y la sociedad colapsa. ¿Alguien ha pensado en el estado de esas tripulaciones? ¿Hay previstos planes de reabastecimiento? No se si existe la posibilidad de que esos buques puedan arribar a puerto en el interior del golfo, y más dada como está la tensión bélica. Con ese riesgo, que ya se ha llevado a más de un marinero en los ataques infringidos por parte de los contendientes en este mes y medio de guerra, es la orilla sur del golfo, la que comparte Kuwait, Arabia Saudí, EAU y Omán la única que parece viable para que estas naves puedan tomar puerto y aprovisionarse de víveres y agua. También tengo dudas de en qué estado estarán sus reservas de fuel. Es fácil suponer que eso es algo que se carga con mucho margen, pero también es verdad que en mes y medio de vida a bordo los motores del barco son la única fuente de energía para todo, empezando por la luz de los camarotes y todos los sistemas de navegación. ¿Van a poder repostar? Si alguno de los buques llega a agotar su combustible se convierte en un objeto flotante sin rumbo ni capacidad de imponerlo, un gran objeto a merced de las corrientes que puede convertirse en un peligro para la navegación de todos los demás. Que se sepa aún no ha sucedido nada de eso, pero no es descartable que pase si la situación se prolonga en el tiempo.

Las familias de esos miles de marineros, que sabían que los suyos iban a hacer un viaje por el mar, de esos que siempre llevan su tiempo, ya están esperando más de la cuenta, y su angustia irá creciendo ante la incertidumbre de la situación y la prolongación de algo que nadie esperaba. Los testimonios de personas que se encuentran atrapadas en esta situación empiezan a circular, bien es cierto que, de manera escasa, y relatan miedo, angustia y desesperación creciente. Junto con la guerra hay miles de damnificados que han visto convertido su trabajo en una pesadilla, y su barco en una cárcel de la que no pueden salir de ninguna manera. Una odisea nada poética.

miércoles, abril 08, 2026

Salvados por la campana

Ayer por la tarde se vivió una situación muy extraña en la que el grado de paranoia global se disparó. A lo largo de la Semana Santa Trump ha ido escalando en el contenido insultante de sus mensajes en redes, alcanzado cotas barriobajeras que dejan al Pérez Reverte cabreado como un becario, hasta que hace dos noches escribió eso de que, a un día de expirar la fecha del ultimátum, anunciaba que en poco una civilización dejaría de existir. Así, por las buenas, de golpe, lamentándolo, pero sin remilgos. La amenaza máxima.

No hace falta ser una lumbrera para interpretar qué tipo de armamento se puede asociar a una amenaza así, y a lo largo de la tarde española, mañana en EEUU, a medida que el plazo se acercaba a su fin, empezó a circular la idea de si EEUU estaba dispuesto a utilizar armamento nuclear en su enfrentamiento con Irán. Sólo el especular con este hecho delata el riesgo que se vivió ayer, la tensión que se respiraba a medida que pasaban las horas. La idea general, a la que se agarraban casi todos, es que esto no era sino otro farol, enorme, del tahúr naranja en su proceso de negociación con los Ayatolas, pero el comportamiento errático y desquiciado que reina en el mundo Trump hace que alusiones imposibles dejen de serlo y que opciones que nadie contemplaría en su sano juicio tengan que ser puestas encima de la mesa para ser tratadas como viables. Con la llegada de la noche española la tensión se mantenía, pero los mercados, de bolsa y petróleo, no reaccionaban en modo pánico, apostaban a que por detrás del escenario se estaba dando una negociación que iba a permitir que el ultimátum no se ejecutara. La bolsa de Nueva York cotizó en rojo moderado todo el día, pero al final de la sesión recuperó pérdidas y cerró casi plana, con alguno de sus índices en un muy ligero tono positivo. No cotizaba el miedo que se percibía en no pocas de las opiniones globales. Dado que los que mueven el dinero tienen mejor información que muchos, la apuesta a que el mus de los mafiosos se mantenía y la dictadura iraní y el desquiciado naranja estaban regateando era lo más fácil de suponer. Pasadas las once de la noche españolas, a unas tres horas de expirar el plazo, se empezó a filtrar a los medios una propuesta de Pakistán, país que lleva ya varios días ejerciendo el papel de mediador improvisado, en la que se ofrecía una opción de acuerdo. Básicamente EEUU suspendía sus ataques a Irán durante dos semanas y, a cambio, los ayatolas reabrían el estrecho de Ormuz al tráfico internacional, se presume que peaje mediante, que sería utilizado para obtener unos ingresos que se venderían como compensaciones de guerra. De esta manera se detendrían los ataques cruzados en la zona, que afectan a Irán ya a todas las monarquías del golfo, se reducirían los daños que se siguen causando en infraestructuras energética vitales para la explotación de los yacimientos energéticos y la presión sobre los precios del crudo y sus derivados aflojaría. Esa propuesta implicaría reconocer, para EEUU, aunque no se diga, que el régimen de Teherán no sólo no ha caído, sino que pasa a tener una posición de control explícito de la zona de Ormuz, porque recordemos que antes del inicio de la guerra el paso de naves por ese punto era libra, sin peaje ni traba alguna. En este acuerdo Irán no saldría tan perjudicado como pudiera parecer

Pues bien, a estas horas de la mañana la noticia global es que estos son los términos acordados entre ambas naciones, y que por un plazo de dos semanas la guerra iraní queda en suspenso. EEUU consigue una vía de salida para intentar escapar del avispero en el que se había metido y los ayatolas van a tener tiempo para reconfigurar su mando y consolidar el control del país (y de paso liquidar a todo el que se mueva en su contra). El petróleo baja y las bolsas suben, todo el mundo suspira de alivio y la apuesta suicida de Trump parece haberse quedado en nada. Pese a ello, este acuerdo huele a fracaso para unos EEUU carentes de estrategia, cabeza y capacidad de análisis. Como mucho, es una victoria pírrica. Veremos a ver si se mantiene. Ojalá que sí.

miércoles, marzo 18, 2026

Piezas cobradas en Oriente y EEUU

Ayer Israel volvió a demostrar que posee los mejores servicios de información del mundo, y que ese trabajo de análisis se puede traducir, en breves instantes, en operaciones de ejecución tan frías como certeras, capaces de eliminar a aquellos sujetos que el gobierno tenga identificados como de interés. Pese a las precauciones tomadas, Israel ha descabezado nuevamente a la cúpula del poder iraní, no al proclamado nuevo líder supremo Jamenei hijo, del que se sabe bien poco, sino a los que actualmente regían los designios del país: el líder de la seguridad iraní, Ali Larijaní, y el jefe de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani. Dos hombres fuertes capaces de controlar las riendas del poder, lo militar y la represión social.

