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jueves, marzo 19, 2026

Escalada energética

Ayer se produjo una serie de ataques cruzados que tuvieron como objetivo grandes y cruciales infraestructuras energéticas en la zona del Golfo Pérsico. Israel atacó las instalaciones iraníes de South Pars, que explotan el mayor yacimiento de gas natural del mundo, una bolsa que se encuentra bajo la parte interior del golfo pérsico, situado de manera perpendicular a la forma alargada que adopta el mar en esa zona. Ese yacimiento también es explotado por Qatar, país riquísimo precisamente gracias a él: Qatar no tiene petróleo, pero sí gas. Produce más o menos el 20% del Gas Natural Licuado del mundo, y lo hace desde el complejo de Ras Laffan.

Esas instalaciones, uno de los lugares más importantes del mundo en lo que hace a energía e industria, fueron atacadas por Irán como represalia ante el ataque a South Pars. No consta que haya habido víctimas, según las informaciones difundidas por el gobierno qatarí, pero sí daños materiales cuantiosos, imposibles de precisas, pero que afectan la estabilidad del complejo y a su operativa lo suficiente como para dejarlo en barbecho. Todo el mundo está mirando el petróleo, con razón, pero el gas es otra enorme fuente de energía, cuyo papel no ha hecho sino creer con el paso de los años, y que tiene unos usos mucho más extensos que el del transporte o la calefacción. El gas natural se usa mucho en procesos químicos básicos como el de la producción de nitratos, cuyo principal uso es el de los fertilizantes agrarios. Comemos todos, principalmente, a la industria global de fertilizantes, que permite que las cosechas alcancen las dimensiones que nos permiten subsistir. Si esa industria sufre las cosechas lo harán, y el precio de los alimentos puede experimentar subidas muy considerables a corto y medio plazo. El gas también se usa en otros procesos que acaban generando helio, gas noble que, además de para llenar globos de feria que tanto gustan a pequeños y mayores, se utiliza en procesos de fabricación de fibra óptica, chips y otros componentes tecnológicos avanzados…. Uno puede pensar que las cosas salen de las estanterías de los supermercados o centros comerciales como por arte de magia, pero no, cada objeto esconde una cadena de producción que tiene indeterminados eslabones, muchos de ellos cruzados, que se extiende en el espacio y el tiempo, y que logra que un paquete de macarrones o un disco duro externo con USB esté a nuestra disposición a un precio razonable. Y en el fondo de todos los productos se encuentra la energía y los procesos industriales básicos capaces de producir elementos imprescindibles para que todos los bienes, todos, se acaben elaborando. Los ataques cruzados de ayer no se dieron sobre arenales sin poder estratégico o pabellones de almacenamiento de enseres, no, se produjeron sobre algo parecido al corazón de la industria global, uno de los puntos en los que se inician procesos capaces de alcanzar dimensiones planetarias. No se izo un rasguño a un fragmento de piel del brazo, no, se produjo un trombo en una de las principales arterias de la economía, logística e industria global, con unos daños que tardarán mucho tiempo en ser reparados, a un coste muy elevado, y que a cortísimo plazo suponen la interrupción de suministro y el destrozo de las cadenas logísticas para muchos sectores, además de un obvio disparo de los precios en todas partes. Lo de ayer fue el típico cruce de actos estúpidos que se produce cuando la ira de los contendientes le da por destrozar cosas de comer, y eso acaba con los que se pelean mucho más pobres. Y de rebote todo el mundo. Ayer se destruyeron cosas de una importancia que no somos capaces de calibrar. 

Trump se mostró enojado por el ataque israelí a South Pars, más que por las consecuencias o porque Qatar sea un aliado suyo porque, quizás, ya le habían dicho cuánto iba a robar haciéndose con las instalaciones y ahora están medio inutilizadas, porque al ególatra supremo la estabilidad logística y productiva global le da igual, por decirlo de manera suave. En todo caso, lo de ayer también va a suponer un abrupto encarecimiento de la vida del consumidor norteamericano (ni le cuento la nuestra) y eso puede que sí le importe más otras cosas. A punto de llegar a la tercera semana de guerra la situación se descontrola, en lo económico y militar, y los costes de este desastre no hacen sino crecer sin límite conocido.

viernes, abril 04, 2025

Derrumbe global en las bolsas

Por gentileza de Donald Trump y de sus medidas psicóticas, ayer se vivió un día desastroso en los mercados financieros de todo el mundo. Las pérdidas viajaron de este a oeste, con la apertura de las bolsas asiáticas y se fueron extendiendo con el avance del Sol en los mercados europeos, con el Ibex como el índice que menos sufrió, con caídas de algo más del 1% frente a la media del 3% de sus hermanos de continente. La apertura de Wall Street fue sangrante y, poco a poco, empeoró, alcanzando al cierre caídas del 6% en el Nasdaq y del 4% en el SP. Ayer fue el peor día de la bolsa norteamericana desde los tiempos del Covid, para que se hagan una idea.

Ayer, probablemente, se rompieron cosas en el mercado, porque caídas de estas dimensiones generan consecuencias más allá de las pérdidas nominales de los activos. La sensación que se genera tras un día de estos puede ser de miedo puro, aunque muchas veces se diluye con el tiempo. En otras ocasiones se traduce en el deterioro de la economía real. ¿En qué escenario estamos? La probabilidad de lo segundo crece a medida que el mundo se enfrenta a la irracionalidad de la administración Trump y a sus decisiones psicóticas, basadas en venganzas, creencias y tonterías. Los aranceles propuestos, que entran mañana en vigor, van a dañar notablemente al comercio global, y las empresas más golpeadas serán las más internacionalizadas, muchas de ellas norteamericanas, que mantienen complejas redes de suministro y fabricación en el mundo. Nike, la de las zapatillas, se dejó ayer más de un 10% en el mercado. La afectación de los aranceles para ella es la misma que para el resto, pero es el típico caso en el que una medida de estas genera efectos expansivos. Nike diseña y comercializa sus zapatillas en EEUU, pero las fabrica en su práctica totalidad fuera, lo que le permite mantener unos costes competitivos y unos precios ajustados para el consumidor norteamericano. Una medida como la anunciada el martes supondrá, para ella, incrementos de costes no menores al 30%, dado que es en Asia donde produce principalmente. La alternativa para evitar los aranceles es fabricar en EEUU, como dicen los iluminados trumpistas, pero eso implicaría unos costes de inversión enormes, las fábricas no nacen del suelo tras la lluvia como si fueran hierba, y contratar trabajadores nacionales con sus sueldos, por lo que sus costes subirían muchísimo más del 30% que suponen los aranceles. Unas Nike producidas en EEUU con costes norteamericanos serían imposibles de vender en el mercado local norteamericano, porque la inmensa mayoría de la población no podría pagar los precios a los que tendrían que venderse para ser rentables. Pongan el sector que pongan, la situación es similar. Lo que Trump anunció el martes es la mayor subida de impuestos puesta en marcha en aquel país en los tiempos modernos, subida que se traduce en incremento de costes generalizados, ineficiencias, rupturas de cadenas, intentos subterráneos de elusión que generan corruptelas, alteraciones en las expectativas de los consumidores y empresas, incertidumbres, miedos y unas cuantas consecuencias más que son nefastas. El deseo que tiene el equipo de Trump de que la producción vuelva a su país y que sean autosuficientes en todo se define con una palabra, autarquía, de la que en España tenemos un recuerdo histórico, porque fue la principal guía económica durante los primeros tiempos de la dictadura franquista (por eso seguro que los de Vox la apoya). Evidentemente fracasó, porque es una idea irrealizable, y sólo sirvió para empeorar aún más el estado de la economía española, ya hecho polvo. Es una aspiración imposible. También lo intentó la URSS, y le fue igualmente mal.

Va a ser muy difícil revertir las políticas de Trump, su ceguera parece total, y curiosamente sólo unos días en los mercados como los de ayer podrían ser capaces de lograrlo. Las pérdidas que sufrieron los magnates de la tecnología en el día de ayer se pueden medir en miles y miles de millones. Ellos serían los únicos capaces de forzar la mano del desquiciado presidente. Si no es así, va a ser cada vez más difícil evitar que EEUU se encamine a una recesión y, tras él, nosotros y gran parte del mundo. El poner al volante a un pirado tiene consecuencias, y estamos a punto de sufrir un accidente económico grave, provocado, no por una causa ajena, sino directamente debido a la inmensa estupidez de la actual administración de EEUU.

viernes, enero 31, 2025

La economía europea, en mal estado

A lo largo de esta semana se han ido conociendo las cifras adelantadas de crecimiento del PIB de las economías europeas durante el último trimestre de 2024. La UE en su conjunto ha registrado un avance del 0%, nada de nada. Estancamiento. Es un dato gris y que muestra un escenario preocupante. Si entramos en cada uno de los países la cosa es distinta, como suele ser habitual, con España como la economía, entre las grandes, que más crece, con una subida del 0,8% bastante más de lo previsto, mostrando un reimpulso en el final del año después de un otoño que evidenció síntomas de fatiga. Es un valor enorme, dopado por el incremento de población y por el gasto público, pero que refleja un avance indudable.

Vamos al meollo, al núcleo de la UE, Francia y Alemania. Ahí las cosas están feas. En Francia se ha registrado un descenso en este último cuatrimestre del 0,1%, dato peor del esperado, y que contrasta con el avance del 0,4% en el tercero. Ese trimestre tuvo como hecho significativo el de los Juegos Olímpicos, lo que es probable que supusiera una inyección adicional de gasto y actividad para el país, a pesar de la deslucida ceremonia de inauguración. Ya por entonces la situación política era tremenda, tras el adelanto de las legislativas, que causó la caída del primer ministro Atalle y la configuración de un parlamento hostil a Macron. Desde entonces la política francesa va dando tumbos, quemando candidatos e introduciendo en el país un factor de inestabilidad que no ayuda para nada a la hora de llevar a cabo medidas de reforma y estímulo económico. Esa parálisis, sin duda, se refleja en el ánimo de parte del país y, con un entorno externo no favorable, las cifras de PIB no van a mostrar demasiada alegría. En fin, que tenemos a Francia bloqueada. Si miramos a Alemania, el país fundamental, la situación es aún peor. La cifra del cuatro trimestre es negativa, y llega al 0,2%, peor aún que la francesa. A lo largo de 2024 sus cifras de PIB han sido decepcionantes, siendo negativos todos los registros trimestrales de este año; -0,1%, -0,2%, -0,3% y el -0,2% de ahora. Alemania ha vivido en recesión técnica a lo largo de casi todo el año pasado, lo que es muy llamativo. Es uno de los países avanzados que presenta peores cifras económicas y está atravesando ya una auténtica crisis de modelo. Su economía, enfocada a la productividad industrial y las exportaciones globales se ha visto golpeada por tres grandes shocks; el incremento de precios energéticos derivado de la guerra de Ucrania (agudizado por los propios errores, como la renuncia a las nucleares) la competencia de otras naciones, especialmente China, en productos de tecnología avanzada frente a los que la industria local no ha sabido o querido posicionarse (caso del coche eléctrico) y las crecientes amenazas de aranceles comerciales, disparadas tras la llegada de Trump al poder, que se pueden traducir en un incremento de las barreras y un gran daño a países exportadores de productos, como es el caso de los germanos. En medio de este panorama, la tradicional estabilidad política del país se está haciendo pedazos. La ruptura del gobierno de coalición entre socialdemócratas, liberales y verdes ha provocado el adelanto electoral, que tendrá lugar dentro de tres semanas, y las encuestas señalan la vuelta de los conservadores de la CDU a la victoria, y probablemente al gobierno, pero un notable ascenso de la ultraderecha de AfD, que puede ser lo suficientemente grande como para condicionar coaliciones, políticas y decisiones. De la dimensión de la derrota socialdemócrata se verá si es posible, en caso de necesidad, reeditar una coalición transversal o no. Evidentemente, en este estado de cosas, es bastante difícil conseguir un gobierno estable y mucho más improbable que sea capaz de llevar a cabo políticas de reforma, que la economía del país necesita. La crisis alemana es más profunda y complicada de lo que parece, y el resultado de las elecciones del 23 de febrero será la primera prueba que nos permita saber si va a haber opciones de cambio y de qué dimensión.

