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martes, agosto 04, 2026

Guerras híbridas contra Europa

Hoy se produce una esperpéntica reunión, por videoconferencia, de los ministros de interior de la UE con motivo del asalto marroquí a Ceuta recién sufrido. En este encuentro van a saltar chispas, tanto por la actitud de algunos países ante la inmigración como por el comportamiento inexplicable de nuestro ministro de exteriores, que en medio de semejante coyuntura no se le ha ocurrido otra cosa que crear una crisis diplomática con Italia, a cuyo embajador llamó a consultas mientras seguía manteniendo una servil e indigna actitud de peloteo con las autoridades marroquíes responsables del desastre que ha tenido lugar estos días.

Si esto no es la decadencia, que me lo expliquen. La UE se encuentra rodeada de enemigos que la ansían, por su riqueza económica, y la saben débil, por su envejecimiento y completo estado de alucinación colectiva al respecto de sus presuntas capacidades, siempre en entredicho. Las naciones europeas siguen, seguimos, viviendo en el paraíso de un mundo de normas que se hacen respetar, cuando fuera de nuestras fronteras la selva crece y se espesa de una manera aparentemente irreversible. Se habla sin cesar de incrementar el gasto común en defensa, y surgen proyectos sin fin al respecto, ideas que se quedan en meras presentaciones y que, en pocos casos, se plasmarán en realidades, pero, aunque lo haga, ¿de qué sirven si no generan capacidad disuasoria? ¿Qué poder disuasorio tiene España frente a Marruecos? Quiero creer que no nulo, pero tengo serias dudas. ¿Y la UE en su conjunto? ¿Qué capacidad de amedrentamiento posee frente al vecino del sur? Ahí si la respuesta no es cero se le aproxima bastante. Tratados comerciales de enorme valor, firmados entre la UE y Marruecos, podrían ser esgrimidos en una negociación oculta para dejar claro al régimen de Rabat ciertas cosas, entre ellas la integridad territorial de la UE, pero una observa con pasmo, para ocultar la rabia, cómo la presidenta de la Comisión felicita a España y Marruecos por la gestión de la crisis. En serio, ¿estamos bobos? Un centenar de muertos, un desastre en todos los sentidos, una agresión alentada desde un tercero contra un miembro de la UE, un ejercicio de matonismo mediante el uso indiscriminado de la población civil, ¿y la Comisión “felicita”? Imagino que, al leer semejantes declaraciones, en Rusia o China las carcajadas se habrán escuchado en todos los pasillos en los que se encuentre alguien que tenga algo de poder. El mundo contempla como la UE es sometida a ataques híbridos en su flanco sur y en el este y reacciona felicitándose como un pasmarote que sonríe cada vez que le pegan una patada. Acciones de guerra con características ambiguas, en sombra, que son difíciles de atribuir directamente, que juegan con la manipulación en las redes, que hinchan noticias que tienen algo de verosimilitud hasta crear relatos falsos que engañan a muchos, que no tienen pudor en usar la vida de otros para lograr sus fines. Actos de subversión que intentan desestabilizar las instituciones de naciones europeas y, de paso, el conjunto de la UE, en un proceso lento pero sostenido, que va erosionando capacidades y firmezas hasta que el agredido se ve en la tesitura de tener que negociar, hablar, mantener un diálogo fluido y sincero, y demás eufemismos que esconden el acojone que crece sin cesar en las cancillerías europeas. Rusia y otras naciones hostiles toman nota cada día de cómo actos menores, o muy graves como los de Ceuta, no son respondidos con la firmeza debida, y se sienten cada vez más valientes. Comprueban esos dictadores día a día el infinito miedo que los europeos tienen a la pérdida de sus vidas, de su nivel de ingresos, de la calidad con la que residen en el jardín que han creado, y ellos, que desprecian a las poblaciones de los países que dominan, no dudan en dar pasitos firmes, que les costarán vidas propias, pero que en sus cálculos cínicos carecen de valor. Sólo les importa ir avanzando en su proyecto de cerco y sometimiento al rico jardín europeo.

Si no despertamos ante lo que tenemos delante, no seremos capaces no ya de reaccionar, sino de sobrevivir. La norma, la ley, la razón, son necesarias, y no deben abandonarse, pero la defensa propia empieza a ser una necesidad acuciante por parte de una UE asediada, tomada por pazguata por regímenes mucho más duraderos y estables de lo que nos podamos imaginar. Debemos plantarnos ante Marruecos, ante Rusia y ante cualquiera que nos amenace, y si eso exige gastar dinero, emplear vidas y recursos, tenemos que escoger. O sacrificios para resistir o dejación y derrota. Está en nuestras manos si hacemos algo para defendernos o no.

Subo a Elorrio un par de semanas de vacaciones, a ver qué tal. Si no pasa nada extraño, y visto lo visto sucederá de todo, nos leemos el jueves 20 de agosto. Pásenlo muy bien y descansen si es posible.

miércoles, julio 08, 2026

El fin de la OTAN

En el mejor de los escenarios previstos, el resto de líderes congregados en Ankara esperan que Trump aguante hoy de cuerpo presente hasta el final de la cumbre de la OTAN, pero no son pocos los que temen que lleve el desplante hasta el extremo de largarse antes de tiempo. Ya en días pasados el mandatario norteamericano afirmó que acudía al encuentro por el respeto que le tiene al anfitrión, otro de esos autoritarios y nada demócratas que tanto le gustan, y esas palabras eran en sí mismas una muestra de desprecio hacia el resto de dirigentes. No hace falta ser muy brillante para deducirlo, pero Trump, carente de filtros, no pierde oportunidad en dejarlo claro.

