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jueves, julio 02, 2026

Calor y errores europeos

Hay un debate que me asombra en gran parte de Europa, tras la ola de calor de la semana pasada, sobre la instalación o no de aires acondicionados en los hogares y distintas instalaciones colectivas. Existe un movimiento de pensadores y prescriptores que abogan porque no se deben poner estos dispositivos por sus emisiones y el efecto de calentamiento global que generan, y recomiendan a la gente que debe concienciarse con el planeta, sacrificarse y renunciar a la falsa comodidad que supone el dispositivo de aire en aras de la sostenibilidad global. Como discurso queda bien pero como estrategia es, como poco, estúpida.

¿Cuántos de los que así opinan tienen aire acondicionado en sus casas? ¿Cuántos trabajan en oficinas o lugares en los que sí funciona el aire acondicionado? ¿Cuánto CO2 emite un dispositivo de aire acondicionado frente a los jets privado en los que viajan no pocos de estos prescriptores medioambientalistas? Si uno empieza a hacerse preguntas puede obtener respuestas incómodas, todas ellas unidas a un comportamiento tan hipócrita como clasista, que se basa en el mantenimiento de unos privilegios para unos pocos y la negación de una calidad de vida media para los millones y millones de personas que conforman la sociedad real. Pongamos una ciudad europea, capital, un París, Madrid o Londres. ¿Cómo se refrigeran millones, repito, millones de viviendas en medio de los 40 grados? La instalación de sistemas de ventilación y aire acondicionado es obligatoria si uno no quiere asistir a crisis sanitarias de graves consecuencias. ¿Cómo se mantiene la calidad de vida, no educativa, sino de vida, en aulas de colegios en los que se superan los 30 grados? Al igual que los centros educativos poseen sistemas de calefacción para que los críos y profesores no se congelen en invierno, deben contar con métodos de refrigeración que sean capaces de controlar las temperaturas que se alcancen en ellos. Clases en las que se alcanzan los 30 grados son insoportables, como dormitorios o cualquier otro tipo de estancia a esa temperatura, pero quienes dicen que el aire acondicionado recalienta el planeta y no se debe utilizar seguramente viven y trabajan siempre a unos veintipocos grados, sostenidos por sistemas de climatización más o menos eficientes. Sí, hay que seguir trabajando en la mejora de los aislamientos, en sistemas pasivos que permitan que los edificios existentes se comporten mejor ante los retos térmicos, hacia arriba o hacia abajo, y sean más ahorrativos. Debemos tratar de crear todas las superficies de sombra que sean posible en medio de plazas y calles que tienden a convertirse en acumuladores de calor, fruto de diseños muchas veces erróneos, pero el mensaje de que usted no debe tener aire mientras yo sí lo tengo es de una hipocresía tan cutre que sólo sirve para crear indignación social, cabero y hartazgo. El que pretende defender el medio ambiente, o cualquier otra causa, y usa como argumentario que son otros los que deben sacrificarse por ello en vez de él mismo está destruyendo el objetivo que dice perseguir, porque va a crear una animadversión social absoluta hacia él. La sociedad va a considerar como falso el problema que se dice combatir por parte del experto y va a hacer todo lo contrario. Me sigue asombrando cómo, cada día, se observan conductas de este tipo, estúpidas en el más profundo de los términos, en nuestros medios de comunicación, y más entre los que se proclaman más concienciados con el cambio climático. ¿A qué temperatura mantienen sus redacciones estos medios? Los despachos de sus gerentes y consejeros delegados, ¿se refrigeran por las plantas que están en los alféizares de las ventanas o por el aire que sale de los extractores que circulan sobre sus cabezas? Lo de a Dios rogando y con el mazo dando en versión climática.

Sí, las temperaturas van a subir, sí, es un fenómeno global, y sí, depende ya mucho más de lo que hagan naciones como China o India de lo que los europeos pongamos de nuestra parte. Ante un panorama como este sólo queda adaptarse, mitigar los efectos, dado que no va a ser posible combatir las consecuencias (inapreciables cuando sólo los europeos vivíamos bien y a costa del resto). Y restringir el acceso de la refrigeración a las clases medias y bajas europeas es una política estúpida que sólo va a crear indignación y desafección. Me asombra que sigamos cometiendo errores tan burdos, de manera tan persistente, como si viviéremos en una realidad paralela.

miércoles, julio 01, 2026

Calor y renta

Cuatro días en el norte tras una de las olas de calor más intensas y persistentes que se han vivido por allí deja casi un monotema de conversación entre todo el mundo. Es habitual que los que conozco, llegadas estas fechas, se compadezcan de mi por vivir en el infierno madrileño, pero esta vez les recordaba que han pasado días más duros que los que se han dado en la gran ciudad y el semblante de mis interlocutores tornaba de lo gracioso a lo crudo, desesperado, todo atisbo de broma desaparecía y los rostros mostraban agotamiento, y casi hasta miedo por lo sucedido, por los días que han pasado, y por la mera posibilidad de que algo así vuelva.

Lo de combatir el calor cuando no hay costumbre ni instalaciones es un problema, y es algo que empieza a estar presente en esa zona del país, y en todo el continente europeo, hasta ahora ajeno en gran parte a eso de “la calor” que azota al centro y sur de los países mediterráneos. La compra de ventiladores se ha disparado entre mis conocidos, y obviamente el stock de las tiendas no ha dado abasto. En el chino de Elorrio quedaban algunos ejemplares de esos que se ponen en las mesillas, con aspas de quince centímetros de diámetro, como mucho. Ejemplares de pie, o portátiles de aspas grandes, nada de nada, y de los de techo para las habitaciones ni soñarlos. Los que los tenían de veranos pasados, como era el caso de mi madre, ejemplar mediano, los ha usado a espuertas, pero a muchos les ha pillado sin otra cosa que un abanico para poder darse algo de corriente. Si los ventiladores allí son algo escaso, lo del aire acondicionado es un exotismo. Las oficinas y comercios grandes lo tienen, junto a varios bares, pero en general escasea en tiendas y es prácticamente imposible de encontrar en viviendas particulares, sean pisos o chalets de privilegiados. No existe nada parecido a eso de la preinstalación de aire que se hace por defecto en todas las viviendas nuevas en Madrid, y ver cajas de extractores de aire en la calle resulta muy llamativo. Uno puede pasear en Madrid contemplando edificios viejos y contando las pocas viviendas que no lucen adosada en la pared una de esas cajas que quedan estéticamente como pegotes, pero que en estos días suponen la supervivencia y el sueño de más de uno. Cada uno, por aquí, ha ido instalando los equipos a la buena de Dios de tal manera que los exteriores de los edificios son realmente feos en muchos casos. Parece como si los hubiera asaltado una viruela o algo así. Arriba no, las fachadas son pulcras, porque no es posible encontrar esos dispositivos en ninguna parte. ¿Va a cambiar ese paisaje urbano en el norte? Sospecho que sí, y dado que el aire acondicionado es una instalación que supone una inversión considerable, sospecho que empezarán a proliferar en las viviendas y barrios pudientes, para ir extendiéndose poco a poco a los bloques de pisos convencionales, de barrios más modestos. En la lucha contra el calor la renta es una de las principales variables, como lo es en casi todas las cosas de la vida. Uno pasea por barrios y las viviendas y los coches suelen ser buenos indicativos de lo que ganan los residentes que allí viven. En el caso de las calefacciones los edificios suelen venir con ella instalada, sea cual sea el dispositivo escogido, y normalmente es el usuario el que decide lo que quiere, o puede, gastar. Arriba son muy escasos los piso que carecen de sistemas de calefacción, aunque los haya, pero en general es muy difícil saber desde la calle si eso es así o no. Acertarán al 90% si consideran que todos los tienen, sea cual sea la tipología de edificio que contemplen. En el caso del aire acondicionado el porcentaje de acierto será muy similar si apuestan por el no, y dado el funcionamiento de la tecnología, en breve empezará a distinguirse quién ha hecho la obra para instalárselo y quién no.

Se habla de pobreza energética cuando el ciudadano sufre para poder pagar las facturas de lo que se llama vulgarmente la luz, que es eso y mucho más. Normalmente se ha asociado a la época de invierno, en la que hay gente que pasa frío en casa porque no puede pagar las facturas si pone en marcha sus instalaciones. ¿Vamos a una extensión de ese concepto a todo el año, a medida que el calor empieza a condicionar la vida de la gente? No es descartable, la verdad. En todo caso, y como es habitual, el que tiene dinero podrá llevar una vida mucho más acomodada, en la que los veintipocos sean la norma que rija en su hogar, sea cual sea la época del año.

viernes, junio 26, 2026

Primera ola de calor

Si en lo político esta semana la cosa ha estado calentita, ni les cuento en lo meteorológico. Casi toda la España peninsular ha sufrido en sus carnes una ola de calor, de la que los más afortunados por su liviandad han sido los residentes en la esquina suroeste. Sí, esta vez Huelva o Sevilla no se han llevado la palma de las temperaturas, ni de las noches tropicales, que en el caso de Almería han pasado a ser dos niveles superiores, saltándose las tórridas y llegando a las infernales, cuando las mínimas no bajan de los 30 grados. Tres noches han tenido seguidas de este tipo, lo que supongo implica desesperación absoluta, porque las pasadas en Madrid claramente por encima de los 20 no han sido nada divertidas.

Donde esta ola, la primera del verano, ya ha sido histórica, es en el norte. Asturias pero, sobre todo, Cantabria, País Vasco y Navarra han superado récords de junio y absolutos con una facilidad pasmosa, en medio de un ambiente completamente despejado, con trazas de calima y escaso refresco nocturno. Noches tropicales que han ido seguidas de jornadas por encima de los cuarenta grados de manera consecutiva, enlazadas una tras otra en una secuencia que, tengo que revisar los datos de Elorrio, pueden haber sido récord desde que los tengo. Cuatro días seguidos por encima de cuarenta es algo anómalo allí, pero que se ha convertido en otro hito superado en el proceso de subida progresiva de las temperaturas medias que se vive en nuestro país y entorno. El calor en la meseta o en el sur es duro, pero existe costumbre frente a él, formas de vida, entornos, tecnología, etc. En el norte alcanzar los cuarenta no es tan exótico, es bastante habitual que un día al año se logre, pero es ese día, el día de los cuarenta, no una secuencia de varios y, sobre todo, tras ese día de cuarenta suele llegar algún tipo de derrumbe en forma de tormenta, role de viento o similar. Esta vez no se ha vivido nada de eso. Ayer, que se alcanzaron los treinta y ocho, como si fueran un regalo, hubo amagos de tormenta por el norte, pero tampoco nada del otro mundo. Parece que hoy la tendencia a bajar las temperaturas por allí se consolida y se mantendrá varios días, de tal manera que el inicio de la semana que viene pillará a Bilbao y alrededores en el entorno de los veintitantos. Y, como les anticipaba, frente a la costumbre del sur, el norte no sabe combatir esas temperaturas, no están preparados ni los cuerpos ni las viviendas ni las infraestructuras. No se si habrá algún piso con aire acondicionado en mi pueblo, pero tengo dudas. Es probable que alguna casa o chalet disponga de ello, pero como algo exótico, como la piscina particular, que es una de las mayores excentricidades que se pueden ver por arriba, signo de ostentación donde los haya. Sospecho que los ventiladores se habrán agotado en las tiendas y sus fabricantes estarán haciendo el agosto adelantado, pero un ventilador de esos pequeños que se ponen en las habitaciones, aunque hace su labor, no es capaz de cubrir las necesidades de una familia, o de alguien mayor para el que la regulación de la temperatura es algo que su cuerpo ya no realiza de manera correcta. Toldos, parasoles y ventiladores de techo son ideas muy prácticas y efectivas, pero que deben ser instaladas previamente, requiriendo una inversión mayor y obras, en algunos casos escasas, en otros no tantas. Se han dado casos de centros de salud urbanos en Bilbao en los que las temperaturas interiores superaban claramente los treinta grados, de tal manera que se convertían en lugares peligrosos para sus trabajadores y los que a ellos acuden, máxime cuando se supone que no lo hacen en la mejor de las condiciones físicas. Algunos de estos centros son de reciente construcción, lo que muestra las carencias con las que se han planificado. Es cierto que las olas de calor tienen un componente de punta que es breve en el tiempo, pero la persistencia de las altas temperaturas y los picos más altos es algo que se está cronificando poco a poco en esos entornos donde eso antes era un relato propio de la estancia de vacaciones en otros lugares. Salvo las oficinas modernas, las instalaciones de climatización no están para nada adaptadas a los veranos que nos tocan.