Con este panorama en el centro decisor de la UE, es poco probable, siendo generosos, que el bloque europeo en su conjunto sea capaz de tomar medidas que espoleen la actividad y redunden en mejoras competitivas. La Comisión tiene las competencias que tiene, ni más ni menos, y sus decisiones deben estar avaladas por los estados miembros, dos de ellos como vemos en estado comatoso. Una visión realista desde Bruselas, que se preocupara por la simplificación, el centrarse en la competitividad conjunta y en la unión de acción ante los retos exteriores sería, al menos, lo necesario para que desde ahí se ayudase al conjunto. Pero las reformas ambiciosas que se invocaban en el informe Draghi, no, para eso no parece haber bases ahora mismo.

miércoles, diciembre 04, 2024

El caos avanza en Francia

Si todo sucede como está previsto, y nada indica que no vaya a ser así, hoy se votará la moción de censura en la asamblea nacional francesa y el gobierno de Michel Barnier se convertirá en el más breve de la historia de la actual republica francesa, con apenas tres meses de vida. En Francia las mociones son destructivas. Al contrario que aquí, que obligan a presentar candidato, allí se vota la reprobación o no del primer ministro vigente, y corresponde al presidente escoger un nuevo primer ministro que sea refrendado por la cámara. Es aquel un país presidencialista en extremo, y la figura del primer ministro se chamusca con velocidad, pero nunca como ahora.

Si sucede esto, se verá claramente el fracaso de la apuesta de Macron del pasado verano, y quedará más que clara la total inestabilidad política del país. Tras las elecciones europeas, en las que cosechó un mal resultado, Macron decidió disolver las cámaras y adelantar las legislativas. Las encuestas ofrecían la posibilidad real de que la ultraderecha del Frente Nacional de Marine LePen alcanzase una mayoría suficiente para gobernar, y subido a ese miedo, Macron diseñó una campaña de respuesta, que no le salió bien. El resultado final fue que el voto acabó dividido en tres grandes bloques; los macronistas, la extrema derecha y la coalición de extrema izquierda que, contra todo pronóstico, y por poco, fue la que alcanzó la primera posición por número de escaños. Tras estos resultados era obvio que Macron perdía el control de la asamblea, que hasta entonces había mantenido, y que era necesario un acuerdo entre dos de los bloques para lograr un gobierno estable. El Eliseo, tras dar vueltas, decidió no escoger al candidato a primer ministro propuesto por la extrema izquierda, la formación ganadora, y seleccionó a Barnier, un alto funcionario que lo ha sido todo en el poder francés y europeo. Tras muchos sudores Barnier logró ser escogido, pero gracias a que la extrema derecha lo consintió. Era evidente desde el primer momento que su gobierno era resultado de la concesión de LePen, y que ella decidiría cuánto iba a durar. Macron ha tratado durante este tiempo de fracturar al bloque de extrema izquierda, buscando que los socialistas, ahora una fuerza minoritaria en ese grupo, apoyen a su candidato y políticas, logrando ofrecer una imagen de transversalidad y de pactismo, asociada a la idea del macronismo como un movimiento alejado de la clásica división entre derechas e izquierdas. Lo cierto es que esos esfuerzos no han dado furto, y a la hora de votar el presupuesto el gabinete de Barnier se ha quedado sólo, y no ha tenido otra opción que aprobarlos mediante un decreto que conllevaba automáticamente la convocatoria de la moción de censura que se vota hoy. Legalmente Francia ha conseguido sacar adelante unas cuentas, pero no está nada claro que pueda haber un gobierno que las ejecute, que lleve a cabo las políticas e inversiones que en ellas se recogen. En definitiva, tras el resultado de hoy, la pelota vuelve al tejado de Macron, pero con un candidato menos, chamuscado por completo. La ley francesa impide repetir legislativas antes de que transcurra un año respecto a las pasadas, por lo que Francia se enfrenta a este panorama de descontrol como mínimo hasta el verano que viene. Da un poco igual la persona que Macron escoja para desempeñar el puesto, se va a enfrentar al mismo hemiciclo que ha triturado a Barnier. Sólo una cesión clara de los macronistas a uno de los dos extremos ideológicos le garantizaría estabilidad, a cambio de la destrucción política del movimiento, que en unas futuras elecciones legislativas quedaría completamente desdibujado. La propia figura de Macron se está erosionando gravemente en medio de todo este desmadre, y su autoridad, que es enorme dada la legislación gala, no podrá resistir mucho el declive de su formación y una opción real de perder la presidencia en la siguiente elección.

Estos días la prima de riesgo de la deuda francesa ha superado, por poco, a la española. La economía de aquel país no carbura. Las olimpiadas de verano ofrecieron buenos datos de visitantes, pero fue un espejismo. El PIB y el resto de variables languidecen, y el campo francés, junto con el resto de sectores, ve con miedo los futuros aranceles que pueda imponer Trump a los productos europeos cuando llegue al poder. El coche francés está, si me apuran, aún más en crisis que el alemán, con el conglomerado Stellantis descabezado y sus ventas a la baja. El caos político del país, problema y reflejo de problemas, no ayuda para nada, y me temo que se va a prolongar en el tiempo.

jueves, noviembre 21, 2024

Crisis de la industria del automóvil

Una de las cosas que trato de hacer cuando subo al pueblo es enterarme de cómo está la coyuntura económica real, la de las empresas y negocios que producen, facturan y crean empleos. Mi trabajo está muy relacionado con la economía, pero de una manera distante respecto a eso que llamamos mercado, y aunque hago cientos de cuadros y análisis donde son euros las materias implicadas, nuestro negocio, por así decirlo, no depende claramente de si el ciclo sube o baja, de si estamos en crisis o en bonanza. Ambas cosas se acaban notando, pero tarde y de forma indirecta.

Pues bien, por si no lo tenían claro, hay una crisis bastante seria en el sector de la automoción en toda Europa, y llega hasta la última de las empresas que fabrica componentes. En Elorrio, y en otras localidades del entorno, la estructura fabril sigue siendo intensa y determinante, son esas empresas las que sostienen todo el tejido comercial, inmobiliario y vital, y las cosas no pintan bien. Muchos de esos negocios son industria auxiliar del automóvil, producen componentes de todo tipo para el montaje final de los vehículos o de partes intermedias, y es que un coche, tal y como los hemos conocido, propulsado por motor de combustión interna, es una máquina compleja llena de miles de piezas de todo tipo, forma, dureza, exigencia, que se producen de manera distribuida en una red de aprovisionamiento espectacular diseminada por todo el mundo. Las fábricas del norte exportan, pero son las plantas de montaje nacionales sus principales destinatarias. Landaben, de Volkswagen, en Navarra, Stellantis en Figueruelas, la antigua Opel, y en Vigo, la antigua Citröen, Villalobón Palencia con Renault, etc. En función de la carga y demanda de esas enormes plantas se produce un efecto arrastre que determina las necesidades y cargas de trabajo del resto de empresas de la cadena. Si las ventas de coches suben, se piden más, y bajan, los coches nuevos se empiezan a acumular en los aparcamientos infinitos de esas instalaciones de montaje, y con ello la necesidad de suministros decae. Pues ahora estamos en uno de esos momentos en los que los alrededores de las grandes plantas de montaje deben tener sus aparcamientos repletos y los turnos de ensamblado a un nivel muy bajo. La cascada de noticias sobre el efecto de los coches eléctricos y la pérdida de competitividad de las marcas clásicas europeas ante el empuje de las japonesas y coreanas, reyes en el mercado híbrido, se traduce en que ya hay en Elorrio fábricas con ERTEs, de tal manera que los fines de semana se extienden y el lunes no trabaja gran parte de la industria local. El ERTE, herramienta pensada precisamente para estos momentos de caída de demanda, con el objetivo de salvaguardar el empleo y aguantar el tirón, se hizo muy famoso en la pandemia, y ahora vuelve a los titulares tras el desastre de Valencia, pero es algo que las empresas que viven del ciclo económico tienen ahí en la cartera, esperando si hace falta, y deseando no tener que recurrir a ello. Por definición es una manera de ganar tiempo, de comprar futuro oscuro para que más allá haya opciones de que la producción vuelva a los ritmos habituales y, con ella, la demanda de empleo, pero no son infinitos si la situación se vuelve demasiado larga. Ante problemas de coyuntura son una herramienta perfecta, pero si el problema es de fondo no van a lograr solucionarlo. ¿En qué escenario estamos? Me temo que en el segundo. El coche europeo, éxito de ventas y de prestigio en todo el mundo, se encuentra amenazado por competidores que le aventajan en tecnología y ayudas. Nuestras empresas no han apostado lo debido por tecnologías como la eléctrica o, sobre todo, la híbrida, y pierden cuota de mercado a pasos agigantados.

Ayer se supo que Ford va a prescindir de 4.000 empleos en toda Europa, de momento sin afectar a su planta valenciana de Almusaffes, en medio de un escenario de recortes de ventas. Las cifras de vehículos matriculados en Europa no remontan a los niveles prepandemia y el mix de tecnologías que se emplean es muy distinto al que era. Si las cosas no cambian de manera profunda, una buena parte de esa enorme estructura auxiliar del automóvil va a tener que empezar a pensar en cambiar de sector en un proceso de reconversión lleno de costes e incertidumbres. Pintan bastos para esas empresas.

lunes, noviembre 11, 2024

Crisis seria en Alemania

El sábado 9, festividad local en Madrid de la Almudena, se conmemoraba el treinta y cinco aniversario de la caída del muro de Berlín, lo que fue el inicio del derrumbe de la dictadura soviética y la apertura de las naciones del este de Europa a un futuro desconocido para ellas, en forma de libertad y competencia económica. Quizás ahí se abrió uno de los momentos más optimistas y esperanzadores de este continente en mucho tiempo, especialmente en la propia Alemania, que pudo por fin empezar a afrontar su proceso de reunificación, tras la separación que supuso el fin de la IIGM y la guerra fría entre el bloque occidental y el soviético.

