Mostrando entradas con la etiqueta UE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta UE. Mostrar todas las entradas

miércoles, diciembre 17, 2025

Tarde, la UE rectifica con los coches

En el mundo de la competitividad global la UE es un caso digno de estudio. Para ciertas cuestiones mantiene un apoyo sólido a sus empresas a sabiendas de que sólo su buena marcha es la garantía de la prosperidad de sus ciudadanos, pero en otros casos es experta en pegarse tiros en los pies, es cometer errores regulatorios brutales que no pagan otras naciones y sus empresas, sino las europeas. En el caso de la agenda verde, el ecologismo dogmático ha condenado a sectores enteros de la UE a un retraso endémico frente a sus competidores y, lo que es peor, ha destruido ventajas competitivas absolutas que nos servían como soporte para una transición ordenada.

El caso del coche es paradigmático. Las marcas europeas eran líderes globales en producción y ventas, con el coche francés y alemán como líder para la clase media y las marcas alemanas de lujo como referente incuestionable de calidad y prestigio en todo el mundo. La tecnología eléctrica era algo residual en el continente y una de las puntas de lanza de la competitiva industria automovilística china, mientras que la japonesa optaba, sobre todo, por la hibridación, con mezcla de combustión y batería. La decisión política de la UE de fijar una fecha en el horizonte, 2035, para la prohibición de la venta de vehículos de combustión, tomada hace ya algunos años, a la búsqueda de la reducción forzada de emisiones, pilló a los fabricantes europeos sumidos en una tecnología en la que alcanzaban la mayor de las eficiencias y beneficio, y de un día para otro se encontraban con que se convertiría en un objeto prohibido. Consumidores europeos de todo tipo empezaron a hacer cuentas y ver qué podían esperar, y para la inmensa clase media europea, el sostén de los países y sus sociedades, el vehículo eléctrico era, sigue siéndolo, el lujo al que se puede aspirar en caso de disponer de un segundo coche, pero en ningún caso la solución tecnológica válida para poder usarse como vehículo único para todos los servicios que presta un coche en nuestra vida diaria. China, que es mucho más lista de lo que somos capaces de imaginar, supongo que festejó con lo que allí sea menester en esos casos cuando vio que el gran competidor global en el mercado del automóvil decidía suicidarse tecnológicamente. Poseedor de tecnología avanzada, economías de escala dadas las dimensiones de su país y del acceso privilegiado a las tierras raras necesarias para su desarrolló, se lanzó a la producción en masa de vehículos eléctricos con la idea de romper el mercado global, en el que la UE es uno de los más deseados. Sin barreras arancelarias y con una legislación que parecía estar redactada en Beijing y no en Bruselas, el desembarco del coche chino comenzó entre nosotros hace no muchos años, y desde entonces sus ventas se han disparado, comiendo gran parte de la tostada en el mercado de los eléctricos puros, donde dominaba Tesla en el sector del lujo en el que se mueven, y haciéndose un notable hueco en el de las motorizaciones híbridas, donde Toyota y el consorcio Kia Hyundai se han hecho muy fuertes. BYD, Omoda, Jaeeco, Ebro, MG… no son pocas las marcas chinas que ya se ven de manera regular entre nosotros. Mientras tanto, las marcas europeas tradicionales, piense usted en Stellantis (Peugeot, Citröen, FIAT, Opel y otras) Renault o el consorcio Volkswagen han ido perdiendo cuotas de mercado de una manera constante durante estos años, provocando la paralización de varias líneas de montaje y toda una crisis en el sector auxiliar de automoción, que vive con pánico el descenso de ventas de una tecnología que los requiere en abundancia, cosa que no sucede con el coche eléctrico, mecánicamente un juguete. Las marcas alemanas de lujo, Mercedes, BMW, Porsche, Audi…se han enfrentado al mismo problema y, pese a contar con un nicho de mercado más protegido, sufren de igual manera y ven reducida su presencia entre nosotros y en el mercado chino, donde las marcas de lujo locales ya les miran de igual a igual.

