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jueves, noviembre 28, 2024

Israel termina la guerra del Líbano

El martes, a media noche, comenzó la tregua pactada entre Israel y Hezbollah, que permite la conclusión de la guerra del Líbano, que Israel comenzó de manera abierta hace pocos meses. Unos intensos bombardeos sobre el sur de Beirut fueron los últimos actos de esta campaña militar que ha costado la vida a algo más de tres mil libaneses, según fuentes de ese propio país, y que ha reducido a escombros parte de los suburbios de Beirut y otras localidades de la zona sur, cercanas a la frontera con Israel. Desde ayer eran incesantes las caravanas de vehículos que llegaban a Beirut y otras poblaciones, miles de personas que huyeron en cuanto empezó la guerra y que retornan a sus hogares, convertidos en muchas ocasiones en ruinas.

El balance de la guerra para Israel es mucho mejor de lo que nadie hubiera imaginado. Recordemos que el golpe contra Hezbollah empezó con aquella asombrosa operación en la que los buscas y walkies de miles de los altos cargos de la organización estallaban sin previo aviso, siendo portados por sus poseedores, que resultaban heridos de mayor o menor consideración, pero que, en todo caso, se quedaban con el miedo en el cuerpo al comprobar hasta qué punto la inteligencia israelí estaba infiltrada en sus estructuras. Tras ese audaz golpe vinieron algunos ataques puntuales y, después, el inicio de la guerra en sí, con una acción impactante, como fue la destrucción del búnker en el que se ocultaba el jefe de la milicia pro iraní, el jeque Nasrallah, mediante el empleo de unos misiles que provocaron unas explosiones devastadoras en un Beirut que empezaba a sentir en sus carnes lo que se le venía encima. Descabezada, nerviosa y sin capacidad de comunicación, Hezbollah ha sido masacrada de manera sistemática por parte de las IDF, que han actuado a placer, con una muy escasa resistencia, destruyendo objetivos marcados y, si me apuran, barrios completos en los que se sospechaba se escondían milicianos de la organización y silos de misiles y otro tipo de armamentos. La respuesta militar de la organización ha sido realmente escasa, como si, la verdad, hubiera quedado noqueada. Se han lanzado algunas salvas de misiles sobre el norte de Israel, pero que no han causado apenas víctimas y unos daños materiales menores. Queda la sensación de que el enorme poderío de la milicia ha sido muy dañado, convirtiéndola en algo no irrelevante, pero sí desde luego muy lejos de lo que ella misma vendía en cuanto a capacidades de ataque. Una vez arrancada la tregua, y que la vida vaya volviendo poco a poco al castigado Líbano, estará por ver que las redes sociales que han permitido a Hezbollah ser el principal músculo de poder en el país se mantengan como tales, que el flujo de dinero y recursos que Irán le destinaba pueda seguir fluyendo como antaño y si, en definitiva, el país se mantendrá como una especie de protectorado controlado desde Teherán por su milicia. Es evidente que esta guerra, como todas, sembrará odios y venganzas, y no serán pocos los que quieran una revancha para hacer que Israel sufra algo por los crímenes cometidos en su ofensiva, pero la verdad es que, tras el apabullante poder militar y de inteligencia mostrado por las IDF, más de uno, en Líbano y Teherán, se lo va a pensar mucho antes de emprender cualquier tipo de respuesta ofensiva contra Israel. El gobierno de Netanyahu ha demostrado que no tiene cortapisa alguna a la hora de actuar y que cuenta con unos efectivos humanos y materiales que están a muy amplia distancia respecto a sus enemigos, por lo que es probable que, al menos, el frente libanés esté apaciguado durante un tiempo, el que se tarde en reconstruir gran parte de los enormes daños sufridos en el país y se reorganicen las estructuras sociales de un Líbano que, ya antes de la guerra, era un estado fallido, quebrado y semi deshecho.

La guerra en el norte ha terminado, pero no en el sur. Las ofensivas en lo que ya es la escombrera de Gaza se mantienen, con un Hamas totalmente aislado, abandonado por su patrocinador chií y el resto de lo que fueran sus socios colaboradores, una población palestina sometida a unas condiciones de vida insoportables y en torno a un centenar de rehenes israelitas que, se supone, se mantienen entre los restos de la franja en manos de sus captores. No está claro cuántos de ellos siguen vivos, temiéndose que no sean demasiados. Sus familias siguen reclamando al gobierno de Netanyahu su liberación y acusan al gabinete y al primer ministro de no haber sido esa prioridad, la de los rehenes, la que ha guiado sus actos, sino todo lo que fuera en beneficio del propio Bibi que, por ahora, sale fortalecido por las guerras y se encuentra en búsqueda por decreto de la Corte Penal Internacional. Poco le importa.