Y si en Bilbao esto ha sido duro, piensen en París o Burdeos, que también han superado claramente los 40, o en Londres por encima de los 35. Esas ciudades, países en general, tienen el calor como un elemento exótico, propio de relatos de verano en el sur de Europa o, directamente, de cuentos coloniales. Allí no ha hecho calor casi nunca, y las vías del tren o las carreteras empiezan a fallar cuando se superan umbrales de temperatura que en el sur de España son convencionales en verano. La ola en el norte y centro de Europa no ha remitido aún, y sus consecuencias son significativas. Las medidas preventivas ante hechos de este tipo deben ser planificadas con premura, porque estas temperaturas desatadas se van a repetir cada vez con más frecuencia.

Subo a Elorrio y me cojo dos días de ocio. Si no pasa nada raro nos leemos el miércoles 1 de julio

miércoles, febrero 18, 2026

La economía andaluza, golpeada

Ayer, con algunas incidencias menores, reabrió la línea de alta velocidad entre Madrid Córdoba y Sevilla, suspendida desde que se produjo el trágico accidente de Adamuz, del que hoy se cumple exactamente un mes. Tras todo el trabajo de rescate e indagación judicial se ha podido proceder a la reconstrucción de los cientos de metros afectados por el doble descarrilamiento, y la línea vuelve a estar operativa. No sucede lo mismo con el trayecto hacia Málaga, dado que sigue afectado por un desprendimiento sucedido entre la capital de la costa del sol y Antequera, ahí los plazos de reapertura son más dilatados, y los trabajos más costosos.

Entre el desastre del tren y las intensas lluvias que han azotado a todo el país, pero con especial incidencia al sur, se puede decir que Andalucía ha estado sometida a la tormenta perfecta, aislada en la práctica del resto del país no sólo por tren, sino también por carretera. En lo más crudo de las borrascas que nos han golpeado eran numerosas las vías locales y nacionales que se encontraban afectadas por balsas del agua, desprendimientos o cualquier otro tipo de incidencia y, en general, se desaconsejaba viajar hacia allí y moverse dentro de la región mientras la serenidad no volviera. Esto ha supuesto, como era de esperar, un duro golpe al sector turístico local. De por sí estos meses de invierno suelen ser los más flojos, pero es que sin tren ni visitantes no son pocos los negocios que se han visto completamente vacíos ante la ausencia de unos turistas que no llegaban porque no había manera de hacerlo. La mayor incidencia se vive en Málaga, que sigue sin conexión ferroviaria, y ha sido, junto a Cádiz, la provincia más dañada por las lluvias, pero el parón es generalizado. En BBAResearch han elaborado un análisis de coyuntura para poder medir este impacto, y los datos son claros. Los flujos bilaterales entre Madrid y Andalucía han caído y con ellos el gasto, en un 27,2% interanual, un desplome de algo más de la cuarta parte, lo que es imposible que no genere incidencias económicas. El gasto con tarjetas nacionales ha caído un 6,2% y el de extranjeras un 12,1%. A lo largo de esta semana habrán sido innumerables los eventos planificados en la región, de alcance nacional e internacional, que habrán sido suspendidos dadas las circunstancias. Congresos, ferias, reuniones de todo tipo… decisiones de gran volumen de masas que se han sumado al inmenso número de decisiones personales que, por prudencia, han optado por el repliegue. Muchos negocios, especialmente los ligados al ocio y la restauración, habrán visto caer su facturación una barbaridad y, dado que los costes para mantener sus stocks de productos ya se habrían producido, es de esperar que las cuentas de resultados de estas semanas sean de un rojo pasión nada agradable. Obviamente, a estos daños directos en el espacio y tiempo se les deberán sumar muchos otros, en forma de infraestructuras dañadas que deben ser reconstruidas, y, especialmente, del mundo agrario. Hay miles de hectáreas de todo tipo de cultivo que han sido dañadas de una u otra manera, o que permanecen encharcadas e inaccesibles. Se han perdido cosechas por el simple hecho de ser arrastradas por el agua, junto aquellas a las que no se ha podido acceder a recoger el fruto, mientras que otras se habrán podrido en los barrizales que son muchos campos. Adicionalmente, miles de hectáreas que debieran estar siendo plantadas para el cultivo no son trabajadas porque es imposible, por lo que no sólo los daños afectan a las cosechas presentes, sino a las futuras. Evaluar todo esto será mucho más complicado, y, me temo, costoso, que la medición del dolor del sector servicios.

La reapertura del tren, la vuelta de los vecinos de Grazalema a sus casas y, sobre todo, este fin de semana que viene, que será soleado en todo el país, marcarán el inicio de una recuperación que va a tener que ser sostenida para paliar los daños de cerca de dos meses de agonía y vendaval. El conjunto del país ha vivido una serie de episodios meteorológicos severos que han marcado ya 2026 como un año absolutamente histórico, sea lo que sea que pueda pasar en los meses que restan. Recuperar lo perdido es el principal afán ahora de muchos, esperemos que se pueda lograr lo antes posible, y que el Sol ayude.

viernes, febrero 06, 2026

Desalojar un pueblo

La situación de desbordamientos crecientes que se vive especialmente en Andalucía no afloja, a pesar de que hoy las lluvias serán menores. Mañana la borrasca Marta aportará un nuevo chorro de precipitación, con intensidades que podrán superar el centenar de litros por metro cuadrado a lo largo del día en numerosas áreas de la región. Todo lo que caiga se derramará sobre una superficie que no soporta más agua, que no absorbe nada, e ira a crecidas de ríos, desbordes de pantanos y anegación de cauces y riberas, donde ya son miles los desalojados que llevan numerosas horas fuera de sus casas, y lo que aún les queda.

El caso más espectacular, y complicado, es el de la localidad de Grazalema, el lugar donde más llueve de España por el efecto que su orografía genera cuando los vientos atlánticos húmedos impactan sobre él. La zona es un macizo kárstico, rocas de carbonato cálcico, que son solubles en agua. Esto genera paisajes llamativos y multitud de oquedades en el terreno, propiciándose la formación de grutas, ríos subterráneos y acuíferos. El que se encuentra en la zona donde se asienta la localidad está repleto tras el aluvión de agua que le ha llegado, y ha empezado a rebosar. Su nivel freático ha superado el de la superficie terrestre y, aunque no llueva, el agua fluye desde el subsuelo, por lo que lo inunda de manera natural. Si en ese suelo existen edificaciones el agua no tendrá más que reventarlas o encontrar las fugas “naturales” para brotar, por lo que grietas en las paredes, enchufes, agujeros o cualquier otra cosa se convierten en nuevas fuentes de las que mana agua sin cesar. No importa ya si llueve o no, el volumen de agua acumulado fruto de lo que llega desde la cabecera mantendrá el nivel por encima de la superficie del municipio hasta que baje de forma natural, por absorción. Eso llevará su tiempo, y un periodo de gracia sin precipitaciones. Es fácil imaginar que ahora mismo ese pueblo es inhabitable, todas las construcciones tienen sus sótanos inundados y sus bajos cubiertos de aguas hasta el nuevo nivel natural del acuífero, por lo que el desalojo de toda la población es una medida más que lógica. El mayor problema, sin embargo, no es tanto por la inundación como por la estructura. El efecto de la presión del agua y de la erosión acelerada por la potencia del flujo que mana de lo alto de la sierra genera una erosión brutal sobre la formación rocosa en la que se asienta el pueblo, y ya desde el miércoles empezaron a sentirse vibraciones en las casas de la localidad, síntoma de inestabilidades. No es difícil imaginar que al daño que el agua pueda hacer en las estructuras de las casas se le va a sumar un efecto de “hinchado” en el terreno y que, cuando el nivel del acuífero bajo, pueden haberse producido rupturas geológicas que se traduzcan en hundimientos del terreno. Como señalo ayer el alcalde de la localidad, no es que una calle u otra pueda sufrir un mayor riesgo de este tipo de derrumbe, no, sino que todo el municipio puede llegar a verse afectado, y ahora mismo es imposible determinar cuándo y de qué manera, por lo que la mejor de las medidas es sacar a todo el mundo de sus casas, vaciar el pueblo, y esperar a que el temporal pase, luzca el sol, baje el nivel freático y se pueda comprobar qué es lo que ha dejado en forma de movimientos en el subsuelo. Esto, para los habitantes de la localidad, es una pesadilla, porque al contrario de otras zonas desalojadas, en las que la bajada de las aguas, cuando se de, dará paso a una cierta tranquilidad y al proceso de limpieza y reconstrucción, en su caso el descenso del agua puede originar problemas mayores, y de una manera traicionera. Es una situación muy especial, potencialmente peligrosa, pero que ahora mismo nadie puede estar en condiciones de calibrar en toda su dimensión.

Lo de desalojar un pueblo es algo que se da en las películas, y que supone un reto pero, sobre todo, un trauma para sus residentes. En el verano pasado vimos localidades asediadas por el fuego en las que se realizaron evacuaciones masivas, pero, afortunadamente, se trataba de lugares pequeños, escasamente poblados. No disminuye para nada la angustia del suceso para quienes lo viven, pero sí es más fácil de gestionar por parte de las autoridades que se ven obligadas a ello. Grazalema tiene una población cercana a los dos mil habitantes, no son cuatro casas. Y ahora mismo todos ellos, realojados en Ronda, si no me equivoco, viven una pesadilla que se extiende en el tiempo mientras el cielo no quiera dar tregua. Y mañana es seguro que no la habrá.

jueves, febrero 05, 2026

El diluvio sobre Andalucía

Ya enero, mes mitológico, arrancó con una meteorología llamativa, con temporales de frío que hicieron posible que el día de Reyes nevase en Elorrio y pudiera verlo blanco, cosa que no sucedía desde 2021. A lo largo de los días, la situación zonal se impuso en la península y un carrusel de borrascas, alguna de ellas de alto impacto, golpearon sucesivamente la fachada atlántica, de tal manera que las precipitaciones fueron remitiendo en el norte y disparándose en el centro y todo el oeste peninsular, con aislados pero intensos episodios de tormenta en el Mediterráneo central y norte. En Madrid se puso a llover a lo tonto, con nieve el miércoles 28, y así sigue.

