martes, agosto 25, 2026

Las vacaciones del líder son sagradas

Desde el inicio de la crisis de Ceuta Juan Jesús Vivas, alcalde de la ciudad, reclamó la declaración de emergencia y el establecimiento de un mando único nacional para hacer frente a una situación que desbordaba las capacidades de la ciudad desde todo punto de vista. Recordemos que, aunque legalmente sean CCAA, Ceuta y Melilla son ciudades pequeñas que tienen competencias municipales, siendo el estado el responsable de áreas como Sanidad y Educación, plenamente gestionadas por el resto de las CCAA, o la seguridad, donde las ciudades tienen a la policía municipal para cuestiones de tráfico y poco más.

Casi cuatro semanas después de la invasión, y con la ciudad sumida en el caos, el gobierno decidió ayer que se va a proceder a nombrar a ese mando único para la gestión y coordinación de lo que se haga en Ceuta. Durante todo este tiempo hemos visto a un carrusel de ministros acudiendo a la ciudad para hacerse fotos con las autoridades locales y reiterar el discurso, bien aprendido por todos ellos, de que la normalidad era ya casi plena en Ceuta y que la crisis apenas había durado un par de días. Era asombroso el cuajo con el que, uno tras otro, mentían a todos a los que se dirigían, porque tras esas palabras huecas la realidad del desastre se percibía en todas partes, con una ciudadanía desesperada al ver como su lugar de residencia se había convertido en una especie de ciudad de refugiados sin control seguridad, higiene, justicia ni nada. El abandono era total, negado sin cesar por los ministros y los que se hacen pasar por periodistas que trabajan a su servicio desde los medios controlados, el abandono era omnipresente. De mientras esto pasaba y la incredulidad del país crecía, Sánchez seguía de vacaciones en Canarias, en la residencia oficial de La Mareta, en Lanzarote, ajeno absolutamente a todo. Apenas se la ha visto en dos reuniones teatro, organizadas por videoconferencia, en las que simulaba estar en un despacho mirando a un gran monitor en el que varios ministros le reportaban cómo estaban las cosas en Ceuta. Hasta tal punto ha llegado la representación de la nada que las fotos que se enviaron a la prensa de la primera reunión telemática estaban manipuladas, de tal manera que no se veían las piernas de Sánchez debajo de la mesa en la que se encontraba. Milagro de la modernidad. Ese par de encuentros, ya les reitero que presumiblemente escenificados, ha sido lo único que se ha visto durante 23 días de Sánchez, que acudió a Ceuta al día siguiente de la invasión, pero huyó lo más rápido que pudo dejando clavado el mensaje oficial de que la normalidad estaba ya en camino. Día tras día la realidad del desastre ceutí se ha ido solapando con la irresponsabilidad de un presidente ausente que, en plena sintonía con su aliado Mohamed VI, el instigador de la invasión, se ha mantenido ajeno al ruido y las miserias de los ciudadanos del país que le paga el sueldo y la residencia de verano, ejerciendo como una especie de dictador de pacotilla. Las vacaciones del líder son sagradas, deben pensar todos sus súbditos y los pelotas que medran en el entorno sanchista, y no se han oído voces ahí que denuncien la vergonzosa actitud que se ha visto en este agosto por parte del déspota. Sólo ayer, tras la decisión de nombrar ese mando único y la convocatoria para hoy mismo del Consejo de Seguridad Nacional algunos de los medios sometidos a Moncloa añadía la coletilla de “tras 26 días desde el inicio de la crisis de Ceuta” para enmarcar esas dos decisiones, queriendo señalar la ominosa tardanza en ser tomadas, pero de una manera que no suponga ser represaliados por el aparato monclovita, que es el que les garantiza el sueldo y puesto. El descanso del líder debe ser sagrado, según parece. Nada debe alterarlo.

Tarde, mal, con un innegable tono de complicidad con la nación invasora… toda la gestión del desgobierno que padecemos en el asunto de Ceuta revela hasta qué punto estamos en manos de una panda de incompetentes que no saben gestionar nada, y que viven obsesionados por las redes sociales, la fabricación del relato y la creación de polémicas para tapar su necedad. Todo eso, que es basura, no política, se convierte en tragedia cuando se está ante problemas de la gravedad del ceutí, con más de cien muertos, miles de manipulados inmigrantes abandonados, decenas de miles de ciudadanos ceutíes sometidos a chantaje y todo un país humillado. Pero nada, las vacaciones del líder son sagradas, no ose a discutirlo.

lunes, agosto 24, 2026

Ceuta, abandona

Transcurridas ya más de tres semanas desde el intenso de invasión híbrida que organizó Marruecos el 30 de julio sobre la ciudad de Ceuta, sólo me quedan dos cosas claras. Una, que el atacante tiene muy claro que aspira a hacerse con esa ciudad (y con Melilla) tanto por vías legales como por los hechos, sin importarle el coste en vidas que ello suponga, y que el atacado, nosotros, carecemos de capacidad de respuesta, mostramos una negligencia absoluta en la gestión de lo sucedido y seguimos sin ser capaces de defender, de ninguna manera, la soberanía de la ciudad y la dignidad de sus habitantes.

