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jueves, mayo 14, 2026

Cumbre Xi Trump

Hoy comienzan las reuniones de Xi Jinping y Trump en el marco de la visita del norteamericano a Beijing. El agente naranja se ha hecho acompañar de un séquito en el que se incluyen luminarias como Musk, Cook (CEO de Apple) o Larry Flink, CEO de Black Rock, la mayor gestora de activos del mundo. Es un encuentro entre dos emperadores que ansían la supremacía global, encarnada desde hace décadas en Washington, pero amenazada cada vez con mayor descaro por Beijing, en un proceso de ascenso chino que, pese a sus problemas, por ahora no parece tener freno. Saldrá de ahí lo que ellos decidan y sus desacuerdos, y el resto, empezando por los europeos, acataremos y no se nos tendrá en cuenta para nada. Así es el mundo de hoy.

Los temas de debate son amplios, complicados y con numerosos puntos de fricción. El que ha surgido como último es el relacionado con Irán, aliado de China, y Ormuz, donde Trump acude como jugador de una partida en la que no va ganando, y el bloqueo del petróleo del golfo supone un agobio más para Asia que para EEUU, pero hay otros asuntos de fondo, de largo recorrido, que serán tratados. Está el tema de la guerra comercial, los aranceles que EEUU le ha impuesto a todos los países, obviamente también a China, y que Beijing trata de salvar con el mantenimiento de la cotización del yuan por debajo de lo debido (recordemos, no es convertible en mercados) y la subvención encubierta a sus productos que inundan los mercados globales, y sino dese una vuelta por su calle y cuente el número de coches chinos, de los que apenas sabía nada. Puede haber un acuerdo en este tema si se alientan opciones de inversión mutua, tanto industriales como financieras, pero ahí la disputa es intensa. Otro gran tema de discusión es la IA, la carrera tecnológica en la que ambas naciones están invirtiendo recursos a lo loco, con una ventaja competitiva actualmente por parte de EEUU frente a los modelos “low cost” chinos, y con las restricciones a la exportación de chips de última generación a Beijing por parte de Washington, en una medida que puede no haber funcionado como se esperaba. China ha respondido habitualmente a todo este tipo de sanciones con la amenaza, a veces llevada al efecto, de restringir sus exportaciones de tierras raras, fundamentales para el desarrollo de productos de alta tecnología y de carácter militar, de las que EEUU es muy demandante y dependiente. Uno le tiene pillado al otro con los chips, el otro a uno con los minerales, por lo que ambos saben que no pueden hacerse demasiado daño sin sufrir mutuamente más de lo que pueden aguantar. Realmente China es el único país que puede llevar la contraria claramente a EEUU, dado que su dependencia de seguridad respecto a Washington es nula, y EEUU sabe que las presiones que ejerce al resto de naciones, presuntas aliada o no, sólo serán respondidas de con amenazas creíbles desde China. Puede parecer que la situación actual es de tablas, pero la mayor parte de analistas recalcan que las desquiciadas decisiones que está tomando Trump en su segundo mandato hacen que EEUU afronte este momento desde una posición de debilidad. Arrasando con sus alianzas de seguridad y comercio, deteriorando su imagen global, empantanado en el golfo, los errores de EEUU son un regalo para una China que se quiere presentar ante el resto del mundo como fiable, asertiva, deseosa de hacer negocios y sin afán de inmiscuirse en las cuestiones internas del resto de naciones. A la dictadura de Beijing le interesa mantener el control sobre su población, pero parece darle igual lo que pasa en el resto del mundo, siempre que compren sus productos. Ese mensaje amable contrasta con la fiereza naranja, y en medio del caos, la competitividad china crece y crece.

Taiwán va a ser otro de los temas que estarán sobre la mesa, y no se descarta incluso que EEUU, en su política actual de desentenderse de la seguridad de quienes han sido sus aliados de toda la vida, se avenga a un pacto que acabe concediendo a China la soberanía de la isla, que ansía por encima de todo. En el contexto de la seguridad de Asia Pacífico, sin guerras abiertas como en Europa, los antiguos socios de EEUU contemplan como China crece militarmente sin freno y Washington se repliega entre insultos y exigencias. Hoy y mañana serán días muy importantes para todos, días en la mano de dos emperadores.

Mañana es fiesta en Madrid, subo a Elorrio y me cojo el lunes festivo, así que nos leeremos el martes 19, tras más frío y lluvia.

lunes, abril 20, 2026

Ya nos ganan corriendo

Ayer tuvo lugar la media maratón de Beijing, algo no muy raro dada la fiebre, que sí veo rara, de salir a correr distancias inconmensurables que dejan los cuerpos hechos polvo. Eso se ha extendido por todo el mundo, y en Madrid hay momentos en los que parece que han soltado un monstruo por las calles, de la cantidad de gente que ves corriendo, como si huyera de él. La cuestión es que en esa media, en paralelo al recorrido oficial, había un carril reservado para que por el fueran robots humanoides, no artefactos con ruedas en plan cochecito, no sino robots bípedos como nosotros que corriesen de una manera similar.

A la prueba se presentaron algo más de cien robots, de aspecto y tamaño similares, más o menos como un humano bien grandote. La inmensa mayoría de los participantes eran de fabricación china, siendo sólo unos poquitos del resto del mundo. De entre todos los concursantes, algo más de la mitad eran dirigidos por control remoto, es decir, un operador los controlaba y, supongo, era el encargado de mantener el ritmo de la carrera y hacer los giros y demás efectos necesarios para mantenerse dentro del recorrido, una especie de piloto de coches radiocontrol pero llevando un aparato sin ruedas. El resto de los participantes eran sistemas manejados por IA, autónomos, que evaluaban por sí mismos el recorrido y decidían cuándo acelerar o cómo tomar las curvas y pendientes que surgían a su paso. El año pasado también se celebró esta carrera, con bastantes menos participantes, y muchos de ellos generaban simpatía al ver cómo tropezaban o caían de una manera un poco patosa. El ganador de esa competición robótica tardó más de dos horas en recorrer la distancia reglamentaria. Este año las cosas han sido un poco distintas. Mucho. Ha habido algunos ejemplares que se han caído, tropezado y quedado por el camino, pero la mayor parte de los participantes lograron llegar a la meta, tanto los controlados por remoto como los que usaban la IA. No sólo la ratio de éxito de los participantes ha sido exitoso, sino que las marcas ya son memorables. El ganador de la competición, creo que radiocontrolado, ha tardado unos cincuenta minutos en hacer los 21 kilómetros de la carrera, lo que bate con creces las mejores marcas humanas. Apodado relámpago, luce un color rojo intenso y unos bracitos pequeñitos, con un tronco esbelto y un par de piernas que se mueven de manera impetuosa. No hacen falta pies como tales para semejante comportamiento, y sus extremidades se parecen a esas prótesis que lucía Pistorius, el famoso atleta paraolímpico. La cabeza es enjuta, con un sistema de visión que le da un cierto toque dimensional humano pero con notable ausencia de rostro. Al parecer fue necesario cambiarle la batería a mitad de recorrido, pero sólo con dos cargas pudo mantener todo el tiempo una velocidad constante que le llevó a batir todos los récords. Relámpago ha corrido una distancia enorme, una media maratón, a un ritmo que ningún humano conocido es capaz de alcanzar, por lo que sería capaz de pillar a quien quisiera en una competición de distancia, superando poco a poco a humanos que desarrollarían velocidades mayores en distancias más cortas, pero que con el paso de los kilómetros quedarían agotados. En la competición del hombre contra la máquina es evidente que ya perdimos hace tiempo la batalla frente a los objetos con ruedas, simplemente piense una bajada de un puerto de montaña en bicicleta respecto a la carrera humana, y ni les cuento en las comparativas con coches o cualquier otro tipo de vehículo a motor. Lo ultranovedoso de este caso es que el bipedismo artificial ya es capaz de superar al biológico en prestaciones. Recuerden, relámpago tenía las mismas ruedas que usted y yo: ninguna.

El progreso alcanzado por este tipo de robots en el lapso de unos pocos años es realmente asombroso. China se ha propuesto liderar esta carrera, la conceptual, y desde hace un par de años no deja de hacer demostraciones en las que humanoides cada vez más sofisticados no sólo ya replican nuestros movimientos, sino que los multiplican de una manera asombrosa en coordinación, precisión y capacidad. El ejercicio de artes marciales y baile que mostró al mundo hace un par de meses con motivo del nuevo año lunar ya dejó epatado a medio planeta. Lo de ayer fue otra exhibición de control y, también, marketing. Espectacular.

lunes, enero 26, 2026

La purga china

Seguimos paso a paso la degeneración que se vive en EEUU, el derrumbe de la fiabilidad y la creación de una fractura social violenta alentada principalmente desde el poder que desea ser absoluto, con testimonios, imágenes y análisis sin cesar. Nada nos pilla por sorpresa, pero no sabemos prácticamente nada de lo que sucede en China, el otro gran poder, camino de imperio rival del norteamericano, en cuyas estructuras de gobierno domina tanto la férrea jerarquía como la opacidad más absoluta. Xi Jinping es el presidente del país y ha decidido perpetuarse, generando mucha envidia a Trump, pero de ahí para abajo lo desconocemos casi todo. Es anómalo, y peligroso.

Este fin de semana ha trascendido que se ha producido una purga en la jefatura del ejército de China. En palabras oficiales, “se ha abierto una investigación contra el general de más alto rango del país, Zhang Youxia, el número dos del presidente del país, Xi Jinping, en la Comisión Militar Central (CMC), por supuestas infracciones graves de la disciplina y la ley”. Si el nombre de Youxia no les dice nada no se preocupen, a mi tampoco hasta que lo leí ayer, pero es el segundo al mando del segundo ejército más importante del mundo. Bueno, más bien lo era, porque ahora ha caído en las sombras. La acusación genérica cuando se produce un movimiento de este tipo en el poder chino es la de corrupción, el desvío de dinero público para el enriquecimiento personal, la ostentación fruto de las mordidas. Xi y su corte han mostrado públicamente un odio profundo a la corrupción y no les ha temblado la mano a la hora de cargarse a dirigentes del partido de altísimo nivel alegando limpieza y ejemplaridad. Curiosamente, o no, estos cambios siempre se han traducido en la consolidación del poder de Xi, acaparando en cada movimiento parcelas de control del país que, hasta entonces, no se encontraban directamente bajo sus designios. En este caso estamos hablando de un movimiento serio no por las acusaciones en sí, sino por la institución de que se trata, el ejército, en un momento de disparatadas inversiones militares y de constante empleo de la fuerza para mostrar las crecientes capacidades de una milicia, la china, que ansía hacerse con Taiwán pero que, sobre todo, busca rivalizar en el escenario asiático con unos EEUU que, hasta ahora, eran la fuerza incontestable. Por cada ejercicio de demostración de nuevas capacidades que se ordena ejecutar desde Beijing queda claro que el ejército chino ya es una fuerza capaz de oponer resistencia significativa, y ejercer poder de disuasión En este sentido, se han conocido desde hace meses las directrices de Xi buscando ampliar la capacidad y versatilidad de los arsenales nucleares del país. China posee la bomba, eso es más que sabido, pero frente a las miles de cabezas de que disponen Rusia y EEUU, y sus múltiples combinaciones de vectores de uso, se estima que el arsenal nuclear chino supera por poco los tres centenares de elementos, y sus capacidades tácticas están muy por debajo de las de los dos líderes en esta materia. Tiene la bomba, y le sirve como elemento de disuasión, pero la asimetría en este campo respecto a Moscú o Washington es aún muy evidente. Por ese motivo es relevante la información que circulaba ayer por algunos medios en los que se señalaba que la causa profunda del cese de Youxia no ha sido la corrupción de toda la vida, no, sino el que le hubieran pillado filtrando secretos del programa nuclear chino a EEUU, información que surgió de fuentes norteamericanas que parecen ser solventes. En este caso estaríamos ante un acto de traición en el seno del ejército de China, y evidentemente, ante algo así, los ceses es lo menor que puede decretar un dictador absoluto como Xi. ¿Será esa la causa real de la purga? ¿el espionaje norteamericano había llegado lograr hasta la cúpula del ejército chino? Si así fuera, bastante más van a ser los purgados en un movimiento de limpieza que no se andará con remilgos.