La situación, anómala, ha ido derivando en extraordinaria, con el disparo en la intensidad de las borrascas. Kristin, a finales de la semana pasada, ya causó daños significativos en varias comarcas andaluzas y extremeñas, y contribuyó a saturar por completo unos suelos que ya no podían albergar más agua. La llegada de Leonardo, con menos intensidad ventosa, pero con una eficacia llovedora extraordinaria, está suponiendo graves problemas en numerosas comarcas de Cádiz, Granada y, en general toda Andalucía. Se ha configurado un impresionante pasillo húmedo que bebe del Caribe y que, impulsado por Leonardo, llega hasta nosotros, estrellándose de manera orográfica y descargando unas cantidades de agua salvajes. Ayer en Grazalema se superaron los 400 litros por metro cuadrado a lo largo del día. No hay infraestructura, paisaje o suelo que pueda hacer frente a eso. Toda esa montaña de agua caía calles y ríos debajo de manera salvaje e inútil, unida a la que el propio suelo vomitaba tras alcanzar la saturación plena. Casas y estructuras de todo tipo corren graves peligros en una situación como esta, y ha querido la fortuna que la buena previsión de la AEMET ha permitido establecer medidas preventivas, como la suspensión de colegios e institutos en casi toda Andalucía, por lo que los daños personales, por ahora, no son relevantes, salvo una mujer desaparecida en Málaga. La actuación previa de la UME y de protección civil en Grazalema y su entorno es seguro que ha salvado vidas, pero no va a poder evitar una situación en la localidad, y en muchas otras, en las que enseres, viviendas y muchas infraestructuras van a sufrir daños de gran intensidad. Desprendimientos por doquier, entre ellos uno que ha cortado las vías del AVE entre Córdoba y Málaga, derrumbes de muros de contención, presas que desaguan porque se encuentran ya al límite de su capacidad, cauces de ríos y arroyos, habitualmente escasos, convertidos en cataratas propias de zonas selváticas, completamente descontroladas…  prácticamente todos los ríos de la región se encuentran en un estado de alerta roja, con crecidas enormes y que siguen anegando riberas y zonas ya no tan aledañas. El Guadalquivir, que ya es de por sí un buen río, puede alcanzar cotas históricas, y la avenida que puede llegar a Sevilla será de las que hacen época. Con la luz del día se van a poder apreciar mejor las consecuencias del diluvio de ayer, pero se puede suponer que los daños se medirán en muchos millones de euros. Y hay daños que nos e ven, como todo lo que tiene que ver con zonas de cultivo inundadas y el campo olivarero completamente encharcado, con unos árboles que necesitan agua pero que llevan mal semejante aluvión de humedad. Todo el proceso agrario de invierno está detenido en Andalucía, y no sólo. Es imposible sembrar en el fango que es el terreno y lo que se pudiera haber puesto en los primeros días del año es probable que ya esté podrido, o se lo haya llevado alguna riada.

El río atmosférico de Leonardo ha subido unos grados de latitud y, desde la madrugada, afecta plenamente a toda la franja central, valle del Tajo y Castilla y León. Ahí también las alertas por inundaciones se están disparando por todas partes, con el Tajo y sus afluentes como los más peligrosos, pero en la zona de Salamanca y aledaños también el riesgo es elevado. Es de esperar que lo más intenso de las lluvias termine en torno al mediodía, pero mañana, y sobre todo el sábado, tendremos una nueva entrada intensa de precipitación. Jarrea sobre empapado. Máxima precaución en los desplazamientos, gran parte del país ahora mismo es una balsa rodeada de mares.

miércoles, julio 09, 2025

Inundaciones en Texas

Ya el excelente guitarrista Stevie Ray Vaughan titulo uno de sus álbumes más conocidos como “Texas Flood” inundación en Texas, porque, aunque asociamos a este estado la aridez, no son infrecuentes las grandes tormentas que convierten a modestos ríos en corrientes impetuosas de gran peligro. Texas es un estado de dimensiones espectaculares, similar a toda España, y de la costa de Galveston hasta la frontera con Nuevo México hay tanta distancia como de Barcelona a Cádiz, un mundo. La meteorología en ese lugar es menos cambiante de lo que pueda parecer dado su tamaño, pero en verano es relativamente normal que fenómenos ciclónicos le asalten desde el mar o que frentes tormentosos del interior le golpeen con fuerza.

Eso es lo que ha pasado esta vez, un frente de tormentas de esos que se desarrollan en el interior de EEUU, que puede adquirir dimensiones inimaginables para nosotros y que no ha azotado ninguna de las grandes ciudades del estado, como Dallas o Houston, pero que se ha cebado en el curso medio del río Guadalupe, relativamente cerca de la capital, Austin. En pocas horas ese frente de tormenta convirtió el caudal apacible de ese río en un torrente descontrolado, que multiplicó por mucho su anchura y volumen, y arrasó todo lo que tenía cerca. El número de muertos ha ido creciendo a lo largo de los días, y ya el lunes se confirmó que superaban el centenar, pero en una comparecencia de ayer del gobernador del estado, el republicano duro George Abbott, se hizo saber que los desaparecidos, que se cifraban en poco más de una decena, escalaban de manera dramática hasta superar con creces el centenar, por lo que el balance del desastre puede subir mucho más de lo que ya lo ha hecho, hasta situarse en dimensiones equivalentes a la DANA de Valencia, nuestra gran desgracia del año pasado. Curiosamente, puede que ese trágico recuento de víctimas no sea lo único que la asocia con lo sucedido en el levante español. Desde el principio se ha instalado una intensa polémica en EEUU sobre el estado de la gestión de catástrofes, con dos vertientes distintas pero importantes. Una, la de la falta de avisos (¿les suena?) donde numerosos residentes de las zonas afectadas denuncian que las llamadas de alerta de las autoridades se produjeron tarde, y a unas horas de la madrugada en las que muchos de ellos dormían, por lo que la efectividad fue bastante escasa. Eso pudo, como pasó en el caso de Valencia, aumentar el balance de víctimas, porque el que te avisen de que viene un desastre no impedirá que se produzca, pero si puede lograr que no te pille y te salves, y eso es lo más importante. La otra denuncia tiene relación con los recortes impuestos por la administración Trump tanto en los servicios federales de gestión de catástrofes, allí denominados FEMA como en los organismos encargados del seguimiento y previsión meteorológica. Muchos son los que llevan meses insistiendo que los recortes en la NOAA, el gran organismo meteorológico de EEUU, empiezan a afectar a la calidad de las previsiones que realiza esta institución y a su capacidad de comunicar alertas, avisos y demás informaciones de relevancia. La predicción meteorológica es cara, requiere profesionales de primera, innumerables aparatos de medición dispersos por el territorio que aportan datos y potentísimos sistemas informáticos que realizan modelado y predicción para tratar de saber lo que va a pasar en los plazos cortos y medios de tiempo. En zonas de EEUU donde los desastres meteorológicos son tan frecuentes, pensemos en el corredor de los tornados o las costas azotadas por los huracanes, esas previsiones, como antes señalaba, permiten a la gente planificar la huida y salvar sus vidas ante fenómenos que escapan a cualquier capacidad de contención. En estos casos recortar inversiones supone aumentar los peligros.

Es pronto para saber si la dimensión de la catástrofe de Texas se hubiera podido reducir sin esos recortes, pero lo cierto es que ese peligro existe, y es probable que vaya a más. La tragedia allí ha sido especialmente dramática porque entre los fallecidos se encuentran muchos menores que se alojaban en un campamento juvenil cristiano de verano, que en parte fue arrasado por las aguas. En las imágenes de muertos y desaparecidos los rostros infantiles abundan sobremanera. Aún queda mucho para acotar por completo la dimensión de lo sucedido, ni les cuento para reconstruir. Lo único seguro es que la tragedia es absoluta.

lunes, marzo 24, 2025

El puente de Talavera

Johnygrey es el seudónimo en Twitter, ahora X, de Carlos Polimón, un ingeniero de caminos que ha conseguido alcanzar una audiencia relevante con un tema tan especializado como es el de los puentes. En su cuenta ha ido ejerciendo una gran labor de divulgación, tanto sobre la técnica que se esconde tras el diseño y construcción de este tipo de obras como por los resultados en sí, compartiendo fotos de cientos de ellos y usándolos como ejemplos para resaltar lo que le parece importante en cada uno. Para los que disfrutamos de las obras, el trabajo de Carlos ha sido un regalo, y para muchos otros, un gratificante descubrimiento. Ese trabajo se ha concretado en este año un libro, que aquí les referencio, que es excelente en fondo y forma.

Resalta Carlos, o su avatar Johnygrey, como prefieran, que el puente, desde su construcción, lucha contra los elementos que le rodean, que buscan que ese añadido que ha aparecido sea convertido nuevamente en nada. El río que es cruzado por el puente siempre opondrá resistencia frente a los pilares que se han plantado en su cauce, por mucho que los tajamares, esas construcciones que se hacen para tratar de proteger el soporte de la acometida del agua, busquen defenderlo. El viento índice contra la estructura, soportes, cableados si existen, y los comba para vencerlos e impedir que su paso sea bloqueado. En esa lucha el uso que se hace del puente contribuye a su deterioro, y es inevitable una constante labor de mantenimiento, reparación, revisión… un puente abandonado está solo ante los elementos y sólo es cuestión de tiempo, poco, mucho, muchísimo, que acabe venciéndose por la actividad natural. Las riadas son el principal obstáculo con el que lucha un puente que vadea un cauce, y pese a que se calculan para evitar un cierto nivel de retorno esperado, siempre puede venir una que sea mayor de lo que nadie ha previsto y se lleve la construcción. En los tiempos antiguos se luchaba muchas veces contra esta eventualidad recurriendo al exceso. Se construían pilas muy gruesas y se consideraba que el abuso del tamaño otorgaba consistencia más allá de lo que pudiera pasar con el río, ante la inexistencia de datos del pasado sobre su comportamiento. Esto, junto con buenas técnicas de construcción, ha permitido que numerosas obras de épocas romanas y medievales lleguen hasta nosotros en muy buen estado, pero siempre existe el riesgo de que se venzan por avenidas extraordinarias. Esto es lo que ha pasado este fin de semana con el puente viejo de Talavera de la reina, una arquería clásica que cruza el Tajo en esa localidad. Conocido como puente romano, no lo es exactamente. Sus bases si lo son, pero lo que se ve en la actualidad es una construcción medieval remendada en numerosas ocasiones, para hacer frente a los daños que ese río ha ido causando en el tiempo. Por lo que he leído, la última intervención fue a finales de los noventa o principios de los dos mil, no hace tanto. Peatonalizado desde hace tiempo, el puente servía para unir las dos orillas creando un paseo para los habitantes de la ciudad, ya que el tráfico rodado se desviaba desde hacía bastante por puentes de construcción moderna. Las enormes lluvias que han caído en este mes de marzo, históricas en el centro y sur peninsular, junto a nevadas extraordinarias en las montañas del sistema central y Gredos, han conseguido saturar por completo los terrenos de la cuenca del Tajo y desviar a ese río caudales ingentes provenientes de afluentes y del desembalse de muchas de las presas de su cauce, que se han visto repletas por las aportaciones de las incesantes lluvias. A su paso por Talavera, el río ha alcanzado un caudal cercano al millar de metros cúbicos, una cifra salvaje frente a lo que suele ser habitual en él. He escuchado que multiplica por diez o por quince su caudal habitual, no lo se, pero en todo caso es muchísimo. Y la noche del sábado al domingo, el puente viejo se venció.