Por su parte, en EEUU caía el responsable de la seguridad interna antiterrorista, John Kent, pero no eliminado físicamente ni nada por el estilo, no. Dimitía de sus cargos, y en una carta hecha pública acusaba al lobby israelí de haber engañado a Trump y sus asesores para embarcarse en una guerra inútil contra un Irán que no suponía una amenaza para la nación. Ante esta baja, la respuesta del ególatra supremo ha sido de calificar a Kent como “débil”, literalmente, y no darle importancia alguna a su marcha, pero el hecho es que lo tiene. Por una parte, lo que dice en su escrito de renuncia es lo que se defiende desde muchos altavoces, de ideologías variada, la idea de que EEUU ha sido arrastrado a una intervención en la que no creía y que veía con más problemas que ventajas, que es Netanyahu el que lidera las hostilidades y el que tiene una posición de fuerza, entre otras cosas muy necesaria para salvar su propio pellejo político respecto a las acusaciones de corrupción que no pueden actuar contra él mientras se mantenga la guerra. Por otra, Kent, el dimitido, no es precisamente un demócrata que viene de la administración Biden y que, en su momento, no fue relevado por Trump. No, Kent es un miembro activo del MAGA, el movimiento populista que creo Trump y que ensalzó a Trump como su mesías. Es un conservador furibundo, alguien para el que el republicanismo clásico llega, como mucho, al nivel de derechita cobarde, para entendernos por aquí, y que se ha apuntado a todas las campañas de desinformación habidas y por haber desarrolladas por el entorno MAGA respecto a la actualidad nacional e internacional. Es un nacionalista norteamericano radical y un aislacionista patológico. Si ha dimitido no es por la conciencia de que EEUU esté actuando erróneamente, o por el miedo a que las consecuencias económicas de la guerra castiguen al bolsillo del votante o cosas por el estilo. No, si lo ha hecho ha sido porque considera que Trump ha traicionado los principios con los que se presentó a las elecciones y cosecho millones de votos, entre ellos el suyo. Trump vendió la idea de que EEUU no se iba a meter en más guerras inútiles, de esas que duran muchos años, llevan cadáveres a los pueblos del interior del país y acaban o en espantadas humillantes o en derrotas sonoras. Eso era cosa de los demócratas, de esos intervencionistas que olvidan al pueblo norteamericano. Él se iba a centrar en el país, en arreglarlo, en olvidar lo que pasara fuera y dejar que si alguien tuviera problemas en el exterior se las apañase. Poco después de cumplir el primer año de mandato Trump y su gabinete e han desatado en una política internacional intervencionista en grado sumo de una manera tan bruta, improvisada y macarra que tiene estupefactos hasta a los suyos. La base de votantes MAGA se está revolviendo contra las directrices de una administración, por llamarla de una manera, que se ha convertido en la más intervencionista y belicosa de las que ha habido en las últimas décadas, y eso de momento sólo se ha traducido en cadáveres volviendo al país, por ahora pocos, y unos precios que amenazan con volver a dispararse y asediar al consumidor, y votante.

Con este panorama es normal que las encuestas pronostiquen la elevadísima probabilidad de que, en las elecciones de medio mandato, a celebrar en noviembre de este año, los demócratas se hagan tanto con el Senado como con la Cámara de Representantes, cercenando notablemente los poderes presidenciales. Trump dice que eso le da igual, y lo peor es que quizás sea cierto, tanto por la absoluta indiferencia que muestra hacia todo lo que no sea él como por el hecho de que pueda osar a incumplir la voluntad de las cámaras, mandando en contra de sus elecciones, o incluso porque ya tenga pensado que eso de las elecciones de medio mandato es un incordio que no debe celebrarse, para no distraerle de sus ensoñaciones. Todo puede ser.

viernes, marzo 13, 2026

Otra crisis, más deuda

A medida que pasan los días y la guerra sigue, sus efectos económicos se amplifican. El barril de crudo se ha acomodado en una horquilla que supera ampliamente los 90$, volviendo ayer a rozar los 100$, pese a las medidas de liberación de reservas de la Organización Internacional de la Energía, acto más bien testimonial y destinado a generar un efecto placebo antes que efectivo. Aún estamos a tiempo de que, si todo se acaba ya, los efectos sean puntuales, como un golpe en la mesa pero sin romper cosas. Si la situación se prolonga varias semanas más los daños estructurales en la economía global pueden ser significativos, y el ciclo verse completamente trastocado.

Por ello, los gobiernos empiezan a pensar ay en planes de ayuda, en medidas para paliar las subidas de los costes energéticos, en una situación que suena bastante a lo que vivimos en 2022 cuando comenzó la invasión de Ucrania. El disparo inflacionario que se dio en esos momentos fue fruto de tres factores; sobredemanda aún remanente tras el encierro Covid, problemas logísticos de oferta para recomponer los sistemas de producción y suministro globales y shock de precios energéticos por la propia invasión y las sanciones a los productos rusos. Ahora mismo el tercer factor se está dando, sin que se vean los anteriores, aunque es verdad que las cadenas logísticas han empeorado su eficiencia desde entonces y eso se ha traducido en unos costes más elevados. Por lo que se oye, frente a paquetes de ayudas precedentes, se está pensando en medidas focalizadas en los sectores afectados más que en programas universales. Así, se ayudaría a agricultores, transportistas, electrointensivos y demás que dependen de la energía como fuente fundamental de trabajo, pero al consumidor que se dedique a, pongamos, estar en la oficina tecleando como yo, no le caerían ayudas específicas. Habrá que ver cómo se traduce todo eso de una manera práctica, pero lo único seguro es que a los gobiernos occidentales esto les pilla con una montaña de deuda pública mayor que en las crisis precedentes. Si se fija, desde el Covid, hemos entrado en una secuencia de crisis producidas por shocks externos que se han traducido en disparos de gasto público para paliar sus efectos (con mejor o peor diseño y ejecución) e incrementos de deuda pública constantes, en escalones, uno por cada golpe, de tal manera que apenas hay tiempo material para que los gobiernos reduzcan sus niveles de endeudamiento entre crisis y crisis. No estamos antes subidas o bajadas cíclicas, que exigen esfuerzo presupuestario y se traducen en años de déficit, seguidos de años de estabilidad en las cuentas cuando el ciclo vuelve a subir. No. Estamos ante constantes aumentos de niveles de deuda que apenas se amortizan cuando se da otra situación que exige recurrir de nuevo a ella. Entre medias la diligencia de los gobiernos no tiene tiempo para poder reducir el stock de deuda acumulada, siempre que el gobierno se ponga a la tarea, claro está. Algunas naciones, como la nuestra, tienen una extraña combinación de altísima deuda, gobierno manirroto donde los haya y recaudación fiscal disparada gracias a un ciclo de subida enorme y a decisiones injustas como la no deflactación del IRPF. Eso ha disparado los niveles de ingreso púbico y ha permitido, con el crecimiento del PIB, estabilizar la ratio de deuda, que está ahora mismo en el entorno del 103,2%. No hace falta ser muy listo para suponer que esos niveles van a crecer con fuerza si se imponen paquetes de ayuda y se produce una contracción económica, aunque sea leve. La senda de consolidación presupuestaria, si es que alguna vez fue tomada en serio por alguien, se vuelve a esconder en el cajón ante necesidades imperiosas.

