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viernes, julio 17, 2026

Una derrota para Europa

Era de esperar que, tras el pronunciamiento que expresó el abogado general, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitiera el veredicto de ayer, avalando la indigna ley de amnistía y otorgando validez jurídica a la rendición de la democracia española ante Puigdemont y el resto de sediciosos. La decisión es una manera de arrodillar los valores europeos ante el intento totalitario que se dio por parte del nacionalismo separatista catalán en 2017, una insurrección populista que contó con apoyos de enemigos externos de la UE, y que nunca fue entendida por las instituciones comunitarias como lo lesiva y peligrosa que era para la idea de la Unión en sí misma.

La mayor de las corrupciones de esta no legislatura que estamos viviendo no es la económica, relacionada con las distintas tramas, algunas presuntas, otras ya condenadas, que se desarrollan en torno al poder del sanchismo. Ni si quiera es todo lo relacionado con las cloacas y Leire, una historia de degeneración en la que el uso partidista de las instituciones y medios públicos para tratar de sabotear investigaciones que afecten al entorno del presidente y el partido demuestra un grado de envilecimiento mucho mayor que el de los que se dedican a mangonear del presupuesto. No, la mayor corruptela, la más imperdonable, es la traición que Sánchez cometió al conjunto de sus votantes y, por extensión, a toda la sociedad española, cuando juró y perjuró que nunca se aprobaría una ley de amnistía para los condenados del Procés pero, tras los resultados electorales de las elecciones de julio de 2023, en esa misma noche, afirmó eso de “somos más”, teniendo ya muy claro desde entonces que esa amnistía se aprobaría sin problema alguno a cambio de los votos de Puigdemont. Esa es la mayor de las corrupciones de este tiempo, la cesión de la verdad a los que fueron condenados por sedición tras sus actos viles y su entronización ante una parte de la opinión pública, mucha de ella beneficiada de prebendas y mordidas que, como el resto, contempló lo sucedido en 2017 con la misma congoja con la que lo hacía todo el país. La absoluta vulneración de la ley y los derechos de gran parte de los catalanes, y del conjunto de los españoles, por parte de los totalitarios nacionalistas pasó de ser juzgada y condenada por la ley a ser amnistiada por el mero interés del mantenimiento en el poder de Sánchez. Hubiera dado igual la naturaleza de los delitos que se hubiesen cometido durante aquel golpe postmoderno, como muchos lo han calificado. La absoluta falta de escrúpulos de quien ostenta la presidencia del gobierno tenía muy clara que los siete votos de Junts valían lo que fuera necesario, y si había que amnistiarles, se les amnistiaba, y si hasta el día anterior se decía con contundencia que eso era imposible, a partir del día siguiente se argumentaba que cómo no se había hecho antes. Un proceso de corrupción institucional y de la verdad absolutamente repugnante, dirigido sin escrúpulo alguno desde la presidencia del gobierno, secundado al unísono por todo aquel que quisiera mantener un cargo público en el nuevo ejecutivo y coreado sin escrúpulo alguno por muchos que, en la órbita del gobierno, pasaron de defender con ardor la negativa a conceder semejante medida a justificarla con vehemencia por el mero hecho de que a una sola persona le convenía que se produjera. La destrucción de capital social y prestigio que se produjo en aquellos momentos fue enorme, irreparable. Contemplar el arrastramiento de no una o dos, sino tantas opiniones por el mero hecho de congratularse con el poder que les garantizaba una posición cómoda, sin el más mínimo rubor ante la traición a la ley, a la verdad y a la realidad que estaban realizando… Ese ha sido el mayor acto de corrupción de esta no legislatura. El resto, casi todo lo demás, sólo es robo protagonizado por vulgares ladrones.

Ayer, mientras en Luxemburgo se leía una sentencia injusta, es muy probable que en el Kremlin en otros despachos muy decorados se brindase con alborozo, y se riera con ganas ante la demostrada estupidez de una UE que no ha sabido, querido o podido, no se cuál de las tres opciones es peor, enfrentarse a un movimiento que atacaba sus bases institucionales, jurídicas a ideológicas, todo ello enmascarado en una presunta revuelta popular. Los sediciosos no actuaron solos, y muchos de ellos y los que les apoyaron pueden acabar inmunes, mientras que los que defendieron la libertad de todos y actuaron de parte de la ley sólo han obtenido desprecios, empezando por los emanados de sus mayores superiores. Tristeza inmensa.

lunes, julio 13, 2026

La destrucción de RTVE

Siempre, cuando uno ve RTVE, sabe que es la tele o radio del gobierno, y eso obliga a poner una especie de filtro, para destilar la información real de la que está teñida de propaganda. Con el paso de los años uno le va cogiendo el truco, porque la manipulación, que siempre existe, es menos intensa que en las televisiones regionales, vulgares cortijos que sólo están para loar al líder autonómico. No se quién puede ver un informativo en, pongamos, Telemadrid o ETB y acabar sano de la cabeza, sin tener ganas instantáneas de que se convoquen elecciones para votar a manos llenas a la presidenta Ayuso o al Lehendakari Pradales, que tan buenos son.

Sánchez, que en esto también ha querido ser único, consideró que no le bastaba una tele nacional progubernamental, no, sino que necesitaba un altavoz de propagan cutre al nivel de las autonómicas y, ni corto ni perezoso, a convertido a RTVE en una de las peores cadenas de televisión imaginables, en la que la propaganda sale hasta por las orejas, en la que los bulos diseminados por Moncloa son los que forman la escaleta de los informativos y presuntas tertulias, convertidas en versión política del Sálvame basura que también intentó resucitar, llenan la parrilla mañana tarde y noche, en un ejercicio continuo por parte de lo que se llama la “sincronizada”, el conjunto de personas a sueldo del gobierno que se hacen pasar por periodistas para ser constante altavoz de las directrices de Sánchez y los suyos. El día después de la desgraciada DANA de Valencia, a nadie con mando en este país le interesaban los muertos y el desastre, a Sánchez tampoco. En medio de la conmoción, se las arregló para sacar en el Congreso una reforma del sistema de nombramiento de la presidencia de la corporación RTVE, de tal manera que tenía manos libres para hacer lo que quisiera. A partir de ahí se nombró un nuevo Consejo de Administración con mayoría absoluta de vocales afines al gobierno y sus apoyos, presidido por José Pablo López, personaje curioso que ha mostrado ser el mejor mercenario de quien esté dispuesto a pagarle las exorbitantes cantidades que reclama. A partir de ahí la degeneración de la casa ha sido total, los programas con argumentarios monclovitas se han hecho con las partes gruesas de la parrilla y han controlado los informativos, que han pasado en buena parte a ser publirreportajes de lo que dicta cada mañana Moncloa que debe ser la actualidad. Los profesionales de la casa han ido viendo como la usurpación del ente ha llegado hasta unos límites que ningún gobierno llegó a traspasar, y se han empezado a producir movilizaciones, más en el área de RNE, que lleva semanas de “viernes negros” famosos en la época del gobierno del PP, ninguneados por completo en la actualidad por parte de la dirigencia del ente. El consejo de informativos de TVE; organismo interno que lleva años de trabajo y prestigio denunciando las injerencias de los gobiernos en la redacción de noticias de la casa, ha ido elevando sus acusaciones ante lo que considera la época más negra de la historia de la cadena, con constantes presiones y una usurpación absoluta de la marca informativa de TVE por productoras externas que, con contactos en el gobierno, desarrollan esas tertulias basura constantes que “venden” información pero que no son sino burdos ejercicios de propaganda llenos de zafiedades. La respuesta de la gerencia de RTVE ha sido la de ir a por el consejo de informativos, expedientando a varios de sus componentes y dejando claro que todo aquel que se oponga a las líneas que se dictan desde Moncloa será represaliado. Debe haber un ambiente muy tóxico en los pasillos del ente, con bandos enfrentados, en una casa que, normalmente, ha tendido a ser pro PSOE, pero que nunca se ha visto maltratada de la manera en que lo está siendo en estos tiempos. Ni los propios soñaron jamás con un nivel de falsedad tan elevado como el que se dicta a cada hora desde una marca que ya ha perdido todo su prestigio para quienes consideran el periodismo una profesión, no una mera excusa para el desarrollo del activismo militante.

El triste episodio sucedido este fin de semana en uno de esas basuras de pseudotertulias, presentado por alguien que no llegaría ni a primero de periodismo, pero que no lo necesita para ser altavoz de quien le paga la nómina, no es sino una muestra más de la degeneración de una empresa, que hace tiempo que dejó de tener el servicio público en mente. RTVE es ahora mismo una basura equivalente a cualquiera de las patéticas televisiones autonómicas, con la diferencia de su influencia y disparatado coste, pagado por cada uno de nosotros mediante los impuestos. Eso también es corrupción. La decadencia del periodismo, su crisis absoluta, tiene en España, y en RTVE, uno de los mayores exponentes.

viernes, julio 03, 2026

250 años de EEUU

Mañana EEUU cumple 250 años, pocos países pueden decir que tienen una fecha de fundación dada, fija, y plasmada, en este caso en la famosa declaración de independencia de 1776. Una muestra de que la historia es impredecible es que nadie hubiera apostado en esas fechas, ni en muchas posteriores, a que esas trece colonias que se desgajaron de la corona británica iban a acabar siendo la nación más poderosa del mundo un par de siglos después y, depende de cómo lo veamos, la más poderosa que ha existido jamás en la Tierra. Con sus luces y sombras, EEUU tiene algo que celebrar mañana, y el objetivo de mantener lo logrado.

Precisamente llega este cumpleaños tan redondo en uno de los momentos más convulsos de la historia reciente del país. Hasta ahora, con aciertos y errores, era una nación que tenía clara su unidad y destino compartido, y también el papel que le correspondía en un mundo hecho, en parte, a imagen y semejanza de sus valores, al servicio de sus intereses. Desde la primera presidencia de Trump es evidente que ha nacido una división en el seno de la sociedad de aquella nación sobre cómo se ve a sí misma. A los europeos esto no nos suena raro, porque nuestros países han estado atravesados por conflictos civiles entre facciones que han tratado de hacerse con el conjunto de la nación desde premisas muy particulares, pero para los norteamericanos esto es nuevo. La unidad interna, el patrioterismo orgulloso que ellos exhiben, no pocas veces caricaturizado desde este lado del mundo, ha sido una de sus mayores fortalezas, y eso empieza a resquebrajarse. Hay una división profunda y creciente entre unos norteamericanos y otros, unos que ven a su nación de una forma radicalmente distinta a la que la contemplan los de enfrente, con una divergencia en las posturas que empieza a quebrar estructuras sociales en las que la política debe ser ajena. Eso es un peligro para toda sociedad, porque esa semilla de división, una vez que germina, resulta mucho más difícil de erradicar que cualquier otra cosa. La segunda presidencia de Trump no está haciendo sino ahondar en este problema, empezando por cuestionar las bases del sistema político de la nación, que ha soportado un cuarto de siglo de andadura sin haber sido jamás derribado por golpes civiles, militares o de otro tipo. Resulta cruel ver como desde naciones como la nuestra, con una experiencia democrática infantil, se pontifican lecciones hacia EEUU sobre cómo no perder la libertad. ¿Exime esto de riesgos a Norteamérica? No, ni mucho menos. Es difícil que suceda, pero también era difícil pensar que desde la presidencia de aquel país se desarrollara un programa de destrucción sistemática de los contrapesos y las costumbres legales que llevaban asentadas tanto y tanto tiempo. La disrupción que se ejecuta cada día desde el despacho oval por parte del populista naranja es asombrosa, pero también una advertencia de que EEUU no es inmune al virus de la degradación que tan bien conocemos los europeos y que, en el pasado, afectó a imperios y naciones que también se creyeron inmunes, bendecidas por los dioses, y elevadas a un rango más allá de la historia. El engreimiento es un camino seguro al fracaso, y no es fácil hacer ver a una potencia de las dimensiones de EEUU de los peligros a los que puede llevar una política populista ejercida desde sus propias instituciones. Para los que siempre hemos admirado a los padres fundadores de aquella nación, a los que pensamos que Franklin, Jefferson o Washington tuvieron la visión de crear una estructura política superior a todo lo conocido, la menos mala de las existentes, a los que creemos que presidentes como Lincoln o Roosevelt han encarnado lo mejor de eso que llamamos occidente, contemplar la deriva actual de EEUU nos duele, nos apena y, desde luego, nos preocupa. No podemos vivir en el mundo de hoy sin el papel que EEUU está destinado a cumplir en él.