Caudal excesivo, maleza y residuos arrastrados que hacen de ariete, impactando en pilas y demás estructuras y sobrepresionando… el puente llevaba sometido varios días a un ataque intenso y, como sucedía con las fortalezas medievales asediadas, acabó cayendo frente a su enemigo natural. El domingo eran muchos los lugareños, y los medios de todo el país, los que se apostaban frente a un cauce salvaje, sucio, apuntando con sus cámaras a las pilas abandonadas que estaban en medio del cauce, sin sostener los tres arcos que fueron vencidos por la corriente. En su lucha contra la naturaleza, el puente de Talavera perdió. Ahora toca reconstruirlo. Pero en un futuro, a saber cuándo, volverá a enfrentarse a su némesis. Como todos.

viernes, marzo 14, 2025

Llueve, y llueve, con mucho amor

Alguna vez he comentado que la relación de Madrid con la lluvia me recuerda a lo que debe ser el encuentro de unos amantes que, mutuamente, son infieles a sus parejas. Cuando se juntan se relacionan intensamente, pero deben cuadrar las agendas para mantener sus dobles vidas y eso les obliga a espaciar los encuentros, a pasar tiempos prolongados escondiéndose, sin verse, lo que hace aparentar que la relación se ha roto. A veces son semanas o meses los que transcurren sin pasión para, de repente, desembocar en un frenesí lleno de salpicones y algún que otro chispazo tormentoso.

Bueno, pues desde hace un par de semanas o esos amantes han dejado a sus parejas o se han unido a las modernas modas, que no entiendo, de las relaciones abiertas y consentidas, y casi a diario hay un fogoso encuentro entre la ciudad y la lluvia, que se extiende a gran parte del país en un episodio de persistencia de precipitaciones que empieza a marcar récords en numerosas estaciones. Tras un febrero que fue estable, mayoritariamente soleado y de temperaturas más cálidas de lo habitual, marzo comenzó con un notable cambio de tiempo que ha supuesto el episodio de lluvias más intenso y prolongado desde hace bastantes años en el conjunto de España. Se ha producido un fenómeno que se da a veces en el ártico, que supone sobre todo la creación de un anticiclón de bloqueo que se extiende mucho más de lo que es normal, abarcando toda Europa continental en nuestras latitudes. En función de sus dimensiones y comportamiento, este anticiclón fuerza a que la circulación de las borrascas atlánticas baje de latitud. Normalmente esos temporales, más intensos en invierno, entran en Europa por Reino Unido y Francia, y de ahí van barriendo toda la llanura continental, rozando el norte de España y sin llegar a afectar al resto de la península. Ahora, con el bloqueo instalado en el centro europeo, las borrascas que vienen desde el Atlántico se encuentran una barrera y deben bordearla para seguir su camino, lo que en este caso les obliga a bajar de latitud y entrar directamente por la fachada atlántica de España Portugal, y de ahí el carrusel de sistemas de bajas presiones, algunos con nombre como Jana o Konrad, que nos están impactando directamente. Y de mientras aquí llueve con ganas, en gran parte del centro de Europa marzo está siendo un mes completamente primaveral, estable, de cielos básicamente despejados y temperaturas suaves. No siempre que hay anticiclón de bloqueo se da un comportamiento similar, porque son otros factores los que también influyen, pero, para entendernos, supone una condición necesaria para que se de una situación meteorológica como la que vivimos. Estas semanas están siendo un enorme regalo para los embalses, muchos llenos tras tanta lluvia, los campos y la naturaleza en general. Uno fija la vista desde la oficina al exterior de Madrid y se encuentra con manchas verdes, y al viajar a Elorrio este viernes el paisaje, muchas veces ocre y mustio, sea cual sea el momento de realizarlo, se convertía en una visión extraña, tapizada de un intenso verde mirases donde mirases. Todo ha brotado en el suelo, y los hierbajos se extienden sin cesar alimentados por lluvias generosas, en su mayor parte no torrenciales, que lo han empapado todo. El crecimiento de los pastos garantiza alimento para el ganado y forraje propio, por lo que disminuirán los costes de los ganaderos de una manera casi milagrosa, como caídos del cielo. La dura sequía que atraviesan numerosas zonas del país ha quedado paliada o, como poco, muy suavizada tras estas lluvias, que han salvado literalmente no sólo cosechas, sino árboles, de varios tipos, cuyo futuro económico y vital era prácticamente nulo tras dos o tres años de precipitaciones casi inexistentes. En zonas como Almería, Málaga, Murcia o el sur de Valencia lo que ha caído es casi el milagro que se necesitaba para no dar por perdidas para siempre numerosas plantaciones que, mal que bien, tiraban con riegos de todo tipo, en estado casi de subsistencia.

Este festival de amor y pasión no puede durar eternamente, y no lo hará. Aunque la semana que viene se prevé nuevamente lluviosa en su tramo intermedio, con el avance de las semanas entraremos en dinámicas convencionales de primavera, y los fogosos que no dejan de quererse volverán a su relación esquiva, quizás las parejas originales no entendieron muy bien qué es eso de relación abierta y, al experimentarlo, se han enfadado. El día que deje de llover en Madrid es sabido que tardará en volver a hacerlo, por lo que nos encontraremos nuevamente en situación de espera, en ansia de reencuentro para gozar las mieles del arrumaco. Pero, de momento, sigue el festival de la pasión acuosa. Disfrútenlo.

jueves, noviembre 14, 2024

DANA tras DANA

Desde luego este otoño va a pasar a la historia meteorológica del país, con letras muy grandes y rojas. Ayer se volvió a repetir el fenómeno de la DANA, esta vez centrado especialmente en la zona de la costa malagueña y de Castellón Tarragona. La ciudad de Málaga vivió inundaciones intensas que, afortunadamente, no causaron desgracias personales, pero sí todo tipo de incidencias y daños, siendo aún muy pronto para valorarlos. Esta noche ha vuelto a llover ahí, y también en la zona valenciana arrasada por la DANA de hace un par de semanas, y hoy se esperan chubascos fuertes en costa de Cádiz y Huelva, siendo el litoral atlántico el más perjudicado. A partir de mañana se espera una estabilización general.

Para esta DANA las cosas han funcionado razonablemente bien, como debieran. La predicción de AEMET ha sido ajustada, el aviso rojo por lluvias puesto de manera firme y con antelación y los sistemas de aviso a la población por parte de las autoridades han respondido como es debido, incluyendo el sistema de mensajes a móviles. Colegios y otras muchas actividades fueron cancelados preventivamente, se ha desalojado a algunas personas que residen en zonas bajas e inundables, y junto a otras, es casi seguro que todas estas medidas han evitado alguna desgracia personal. Bien. Correcto. Se ha hecho prácticamente todo lo que no se hizo en la DANA de Valencia, y quizás el ver el desastre causado en la región levantina ha hecho que todo el mundo, con lógica, tenga el susto en el cuerpo, y se haya prevenido de manera general e intensa. ¿Se habría actuado igual dentro de unos meses, cuando la vorágine en la que vivimos haya hecho a muchos olvidar el desastre valenciano? El recuero de lo que allí ha pasado es la mejor señal de alerta que tenemos para prever episodios similares, que se van a dar en el futuro sí o sí, y lo que ha pasado en Málaga es un bue ejemplo de que, actuando de manera preventiva, no se podrán evitar destrozos físicos causados por un agua imparable, pero sí salvar vidas humanas, que es lo más importante. Tenemos ya, en apenas un año, tres ejemplos de gestión de una DAAN catastrófica que nos sirven de lección. El primero, en septiembre del año pasado, fue el que pudo afectar a Madrid ciudad y al final descargó en Aldea del Fresno, causando algunas víctimas y destrozos. Fue el primero en el que se usó el aviso a los móviles, y esa medida recibió críticas de todo tipo por parte de mucha gente, no sólo de los desquiciados habituales. A AEMET le llovieron críticas porque no fue capaz de ajustar la precisión de una tormenta de tal intensidad (no es posible hacerlo) y como lo que pasó fue muy localizado, en una localidad del sur de Madrid, cerca de la provincia de Toledo, la desgracia quedó olvidada rápidamente. La prevención fue correcta, pero nadie se la tomó en serio. Valencia es el ejemplo perfecto en el que todo se ha hecho mal, desde el antes hasta el después, y sirve como guía maravillosa para saber cómo no actuar ante un desastre similar. Sólo AEMET hizo bien su trabajo, con una previsión más que correcta, pero ninguna administración se lo tomó en serio, no se avisó, el desastre ha sido apocalíptico y, tras él, todas las administraciones han fallado clamorosamente. Un destrozo físico apocalíptico (difícilmente evitable dadas las precipitaciones registradas) y más de doscientos fallecidos (probablemente varios de ellos evitables) son el balance de la total necedad. En el tercer ejemplo, Málaga, se juntan una precipitación extraordinaria, aunque menor que la de Valencia, y una gestión de prevención correcta, y que ha sido tomada en serio por las instituciones y la población. Como antes señalaba, muchos de los daños causados por el agua embravecida no son evitables, pero al menos el balance humano es, por ahora, inexistente. Tres ejemplos para aprender a hacer las cosas como es debido.

Sí, las DANAS son consustanciales a nuestro clima, especialmente el Mediterráneo, y el calentamiento cada vez mayor de las aguas de ese mar les proporciona energía extra, por lo que, cuando se den, pueden ser potencialmente más dañinas. Remodelar cauces y construcciones es un trabajo enorme que lleva décadas y es probable que, dada la desidia que nos caracteriza, no se haga nunca, pero avisar, gestionar la emergencia previa con la mejor información, y ser precavidos, es algo que nos puede evitar desgracias como las sufridas en Valencia. Las DANAS son erráticas, muy difíciles de precisar. Los avisos deben ser generalizados, extensos en superficie y drásticos cuando algo así se espera. No nos queda otra.

jueves, octubre 31, 2024

Un desastre inmanejable

Aún es pronto para cerrar el recuento de víctimas que ha dejado la DANA, especialmente en Valencia, pero es de prever que el centenar de fallecidos se supere con amplitud. Algunas localidades aún no han sido inspeccionadas por los servicios de emergencia, que siguen con enormes dificultades para moverse por una zona de estado similar a una bombardeada en una guerra, y es de esperar que haya desagradables sorpresas en bajos, garajes y otros lugares no visitados en los que algunos buscaron refugio ante lo que se les venía o, simplemente, fueron sorprendidos por el desastre sin que fueran conscientes del mismo. La tragedia es enorme.