Cuando los tipos estaban ridículamente bajos, o negativos, recurrir al endeudamiento era una política financieramente sensata, porque un mínimo aumento del ciclo te generaba recursos para cubrir intereses y principal, pero eso ya no sucede con los tipos actuales, y será aún peor sí, como parece, suben para luchar contra la previsible ola inflacionaria que puede venir del estrecho de Ormuz. Ya hemos visto en 2025 a naciones como Francia pasarlo realmente mal por el disparo de la carga de intereses de su deuda, y ese caso es el representativo de la mayor parte de las naciones occidentales. ¿Cómo vamos a afrontar financieramente lo que pueda llegar? No hay respuestas claras.

jueves, marzo 12, 2026

Crece la división entre EEUU e Israel

¿Engañó Israel a EEUU para enfangarse en la guerra de Irán? Es una pregunta con mucha miga que, a medida que pasan los días, no deja de adquirir mayor sentido. Hay algunas fuentes que señalan que Netanyahu llevaba tiempo deseando que se produjera el ataque del sábado 28 de febrero, y que susurraba sin cesar al oído de Trump para que diera su permiso. Trump, reacio en principio a intervenciones, se ha ido soltando en este aspecto de una forma sorprendente, pero en su círculo íntimo no lo veían nada claro. El éxito de la operación de Maduro en Venezuela sorprendió a todos, y envalentonó a los más intervencionistas, pero muchos repetían, con razón, que Irán no es Venezuela, y que en el país persa todo sería mucho más difícil.

Camino de las dos semanas de intervención, es evidente que EEUU tiene prisa para dar por cerrada la operación y que el gobierno de Israel no siente apremio alguno, y si por el fuera seguiría el resto de la existencia golpeando. Los precios del petróleo suponen para Trump una losa, porque sabe que, tarde o temprano, los va a acabar pagando el consumidor estadounidense, que es también el votante. En Israel la economía está intervenida de facto desde los ataques islamistas de Hamas del 7 de octubre de 2023 y se mantiene asistida por lo que EEUU le proporciona, y la población aprueba mayoritariamente la escalada militar frente al que ha sido su enemigo histórico en la región. A Bibi y los suyos no les importa que el crudo supere los 100$ pero a EEUU y a occidente sí. Además de este coste directo existen costes financieros asociados a la guerra que son crecientes y que suponen una factura extra para el presupuesto norteamericano. El mero hecho de mantener cada día la maquinaria de guerra operativo supone cientos y cientos de millones de dólares, y el consumo que se está haciendo de armas de precisión agota los stocks y obliga a reponerlos con unos costes no previstos. Los que pensaban en el entorno de Trum que lo de Irán sería un paseo están empezando a sudar mucho, y las declaraciones contradictorias que salen de unos EEUU carentes de estrategia de salida una vez comenzadas las hostilidades resultan ser la principal muestra de una división, de una desorientación interna que no augura nada bueno. Trump ahora mismo desearía dar por terminada la operación, cosa que dice los días impares, aunque los pares repita que el esfuerzo sigue hasta que no se alcancen todos los objetivos. Parece evidente que el régimen islamista, tocado, no se ha hundido, y que la población de Irán va a sufrir en sus carnes tanto el efecto de los bombardeos norteamericanos como la represión de una teocracia que sigue haciendo todo lo posible para aguantar, convencida de que el tiempo que sea capaz de prolongar las hostilidades es su mejor aliado, tanto por los efectos económicos globales que puede causar como por la falta de paciencia del niño naranja que gobierna en la Casa Blanca. Más de uno lamentará ahora mismo en el complejo presidencial de Washington haberse embarcado en este berenjenal viendo cómo se están desarrollando los acontecimientos, y los recelos respecto a las promesas de victoria segura que vendería Netanyahu y su gestión local de la guerra es casi seguro que crecerán día a día. Visto desde fuera, resulta sorprendente cómo la primera potencia del mundo se encuentra inmersa en un conflicto en el que es Israel el que parece llevar la voz cantante en cuanto a operaciones, estrategias y decisiones. Es absurdo, y para los EEUU, a mi modo de ver, humillante.

Una derivada no menor de lo que sucede es que una y otra nación están consumiendo sus stocks de munición de la mejor calidad a una velocidad más alta a la que la pueden reponer. Ayer se supo que EEUU desviaba baterías de Patriots asentadas en Corea del Sur para trasladarlas a Oriente medio. Otro signo de mala planificación de la operación principal, de improvisación del ataque del 28 de febrero y, ojo, aviso a navegantes de que el teatro de operaciones de Irán empieza a enfangar a la maquinaria norteamericana. ¿Va a aprovechar alguno la coyuntura para intentar algo? El poderío del ejército de EEUU es inmenso, pero no infinito, y mal gestionado puede cometer errores tan burdos como algunos de los que vemos estos días.

martes, marzo 10, 2026

Locura en el petróleo

Cuando se pronuncia la expresión “guerra en Oriente Medio” lo primero que se le viene a la cabeza a todo el mundo es el precio de la gasolina, las colas ante los surtidores, los contadores locos, el coste disparado. Desde hace dos sábados los combustibles han comenzado a subir a lo loco, anticipándose a lo que pueda pasar con el precio del barril de petróleo, que ayer vivió su jornada más caótica en mucho mucho tiempo. Si uno va a repostar pagará unos veinte céntimos de más, como mínimo, respecto a los precios de febrero. Ese sobrecoste es un impuesto a todo, a todos, una fricción, un dolor que se filtra por la cadena productiva y sólo genera inflación.