La decisión que ha tomado ahora la UE de enmendarse es la correcta, porque la tecnología dominante en el futuro será la que el mercado, la economía y las posibilidades técnicas determinen, pero no lo que indique un reglamento. Sin embargo, gran parte del daño ya está hecho, la viabilidad del sector de automoción europeo no va a verse salvada por este giro, que llega tarde, y miles de empleos de ese mundo, y de su auxiliar, se van a ir perdiendo en estos años a medida que las marcas chinas, que ya han hecho lo más difícil, se consoliden. Difícil encontrar un ejemplo mejor sobre cómo infringirse, de manera voluntaria, de manera voluntaria, el mayor de los daños posibles.

viernes, octubre 24, 2025

Entre Escila y Caribdis, entre EEUU y China

Escila y Caribdis son dos monstruos mitológicos que están en las dos orillas de un mar que Ulises debe atravesar en su camino de vuelta a Ítaca, sin que esté muy claro cual de ellos es más peligroso o genera peores corrientes para la navegación. Tradicionalmente se ha asociado a las dos orillas del estrecho de Mesina, y nombrarlos en una expresión viene a querer decir que la llevamos clara, porque si nos libramos de uno nos toca el otro, y viceversa. Hay que ser muy espabilado para sortear ambos riesgos, o ser valiente para asumir los costes que supone sobrevivir a semejante reto.

Esta comparación viene a cuento ahora que la UE se encuentra en un mundo cada vez más hostil en el que el número de aliados se reduce notablemente, y entre la disputa de las dos grandes potencias su futuro se ensombrece. Esta semana se ha vivido un episodio que no ha trascendido mucho en los medios, centrados en niñerías, que es muy significativo, y que, además, permite entender cómo la geopolítica global genera efectos reales en nuestras vidas y en las de los que nos rodean. El gobierno de Países Bajos procedió hace unas semanas a expropiar a la empresa Nexperia, un fabricante de chips que está allí, cuya matriz es una empresa china, llamada Wingtech Technologies. Esa entidad asiática ha sido incluida en la lista de la sujetas a restricciones comerciales por parte del gobierno de EEUU en su intento de que China no se haga con la más alta tecnología posible en el mundo de los chips. El gobierno holandés alego que se estaba produciendo una transferencia tecnológica no permitida hacia China desde su territorio y que eso ponía en peligro la seguridad del país y de la UE. Como en muchas de las empresas tecnológicas e industriales, China también es parte del proceso productivo que realizan en Europa, de tal manera que algo se hace aquí, se manda allí para ser rematada y vuelve casi a punto de comercialización. El caso de Nexperia también es así, y la respuesta que han decidido dar las autoridades chinas a lo que consideran una confiscación es bloquear la cadena de suministros en el eslabón que se realiza en su territorio. Los chips salen parcialmente montados de Holanda, llegan a China pero, vaya, ahora no se completan y no vuelven. El flujo se ha interrumpido y eso afecta a toda la cadena. Nexperia tiene un stock de chips terminados y está tratando de sobrevivir con ellos, pero los raciona, evidentemente, dado que entran muchos menos de los que salen. ¿Y cual es el principal destinatario de estos chips? No son de ultimísima generación, por lo que aquí no se ve afectada la IA y otro tipo de tecnologías tan disruptivas, no. Se trata de la automoción. Nexperia es uno de los mayores suministradores de chips para las empresas automovilísticas alemanas, especialmente para el grupo Volkswagen. Un coche eléctrico tiene unos mil doscientos chips instalados, y uno de motor de combustión cerca de la mitad. Algunos de ellos son simplones, como los que controlan los elevalunas y dispositivos sencillos, pero otros son muy modernos, como todos los relacionados con el control de la batería, conducción, sistemas de GPS y demás. Sin el suministro adecuado de Chips el coche puede funcionar, pero sin muchas de las posibilidades que requiere, y desde luego no puede salir de la planta de producción. Y en esas estamos. Volkswagen ha comunicado esta semana que puede tener que paralizar las líneas de producción del Golf de Wolfsburgo, donde se encuentra la sede de la empresa, por escasez de suministros de chips. Eso supone que miles de empleados de la empresa, de todo tipo y nivel, se vean abocados a un paro forzoso no por causa de unas ventas menores, no, sino porque la fábrica ha roto stocks y no puede seguir produciendo como es debido. Y eso, para la empresa, supone unos costes desorbitados, y para los empleados un gran problema. Si la situación se reconduce en pocos días la cosa puede quedar en poco y esa parálisis se comerá jornadas vacacionales o similar, lo que es un fastidio enorme, pero si se prolonga, la opción de entrar en algo parecido a un ERTE es posible. Y todo por unos chips chinos que no se pueden fabricar en la UE porque no tenemos ni la tecnología necesaria para ello ni los costes que la hacen competitiva.