Hay que señalar algunos puntos relevantes sobre lo sucedido para evitar algunas de las cosas que se escuchan por ahí, dado que el tertulianismo barato se ha extendido por todas partes. Esta DANA estaba perfectamente prevista. Ya desde el Domingo AEMET y un montón de aficionados y expertos meteorológicos indicaban que el riesgo de un episodio violento en el Mediterráneo era cierto, y que potencialmente podía tener dimensiones catastróficas. Las alertas empezaron a marcarse en toda la costa, desde Tarragona hasta Málaga, y es ahí donde se han producido las mayores incidencias, el lunes en la parte andaluza y el martes en la levantina. Lo que no se puede prever, ni con la tecnología que tenemos ni por cuestiones técnicas (dinámica atmosférica caótica) en que zona concreta, que localización precisa, va a tener un episodio de tormenta excepcional como el que se vivió el martes por la tarde en la provincia de Valencia. La configuración local de vientos, orografía, carga de humedad, frío en altura y otro montón de variables que no dejan de evolucionar en el tiempo dieron como resultado que en esa zona se produjo la combinación perfecta para generar el desastre. Y pudo no ser ahí, y pudo no ser, pero fue, y fue allí. No es posible determinar en una tormenta si se va a dar un tornado y, una vez creado, cuál va a ser su trayectoria. No es posible en una DANA precisar dónde se puede crear un tren convectivo de tormentas y, en su caso, cuándo y cuánto va a caer. Ante situaciones como estas lo único posible es seguirlas con la mayor precisión posible y, si se dan, avisar lo más rápido posible y salir corriendo para que no te pille. En el caso de los tornados en EEUU, donde el seguimiento meteorológico está a otra dimensión respecto a lo nuestro, la mejor táctica sigue siendo la huida cuando el monstruo se acerca a la población, porque nada se puede hacer ante su fuerza. Lo que ha sucedido en la comarca valenciana arrasada es algo mucho más extenso en dimensión que un tornado y de una mayor dificultad de control. Es probable que los sistemas de aviso a los móviles, que tanto impresentable critica cuando se usan, se hubieran tenido que disparar antes, pero también creo que, en una zona tan densamente poblada, y en un día laborable como el que era, y no siendo de noche, estaríamos ante un balance de víctimas igualmente aterrador. Hay que aprender de lo sucedido y, especialmente, de los sistemas de aviso, vigilancia y seguimiento, y de la acción coordinada de una serie de administraciones que deben ser las primeras en creerse que cuando los meteorólogos dicen que puede venir algo serio el riesgo mayor es no hacerles caso. Hemos visto hace semanas en Florida cómo se decretaron evacuaciones masivas frente a la llegada de un huracán enorme. Las DANAS son más capullas, por erráticas y acción mucho más restringida en el terreno, pero habría que empezar a pensar en diseñar protocolos para que, cuando se de la siguiente gran DANA, que la habrá, el mayor número de personas no esté en la carretera, o en el trabajo, o de ocio, o de lo que sea. Y contar con la suerte necesaria, sí, la suerte, algo incontrolable, para que el balance de víctimas sea el menor posible. Pero tengamos presente una cosa, podremos reducir el impacto de estos eventos, pero no eliminarlo. Tenemos que aprender a convivir con estas desgracias, que se escapan de nuestra capacidad de previsión y respuesta.

Se pueden replantear reformas urbanísticas y adecuación de ramblas, y bien vendrán, pero no quiero engañarles. Con precipitaciones monzónicas de 300 a 400 litros por metro cuadrado en una tarde, como lo que pasó el martes, no hay cauce ni infraestructura ni nada que soporte el embate que se puede generar. Nada. La única opción es subirse a lo más alto y cruzar los dedos. Un tercio de la lluvia que cae en un pueblo del Cantábrico como Elorrio (1.200 de media anuales) en una tarde es una bomba que lo arrasa todo, caiga donde caiga. No hay planificación posible ante eso. Genera impotencia, pero debemos asumirlo. Es lo que hay.

miércoles, octubre 30, 2024

DANA destructiva en levante

Ya el lunes por la tarde noche la DANA empezó a dejar un rastro de destrucción en las zonas en las que empezó a materializar su fuerza. Las provincias andaluzas de Málaga, Granada y Almería fueron las más azotadas, con inundaciones locales y fenómenos puntualmente muy severos, como la granizada que afectó a El Ejido y que, con bolas del tamaño de pelotas de tenis, destrozó todo lo que estuviera en el suelo, fuese coche, invernadero o cualquier otro enser. Sin embargo, todo esto no fue sino el anticipo de lo que sucedió ayer, cuando el centro de la depresión se colocó en Marruecos, cerca de Marraquesh, y las bandas de precipitación de gran convección empezaron a llegar a la península.

Dentro de las muchas zonas afectadas, destacan dos. Una es la localidad albaceteña de Letur, en la zona montañosa que separa la Mancha y Murcia, lugar en el que vientos como los de ayer, por la orografía montañosa, generan una gran capacidad convectiva, alimentada en este caso más que de sobra por el aire frío que estaba en las capas altas. El pueblo, en el que no he estado, está en una zona abrupta, llena de cortantes y barrancos, tiene cuestas abundantes y es el acceso a unos parajes naturales conocidos por su belleza. Las trombas de agua que cayeron ayer no tuvieron otra que seguir la bajada de las montañas y se encontraron a su paso con el pueblo, que se transformó en una especie de espigón en medio de un mar embravecido. Las imágenes en redes no dejan lugar a dudas sobre la violencia de las cataratas que han asolado la localidad y dejado varios desaparecidos, a los que se les sigue buscando. La otra zona afectada, mucho mayor en dimensión y, me temo, destrozos y vidas perdidas, es Valencia, su provincia, y en concreto el conjunto de localidades que desde Utiel Requena llegan hasta los aledaños de la propia capital. Durante gran parte del día de ayer un frente tormentoso estuvo prácticamente estacionario sobre esa zona, aumentando de tamaño, degenerando en algo que se llama sistema convectivo de mesoescala (huyan de eso si les sale al paso) que reciclaba constantemente el aporte de humedad que le llegaba a través del viento de levante en cortinas de precipitación que eran imposibles de evacuar, ni allí ni en ninguna parte. Hay registros de varias localidades en los que se superan los trescientos litros por metro cuadrado, y en algunos casos se alcanzan los cuatrocientos, dimensiones difíciles de imaginar y que son propias de fenómenos estilo huracán o lluvias monzónicas. Son niveles de precipitación inasumibles ante los que da igual el terreno, la infraestructura o lo que se pueda haber previsto, nada es capaz de contenerlos. Las dimensiones de la inundación, por su extensión y destrozos, pueden ser realmente históricas. A lo largo de la tarde noche de ayer se iban conociendo vídeos y testimonios de particulares que relataban como el mar de agua y lodo en el que se había transformado su comarca iba engulléndolo todo, dejando las calles de sus pueblos llenas de coches flotando, que se movían al ritmo de una corriente impetuosa que no daba tregua. Subirse a lo más alto de las viviendas, para los afortunados que estaban en casa, era la opción más segura, pero muchas personas se vieron atrapadas en sus vehículos volviendo del trabajo, yendo de un lado a otro haciendo lo que tenían previsto, las miles de contingencias del día a día que uno pueda ser capaz de imaginar. Varios millares quedaron atrapados en transportes públicos, como el caso del tren, o en grandes carreteras como la A3, cortadas en numerosos puntos, perdidas en medio del mar de lodo que iba anegándolo todo. Muchos de ellos han pasado la noche allí, en el punto donde el agua no les dejó seguir, y los servicios de emergencia, que no han parado en toda la noche han sido incapaces de atender todas las llamadas de socorro en una zona tan extensa y poblada, en la que muchos miles de habitantes han podido verse afectados de manera seria.

Con el inicio del día podremos hacernos a la idea de la magnitud del desastre que se ha causado, de la dimensión de las zonas afectadas y, me temo, de las víctimas que se han podido dar. Mazón, el presidente de la Generalitat, ya ha confirmado que hay fallecidos, pero a esta hora no se sabe ni cuántos ni quienes. Vienen horas y días duros en los que las labores de búsqueda van a estar llenas de angustia y mierda arrastrada por la riada. Las administraciones y especialistas de rescate van a tener mucho trabajo para que esas labores sean lo más rápidas posible, pero aún hay zonas a las que el mismo acceso resulta casi imposible. Sobre los daños materiales, que pueden ser inmensos, tardaremos bastante en saber su magnitud precisa. Ahora eso es lo de menos.

viernes, julio 26, 2024

Noches absurdas de calor

A veces empiezan pronto. Otras, como ha sido este año, se hacen de rogar y no llegan hasta bien avanzado el verano, pero uno sabe que, viviendo en Madrid, va a pasar noches de calor absurdo en las que la sensación de agobio es casi tan absorbente como la de imposibilidad. La negrura se mantiene como si fuera la noche cerrada que es, pero tirado en la cama, la sensación es que estamos en pleno día, de que no ha pasado nada en las horas transcurridas de Sol y que, aunque ya no luce, debe seguir siendo el momento de la tarde, o algo así, porque las temperaturas se sostienen como si la estrella que nos domina siguiera ahí, luciendo.

No hay mucho que hacer en esas noches. La quietud y paciencia son las mejores consejeras, y un abanico la compañía soñada. Estar inmóvil es el mejor consejo. Ahí, tirado, encima de la cama, sin sábanas ni nada por encima, esperando que pasen los minutos, y que algo de sueño entre, aún a sabiendas de que eso no pueda ser posible. Si uno tiene suerte y puede dejar abiertas las ventanas, con las persianas entornadas, puede llegar a sentir trazas de corriente sobre su piel, pero eso no garantiza que el aire que circula sea fresco, ni mucho menos. Se mueve, sí, se percibe, sí, pero de ahí a que alivie hay un mundo. En una noche estática la mínima se alcanza en torno al momento de la salida del Sol, mínima que no tiene por qué ser soportable, por lo que nos vamos a la cama con temperaturas mucho más altas, y eso garantiza que sean insoportables. La táctica de abrir las ventanas para generar corriente cuando uno va a la cama no es la mejor si a esa hora de la noche los treinta siguen rondando por el barrio. Cuando estaba en el piso antiguo no había otra que resignarse a jugar con las ventanas y a ver qué pasaba. En el nuevo tengo aire acondicionado en dos de las habitaciones y el salón, por lo que puedo recurrir a él, y a veces lo hago, pero sin abusar. No me gusta la idea de que el aire reseco y enfriado me domine. La maquinaria no es muy ruidosa, pero se oye, dado que uno está despierto. Como táctica, estoy adoptando la de ponerlo unos minutos cuando voy a la cama, para que el primer impulso de estar en ella se acompañe de un cierto frescor, pero al rato, no más de un cuarto de hora, lo apago, y dejo que ese aire menos cálido sea el que domine la estancia durante el resto de la noche. El efecto será menor y se amortigua a medida que pasa el tiempo, las capas de aire se mezclan y la temperatura general sube respecto a lo que ha exhalado la maquinaria refrigerante, pero me parece lo mejor. La idea de dormirme con el aire puesto me genera inquietud, porque las historias de catarros y gargantas resecas gracias a él son numerosas. Sí lo empleo un poco más en el salón si estoy por la tarde en casa, como por ejemplo ayer, cuando en el exterior el Sol pegaba de pleno, afortunadamente ya no a mi fachada a partir de las tres de la tarde, y las paredes y ventanas, recalentadas, transmiten calor al hogar. Estar tumbado en el sofá viendo el telediario o similares requiere algo de aire cuando en el exterior el infierno se desata. Se consuela el sufrido tumbado pensando que peor sería el aire húmedo, los treinta y muchos de un levante mediterráneo o del norte de procedencia, donde el porcentaje de humedad obliga a sudar con temperaturas mucho menos extremas, y el hacerlo no refrigera casi nada. Esos consuelos teóricos están bien, y ayudan, pero no alivian la sensación de calor sofocante. La táctica, nuevamente, vuelve a ser la quietud, el inmovilismo, el tratar de no hacer nada y, si llega el caso, de una manera lenta, sin forzar para nada el cuerpo, y que así no se vea impelido a refrigerarse. Beber ayuda, pero no se puede estar todo el tiempo dándole al grifo y recipiente, así que la forma de momia, el rigor no mortis, es lo más socorrido.

