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viernes, septiembre 18, 2015

Muchas elecciones, pocas vacaciones

Hoy subo a Elorrio para una semana de vacaciones que preveo relajada y sin muchos alicientes que puedan resultar de su interés. Paseos tranquilos, hacer recados para mi madre y cosas por el estilo. Sin embargo la actualidad no se frena, y en este año en el que si no votas una vez, lo haces dos o tres, hay elecciones cada fin de semana. Concretamente este Domingo vota en Grecia y el Domingo siguiente son las elecciones catalanas. Ambas de gran trascendencia, por motivos muy distintos, y que tendrán su efecto en la política nacional y europea.

Elecciones en Grecia.. dónde he leído yo esto? A lo largo de este año, en muchos sitios. Es la tercera vez que se convoca a las urnas a los griegos. En Enero tuvieron elecciones nacionales, en las que resultó victorioso Tsipras al frente de Syriza. Tras el desastre de política económica emprendida por su gobierno y la negociación con la UE tuvo lugar el famoso referéndum, también ganado por Tsipras, en el que se rechazaba un rescate a Grecia por parte de la UE mucho más blando del que finalmente fue aceptado por el gobierno de Atenas. Aquella pirueta, asombrosa, fragmentó a la coalición de izquierdas y, tras una serie de votaciones en el parlamento heleno en las que las decisiones de Tsipras eran respaldadas por otros y no por los suyos resultaba evidente que había que convocar elecciones para clarificar las cosas. Lo malo es que las cosas pueden quedar aún más revueltas después del Domingo. Las encuestas de esta semana muestran un absoluto empate entre Tsiparas y lo que queda de Syriza frente a Nueva Democracia, anterior gobernante del país, que es el equivalente al Partido Popular. Unas dan medio punto más a una formación y otras medio punto a la otra. La ley electoral griega posee lo que se llama la prima del vencedor, que es el regalo de cincuenta escaños al partido que queda primero, para alentar la formación de gobiernos estables (para que luego digan que el sistema electoral español, que necesita correcciones, es de lo peor), por lo que una victoria pírrica puede transformarse en una cómoda mayoría en el parlamento heleno. Lo cierto es que si Tsipras gana habrá conseguido algo asombroso, nada más y nada menos que tres victorias en nueve meses, y cada una de ellas con una oferta electoral distinta. En enero ganó con un discurso radical, imposible y lleno de brindis al sol. En Junio se hizo con la victoria en el referéndum tras una campaña en la que empezó a incluir mensajes de compromiso con Europa y de rechazo al acuerdo, pero en un tono muy distinto al de Enero, y ahora se presenta como una especie de socialdemócrata responsable frente a los exaltados de su formación, los Varoufakys de turno, que buscan la ruina de Grecia (aún más) y son unos irresponsables. Quizás sólo la conversión de San Pablo, caída de caballo mediante, fue más rápida y estrepitosa que la de Tsipras. Si pierde su situación será muy inestable. Habrá batido, probablemente, un récord de fugacidad en lo que hace a ser primer ministro electo, y lo que queda de Syriza acabe devorándolo en la catarsis, palabra muy griega, que viviría la izquierda helena tras este convulso embarazo que ha llevado en nueve meses de muchos dolores. Para los oponentes de Nueva Democracia, la alternativa a la victoria es quedarse donde están, más o menos en la nada, por lo que tienen más opciones para ser felices en la noche del Domingo.

Tsipras fue ensalzado por muchos en Europa, Podemos aquí sin ir más lejos, como ejemplo de la nueva política que iba a derribar a los muros impuestos por el capital, la austeridad y todo ese discurso que tanto les suena. A medida que la figura de Tsipras ha ido empequeñeciendo nada se ha oído por parte de sus antiguos admiradores, que ven como una derrota de Syriza en Grecia sería auténtico veneno para sus, ya menguadas, aspiraciones electorales. Si gana sacarán pecho, pero a sabiendas de que el Tsipras al que loaron pasadas las navidades nada tiene que ver con el otoñal que ahora se nos presenta. Y es que no hay nada como la realidad para hacer que los sueños, a veces bonitos, en muchas ocasiones ilusos, se tornen en realidad. Y esto también vale para Artur Mas.

Lo dicho, me cojo una semana de vacaciones. Si todo va normal el siguiente artículo será el Lunes 28 de septiembre, tras las catalanas. Descanse, pásenlo muy bien y gracias.

viernes, agosto 21, 2015

Tercera cita electoral en Grecia en 9 meses

Llevábamos unos días sin hablar de Grecia, pero como los autores de tragedias clásicas no son nada sin su público, una nueva escena en el drama se nos presenta ante nosotros. La estabilidad de la política griega se parece mucho a la de una ruina descuidada, o a esas ánforas que se exhiben en los museos, agrietadas y frágiles, que parece que usan los pedestales para apoyarse y evitar su ruptura total. Nada dura mucho en Grecia, y menos en sus partidos políticos, que se fragmentan, dividen y recomponen a la velocidad a la que el país se funde el dinero de los rescates.

Tras la aprobación del tercero de ellos, hace pocos días, y su puesta en marcha, todo apuntaba a que Tsipras adelantaría elecciones. El pacto firmado con la troika y el resto del mundo es una absoluta enmienda a la totalidad al programa electoral con el que ganó las elecciones en Enero de este mismo año, hace sólo ocho meses. Desde entonces el ímpetu izquierdista abanderado por una soñadora Syriza se ha enfrentado a la angustiosa realidad de una economía completamente quebrada y dependiente de la asistencia financiera exterior hasta un grado que nos es muy difícil de imaginar. El gobierno, encabezado por el ministro Varoufakys, que pasará a los anales de la incompetencia y la palabra gratuita, ha desarrollado durante meses una política de negociación completamente suicida, que ha destrozado lo poco que quedaba en pie de la economía helena. Cada día era más evidente el error que suponía para la pobre Grecia, pobre en todos los sentidos del término, enfrentarse a todos, insinuar alianzas con enemigos estratégicos de la UE como Rusia, y hacer día sí y día también declaraciones a la prensa en la que se acusaba a todos los demás de conspiradores, gánsteres, terroristas, y lindezas por el estilo. La caída de Varoufakys fue el primer paso de Tsipras hacia el realismo, la victoria del no en el referéndum un aval a su mandato personal y la aceptación del tercer rescate, con unas condiciones mucho más duras que las rechazadas en la votación popular, una claudicación en toda regla. Desde entonces, con el voto de algunos de los suyos y de los ajenos, el parlamento griego ha ido aprobando todas las medidas contenidas en el acuerdo de rescate, y con cada votación la fragmentación en Syriza ha ido a más. Tsipras remodeló su gobierno hace un par de semanas, si no recuerdo mal, a sabiendas de que su base parlamentaria cada vez era más una fiel imagen del ruinoso Partenón, nada que ver con la sólida roca de la Acrópolis donde asentaba su gobierno en Enero. Se rumoreaba desde hace días o la convocatoria de un congreso extraordinario de Syriza para ver qué pasa en el partido o unas nuevas elecciones o ambas cosas. Finalmente ayer Tsipras, que está en la cresta de la ola de su popularidad personal, dimitía y sin aún convocarlas, espera que el 20 de septiembre los griegos voten, por encima de todo, su figura personal, quitándose de encima el lastre de los críticos, los Varoufakys, que han estado a punto de hundirle, y que sigue estando por ver si concurrirán a las elecciones o no. Puede darse el caso de que, como ayer lo comentaba Antonio Delgado, corresponsal de RNE en Bruselas, Tsipras gane tres elecciones en nueve meses, cada una de ellas con un programa distinto, y de todas extraiga conclusiones diferentes respecto a lo realmente votado. Es asombroso, a la par que apasionante.