Así, la UE se encuentra ante un antiguo gran socio llamado EEUU que ahora le trata con desidia, impone aranceles y deja desguarnecido en lo que hace a seguridad, y ve como el otro gigante, China, acude al mercado europeo con buenos modales pero con criterios despiadados en los que su superioridad es manifiesta y su capacidad de hace daño, si se le molesta, indudable. Entre ambos gigantes, las naciones europeas, pequeñas y más divididas de lo debido, se enfrentan a un contexto peligroso, en el que pueden, podemos, salir perjudicadas por ambas partes tratando de buscar un camino alternativo, o jugando a veces con uno de los bandos o con el otro. ¿Qué gigante es menos lesivo? ¿Cómo sortearlos? Ay, Homero, ¿qué hacemos?

Subo a Elorrio el fin de semana y me cojo dos días de ocio. Nos leemos el miércoles 29.

miércoles, junio 25, 2025

Sobre el gasto en defensa de la UE

Parece obvio que el psicótico que se ha atrincherado en Moncloa ha visto la cumbre de la OTAN como una oportunidad para mostrar su lado más populista y tratar de encontrar, en la gresca con los aliados, una vía de redención ante muchos de sus socios, especialmente los separatistas. No creo que le funcione, porque si ya casi toda España ha descubierto hasta qué punto llega el engaño en quien se dice nuestro presidente, ahora van a empezar a caerse del guindo los mandatarios extranjeros, que si alguna vez se fiaron de su palabra van a empezar a comprobar que Sánchez sabe hacer bien poco, más allá de engañar superlativamente.

Descontando el patetismo de lo nuestro, la cumbre de la OTAN me parece que va a ser un fracaso, aunque se quiera vestir de cualquier otra manera, porque va a dejar bien claro que la Alianza está herida de muerte, porque su auténtico pivote, que es EEUU, ya no la ve como imprescindible, incluso como meramente necesaria. La obsesión de Trump de que los países europeos paguemos nuestro gasto de defensa se junta al absoluto desprecio que nos profesa como rivales comerciales en su estrecha mente de mundo de suma cero, y más allá de las fotos de compromiso que se puedan hacer todos los líderes, queda la pregunta de fondo de si EEUU activaría realmente el artículo 5 del tratado, ese “uno para todos y todos para uno” que permite que cualquier nación de la Alianza sea protegida por las demás en caso de ataque, es decir, protegida por el mayor ejército del mundo, el norteamericano. Las dudas sobre si la administración Trump respondería a la invocación de ese artículo en caso de agresión de un tercero son más que lógicas, vista su trayectoria, y las naciones de la UE llevan tiempo sacando la conclusión de que su defensa empieza a depender más de lo que sean capaces de hacer ellas mismas que de lo que puedan conseguir del otro lado del Atlántico. Y esto empieza por gastar más, sí, pero no es tanto una cuestión de porcentaje de gasto, que es obvio que debe subir respecto de los despreciables niveles en los que se encuentra en nuestro país, sino en gastar mejor, coordinadamente. La única opción viable de seguridad europea pasa por un acuerdo al más alto nivel entre las potencias del continente para compartir estrategias y capacidades, para recortar diseños propios que se hacen la competencia y gastar mucho en sistemas integrados que, sean de la nación que sean, sirvan a todos. No tiene sentido que haya varios modelos de carros de combate en Europa. Se debe fabricar uno, uno solo, nada más que uno, y una vez acordado cuál sea, todos los países bene producir piezas estandarizadas para esa línea conjunta, y todas las tropas de la UE deben saber cómo manejar ese único carro. Y así con un montón de dispositivos de ataque y defensa. Gastar más para comprar productos más caros a un EEUU que puede decidir, con apretar un simple botón, que ese armamento no funciona dado que controla su tecnología de uso, resulta absurdo. En esto de la defensa se está, a mi entender, haciéndolo todo bastante mal, y se va corriendo hacia unos objetivos numéricos que no están para nada correlados ni con una estrategia conjunta ni con planes industriales acordes. Una de las mejores experiencias industriales de la UE, Airbus, que ha conseguido ser líder mundial en su sector, por méritos propios y deméritos de Boeing, se basa en la creación de un consorcio en el que Francia y Alemania lideran y el resto de países aporta, de tal manera que hay plantas de fabricación y montaje en distintos países europeos y los modelos que surgen de la integración de todo esto son únicos, estandarizados, competitivos y de alcance comercial global. Airbus exigió que la aeronáutica francesa y alemana renunciaran a la competencia mutua al darse cuenta de que no iban a ser capaces de hacer frente a su rival norteamericano. Ese es el único camino posible. Y tras pensar, trabajar y decidir, sí, gastar, y con ganas, pero primero lo primero.