En las noches en vela por calor lo que más me llega, les reitero, es lo absurdo del momento. Imagino las habitaciones de mi bloque, las de los bloques cercanos, las de miles y miles en la ciudad, sometidas a esa tanda de calor nocturno. Algunas con ventiladores y aire, otras no. Muchas con un solo inquilino, muchas más en pareja o con niños cerca. Pasar calor en soledad es menos calor, al contrario que pasar frío, donde la compañía ayuda a sobrellevarlo. La escena de las películas en las que el ventilador gira despacio en un entorno tropical se me repite una y otra vez, pero no hay nada parecido a una selva fuera, sólo la jungla de asfalto, casi derretido

miércoles, abril 03, 2024

Milagros de Semana Santa

Era revuelta la previsión para los días festivos de Semana Santa, ya desde varios días antes. El fin de semana del domingo de Ramos tuvimos un anticipo de la primavera muy avanzada, con calor agradable y una estabilidad que animaba a salir de casa al más pintado. Casi todo el país disfrutó de un sábado y domingo pletórico, aderezado por un ambiente de floración espectacular gracias a las lluvias caídas a finales de febrero y finales de marzo. Pocos años en Madrid el arranque de la primavera ha sido tan pródigo en flores y frutos, con casi todo brotado.

A partir del lunes los cielos empezaron a hacer caso a los modelos, y era evidente que el temor de muchos se iba a confirmar. Cofrades, artistas y demás miembros del folclore asociado a la época de Pasión empezaron a temer que, realmente, la cosa se fuera a torcer, pero creo que ni en la peor de sus pesadillas se imaginaban lo que estaba por venir. Durante los primeros días el tiempo fue empeorando de manera progresiva, con bajada de temperaturas, vientos crecientes y chubascos que iban cogiendo forma y consistencia en todo el país, pero, especialmente, en la zona sur y occidental, la más necesitada de lluvia y la que tiene mayor actividad cofrade. El miércoles era evidente que la suspensión de pasos al aire iba a ser la tónica de los dos siguientes días, los grandes, pero más allá de los festejos, todo el sector turístico que depende del sol y playa empezaba a asustarse al ver como los arenales andaluces eran una imitación de la costa noruega, con vendavales y lluvia incesante. El flujo de visitantes empezó a rotar a un Mediterráneo en el que las precipitaciones eran más escasas, pero donde el viento no soplaba poco, con una sensación desapacible en la que la terraza era el lugar más desagradable para pasar la mañana. El proceso de cancelaciones iba a más a medida que el temporal arreciaba. Nelson, que así se bautizó la borrasca madre de todos los frentes asociados, se hizo fuerte al norte del Reino Unido y, desde ahí, se encargaba de generar líneas de inestabilidad que, arrastradas por sus vientos, barrían día tras otro nuestro país y gran parte de la fachada atlántica francesa. El jueves, el gran día para los sevillanos, amaneció con una cobertura nubosa intensa que no fue sino el preludio de un día y noche lluvioso que, por primera vez en décadas, iba a ser una “madrugá” totalmente suspendida, con todas las procesiones canceladas, la carrera oficial llena de sillas vacías empapadas y abandonadas, templos abiertos con concurrencia de fieles y turistas que trataban de ver las imágenes de los santos que iban a deambular por la ciudad encerradas, protegidas del inmenso temporal que se desataba un paso más allá del dintel de la puerta. El panorama era similar en el resto de ciudades, donde apenas unas pocas procesiones pudieron salir en Málaga o Valladolid, las más tempraneras, con una cascada de cancelaciones que iba a ser histórica. En Pirineos y el centro peninsular el temporal derivó en nevada en las cotas de montaña, y los que escogieron las estaciones de esquí para disfrutar de los días de ocio descubrieron un panorama casi como no se había dado en todo el invierno, de ventisca, copos gruesos, centímetros acumulados y valles atestados de nieve. Dos semanas antes cayó la mayor nevada de la temporada, tras un invierno de altas temperaturas y apenas un par de copos mal puestos en todas las cordilleras del norte. La nevada marciana salvó las perspectivas de Semana Santa, y la generada por Nelson ha permitido que toda la infraestructura de invierno del norte esté a pleno rendimiento en los días de más demanda. Eso no permitirá cubrir el déficit de una temporada frustrante en su mayor parte, pero algo es algo.

Lo que ha caído de lluvia en Semana Santa es extraordinario y, también, un auténtico milagro. A pesar de los lloros de los cofrades y hosteleros, las consecuencias de estas lluvias son maravillosas, con ríos y embalses rebosantes en zonas que necesitaban el agua por encima de todo. Campos de cultivo de todo tipo, arbolados, masas forestales y cualquier cosa que se levante por encima del suelo y crezca se ha visto beneficiada por el regalo de unas lluvias que, en Andalucía y Extremadura, han podido ser la salvación de todo el año. Cataluña no se ha visto tan beneficiada, aunque algo también ha caído allí. No ha habido procesiones, pero las rogativas pasadas se han visto cumplidas. El cielo agua nos ha regalado.

miércoles, enero 17, 2024

Estar en la cama, oyendo llover

Poco después de las cuatro de la mañana de hoy ha empezado a llover en Madrid con intensidad, de manera racheada, con ráfagas de viento intermitentes que aumentaban la intensidad del ruido que se percibía desde casa. Las primeras gotas no se hacen notar demasiado, pero una vez que lleva un rato cayendo las tejas, balcones, voladizos exteriores, cajas de aire acondicionado y todo lo que uno piense que pueda estar saliente gotea y hace ruidos, las gotas se arrojan sobre todos los objetos posibles y una sinfonía desordenada de ruidos empieza a llenarlo todo. A veces, como hoy, con el bajo continuo de los golpes de viento.

Lo habitual es que a eso de las cinco de la mañana esté despierto en la cama, esperando a que suene el despertador a la hora habitual y hago tiempo bajo las mantas sin pensar en casi nada, o al menos intentándolo. Cuando fuera no sucede nada esa espera se hace más tediosa, pero en noches ruidosas como esta estar ahí en el refugio se vuelve hasta placentero. Uno se arrejunta consigo mismo y se hace consciente de hasta qué punto la casa le protege del exterior. Ahí fuera llueve, hace frío, el viento sopla, la incomodidad es constante, pero en el espacio intrauterino artificial en el que uno convierte su habitación la sensación de confort, sea la que sea, se vuelve infinita. Tienes la impresión de que nada de lo que puedan suceder más allá de la persiana te afecta, ni lo meteorológico ni lo social. No hay gobiernos infames que se rindan ante sediciosos golpistas, la guerra del este de Europa está a una distancia inabarcable, la inflación también duerme de noche y los precios están quietos mientras los humanos que los fijan no son capaces de cambiarlos, no hay un señor loco con aspecto naranjil camino de volver a presidir el país más poderoso del mundo… y sobre todo, uno no se moja con la lluvia que golpea la persiana. A veces, como hoy, me levanto alguna vez y subo ligeramente la persiana, abro la ventana y saco la cabeza para comprobar que lo de ahí fuera sigue siendo desagradable. Dado el mal diseño de las casas en Madrid, carentes de alero en su mayoría, eso se suele traducir en que me mojo ligeramente la cabeza, pero esa sensación, molesta si uno está medio dormido, apenas me afecta, ya desvelado por completo, y entonces me reafirmo en la seguridad del entorno, vuelvo a bajar la persiana y cierro la ventana. Me encamino a la cama y readopto una posición fetal de cómoda seguridad, solo en la cama, con la idea de que aún queda bastante para que suene el despertador y el tiempo de lujo a resguardo se prolongará lo suficiente. ¿Hay un disfrute en ese momento? No voy a negar que un poco sí. Estas noches son muy distintas a las de verano, las tórridas que sólo se entienden cuando uno vive en Madrid, en las que se está encima de la cama tirado sin nada, también a la espera, pero sin esa sensación de refugio, porque el exterior, en esas horas de la madrugada, es cuando ofrece algo de cobijo, alcanzando su mínima. En esas noches la estancia sobre la cama, no en ella, se vuelve más desagradable, uno debe tratar de moverse lo menos posible para mantener el confort. Por el contrario, en las de invierno, la movilidad está permitida bajo las mantas, a veces resulta incluso agradecida para desentumecerse. Hay un cierto deseo infantil en anhelar que la situación se prolongue sin límite, que no acabe, que las horas se extienda. Algo parecido a lo que desean los que duermen sin problemas y buscan que su sueño no cese. Para los que dormimos mal, la sensación es consciente, de deseo no realizado, pero sí sentido, para nada soñado.

Suena el despertador y me levanto, a la misma hora que el resto de días de la semana, y realizo la rutina habitual ejecutando una especie de algoritmo que tiene todos los pasos estructurados, mientras que el ruido de la lluvia y el viento sigue golpeando ahí fuera. Cada vez quedan menos minutos para que fuera deje de tener sentido como concepto, y a la hora prevista, cierro la puerta de casa y llamo al ascensor, sabiendo que en apenas un minutito el refugio quedará atrás, el paraguas hará de casa y la lluvia y el viento serán quienes me den los buenos días al salir del portal, rumbo a la oficina, para otro día más, en el que veré llover desde ella.

jueves, enero 04, 2024

Viento frío en Navidad

Las dos últimas navidades norteñas, la del 2021 y 202, fueron de viento sur moderado, sin rachas duras, y con temperaturas propias de zonas costeras mediterráneas. La comida de año nuevo de 2023, en casa de mi hermana, la hicimos en el jardín a unos 23 grados y sensación de plena primavera avanzada. Luego hubo brotes invernales a lo largo de enero y febrero pero, en general, fue aquel un invierno liviano y para nada riguroso. Llegó a nevar en Elorrio, cosa que no hace ya todos los años, pero lo cierto es que, para nada, el frío fue el dominante. Y desde luego, durante los días festivos, la terraza dominó.