Una muestra de la división del país es que gran parte de los actos previstos para este fin de semana se han suspendido porque Trump los ha querido patrimonializar para convertirlos en loas a su persona. Festivales de música que se iban a celebrar en Washington han visto como las estrellas de sus carteles se han caído a medida que el presidente iba convirtiendo lo que estaba previsto que fuera un homenaje a la historia de la nación en un mero acto de propaganda MAGA a su más absoluto beneficio. Este es el camino que acaba destruyendo consensos, generando rencillas profundas y debilitando a las sociedades. Sí, también las puede llevar a su enfrentamiento.

jueves, julio 02, 2026

Calor y errores europeos

Hay un debate que me asombra en gran parte de Europa, tras la ola de calor de la semana pasada, sobre la instalación o no de aires acondicionados en los hogares y distintas instalaciones colectivas. Existe un movimiento de pensadores y prescriptores que abogan porque no se deben poner estos dispositivos por sus emisiones y el efecto de calentamiento global que generan, y recomiendan a la gente que debe concienciarse con el planeta, sacrificarse y renunciar a la falsa comodidad que supone el dispositivo de aire en aras de la sostenibilidad global. Como discurso queda bien pero como estrategia es, como poco, estúpida.

¿Cuántos de los que así opinan tienen aire acondicionado en sus casas? ¿Cuántos trabajan en oficinas o lugares en los que sí funciona el aire acondicionado? ¿Cuánto CO2 emite un dispositivo de aire acondicionado frente a los jets privado en los que viajan no pocos de estos prescriptores medioambientalistas? Si uno empieza a hacerse preguntas puede obtener respuestas incómodas, todas ellas unidas a un comportamiento tan hipócrita como clasista, que se basa en el mantenimiento de unos privilegios para unos pocos y la negación de una calidad de vida media para los millones y millones de personas que conforman la sociedad real. Pongamos una ciudad europea, capital, un París, Madrid o Londres. ¿Cómo se refrigeran millones, repito, millones de viviendas en medio de los 40 grados? La instalación de sistemas de ventilación y aire acondicionado es obligatoria si uno no quiere asistir a crisis sanitarias de graves consecuencias. ¿Cómo se mantiene la calidad de vida, no educativa, sino de vida, en aulas de colegios en los que se superan los 30 grados? Al igual que los centros educativos poseen sistemas de calefacción para que los críos y profesores no se congelen en invierno, deben contar con métodos de refrigeración que sean capaces de controlar las temperaturas que se alcancen en ellos. Clases en las que se alcanzan los 30 grados son insoportables, como dormitorios o cualquier otro tipo de estancia a esa temperatura, pero quienes dicen que el aire acondicionado recalienta el planeta y no se debe utilizar seguramente viven y trabajan siempre a unos veintipocos grados, sostenidos por sistemas de climatización más o menos eficientes. Sí, hay que seguir trabajando en la mejora de los aislamientos, en sistemas pasivos que permitan que los edificios existentes se comporten mejor ante los retos térmicos, hacia arriba o hacia abajo, y sean más ahorrativos. Debemos tratar de crear todas las superficies de sombra que sean posible en medio de plazas y calles que tienden a convertirse en acumuladores de calor, fruto de diseños muchas veces erróneos, pero el mensaje de que usted no debe tener aire mientras yo sí lo tengo es de una hipocresía tan cutre que sólo sirve para crear indignación social, cabero y hartazgo. El que pretende defender el medio ambiente, o cualquier otra causa, y usa como argumentario que son otros los que deben sacrificarse por ello en vez de él mismo está destruyendo el objetivo que dice perseguir, porque va a crear una animadversión social absoluta hacia él. La sociedad va a considerar como falso el problema que se dice combatir por parte del experto y va a hacer todo lo contrario. Me sigue asombrando cómo, cada día, se observan conductas de este tipo, estúpidas en el más profundo de los términos, en nuestros medios de comunicación, y más entre los que se proclaman más concienciados con el cambio climático. ¿A qué temperatura mantienen sus redacciones estos medios? Los despachos de sus gerentes y consejeros delegados, ¿se refrigeran por las plantas que están en los alféizares de las ventanas o por el aire que sale de los extractores que circulan sobre sus cabezas? Lo de a Dios rogando y con el mazo dando en versión climática.

Sí, las temperaturas van a subir, sí, es un fenómeno global, y sí, depende ya mucho más de lo que hagan naciones como China o India de lo que los europeos pongamos de nuestra parte. Ante un panorama como este sólo queda adaptarse, mitigar los efectos, dado que no va a ser posible combatir las consecuencias (inapreciables cuando sólo los europeos vivíamos bien y a costa del resto). Y restringir el acceso de la refrigeración a las clases medias y bajas europeas es una política estúpida que sólo va a crear indignación y desafección. Me asombra que sigamos cometiendo errores tan burdos, de manera tan persistente, como si viviéremos en una realidad paralela.

jueves, junio 25, 2026

La ciega soberbia

Se que me repito, a todos nos pasa, pero más a los que no callamos. Lo que no está en Homero o en la Biblia lo teatraliza Shakespeare o lo novela Cervantes. En Macbeth las tres brujas comen la cabeza al noble escoces, le hacen creer que él es el mejor y le anticipan su reinado, y preso de codicia, con el inestimable apoyo de su esposa, comienza una carrera de sangre y destrucción hasta lograr el soñado poder, desde el que ejercerá con la misma ira con la que llegó, y así cavará su tumba. La historia que se relata en la obra es la de un fracaso absoluto, la de la destrucción de un reino por las ambiciones de una persona. Los hay que prefieren ver un relato de heroísmo, pero no es así. Es una advertencia ante el peligro de creerse el poder.

Sánchez ejemplifica bastante bien el relato shakesperiano, trasladándolo a unos tiempos modernos en los que la liquidación de los adversarios políticos no pasa por su ejecución en la plaza público o por el sombrío asesinato en las alcobas. Llegado a la secretaría general del partido y a la presidencia del gobierno de una manera rupturista frente a los usos de la democracia española, se ha mantenido en el poder a base de mentir sin tapujos durante años, prometer cosas que nunca se cumplirían y traicionar a propios y extraños con el único objetivo de ser él el que se mantenga en el poder. A lo largo de este tiempo la figura de su gobierno se ha ido desdibujando, el mensaje socialdemócrata, que sirvió como trampantojo para enganchar al electorado, se ha travestido en mero culto al líder y su partido se ha ido jibarizando hasta convertirse en poco más de una secta de acólitos al que manda que ya no son capaces de hacer nada sin su permiso y que viven completamente desconectados de la realidad. Los constantes casos de corrupción que afloran desde hace tiempo en el entorno del presidente, sea cual sea el punto al que miremos, son tratados por él como algo ajeno, similar a fenómenos meteorológicos que se suceden en el cielo ante los que no hay responsabilidad alguna que se pueda achacar a quien lo dicta todo. Es precisamente la naturalidad con la que Sánchez miente sin cesar lo que ha destruido la credibilidad del personaje en el conjunto de la sociedad española, que en un momento dado lo recibió como un regenerador tras la estela de corrupción que arrasó el PP de Rajoy. Coincidía su llegada con las ascuas aún bien calientes del movimiento 15M, una llamada social a la regeneración del país que unos aprovecharon, otros desperdiciaron y, los más, exprimieron para su propio beneficio. Sánchez tuvo mucho olfato para detectar el sentimiento que existía cuando se embarcó de camino al poder, y desde entonces mantenerse en él ha sido su único objetivo, una obsesión que no logro entender, que se ha transformado en la destrucción del personaje y su marca a lo largo y ancho del país, de una manera que resulta tan obvia que sólo los que sigue cobrando gracias a él son capaces de combatir, como buenos empleados que son. El acto parlamentario que se vivió ayer, que vi de manera resumida por la noche, no fue sino la enésima reiteración de los comportamientos ya conocidos. Un sujeto soberbio hasta el extremo que se presenta ajeno a toda mancha que le rodea, una oposición cargada de razones pero que no logra construir el argumentario debido y unos socios de gobierno que sigue hundiéndose en la irrelevancia a cambio de las elevadas nóminas que ocupan en los cargos que, lo sabe, perderán el día en el caiga el gobierno, y, lo saben, al contrario que las oscuras golondrinas, no volverán. Un conjunto de mediocridades reiterativas en la sala de plenos del Congreso, en otro ejercicio de devaluación de la Cámara, uno más. En cierto modo, es algo coherente, dado el desprecio con el que Sánchez trata las instituciones que se diseñaron para limitar el poder, para deliberar, para frenar las ansias de quien se cree por encima de todo.

Con un estilo muy distinto, con formas opuestas, Sánchez es un presidente muy trumpista, muy en la línea de creerse por encima de todo y de todos que se estila en la Casa Blanca desde que el populista naranja se hizo con ella. Sánchez no se caga en los muertos de nadie, ni insulta sin cesar (Óscar, el indeseable, Puente sí) pero comparte el desprecio a la democracia como sistema de contrapesos y de limitaciones. Si el presidente soy yo, ¿quién me va a limitar? ¿Acaso no tengo derecho a hacer lo que me venga en gana porque mando yo, y sólo yo? Más de un pelota, bien remunerado, aún queda en los pasillos de Moncloa y en no pocos medios reiterando los síes fieles a estas preguntas cuando su líder se las hace. No esperen que Sánchez dimita, aunque se vea envuelto en causas corruptas que le afecten a él mismo. Nunca lo hará.

lunes, junio 22, 2026

Starmer, amortizado

La capacidad de la política británica para destrozar liderazgos es asombrosa. Su queman figuras a una velocidad que parece muy superior a la que se crean, y uno tras otro, da igual la ideología, van cayendo en la pira que es la dirigencia de aquel país tras el Brexit, del que ahora se cumplen diez años. Está a punto de cumplirse el segundo aniversario de la arrolladora victoria de Keith Starmer al frente del laborismo en las elecciones de 2024. Tras la debacle conservadora, y es muy probable que hoy mismo el primer ministro presente o su renuncia o un calendario que acabe llevándole a ella en un breve plazo. Starmer ha pasado de ser una esperanza para el país a un lastre para los suyos, que se lo han cargado en una revuelta interna despiadada.