Hoy esa Alemania unida, el más poblado y más potente país de la UE, afronta una crisis seria, que se extiende por todas las estructuras de la nación, y que se ve reflejada perfectamente en los datos económicos y en su situación política. La economía alemana lleva tiempo tocada, no ha salido de la pandemia como se esperaba y, tras el inicio de la guerra de Ucrania, ha descubierto con horror el inmenso error que fue confiar en el aliado ruso y ponerse en sus manos a la hora de diseñar su estructura energética. La decisión propia de cerrar las centrales nucleares ha sido un clavo más en la estrategia de la no competitividad energética que lastra los costes de las empresas germanas. China y su coche eléctrico también están haciendo un daño enorme a lo que antaño fue la más pujante industria de Europa, la del coche alemán, sumida ahora en enormes problemas estructurales. La decisión de Volkswagen de, por primera vez en su larga historia, cerrar plantas en suelo alemán, en medio de una bajade ventas de sus modelos térmicos puros, es la señal de que las cosas por allí van realmente mal. Trimestres de crecimientos anémicos y bajadas nimias llevan al país a bordear las recesiones o salir de ellas en un perfil que es similar al de un enfermo necesitado de suero, reposo e inmovilización. En lo político, el gobierno que surgió tras las elecciones de 2021 ha resultado ser débil y lleno de contradicciones La coalición llamada semáforo, entre los rojos del SPD, los amarillos liberales y los verdes ecologistas ha resultado ser bastante disfuncional, y presidida por un canciller, Scholtz, que ha demostrado ser un personaje frío, carente de fuerza y gris hasta el hartazgo. En cada una de las elecciones regionales los socialdemócratas se han pegado grandes batacazos, sólo superados por los descalabros de los liberales y los tristes resultados de los verdes. Los conservadores de toda la vida de la CDU, el partido de Merkel, han ido subiendo poco a poco en voto, pero los grandes ganadores en cada comicio han sido los extremos de izquierdas y derechas, que suben como la espuma en medio de un descontento social creciente, con la economía como principal fuente de inquietud. Las tensiones en la coalición de gobierno han ido creciendo a cada una de esas elecciones locales han las que ha recibido palos y palazos y, finalmente, el miércoles pasado, en medio de la conmoción por la victoria de Trump, Scholtz anunció que prescindía de los ministros liberales, dando por rota la coalición. La intención del canciller es la de presentar una moción de confianza en breve, se discute si antes o después de las navidades, y la sensación es que, con elevadas probabilidades de no superarla, se produzca un adelanto electoral. Inicialmente las federales estaban previstas para otoño, pero ya no será así. Se baraja un calendario que va desde febrero hasta Semana Santa, que cae a mediados de abril en el próximo año, condicionado a la fecha en la que se produzca la citada moción de confianza. En el ánimo de Scholtz estaba, la semana pasada, atrasar todo esto lo más posible, pero me da que ya no controla los tiempos.

En definitiva, que tenemos ahora mismo a Alemania paralizada en lo económico y bloqueada en lo político. La posibilidad de que, de las elecciones, surja un parlamento fragmentado y con gran peso de las formaciones extremistas resulta inquietante, y que la gobernabilidad misma del país se deslice por el camino del desacuerdo y la brevedad de ejecutivos inquieta a propios y extraños. En este momento, a dos meses de la toma legal del poder por parte de Trump, con el evidente riesgo de que el socio trasatlántico nos de la espalda, los dos grandes países de la UE, Francia y Alemania, están sumidos en un marasmo total. Algo malo en el peor momento posible.

jueves, junio 13, 2024

Derrota del gobierno alemán

El otro gran resultado, también previsto, de las elecciones europeas del domingo ha sido la estrepitosa derrota del gobierno de coalición tripartito de Alemania. Socialistas, verdes y liberales, que conforman el gabinete presidido por Scholtz, se han estrellado en las urnas. El claro ganador ha sido al CDU CSU, los conservadores de toda la vida, y el segundo partido más votado ha sido AfD, Alternativa por Alemania, la extrema derecha, que se ha convertido en la fuerza mayoritaria en lo que fue la Alemania del este. Viendo el mapa de los ganadores por distritos, es espectacular cómo se vuelve a crear la frontera entre las dos alemanias que se erigió tras la guerra, y que cayó con el muro en 1989.

El resultado electoral alemán tiene mucha miga, ya que ese país es el primero en la UE sea cual sea la estadística que usemos para medirlo, y sin él nada es posible en el continente. Aunque no somos conscientes de ello, obnubilados por nuestras miserias diarias, Alemania lleva varios años sumida en una crisis que se agrava por momentos y que empieza a tener un carácter estructural. Ya de antes, pero la postpandemia ha creado una realidad geoeconómica que resulta muy lesiva para los intereses alemanes. Su industria está siendo vencida en varios de sus sectores claves por la competencia china, siendo el caso del automóvil el más evidente y sangrante para el orgullo germánico, poseedor de las marcas más valiosas del mundo en este sector. El inicio de la guerra de Ucrania, que está cerca de allí, supuso un shock para toda la nación en lo mental y, de paso, el fin del barato gas ruso, que permitía un acceso a la energía en el pañis a unos precios muy competitivos, por lo que todo el sector productivo del país se “gasificó” en cuanto pudo. Acuerdo económico que, en la visión de los dirigentes alemanes, suponía estrechar los lazos entre ambas naciones de una manera en la que los sólidos intereses mutuos impedirían agresiones futuras. Es una visión que tiene bastante lógica y funcionó correctamente, generando beneficios tanto para Berlín como para Moscú, hasta que un día Putin decidió que eso no bastaba, y recurrió al uso de la fuerza bruta. Desde entonces los costes se han disparado en las empresas germanas, su competitividad ha quedado tocada y, en los mercados globales, pierde cuota de exportación. La enorme imbricación de la economía germana en el comercio global, es uno de los mayores exportadores del mundo, palanca para su crecimiento durante décadas, es ahora fuente de problemas, tanto por la reducción del peso del comercio global sobre el conjunto de la economía, eso que algunos llaman de manera exagerada “desglobalización” como el proceso creciente de imposición de aranceles y trabas que amenazan con encarecer todo lo que viene de fuera. En un mundo en el que la OMT, Organización Mundial del Comercio, no es capaz de imponer reglas y el recelo entre los bloques de naciones va a más los costes no hacen sino crecer, las ineficiencias con ellos y las fuentes de crecimiento basadas en el intercambio, secarse. Mucho más dependiente de la venta de bienes que de servicios, la economía germana tiembla cada vez que oye el término “arancel” en boca de una nación cliente o del bloque al que pertenece, como pasó ayer con la Comisión Europea, porque en Berlín saben que este tipo de iniciativas son respondidas de manera fulgurante y con no menos intensidad por las naciones a las que van dirigidas, y es la empresa propia que vende en esa nación la que va a resultar perjudicada en última instancia, y con ella los clientes allí y los trabajadores aquí. Como resultado de todo esto, la economía alemana lleva más de dos años en un estado de estancamiento, que no es recesivo, pero sí anémico, sin ir a ninguna parte. El desempleo permanece bajo, pero las perspectivas de empresas y consumidores son grises, y la sensación nacional es de decadencia, o más bien impotencia, ante lo que sucede en un mundo al que no logran adaptarse.

El gobierno tripartito ha tenido algunas iniciativas, vía gasto público, para tratar de remontar la economía del país, pero apenas han sido capaces de frenar la fuga de empresas, algunas de las cuales se han ido a EEUU al calor de las infinitas subvenciones verdes desarrolladas por la administración Biden en el marco de una orgía de deuda pública imparable. China ha logrado introducirse en algunos sectores, y en medio de todo esto la política se vuelve hostil, regada por la incertidumbre que se vive a pie de calle. Los extremistas de derechas claman por la vuelta de la gran Alemania competitiva y tienen fácil vender un discurso del que apenas concretan nada, porque nada saben. Si Alemania no arranca la UE no lo hará.

jueves, octubre 05, 2023

El bono español supera el 4%

Al igual que las temperaturas en este veranazo de octubre, la cotización de los bonos soberanos no deja de subir hasta límites peligrosos tras varias semanas de inestabilidad financiera. El nuestro de referencia, el español a diez años, ha roto la marca del 4% y eleva el coste de la financiación de la deuda de una manera muy dolorosa. Si se preguntan por nuestra vieja y cruel amiga, la prima de riesgo, está bastante estable, supera por poco los cien puntos básicos respecto al bono alemán. Eso quiere decir que la deuda alemana también se ha encarecido mucho, muchísimo para lo que es habitual en ella. Su bono a diez años cotiza al 2,96%.

¿Qué significa todo esto? Que parece que ahora sí que viene una tormenta económica en los mercados financieros, y que puede ser el reflejo de la recesión en la macro en la que se pueden estar adentrando EEUU y el resto de economías occidentales. ¿Fiabilidad total para este pronóstico? No, pero sí alta. Hace un año, a la vuelta del verano de 2022, las perspectivas eran muy feas, y casi todos descontábamos una recesión más o menos intensa, pero la sorpresa fue general cuando ese hecho negativo no se produjo. A posteriori se han barajado varias explicaciones para saber el porqué, entre las que se encuentra la bajada de los precios de la energía, el ahorro que aún seguía acumulado desde los tiempos de la pandemia, las ganas de gastar del consumidor tras dejar atrás el bache de la Covid… ideas que vistas después tienen bastante lógica pero que antes eran difíciles de asumir. El consenso de los pronosticadores fracasó, y yo, que soy un pringadillo en esto, también. No hubo recesión, sino más bien lo contrario, pero es cierto que algunos países sí se adentraron en problemas serios en los que aún persisten. Alemania es el principal ejemplo de una economía que no crece realmente desde hace un año, sometida a precios energéticos altos, desglobalización y competencia brutal de terceras naciones ante su industria clásica, que no logra defenderse. España y otras naciones en las que el turismo y los servicios son determinantes hemos marcado cotas de crecimiento desde septiembre de 2022 hasta ahora que son excelentes, y los EEUU, el motor económico del mundo, se ha mantenido gracias al gasto desatado de su administración y sus consumidores, que gastan como si no hubiera mañana. Desde septiembre de este año las bolsas han empezado a coger un tono más bien gris, como si ese mañana que nunca llega empezase a estar realmente aquí, y los índices han empezado a caer de una manera sostenida, con altibajos, pero perdiendo soportes desde niveles casi de máximos, sobre todo en EEUU. En paralelo se ha producido un disparo del precio del petróleo, sobre todo por las políticas de recorte de la producción de países como Rusia y Arabia Saudí, y el mercado de bonos se ha desmadrado, cotizando todos a niveles muy altos. El que los bonos en el mercado secundario paguen mucho interés, siendo como son activos de renta fija, significa que hay sobreabundancia, que el precio de los mismos baja, que se están vendiendo a lo loco, y ese alto tipo de interés supone una señal de que las condiciones de financiación de la economía se endurecen. Los tipos de la FED y BCE son altos y van a serlo bastante tiempo, el euríbor sigue por encima del 4% en media mensual, las líneas de crédito de los bancos a las PYMEs se estrechan y endurecen sus condiciones, la concesión de hipotecas cae por los altos precios de los pisos y, sobre todo, por lo caras que se han puesto a la hora de poder pagarlas, el volumen de impagos en las tarjetas de crédito en EEUU crece y los intereses de demora son enormes, las carteras de deuda soberana acumulada en los balances de bancos y otras entidades, compradas en tiempos de alto valor nominal y baja remuneración, se devalúan rápidamente… hay un montón de variables financieras que ofrecen señales preocupantes, y todas ellas indican la proximidad de una recesión, cuya dimensión y duración son prácticamente imposibles de atisbar.