Sique sin estar claro cuánta gente entró en Ceuta a finales de julio. La mayoría de las fuentes comienzan la horquilla en el entorno de los 50.000 y no pocas lo elevan a un total de 80.000 que es muy similar al número de habitantes de la ciudad. Dado que Ceuta, por definición, posee fronteras rígidas, no hay un campo ahí al fondo donde se puede expandir la ciudad, eso supone duplicar la población en un día, algo insostenible por completo para cualquier localidad. Transcurridos los primeros días del asalto muchos miles de los que se vieron forzados a realizarlo retornaron a Marruecos, pero no todos, desde luego prácticamente ningún menor. Nuevamente seguimos sin cifras fijas, la eterna desesperación de un país que, ya en el covid, demostró no saber contar ni muertos, ni camas ni UCIs. Se habla de, al menos, dos mil menores y unos cinco mil no menores, pero con margen de incertidumbre, pudiendo ser cerca de diez mil los que permanecen en la ciudad tras el asalto. En una urbe de las dimensiones de Ceuta gestionar esto es un problemón. Y, ante esto, el ayuntamiento se ha visto abandonado por parte de un gobierno nacional que mantiene numerosas competencias claves para afrontar una situación como esta (sanidad, educación o seguridad por mencionar unas pocas) y que no ha hecho esfuerzos algunos para contener un problema que ha ido degenerando día a día. Los miles de personas, sin techo ni lugar en donde estar, se han ido autoorganizando, creando campamentos improvisados en la playa del trampolín y en otros lugares de la ciudad, construyendo cabañas y chabolas con lo que han ido cogiendo por ahí, y subsistiendo gracias a la caridad de algunos vecinos y de poco más. Las condiciones de salubridad de estos asentamientos son nulas, indignas, propias de reportajes de esa África que produce congoja nada más verla. Los episodios de violencia entre los inmigrantes y entre algunos de ellos y los residentes en la ciudad se han mantenido constantes a lo largo de todo el tiempo, con un evidente desborde de las fuerzas de seguridad, que no son capaces de garantizar que los hechos no vayan a más. Hay numerosas denuncias de acoso, ataques sexuales, robos y demás delitos que han saturado por completo las fuerzas judiciales de la ciudad, completamente dependientes del Ministerio, y la solicitud de refuerzos para que hagan frente a este disparo de casos, mientras que deben afrontar también toda la gestión de los permisos de residencia de los que solicitan asilo, no ha recibido por ahora respuesta por parte de los responsables del Ministerio. Lo mismo se puede decir de las incontables peticiones de refuerzo que realizan día a día los responsables sanitarios de la ciudad, dependientes por completo del Ministerio de Sanidad, que hacen frente a una avalancha de atenciones fruto de los incidentes mencionados y de la insalubridad absoluta en la que se encuentran esos miles de personas. Las enfermedades de todo tipo, muchas de ellas erradicadas en la península por vacunación, empiezan a surgir en la ciudad porque es casi seguro que ninguna de esas personas ha sido sometida a un proceso de vacunación, ni en Marruecos ni en sus naciones de origen. Durante todas estas semanas la displicencia con la que la ministra de sanidad ha actuado en esta crisis es una muestra perfecta de lo que ha hecho el gobierno central en todo momento. Figuración y nula gestión.

Con razón, los ciudadanos de Ceuta se sienten abandonados a su suerte. Su ayuntamiento llega hasta donde llega, pero no más allá. Las peticiones de mando único suplicadas por su alcalde Vivas han sido desoídas constantemente por parte de un gobierno ausente, que hace pocos días ha decidido que sea un ministro, el de política territorial, el que coordine el trabajo de todos los demás, en una muestra de reconocimiento implícito de la descoordinación que reina en Moncloa y aledaños. Miles de inmigrantes son las víctimas directas causadas por Marruecos en su asalto a Ceuta, y los residentes de esa ciudad son los rehenes de la presión de Rabat y la necedad de Madrid. Así están las cosas.

viernes, agosto 21, 2026

El gran tormentón

Pero, antes de empezar a comentar la actualidad desatada, quiero dedicarle el día de hoy a la tormenta, la de verdad, la meteorológica, que cayó en Elorrio el pasado sábado 8 de agosto por la tarde, un tormentón espectacular, de unas dimensiones y virulencia apenas vistas por aquellas latitudes, que ha dejado destrozos de todo tipo y que, casi, ha sido el único episodio de lluvia que se ha vivido allí en estas dos semanas, en medio de la sequía y calores de un verano de récord, que ha batido todos los registros de máximas medias y de noches tropicales. A tono con esas marcas, la tormenta fue histórica.