Su más que probable sustituto es Andy Burnham, hasta hace no mucho alcalde de Manchester, y que hace pocos días conseguía un escaño en el parlamento de Westminster al presentarse por un distrito que tocaba renovar en el que el candidato laborista renunció para dejar que Burnham se presentase. Al parecer es condición necesaria que el candidato a primer ministro en Reino Unido sea miembro del parlamento elegido, cosa que no sucede en España, y Burnham, que encabezaba la oposición a Starmer, estaba fuera de la bancada parlamentaria. Su elección abrumadora ha supuesto un mini referéndum sobre su figura entre las bases laboristas y ha dejado claro que no están con Starmer, por lo que la posición del primer ministro se ha debilitado de una manera que se considera ya irreversible. Si Starmer dimite el parlamento votaría la candidatura laborista de Burnham y, dado que poseen mayoría, accedería al cargo, en un movimiento similar a los muchos que se dieron durante el agitado mandato conservador de 2020 a 2024, donde se sucedieron en el cargo Borish Johnson, Theresa May, Lizz Trust y Risy Shunak, siendo sólo el desquiciado Johnson el que se presentó a las elecciones. La legitimidad del poder en un sistema parlamentario la otorga la cámara, por lo que todos los anteriores fueron primeros ministros válidos, como lo será Burnham si accede al cargo de esa manera (o como lo fue Sánchez aquí tras la moción de censura, o como lo sería alguien si ganase una moción de censura presentada contra Sánchez). Starmer ha sido devorado por la realidad y algunos errores propios. La realidad le ha devorado por tres frentes. La economía, que no acaba de despegar en un país que sigue sin ser consciente de su progresivamente menor tamaño en la economía global, la relación con EEUU, totalmente desarbolada tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, y el problema de la inmigración, que deriva cada cierto tiempo en episodios de inseguridad, reales, hábilmente explotados por los populistas ultranacionalistas, que no dejan de subir en las encuestas. Starmer logró una amplia mayoría en las elecciones de hace dos años, pero ha sido incapaz de domesticar estos problemas, quizás en parte porque no sea posible hacerlo. Entre los errores propios son destacados varios nombramientos que han salido rana en puestos de su ejecutivo y aledaños, minando su imagen de gestor y, sobre todo, lo relacionado con el caso Epstein. Las revelaciones vinculadas al pedófilo y a su círculo de influencia han causado, curioso, mucho más revuelo en Reino Unido que en EEUU, y la figura de Starmer, que no tuvo relación con el caso, ha quedado ligada a él a través de Peter Mandeloson, figura icónica del laborismo británico, embajador del país en EEUU, y que sí que participó en cosas feas de las de Epstein, con el conocimiento relativo de un Starmer que nunca ha aclarado lo suficiente por qué mantuvo su confianza en Mandelson cuando ese escándalo estaba teniendo lugar. Explicaciones vagas, excusas, cambios de versión (¿les suena?) han ido minando la credibilidad de Starmer entre la opinión pública y más entre los propios, que han pasado de verle de un dirigente valioso a un foco de problemas. Quizás hayan pensado eso de “muerto el perro, se acabó la rabia” y han considerado que liquidar a Starmer es la mejor manera de evitar todos los problemas que a él se asocian, y durante un tiempo así será, pero visto lo visto, ¿cuánto puede durar el liderazgo de la nueva figura laborista? No apuesten por demasiado tiempo.

Lo cierto es que, visto desde aquí, me da una cierta envidia lo sucedido entre las filas laboristas. Han descabalgado a su líder porque lo ven incapaz y fracasado, no condicionados por el cargo que cada uno de los sublevados desempeñase en el partido o gobierno. Ha habido dimisiones internas, renuncias, declaraciones de protesta acompañadas de hechos prácticos, etc. Desde la partitocracia dictatorial que se vive entre nosotros, donde el líder, aunque esté atrapado en todo tipo de casos de corrupción, no es capaz de ser cuestionado por los miembros de su partido pase lo que pase, resulta envidiable la sensación de libertad que se disfruta en la política británica. Quizás ellos sí se lo creen, quizás son válidos y saben como sacarse la vida sin recurrir a la usurpación del cargo público. Da que pensar, ¿eh?

jueves, junio 18, 2026

ZP, por ahora, sin medidas cautelares

La pregunta obvia que surge tras la comparecencia de ZP ante el juez de ayer y el comunicado que dio a conocer a los medios es por qué alguien debiera tener fe en su inocencia, sin argumento ni prueba alguna, cuando tras horas de declaración el juez sigue creyendo que hay indicios serios de delito. En sus palabras ante la sociedad ZP busca excusarse y requiere un auto de fe en su persona que no se compadece con los hechos que van aflorando, ni con la estrategia legal que está siguiendo en lo que va de procedimiento. Los habrá que, por su ideología, no necesiten nada para creer en él. Más allá de las ideas, a mi no me encontrarán en ese lado.

El argumento del juez para no imponerle cautelar alguna, especialmente la de la retirada del pasaporte, es que se trata de una personalidad de notoriedad y fama muy elevada, lo que dificulta su fuga. Eso es cierto, aunque lo de dificultar es una cuestión relativa. Uno puede salir de España en coche sin que se le vea y, con el pasaporte en la mano, coger un vuelo en un aeropuerto mediano de Europa rumbo a cualquier parte. Estimo que las probabilidades de que ZP huya no son nulas, pero que sí son bajas. No lo descarto, pero no es lo más probable que vaya a suceder a corto plazo, aunque todo estará en función de lo que vaya saliendo de la investigación. A medida que puedan aparecer pruebas que muestren pagos irregulares, o derivados de acciones inexistentes, como mero objeto de blanqueamiento, o se aten cabos respecto a posibles sociedades en el extranjero en las que él y / o sus socios puedan tener registradas participaciones o ingresos le puede ir rentando más el coger las de villadiego y largarse, aunque eso suponga la plena admisión de los delitos de los que se le acusa. La estrategia con la que ha iniciado el procedimiento, que antes señalaba, apunta preocupantemente por ahí, porque no se centra en rechazar la comisión de delito alguno, sino en buscar o bien la prescripción de los mismos o la anulación de pruebas del sumario que los justifiquen. Intenta hacer que sea el procedimiento el que le salve, no la inexistencia de los hechos, y eso es una manera de decir que sí, que los delitos existieron, pero que no son punibles en este momento. Curiosa forma de proceder del faro moral de muchos que ha resultado ser, como cuando ejerció de presidente, un trampantojo tras el que no había nada sólido. El haber elevado a los altares de su sector ideológico la figura de ZP por parte de los que ahora nos desgobiernan es la causa de que el daño que todo este asunto produce a su electorado sea tan serio. ZP salió del gobierno como el fracasado que fue, arrasado por una crisis económica brutal que nunca quiso ver ni entendió, que trato de evitar, como en el tema judicial, no combatiéndola, sino negando su existencia, buscando subterfugios para que políticamente no le causase daños el derrumbe de la burbuja que él contribuyó a inflar en su tramo final. El desastre de gestión económica de ZP lo dejó para el arrastre entre los suyos y los ajenos, lo mandó al desván de la historia, y desde ahí se fue construyendo la carrera de consultor, de lobista, de hombre de pazzz con los regímenes dictatoriales latinoamericanos, con especial querencia en la torturada Venezuela, donde el chavismo le recibía con las manos abiertas y él trabajaba sin descanso para limpiar la imagen de la dictadura. Es más que probable, tras lo conocido, que empezase a cobrar de ella desde sus primeras gestiones. Sánchez y compañía lo rescatan para la política nacional como muñidor de pactos con el sedicioso puigdeminíaco y otros elementos de nuestra cloaca política nacional, y lo van elevando poco a poco a estandarte del progresismo, en un ejercicio de recuperación como no se había visor en mucho tiempo, que no dejaba de sorprender a los muchos que no olvidábamos la inutilidad absoluta de su ejercicio como presidente. Lo de ahora es el segundo derrumbe, y parece que será aún más estrepitoso que el primero.

Socialmente, lo que más se habla de ZP en tertulias y comentarios es sobre el tema de las joyas, pero a mi eso me parece algo menor en comparación con el resto de delitos de los que está acusado, menor también en cuestiones monetarias. Algo más de un millón de euros en pedruscos tallados no declarados no es casi nada frente a las mordidas que se pueden haber creado con el contrabando de oro y petróleo venezolano. Como en el caso de la operación Malaya, lo llamativo era el Miró en el baño de Juan Antonio Roca, mientras que lo mollar era todo el robo del ayuntamiento de Marbella. Aquí las joyas sólo dicen mucho del personaje que nos pide que tengamos fe en él.

jueves, mayo 28, 2026

Descomposición

Quizás recuerden ustedes cómo acabó el felipismo a mediados de los noventa. Se sucedía una causa tras otras de corrupción, a cada cual más escandalosa, en la que se veían implicados ministerios, todas las ramas del PSOE e instituciones como el Banco de España o el BOe, era un no parar de sobresaltos, con dos procedimientos largos que, día a día, proporcionaban noticias. Uno era el relacionado con los GAL, la X famosa y las pesquisas del entonces prestigioso Baltasar Garzón, quién le ha visto y quien le ve. La otra era la trama de financiación ilegal del PSOE, lo de Filesa, Malesa y Time Export, instruida por el vilipendiado juez Marino Barbero.

