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miércoles, junio 17, 2026

Un G7 descafeinado en Francia

Estos días tiene lugar en Evian, Francia, la reunión del G7, foro de las principales economías del mundo, diseñado sin la presencia de China, por lo que es ya la expresión de un mundo no vigente, en el que las grandes naciones occidentales y Japón se juntan para tratar asuntos de gobernanza global, tanto económica como política. Durante los años de la gran recesión este foro, junto con su versión ampliada del G20, sirvieron para coordinar esfuerzos ante un problema, el financiero, que angustió a todo el mundo y requirió acciones conjuntas a varias bandas y naciones para tratar de contenerlo. Funciono. Visto lo visto, tuvimos mucha suerte.

Hoy los tiempos han cambiado, y los aires de cooperación que se vivieron en esos turbulentos años han quedado atrás. Estamos en un mundo de competición despiadada en el que las viejas alianzas han caído, empezando por la que mantenía unida a occidente, a lo largo de las dos orillas del Atlántico. Europa ha visto como su socio fundamental, EEUU, se aleja sumido en el caos de su política interna, llena de populismo y soberbia, mientras que es Asia, liderada por China, quien aspira a un relevo en la dirección del mundo, al menos en las cuestiones económicas. Si en ese campo las cosas están disputadas, en todo lo demás el unilateralismo se ha hecho fuerte, como lo demuestran la eternizada guerra de Ucrania o la relámpago de EEUU con Irán, donde no hay organismo multilateral alguno que pese a la hora de determinar lo que sucede en ambos escenarios. Rusia primero, EEUU ahora, se han erigido en naciones que ponen su soberanía por encima de los designios globales, y hacen uso de la fuerza sin ni siquiera cumplir el paripé de presentar sus problemas y demandas ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Antaño EEUU ya desarrolló guerras ilegales, con Irak en el recuerdo de todos, pero si recuerdan se produjeron varias vistas en la sede de la ONU en la que la administración Bush trató de convencer al resto del mundo del problema que veía y la solución que iba a imponer. No sirvió para ello, pero al menos se cumplía un protocolo formal que hacía mantener la apariencia de que la multilateralidad importaba. Habrá quine prefiera esta versión descarnada de hoy en día a la hipócrita del pasado, dado que ambas acaban en situaciones similares, pero en mi caso prefirió que haya un mínimo grado de formalidad para que los que no podemos recurrir a la fuerza al menos tengamos tiempo para ir planificando cómo responder (huir). ¿Qué conclusiones se pueden esperar de la reunión de Evian si EEUU ha mostrado su desprecio a todo lo que no sea sometimiento a los intereses trumpistas? Acude Donald al encuentro tras haberse conocido parte del texto del MoU que van a firmar este viernes Washington y Teherán, si no sucede nada imprevisto. Un acuerdo que es bastante humillante para las posiciones de EEUU, que certifica el fracaso de su intervención y los enormes costes que le ha supuesto su imprudencia, pero Trump lo venderá como un éxito rotundo. En las imágenes que se han visto de la cumbre el emperador deambula solo la mayor parte del tiempo, como aburrido, medio ausente, desubicado. Se le veía más en su salsa junto al ring que se autoregaló en los jardines de la Casa Blanca por su cumpleaños. Se han visto algunos intentos de conciliación por parte de dirigentes europeos ante Trump, especialmente del canciller alemán Mertz, pero es patente la frialdad que existe entre Trump y Macron, anfitrión del encuentro, que mantiene una pose sonriente que no oculta su incomodidad cada vez que está cerca del mandatario norteamericano. La retahíla de comentarios despectivos que ha tenido que escuchar, él y el resto, por parte del dirigente de EEUU, lo dicen todo, y los europeos saben que los halagos a Trump lo moderan, lo alegran como el niño mimado que es, pero que no evitarán la pataleta a los pocos minutos si no sigue teniendo el juguete que desea en las manos. Sólo el poder efectivo, como el que es capaz de ejercer China, amilana a Trump, y los europeos carecemos ya de esa capacidad de persuasión, mejor dicho, coerción.

