Mostrando entradas con la etiqueta Astronomía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Astronomía. Mostrar todas las entradas

viernes, junio 16, 2023

Hay fósforo en los mares de Encélado

Las lunas de Júpiter y Saturno son un conjunto de cuerpos enorme, variado y muy muy interesante, de lo más que tenemos en nuestro sistema solar- El tamaño de los dos planetas y el enrome número de satélites que los rodean convierten a ambos conjuntos en cuasi sistemas solares en miniatura. Entre esos satélites hay cuerpos rocosos muertos como nuestra Luna, estéticamente interesantes, pero poco interesantes desde el punto de la astrobiología. Y también otros que son una incógnita, especialmente Europa, Titán y Encélado. Este último es uno de los planetas más asombrosos de los que tenemos conocimiento y toda una caja de sorpresas. Y brilla en el cielo como casi ninguno porque es una bola de hielo.

Bueno, bola, bola no. Encélado tiene una superficie formada por Hielo, un casquete que lo cubre en su totalidad, pero que muestra grietas y estructuras geológicas fruto de las tensiones que vive en su interior. Cada cierto tiempo se producen fracturas en esa cáscara helada y potentes géiseres se elevan al cielo, dejando escapar agua al espacio dado que el tamaño del planeta, 500 kilómetros de diámetro, le otorga una escasa gravedad. Varios estudios han demostrado que, bajo la cubierta de hielo que cubre el planeta, se encuentra encerrado un océano líquido que rodea el núcleo rocoso de ese mundo. El hecho de que el interior sea liquido se debe al calor que emana del núcleo y a las llamadas fuerzas de marea, que son las que se producen por el tirón gravitatorio que el gigante Saturno provoca en todos los satélites que orbitan en su entorno (Júpiter crea el mismo efecto en los suyos). Estas fuerzas estrujan, aprietan por un lado y luego por el otro, y provocan que la temperatura interior sea más alta que la exterior, sometida a un cruel espacio vacío sin atmósfera que pueda hacer de capa protectora. El saber que hay un océano de agua encerrado en Encélado, protegido de la radiación del espacio por el casquete de hielo, ha excitado la imaginación de los científicos de todo el mundo desde que se comprobó que esto es cierto. Un mundo acuático, a resguardo de los rayos cósmicos, y con una fuente de energía que le genera actividad es un conjunto de ingredientes tan fantástico que los deseos de que algo haya podido surgir en ese mundo son casi una constante entre la comunidad científica. Encélado ha sido observado por todas las sondas que han transitado por el vecindario joviano y saturniano, y fue la Cassini-Huygens la que logró, en 2017 acercarse mucho a este mundo y a Titán, otro de los prometedores. Las imágenes de Encélado de la Voyager2 mostraban un mundo blanco y con cráteres, las de Cassini-Huygens enseñaban las trazas y grietas de un casquete sometido a unas tensiones y dinámicas de lo más complejas, y se podían apreciar los géiseres que se encontraban activos en ese momento. La noticia que ha vuelto a poner a Encélado en los titulares de medio mundo esta semana es que un equipo de investigadores alemanes, explorando los datos que Cassini-Huygens logró transmitir en 2017, han conseguido probar que, entre los componentes que son expulsados por los géiseres que afloran en la superficie se encuentra el fósforo, y en altas concentraciones, en torno a un centenar de veces más de lo que se puede hallar en, ejem ejem, los océanos terrestres. Hay mucho fósforo en el mar encerrado que está bajo la superficie del planeta. ¿Y eso qué quiere decir? De momento no se sabe, pero una cosa es clara. La vida, tal y como la conocemos, deja unas trazas en el ambiente, unas marcas o señales que se buscan sin descanso por si se dan en otros mundos. La presencia de vapor de agua es una de ellas. Y sí, el fósforo también, porque es uno de los componentes esenciales de los compuestos orgánicos que se repiten sin fin entre los seres vivos de la Tierra.