En todo caso, lo único que podemos hacer es especular. Las fuentes oficiales chinas son propiedad del gobierno, y las no oficiales no pueden hacer nada sin el permiso del régimen. Al oscurantismo con el que se gestionan allí las decisiones se suma una cultura de trabajo y vida totalmente ajena a la nuestra que dificulta interpretar los gestos que se muestran cara a la galería. Siempre hay rumores sobre la estabilidad del régimen chino, sobre disputas internas y el miedo a que el control de la nación no sea tan rígido como se nos quiere hacer ver, pero realmente China sigue siendo un misterio en el que las opiniones vertidas desde aquí tienen poco suelo firme sobre el que asentarse. Que esto suceda en el segundo país más poderoso del mundo es para que nos lo hagamos mirar. Y temer.

viernes, octubre 24, 2025

Entre Escila y Caribdis, entre EEUU y China

Escila y Caribdis son dos monstruos mitológicos que están en las dos orillas de un mar que Ulises debe atravesar en su camino de vuelta a Ítaca, sin que esté muy claro cual de ellos es más peligroso o genera peores corrientes para la navegación. Tradicionalmente se ha asociado a las dos orillas del estrecho de Mesina, y nombrarlos en una expresión viene a querer decir que la llevamos clara, porque si nos libramos de uno nos toca el otro, y viceversa. Hay que ser muy espabilado para sortear ambos riesgos, o ser valiente para asumir los costes que supone sobrevivir a semejante reto.

Esta comparación viene a cuento ahora que la UE se encuentra en un mundo cada vez más hostil en el que el número de aliados se reduce notablemente, y entre la disputa de las dos grandes potencias su futuro se ensombrece. Esta semana se ha vivido un episodio que no ha trascendido mucho en los medios, centrados en niñerías, que es muy significativo, y que, además, permite entender cómo la geopolítica global genera efectos reales en nuestras vidas y en las de los que nos rodean. El gobierno de Países Bajos procedió hace unas semanas a expropiar a la empresa Nexperia, un fabricante de chips que está allí, cuya matriz es una empresa china, llamada Wingtech Technologies. Esa entidad asiática ha sido incluida en la lista de la sujetas a restricciones comerciales por parte del gobierno de EEUU en su intento de que China no se haga con la más alta tecnología posible en el mundo de los chips. El gobierno holandés alego que se estaba produciendo una transferencia tecnológica no permitida hacia China desde su territorio y que eso ponía en peligro la seguridad del país y de la UE. Como en muchas de las empresas tecnológicas e industriales, China también es parte del proceso productivo que realizan en Europa, de tal manera que algo se hace aquí, se manda allí para ser rematada y vuelve casi a punto de comercialización. El caso de Nexperia también es así, y la respuesta que han decidido dar las autoridades chinas a lo que consideran una confiscación es bloquear la cadena de suministros en el eslabón que se realiza en su territorio. Los chips salen parcialmente montados de Holanda, llegan a China pero, vaya, ahora no se completan y no vuelven. El flujo se ha interrumpido y eso afecta a toda la cadena. Nexperia tiene un stock de chips terminados y está tratando de sobrevivir con ellos, pero los raciona, evidentemente, dado que entran muchos menos de los que salen. ¿Y cual es el principal destinatario de estos chips? No son de ultimísima generación, por lo que aquí no se ve afectada la IA y otro tipo de tecnologías tan disruptivas, no. Se trata de la automoción. Nexperia es uno de los mayores suministradores de chips para las empresas automovilísticas alemanas, especialmente para el grupo Volkswagen. Un coche eléctrico tiene unos mil doscientos chips instalados, y uno de motor de combustión cerca de la mitad. Algunos de ellos son simplones, como los que controlan los elevalunas y dispositivos sencillos, pero otros son muy modernos, como todos los relacionados con el control de la batería, conducción, sistemas de GPS y demás. Sin el suministro adecuado de Chips el coche puede funcionar, pero sin muchas de las posibilidades que requiere, y desde luego no puede salir de la planta de producción. Y en esas estamos. Volkswagen ha comunicado esta semana que puede tener que paralizar las líneas de producción del Golf de Wolfsburgo, donde se encuentra la sede de la empresa, por escasez de suministros de chips. Eso supone que miles de empleados de la empresa, de todo tipo y nivel, se vean abocados a un paro forzoso no por causa de unas ventas menores, no, sino porque la fábrica ha roto stocks y no puede seguir produciendo como es debido. Y eso, para la empresa, supone unos costes desorbitados, y para los empleados un gran problema. Si la situación se reconduce en pocos días la cosa puede quedar en poco y esa parálisis se comerá jornadas vacacionales o similar, lo que es un fastidio enorme, pero si se prolonga, la opción de entrar en algo parecido a un ERTE es posible. Y todo por unos chips chinos que no se pueden fabricar en la UE porque no tenemos ni la tecnología necesaria para ello ni los costes que la hacen competitiva.

Así, la UE se encuentra ante un antiguo gran socio llamado EEUU que ahora le trata con desidia, impone aranceles y deja desguarnecido en lo que hace a seguridad, y ve como el otro gigante, China, acude al mercado europeo con buenos modales pero con criterios despiadados en los que su superioridad es manifiesta y su capacidad de hace daño, si se le molesta, indudable. Entre ambos gigantes, las naciones europeas, pequeñas y más divididas de lo debido, se enfrentan a un contexto peligroso, en el que pueden, podemos, salir perjudicadas por ambas partes tratando de buscar un camino alternativo, o jugando a veces con uno de los bandos o con el otro. ¿Qué gigante es menos lesivo? ¿Cómo sortearlos? Ay, Homero, ¿qué hacemos?

Subo a Elorrio el fin de semana y me cojo dos días de ocio. Nos leemos el miércoles 29.

miércoles, septiembre 03, 2025

China exhibe músculo militar

Hoy se cumple el ochenta aniversario de la firma, por parte de Japón, de su rendición en la IIGM, acto con el que e ponía punto final definitivo a la mayor carnicería de la historia. En Asia este día es muy importante, porque la guerra no acabó en mayo en Europa, sino allí en septiembre, y para las naciones como China, que vivieron en sus carnes las atrocidades cometidas por Japón durante su invasión, esta jornada siempre ha sido muy importante. Normalmente se conmemora con un desfile militar y una exaltación de patriotismo muy controlada por el partido, que busca emocionar a su pueblo, mostrar poder al mundo y, de paso, presumir de sus logros.

Lo de esta vez ha sido especial, el aniversario tan redondo permitía hacer una exhibición muy espectacular, y en el marco de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái que les comentaba el otro día, China ha hecho alarde de todo su poderío militar en un desfile majestuoso que ha llenado la plaza de Tiananmen y aledaños, lo que ya de por sí es meritorio dadas las dimensiones gigantescas de ese entorno. En la tribuna presidencial se encontraba Xi Jinping, el máximo dirigente del PCCh y toda su corte de cargos intermedios, y junto a él, los presidentes de Rusia y Corea del Norte. Sólo el hecho de ver a estos tres personajes haciendo alardes juntos en medio de miles de soldados y armas de la mejor tecnología resulta inquietante. De hecho lo es cuando por separado se dedican a hacer estas cosas, desfiles de ejércitos que están sujetos a ciega obediencia ante su líder máximo. De las tres naciones una está en guerra contra nosotros, Rusia. Otra ayuda militar y humanamente al agresor, Corea del Norte, y la tercera, China, no consta que suministre material militar al Kremlin, pero es su principal socio comercial para todo tipo de productos, algunos de ellos de evidente doble uso, por lo que no sólo mantiene con vida a la economía rusa sino que le permite seguir con su agresión. El desfile de hoy es una enorme exhibición de poder duro por parte de una China creciente y una señal al resto del mundo por parte del grupo de naciones que allí se han reunido. Más allá de palabras, están dispuestas a rediseñar un orden mundial que surgió de las cenizas de esa conmemorada victoria en la IIGM, un orden mundial que ha derivado en el dominio económico y geopolítico de occidente de la mano de EEUU. China es la segunda economía del mundo, el segundo país más poblado, su peso global crece sea cual sea el indicador que usemos para medirlo y, al contrario de lo que pasaba con la URSS en la época de la guerra fría, su modelo, mezcla de autoritarismo estalinista y capitalismo salvaje, ofrece unos grandes resultados en lo que a prosperidad se refiere, por lo que más allá de las cuestiones ideológicas, China ofrece al resto de países del mundo una visión alternativa a la de EEUU, y con evidentes resultados económicos. La prosperidad no sólo se puede alcanzar vía democracia, también el autoritarismo puede lograrla. China supone el gran reto al que se enfrenta el mundo hoy en día, con empresas enormes de sectores tan diversos como la tecnología, automoción o farmacia que son capaces de invadir el mundo con sus productos a unos precios de derribo, ante los que muchas empresas occidentales no son capaces de competir. China mantiene unos subsidios a la exportación de sus bienes que los pone por debajo de los costes de producción de nuestros negocios, y les quita cuota de mercado sin cesar, y por si eso no bastara, posee un evidente mercado interno de más de mil millones de personas, de las cuales unos cuatrocientos millones se pueden considerar de clase media tal y como la entendemos aquí. Son más que toda la población de EEUU y se acerca a los registros de habitantes de Europa. Sí, China es un monstruo.

Y ese monstruo, con sus socios, reclama cada vez con más fuerza la remodelación de un mundo cuyas reglas le han sido impuestas y no ve con buenos ojos. La prevalencia de las economías de derecho capitalistas occidentales y sus sistemas de reglas y pactos es vista como algo caduco por parte de la cúpula del PCCh, que cree que su autoritarismo y eficacia son muy superiores a un occidente que asocian a inestabilidad y decadencia. Más allá de los problemas militares que puedan surgir en el sureste asiático, con Taiwán como foco, la gestión de qué hacer con China empieza a ser algo que puede llegar a superar nuestras capacidades como bloque, y ni les cuento en el caso de que EEUU siga haciendo trumpterías. El desfile de hoy es un alarde, también una advertencia al resto del mundo.

martes, mayo 13, 2025

China gana el pulso arancelario a Trump

No son pocos los parecidos entre Trump y Sánchez. Uno de ellos es que ambos aciertan cuando rectifican. Los daños que la insensata política de Sánchez puede crear a España son enormes, pero ni él ni nosotros pintamos mucho, siendo generosos, en el mundo. Trump sí, y sus decisiones causan efectos globales, por lo que revertirlas supone una ganancia para todos, empezando por su desdichado país, que está sometido al arbitrio de uno de sus mayores enemigos, y que no cesa en causarle todo el daño imaginable. Y no, en el color de la piel no se asemejan ambos incompetentes líderes.