Lo de Grecia de ayer ha sido una piedra más en el camino de los mercados financieros de este complejo mes de agosto, que muestra peor cada a medida que avanza hacia su final. El desacelerón chino, su efecto en el precio del petróleo, resto de materias primas y países emergentes, las dudas sobre si la FED subirá los tipos en septiembre o a final de año, los datos mixtos que salen de EEUU que no dejan de ser contradictorios y datos de coyuntura europea peores de lo previsto están haciendo que el sentimiento económico global se esté tornando mucho más gris de lo que se preveía apenas hace unos meses. El marasmo griego, y sus efectos en la política española ante un trimestre de dos elecciones no ayudarán a recuperar a un alicaído IBEX.

jueves, julio 16, 2015

Tsipras gana la votación pero, quizás, lo pierda todo

Las primeras imágenes de Plutón, lejos de mostrar una roca inerte, baldía, muerta, ofrecen una perspectiva dinámica, la sensación de un mundo joven. Enormes montañas de hielo de más de tres mil metros se elevan sobre la superficie más o menos uniforme de un planeta que, siendo así, muestra actividad geológica propia. Si alguien esperaba que Plutón fuera una aburrida y fracturada bola de hielo se ha dado una buena sorpresa. Nuevamente la ciencia nos muestra que, en cada avance, soluciona viejas preguntas pero plantea muchas nuevas, y nos obliga a ser escépticos, dudosos y humildes. Esa es, en el fondo, su gran lección.

Si en el desarrollo del drama griego hubieran participado un poco más estos factores a los que antes me refería nos hubiera ido mucho mejor a todos, especialmente a los propios griegos, los más interesados en ello. Esta madrugada, en otro episodio geológico, por la intensidad que posee y las fracturas generadas, Tsipras ha conseguido que el parlamento de Atenas vote a favor de las condiciones impuestas en Bruselas la pasada noche del domingo al lunes, por lo que se abre la puerta para, primero, conseguir un crédito puente de cerca de 7.000 millones de euros que permita afrontar los pagos pendientes de esta semana y la que viene, uno de ellos, determinante, con el BCE. Pero el precio más caro que tendrá que afrontar Tsipras no se mide en millones de euros, sino en votos perdidos. Su partido, Syriza, un conglomerado de fuerzas de izquierdas de orígenes y tendencias diversas, se ha fracturado muchísimo a la hora de escoger entre un acuerdo que destruye el programa electoral con el que se presentó a las elecciones pero le permite sobrevivir a la economía del país, o el rechazo a ese plan, la coherencia con sus políticas, y el abismo de la quiebra bancaria y la salida forzada del euro. La bronca entre los parlamentarios y dirigentes de la coalición ha sido de órdago, y las consecuencias permanecerán mucho más allá del día de hoy. Tsipras ahora mismo encabeza un gobierno que sólo puede sacar adelante las propuestas aprobadas con el apoyo de los votos de la oposición, de la Nueva Democracia y el Pasok que (des)gobernaron antes que él. Las reformas, nuevas leyes, duras medidas que tiene que implantar en días, semanas, no las puede sacar con los suyos. Parte de su gobierno se le opone, y esta es una situación anómala que, obviamente, no puede mantenerse mucho tiempo. Tarde o temprano, haya o no remodelación del gobierno, que se sospecha puede producirse hoy mismo, Tsipras se verá abocado a unas nuevas elecciones en las que verá si sigue contando con la confianza del pueblo heleno a la lista que, de fieles, le acompañe. En esa lista, entre otras bajas, no se encontrará ya el inefable Varoufakys, una persona cuyo personaje le ha ido devorando poco a poco hasta el esperpento protagonizado ayer, donde se convirtió en uno de los más críticos con las medidas que traía su, hasta hace menos de dos semanas, jefe en el gobierno. Desatado, libre de las obligaciones y restricciones de ser ministro, Varoufakys ha culminado sus breve y desastrosa gestión al frente de las finanzas helenas como un Nerón que, viendo arder desde su acrópolis particular a la banca griega, se muestra orgulloso de lo que ha hecho, no ve motivos de rectificación alguna y carga contra todos, imbuido de una especie de razón absoluta que le absolverá ante su pueblo e historia. Sería cómico si no fuera dramático.

Y tras un nuevo día de cierre de bancos y corralito, y con la resaca de los disturbios vividos ayer en las calles de una Atenas cada vez más nerviosa y desesperanzada, la economía griega sigue en su proceso de estrangulamiento, de parálisis, al carecer de efectivo, liquidez y servicios financieros. No quiere saber cuál puede ser el importe del rescate que pueda cubrir la ruina generada sólo en estas apenas tres semanas de cierre. La aprobación de esta noche es el primer paso para lograr levantar el corralito, pero no se engañen. El destrozo ya es inmenso y, en muchos casos, irreversible. Como me temo que acabará siendo la situación del propio Tsipras.

lunes, julio 13, 2015

Grecia claudica, la UE pierde

La interminable crisis griega ha vivido este fin de semana otro apasionante capítulo en el que, como en las mejores tramas, la realidad ha dado un nuevo giro y nada de lo que se suponía ha pasado. Se esperaba, tras la nueva propuesta griega, salida tras el referéndum del No, que los socios comunitarios acabaran aceptándola, dado que ya era de por sí más complaciente con los acreedores que lo que supuestamente rechazaron los griegos en las urnas. Venía a ser un “no pero sí” extraño y sin mucho sentido. El viernes por la tarde parecía que las cosas iban a discurrir, sino tranquilamente, al menos sin demasiados sobresaltos.

Pues no, mira por donde, no ha sido así. La reunión del Eurogrupo del sábado, que empezó de manera cordial, se fue torciendo poco a poco a medida que las exigencias de los acreedores iban subiendo de tono. La posición dura estaba encabezada por Alemania, Finlandia, Holanda y varias repúblicas bálticas y del este. Las tres primeras naciones, grandes contribuyentes a los rescates, el resto, pequeñas pero que han sufrido en sus carnes duros procesos de ajuste. Los blandos, por así llamarlos, liderados por Francia, Italia y la propia Comisión Europea. España, como siempre en estos casos, no pinta nada, no tiene postura conocida, y acaba sumándose al acuerdo que haya, sea el que sea. La sensación general a medida que se ponía el sol en Bruselas era de que muchos países estaban hartos de Grecia, de sus incumplimientos, de sus promesas maravillosas nunca llevadas a la práctica, de sus planes que tan bonitos quedan sobre el papel y que nada acaban siendo, y de todo el mareo que han supuesto estas semanas de debates, rupturas y referéndum. Con la situación de los bancos helenos al borde del colapso, el corralito implantado sin fecha de fin y el control de capitales con el exterior en vías de convertirse en permanente, la economía griega se hunde, y la posición de debilidad del gobierno de Tsipras es total. “Esta es la nuestra” debieron pensar los acreedores, y presentaron una propuesta dura, muy dura, mucho más que la que hizo levantarse a Tsipras de las negociaciones hace un par de semanas y que fue rechazada por el voto popular. La falta de confianza de los socios con Grecia había llevado a exigirle unas garantías e imponerle unas condiciones draconianas. Nada de reestructuración de la deuda, nada de concesiones y nada de tiempo. El catálogo de medidas de reforma que tenía el gobierno de Atenas sobre la mesa, y que debía poner en marcha en apenas unos días, era una enmienda a la totalidad del programa de gobierno con el que Syriza llegó a las elecciones. Asumirlo implicaría la renuncia a su, por otra parte excéntrico, ideario, y una situación en la que el gobierno, deslegitimado, debiera escoger entre llevar a cabo esas medidas o renunciar. Para más inri, y a propuesta de Alemania, se ofrecía a Grecia la opción de reestructurar su deuda, sí, pero en el caso de que saliera temporalmente del euro durante cinco años. Asombroso. Era un “o lo tomas o te vas” muy literal, y que acabó por enturbiar la reunión del Eurogrupo, alargarla hasta la noche del Sábado y volver a convocarla, para no llegar a un acuerdo, la mañana del domingo.