martes, octubre 01, 2024

Israel inicia la invasión del Líbano

Anoche, como sospechaban muchos que acabaría sucediendo, Israel comenzó en serio sus operaciones terrestres al otro lado de su frontera norte, introduciendo tropas y material en el Líbano y comenzando así una incursión de duración e intensidad desconocidas. Las fuentes hebreas hablan de unas operaciones quirúrgicas, destinadas a acabar con la infraestructura de Hezbollah, cuyo alcance sería limitado en el tiempo y espacio, pero ya se sabe que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Subido al éxito de las últimas tácticas contra la milicia, la tentación israelí para entrar sin contemplaciones y hasta donde desee son muy elevadas.

Es de suponer que ahora sí se producirán enfrentamientos entre las tropas israelíes y las milicias chiíes, que tienen la ventaja de conocer el territorio, su armamento y número. Frente a ello, la moral de ese contingente debe estar por los suelos tras los golpes recibidos y no queda naca claro que haya una cadena de mando efectiva que logre reorganizar y volver a hacer operativos los efectivos que ahora deben estar medio descabezados. Así mismo, la paranoia a la infiltración israelí debe de estar en su grado más alto, y a la primera sospecha es de suponer que se celebren juicios sumarios y ejecuciones por parte de unas fuerzas adoctrinadas en el fanatismo. Para los soldados israelíes esto no es Gaza, territorio en el que sólo los escrúpulos morales actuaban de freno ante las operaciones militares, y ya se ha visto lo que han servido para amortiguarlas. Aquí se enfrentan a algo que conocen desde la última incursión de 2006, y que saben puede ser mucho más peligroso. Parten con una enorme ventaja, eso es obvio, tras lo sucedido estas semanas, pero en el desarrollo de los combates puede suceder cualquier cosa, y es sabido que para Israel el valor de las vidas de sus soldados es muy superior al de la de los oponentes para los propios, por lo que un resultado muy asimétrico de bajas puede suponer una especie de empate de dolor entre ambas sociedades. Para la población libanesa, su pesadilla no acaba. Lo que antaño fue un país con un relativo grado de prosperidad, laico y abierto, lleva tiempo siendo una nación desmadejada, sumida en cruentos enfrentamientos internos entre las distintas facciones sociales y religiosas que la componen. Su estado está prácticamente descompuesto, la economía hecha un desastre y muchas de las infraestructuras de la capital, Beirut, aún dañadas por la enorme explosión accidental que se produjo en el puerto hace unos años y que lo arrasó por completo. Lo más parecido a un estado en ese país es la propia milicia de Hezbollah, que actúa como tal para la población chií, una de las más numerosas del país, y que somete al resto a una especie de dictadura caracterizada por el rigorismo religioso y el sometimiento a los dictados de Irán. Durante los últimos años, con la creciente descomposición del estado libanés, el poder ha ido basculando hacia los chiíes y por ello no es de extrañar que los libaneses que no pertenecen a esa creencia hayan visto con buenos ojos la muerte de Nasrallah, el auténtico hombre fuerte del país, y el destrozo que Israel ha generado en la estructura militar que el clérigo comandaba. Esta guerra que ahora empieza puede suponer la ruptura total del estatus actual del Líbano si Hezbollah pierde y es destruida, y la llegada al poder de esa nación de otras fuerzas que la controlen, pero eso es ir muy acelerado en el desarrollo de una historia que acaba de empezar. Pero es verdad que, como parteaguas de la historia, como aceleradores y alteradores de lo existente, nada hay como las guerras, y sus efectos resuenan a lo largo del tiempo. Líbano se enfrenta ahora a otra, que le causará daños, muerte y destrucción. Eso es lo único seguro de lo que va a suceder.

En medio de este lío sigue la fuerza de interposición de la ONU, en la misión FINUL, creada tras la guerra de 2006, con un buen contingente de militares, entre los que se encuentran seiscientos españoles, que llevan ya varios días encerrados en sus bases y, sospecho, desde anoche en sus búnkeres. Con el inicio de la invasión la misión ONU deja de tener sentido y creo que ya es hora de plantearse la evacuación de los que allí se encuentran, para sacarlos de un avispero en el que pueden ser objeto de fuego cruzado por parte de los contendientes y salir muy mal parados. Las declaraciones tranquilizadoras del gobierno de poco sirven frente a la escala de los acontecimientos. Espero que les rescaten ya, a todos.

viernes, septiembre 20, 2024

¿Empieza la guerra del Líbano?

