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jueves, junio 25, 2026

La ciega soberbia

Se que me repito, a todos nos pasa, pero más a los que no callamos. Lo que no está en Homero o en la Biblia lo teatraliza Shakespeare o lo novela Cervantes. En Macbeth las tres brujas comen la cabeza al noble escoces, le hacen creer que él es el mejor y le anticipan su reinado, y preso de codicia, con el inestimable apoyo de su esposa, comienza una carrera de sangre y destrucción hasta lograr el soñado poder, desde el que ejercerá con la misma ira con la que llegó, y así cavará su tumba. La historia que se relata en la obra es la de un fracaso absoluto, la de la destrucción de un reino por las ambiciones de una persona. Los hay que prefieren ver un relato de heroísmo, pero no es así. Es una advertencia ante el peligro de creerse el poder.

Sánchez ejemplifica bastante bien el relato shakesperiano, trasladándolo a unos tiempos modernos en los que la liquidación de los adversarios políticos no pasa por su ejecución en la plaza público o por el sombrío asesinato en las alcobas. Llegado a la secretaría general del partido y a la presidencia del gobierno de una manera rupturista frente a los usos de la democracia española, se ha mantenido en el poder a base de mentir sin tapujos durante años, prometer cosas que nunca se cumplirían y traicionar a propios y extraños con el único objetivo de ser él el que se mantenga en el poder. A lo largo de este tiempo la figura de su gobierno se ha ido desdibujando, el mensaje socialdemócrata, que sirvió como trampantojo para enganchar al electorado, se ha travestido en mero culto al líder y su partido se ha ido jibarizando hasta convertirse en poco más de una secta de acólitos al que manda que ya no son capaces de hacer nada sin su permiso y que viven completamente desconectados de la realidad. Los constantes casos de corrupción que afloran desde hace tiempo en el entorno del presidente, sea cual sea el punto al que miremos, son tratados por él como algo ajeno, similar a fenómenos meteorológicos que se suceden en el cielo ante los que no hay responsabilidad alguna que se pueda achacar a quien lo dicta todo. Es precisamente la naturalidad con la que Sánchez miente sin cesar lo que ha destruido la credibilidad del personaje en el conjunto de la sociedad española, que en un momento dado lo recibió como un regenerador tras la estela de corrupción que arrasó el PP de Rajoy. Coincidía su llegada con las ascuas aún bien calientes del movimiento 15M, una llamada social a la regeneración del país que unos aprovecharon, otros desperdiciaron y, los más, exprimieron para su propio beneficio. Sánchez tuvo mucho olfato para detectar el sentimiento que existía cuando se embarcó de camino al poder, y desde entonces mantenerse en él ha sido su único objetivo, una obsesión que no logro entender, que se ha transformado en la destrucción del personaje y su marca a lo largo y ancho del país, de una manera que resulta tan obvia que sólo los que sigue cobrando gracias a él son capaces de combatir, como buenos empleados que son. El acto parlamentario que se vivió ayer, que vi de manera resumida por la noche, no fue sino la enésima reiteración de los comportamientos ya conocidos. Un sujeto soberbio hasta el extremo que se presenta ajeno a toda mancha que le rodea, una oposición cargada de razones pero que no logra construir el argumentario debido y unos socios de gobierno que sigue hundiéndose en la irrelevancia a cambio de las elevadas nóminas que ocupan en los cargos que, lo sabe, perderán el día en el caiga el gobierno, y, lo saben, al contrario que las oscuras golondrinas, no volverán. Un conjunto de mediocridades reiterativas en la sala de plenos del Congreso, en otro ejercicio de devaluación de la Cámara, uno más. En cierto modo, es algo coherente, dado el desprecio con el que Sánchez trata las instituciones que se diseñaron para limitar el poder, para deliberar, para frenar las ansias de quien se cree por encima de todo.

Con un estilo muy distinto, con formas opuestas, Sánchez es un presidente muy trumpista, muy en la línea de creerse por encima de todo y de todos que se estila en la Casa Blanca desde que el populista naranja se hizo con ella. Sánchez no se caga en los muertos de nadie, ni insulta sin cesar (Óscar, el indeseable, Puente sí) pero comparte el desprecio a la democracia como sistema de contrapesos y de limitaciones. Si el presidente soy yo, ¿quién me va a limitar? ¿Acaso no tengo derecho a hacer lo que me venga en gana porque mando yo, y sólo yo? Más de un pelota, bien remunerado, aún queda en los pasillos de Moncloa y en no pocos medios reiterando los síes fieles a estas preguntas cuando su líder se las hace. No esperen que Sánchez dimita, aunque se vea envuelto en causas corruptas que le afecten a él mismo. Nunca lo hará.

lunes, marzo 23, 2026

Desgobierno absoluto

En la reunión especial del consejo de ministros del pasado viernes, en la que se aprobaba el Real Decreto de medidas de urgencia con motivo de la guerra de Irán, tuvimos un “deja vú” de lo que se vivía en la época pandémica cuando se celebraban reuniones extraordinarias para aprobar medidas semana a semana. Si recuerdan, esos consejos se anunciaban para el viernes por la mañana, no empezaban antes del viernes por la tarde y, ya de noche, a veces de madrugada, se publicaban en el BOE lo que se había acordado tras horas y horas de bronca interna que evidenciaba la fractura del gabinete. Era bastante patético.

Bueno, pues algo así tuvimos este viernes. La rueda de prensa para anunciar lo acordado se retrasó más de dos horas porque ese es el tiempo en el que los ministros de Restar estuvieron ausentes de la reunión, plantados sin entrar a ella. Al parecer sí había consenso entre todos los miembros del gobierno sobre el grueso de las medidas, muchas de ellas vilipendiadas hasta horas antes de la reunión por los portavoces oficiales y mediáticos del ejecutivo, al ser bajadas de impuestos propuestas por el PP, pero los de Restar querían incluir entre las medidas toda la batería relacionada con los alquileres, las prórrogas y congelación de los contratos que se mantienen de manera excepcional. Sabido es que Junts, esa formación tan de izquierdas y progresista con la que Sánchez mantiene una enamoradiza relación, no va a aprobar ninguna norma en el Congreso que suponga intervenir más el mercado de los alquileres, por lo que desde el sanchismos e enfatizaba que incorporar eso en el decreto de medidas económicas supondría casi seguro la garantía de que no iba a ser ratificado por el Congreso. Finalmente, tras el enfrentamiento, se optó por una solución absurda, que es la de crear dos decretos. Uno, con las medidas económicas energéticas, que es casi seguro que será respaldado, y otro con el paquete exigido por Restar, que casi con la misma seguridad que en el caso anterior será rechazado por el Congreso. En la rueda de prensa en la que se explicaron las medidas acordadas, Sánchez calificó de “salseo” la muestra evidente de ruptura que se vive en su gabinete, la incapacidad de mostrar una unidad, aunque sea falsa, en la mesa del consejo de ministros, y la evidencia de que la campaña electoral para las generales ya está en marcha, sean cuando sean. Los ministros de restar, que ya han vendido toda la dignidad que pudieron llegar a tener a cambio de puestazo y salario, y que viven a crédito desde hace mucho tiempo, saben que nunca, salvo mayúscula sorpresa, van a volver a ostentar cargo de representación tan significativos y tan bien remunerados. Nunca van a tener nóminas como las de ahora, y eso les importa mucho más que su propia dignidad o la formación política a la que dicen pertenecer. Elección tras elección las marcas de eso que se llama la izquierda de la izquierda, a la izquierda de la izquierda del PSOE, que supongo se puede llamar extrema izquierda de la misma manera que lo que está a la derecha del PP se llama extrema derecha, cosechan resultados más decepcionantes, hasta el caso de las últimas elecciones, las de Castilla y Léon, donde directamente no han obtenido representación. La habitual fragmentación con la que se presentan, las constantes rencillas sobre la pureza ideológica de unos grupos en los que el carácter dogmático se impone ante cualquier otra premisa, y la incompetencia manifiesta demostrada durante su acción de gobierno han acabado con la estrella que alguna vez pudo brillar en ese espectro ideológico, y ahora, los más pusilánimes buscan aventuras fuera de la política y los que más se han acostumbrado a la vidorra que les proporciona un escaño tratan como sea de mantenerlo, no vaya a ser que tengan que trabajar alguna vez. Porque ya se sabe, el que más defiende al trabajador sabe muy bien hasta qué punto es de pringados trabajar, y eso es lo último que quiere para sí.

La división del gobierno y la decadencia de Restar, con sus batallas internas abiertas, pone al actual ejecutivo en la tesitura de ser poco más que un trampantojo, como siempre al servicio de su sanchidad, pero sin capacidad operativa real. Con una oposición necia que no es capaz de alcanzar las cifras para una moción de investidura, el presidente sigue día a día al frente de un cargo que no ejerce, pero que engorda su infinito ego. Su partido sigue el proceso de demolición que se acentúa en cada cita electoral y la vida política nacional se convierte en una cutrez de dimensiones épicas, de la que huye cualquiera que tenga dos dedos de frente. Con estos mimbres afrontamos lo que pueda llegar del desquiciado exterior.

jueves, marzo 05, 2026

¿Nos puede boicotear EEUU?

Lo más relevante de la declaración plasma de ayer de Sánchez, sin periodistas, sin preguntas, sin nadie, en medio de la soledad de la sala de prensa de Moncloa, ejerciendo un presidencialismo autoritario que no le corresponde, fue que abre una probabilidad, por ahora pequeña, para que se adelanten las elecciones generales a este año, una vez que los gurús del presidente han encontrado en el “No a la guerra” un lema para, creen, movilizar a los suyos, que se mueven tras el desastre de gestión de la actual presidencia. ¿Acabará dándose esa carambola de elecciones conjuntas en Andalucía, Cataluña y generales? Sigue pareciéndome muy complicada, pero ya no es descartable.

Yendo a lo que importa, ¿nos puede bloquear comercialmente Trump, como amenazó hace un par de días? La respuesta rápida y convencional es que no, pero con el ególatra supremo ya se sabe que hay pocas cosas convencionales. Nuestro gobierno ha usado la ley de manera correcta al no permitir el uso de las bases conjuntas para el actual ataque a Irán por entender que no es una actuación legítima, de la misma manera que convirtió en legal el ataque que, con el apoyo de esas bases, se dio en verano, también sobre Irán. En todo caso, la posición de denegar el uso tiene respaldo con el convenio suscrito entre EEUU y España en la mano. El cabreo de Trump ante esta decisión se puede traducir en palabras, como las de hace dos días, o en hechos, aún no realizados. Las políticas comerciales de España son soberanas, pero con una “s” pequeñita, dado que muchas de sus competencias están transferidas a la UE, que es la que tiene la capacidad para firmar tratados. En este caso nosotros vamos con el resto de socios europeos, y cuando empezó el lío de los aranceles ilegítimos del año pasado, los que ha tumbado el Supremo de EEUU hace un par de semanas, la Comisión le recordó a EEUU que no podía dictar normas distintas a las naciones de la UE, que todas debieran ser tratadas de igual manera. Esto es lo que dice la ley. ¿Puede saltarse Trump la ley? Sí, lo hace con frecuencia, y ese es el problema máximo. Desde que dijo esas palabras todas las empresas y los que trabajan en las relaciones comerciales con EEUU están agobiados, porque saben que la seguridad jurídica con la que se han desarrollado esas relaciones en las últimas décadas se ha derrumbado. Donde antes había reglas claras ahora dicta la voluntad de un sujeto que decide de manera arbitraria y son argumentos. En números, en los últimos años la balanza comercial con EEUU se ha ido deteriorando porque hemos aumentado nuestras compras de energía, especialmente desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, de tal manera que ya es uno de nuestros principales suministradores de petróleo y gas natural licuado. Eso hace que ahora el déficit comercial con ellos supere ampliamente los 10.000 millones de dólares. Es decir, EEUU gana dinero en sus relaciones comerciales con España, no le conviene reducirlas, aunque sea por un mero interés financiero. Nuestras exportaciones allí se centran en maquinaria, servicios industriales y de consultoría (sector importante en el que hemos ganado mucha cuota de terreno desde hace años) y, claro, la agroalimentaria. Este último sector es el que más ha sale en los medios cuando se habla de este tipo de problemas. Bodegueros, fabricantes de queso, jamones y demás productos, especialmente los de alta gama, tienen en EEUU desde hace tiempo un mercado que compra con firmeza sus productos y de donde saca unos márgenes nada despreciables. Desde el inicio de Trump 2, esto se ha resentido notablemente, tanto por los aranceles famosos como por la creciente sensación de inestabilidad. Vender allí se complica cada vez dada la actitud hostil de la administración, que no la de los clientes, que son los perjudicados por las subidas de precios. Es de esperar que este clima confuso, lejos de mejorar, se enturbie aún más.