Ayer por la tarde, en la reunión de jefes de estado de los países del euro, la situación era la misma. Tsipras, acorralado, asaeteado por el resto de países, que ven en él a un personaje nada fiable, tenía sobre la mesa ese cerrado y duro paquete de condiciones que, aunque finalmente se suavicen algo en un acuerdo final, suponen la rendición absoluta de su gobierno y figura. En el juego de los faroles la UE mostró a Grecia hasta qué punto se puede castigar al que juega sin cartas y marea la perdiz. Pase lo que pase, ayer fue un mal día para el conjunto de Europa, un nuevo enfrentamiento entre las naciones que lo conforman, y la sensación de que la crisis griega ya ha destruido algo en el seno de la UE que costará volver a arreglar.

martes, julio 07, 2015

Grecia, o el milagro de la normalidad

Mientras que la crisis griega sigue desbordándonos en su complejidad, mostrando decenas de aristas a cada cual más difícil de evaluar, la situación en las calles de Atenas se complica a medida que el corralito cumple días, la restricción monetaria se convierte en escasez y particulares y empresas empiezan a encontrarse faltos de efectivo unos e imposibilitadas las otras para efectuar transacciones y pagos, dado el cierre bancario. Poco a poco la economía se esclerotiza y estrangula, lenta pero de manera imparable. Haya acuerdo hoy, mañana o cuando sea, el destrozo que esta situación ejerce sobre la economía local es inmenso.

Lo de Grecia también nos sirve para recordar que muchas de las cosas que damos por supuestas en nuestro día a día son mucho más frágiles de lo que parecen, y requieren que haya mucha gente, e instituciones, trabajando y cooperando para que sucedan, aunque nosotros sólo veamos pequeños frutos de ese inmenso trabajo. Abrimos el grifo y sale agua, pulsamos un interruptor y se enciende la luz, hacemos click en un enlace y saltamos de web en web, y así miles de situaciones cotidianas en las que apenas reparamos, que son naturales, porque para nosotros siempre han existido, y nos parecen tan obvias como el aparente (y falso) ascenso y descenso del sol sobre nuestras cabezas. Cuando se produce una huelga en uno de estos sistemas básicos es cuando empezamos a intuir el papel de quienes trabajan para respaldarlo. Deje unos cuantos días sin mantenimiento la red eléctrica de una ciudad o país y verá como empiezan a producirse apagones, pequeños en un principio, pero que irán a más. Abandone el metro de una ciudad a su antojo durante unas semanas y las líneas empezarán a dejar de prestar servicio por caídas de tensión, inundaciones, roturas de trenes y cualquier otro desperfecto que, poco a poco, irá agrandándose hasta convertirse en un serio inconveniente. En los cajeros automáticos, que son nuestra habitual fuente de billetes, y más en España, que posee un parque con una densidad, creo haber leído, como no la hay en el mundo, el milagro de meter la tarjeta, teclear unos números y sacar el dinero requiere técnicos electricistas, reponedores de billetes, encargados de logística, mantenimiento de los cajeros, etc. Pero junto a esa técnica, en este caso también hace falta un trabajo “oculto” de instituciones públicas y privadas para que sea posible, por un lado, acceder a esos billetes y para que, por otro, los billetes tengan el valor que se les supone. Muchos vivimos el momento milagroso de la nochevieja de 2001, cuando al acabar ese año los euros empezaron a circular. Iba uno al cajero en esa noche de fiesta y casi lo primero que hacía en 2002 era sacar unos billetes de colores que olían a nuevo, y los miraba con curiosidad y, hasta cierto punto, orgullo. Para que esos billetes llegasen hasta nuestras manos pasó mucho tiempo y esfuerzo técnico, sí, pero también consenso institucional y político. Recuerden que el 31 de diciembre de 2001 esos billetes no existían, no eran legales, no tenían valor, y tras las campanadas, sí. ¿Milagro? No exactamente. Consenso, que es algo parecido. En Grecia ese consenso, ahora mismo, no existe, se ha roto. Los cajeros pueden expedir billetes, sus ranuras están libres, los rodillos que los capturan, lectores de tarjetas, pantallas táctiles, todo está en orden. Pero falta el consenso político y financiero que permita que esos papeles puedan circular, al haberse roto muchas de las reglas que, aunque no se vean, les ofrecen el sustento debido. Desde los propios bancos, hasta el BCE y los gobiernos, sus reglas deben cumplirse para que el billete salga de la máquina, en algo que es mucho más que un mero ejercicio mecánico.

Y si, como sabemos por experiencia, reparar una avería técnica puede ser algo muy difícil y costoso, en tiempo y dinero, arreglar un desaguisado institucional lo es mucho más, porque exige reconstruir ese consenso perdido y volver a unas reglas mínimas de funcionamiento que, al menos en este caso, permitan a la banca griega no saltar por los aires si no recibe la liquidez necesaria para sobrevivir día a día. El BCE, otra institución, tiene el poder en su mano en este momento, pero son muchas las personas y organismos que van, vamos, a tener que trabajar duro para que algo tan natural como sacar euros del cajero vuelva a convertirse en rutinario en las ciudades helenas. Recuérdelo la próxima vez que acuda a su cajero, hay un inmenso mundo oculto funcionando detrás de la pantalla, y no sólo de cables y palancas.

lunes, julio 06, 2015

Ahora que Grecia ha dicho que NO, Varoufakis se va

Es imposible superar la intensidad del guion del drama griego. Muchos creíamos que el referéndum de ayer iba a ser muy disputado, que iba a dar la imagen de un país fracturado casi por la mitad y, pese a que esperaba que ganase el sí, cualquier resultado iba a estar empañado por esa división interna. Pues resulta que no y que no. El país no se ha dividido, sino que de una manera contundente, un 60 a 40, ha votado por el No a la propuesta de acuerdo que se debatía, propuesta ya superada por los acontecimientos. El resultado, en principio el más difícil de los dos posibles, ha cogido a muchos por sorpresa, a mi también, y abre un escenario de incertidumbre aún mayor si cabe.

Y ahora ¿Qué? Pues la verdad es que no tengo ni idea. En teoría un Sí, pese a referirse a una oferta caducada, simplificaba la posibilidad de acuerdo dado que venía a respaldar la existencia de uno, en las condiciones en las que alcanzase. La traducción más literal del No es que Atenas no aceptará cualquier cosa como acuerdo, que sus líneas rojas de recortes en pensiones y estado de bienestar son inamovibles y que la reestructuración de la deuda tiene que estar encima de la mesa. Es decir, que o el acuerdo se parece mucho a lo que yo deseo o no hay acuerdo. Por el lado de las instituciones de la UE la situación también se ha complicado. Saben que si quieren ofrecer a Atenas algo que vaya a firmar debe incluir compromisos que respeten esos puntos, cosa que no desean hacer porque saben que sería una derrota para los acreedores en toda regla, pero lo más importante ahora es ese “si condicional” sobre el acuerdo, y es que hoy habrá voces que interpreten el No de ayer como un no a Europa, como un no al euro, como un no a las instituciones, y que la respuesta a un No es un No aún más grande. Algunos de los socios se plantean directamente la posibilidad de no negociar, y empezar el proceso de ruptura, pensando en el fondo que para qué negociar con unos señores que no respetan su palabra y que sólo van a firmar, y no cumplir, lo que deseen. Los resquemores, recelos y enemistades de los que hablábamos la semana pasada, y que no han dejado de crecer, son ahora mucho más importantes a la hora de llegar a un presunto acuerdo, y todas las declaraciones habidas desde hace unos días hasta ahora mismo no hacen sino dificultar el logro de ese necesario acuerdo. Sigo pensando que finalmente se alcanzará, porque la salida de Grecia de la UE sería un disparate para Europa y el suicidio para los griegos. El BCE es, ahora mismo, el único que puede otorgar a la banca helena la liquidez necesaria para poder afrontar los pagos de esta semana y comprar así tiempo para que el acuerdo, aunque fuera de mínimos, y sujeto posteriormente a costosas ratificaciones, lograse al menos tranquilizar al situación y permitir reabrir los bancos. La economía y los ciudadanos griegos no van a aguantar mucho tiempo la situación de corralito en la que viven, y el colapso de los negocios y empresas no tardará en llegar con el sistema financiero estrangulado. En plena temporada turística urge arreglar este problema de acceso a la liquidez, y lograrlo es la única manera de evitar que la macro helena se despeñe por completo y haga inviable cualquier ajuste a medio o largo plazo. ¿Es posible lograr el acuerdo? ¿Hay margen para sentar en una mesa hoy mismo a Grecia y a sus acreedores para que, en horas, en días, alcancen un mínimo entendimiento? No lo se.