Ayer las bolsas de medio mundo, especialmente las norteamericanas, festejaron con grandes alzas el anuncio de un principio de acuerdo, temporal, entre China y EEUU, por el que ambos países se daban un plazo de noventa días para negociar y, de momento, reducían sus aranceles mutuos hasta el 30% de los norteamericanos y el 10% de los chinos, bajando casi hasta la nada desde los 145% y 125% respectivamente a los que habían escalado tras el inicio de la guerra comercial trumpista. Aunque no lo quiera reconocer, ayer EEUU admitía la derrota de su estrategia, una estrategia por otra parte estúpida, y claudicaba ante el gigante chino, a sabiendas de que, tal y como estaban las cosas, era Norteamérica la que iba a acabar perdiendo mucho más. Con los aranceles puestos a los disparatados niveles a los que habían llegado, en la práctica, se hacía imposible el comercio entre ambas naciones, y era una manera de bloquear por completo los intercambios. China perdía uno de sus mayores mercados de exportación y EEUU al mayor fabricante de muchas de las cosas que demandan sus consumidores y empresas. El flujo de barcos portacontenedores que salen de las costas chinas rumbo al pacífico californiano ya había empezado a reducirse drásticamente, y se esperaba que para esta semana se empezasen a notar ya en grandes puertos, como el de Los Ángeles, un derrumbe en la recepción de mercancías chinas y, con ello, desabastecimientos y disparos de precios. En el pulso mantenido entre ambas potencias las dos iban a perder, pero se veía claramente que más EEUU, sus consumidores, que China, sus productores. De paso, el resto del mundo también iba a verse perjudicado por este movimiento entre los gigantes, dado que es imposible mantenerse al margen de las consecuencias de semejante envite. Todo analista con dos dedos de frente denunciaba la irracionalidad de las medidas norteamericanas, que sí existe un problema de déficit crónico entre la balanza comercial de ambos países, siempre en beneficio de China, pero que ese es un problema mucho más profundo que una mera diferencia entre importaciones y exportaciones, y que los aranceles no sirven para nada ante él. La profesión económica lleva escandalizada desde que Trump puso sus manazas en el gobierno y no ha dejado de tomar decisiones irracionales, estúpidas y lesivas, tanto para los intereses de EEUU como para los de sus aliados. Si en el plano económico la noticia de ayer es un alivio, en el geopolítico es todo un aviso de lo que ha cambiado el mundo. El poder de EEUU es grande, sigue siendo el país determinante, pero su capacidad de maniobra no es absoluta, ni mucho menos. En un mundo interdependiente decisiones como las que ha alentado Trump causan unos dolores inmensos en la cesta de la compra del ciudadano de a pie, que acude a su supermercado o tienda de lo que sea para hacerse con unos productos que son el último eslabón de la inmensa cadena logística global que permite que todos podamos comprar casi de todo y casi en cualquier momento. Es casi un milagro, fruto de la economía de mercado global, a la que no le agradecemos lo suficiente los inmensos servicios que nos presta. Romper esa estructura es destruir fuentes de riqueza y, sí, también, bienestar, a lo largo y ancho del mundo.

China se ha enfrentado a EEUU, vio el órdago del marrullero Trump y lo replicó, y le ha obligado a sentarse en una mesa y aceptar su derrota. Es muy interesante. Este fin de semana se ha constatado que la superpotencia china, con todos sus problemas, que los tiene, ya trata de igual a igual a unos EEUU que siguen a la deriva en manos de su inepto gestor. Como lección geopolítica global no tiene precio lo que acaba de suceder. El imperio americano, henchido de orgullo por boca de un inmenso fanfarrón, humillado por el partido comunista chino en alianza con los mercados globales. Todo un espectáculo digno del mejor Hollywood. Si los americanos son listos, por ese lado audiovisual pueden acabar sacándole partido.

jueves, abril 10, 2025

El mercado doblega a Trump

Tuve que repetir varias veces la frase en inglés y, aún así, ese es mi nivel, tenía dudas sobre lo que realmente había dicho Trump. La traducción, común por todas partes, era esa expresión en la que uno se refiera a que le den besitos allá donde la espalda pierde el nombre. Semejante ordinariez, dicha en un acto en que él y la mayoría de los asistentes llevaban smoking es una excelente definición de la catadura moral del sujeto que nos produce desvelos con sus constantes necedades. Un ególatra narcisista hasta el extremo, y carente de cualquier educación. Si su madre viviera le daría una buena somanta de azotes todos los días por cómo se comporta.

Es por esa frase tan soez por lo que ayer por la noche varios titulares, nacionales e internacionales, se referían a cómo los mercados habían forzado al payaso presidencial a que les bese a ellos en esas partes no tan nobles. Tras varios días de revolcón bursátil, en el que el americano medio había perdido una buena parte de los ahorros acumulados en años pasados, y los millonarios que le han apoyado en su campaña cifraban sus pérdidas en decenas de miles de millones, Trump tuvo que salir para anunciar que suspende por noventa días los aranceles mal llamados recíprocos, manteniendo el 10% a todo el mundo. Esto se vio como lo que es, una primera gran rectificación del soberbio ante una de sus decisiones más estúpidas, forzada por los hechos. Las bolsas, al conocerlo, se dispararon, y el Nasdaq cerró ayer con una subida del 10%, que ni mucho menos supone recuperar todo lo perdido durante estos días, pero sí que disimula un poco el desastre. Falaz como pocos, Trump y su equipo se enorgullecían de la subida de las bolsas tras su decisión, anotándose el mérito, pero claro, los días pasados de debacle no eran culpa de sus decisiones, en otra muestra de falsedad profunda del grupo de energúmenos que, actualmente, gobierna los EEUU. El brillo del movimiento bursátil no fue capaz de ocultar otra de las gráficas a la que no quitan ojo los inversores, y que no es la que más aparece en los medios de comunicación. Y es, quizás, la más poderosa. Se trata de la cotización de la deuda soberana norteamericana, los “treasury”. Un país endeudado, EEUU lo es, tiene que colocar títulos de deuda en el mercado, es la manera de pedir prestado a los ahorradores, y paga por ellos un interés. Una vez colocado, el título suele cotizar en el mercado secundario y sube o baja de precio en función de todo lo que sucede en el mundo. Como la cuantía de lo que se paga por intereses en ese título está fijada desde su emisión, por eso se llama renta fija, variaciones en el valor de compra y venta del bono en el mercado secundario suponen alteraciones inversas en la rentabilidad del mismo, y eso condiciona los tipos a los que se van a colocar las siguientes emisiones y, con ello, el coste de endeudamiento de la nación. Si los tipos suben nos va a salir más caro pedir prestado, a nosotros, al Reino de España y a EEUU, y desde el cuatro de abril, el rendimiento del bono norteamericano a diez años había subido del 3,99% al 4,39%, una subida espectacular que se traduce en miles y miles de millones de coste adicional para el tesoro del país. Es lo que se vivió en España durante la crisis de deuda soberana, con la prima de riesgo disparada. EEUU juega con ventaja en este campo, porque el dólar sigue siendo la moneda de reserva global, pero la desastrosa política de Trump se está cargando la confianza en la economía del país, en su imagen y, también, en el dólar. El disparo de la rentabilidad de los bonos no podía sostenerse durante mucho más tiempo, y Trump ha tenido que rectificar, recular, esconderse. No lo dirá porque nunca jamás admitirá que es un necio, pero su fracaso ha sido total, y los mercados, esos a los que tanto se odiaba en el pasado por muchos, son los que han doblegado al émulo de dictador que se ha instalado en la Casa Blanca. ¡Vivan los mercados!

Pero no olvidemos que el 10% de arancel sigue vigente para todos, por lo que el daño, grave, no extremo, se va a seguir produciendo en el mercado global. Al único país al que le mantiene un arancel extra disparado, superior al 100%, es China, el único país en el mundo cuya economía tiene la dimensión y alternativas suficientes como para enfrentarse a la norteamericana. En lo que parece una reedición plena de la guerra fría, las hostilidades entre ambas naciones crecen de la mano de Trump y, aunque puede haber momentos de acuerdo, la ruptura de conexiones parece ser inevitable entre los dos gigantes. Y eso es un enrome problema geopolítico para todo el mundo. De momento, alegrémonos. Trump ha sufrido una primera derrota. Casi nos cuesta la ruina a todos.

miércoles, abril 09, 2025

Órdagos a la grande entre EEUU y China

Ayer fue un día de esos en los que la bolsa norteamericana es capaz de medir al instante la sensación del momento, como un termómetro perfecto de la fiebre que sufre la economía y política global. Empezó con un rebote muy intenso, de algo más del 4%, tras las debacles de los días pasados, pero fue perdiendo fuelle a medida que avanzaban las horas y entró en pérdidas a algo más de una hora del cierre, cayendo al final el SP un punto y medio. Pude leer que ayer fue el día con mayor recorrido en el índice de su historia entre máximos y mínimos. No se si es cierto, pero merece serlo.

¿Por qué ese comportamiento? La bajada se acentuó a medida que el locuaz, seré educado, Trump, mandaba mensajes en los que aseguraba que su teléfono no da abasto para atender las llamadas de todos aquellos que suplican negociar con él (besarle el culo, dijo literalmente el personaje) pero que no va a ser una negociación sencilla, porque va a exigir cosas más allá de los meros intercambios comerciales, como el pago por parte de Corea del Sur de los costes de las tropas norteamericanas que residen en su territorio. Pero el acelerón de pérdidas llegó cuando anunció que, como respuesta a la contestación china de imponer un arancel equivalente al sufrido, decidía duplicar la tasa a las importaciones chinas, subiendo la tarifa a un estratosférico 104%, lo que supone duplicar directamente los precios de los bienes que, procedentes de ese país, llegan a EEUU. China ya ha dicho que va a actuar de manera simétrica ante todo movimiento norteamericano, por lo que nos encontramos, ya, ante el juego planteado una y mil veces en el que dos contendientes corren uno contra otro, hasta un punto de colisión, hasta que uno de ellos se desvía para evitar el accidente. Las dos mayores economías del mundo, el mayo importador, EEUU, y el mayor exportador, China, empiezan a enfrentarse a cara de perro en el tema comercial, y comienzan a romper los vínculos que les unen y, en principio, disminuyen las probabilidades de que las disputas no escalen a otros niveles más allá del económico. Realmente, al juego del gallina, ese de los macarras que se amenazan, sólo pueden jugar los más fuertes, o los que creen que pueden ganar, y sólo un país, China, es capaz de disputar la preminencia global a EEUU en estos momentos, y está actuando realmente como un rival. En Beijing se hacen cálculos sobre el coste y beneficio de lo que está sucediendo, y saben que se arriesgan a perder mucho, porque el país está sumido en problemas económicos propios desde hace un tiempo, con la digestión de una burbuja inmobiliaria que no acaba de terminar, uns demanda interna que no responde, un conjunto de inversiones públicas tan aparatosas como, en muchos casos, innecesarias, y una rigidez gubernativa a la hora de dirigirlo todo que asfixia la innovación propia. Sin embargo, saben que tienen unas fortalezas que les permiten elevar la apuesta. Las redes que han tejido con otras naciones no occidentales les garantizan suministros de materias primas, especialmente agrarias y energéticas, sin recurrir a EEUU, el grado de tecnología propio y el uso de aplicaciones informáticas alejadas del ecosistema norteamericano les da una independencia en ese sentido que pocos países del mundo poseen, y su población está dispuesta a sacrificarse en el caso de que el régimen les venda, bastante fácil dada la actitud de Trump, que los problemas que puedan sufrir les vienen impuestos desde un exterior hostil. Recordemos que China es una dictadura de partido único y que el poder de Xi es inmenso, pero que el acuerdo tácito que mantiene la estabilidad del país se basa en un trueque en el que la sociedad acepta la ausencia de libertades a cambio de prosperidad. Los años complicados que vive la economía china desde el Covid y el endurecimiento del régimen de Xi han puesto en entredicho varias de las posibilidades de desarrollo chino, pero la presencia de un enemigo exterior, en forma de sujeto naranja, es ideal para el régimen y puede sacarle un gran partido en su propio beneficio.