El problema de fondo, que Sánchez no es capaz de ver y que el resto de naciones europeas no quieren admitir, es que el país más poderoso del mundo, dotado del mejor ejército, ha decidido actuar de manera unilateral en nombre de lo que se supone son sus intereses, aunque realmente sean sólo los de Trump y la camarilla que le rodea. Un mundo de reglas y acuerdos, sostenido por la voluntad y fuerza de EEUU, se derrumba ante nuestros ojos, demolido precisamente por aquel que ha contribuido a crearlo. Ante esto, las actitudes de países de segundo o tercer nivel, como somos nosotros, pueden resultar pueriles y ser castigadas de una manera desproporcionada. ¿Cómo gestionar este escenario? Ni la más remota idea.

martes, diciembre 16, 2025

Enajenación

La historia demuestra que el poder es como el alcohol, algo que apenas deja inmune a quien lo prueba. La borrachera de poder se traduce, entre otras cosas, en una egolatría desatada que hace que el gobernante pierda poco a poco el contacto con la realidad y se crea un mundo fabricado en su mente, un mundo que puede ser relativamente real en su entorno, donde quienes habitan dependen de él para seguir y no hacen otra cosa que adularle para mantener en pie sus privilegios sociales o económicos. Siempre llega el momento en el que ese castillo imaginario se derrumba, a veces de manera suave, no pocas con estrépito y furia.

La comparecencia de Sánchez de ayer, adelantada con respecto a lo habitual para, muy probablemente, librarse de dar explicaciones sobre el resultado del PSOE en las elecciones extremeñas de este próximo domingo, fue un ejercicio perfecto de esa irrealidad en la que vive el gobernante encastillado en su fortaleza, ajeno a lo que pasa fuera. La mayor parte de los presentes en el acto cobran un excelente sueldo mensual por loar a quien estaba subido en la tribuna, y casi lo mismo se puede decir de no pocos de los que acudieron al evento en calidad de lo que antes se llamaba periodista. Un discurso el del presidente evasivo, en el que empleo varias veces esa nueva fórmula, inventada por el departamento de comunicación y propaganda de Moncloa, que consiste en decir que se asumen responsabilidades por las cosas que pasan, pero no se hace absolutamente nada. Un nuevo juego de prestidigitación basado en palabras huecas, falsas, que no dicen nada. A la catarata de escándalos, tanto de corrupción económica y política como de encubrimiento de acosos sexuales, la respuesta del líder consiste en decir que nada es culpa suya, que si ha habido fallos otros serán los responsables, y que, en todo caso, fuera de la organización que el preside con autoridad extrema, las cosas son mucho peores. Nulos ceses, nada de dimisiones, todo es maravilloso y cada elección futura se convertirá en el abrumador respaldo de la sociedad española al mejor dirigente que en su historia ha habido, él mismo, por si tenían alguna duda. Fuera de ese recinto, de ese grupo de personas subvencionadas que contemplan con pánico la posibilidad de que se les acabe el chollo del que viven, y que su tren de vida descarrile al estilo de las Cercanías de RENFE que ya nunca pisan, el país vive ajeno a las palabras de un mandatario que ha resultado ser, para muchos, uno de los mayores fraudes de la historia moderna. Un excelente vendedor, genio del marketing, que subido a la ola de escándalos y fracasos de un PP noqueado, consiguió montar un discurso que aunó muchas voluntades en la idea de una regeneración, modernidad y cambio de estilo, que se han demostrado la pantalla perfecta para que la corrupción se mantenga en muchas de las instituciones y procedimientos administrativos del país, sin sonrojo alguno. Sánchez ha sido una maestro en eso que ahora se llama el uso de la realidad alternativa, convertir en verdad, a fuerza de machaqueo mediático, lo que para él, en cada momento, conviene que sea la verdad. Lo que era inconstitucional e imposible el martes por supuesto que es plenamente legal el miércoles, y así todo el día, de fracaso en fracaso, manteniendo el puesto de la presidencia del gobierno a pesar de las derrotas electorales y del incumplimiento de unos compromisos que han mostrado el nulo valor de su palabra. Sánchez ha inaugurado una nueva manera de hacer política en España que es nefasta, y que tras su marcha, me temo, otros emplearan, porque si el objetivo es permanecer en el cargo, es evidente que le ha funcionado durante no pocos años. Abrir esta espita en el paisaje político nacional, la de la destrucción absoluta de la verdad por mera conveniencia personal, es un peligro. Será una de las peores herencias que nos deje.

Curiosamente, aunque dicen mantener posiciones ideológicas muy distintas, en esto Sánchez y Trump son muy similares. Ambos tienen un problema de egolatría absoluta, de narcisismo desatado, de necesidad de ser los únicos a los que el resto del mundo deba prestar sus ojos, y para ello no dudan en mentir, manipular y usar todas las herramientas a su alcance para corromper la legalidad en su propio beneficio. Su personalidad es lo único que les domina, carecen de empatía para el resto de sus semejantes, y son peligrosos para sus sociedades. Dado el poder que maneja, el peligro que supone Trump es, evidentemente, mucho mayor, pero nuestro sociópata particular al mando no es poca cosa, no.

martes, junio 17, 2025

El ególatra se atrinchera

Bienaventurados los ingenuos que pensaban que, tras su fin de semana de reflexión en Quintos de Mora, Sánchez tomaría algunas medidas realmente efectivas contra la corrupción y respondería al clamor que, asqueado por las prácticas de su entorno y partido, exigen limpieza, responsabilidades políticas y dimisiones en cascada, empezando por la suya. Si algo vimos en la época de Bárcenas es que la dirigencia de un partido puede llegar a extremos absurdos para tratar de ocultar lo obvio. Pensábamos que aquella escena de Cospedal del despido en diferido era insuperable, pero no, Sánchez ha logrado escalar un peldaño más en el escaqueo de la responsabilidad por la corrupción. Era difícil, pero para el ególatra no hay reto pequeño.

Sánchez salió ayer ante los medios atacando, tras la patética comparecencia del jueves. Sólo le faltó mostrarse orgulloso de los suyos, de los muy suyos, de toda esa panda de puteros y ladrones que le han escoltado a lo largo de toda su carrera política. Echó balones fuera, vio la corruptela ya juzgada en el ojo ajeno, pero se escaqueó miserablemente de la propia, y en un ejercicio de cinismo absoluto dijo representar a los millones de personas que no quieren un gobierno de la oposición, cuando por su cargo debe representar a todos los españoles, a los que votan y a los que no. Su sectarismo quedó tan retratado como su psicopatía personal. Admitió implícitamente que, de haber elecciones, las perdería de calle, porque dijo que no se podía dar la oportunidad a la derecha de acceder al poder, lo que es una muestra de asunción de la minoría social en la que se encuentra ahora mismo, y, también, de la prevaricación continua que realiza el CIS cada vez que, con dinero público, se inventa encuestas electorales en las que Sánchez es alabado hasta allí donde no se presenta. Toda la comparecencia fue un vulgar mitin sin el más mínimo acto de contrición, sin rastro alguno de la pena falsamente fingida el jueves en su lamentable actuación, todo fue rabia, enfado, miradas torvas, ausencia de culpa en sí mismo y, en todo caso, algo en otros. Nada en él. Su autoproclamación como capitán dejó a las claras que el partido y el gobierno son suyos, y hasta el último día que pueda ejercer el poder, lo hará a su forma, de manera autoritaria, secreta, sectaria y rencorosa. La fuga de la realidad del personaje sólo es comparable al ego que posee y a las ganas constantes de venganza respecto a todos los que no le adoran que le inflama continuamente. Supongo que desde ayer empezarían a darse llamadas desde Moncloa a los miembros del equipo de opinión sincronizada, antaño se hacían llamar a sí mismos periodistas, para que vuelvan al redil, rebajen el enfado mostrado desde el jueves y se sometan ante quien deben y, casi seguro, les paga. La idea de que tres pillos de poca monta han sido los corruptos en una organización limpia y se han ocultado a la bondadosa vista del líder es tan increíble como imaginarse a Jésica recatada en una fiesta, pero seguro que los más fieles que rodean al ególatra en Moncloa, los que más cobran del dinero público que allí se dilapida, son tan entregados a la causa que logran vencer alguna voluntad, cuotas hipotecarias sufragadas mediante, para que la causa del gran líder de la social democracia occidental pueda seguir viva. Como el apagón de hace un par de meses, seguro que se intenta acabar convenciendo a la gente de que no sucedió nada, de que no hubo mordidas, grabaciones, putas, chanchullos y demás cosas abálicas o cerdanescas, si se me permiten los términos. Se buscará ocultar en montañas de propaganda barata lo que está ante los ojos de todo el mundo, y se confiará en el calor del verano, las vacaciones y la cesión ante nuevos chantajes de los socios sediciosos para dar la ilusión de que las cosas están bajo control y siguen su curso con normalidad. Recuerden, como la mierda del sálvame felizmente fracasado de TVE, todo financiado con el dinero de sus impuestos, y de los míos, con el mismo dinero con el que Cerdán y medio sanchismo se forraban y pagaban sus orgías. Con ese dinero que a usted y a mi se nos extrae sin conmiseración alguna pretende Sánchez cubrir sus vergüenzas y alimentar a los lacayos que le laven la cara.

Pues no, no y no. Sánchez, aunque no quiera verlo, está muerto. Su descrédito ante la sociedad es enorme, e incluso en el mundo sectario en el que se han convertido los partidos, su figura cotiza a la baja en un PSOE herido gravemente que debe escoger entre su supervivencia o su sanchidad. Va a haber más grabaciones, y escándalos de todo tipo, porque esta mafia era bastante eficiente usando sus móviles para dejar constancia de todo lo que pasaba, y aparecerán nuevas figuras en este enredo asqueroso. Y, creo, más de uno acabará sus días exiliado en República Dominicana, donde tienen dinero y propiedades a buen recaudo. Las similitudes entre Sánchez y Rubiales crecen. El primero ya está en el tiempo de la interinidad. Será más o menos largo, pero inexorable.

viernes, junio 13, 2025

Sánchez, un personaje psicótico

La compungida actuación de Pedro Sánchez de ayer pasará a los anales de la política española como uno de los mayores ejercicios jamás representados, pero no conseguiría nominación alguna a los Goya o a otro premio de interpretación. El mal actor Sánchez ya ha enseñado todos los recursos de los que disponía y su repertorio de gestos, poses, trucos y trampas está ya más que visto. Hacerse la víctima por la presunta corrupción de casi todos los miembros de confianza que le han rodeado han cometido es de una burdez que cuela en las guarderías, ante unos cuidadores saturados, y quizás en el núcleo duro de los sectarios que siguen en sus filas. Poco más.