Supongo que estas preguntas se las ha hecho por la noche Yanis Varoufakis, el ministro de finanzas griego, uno de los grandes protagonistas de la historia, y su conclusión ha sido que, pese a la victoria en el referéndum, su imagen ante Bruselas, chamuscada por completo, es un obstáculo para alcanzar ese acuerdo in extremis, por lo que acaba de anunciar, por sorpresa, su dimisión, para allanar el camino y facilitar las negociaciones, en otro apasionante giro argumental de esta historia que mantiene enganchada a la población de medio mundo como si de una telenovela se tratase. Esta jugada de Varoufakis tiene un potencial enorme, y habrá que ver a lo largo del día de que es capaz. Si pestañean, se lo pierden, porque esto es economía política en estado puro.

jueves, julio 02, 2015

La confianza rota entre Grecia y los socios de la UE

Lo de Grecia empieza a ser algo parecido a la idea que tenía San Agustín del concepto del tiempo. Si no me lo preguntas, se lo que es, pero si me lo preguntas, no puedo contestarte. Ayer se vivió una jornada caótica, de cruce de cartas en las que por un momento Tsipras se rendía en su postura frente a los acreedores para, poco después, volver a desdecirse con los hechos, manteniendo el referéndum y su idea del No. La carta de la mañana y la entrevista de la tarde reflejan dos mundos antagónicos, dos Tsipras, si se me permite la expresión, incompatibles entre sí. ¿Cuál es el bueno? ¿A cuál creer?

A lo largo de toda esta negociación Grecia ha cometido varios errores, a mi entender, basados todos ellos en tratar de asustar al resto de socios con la amenaza de una salida del Euro para, como si de un terrorista con cinturón de explosivos se tratase, amedrentarlos al prometer graves daños para todos. Pero lo que al final está consiguiendo esta táctica, y todos los altibajos diarios, u horarios, además de agotar a los periodistas, es a destruir la confianza del conjunto de la UE en Grecia, a no saber cuándo dice la verdad y cuándo no, a no tener claro nada de lo que prometa, y dudar de cada ofrecimiento. Esa ruptura de la confianza es lo más grave, ya que permite que sentimientos negativos como el hartazgo o el reproche se expresen con toda su crudeza, viciando aún más las relaciones. Seguro que el lector ha vivido situaciones semejantes, en las que una persona en la que confiaba ha fallado, le ha dado la espalda, o ha tenido una actuación que le ha hecho, a ojos suyos, perder esa confianza que tenía depositada en él. Eso duele. Se siente uno engañado, estafado, tonto, ridículo por haber puesto algo de tanto valor en alguien que ha demostrado no merecérselo. ¿Cómo ha reconstruido los puentes con esa persona? ¿Cuánto le costó? ¿Lo ha hecho? La vida de las parejas es un caso claro de relación basada en una confianza mutua que es muy exigente en ambos sentidos, y cuya ruptura muchas veces aboca a una separación. Ante un terreno que, antes sólido, se vuelve quebradizo e inestable, ¿cómo volver a asentar esa relación? Supongo que cada uno tendrá experiencias distintas, que acabaron bien o mal, pero que en todo caso supongo que implicaron mucho trabajo de ambas partes y sacrificio, ojalá recompensado con la reconstrucción de la relación, con la cimentación del terreno que se había vuelto movedizo. Pero pese a que las cosas volvieran a su cauce, ya nada será igual, sospecho. Oí decir una vez que las relaciones que se recomponen son como la vajilla que, rota, se vuelve a pegar. Funciona, es útil, pero deja a la vista las marcas y cicatrices, y no se pueden borrar. Nunca vuelve a ser impoluta. Esas cicatrices, ese recuerdo permanece en las personas que han vivido esa experiencia de ruptura, y es probable que su relación, si continúa, tenga un poso de cinismo o de desencanto que no existía con anterioridad. Y es que, para todo, la virginidad sólo se pierde una vez. En los casos en los que la ruptura de la confianza no ha podido solventarse, es más que segura la separación de la pareja o la ruptura de la amistad, y la relación que hubo probablemente haya pasado a formar parte de ese baúl de los recuerdos que tanto nos recuerda a la canción de Karina, pero que suele alojar muchas veces momentos nada armónicos. Y al volver la vista atrás, recordaremos los momentos felices de la relación, sí, pero con el poso de amargura, atemperado por el tiempo, de una ruptura que nos marcó.

En el caso de Grecia y el resto de socios, la situación es similar. Ahora mismo nadie se fía de la palabra de Tsipras, Varoufakis o cualquier otro miembro del gobierno de Atenas. Sus compromisos, sus promesas, no son sino cantos de sirena que suenan bien o mal, pero que no parecen tener un reflejo en la realidad. Su palabra ya no es creíble, y eso es desastroso. Volver a reconstruir esa confianza entre Grecia y resto de socios, trabajo que sólo será posible a partir del Lunes, será uno de los retos más difíciles que nos ha dejado sobre la mesa esta extraña, compleja y peligrosa situación que estamos viviendo. Y no será nada fácil. Y requerirá el esfuerzo de todos. Empezando por el de los propios griegos.

miércoles, julio 01, 2015

Krugman y Stiglitz se equivocan respecto a Grecia

Reconozco que resulta impropio, o cuanto menos chocante, que tras admitir ayer que me equivoqué con el diagnóstico del combate Grecia UE ahora enmiende la plana a expertos que me dan miles de vueltas en todos los aspectos posibles, y que están galardonados con el Nobel, como es el caso de Paul Krugman y Joseph Stiglitz, pero la economía no es exactamente una ciencia, sino un mixto entre ese tipo de conocimiento y el mundo social, cultural y emocional, por lo que las opiniones, siempre que estén basadas en argumentos consistentes, pueden ser contradichas entre expertos, quizás porque verdad, lo que se dice verdad, en este mundo hay más bien poca.

Opina Krugman que la alternativa de Grecia es salirse de la eurozona, y que para ello debe votar que NO en el referéndum convocado para el próximo domingo 5. Tsipras debe mantenerse firme en sus convicciones y preparar a su país para una salida que, si bien al principio puede ser dolorosa, acabará dándole un rédito a la economía griega y una salida al marasmo en el que se encuentra sumida. La postura de estos expertos tiene su lógica, y no se la voy a discutir, pero no tiene en cuenta algunos factores importantes, decisivos a mi entender. Habla Krugman en su artículo del “caos financiero” que se originaría en caso de salida del euro, y me da la impresión de que el término caos sería un bonito eufemismo para definir el desastre que eso implicaría. No sólo por el hecho de que la conversión de euros a nuevos dracmas de las cuentas implicaría, automáticamente, la ruina absoluta para los ahorradores y empresas helenas, no sólo porque la deuda griega, desde ese momento, sería absolutamente impagable (implicaría de facto una quita del 100% dado lo que se devaluaría la nueva moneda respecto a unas deudas escrituradas en inalcanzables euros) y no solo porque eso aislaría por completo a Grecia de su zona económica natural, convirtiéndola en un paria, y empujando a la población a la huida a través del Adriático a Italia o a saber qué, y no sólo porque el marasmo político del país arruinado pudiera degenerar en conatos de violencia y desestabilización, como ya se vio en Argentina en 2001. No sólo por eso, no. La caída de Grecia supondría un golpe a la línea de flotación del euro en sí mismo, destruiría el mito de la irreversibilidad y pondría en riesgo el proyecto europeo, que recordemos dista mucho de llegar a ser unos Estados Unidos de Europa, pese a que sería lo deseable. Comparto algunas de las críticas de Krugman y otros economistas respecto al error inicial de diseño del euro, que ahora se ve hasta qué punto fue inmenso, pero el problema en el que nos encontramos, tal y como lo veo, es que si el euro se va a la porra o sufre un desastre que lo convierte en un problema, la posibilidad de seguir construyendo Europa cae muchísimo. De hecho soy de la opinión de que el euro, en su momento, fue diseñado como una especie de catalizador que sirviera para acelerar el proceso integrador, para forzar a los estados a ceder competencias económicas en ámbitos como la fiscalidad y el gasto para así dotar de consistencia al poder comunitario y hacerlo relevante. Visto desde Washington, capital de un imperio económico, nación integrada en torno al dólar, el marasmo europeo puede parecer infantiloide y carente de sentido, pero no está de más recordar que la verdadera integración económica de EEUU se produjo tras la guerra civil, en la que las banderas confederadas, últimamente tan famosas por la desgracia de Carolina del Sur, eran enarboladas por economías proteccionistas, improductivas, rentables gracias al nulo coste de la mano de obra que suponía el esclavismo, frente a la bandera yanqui del norte, la triunfante, que representaba el libre comercio y la apertura de fronteras al exterior. De esa guerra surgió una nación unificada en torno a una moneda y finanzas comunes.