Y todo esto sobre plataformas conocidas, clásicas, que se encuentran en duda sobre su futuro. La cruel guerra de Ucrania está poniendo en tela de juicio la pervivencia de elementos caros, complejos y tripulados, como tanques o aviones, que son necesarios, pero no determinantes, sobre todo en el caso de la defensa. La revolución de los drones o la de la artillería de precisión obliga a repensar muchas de las líneas estratégicas sobre en qué invertir de aquí a un plazo corto de años, qué industrias se deben incentivar y cómo evolucionarlas. ¿Hay alguien a nivel europeo pensando en ello seriamente? ¿Alguien con poder y capacidad de gasto?

viernes, enero 31, 2025

La economía europea, en mal estado

A lo largo de esta semana se han ido conociendo las cifras adelantadas de crecimiento del PIB de las economías europeas durante el último trimestre de 2024. La UE en su conjunto ha registrado un avance del 0%, nada de nada. Estancamiento. Es un dato gris y que muestra un escenario preocupante. Si entramos en cada uno de los países la cosa es distinta, como suele ser habitual, con España como la economía, entre las grandes, que más crece, con una subida del 0,8% bastante más de lo previsto, mostrando un reimpulso en el final del año después de un otoño que evidenció síntomas de fatiga. Es un valor enorme, dopado por el incremento de población y por el gasto público, pero que refleja un avance indudable.