Santos Cerdán cometió el imperdonable delito de corrupción y traición cuando negoció la ilegal amnistía con el sedicioso Puigdemont, por orden del sujeto que ocupa, desde ese momento de manera formal, pero sin legitimidad pública, el palacio de la Moncloa. Ese es, para mi, el delito imborrable de Cerdán. Lo que se supo ayer en forma de aplastante informe de la UCO es que, además, Cerdán era un ladrón, un estafador, un comisionista, y responsable parcial de una banda dedicada al saqueo de las cuentas públicas. Eso, con ser serio, y mucho, es para mi lo de menos. Que se le juzgue, ojalá le caigan varios años de cárcel, soñemos con que devuelva el dinero que se ha llevado (soñar es gratis, no sucederá) y confiemos en que no haya otro sinvergüenza que saque una norma para absolverle, como ha sucedido con los delincuentes de los EREs, rescatados por este indigno gobierno. Cerdán, Ábalos, Koldo y cía, con los personajes auxiliares de la trama, son los responsables del tinglado de extorsión y reparto del botín, al parecer en euros y carne, pero son piezas habituales en estas tramas, sujetos basura que se tirarían por un barranco si ven en el fondo una onza de oro o que no dudarían en arrojar a su madre, o a la de cualquier otro, a cambio de una mordida. Son basuras como las ha habido siempre, como fueron Correa y demás en el caso de la Gürtel pepera, o los comisionistas del 3% catalán, o casi todos los miembros del consejo de administración de la expoliada Bankia, sujetos carentes de escrúpulo que sólo piensan en dinero (bueno, en este caso curiosamente también en sexo, mucho sexo). Su devenir judicial será largo y rezaré para que se pudran en la cárcel el resto de sus días, a ser posible numerosos. Lo interesante no son ellos, no. Es su jefe, Sánchez, el que lo ha consentido y permitido todo, el que durante años y años, ya lleva más en la presidencia del gobierno que Rajoy, ha mantenido una estructura de poder en una organización, el PSOE, que ha convertido en poco más que una carcasa a su servicio, destruyendo por completo lo que antaño fue un partido político, una organización, para dejarla en poco más que cartel, logo y secta de prietas filas en torno al liderazgo cesarista de un sujeto que tiene una concepción de sí misma tan elevada que nadie llegará a ella. A Sánchez no le preocupa la corrupción, siempre que se beneficie de ella. A Sánchez no le preocupa el desempleo, siempre que no llegue al entorno de los suyos. A Sánchez no le preocupa la subida de los precios, porque va a tener ingresos en su entorno de sobra para soportarlos. A Sánchez sólo le importa el mismo, su persona, su imagen, su poder. Su soberbia es tan enorme que incluso ayer, ante el hundimiento de toda la estructura orgánica de las siglas con las que se ha presentado a las elecciones, optó por no asumir responsabilidad alguna. Eran otros los que habían delinquido, eran otras organizaciones las que habían fallado. Él, sacrificado hasta el extremo, se ofrecía a pasar el trance de pedir perdón por ello, pero otros serán los que paguen por los delitos que bajo su absoluto mando se han producido. Él ni adelanta elecciones ni cesa a nadie ni se plantea no ser nuevamente candidato. Él, por siempre jamás, será el que todo lo dirija, pero de nada se responsabilice. La comparecencia de ayer fue un ejercicio de psicopatía absoluta, estremecedora.

Era divertidísimo escuchar ayer a algunos, que hasta hace años se autocalificaban de periodistas, mostrarse indignados porque se sentían engañados por el PSOE y por la banda de Sánchez. Los más se rompían las vestiduras en público de una manera tan teatral como, seguro, temerosa, al ver que a lo mejor las prebendas que han disfrutado por parte de este gobierno (veremos si también de sus tramas) pudieran estar cerca de acabarse. El equipo de opinión sincronizada que controla (y seguro financia) Moncloa empezó ayer a agrietarse. Lo de que las ratas son las primeras que abandonan el barco cuando empieza a hundirse pasa en todos lados. También en el sanchismo cuando empieza a ser un concepto terminal.

miércoles, mayo 14, 2025

Mensajes soeces

Si recuerdan, allá por 2018, el clamor contra la corrupción política era generalizado, y justificado. La sentencia de un tribunal que condenaba al PP por alguna de las ramas de la trama Gürtel fue la espoleta que disparó la moción de censura que llevó a Sánchez al poder, en medio de constantes mensajes de regeneración y limpieza, que eran proclamados a los cuatro vientos por el entonces ya investido presidente, su lugarteniente Ábalos y lo que luego se ha dado en llamar el equipo de opinión sincronizada, el conjunto de medios que vive gracias a lo que el gobierno les da a cambio de que digan, claro, lo que el gobierno les da.

El macarrismo en las formas de Sánchez parecía contrastar con el fondo de su discurso, pero en poco tiempo se vio que el personaje era uno de los mayores trileros de la historia política moderna en España, y que no iba a dudar en nada con tal de mantenerse en el poder, fueran cuales fuesen los pactos a los que llegara y lo que tuviera que prometer. Al poco se comprobó que su palabra nada valía, tanto por la velocidad a la que se desdecía de ella como por los compromisos que juraba cumplir y que, en instantes, pasaban a ser textos matizables. En cierto sentido, con unas formas mejores, eso sí, Sánchez ha sido uno de los mayores trumpistas de nuestro tiempo, dada su capacidad de perversión del sistema con el único objetivo de aprovecharse de él para seguir en el poder. Quién sí que ha cumplido todos los cánones del trumpismo, en fondo y forma, es Ábalos, un sujeto que está reclamando a gritos una gran novela que, inspirada en sus andanzas y corruptelas, retrate la España moderna, digital y, la vez, casposa y putera, una mezcla algo bizarra, pero fiel ante un sujeto que se erige como el auténtico definidor de la época política que hemos vivido estos años, y que parece que se encamina hacia su ocaso sepultada por su propia mugre. Sánchez ponía la cara bonita, muy bonita en ocasiones, y Ábalos era su reverso para hacer lo que fuera necesario. Da igual si estábamos ante miembros de la oposición o compañeros de partido. El “yo” de Sánchez es absoluto, sólo él importa, y los demás no son sino piezas intercambiables que pueden y deben sacrificarse si no muestran ante el poder que encarna el presidente la pleitesía debida. Es lamentable, sí, pero tampoco supone una gran novedad en los usos políticos desde que esa especialidad de las relaciones humanas existe. La vida, no nos engañemos, se parece mucho más a “House of cards” que al “Ala Oeste de la Casa Blanca” y Sánchez ejemplifica lo peor de muchos de los peores comportamientos que se dan en los aledaños del poder. Su figura interesa a los historiadores en el futuro como ejemplo de hasta qué punto la nada llego a semejante grado de influencia y control de la sociedad, pero a mi me interesa más Ábalos, el muñidor, el fontanero, el que hacía el trabajo sucio, el que ejercía las labores que le requería su jefe para deshacerse de los problemas que surgían. Al frente de un equipo en el que Koldo y otro tipo de sujetos sacados de una mala película de gánster ejercía su labor por los despachos oficiales sin ningún tipo de control ni recato, Ábalos era capaz de mantener una vida institucional para cierta parte de la sociedad, llevar un tren de vida personal y sexual digno de un campeón de la más desatada fiesta ibicenca y, todo ello a la vez, realizar todas las maniobras en la sombra que sean requeridas por parte de Sánchez para mantener el control del partido y el gobierno. Sánchez odia a un líder regional porque no acata sus indecentes pactos, Sánchez recurre a Ábalos y, entre Jésica y Miss Asturias, el ministro secretario general del partido se encarga de que el barón díscolo se calle mediante todo tipo de diatribas, amenazas, insultos y cosas similares, con un estilo tabernario de baja estofa propio no ya de una película de Berlanga, sino de una mala copia de Torrente. Así funcionaban las cosas, eso era la regeneración prometida.

Los mensajes que ahora estamos conociendo, me apuesto casi todo a que filtrados por el entorno de Ábalos para dejar claro lo que debe hacer el PSOE para mantener calladito y no atacarle, sólo aportan algo de salsa a un plato cuya receta estaba clara, y muestra las intimidades de unos sujetos vacíos, cutres, carentes de cualquier atractivo. En general la vida de privada de cada uno de nosotros apenas aguantaría unos minutos de detallado escrutinio público, y en el caso de los políticos, que son parte de nuestra sociedad, y cada vez un estrato más representativo de sus carencias, al tercer mensaje se convierten en algo que, sobre todo, genera vergüenza ajena sin límite. Es lo que hay, es lo que tenemos. Es lo que somos.

Mañana es fiesta en Madrid, así que nos leemos el viernes, salvo sorpresa.

jueves, abril 24, 2025

¿Se deshace el desgobierno?

Ayer se produjo una crisis en público entre los miembros de la coalición que sostiene a este desastre de gobierno a cuenta de un contrato de armamento no cancelado a una empresa israelí, cuyo objetivo es el de suministrar munición a la Guardia Civil. Varios millones de balas están recogidas en la compra, y alguna, metafóricamente, se ha disparado entre los miembros del ejecutivo, con el ministro de interior Marlaska como principal destinatario de los ataques por parte de los miembros de Restar y de algunas de las marcas, como IU, que medio están en ese conglomerado.