Europa, experta en guerras a lo largo de toda su historia, trata de dar a luz una unión económica de una manera como nunca antes se ha intentado, y es inevitable que surjan dolores de parto y sufrimiento. El problema griego es muy complejo, difícil de abordar, y requiere imaginación y paciencia, pero cualquier acuerdo, por muy malo que sea, es mejor que el abandono de la eurozona por parte de Atenas, sobre todo para los griegos, pero también para el resto de Europa y el mundo. Su Krugman está tan confiado en el No, que vaya a la plaza Sintagma, que haca campaña por él y, por supuesto, se endeude esta semana en deuda griega, que meta su dinero en ella, como muestra de confianza. Y claro está, que no la venda en corto.

martes, junio 30, 2015

Me equivoqué respecto a Grecia

Fíense de mi cuando hagan sus apuestas y les irá mal, muy mal. La semana pasada comentaba que lo más probable era un acuerdo de la UE con Grecia, que era la postura más racional para ambas partes, y que la subida de las bolsas anticipaba ese compromiso, quizás para emplazarse a una nueva negociación a cara de perro dentro de unos meses, pero que al menos eliminaría las incertidumbres de estos días. Me las prometía muy felices, y más ustedes, que a buen seguro están más que hartos de esta historia y querían dejar de oír hablar de ella en esta columna y en cualquier otro sitio de información. Pues lo siento, me equivoqué.

Lo que a lo largo de la semana era un movimiento negociador que partía de una posición de mínimo acuerdo se fue tornando, poco a poco, en un profundo enfrentamiento entre las posturas de ambas partes, con una escalada verbal de reproches personales muy profunda. El mismo vienes las posturas, que estaban ya muy separadas, parecían todavía dispuestas al acuerdo, pero de la tarde del viernes hasta la del domingo todo se ha precipitado de una manera espectacular, no se si prevista, y desde luego, peligrosa. Asistí asombrado, casi en directo, la noche del viernes al sábado, tumbado en el sofá de Elorrio, al anuncio de Tsipras de convocatoria de un referéndum exprés para este próximo domingo, en el que los griegos debían pronunciarse sobre la oferta de los acreedores, que él considera insuficiente, injusta e ilegal. Esa convocatoria era la voladura de los pocos puentes que quedaban entre Atenas y Bruselas, un gesto de desafío, un nuevo órdago por parte de un gobierno que, aunque lo niegue, carece de margen de maniobra. La convocatoria puso todo patas arriba, y el ambiente del sábado era ya mucho más que pesimista. Términos como Grexit, corralito, abandono del euro y similares, que hasta entonces estaban en boca de agoreros y expertos poco valorados empezaron a circular por los mentideros de la Comisión Europea y, en general, todos los organismos internacionales. Las apuestas subían de tono y Grecia, al borde de ese famoso precipicio que siempre se menciona, empezaba a dar el paso decisivo hacia el vacío. La decisión del BCE de mantener la ayuda de emergencia a la banca griega, a través del programa conocido como ELA, pero de no aumentar los importes de dicha ayuda, precipitó las cosas, y abocó a las autoridades a instaurar el corralito en la tarde del domingo, al ser imposible hacer frente a las retiradas masivas de capitales. En un fin de semana de finales de junio, de calor desatado en todo el sur del continente, Bruselas hervía de nervios y temor ante lo que parecía el accidente perfecto. Ayer pudimos ver en las bolsas y otros mercados lo caro que nos ha salido el desencuentro, y hoy se ejecutará, salvo gran sorpresa, el impago de las cantidades debidas por Grecia al FMI derivadas del fin del segundo programa de rescate, que es el que se trataba de prolongar en estas negociaciones. Con el referéndum a cuatro días vista, con la Syriza gobernante propugnando el no a una pregunta compleja, pero que en esencia permite decidir entre aceptar las condiciones de los acreedores o no, y con ello la permanencia en el Euro o no, Grecia se mantiene en un limbo financiero muy peligroso. Su sistema bancario está cerrado, su bolsa no funciona, la economía diaria debe estar empezando a sentir los efectos de este marasmo, ahondando su caída, y en plena temporada turística, los viajeros se ven abocados a llevar billetes abundantes en sus carteras pese a la promesa de que las tarjetas internacionales sí funcionarán en unos cajeros que, a buen seguro, estarán más que vacíos.

Sinceramente, a mi esto me parece un completo y absoluto desastre, para todos los agentes implicados. Desastre para un gobierno griego que sigue jugando como si estuviera en una partida de póker, incapaz de asumir que no puede hacer frente a las promesas que le llevaron al poder porque su economía está quebrada. Desastre para una UE que se enfrenta, ahora de verdad, a que un miembro abandone el hasta ahora irreversible Euro y quién sabe si la propia Unión en sí. Y sobre todo, desastre para los ciudadanos de Grecia, que durante años han tenido gobernantes que les han robado, ahora tienen gobernantes que les mienten, y en todo este tiempo sólo se han empobrecido en un país que, sinceramente, no funciona. Un desastre se mire por donde se mire.

miércoles, junio 24, 2015

Era inevitable que Grecia claudicase

Supongo que muchos de ustedes estarán hartos del tema griego, por lo que al ver el título del artículo de hoy me temo que optarán por largarse a otra parte, física o virtualmente, o en ambos sentidos. Ya lo siento, pero es que la actualidad manda, y créanme si les digo que esta no será la última vez que hable de este asunto, dado que la crisis griega amenaza con ser infinita en duración y volumen de dinero enterrado. Si tienen la sensación de que esta especie de acuerdo alcanzado en Bruselas no es sino un apaño que, dentro de unos meses, se demostrará inútil, comparto su opinión. Porque solución, rápida, sencilla y clara, no existe.