La previsión señalaba que podía llegar, así que a primera hora de la tarde empecé a estar atento, a ver si se cumplía el vaticinio. Sabido es que las tormentas son muy caprichosas, tanto al darse como al desplazarse, y pueden no llegar a surgir, o crecer y caer a lo loco en un sitio y, a pocos kilómetros, sentir su presencia de fondo pero apenas unas gotas mal caídas. Pasadas las 16 horas ya se había formado un cúmulo de tormenta en las proximidades de Elorrio, pero se quedó detrás de Udala, el monte que hace la divisoria entre el municipio y el vecino y guipuzcoano Mondragón. Por ahí se movió y luego ascendió hasta la costa de Deba Zumaia, por lo que no tocó a nuestro valle. Oportunidad perdida. Pasadas las 17 horas otro núcleo empezó a formarse en la zona de Villareal, donde se encuentra el pantano de Landa, ya en Álava, y ese empezó a coger una trayectoria de desplazamiento hacia el noroeste que sí le ponía en camino a Elorrio, si no se desviaba por cualquier cosa. En espera de que nos tocase la lotería, cogí el coche y subí hacia la zona de Mendraka, donde se ve todo el valle y la visión, centrada en el sur, cubre 180 grados sin obstáculos. Desde ese punto contemplé el famoso eclipse cuatro días después. Llegué al sitio que más me gusta para observar y, en efecto, ahí estaba la tormenta, al fondo, mirando hacia el sureste. Un núcleo negro inmenso, que empezaba a estar demasiado cerca como para poder contemplar la forma completa de su cota superior. Se empezaban a ver cortinas de precipitación a lo lejos que podían llegar hasta Elorrio, pero aún no lo hacían. Se escuchaba el tremor de los truenos, no muy cercanos, pero sí perfectamente distinguibles. Con el paso de los minutos, ya cerca de las 18 horas, la trayectoria de la tormenta era ya clara, y muy evidente que nos alcanzaba. Esa cortina de precipitación se había convertido en un proceso de desplome constante de una nube negrísima, asemejándose a un hongo nuclear pero invertido, que cae en vez de ser elevado por su columna. Los rayos iban a más y estaba claro que iba a caer una buena. Junto con todo lo demás se escuchaba un ruido sordo, que no lograba identificar, creciente, como de golpes. En pocos minutos la tromba alcanzó los montes de Udala y todo el entorno de Betsaide, que encierra el valle de Elorrio por su tramo este y sur, y a medida que avanzaba el horizonte quedaba cubierto por una cortina de precipitación y ese ruido que crecía sin cesar. En pocos minutos empezó a llover en Elorrio pueblo, que podía contemplar en su totalidad desde lo alto, y en un par más en la zona en la que me encontraba. Me metí a todo correr en el coche con la idea de esperar allí a ver qué pasaba. La lluvia inicialmente era torrencial, nada de ir poco a poco, pero en poco tiempo se empezó a mezclar con granizos, inicialmente pequeños, pero a los pocos minutos eran bolas de unos dos centímetros de diámetro o más las que caían de manera desatada. El ruido de su impacto contra el coche era brutal y empecé a temer por la integridad de las lunas. Decidí emprender el camino de descenso para buscar un refugio donde meter el coche y que no fuera deshecho. Bajé algo más de un kilómetro hasta encontrar una tejavana que se usa como aparcamiento, con plazas libres en ese agosto de vacaciones. En el descenso granizos, ramas y hojas caían sin piedad cubriéndolo todo. Pasé algo de miedo, pero logré llegar a cubierto.

Aproximadamente diez minutos duró la granizada, que estuvo al borde de ser capaz de abollar coches y romper lunas, pero que logro perfectamente arrasar todas las huertas del pueblo e infinidad de árboles y ramas, dejando la localidad y alrededores tapizada de hojas y restos que, días después, gracias a la desidia municipal, ahí seguían. El centro urbano se inundó por completo por la riada que caía desde lo alto. El ruido de fondo que no lograba interpretar era ese montón de granizos salvajes chocando unos contra otros en la nube y desparramándose al caer. No hay recuerdos en la localidad de una granizada de semejantes dimensiones.

jueves, agosto 20, 2026

Duro agosto

Hace no tanto agosto era una pesadilla para los informativos, apenas había noticias, y se buscaba magnificar las pocas que surgían para darle algo de empaque a unos telediarios o boletines que contaban con audiencias ridículas en comparación al resto del año. De hecho, no eran pocos los chistes sobre qué pasaría en Gibraltar en ese mes, porque esa era una de las recurrencias que se buscaban para encontrar chicha mediática a las noticias. Serpientes de verano se les llamaba a estas noticias, que no eran tales. Creo que, como pasó con las canciones del verano, han ido a parar al desván para ser un mero recuerdo del pasado.

Este mes está siendo duro. Entre el desastre de Ceuta, provocado por Marruecos y la desidia nacional, el calor que no da tregua, los incendios devastadores que se suceden un otras otro por toda la geografía, los terremotos, el disparo de la rentabilidad de los bonos soberanos y las bobadas que no deja de soltar Trump en torno a su fracaso en Irán lo cierto es que los profesionales de los medios no han tenido tiempo para aburrirse ni un minuto. Ceuta, y su desgracia, han sido el eje en torno al que ha orbitado toda la información en lo que llevamos de mes, tras el asalto propiciado por Marruecos y la degeneración de la situación en la ciudad gracias a la inoperancia de un gobierno que, como su presidente, sigue de vacaciones sin que nada ni nadie le importune. Este es el tema río que guiará lo que queda de mes, dado que la semana que viene se van a producir en el Congreso las comparecencias de varios ministros para dar explicaciones (sí, sí, ríanse) sobre lo sucedido y lo que han hecho al respecto. Con el permiso de Ceuta se han colado dos terremotos, uno sucedido a principios de mes en Colombia y otro, bueno, una serie, que está golpeando Granada ciudad y toda su comarca, con dos movimientos muy superficiales de intensidad cercana a cinco que han causado no pocos daños materiales en cornisas y multitud de elementos salientes y que han metido, como es lógico, el susto en el cuerpo a todos los que ahí residen, que ven como el proceso que se vivió en 2021, si no me equivoco, se vuelve a repetir, pero esta vez con una intensidad superior. El último gran movimiento ha dejado unos heridos, pero por ahora, afortunadamente, no hay que lamentar víctimas mortales ni graves daños materiales. El patrimonio artístico de la ciudad, enorme, se ha movido con ganas, pero parece haber aguantado bastante bien la sacudida. En esto de los terremotos vivimos a ciegas, porque sabemos que donde se han dado se darán, pero no hay manera de predecirlos ni de conocer cuándo se va a producir la recesión en el proceso que los causa, por lo que la intranquilidad en la zona está justificada. Es de esperar que, tras las sacudidas serias que se han vivido, las réplicas vayan a menos en intensidad y frecuencia, pero nada garantiza que eso vaya a ser así exactamente. En esa comarca vive mucha gente, y más aún en temporada de verano, como es el tiempo en el que estamos, por lo que hay que mantener la prudencia y confiar en que la cosa vaya a menos, pero dígale usted eso a un residente de un edificio que luce grietas tras lo sucedido, y verá con qué vehemencia le contesta. Si lo de Ceuta es un desastre por causa humana, evitable, provocado, lo de Granada es un infortunio ante lo único que queda es la suerte y la confianza en que las edificaciones se hayan hecho teniendo en cuenta los riesgos sísmicos de la zona y aguanten. Son dos crisis muy diferentes, pero ambas tienen de los nervios a los que residen en las zonas afectadas, y con toda la razón del mundo. Lo que más rabia me da es que, la que está en manos humanas de ser solucionada, se pudre, como lo hace el interior de la falla granadina, y eso sí tiene culpables, por acción y omisión.