Durante sus intervenciones de ayer todo fueron malas palabras hacia los demás asistentes, gestos oscos, miradas de desprecio y sensación arrogante de superioridad para nada disimulada. Centró sus críticas especialmente en Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, ignorándonos al resto, ya que nos debe considerar como parte de Latinoamérica o similar. Su queja constante era que durante la fracasada guerra de Irán no ha podido usar las bases de utilización conjunta situadas en Europa porque los gobiernos nacionales no han dado permiso para ello. Pero no contento con esto, ayer volvió a sacar el espantajo de Groenlandia. Como me temía, mantiene sus obsesiones en este frente y el resto, sólo que la guerra con Irán ha supuesto un evidente tropezón en su marcha y le ha distraído tiempo y recursos. Ahora que parece que se ha aburrido del estrecho de Ormuz, no así los incidentes que se repiten allí sin cesar, vuelve a la carga con el tema de la gran isla de soberanía danesa, que considera debe pertenecer a EEUU por cuestiones estratégicas, y no se cortó ayer en lo más mínimo a la hora de redoblar sus exigencias en presencia de la primera ministra danesa, que debió quedarse con cara de circunstancias ante lo que escuchaba. Piensen un momento la escena. En la cumbre de una organización de países que buscan la seguridad mutua mediante el acuerdo de protegerse unos a otros, la nación más poderosa lanza amenazas nada veladas sobre una de las más pequeñas. Puede parecer absurdo, de hecho lo es, pero es lo que sucedió ayer delante de los medios de comunicación de todo el mundo. En principio la cumbre iba a servir para explicitar el incremento de gasto en defensa de todos los países miembros, y el compromiso europeo de aumentar sus capacidades de cara a un futuro en el que la responsabilidad de la seguridad del continente cada vez dependerá más de las propias naciones que lo conforman, pero todo eso quedó opacado por la actuación de un Trump desatado, sin filtro, sin cortapisa alguna. Quizás cabreado porque, pese a sus intentos, la selección de su país no ha podido clasificarse para la siguiente fase de la cosa esa de pegar patadas a un balón que se está desarrollando en EEUU, Trump decidió ciscarse en todo y en todos en un ejercicio definitorio de lo que es el abuso escolar. A medida que desgranaba agravios y exigencias las caras de los demás mandatarios y personal presente en la cumbre iban mudando de la sorpresa a la vergüenza colectiva, y es más que seguro que no faltarían gamas por parte de todos ellos de levantarse de la mesa y dar por terminada una reunión que no sirve para nada, pero no se produjo eso. Sólo el silencio, la pesadumbre y la sensación de que una era ha terminado, una puerta se cierra, una relación trasatlántica se ha quebrado y que nada volverá a ser igual con EEUU mientras Trump siga al frente del país. Los más espabilados saben que aunque Trump se vaya y las formas se dulcifiquen, el fondo seguirá quebrado, y que el vínculo occidental está naufragando a ojos vista de todo el planeta.

Sí, la OTAN ha muerto. Una organización de seguridad colectiva se basa en la confianza entre sus miembros y en la disuasión que la fuerza conjunta de todos ellos ofrece respecto a amenazas de terceros. Todo ese poder derivado de la unidad ha desaparecido, nadie se cree ya que EEUU acudirá a rescatar a, pongamos, un país del Báltico si sufre un ataque ruso. Es más, si Putin ofrece a Trump la gestión compartida de un puerto allí es incluso probable que EEUU participase conjuntamente en esa agresión. Paradojas de la historia, no ha sido el comunismo, el izquierdismo naif ni nada parecido lo que ha destruido la OTAN, no, sino la ceguera arrogante del ultranacionalismo norteamericano. Vivir para ver.

martes, mayo 12, 2026

Otros dos guardias civiles muertos por el narco

Este fin de semana, mientras los ojos de medio mundo y toda la logística del estado estaban puestos en Canarias, en la operación de desembarco y reparto de los pasajeros del Hondius, el crucero afectado por el brote de hantavirus, morían dos guardias civiles, otros dos guardias civiles, en medio de una persecución a narcolanchas en la zona de Huelva. En el fragor de la carrera, persiguiendo a la nave de los delincuentes, las embarcaciones de la benemérita sufrieron un choque y el fatal desenlace deja dos fallecidos y dos heridos, que fueron trasladados lo más rápidamente posible al hospital para tratar de recuperarlos. Los malos huyeron

Otra vez en aguas próximas a la costa andaluza, esta vez no en Barbate, pero no muy lejos, y nuevamente la sensación absoluta de desamparo por parte de los que se dedican a la persecución de la delincuencia, los que trabajan para que nosotros estemos seguros, al comprobar como su voluntad choca contra el muro de la falta de medios frente a un enemigo que rebosa de dinero y es capaz de hacerse con embarcaciones, armas, coches y cualquier otro dispositivo que supera con creces todo lo que puedan llevar a cuestas los miembros de la benemérita. Casi siempre en estas persecuciones en el agua las lanchas de los narcos son, directamente, inalcanzables, llevan una capacidad motora fuera de toda regla, y la única posibilidad de frenarlos es una actuación coordinada que las intercepte, que trate de romper sus trayectorias rectas, lanzadas, y que en una de estas se vean bloqueados. Eso expone cada vez más a los agentes frente a unos delincuentes que tampoco se cortan a la hora de usar la violencia. Los métodos desatados que reinan en el mundo del narco latinoamericano, piense usted en México por unos instantes, ya han llegado aquí, y dotados de armas de precisión y potencia casi militar, los traficantes no dudan en disparar contra las patrulleras, o directamente embestirlas, confiando en que su velocidad sea la fuerza que les permita eludir las intercepciones. Es un juego asimétrico en el que las posibilidades de fuga de los malvados son altas, casi tanto como las de los agentes de salir mal parados. La sensación de desánimo cunde sin freno entre los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que operan en toda esa zona, que incluye al estrecho, al ver que día sí y día también se enfrentan a un juego de toreo en el que ellos no llevan el estoque y, cada vez más, son los que caen y acaban arrastrados en la plaza. La mayor parte del país descubrió esta situación cuando se produjo el asesinato, porque no tiene otra denominación posible, de dos guardias en Barbate cuando su patrullera fue embestida por una narcolancha que iba con el propósito directo de acabar con ellos, cosa que consiguió. En los días posteriores, de luto y rabia, el clamor de la impotencia llegó con fuerza desde una zona en la que el narco cada vez tiene más poder real en la calle, gracias al riego de dinero con el que inunda comercios, empleos, vidas y esperanzas. Frente a ello, los servidores de la ley malviven con sueldos bajos, material escaso, cuando no claramente defectuoso, y una gran parte de la sociedad que, o está temerosa por el poder del narco y su imperio de la violencia, lo que le hace callar, o ve en el negocio de la droga una alternativa vital que no es la que prefiere, pero que le permite acceder a un nivel de vida que sería completamente impensable de alcanzar de maneras legales. La imbricación del narco en la sociedad en esa zona del país está alcanzando niveles de gravedad extrema, y si no se muestra voluntad para dotar de medios a los agentes, piensen en lo que se hace (nada) para evitar que cientos de chavales y mayores se conviertan en prósperos empleados de unas redes de narcotráfico que son casi multinacionales.

El ministro de Interior no acudió al funeral de los guardias en Huelva. Estaba en Madrid en el dispositivo organizado en relación con el hantavirus. Sin duda prefirió la tranquilidad de la oficina y los medios sedosos que pisar una población en la que dos personas habían fallecido en el acto del deber. Nada hacía Marlaska en Madrid que fuera más importante que estar en la capilla ardiente de los agentes muertos. Su ausencia en ese acto, la ausencia clamorosa de ministro alguno es una muestra de lo que le importa al gobierno este tema, de los medios que dedica a ello, de la prioridad que le otorga a este asunto. Abandonados por el estado murieron los agentes, abandonados por el estado fueron durante su despedida.

miércoles, marzo 11, 2026

Europa en el laberinto

Cuando se utiliza la expresión “el mundo de ayer” se vuelve inevitablemente a la obra homónima de Stephan Zweig, su biografía, un libro que todo europeo, al menos, debiera leer en su vida. En ellas el bueno de Stephan cuenta lo ilusos y felices que vivían todos antes de la IGM, cuando ese conflicto no se había desatado y, desde luego, nadie pensaba que se acabaría llamando de esa manera. Exuda nostalgia el texto por un pasado perdido, idealizado, porque esa sensación no es de ahora, sino eterna, la de la seguridad de lo ya transitado frente a la incertidumbre de lo que nos espera. Escrito de maravilla, es un testimonio vital impagable y la crónica del suicidio del continente.