Aunque se han producido avances en el respaldo a Ucrania y Zelensky ha sido recibido por Trump con formas presentables, la verdad es que pocos esperan resultados prácticos de esta cumbre. El G7 está fracturado entre EEUU y el resto, con China como el ausente decisivo que cada vez condiciona más, y el núcleo europeo del foro se debate en cómo sobrevivir en un mundo inseguro, en una economía proteccionista, en un escenario tecnológico en el que la IA y otras herramientas no radican en sus fronteras y con costes energéticos y de seguridad crecientes. Muchas sonrisas de cara a la prensa, con ambiente de glamour francés, pero poco contenido y demasiadas dudas.

jueves, mayo 14, 2026

Cumbre Xi Trump

Hoy comienzan las reuniones de Xi Jinping y Trump en el marco de la visita del norteamericano a Beijing. El agente naranja se ha hecho acompañar de un séquito en el que se incluyen luminarias como Musk, Cook (CEO de Apple) o Larry Flink, CEO de Black Rock, la mayor gestora de activos del mundo. Es un encuentro entre dos emperadores que ansían la supremacía global, encarnada desde hace décadas en Washington, pero amenazada cada vez con mayor descaro por Beijing, en un proceso de ascenso chino que, pese a sus problemas, por ahora no parece tener freno. Saldrá de ahí lo que ellos decidan y sus desacuerdos, y el resto, empezando por los europeos, acataremos y no se nos tendrá en cuenta para nada. Así es el mundo de hoy.

Los temas de debate son amplios, complicados y con numerosos puntos de fricción. El que ha surgido como último es el relacionado con Irán, aliado de China, y Ormuz, donde Trump acude como jugador de una partida en la que no va ganando, y el bloqueo del petróleo del golfo supone un agobio más para Asia que para EEUU, pero hay otros asuntos de fondo, de largo recorrido, que serán tratados. Está el tema de la guerra comercial, los aranceles que EEUU le ha impuesto a todos los países, obviamente también a China, y que Beijing trata de salvar con el mantenimiento de la cotización del yuan por debajo de lo debido (recordemos, no es convertible en mercados) y la subvención encubierta a sus productos que inundan los mercados globales, y sino dese una vuelta por su calle y cuente el número de coches chinos, de los que apenas sabía nada. Puede haber un acuerdo en este tema si se alientan opciones de inversión mutua, tanto industriales como financieras, pero ahí la disputa es intensa. Otro gran tema de discusión es la IA, la carrera tecnológica en la que ambas naciones están invirtiendo recursos a lo loco, con una ventaja competitiva actualmente por parte de EEUU frente a los modelos “low cost” chinos, y con las restricciones a la exportación de chips de última generación a Beijing por parte de Washington, en una medida que puede no haber funcionado como se esperaba. China ha respondido habitualmente a todo este tipo de sanciones con la amenaza, a veces llevada al efecto, de restringir sus exportaciones de tierras raras, fundamentales para el desarrollo de productos de alta tecnología y de carácter militar, de las que EEUU es muy demandante y dependiente. Uno le tiene pillado al otro con los chips, el otro a uno con los minerales, por lo que ambos saben que no pueden hacerse demasiado daño sin sufrir mutuamente más de lo que pueden aguantar. Realmente China es el único país que puede llevar la contraria claramente a EEUU, dado que su dependencia de seguridad respecto a Washington es nula, y EEUU sabe que las presiones que ejerce al resto de naciones, presuntas aliada o no, sólo serán respondidas de con amenazas creíbles desde China. Puede parecer que la situación actual es de tablas, pero la mayor parte de analistas recalcan que las desquiciadas decisiones que está tomando Trump en su segundo mandato hacen que EEUU afronte este momento desde una posición de debilidad. Arrasando con sus alianzas de seguridad y comercio, deteriorando su imagen global, empantanado en el golfo, los errores de EEUU son un regalo para una China que se quiere presentar ante el resto del mundo como fiable, asertiva, deseosa de hacer negocios y sin afán de inmiscuirse en las cuestiones internas del resto de naciones. A la dictadura de Beijing le interesa mantener el control sobre su población, pero parece darle igual lo que pasa en el resto del mundo, siempre que compren sus productos. Ese mensaje amable contrasta con la fiereza naranja, y en medio del caos, la competitividad china crece y crece.

Taiwán va a ser otro de los temas que estarán sobre la mesa, y no se descarta incluso que EEUU, en su política actual de desentenderse de la seguridad de quienes han sido sus aliados de toda la vida, se avenga a un pacto que acabe concediendo a China la soberanía de la isla, que ansía por encima de todo. En el contexto de la seguridad de Asia Pacífico, sin guerras abiertas como en Europa, los antiguos socios de EEUU contemplan como China crece militarmente sin freno y Washington se repliega entre insultos y exigencias. Hoy y mañana serán días muy importantes para todos, días en la mano de dos emperadores.