Niebla, Peñas de Rilos, Pinofranqueado…. Uno va conociendo parajes del país en función de cómo se queman en los incendios forestales que los asolan, y no deja de ser, probablemente, una de las peores maneras de saber que existen. Un incendio destructor se sucede tras otro, con muy pocos detenidos como causantes, (sí hay uno en el de Huesca) un enorme esfuerzo para poder apagarlos, que ya se ha cobrado la vida de un miembro de la UME miles de desalojados que han pasado días interminables lejos de sus casas, y patrimonio natural que se destruye para no volver en décadas. En este sentido, el balance de agosto es tan duro como el de julio.

martes, agosto 04, 2026

Guerras híbridas contra Europa

Hoy se produce una esperpéntica reunión, por videoconferencia, de los ministros de interior de la UE con motivo del asalto marroquí a Ceuta recién sufrido. En este encuentro van a saltar chispas, tanto por la actitud de algunos países ante la inmigración como por el comportamiento inexplicable de nuestro ministro de exteriores, que en medio de semejante coyuntura no se le ha ocurrido otra cosa que crear una crisis diplomática con Italia, a cuyo embajador llamó a consultas mientras seguía manteniendo una servil e indigna actitud de peloteo con las autoridades marroquíes responsables del desastre que ha tenido lugar estos días.

Si esto no es la decadencia, que me lo expliquen. La UE se encuentra rodeada de enemigos que la ansían, por su riqueza económica, y la saben débil, por su envejecimiento y completo estado de alucinación colectiva al respecto de sus presuntas capacidades, siempre en entredicho. Las naciones europeas siguen, seguimos, viviendo en el paraíso de un mundo de normas que se hacen respetar, cuando fuera de nuestras fronteras la selva crece y se espesa de una manera aparentemente irreversible. Se habla sin cesar de incrementar el gasto común en defensa, y surgen proyectos sin fin al respecto, ideas que se quedan en meras presentaciones y que, en pocos casos, se plasmarán en realidades, pero, aunque lo haga, ¿de qué sirven si no generan capacidad disuasoria? ¿Qué poder disuasorio tiene España frente a Marruecos? Quiero creer que no nulo, pero tengo serias dudas. ¿Y la UE en su conjunto? ¿Qué capacidad de amedrentamiento posee frente al vecino del sur? Ahí si la respuesta no es cero se le aproxima bastante. Tratados comerciales de enorme valor, firmados entre la UE y Marruecos, podrían ser esgrimidos en una negociación oculta para dejar claro al régimen de Rabat ciertas cosas, entre ellas la integridad territorial de la UE, pero una observa con pasmo, para ocultar la rabia, cómo la presidenta de la Comisión felicita a España y Marruecos por la gestión de la crisis. En serio, ¿estamos bobos? Un centenar de muertos, un desastre en todos los sentidos, una agresión alentada desde un tercero contra un miembro de la UE, un ejercicio de matonismo mediante el uso indiscriminado de la población civil, ¿y la Comisión “felicita”? Imagino que, al leer semejantes declaraciones, en Rusia o China las carcajadas se habrán escuchado en todos los pasillos en los que se encuentre alguien que tenga algo de poder. El mundo contempla como la UE es sometida a ataques híbridos en su flanco sur y en el este y reacciona felicitándose como un pasmarote que sonríe cada vez que le pegan una patada. Acciones de guerra con características ambiguas, en sombra, que son difíciles de atribuir directamente, que juegan con la manipulación en las redes, que hinchan noticias que tienen algo de verosimilitud hasta crear relatos falsos que engañan a muchos, que no tienen pudor en usar la vida de otros para lograr sus fines. Actos de subversión que intentan desestabilizar las instituciones de naciones europeas y, de paso, el conjunto de la UE, en un proceso lento pero sostenido, que va erosionando capacidades y firmezas hasta que el agredido se ve en la tesitura de tener que negociar, hablar, mantener un diálogo fluido y sincero, y demás eufemismos que esconden el acojone que crece sin cesar en las cancillerías europeas. Rusia y otras naciones hostiles toman nota cada día de cómo actos menores, o muy graves como los de Ceuta, no son respondidos con la firmeza debida, y se sienten cada vez más valientes. Comprueban esos dictadores día a día el infinito miedo que los europeos tienen a la pérdida de sus vidas, de su nivel de ingresos, de la calidad con la que residen en el jardín que han creado, y ellos, que desprecian a las poblaciones de los países que dominan, no dudan en dar pasitos firmes, que les costarán vidas propias, pero que en sus cálculos cínicos carecen de valor. Sólo les importa ir avanzando en su proyecto de cerco y sometimiento al rico jardín europeo.