Todo esto viene a cuento de lo que dijo ayer Von der Layen, la presidenta de la Comisión europea, al respecto de cómo afrontar el nuevo desorden mundial. Úrsula tiró la toalla y abogó porque Europa deje de defender un orden que ha caído, un orden multilateral basado en reglas que ahora empiezan a ser papel mojado. Desde la oposición política a la presidenta, y también desde dentro de las instituciones comunitarias, se lanzaron serias críticas a esta declaración, tanto por considerar que era una manifestación que, con mucho, excedía las competencias sobre las que la presidenta de la Comisión puede hablar, como por el fondo. El presidente del Consejo, Antonio Costa, socialdemócrata, encabezó la oposición institucional europea a las declaraciones de Von del Layen, y ayer era el día para ponerse en uno u otro bando en función de la ideología en la que uno esté adscrito. Creo que las cosas son un poco más complicadas, y crudas. Yo soy partidario del orden multilateral liberal basado en reglas que todos acatamos, y que cumplimos de una u otra manera, a veces mejor, otras peor, pero en un marco estable y conocido, un marco que todos damos por sentado, y que nos permite establecer vínculos de confianza. Un marco regulado, protegido y defendido. Esa es la situación en la que hemos vivido durante bastantes décadas, principalmente desde el final de la IIGM, en un orden en el que los europeos hemos ido perdiendo influencia poco a poco y en el que EEUU ha sido el gran hegemón, el garante de la estabilidad, tanto económica como de seguridad. Sí, el orden multilateral se ha mantenido porque los europeos hemos abogado por ello, pero, sobre todo, porque la primera potencia económica y militar del mundo también lo ha hecho, y ha puesto financiación y soldados para ello. Sin el respaldo de EEUU estas pasadas décadas de multilateralismo hubieran sido imposibles, y por eso la pesadilla a la que ahora nos enfrentamos es tan alarmante. Otras naciones han podido saltarse el orden, de una manera u otra, pero sus perturbaciones no iban a ir más allá del conflicto regional, normalmente alejado del territorio europeo, por lo que no nos perturbaba mucho más allá de ocupar espacio en los informativos a la hora de la cena. La prosperidad y seguridad europea y nuestros lazos globales estaban sostenidos por los EEUU, que colaboraba con nosotros, que ganaba en esa simbiosis, y que permitía que las reglas se acatasen. El disparo económico de China a partir del siglo XXI empezó a alterar este escenario, porque su dimensión y potencia eran ya demasiadas para mantener las reglas que habían funcionado hasta entonces, pero los europeos hicimos como que no queríamos ver, mientras que nuestras economías eran superadas métrica a métrica por el gigante asiático, que no dejaba de crecer hasta tener a EEUU a tiro. La hegemonía económica occidental hace tiempo que ha pasado a ser un juego a dos, con China compitiendo en todas las dimensiones y ganando ya en muchas de ellas. Su capacidad de imponer reglas es casi natural en muchos de los mercados, porque es quien dictamina la oferta, la calidad, el volumen, la tecnología... todo.

Ahora EEUU, dominada por un populismo ciego, ha decidido romper el pacto de seguridad global, y dar rienda suelta a sus instintos, sabedor de que nadie puede hacer frente a su capacidad militar, y eso incluye no tener en cuenta las opiniones de las pequeñas, débiles y divididas naciones europeas. Si el garante de nuestra seguridad nos ignora (cuando no torpedea) y nuestra economía empieza a estar dominada por China, es normal que el pánico cunda entre las cancillerías europeas. El mensaje de Von der Layen es útil si acaba cristalizando en un debate serio sobre cuáles son nuestras alternativas reales, hoy y ahora. En cierto modo ya lo dijo bien claro Carney en su discurso de Davos. El mundo de ayer no va a volver, y nos toca a nosotros decidir cómo afrontar lo que se nos viene encima, nos guste o no.

viernes, febrero 13, 2026

La no seguridad europea

Hoy comienza en Munich la conferencia de seguridad, el principal encuentro anual en el continente en el que, a lo largo del fin de semana, analistas, dignatarios, empresarios y todos lo que son algo en el juego de poder continental se reúnen en la localidad bávara para debatir sobre las cuestiones más candentes. El año pasado la conferencia tuvo lugar apenas tres semanas después de la toma de posesión de Trump en su segundo mandato, y acudió a ella el ya vicepresidente JD Vance, que abroncó a todos los europeos en un discurso que hasta hizo parecer soleada a una de esas típicas jornadas brumosas alemanas.

Este 2026, con el primer año de mandato de Trump ya transcurrido, el ambiente será lúgubre. Europa va despertando poco a poco de su ensoñación y se encuentra ante un escenario en el que no ya la rivalidad, sino directamente la confrontación, le rodea. EEUU ha optado por el ejercicio de un imperialismo sin restricciones basado en su inmensa fuerza militar y un espíritu nacionalista que se ha hecho con el poder. La alianza trasatlántica se resquebraja y, en la práctica, existe sólo en el papel. Los mensajes que surgen desde Washington dejan cada vez más claro a las naciones europeas que la subcontrata de seguridad que tenían apalabrada ya ha caducado. Por el este, Rusia sigue su ofensiva contra Ucrania sin descanso. Apenas avanza en el frente, pero destruye sin cesar infraestructuras y viviendas en la nación atacada, y en este invierno duro que estamos viviendo la situación de la población civil atraviesa una de sus mayores penurias, con semanas de temperaturas bajo cero y cientos de miles de personas sin calefacción ni nada parecido. No se tiene constancia de cuánta gente puede estar muriendo en sus casas en medio de esta tortura helada, pero es de esperar que no se sean pocas. Rusia ve con alborozo como los intentos de negociación auspiciados por EEUU se han ido convirtiendo en un ejercicio de extorsión coordinado entre Moscú y Washington, en el que Putin no cede absolutamente en nada, Trump abronca con regularidad a Zelesnky y los ucranianos ven que sus únicos aliados reales, los europeos, se encuentran cada vez más divididos y a merced de unos acontecimientos que no controlan. El 22 de febrero se cumplirá el cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa y la guerra no cesa, sus daños siguen creciendo y la herida humana en el este ya es inimaginable. Mucho más al este, en oriente, China observa todo lo que sucede con algo de nervio ante su irracionalidad pero, también, con deleite, al comprobar como las políticas del magnate hunden la imagen de la nación en el mundo. Sus problemas internos quedan opacados por el salvaje espectáculo que despliega cada día Trump desde una desprestigiada Casa Blanca, y aprovecha cada una de las renuncias que EEUU realiza para ocupar espacios, especialmente económicos. La invasión de productos chinos en todo el mundo ya no es sólo lo que se vende en los bazares del viejo “todo a cien” sino que empieza a copar sectores de alto valor añadido como la automoción, las industrias de todo tipo y la tecnología. China inunda Europa con sus productos y lleva a las empresas locales a un dilema de rentabilidades inasumibles, que les abocan o a la reestructuración o al cierre. China ve a Europa débil, se desentiende de sus problemas geopolíticos a la espera de lo que pueda sacar de ellos, echando en todo caso una buena mano a Rusia, y sobre todo, hace negocio sin cesar con los consumidores europeos como buenos compradores de sus productos.