Duplicar el coste de los productos chinos en EEUU supone, para el consumidor americano, un sablazo inmenso a su capacidad de compra, especialmente en productos como los tecnológicos o de ocio, y su pérdida potencial puede ser enorme. Wall Street volvió a decir ayer, a gritos, que la guerra de aranceles es una estupidez peligrosa que puede llevar a la recesión a las naciones y a la ruina a no pocos, pero el instigador de la misma, Trump, sigue ajeno a todo. Y de mientras los gigantes se pelean, los enanos, el resto, estamos cada vez más asustados y, sospecho, más cerca de la crisis económica. Ellos van a perder con los movimientos que están efectuando, al resto ni les cuento lo mal que nos va a ir.

martes, enero 28, 2025

China provoca un terremoto en la IA

El domingo por la tarde, mientras perdía el tiempo sin hacer nada de interés, vi que había algunas noticias referidas a una app china de IA que estaba siendo testada desde hacía unos días por expertos, y que, al parecer, ofrecía un resultado espectacular, comparable al de sistemas tipo Chat GPT de Open AI. Empezaban a aparecer opiniones sobre lo que eso supondría en el ecosistema de esta industria y el impacto que las características que la app china podía causar. A esas horas los futuros de los mercados de EEUU seguían cerrados, pero ya por la noche eché un vistazo y el rojo empezó a ser intenso. Reconozco que no puse relación a ambos fenómenos.

DeepSeek es el nombre de la empresa china que ayer desbarató gran parte de las creencias asentadas sobre cómo funciona la industria de IA y volatilizó valor en bolsa como nunca antes se había visto. Si ustedes entran en su web, con el logo de una ballena azul por bandera, tienen acceso a la app para descargarla y a un formulario de registro para darse de alta y empezar a interactuar con la IA, todo gratis. Se parece mucho a Chat GPT en su estética, pero eso es lo de menos, lo importante son las tripas. Sometida a un embargo tecnológico por parte de EEUU para que no pudiera acceder a los chips de altísima tecnología que se usan en la IA, China parece haber sido capaz de crear un modelo de IA de LLM, modelos de lenguaje que son comunes en todos estos bots, rompiendo los siguientes supuestos, hasta ahora considerados como condiciones necesarias; No ha usado los chips más potentes del mundo, no, sino unos que no son malos, precisamente, pero no la punta de lanza tecnológica. Son de Nvidia, sí, pero no sus joyas. No ha hecho un uso masivo de ellos, no, sino que le han bastado apenas un par de millares. Consecuentemente, el consumo energético de todo el sistema es bastante menor que el requerido por la infraestructura que hasta ahora se asociaba a los LLM, y todo ello redunda en un coste ridículo, que las fuentes oficiales chinas estiman en unos seis millones de dólares, una minucia comparada con los presupuestos que han hecho públicos Open AI u otras empresas norteamericanas. Además, DeepSeek, que traducido del inglés significa búsqueda profunda, está desarrollado en código abierto, lo que quiere decir que un especialista puede acceder a él, entenderlo y rehacerlo según sus necesidades. Es, más o menos, como la diferencia que hay entre Windows y Linux, siendo el primero un producto propietario de una empresa que lo ha desarrollado y no accesible en lo que hace a las tripas de su programación y el segundo un software en el que la comunidad que en él trabaja pone a disposición del resto los avances que se van creando para que, quien lo desee, pueda ir añadiendo, parcheando a adaptando según le convenga. El sistema de código abierto es un viejo conocido del mundillo de la informática y es muy querido por los desarrolladores, y odiado por los financieros, porque supone un golpe a la generación de ingresos entendida como la venta de paquetes de software cerrados y estandarizados. En fin, DeepSeek se convierte en una alternativa de bajo coste a los sistemas de IA conocidos, y ya sólo por eso supone una revolución en la materia, pero lo más importante de todo es que, según los expertos que lo están testando, es algo que funciona. Comparado con los últimos desarrollos de Open AI ofrece un rendimiento perfectamente comparable a la hora de superar pruebas de lógica y otros tipos de test a los que son sometidas estas máquinas para comprobar sus capacidades. Así que, casi de la noche a la mañana, una pequeña empresa china que era una total desconocida se ha convertido en un rival perfectamente competitivo para las joyas de la tecnología norteamericana, algo con lo que nadie contaba y que ha puesto patas arriba todo el mercado financiero global y, sobre todo, el relato de la supremacía de EEUU. Hay voces que opinan que todo es demasiado bueno para ser cierto, y que detrás de DeepSeek se esconde el potencial del gobierno chino, y en parte tienen razón, porque ese régimen controla todo lo que sucede en el país, pero a medida que pasen los días y los expertos calibren lo que hay se podrá ver si todo lo afirmado por la empresa china es cierto o no. Lo único que es seguro es que es una IA comparable a las conocidas en una nación que, según todos los que de esto saben, no debiera haber sido capaz de construir algo así.

El terremoto en los mercados ayer fue tremendo. Europa no se enteró de mucho, una de las pocas ventajas de vivir en el atraso tecnológico que ya nos caracteriza, pero en EEUU el golpe fue serio. El índice tecnológico Nasdaq cayó un 3% y la sangría fue enorme en las empresas que se dedican al sector, destacando Nvidia, la hasta ayer mayor empresa cotizada del mundo, fabricante de los chips que llenan todos los sistemas de IA conocidos. Ayer cayó un 17% y eso supuso perder un poco más de medio billón de dólares de capitalización, con b de burrada. Esa es la mayor pérdida de valor bursátil jamás registrada en la historia, equivale a casi la mitad de nuestro PIB. De esas dimensiones fue el golpe de ayer. Tremendo.

miércoles, septiembre 25, 2024

Problemas económicos chinos

Ayer el banco central chino anunció, sorpresa relativa, una relajación en sus medidas de política monetaria, especialmente en lo que tiene que ver con los tipos de interés. Rebajó el general, y específicamente más aún los que allí sirven de referencia al mercado hipotecario, y también disminuyó las exigencias de caja para bancos y otro tipo de entidades financieras, en lo que se intuye todo un movimiento de expansión, que se puede traducir en muchos miles de millones de yuanes, que podrían entrar en la circulación de la economía china. ¿Por qué ha hecho esto? La respuesta es sencilla y les va a sonar a conocida.

Hablamos mucho de los problemas económicos europeos, profundos y que nos golpean de lleno como ciudadanos que aquí residimos, pero en China también tienen problemas propios, fruto de varias conjunciones. La principal es que, como nos pasó en 2008, allí también se ha producido el pinchazo de una burbuja inmobiliaria. Promotoras endeudadas, gobiernos locales presuntamente sobrefinanciados por la venta de terrenos y los impuestos que se supone iban a dar las nuevas viviendas, bloques de pisos en medio de la nada a precios astronómicos… les suena, ¿verdad? La sobredimensión del sector inmobiliario residencial allí lleva ya un tiempo ajustándose, y es una de las principales causas de que, tras la reapertura por el Covid, la economía de esa nación no haya acabado de arrancar. Quiebras como las de Evergrande, enorme promotora inmobiliaria china, su Martinsa Fadesa, son el perfecto reflejo de ese problemón que, bien lo sabemos, deja daños profundos y digestiones muy pesadas. Para tratar de sortear ese bache el gobierno chino ha lanzado algunos paquetes de estímulo, pero se ha encontrado con el otro problema de fondo de su economía, que es el desajuste entre los sectores productivos. El nivel de inversión en China es altísimo, tanto en infraestructuras como en sectores productivos industriales. Está sobredimensionado para el tamaño del país y su población ya que, en la práctica, sigue pensado para una China convertida en fábrica del mundo. Una de las obsesiones de su gobierno, de todos los de todas las naciones que han logrado superar un cierto estado de desarrollo económico, es mutar de una economía de producción a una de servicios y consumo, de tal manera que sea la demanda interna la que tire de la economía y la inversión se ajuste a las necesidades reales del país. Sin embargo, el gobierno chino no está logrando conseguir este difícil objetivo. El ahorro del ciudadano de allí es altísimo, mucho más que el nuestro, porque tiene incertidumbres tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y las escasas prestaciones sociales que le otorga su gobierno, que es comunista en lo autoritario y nada social en lo asistencial. Ese ahorro estancado se deriva hacia activos seguros, y no sólo en su país, pero lo que no hace es gastarse en consumo. El peso de este factor en la economía china es mucho menor al que supone en las economías europeas, y no digamos en la norteamericana, donde puede llegar a representar hasta casi las tres cuartas partes de la demanda. Con un consumidor chino asustado la demanda interna no carbura y el crecimiento del país es menor de lo que anuncian los distintos planes gubernamentales. Sigue siendo la demanda externa el gran motor de su expansión, con la conquista de mercados como el del coche eléctrico en Europa como estandarte de la competitividad del país, pero es evidente que China tiene aún mucho trabajo para disolver las enormes deudas acumuladas durante el boom inmobiliario, y que eso le atenaza. El partido en el gobierno, la dictadura encarnada en Xi Jining, sabe que no puede permitirse un tropezón económico porque el pacto fáustico que tiene sellado con la población (ausencia de libertades a cambio de crecimiento y prosperidad) corre el riesgo de quebrarse si las perspectivas económicas entran en una época decadente. El riesgo de involución existe.