Si no despertamos ante lo que tenemos delante, no seremos capaces no ya de reaccionar, sino de sobrevivir. La norma, la ley, la razón, son necesarias, y no deben abandonarse, pero la defensa propia empieza a ser una necesidad acuciante por parte de una UE asediada, tomada por pazguata por regímenes mucho más duraderos y estables de lo que nos podamos imaginar. Debemos plantarnos ante Marruecos, ante Rusia y ante cualquiera que nos amenace, y si eso exige gastar dinero, emplear vidas y recursos, tenemos que escoger. O sacrificios para resistir o dejación y derrota. Está en nuestras manos si hacemos algo para defendernos o no.

Subo a Elorrio un par de semanas de vacaciones, a ver qué tal. Si no pasa nada extraño, y visto lo visto sucederá de todo, nos leemos el jueves 20 de agosto. Pásenlo muy bien y descansen si es posible.

lunes, agosto 03, 2026

Desidia o algo peor

Transcurridos ya unos pocos días desde el asalto cometido contra Ceuta, empieza a poder hacerse un cierto balance de lo sucedido, y es doloroso. Más o menos tres cuartas partes de los habitantes de la ciudad fue la cantidad de personas que entraron en la misma, con una salida posterior cercana a ese volumen, aunque hay aún permanecen cientos de personas en la ciudad, especialmente en los alrededores del CETi, que si ya antes estaba desbordado ahora mismo no es sino un contenedor rodeado por fuera y apelotonado por dentro. Se estima en más de cien los fallecidos en el asalto, la mayor parte de ellos en el lado español, y con dudas de cuántos en el lado marroquí. Todavía hay cadáveres por recuperar del fon del mar.

Cuanto más insiste el gobierno en achacar lo sucedido a las mafias y a la desinformación en las redes más queda claro que hemos estado ante un intento de agresión híbrida alentado, orquestado y consentido por las autoridades marroquíes, en un ejercicio premeditado de desestabilización por parte del país vecino de la soberanía nacional y la integridad de la ciudad de Ceuta. Nada curioso, ayer por la noche el gobierno de Marruecos rompió su silencio oficial, tras cuatro días de desastre, agarrándose sin tapujos a esta misma versión y reiterando, casi una por una, la mayor parte de las palabras que Sánchez pronunció en su comparecencia exprés del viernes, justo antes de evadirse rumbo a las inmerecidas vacaciones. Una recopilación de frases hechas, argumentarios equivalentes, en los que las mafias y la sentencia de las devoluciones en caliente del Tribunal supremo aparecen como causas justificativas de lo sucedido, y la reiterada voluntad de cooperación en la gestión migratoria que sonaría sarcástica si no fuera por lo cruelmente falsa que resulta. Marruecos, lo sabe todo el mundo, es el único responsable de esta tragedia, es, de hecho, el causante de la misma, y se produce porque es la manera que tiene de demostrar que sus ambiciones de posesión sobre Ceuta y Melilla permanecen ahí, y que la toma de ambas ciudades es una cosa que está al alcance de su mano si se lo propone. En esta simulación de marcha verde que hemos visto ha quedado muy clara la capacidad de movilización que posee el régimen alauí y la absoluta incapacidad que tiene el actual gobierno para garantizar la estabilidad de la frontera. Instalaciones defectuosas, un espigón nunca ampliado, escasez absoluta de cuerpos policiales, ausencia de dispositivos militares de control, imposibilidad de rechazar flujos masivos de entrada…. Ha sido tanta la capacidad de las masas marroquíes como nula la de España de hacerles frente. Pensemos en otro ejercicio similar a este pero que cuente con la presencia de soldados marroquíes camuflados entre las masas, de personal de asalto y combate entrenado, de “hombrecillos verdes” como los que empleó Rusia en la toma de Crimea en 20144. Amparados en el caso de la entrada bastaría un contingente de unos pocos cientos para tomar posiciones en el ayuntamiento y otros puntos estratégicos de la ciudad, haciéndose fuertes allí y plantando una base de poder que empiece a controlar la urbe. Desde ese punto, y en plena cooperación con las milicias marroquíes de su lado fronterizo, la valla se abriría por completo y el flujo ilimitado de personas haría el resto. La toma de la urbe podría hacerse en pocas horas y con, como se ha visto, la seguridad española completamente superada. Este ejercicio mental no es sino una mera ampliación de lo que hemos visto desde el viernes, con lo más difícil, que es la congregación y actuación de una inmensa masa humana, ejecutado de una manera precisa y contundente. Sí, con muchos muertos marroquíes, pero recuerden, al contrario que aquí, en Marruecos la vida de sus ciudadanos vale bien poco, empezando porque no son tratados como ciudadanos, sino como súbditos de un régimen opresor que mantiene controlado el poder y todos sus resortes. El comunicado marroquí de esta noche es un corte de mangas a la legalidad internacional, a la verdad, a lo que hemos visto todos y, desde luego, a España, país al que no tiene respeto alguno y que considera sometido a su voluntad.

¿Por qué esto es así? ¿Por qué nuestro gobierno ofrece un comportamiento absolutamente sometido a los deseos del régimen de Rabat? Hay varias explicaciones, y todas ellas tienen un lado siniestro. Además de nuestra acreditada desidia, está el miedo que produce ese régimen, que hace que todos los gobiernos de Madrid se cuiden mucho de “ofenderle” prohibiendo, por ejemplo, la visita del Rey a esas ciudades. Y claro, está el chantaje, que tantos mencionan, al que puede estar sometido un Sánchez que ni previó lo sucedido ni actuó cuando pasó ni se hace responsable de nada. Rabat ve como Madrid no actúa y sigue avanzando en su línea de conquista. Y si no se le frena, lo logrará.

viernes, julio 31, 2026

Marruecos vuelve a organizar un asalto a Ceuta

A lo largo del día de ayer, sin que se le hiciera caso alguno, se desató una avalancha de ciudadanos magrebíes que franqueó las verjas de acceso a la ciudad de Ceuta y que, de manera imprudente, se echó al mar para tratar de rodear el espigón que separa la ciudad del territorio marroquí. Lo que en principio era un movimiento de cientos de personas se convirtió, en pocas horas, en la llegada de miles, algunos medios hablan de cifras de entre diez mil y veinte mil personas, en medio de la incapacidad de las fuerzas españolas de controlar lo que sucedía y la pasividad absoluta de las marroquíes, dejando hacer a los que corrían por su territorio camino Ceuta.