Este es el escenario general al que se enfrenta la seguridad europea, al que se deben añadir factores relevantes como la inestabilidad generalizada de muchos de sus gobiernos, los populismos crecientes, la gestión de la inmigración, el envejecimiento de la población…. Europa se enfrenta a un policrisis, en parte por su culpa, en otra parte por agresiones externas, a la que debe hacer frente de manera unificada, sabiendo que su proyecto corre un riesgo existencial de seguir las cosas así. Como mínimo, lo que se diga este fin de semana en Munich será muy importante.

Este fin de semana subo a Elorrio y me cojo dos días. Nos leemos, si no pasa nada raro, el miércoles 18

miércoles, junio 25, 2025

Sobre el gasto en defensa de la UE

Parece obvio que el psicótico que se ha atrincherado en Moncloa ha visto la cumbre de la OTAN como una oportunidad para mostrar su lado más populista y tratar de encontrar, en la gresca con los aliados, una vía de redención ante muchos de sus socios, especialmente los separatistas. No creo que le funcione, porque si ya casi toda España ha descubierto hasta qué punto llega el engaño en quien se dice nuestro presidente, ahora van a empezar a caerse del guindo los mandatarios extranjeros, que si alguna vez se fiaron de su palabra van a empezar a comprobar que Sánchez sabe hacer bien poco, más allá de engañar superlativamente.

Descontando el patetismo de lo nuestro, la cumbre de la OTAN me parece que va a ser un fracaso, aunque se quiera vestir de cualquier otra manera, porque va a dejar bien claro que la Alianza está herida de muerte, porque su auténtico pivote, que es EEUU, ya no la ve como imprescindible, incluso como meramente necesaria. La obsesión de Trump de que los países europeos paguemos nuestro gasto de defensa se junta al absoluto desprecio que nos profesa como rivales comerciales en su estrecha mente de mundo de suma cero, y más allá de las fotos de compromiso que se puedan hacer todos los líderes, queda la pregunta de fondo de si EEUU activaría realmente el artículo 5 del tratado, ese “uno para todos y todos para uno” que permite que cualquier nación de la Alianza sea protegida por las demás en caso de ataque, es decir, protegida por el mayor ejército del mundo, el norteamericano. Las dudas sobre si la administración Trump respondería a la invocación de ese artículo en caso de agresión de un tercero son más que lógicas, vista su trayectoria, y las naciones de la UE llevan tiempo sacando la conclusión de que su defensa empieza a depender más de lo que sean capaces de hacer ellas mismas que de lo que puedan conseguir del otro lado del Atlántico. Y esto empieza por gastar más, sí, pero no es tanto una cuestión de porcentaje de gasto, que es obvio que debe subir respecto de los despreciables niveles en los que se encuentra en nuestro país, sino en gastar mejor, coordinadamente. La única opción viable de seguridad europea pasa por un acuerdo al más alto nivel entre las potencias del continente para compartir estrategias y capacidades, para recortar diseños propios que se hacen la competencia y gastar mucho en sistemas integrados que, sean de la nación que sean, sirvan a todos. No tiene sentido que haya varios modelos de carros de combate en Europa. Se debe fabricar uno, uno solo, nada más que uno, y una vez acordado cuál sea, todos los países bene producir piezas estandarizadas para esa línea conjunta, y todas las tropas de la UE deben saber cómo manejar ese único carro. Y así con un montón de dispositivos de ataque y defensa. Gastar más para comprar productos más caros a un EEUU que puede decidir, con apretar un simple botón, que ese armamento no funciona dado que controla su tecnología de uso, resulta absurdo. En esto de la defensa se está, a mi entender, haciéndolo todo bastante mal, y se va corriendo hacia unos objetivos numéricos que no están para nada correlados ni con una estrategia conjunta ni con planes industriales acordes. Una de las mejores experiencias industriales de la UE, Airbus, que ha conseguido ser líder mundial en su sector, por méritos propios y deméritos de Boeing, se basa en la creación de un consorcio en el que Francia y Alemania lideran y el resto de países aporta, de tal manera que hay plantas de fabricación y montaje en distintos países europeos y los modelos que surgen de la integración de todo esto son únicos, estandarizados, competitivos y de alcance comercial global. Airbus exigió que la aeronáutica francesa y alemana renunciaran a la competencia mutua al darse cuenta de que no iban a ser capaces de hacer frente a su rival norteamericano. Ese es el único camino posible. Y tras pensar, trabajar y decidir, sí, gastar, y con ganas, pero primero lo primero.

Y todo esto sobre plataformas conocidas, clásicas, que se encuentran en duda sobre su futuro. La cruel guerra de Ucrania está poniendo en tela de juicio la pervivencia de elementos caros, complejos y tripulados, como tanques o aviones, que son necesarios, pero no determinantes, sobre todo en el caso de la defensa. La revolución de los drones o la de la artillería de precisión obliga a repensar muchas de las líneas estratégicas sobre en qué invertir de aquí a un plazo corto de años, qué industrias se deben incentivar y cómo evolucionarlas. ¿Hay alguien a nivel europeo pensando en ello seriamente? ¿Alguien con poder y capacidad de gasto?

jueves, marzo 06, 2025

Gastar más en defensa, sí, pero ¿cómo?