El gráfico del Brent de ayer fue impresionante. Comenzó la jornada en el entorno de los 93$, y rápidamente subió, superando la barrera de los 100, hasta marcar un máximo de 115$, precio desatado que significa dolor. Desde ese punto inició un suave goteo a la baja que se aceleró bruscamente cuando Trump empezó a lanzar mensajes sobre el hecho de que la guerra estuviera ya casi ganada, queriendo hacer creer que esto iba a durar poco más. El precio se derrumbó y llegó a cotizar por debajo de los 90, marcando un mínimo diario en 86$. Todo esto en un solo día. Esos mensajes trumpistas fueron los que giraron las bolsas de EEUU y les permitieron cerrar al alza, frente a las pérdidas moderadas de las europeas y durísimas de las asiáticas. Ahora mismo el Brent cotiza en los 93,4$ muy caro, recogiendo la montaña de incertidumbre que sigue en pie en torno a Irán y la errática conducta de Trump. Es cierto que el mundo no es lo que era, que la intensidad de consumo de petróleo en las economías ha ido cayendo de manera sostenida a lo largo de las últimas décadas y que la aparición de fuentes de energías alternativas, junto a soluciones tecnológicas, han contribuido a que el crudo no sea el determinante de todo. No, no estamos en los años setenta u ochenta, pero no es menos cierto que determinados sectores, como el transporte, siguen siendo determinados por el precio de la gasolina, y todo lo que hace referencia a logística, mover cosas que pesen de un lado para otro, se correlaciona muchísimo con el mundo del crudo, y que los precios del barril se disparen no es una buena noticia. Para los europeos, que lo importamos en su práctica totalidad, es nefasto. Al petróleo se le une su primo el gas, energía que ha ido creciendo en uso e importancia en sectores como el energético o industrial. Los fertilizantes, la calefacción y muchas otras cosas dependen ya más del gas que del petróleo. También lo importamos los europeos, en este caso principalmente licuado en barco, tras el corte de los suministros rusos desde la invasión de Ucrania, por lo que el daño que nos puede provocar es mayor que a otras regiones. El miedo generalizado entre los economistas es que unos costes energéticos altos, pero que duren apenas unos días, no van a pasar de un susto desagradable, pero si esta situación se mantiene será inevitable una filtración de la subida de los costes a las cadenas productivas, y de ahí a una nueva ola inflacionaria no hay nada. Tras el subidón que se vivió entre los años 2021 y 2022 las alzas de precios se han moderado, pero los niveles no han vuelto a los de entonces. Ir al supermercado, o a una cafetería a tomar algo se ha vuelto un deporte de riesgo, donde es casi imposible no salir herido víctima de una cuenta dañina. ¿Cuánto más pueden soportar las familias y empresas un disparo de precios generalizado? ¿Qué sectores, más allá de los obvios, serían los más perjudicados y tendrían un futuro negro por delante? Un barril que se mantenga de manera sostenida en el tiempo por encima de los 90$ es un freno a la economía considerable y una fuente de subidas de precios. Valores del barril por encima de 100$ empiezan a causar daños directos en algunos sectores y hacen muy probable que el ciclo económico se revierta.

Esto, el daño en los precios, puede ser lo que haya provocado que Trump anuncie que queda poco. Al consumidor americano, que tiene la ventaja de no quedarse desabastecido dada la capacidad de EEUU de producir petróleo, también le sube el precio de la gasolina, y de lo que compra en el súper, y la inflación fue una de las principales causas que provocaron la derrota de Biden. Allí tampoco se pueden permitir otra ola de precios al alza. Por eso tratar de que el petróleo no fluya por Ormuz y que el mercado se desestabilice es una de las mejores estrategias de Irán para resistir, y puede ser la clave para que el enfrentamiento acabe en breve. De momento, hoy seguimos por encima de los 90$.

lunes, marzo 09, 2026

Errores militares de EEUU

Ya llevamos más de una semana de guerra iraní, y se pueden extraer las primeras conclusiones del enfrentamiento armado. EEUU e Israel tienen prácticamente el control del cielo iraní, de tal manera que la aviación persa, lo que aún exista de ella, apenas puede operar, y las defensas antiaéreas no son efectivas. Las campañas de bombardeo se pueden realizar sin excesivo riesgo por parte de quienes las desarrollan y el número de objetivos alcanzados crece día a día. La respuesta de Irán se materializa en forma de misiles balísticos que atacan a los países vecinos, centrados en las bases conjuntas con EEUU, e infraestructuras como aeropuertos o desaladoras.

Y claro, los drones. Esta es la gran arma iraní y el gran fracaso norteamericano. Desde hace cuatro años asistimos todos, en Ucrania, a la eclosión del dron como arma en todos los sentidos. Ataque, defensa, observación, suministro, apoyo…. La evolución tecnológica y de capacidades de estos cacharros ha resultado asombrosa, y dignade estudio para todo aquel que le ha prestado una mínima atención a lo que allí pasaba. Al parecer, en EEUU, poseedores de una fuerza abrumadora, han descuidado este aspecto, lo han considerado menor, pobre, propio de naciones carentes de alternativa, y es en estos momentos cuando descubren que los drones les pueden suponer un enorme problema. Varios de los objetivos militares norteamericanos en la zona, entre ellos algunos radares de importancia estratégica, han sido alcanzados y destruidos por drones iraníes sin que se haya visto ningún tipo de defensa actuando frente a ellos. Asombroso. En los ataques que se producen contra los países vecinos e Israel Irán lanza drones de coste bajo frente a interceptores de respuesta que pueden costar diez veces más, y cuyos stocks no son precisamente ilimitados, dadas las dificultades que existen para producirlos, por coste y tecnología. A finales de la semana pasada se dio el ofrecimiento, por parte del atacado Zelensky, por parte del despreciado Zelensky, de ayuda a los EEUU para suministrarles y adiestrarles en el uso de drones interceptores, diseñados para evitar el impacto de drones de ataque, que poseen una efectividad similar a los interceptores clásicos (no son infalibles) pero que cuestan mucho menos, no necesitan costosas plataformas para operar y se pueden lanzar en masa, como los de ataque, de tal manera que neutralizan el efecto de saturación que un enjambre produce. El ejército de EEUU ha aceptado la oferta y se ha mostrado muy interesado, demostrando primero la mezquindad de la administración que desprecia al ucraniano atacado, y en segundo lugar, cómo la soberbia de quien tiene el mejor ejército del mundo se cree invulnerable. Es evidente que en un enfrentamiento convencional nada se puede hacer frente a las capacidades norteamericanas, pero claro, un país atacado que quiera responder no puede hacerlo de manera convencional, a sabiendas de su derrota, por lo que escoge otras vías. Irán es castigado duramente noche tras noche en bombardeos de alta intensidad, que acabarán destruyendo sus capacidades industriales y militares si siguen a este ritmo, pero la posibilidad de generar disrupciones en el tráfico aéreo, de meter miedo a sus vecinos, de colapsar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y, en definitiva, de hacer daño a los que le atacan sigue, dado que se recurre a unas capacidades versátiles y muy móviles, que no son tan fáciles de identificar ni de eliminar mediante el ataque aéreo convencional. Los silos de misiles balísticos y sus plataformas de lanzamiento fijas es probable que ya hayan sido eliminados, pero perseguir lanzadores de drones es bastante más difícil. Uno supone que, a sabiendas de todo esto, el régimen de los ayatolas posee suministros guardados de drones en abundancia para aguantar el tiempo necesario para agotar la paciencia del ególatra Trump, causando de mientras un daño económico elevado a la economía occidental. Esa es su mejor estrategia de supervivencia.