¿Serán suficientes estas medidas monetarias para salir del agujero? La experiencia reciente demuestra que no. Ayudan, pero no son capaces de movilizar capitales y ahorros que tienen grabado el miedo del desplome reciente. Sólo el tiempo, y políticas fiscales expansivas, pueden ser capaces de virar el rumbo, pero a la manera de un trasatlántico, de una forma lenta y sin brusquedades. En todo caso, el año que viene puede ser ese en el que el gobierno de Xi planifique y ponga en marcha un estímulo de ese tipo. Si funciona puede tener efectos de arrastre global. Ahora mismo la economía china, ahí, lánguida, está exportando deflación, cosa que nos viene bien. ¿Qué sucederá en 2025?

jueves, junio 27, 2024

Éxito chino en la misión lunar

Hace unos días les comentaba que la misión lunar china Chang’e-6 había logrado aterrizar con éxito en la cara oculta de la Luna y que, con ello, cubría una de las etapas más importantes y complicadas de su viaje. Era la primera vez que un objeto humano se posaba en esa zona de nuestro satélite y, tras varias misiones fracasadas de agencias privadas, China volvía a demostrar su capacidad para alunizar, en este caso en una zona muy alejadas de los tradicionales objetivos de las misiones lunares. Toda la Chang’e-6 era una misión extremadamente difícil y cada uno de sus pasos, de fracasar, supondría el final de la misma, dado que el objetivo no era meramente llegar, sino el retorno de muestras lunares.

Esta semana, la cápsula con, se estima, unos dos kilos de material extraído de la superficie y los primeros metros de la corteza de la cara oculta de la Luna ha llegado a suelo chino, por lo que los científicos de ese país ya tienen muestras que nadie posee en el resto del mundo y el programa espacial chino puede presumir de haber conseguido un éxito absoluto en todos los pasos que se propuso desarrollar dentro de la misión. La arquitectura de todo el proceso replicaba, a escala, la de las misiones Apollo, con un orbitador lunar del que se desprendía un módulo de descenso que tocaba suelo en la cara oculta, recogía las muestras y las depositaba en el contenedor situado en la parte superior del módulo, que despegaba, dejando al resto en la superficie lunar, y se reencontraba con el orbitador, para conseguir con el salir de la órbita del satélite y encaminarse rumbo a la tierra, siendo la parte de la nave que contiene el contenedor de muestras la única que, finalmente, alcanzaría la superficie de nuestro mundo. Es evidente que si cualquiera de estos pasos hubiera fallado el objetivo final se habría frustrado, y que la consecución de cada uno de ellos supondría que la tecnología espacial china habría franqueado una nueva barrera en su camino hacia el control de las misiones lunares. El gobierno de Beijing tiene sobrados motivos para festejar el éxito conseguido y presumir, ante propios y extraños, de un programa espacial que ya ha hecho algo que aún nadie había conseguido. Es extraordinario. Y lo es también la velocidad a la que, en no demasiados años, China ha recortado la enorme distancia que le llevaban EEUU y Rusia en lo que hace a capacidades espaciales. Ahora mismo, con la UE y sus lanzadores en un extraño punto muerto y Rusia, extrayendo oro de la tecnología Soyuz, que aún rinde, China está muy por delante de ambos y ya sólo EEUU le lleva una ventaja en aspectos relevantes, pero esa ventaja cada vez es menor. Lo que hace SpaceX de Elon Musk es, ahora mismo, la tecnología punta en lo referente a lanzamientos y viajes suborbitales, pero de cara a misiones más allá de nuestra órbita terrestre la ventaja norteamericana respecto a China se ha reducido notablemente. Los éxitos de NASA y JPL en la investigación marciana y el logro de depositar rovers en el planeta rojo son los principales hitos que aún quedan lejos para las capacidades chinas, pero en lo que se refiere a la Luna, ahora mismo, tras el éxito de esta misión, China está en condiciones de mirar a EEUU de tú a tú en lo que respecta a innumerables asuntos relacionados con el control de vuelo, maniobras de acoplamiento y desacoplamiento y gestión de trayectorias. Evidentemente no tiene mucho que ver mover sondas a hacer que naves tripuladas sean capaces de desarrollar misiones equivalentes, pero es verdad que lograr lo que se ha hecho supone que China está en condiciones de planificar una misión tripulada en todo lo que hace a los temas de vuelo. Queda el pequeño, nada insignificante detalle, de la existencia de una nave que de soporte vital a los astronautas chinos en su periplo, y un sistema de aterrizaje y despegue lunar capaz de mover los cientos de kilos asociados pero es seguro que los técnicos chinos llevan tiempo trabajando en ello.

De hecho, los planes públicos de Beijing son los de llevar astronautas chinos a la Luna en el año 2030, dentro de poco más de cinco, y la experiencia dice que China suele acabar cumpliendo los planes que anuncia. La verdad es que, soterrada, existe una carrera entre EEUU y China por ser el primero en volver al satélite, en lo que sería una competición de prestigio global, y esta semana, con el éxito de esta misión, China ha dado un golpe de autoridad sobre la mesa y ha metido una enorme presión a su rival norteamericano, que tiene un programa lunar de la NASA que no acaba de arrancar y una iniciativa privada con el mismo objetivo que aún está muy verde. La cosa en el espacio cercano se pone apasionante.

viernes, junio 14, 2024

Guerra comercial por los coches

Nuestro desgobierno, entretenido en su onanismo, sigue degradando las instituciones y tratando de amoldar la realidad al deseo de los sediciosos que le mantienen en el poder por siete escaños. Es nauseabundo, sí, pero eso es lo único que le importa, a ellos y a sus propagandistas, que siguen cobrando puntualmente. Pero fuera, en el mundo real, con las cosas de comer, suceden hechos que son bastante más relevantes y que amenazan la prosperidad de nuestras economías. Sí, no los sueldos de los que venden las infamias del gobierno, esos serán los últimos que dejen de cobrar antes de que Sánchez deje la Moncloa, pero hasta entonces no tienen por qué preocuparse de menudencias sobre China, coches, viviendas o cosas tan de pobres.

La industria automovilística es uno de los puntales de la economía europea, una de sus mayores fortalezas tecnológicas y comerciales. España no tiene marcas propias, por lo que perdemos la mayor parte del pastel, que se dedica al diseño, innovación y decisión, pero sí somos muy buenos en fabricación y montaje, y son varias las marcas que poseen centros de producción en nuestro país, clasificados entre los mejores del mundo por su productividad. Las grandes empresas del sector son francesas y alemanas, y ellas lideran a la UE en este aspecto, con algunas otras marcas marginales que son más bien exóticas. Hasta hace poco el sector, de manera global, era liderado en ventas por las empresas japonesas y en tecnología y prestigio por las europeas, especialmente alemanas, mientras que las norteamericanas se habían quedado un tanto atrás en ambos sentidos, pero dado el poder de su mercado eran las terceras del mundo. Esto ha cambiado radicalmente con dos grandes sismos; la introducción de China como mercado y productor y el proceso de transición ecológica. Lo primero fue un espaldarazo inicial a las ventas de los productores occidentales, que desarrollaron fábricas allí y empezaron a dominar un mercado inmenso y, casi, virgen. Las empresas de coches chinas eran arcaicas y estaban a gran distancia de sus competidores. La transición ecológica ha sido justo el proceso contrario. El gobierno chino, apostando plenamente por el coche eléctrico, ha subvencionado desarrollos tecnológicos y productivos que han permitido que marcas chinas sean las líderes mundiales en la fabricación y venta de coches con batería, desbancando a la norteamericana Tesla, mientras que las empresas europeas, las reinas de la eficiencia del motor térmico, han visto cómo sus propulsores y plataformas técnicas asociadas eran adelantadas por un coche, el eléctrico, que mecánicamente es de una simpleza abrumadora frente al vehículo convencional, y en el que el software de control y la batería que lo impulsa son las piezas fundamentales. La ventaja que tienen las empresas chinas en ambos aspectos es grande, y sus modelos ya inundan los mercados occidentales. Más allá de los problemas que tiene el coche eléctrico y de su, por ahora, estancamiento global en ventas, es evidente que las marcas chinas han venido para quedarse y pueden cubrir, con su inmensa capacidad productiva, el mercado europeo. Y las empresas nuestras se encuentran, de repente, con la irrupción de un competidor con carácter disruptivo, en lo tecnológico y comercial, y se han asustado. Hacen bien. Y los gobiernos, que obtienen enormes ingresos del sector del automóvil y que encuentran en sus inversiones y empleos asociados una fuente de estabilidad económica y social, empiezan a sentir escalofríos. Creo que aún no los suficientes. Por ahora hay dos respuestas posibles ante el reto chino, aparentemente contradictorias. Una es aliarse con ellos, como hemos hecho en España con el acuerdo para que Chery compre la antigua planta de Nissan en Barcelona para que monte allí sus coches eléctricos. La otra es la de imponer aranceles a los vehículos que vende China para compensar las subvenciones con las que el gobierno de aquella nación dopa a sus empresas. Esta segunda medida es el proteccionismo de toda la vida que se traduce, sobre todo, en un incremento de los precios de venta del producto al que se imponen los aranceles y en un perjuicio para el consumidor que lo compra. Es una medida que genera perjuicios globales y suele ser muestra de fracaso competitivo. En este caso, desde luego, así es.

Ante los aranceles, China puede responder de tres maneras. Una, la vía Chery, que es poner plantas productivas en Europa y terminar ahí el proceso de montaje del vehículo, por lo que un coche al 95% hecho en China pasa a venderse como europeo. Efectivo, pero lento. Las respuestas rápidas son la imposición de aranceles simétricos, por lo que la ineficiencia y el aumento de precios es generalizado. Y una tercera respuesta es la de empezar a ejercer su poder, el derivado de ser la segunda economía del mundo, y el poseedor de necesarios recursos materiales y productivos, para dejar claro (chantajear) a la UE y ver quién es el que aguanta más dolor. Las cosas ya no van sobre ruedas en el mundo del coche, y no sólo por el ERE de Ford. Europa empieza a perder, también, esta batalla tecnológica. Y lo podemos pagar carísimo.

miércoles, junio 05, 2024

China triunfa en la Luna

Esta semana EEUU ha vivido un fracaso en su proyecto espacial. El intento de lanzar la cápsula tripulada Dreamliner de Boeing se ha vuelto a aplazar por problemas técnicos de todo tipo y está por ver si mañana se volverá a testar, como se prevé. Esta cápsula es la alternativa a las Dragon que lanza SpaceX, la empresa de Elon Musk, que sí se han mostrado efectivas a la hora de llevar astronautas a la Estación Espacial Internacional. La NASA buscaba tener dos opciones posibles por si una fallaba, y lo cierto es que una no deja de fallar mientras la otra funciona como es debido. El coste duplicado de la inversión, por ahora, no rinde como es debido.