La comparecencia de hace dos días de la presidenta de la Comisión Europea, Von der Layen, ha supuesto el pistoletazo de salida de la carrera para gastar de manera conjunta en defensa entre los países de la UE. Úrsula habló de movilizar recursos de la cohesión (eso nos afectará en el trabajo) de importes del plan de recuperación pandémico que están pendientes de absorción, de recurrir a la iniciativa privada juntamente con el esfuerzo público, etc. No, no mencionó la posibilidad de emisiones de deuda mancomunada, como se hizo en el caso del Covid, pero no es descartable. Habló de cifras de entorno a 800.000 millones de euros en un programa plurianual. Es un poco menos es lo que gasta EEUU en defensa en un año

El abandono por parte de Trump del compromiso de la defensa colectiva de occidente, plasmado en la OTAn y en otra serie de acuerdos, pone sobre la mesa la necesidad de que Europa se dote de una seguridad eficaz para que le sirva en caso de que su vecindario, Rusia sobre todo, pero no sólo, se lo piense dos veces antes de seguir con una política intimidatoria. Se trata, en el fondo, de que la UE tenga una capacidad de disuasión, palabra mito en el mundo de la defensa, que viene a significar que uno mete tanto miedo que el otro no se atreve a atacarle. Suele haber armamento nuclear por medio en ese logro disuasorio. El problema de fondo que veo, que pregunto a gente que sabe mucho más que yo de todo esto y no logran contestarme con solidez, es que aumentar el gasto en sí mismo no sirve para nada si no se crea una estructura militar unificada para los países UE. Si sumamos los presupuestos de defensa de cada una de las naciones de la UE obtenemos un gasto anual de unos 500.000 millones de euros, cifra enorme, que es la mitad de la norteamericana, sí, pero resulta la segunda del mundo. ¿Cuál es el problema? Que esa suma es mentira, que aunque sean euros idénticos, lo que gasta Francia en defensa no es acumulable a lo que hace Italia o Polonia, porque cada nación posee un ejército propio, integrado, cerrado, diseñado para enfrentarse al resto, con especificaciones propias, empresas suministradoras en las que los estados suelen estar muy presentes, tradiciones, logísticas y formas de funcionamiento particulares… es decir, conjuntos estancos que no son simplemente agrupables. Los únicos ejercicios conjuntos que realizan todas esas fuerzas dispersas son los que se hacen bajo la tutela de la OTAN, en la que un mando de una nación dada es el que da órdenes a tropas de otras naciones, algo que resulta aberrante desde el punto de vista de la defensa nacional de cada uno de los países. Pero esos ejercicios son eso, ejercicios, días de adiestramiento en los que los participantes se “visten” de soldados OTAN, y cuando se acaban vuelven a la disciplina de sus estructuras nacionales. De nada sirve que cada nación europea gaste más dinero en cosas propias si no se replantea, totalmente, la estructura de control y mando que permitiría crear una unificación de fuerzas. De nada sirve que las naciones europeas acumulen stocks de munición que sólo es compatible con el calibre de las piezas de artillería propias, y que no puede ser cedida a terceros porque, simplemente, o no entra en el cañón o baila. Y eso en Ucrania es el pan nuestro de cada día. Es necesario replantearse muchas cosas de fondo para poder lograr que ese esfuerzo de gasto sirva para algo más que para realizar una acción keynesiana de estímulo de la demanda industrial de cada país. Y por ahora sólo me he referido al material, no a la tropa. Un ejército son soldados, que en la UE hablan en multitud de idiomas distintos, que tienen formación dispar, que provienen de contingentes profesionalizados pequeños y con enormes particularidades… ¿cómo coordinar esos “recursos humanos” de manera única?

Otro melón en el gasto de defensa es el de la dependencia tecnológica y de todo tipo respecto a EEUU. Ayer, tras la decisión de Trump de suspender la colaboración en materia de inteligencia con Ucrania, las lanzaderas HIMARS dejaron de poder disparar a objetivos rusos porque su software ya no recibía la información necesaria, desde EEUU, para determinar objetivos. Si en Europa nos gastamos millonadas en material norteamericano que luego depende del capricho de su presidente para funcionar habremos hecho una profunda estupidez en lo que hace a estrategia de seguridad. No, no es sólo gastar por gastar, el problema es mucho más profundo y complicado.

jueves, febrero 15, 2024

Trump y la traición

Trump, durante su presidencia, su proceso de salida y su estancia fuera del poder, ha sido un traidor a todo lo que representa el espíritu de la ley norteamericana y el sistema de poder creado por los padres fundadores de aquella nación, temerosos de un absolutismo real como el que sufrieron en Europa. Se ha dedicado a vilipendiar a jueces, a amenazar, a abusar constantemente de su posición cuando ocupaba el cargo, a alentar una insurrección contra el legislativo durante el siempre delicado traspaso del poder en cualquier nación y, tras abandonar la presidencia, no ha dejado de amedrentar con formas mafiosas a todo aquel que se le ha puesto por delante.

Por ello no tiene nada de extraño que, si traiciona a los suyos, esté dispuesto a traicionar a los países aliados de EEUU, es decir, a nosotros. Para un sujeto como Trump el resto del mundo son espacios donde hacer negocios inmobiliarios y tirarse chicas guapas, apenas algo más que eso, y el mundo es amplio y la juventud abunda, por lo que le da igual el nombre del territorio en el que asiente hoteles y coyundas. La excusa, que tiene un ligero fondo de razón, de que muchos de los socios de la OTAN no gastamos lo debido en capacidades militares y que eso nos convierte automáticamente en gorrones es una manera de expresar el profundo desprecio que Trump tiene por las democracias liberales, por las naciones en las que impera la ley y los derechos, y lo que ama a aquellos regímenes que, sometidos al dictado del líder, realizan los gastos que el que manda determina, sin discusión alguna. Ya durante su mandato (he estado a punto de escribir primer mandato, y puede que así sea) quedó clara la precariedad de la OTAN, una alianza defensiva en la que, por razones históricas, económicas y militares, el peso fundamental lo lleva EEUU y el resto de naciones somos poco más que una comparsa, ejerciendo un presunto papel de contrapartes equivalentes, pero siendo, en la práctica, los protegidos de la superpotencia norteamericana. El pacto tácito de seguridad que se estableció tras la Segunda Guerra Mundial es que las naciones europeas occidentales, causantes del desastre y arrasadas, perdían la inmensa parte de su fuerza militar y se cobijaban al abrigo de EEUU. A su vez, estas naciones dejaban campo libre a EEUU para que instalase bases militares en su territorio y tuviera plena autonomía estratégica. Absorbidas por el ingente esfuerzo de recuperación, los países europeos subcontrataban su seguridad a una nación externa, la norteamericana, se ahorraban el dinero que supone la inversión en defensa y se comprometían a ser fieles a los dictados y estrategias que emanasen de Washington. En el este europeo la cosa fue similar en el fondo con la URSS, sólo que en ese caso no por un acuerdo sino por la ocupación militar y por la implantación de una férrea dictadura soviética. La caída de la URSS dejó a la OTAN, el paraguas legal que soporta esta estrategia de defensa, en una situación absurda, por la retirada de lo que era la gran amenaza para Europa occidental, y la Alianza entró en unos años de decadencia, buscando su papel en el mundo. Erróneas decisiones norteamericanas, como la guerra de Irak y sus consecuencias, debilitaron los vínculos trasatlánticos, reforzados tras el 11S, y ha sido el inicio de la invasión rusa de Ucrania lo que ha convertido a la Alianza nuevamente en el paraguas bajo el que todas las naciones, incluso aquellas que la miraban con recelo, han corrido para encontrar cobijo. Aunque los presupuestos defensivos de los países europeos no son pequeños, su eficacia conjunta es prácticamente nula, desperdigada en múltiples programas de armamento incompatibles entre sí que sirven para mantener en pie la industria de defensa de cada una de las naciones y sus empleos asociados, pero poco más de cara al ejercicio de una disuasión efectiva. Sin el apoyo de EEUU Europa, militarmente, esté vendida.