Los drones han revolucionado el escenario militar, y EEUU no se ha enterado de ello. Paradójicamente fue de las primeras naciones en usarlos, con los modelos raptor, de gran tamaño y altura, que podían realizar labores de observación y ataque preciso, pero eran, por así decirlo, una versión de aviación teledirigida. Lo que nos ha enseñado el frente ucraniano en estos años de guerra es otra forma de combate muy distinta, basada en enjambres pequeños, baratos, manejados o autónomos, que actúan de manera coordinada en distancias cortas sobre la trinchera o largas cuando se usan como elementos de ataque estratégico. Ahora mismo Ucrania y, tristemente, Rusia, son las grandes potencias en este tipo de armamento. El resto estamos muy lejos de ellos.

viernes, marzo 06, 2026

Errores profundos de EEUU

Más allá del aprovechamiento partidista de la guerra de Irán por parte del presidente del gobierno y de las declaraciones anómalas, siendo diplomático, del ególatra que rige en la Casa Blanca (vaya dos castigos nos han tocado) el desarrollo de la guerra ofrece ya algunas lecciones interesantes, y EEUU no sale precisamente victorioso de ellas. Sospecho que los generales veteranos del ejército de ese país deben estar con un profundo cabreo al ver cómo se desarrollan los acontecimientos y comprobar como sus estudios de estrategia se han sustituido por tuits baratos, consumibles y de rápido olvido. Triste, pero es lo que hay.

Lo más importante, EEUU parece no tener una estrategia sobre qué es lo que quiere hacer. Más allá de la eliminación de la cúpula del régimen y la destrucción de sus principales capacidades militares ofensivas, ¿cuál es el objetivo de la guerra? Desde Washington se ha esgrimido el cambio de régimen como uno de los fines buscados, pero eso ha sido los días pares, ya que los impares lo de que el régimen cayera se consideraba como algo accesorio. Trump alentó a los iraníes sometidos a la dictadura teocrática a que se levantasen contra los tiranos cuando las bombas cesases, pero ayer mismo afirmó que desea que el poder lo tutele alguien a quien el pueda seleccionar y le sirva, al estilo Delcy, de tal manera que la dictadura pudiera mantenerse en pie sin problema. Este continuo cambio de posición es una muestra de desnorte asombrosa por parte de la principal potencia global, algo inédito en los EEUU, donde las cosas se piensan y planifican en detalle, independientemente de que luego, como es obvio, los planes salgan como estaban previstos. Aquí todo parece fruto de la improvisación, de las prisas, del seguidismo a un Israel dominado por la facción dura de Netanyahu que no tiene mucho que perder arrasando su vecindario pero que ha logrado enfangar a su gran aliado en una guerra que, como mínimo, va a causar serios costes económicos. Si esto fuera normal EEUU llevaría el liderazgo de las operaciones e Israel acataría sin rechistar lo que se le dictase desde Washington, porque está claro quien manda, pero no sucede nada de eso. Una muestra de la precipitación es que EEUU sólo dispone de fuerzas navales y aéreas para atacar el país, por lo que puede realizar campañas de bombardeo más o menos intensas, que obviamente debilitarán mucho al ejército iraní y a todas sus capacidades de ataque, pero que por sí mismas son incapaces de lograr una revolución en el país, una nación inmensa, unas tres veces España, con cien millones de habitantes y con millones de ellos formando parte de los cuerpos estatales afectos al régimen. Irán no es un barrio de las afueras de una urbe, sino un país complejo y difícil, y pensar que se puede lograr un control y sometimiento del mismo sólo con el empleo de la fuerza aeronaval se me antoja de una ingenuidad propia de primaria. Las noticias de estos días de que los norteamericanos están alentando a los kurdos para que ataquen a los iraníes son, a mi entender, otro disparate propio de la improvisación, que sólo va a conseguir que más kurdos fallezcan, si comienzan las hostilidades, cuando los norteamericanos les abandonen nuevamente a su suerte. Esta no es manera ni de hacer guerras ni de trabajar sobre el terreno ni nada de nada. Es un desastre como operación estratégica y muestra, como en todo lo que hace Trump, una combinación de riesgo, soberbia, ignorancia y desprecio por la realidad que resulta asombrosa, casi patológica. Y si eso es peligroso en economía o en otras cuestiones sociales, en temas militares ni les cuento.

Dada la improvisación absoluta en la que estamos, tampoco es descartable que Trump, como el niño caprichoso que es, se harte en unos días de todo y de por concluida la operación tras unos cuantos días de ataques, decretando una victoria en el punto en el que desee sin que nadie tenga claro qué es lo que se ha podido ganar. Estaríamos ante el tramposo que mueve la portería, o cambia las reglas a mitad de juego, para determinar que así ha ganado y ya está. Y todo el mundo se quedaría con la cara de asombro y mosqueo que se nos ha perpetuado desde que este personaje volvió a la presidencia del país más importante del mundo. Su proceso de destrucción de esa nación y de la cordura progresan adecuadamente.

martes, marzo 03, 2026

Guerra de salvas en Oriente Medio

Lo que contemplamos ahora mismo desde las oficinas y viviendas de gran parte del mundo es la apoteosis de lo que los expertos denominan la guerra de salvas, una batalla en la que no se producen choques de tropas en tierra, sino el intercambio constante de proyectiles lanzados mutuamente sin cesar desde las posiciones seguras de los combatientes enfrentados. Haciendo uso de su superioridad aérea, EEUU e Israel compaginan esta situación con acciones de bombardeo, pero la esencia del combate se parece mucho a una guerra de bolas de nieve en la que dos grupos de escolares se lanzasen bolazos a lo loco pero sin que ninguno de ellos llegara a pegarse con nadie del bando contrario. Cruento, pero menos, y curioso.