La verdad, es poco probable que el gobierno naufrague por deserción de sus socios, más que nada porque ninguno de ellos va a ser capaz de encontrar en mucho tiempo un trabajo tan cómodo y sobradamente remunerado. Nunca se han visto en semejante privilegio y saben que no volverán a él, porque los sondeos electorales no amañados dan, con seguridad, la pérdida del poder a la coalición actual. Así que, por el lado del amor a la moqueta mullida y al coche oficial no habrá deseos de ruptura. Lo que sí que puede naufragar por completo es el proyecto de Restar, bueno, oficialmente sigue llamándose Sumar, que nunca estuvo muy claro qué era y que, con la racha de estrepitosas derrotas electorales que ha ido cosechando se ha convertido en poco más que una carcasa para que Yolanda Díaz y Ernest Urtasun sigan creyendo que pintan algo en la política nacional. Sumar es, en sí mismo, una coalición de partidos, que se hace llamar espacio, pero que conforma agrupaciones varias cuyo principal objetivo es, como todas, alcanzar el poder, y que confluyeron, no en un espacio, sino en la obviedad de que yendo todas contra todas minimizaban sus expectativas electorales. La propia IU fue un primer intento de amalgamar fuerzas que se hacían la contra entre ellas, además de ser un ropaje en el que esconder algo tan vetusto como el Partido Comunista. En la polémica de ayer IU ha sido la formación que más claramente se ha manifestado por salir del gobierno, mientras que los portavoces de Sumar, con Urtasun y Yolanda a la cabeza, han expresado su indignación por lo del contrato de las balas con la misma intensidad de mantenerse en el gobierno, por los gastos propios que deben afrontar en sus vidas personales. La verdad es que corre más riesgo la propia Sumar, sea lo que sea, que el gobierno en sí mismo. Sánchez ya ha demostrado que la vida de autócrata le queda bien y es capaz de no pasar nada por el parlamento durante todo el tiempo que estime necesario para seguir gobernando, por lo que los votos de sus socios no son relevantes si no hay nada que votar. Quien observa con deleite todo esto es Pablemos, ese grupúsculo secta que se dice de izquierdas que no es sino una extensión de la familia Iglesias Montero, con una representatividad ridícula, pero que ve como la marca guay de la izquierda que encumbró a Yolanda y compañía se desmorona, fruto de sus propias inconsistencias. Desde la esquina de su bar, con un ojo puesto en la actualidad y otro en la hucha con la que intenta recaudar dinero para ampliarlo, Iglesias maquina un futuro en el que vuelve como salvador de la izquierda, con su formación como eje y con algunas de las marcas que se integraron en Sumar abandonando el barco semihundido para retornar a los rediles del líder supremo, al que nunca debieron abandonar. Ahora mismo los dirigentes de IU pueden estar dudosos sobre que hacer, y es probable que alguno de ellos sea más proclive a volver con el devaluado macho alfa que a seguir en el ridículo yolandista, pero que el futuro de una entidad política dependa de escoger entre esas dos horrendas alternativas dice mucho sobre cómo se encuentra la extrema izquierda de nuestro país, sometida a crisis constantes y en franco retroceso en todas las encuestas de verdad.

Desde lo que un día fue el PSOE, ahora Sánchez y su corte de aduladores, se contempla con preocupación relativa todo lo que pasa ahí. Por un lado, se creen beneficiados por estas luchas porque el votante de izquierdas contemplará a su sanchidad como la única alternativa de voto útil, esperando así quedarse con papeletas que fueron yolandistas o pablistas, pero también saben en Ferraz que con eso no basta para llegar a los 176 escaños, y que el desplome electoral de la extrema izquierda nacional (menudo oxímoron) impediría reeditar un Frankenstein en el Congreso. Toca, por tanto, seguir y aguantar todo lo que se pueda, de escándalo en escándalo, con la suculenta nómina pública de cada mes como premio para los fieles. No es mal incentivo, visto lo visto.

viernes, marzo 21, 2025

Rearme

La estupidez sucedida ayer me recordó el tiempo que estuvimos perdiendo, también de manera estúpida, cuando el derrumbe de la burbuja provocó un debate nacional sobre si estábamos en una crisis o no. Desde el gobierno se insistía en que no y, de hecho, se prohibía el uso de esa palabra en los medios oficiales y sus seguidores. Decir crisis era de antipatriotas, mientras que las variables económicas se desplomaban y se perdía un tiempo precioso para poder haber puesto algunos remedios, puntales para evitar que el derrumbe no fuera total, como llegó a ser. Tiempo precioso que no supimos aprovechar.

Pues bien, ahora la situación se repite de una manera similar a cuenta del rearme. La última del personaje que ocupa la presidencia de nuestro gobierno es que no le gusta la palabra rearme. Al parecer no se ha dado cuenta de que donde nos hemos metido es en una crisis de seguridad derivada de una guerra, guerra, guerra, emprendida por el dictador Putin y el abandono de la seguridad militar que nos ofrecía EEUU como estrategia de disuasión ante el enemigo. Todo el problema es de armas, de cuestiones militares, de elementos que meten miedo a otros y que funcionan si el miedo que provocan es lo suficiente como para paralizarlos, ese es el concepto de la disuasión. Eso no se logra con tecnología innovadora, eficiencia, energías verdes y otro tipo de cuestiones que tienen su relevancia en ciertos aspectos, pero que en caso batalla son bastante irrelevantes. Las declaraciones de Sánchez, además de ser ridículas hasta un grado insoportable, muestran el adanismo del personaje, que no se entera del mundo en el que vive, y su obsesión por calmar a cierta parte de la corriente ideológica que le sostiene en la Moncloa, intentando para ello camuflar como no militar lo que sí lo es. Quizás sea eso, ropa de camuflaje, lo que sí vea bien Sánchez financiar dentro del esfuerzo bélico europeo. La verdad, es para llorar. La situación es de una gravedad enorme, existencial, y el presidente de la cuarta economía de la eurozona es un impresentable que busca que la UE le financie partidas que dice que van a ser para defensa para destinarla a otras cosas que pretende camuflar. Desolador. Lo cierto es que no acabo de ver en la sociedad una sensación de apremio ante lo que estamos viviendo. Quizás porque el frente del este nos pilla lejos, y sale gratis solidarizarse con Ucrania, cuando está a miles de kilómetros de distancia, y el efecto de los ataques rusos (salvajes esta noche en Odesa) ya no nos afecta al estar contado como una noticia más en los informativos, en medio de toda la morralla de nuestra actualidad nacional. Lo cierto es que la integridad física del proyecto europeo se encuentra en entredicho porque hay un actor principal llamado Rusia que busca la sumisión de lo que antaño estuvo bajo su órbita en el siglo XX para mantener su estatus de potencia imperial global, y hay actores menores, como Marruecos, sin ir más lejos, que pueden pretender reconfigurar sus fronteras con actuaciones en lugares como Ceuta, Melilla o Canarias, que quizás nos suenen más familiares que Kramatorsk o Kupian. Y todo ese miedo, que existía larvado en el pasado, o patente desde la cruel invasión rusa de 2022, se ha exacerbado debido a que EEUU nos ha abandonado, se ha ido, se ha pasado al otro bando. No queremos admitir que la seguridad de la UE ha dependido, desde 1945, de la presencia, física y no, de EEUU en nuestro continente, de su paraguas. Sí, de sus misiles nucleares y de todo su enorme poderío militar. En Europa hemos disfrutado durante décadas de lo que se llama el dividendo de la paz, la ganancia derivada de la estabilidad, de no haber necesitado gastar en defensa porque otro, EEUU, lo hacía por nosotros. Eso se acabó. Fin. The End.

Pero no, resulta que para nuestro presidente lo que importa es el término con el que nos referimos al esfuerzo económico que se nos viene encima. Y eso por no contar con los quintacolumnistas que, desde la extrema izquierda y derecha, colaboran con las fuerzas agresivas buscando la destrucción del proyecto europeo, que, como defensor de la libertad y democracia, es un obvio enemigo para sus objetivos totalitarios. Nuestro gobierno está formado por fuerzas que buscan la destrucción de la UE y lo preside un pusilánime narcisista obsesionado en mantenerse en él a costa de traicionar lo que sea, también, si hace falta, las doce estrellas sobre fondo azul que, por ahora, siguen siendo el emblema de un continente reunificado.

jueves, marzo 20, 2025

Moncloa tiene prisa con PRISA

Una de las novedades que ha supuesto el mandato de Sánchez ha sido el descaro absoluto respecto al control de los medios de comunicación que considera deben ser afines, y su obsesión con aquellos que destapan sus escándalos, renuncios y traiciones. Quizás sea el mejor ejemplo de una época en la que la obsesión por comunicar es la que lo llena todo, el maldito relato que ocupa todo el tiempo la cabeza de los políticos y los pelotas que de ellos viven. Ya saben, corazoncitos en redes sociales, “me gusta” y cosas por el estilo. Trabajar es de pringados y comunicar es lo único que importa. El vacío sanchista es tan inmenso como su ego. Sí, es un buen definidor de estos tiempos.

PRISA siempre ha estado en la órbita del PSOE y tanto El País como la cadena SER, sus buques insignias, han trabajado intensamente a favor de ese partido desde el inicio de la democracia, con mayor o menor descaro, pero siempre manteniendo un cierto nivel de profesionalidad que, sesgos aparte, daba consistencia al producto fabricado. Más o menos lo mismo se puede decir de la COPE y el ABC sobre el Partido Popular, con mayores altibajos en esos casos en lo que a calidad periodística se refiere. Uno compraba El País y sabía por dónde iban a ir los tiros, pero se encontraba con artículos de fondo que merecía la pena leer, y la mejor sección de internacional de toda la prensa española. Desde que el sanchismo se hizo con el poder la deriva del periódico ha sido espectacular, convirtiéndose casi siempre en un mero redactor de las notas que le llegaban de Moncloa, traduciéndolas de “politiqués” a prensa, pero manteniendo en todo momento un discurso de prietas las filas con Sánchez hasta llegar al ridículo. En paralelo se ha producido una notable pérdida de calidad de las firmas de la cabecera, y el alineamiento forzado de todas ellas a una estrategia tan burda como vacía, en la que una serie de argumentarios de base infantiles hasta el extremo lo condicionan todo. La presencia de personajes como Idafe Martín fue el síntoma de la decadencia total, actuando éste como un mero comisionado político del gobierno para, desde las páginas del diario, dictar sentencias de condena a todo aquel que osara, en cualquier medio, a no adorar a Sánchez como es debido. El que Idafe ahora haya sido fichado como parte del gabinete de presidencia en Moncloa no es sino la muestra perfecta de cómo El País ha dejado hace tiempo de hacer periodismo para convertirse en un vulgar aparato de propaganda. Eso le garantiza el apoyo del gobierno y el sostén de sus cuentas, ruinosas, y por ende la nómina de los que allí escriben. A cambio, han dejado de ser periodistas para convertirse en vulgares propagandistas. Viven bien, pero ya sin credibilidad. En estas estábamos cuando el gobierno decidió que necesitaba otra televisión (no le debe bastar con una TVE sometida) en abierto y privada para que le diera más coba aún. Esa tele debía ser para PRISA y debía organizarse durante el primer semestre de este 2025, para lo cual trabajaron intensamente el dúo de los migueles, Contreras y Barroso, poderosos en la empresa y con inmensos contactos gubernamentales. La muerte sorpresiva de Barroso el año pasado supuso un grave inconveniente para este proyecto, ya que era, con diferencia, el más inteligente de los dos. A partir de ahí, Contreras y el resto de amiguetes han ido perfilando la creación de ese canal, y con el paso del tiempo llamó la atención como desde la dirección de PRISA, con su principal accionista a la cabeza, el franco armenio Joseph Oughourlian, se iban lanzando mensajes cada vez más críticos contra la propuesta televisiva, no tanto por lo político como por lo económico. PRISA está de camino a la ruina, Santillana es su única fuente real de ingresos y si no quiebra es porque el gobierno no lo permite. Oughourlian fue, a lo largo de 2024, poniéndose en una postura cada vez más enfrentada a las directrices de Moncloa y ha sido en este 2025 cuando ha estallado la guerra total en la empresa y con el títere que la quiere manejar. En un consejo de administración extraordinario Oughourlian dio carpetazo al proyecto televisivo y cortó cabezas, eliminando directivos afines al gobierno y que presionaban para sacar adelante esa televisión. La bronca fue monumental, como el impacto en todo el mundo mediático y político.