El aire de derrumbe era constante, la parálisis dominaba todo y, tras los fastos de 1992, la sensación era de desplome, de abatimiento, de lo que se pudo hacer en un país por modernizarlo y el destrozo que, desde el gobierno, estaban realizando una panda de mangantes insaciables. González, al frente de todo aquello, negaba sin cesar su participación en las tramas y decía sentirse traicionado por ellas, en unas declaraciones que quizás reflejasen la verdad, pero que no eran sino insultos dirigidos a los pagadores de impuestos, usted y yo entre ellos, que éramos los que financiábamos la juerga. Aquello no podía seguir y se acabó en las elecciones de 1996, donde el PSOE sacó un muy buen resultado, perdiendo sólo por 300.000 votos frente al PP, el ganador. Ni todo el descrédito de la corrupción sangrante pudo erosionar la base socialista, que sí se derrumbó en las elecciones de 2000, cuando Aznar logró una mayoría absoluta. ¿Soy el único que ve paralelismos entre aquel año socialista de 1996 y este de 2026? Treinta años son bastantes, la verdad, pero la similitud de los procedimientos que se ven resultan tan tiernos como curiosos. Tenemos una trama que afecta a las finanzas del PSOE, en la que, por ahora, no ha salido financiación ilegal, pero sí el uso ilegal de fondos para obstaculizar a la justicia en los procedimientos en los que el gobierno se vea implicado. La ristra de procesos que afectan a antiguos miembros del gabinete de Sánchez y a organismos del estado por ellos controlados no dejan de crecer, aportando nombres y estructuras a unas tramas que son cada vez más difíciles de comprender, aunque en todas ellas algunos seres se repitan y sean los nexos que permiten ir saltando de unas a otras. El destino del dinero de las corruptelas sigue aún sin ser descubierto en plenitud, y las mordidas de las que se está hablando en los medios se cifran en los centenares de miles o unos pocos millones, pero tramas como la presunta del ex presidente Zapatero en los negocios petrolíferos de Venezuela pueden elevar estos importes en varios órdenes de magnitud. La precariedad del actual gobierno es mucho mayor que la del de Gonzalez de finales de los noventa, dado que entonces sólo dependía de la que sería la procesada familia Pujol y ahora está en manos de una banda de aprovechados a los que les importa más el dinero que cobran por sus cargos parlamentarios o gubernamentales que cualquier otra cosa, a sabiendas de que jamás volverán a tener semejante oportunidad de acceso a sueldos y prebendas equivalentes. Una de las diferencias del pasado respecto a la actualidad es la talla de las cúspides de ambos gobiernos. González acabó deshecho por la corrupción, pero tuvo años de gloria en los que revolucionó el país y creo instituciones, derechos y conceptos que lo modernizaron por completo, la historia se lo ha ido reconociendo. Frente a él Sánchez ha demostrado ser un perfecto arribista, un sujeto arrogante obsesionado por el poder personal, que ha destrozado la imagen de su partido y de todo aquel que se le ha acercado, sin que eso le suponga rubor alguno. Poco quedará del sanchismo para la historia, salvo su obsesión por la resistencia personal, y un comportamiento más propio de un psicótico que de una persona en sus cabales.

Como pasó en 1996, creo que aún falta mucha trama por descubrir, y grandes tracas explosivas. Recuerdan sin duda la que se organizó cuando Roldán escapó de España para huir de la justicia tras su fraude en la Guardia Civil. Ese fue quizás el momento más chusco de todo aquello, y em da que aún veremos a alguno de los implicados en estas tramas, y a nombres nuevos que saldrán, escapándose para eludir la justicia, apuesten por República Dominicana como destino, en medio de la comprensión de no pocos medios de comunicación y periodistas, así se hacen llamar, que les defenderán hasta que, seguro, también aparezcan sus nombres en listados de cobro de mordidas. Sí, esto tiene pinta de derrumbe.

jueves, mayo 21, 2026

Cuidado con los ídolos

Dice OOM, compañero de trabajo y amigo, que no hay que idolatrar a nadie, que elevar en pedestales es un error, porque luego descubres que lo que antaño era dorado ahora está lleno de herrumbre. No usa términos tan cursis, pero vamos, nos entendemos. Elevar a alguien a la categoría de mito cuando no está es complicado, y tiene sus riesgos. Hacerlo en vida resulta de lo más peligroso, porque en cualquier momento una investigación judicial lo desnuda y te revela secretos de su ser y sus cuentas que son muy desagradables. Ante ello, muchos optan por la negación, por mantener su frente a la realidad. Y eso, además de peligroso, es inútil.

No se muy bien por qué, pero para mucha gente ZP se había convertido en un referente, cuando su paso por la presidencia del gobierno fue un desastre. En su primera legislatura, marcada por el 11M, la apertura del melón estatutario catalán y el inflado de la burbuja, se vio que el personaje no tenía nada de consistencia, mucho marketing y poco más. En la segunda, tras el estallido burbujil, se comprobó la inutilidad del personaje, que casi provoca la quiebra del estado por su negación de la crisis y por su irresponsable gestión de la misma. En fin, uno escoge a los ídolos que desea, y no pocos en este país, que se autodenominan de izquierdas, elevaron a los altares laicos a este personaje lleno de carencias. Su aura para ese conglomerado ideológico ha ido creciendo con los años, y se le ha sacado, como si fuera un paso procesional, en todo tipo de campañas electorales para defender la marca del PSOE y la izquierda, uniendo su destino al de un sanchismo que ha supuesto la consumación de todo el desastre que se veía ya fraguando desde los gobiernos del propio ZP. La simbiosis entre el desgobierno actual y la figura de ZP es total, con constantes expresiones y gestos de admiración mutua entre ambos a cada día. Por eso, el auto de imputación del juez Calama es tan devastador para el desgobierno que padecemos, porque ataca las bases de una de sus figuras con menos poder nominal, pero mayor predicamento entre los que se supone que son sus electores. ZP no tiene cargo público alguno, pero es sabido que ha hecho gestiones para el gobierno actual, entre ellas negociaciones con el sedicioso puigdemoníaco y cosas por el estilo, de las que él se ha mostrado plenamente orgulloso, lo cual da que pensar sobre la solidez mental del personaje. No ocupa cargo alguno en la administración, y creo que hace ya algunos años que dejó el Consejo de Estado. Carece, por tanto, de cualquier tipo de aforamiento, y no será ante el Supremo donde tenga que comparecer en los procesos judiciales que, a partir de ahora, van a marcar su existencia. Lo que se produjo a lo largo del lunes fue el descabalgamiento del ídolo, el derrumbe de su estatua, la cuerda que, enganchada en uno de los extremos de la figura, tira de ella y la lleva a estrellarse contra el suelo, haciéndola pedazos para que la escena sea aún más metafórica. Años de presunta honradez, sencillez, escrupuloso respeto a la legalidad y demás expresiones al uso deshechos en unas horas, las necesarias para leer el auto de procesamiento, dictado por el juez de la Audiencia Nacional en el marco de una investigación criminal de ámbito europeo, con ramificaciones norte y centro americanas más que obvias, que deja al personaje a los pies de los caballos. Las explicaciones que por ahora ha dado el imputado han sido escasas, apenas ese vídeo de minuto y medio en el que proclama su inocencia y poco más, en medio de un frondoso jardín privado. Claramente insuficientes hasta para los suyos, ni les cuento para el resto del país, que asiste sin desgarro, pero sí con asombro, a una historia de presunta corruptela que deja a tramas pasadas convertidas en juegos de aprendices. La sofisticación de la corrupción patria no deja de alcanzar nuevas cotas. Ahí sí que innovamos, no como en otras cosas donde debiéramos.

La respuesta de los fieles ante el auto muestra el infantiloide mundo en el que vivimos, en el que la fe es superior a la realidad. Ante la acusación, cierre de filas de los “míos” y acusaciones sin freno, llenas de bulos, ante los “otros”, en un proceso tan falaz como ridículo, que ante la magnitud y gravedad de los datos expuestos obligó ayer a más de uno de entre la feligresía a empezar a dudar de sus creencias zapateriles. No parece que sea ese el caso de Sánchez, que sólo cree en él mismo y en su propio beneficio. Ayer apoyó públicamente a ZP, con la misma rotundidad con la que pasado mañana lo negará si es necesario, con tal de salvarse. Él no cree en ídolos, él se cree el único ídolo posible.

miércoles, mayo 20, 2026

ZP en problemas

Hace no mucho se publicó en España la versión traducida del libro que el ex presidente francés Nicolas Sarkozy ha escrito tras su breve paso por la cárcel. Fueron apenas dos meses de encierro, si no recuerdo mal, y le salen algo más de dos páginas por día entre rejas, lo que es una buena muestra de cómo el personaje se quiere a sí mismo. Sarkozy fue condenado en una de las causas que tiene abiertas por financiación ilegal de sus campañas electorales, con el dinero libio del dictador Gadaffi de por medio. En Francia un presidente es como un rey absoluto con carácter temporal, tiempo tasado, pero poder y boato hasta aburrir. Comparados con ellos, nuestros presidentes son unos vulgares primeros ministros, casi como los suyos.

Por eso la imputación de ZP nos hace un poco franceses, así que los que siempre tienen el complejo de que somos menos que el resto de los europeos ya pueden sentirse satisfechos, nos hemos igualado en otra categoría más, aunque esta sea de las indignas. ZP es el primer presidente del gobierno de la democracia que se ve imputado y con el serio riesgo de acabar enjuiciado en un asunto que suena muy mal desde el primer día en el que se supo algo de él. Todo lo relacionado con el rescate de Plus Ultra lleva años sometido a un escándalo constante, y desde el mismo momento en el que se conoció la millonada que se llevaba esa línea aérea casi inexistente y sus vinculaciones con el régimen de Maduro las especulaciones sobre negocios turbios no cesaron. La constante presencia de ZP en lo que se llamaban labores de mediación ante el régimen chavista, que no eran otra cosa que respaldo político desde su posición de prestigio institucional a la dictadura venezolana, alimentaba las especulaciones sobre si algo de la millonada del rescate no habría acabado en sus bolsillos, o en el de allegados muy cercanos, fueran familia o amigos. ZP ha negado una y otra vez el cobro de comisiones por los trabajos que se han ido conociendo a lo largo de estos años, labores de consultoría y de informes que siempre han aparentado ser cortinas de humo para encubrir una acción de lobbysmo profesional, de intermediación al más alto nivel para lograr que el gobierno de España aprobase el rescate a la compañía, por una cifra de entorno a 53 millones de euros, importe más que suficiente para que las comisiones asociadas fueran sustanciosas. La presencia de Julio Martínez, conocida a lo largo de las investigaciones periodísticas que han ido indagando sobre ese rescate, su amistad con ZP, su colaboración profesional en la consultora Análisis Relevante y otros cabos sueltos han ido creando un relato en el que la sospecha sobre el expresidente era creciente, pero la negación constante de los hechos por parte de ZP y la defensa cerrada que los medios afines han hecho de su figura, uno de los mayores baluartes que le queda al socialismo patrio. Por eso, la conmoción general que se produjo ayer al conocerse la imputación de ZP por parte de la Audiencia Nacional fue absoluta, especialmente en las filas propias, que empezaron a lanzar la típica campaña de desinformación para ver si podían minimizar lo que era un hecho gravísimo, pero la realidad puede aplastarlo todo. El auto del juez Calama responde a una investigación internacional en la que están implicadas las fiscalías francesa y suiza, y para sorpresa de todos, va mucho más allá de Plus Ultra, hasta configurar toda una trama de corrupción asociada a la figura de ZP como el conseguidor máximo en la que el caso de la aerolínea sería uno de los posibles, pero ni mucho menos el único. La asociación de ZP con los gerifaltes chavistas lo llevaría a negocios turbios en los que el petróleo, oro y ayuda internacional al desarrollo podrían verse envueltos, y con la clásica creación de sociedades pantalla en el extranjero para canalizar y blanquear ingresos ilícitos.