Vamos al meollo, al núcleo de la UE, Francia y Alemania. Ahí las cosas están feas. En Francia se ha registrado un descenso en este último cuatrimestre del 0,1%, dato peor del esperado, y que contrasta con el avance del 0,4% en el tercero. Ese trimestre tuvo como hecho significativo el de los Juegos Olímpicos, lo que es probable que supusiera una inyección adicional de gasto y actividad para el país, a pesar de la deslucida ceremonia de inauguración. Ya por entonces la situación política era tremenda, tras el adelanto de las legislativas, que causó la caída del primer ministro Atalle y la configuración de un parlamento hostil a Macron. Desde entonces la política francesa va dando tumbos, quemando candidatos e introduciendo en el país un factor de inestabilidad que no ayuda para nada a la hora de llevar a cabo medidas de reforma y estímulo económico. Esa parálisis, sin duda, se refleja en el ánimo de parte del país y, con un entorno externo no favorable, las cifras de PIB no van a mostrar demasiada alegría. En fin, que tenemos a Francia bloqueada. Si miramos a Alemania, el país fundamental, la situación es aún peor. La cifra del cuatro trimestre es negativa, y llega al 0,2%, peor aún que la francesa. A lo largo de 2024 sus cifras de PIB han sido decepcionantes, siendo negativos todos los registros trimestrales de este año; -0,1%, -0,2%, -0,3% y el -0,2% de ahora. Alemania ha vivido en recesión técnica a lo largo de casi todo el año pasado, lo que es muy llamativo. Es uno de los países avanzados que presenta peores cifras económicas y está atravesando ya una auténtica crisis de modelo. Su economía, enfocada a la productividad industrial y las exportaciones globales se ha visto golpeada por tres grandes shocks; el incremento de precios energéticos derivado de la guerra de Ucrania (agudizado por los propios errores, como la renuncia a las nucleares) la competencia de otras naciones, especialmente China, en productos de tecnología avanzada frente a los que la industria local no ha sabido o querido posicionarse (caso del coche eléctrico) y las crecientes amenazas de aranceles comerciales, disparadas tras la llegada de Trump al poder, que se pueden traducir en un incremento de las barreras y un gran daño a países exportadores de productos, como es el caso de los germanos. En medio de este panorama, la tradicional estabilidad política del país se está haciendo pedazos. La ruptura del gobierno de coalición entre socialdemócratas, liberales y verdes ha provocado el adelanto electoral, que tendrá lugar dentro de tres semanas, y las encuestas señalan la vuelta de los conservadores de la CDU a la victoria, y probablemente al gobierno, pero un notable ascenso de la ultraderecha de AfD, que puede ser lo suficientemente grande como para condicionar coaliciones, políticas y decisiones. De la dimensión de la derrota socialdemócrata se verá si es posible, en caso de necesidad, reeditar una coalición transversal o no. Evidentemente, en este estado de cosas, es bastante difícil conseguir un gobierno estable y mucho más improbable que sea capaz de llevar a cabo políticas de reforma, que la economía del país necesita. La crisis alemana es más profunda y complicada de lo que parece, y el resultado de las elecciones del 23 de febrero será la primera prueba que nos permita saber si va a haber opciones de cambio y de qué dimensión.

Con este panorama en el centro decisor de la UE, es poco probable, siendo generosos, que el bloque europeo en su conjunto sea capaz de tomar medidas que espoleen la actividad y redunden en mejoras competitivas. La Comisión tiene las competencias que tiene, ni más ni menos, y sus decisiones deben estar avaladas por los estados miembros, dos de ellos como vemos en estado comatoso. Una visión realista desde Bruselas, que se preocupara por la simplificación, el centrarse en la competitividad conjunta y en la unión de acción ante los retos exteriores sería, al menos, lo necesario para que desde ahí se ayudase al conjunto. Pero las reformas ambiciosas que se invocaban en el informe Draghi, no, para eso no parece haber bases ahora mismo.

miércoles, enero 29, 2025

La UE y la IA

No he querido hacer un juego de siglas con el título, pero así ha quedado. Aunque ayer hubo un cierto rebote en los mercados norteamericanos, nada que ver el con el pánico del lunes, lo cierto es que las condiciones tecnológicas y geopolíticas del juego de la IA han cambiado radicalmente, y no se si estamos ante un momento Sputnik como se ha comentado por parte de algunos analistas, pero lo cierto es que lo que antes era una carrera en la que competía uno se ha convertido en un juego de dos, y lo que antes era un monopolio secreto de unas empresas norteamericanas se ha transformado en una disputa entre empresas de ambas naciones, con estrategias y condicionantes distintos.