Tras este movimiento, en Moncloa no se han cortado un pelo. Enfadados, han decidido que un presunto ministro como es Óscar López no tiene otra cosa que hacer que ir a París a presionar a Vivendi, otro de los accionistas de PRISA, para que descabale a Oughourlian y le de a Moncloa el control total sobre la empresa y sus marcar. La respuesta de Oughourlian en forma de artículo en El País ha sido tremenda. Ahora mismo la guerra soterrada entre el gobierno y el medio de comunicación es total, a pesar de que no se ha movido un ápice la línea editorial tendenciosa pro Sánchez. Se ve que al que duerme en Moncloa le importa más la lealtad de quienes le rinden pleitesía que todo lo demás. Narcisista comportamiento que se extiende por amplias capas del gobierno y aledaños. Todo un espectáculo. Sí, así muere un medio, y el periodismo en general.

jueves, enero 23, 2025

El desgobierno, derrotado

La sesión del Congreso de ayer volvió a evidenciar que hace tiempo que no tenemos gobierno en España. Meramente hay unos señores, encabezados por Sánchez, que logró una investidura traicionando de manera infame sus promesas, que viven de la propaganda y del relato que día tras día venden en medios subvencionados. No hay gerencia, no hay responsabilidad, no hay trabajo serio ni digno de tal nombre entre aquellos que encabezan los ministerios, sólo afán de notoriedad, obsesión por colocar a los propios y exprimir las nóminas públicas hasta que llegue el último día en el que pueda cobrarlas. Ese es el único plan.

Tres eran los reales decretos que se debían votar. Uno, relativo a la reforma de las pensiones, iba a salir adelante porque el PP ya avanzó que lo respaldaría. El segundo, sobre el impuesto a las energéticas, ya se sabía que iba a decaer por el rechazo del PP y la unión de PNV y Junts, y el tercero, el llamado ómnibus, era un revoltijo de medidas que aunaba la subida de las pensiones, la prórroga de las ayudas al transporte y cosas variadas, como la cesión de un palacete en París por valor de muchos millones de euros al PNV, así, con un par, porque los nacionalistas vascos son maestros a la hora de exigir y ellos no son tanto amantes del ladrillo como, directamente, de los sillares labrados, que para eso se creen los dueños de la finca y viven como si así fuera. Junts, Puigdemont, avisó a media mañana que iba a votar en contra de los tres decretos, por lo que la caída del ómnibus pasaba a estar en manos del PP, que ejerció su voto negativo para evidenciar que no hay mayoría parlamentaria que sustente al ejecutivo. La derrota de este decreto es un mazazo para muchos, pero sobre todo para los que se creen la propaganda gubernamental y aún más para los que viven de ella, que saben que tendrán días oscuros si el gobierno acaba cayendo un día de estos y dejan de recibir las subvenciones que ahora cobran. Supongo que en los medios de hoy la cosa estará dividida entre los que destacan la situación asediada de un desgobierno chantajeado desde Bélgica por un sedicioso, que era vendido como progresista cuando avalaba a Sánchez, y los que acusarán al PP, y en bajito al sedicioso para que no se moleste, de dejar a los jubilados sin paga revalorizada y a los que usamos el transporte público sin rebajas. En fin, cosas de la miseria política y de los medios en la que nos movemos. La cruda realidad es que el gobierno ha intentado hacer algo para lo que no tiene votos y no le ha salido, así de fácil. Si presenta un decreto aislado en el que se incluya la revalorización de las pensiones, Junts y PP ya han dicho que votarán que sí, por lo que saldrá. Si hace lo mismo con el descuento al transporte, lo mismo, y así uno a uno algunos saldrán y otros no. Es probable que incluso si presenta por separado el pago del palacete al PNV por los favores prestados (cómo atrona el silencio de los medios “progresistas” ante semejante cacicada) puede que salga, porque el PP votará que no pero Junts puede que lo apoye, a cambio seguramente de un edifico similar en otra de las avenidas parisinas de renombre, que el gobierno tendría que buscar, para que así el pobre Puchi tenga donde recalar por si algún día se le ocurre ir de visita desde la lujosa casa que algunos cómplices le siguen pasando en Bélgica a las galerías Lafayette para comprarse algunas cosas modestas y de bajo precio. Resultaba divertido escuchar ayer las excusas que se inventaba el desgobierno para salir al paso de la derrota absoluta y, en paralelo, oír a los portavoces de Junts, ese grupo de chuletas mal educados y trumpistas hasta el fondo, acusar al PSOE de trilero, engañador, mentiroso, chulesco y otras cosas similares. Viniendo de auténticos profesionales en el arte de todas esas maldades de las que acusan a los demás, los que un día se llamaron socialistas debieran hacérselo mirar.

En un país normal, tras lo de ayer, Sánchez dimitiría, pero hace tiempo que esto no es un país normal y que Sánchez no va a dimitir pase lo que pase, no vaya a ser que no revalide el puesto que le obsesiona y le sirve de parapeto ante sus causas judiciales. Es desolador comprobar hasta qué punto el panorama político ha degenerado y ya no queda nada, sólo ruido y espectáculo banal. El Congreso se ha convertido en un mero circo de chantajistas puigdemoniacos, chantajeados exsocialistas, comparsas varias, y un PP que, en medio de semejante panorama, no logra mayoría absoluta en las encuestas de verdad, no en las manipuladas. Esto es lo que tenemos.

miércoles, noviembre 27, 2024

Lobato o la omertá

Es interesante cómo el caso de presunto fraude fiscal del novio de Ayuso ha derivado en una enorme tormenta política en la que los principales perjudicados van a ser los diferentes miembros del desgobierno sanchista que han metido mano en ese asunto. Y, cosas de la vida, puede ser Juan Lobato, el líder de los socialistas madrileños, el que acabe pagando los platos rotos de lo que parece una acumulación de delitos en los que todos, políticos, fiscalía y funcionarios de todo tipo, parecen estar involucrados. Todos menos él, y por eso puede que sea el que acabe cayendo de la estructura del poder sanchista. Curioso premio al cumplimiento de la ley el que recibe en España quien la acata.

Muy resumidamente, la fiscalía sabe que hay un correo del novio de Ayuso admitiendo que ha defraudado y aviniéndose a negociar, y considera Moncloa, para quien la fiscalía no es sino un departamento de becarios a su servicio, que es munición de primera para poder atacar a la presidenta madrileña. La jefa de gabinete del jefe de gabinete de Sánchez, en uno de esos cargos administrativos que demuestran la esquizofrenia marxista (de Groucho) que nos dominan consigue el correo electrónico de la fiscalía, cometiendo ambos, ella y fiscalía, un presunto delito de revelación de secretos, y se lo pasa a Juan Lobato para que lo esgrima en un pleno de control en la asamblea de Madrid. Lobato se escama, sabe que a él no le puede llegar ese correo directamente porque, de ser así, y aceptarlo, también incurriría en delito, y se muestra reacio. Pregunta a la jefa jefa si lo que le están mostrando es una filtración que ha sido publicada por la prensa, ya que en ese caso se puede presentar sin problema al haber salido a la luz, y ella le dice que sí. Lobato se lo cree y acaba presentando en el debate de la asamblea un recorte de ese correo sacado, en efecto, de una captura de un medio, de los afines a Moncloa, que poco antes de la sesión en la asamblea había publicado esa noticia, habiendo sido beneficiario de la filtración. Ahí, como pueden ver, hay varios delitos, y Lobato no comete ninguno. Mosqueado, unos meses después de todo esto, y viendo que le quieren quitar como responsable de la federación madrileña del sanchismo, Lobato acude a un notario y le muestra el intercambio de whatsapps y mensajes varios que cruzó con la jefa jefa a mediados de marzo, cuando tuvo lugar ese episodio. Lobato sigue pensando que lo que le enseñaron era ilegal, y que si lo hubiera aceptado como tal se quedaría desnudo ante una acusación, y dejaría el terreno libre para que los opositores a su figura en el partido le descabezasen y nombraran a alguien aún más sanchista. Lobato acude al notario para tener una coartada, una prueba en caso de que se meta en problemas legales, y le permita salir indemne de ellos porque sabe que no ha cometido delito alguno. Huele la traición que surge de Moncloa y busca protegerse de ella. Esto lo sabemos ahora, pero en su momento no, y las acusaciones que hubo contra la fiscalía por el presunto delito de revelación de secretos fueron contestadas desde Moncloa y el equipo de opinión sincronizada que desde allí se maneja con desdén, negándolo todo como hacen siempre y acusando a los demás de ser propagadores de bulos y la ya habitual chatarra argumentaría a la que nos tienen acostumbrados desde allí. Ahora el escándalo ha estallado con toda su potencia, y queda clara la lucha de poder que hay dentro del PSOE madrileño, las trapacerías que se hacen unos a otros por un mero quítate tú para ponerme yo, y cómo la fiscalía y demás procedimientos legales no son sino meros instrumentos en manos del sanchismo para atacar a sus rivales políticos, violando todas las normas legales habidas y por haber. Todo vale en la mierda política. O eso es lo que piensan muchos de los que ahora la ejercitan y los que a ellos quieren arrimarse.

La moraleja del caso Lobato es obvia, y deprimente. Culto al líder, sometimiento y se acabó. Y si hay que violar la ley, se viola, y si a eso te niegas, tu cargo peligra y los medios afines se encargarán de hundir tu imagen en el fango, como se pudo ver ayer en un titular repugnante publicado por el que antaño era un periódico, convertido ahora en cutre aparato de propaganda sanchista. En toda esta sucia historia el único que no se ha prestado a cometer delitos ha sido Lobato, que entre la lealtad al sucio poder y su beneficio propio por un lado, y el cumplir con la ley y ser decente, escogió lo segundo. Pringado. Por ello será castigado, destronado, arrastrado en plaza pública y convertido en mofa por parte de los “suyos”. Así funciona la mierda política en nuestro país.

lunes, noviembre 25, 2024

Aldama y sus corruptelas

La ley del embudo de la corrupción política es algo que practican todos los partidos, con un descaro que asombra cada vez que la emplean, pero como esos anuncios de detergente cutres, que siempre dicen que lavan más blanco, se reiteran sin cesar. Será que les funciona. No lo entiendo. La cosa es que la más mínima sospecha de corrupción en el partido contrario es causa de escándalo absoluto mientras que las abultadas pruebas de corruptelas en el propio no son sino falsedades, rumores sin sentido y meras acusaciones vacías carentes de credibilidad. Sí, es como un grupo de niños que juegan a no verse con las manos puestas en los ojos.