Las esperadas declaraciones de ayer del líder de Hezbollah, en las que no estallaron ni las cámaras ni los micrófonos, parecen preludiar el inicio de la guerra abierta y extensa entre Israel y la milicia chií, con el Líbano como campo de enfrentamiento. El intercambio de cohetes y bombardeos durante esta noche ha sido intenso y habrá que ver a lo largo de los próximos días si se producen ofensivas terrestres o de algún otro tipo que permitan decir que este 20 de septiembre, a apenas dos semanas del aniversario de los ataques del 7 de octubre, marca el inicio de una segunda guerra regional y la apertura del frente norte.

Hezbollah no es Hamas, ni mucho menos. A pesar de la violencia atroz exhibida por los yihadistas palestinos, la capacidad de ataque de esa fuerza era bastante escasa frente al potencial del ejército israelí. Su principal poder residía en el control del exiguo territorio de Gaza y, sobre todo, de su subsuelo, en el que una red de túneles le permitía moverse, transportar tanto munición como abastecimiento, y la posibilidad de golpear con fuerza y esconderse rápidamente. La mayor parte de ese potencial ha sido arrasado por la invasión israelí de la franja, convertida en la práctica en una escombrera. Milicianos de Hamas y palestinos inocentes han muerto a miles, y lo que queda de ese territorio es un lugar difícilmente habitable y convertido en un extenso campo de refugiados. Hamas como organización está muy debilitada, pero no derrotada como idea, y esa será la esperanza a la que se agarren los yihadistas que quedan y el régimen iraní que los patrocina. En el norte las cosas son distinta. Hezbollah es una milicia armada, un ejército informal de miles de miembros que, en la práctica, supone el poder fáctico que controla un estado, el libanés, sometido a grandes tensiones étnicas y religiosas, y en las que muchos de los grupos se han ido convirtiendo en minorías a medida que la preponderancia de Hezbollah ha ido conquistándolo todo. Posee muchos hombres bien entrenados y pertrechados, y el país libanés en su conjunto como lugar de esparcimiento y retaguardia. Su armamento incluye misiles modernos, vehículos y todo tipo de material militar no precisamente obsoleto, que le da un potencial enorme. En caso de guerra abierta la capacidad de las IDF es superior, pero frente al paseo con bulldozers que ha supuesto la mayor parte de la invasión de Gaza, los propios militares israelíes saben que una ofensiva en el Líbano es otra cosa, y que ahí sí se arriesgan a sufrir bajas propias de manera significativa. Creo que son apenas unos cientos los soldados israelíes que han muerto en las operaciones en Gaza, frente al balance de cerca de cuarenta mil palestinos muertos, lo que permite hacer una simple proporción de lo, valga la redundancia, desproporcionado que ha sido la operación. En el norte las fuerzas israelíes se enfrentan a una situación más peligrosa, de mucho mayor desgaste, en la que su superioridad les otorga una evidente ventaja, sí, pero que no sería un paseo en ningún caso. Además, ahora mismo Siria también sirve como base de retaguardia para las milicias de Hezbollah, y por ello Israel no ha dudado en atacar algunas instalaciones en ese país que pudieran servir a los milicianos chiís en su labor de acopio y entrenamiento, pero no es menos cierto que la extensión del territorio desde el que operan esas fuerzas es mucho mayor que la que las IDF son capaces de controlar por sus propios medios, empezando por la disponibilidad de tropas en un país de la población de Israel, por lo que la estrategia de batalla que esté manejando el alto mando hebreo puede pasar más por una secuencia de golpes duros y significativos, que noqueen al adversario, antes que por una invasión terrestre del territorio libanés y adyacentes. La operación asombrosa de los buscas y walkies explosivos es una manera de “ablandar” el terreno antes de un ataque duro, contando con la ventaja del shock y paranoia en la que habitan ahora mismo las fuerzas de la milicia iraní.

Por esa zona de combate anda una fuerza de interposición de la ONU, que se encuentra allí desde el final de la anterior guerra entre ambos contendientes, en la que la presencia de soldados españoles es abundante. Si las hostilidades se desatan habría que intentar salvar a todo ese contingente y evacuar sus bases de la manera más rápida posible, porque se encontrarían en un grave peligro en medio de un fuego cruzado sin demasiadas contemplaciones. A lo largo de estos años ha habido incidentes crecientes entre esa fuerza de interposición y las posiciones de Hezbollah, y me da que, desde hace un tiempo, la autoprotección es prioritaria para ese contingente. Confiemos en que no haya que lamentar desgracia alguna.

jueves, septiembre 19, 2024

Primero buscas, luego walkies, después…

Aún no recuperados del impacto que ha supuesto el ingenioso ataque israelí a Hezbollah del pasado martes, ayer miércoles por la tarde, casi un día después de la oleada de explosiones de los buscas, se produjo otra secuencia constante de estallidos, esta vez en dispositivos walkie talkie, intercomunicadores personales de tecnología antigua, pero eficaz. Como su uso es menos extendido que el de los buscas menos han sido los afectados, que se miden en unos cuatro centenares, pero como son dispositivos más grandes, y permiten alojar mayor carga, los daños son mayores, con cerca de una veintena de muertos y heridas mucho más graves y extensas.