Si se fijan, en todo lo anterior hay dos naciones en disputa, y existe un tercer actor que, por motivos obvios, nos importa muchísimo y no aparece en las noticias del lunes. Ni si quiera se vio afectado en sus bolsas, que ese día subieron. Ese tercer actor es la UE, nosotros. Hasta ahora veíamos la IA norteamericana como un invento fantástico y como algo que podíamos usar en nuestro favor, pero como respuesta parece que no había movimiento alguno para desarrollar una tecnología similar. Lo más sonado que ha hecho la UE respecto a este asunto mientras los norteamericanos presentaban sus modelos y los iban perfeccionando ha sido establecer el primer reglamento que regula los posibles efectos de esa tecnología. Sí, hemos llegado al absurdo de crear una norma para regular una industria que aún no existe en nuestro territorio, no hay empresas de la UE en el mundo de la IA generativa, sí que participen en la cadena de valor de chips, pero no en el desarrollo y puesta en marcha de modelos LLM estilo ChatGPT o DeepSeek. El anuncio de que se iba a crear el reglamento sobre el tema generó un montón de chanzas por parte de humoristas profesionales y casi todo el mundo, ahondando en el tópico de que la UE no crea nada y que se ha convertido en una potencia regulatoria, con la ambición global de que el resto del mundo se someta a sus normas. Evidentemente esto no va a ser posible. Aunque somos uno de los mayores y más atractivos mercados del mundo, nuestra capacidad para imponer reglas a los demás se ha ido diluyendo a medida que nuestro peso en el PIB global se ha reducido, y el paso de un mundo eurocéntrico a uno global nos ha empezado a dejar en un rincón del tablero. Eso es muy frustrante para quien, durante siglos, ha sido el que ha organizado el mundo para su propio beneficio. Ya no es así. En un mundo de potencias enormes, de grandes avances tecnológicos y de ejercicio del poder de la fuerza sin los disimulos de antaño, la UE sólo puede mantener su modelo legal, político y social si logra incrementos de productividad que le permitan mantener su riqueza relativa. Ya no vamos a ser capaces de imponer nuestros deseos por la vía militar, así que sólo nos queda la economía, y en ese campo o espabilamos o nos hundimos. Lo visto este lunes es una muestra de que China es un competidor ambicioso global en todos los frentes, también en el de la innovación, y que nosotros estamos dormidos en los laureles. Así no se puede llegar a ninguna parte. Sigo manteniendo mis dudas sobre los datos que la empresa china ha suministrado correspondientes a su modelo de IA. Supongo que costará bastante más, habrán sido necesarios muchos más chips y de un nivel más avanzado del publicitado, pero sea como sea, el modelo funciona, es operativo, es competencia, es real. En China, desde hace meses o años, ha habido equipos de ingenieros y desarrolladores centrados en eso y han logrado crear un modelo propio (y con sus censuras) que ha cambiado las reglas de juego. Eso es lo relevante. Y que ellos lo han hecho, y nosotros no.

¿No hay en Europa ingenieros de primera? ¿No hay dinero para invertir? ¿No hay centros de investigación punteros? ¿No hay emprendedores y grupos empresariales? Sí, sí, tenemos de todo esto, sí, pero no le estamos sacando el rendimiento debido. En el caso del coche, la idea de que somos invulnerables y que los chinos sólo hacen cosas de bajo coste nos ha llevado a la debacle que asoma en el horizonte. En la IA ya vamos por detrás de las dos potencias. China no sólo copia más barato. Crea. Y a día de hoy la UE ni copia ni crea. O espabilamos, o nos tomamos todo esto en serio o vamos a ser unos meros consumidores del desarrollo de otros. Y sin su riqueza.

jueves, noviembre 07, 2024

No estamos preparados para Trump II

Como vivimos en una época algo absurda, en la que el pensamiento mágico y la autoayuda sirve de guía para muchos, confundimos el deseo con la realidad, pensamos que si nos concentramos para que algo no suceda el hecho no se da, y la verdad, no hay mayor engaño posible. Algunas cosas de las que pasan sí están relacionadas con nuestras acciones, fruto de deseos, pero la inmensa mayoría de ellas no. Creer que Harris iba a ganar las elecciones en EEUU y no hacer nada en previsión de que fuera Trump es una manera de autoengañarse, porque la probabilidad de que é ganase era, a priori, la misma o un poco más que la de ella. Ahora sólo queda lamentar.