La situación se parece a la que se vivió en 2021, pero tiene pinta de que esta vez la entrada de personas ha superado, por mucho, la que se registró en aquel año. Para una ciudad como Ceuta, con unos 83.000 habitantes y un entorno geográfico acotado, un acceso de miles de personas en sus calles es algo similar a una invasión, porque no hay manera de ofrecer un alojamiento o servicio alguno a los miles y miles que se encuentran por allí, que ya han pasado al raso una noche y no creo que hayan comido nada desde hace ya bastantes horas. La situación de la ciudad es insostenible desde cualquier punto de vista y la improvisación con la que ha actuado el gobierno, mirando para otro lado hasta que no ha podido evitar hacerlo es total. ¿Cuál es la causa de lo que está pasando? Se alega como motivo principal una sentencia del Tribunal Supremo de hace pocas semanas que rechaza las devoluciones exprés a Marruecos si la entrada a la ciudad se ha hecho a nado, al considerar el tribunal que eso supone que no se ha franqueado ilegalmente muro o barrera de contención. Es una posibilidad real, que ha podido generar un efecto llamada, pero no nos engañemos. El episodio de 2021 fue una respuesta organizada por el gobierno marroquí para castigar al español por la acogida que este dispensó al líder de los saharauis con motivo de un tratamiento sanitario en medio de la crisis del Covid. Todo el mundo sabe cómo se las gasta el régimen marroquí y es consciente de que nada pasa en el país vecino sin que el gobierno lo sepa. Ayer era el 27 aniversario de la llegada de Mohamed VI al poder, era fiesta en Marruecos, y algunos dicen que esa era la causa de que hubiera menos efectivos en el control de la frontera en el lado marroquí. También se dice que la reciente visita de Pedro Sánchez a Argeloia, enemigo acérrimo de Marruecos, ha disgustado en Rabat y que lo sucedido sería una especie de respuesta. No está claro. Lo único que tengo seguro es que lo que ha pasado ha contado con el aliento, colaboración, consentimiento y, me atrevería, estímulo de las autoridades de Rabat. Los cerca de quince muertos que se estima como balance de lo que pasó ayer en el asalto a la ciudad son algo que a Marruecos no le importa en lo más mínimo, como tampoco le importa el resto de su población. Lo de ayer fue otro ejercicio de intimidación perpetrado por el régimen de Rabat contra la soberanía española de Ceuta y Melilla, un intento de marcha verde ligera, no desatada, que vuelva a testar hasta qué punto somos capaces de controlar lo que se puede venir encima y mantenemos una cierta rigidez en nuestra posición de dominio de ambas ciudades. A corto plazo, la respuesta de las autoridades españolas habrá encantado a las marroquíes. Ignorancia, improvisación, desidia, desatendimiento total a la desesperada llamada de las autoridades de municipales de Ceuta reclamando la declaración de emergencia nacional, pasividad absoluta, comunicados oficiales en los que se alaba la cooperación de los gobiernos de España y Marruecos… la catarata de despropósitos que se vieron ayer sería de chiste, si no fuera por las dimensiones de la tragedia y la gravedad de lo que está pasando.

No nos engañemos, Marruecos va a tratar de hacerse con Ceuta y Melilla en el corto plazo, bien por una invasión civil de este estilo o con una operación militar, y no debemos olvidar que, desde hace un tiempo, Rabat cuenta con el apoyo explícito de Washington, que va a respaldar todos sus movimientos, tanto con declaraciones como con hechos o inacciones. Estamos solos ante la agresión presente, y las futuras, que Marruecos va a ejercer, y no debemos seguir engañándonos al respecto. Tarde o temprano habrá disparos cruzados entre militares de ambas fronteras, y estaremos solos, no nos va a ayudar nadie. ¿Somos conscientes de ello? ¿Nos damos cuenta de lo que está pasando y del peligro que viene?

jueves, julio 30, 2026

El nivel de los stocks de armas de EEUU

Esta noche ha vuelto a ser de ataques intensos en el entorno de Ormuz. El ejército norteamericano ha disparado contra numerosos objetivos relacionados con instalaciones de la guardia revolucionaria iraní, y tras el relajo que se vio en los precios a principios de la semana, el barril de crudo vuelve a superar los 90$. Las erráticas declaraciones de Trump no hacen sino añadir confusión a una guerra que se prolonga de una manera gris. Un día dice que va a lanzar un ataque muy duro y al par anuncia que la negociación va muy bien, y luego otra vez. Es evidente que no tiene el control de la situación en la zona y que, militarmente, las cosas no le van como quisiera.