Mientras tanto, China está avanzando en sus planes espaciales con un ímpetu notable. El gran objetivo actual de los vuelos tripulados de ambas potencias es volver a la Luna, y en el caso de EEUU la cosa cada vez está más lejos. El programa Artemisa de NASA retrasa sin cesar sus vuelos orbitales en torno al satélite y ahora mismo, no existe un módulo de alunizaje digno de tal nombre, ni de fabricación NASA ni del proyecto Starship de Musk, que están grandioso como experimental. China, por su parte, ha puesto en 2030 la fecha de la llegada de un ciudadano asiático al satélite, y de momento sus planes avanzan con paso firme. La táctica está siendo, por lo que parece, combinar largas estancias de astronautas chinos en órbita baja, en su estación espacial, acostumbrándolos a todo tipo de tareas y misiones y, por otro lado, dominar mediante sondas los procedimientos de aterrizaje en la Luna y todo lo relacionado con las órbitas de transferencia que permiten llegar y salir de allí. Este es el objeto fundamental de las sondas Chang’e, y de paso, realizar misiones científicas de primer orden. Ahora mismo tenemos a la 6 en una que puede pasar a la historia, porque su intención es la de traer muestras lunares a la Tierra tomadas de la cara oculta del satélite, la que siempre se encuentra en oposición, y que puede poseer interesantes recursos minerales, útiles para futuras misiones. LA arquitectura de la misión es muy similar a las Apolo de los sesenta, sólo que sin presencia humana alguna. China ya posee un satélite en torno a la Luna que le permite actuar como transmisor de comunicaciones, por lo que tiene cobertura completa de la misión en todo momento. La sonda, una vez que abandona la órbita terrestre y se encamina a la Luna, tiene tres partes. Una de ellas se queda orbitando el satélite, mientras que las otras dos, unidas, descienden y alunizan. La principal hace de módulo de descenso y tiene instrumentos como palas y taladros, que buscan perforar el suelo lunar y obtener muestras, tanto del regolito superficial como de lo que él cubre. Tras lograrlo, las muestras se depositan en la parte superior de la nave, en la más pequeña, que es la que, cuando termina la recolección, se eleva a la órbita lunar, dejando el módulo de descenso y el instrumental en Tierra. En órbita, el contenedor de muestras se encuentra con la fase que se quedó orbitando y, unidas, reemprenden en camino de vuelta a casa, con el contenido buscado. Es una misión de una enorme complejidad, y los recientes fracasos de sondas privadas que han intentado posarse en la Luan muestran hasta qué punto cada uno de los pasos de todo este proceso es realmente arriesgado y puede convertirse en el último de la misión. Pues bien, hasta el momento la misión es un absoluto éxito y se encuentra ya en su parte final. De hecho, el contenedor ya ha despegado de la Luna con sus muestras y, hasta donde se, se encamina al encuentro del orbitador para unirse y, a partir de ahí, realizar la maniobra de escape de la órbita del satélite para poner rumbo a la Tierra. Si todo va bien no pasarán muchos días antes de que la carga útil de la misión haya retornado hasta nosotros. Si eso se produce, China podrá presumir, con todas las de la ley, de haber logrado algo que, hasta ahora, nadie ha conseguido, de una manera automatizada y efectiva. Todo un éxito que muestra hasta qué punto la tecnología de vuelo y control robótico de Beijing está a un nivel puntero, y es capaz de desarrollar una misión de tal complejidad.

Sí, sí, traer rocas no es llevar y retornar humanos, eso es mucho más complicado, pero lo cierto es que China, con una misión como está, demuestra tener el control y procedimientos necesarios para embarcarse en un proceso tripulado, y sabemos, aunque falten detalles dada la opacidad del régimen, que llevan tiempo trabajando en la nave y, sobre todo, en los módulos de descenso lunar y retorno, en una arquitectura que replique lo ya comentado. Con este nivel de desarrollo y el ímpetu político que el gobierno le da al tema, que un chino llegue a la Luna en 2030 no es ningún disparate, sino una previsión bastante fiable. Sería un gran triunfo para esa nación.

miércoles, noviembre 15, 2023

Xi y Biden en San Francisco

Hoy empieza el debate de investidura de Pedro Sánchez, en el que su indigna transacción de inmunidad por votos le otorgará una investidura legal, legítima, pero insultante. No voy a seguir este debate durante estos días, no tengo ganas, me genera la tristeza que les comenté hace unos pocos escritos, así que iré con otras cosas que son algo más lejanas, pero, también, importantes, y una reunión al más alto nivel entre Biden y Xi Jinping es un hecho que, en sí mismo, requiere toda la atención, y más tal y como está la situación internacional y las relaciones entre las dos potencias, cada vez más tensas.

El hecho mismo de que la reunión se de tras un montón de citas frustradas da una idea de lo excepcional del evento. Hace seis meses las relaciones Washingon Beijing tocaron fondo, por así decirlo. Era la época de los globos espía y de constantes acusaciones mutuas sobre lo que podría suceder en Taiwán. Desde entonces no es que las cosas hayan mejorado mucho, pero sí ha habido un esfuerzo mutuo al menos en rebajar el ruido de la disputa, los decibelios en los mensajes cruzados. El viaje de Pelosi a Taiwán y los globos frustraron algunas reuniones diplomáticas de muy alto nivel cuyo fin, entre otros, era el de organizar un encuentro entre los dos mandatarios. Sin posibilidad de una cumbre oficial como tal, la alternativa pasaba por aprovechar encuentros globales a los que acudieran los dos jefazos para, en ese marco, organizar una reunión. No ha sido fácil, y varias citas, como la asamblea general de la ONU, o reuniones tipo G20 n o han servido para este propósito. Finalmente, la cumbre de la asociación económica del Pacífico, la APEC, que se celebra estos días en San Francisco es el marco en el que, por fin, se verán las caras ambos. Ambos acuden algo debilitados. Biden, a un año de las presidenciales en EEUU, se despeña en las encuestas y ve como las posibilidades de ser sucedido por Trump crecen. El ruido en su partido sobre la conveniencia de que de paso a otro candidato más joven no es intenso, pero sí notorio, y la división demócrata sobre lo que sucede en Gaza puede hacer bastante daño en algunas de las bases más izquierdistas del partido. La economía de EEUU sigue fuerte, mejor de lo que nadie esperaría, y la bolsa sube, aunque más lo hace la deuda y las dudas sobre la sostenibilidad fiscal. Xi encabeza un régimen que se ha vuelto más oscurantista que nunca, en el que no se filtra información alguna que pueda ser tratada como fiable sobre posibles purgas y disputas en su seno. La economía china renquea, no se ha recuperado del cierre Covid y cada vez es más frustrante su comportamiento tras la reapertura forzosa de hace un año. Todo indica que se vive en el país la explosión de una burbuja inmobiliaria, con un gran volumen de crédito promotor fallido que arrastra a constructoras y demás empresas del sector, y que se puede expandir en el sistema financiero local de algunas regiones. El estímulo contante del banco central chino no logra que el consumo de los hogares crezca, asustados por la pérdida de valor de sus propiedades inmobiliarias, conscientes del escaso músculo del estado de bienestar local y de la creciente precariedad laboral en un mercado de trabajo que, para los más jóvenes, se muestra mucho menos dinámico que antaño. Desde que el gobierno decidió dejar de publicar las estadísticas sobre paro juvenil, antes del verano, sólo podemos intuir que es alto, pero dado que no es posible protestar en China y que el gobierno no dice la verdad cuando se le pregunta (en eso se parece al de aquí) es imposible saber la magnitud de los problemas de los jóvenes de esa nación.

Sobre la mesa de los dos líderes, cuatro asuntos, por lo menos, de especial trascendencia. Las dos guerras vigentes, Ucrania y Gaza, en la que ambos actúan como aliados de uno de los dos bandos, de manera abierta o disimulada, por lo que no dejan de ser rivales en el tablero. Un tercer asunto son las relaciones comerciales, con la guerra de los chips y todo lo relacionado con el proteccionismo mutuo y el sistema financiero global, que China busca desdolarizar, y un cuarto asunto, que es Taiwán, como probable gran punto futuro de colisión. Cada una de las dos naciones encabeza un bloque global, y ambos se separan cada vez más sobre la visión del mundo, haciendo que las instituciones internacionales no funcionen en absoluto. A ver si sale algo en claro del encuentro.

miércoles, agosto 30, 2023

China y sus problemas económicos

En su excelente artículo de este lunes, Judith Arnal disecciona la economía china en unas pocas páginas y gráficos, y muestra perfectamente el problema al que se enfrenta el gigante asiático. Lo que se suponía que iba a ser un fuerte arranque tras decretarse el fin de la pandemia allí por parte del gobierno ha devenido en una preocupante tendencia a la contracción, en la que la deuda privada, el crédito promotor y el reventón de una burbuja inmobiliaria han gripado el modelo de crecimiento del gigante asiático, basado en inversión y exportaciones. A escala, Martinsa Fadesa en España se puede traducir por Evergrande en China para entender a lo que nos enfrentamos.

El gobierno de Xi lleva un tiempo tratando de cambiar el modelo de crecimiento del país, haciéndolo más dependiente de factores internos como el consumo privado o la innovación, y no tanto de la inversión en infraestructuras, cuyos rendimientos son decrecientes, o la exportación, en un contexto de creciente proteccionismo global y de marcha de empresas de China en busca de terceros países en los que los sueldos no crezcan tanto como allí, pero se está encontrando con graves problemas que no es capaz de atajar. El consumidor chino es bastante retraído, tendente al ahorro, entre otras cosas porque sabe que poco puede esperar de su gobierno en materias como la protección social. Eso, unido al miedo que dejó el Covid en aquella sociedad, sometida a una esquizofrenia total que pasó del cierre total a decidir que ya no había virus, ha dejado su poso en una demanda interna que no carbura. Las tasas de paro juvenil han escalado lo suficiente como para que dejen de publicarse y las proyecciones de crecimiento de la nación bajan a cada actualización que hacen los organismos económicos internacionales. ¿Cómo salir de una burbuja inmobiliaria y una demanda asustada? En España sabemos lo duro y cruel que puede ser algo así. A priori China cuenta con dos ventajas que no tuvimos nosotros y que le pueden servir para que este trance pase más rápido. Una es la soberanía monetaria, que, aunque no es convertible, permite al gobierno emitir yuanes y jugar con los tipos de interés para hacer lo que le convenga. El yuan ahora mismo está en una de sus cotas más bajas respecto a las monedas occidentales, y eso da algo de gasolina a las alicaídas exportaciones chinas, pudiendo compensar algunas de las barreras levantadas por economías importadoras y por la competencia creciente de otras naciones que también son ya fábricas globales. La otra herramienta es que, al contrario de lo que nos pasaba a nosotros, la deuda pública del gobierno chino es baja. Tienen el mismo problema de endeudamiento privado, pero con una opción de política fiscal con la que no contábamos. Se está diciendo día sí y día también que Xi y los suyos pueden aprobar en cualquier momento un paquete de estímulo fiscal, vía indirecta o, directamente, con la transferencia de dinero a los ciudadanos, para estimular el consumo. Medidas de ese tipo, que parecieran ficción, son las que vimos puestas en marcha por gobiernos como el del EEUU cuando se dio el Covid, con la entrega de cheques a sus ciudadanos, lo que generó en parte el enorme ahorro embalsado que, al ir terminando la pandemia, se tradujo en una demanda exacerbada a la que la oferta, por cuellos logísticos y pura incapacidad, no pudo hacer frente y disparó la inflación. Los datos de China muestran un riesgo de deflación que nos pone en el polo opuesto, y muestra que hay margen para políticas heterodoxas de estímulo de demanda. En todo caso, si Xi decide hacer algo así sería la prueba definitiva de los enormes problemas por los que atraviesa la economía local, y un reconocimiento público, ante el mundo entero, de que la segunda potencia económica está gripada. ¿Quiere el todopoderoso Xi aparecer como el que reconoce este problema? Una de las necesidades del régimen de Beijing es ocultar gran parte de lo que realmente sucede en esa nación, que el mundo no sepa lo que pasa en China, por la necesidad de mantener el control. Esto, que cuando las cosas marchan bien, es complicado, se vuelve prácticamente imposible cuando el camino se tuerce y embarra.