Por eso cuando Trump dice que si vuelve a la presidencia no sólo no ayudará a las naciones que no paguen sus gastos militares, sino que alentará a Rusia a que las ataque, la reacción que debe suscitar en todos nosotros un mensaje así debe ser, como mínimo, de pánico, no ya sólo ante el abandono del “primo de zumosol” que nos protege, sino directamente ante su traición. Con Rusia matando ucranianos todos los días, lanzando amenazas sin cesar sobre las naciones que en la segunda mitad del siglo XX estuvieron bajo su yugo y realizando acciones que pueden suponer una escalada impredecible en la carrera armamentística global (ojo a este asunto) las opciones para Europa, para nosotros, se reducen, y el peligro crece mucho.

miércoles, noviembre 24, 2021

Misión de defensa planetaria

Un clásico de las películas de acción es el del impacto previsto de un asteroide contra la Tierra y la heroica misión de un grupo de valientes, norteamericanos casi todos, que acuden prestos a destruir el objeto con unas naves inmensas y montones de bombas nucleares, eso que no falte. La realidad suele ser un poco más prosaica, y no porque no haya posibilidades de que un objeto de gran dimensión nos amenace, ni mucho menos, sino por las pocas capacidades reales que tenemos de que, en ese caso, seamos capaces de efectuar algún tipo de misión realmente efectiva que nos salve como especie. Esas películas suelen ser muy intensas y entretenidas, pero muy alejadas de la realidad. Y sí, el riesgo de un impacto no es fantasía, ni mucho menos.

Hace poco más de media hora un cohete de SpaceX ha lanzado desde Florida la misión DART, que aunque parece poca cosa, y no aloja en su cofia a Bruce Willis, es el primer experimento realmente serio de comprobar hasta qué punto somos capaces de modificar trayectorias orbitales de objetos lejanos mediante impactos. El objetivo de esta misión es acercarse a un sistema en el que, en torno a un cuerpo de varios cientos de metros de diámetro llamado Didymos orbita una roca de poco más de un centenar denominada Dimorphos. Es un par de asteroides que están en nuestro sistema solar, y se espera que la sonda DARt llegue a ellos más o menos dentro de un año. Simplificadamente, DART es un pedrusco que lanzamos contra el pequeño de esos objetos, Dimorphos, y el objetivo del impacto es alterar su órbita. Se estima que la sonda alcanzará el objetivo a una velocidad cercana a los 25.000 kilómetros por hora y el contenido principal de la misma, un objeto de impacto, chocará contra el satélite, alterando su rumbo. Antes de ese momento la sonda se dividirá de tal manera que el instrumental de medición que lleva no impacte y sea capaz de registrar el momento del choque y las consecuencias. El peso del objeto de impacto no es grande, nulo frente al tamaño de la roca contra la que se va a pegar, pero la alta velocidad a la que viaja garantiza que genere algún efecto. Estiman los técnicos de la NASA que, si todo se desarrolla como se prevé, la órbita de Dimorphos aumentará ligeramente respecto a la que tiene ahora, quizás no más allá de un par de metros, pero que sí se generará un efecto. Esto puede parecer apenas nada, pero supondría que, por primera vez, hemos logrado alterar la trayectoria de otro cuerpo que vaga por el espacio. Suena a modestia el efecto logado, pero ya se sabe que es un error mitificar las primeras veces. Las dimensiones de los objetos buscados, pequeños, garantizan que una misión barata y compacta como esta puede servir de perfecto demostrador de lo que tendría que ser un proyecto de defensa planetaria de gran escala, cuyo objetivo final sería el de proteger a la Tierra de los objetos de gran tamaño que puedan golpearnos. Día a día el polvo estelar llega a nuestro mundo y no son pocas las toneladas que captamos, transformadas en románticas estrellas fugaces que se observan en el cielo. Existe un catálogo de objetos grandes, destructores de un tamaño superior a los cinco kilómetros de diámetro, que en caso de golpearnos serían capaces de mandar nuestra civilización, y probablemente especie, al cajón de la basura, pero hay objetos de dimensiones menores, algunos fichados, muchos no, que pueden generar efectos muy serios. Un pedrusco del tamaño de Dimorphos, de un centenar de metros, no sería destruido por el rozamiento atmosférico y, de impactar, podría vaporizar una gran ciudad y su entorno metropolitano. Sí, sí, tres cuartas partes del planeta son agua, y hay mucho terreno vacío, pero no es menos cierto que se trata de un peligro absoluto, y ante él debemos prepararnos. Y esta misión es el primer ejercicio realmente serio de ver cómo podríamos afrontar algo así.

Yendo a lo práctico, ¿Cómo podríamos defendernos de un objeto como Dimorphos si se nos echase encima? Si DART arroja resultados positivos, y logra que la trayectoria se altere, aun muy poco, en caso de detectar al objeto que nos amenace con bastante tiempo, podríamos hace algo parecido y generar un minúsculo desvío de su trayectoria que, con el tiempo necesario hasta alcanzarnos, fuera suficiente como para que pasase de largo. Con que no nos de basta, no es necesario destruirlo. Pero, véase el párrafo, necesitamos detección precisa y tiempo de anticipación, y eso requiere recursos y mucha atención. Ahora mismo este tema no es el prioritario y corremos el riesgo, ínfimo, sí, pero real, de que un Dimorphos se nos escape del rádar. Ante un destructor de kilómetros nuestras opciones, ahora mismo, son casi nulas.

viernes, noviembre 12, 2021

La UE frente a sus enemigos

Lo que hizo ayer el presidente bielorruso es un farol, una amenaza chulesca con poco contenido real, pero que dice mucho del personaje y de lo que estaría dispuesto a hacer si pudiera. Sus gritos diciendo que a lo mejor corta el gas a Europa si las sanciones económicas a su país aumentan son una bravata que no puede hacer realidad porque el gas que pasa por su país es ruso, no bielorruso, y solo Putin es capaz de decidir lo que va o no por esas tuberías. ¿Hablaba el dictador por boca de su amo o era un calentón? ¿Amenazaba a sabiendas de algo que quizás sí puede acabar sucediendo? ¿Cuánto daño es capaz de infringirnos Bielorrusia si se lo propone? ¿Y hasta dónde le acompañaría Rusia en esa intención?