Durante los últimos días varias fuentes han hablado, y no poco, sobre los posibles problemas de suministros de armas a los que se enfrenta EEUU tras lo que lleva de campaña iraní. En los primeros meses de guerra se lanzó contra la nación persa un gran número de misiles, bombas y demás artefactos que tenían dos características muy importantes. Eran precisos y caros, muy precisos y muy caros. EEUU tiene un elevado catálogo de armas de este tipo, pero sabe que, al contrario de lo que pasa con la munición convencional de disparo, debe emplearlos con mesura, porque no es nada fácil reponer las existencias frente a, digamos, balas y obuses convencionales. Son armas pensadas para dar golpes duros y significativos a instalaciones militares, infraestructuras críticas y centros de mando y decisión, pero no para hacer barridos ni para ir a por objetivos menores. Frente a ello, la respuesta iraní, es sabido, ha consistido en el lanzamiento de algunos de sus misiles, y de muchos muchos drones de bajo coste que han logrado alcanzar no pocos de sus objetivos. El daño que pueden hacer estos drones es bastante menor que el de la munición precisa norteamericana, pero se pueden lanzar en oleadas de decenas o cientos de elementos, y su fabricación puede seguir siendo sostenida día tras día. Es una de las lecciones básicas que ha dejado la guerra de Ucrania. Precisión y potencia pueden ganarse con saturación de bajo coste. Estas fuentes analizaban los stocks que, se supone, constaban en los inventarios de defensa norteamericanos, de todo tipo de elementos: misiles Tomahawk, interceptores patriot, y una amplia gama de dispositivos similares. No pocos de los analistas que han hablado estos días estiman que EEUU ha gastado entre un tercio y la mitad de lo que tenía guardado en los almacenes, en apenas unos meses de combates contra Irán. A cambio ha obtenido… bueno, no se muy bien lo que ha obtenido, si no se puede calificar directamente como fracaso. Si esos cálculos son ciertos, EEUU tiene un problema, porque la producción de repuestos de este tipo de munición es cara, carísima, y lenta, sobe todo comparado con el proceso de elaboración de drones de ataque. El resto del mundo ha visto estos informes y comparte de la idea de que EEUU ha derrochado material de gran valía de una manera irracional, por el mero hecho de presumir de ella, pero que está mostrando unas notables carencias en el caso de que la guerra se prolongue. La estrategia de defensa de EEUU se diseña en base a su abrumador poder de intervención, pero no está planteada para conflictos largos de ataque de invasión. Sí para una entrada masiva y breve que, por aplastamiento, le de el control de la situación, pero no para un conflicto prolongado en el que el consumo de material de lata calidad se dilate en el tiempo. Simplemente, no hay lo debido de eso. Por eso no son pocas las voces que dicen que detrás de esas llamadas erráticas de Trump a la negociación se encuentran asesores militares que le advierten de que no se va a poder prolongar mucho más tiempo esta tipología de ataque a riesgo de ver seriamente comprometida la capacidad defensiva del país por el mero hecho de quedarse sin armas de primer nivel que poder disparar. Si esto es así, y es plausible, el fracaso de la estrategia norteamericana en Irán alcanzaría cotas antológicas.

En parte EEUU no ha aprendido nada de lo que sucede en Ucrania desde hace años por mera soberbia, por creerse invulnerable y operar desde una posición de privilegio absoluto. Este es uno de los caminos más directos hacia el error. El avance tecnológico que ha sufrido la guerra de drones ha vuelto obsoletas varias de las armas y tácticas clásicas de los ejércitos, y esa tecnología, masiva y barata, permite a naciones como Irán enfrentarse a EEUU con el conocimiento de que no van a ganar, cierto, pero tampoco van a ser derrotados, y eso, para el Pentágono, es una muy mala noticia. Terceras naciones, pensamos todos en China, toman buena nota de lo que está sucediendo, de lo que funciona y de lo que no y, en silencio, aprenden.

miércoles, julio 29, 2026

El coste de los fuegos

Puede que sea un detalle menor, pero lo cierto es que los incendios forestales salen carísimos. Y no me refiero, desde luego, a los costes directos, ambientales y emocionales, que suponen su existencia, o al valor paisajístico destruido que tarda años en volver a ser algo comparable a lo que fue, no. El mero coste de la extinción es disparatado. Se estima en una cota que oscila entre los 10.000€ y 20.000€ por hectárea en función de si se han empleado medios aéreos para sofocarlo o no, siendo ese caso el que eleva las cifras hacia el rango alto. Multipliquen alguna de esas estimaciones por las cientos de miles de hectáreas que se queman al año y obtendrán cifras en el entorno de varios miles de millones de euros.