Por parte de EEUU, las salvas constan fundamentalmente de misiles de crucero, de alta precisión, y el peso de la aviación, reduciendo a escombros una lista de objetivos previamente planificada en la que los analistas han determinado cuáles son los prioritarios y qué armamento es el adecuado para eliminarlos. Los puntos de ataque son las flotas compuestas por los dos portaaviones que rondan por la zona y sus escuadras de apoyo, junto con acciones de bombardeo que proceden de puntos mucho más distantes. Israel sólo emplea su aviación porque carece de capacidades balísticas relevantes de ataque (ya las ejecuta EEUU en su nombre). Irán recurre a dos tipos de bolas de nieve. Por un lado, misiles balísticos, caros y poderosos, capaces de causar grandes daños en caso de impacto, tanto por su velocidad como por su peso y carga explosiva. Por otro, el empleo de drones, donde su modelo shahed se ha hecho mundialmente conocido por el empleo de una de sus versiones por parte de Rusia en Ucrania. Con su estructura de ala delta, posee un cuerpo de misil con una cabeza explosiva cercana a los 50 kilos de capacidad que causa daños notables en los objetivos contra los que impacta, aunque evidentemente de mucha menor cuantía de lo que es capaz un misil. A cambio, cada shahed le cuesta a Irán poco más de 20.000$, por lo que dispone de una cantidad mucho más alta. Eso le permite, como se ha visto en Ucrania, plantear ataques de saturación contra objetivos en los que un sistema de defensa antimisiles es incapaz de abordar a un enjambre de drones, simplemente porque los objetivos son mucho más numerosos que las capacidades. Además, los interceptores de los sistemas de defensa son mucho más caros que cualquier dron que pueda ser lanzado, por lo que la relación coste beneficio de un ataque con drones es muy ventajosa para la nación que los usa. En Ucrania ambos bandos han visto cómo el empleo de drones en enjambre puede resultar muy efectivo tanto contra plataformas pesadas (tanques, helicópteros, aviones, barcos) como frente a objetivos fijos, civiles o militares. Irán tiene pinta de que puede seguir una táctica similar, tratando de mantenerse en pie y resistir todo lo que sea posible usando para ello el stock de que disponga de drones. Son un arma secundaria respecto a los misiles, pero claro, las baterías que lanzan los misiles son más fáciles de detectar y destruir por parte de los sistemas norteamericanos, de tal manera que una sostenida campaña de bombardeo puede eliminar gran parte de las instalaciones, fijas y móviles, que dan soporte a la capacidad de disparo iraní. Sería una manera de dejarle sin ese tipo de armamento, uno de los argumentos utilizados por Trump a posteriori para justificar el ataque. Sin embargo, esto no tiene porqué suponer ni la rendición del régimen ni su derrota, ya que eso dependerá de la capacidad que mantenga para amenazar a sus vecinos con los enjambres de drones. Irán, en este sentido, ha aprendido algunas de las lecciones de Ucrania y las está empleando. Es probable que, dadas sus limitadas capacidades y la superioridad aérea manifiesta que muestra EEUU, no pueda sostener campañas de intimidación durante mucho tiempo, pero si logra sobrevivir más que la paciencia, escasa, que caracteriza a Trump, no está determinado lo que va ya a suceder.

Desde luego, aunque el régimen está más que tocado, de momento sobrevive. El odioso complejo militar y teocrático que aprisiona a Irán es bastante más compacto de lo que uno pudiera desear, y a corto plazo no se ve a una “Delcy” que pueda hacerse con el poder en Teherán y que ofrezca a EEUU lo que desea a cambio del final de las hostilidades. Ayer Trump no se cerró a la posibilidad de poner tropas sobre el terreno en Irán, pero eso, ahora mismo, es una ensoñación, dad la ausencia de logística desplegada al respecto. Días y días de bolazos pueden ablandar a unos y agotar a otros. Vamos a ver cómo se desarrolla todo este desastre.

lunes, marzo 02, 2026

El ataque fue por la mañana

A lo largo de la tarde noche del pasado viernes se sucedieron los mensajes de alerta lanzados por los ministerios de asuntos exteriores de gran cantidad de países, empezando por China y siguiendo por los europeos, solicitando a sus nacionales que abandonasen Irán. A su vez, saltaban alertas de aerolíneas que decidían suspender sus vuelos a Teherán en un movimiento que, casi siempre, precede a un ataque, aunque a veces se produzca con una antelación muy elevada respecto al momento preciso en el que comienzan las hostilidades. Veía todo eso y mi apuesta de que, tras las conversaciones en Ginebra, Trump había decidido golpear, crecía en probabilidades. ¿Cuándo será el momento preciso? ¿Cómo?

No hubo que esperar demasiado, ya que al levantarse el sábado todo el mundo supo que la acción había sido madrugadora, no nocturna, como suele ser en estos casos, sino de día, iniciada ya la mañana en Irán, pasadas las siete en España, con el alba empezando a asomar en la península en una mañana tranquila, fría y soleada. La operación, denominada Furia Épica, en un intento bastante casposo de copiar a lo que parece más una secuela del universo Marvel que a otra cosa, se desarrolla conjuntamente desde el inicio por las fuerzas de EEUU e Israel. En una primera tanda de ataques, en la mañana del sábado, las fuerzas israelíes se centraron en los objetivos de control y mando del régimen, incluyendo las residencias del líder supremo y de numerosos altos cargos del ejército y la seguridad iraní, mientras que los norteamericanos atacaban, vía aviación y el empleo de misiles desde barcos, instalaciones militares, capacidades balísticas, depósitos de munición, complejos relacionados con el desarrollo nuclear y, en general, todo lo relacionado con la capacidad militar del país. Un doble golpe, muy intenso, que buscaba tanto descabezar el régimen como debilitar sustancialmente sus capacidades ofensivas, degradándolas hasta el punto de que no supusieran un problema. Una guerra intensa, de salvas, como se dice ahora en la literatura especializada, sin desplazamiento de tropas sobre el terreno, sólo de lanzamientos de precisión buscando causar el mayor impacto posible en un tiempo breve, que cause una conmoción en el país atacado, una desestabilización de las estructuras de poder. Lo que en un principio parecía ser una operación de advertencia se convirtió, a las pocas horas, en una clara intentona de derrocar al régimen en su conjunto. Hay muchas dudas sobre el por qué de la operación y el cuándo escogido, pero parece que la inteligencia norteamericana detectó a muy primera hora del sábado una reunión entre el líder supremo y gran parte de su cúpula en las instalaciones oficiales del régimen, no en un búnker o algo similar, y la posibilidad real de cazar a todos ellos de un golpe precipitó la ofensiva. Desde el mediodía las fuentes israelíes daban como probable que Ali KAmenei, el líder supremo iraní, con casi cuatro décadas al frente de la dictadura, había caído, junto con una buena parte de su cúpula de seguridad y control. Los norteamericanos no difundieron esta información hasta ya entrada la noche del mismo sábado, dando entonces por segura la muerte del número uno del régimen iraní, y un presentador de la televisión oficial persa lo confirmó, entre sollozos a lo Arias Navarro, en la madrugada europea. El intento de decapitación había sido un éxito, la dimensión del golpe, enorme, las consecuencias potenciales de la acción, espectaculares. El escenario regional había sido completamente alterado de un plumazo y el impacto de la noticia era, a lo largo del domingo, el monotema en los canales informativos de todo el mundo. Esta vez Kamenei no iba a acompañar a Maduro en una celda de Brroklyn, no. Estaba ya en el mundo de los muertos.