Lo que está pasando en esa frontera del este vuelve a reavivar el debate eterno de la autonomía estratégica de la UE, que se suscita en cada crisis de este tipo y se vuelve a dormir aplastado por la velocidad de los hechos del día a día. Si recuerdan ya hablamos de esto en agosto, durante la huida de Afganistán, y algo se avanzó en los discursos políticos al respecto, pero estamos a finales de año, con una nueva crisis geopolítica, esta a las puertas de casa, y no hay realidades sobre inversión e intenciones comunitarias. La recuperación económica, que se está frenando, y el disparo de precios, especialmente los energéticos, copan el debate del día a día europeo, y las apelaciones a la creación de una fuerza de intervención común, aunque sea de tamaño reducido, vuelven a ser opacadas en medio de una sociedad que ni tienen una sensación de peligro, aunque esté rodeada por ellos, ni ganas de soltar el dinero que requiere algo así. Este año ha supuesto poner sobre la mesa, de la manera más cruda posible, la amarga realidad de que la UE está sola en el mundo geopolítico en lo que hace a defensa. El pacto Aukus firmado por anglosajonia nos ha dejado de lado, el escenario del Pacífico, en el que se dirime la rivalidad EEUU China nos queda muy lejos y la sensación de ser periferia crece en las cancillerías de un continente, el europeo, que es visto desde hace siglos desde Moscú como una península que se extiende más allá de sus dominios. Creo que fue Robert Kagan el que acuño la expresión de que Europa era un herbívoro en un mundo en el que los carnívoros acechan, y estos últimos años de desmoronamiento del orden internacional han dado carta libre a que algunos carnívoros locales no se corten demasiado a la hora de intimidar a lo que consideran sus presas. Vivimos buenos tiempos para las autocracias, los regímenes duros, de hombres fuertes. La entronización de Xi Jinping al frente de China es un paso más en la involución de ese régimen, no por esperado menos preocupante, y desde Beijing, huelga decirlo, no van a soplar vientos democráticos por el mundo, sino simples intereses económicos y escasos escrúpulos sobre lo que hagan los regímenes de terceros países con derechos y libertades siempre que sus actos sean beneficiosos para los negocios chinos. Rusia, un actor global en decadencia, aparenta ser más de lo que realmente es porque no se corta a la hora de recurrir a tácticas de violencia explícita o disimulada, combinando intervenciones militares duras con actos de desestabilización cibernético en medio mundo y, en general, apoyo financiero a terceros que puedan socavar la estabilidad de naciones vistas como rivales (los independentistas catalanes entre otros muchos también han recibido ayudas desde Moscú), la situación se tensa en el Magreb con Marruecos y Argelia escalando verbalmente en una zona en la que la inversión en armamento es creciente por parte de ambas naciones desde hace varios años, y podríamos seguir viendo un panorama global que no es que apunte a desestabilización general, pero sí a movimientos descoordinados, de cada uno por libre, sin que haya ningún tipo de liderazgo de seguridad que evite frenar conflictos locales de, potencialmente, peligrosa capacidad de expansión.

Y frente a todo esto estamos los europeos, que seguimos utilizando herramientas de presión eficaces pero blandas, como las sanciones económicas y la condena moral, que son efectivas en la medida de que son dictadas por un actor que cuenta con un respaldo duro por detrás. Ese papel, que hasta ahora ejercía de facto EEUU, se está diluyendo y eso debilita poco a poco nuestra posición. Más allá de invertir en defensa seria, lo que es un gran esfuerzo económico que se debe realizar durante un plazo largo de años, no está nada claro cómo hacernos valer frente a personajes como Lukashenko y, a corto plazo, su juego de bravatas sí supone un riesgo real para la integridad y futuro de la UE. Queramos verlo o no, así es.

Me cojo dos días de ocio y subo a Elorrio. El siguiente artículo será, si no pasa nada raro, el miércoles 17. Cuídense mucho

miércoles, agosto 05, 2020

Beirut, arrasado


El guionista de este año 2020 no descansa, afila constantemente su colmillo y busca cómo sobresaltar al común de los mortales. Sobre una trama general en la que el coronavirus lo domina todo, va soltando hilos de trama sueltos por naciones que aumentan la complejidad y la sensación de zozobra. Qué decir de nuestro país, en el que ahora mismo se cruzan todo tipo de crisis, de tan diversos apellidos como facetas tenga la vida, y conjuntamente no sumen en una situación que es casi más de perplejidad que de angustia. ¿Cómo afrontar todo esto? ¿Por dónde empezar? Estamos casi desbordados por frentes que, por sí solos, son enormes y trascendentales.

Y como en toda buena serie, hacen falta efectos especiales. Ayer se produjo una devastadora explosión en el puerto de Beirut, capital del Líbano, en la que quedó arrasada buena parte de la infraestructura de la ciudad, vital para sus comunicaciones, abastecimiento y desarrollo económico, pero es que la onda expansiva se adentró en la urbe kilómetros y kilómetros, sembrando la destrucción a su paso. Hay varios vídeos en interne en los que se observa como una gran columna de humo blanco se yergue sobre el puerto, fruto de una explosión desconocida, y se oye un constante chasquido que aparecen petardos de feria, como si ardiera un almacén pirotécnico. Y de repente, se produce una brutal expansión explosiva en forma de bola gaseosa que se extiende todo a su alrededor y se eleva al cielo formando un hongo que recuerda al de las explosiones atómicas, eso sí, sin que estemos ante una detonación de este tipo. Los vídeos, tomados desde distintas perspectivas, ofrecen una secuencia en la que la devastación se intuye enorme y la onda de choque fruto de la detonación acaba tirando al suelo a los que portan las cámaras, destrozando sus coches, ventanas, viviendas o el lugar en el que se encuentren. ¿Qué pasó ayer en Beirut? Todo parece apuntar a que estamos ante un accidente que, sumado a una negligencia, ha podido causar una de las mayores tragedias que haya vivido esa torturada ciudad. No se sabe lo que inició las primeras explosiones, pero sí parece que lo que detona con una fuerza sádica son unas 2.700 toneladas de nitrato de amonio, un fertilizante muy utilizado en la agricultura y que es conocido por su capacidad explosiva. De hecho, ha sido utilizado por varios grupos terroristas en algunos de sus ataques y se suele registrar quién lo compra, en qué cantidades y para que usos, dada su peligrosidad. Al parecer esas toneladas llevaban tiempo almacenadas en el puerto de manera irregular, o al menos hace bastante que debían haber salido de allí, y es probable que una serie de errores administrativos, dejadeces varias y la mala suerte hayan sido la combinación perfecta que haya originado la devastación que ayer sacudió a esa ciudad, dejándola en un estado lamentable. El balance de víctimas aún es confuso, y dado el grado de destrucción alcanzado y la extensión del mismo, se tardará en saber con precisión. Se habla de unos setenta muertos y tres mil heridos, pero viendo esas imágenes es fácil suponer que estas cifras se quedarán pequeñas. Y todo esto sucede en el Líbano, un país que atraviesa en los últimos años una gran crisis económica y política, con revueltas frecuentes, caídas de gobiernos y sensación de descontrol elevada. Ya el coronavirus y los confinamientos asociados han agudizado el malestar social y el derrumbe económico en el que vive la población, y evidentemente una tragedia como la sucedida ayer no ayuda en nada a recomponer todos los problemas antes descritos, sino más bien a agudizarlos. Imagino que con el puerto arrasado será difícil abastecer a la ciudad de materias primas básicas, incluso de alimentos, y es probable que los habitantes de la capital se conviertan, desde hoy, en dependientes de una ayuda internacional que trate de paliar, en la medida de lo posible, los enormes daños que han sufrido.