Sin que se hayan dado noticias financieras de esas que abren los telediarios, como lo fue la quiebra del Silicon Valley Bank en primavera, la sensación de que se puede producir un accidente en cualquier momento en alguno de los mercados o en determinada entidad es creciente, y ese puede ser el inicio oficial de los problemas económicos que se están agudizando. En naciones como EEUU o la nuestra, con una inestabilidad política manifiesta, que entremos en crisis puede ser un grave problema ante el que las autoridades no podrían actuar con la velocidad y diligencia debida al carecer de respaldo en los legislativos. Lo que pase en estos próximos meses puede ser muy relevante, más de lo que muchos creen. Atentos y cuidado.

martes, marzo 21, 2023

Suiza, tocada

Recordaba ayer Juan Ignacio Crespo un dicho atribuido a Voltaire, y que reza que si ves a un banquero suizo saltando por la ventana, corre tú también a hacerlo, porque seguro que es una manera de ganar dinero. El nivel de riqueza alcanzado en ese montañoso país centroeuropeo resulta tan elevado como oscuras han sido las tácticas empleadas para atesorarlo. Neutral de hecho, aliado de todos para conservar sus riquezas, su secreto bancario ha sido tan profundo como las raíces alpinas de las montañas que llenan sus paisajes. Belleza natural extrema, según cuentan los que allí han estado, y precios a tono de las fortunas atesoradas.

Por eso el derrumbe de Credite Suisse es una de esas noticias que marcan un antes y un después, algo que uno cree que sólo pasa en países que considera mediocres, como el propio, y nunca en los idealizados ajenos, donde todo es bello y fantástico. Así es el papanatismo del pobre y sus complejos. El Credite llevaba en la picota de los medios desde hace ya bastantes meses, agobiado por claros fallos de gestión propia y problemas generales, pero su apellido, que denota su origen, era su principal salvaguardia. No hubo piedad con el Banco Popular ante una situación no tan grave como la de la entidad suiza, pero el Popular era un banco mediano de un país pobre y que no ejerce ningún papel en la zona euro, y su liquidación fue hecha sin remilgos. Cada vez que un analista comentaba cómo los números del Credite eran insostenibles se escuchaba un silencio por parte de las autoridades comunitarias, que nada podían hacer con esa entidad, pero que sí eran capaces de hablar con sus colegas helvéticos para que metieran mano en un pozo que empezaba a ser demasiado infecto. Ya a la vuelta del verano el ruido en torno al Credite empezó a ser sostenido, y la acción comenzó a caer sin remedio, y nunca volvería a subir. El marasmo organizado por el derrumbe de SVB originó la tormenta que ha pillado al Credite como lo que era, un cascarón tocado, y lo ha hundido definitivamente. Lo que no iba a tener consecuencias más allá de un petardazo en Silicon Valley ya se ha cobrado su primera gran víctima europea, en este caso fuera del área euro, y en uno de los paraísos mundiales de la banca, alojamiento de fortunas de todo el mundo a las que, por encima de todo, les encanta la discreción. Que en Suiza se hunda un banco es un notición. Que el gobierno y el banco central suizo se pasen todo el fin de semana trabajando para elabora un plan de rescate financiero y apagar el fuego de un pánico es algo que no sucedió ni tras la crisis de Lehman, y por ello lo de este fin de semana pasará a la historia de las finanzas globales. También lo hará la manera en la que se ha resuelto el entuerto, otorgando en la práctica a UBS el monopolio de la gestión privada de la banca en aquel país, y dotándole aún de un mayor carácter sistémico del que ya tenía. Suiza no ha dejado que entidades de otras naciones se queden con lo que era suyo, o metan las narices para ver lo que era de otros, y la UBS, con el respaldo del gobierno y banco central, se hará con el control de todo lo que tuviera en el balance el descuajeringado Credite, tanto lo gozoso como lo ponzoñoso. También se recordará durante tiempo las condiciones acordadas en lo que hace a la prevalencia de pérdidas, de tal manera que los accionistas han visto salvadas parte de sus carteras pero los tenedores de “Cocos” bonistas con opción a ser parte del capital de la entidad, cuyas participaciones se definen con un grado de seguridad mayor en caso de quiebra, sí van a ver cómo todas sus inversiones se esfuman. Es justo lo contrario de lo que dicta la normativa europea y norteamericana, que considera al accionista como un inversor de riesgo y se la juega y al bonista como un aportador de capital y, por ello, a proteger en caso de problemas. El que suiza haya decidido hacer las cosas al revés que el resto no tiene explicación clara, pero bien rápido han salido el BCE y al FED a decir que ellos no lo harían así. Eso frenó la sangría de las cotizaciones bancarias de ayer, que abrieron muy rojas y cerraron algo verdes.

Que Suiza se meta en problemas financieros supone la caída de un mito, de uno de esos baluartes que se consideran perpetuos en la mente de todos. No hay trama corrupta o defraudador de todo tipo que no haya llevado a Suiza parte del dinero que se ha apropiado, con la vista buena, o incluso agasajo, de las autoridades helvéticas, que saben mejor que nadie la oscuridad de las fuentes que financian su privilegio. Ahora el Bárcenas de turno ¿a dónde llevará sus mordidas? ¿Se verá obligado a esconderlas en casa en fajos de billetes? ¿Cuántos defraudadores de todo el mundo habrán perdido lo evadido en la caída de Credite? ¿Quiénes, entre ellos, fueron los más listos y derivaron sus cuentas a UBS cuando el barco empezaba a hacer aguas?

viernes, marzo 17, 2023

¿Se acerca ya la recesión?

Esta semana ha sido una pesadilla para los financieros y, en general, para todo lo relacionado con la economía. El que el lunes 20 sea festivo en Madrid le vendrá genial a más de uno para descansar. Hemos visto sustos de todo tipo que han empezado a tambalear la estabilidad de bancos, activos y demás variables del mundo del dinero, y es probable que esto sólo haya empezado, porque los tipos siguen altos y, tras la decisión de ayer del BCE de subirlos el medio punto que estaba previsto, más tiempo van a estar ahí en lo alto y causando efectos. La economía financiera ha entrado en un periodo de inestabilidad.

¿Y la economía real? Si recuerdan, a la vuelta del verano estábamos todos nerviosos porque las previsiones, y sensaciones, nos auguraban un otoño invierno muy duro. Finalmente no ha sido para tanto y esto ha resultado ser una de las mayores sorpresas, positiva, de los últimos tiempos. Quizás el precio de la energía, disparado en agosto, flojo en invierno, nos ha ayudado mucho más de lo esperado. Puede que también los restos del ahorro pandémico, que dan para mucho, hayan seguido tirando de la demanda, o el mero hecho de desear el disfrute por encima de todo lo demás para superar el recuerdo del encierro vivido hayan logrado que, desde septiembre, las estadísticas macro hayan recogido una subida suave de las variables y, en ningún caso, el desplome de la recesión que se temía y anunciaba. En las bolsas se produjo un suelo en septiembre octubre y, desde entonces, los mercados han subido con solidez, con inusitada solidez si me apuran desde enero, y sólo estas últimas semanas se ha visto un agotamiento de esa fuerza alcista, junto antes del gran tropezón de estos días. Podemos acudir a un montón de encuestas, fuentes de datos y nos mostrarán una economía que, a pesar de todo, resiste. Y no les voy a engañar, me tiene muy sorprendido, gratamente, pero sin saber muy bien el por qué. Si, como señalaba el pasado domingo Rafael Domenech, jefe del servicio de estudios del BBVA y uno de los maestros del análisis y previsión macroeconómica en España, si nos dijeran en septiembre que en marzo íbamos a estar con los datos que tenemos no nos lo hubiéramos creído. En medio de la sorpresa, los organismos internacionales han ido cambiando sus escenarios de previsión y, de manera unánime, han elevado las estimaciones de crecimiento de PIB sea cual sea el área y la temporalidad analizada. ¿Se pecó de pesimismo entonces? Visto desde ahora parece obvio que sí ¿Se peca de pesimismo ahora? Sólo el tiempo nos lo dirá, y semanas como esta que se acaba recuerdan que las bases que sostienen la estabilidad financiera y la confianza de los agentes pueden ser mucho más frágiles de lo que parecen. No se han conocido episodios históricos en los que ascensos de tipos como los que estamos viviendo no hayan generado luego caídas en la economía. La inversión de la curva de tipos (rinde más un título de deuda a corto plazo que a largo) se prolonga ya desde hace muchos meses y suele ser un indicador casi seguro de recesiones. Si uno escarba entre los datos podrá llegar a conclusiones de todo tipo, y eso me hace, personalmente, tener la extraña sensación de no saber dónde estamos. Desde que el otoño se encontraba avanzado y las economías occidentales no caían empecé a tener una sensación creciente de desorientación, de no saber el por qué de lo que sucede, la falta de certezas. Algo nos estamos perdiendo todos a la hora a analizar datos y recopilarlos que nos confunde ¿Empiezan a hacer efecto la riada de fondos europeos de recuperación? ¿La digitalización impulsada por el Covid ha hecho aflorar economía sumergida al mundo real y ahora vemos en el PIB cosas que antes estaban ocultas? ¿Es la disparada inflación lo que modifica el comportamiento de los agentes y leva a las estadísticas por donde no se esperaba? ¿Ha cambiado algo en la estructura de nuestras economías que está generando efectos reales?

Estas preguntas, y otras muchas, son apasionantes. Lamentablemente no tengo respuesta para ellas, y me temo que por ahora casi nadie ofrece alternativas. El miedo a que lo anunciado como recesión inevitable en otoño se presente en primavera crece tras días como los vividos, pero la prudencia, y la modestia, obliga a ser precavidos y a analizar la realidad con el máximo cuidado, a sabiendas de que estamos en una coyuntura volátil, cambiante y con pocas certezas sobre a dónde nos dirigimos, y expuestos constantemente a factores externos, la guerra como uno de los determinantes, cuya evolución es una variable completamente desconocida y sobre la que nada podemos hacer. Confiemos en que no llegue la recesión, pero preparémonos por si, como parece cada vez más probable, lo hace.

martes, marzo 14, 2023

Riesgos de la quiebra de SVB

Es inevitable que, ante la noticia de la quiebra de un banco norteamericano, surja el espectro del pasado y un fantasma llamado Lehman Brothers se nos aparezca a todos en la mente. No es que el recuerdo de la pasada crisis financiera esté cercano, no, es que aún no se han corregido todos los problemas que originó aquel colapso, que supuso un auténtico parteaguas. Lo primero que hay que suponer es que, dado que aquella crisis fue enorme, es poco probable que se produzca una de dimensiones similares, por el mero hecho de que, aunque posible, es muy difícil que a alguien le toque dos veces el gordo de la lotería.

