Dice OOM, compañero de trabajo y amigo, que no hay que idolatrar a nadie, que elevar en pedestales es un error, porque luego descubres que lo que antaño era dorado ahora está lleno de herrumbre. No usa términos tan cursis, pero vamos, nos entendemos. Elevar a alguien a la categoría de mito cuando no está es complicado, y tiene sus riesgos. Hacerlo en vida resulta de lo más peligroso, porque en cualquier momento una investigación judicial lo desnuda y te revela secretos de su ser y sus cuentas que son muy desagradables. Ante ello, muchos optan por la negación, por mantener su frente a la realidad. Y eso, además de peligroso, es inútil.
No se muy bien por qué, pero para mucha gente ZP se había convertido en un referente, cuando su paso por la presidencia del gobierno fue un desastre. En su primera legislatura, marcada por el 11M, la apertura del melón estatutario catalán y el inflado de la burbuja, se vio que el personaje no tenía nada de consistencia, mucho marketing y poco más. En la segunda, tras el estallido burbujil, se comprobó la inutilidad del personaje, que casi provoca la quiebra del estado por su negación de la crisis y por su irresponsable gestión de la misma. En fin, uno escoge a los ídolos que desea, y no pocos en este país, que se autodenominan de izquierdas, elevaron a los altares laicos a este personaje lleno de carencias. Su aura para ese conglomerado ideológico ha ido creciendo con los años, y se le ha sacado, como si fuera un paso procesional, en todo tipo de campañas electorales para defender la marca del PSOE y la izquierda, uniendo su destino al de un sanchismo que ha supuesto la consumación de todo el desastre que se veía ya fraguando desde los gobiernos del propio ZP. La simbiosis entre el desgobierno actual y la figura de ZP es total, con constantes expresiones y gestos de admiración mutua entre ambos a cada día. Por eso, el auto de imputación del juez Calama es tan devastador para el desgobierno que padecemos, porque ataca las bases de una de sus figuras con menos poder nominal, pero mayor predicamento entre los que se supone que son sus electores. ZP no tiene cargo público alguno, pero es sabido que ha hecho gestiones para el gobierno actual, entre ellas negociaciones con el sedicioso puigdemoníaco y cosas por el estilo, de las que él se ha mostrado plenamente orgulloso, lo cual da que pensar sobre la solidez mental del personaje. No ocupa cargo alguno en la administración, y creo que hace ya algunos años que dejó el Consejo de Estado. Carece, por tanto, de cualquier tipo de aforamiento, y no será ante el Supremo donde tenga que comparecer en los procesos judiciales que, a partir de ahora, van a marcar su existencia. Lo que se produjo a lo largo del lunes fue el descabalgamiento del ídolo, el derrumbe de su estatua, la cuerda que, enganchada en uno de los extremos de la figura, tira de ella y la lleva a estrellarse contra el suelo, haciéndola pedazos para que la escena sea aún más metafórica. Años de presunta honradez, sencillez, escrupuloso respeto a la legalidad y demás expresiones al uso deshechos en unas horas, las necesarias para leer el auto de procesamiento, dictado por el juez de la Audiencia Nacional en el marco de una investigación criminal de ámbito europeo, con ramificaciones norte y centro americanas más que obvias, que deja al personaje a los pies de los caballos. Las explicaciones que por ahora ha dado el imputado han sido escasas, apenas ese vídeo de minuto y medio en el que proclama su inocencia y poco más, en medio de un frondoso jardín privado. Claramente insuficientes hasta para los suyos, ni les cuento para el resto del país, que asiste sin desgarro, pero sí con asombro, a una historia de presunta corruptela que deja a tramas pasadas convertidas en juegos de aprendices. La sofisticación de la corrupción patria no deja de alcanzar nuevas cotas. Ahí sí que innovamos, no como en otras cosas donde debiéramos.
La respuesta de los fieles ante el auto muestra el infantiloide mundo en el que vivimos, en el que la fe es superior a la realidad. Ante la acusación, cierre de filas de los “míos” y acusaciones sin freno, llenas de bulos, ante los “otros”, en un proceso tan falaz como ridículo, que ante la magnitud y gravedad de los datos expuestos obligó ayer a más de uno de entre la feligresía a empezar a dudar de sus creencias zapateriles. No parece que sea ese el caso de Sánchez, que sólo cree en él mismo y en su propio beneficio. Ayer apoyó públicamente a ZP, con la misma rotundidad con la que pasado mañana lo negará si es necesario, con tal de salvarse. Él no cree en ídolos, él se cree el único ídolo posible.
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