Aldama salió de la cárcel la semana pasada después de señalar a varios de los actuales miembros del desgobierno sanchista, empezando por el propio presidente, y jurando que tiene pruebas de lo que dice. El argumentario fabricado por Moncloa para excusarse y tratar de salir del paso no es sino el de siempre, que lo que dice un presunto delincuente no es cierto ni creíble. Sí, es lo mismo que decía el PP cuando se publicaron los papeles de Bárcenas y que el PSOE pregonaba a los cuatro vientos. Bárcenas era tan presunto culpable entonces como lo es Aldama ahora. Luego el recorrido judicial permitió quitar el presunto y pasó a ser condenado. Ahora estamos en el comienzo de este caso de corrupción y, dada la velocidad de la justicia, es casi seguro que, para cuando se emitan sentencias condenatorias para algunos de los componentes de la trama, ni el gobierno actual esté al cargo y a saber quién es entonces presidente y cuáles son las carteras ministeriales. En todo caso, la reacción indignada de los aludidos por Aldama denota que algo debe haber, porque ellos y sus parapetos denuncian la falsedad del testimonio que les involucra, pero no opinan lo mismo de lo que ya Aldama dijo sobre personajes como Koldo o Ábalos, que siguen acumulando méritos para convertirse en corruptos de primera línea en el panteón de los manguis políticos nacionales, que a este paso habrá que someter a serias reformas de ampliación, mordidas en los contratos por descontado. Si la trama Koldo en la que está involucrado Aldama es cierta, ¿por qué no va a serlo el pago de comisiones a Santos Cerdán y a otra serie de personajes del PSOE? Aldama se ha paseado por el mundo del actual gobierno con una familiaridad propia de quien es conocido, respetado y confiado por todos ellos, y dados los importes que movía el sujeto es comprensible la adoración que le prestaban esos personajillos de tres al cuarto que son famosos por pertenecer a esa estructura de poder pero que carecen de conocimiento, capacidad y mérito para casi cualquier cosa que no sea el compadreo. Desde su puesta en libertad, Aldama se ha convertido en el gran problema para un gobierno débil, incapaz y, desde su constitución, sometido a todo tipo de chantajes por parte de los presuntos socios a los que se ha unido. El único objetivo de Sánchez, el presunto presidente, es mantenerse en el poder todo el tiempo que pueda, y para ello ah demostrado tener una desvergüenza que no ha tenido ninguno de sus predecesores a la hora de mentir, engañar y traicionar a todos los que han pasado a su lado para mantenerse en lo más alto. Su nula credibilidad hace que cuando promete cualquier cosa el coro de risas que se oye sea propio de una telecomedia norteamericana. Ante Aldama, un personaje que también parece carecer de escrúpulos, la situación del trilero que ocupa la Moncloa es más complicada que ante las acometidas de un PP bastante incapaz. Sánchez y Aldama son traidores por definición, sólo les mueve su propio interés. Tiene toda la lógica del mundo que se hayan conocido y tengan relaciones mutuas, porque parecen ser tal para cual. Y de ahí puede salir de todo.

¿Acabará Aldama haciendo caer al gobierno? Mira que lo dudo, porque aunque se demuestre que lo que dice es cierto, estamos ya en un mundo de postverdad en el que Moncloa y todos esos presuntos medios que viven de sus subvenciones, públicos y privados, pueden vender el discurso que les de la gana, ajenos por completo a la realidad, y encontrarán público que compre esas falsedades. Sánchez aguantará en el poder hasta el último día que pueda, no tengo dudas al respecto, sea pillado en corruptelas o no, traicione a sus votantes y al resto del país o no. Para alguien carente de escrúpulo alguno como es él qué más da las tramas que surjan.

martes, octubre 15, 2024

Corruptelas a lo Sánchez

Parafraseando a Tolstoi, se puede decir que todas las tramas de corrupción son igualmente delictivas, pero cada una lo es sórdida a su manera. Tras la cima alcanzada por la trama de Bárcenas en el PP y su galería de personajes chuscos pensaría uno que los malos aprenderían y se esconderían mejor, usarían la tecnología para disimular sus robos y tratarían de esconder lo más posible los vínculos que los unen, pero no, no. Se ve que el dinero y la codicia forman esa pareja irresistible que, desde el mundo es mundo, enloquece a los humanos y les lleva a cometer todo tipo de actos, brillantes algunos, zafios en tantas ocasiones, para satisfacer sus instintos. Y esta vez no ha sido diferente

De los personajes que acaben componiendo esta trama tenemos ya a los tres principales que se dan en todas, que son los que la permiten. El político corrupto, el conseguidor que actúa de nexo y el que financia a todos y se lleva la mayor cantidad de dinero. Este tercero es el más importante, porque la corrupción no es nada sin dinero, cuando no hay papelitos de colores de por medio no se puede corromper a nadie, es la gasolina del delito. Este papel lo ocupa, en este caso, un señor llamado Víctor de Aldama, que para estar involucrado en una trama corrupta del PSOE ha decidido vivir con una estética más propia de uno de los implicados en la Gürtel que en otra cosa, quizás porque todos los corruptos son iguales en lo ajeno a la ideología, sólo creen en el dinero. Aldama untaba, sobornaba, repartía dinero y se lo llevaba. Koldo, el matón que pone nombre al caso de momento, era una pieza necesaria, pero menor, importante, pero no vital. Era el corre ve y dile de turno, el chulo de barrio que impone y enlaza a unos con otros, hace de recadero, conoce a casi todos, se convierte en la puerta que hay que tocar para acceder, pero no es más que un peón, una pieza de la que se hubiera podido prescindir si llega a fallar. Dadas las pocas luces que ha mostrado hasta ahora es probable que se creyese que era tan valioso como grande su cuerpo, pero estaba en un error. Ábalos es el político corrupto, ya saben, con el presunto delante, el que tenía acceso al poder, a determinar el resultado de contratos y adjudicaciones, el que se podía saltar las normas para que quien la trama deseaba se llevase dinero a espuertas en base a contratos públicos, esas poderosas herramientas por las que medio mundo empresarial y político mataría si supiera cómo esconder los cadáveres para siempre. Por lo que se sabe Ábalos ha sido un político bastante barato a la hora de ser comprado, es un hombre que, nada más verle y oírle, intuye uno que está acostumbrado a la vida callejera, al lumpen. No es de gustos caros, no le va el arte y la sofisticación, es más de “amiguitas” con las que “pasar el rato” y chalets, es el típico sujeto cutre de una peli de serie B, al que se le van los ojos con las tetas de las putillas que desfilan a su lado, un sujeto de los más chusco y torrentiano, que llega a ser Ministro de Fomento y secretario de organización del PSOE, el cargo más importante del partido que gobierna, que amasa una enorme cantidad de poder y que, en todas sus apariciones, ofrece una imagen propia de secundario en una serie cutre de mafiosos napolitanos. El deje de su voz, su pose, su mirada, nada en Ábalos tiene un solo gramo de apostura, de interés, de atractivo. Supongo que su éxito con las féminas se debe a la erótica del poder y, sobre todo, a lo que puede llegar a pagar para conseguirlas, todo muy en el marco de la doctrina feminista que envuelve el discurso de lo que antaño se llamó el PSOE, hoy sanchismo. El cese de Ábalos en 2021, de una manera abrupta, nunca fue explicado, y con lo que se va sabiendo ahora uno puede imaginar que, o bien la mierda llegó a tal nivel que algo había que hacer para cortarla o hubo alguno que decidió cortar por lo sano cuando se enteró de las cosas que pasaban al otro lado de su puerta, antes de que le salpicasen. En ambos casos la responsabilidad de que los presuntos delitos se hubieran cometido es equivalente.

Eso nos lleva a la figura de Sánchez, el número uno para Ábalos y cia, el jefe, el mayor de los mentirosos que han ocupado la Moncloa desde que su inquilino es elegido mediante elecciones democráticas. Ni una sola explicación ha salido de él o de su entorno de todo lo que se está publicando. Agarrado al soniquete de que bulo es todo lo que le perjudique, Sánchez sigue viviendo en su burbuja de soberbia autoalimentada por el presupuesto púbico, y sostenida por lo que antaño fueron periodistas y medios de comunicación, hoy empresas casi quebradas dependientes por completo de la inyección del dinero del gobierno para poder subsistir. El camino del mentiroso acaba mal, normalmente, pero puede tardar mucho en hacerlo. Es la esperanza de Sánchez, es lo que me temo.

martes, agosto 20, 2024

El sedicioso consentido

Supongo que, al menos, estaremos todos de acuerdo en que lo más patético que ha sucedido en lo que llevamos de verano es lo protagonizado por el sedicioso puigdemoníaco en el día que acabó siendo el de la investidura del antaño socialista Salvador Illa, ahora un nacionalista catalán más. Lo cierto es que, dadas las dimensiones del montaje que vimos, puede que estemos ante lo más chusco en muchos años, y hayamos sido testigos del mayor ejercicio de prevaricación pública protagonizado por autoridades de todo tipo y cuerpos y fuerzas de seguridad. Vergüenza es un término muy suave para definir lo que allí pasó.

Puigdemont vino, dio un mitin y se fue, así de tranquilo. En ningún momento tuvo intenciones de entregarse a la justicia y, lo que es aún peor, en ningún momento las fuerzas de seguridad, nacionales y autonómicas, hicieron esfuerzo alguno para detenerle. Ni un solo amago real. Con la complicidad de no pocos mossos que trabajaban al servicio del indeseable, y con las órdenes dadas por parte de los responsables políticos de la Generalitat y del gobierno central, la actuación que el indigno realizó ante los ojos de sus fieles era un paripé orquestado desde hacía tiempo, un trampantojo en el que el fugado se hacía el mártir, el valiente que pisa la tierra donde peligra para jugarse el tipo, muestra su infinita habilidad para el despiste, y logra escapar delante de todos como si de un ilusionista se tratase. Todo mentira. Puchi llegó cuando y como quiso, estuvo llevando una vida normal y viéndose con quienes decidió quedar, acudió al estrado del mitin de Barcelona el día de autos, dijo bobadas y mentiras durante unos minutos, y se fue tranquilamente, orquestando una especie de huida en la que todos le ayudaban. Una vez que ya estaba fuera de Barcelona, la dirección de los mossos organizó eso que se llama operación jaula, cuyo fin suele ser evitar que un delincuente huya de la acción de la justicia, pero que en este caso no era sino un teatro más, un paripé para hacer creer a quien aún viviera en la ingenuidad que se estaba esforzando en detener a quien se lo merecía. Esa acción sólo provocó atascos, molestias, retrasos y se ganó el cabreo de quienes por ella se vieron perjudicados. Ojalá todos ellos denunciasen a los mossos y a la gentuza que los dirige ante los jueces por los daños causados en un monumental atasco que para nada servía. En los días siguientes las oficinas de los mossos publicarían atestado surrealistas en los que, mentira tras mentira, se trataba de justificar que no se había hecho lo que los jueces habían pedido, en algunos casos con un grado de cinismo propio de una mente retorcida, que hubiera estado pensando un tiempo cuán grandes pudieran ser las trolas que iba a redactar en ese escrito y con apuestas de por medio de si alguno se las creería. Con el beneplácito de illa, Sánchez y Aragonés, el sedicioso hizo su teatro amparado en las órdenes que esas tres autoridades habían dado, y por ello él es culpable del bochornoso espectáculo que se vivió ese día, propio del trumpismo, pero también lo son los tres políticos antes mencionados, como colaboradores necesarios, como cómplices de un sujeto despreciable que sigue teniendo los votos necesarios para que el gobierno central pueda sobrevivir a cada votación. Por eso, sólo por eso, desde Moncloa se le protege y cubre, hasta extremos como los que vimos en ese día de agosto, que sólo no avergonzó a los indeseables que lo hicieron posible.

Era curioso ver cómo, al día siguiente, la mayor parte de los medios compraba la falsa historia de la huida de Puigdemont, cuando, reitero, no estábamos ante una fuga, sino una prevaricación colectiva. Se ve que prensa y demás medios están cada vez más acuciados económicamente, y las subvenciones que puedan recibir del gobierno, ni les cuento para los locales de la Generalitat, son capaces de doblegar a cualquier articulista que sabe muy bien lo que vio ese día, pero la hipoteca mensual, y quien se lo permite pagarla, le exige que se tape los ojos y la conciencia, y redacte artículos no al nivel de los atestados de los mossos, pero sí en esa línea. Así estamos.

jueves, agosto 01, 2024

Escrúpulos

El caso más obvio es el de Pedro Sánchez, que no se si es el personaje público más carente de ellos, pero desde luego es quien mejor muestra saltárselos de todos los que nos rodean. No hay líneas morales en su actuación, ni criterio más allá del de su propia supervivencia. Si hay que traicionar a los votantes propios aprobando una infame amnistía que se dijo que era constitucional, se hace, y da igual. Y si hay que quitar recursos que se destinan a las comunidades autónomas más pobres para dárselos a una de las más ricas, se hace, y nada importa, salvo que su posición siga siendo intocable. Es repugnante, pero ahí está.