SVB no es Lehman, pero la probabilidad de que genere un “evento Lehman,” siendo baja, no es cero. La situación de las finanzas globales, privadas y públicas, no es la misma que en 2008 y cada crisis tiene sus particularidades que la hacen diferente y especial, afectando más a unos sectores que a otros. SVB es un banco bastante más pequeño de lo que era Lehman, mucho menos interconectado en el sistema financiero global, muy de nicho en lo que hace a su negocio y de un tamaño mediano en el conjunto del sistema norteamericano. Era una entidad centrada en el capital riesgo, usado para financiar emprendedores del valle californiano y no un banco global dedicado a la intermediación financiera. El contagio que puede generar su derrumbe es más por el miedo que a todo el mundo le surge al ver ahorros comprometidos que por las participaciones cruzadas u operaciones en las que SVB haya podido estar implicado con las entidades del resto del mundo, que son casi inexistentes. El nerviosismo es lógico, pero dice la teoría que no debiera ir mucho más allá. Las autoridades norteamericanas han decretado medidas extraordinarias de liquidez que, por su volumen, debieran ser capaces de frenar la marcha de depositantes de otras entidades, y el peligro corporativo se encuentra más en la mediana y pequeña banca estadounidense que en las entidades sistémicas, de allí y de aquí. Eso no quita para que el golpe que ayer sufrieron las bolsas de todo el mundo no fuera doloroso, o muy doloroso, con un Santander cayendo un 8% o el Sabadell el 12%, por no irse muy lejos. Si las cosas transcurren como es de esperar, el problema de SVB se puede acabar encapsulando en el sistema financiero norteamericano y convertirse en una tormenta que no llegue a desembocar en un huracán. Lo que sí es cierto es que allí muchos van a tener que dar explicaciones serias sobre lo que han hecho, y lo que han dejado de hacer, para llegar a este punto. No había analista financiero español que, a lo largo del fin de semana, viendo el balance del SVB, expresara su asombro ante la desproporción de la cartera de títulos de deuda que acumulaba y el enorme peligro que eso suponía en un entorno de tipos al alza como el presente, y todos decían no entender cómo el regulador, la FED, no había expresado objeción alguna al respecto. Términos como “irresponsabilidad”, “conducta suicida” o, directamente, “incompetencia” se dedicaban sin cesar a los responsables del banco californiano ante lo que han sido decisiones de inversión claramente equivocadas ante la agresiva política de subida de tipos, que es el pan nuestro de cada día en los mercados desde hace un año. El que haya sucedido un desplome de este tipo es responsabilidad de los gestores de la entidad, sí, pero también de un regulador que, o no ha hecho lo que debía o no se ha enterado de lo que tenía ante sus narices. La presión política sobre Powell, el responsable de la FED, que ya antes era elevada en el contexto de subidas presentes y anunciadas de los tipos de interés, ahora se va a convertir en asedio por parte de los políticos en EEUU, que ya ven en su figura a uno de los que va a tener que comparecer ante medios y comisiones legislativas para explicar este desaguisado, y hacerse responsable de los costes que todo esto pueda generar. El daño a la credibilidad de la FED y el condicionamiento que esto suponga a sus políticas de lucha contra la inflación sí puede ser un efecto de alcance global que nos afecte a todos.

Donde sí que esta quiebra es un terremoto enorme es en el ecosistema emprendedor de Silicon Valley. Acostumbrados a la entrada de dinero sin muchas preguntas, emprendedores de todo el mundo han conseguido amasar fortunas con negocios de todo tipo, algunos exitosos, otros no tanto, muchos rentables antaño, otros sufrientes ante la deuda acumulada y los tipos al alza. Varias empresas tecnológicas se han quedado pilladas en el derrumbe de SVB y el miedo que este suceso va a causar, unido al encarecimiento del crédito y la deuda, van a ser un duro golpe para el ecosistema del valle, poco acostumbrado a tener que sufrir. Ahí sí que los efectos de SVB pueden ser duraderos y graves. En el resto del mundo, por ahora, precaución, sangre fría, y confianza en que las medidas consigan apaciguar los contagios.

martes, noviembre 22, 2022

FTX y la burbuja cripto

Una de las consecuencias habituales de todo proceso de subida de tipos es el pinchazo de burbujas, o al menos de procesos de subida de valor exacerbados durante la época de tipos bajos, de dinero barato. Esos activos recalentados necesitan la entrada de dinero fresco que los mantenga en auge, y en torno a ellos se originan estafas, negocios piramidales y otro tipo de chanchullos que aguantan hasta que el flujo de dinero barato se frena. A veces los que organizan las estafas, no necesariamente timadores, pero si involucrados en procesos que se han desmadrado, son listos y saben cubrirse y sacar algo de dinero real de todo ello, pero normalmente la vorágine les arrastra. Y ni les cuento a los ingenuos que estaban confiados.

El bitcoin, y en general, el mundo cripto, está viviendo un derrumbe cuya figura es tan similar a la vista en burbujas del pasado que es imposible evitar la sensación de estar ante una repetición de la jugada. La quiebra hace unos días de FTX ha destapado las miserias y cutreces de un negocio en el que todo parecía dorado y no había nada, más allá de un poco de chatarra. Las criptomonedas no dejan de ser archivos informáticos protegidos con contraseñas, pero documentos con la misma solidez que un Word, es decir, que si el disco duro en el que se encuentran se destruye o se formatea se pierden. Perder un documento de trabajo por algo así nos ha pasado a todos y duele, perder archivos valorados en millones de dólares es motivo de suicidio múltiple. Por ello, a medida que en negocio de las criptomonedas empezó a crecer varios portales de internet en los que se cambiaban unas por otras (es un mercado privado, descentralizado y no regulado) empezaron a ofertar la posibilidad de almacenar las criptomonedas de los usuarios en ellos, algo así como el banco que te guarda el dinero, y no necesitas tenerlo en casa en papelitos de colores. Coinbase, binance, FTX y otras empezaron a convertirse en entidades con criptomodenas depositadas, y el valor de esos depósitos crecía sin frenar hasta cifras de miles de millones de dólares. A nadie se le escapa que con esos valores depositados estas entidades empezaban a ser actores interesantes en el mundo financiero real, el de los dólares o los euros, porque con semejantes cantidades como garantía, podían pedir préstamos, apalancarse, operar financieramente y hacer de todo a lo grande. FTX estaba dirigida por un chaval llamado Sam Bankman-Friedy su grupo de amigos, operaba desde el casoplón donde todos ellos vivían en Bahamas, y la fiesta era constante. El volumen de activos que la entidad llegó a manejar es de un valor descomunal, y todo fue bien hasta que el Bitcoin pinchó. A más de 60.000 dólares la unidad la solvencia de FTX era segura, a menos de 20.000 y bajando no. A medida que se erosionaba la base de capital de la empresa el grado de apalancamiento de la misma crecía sin cesar, y llegó el momento en el que, obviamente, ni entraba dinero fresco en la entidad ni había capital suficiente para hacer frente a desembolsos, intereses, pagos u otras operaciones. Sam lanzó un mensaje de socorro, pero era demasiado tarde. En un proceso que recuerda tanto a lo que se vivió en España con Fórum filatélico o Afinsa, la gente descubrió que el valor de las criptos almacenadas por FTX era mucho mucho menor de lo que se creía, y el camino hacia la quiebra quedó despejado. La empresa la solicitó hace pocos días y los encargados de empezar a auditar sus cuentas se han encontrado con un tinglado que no llega ni al estado de chiringuito financiero, con Sam y el resto de sus amigos tomando decisiones de endeudamiento y demás operativas por valor de cientos, miles de millones de dólares, sin apenas contabilidad, registro o cualquier otra herramienta de gestión o seguimiento. El desastre generado por FTX es enorme, y la posibilidad de resarcir algo a los que en eso confiaron, muy escasa.

Y claro, una vez que algo así se derrumba, el efecto contagio crece, porque el miedo a que el lugar en el que yo estoy sea tan inseguro como ese es cierto. Algunos han denominado a la quiebra de FTX el momento “Lehman Brothers” del mundo cripto, por abrir la caja de pandora del desastre. Otras casas de negocio relacionadas con ese mundo han anunciado su quiebra después de FTX, afectadas tanto por el derrumbe del valor de los activos como por la retirada descontrolada de ahorradores del dinero que en ellos depositaron, temerosos de verse atrapados en una quiebra similar ¿Les suena? Sí, el pánico bancario de toda crisis financiera, pero esta vez no en bancos, sino en tinglados virtuales donde el dinero que se pierde puede ser mucho y muy real. Ayer el bitcoin cerró a la baja, en 15.677 dólares la unidad.

jueves, noviembre 03, 2022

Suben los tipos, cae la economía

Pocas sorpresas en la reunión de la FED norteamericana de ayer. Como era de esperar, la autoridad monetaria de aquel país subió los tipos un 0,75% y mantiene el durísimo ritmo de ascenso que lleva desde que se empeñó en doblegar la inflación. Las bolsas de EEUU, que llevan un par de semanas de rebote descontando el final de la subida de los tipos, lo que el mercado llama el “pivote” el punto de giro de la dureza monetaria, se atragantaron con el discurso de Powell, que fue tipo halcón, y dijo no sólo que las subidas seguirán, sino que alcanzarán cotas más altas de lo previsto dado el desmadre inflacionario que se vive en el país. El porrazo del Dow o el Nasdaq no se hizo esperar, y cerraron con abultados números rojos.

Lo de las bolsas es un poco lo de menos, lo importante es que la política monetaria sigue pisando el freno con fuerza para tratar de controlar una inflación que no se deja, entre otras cosas porque esa inflación está causada por tres factores, de los que las autoridades monetarias sólo controlan uno. Los tres son la expansión monetaria previa, que es lo que puede embridar la FED o el BCE, la subida de los precios energéticos por la guerra de Ucrania y la excesiva demanda fruto del ahorro acumulado tras la pandemia y las ganas desaforadas de gastar tras el final de la misma. Los bancos centrales sólo tienen un instrumento para actuar, y lo deben aplicar sea cual sea el problema al que se enfrenten. La inflación que vivimos tienen causas complejas, monetarias y no, pero no está en la mano de los bancos centrales hacer que el precio de la gasolina caiga, determinado como está por las decisiones oligopolísticas de los países productores y las tensiones globales. La receta de la FED es sencilla. Para bajar los precios, encarezco el dinero en la economía, aumento los costes financieros de las operaciones de crédito, retiro efectivo de la circulación, y eso presionará a la demanda para que se caiga, y con ello, al final, los precios. En el camino se produce una caída generalizada de la actividad económica, en la que se juntan tanto los esfuerzos monetarios para aplacarla como la creciente alarma de consumidores y empresas por el incremento de costes, el daño de la inflación, y la necesidad de refrenar su consumo. Como ven, y como sucede siempre en economía, todo se enreda en una madeja en la que tirar de un hilo lleva a tensar otros y luego otros, y así hasta el final, con lo que es casi imposible calibrar cuáles deben ser las dimensiones de las medidas a tomar para que sus efectos sean los deseados. Powella ha adoptado la estrategia de dureza, de meter miedo al mercado para que sus decisiones de política monetaria sean más creíbles, buscando que si ese miedo actúa parte de la subida no sea necesaria. Con unas tasas de inflación desbocadas la autoridad monetaria está fracasando en su labor del control de precios, y eso es una presión que se vive con crudeza en los despachos de Frankfurt, Londres y demás sedes de política monetaria occidental. A medida que los tipos suben aparecen problemas que se sabía que estaban ahí, como la disputa entre divisas y la ganancia del dólar frente a ellas, o el encarecimiento abrupto de los préstamos hipotecarios y el frenazo en el mercado inmobiliario, que ya es palpable en EEUU, o la supervivencia de ciertas empresas que se han endeudado sin freno y a costes nulos en la época del dinero barato (o regalado) y que ahora ven su solvencia en peligro… en definitiva, las decisiones monetarias empiezan a crear consecuencias en el mundo real, y cada subida, cada endurecimiento, agudiza algunos de los problemas y provoca grietas peligrosas. Como es sabido no está claro si alguna de ellas degenerará en fracturas y destrozos, pero a medida que crecen la probabilidad de que así sea no deja de ascender.