Lo que se fue conociendo ayer es un escrito de acusación gravísimo que, de ser cierto, pondría al expresidente Zapatero a las puertas de un proceso judicial con implicaciones penales rigurosas. Por de pronto está citado a declarar ante la Audiencia Nacional el 2 de junio, creo, y el juez pudiera dictar medidas cautelares tras ese momento si considera que hay riesgo de fuga o destrucción de pruebas. Como hicieron Koldo y Ábalos, ZP puede tener que ir a declarar con un petate preparado en el caso de que se le mande a Soto del Real tras su comparecencia, cosa que veo poco probable, pero, tras lo de ayer, posible. Su horizonte se ha oscurecido de una forma siniestra, y con él el de sus allegados y partidarios.

martes, mayo 19, 2026

Victorias y derrotas andaluzas

De la serie de cuatro elecciones autonómicas con la que se inauguraba este año, el plato fuerte, la más importante, era la de Andalucía. Es la comunidad más poblada de España, granero de votos para el partido que la domine, y contaba con mayoría absoluta del PP tras los comicios de 2022. Por ello todos los partidos lo veían, con razón, como caza mayor, pieza que cobrada vale mucho y perdida es dolorosa en extremo, aunque ya se sabe que casi nadie miente tanto como un político a la hora de minusvalorar sus derrotas. El PP salía a ganar y revalidar la absoluta, y el PSOE a remontar con una candidata casi tan sanchista como el propio presidente del gobierno.

El resultado no ha tenido grandes sorpresas, salvo una que casi nadie vio, yo menos, que es el gran ascenso experimentado por Adelante Andalucía, antigua marca podemita que se salió de la secta de Iglesias hace ya tiempo y que ha derivado a una curiosa mezcla entre ortodoxia de ultraizquierda y andalucismo. Subió de dos a ocho escaños, eso es como para sentirse muy ganador, y se quedó con el último escaño en varios de los repartos de restos, y eso es lo que le ha privado al PP de reeditar la mayoría absoluta, habiéndose quedado a dos de los 55 escaños que otorgaban la plena tranquilidad. El propio Moreno Bonilla reconocía la noche electoral, en su alocución ante militantes y prensa, que habían logrado el objetivo de la victoria y no el de la absoluta, porque lo que D’Hont da unas veces te lo quita otras, y efectivamente fue así. Es curioso, y meritorio, que el candidato del PP dijera una verdad tan clara y sencilla como esa. Su victoria es incuestionable, arrasante, aunque al no tener la absoluta se ve abocado a entrar en el lío, como el mismo lo definió, de acordar políticas con Vox, está por ver si puestos en el gobierno. Los de Abascal han mejorado un solo escaño, se consolida la idea vista en las elecciones de Castilla y León de que su ascenso meteórico ha podido tocar techo y que ya han alcanzado el máximo de sus aspiraciones. Eso no les está quitando nada de su verborrea y chulería, impropia ante unos resultados que son buenos pero que ofrecen unas expectativas de estancamiento, que es el paso previo a descender. Los 13 escaños voxeros son poco frente a los 52 peperos, por lo que las exigencias que puedan plantear se antojan menores, pero en tiempos de chantajismo irracional como el que vivimos todo es posible, y no es descartable que los de Abascal acaben consiguiendo consejerías desde las que pregonar sus ideas locuelas e irrealizables, que en nada arreglan los problemas reales de la gente, incluyendo algunos de los que ellos denuncian sin cesar. El resultado del PSOE ha sido el que muchos esperaban y desde el partido y gobierno no se quería admitir. Partían de 30 escaños, el mínimo histórico cosechado por Juan Espadas en los comicios de 2022, y la candidata María Jesús Montero, probablemente la peor de las posibles a excepción del propio Sánchez, ha logrado perforar ese suelo, llegando a los 28 parlamentarios, y dándose por satisfecha de que el guarismo no hubiera sido aún menor. Si el PSOE planteaba estas elecciones como un plebiscito sobre la figura de Sánchez y la que ha sido su entregada número dos durante todos estos años, el veredicto es claro. Los numerosos errores protagonizados por la candidata durante la campaña, con meteduras de pata serias, han contribuido a crear la imagen de una improvisación constante y de una mera fachada para colocar a alguien a quien el dedo del presidente le ha otorgado prebendas constantes, sin que en ella recaiga capacidad ni valor alguno. Tras dejar el Ministerio de Hacienda arrastras, sólo tras la convocatoria oficial de los comicios, la candidata llegó al territorio como una paracaidista de libro, y su campaña ha sido el perfecto ejemplo de lo que no se debe hacer. Ha sido, de hecho, tan mala, como algunas de las últimas campañas desarrolladas por el PP, que es experto en pifiarla. Que eso lo haga una maquinaria mucho más profesionalizada como es el PSOE resulta curioso.

Como era de esperar, tras la derrota aplastante, no se ha visto en ningún momento al líder del partido saliendo a dar la cara. El PSOE se ha convertido en una extraña secta de entregados a un sujeto que los sacrifica en el altar de su ego, al que todos ellos aplauden sin cesar hasta que son derrotados uno tras otro, sin que nadie pida explicaciones al soberbio sobre su comportamiento, decisiones y actos. Visto desde fuera es incomprensible ese amor a la inmolación que surge en las filas socialistas, e insultante para los sacrificados la desvergüenza con la que, tras cada elección, el líder se escabulle, no asume responsabilidad alguna y hace como si nada de todo eso fuera con él. No hay más ciego que quien no quiere ver, y el PSOE ahora mismo es una nave de cegados en manos de un desquiciado.

lunes, mayo 11, 2026

Debacle laborista en Reino Unido

Sir Keith Starmer fue elegido primer ministro de Reino Unido en julio de 2024, en breve se cumplirán dos años. Al frente de una versión moderada del laborismo, recogió el gobierno tras la debacle conservadora en la que se sucedieron mandatarios errando uno tras otro. Cosechó una amplia mayoría absoluta en el parlamento de Londres y puede que sea el mandatario europeo que goza de mayor comodidad a la hora de presentar proyectos a las cámaras y de hacer su trabajo. Pues bien, a un par de meses del segundo aniversario, su figura ya es una sombra de la que fue y tiene pinta de estar tan achicharrado como sus predecesores, aunque la línea ideológica de estos fuera la opuesta.

Parte de su derrumbe no es achacable a él mismo, sino a una economía como la británica, que al igual que el resto de las occidentales, no carbura como antes en un mundo en el que perdemos preponderancia, y eso lo nota el ciudadano de a pie en forma de precios más altos, carestía general, vivienda inasequible, salarios que no son capaces de soportar estos ascensos y competencia apabullante por parte de Asia, sea China o no. La llegada de Trump tampoco le ha ayudado nada, sino más bien todo lo contrario. Por motivos obvios, UK es el país europeo que posee la relación más estrecha con EEUU, de ahí que si en Washington hay tormenta en Londres no puedan evitar mojarse. Esa relación especial, como la llaman, sufre la misma crisis que la que vivimos los demás países occidentales con el gigante norteamericano, pero en el caso de UK los intensos y constantes vínculos entre ambas naciones amplifican el problema. Ver cómo desde el despacho oval se pone a parir al primer ministro británico es inaudito, y para el inquilino de Downing Street es algo para lo que no hay manual, dada su profunda anomalía. El resto de los problemas sí son achacables a Starmes y su partido, empezando por el incumplimiento de promesas económicas y sociales, lanzadas con la frivolidad habitual de las campañas electorales, que luego se estrellan contra unas cuentas públicas endeudadas que apenas son capaces de superar la prueba de los intereses de la deuda. El bono británico a diez años cotiza a unos tipos que superan ampliamente el 4%, bastante por encima del nuestro, y eso es una losa para las finanzas del país. Esos bonos que tiraron a la incompetente Lizz Truss a la basura a la par que se caducaba aquella famosa lechuga miran con el mismo recelo a Starmer y, sin ponerlo en la picota, lo amenazan día y noche. Las consecuencias del escándalo Epstein también le han perjudicado mucho. El gobierno nombró de embajador en EEUU a Pater Mandelson, un todopoderoso del laborismo, a sabiendas, como se ha conocido después, de que mantuvo una relación con Epstein, que luego ha salido en los papeles del pederasta, con frecuentes visitas a la isla de los horrores. No está claro si Starmer sabía todos los detalles, pero sí que era conocedor de esa relación entre el poderoso Mandelson y el sucio Epstein y, a pesar de todo, siguió adelante con el nombramiento. Eso es algo más que un error, y desde hace semanas, muchas, la sombra de este caso persigue al primer ministro con saña, sobre todo después de que Mandelson fuera cesado y, metido ya en sus propios líos, dejara de ser parapeto para el ejecutivo. En fin, un montón de hechos que han contribuido a que la figura del laborismo, y de Starmer como representante máximo del mismo, se hayan deshecho a una velocidad asombrosa. Curiosamente, o no, esto no ha servido para que los conservadores recuperen algo del prestigio perdido tras sus debacles. No, siguen sumidos en las sombras y, la verdad, con una perspectiva como partido y máquina de gestión del poder, realmente preocupante. La posibilidad de que el conservadurismo británico acabe siendo una formación anecdótica es, ahora mismo, algo más que una conjetura. Otro de esos hechos insólitos que cuesta creer aunque se vea.

El ganador de todo este tumulto es, se lo imaginan, el populismo, encarnado en UK por Nigel Farage y otra serie de personajes, a cada cual más inquietante. Al frente del Reform UK, ha obtenido un triunfo sonado en las municipales celebradas el pasado jueves, alcanzado miles de concejales y superando en intención de voto claramente a las dos formaciones clásicas. Con un mensaje anti inmigratorio duro, nacionalismo económico de garrafón y muchas dosis de demagogia, los de Reform han dado el golpe sobre la mesa que auguraban las encuestas y pueden convertirse en la primera formación política del país sin muchas dificultades. Starmer se ha negado a dimitir tras la derrota, pero crece la presión contra él en sus propias filas. Ya ven, para uno que gobernaba con mayoría…

jueves, abril 30, 2026

Powell deja la FED

Ayer fue la última reunión de la FED, la autoridad monetaria norteamericana, presidida por Jermo Powell, tras la cual termina su mandato y deja la institución. Powell fue puesto al frente de este organismo por elección de Trump en el año 2018, a mitad de su primer mandato, que nos parecía caótico y no sabíamos lo que nos esperaba. Ha demostrado ser un hombre pausado, reflexivo, serio, y profesional, en un mundo cada vez más turbio y desquiciado. Sus años al frente de la institución se recordarán por las dos crisis exógenas con las que ha tenido que lidiar y el gran problema, que nadie esperaba, y que ha marcado por completo su tramo final de mandato.