Mañana es fiesta en Madrid, subo a Elorrio y me cojo el lunes festivo, así que nos leeremos el martes 19, tras más frío y lluvia.

martes, mayo 05, 2026

Americanos en retirada

Muchos son los pilares que sostienen al ejército de EEUU, y lo convierten en el más poderoso jamás conocido. Su personal, el empleo incesante de la tecnología más avanzada, una dotación de medios apabullante, unos cuadros de mando formados de manera moderna y rigurosa, un presupuesto descomunal… la lista es larga, y cada una de las piezas que podamos añadir resulta determinante. Como en toda maquinaria, una de ellas rota supone un problema para el conjunto del sistema, y en el caso de la defensa, o ataque, que de eso va el ejército, un problema es un paso claro hacia el fracaso. Todo debe tenerse lo mejor engrasado posible.

Las bases que EEUU tiene en el resto del mundo son uno de esos puntales, a los que no se les presta especial atención, pero resulta determinante. En cada momento del año son decenas de miles, cientos, los soldados de EEUU que están fuera de su país en las bases que el Pentágono tiene por todas partes, cubriendo la mayor parte de la geografía global. Estas bases ejercen un poder de disuasión en sí mismas, es verdad, pero sobre todo, son la punta de lanza logística que permite al ejército del país poder operar en todo el mundo de manera eficaz. Suponen un acopio de provisiones, suministros, munición, combustible, etc, que hace que aviones que partan desde el territorio norteamericano puedan ejercer las tareas asignadas en cualquier parte del mundo en cualquier momento, a sabiendas de que es esa rede de bases la que les va a permitir reabastecerse de queroseno, de armamento, o de lo que sea, no quedándose tirados en el camino. Como si fueran portaviones inmensos, que no se mueven, sino que están varados en un punto concreto del globo, las bases actúan como elemento imprescindible para proyectar la fuerza que el ejército es capaz de desplegar, y se convierten en un elemento decisivo cuando se pasa de las palabras a los hechos. Es impensable la realización de operaciones como las que ahora están sucediendo en Irán sin la red de bases que proporcionan cobertura logística a todo el despliegue de fuerzas militares. La negativa de algunas naciones a prestar el uso de sus bases compartidas para esta guerra, como ha sido el caso de España o Italia, ha obligado al Pentágono a rediseñar sus rutas de suministro, a alterar los planes logísticos, pero con la red de bases de que dispone la situación se parece mucho a la del metro de una ciudad, en la que el cierre de una estación por obras supone un incordio, pero el mallado de la red permite el diseño de caminos alternativos, de tal manera que las cosas no funcionan con fluidez plena, pero lo hacen de manera efectiva, y el problema se solventa. Por eso, mantener esa red de bases y alcanzar acuerdos de colaboración con las naciones en las que se sitúan es primordial. China lo sabe, y esa estructura es una de las patas de las que no dispone su ejército, que está diseñando asentamientos en África para convertirlos en protobases, por así decirlo, dentro de los contratos de inversión civil que patrocina en muchos de los países de la zona, pero es evidente que carece de esa red, y de su inmenso poder de proyección. Beijing lo sabe, y es consciente de que, por mucho que su ejército crezca, no deja de ser un poder regional, incapaz de actuar en naciones situadas lejos de su vecindad. Puede llegar a convertirse en el hegemón regional, es a lo que aspira, a ser un rival insuperable en su área de influencia, pero conoce sus limitaciones y la imposibilidad de proyectar un poder militar global si quiera mínimamente comparable al norteamericano. En esto los EEUU han jugado muy bien su estrategia en el largo plazo, y han creado una estructura inigualable, tanto por su poder como por su extensión planetaria. Son los únicos que pueden actuar en todo el mundo en un momento dado.