Y con todo esto, la temida recesión de la que tanto se habla se nos viene encima sin prisa pero sin pausa. Ayer salieron los datos de los PMI de manufacturas de España y la UE, es un índice que mide las expectativas de los gestores de compras de cientos de empresas industriales, y es un excelente termómetro de las expectativas del sector. Los datos fueron nefastos. En Europa la caída tiene el ritmo de la vivida en la Navidad de 2021 y en España la cosa es peor aún, con niveles de desplome que nos llevan a registros de la salida del confinamiento. La industria se está frenando de forma brusca, agotada por los costes energéticos, las perspectivas globales y las primeras señales de demanda desplomada. Los frenos monetarios empiezan a notarse en la economía real, y no va a ser agradable sentir sus consecuencias, no.

viernes, octubre 21, 2022

El esperpento británico

Se bastante menos inglés del que debiera y necesitaría. Desconozco si en su lengua existe la palabra esperpento y, sobre todo, si tienen en la mente el concepto que en España asociamos a ella, esa mezcla de caos, cachondeo, ridículo, absurdo y desquicio que rememora la palabra. Son en las islas flemáticos por tradición, amigos de la ironía y de esconder sus sentimientos, llevan a gala el distanciarse de los problemas y mantener la calma ante ellos. Supongo que, con todo lo que está pasando, si Churchill, o la recientemente fallecida Isabel II se levantasen de su tumba volverían a morirse, agotados, tras dar una buena paliza a los políticos que ahora dicen desear gobernar el que fue su país.

Liz Truss ha batido el récord de brevedad en el 10 de Downing Street y no hemos llegado a saber nada de su vida y milagros, más allá de los breves que se elaboraron tras su nombramiento. De los 45 días que ha permanecido en el cargo unos cuantos no tuvo que hacer nada porque el país estaba de luto por la muerte y sepelio de The Queen, por lo que no han sido sino tres semanas las que ha ejercido. En la primera presentó un presupuesto inviable y casi hunde la libra y la deuda británica. En la segunda trató de defenderse del caos y empezó a cesar gente a su alrededor para salvarse, y en la tercera ha terminado por dimitir tras nombrar a un ministro de finanzas que deshizo toda la propuesta económica de Truss. Desastre total. El partido conservador, una formidable máquina a la hora de alcanzar y mantener el poder se ha convertido en una trituradora de carne, ante la que se expone cada vez un líder más inútil y vacío, que entroniza con la pompa patria de rigor para, al poco, empezar a descubrir las vergüenzas de su elección, y comenzar el proceso de derribo de una manera cruel y concienzuda. Truss ha batido el récord, pero sus antecesores, empezando por el desgraciado de Cameron, han ido bajando de manera progresiva el listón, no ya el moral, que quedó sumergido en el alcohol de las fiestas de Johnson, sino aquel que mide cualquier mínima capacidad de gestión o liderazgo. ¿Es posible concebir semejante incompetencias y que sean elegidas como líderes? Sí. Lo cierto es que eso es algo que en España vemos desde hace ya bastantes años, a ambos lados del espectro político, pero no era lo que se estilaba en Reino Unido. Ahora ya no. Las islas se han ido de la UE, en la peor decisión posible en muchas décadas, y se han unido al club occidental de la incompetencia política de una manera tan fervorosa que encabezan el liderazgo de la vergüenza. Los comentarios de estos días, presididos por una lechuga que se ha mostrado mucho más incorrupta que el liderazgo de Truss, reflejan el hartazgo, el hastío y la sensación de ridículo que se ha instalado en Reino Unido. Un país orgulloso de su pasado, que lo exhibe sin freno y con abundantes mentiras para esconder los errores propios, al que se le perdona todo lo que a otros se nos echa en cara sin cesar, que ejerce un liderazgo indudable en materias muy poderosas del poder blando, está siendo engullido por una ola de bochorno institucional que es difícil de entender desde la tradición de ese país. El populismo brexitero, el cáncer que ha destrozado al partido conservador, sigue siendo la fuente de soberbia y error que hace caer una y otra vez a dirigentes de todo tipo en declaraciones absurdas, en proclamas de soberanía perdida y en un montón de tonterías que no dejan de ser las que han envenenado la política de ese país. El Brexit es un fracaso monumental, el partido conservador ha fracasado por completo en sus formas y fondo, el ridículo de sus dirigentes es total y la posición del país, en medio de una crisis económica y geopolítica de primera división es completamente irrelevante. Sumido en su caos, el gobierno de las islas no existe para una ciudadanía que ve cómo los precios crecen sin cesar, la energía se pone por las nubes y las perspectivas del día a día se ensombrecen. El hartazgo de la sociedad con los bufones que pretenden gobernarle empieza a ser peligroso.

Lo más lógico, llegados a este punto, sería que se convocasen elecciones anticipadas y que el nuevo reparto de cartas genere algo de legitimidad al gobierno que de ahí surja, pero es obvio que las perspectivas de derrota histórica de los conservadores y, con ello, la pérdida de cientos de cargos y salarios entre el partido, impedirá que el sucesor de Truss, el único con competencias para ello, decida hacer algo que destruiría por completo a su partido. Ahora, otra vez, tenemos una carrera para elegir un nuevo primer ministro y, ríanse, el nombre de Boris Johnson vuelve a coger fuerza para sentarse otra vez en uno de los despachos más desprestigiados del poder global. Ahí Valle Inclán, la pérfida Albión ha resultado ser la mejor intérprete de tus textos.

viernes, julio 29, 2022

EEUU en recesión

Se esperaba el dato con ansia, y se temía un registro malo, y así fue. EEUU ha entrado en recesión técnica tras encadenar dos trimestres seguidos con descensos en el PIB. La bajada este segundo trimestre es del 0,9% y podemos decir que sitúa en EEUU en el maldito mundo de la estanflación, esa fea palabra que combina estancamiento económico, bajada en este caso, y disparo de los precios, con unas tasas de inflación que allí también se sitúan en cotas no vistas en décadas, muy cercanas al 10%. El mercado de trabajo norteamericano, por contraste, sigue viviendo un momento extraordinario y las tasas de paro se sitúan poco por encima del 3%, cota que se considera como desempleo friccional, el que ya es casi imposible de reducir.

Lo más interesante de la noticia de ayer no son tanto las causas de ese descenso del PIB, bastante conocidas, las mismas que van a provocar en nosotros un efecto muy similar, sino cómo la política retuerce sus argumentos para tratar de eludir la realidad sobre la que debe trabajar. Tiempo le faltó a los portavoces de la Casa Blanca para salir a decir que aunque las cifras son esas, la economía se muestra robusta y no estamos frente a una crisis. Da igual que el consenso desde hade muchas décadas entre la profesión dictamine que recesión es encadenar dos trimestres de descenso de PIB, si se produce bajo mi gobierno me salto la definición y ya está, debieron argumentar los ideólogos que asesoran al cada vez más desnortado Biden, y elaboraron un discurso que daba vergüenza ajena. Evidentemente, desde el lado republicano, un dato así es gasolina de cara a las elecciones de mitad de mandato que se celebran en noviembre, donde se renueva el legislativo y las encuestas, con un Biden hundido, ofrecen a los elefantes trumpistas la posibilidad de hacerse con el control de las dos cámaras, haciendo que el resto de la presidencia de los demócratas sea un tortuoso camino. “La recesión de Biden” era como se denominaba en los canales pro republicano al resultado conocido ayer, atribuyendo l presidente toda la responsabilidad de unos números tan nefastos. Si la táctica demócrata de negar la realidad es estúpida, la republicana de achacar la caída de PIB al otro bando es necia, y así discurre el debate político. Ambos mienten y se mienten con tal unos de salvar el poder que mantienen y otros volver a recuperarlo. Si estos pasados trimestres han sido duros más lo van a ser los siguientes, donde el encarecimiento de la energía seguirá pesando en los hogares y empresas, y todo ello con vistas al otoño invierno. Además, se empezará a notar de verdad el efecto en la economía real de las subidas de tipos que la FED ha puesto en marcha a toda potencia para tratar de aplacar los precios. Tras la decisión de esta semana de subir tres cuartos de punto más las tasas de referencia, Powell dejó claro que en septiembre no le temblará la mano para volver a hacerlo con tal de que los precios se moderen. No lo dijo, pero el mensaje es que si hay que hacer que la economía caiga para que los precios lo hagan, así se hará, y eso es devastador para la administración de turno. La coyuntura actual obliga a Biden a escoger entre presentar a su partido a las legislativas de noviembre con unos precios descontrolados, pero con la actividad a todo trapo o a hacerlo con unas tasas de inflación menguantes pero la economía en recesión. A día de hoy lo más probable es este segundo escenario, porque el primero es insostenible, pero ambos son tóxicos electoralmente hablando. En todo caso, si los demócratas quieren tener alguna opción para mantener las cámaras en sus manos deben conseguir que las tasas de inflación bajen, y me da que ahí estará esperando Putin, para ayudar a que eso no suceda.

Como les comentaba, el panorama europeo que se nos viene encima es similar. Allí el ciclo está más avanzado y EEUU nos sirve como bola de cristal para saber lo que nos espera. Nuestras subidas de tipos, las llevadas a cabo por el BCE, van con menor ritmo e intensidad, pero ya han comenzado. Los datos de coyuntura de las empresas y consumidores alemanes muestran un desplome de las expectativas a la vuelta del verano y es probable que, si no el tercer trimestre, en el cuarto ya veamos descensos generalizado de PIB en las economías europeas, poniéndonos la recesión técnica al maldito alcance de la mano para finales de este 2022 en muchas naciones. Y todo con la amenaza de que Rusia, con la llegada del frío, sea chantajista en extremo. Da igual lo que le diga su partido o el contrario al respecto. Esto es lo que viene.

jueves, julio 28, 2022

Sri Lanka como síntoma

Sri Lanka es una isla de tamaño considerable situada en el Índico, cerca de la costa sureste de la India. Tiene más de veinte millones de habitantes y no conozco a ninguno de ellos. De hecho no me consta que nadie que conozca haya estado alguna vez allí. Debe tener un clima caluroso y una vegetación exuberante, y por lo visto muy serios problemas de gobernabilidad y de abastecimiento. De allí han llegado recientemente imágenes de asaltos de la población a la residencia presidencial, en una especie de versión tropical de la toma del palacio de invierno que habrá hecho las delicias y de Iglesias y los suyos. Lo cierto es que lo que pasa allí es serio.