Miércoles, 5 de agosto. Tras cinco meses inimaginables, hoy subo a Elorrio a pasar dos semanas largas de vacaciones, aunque no tengo claro el sentido del término vacaciones en medio de lo que estamos viviendo. Es la primera vez que subo desde que la pesadilla empezó a desatarse de verdad, y no lo he hecho en ocasión anterior tras el levantamiento del estado de emergencia. Reencontraré a familia y amigos en una situación extraña, con mascarillas, con distancia, con la sensación de que algo nos ha pasado por encima durante estos meses y el miedo de que nos vuelva a suceder algo parecido. El futuro se mide ahora en días, en brotes de infectados, poco más. Si todo va normal, y ya nada lo es, debiera volver a escribirles el miércoles 26 de agosto desde Madrid. En este caso, el deseo de que se cuiden es mucho más que una frase retórica, es la expresión de una necesidad compartida, de algo que más nos vale que hagamos.

miércoles, diciembre 04, 2019

La OTAN en punto (casi) muerto


Celebra hoy la OTAN en Londres una cumbre en la que conmemora su setenta cumpleaños. Sería fácil tirar del tópico y hablar de los achaques de la edad de una organización ya veterana, asociando sus problemas actuales con el tiempo que lleva en marcha, pero lo cierto es que la salud de la organización de seguridad y defensa occidental es bastante peor que la de la media de los setentones con los que nos cruzamos cada día en nuestro camino y sus problemas tienen tanto de existencial como de operativo. Es poco probable que la organización pueda sobrevivir mucho más de mantenerse en la situación actual. Algo debe cambiar.

El primer problema, el existencial, surgió cuando cayó el muro. Cuando te asocias para defenderte de un gran enemigo y te quedas sin enemigo gran parte de la asociación pierde sentido. La OTAN empezó a convertirse en una especie de ONG militar, en la que la N de No sobraba por todas partes. Los atentados de 2001 le pusieron de frente a la amenaza yihadista, y se enfrentó a la llamada “guerra contra el terror” tanto en frentes militares como en Afganistán, donde tenía sentido su forma de actuar, como a frentes internos de seguridad e inteligencia, donde el pacto atlántico bien poco podía hacer por definición. Los conflictos de seguridad, cada vez más asimétricos y digitales, la han descolocado por completo y la sibilina presión rusa que aprieta en el este de Europa hace que las naciones amenazadas por Putin vean en la OTAN a un salvavidas que apenas es capaz de coordinarse de manera efectiva para realizar maniobras militares. El otro gran problema del tratado es el de la seguridad europea, que está en el origen de su creación. Al firmarlo, los países europeos, deshechos tras la II Guerra Mundial y con la URSS en las puertas firmaron un pacto mediante el que subcontrataban la seguridad a los EEUU, a cambio de ceder soberanía sobre el terreno. Las naciones europeas occidentales se libraron de los gastos militares y pudieron dedicar esos recursos a reconstrucción física, inversión y gasto social, porque eran los americanos los que gastaban el dinero. A cambio, las directrices de la seguridad del continente se fijaban en Washington y Europa cedía espacios, recursos y lo que fuera menester para que las tropas norteamericanas se sintieran como en casa. Este pacto tiene un cierto componente mefistofélico, porque al final, con el paso de los años, las naciones europeas han ido asimilando como natural el no tener ejércitos propios dignos de tal nombre ni sistemas de defensa que les permitan defenderse de manera autónoma. Están en manos de EEUU en todos los sentidos, y hasta ahora la voluntad emanada desde la Casa Blanca mantenía el pacto sin estridencias, pero se acabó el “hasta ahora”. La llegada de Trump ha puesto esta situación fuera de control. Para el magnate la política internacional no son intereses ni ideologías, sino cuentas de pérdidas y ganancias. Meto dinero en la defensa europea y qué saco a cambio, se pregunta el mandatario de color zanahoria, y sus asesores le dicen que las cuentas no salen bien. Desde su llegada al poder Trump, en este tema, ha tenido una postura muy clara, tanto de desprecio de la propia idea de pacto atlántico como de presión para que las naciones europeas paguen más, mucho más, por su seguridad. Está de acuerdo en seguir como subcontrata pero quiere renegociar los términos económicos del contrato y subir, mucho, los costes del mismo. Ante este movimiento la respuesta europea es diversa y desorganizada. Un grupo de países, encabezados por Francia, quieren lanzarse hacia la construcción de una fuerza de defensa de la UE digna de tal nombre, para garantizarse la independencia del amigo americano, que ya no es tan amigo. Los países del este, amenazados por Rusia, saben que sólo los norteamericanos tienen un ejército de verdad que puede meter miedo a Putin, y no quieren oír nada que no sea seguir el dictado de Washington, y en medio están otros muchos países que ni fu ni fa, parecen carecer de postura propia y, sobre todo, ni capacidad ni deseo de gasto para embarcarse en aventuras

El cruce de reproches que se están lanzando en estas horas Trump y Macron, aderezados con amenazas de aranceles mutuos por impuestos y otras cuestiones económicas es el síntoma de esta creciente división entre las dos orillas del Atlántico, que muestra, en un nuevo contexto, el repliegue del mundo occidental en medio del creciente e imparable auge asiático. Si se consuma el Brexit Reino Unido puede acabar siendo un satélite de EEUU, sometido a sus normas comerciales, y el continente y anglosajonia pueden acabar dándose la espalda, lo que sería nefasto para ambas visiones de una misma realidad política, basada en la democracia liberal y el capitalismo de mercado. Que Macron haya dicho que la OTAN se encuentra en estado de muerte cerebral pueden ser una típica boutade gabacha, pero no está demasiado lejos de la realidad.