Las dos crisis han sido el Covid y la guerra de Ucrania, muy distintas, muy serias, y ambas han requerido determinación y buen hacer. El Covid se presentó como algo totalmente inesperado y novedoso, mandándonos a casi todos a casa, derrumbando la demanda y provocando una recesión artificial porque la economía, como todo lo demás, entró en suspenso. Ahí el problema era la inexistencia de demanda y el riesgo de que la falta de liquidez de las empresas al derrumbarse la actividad se convirtiera en insolvencia y quiebra. La FED, junto con otras instituciones similares, actuaron de manera coordinada y con una hoja de ruta similar, realizando inyecciones de liquidez como no se veían desde la crisis de 2008 – 2013 y garantizando la solvencia temporal de empresas, negocios y estados hasta que la situación sanitaria permitiese una vuelta a la normalidad. No había una guía muy clara de qué hacer ante ese problema, pero se trabajó bien y se superó, vacunación mediante. La otra crisis ha sido la de la guerra de Ucrania, muy distinta, no fruto del azar genético sino de la maldad deseada de Putin. Coincidiendo con la salida del Covid y la reactivación de la demanda se produjo el estallido del conflicto y la consiguiente tensión en las cadenas logísticas, con especial impacto en las que atañen a alimentación y productos energéticos. Si el Covid hundía la demanda y dejó la inflación en cero Ucrania provocó un disparo de precios, una crisis inflacionaria como no se veía desde hacía décadas. Las causas no eran monetarias, sino cruelmente físicas, pero la FED no podía quedarse de brazos cruzados viendo como los precios subían sin cesar, por lo que pasó de un modo Covid ultraexpansivo a una posición restrictiva, con subidas de tipos que trataban de contener los precios. Su éxito aquí fue relativo. Sí consiguió que las expectativas de inflación siguieran ancladas en el entorno del 2%, de tal manera que todos los agentes consideraron, como así fue, que el brote inflacionario sería temporal, pero no logró contener su dimensión, y el daño que esas subidas han hecho a la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, especialmente en sus compras diarias, es algo que no ha sido paliado, ni por la autoridad monetaria ni por ninguna otra. La guerra de Ucrania nos ha empobrecido a todos en términos, reales, cierto que a algunos más que a otros, pero ha devaluado los salarios y rentas. Ahí la FED actuaba con las herramientas que tiene para tratar un problema que derivó en monetario, pero que tenía unas causas reales que no se pudieron atajar como es debido. Hizo lo que pudo con lo que tenía, y logró algo, pero menos de lo deseado. Powell ha sido el primer responsable de la FED desde Volcker que se ha enfrentado a un brote inflacionario, justo después de una crisis de deflación, como le pasó a Bernanke. Las dos pesadillas del banquero central casi seguidas una tras otra. Ha tenido mala suerte el bueno de Jerome.

El gran problema, jamás imaginado, ha sido el acoso de Trump en el segundo mandato. Por encima de todas las cuestiones económicas comentadas, Powell pasará a la historia como el gobernador que se enfrentó al presidente en defensa de la independencia de la institución, como el funcionario que recibió insultos y desprecios incesantes desde la alocada Casa Blanca y que no tuvo miedo, pese a ello, a responder a Trump cuando lo consideró necesario. Esa independencia de la FED es su valor máximo, su capital intangible por excelencia, y Powell se ha dejado horas, la vida, su aspecto físico lo denota, en batallar para defenderla. Sólo por eso merece el mayor de los homenajes

miércoles, abril 22, 2026

Trampas del nacionalismo voxero

Si no pasa nada raro, esta mañana María Guardiola será investida como presidenta de la Junta de Extremadura tras la segunda jornada del debate destinado a ese fin. Los votos de Vox, conseguidos tras el acuerdo firmado la semana pasada, permitirán a la del PP alcanzar una presidencia que ya ostentó la vez pasada gracias a otro acuerdo con los populistas de derechas que se frustró tras la espantada voxera a cuenta del acuerdo de reparto de menores inmigrantes. En esta ocasión los de Abascal han bajado algo sus exigencias tras los últimos resultados electorales, pero han conseguido que su idea, falsa, de los nacionales primero, esté presente en el debate político.

Y digo falsa porque el ideario voxero, como el de todos los nacionalistas populistas, se basa en la asunción de una superioridad (falsa) de un conjunto de personas respecto a otras por cuestiones que se asocian a la raza, el origen y tonterías por el estilo. En esto los profesionales en España son los nacionalistas vascos y catalanes, que exhiben su racismo sin tapujos y han conseguido que parte de la inútil izquierda del país les compre el discurso y lo califique de progresista. Pues bien, los de Vox son igualmente racistas, sólo que cogen a otro grupo de población para determinar cuáles son los privilegiados y cuáles los discriminados. Es lo que tiene ser sectario, tu defines a conveniencia quiénes son los elegidos y desprecias con la mayor fuerza posible al resto. Y ese comportamiento, además de inmoral, es ilegal. La ley, eso que empieza a ser poco más que una referencia en papel pero que cada vez se respeta menos, empezando por nuestro desgobierno, define a los españoles como ciudadanos sujetos de derechos y obligaciones. No es posible discriminar a unos de otros, porque las leyes modernas occidentales, fruto de la evolución ilustrada y liberal, se basan en el reconocimiento de la individualidad como el sujeto del derecho, en la preminencia del ciudadano como el titular, y en la igualdad entre todos ellos, sean hombres o mujeres, blancos o negros, niños o ancianos, calvos o poseedores de melenas… todo eso no es relevante respecto a los derechos que posee el ciudadano. Vox, como el resto de nacionalistas, además de ser racistas, y otras cosas igualmente malas, vive en un mundo preilustrado, un mundo medieval en el que los derechos no son de los ciudadanos, sino regalías otorgadas por el poder absoluto, del que emana todo, que permiten a unos medrar y mantienen a otros eternamente condenados a la discriminación. Los delitos con los que tanto se le llena a Vox la boca, son delitos, los cometa quien los cometa, y tenemos capullos integrales causantes de daño, dolor, muerte y corrupción nacidos en España, nacidos en Senegal y nacidos en Noruega. La ley no juzga orígenes, juzga hechos y actitudes. ¿Acaso la ocupación ilegal de viviendas es menos ilegal si la realiza un ciudadano nacional que uno comunitario o uno nacido fuera de la UE? ¿En qué cabeza entra que el castigo ante los delitos deba estar condicionado a la procedencia de los que los llevan a cabo? Las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado deben perseguir a los delincuentes que lo sean, por los delitos que cometen, no por otra cosa, y los juzgados sancionar las conductas delictivas que sean probadas. Y todo ello, a ser posible, con celeridad. Es así de simple. Los voxeros han encontrado un presunto filón en el tema de la inmigración, que provoca tensiones en el acceso a los servicios sociales y a mercados como el de la vivienda, pero no tanto por el origen de los que vienen de fuera como por el mero hecho de que la población se dispara. Es tan complicado comprar piso en Alicante por la cantidad de nórdicos que se hacen por ellos como lograrlo en barrios del extrarradio de las grandes ciudades por la llegada de, pongamos, latinoamericanos. Curiosamente, o no, Vox sólo se fija en los segundos, para nada en los primeros. Es un racismo el suyo, como suele ser habitual, muy mediatizado por la renta per cápita del que llega al país, poniendo el umbral de la “españolidad” que otorga con displicencia en, intuyo, unos 35.000 euros de ingresos anuales. Por encima de esa cifra no le ve tantos problemas, seguro.

La gestión de los flujos migratorios es un problema para sociedades envejecidas como la europea, necesitadas de la llegada de gente de otras nacionalidades pero que ve, con temor e hipocresía, que el mundo que conocía se convierte en algo bastante distinto. Es un asunto en el que los populistas encuentran un buen caldo de cultivo para vender soluciones falsas, que logran prosperar en medio de la agitación social y la dejadez de las administraciones, más preocupadas por pillar mordidas que hacer su trabajo, como se intuye de los juicios que vemos a diario. Votar a populistas como Vox no solucionará problema alguno, sólo empeorará los que hay y creará a nuevos. Probablemente la sociedad lo descubra bastante más tarde de lo debido.

jueves, abril 09, 2026

Crisis en el movimiento MAGA

Sin que esté nada claro ni el contenido ni la pervivencia del acuerdo que ha supuesto una tregua entre EEUU e Irán, ayer los mercados financieros festejaron el fin provisional de las hostilidades y el gobierno israelí se dio un banquete de bombazos en el Líbano, al que no considera sujeto a tregua alguna, matando a más de un centenar de personas y dejando otra zona del país convertida en escombros. Trump y los muy suyos presumen de una victoria arrolladora de su nación, pero el resto del mundo cada vez entiende menos lo que pasa y contempla con estupefacción los delirios, o no, de un personaje que supera todo lo imaginado.

Cuando he hecho referencia a sus seguidores me he referido a los muy suyos porque los suyos normales empiezan a huir. Trump llegó a la presidencia aunando a una serie de fuerzas conservadoras bastante heterogéneas, con ideas distintas respecto a muchas cosas. Algunos provenían del republicanismo clásico, otras del conservadurismo evangélico, no pocos del aislacionismo, etc. En general el desprecio a lo woke y a la administración Biden era la mayor de sus coincidencias, y la creencia en la decadencia que vive su nación (creencia, por supuesto, falsa) por lo que ese lema de Make America Great Again, el MAGA, que lucía Trump en gorras y demás mercachifles electorales les venía al pelo como lema. Se acabó creando un movimiento MAGA, que arrasó en las elecciones de noviembre de 2024, y ha sido el puntal que ha sostenido toda la deriva presidencial durante este tiempo de gobierno, que a todos se nos hace inacabable. Sin embargo, desde hace ya algunos meses, se han abierto serias grietas en ese mundo por culpa de las políticas prácticas que realiza Trump. La locura del ICE en Mineápolis sirvió para que las bases conservadoras clásicas, recelosas de la inmigración como las que más dentro de ese movimiento, se alejaran de Trump por las formas salvajes con las que actuaba la guardia pretoriana dirigida desde la Casa Blanca, dos ejecuciones de norteamericanos incluidas, pero ha sido la deriva internacional de Trump lo que ha mosqueado a todos. El magnate llegó al poder con el mantra de que se acabaron las guerras demócratas en el exterior, que quitan recursos para la nación y son costosas para el ciudadano. Lo del intervencionismo fuera es cosa de los woke, decía, él iba a salir de todo eso. Era la idea del EEUU aislacionista que dominó durante no pocos años, entre finales del siglo XIX y principios del XX. Pero, una vez en el poder, el caudillismo trumpista ha visto en el ejército, en su uso y abuso, lo más apropiado para poner a todo el mundo a sus pies, para doblegar voluntades y conseguir “acuerdos” sea lo que sea que él llama acuerdo. La movilización de las tropas es casi constante desde que ha llegado al poder y sus intervenciones incesantes. Empezar 2026 capturando a Maduro en Venezuela no es precisamente un ejercicio de aislacionismo. La guerra de Irán, enorme conflicto militar que está dejando secos los arsenales de precisión del país y ha causado ya varios muertos norteamericanos, es todo lo contrario de lo prometido en campaña. Arrastrado por Netanyahu a un conflicto que imaginaba cosa de un par de días, una Venezuela un poco más grande, pensaría, cada día de guerra le ha costado críticas crecientes de sus bases, que no entienden lo que hace EEUU allí. La sensación de traición entre los propios es creciente, y la desafección electoral no hace sino crecer. La popularidad de Trump está en un nivel bajísimo.