Especialmente en la UE, no estamos preparados para lo que puede ser una reedición de lo que fueron los años de la administración Trump, y esta vez reforzados, porque el personaje ya conoce cómo funciona la maquinaria de Washington y sabe cómo desactivarla. Hay dos planos fundamentales donde tenemos que cambiar de pensamiento de forma acelerada y empezar a diseñar estrategias de supervivencia. Uno es el económico. La UE, gran exportador global, se enfrenta a un recrudecimiento de los aranceles que surgirá de la primera potencia global, y no podemos ganar una guerra comercial, porque dependemos mucho de lo que vendemos a los demás y de lo que les compramos. Gran parte de nuestra riqueza se sustenta en ese intercambio de bienes y servicios, y frente a naciones como EEUU, autosuficiente en energía, o China, en producción, no somos capaces de cubrir nuestras necesidades ni en uno ni en otro sector. Una escala de los aranceles nos va a empobrecer a todos, porque hará subir los precios, la maldita inflación, esta vez no por cuellos de botella o problemas logísticos, sino directamente por decisiones unilaterales que empezarán en Washington. En el estado actual de gran debilidad de la UE (el derrumbe del gobierno alemán no es sino el reflejo de su economía en recesión técnica) esto puede convertirse en un problema enorme y de difícil arreglo. El otro plano de urgencia es el de la seguridad. Desde el primer mandato de Trump se vio que depender de EEUU para la seguridad de la UE había sido beneficioso para ambas partes mientras se mantuviese una confianza mutua, pero nadie confía en Trump y él no lo hace en los europeos. Sin el paraguas norteamericano la defensa europea es una ridiculez. Cierto es que la suma de los presupuestos nacionales de defensa de los países de la UE es muy significativa en el contexto global, pero, literalmente, cada uno hacemos la guerra por nuestra cuenta, con empresas propias que son monopolios nacionales, ausencia de estándares a la hora de la fabricación de proyectiles, piezas de artillería y cualquier otro equipamiento, con tecnologías de vanguardia procedentes de otras naciones de fuera de la UE, etc. La desoladora guerra en Ucrania ha mostrado nuestra enorme debilidad en ese flanco. Sostenemos moral y financieramente a Kiev, pero es EEUU quien le abastece de armamento, tanto por cantidad como por precisión. Si la defensa de Ucrania dependiera de los suministros bélicos de los países de la UE hacía ya un tiempo que Kiev hubiera sido derrotada. Esto es así de crudo. Y una estrategia militar de defensa conjunta no se improvisa en una tarde, no. La OTAN, la alianza defensiva de occidente, no deja de ser una estructura en la que EEUU está rodeado de una serie de mariachis de mayor o menor tamaño, pero ínfimos en todo caso frente al poderío norteamericano. Si Trump no mantiene un compromiso serio y creíble sobre su participación en la Alianza, esta tendrá poco futuro. Y no les cuento si, como ha llegado a declarar, la abandona o pasa de ella. Rusia y otros enemigos de la UE saben todo esto perfectamente, y observan y esperan acontecimientos. Una UE abandonada por EEUU se convertiría en una región riquísima para los estándares globales y sometida a una enorme amenaza exterior.

Si desde España esto se ve con la pereza habitual con la que muchos contemplan los problemas globales (dado que somos necios a la hora de arreglar problemas locales propios no se extrañen) imagínense lo que se debió sentir ayer en las repúblicas bálticas, estados enanos pertenecientes a la UE y con frontera con Rusia, o en Polonia, que tiene frontera con Bielorrusia y con Moscú a través del enclave de Kaliningrado, o en cualquier otra nación del este que recuerde su pasado de sometimiento a la dictadura soviética y no esté gobernada por un autócrata que añore aquello, como es el caso de Hungría con Orban. El escalofrío debió ser creciente a medida que caían los estados en manos de quine ha dicho que no les defenderá.

lunes, diciembre 05, 2022

Petróleo ruso a precio tasado

La última de las sanciones aprobadas por la UE, excluida Hungría, para hacer la vida más difícil a la economía rusa es la imposición de un precio máximo al petróleo ruso, pactado en 60$ el barril, de tal manera que no se pagará por encima de ese valor si la cotización del crudo es superior. Así mismo, las navieras europeas no podrán transportar petróleo ruso y, en caso de hacerlo, no podrán contratar seguros marítimos, que son obligatorios en cada viaje. Sí se permite la adquisición de petróleo por oleoductos, pero con el límite de precio antes comentado. El viernes, la cotización del petróleo, en su variante europea y norteamericana, superaba por poco los 80$.