Hay otro factor, muy ligado a esto último, que diferencia notablemente las opciones del gobierno chino y las que tuvieron los españoles ante la burbuja. Nuestro país es una democracia liberal y aquello es una dictadura con un régimen cada vez más opresor. Eso le permite hacer cosas que aquí no se pueden ni pensar, pero no le garantiza, ni mucho menos, el éxito. El endurecimiento del régimen está, en gran parte, también detrás de la retirada de inversiones extranjeras, de la creciente mala imagen de la nación en el mundo, de la inseguridad jurídica de los negocios y de factores intangibles que son difíciles de medir, pero que aportan crecimiento, o lo frenan cuando se dan a la contra. Los problemas económicos chinos serán una de las grandes noticias de esta temporada.

viernes, agosto 04, 2023

Un chino, ministro, desaparecido

Les comentaba ayer el peligro que suponen para nuestras democracias autócratas como Trump y sus intenciones de dominar el sistema para ponerlo a su servicio. Afortunadamente podemos denunciarlo y combatirlo, y eso sólo ya es muestra del lujo que tenemos de vivir en sociedades libres, prósperas y que son la aspiración del resto del mundo. Se que este párrafo queda mal en tiempos de corrección política extrema como los que vivimos, pero la gente en los países podrá votar en urnas o no, pero siempre tiene pies para poder ir a otra parte, y los flujos migratorios globales muestran cuáles son los lugares de destino, a dónde quiere la gente ir. Y sí, vienen aquí.

En naciones como China, que se han desarrollado de una manera fulgurante en las últimas décadas, la emigración es escasa, pero los derechos lo son aún más. La dictadura de partido único que allí rige, vestida en este caso de comunismo marxista, es opresiva en grado creciente, y no pierde oportunidad alguna para aleccionar a toda la sociedad de quién es el que manda y quiénes, el resto, obedecen. Que un alto cargo del partido y gobierno desaparezca de un día para otro y no se vuelva a saber de él es algo que nos suena a novela histórica, a relato de la época de los emperadores romanos, donde las venganzas crueles estaban a la orden del día, pero no, pasa allí, en 2023, a la vez que uno desde su Smartphone puede estar bailando con el último vídeo de moda. Qin gang es el nombre del que, hasta hace algo más de un mes, era el ministro de asuntos exteriores de China, un cargo muy relevante en cualquier gobierno, más en el de una potencia global como es aquella nación. Qin provenía directamente del entorno de Xi, era relativamente poco conocido pero había ascendido con fuerza de la mano del líder absoluto. Hace más de un mes, de repente, se dejó de verle. Un ministro de exteriores no está todo el día delante de los medios de comunicación, pero tras varios días en los que su departamento es fuente de noticias y no se le ha visto en reunión o declaración alguna empiezan los mosqueos. Pasan los días y nada de nada, Qin no aparece por ningún lado y empiezan a surgir preguntas a la representante del ministerio, que sí comparece casi a diario, que son tratadas de manera evasiva. No se le vuelve a ver, no se le menciona en ninguna de las fuentes oficiales de información, y en poco más de dos semanas es como si a Qin se lo hubiera tragado la tierra. Nada. Al cabo de un mes la desaparición es noticia global y todos los medios del mundo se preguntan dónde está el hombre, no tanto el representante del cargo, porque las opciones de que le haya pasado algo realmente malo son cada vez más elevadas. En medio de la confusión, el ministerio de exteriores de Beijing se limita a un comunicado en el que menciona el cese del titular, el desaparecido, y su relevo por Wang Yi, que ya ocupó ese cargo en una ocasión anterior. El relevo muestra la caída en desgracia de Qin, pero no hay información alguna sobre la causa del cese, el dónde se encuentra el hombre y las causas que han motivado esta extraña ausencia. Cero, ni una sola explicación. Pero sí un movimiento que revela hasta qué punto es tenebrosa la situación de las personas en ese régimen. De un día para otro, en la web del ministerio desaparece toda la información del pasado titular. Se borran sus imágenes, discursos, comparecencias, fotos, enlaces, currículum… todo. En la época de los romanos esto se llama “damnatio memoriae” la eliminación del anterior ocupante del poder. Se hacía con cincel y maza sobre mármol. Se rompían estatuas, se desfiguraban, se arrasaban las placas en las que se relataban hechos acaecidos bajo su mandato, se trataba de borrar el pasado para que el caído ya no ocupase el hueco que se hizo en ese tiempo. Ahora eso se hace desde un teclado de ordenador, no es necesario pico y maza, pero la idea es la misma. Cruel, despótica, pero cierta.

Si esto le pasa a alguien que es ministro, imagínense lo que le puede suceder al ciudadano de a pie que protesta, que pide ejercer sus derechos, que se manifiesta en contra del régimen. China está llevando a la perfección tecnológica todas las argucias que las dictaduras han ido poniendo en práctica a lo largo de la historia para someter a la ciudadanía y garantizarse el poder absoluto. Eso que dijo Orwell en 1984 de que quien controla el pasado controla el futuro trasladado desde la rotura de estatuas o la manipulación fotográfica estalinista a la era digital y la IA en su versión china. Si ese régimen es el futuro que le espera a una gran parte de la humanidad no saben cuánto me alegro de vivir en un decadente país occidental.

jueves, junio 22, 2023

EEUU y China hablan pero no se entienden

Esta semana el secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, ha estado de visita en Beijing, tratando de establecer un mínimo de relaciones entre las dos grandes potencias. Este viaje estaba previsto desde hace varios meses, pero la crisis de los globos espías y la participación china en ellos forzó a que EEUU la suspendiera sin fecha: Pasado el calentón de ese momento, el viaje se ha retomado y Blinken ha mantenido conversaciones con su homólogo chino y también con Xi Jinping, el líder del país. Más allá de las declaraciones convencionales y huecas, poco se sabe de si el viaje ha servido para algo o no. Sería deseable que sí, más nos vale.

No es exactamente una segunda guerra fría lo que vivimos, pero sí una nueva situación de bipolaridad entre dos potencias globales con capacidad de influencia universal. EEUU sigue rigiendo el mundo a través de sus políticas, su economía, su moneda y su manera de ver la vida, y claro, su potencial militar. China es el segundo país en PIB del mundo, el segundo en población, el mayor exportador global y el mayor inversor en un conjunto enorme de naciones que se están uniendo, por interés, presión o deseo, a la manera china de ver la vida. No estamos ante una rivalidad militar, como la que se vivió entre EEUU y la URSS, ni siquiera ante una lucha de destinos, porque desde Beijing no se realiza un proselitismo de su visión política, cosa que sí hacía la URSS. Tampoco estamos ante un enfrentamiento entre un gigante económico en occidente y un paria que se empobrecía sin cesar, como eral el mundo soviético, sino ante el choque de dos potencias económicas que tienen fuerzas y debilidades, pero que son capaces de dinamizar la economía global, que compiten por sectores de tecnología punta y que han dejado al resto de naciones, pensemos en nuestra UE, en una segunda fila, sacándolas mucha distancia. Militarmente hay una competencia entre los dos países, de momento muy descentrada a favor del imbatible ejército norteamericano, pero el ejército chino está mejorando sus capacidades a pasos agigantados y, lo que es más importante, sus posibilidades de actuar en el entorno cercano al país. Sí, Taiwán está en el ojo de todos, y más que en una guerra global entre los dos monstruos, fantasma que atenazó la existencia del planeta durante toda la segunda mitad del siglo XX, la tensión militar entre ambos se polariza en un punto mucho más cercano a China que a cualquier otra parte. Hay quienes se apuntan a la teoría de que una invasión de Taiwán sí puede ser el casus belli de suficiente entidad que desencadene una guerra directa entre las dos potencias, mientras que otros creen que no. En todo caso, la tensión en torno a esa isla, las sanciones comerciales referidas al acceso a tecnologías punteras por parte de EEUU a la industria tecnológica china, los casos de espionaje que día sí y día también se hacen públicos y que involucran a empresas chinas, las declaraciones de ambos mandatarios que aumentan la virulencia, como las de ayer de Biden (ciertas, pero no apropiadas en este momento)… la lista de agravios mutuos entre Washington y Beijing crece sin cesar, sin que los vínculos económicos que atan a ambas naciones se desenreden y la dependencia mutua de los mercados globales impida una desconexión total. No son pocos los que la desean, pero los costes serían enormes y, otra vez, pensemos en la UE, terceras naciones verían como sus economías sufrirían notablemente en un mundo de mercados separados, parcelados. La economía de la URSS era enana y aportaba muy poco al mundo global. China es un monstruo económico del que no se puede prescindir aunque se quiera.

De alguna manera, ambas naciones tienen que poder construir lo que se llama un “teléfono rojo”, un canal de comunicación fiable, seguro, estable y que les permita evitar malentendidos y accidentes que puedan llevar a situaciones peligrosas. Rusos y norteamericanos se mataban, directamente o mediante partes interpuestas, en las guerras locales de la guerra fría, pero ese canal siempre existió (ni era exactamente un teléfono ni era rojo) y se pudieron evitar males irreparables. Crear ese canal es condición necesaria para que la mala relación entre las dos potencias, que no se va a reconducir dada la rivalidad existente, se mantenga dentro de unos mínimos cauces de diplomacia y prudencia. Esperemos que detrás del ruido diario alguien esté trabajando para hacer posible ese canal. Más nos vale a todos.

lunes, mayo 22, 2023

El G7 y China

Hace no mucho se denominaba a las cumbres del G7 como la reunión de las siete mayores economías del mundo. Como la realidad avanza mucho más deprisa de lo que somos capaces de asumir esa expresión ha perdido todo su sentido de la realidad, y ahora se usa una coletilla del tipo “democracias más industrializadas del mundo” para reflejar que los que se reúnen en esos encuentros no son el gran poder económico que eran antaño. Siguen representando un poder enorme, pero en el mundo cambiante en el que estamos, menguante, y no deja de ser paradójico que el principal protagonista del encuentro fuera una nación que no estaba allí.