Pero no me interesa hoy este sujeto, que será fruto de estudio más para psicólogos que para expertos en política, sino los que le apoyan, los que le siguen el discurso y cambian con él de sentido a la mínima, los que el lunes gritan A con todas las fuerzas y ya el miércoles por la tarde empiezan a susurrar que quizás A tampoco, y logran erigir para el viernes una tradición histórica fundamentada en su NO A. Es un comportamiento miserable que produce sonrojo, pero que cada vez se da con menor pudor, y que no tiene nada de nuevo. Se produce en todas las sociedades humanas, y tiene que ver con el seguimiento al líder, con la creencia en su bondad (sí hay gente que cree esas tonterías) y sobre todo, con el beneficio que se puede obtener de ello. Pelotas, aduladores y demás gentuza de nula calidad se pueden encontrar tanto en los aledaños de la Moncloa como en las juntas de vecinos, donde por el mero hecho de conseguir la mayor de las tonterías imaginables los hay capaces de hacer la vida imposible a los que viven en la puerta de al lado si eso me beneficia de cara a quien lleva la comunidad. Además de los pelotas profesionales, que suelen ser fácilmente distinguibles, el común de los mortales nos enfrentamos cada día a elecciones en las que los escrúpulos y los criterios morales que uno cree poseer se enfrentan a dilemas en los que están en juego cosas como los ascensos profesionales, mayores remuneraciones, prestigio, recompensas, nombramientos y cosas por el estilo. Dicen que no hay mejor manera de saber cómo es una persona que darle un cargo, cosa que en el caso de Sánchez ha funcionado de maravilla, bueno, para él, no para el país, pero en general es cierto a todos los niveles. Y ante ese nuevo cargo empiezan las decisiones de los de abajo, subordinados por contrato, rango o por la jerarquización social que se haya establecido, sobre qué actitud tomar ante quien manda. Todas las estructuras empresariales, de gobierno, de mando y decisión, están llenas de hipócritas que dicen una cosa, pero hacen la contraria, de gente que enarbola discursos de cara a la galería pero que luego sus hechos suponen una enmienda total a lo que pregonan, etc. En la masa de empleados anónimos que no tienen ni rango ni capacidad de decisión también se encuentran dilemas similares, a escala, pero que pueden genera problemas de ética, dolores de cabeza y temblores de bolsillo. Una gratificación a final de año a cambio de ser leal a alguien puede convertirse en una cuña capaz de romper equipos y el motivo de disputa que desencadene guerras soterradas en todas partes. El cómo actuar ante estas situaciones resulta difícil, sobre todo cuando uno tiene muchas opciones para perder. Mi consejo siempre ha sido el de mantener las formas y no mentir, el de hacer lo que te manden, que para eso uno es empleado y otro es jefe, pero dar tu opinión al respecto, y si uno cree que lo que el jefe dice no es correcto, deberá acatar sus decisiones, si no tiene otra alternativa, pero dejando claro que no las comparte. Los años y el hacerse una cierta independencia económica ayudan a este tipo de comportamientos, pero siempre son decisiones que van en contra de la corriente. Cuestan.

El compromiso profesional se demuestra con el trabajo y lo producido, no por lo bien que uno se lleva con no se quién y el premio que ese no se quién le otorgue. Somos humanos, vivimos entre humanos, y el cerebro reptiliano sigue trabajando a toda potencia en nuestro interior, haciéndonos responder a estímulos primarios de premio, castigo, territorialidad, poder y sumisión. Si se cruzan con alguien que no tiene escrúpulos, mi consejo es que huyan. Estar al servicio de un sujeto como el que habita Moncloa le otorgará a uno prebendas, sobresueldos, presunto prestigio y rentas elevadas, y la creencia de que es mejor que el resto. Pero no. Salga corriendo ante personajes tóxicos de este tipo, busque alternativas. Eluda la tentación.

jueves, julio 18, 2024

La regeneración empieza por uno mismo

Escuchar ayer a Sánchez hablando de la regeneración democrática o de la transparencia en los medios era como asistir a un festival del humor en el que el monologuista no deja de hacer referencia a cosas que es sabido que detesta y declara amar con todo su corazón. No está diseñado el Congreso para que acuda público en masa, afortunadamente, pero a buen seguro el presidente hubiera cosechado aplausos de los asistentes agradeciendo las risas que les hubiera causado su monólogo. Qué genio del humor, que maestro de la ironía el que nos gobierna, que finura de análisis y que estilo a la hora de hilar las guasas.

Supongo que, cuando Sánchez aludía a que no se puede consentir que las editoriales de ciertos medios se dicten desde los centros directivos de los partidos políticos estaba pensando en el tratamiento de las noticias que hace una TVE en la que la principal directiva es afiliada reconocida del PSOE y que ejerce como tal, o en los artículos de opinión, con o sin firma, de El País, convertido de un tiempo a esta parte en el BOE, pero sin fe de erratas. O en los diferentes canales autonómicos, donde el nivel de propaganda que se despliega a favor del gobierno regional de turno alcanza unos niveles de toxicidad capaces de dejarle a uno sin respiración. No, no, a lo que se refería Sánchez es a los medios que no hacen o dicen lo que él quiere que hagan o digan. En esto Sánchez no se diferencia demasiado de todo gobernante, que aspira a que los medios estén a su servicio, porque se cree en el derecho de imponerlo. La verdad es que debe ser justo lo contrario. El medio que se casa con el poder, por interés o convicción, acaba siendo utilizado por el poder, y convertido en herramienta de propaganda, y deja de ser un medio de comunicación. Cuanto más pequeña es la escala territorial en la que actúa y mayor el grado de dependencia económica más obscena es la situación, y como antes les señalaba, el caso de las televisiones autonómicas en nuestro país no es sino una auténtica vergüenza, un espacio en el que PSOE, PP, PNV o los sediciosos catalanes actúan con impunidad absoluta en el terruño en el que mandan. Es imposible ver el informativo de una televisión autonómica más de cinco minutos y no caer en el más absoluto sonrojo. Cuando Sánchez habla de la transparencia en la financiación pública a los medios, bienvenida sea, ¿se refiere a que va a cortar el derroche de dinero público que esas televisiones suponen? ¿Va a obligar a gobiernos autonómicos y nacionales a dar dinero a medios que no les son afines, y dejar de ayudar sólo a los que les hacen la rosca? El fondo de cien millones que anunció ayer, sufragado mediante los impuestos de todos, ¿va a ser la manera de comprar el silencio o, directamente, el aplauso de aquellos que lo reciban? Sánchez quiere unos medios que le hagan la rosca, que le digan todo el día que él es el mejor y el más guapo, y quien así se comporte sabe que tiene contrato laboral asegurado, ingresos y acceso a foros en los que la cercanía al poder le permite ostentar y creerse que es algo más que la nada que representa. Ya lo dijo Alfonso Guerra en los tiempos pasados, cuando ejercía el poder como pocos, al hablar de la diferencia entre la opinión pública y la publicada. Guerra consideraba que la primera era lo que él quisiera y la segunda, que no le era dócil, la que había que someter a sus designios. Los tiempos actuales, en los que la fragmentación, el desarrollo tecnológico y la muerte en parte del negocio han jibarizado a las empresas de medios de comunicación hasta valer menos que cualquier negocio online han hecho que el poder pueda condicionarlas más. Grupos como PRISA, editora de El País, Vocento, dueño de gran parte de los periódicos regionales y ABC, Godó, de La Vanguardaia, o los italianos de Rizzoli, dueños de El Mundo, son empresas que presentan unas cuentas próximas a la quiebra, con deudas enormes, márgenes escasos, ingresos menguantes y modelos de negocio que sobreviven a duras penas. El caramelito de los cien millones a cambio de la subordinación al poder es algo que, si puede resultar tentador para estas cabeceras, puede ser la única vía de supervivencia para otras que aún están en peor situación financiera. Nuestro inútil gobierno lo sabe, y en ello está. No en la regeneración, no, sino en la compra de voluntades mediáticas.

Me reitero, me da igual la ideología. Si un medio alaba mucho a un gobierno, no le hagan caso, está devolviendo préstamos o tratando de conseguirlos. En el espectro mediático tienen ustedes todo tipo de cabeceras y marcas, escoradas ideológicamente hacia todas las esquinas posibles, muchas de ellas son auténticas vergüenzas para su profesión, otras, antaño grandes, se hunden poco a poco en la irrelevancia. En general, los medios viven presa de su propia crisis en un entorno hostil, y el desgobierno quiere pescar ahí (y de paso que no se hable de Begoña) Vean lo que quieran, contrasten entre la propaganda y lo más próximo a la realidad, porque la verdad pura no existe en el mundo de la política. Y sobre todo, salvo que lo busquen, no se dejen engañar.

martes, abril 30, 2024

Teatro barato

Todavía tengo algunas dudas para describir lo que hemos contemplado durante estos últimos días en la política española, una situación totalmente anómala en la que el presidente del gobierno se ha encargado de sembrar la incertidumbre absoluta en una situación que, para algunos es tacticismo, para otros una estrategia calculada, para unos pocos el reflejo de un sentimiento real y, para mi, sobre todo, una enorme payasada que, como todo lo que sucede en la política desde hace ya muchos años, supone pérdida de tiempo, de esfuerzos, de voluntad, de ganas y de interés en lo que hace referencia a ella. Degradación.

Salió Sánchez al pórtico de acceso a la Moncloa, se hizo la víctima, calificó de masivas la presencia de unos pocos militantes socialistas el sábado en la sede madrileña y se dijo a sí mismo que seguía y que luchará por la democracia, en una aparición vacía, lastimosa, llena de odio larvado a todos los que no sean el mismo y su ego. No hay mucho más que comentar sobre lo de ayer, porque de todos los escenarios que se llegaron a plantear, y que una posible dimisión como la que se presumía abría, nada se anunció. Ni cuestión de confianza ni nada de nada. Ya les puse por escrito el viernes, al día siguiente de conocerse el extraño anuncio, que por mi desde luego que Sánchez tiene que dimitir, pero que dudaba mucho que lo hiciera, y los hechos, por una vez, me han dado la razón. Durante estos días hemos visto como lo que antaño fuera un partido, el socialista, ya no es sino una corte de aduladores de un líder que actúa con despotismo absoluto en esa entidad, que decide de manera cesarista el futuro, quizás el suyo, desde luego el de los que le rodean, con unas formas en las que sólo su voluntad existe. El exhibicionismo de peloteo por parte de todos aquellos cuya nómina depende de la voluntad del líder ha sido obsceno, cutre, propio de una teleserie barata, con unas interpretaciones rayanas en el patetismo. Se notaba que, dependientes hasta el extremo de la voluntad del líder, todo su futuro estaba en el aire si éste dejaba de serlo. Les va la nómina, las hipotecas, los favores comprados y muchos otros castillos edificados en el aire sobre las bases de un poder que ejercen por atribución del Dios que, caprichoso, decidió darse un largo fin de semana. En todas las organizaciones existe un culto al líder, un grupo de pelotas que buscan medrar a costa de dorar la píldora al que manda para que les cubra de favores, y en la política este tipo de adhesiones “inquebrantables” que son ”eternas” duran lo que el poder en manos del que lo ostenta, y como se ejercen de cara a la opinión pública resultan tan descarnadas e imposibles de disimular. Para algunos exégetas quedará el analizar gestos y frases de estos cinco días. Para mi, no es otra cosa que una payasada lo que hemos vivido, un ejercicio táctico de prietas las filas de cara a las elecciones catalanas y europeas, pero vestido de reflexión personal en una secuencia de días que han teatralizado la vida pública de una manera infantil. Han proliferado los insultos en las redes, malditas, de una caterva de forofos del presidente y contrarios a los que nada diferenciaba de las aficiones exaltadas de esos que pegan patadas al balón y roban a manos llenas. El proceso de conversión de la política en un asunto de fanáticos psudofutboleros se ha acrecentado este fin de semana de la mano del ególatra supremo, que habrá disfrutado en casa como un enano de los desvelos de una parte de la sociedad, muy pequeña, ni siquiera de todos los militantes de lo que fuera el PSOE. Su calificación ayer de movilizaciones “masivas” lo que han sido unas concentraciones realmente escasas de apenas doce mil en Ferraz el pasado sábado son una muestra de la realidad paralela en la que vive el hábil superviviente de Moncloa, un personaje que no piensa para nada en gobernar, sólo en seguir y mantenerse por encima de todo. En cada una de sus piruetas cree Sánchez que hace historia. En parte es verdad, pocas veces se puede caer en ridículos históricos como el de estos cinco días.