Más allá de que la gobernanza de Sri Lanka nunca haya sido de las más gloriosas del mundo, y que no se codea con naciones como las nórdicas en los estándares de libertad o de competitividad, lo cierto es que esta nación vive, con toda la crudeza imaginable, las consecuencias de la tormenta económica y energética que nos sacude a todos. Su economía es débil, con alto componente agrario y turístico, y no me consta que exporten muchos productos de alto valor añadido. Importan todo el combustible que consumen, y el disparo de los precios del petróleo y de sus derivados han hecho que, desde hace meses, se impusieran restricciones al abastecimiento de carburante en la isla. Tampoco creo que tengan un elevado parque de vehículos eléctricos, porque sólo los muy ricos occidentales pueden comprárselos, por lo que allí, y aquí, restringir la gasolina es la vía directa para la revuelta. Súmenle a eso la carestía de los alimentos, acentuada en todos estos países donde el grano de trigo, arroz o el cereal que corresponda es la base absoluta de la alimentación, y es imposible que no se desate la revolución, o al menos la indignación absoluta de la población. Las cuentas públicas del país deben estar en un estado calamitoso, porque su moneda oficial, la rupia srilanquesa, que ahora mismo veo que cotiza a 0,0027 euros, apenas pueden hacer nada en el mercado internacional de divisas para sostenerse. El alza de los tipos de interés en EEUU, seguid posteriormente por la eurozona y otras naciones, hacen que los capitales tiendan a desplazarse de los mercados emergentes, más arriesgados, en busca de la segura rentabilidad que les otorgan esas naciones ricas que elevan sus tipos. Sospecho que invertir en Colombo, capital de la isla, debe ser un juego de riesgo, y ahora mismo, con la situación que allí se vive, pocos extranjeros con divisas lo harán, por lo que la capacidad de la economía local de comprar petróleo y otros insumos de gran necesidad, que se pagan en dólares, será ridícula. A todo esto se le deben unir los efectos de unas medidas centradas en la explotación agraria de la isla que han sido muy afectadas por las tendencias ecologistas más estrictas que emanan del pijo occidente, y que han provocado que las propias cosechas de la isla lleven tiempo siendo bastante bajas, al haber renunciado al uso de, por ejemplo, fertilizantes químicos. La producción local, que antes permitía autoabastecer al mercado de arroz y te, hace ya unos pocos años que no lo logra, y eso, que es un problema, se convierte en un drama cuando el precio del arroz, como el de otros cereales, se dispara por la guerra de Ucrania y los problemas energéticos. En definitiva, no parece que nada vaya bien en Sri Lanka, y el proceso de empobrecimiento de la población que allí vive es tan acelerado como dañino. Las consecuencias van mucho más allá de unas revueltas y la masa bañándose en la piscina de una sede gubernamental abandonada.

El caso de Sri Lanka es un poco exagerado, si ustedes quieren, porque convergen ahí casi todos los factores posibles que llaman al desastre, pero es una muestra de las crecientes tensiones que se viven en muchas otras naciones, sometidas a un mismo proceso de alza de precios energéticos y alimentarios, de dificultad de financiación de la deuda propia y de sostener su moneda. Habrá países que puedan sortear mejor estos serios problemas, otros no serán capaces y en no pocos veremos, cada vez más, movimientos de protesta por parte de unas poblaciones que ven como sus ingresos menguan sin que nada parezca ser capaz de evitarlo. No tiene por qué haber tomas de palacetes para que el descontento social estalle. El otoño invierno viene con un inquietante rumor de fondo.

jueves, julio 21, 2022

Draghi se tambalea

La política italiana es un arte complejo y a veces sutil, del que los españoles no hemos aprendido nada. Comparadas con sus marrullerías y pactos sibilinos, lo nuestro es bronca cruda, juegos de primitivos de maleducados. Algo del espíritu de los Medici y Borgia, que eran valencianos, corre por las venas de los políticos transalpinos cada vez que se enfadan y repactan en medio de la enésima crisis de gobierno, que interesa a muy pocos, y nada a la población de un país acostumbrado a vivir de espaldas a su gobierno, que realmente no rige los asuntos trascendentes de una nación que vive sobre los restos de su pasado, que le enseñan tanto la inmensa grandeza que alcanzó como lo volátil que fue y lo olvidada que llegó a ser.

¿Hay algo diferente en esta crisis italiana respecto a las anteriores? Quizás sí, o por lo menos se corre el riesgo de causar daños más serios que en otros casos. Ayer Draghi consiguió un voto de la cámara respaldando su continuidad, lo que a prirori es una buna noticia, pero el problema es que obtuvo más síes que noes de entre los que acudieron al parlamento a votar, pero fueron muchos más los que no se presentaron. 5 estrellas, la Liga y Forza Italia decidieron no aparecer por allí, dejando claro que el hasta ahora primer ministro no cuenta con su apoyo. Por eso la sesión acabó teniendo un toque muy amargo, y es probable que la dimisión que Draghi presentó para hacerla efectiva ayer acabe siendo real hoy, tras lo sucedido en la votación. Don Mario encabeza un gobierno de salvación nacional en el que están incluidos casi todos los partidos italianos, desde los populistas de izquierda a los de derecha, y se ha logrado mantener en pie gracias a las habilidades de un dirigente con una cabeza inmensa y un enorme sentido del poder, pero a medida que las formaciones que conforman el gabinete se han enfrentado con la realidad de la gestión, y la realidad de la vida se ha puesto cuesta arriba, el barco que dirige el mejor de los capitanes ha empezado a reventar. El movimiento 5 estrellas, que fue el más votado en las últimas elecciones, se ha fragmentado y escindido en corrientes que no se aguantan, la Liga de Salvini cae en las encuestas, siendo fagocitada por “fratelli de Italia”, movimiento aún más populista y más de extrema derecha, que actualmente lidera las encuestas, y son constantes los cuestionamientos, desde las formaciones políticas, a un primer ministro que fue elegido legalmente por el parlamento pero que no se ha presentado a elección alguna. Draghi ha intentado hacer ver a todos los miembros de su gabinete que la situación es muy grave, con la economía tambaleándose como el resto de las europeas al ritmo de la inflación y los precios energéticos, en una nación que es muy dependiente del gas ruso, y con el melón de la gestión de los fondos europeos de recuperación post pandémicos, siendo Italia el mayor beneficiario de la ingente cifra de dinero que la UE ha destinado a ese fin. Este motivo fue el esgrimido en su momento para que, ante la ruptura del anterior gabinete, encabezado por el “estrellista” Giuseppe Conte, Draghi apareciera como el técnico salvador y lograse encabezar un ejecutivo de unidad. Su prestigio internacional es enorme, incuestionable la solvencia que ha mostrado a la hora de ejercer sus funciones, y pocos hay en el mundo que, hablando italiano, puedan concitar semejante respeto y admiración entre los que detentan el poder en el mundo. Poner a Draghi de presidente fue un golpe de prestigio italiano que aplacó algunas de las variables económicas que asfixian a la economía italiana, y le dio al conjunto de Europa una referencia en un tiempo bastante falto de ellas. Si finalmente Draghi cae Italia puede verse sumida en el marasmo, con unas más que probables elecciones anticipadas en octubre, que nadie desea, empezando por gran parte de los propios italianos. Para entonces es bastante fácil que la tormenta económica y energética ya nos haya golpeado, y lo que quede del barco italiano, sin capitán, sea zarandeado por crueles olas en el mar de la inestabilidad.

No dejaría de ser amargo que, hoy, precisamente hoy, el día en el que el BCE va a subir los tipos de interés por primera vez desde hace un montón de años, dimita como primer ministro aquel que, en medio de la crisis de deuda que amenazó con destrozar por completo economías como la española, entre otras, se vaya. Don Mario es, en gran parte, responsable de que usted y yo sigamos aquí, de que el Euro siga existiendo y que la UE como proyecto conjunto se mantenga, sin haber reventado por las costuras financieras. Pocos celebraran su marcha, pero uno de ellos, no lo dude, será Putin, que ve como la disensión empieza a cundir en la UE.

jueves, julio 07, 2022

Anarchy in the UK

Este fue el punki titular con el que The Economist llenó su portada en el número publicado tras el aciago Brexit. En ella creo que eran unos calzoncillos raídos con la estampa de la Union Jack británica descolorida que ondeaban como bandera los que presidian toda la página, en señal de la rebeldía nihilista que acababa de asestar un duro golpe al europeísmo y a lo que la lógica económica, social y, también, sentimental, dictaba. Ese fue el primer gran síntoma de la degeneración que había alcanzado la política británica, que lo fue todo en su momento, que fue el ejemplo de sobriedad, seriedad, también hipocresía y, desde luego, profesionalidad a la hora de llevar los asuntos y tratar en privado las discrepancias. Eso, al parecer, se acabó.

Es por ello que Boris Johnson, el hombre despeinado, es el perfecto producto de esa fábrica de liderazgos británica que parece naufragar al otro lado del canal. Cierto es que desde esta orilla no se pueden dar lecciones a los londinenses y resto de ciudadanos del país, dada la necedad de nuestra clase política. Eso sí, podemos darles la bienvenida al mundo de la ineptitud, al que se suman con fuerzas renovadas. Los episodios de dimisiones vividos en estos dos últimos días, que han dejado descompuesto el gabinete de un Johnson desbordado surgen tras el último escándalo conocido, en el que el protagonista es otro parlamentario conservador, responsable del correcto comportamiento de los miembros de su grupo y que, al parecer, metía mano a todo hombre que pasaba más de cinco minutos en su despacho. Un tema vidrioso, el de los escándalos sexuales, recurrente en la política británica, donde todos se declaran heterosexuales y casi nadie lo es, y todos dicen ser castos y puros y cada dos por tres aparecen medio muertos en violentas prácticas de masturbación o en casos de sodomía colectiva. En este último escándalo Johnosn ha seguido el nefasto guion que aplicó sin éxito cuando le pillaron en las fiestas ilegales de Downing Street en el confinamiento: primero negación de los hechos, luego admisión de que han existido, pero eran menores, y después reconocimiento de una culpa propia y petición de perdón. Táctica defensiva que esconde la búsqueda permanente de ocultar el escándalo, de hacer como que no ha sucedido. Johnson ha demostrado ser, desde el principio, un personaje que puede definirse por su peinado; caótico, desordenado, improvisado. Hombre muy culto, tan aficionado a la fiesta como a la mentira, sabe moverse en el mundo de los medios y las redes, pero no es capaz de llevar a cabo un proyecto de largo plazo. Amante del poder, alcanzarlo es su único fin, y luego, instalado en él, parece aburrirse, dejarse llevar por una indolencia en la que de vez en cuando poses absurdas y declaraciones extrañas le relajan, para volver a la desidia del día a día. Su tirón electoral es innegable, como lo fue la arrolladora victoria cosechada poco antes del inicio de la pandemia, pero ahora mismo el proyecto de Johnson es un barco hundido, una ruina que naufraga en el Támesis del que todo el mundo trata de escapar, con un capitán que se niega a admitir la realidad. El espectáculo que está ofreciendo Johnson en particular, y la política británica en general, es patético, a la altura de seriales cutres como el vivido por el PP hace unos meses con la caída de Casado (aún más grave fue aquello, se apuñalaban sin ni siquiera tener poder) o, en general, escenas que todos recordamos de nuestra historia política reciente, que producen vergüenza ajena. Pues ahora, mire usted por donde, el altivo, señorial y siempre recto Reino Unido muestra ante todo el mundo el desbarre más absoluto, la mayor de las incompetencias y la sensación de que su dirigencia camina sin rumbo hacia la nada, despedazándose sin contemplaciones. Sospecho que, década tras década, empiezan a asumir que su ensoñación de imperio es eso, mera fantasía, y les esperan muchos tránsitos por el descansillo de la decadencia. Bienvenidos.