Ahora mismo la milicia chií está en un estado de paranoia absoluto. No sabe qué es lo próximo que puede estallar en la proximidad de sus militantes (microondas, televisores, despertadores….) y la comunicación entre sus miembros es inexistente. Miles de ellos están heridos de mayor o menor consideración, con amputaciones en manos y rostros deshechos en muchos casos, lo que les incapacita totalmente para ejercer su labro militar. El golpe es de una intensidad y extensión profunda, y esa paranoia que citaba al principio está en todos sus miembros y dirigentes, no sólo entre los directamente golpeados. La operatividad a muy corto plazo del grupo es casi nula. No está desarticulado ni derrotado, ni mucho menos, pero como un mal boxeador de película, camina medio grogui por un ring sin saber dónde se encuentra tras recibir un directo de su oponente. Tiempo habrá para saber los detalles de cómo se ha llevado a cabo esta operación, que pasará a los anales de la estrategia y el contraespionaje, y que a buen seguro inspirará películas y libros, porque es alucinante, pero los siguientes pasos en la región se van a producir mucho antes de que sepamos cómo se las ha arreglado la inteligencia israelí para lograrlo. Ahora mismo el gobierno de Tel Aviv tiene dos opciones sobre la mesa. O lanzar una ofensiva a gran escala sobre el sur del Líbano, y desarbolar a la milicia en la zona, o recuperar el terreno abandonado tras los primeros ataques de Hezbollah y volver a las fronteras anteriores. Y todo con el mensaje claramente lanzado a la milicia del daño que son capaces de hacerle si se lo proponen, con el miedo en el cuerpo inoculado en forma de explosivo plástico camuflado en miles y miles de sus combatientes. En este momento la posición de Israel es de fuerza y la de Hezbollah de derrota. ¿Qué va a pasar? Una de las opciones es que Hezbollah admita que ha sufrido el daño que todos hemos visto y, sin reconocerlo, ofrezca una tregua a Israel y la guerra abierta no se de, y durante un tiempo largo se dedique a recomponerse, a curar a los suyos ya a descubrir cómo les han engañado de una manera tan profunda. Otra opción es la de la ira, la de la rabia, que ante lo que ha pasado Hezbollah decida por eso de “de perdidos al río” y lance una ofensiva de venganza en busca de piezas de caza que le sirvan para volver a ser reconocido entre los suyos, y eso abriría las puertas a una nueva guerra de alta intensidad en la zona, con un Líbano convertido en campo de batalla y unas tropas internacionales apostadas en la región, con un elevado contingente español entre ellas, sometidas a un fuego cruzado en el que tienen todas las de perder. Doy por sentado que el gobierno de Netanyahu tiene pensados planes de contingencia para estos y otros escenarios que uno puede imaginar, y sospecho que ahora mismo Hezbollah no es capaz ni de organizarse para emitir una respuesta coordinada. Si no me equivoco hoy su líder, Hassan Nasrallah, va a dar un discurso a los suyos, no descarten que con un megáfono recién comprado por miedo a que en un micrófono se esconda otra carga explosiva, en el que es probable que hable con ira, deseos de venganza y toda la retórica islamista habitual, pero hay serias dudas sobre qué tipo de iniciativa puede ordenar a los suyos, muchos de los cuales no podrán verle ni oírle, empezando por los que se han quedado ciegos. Que se sepa, él no ha sido afectado por esta oleada, y eso también puede que sea un mensaje que Israel le ha lanzado. Esta vez te has salvado, porque así lo hemos querido, puede que la siguiente no.

Desde que comenzó la guerra en Gaza, tras los crueles atentados de Hamas del 7 de octubre, hace ya casi un año, en la zona se han roto todos los débiles equilibrios que permitían sostener acuerdos, conversaciones y, en general, un escenario de previsión. El caos y la violencia lo dominan todo. Y he mantenido el miedo soterrado a que alguna inteligencia islamista esté planeando una venganza sonada, allí y en occidente, ante lo que está sucediendo. Por ahora ese factor sorpresa lo ha ejecutado Israel de una manera prácticamente inimaginable. Se me antoja muy difícil saber lo que sucederá a partir de, pongamos, hoy mismo.