A lo largo del fin de semana se han sucedido los ataques norteamericanos e israelíes, y la respuesta iraní, en forma de lanzamiento de misiles y drones contra objetivos situados en todas las naciones ribereñas del golfo pérsico. Estos ataques han causado daños leves, algunas bajas, el absoluto caos aeroportuario en una de las principales regiones de conexión logística de pasajeros del mundo, el corte preventivo del tráfico de buques en el estrecho de Ormuz y la alerta generalizada en toda la región. A esta hora de la mañana, golpeado, el régimen iraní sigue, no ha caído, y se esperan días de bombardeos, respuestas y contrarespuestas en una nueva guerra desatada en la zona. En esta ocasión, con el destino de Irán de fondo. Alucinante.

miércoles, febrero 25, 2026

Muchas dudas sobre Irán

Pocas novedades en el discurso sobre el estado de la unión que ha pronunciado hoy Trump en el Congreso norteamericano. Casi dos horas de alocución en su estilo desordenado, faltón, soberbio, lleno de ira hacia los que no son exactamente como él. Se ha enorgullecido de los éxitos económicos que vive su nación, a pesar de las trabas que le impone, y el resto han sido insultos varios hacia todo el mundo, empezando por los jueces del Supremo que el viernes declararon ilegales sus aranceles. En el cuarto aniversario de la guerra de Ucrania su desprecio, en forma de ignorancia, a los ciudadanos atacados por Rusia lo dice casi todo.

Sí ha mencionado Irán, aunque poco más que para soltar algunas amenazas vagas, dejando claro que no consentirá que tenga el arma nuclear. Mientras que hoy se vuelven a reunir en Ginebra delegaciones norteamericanas y persas con el objeto de alcanzar algún tipo de acuerdo, la acumulación de tropas y efectivos logísticos en el entorno de Irán prosigue, en una escalada en la región no vista desde la guerra de Irak y con una forma de actuación que se empieza a parecer demasiado a la que preludió la acción militar en Venezuela. Excesiva acumulación militar para luego no hacer nada. Las demandas norteamericanas sobre el régimen son tres, con una de propina; la renuncia plena al programa nuclear, el recorte masivo de su programa de misiles balísticos, el fin del apoyo a todos los grupos afines que desestabilizan la zona en nombre del chiismo y, ya de paso, la apertura democrática y la liberación de los represaliados por la dictadura. Teherán ha dicho varias veces que está dispuesta a mantener conversaciones sobre todos estos temas, pero que la acumulación de líneas rojas que suponen las condiciones norteamericanas hacen inviable un acuerdo. El gran asunto es todo lo que tiene que ver con el programa nuclear. Si recuerdan, en el verano pasado se produjo un ataque norteamericano contra las instalaciones de enriquecimiento de Natzan y Fordo. Se aseguró que quedaron completamente destruidas y que el plan iraní de hacerse con material radiactivo de alta graduación, por así decirlo, se había convertido en historia. Lo que vemos ahora es un desmentido de esa afirmación. Puede que las instalaciones quedasen dañadas, pero el programa sigue. Irán repite sin cesar que lo que busca es material para la generación de energía, y todo el mundo sabe que enriquecimientos por encima del 4% se hacen para lograr material para un arma nuclear, y esa arma, en posesión de los Ayatolas, además de supone un riesgo, sería su absoluta garantía de inmunidad, por eso del pánico que genera conocer la posesión de la bomba. A partir de ahí el juego de amenazas se ha ido sucediendo en la zona, junto con la pérdida progresiva de poder de Irán en la región a causa de las ofensivas israelíes, que han ido laminando la capacidad de Hamas, Hezbollah o lo que quedaba del poder chií en Siria. Nunca el régimen de Teherán ha estado tan acorralado como ahora, y las últimas revueltas, de principios de este año, sofocadas mediante un uso indiscriminado de la violencia por parte de las fuerzas paramilitares afectas al poder de los clérigos, han vuelto a demostrar que la cúpula del poder en Irán sobrevive gracias a su empleo de la fuerza y al ejercicio de la represión. ¿Tiene futuro el régimen? A priori no, pero ha demostrado que es capaz de todo con tal de mantenerse, a sabiendas de que su alternativa no es pasar a la oposición, sino al otro mundo. Por eso las conversaciones que se tienen ahora en Ginebra, que son importantes, pueden ser sólo un compás de espera antes de que se de un tipo de intervención militar norteamericana, con o sin apoyo de Israel, que precipite los acontecimientos.

En todo caso Irán no es Venezuela. Estamos ante un régimen mucho más poderoso y compacto, con estructuras militares y de gobierno bien establecidas, y la caída del líder no implicaría precisamente el desmoronamiento del poder establecido. Lo que sucedió en Caracas puede otorgar a los norteamericanos una falsa sensación de seguridad respecto a sus opciones militares contra los Ayatolas, pero sería caer en un error. Irán es una pieza de caza mayor, y son crecientes las informaciones de fuentes militares de EEUU que hablan de la dificultad de desarrollar una operación militar quirúrgica en el escenario persa. Parece que en unas semanas podemos salir de dudas. O no, ya se verá.

lunes, enero 12, 2026

Revuelta sangrienta en Irán

De entre las muchas cosas que están pasando en este inicio de año, las más esperanzadora y, probablemente, la más sangrienta, es la que está sucediendo en Irán. Allí, desde hace dos semanas, se viene registrando un alzamiento popular que ha ido cogiendo cada vez más fuerza, en medio de la opacidad de los medios occidentales, que sólo este fin de semana han decido poner sus ojos en el país. El origen de las revueltas era económico, por el disparo de precios tras la última pérdida de valor de la moneda local, lo que ha empobrecido aún más a la numerosa población del país, pero el movimiento ya es de lucha general contra la tiranía. Y puede vencer.