Grecia y al UE han salvado los muebles y, con un pie fuera del bordillo, cayendo por el precipicio, han sido capaces de echarse atrás. La propuesta del Domingo por la tarde del gobierno de Tsipras, que traspasaba las líneas rojas de las pensiones y el IVA, ha sido considerada como una base correcta para alcanzar un acuerdo que desbloquee los tramos pendientes de rescate, que se usarán para devolver tramos anteriores, que vencen en pocos días. Era inevitable que Grecia se rindiera, por usar una expresión clara, tras meses infructuosos de negociaciones, en los que no ha abordado con la seriedad debida la situación económica en la que se encuentra el país. El gobierno Tsipras ha mareado la perdiz durante esos meses, perdiéndolos en la práctica, con una táctica negociadora errónea en mi opinión, que le ha granjeado la enemistad de todos los socios de la UE. Grecia podía haber optado por generar una especie de enfrentamiento o debate entre los países que rigen la UE, Alemania, Holanda y poco más, y lso países rescatados o que están mal, donde se encuentran no sólo los del sur sino otros pequeños, como los bálticos. Todos ellos han sido sometidos a duros planes de ajuste, han visto reducidas sus pensiones y se han apretado el cinturón varios agujeros, cuando los griegos, pese a todo lo sucedido, aún no han hecho muchas de las reformas debidas y necesarias. Pero en vez de jugar esa baza de los bloques, que le hubiera proporcionado una fuerza negociadora, o al menos un prestigio en la UE, Tsipras y Varoufakis han usado la estrategia el niño que en la clase acusa a todos los demás de sus problemas, y logra que tanto el profesor como el resto de compañeros se unan en su ojeriza hacia él. Con tácticas dilatorias, tensiones, declaraciones sin sentido de un VAroufakis que hace tiempo perdió el control de la negociación, y quizás el sentido de la realidad, Grecia ha forzado la negociación hasta un punto en el que muchos de los socios de la UE no verían mal su salida por un puro hartazgo, por cansancio ante su postura carente de realidad. Y llevados a ese precipicio, Grecia sabía que, de arrojarse, la UE lo iba, íbamos, a pasar muy mal, pero que ellos iban a morir económicamente. En el juego de gallina ellos tenían mucho más que perder que el resto, asumiendo que todos perdíamos. Finalmente, al borde, Tsipras ha frenado, y de una manera algo encubierta, se ha rendido. Ofrece reformar el sistema de jubilaciones griego, de una generosidad asombrosa, que permite que retirarse a los sesenta años sea lo más común, con edades de jubilación aún inferiores para ciertos colectivos (como las peluquerías, créanme que no lo entiendo) y cuyas prestaciones son insostenibles para el estado griego y cualquier otra nación en el mundo que no sea una monarquía petrolera del golfo pérsico. Esto era innegociable y no admite discusión. Lo del IVA es más polémico, porque evidentemente su subida ralentizará una economía que no necesita muchas excusas para dejar de crecer como, débilmente, lo hacía hace meses para caer en una nueva recesión. Habrá que ver cuáles son los detalles finales del acuerdo, pero estas dos variables han sido las decisivas para encarrilarlo.

Ahora el que tiene un problema en casa es Tsiparas, para poder lograr que el parlamento de Atenas vote a favor de este compromiso, que destroza gran parte de las (imposibles de cumplir) promesas electorales de Syriza. Dicen los más retorcidos que una de las causas de tensar tanto la cuerda en la negociación era para vender el posterior acuerdo con el aval de que “resistimos hasta donde pudimos” y así lograr que la población y parlamentarios lo avalen. Está por ver. Es probable que los diputados díscolos de la coalición gobernante sean suplidos a la hora de votar Sí por miembros de la oposición, lo que dejará al gobierno en una posición débil. En fin, que tras un apasionante final de temporada, el culebrón griego sigue y sigue.

viernes, junio 19, 2015

Si usted fuera griego, ¿qué haría con sus ahorros?

Comentaba ayer que en Bruselas se iba a vivir una dura batalla, conmemorando los doscientos de la de Waterloo. Y me equivoqué, porque el enfrentamiento iba a tener lugar en Luxemburgo, así que aprovecho para autocorregirme. Pero batalla sí que hubo, y acuerdo ninguno. Y un incremento en la virulencia de las palabras de los reunidos que deja bien claro hasta qué punto la situación es difícil para todos. Christine Lagarde, la directora del FMI, fue la más acerada, increpando a Varoufakis en nombre de los “criminales” a los que ella representa, según el ministro griego, y exigió que en las reuniones acudieran personas adultas. Bronca de las gordas.

Y cada día que pasa esto no hace sino complicarse. Las salidas de capital de Grecia siguen, a un ritmo que supera los quinientos millones de euros diarios en lo que hace a depósitos bancarios, las bolsa de Atenas cae, la prima de riesgo helena sube y la tensión en Europa no deja de crecer. Sigo pensando que acabará habiendo un acuerdo, pero la situación empieza a entrar en un estado en el que puede pasar cualquier cosa, lo que muchos llaman un accidente, que precipite las cosas. Hoy los bancos griegos están abiertos, pero en medio de este panorama tan convulso nadie sabe lo que puede suceder el lunes, así que piense usted, querido lector, cómo debe sentirse el griego de la calle en medio de esta tormenta. Trabajados, parado, empresario, estudiante, lo que sea, que posee algunos ahorros en el banco, que su trabajo le ha costado acumularlos, y que empieza a temer seriamente por ellos. Confía en el acuerdo, pero sabe perfectamente que si Grecia abandona el euro su dinero será reconvertido en Dracmas que, al instante, no valdrán nada. La economía del país entrará en una convulsión muy peligrosa y, como mínimo, todos los productos de importación dispararán sus precios. A las 8:05 de la mañana de hoy sabe que el banco abrirá esta mañana (no se cuál es el horario comercial de Atenas, supongamos que a las 9) y sopesa la posibilidad de ir a la sucursal y sacarlo todo, convertirlo en papel moneda que, en caso de desastre, pueda cambiarse fuera del país por otra moneda fuerte o en el interior en el mercado negro que surgiría al instante de la salida. Teme que los rumores de “Grexit” provoquen un corralito para evitar el colapso y sus ahorros queden confiscados. Ya le queda un poco menos, a las 8:08, para decidir qué hacer. Ayer, hablando con unos amigos, todos tenían un miedo similar y, aunque sin confesarlo, daban a entender que irían al banco para sacar su dinero. Tonto el último, era la sensación que les quedó a todos tras su encuentro. Y todos sabían que si ellos, y el resto de atenienses, hacían lo mismo, provocarían ese accidente que sacaría a Grecia de Euro. Si se generan colas en los bancos y las televisiones o internet las difunden el miedo crecerá, y con él la avalancha de clientes que ansiosamente querrán recuperar el dinero, y entonces es cuando surgirá el caos. Será inevitable implantar el corralito temido y con él el sistema financiero heleno entrará en el colapso absoluto, y el país saltaría por los aires. Así que el ciudadano de a pie sabe que si todo el mundo opta por la medida más prudente y racional, que salvaguarde sus ahorros, todos se condenan al desastre. En el fondo cada griego sabe más de teoría de juegos de lo que el propio Varoufakis sospecha, porque ese es exactamente uno de los problemas que abordó el fallecido Nash, cómo las dinámicas de grupo generan resultados agregados muy distintos por los perseguidos por los individuos que las conforman.

Esta es una de las miles de escenas que pueden vivirse hoy en Grecia, y que sin duda afectarán al resto de la UE y el mundo, si me apuran. La convocatoria de una cumbre extraordinaria de jefes de estado de la UE para el Lunes muestra no sólo lo urgente de la situación, sino sobre todo la importancia que este asunto ha adquirido. No hay soluciones bunas ante lo de Grecia, solo malas o muy malas. Pero su salida, expulsión o escape accidentado, serían un desastre absoluto, para ellos y para todos. Y todos lo saben. La cuestión es qué hacer y cómo evitar ese desastre. Nos jugamos muchísimo. Y lo reitero. Todos nos la jugamos.

miércoles, junio 10, 2015

Lo de Grecia no se acabará… ¿nunca?

Les comentaba ayer lo turbulento que se encuentra el mercado de bonos europeos, y que Grecia, “lo de Grecia” es una de las causas. La verdad es que en esta eterna negociación en la que cambian gobiernos e interlocutores para no llegar a ningún acuerdo resulta ser de lo más tediosa, y asombra cómo se ha cronificado un problema, que es difícil, pero que no tiene sentido año tras año resurja y haga poner en duda todo el proceso de construcción europea. Visto desde fuera no me extraña que nadie entienda nada y la paciencia, no con los griegos, sino con los europeos en su conjunto, se esté acabando. Damos una imagen penosa.