En este final de 2023 la cosa no ha sido todo lo contrario, pero sí es verdad que frío ha hecho, y el viento, los días que ha soplado, pese a ser de componente sur, era bastante más desapacible y generaba una sensación fría mucho más intensa de lo que se pudiera esperar. Durante el tramo de Nochebuena Navidad dominaron los cielos despejados, estabilidad plena y heladas, no muy rigurosas, pero sí intensas, que llenaba de escarcha los amaneceres y te hacían imaginar eso de la blanca Navidad de la canción, al menos durante las muy primeras horas de la mañana. Luego el Sol derretía el manto blanco de juguete y, a pesar de que estuviéramos en los días más cortos del año, era más que suficiente para que al mediodía, con algo de abrigo, la sensación fuera agradable. A partir de ahí, cuando se escondía, la temperatura bajaba en picado y lo agradable se quedaba dentro de los muros de casa. Desde el 27 en adelante la componente predominante ha sido la de viento sur, sin heladas, con temperaturas nominalmente altas pero con una sensación térmica mucho más baja fruto de un viento que, por momentos, y especialmente durante un par de noches, ha soplado con gran virulencia. La sensación de estar a resguardo en casa bajo las mantas oyendo aullar el viento fuera posee la curiosa sensación de mezclar inquietud con un toque placentero propio de saberse a salvo de lo que está desatado ahí fuera. En cierto modo es un regalo. Se levantaba uno por la mañana y, a veces, había suerte y el viento moldeaba las nubes de tal manera que en la salida del Sol se podían disfrutar de amaneceres rojizos y llamativos, pero han sido pocas las ocasiones para ello. Hubo uno precioso, sí, pero el resto bastante frustrados, y los atardeceres ha sido una decepción constante, con nubes que se quedaban decorativas, ahí en lo alto, perfectas para servir como pantalla ante un Sol decadente, pero que no mostraban color alguno porque más allá, al suroeste, por los valles de Álava tras la crestería de Amboto, las nieblas eran bastante intensas y ocultaban el Sol antes de su puesta, impidiendo que los últimos rayos y sus ocultación generasen contrastes de color adecuados. Tres intentos he hecho, subiendo paseando a un barrio de las afueras de Elorrio que tiene muy buenas vistas hacia el ocaso, para tratar de captar atardeceres, y tres frustraciones me he llevado, aderezadas con rachas fuertes de viento que hacían desagradable estar allí a la espera de algo que no llegaba. No hubo suerte, por lo que lo más potable de esos intentos consistió, a la vuelta de los mismos, en acabar en una mesa ante un café caliente y poder recuperar algo de temperatura mientras fuera, ya de noche, las hojas sueltas que seguían en el suelo eran agitadas por el viento que moldeaba nubes para un ya ausente escultor cromático. En esto de los amaneceres y atardeceres la suerte juega bastante, y en esta Navidad ha faltado, pero bueno, sigue habiendo numerosas oportunidades por delante. Todo un año, casi.

Llover ha llovido poco, especialmente lo hizo la noche del 30 al 31, con una última mañana del año que apareció plomiza y con lluvia generosa, que fue frenando y dejó un mediodía agradable. Desde entonces 2024 ha comenzado sin lluvia, con mucha nube con ganas de dejarla, pero sin que se haya materializado más que alguna gota suelta fruto del viento. La previsión anuncia un temporal de invierno para estos días que será sentido por el frío en todo el país y por la precipitación, sobre todo, en la zona norte. Confiemos en que, al menos, 2024, nos traiga la necesaria lluvia y palíe la sequía allá donde sigue, fachada mediterránea y sur especialmente. Y, sí, también, muchos y bellos atardeceres.

viernes, octubre 20, 2023

Nunca llovió tanto en Madrid como ayer

La previsión indicaba lluvia para ayer en Madrid, con posibilidad de chubascos fuertes y significativos acumulados de precipitación a lo largo de toda la jornada. Ya por la noche, antes de levantarme, escuchaba al agua golpeando las persianas de la habitación, con cierta saña en algunos momentos, en lo que era el preludio de un día de inmensa lluvia, sostenida, continuada, que apenas dio tregua y acumuló algo más de 100 litros por metro cuadrado en la centenaria estación del Retiro, batiendo su récord absoluto. Nunca, desde que hay registros, ha llovido tanto en Madrid en un día. Ayer fue un día histórico en la ciudad.

La ventaja de estar todo el día trabajando es que uno contempla las inclemencias del tiempo a resguardo y no las sufre, porque estar agazapado aquí, delante del ordenador, haciendo tareas, permite mirar de vez en cuando por la ventana y ver el paisaje desde la privilegiada atalaya que me ha tocado en suerte. Ayer, la verdad, una miraba pero no veía. Las nubes estaban más o menos pegadas al suelo, pero perennes. En ocasiones levantaban un poco y, aunque seguía todo oscuro, se podían distinguir los edificios vecinos y las calles, pero cuando se ponía en formato niebla, con todas las nubes pegadas, nada se distinguía, solo que la lluvia seguía con una intensidad variable, pero que no aflojaba. Tratando de ver las grandes calles y rotondas del barrio en el que está la oficina uno contemplaba filas enormes de coches que, aunque fuese muy de día, iban con todas las luces puestas y ofrecían una imagen de noche perpetua, porque el blanco y rojo de sus pilotos era lo que más se distinguía sobre un asfalto negro y constantemente rociado por la lluvia. El atasco era considerable, y si uno se fijaba en él una hora después pareciera como que la escena fuese idéntica. Se suponía que los sufridos atrapados ahí abajo eran otros, pero la estética, la acumulación de vehículos, la sensación de que estaban atrapados sin solución era constante. A partir del mediodía la intensidad de la lluvia fue a más, y lo cierto es que, aunque ya por la mañana soplaba viento, el golpe de fuerza que cogió al superar las dos o tres de la tarde fue realmente espectacular, y lo de mirar por la ventana se convirtió directamente en algo imposible. Bueno, uno podía acercarse al cristal, pero nada veía. La sensación me recordaba a eso de mirar el tambor de una lavadora mientras gira, con el agua golpeando con fuerza por todas partes y salpicando sin cesar, todo unido a la seguridad de que es la tapa del tambor la que nos separa de ser inundados. Ayer eran las ventanas de la oficina las que jugaban ese papel, con unos cristales totalmente rociados, sin desmayo, sin pausa alguna. A las 16 o 17 horas estar en mi puesto de trabajo era similar a vivir en alta mar, en lo alto del palo mayor. El vendaval era incesante, ululaba pese que las ventanas del trabajo son relativamente nuevas y muy estancas, el agua golpeaba sin cesar, como si todo el edificio o la ciudad hubieran entrado en un tren de lavado. El suelo apenas se atisbaba entre cortinas de agua que caían como si no hubiera fin. Poco, pero mediante un giro en su parte central, se pueden abrir nuestras ventanas, de tal manera que en la parte de abajo puede abrirse un hueco poco más ancho que el grosor de un brazo. Un par de veces intenté abrirlas con el único objeto de comprobar la sensación que se vivía en la calle, el ruido del temporal escuchado sin el filtro del doble acristalamiento que me aislaba de la realidad, y cuando se liberaba el perno que cierra la ventana y empujaba bastaba apenas una mínima rendija de espacio abierto para que el ruido y la furia del agua arremolinada dieran miedo. No pasé de la rendija en mis dos intentos, y me conformé con mirar de vez en cuando el centrifugado, sin ser consciente de mucho más.

A medida que avanzaba la tarde veía en noticias y redes como las incidencias por la lluvia crecían, en forma de balsas de agua, atascos, carreteras cortadas, calles con charcos o geiseres, estaciones de metro cerradas en las que había penetrado el agua, árboles caídos, choques de chapa…. El rosario de problemas fue enorme, y causó incomodidades hasta hartar, aunque por fortuna sin que se produjera nada grave. Pensé por un momento la suerte que tuvimos de que ese centenar de litros cayeran en un día, y no en un par de horas como pudo suceder con la DANA que nos rozó en septiembre pero que, afortunadamente, no hizo diana en la capital. Miles de anécdotas habrá hoy para contar de un histórico día de lluvia en Madrid.

Subo el fin de semana a Elorrio y me cojo dos días festivos. Nos leemos el miércoles 25, si todo va bien.

martes, septiembre 05, 2023

En defensa de AEMET

Como aún nos quedan por ver muchas y aún más humillantes escenas del tipo de las que contemplamos ayer, con la vicepresidenta del gobierno rindiendo pleitesía al prófugo de Waterloo, vamos a hablar hoy de predicciones, incertidumbre y necedad política. Ahora me saltará alguno diciendo que lo de la política lo íbamos a dejar para otro día, pero estamos tan rodeados de necios que dicen gobernarnos, a todos los niveles, que es imposible escapar de su pegajoso influjo. Gracias a ellos AEMET ha sido la destinataria de numerosos insultos cuando ha hecho su trabajo lo mejor que ha podido, y con un grado de acierto muy muy alto.

Desde hace varios días los modelos meteorológicos señalaban que se iba a dar una DANA en las proximidades de la península, en las costas atlánticas, y que su área de influencia podía afectar a casi todo el país. Diferentes salidas de esos modelos iban perfilando el alcance y dimensión del fenómeno, y todos coincidían en que estábamos ante algo potencialmente grave. Sin embargo discrepaban sobre las zonas que podían ser más afectadas. Las DANAS son fenómenos complejos, lo que significa que se comportan de una manera cuasi impredecible, alterados por características tales como la orografía del terreno, que alteran mucho hacia donde pueden dirigirse. En su conjunto la meteorología es una ciencia en la que la complejidad es inmensa y su capacidad de predicción choca con las reglas matemáticas que impiden saber el rumbo cierto de un fenómeno que, por definición, no puede ser predicho. La tecnología y los medios han mejorado de una manera extraordinaria estos años y la precisión referida a la previsión meteorológica lo ha hecho en consonancia, pero es imposible encontrar la exactitud ahí, y más ante episodios bruscos que se salen del comportamiento normal esperado para la atmósfera en estas latitudes. Para el viernes noche sábado por la mañana los modelos consensuaban que la zona centro del país sería la más afectada por las lluvias, y la comunidad de Madrid y el norte de Castilla la Mancha recibirían el domingo, a partir del mediodía, lo más intenso del temporal. En consonancia, AEMET elevó las alertas en estas zonas al rojo y protección civil empezó a tomar medidas. El domingo se produjo el aviso a los móviles de la Comunidad de Madrid y se tomaron muchas medidas en la capital y en el resto de localidades de la región. Algunas salidas de los modelos ofrecían acumulados de precipitación superiores a los 100 litros por metro cuadrado en Madrid ciudad y cerca de los 200 en localidades del sur, cifras estas últimas que se consideraron como imposibles por muchos, no sólo porque jamás se había registrado algo así en esta región, sino por corresponder a acumulados propios de zonas de levante, en los que, entre otras cosas, la influencia directa del mar permite alcanzar registros tan salvajes. Y aquí el mar está lejos. A lo largo de la tarde del domingo llovió en Madrid y alrededores, menos de lo previsto en la capital, pero, desgraciadamente, se alcanzaron cotas históricas en municipios del sureste. Si uno consulta los datos del domingo 3 podrá ver los 202 litros en Fresnedilla de la Oliva, los 158 en Navalcarnero, 165 en San Lorenzo del Escorial…. Valores tremendos que son causantes de destrozos y desgracias como las que aún nos quedan por lamentar. ¿Cayeron cien litros en Madrid ciudad? No, pero sí a unos cincuenta kilómetros de distancia en línea recta. Por muy poco nos hemos librado de la desgracia en la capital. ¿Y qué han hecho muchos en vez de celebrarlo? Acusar a los meteorólogos de fallo de previsión, achacarles el haber tomado unas medidas que ahora consideran desproporcionadas pero que, al implantarlas, permitieron que los servicios de emergencia trabajasen más rápido y mejor donde hicieron falta.