Irán es una dictadura teocrática islámica de corte chií en la que la libertad y los derechos humanos no existen desde hace décadas, sometidas al rigorismo de los clérigos, que han organizado un estado policial militar de notable eficacia a la hora de oprimir a su población, y más bien nula en lo que hace al desarrollo de la economía. Esta nación, obsesionada desde su dirigencia por el control regional y la lucha contra el satán occidental, ha desarrollado elementos militares controlados a distancia, proxys, en muchas de las naciones vecinas, siendo los más famosos Hezbollah en Líbano y Hamás en Palestina. A su entrenamiento y dotación se han destinado enromes cantidades de recursos que Israel ha destruido con saña a lo largo de 2025. Las derrotas sucesivas de Irán en esos frentes, y el ataque norteamericano a las instalaciones nucleares de Nathan y Fordo, llevaron el año pasado al régimen a uno de sus puntos más bajos, mostrando interna y externamente una debilidad que parecía no existir en el marco de la propaganda constante que sale de Teherán. Sus colaboradores entre nosotros, que no son pocos, y cobran más que la inmensa parte de la población de aquel país, también han contribuido a sostener al régimen y, probablemente, han forzado a que las revueltas que se han dado desde 202 reclamando libertada apenas tengan cobertura mediática y, desde luego, ninguna repercusión social. Bien está manifestarse a favor de los palestinos masacrados, pero no hay movilización alguna en contra de los iraníes masacrados, en este caso no por ningún otro país, sino por la fuerza bruta del propio régimen. Si la represión iraní es famosa en todo el mundo por su crueldad, ni les cuento lo que sucede en el caso de las mujeres, colectivo que allí es tratado con un desprecio casi talibánico. La mujer iraní lleva encarcelada en vida desde que triunfó la revolución chií, y a bien pocos les ha importado el sufrimiento que han padecido. Una de las anteriores revueltas en el país tuvo como detonante la detención, tortura y asesinato a manos del régimen de Masha Amini, joven iraní valiente que decidió quitarse el velo que la encerraba, y eso fue suficiente delito para que la policía de la moral le condujera a su tumba. Un acto de inmenso valor en una sociedad represiva hasta el extremo que provocó revueltas en la nación, reprimidas con saña, y una ligera movilización internacional, poco ruidosa, en la que las feministas occidentales apenas alzaron la voz ante una mujer que representaba, como pocas, su causa y su sufrimiento. Sí, lo de Irán da para varias indignaciones al día y ejercicios de hipocresía notables. Sin embargo, a pesar de la cobardía de occidente, la población del país lleva unos años en un contexto de agitación continua que se traduce en revueltas, represión, balance de daños y vuelta a empezar, con una cúpula del poder cada vez más encapsulada y blindada, con temor a perder su privilegiada posición. Las posibilidades de exilio de Jamenei y el resto de sus esbirros son escasas en un mundo en el que el chiismo es minoritario y la propia ceguera teológica que parece anidar en sus corazones les hace ver el martirio como última salida en el caso de que la represión no sea capaz de detener a las masas. Esto es lo que se dirime ahora mismo en las calles de Teherán y otras muchas ciudades del país, quizás con más fuerza e incertidumbre que nunca.

Que cayera el régimen de los Ayatolás sería una excelente noticia, pero eso es algo que sólo podremos celebrar si se produce, y si tras ello se da un proceso de consolidación de un poder que retome una senda de libertad y apertura. La oposición iraní está fragmentada y el hijo del Sha, que reside en EEUU, quiere representar una unidad que, en la práctica, no existe de una manera tan clara. La intención de Trump de atacar al régimen para apoyar la revuelta contribuye a oscurecerlo todo aún más y nos pone ante una situación volátil, peligrosa, en la que lo único seguro es que ya son muchos cientos, miles según algunas fuentes, los asesinados por el régimen en su intento desesperado por sobrevivir. En Irán se está haciendo historia, como suele ser habitual, con sangre.

martes, junio 24, 2025

Un final de guerra a lo Gila

Ayer por la tarde se produjo una aceleración, esperada, en la guerra de Irán con la respuesta persa al bombardeo norteamericano del sábado a sus instalaciones militares, pero lo que parecí al inicio de una peligrosa escalada acabó siendo una jugada amañada que todo el mundo quiso ver como una mera operación de lavado de cara del régimen. Un par de horas después de la represalia, la sensación general era que la guerra estaba ya acotada, y el mensaje de esta noche de Trump, declarando el armisticio entre Irán e Israel puede dar carpetazo a este peligroso enfrentamiento de una manera sorprendente, pero efectiva.

La verdad es que el contraataque iraní fue de chiste de Gila. Una hora antes de producirse, Teherán avisó a Qatar que iba a lanzar unos misiles sobre una de las bases norteamericanas que se encuentran en su territorio. Con ese espacio de tiempo y la localización precisa, o Irán planteaba una trampa o sólo buscaba un artificio. EEUU que se enteró a la vez, puso en marcha las contramedidas, y tras el disparo de menos de una decena de cohetes, logró interceptarlos plenamente, por lo que el acto agresivo no causó ni daños materiales ni bajas de ningún tipo. Unos caros y peligrosos fuegos artificiales sin consecuencias. Al conocerse el ataque se disparo el temor global, pero al poco tiempo se pudo ver que su magnitud era muy escasa para lo que se podía esperar, y los detalles del mismo, especialmente esa llamada en plan “¿Es el enemigo?. Ojo, que en un rato os disparamos, pero poco” dejaba claro que la idea de Teherán y de Washington era dejar las cosas así. En los primeros mensajes de Trump tras el ataque se daba las gracias al régimen de los ayatolás por su contención y aviso previo (sí, sí, agradecimiento al enemigo) y cundía la sensación de que estábamos ante un acto teatral en el que las partes se hubieran puesto de acuerdo para intercambiar una disputa que sirviera a ambas para lograr sus objetivos. El de EEUU, no involucrarse más en esa guerra, el de los ayatolás, mantener el pie su régimen y no volver a ser golpeados por la fuerza de unos EEUU ante los que nada pueden hacer. En todo este rato, si se fijan, no he mencionado a Israel, y es que me da la impresión de que Israel se ha quedado colgado de la brocha en su impulso militar. EEUU ha tenido que entrar en la guerra forzado por la postura de Netanyahu pero completamente a disgusto, un disgusto nada disimulado por las bases más extremistas del movimiento MAGA, que son las que soportan a Donald Trump, y para quienes todo lo que suceda fuera de las fronteras de su nación es algo que debe ser despreciado por defecto. Tras haber accedido a usar su armamento especializado contra las protegidas instalaciones nucleares persas, tiene pinta de que Washington dejó claro a su aliado israelí que eso era ya suficiente, que se acabó, que lo del cambio de régimen en Teherán es algo que ni le va ni le viene, que le da igual, porque entre otras cosas a Trump la democracia de los países, o su inexistencia, no le importa en absoluto. El mensaje suyo de esta noche anunciando un acuerdo de paz entre Israel e Irán y dando por concluida lo que ha llamado “la guerra de los 12 días” parece más bien el resultado de la imposición de su dictado a Netanyahu una vez que había acordado la represalia simulada de Teherán. Lo que pudo acabar siendo el inicio de una escalada muy peligrosa se convirtió ayer, en pocas horas, en un extraño bluf militar que desactivó gran parte de los riesgos que se cernían sobre la zona. La tarde, eso sí, fue muy movida y arriesgada en el tráfico aéreo global, porque los aeropuertos del golfo tuvieron que cerrar, y dado que muchos de ellos actúan ya como trascendentales hubs globales para todo tipo de conexiones la disrupción fue seria.

Un buen indicativo de que todo lo que les he contado es cierto es la cotización del petróleo ayer por la tarde. Tras los ataques de la madrugada del sábado, ayer llegó a niveles de unos 73 dólares el barril, en la referencia WTI norteamericana. Al poco de conocerse la respuesta iraní goteó al alza, pero en seguida comenzó un desplome de más del 7%, que se ha mantenido por la noche, y ahora se mueve en el entorno de 65,71$ el barril, más de un 10% por debajo de su cota máxima. Esa cotización refleja el desinfle de las tensiones, el acuerdo tácito que se veía entre los rivales y la bajada de riesgo global. De una manera extraña, lo de ayer puede a ver salido muy bien para todos. Ojalá sea así.