¿Quiere decir esto que hay seres vivos en el océano de Encélado? Echemos el freno. Como decía el gran Carl Sagan, una gran afirmación requiere una gran evidencia. Lo que se ha encontrado es la prueba de que otro de los elementos necesarios para que se creen compuestos orgánicos, y uno importante, está allí, por lo que la probabilidad de que se hayan creado cadenas de moléculas como las aromáticas, proteicas o nucléicas crece. Eso quiere decir lo que quiere decir, que es mucho, pero la vida requiere muchísimo más, por lo que no podemos afirmar nada al respecto. Sí que Encélado es un mundo apasionante, prometedor, no está a años luz de distancia y que debiéramos plantear una misión muy seria de exploración, aterrizaje y perforación para saber qué es lo que hay allí.

jueves, noviembre 16, 2017

Un nuevo exoplaneta: Ross 128b

De mientras tantos trabajan sin descanso para levantar fronteras, separar gentes y sembrar odios, la ciencia avanza y demuestra cada día hasta qué punto somos triviales en el universo o, potencialmente, comparables con otros. Nuestra Tierra ya no es la joya absoluta, y el catálogo de exoplanetas que se le parecen empieza a crecer a buen ritmo, con lo que las probabilidades de que exista otro lugar como este, o al menos parecido, aumentar. Ayer la noticia fue el descubrimiento de Ross 128b, está en la constelación de Virgo, apenas a 11 años luz de aquí, casi nada en términos estelares, y aunque resulte imposible ir hasta allí, su proximidad favorecerá el estudio de sus características mediante telescopios terrestres.

Ross 128b orbita en torno a una enana toja, el estadio final de vida de muchas estrellas, y uno de los formatos estelares más habituales de entre todos los existentes. Eso ha permitido que el catálogo de exoplanetas sitos en torno a estas estrellas empiece a ser el dominante respecto al global. También son estrellas que facilitan la detección de planetas, dado que su pequeño tamaño y menor luz se ven más afectados por el paso de un cuerpo que orbite en torno a ellas, tanto en lo que hace a la luz emitida como al balanceo gravitatorio, y nuestros instrumentos lo captan mucho mejor. También tienen inconvenientes prácticos para uno de los objetos de la búsqueda, el encontrar mundos habitables. Las enanas rojas suelen ser muy activas tanto a la hora de expulsar radiación como partículas. El viento solar que nos afecta es muy poca cosa en comparación a lo que estas estrellas emiten, y su menor tamaño obliga a los planetas que las orbitan a estar situados mucho más cerca de ellas, por lo que la afectación por radiación y “viento solar” es doble. La Tierra se protege de estos fenómenos gracias a la atmósfera y al campo magnético. Cuando se producen auroras boreales lo que estamos viendo es realmente la ionización del escudo protector frente a las partículas que, emitidas por el Sol, llegan hasta nosotros. Si no existieran esos factores de protección la superficie terrestre sería alcanzada por la radiación y, ya se sabe, eso dejaría la vida muy frita. También, en caso de ser un planeta más pequeño y con menor gravedad, el viento solar podría desgarrar la propia atmósfera y arrastrarla al espacio exterior, eliminando parte de la capa protectora. Hay modelos científicos que aseguran que Marte sufrió procesos de este estilo. Su tamaño, radio mitad que el nuestro, y composición, le otorgan menos gravedad que la nuestra, aproximadamente un tercio, y por ello menos “agarre” para poder retener su atmósfera. Algunas tormentas solares violentas del pasado pudieron afectarle con virulencia y provocar pérdidas que, sin duda, resultarían fatales para el ecosistema marciano, sin que aún tengamos muy claro qué queremos decir con “ecosistema” en este contexto. En definitiva, la convivencia entre Ross 128b y su estrella Ross 128 se antoja, como mínimo, convulsa, y es probable que haya sufrido tensiones de este tipo. Por tanto, para que un planeta sito en un sistema orbital de este tipo pueda contener componentes y densidad en su atmósfera que nos gusten (vapor de agua, oxígeno, nitrógeno, etc) debe no sólo estar en la zona de habitabilidad sino, también, poder resistir a la influencia mala de su estrella, vía quizás de una mayor masa que la terrestre y, por tanto, mayor gravedad para retener con más fuerza la atmósfera. Ross 128b es mayor que La Tierra, por lo que ese supuesto se da. ¿Habrá sido suficiente para conseguirlo? Eso tendremos que averiguarlo, porque a día de hoy nada más se puede decir salvo que existe, como objeto, en ese lugar.


Son estos exoplanetas muy cercanos los que, siendo mejor o peor candidatos a albergar potencial vida, resultan de estudio prioritario, ya que poseemos instrumentos que permiten analizarlos desde aquí, obteniendo información, rudimentaria quizás, pero certera, de cómo es su atmósfera, ciclo orbital y otro tipo de cuestiones básicas. En todo caso este descubrimiento vuelva ponernos sobre la mesa la necesidad de invertir más no sólo en sistemas de detección de exoplanetas, que funcionan muy bien, sino en instrumental de análisis de cómo son, dado que el catálogo de mundos estudiables empieza a ser enorme. Y eso es una excelente, maravillosa, noticia.