Afortunadamente, la inmensa mayoría de la sociedad española hace tiempo que ha desconectado de estas payasadas, tristemente ha dejado de ver a la política como una vía de solución de sus problemas, y se dedica a vivir el día a día ajena a los bodrios que los que mandan les sueltan. Los precios, la vivienda, el trabajo, los hijos, las redes sociales, el euríbor, la salud… los frentes que de verdad importan son los que centran las preocupaciones de casi todo el mundo, mientras que la burbuja política, y los medios que de ella viven y alimentan, cada vez están más lejos del interés. De hecho, cada vez se ven con más desprecio. Malo, pero así es.

Cojo un par de días de ocio, lo que sumados a los festivos nacionales y locales hará que no nos leamos hasta dentro de una semana, el martes 7. Pásenlo muy bien.

jueves, abril 25, 2024

Debiera, pero no creo que dimita

Hay un montón de cosas interesantes sobre las que debiera escribir, pero se ve que el circo en el que lleva metido demasiado tiempo la política española reclama su cuota de protagonismo, y Sánchez, el gran prestidigitador, vuelve a lograr sorprender a propios y extraños con sus decisiones. Es innegable su capacidad para lanzar órdagos y tomar decisiones anómalas, imprevisibles. La carta de ayer, con una presunta dimisión en diferido es una de las gordas a lo largo de su trayectoria, y deja demasiadas preguntas en el aire para las que nadie, yo menos, tiene respuestas.

Sánchez debiera dimitir, sí, pero no por presuntas investigaciones judiciales sobre su entorno, que ya veremos si se sustancian en algo o no. De eso se encargan los juzgados y sus enrevesados y lentos procedimientos. Debiera irse por haber engañado a todo el país y decir que nunca aprobaría una amnistía a los sediciosos del Procés que ha impulsado por el mero hecho de seguir en el poder. Ese es el mayor de los engaños políticos que ha llevado a cabo. La corrupción que pueda rodear su gobierno, las ramificaciones de casos como el de Koldo Ábalos y demás son cuestiones convencionales dentro de la política de este país, donde la ausencia de corruptelas sólo es segura en la ausencia del poder. En su carta Sánchez se muestra como el perseguido, el herido, el acusado injustamente, y proclama la necesidad de ser querido por el pueblo frente a las horda que le persiguen, al conspiración que lucha contra él, cosa que no deja de ser una excusa bastante cutre una vez que en la trayectoria política española todos los partidos han tenido casos de corrupción, con juicios y condenas que han llevado a dirigentes del PP, PSOE, PNV, CiU y lo que usted desee a prisión con condenas relacionadas con la malversación, fraude y todas las figuras asociadas a la corrupción. Ahora, que empiezan unas investigaciones en el entorno de la familia del presidente, que pueden concluir en algo o no, se muestra herido el prócer y redacta un escrito de escaso nivel literario en el que el populismo se destila en cada uno de sus párrafos. Me resulta del todo absurda la idea de que se sienta acosado por algo, el que lleva situado muy por encima de todos los demás desde hace años y se encarga de dictaminar qué comportamientos son los que se pueden considerar democráticos y cuáles no. El fangal en el que se ha convertido la política española es responsabilidad de todos sus miembros y, por nivel de importancia, desde el que más manda al que menos, por lo que las excusas propuestas por Sánchez para darse los cinco días de reflexión resultan difíciles de tragar, y hacen pensar a casi todo el mundo que estamos ante otra cosa. ¿Una pirueta de doble salto mortal para movilizar a los suyos? ¿Un golpe de efecto para, en el inicio de la campaña catalana, logra acaparar todos los focos y quitárselos a Puigemont para que su partido logre un resultado suficiente para sus intereses? ¿Un “prietas las filas” para que las elecciones catalanas y europeas no sean un calvario que suponga el fin efectivo del gobierno? Supongo que desde ayer por la tarde todo el mundo se hace preguntas de este tipo, a decenas, sin encontrar una respuesta, y que muchos dan por sentado que, detrás de este extraño arrebato, hay una táctica calculada, porque si uno quiere dimitir dimite, si no quiere hacerlo no lo hace (como bien demostró el impresentable de Rubiales hace un tiempo) pero no realiza un ejercicio de disuasión dilatada en el tiempo dejando que las especulaciones se disparen en todos los sentidos. Además de anómalo, es una manera de que las teorías conspirativas, Pegasus mediante y demás, se crezcan en el sucio mundo de las redes sociales, a las que habrá que prestar poco caso hasta que se acabe el plazo dictado por Sánchez, ya que ayer por la noche no eran sino un campo de batalla entre rendidos admiradores del mártir presidencial y sus opuestos. Una charca llena de depredadores. Algunos de ellos incluso se hacen llamar periodistas.

Mi apuesta es que, al 99%, Sánchez no dimite, que está montado un espectáculo para recibir un baño de masas de lo que considera el votante progresista (que destrucción de sentido la que ha sufrido ese término) y así movilizarlo para que vote unificado en las catalanas y europeas, que es lo que puede garantizarle una cierta estabilidad más allá del verano. Lo cierto es que ahora todo el mundo está sorprendido, alguno se hace el listo haciendo creer ahora que vio detalles ayer que ni él ni nadie vislumbró, y todos estamos a la expectativa. Como destructor de tramas y creador de giros de guion Sánchez no tiene precio. Netflix debiera contratarle si, ya lo dudo, se va.

jueves, marzo 07, 2024

Sánchez, traiciones a la carta

Negociar con Sánchez es bastante sencillo, ya que lo único que le importa es su propia posición de poder, todo lo demás es prescindible, no hay nada que no pueda ser sacrificado. Su fábrica de falsas líneas rojas produce límites sin cesar que son puestos como infranqueables para, a los pocos días o semanas, convertirse en manchas diluidas por la lluvia que son arrastradas a la alcantarilla de la memoria, para olvidarse para siempre. Así, el proceso se repite sin cesar, hasta que el que está en frente consigue todo lo que quiere y Sánchez, necesitado de su apoyo, le da todo lo que haga falta. El que sea legal o no, simplemente, no importa. Es irrelevante. Para él.

En esto de la infame amnistía el proceso ha sido de libro, todo un manual de resistencia sanchista en la práctica, con el coste que eso supone para la legalidad, honestidad e igualdad de los españoles ante la ley, que quedará inevitablemente mancillada para siempre. Sánchez negó una y mil veces que fuera a conceder algo al sedicioso Puigdemont, recordemos que miembro preclaro de la derecha extrema independentista catalana. Tras los resultados de las elecciones de julio del año pasado, los siete escaños de Puigdemont decidían la posibilidad de que Sánchez siguiera en la Moncloa o no, y sospecho que esa misma noche, en unos pocos minutos, decidió que la amnistía estaba hecha, o lo que quisiera el prófugo, con tal de que él se mantuviera en el poder. A lo largo de estos meses hemos visto primero la teatralización del proceso, todo bien untado con dinero público para que algunos opinadores y los medios afines al sanchismo, que le necesitan para seguir recibiendo subvenciones y no quebrar, vendan la película de que todo es un proceso inevitable para encontrar la reconciliación, que todo es progresista y un montón de basura argumental equivalente, que tiene su público, pero que no deja de ser mentira por mucho que se repita. Con el avance de los meses, la amnistía, impensable, se convirtió en inevitable, y a medida que se iba construyendo la aberración jurídica que le iba a dar soporte se le empezaban a poner parches de uno y otro tipo porque el sedicioso jefe no se veía lo suficientemente cubierto. En un proceso patético de sometimiento al dictado de un sujeto repulsivo, Sánchez ha ido entregando, por capítulos, todo lo que el fugado le ha ido pidiendo, y los que apoyan a Sánchez se han ido ganando el sueldo a base de tragarse sus palabras cada dos semanas, porque lo que era impensable se convertía en obvio, en lo que jamás se iba a transigir se transformaba en un mero obstáculo técnico que se podía salvar con unas conversaciones en Waterloo, y todo así. Con el paso del tiempo opinadores, presuntos periodistas, intelectuales necesitados de ingresos para seguir viviendo, progresistas de guardia que están a la que salta y demás miembros del departamento de agitación y propaganda al servicio de Moncloa han ido cayendo en un ridículo cada vez más profundo a medida que su jefe, el que les ordena y paga, iba desdiciéndose en sus afirmaciones para ceder, ceder, ceder y ceder. Hace tiempo que la ley y los principios generales del derecho quedaron arrumbados por necesidades del sanchismo, pero sospecho que una hipoteca pendiente de pago es más acuciante para el servil que loa la última deriva del líder que la coherencia de pensamiento y la norma escrita consagrada como ley que no debe ser violada. Cuando no hay escrúpulo alguno a la hora de conservar el poder todo se puede convertir en obstáculos que se han de franquear como sea, y una vez que esa carrera empieza no termina, nada es susceptible de no ser hecho si con ello se garantiza que el mayor egoísta conocido ahora mismo en España pueda seguir durmiendo cada noche creyéndose presidente del gobierno. Lo es formal y legalmente. En lo moral, es un ejemplo de lo despreciable que podemos llegar a ser los humanos cuando las ambiciones nos ciegan. Todos podemos caer en ello. Sánchez parece regodearse en la inmundicia que ha creado.

Salvo gran sorpresa, que ojalá se produzca, pero no espero, por incomparecencia de la decencia en las filas de lo que en el pasado se llamó socialismo, la amnistía saldrá aprobada, y el sedicioso y su panda de traidores se reirán a la cara de todos nosotros, empezando por los pusilánimes que se lo han permitido. Como sucede habitualmente en la historia de España, los ciudadanos de a pie, pobres, están a merced de sujetos patibularios que les gobiernan de manera injusta, egoísta y únicamente centrada en su enriquecimiento personal y loa pública. Somos una nación de personas traicionadas, que, con lógica, cuando pueden, la abandonan en busca de otros lugares más honestos y justos.