El mensaje del martes amenazando con el fin de la civilización ha sido la gota que ha colmado el vaso de muchos, incluso de acérrimos defensores del trumpismo, personajes mediáticos y políticos conocidos por su radicalidad, que se han expresado totalmente en contra de la presidencia, reclaman su caída e, incluso, llaman a la desobediencia a las tropas ante las órdenes que surjan del departamento de defensa, o como se llame. Si hay algo que le preocupe a Trump debiera ser eso, porque sin el apoyo de todo el grupo que le siguió, especialmente sin los líderes mesiánicos que les movilizaron, no va a poder ganar ni las elecciones de una comunidad de vecinos. Quizás muchos de ellos descubran ahora que a Trump, lo que si que no le importa para nada, son unas elecciones. Un poco tarde para descubrirlo.

lunes, marzo 23, 2026

Desgobierno absoluto

En la reunión especial del consejo de ministros del pasado viernes, en la que se aprobaba el Real Decreto de medidas de urgencia con motivo de la guerra de Irán, tuvimos un “deja vú” de lo que se vivía en la época pandémica cuando se celebraban reuniones extraordinarias para aprobar medidas semana a semana. Si recuerdan, esos consejos se anunciaban para el viernes por la mañana, no empezaban antes del viernes por la tarde y, ya de noche, a veces de madrugada, se publicaban en el BOE lo que se había acordado tras horas y horas de bronca interna que evidenciaba la fractura del gabinete. Era bastante patético.

Bueno, pues algo así tuvimos este viernes. La rueda de prensa para anunciar lo acordado se retrasó más de dos horas porque ese es el tiempo en el que los ministros de Restar estuvieron ausentes de la reunión, plantados sin entrar a ella. Al parecer sí había consenso entre todos los miembros del gobierno sobre el grueso de las medidas, muchas de ellas vilipendiadas hasta horas antes de la reunión por los portavoces oficiales y mediáticos del ejecutivo, al ser bajadas de impuestos propuestas por el PP, pero los de Restar querían incluir entre las medidas toda la batería relacionada con los alquileres, las prórrogas y congelación de los contratos que se mantienen de manera excepcional. Sabido es que Junts, esa formación tan de izquierdas y progresista con la que Sánchez mantiene una enamoradiza relación, no va a aprobar ninguna norma en el Congreso que suponga intervenir más el mercado de los alquileres, por lo que desde el sanchismos e enfatizaba que incorporar eso en el decreto de medidas económicas supondría casi seguro la garantía de que no iba a ser ratificado por el Congreso. Finalmente, tras el enfrentamiento, se optó por una solución absurda, que es la de crear dos decretos. Uno, con las medidas económicas energéticas, que es casi seguro que será respaldado, y otro con el paquete exigido por Restar, que casi con la misma seguridad que en el caso anterior será rechazado por el Congreso. En la rueda de prensa en la que se explicaron las medidas acordadas, Sánchez calificó de “salseo” la muestra evidente de ruptura que se vive en su gabinete, la incapacidad de mostrar una unidad, aunque sea falsa, en la mesa del consejo de ministros, y la evidencia de que la campaña electoral para las generales ya está en marcha, sean cuando sean. Los ministros de restar, que ya han vendido toda la dignidad que pudieron llegar a tener a cambio de puestazo y salario, y que viven a crédito desde hace mucho tiempo, saben que nunca, salvo mayúscula sorpresa, van a volver a ostentar cargo de representación tan significativos y tan bien remunerados. Nunca van a tener nóminas como las de ahora, y eso les importa mucho más que su propia dignidad o la formación política a la que dicen pertenecer. Elección tras elección las marcas de eso que se llama la izquierda de la izquierda, a la izquierda de la izquierda del PSOE, que supongo se puede llamar extrema izquierda de la misma manera que lo que está a la derecha del PP se llama extrema derecha, cosechan resultados más decepcionantes, hasta el caso de las últimas elecciones, las de Castilla y Léon, donde directamente no han obtenido representación. La habitual fragmentación con la que se presentan, las constantes rencillas sobre la pureza ideológica de unos grupos en los que el carácter dogmático se impone ante cualquier otra premisa, y la incompetencia manifiesta demostrada durante su acción de gobierno han acabado con la estrella que alguna vez pudo brillar en ese espectro ideológico, y ahora, los más pusilánimes buscan aventuras fuera de la política y los que más se han acostumbrado a la vidorra que les proporciona un escaño tratan como sea de mantenerlo, no vaya a ser que tengan que trabajar alguna vez. Porque ya se sabe, el que más defiende al trabajador sabe muy bien hasta qué punto es de pringados trabajar, y eso es lo último que quiere para sí.

La división del gobierno y la decadencia de Restar, con sus batallas internas abiertas, pone al actual ejecutivo en la tesitura de ser poco más que un trampantojo, como siempre al servicio de su sanchidad, pero sin capacidad operativa real. Con una oposición necia que no es capaz de alcanzar las cifras para una moción de investidura, el presidente sigue día a día al frente de un cargo que no ejerce, pero que engorda su infinito ego. Su partido sigue el proceso de demolición que se acentúa en cada cita electoral y la vida política nacional se convierte en una cutrez de dimensiones épicas, de la que huye cualquiera que tenga dos dedos de frente. Con estos mimbres afrontamos lo que pueda llegar del desquiciado exterior.

lunes, marzo 16, 2026

Pocas sorpresas en Castilla y León

En el primer fin de semana de la campaña electoral para las elecciones de Castilla y León estalló la guerra de Irán, y desde entonces, tanto las dos semanas de mítines como la jornada electoral han estado sepultadas por lo que iba sucediendo en el país persa y sus alrededores. El ojo de los informativos ha estado muy alejado de esa Comunidad Autónoma, y sólo ayer, el día de las votaciones, los informativos se centraron en ella, pero incluso en los programas especiales se mantenía un ojo fijo en Ormuz, con las últimas noticias que llegaban desde allí, entre escaño bailante y porcentaje de escrutinio.

Los resultados no han sido demasiado sorpresivos, aunque sí hay algunas diferencias respecto a lo que señalaban las encuestas. El PP gana, como se esperaba. Sube en escaños, de 31 a 33, y en porcentaje de voto, algo más de cuatro puntos, siendo este su dato más positivo de la noche. La mayoría absoluta queda muy lejos para Mañueco, pero eso lo daba todo el mundo por descontado. Frente a los resultados extremeños o aragoneses, buenos, pero por debajo de las expectativas, el PP puede estar bastante satisfecho. El PSOE sube en escaños, pasa de 28 a 30, y gana casi un punto porcentual. Esta es una de las sorpresillas de la noche, porque las encuestas daban por sentado que iba a perder los comicios, como así ha sido, pero le otorgaban un resultado peor. Tras la debacle de Extremadura o Aragón el PSOE puede sentirse aliviado, aunque no el sanchismo. En este caso el candidato no es un exministro, sino alguien local, que lleva siendo alcalde de Soria bastante tiempo, y que ha hecho una campaña propia en la que Ferraz no ha tenido papel relevante. Huir del sanchismo le ha beneficiado al PSOE, lo que es algo que todo el mundo sabe menos en la menguante secta de los adoradores al líder monclovita. ¿Extraerá alguna lección de esto el partido? Probablemente no, ya que los siguientes comicios, Andalucía, presentan a la Vicepresidenta de candidata, por lo que el voto de castigo al sanchismo, como en las dos primeras elecciones regionales de este año, se repetirá. VOX ha quedado tercero, como se esperaba. Sube un escaño, llegando a 14. Es un muy buen resultado numérico, pero confrontado con las expectativas resulta un gatillazo. Ansiaban llegar al 20% de los votos y, por poco, no han logrado el 19%. Su trayectoria de disparo, que se dio en Extremadura y Aragón, se ve frenada en estas elecciones, y por primera vez se pueden encender algunas señales de alerta en los cuarteles, nunca mejor dicho, de la formación. Supongo que las purgas de estas últimas semanas y la deriva psicótica que caracteriza a esa formación desde sus inicios, que no hace sino acentuarse, no contribuirán a que su ascenso sea sostenido. Un partido que se dice amigo de los agricultores y que sigue de manera servil al magnate que está provocando una subida de los precios de los combustibles por sus aventuras en Irán debiera hacérselo mirar. Pero no esperen reflexión en VOX, me sorprenderían si así fuera. En todo caso, mantienen el control de la investidura, porque sus votos son necesarios para ella, por lo que están en una situación de chantaje similar a la que presentan Extremadura y Aragón. Es probable que, tras la jornada de ayer, se empiecen a desencallar los pactos de coalición entre PP y VOX en estas regiones, pero no es menos cierto que hoy VOX tiene una posición algo más débil que la que mantenía ayer antes de los comicios. El resto de procuradores se atribuyen a fuerzas regionalistas como la agrupación leonesa, con tres, Ávila existe con uno y Soria ya con uno. Esta última formación pierde dos parlamentarios, uno de ellos va a parar al PSOE, por lo que sale derrotada de esta noche. La izquierda de la izquierda a la izquierda de la izquierda del PSOE consigue unos resultados lamentables. Con unos veintitantos mil votos lo que es IU Sumar se convierte en una resta absoluta. Pablemos alcanza un tercio de esa cifra de votantes, y es duplicado por lo que saca la cutrez de Alvise. Las tres formaciones son escombros.

El resultado de ayer es beneficioso para el bipartidismo, ya que las dos formaciones nacionales salen ganando, y malo para los extremos, que menguan. El espectro extremo de izquierdas sufre, como les comentaba, un resultado tan lamentable que Rufián empieza a temer seriamente por la vidorra que se pega a cuenta de representar las presuntas esencias de algo que se disuelve. La extrema derecha también ve un primer escalón, el del 20% de los votos, que se le vuelve resistencia, que no logra franquear. Ojalá esto suponga el inicio de su bajada y que, junto con Pablemos y cía, llegue a la irrelevancia absoluta.

lunes, febrero 23, 2026

El Supremo para a Trump

Se esperaba la sentencia sobre los aranceles fálsamente recíprocos de Trump desde hace tiempo, desde finales de enero ya la invocaban algunos analistas, y existía un cierto consenso en que iba a ser negativa para los intereses del presidente. El caso lo interpusieron varias medianas y pequeñas empresas norteamericanas, perjudicadas por el gravamen dictado desde la Casa Blanca. Sí, sí, las medidas de Trump nos perjudican a nosotros, pero también les perjudican a ellos. Quizás sea la fortuna personal del sujeto y de algunos de sus secuaces lo único que se vea beneficiado por sus políticas.