La incultura y la desvergüenza se han hecho dueñas de gran parte de las declaraciones de unos políticos y gobernantes que son incapaces de cuadrar un presupuesto, que no logran que una obra acabe jamás en los plazos previstos, que atascan con burocracia insoportable y críptica cualquier trámite al que el ciudadano se enfrenta, pero que exigen que alguien les prevea con exactitud milimétrica si un fenómeno de una complejidad inabarcable como una DANA va a afectar a su portal o al de su segunda, tercera o cuarta residencia. En el caso concreto de Madrid, frente al comportamiento sensato y responsable de Ayuso, el alcalde Almeida se ha comportado como un patán que debe ser reprendido y debiera pedir excusas a todos los científicos del mundo.

lunes, septiembre 04, 2023

Tormentas, alertas y estúpidos

Supongo que, a medida que avance la mañana, veremos la dimensión real causada por los destrozos de la DANA en el suroeste de la Comunidad de Madrid y en la provincia de Toledo, lugres que ayer por la tarde noche fueron los más afectados por las lluvias torrenciales. Por la mañana fue la costa de Tarragona y de Cádiz la que sufrió los embates del temporal, y esta noche, en tres episodios bruscos, a las 01, 04 y 06, la propia ciudad de Madrid ha sido testigo de lluvias tremendas que a esta hora causan cortes en numerosas líneas de metro, atascos considerables y que, en general, convierten a este primer lunes de septiembre en un caos.

Afortunadamente, a esta hora, no hay que lamentar víctimas por el temporal, aunque sí daños considerables. Entre otras cosas esta fortuna se debe a la correcta actuación de las autoridades y el aviso de protección civil que ayer se transmitió a los móviles de quienes estaban en la Comunidad de Madrid, una vez que la alerta roja meteorológica quedó decretada. A mi no me llegó el aviso porque tengo una versión de Android más antigua de la 11.0 que es la que soporta este servicio, pero a muchísima gente sí que le sonó su dispositivo, de forma estridente y reiterada, por lo que parece. Es la primera vez, creo, que se usa este sistema de aviso para alertar a la población ante posibles fenómenos peligrosos. Y sí, la causa estaba justificada. La previsión sobre Madrid capital y área metropolitana era realmente seria, y aunque toda previsión está sujeta a un riesgo de incertidumbre, el riesgo de eludirla era excesivo. Al final la línea principal de tormentas se situó unos cincuenta kilómetros al oeste de Madrid, y pese a que cayó una potente tormenta de 15:00 a 16:30 el resto de la tarde se quedó cubierta pero sin precipitación, por lo que las incidencias en la urbe fueron menores de las que cabía esperar. Hemos tenido mucha suerte, porque viendo las escenas de localidades como Navalcarnero y alrededores, o el propio Toledo, da miedo pensar hasta qué punto serían enormes los destrozos si esa línea de precipitación se hubiera situado sobre la ciudad. Imagínense cuatro o cinco horas de lluvia torrencial como las que se han producido esta noche, a intervalos, pero sin parar. La decisión de emergencias de tomarse en serio los avisos de la AEMET y actuar en consecuencia es loable y así debe ser destacada. Lo que ocurre es que vivimos en el mundo de la estupidez rampante, y toda esa estupidez tiene muchos cauces para expresarse, más amplios que los que no son capaces de dirigir las aguas desatadas. Al poco de darse la alerta a los móviles se sucedieron los mensajes de personas indignadas por la pérdida de privacidad que eso suponía, por la intromisión del gobierno en su móvil y un montón de teorías conspiratorias, a cada cual más imbécil, que empezaron a llenar las redes con su tóxico contenido. Lo mejor es no hacer caso a los que se dedican a decir tonterías, sea en persona o en virtual, pero aclaremos las cosas por si acaso en dos puntos fundamentales. Uno, la magnitud de la predicción era lo suficientemente peligrosa como para decretar el aviso, y si finalmente no se ha cumplido en su totalidad sobre la ciudad de Madrid debemos dar gracias. Dos, los avisos de emergencia se dan mediante la emisión de una señal de radio desde las torres de telefonía que ofrecen cobertura, y son captados potencialmente por todos los móviles que se encuentran en la zona, funcionando como si fuera una emisora de radio de alcance local. No tiene nada que ver el empadronamiento, la titularidad de la línea, la empresa que nos da cobertura, etc. No es necesario que el gobierno sepa el móvil de nadie. El aviso se lanza en las torres de las zonas que se consideran de riesgo y todo terminal que, tecnológicamente, sea capaz de captarlo, lo hará. No hay una intromisión en la vida privada de nadie ni una conspiración, sino una alerta para prevenir un riesgo e intentar salvar vidas y enseres ante un fenómeno peligroso, incontrolable y caprichoso. Tan sencillo como eso, al parecer, tan difícil de entender.

Muchos son los viajeros que han pasado horas tirados en estaciones, atrapados en trenes o en atascos, y que se han visto en una situación comprometida por el temporal que estamos viviendo. Lo que ha sucedido no ha sido divertido, sí espectacular, pero también peligroso, y si no hay heridos o víctimas es algo de lo que debemos alegrarnos, vistas algunas de las imágenes de riadas que llenan las redes. Confiemos en que así siga la cosa, que a lo largo de estas horas las labores de limpieza permitan cuantificar daños, que todo vuelva a la normalidad, y que los estúpidos se callen. Quizás consigamos todo menos lo último. Pena.

miércoles, julio 19, 2023

Calor de día y de noche

Este verano está siendo algo más suave que el pasado, cosa que no tiene ningún mérito dado que el de 2022 fue el exceso absoluto en lo que hace a calor y sequedad. Gran parte del mismo estuvo ocupado por una ola de calor continuada que no dio tregua durante semanas y semanas, en las que la previsión del tiempo era de una monotonía desesperante y cruel. En este año en el que estamos se suceden las olas, que lo son por los pelos por el criterio de duración, no por extensión, y lo cumplen en exceso por intensidad, con picos de calor enormes que dejan la marca de los cuarenta convertida en asignatura María, pero tras el pulso de calor la ola remite y empieza a bajar, dando algunos días de tregua de treinta y pocos.

De los tres pulsos que llevamos, el de esta semana es el más intenso en la zona centro, Madrid. Tanto de día como de noche, las temperaturas son altísimas y a ello se ha unido una capa de calima que, especialmente ayer, lo cubre casi todo, enturbia y ensucia como sólo ella es capaz de hacerlo. No hemos alcanzado los cuarenta grados en la ciudad, con registros en la estación de Retiro que llevan desde el lunes bordeando los 39, pero eso da un poco igual, a pie de asfalto la sensación es de varios cientos de grados. Las noches están siendo duras, y alguna de ellas, como esta recién superada, calimosas, por lo que la bajada de las temperaturas ha sido frustrante. A eso de las 23:30 cuando me fui ayer a la cama, el aire de la calle seguía siendo bastante más caliente del que tenía en casa, que no era muy fresco, por lo que, por segunda noche consecutiva, opté por no abrir ventana alguna. Son estas noches algo absurdas, en los que las personas que dormimos poco de normal vamos a la habitación en la que está la cama a pasar un rato más largo y aburrido de lo habitual gracias al calor. Con un pijama de verano, que no es sino una camiseta y una especie de pantalón de baño sin redecilla, se tira uno encima de la cama, sin nada por encima, y se queda quieto, esperando a que entre el sueño. Desde que me cambié de casa tengo aire acondicionado en el salón y en dos habitaciones, y esta noche he usado unos minutos el de mi habitación, al cuarto de hora de estar en la cama. Lo he encendido un cuarto de hora, más o menos, hasta que he notado que una pequeña brisa circulaba por la estancia, pero luego lo he apagado. Tenía el absurdo miedo de quedarme dormido con él puesto, lo que es malo para la garganta y la factura eléctrica, y tras apagarlo he intentado dormirme, moviéndome lo menos posible en la cama, o haciéndolo de una manera lenta, sin brusquedades, tratando de no forzar ni generar nada de calor. El mantra ese de que el calor seco es más soportable es cierto, pero hasta un punto, y requiere de un estado zen en los movimientos para no generar sofocos que, supongo, se alcanza tras años de práctica en recónditos y caros recintos budistas. Como no es mi caso, me limito a estar estático y a esperar a que el sueño llegue. ¿He dormido? De 01:00 a 03:45 si, por lo menos en ese intervalo de tiempo no he mirado al reloj ni he sido consciente de que podía hacerlo, pero luego ya no. A eso de las 04:00 me he levantado e ido al salón para abrir la ventana y ver si tenía sentido dejarla así, con la persiana subida. Sí, el movimiento de la cama al salón ha sido pausado, como a cámara lenta, sin ejercicio de posturas de caballero Jedi pero con la parsimonia de la sabiduría oriental en las palmas de los pies, buscando no sudar. Al subir la persiana la sensación que me ha dado es que, sí, hacía menos calor que a las 23:30 pero vamos, como la moderación de la inflación, que se mide, pero no se nota mucho. Pese a ello he optado por abrir la ventana y subir la persiana, por rito más que por eficacia. Luego he ido a la cocina, sin ser capaz de levitar en el paseo, y he abierto la ventana que da al patio, buscando generar corriente entre esa estancia y la sala, sin requerir que la corriente fuera fresca, sólo buscando que el aire se removiera, pese a su recalentura. Tras ello he vuelto a la cama y quizás habré echado alguna cabezadita, pero hasta las 06:50 en que me he levantado se me ha hecho el tiempo muy muy muy largo, tan inmóvil y sereno sobre el colchón.

Se levanta uno, desayuna poco y se lava con la sensación de que el descanso previsto y necesario ha sido como esas promesas de amor eterno, que se diluyen a la primera, o las hipotecas asequibles, que directamente no existen. A eso de las 07:00 si notas que hay algo de corriente en la casa, pero no es refrescante, y la luz que entra por las ventanas te indica que, en pocos minutos, además de irte de casa, debes cerrar las ventanas y bajar las persianas para tratar de conservar en las habitaciones un poco del aire que por ellas se ha movido. Sales de casa, coges el ascensor, donde el aire lleva estancado desde el siglo XVII y está horneado, y te preparas para un nuevo día en el que, en la oficina, se estará bastante bien, pero a sabiendas de que no habrá descanso. Ni de día ni de noche.