Y en este caso no me refiero a Ucrania, apoyada por las siete naciones del grupo, sino a China. Gran parte de las discusiones del foro y del comunicado de la cumbre tienen relación con China, por ámbitos tan variados como lo comercial, lo político o la misma guerra de Ucrania. Que las antaño naciones más poderosas concentren sus esfuerzos para solicitar algo a otra nación dice mucho sobre la hegemonía del poder global y cómo está evolucionando nuestro mundo. Uno de los mensajes que han surgido de este encuentro es el de intentar enterrar el término “desacople” que se estaba empleando con frecuencia entre medios y analistas para referirse a las relaciones económicas entre China y occidente. Se ha creado la idea de que podemos permitirnos un desarrollo y crecimiento sin depender de China, parcelando el mundo en dos bloques opuestos, y en parte a ese escenario vamos, pero parece que los que saben y rigen las cosas, que normalmente no son los mismos, han llegado a la conclusión de que es inviable el cortar amarras por completo con el gigante asiático. Su peso en las cadenas de producción y el tamaño de su mercado son tan enormes que, simplemente, un mundo sin China no tiene sentido, y de ahí que de la cumbre salga un mensaje más conciliador hacia Beijing en lo que hace a cuestiones económicas. Se alienta la cooperación mutua y se pide reducir la dependencia de los suministros chinos por parte de los países occidentales, pero no se lanza un mensaje de ruptura. ¿Estamos ante un avance? En parte sí, porque la ruptura total implicaría unos costes inasumibles para nuestras economías y los daños en forma de inflación e ineficiencia serían colosales, pero sobre todo creo que estamos ante el reconocimiento de una realidad global por parte de naciones que antaño dominaron el mundo y que ahora empiezan a no hacerlo. China, con la India de socio, está creando una red de aliados internacionales que empiezan a configurar un bloque, sino homogéneo, sí bien unido por intereses comunes. El papel de Beijing en América Latina, como principal inversor y destino de la producción agraria de esa zona hace que Brasil y el resto de grandes naciones de la zona se empiecen a mostrar como serios socios de China y respalden sus políticas internacionales, lo que es clarísimo en el caso de la guerra de Ucrania, pero también en otros asuntos no tan llamativos, pero sí importantes. El papel mediador de Beijing entre Arabia Saudí e Irán, que ha logrado fraguar un acuerdo diplomático entre enemigos irreconciliables le ha dado un enorme protagonismo en una zona que, tradicionalmente, ha sido de enorme relevancia para EEUU, logrando que la casa de Saud, que debe su poder a Washington, trate con desprecio a los enviados norteamericanos y se preste a apoyar las iniciativas que surjan del que puede acabar siendo su primer cliente a la hora de venderle petróleo, el ávido consumidor chino. En África las piezas del tablero van cayendo una tras otras en el área de influencia de Beijing, bien a través de acuerdos de inversión que les atrapan en una espiral de deudas o por la aparente importancia que China les otorga a naciones que han sido olvidadas por occidente, y ahora se creen reivindicadas, y todo ello, como en el caso latinoamericano, con la explotación agraria y los recursos naturales del continente al servicio del mercado chino, que las necesita para comer y seguir desarrollando su industria.

Lo cierto es que la configuración global se ha polarizado en dos bloques a una elevada velocidad, y eso nos ha pillado a las naciones occidentales con la guardia baja, especialmente a las europeas, con una relevancia global muy decreciente. EEUU mantiene una obsesión por la geoestrategia fruto de su preminencia global, y sabe que los movimientos de China buscan crear una fuente de poder alternativo, y ve como algunos frutos empieza a obtener. Cada vez más el G7 está adquiriendo el aspecto de un foro defensivo frente a ese nuevo poder emergente, y eso nos debe importar mucho, porque como país pequeño y poco relevante, del mundo occidental, deberemos actuar en aguas cada vez más turbulentas. De la mano de nuestros socios, pero a sabiendas de que en el mar hay otro gran pez que nos observa.

jueves, abril 27, 2023

China en Ucrania

Ayer tuvo lugar la primera conversación entre Zelensky y el presidente chino Xi Jinping desde que comenzó la guerra de Ucrania. Un encuentro que las fuentes de Kiev llevaban reclamando desde hace tiempo, dado el papel prominente de China en el escenario internacional y que ha sido calificado como constructivo por ambas partes, en el típico lenguaje diplomático que esconde en unas formas dulces el fondo de lo que haya sucedido. China, como socio colaborador del atacante ruso, pretende jugar un papel mediador en la guerra, pero es difícil, por motivos obvios, que la contraparte atacada vea en Beijing un lugar neutral en el que poder emplazar conversaciones.

La actitud de China en esta guerra es, a mi entender, hipócrita e interesada, pero, sobre todo, de aprendizaje. China es, de momento, más deseosa de un mundo de socios con los que comerciar de que de uno sometido a su imperio, por lo que la estabilidad de los terceros países y el orden internacional juegan a su favor. Si los países son estables mediante democracias o sometidos a crueles dictaduras es algo que no le importa lo más mínimo, siempre que se pueda comerciar con ellos y hacer negocios. La guerra ha causado, y lo sigue haciendo, disrupciones en la cadena de suministros y efectos inflacionarios, además de introducir una sombra de inestabilidad y preocupación en todo el mundo, y eso no le beneficia especialmente a China, pero una vez que las hostilidades se han desatado está claro el bando al que apoya Xi. De momento, que conste, sin involucrarse en la parte militar, pero sí con apoyo diplomático sincero y soporte económico, que no es poco. China ve que esta guerra debilita a un socio suyo, Rusia, pero seguro que tiene pensado como acudir a su rescate, ofreciéndole condiciones ventajosas que no podrá rechazar. ¿Planea Beijing que Moscú pase de ser, sobre el papel, un aliado a un vasallo sometido a sus designios? No lo descarten si el deterioro de la economía y el ejército ruso no hacen sino acelerarse a medida que los frentes se enquistan. La UE también se ve lesionada por lo que pasa en el este, y las relaciones con China de las distintas naciones que la conformamos son tan estrechas y necesarias que una de las obsesiones de Beijing es tratar el tema ucraniano no con un interlocutor común, Bruselas, sino con las cancillerías de las naciones europeas, intentando crear una división en su seno que no lograron los británicos con las negociaciones del Brexit. Las últimas declaraciones de Macron tras su estancia en China son un primer éxito de esta política de “divide y vencerás”. Las declaraciones del embajador chino que ha afirmado que la soberanía de las repúblicas que estuvieron en su momento bajo el mandato de la URSS no es real han sido contestadas con fiereza, y no sólo por los representantes de las naciones que vivieron bajo la dictadura soviética, pero esas palabras esconden un pensamiento profundo que permanece en China y que sirve para que terceras naciones, como Brasil o India, sigan manteniendo un apoyo más o menos explícito a la ofensiva de Putin. Lo siguen viendo como un luchador frente a la opresión de occidente, no como el sanguinario imperialista que es. Pudiera parecer absurdo, pero ese discurso ha calado en numerosas naciones, no las más poderosas, pero sí varias de las que poseen recursos y capacidades para ayudar a la vengativa Rusia. China, con su palo y zanahoria, ha creado un grupo de naciones “no alineadas” que se alinean perfectamente bajo los intereses de Beijing y defienden a Rusia, y esa es una de las razones por las que las sanciones que hemos impuesto a Moscú, efectivas, no lo son tanto como debieran. El que compremos gasóleo refinado en India que proviene de crudo ruso vendido a Delhi es una muestra de las redes de apoyo que, soportadas por China, Rusia ha logrado tejer.

Y, quizás por encima de todo, China usa la guerra de Ucrania para aprender sobre táctica militar y rendimiento de las tropas y material de combate. Observa como la estrategia y tecnología rusa no son propias de este tiempo, sino del siglo pasado, ve el desempeño real de las armas de precisión occidentales, y comprueba cómo se desarrollan las ofensivas, analiza el impacto del uso de drones y de la llamada estrategia mosaico, y reevalúa sus planes de conquista sobre Taiwán en función de todo ello. Día a día la inteligencia militar china extrae lecciones de lo que pasa en el terreno, observa los aciertos y fallos, y aprende. Tarde o temprano hará uso de esas lecciones. Y su fuerza crece día a día.

miércoles, marzo 29, 2023

Tik tok, tik tok

Si exceptuamos las aplicaciones dedicadas a la mensajería instantánea, tipo Whatsapp o Telegram, probablemente Tik Tok sea la red social más utilizada del mundo en este momento, y sólo Youtube le pueda disputar el número de usuarios, aunque no sea exactamente una red. Facebook no vive sus mejores tiempos, twitter, que siempre ha sido una red de nicho, sigue convulsionada cada vez que el excéntrico Musk anuncia algo que pueda afectar a su funcionamiento, y sólo Instagram le hace sombra en cuanto a intensidad de uso por parte de sus enganchados y, sobre todo, capacidad para monetizar, hacer negocio y viralizar contenidos.

Una cosa fundamental distingue a Tik Tok del resto. Es china. Mientras que las demás redes sociales son norteamericanas, y sus sistemas, diseño y gerencia se encuentran en el entorno de Silicon Valley, Tk Tok es de propiedad china, de una empresa radicada allí llamada Bytedance, que a lo mejor a usted no le suena mucho. Propiedad china implica participación del gobierno de Beijing, dado que nada de lo que allí sucede es ajeno al totalitario régimen que dirige el país, y por ello las acusaciones sobre el uso que esta red social hace de los datos de los usuarios, que son generalizadas al resto de empresas de este tipo, se mezclan con el presunto espionaje que efectúa el gobierno chino, usando Tik Tok como tapadera. ¿Es esto así? Casi tan seguro de que es cierto como de que de la misma manera opera el gobierno norteamericano con la información que recopilan las redes sociales radicadas en su territorio, y casi con la misma certeza de que nuestro gobierno no tiene datos de nosotros por esa vía porque las aplicaciones que usamos no son españolas. El espionaje no es algo que sea voluntario por parte de los gobiernos, sino que es consustancial a los mismos, todos lo hacen, y con todos los medios de que dispongan, y es obvio que las naciones más poderosas y capaces lo realizarán con mayor eficacia. Por tanto, no debemos escandalizarnos a priori porque China nos espíe a través de sus apps, sería ingenuo pensar que no lo hace. El problema es que, embarcados como estamos en una pseudo guerra fría entre EEUU y China el que Beijing pueda saber cosas de los ciudadanos norteamericanos mediante la app de los vídeos cortos es algo que, con cierta lógica, obsesiona a Washington. Amparado en la demanda de la privacidad de los usuarios, que recordemos no exige a las empresas propias, el gobierno y legislativo norteamericano ha emprendido una campaña de pesquisas y comparecencias que pueda acabar con un dictamen que prohíba Tik Tok en aquel país. Por el momento no se permite la instalación de esa app en los teléfonos corporativos de los empleados del gobierno, y esa medida también ha sido adoptada entre los de los funcionarios de la Comisión Europea, y es probable que se extienda más redes corporativas gubernamentales occidentales. En una de las últimas comparecencias ante el Congreso de EEUU, uno de los mayores responsables de ByteDance explicó que la gestión que hacen de los datos de los usuarios norteamericanos se realiza por parte de personal norteamericano y en servidores situados en el territorio de EEUU, sin que la matriz china tenga acceso a ellos. El ejecutivo sonaba convincente en su declaración, aunque es probable que estuviera ocultando gran parte de la verdad. Lo cierto es que, para el gobierno chino, y para las apps de inteligencia artificial que está desarrollando, el caudal masivo de información que generan los usuarios de Tik Tok en el mundo es una joya de valor incalculable. Miles de millones de usuarios, dentro del país y fuera, utilizan a diario la app para el ocio, la divulgación, el entretenimiento o para todo lo que uno se le pueda ocurrir. Lo cierto es que en el mundo virtual en el que nos encontramos, el enfrentamiento entre EEUU y China también es ya total, y Tik Tok es ahora un campo de batalla abierto.

El principal problema que tiene Tik Tok, es que, admitámoslo, es un éxito absoluto, funciona. Quienes la conocen afirman de manera unánime que su algoritmo es el más preciso y eficiente de entre todos a la hora de recomendar vídeos y contenidos que sean adictivos para el usuario, y eso hace que su capacidad de enganche sea bestial. Ha superado a las redes norteamericanas en su eficiencia a la hora de tener atrapado al usuario, y actualmente no tiene competencia en ese aspecto. Que China haya logrado algo así asombra, y asusta, porque no estamos ante un mero caso de copiado de tecnología occidental. En este caso el imitador ha superado al maestro.