El objetivo obvio de estas medidas es frenar los ingresos de la economía rusa, ahogarla aún más e impedir que así se pueda financiar la guerra de Putin contra Ucrania. Es una acción que daña a ambas partes, al productor y exportador ruso y al importador y consumidor europeo. Los países de la UE deben diversificar las fuentes de las que se abastecen de petróleo y así eludir al ruso, y Moscú debe encontrar compradores alternativos y que, además, estén dispuestos a saltarse este límite de precio. Parece que ambas partes ya están haciendo parte de ese trabajo. La UE era muy dependiente del gas ruso, pero no tanto del petróleo, porque ahí ya tenía una amplia cartera de países suministradores que le cubrían, de tal manera que, salvo excepciones, como Hungría y otras naciones del este, es posible que nos podamos abastecer sin el suministro ruso sin que los precios globales suban demasiado. Para Rusia la UE era uno de sus principales mercados de exportación de crudo, por lo que la medida es más dañina, pero desde que empezó la guerra Putin y sus compinches ya se han encargado de abrir nuevos mercados de exportación, principalmente China e India, naciones que se han convertido en las grandes consumidoras de los hidrocarburos rusos. El barril que sale de los Urales, con denominación propia, suele cotizar a precios menores que los del mercado global norteamericano y europeo, y a eso se suma que Rusia ha hecho ofertas a la baja a los nuevos socios, de tal manera que, cuando los precios del barril superaban los 100$ Rusia estaba ofertando su petróleo a la mitad de ese precio a los nuevos socios. Ahora les subirá algo, pero dado que esas naciones no se han adherido al acuerdo de precios máximos es posible que Moscú logre evadir por ese lado el impacto de las sanciones. Más complicado lo va a tener para el mero transporte del mismo, porque no hay una red de oleoductos de gran capacidad que comuniquen Rusia con Asia, por lo que la inmensa mayoría del petróleo se transporta por barco. Y ahí el tema de los seguros a las navieras europeas sí puede hacer daño efectivo. ¿Alternativas rusas? Las hay, sucias, pero las hay. Principalmente tres; El uso de barcos en la sombra, viejos y que no están muy registrados, de los que Rusia y otras naciones poseen más de uno; el pirateo, es decir, que barcos de navieras sujetas a sanción actúen bajo cuerda llevando el petróleo y cobrando en negro, literalmente, y claro, el que navieras de naciones que no se unan al acuerdo petrolífero los transporten. El hecho de que el mercado mundial de seguros navales esté controlado por la city de Londres, con Lloyds como emblema, hace que empresas de terceros no adheridos al acuerdo no tengan tan fácil ofrecerse a hacer de transportistas para Rusia, porque en el tema de los seguros estarían comprometidos, pero vamos a ver qué sucede, si la presión del dinero ruso crea un mercado de seguros encubierto, basado en corruptelas y pagos al estilo mafioso, donde se puedan comprar seguros y coberturas que no sean legales, pero hacerlas pasar como tal. Lo cierto es que en esto del comportamiento ilegal Rusia tiene bastante experiencia, por lo que no es descartable nada de nada.

¿Van a tener éxito estas sanciones de la UE? Esperemos que sí, pero es pronto para asegurarlo. Hay que esperar a ver cómo reacciona el mercado global de petróleo, de momento sin restricciones adicionales de oferta tras el comunicado de ayer de la OPEP, y las tácticas putinescas que busquen eludir el bloqueo. A priori es una medida que puede hacerle daño, pero de una manera lenta, y eso nos llevaría a que en este invierno de frío ucraniano mortal el daño no sería lo suficientemente severo como para condicionar las decisiones del Kremlin. En todo caso era una decisión que había que tomar, seguramente mucho antes. Ahora, a medir efectos y a aguantar las consecuencias.