Por eso, decisiones como las de Trump de retirar soldados de sus bases europeas por el berrinche que ha cogido tras la negativa de esos países de colaborar en la desnortada ofensiva contra Irán, además de ser otra muestra del infantilismo de su persona, es uno de los mayores daños que puede hacer a la propia capacidad militar de su país. Esas bases son joyas que deben ser mimadas, porque su papel logístico es de una importancia abrumadora. Desmantelarlas, reducirlas, abandonarlas, sería ir minando una red hasta el punto de que ya no pudiera ser operativa. Eso, el sueño dorado de la mayor parte de los enemigos de EEUU, es lo que el desquiciado de Trump está ejecutando en cada una de sus órdenes. Ver para creer.

viernes, febrero 13, 2026

La no seguridad europea

Hoy comienza en Munich la conferencia de seguridad, el principal encuentro anual en el continente en el que, a lo largo del fin de semana, analistas, dignatarios, empresarios y todos lo que son algo en el juego de poder continental se reúnen en la localidad bávara para debatir sobre las cuestiones más candentes. El año pasado la conferencia tuvo lugar apenas tres semanas después de la toma de posesión de Trump en su segundo mandato, y acudió a ella el ya vicepresidente JD Vance, que abroncó a todos los europeos en un discurso que hasta hizo parecer soleada a una de esas típicas jornadas brumosas alemanas.

Este 2026, con el primer año de mandato de Trump ya transcurrido, el ambiente será lúgubre. Europa va despertando poco a poco de su ensoñación y se encuentra ante un escenario en el que no ya la rivalidad, sino directamente la confrontación, le rodea. EEUU ha optado por el ejercicio de un imperialismo sin restricciones basado en su inmensa fuerza militar y un espíritu nacionalista que se ha hecho con el poder. La alianza trasatlántica se resquebraja y, en la práctica, existe sólo en el papel. Los mensajes que surgen desde Washington dejan cada vez más claro a las naciones europeas que la subcontrata de seguridad que tenían apalabrada ya ha caducado. Por el este, Rusia sigue su ofensiva contra Ucrania sin descanso. Apenas avanza en el frente, pero destruye sin cesar infraestructuras y viviendas en la nación atacada, y en este invierno duro que estamos viviendo la situación de la población civil atraviesa una de sus mayores penurias, con semanas de temperaturas bajo cero y cientos de miles de personas sin calefacción ni nada parecido. No se tiene constancia de cuánta gente puede estar muriendo en sus casas en medio de esta tortura helada, pero es de esperar que no se sean pocas. Rusia ve con alborozo como los intentos de negociación auspiciados por EEUU se han ido convirtiendo en un ejercicio de extorsión coordinado entre Moscú y Washington, en el que Putin no cede absolutamente en nada, Trump abronca con regularidad a Zelesnky y los ucranianos ven que sus únicos aliados reales, los europeos, se encuentran cada vez más divididos y a merced de unos acontecimientos que no controlan. El 22 de febrero se cumplirá el cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa y la guerra no cesa, sus daños siguen creciendo y la herida humana en el este ya es inimaginable. Mucho más al este, en oriente, China observa todo lo que sucede con algo de nervio ante su irracionalidad pero, también, con deleite, al comprobar como las políticas del magnate hunden la imagen de la nación en el mundo. Sus problemas internos quedan opacados por el salvaje espectáculo que despliega cada día Trump desde una desprestigiada Casa Blanca, y aprovecha cada una de las renuncias que EEUU realiza para ocupar espacios, especialmente económicos. La invasión de productos chinos en todo el mundo ya no es sólo lo que se vende en los bazares del viejo “todo a cien” sino que empieza a copar sectores de alto valor añadido como la automoción, las industrias de todo tipo y la tecnología. China inunda Europa con sus productos y lleva a las empresas locales a un dilema de rentabilidades inasumibles, que les abocan o a la reestructuración o al cierre. China ve a Europa débil, se desentiende de sus problemas geopolíticos a la espera de lo que pueda sacar de ellos, echando en todo caso una buena mano a Rusia, y sobre todo, hace negocio sin cesar con los consumidores europeos como buenos compradores de sus productos.

Este es el escenario general al que se enfrenta la seguridad europea, al que se deben añadir factores relevantes como la inestabilidad generalizada de muchos de sus gobiernos, los populismos crecientes, la gestión de la inmigración, el envejecimiento de la población…. Europa se enfrenta a un policrisis, en parte por su culpa, en otra parte por agresiones externas, a la que debe hacer frente de manera unificada, sabiendo que su proyecto corre un riesgo existencial de seguir las cosas así. Como mínimo, lo que se diga este fin de semana en Munich será muy importante.

Este fin de semana subo a Elorrio y me cojo dos días. Nos leemos, si no pasa nada raro, el miércoles 18