Creo que el principal problema con “lo de Grecia” no es tanto la renovación de su rescate y las reformas que el ya desvirtuado gobierno de Tsipras debe realizar, que son la parte visible del problema, sino lo que supone como test para medir la solidez del euro. En el camino hacia el euro ha habido dos constantes fundamentales que lo han caracterizado, que de manera encubierta las tenemos grabadas en nuestro interior, y para las que Grecia supone una prueba de fuego. La primera es que es un camino de continuo avance. Sólo se camina hacia la integración, cada vez mayor, en ámbitos financieros, monetarios, fiscales, etc. Se podrá avanzar más o menos lento, pero se avanza siempre. El otro es el de la irreversibilidad. Costó que llegase, fue una utopía en su momento, pero una vez que el euro está aquí, lo está para siempre, y nadie puede salirse de él. La primera de estas verdades se logró salvaguardar, sobre todo, gracias a la no incorporación de Reino Unido a la moneda, lo que creó de facto dos clubs en la UE, el de los que pertenecemos al Euro y los que no. Es evidente que la integración que se da entre los primeros es mayor, y formamos una especie de club en el club, utilizando una de esas horrendas expresiones comunitarias que es las “cooperaciones reforzadas” que viene a querer decir, de manera muy bruta, que si un grupo de países de la UE se ponen de acuerdo en algo que les permita avanzar en la integración pueden hacerlo. La unión bancaria con la supervisión del BCE es un avance enorme, por eso está costando tanto, que llevamos a cabo los países del euro, y no los que no pertenecen a esa moneda. El otro punto, mucho más de fondo, afecta sobre todo a la credibilidad internacional del proyecto euro. Nos lo creemos nosotros, sí, pero hacemos que el resto del mundo se lo crea también, y el que nadie pueda salirse de la moneda es una forma de garantizar que haremos todo lo posible para integrar las economías euro y, sobre todo, para defender a la moneda en sí misma de ataques especuladores que puedan debilitarla. La experiencia del SME de los noventa, que sirvió para que George Soros se forrase sacando a la libra del sistema, mostró que un proyecto de moneda única es creíble si se concibe como una prisión para las economías, de tal manera que nadie pueda sacarlas de ahí. Si Grecia saliera del euro, más allá del absoluto desastre que eso supondría para el país y, sobre todo, su población, se rompería un tabú, ¿y quién nos dice que no podría salir alguien más? Una vez abierta la puerta de salida no es descartable que vuelvan a producirse escapadas. La presión empezaría a ser intensa contra, por ejemplo, Portugal, otro país sumido en un estancamiento secular que muestra debilidades y no logra despegar, y tiene un tamaño pequeño que lo puede hacer asequible ante inversores que quieran jugar a peligrosos juegos de apuestas. Sí, es cierto que si aparece Super Mario Draghi nos salva, pero sería capaz de soportar la economía de cualquier país de la UE un nuevo embate de la prima de riesgo y de nervios en los mercados, en una situación de recuperación frágil como la actual, en la que siguen presentes desequilibrios del pasado? Estaría por ver.

Por eso Grecia y su papel en el euro es importante. Más allá de las consideraciones geopolíticas por las que, puede que más que las económicas, Grecia fue admitida en una moneda en la que por fundamentos no podía estar, la situación actual demuestra que en la vida real los procesos no son reversibles en igualdad de condiciones, y que es mucho más fácil entrar en el euro que salirse. Prueben a echar el colacao a la leche y luego traten de separar la leche y el polvo. Verán como les cuesta mucho más. Si, me dirán, es entropía, sí, pero es que en economía, y sobre todo en economía, la entropía también funciona, y de qué manera. Y por cierto, es un término de origen griego.

miércoles, abril 29, 2015

Varoufakis, noqueado

El desarrollo de la negociación del nuevo gobierno griego con la UE es una historia que no acabará nunca, fuente de constantes noticias, y muestra de qué distancia hay de los sueños a la realidad. Tsipras ganó sus elecciones, como todo el mundo pronosticaba, subido al carro de la indignación popular y con un programa de gasto desmesurado para aliviar la pobreza de la población griega. Una filosofía errónea, en mi opinión, pero que uno puede llevar a cabo y optar por ella, si dispone de dinero para ello, claro está. Grecia, y parece que esto es lo que no ha asumido el nuevo gobierno de Atenas, sigue quebrada, y sin el auxilio internacional, colapsaría.

La estrella mediática de este juego extraño en el que la UE, troika y demás instituciones se reúnen con los griegos es el ministro de finanzas, Yanis Varoufakis, un personaje muy interesante, brillante, listo, mediático, de formas rompedoras, estética impactante y habilidad en la mesa de juego. Pero, ay, qué poco dura la gloria en donde la banca no reside. Tras unos meses de éxito rutilante en los medios, y de enfrentamiento a cara de perro con todo el mundo, Grecia, y Varoufakis en su nombre, han ido cediendo poco a poco, porque aunque uno posea alma de trilero debe tener al menos una bolita debajo de los vasos. Desde un primer momento la posición negociadora de Atenas era casi insostenible. Podía jugar el órdago de la salida del Euro, pero a sabiendas de que ese escenario, prácticamente imposible, sería muy malo para el conjunto de la UE, pero letal, la hecatombe, para la propia Grecia y su población. Ha intentado hacer un juego a varias bandas, amenazando con que chinos y rusos aportarían los capitales que la UE cede actualmente, buscando otros socios alternativos (de cuya sentido caritativo mejor no opinaré) para así amedrentar a Bruselas, pero tampoco ha funcionado del todo, y la paciencia de los jugadores se agota. En la última reunión del Eurogrupo, la semana pasada en Riga, Varoufakis debió recibir una bronca tremenda por parte de sus socios, hartos de un mareo que de momento sólo sirve para perder tiempo, no ganarlo, y exigieron que de una vez Grecia se ponga las pilas, empiece a reformar su economía de una vez, acabe con unas bolsas de corrupción e ineficiencia que la lastran sin fin (sólo un ejemplo, los armadores griegos, chulos ellos, Onassis se creen todos, por ley están exentos de impuestos) y todos, conjuntamente, avancemos para arreglar este problema. La primera consecuencia de este rapapolvo ha sido la decisión de Tsipras de apartar a Varoufakys de la negociación con la UE. No lo ha cesado, porque eso sería una rendición en toda regla, pero lo ha dejado en la esquina. Cuando se supo la noticia las bolsas de toda Europa subieron y bajaron las primas de riesgo, la que más, la helena. ¿Está hundida la carrera política del superministro Yanis? No, pero hace aguas, y cada vez le queda menos tiempo y, sobre todo, menos dinero, para remontarla. La noticia que surgió ayer de que su ministerio prepara una amnistía fiscal (¿les suena?) para tratar de que los capitales huidos retornen a Grecia puede ser la puntilla que hunda su imagen en cierta prensa y colectivos, muy ideologizados, que sueñan con ideas, algunas de ellas nobles, pero que siguen sin darse cuenta de que en economía, y en la vida real, nada es gratis, de que las cosas hay que pagarlas, y de que si no tienes dinero para ello, o lo pides prestado y estás a merced de quien te lo de o lo obtienes tú a costa de otras partidas. Y eso destroza la imagen de cualquier político, gestor o adulador que busca captar votos y voluntades.

Todo esto resulta, por cierto, muy relevante de cara al devenir de los movimientos populistas surgidos en toda Europa, de distinto signo político (desde la extrema izquierda de Podemos a la ultraderecha del Frente Nacional) que han visto en Grecia y Varoufakis un signo de rebeldía frente al poder establecido y Bruselas, el ogro que focaliza el mal. La victoria de Tsipras fue un aliento para todos ellos, pero su incapacidad para la gestión, y el mantener promesas que no puede cumplir va a llevar a que muchos votantes europeos vean que los cantos de sirenas sólo llevan, como les paso a todos menos a Ulises, a embarrancar contra los arrecifes. Lecciones de la Grecia clásica que ni Varoufakis ni nadie debiera olvidar.

jueves, febrero 26, 2015

El acuerdo de Grecia con la UE y la soberanía

Si se acuerdan, Grecia era un tema recurrente la pasada semana. Las negociaciones con la UE y el tira y afloja depararon momentos de gran incertidumbre y tensión. Finalmente, como muchos esperábamos, se alcanzó un acuerdo que prorrogaba cuatro meses más la situación actual, tiempo en principio suficiente para renegociar un nuevo rescate con renovadas condiciones y compromisos. Lo importante de este acuerdo no es sólo el hecho en sí de alcanzarlo, sino lo que ha supuesto de cara a las iniciales aspiraciones griegas, llenas de promesas que, al final, se han convertido en frustración.