La cuestión es que fue el pasado viernes por la tarde, hora española, cuando se hizo pública esa sentencia y, en efecto, era un varapalo a las medidas dictadas por Trump. Se consideraban arbitrarios los gravámenes impuestos e ilegal la norma utilizada para ello, por lo que se estimaba la petición de los demandantes de anularlos y de revertir lo ingresado por ello. La sentencia hace referencia a la dificultad de este último punto, dado que estamos hablando de cientos de miles de millones de dólares recaudados que debieran ser reintegrados, con el inmenso lío administrativo que eso supone y el daño a las arcas públicas. Pero el fondo de la sentencia es nítido. Trump actuó de manera arbitraria e ilegal. Al poco respondió el magnate desde la Casa blanca acusando al Supremo de haberse vendido a intereses antinorteamericanos, insultando a los jueces y mostrando hasta qué punto la degradación de la institución presidencial del país no deja de ahondarse en manos de semejante individuo. Prometió reponer los aranceles, y su equipo jurídico ha buscado nuevas fórmulas, de momento provisionales, para imponer un arancel universal a todo el mundo del 10%, que en la noche del sábado subió al 15%, generando aún más confusión en el tablero económico global ante las dudas sobre si esta nueva medida también será ilegal, o sobre dónde quedan ahora los acuerdos comerciales bilaterales firmados entre EEUU y otras naciones para eludir, o al menos suavizar, los aranceles que se impusieron en la primera ronde de agravios, ahora declarada ilegal. Como es habitual con Trump, ruido y caos a mansalva. Lo relevante de lo vivido el viernes, más allá de las consecuencias económicas, es que, por primera vez, una enorme institución del país, el Tribunal Supremo, le ha llevado la contraria al magnate. Tres de los miembros conservadores del Tribunal, algunos de ellos colocados por Trump, han votado en contra de los intereses del presidente que les llevó hasta esa alta magistratura, lo que es algo reseñable, y envidiable visto desde aquí. Es cierto que la pertenencia vitalicia al tribunal hace que los magistrados no se deban a quien les colocó una vez puestos en el cargo, dado que son incesables, sólo la enfermedad o la muerte les puede quitar el puesto, pero siempre da envidia comprobar como una institución en la que la ecuanimidad se encuentra entre los pilares principales que justifican su existencia la ejerce de esa manera. En el primer año de presidencia trumpista el sistema de check & balance, compromisos y cortapisas, por así decirlo, ha fracasado en aquel país. Con el control de la presidencia y las cámaras apenas nadie ha osado llevar la contraria el ególatra supremo, y su presidencia discurre por un decretismo autoritario que no cesa y que va a más. El viernes, por fin, alguien con poder de verdad en EEUU decidió decir basta a quien amenaza con sumir a la nación en el caos. Y aunque sea sólo por eso, debemos celebrar la sentencia del Supremo.

En su escrito de justificación de su voto, contrario el presidente, el juez Gorsuch, conservador, puesto en el Tribunal por Trump, argumentó que las decisiones legislativas de la nación deben tener un componente deliberativo incuestionable, deben por tanto nacer de una contraposición de ideas entre instituciones, sea la presidencia, las cámaras o similar, y en ningún caso la norma debe responder exclusivamente al deseo de una única persona, a las ambiciones de alguien que se apropie el derecho como uso exclusivo en su propio beneficio. Gorsuch defiende en su escrito la esencia de la república norteamericana y la separación de poderes que consagran las constituciones de las democracias liberales. Y si lo hace es porque sabe que ambas, república y constitución, están amenazadas.

martes, febrero 10, 2026

Epstein y su derivada británica

El caso Epstein es una de los escándalos más profundos, densos y extensos de nuestro tiempo. La cantidad de personas de alto rango implicadas en él y lo que se sabe, y no, es realmente impresionante. Tenía pensado dedicarle algún artículo a este tema desde hace tiempo, especialmente por el uso que ha hecho Trump de él y por su falsedad para, cuando se le ha vuelto en contra, intentar diluirlo, pero la actualidad, ya saben, a veces atropella. Y de mientras pasan otras cosas siguen saliendo documentos sobre las actividades del pedófilo y de la red de amistades que cultivó a lo largo y ancho del mundo y el poder. Y la bola no deja de crecer.

Curiosamente, por ahora no es EEUU el lugar en el que más impacto tiene lo que se hizo al amparo del millonario abusador, sino en Reino Unido. Allí, desde el principio, la presencia de Andrés, hermano del actual rey Carlos III, en todos los papeles conocidos, supuso un escándalo mayúsculo en la casa real y, por extensión, todo el país. Cada vez que el príncipe negaba haber tenido relación con Epstein salía a la luz un documento o imagen aún más escabroso que lo ponía en entredicho. Obligado a renunciar a su distinción principesca, la policía se acerca cada vez más a su figura en medio del repudio popular, y el Rey ha optado, con inteligencia, por separarse lo más posible de su hermano para que todo esto no contamine a la institución, que no está muy sólida que digamos desde que la Reina Isabel II dejó el mundo de los vivos. Pero la cosa ya no es sólo monarquía, no. En la última tanda de papeles aparece muy destacada la figura de Peter Mandelson, Lord, prominente figura del laborismo, que en los tiempos de Tony Blair era apodado como el “príncipe de las tinieblas” por no tener cargo en el gobierno pero ser el que más mandaba por detrás, tano en el ejecutivo y en el partido. Mandelson llegó a ser nombrado embajador en EEUU, uno de los cargos más relevantes de la diplomacia británica, y su aura de poder nunca ha dejado de ser enorme. Pues bien, este señor aparece en el escándalo Epstein no sólo presuntamente en su faceta sexual, sin que de ello se hayan publicado pruebas claras, sino en otras dos vertientes muy feas. Una es la del desvío de dinero, de tal manera que Mandelson habría recibido ingresos de la trama Epstein que no habría declarado, y otro, que es muy grave desde la óptica del estado, es la sospecha de que Mandelson habría suministrado a Epstein y su círculo información confidencial sobre el Reino Unido, se supone que de seguridad y de carácter económico. Esto, desde la posición que representaba en EEUU, es directamente un acto de traición a la corona y al gobierno británico, y convierte al personaje en una de las cosas más repulsivas que en los estados pueden imaginarse, y más en aquel, donde la confidencialidad de la información ha sido siempre una obsesión. Mandelson ha contado, hasta hace muy poco, con el beneplácito de su partido y sus altos cargos, que lo han defendido sin cesar, pero desde hace unas semanas su situación se ha vuelto tan radioactiva que todo aquel que se acerca a él o ha tenido proximidad se arriesga a ser intoxicado. En los últimos días han dimitido dos altos cargos del ejecutivo británico, no dueños de carteras ministeriales, pero sí fontaneros de primer grado, de los que gestionan el poder real. El responsable de comunicación y el jefe de gabinete del primer ministro Stammer han cesado de sus cargos, y en sus renuncias se autoinculpan de haber confiado en la honestidad de Mandelson, y con ello haber respaldado su figura ante su jefe, el primer ministro. Ahora, afirman, al conocerse los hechos, se sienten traicionados y consideran que han errado, y deben irse. Su marcha es un pretendido cortafuegos para impedir que sea Stammer el que se abrase con este escándalo. ¿Funcionará?

Ayer mismo el jefe del laborismo en Escocia solicitaba públicamente la renuncia del primer ministro, que es de su partido, por si había dudas, dejando claro que Stammer no tiene, ni mucho menos, el control de la situación. Posee una mayoría clara en el parlamento, pero si figura, sin que hayan transcurrido dos años desde su elección, está claramente a la baja y sin visos de poder remontar. La crisis política que devastó al conservadurismo se puede replicar en el laborismo, por errores propios de gestión y por las derivadas de Epstein. Supongo que Stammer tratará de aguantar el chaparrón, pero esto le deja muy tocado. Y desde la barrera, Farage y los populistas ven como sus intenciones de voto se disparan sin hacer prácticamente nada.

lunes, febrero 09, 2026

Aragón replica los resultados extremeños

Los comicios celebrados ayer en Aragón no han mostrado unos resultados muy sorprendentes, ajustándose bastante a lo que señalaban las encuestas, y reforzando unas tendencias que vienen viéndose desde hace tiempo y se consolidan a nivel nacional. Se ha vuelto a dar que el partido gobernante de la región, el PP, adelanta los comicios para reducir su dependencia de VOX y logra, sí, la victoria electoral, pero a cambio de unos números que aumentan aún más su dependencia respecto a la formación populista de derechas, de tal manera que la gobernabilidad, que era difícil, se vuelve aún más enrevesada. Y el resto pierden, aunque con excepciones.

Azcón, el presidente regional aragonés, ha salido algo decepcionado de lo que pasó ayer, aunque no quiere exteriorizarlo. Baja dos escaños respecto a lo que tenía, y ve como VOX duplica su fuerza, de siete a catorce, por lo que lo que antes era un grupo minoritario ahora es la tercera fuerza en al cámara y poco se puede hacer sin su concurso. La posición negociadora de los de Abascal en las cortes aragonesas se vuelve mucho más fuerte, y la del PP, más débil, como ya sucedió en Extremadura. También, al igual que allí, el PSOE sufre un resultado desastroso, iguala el peor de sus registros regionales en la comunidad, con el agravante de que, cuando eso se produjo, tenía a un Podemos enorme fagocitándole voto, por lo que se encontraba desplazado en su espectro político, pero la izquierda era la dominante. Ahora el PSOE se desangra en un escenario de crecimiento de la derecha, que si aunamos sus votos tiene un dominio regional como no se si se ha dado alguna vez en las tierras mañas. La candidata del PSOE, ministra y portavoz sanchista hasta el último momento en el que pudo serlo, ha sido, como se esperaba, un fracaso, y ha recibido en carne propia el castigo del electorado regional dirigido al presidente que él trata de eludir a toda costa, poniendo a subalternos fieles que son lanzados a las hogueras electorales en una sucesión de inmolaciones absurdas. Los fieles del PSOE contemplan con angustia como, elección tras elección, su marca y poder se deshace, cosa que no le importa en lo más mínimo al inquilino de Moncloa, únicamente obsesionado consigo mismo, y nada con el partido que utilizó para encumbrarse en el poder y que ahora se volatiliza bajo sus pies. Del resto de formaciones políticas, es muy reseñable el ascenso de Chunta aragonesista, izquierda regional que ha absorbido gran parte de los votos del populismo a la izquierda del PSOE y que duplica representación, por lo que ellos y los de VOX son los que pueden estar más satisfechos tras la noche de ayer. Se confirmó que lo que parecía un ascenso de formaciones provinciales denunciantes del abandono en el que se encuentran muchas de sus comarcas no era sino un espejismo. Teruel existe ha calado como lema nacional y se usa ya en contextos muy distintos al de la política, pero la formación ha perdido un escaño, y su relevancia se va diluyendo poco a poco. IU saca un escaño con un porcentaje de voto poco más que residual y su candidata, lo más gris que he visto en mucho tiempo, presume en su discurso de la estabilidad de su electorado (que va de casi nada a nada o casi) y el PAR, fuerza regionalista de larga trayectoria, no consigue escaño, por lo que ya veremos si la formación logra sobrevivir al desierto electoral y, sobre todo, a la ausencia de ingresos derivada de la pérdida de representación institucional. La participación subió ligeramente respecto a las últimas autonómicas, que también eran municipales, algo que no se esperaba, y eso no se ha traducido en un aumento del voto de izquierdas, sino más bien lo contrario. Los lemas de toda la vida para explicar las dinámicas electorales caducan a la velocidad a la que lo hace el cambio social.

Si Aragón es nuestro Ohio, que algo de eso tiene, lo visto ayer tiene una sencilla extrapolación en el caso de unas elecciones generales. Ahora mismo la suma de PP y VOX alcanza una holgada mayoría absoluta, con una más que probable victoria del PP en unas cifras que parecen haber tocado techo, en el entorno de los 140 diputados, y un VOX crecido que puede romper sus límites y acercarse a los 70, y con un PSOE al que VOX come los talones (Ayer en Teruel ciudad el PSOE quedó tercero) Con unas estimaciones más o menos como estas es lógico que Sánchez quiera apurar su mandato aunque no tenga ni presupuestos ni votos ni nada. Es muy probable que al desastre de su gobierno le siga el caos de la derecha pegándose entre ella.