Para políticos, intelectuales y gentes de todo tipo de Europa el Reino Unido ha actuado muchas veces como lugar de refugio, como ese sitio estable en el que desde hace siglos no se producen golpes de estado ni guerras internas ni nada por el estilo. Es lugar de huida, de exilio. Sitio extraño, de clima feo, nefasta comida y suaves paisajes, en el que cada medio siglo miles de españoles, por poner una nacionalidad, han encontrado refugio escapando del infierno desatado en su país. Era UK ejemplo para políticos sobre cómo gestionar de manera sobria, espartana, seria y comprometida una nación. Parece que ese ejemplo se difumina. Johnson es muestra, síntoma y ejemplo, de la decadencia de una nación. Su marcha es obligada pero, tras él, el problema de fondos seguirá ahí.

martes, junio 14, 2022

Criptocrash

Si ayer les hablaba de que las bolsas tuvieron el viernes un día aciago me temo que lo que pasó ayer no fue sino una repetición, agrandada, del desastre vivido al final de la semana pasada, con desplomes aún más considerables, que en EEUU oscilaron entre el 3% y el 4%. Nos fue algo mejor en el Ibex, con una caída algo superior al 2%, y resultó ser la de ayer una jornada catastrófica en el mundo de las criptomonedas, con desplomes muy superiores al 10%, que en el caso del Bitcoin llegaron al entorno del 15% y en el Ethereum al 20%. Se multiplicaron los avisos de casas de negociado de criptos que impedían el reembolso de la inversión y el miedo fue intenso.

Lo de ayer fue un auténtico reventón de burbuja, un desplome brusco que evaporó miles de millones de dinero real en el mundo de las criptos y que, sospecho, llevó a más de uno a la ruina a medida que se desplomaban los activos en los que tenía depositado sus ahorros. Los creyentes en este tipo de monedas virtuales, que de todo hay, repiten sin cesar que el futuro es suyo, que esas cosas han llegado para quedarse y que el fin del dinero que conocemos está cerca, y será sustituido por criptoactivos, descentralizados y con tecnologías muy superiores. No lo se, sinceramente lo dudo. Como para casi todo, la probabilidad de que eso suceda no es cero, pero desde un primer momento he advertido a todo el que me lo ha preguntado que la inversión en criptomonedas es un negocio sumamente especulativo, sometido a un enorme nivel de riesgo, y que se trata de un mercado desregulado en el que no hay garantías de devolución de lo invertido ni redes de seguridad institucionales. Ante el desplome de las cotizaciones, como les comentaba, algunas de las webs que funcionan como centro de intercambio de bitcoins, anunciaron que suspenden la conversión de las criptos en dinero normal y corriente, porque se estaban quedando sin respaldo para hacer frente a la avalancha de peticiones de inversores que veían en sus pantallas como un menos mogollón no dejaba de crecer y convertir su particular El Dorado en una pesadilla. Escenas típicas del pánico propio de los crash sólo que sin gritos ni aglomeraciones en la calle, dado que en ese mundo todo es virtual. Seguro que los gritos y lloros se escucharon luego, por la noche, en miles de casas de todo el mundo, en las que no pocos de sus residentes se han metido en ese mundo. El que lo haya hecho por curiosidad, metiendo unos pocos ahorros a sabiendas de que podía perderlos todos no lo pasaría bien ayer, pero sabía que eso era posible y probablemente tarde poco en olvidarse de lo sucedido, y a otra cosa mariposa. Pero ay de los que hayan metido grandes cantidades de dinero en ese mercado, de los incautos que hayan jugado apalancados a la compra de criptomonedas y que pensaban que eran los más listos del lugar, los que iban a descubrir la forma de forrarse por encima del resto de pringados que trabajan y ganan algo a final de mes. Ay de los que llegaron al mundo cripto como conquistadores de un terreno virgen en el que iban a florecer sus sueños. Ayer despertaron de golpe de una ensoñación típica que todos los humanos han tenido cada vez que una burbuja, sea de acciones de la compañía de los mares del sur, de tulipanes, de pisos en Seseña o de acciones punto.com les ha llevado a depositar en ella todos sus ahorros movidos por la codicia, una de las fuerzas que anida dentro de nosotros y que, como el resto, encauzada y domesticada, poder sernos muy útil, pero sin freno alguno nos puede llevar al desastre. El derrumbe de las criptos de ayer fue de una magnitud lo suficientemente intensa para haber dejado el mercado laminado en lo que hace a inversores convencionales, que o bien ejecutaron ayer pérdidas clamorosas y de imposible recuperación o se han quedado atrapados en un valor que dista muchísimo de las cotas que alcanzó hace poco. El 6 de junio, el bitcoin valía 31.400$, el 20 de abril valía 41.400$. Ayer cerró en el entorno de los 22.000$. en su pico máximo, 7 de noviembre del año pasado, llegó a los 64.300$. Si hacen porcentajes de pérdida se pondrán pálidos.

¿Quiere decir esto que el bitcoin y el resto de criptos no valen para nada? La respuesta corta es “aún no”. Desde luego se ha demostrado, como muchos llevamos diciendo desde hace tiempo, que no son dinero, porque no cumplen uno de los requisitos básicos, que es el de ser depósito estable de valor. Son un activo de inversión que vale lo que su mercado determine en su momento, lo que los equipara con acciones, fondos y otros productos financieros. Al no tener un respaldo de actividad real hay quienes señalan que su precio objetivo real es cero, y algo de razón no les falta, pero está por ver que todo ese mercado se volatilice. En todo caso, pierda la fe si cree que esos activos intangibles son la fuente de su riqueza. Y si alguien le ha vendido esa idea, ese ha hecho más negocio con ella que usted. No tenga dudas al respecto.

lunes, junio 13, 2022

Las bolsas cotizan recesión

Tanto calor hace en la calle como frío en los mercados. Quizás no le prestaron mucho interés el viernes por la tarde a la evolución de las bolsas pero lo cierto es que el porrazo fue de los duros, con un Ibex que se dejó más del 3% y unos índices americanos que, no tanto, superaron el 2% de caídas de manera amplia. Las explicaciones de los expertos, que el jueves no veían esos desplomes, iban desde el dato de inflación en EEUU, nefasto, hasta la resaca de las decisiones del BCE anunciadas el jueves, que no tuvieron mucha cosa de sorprendente. Lo cierto es que el cierre de sesión y de semana fue un alivio. Si la cosa dura unos minutos más las pérdidas se hubieran acrecentado.

Desde hace dos meses los índices, especialmente en EEUU, están en formato corrección sin paliativo alguno. Rebotes a veces violentos pero breves en una secuencia de bajada que, en el caso del Nasdaq, la ponen en dimensión a la altura del crack del 2000, con una reducción del 20% desde máximos. No es sólo la tecnología, pero es ella la que más se está dejando en un bajonazo que, como suele ser habitual, pocos expertos han visto, y la mayoría han ido calificándolo de transitorio hasta que, probablemente, ellos también han entrado en pérdidas y han empezado a asustarse. El contexto bursátil antes de la guerra de Ucrania ya estaba mal, con una inflación desatada y unas perspectivas bajistas ligadas a la política de subida de tipos de la FED para volver a la normalidad monetaria tras los excesos pasados y la recuperación post Covid. El desastre ocasionado por Rusia he echado mucha más gasolina al cóctel inflacionario y a la incertidumbre que nos rodea, y eso ha terminado por fastidiarlo todo. Ahora mismo las voces que señalan que nos encaminamos a una recesión crecen a medida que los índices cotizados agudizan sus pérdidas anuales. En ciertos países de la eurozona la recesión técnica parece obvia por los datos que tenemos en el primer trimestre, con poco más de un mes de guerra efectiva. Recordemos que recesión es un término acordado por los economistas para definir un periodo de, al menos, dos trimestres de caída del PIB, pero como siempre es un concepto resbaladizo, que puede esconder muchos tipos de crisis y de intensidades muy diversas. La doble recesión de 2008 – 2012 fue en términos de PIB menos dolorosa que la única provocada por el Covid, que ha dejado a todas las anteriores convertidas en suaves olas en las gráficas frente al desplome producido por el cierre de 2020, pero ambas crisis fueron de una naturaleza muy distinta y de efectos también divergentes. Me atrevo a decir que, económicamente, el impacto de la de 2008 – 2012 fue mucho mayor del que vivimos en 2020, en el sentido de que aquella sí fue una crisis económica, mientras que la del Covid fue un desastre sanitario que afectó a todo, obviamente también a la economía. ¿Ante qué estamos ahora? Tenemos un shock de precios energéticos motivado por el rearranque de las economías tras el parón del Covid y las restricciones de oferta fruto de varios años sin inversión y de los cortes provocados por la guerra. Así mismo también las cadenas logísticas globales siguen perturbadas por efectos de las aperturas y cierres Covid, agravado este efecto por los rebrotes que se suceden en China y la no operatividad de sus enormes y vitales puertos. Por el lado monetario, el festín de estímulos lanzados por las autoridades para, en su momento, apaciguar los efectos de las crisis de deuda soberana europea de 2012 y luego permitir la expansión del gasto público necesaria para amortiguar los efectos del Covid ha dejado un mercado inundado de dinero. Los tres factores se han traducido en unas enormes tasas de inflación, condicionadas más o menos por factores reales o monetarios según qué sector y qué nación, que ahora mismo nos colocan en porcentajes de incrementos de precios no vistos en décadas.

Los gobiernos saben que con esas tasas no pueden ser reelegidos y que no hay manera de que la población esté tranquila antes una cesta de la compra que sube como la espuma, haciéndole la competencia a los termómetros en la ola de calor. Las bolsas de ahorro pandémico generadas durante el encierro parecen haberse destinado sobre todo al mercado inmobiliario, donde las compras y ventas de pisos están en pleno festín, y al ocio veraniego, con una demanda de viajes desatada y un precio de los hoteles que se infla más que las estrellas que los identifican. La duda es qué va a pasar después del verano, y, si las bolsas funcionan como indicador adelantado, que lo suelen, el panorama que vislumbran es sombrío. Estamos avisados de que vienen curvas.