Sí, Syriza trató de jugar sus cartas hasta el límite de lo posible, que era muy poco. Con una economía arruinada, necesitada del dinero de la UE como lo es un enfermo terminal de las máquinas que lo mantienen en vida, las amenazas de Varoufakys y demás miembros del nuevo gobierno resultaban ser poco más que faroles, y todos los jugadores de la mesa así lo veían. Al final el acuerdo supone mandar a la basura gran parte de las promesas, irresponsables, que se hicieron durante la campaña electoral, en la que se dijo a los votantes lo que querían oír en sus hastiados y apáticos oídos, a sabiendas, seguramente, de que no se podría cumplir nada. Tras llegar al gobierno la táctica de Syriza ha sido muy clara. Dado que prometí imposibles voy a tratar de que la población se crea que es la UE la que me impone no cumplirlos, y así yo quedo descargado de responsabilidad. El pulso mantenido durante días otorgaba al imaginario colectivo la sensación de que Syriza era la reencarnación de los 300 soldados que, comandados por Leónidas, se enfrentaban en las Termópilas a los persas. Su final, sangriento, los elevó a héroes inmortales, cosa que no parece que vaya a suceder con el gobierno de Atenas, al menos no entre los suyos, que empiezan a discrepar seriamente sobre qué es lo que ha pasado, si han traicionado a sus votantes y si todo esto no ha sido una gran estafa. La principal conclusión que se puede sacar de todo esto es que, cuantos más fragmentos de la Luna proponga un candidato, más duro será su golpe contra la Tierra en caso de que llegue al poder. La soberanía, esa palabra tan redonda y que tanto inflama las mentes de muchos, y que es manipulada por todos, resulta ser un concepto cada vez más relativo, y tenemos que tener muy claro, todos, que desde el momento en el que, como países, nos adentramos en un club llamado UE, vamos a perder parte de la misma. Es una consecuencia directa. Y mucha más perderemos cuanto más arruinados estemos, más dependamos de lo que nos presten otros o pidamos por ahí. El más soberano es el más independiente, el que está sólo. Y eso no es posible. Grecia no dispone de soberanía plena como miembro de la UE en lo que a la UE le compete, que no es poco, pero es que en su situación de quiebra y rescate, su “soberanía” es una falacia, un imposible. Ahora mismo se parece más a un niño muy pequeño, completamente dependiente de los padres, contra los que podrá patalear, rabiar y llorar, pero no puede alimentarse ni vestirse ni moverse sin que esos mismos padres lo hagan. Es duro asumir esto, lo se, como ciudadanos y como colectivo social, pero la realidad es así. Podríamos preguntarnos hasta qué punto la situación española es comparable. Y en parte lo es, y más que lo será si el nivel de nuestra deuda sigue creciendo como lo ha hecho durante todos estos años. El tamaño de nuestra economía, que para esto sí es importante, nos ofrece ventajas, pero hemos comprobado en nuestras carnes y cuentas financieras que en estos años también hemos perdido soberanía a chorros. Y más que lo haremos si la UE avanza, deseable, y nuestra economía no lo hace (indeseable).

Por eso discursos populistas como el de Podemos y otras formaciones por el estilo, llenos de retórica vacía y palabras redondas como soberanía, son imposibles. Aciertan a enganchar a una población ansiosa de oír esas palabras, y que le encanta que alguien se las diga, pero que se arriesga a sufrir la frustración definitiva si esos populistas llegan al poder. En el fondo, estoy seguro que el populismo de Iglesias, Le Pen, Syriza o UKIP; muy distintas formaciones pero con un discursos asombrosamente similar, sabe que miente, que falsea, que cuenta una historia que no es cierta, pero no le importa de mientras le sirva para alcanzar el poder. Vamos, como la política de siempre pero muy a lo bestia. Bendita renovación, dónde te hallarás!!!

martes, febrero 17, 2015

Grecia fractura el Eurogrupo

Normalmente las reuniones del Eurogrupo, los ministros de economía de los países que tenemos el euro como moneda, son largas y, ante asuntos complejos, acaban de noche, a altas horas de la madrugada, siendo la imagen de los periodistas, dormidos y tirados por los pasillos, tan habituales como los acuerdos alcanzados in extremis. Creo que nos dirigimos nuevamente a un desenlace de este tipo, pero antes veremos muchos fracasos, como el de la reunión de ayer, brusco, aliñado con declaraciones previas de grueso tono que invitaban a lo peor, como así sucedió finalmente.

Más allá de esa tensión y falta de acuerdo, las posturas son claras y las posiciones, aunque aparenten ser inamovibles, acabarán variando, y más en el caso de la parte débil, que es Grecia. Varoufakys, la estrella mediática de todo este asunto, sabe perfectamente que la UE no va a ceder en los grandes asuntos que están debatiéndose (devolución del principal, impagos parciales o quitas, relajamiento de las condiciones financieras, renuncias a las reformas estructurales, etc) Y la UE no va a ceder no tanto porque crea que Grecia puede merecerse un respiro, sino por la señal que enviaría al resto de socios, sometidos a programas de rescate o no, que verían como una revuelta política les daría el poder como para renunciar a los pagos y compromisos escritos. Todo lo que consiga Grecia lo pedirá Irlanda, Portugal, España… y el que venga después, y así el sistema de rescates condicionados se iría al garete. A lo más que pueda aspirar el gobierno griego es a un cambio de lenguaje, que elimine el concepto “Troika” por las figuras individuales de las instituciones que la componen, con otras más si es necesario, transformar los “hombres de negro” en “asesores sociales” o algo así, y alargar los plazos de devolución de una deuda cuyo principal, como el de todas las deudas públicas, jamás será devuelto, como saben todos los gobernantes. Es decir, este tira y afloja sobre todo es útil para el gobierno griego cuando, a la hora de obtener unos resultados muy por debajo de sus aspiraciones de campaña electoral, pueda presentarse ante sus electores esgrimiendo el mensaje de “lo intentamos, pero no pudo ser” y de esta manera, lograr que la sociedad griega asuma el fracaso. Ese, creo, es el juego de fondo. Y hasta el último momento posible Atenas forzará la cuerda para ofrecer una imagen de resistencia que, en el fondo, las alarmantes cifras de su economía desmienten a cada minuto que pasa. El gran problema de esta estrategia es que tensar la cuerda hace que todo el mundo se sienta incómodo, que se generen rencillas, rechazos, desconfianzas cuando no odios, y que el club del euro empiece a adoptar una atmósfera enrarecida en la que las malas caras y las declaraciones sin sentido sean las predominantes, rompiendo una confianza que es muy necesaria, y en momentos como estos, más. El alemán Schäuble y la prensa griega han protagonizado episodios chuscos en estas últimas horas que no ayudan en nada a apaciguar unas aguas en las que unos y otros deben bañarse y tratar de no ahogarse. Todos estos destrozos deberán ser curados en un futuro, a riesgo de enquistar unas heridas que puedan ser dolorosas mucho más allá en el tiempo. Sobre el resultado de las conversaciones, las otras alternativas de las que se habla en los medios me parecen descartables. Ni se va dar un “Grexit” demoledor para la UE, desastre total para Grecia, ni los chinos ni los rusos van a colonizar Atenas dándole la liquidez que necesita. Quizás veamos aún sorpresas y cartas nuevas, pero no lo creo.

La importancia de lo que se está negociando y el momento político en el que sucede es enorme. Quizás por ello se produjo ayer una muy buena entrada en un acto organizado para debatir la situación griega por CC Europa, un colectivo de jóvenes europeístas críticos, que organizaron un debate en un bar de Madrid centro, al que acudí, y en el que se expresaron opiniones variadas, muchas de ellas lúcidas, y en todo caso interesantes. En un momento de crisis de la UE, y esto que vivimos no es sino un síntoma claro de crisis, en todos los sentidos, del proyecto común, la reflexión, el debate y el interés por lo que sucede en la UE son fundamentales, y las soluciones quizás surjan de un Eurogrupo, sí, pero también de charlas como las de ayer. Así se construye Europa, entre todos.