A este coste muy directo hay que sumar los costes derivados de los bienes destruidos. Particulares, empresas y sector público ven como algunos de sus activos físicos se pierden. Pensemos en viviendas, coches, cobertizos, instalaciones agrarias, reservas de comida para el ganado, pabellones industriales, carreteras, tendidos eléctricos, postes de telefonía móvil, antenas de Wifi… la lista de bienes a recuperar es enorme y se traduce en nuevos gastos de presupuestos de todo tipo e indemnizaciones de seguros, más o menos cicateras, que de todo hay, que se traducirán en primas más altas en años posteriores. En los incendios de esta semana sólo el coste de las viviendas perdidas en la comunidad de Madrid va a ser tremendo, dado que se estiman en decenas y decenas las perdidas, o pensemos en el entorno del pantano de San Juan, donde se encontraba toda una serie de negocios relacionados con la navegación de interior, con instalaciones de formación, chiringuitos y embarcaciones, habiendo sido todo ello arrasado. La factura global se eleva muy notablemente. Tras esto vienen los costes derivados de la reforestación o de, por lo menos, el tratamiento de los suelos arrasados. Miles de árboles que permanecerán en pie, ennegrecidos, estarán muertos o poco les faltará. Es necesario retirar todo eso y proceder a una regeneración de los suelos, y a un trabajo intenso por parte de los agrónomos de recuperación, siembra y replantado, estudiando en cada caso el diseño del paisaje que se quiera construir, las especies que van a ser adoptadas, su compra, labores de instalación, riego, abono, etc. La recuperación de caminos forestales y de toda una serie de instalaciones de monte, como conducciones de agua o tendidos también es costosa, y en ocasiones exige ser rediseñada por los destrozos causados por el incendio en el entorno. Esta es una tarea lenta, pausada, que no aparece en las noticias, pero que es primordial para que el terreno no sufra ya el abandono, sino la más profunda de las erosiones y se convierta en un anticipo de lo que es la aridez del desierto. Profesionales y empresas de todo tipo deben trabajar en estas labores, y hacerlo de una manera coordinada, y contando a ser posible con la suerte de la meteorología, en forma de otoño e invierno con precipitaciones que ayuden a crear una mínima capa de verdor que sea el principio de la recuperación. En zonas agrarias de Galicia, por ejemplo, se ha visto em años pasados como se procedía con urgencia a arrojar paja desde helicópteros sobre los terrenos chamuscados para que este material hiciera de cobertura ante las posibles lluvias del otoño. Se buscaba en este caso, en terrenos dominados por pendientes significativas, que esas lluvias no arrastrasen la ceniza depositada en las lomas tras el fuego, con la pérdida de sustrato de estos y el elevado riesgo de contaminación de ríos, acuíferos y todo tipo de sistemas fluviales de abastecimiento con los restos dejados por el fuego. La paja actuaría como compactador del terreno y limitaría los daños. Es probable que en la zona abulense arrasada este tipo de actuaciones se den con más frecuencia e intensidad que en la madrileña, a priori menos abrupta, pero en todo caso son tareas que requieren suministro de insumos y el uso de medios aéreos con intensidad, por lo que la factura no deja de crecer.

Hay un coste emocional enorme, e imposible de valorar, por la pérdida del paisaje, y otro, inmenso y, me temo, muy tangible, derivado de la ya nula explotación. Casas rurales, alojamientos de montaña, negocios de rutas y senderismos, decenas de actividades relacionadas con el ocio campestre, las excursiones o el asueto están condenadas a desaparecer una vez que los parajes que las sustentaban se han esfumado. Toda una red económica de servicios asociados a l turismo de naturaleza han desaparecido con las llamas. Para los pueblos del entorno es un daño inmenso, que se extenderá a lo largo del tiempo, y limitará mucho sus economías locales. Toda una serie de facturas que van a salir carísimas.

martes, julio 28, 2026

Evacuar la casa

Hay ciertos desastres naturales en los que la casa, tradicionalmente un refugio, se convierte en un peligro. No es el caso de, por ejemplo, nevadas o inundaciones, donde el hogar, más si cabe en el caso de ser un piso, ofrece protección. La casa se convierte en lugar de encierro, rememorando lo que pasó durante el Covid, y sus paredes, que nos separan de lo que pasa fuera, actúan como barrera defensiva, aunque también como prisión de la que no hay escapatoria. Demasiados días forzado a estar en casa suponen una prueba que muchos llevan con parsimonia y no pocos con desesperación. Todos sufrimos ese experimento social hace unos años, y seguro que son pocos los que quieren recordarlo.

El incendio es distinto. Como amenaza móvil, sujeta a los caprichos de la meteorología y la disponibilidad de combustible, supone un enemigo ante el que el hogar no es capaz de garantizarnos seguridad. Hay que huir en la dirección contraria cuando se acercan las llamas, con el viento de espalda, en busca de un lugar seguro, y en muchas ocasiones, hacerlo de manera precipitada. Vemos como cambios en la dirección del viento convierten en localidades que ven con temor el avance de las llamas en la lejanía en más que probables objetivos del incendio una vez que las rachas alteran su dirección. En este caso la huida puede ser a la carrera, descontrolada, en medio del pánico, y eso es una receta casi segura para que se produzcan desastres, como el que vimos hace no demasiadas semanas en Almería. Las evacuaciones que están provocando los malditos incendios de este julio, masivas, no han concluido en situaciones de ese tipo porque ha habido suerte y porque el personal encargado de gestionarlas es abundante y se trabaja en zonas bien comunicadas. Aun así, se han producido atascos considerables, inevitables, en muchas de las localidades que han sido forzadas a la evacuación. Los hay que pueden huir en sus coches, pero otros muchos no, bien porque no los tienen o porque ya no están en condiciones de conducirlos o por lo que sea. Hay personas que se resisten a huir, por el mero miedo de lo desconocido, porque no quieren renunciar a la seguridad de lo que hasta ahora ha sido su hogar y no ven cómo van a sobrevivir fuera de él. Esto es especialmente frecuente a medida que aumenta la edad de las personas, y complica mucho las evacuaciones. Cuando se decreta el abandono de una localidad no se hace como capricho, sino porque se cree que no hay otra alternativa más segura para los que allí viven ante un avance descontrolado de las llamas. Hay una causa objetiva, probablemente visible a poca distancia de las viviendas, que obliga a escaparse antes de que sea demasiado tarde. Los efectivos tienen como prioridad el salvar las viviendas de los pueblos para permitir que, aunque el entorno se destroce, los habitantes puedan volver a sus hogares y no sufran pérdidas materiales además de las emocionales, pero hay momentos en los que no está nada claro si ese objetivo se va a poder lograr o no, por lo que escaparse es lo más práctico para salvar la vida. En ese caso no hay que coger mucha cosa. Documentación, el móvil y el cargador, y medicinas en el caso de que sean necesarias por un consumo prescrito y recurrente. Apenas nada más. Se recomienda llevar algo de dinero en efectivo, pero eso hoy en día puede ser escaso en algunos hogares. En general, en los lugares habilitados para refugio a los que se lleva a la población se dispone de utillaje para poder comer y dormir. Rebuscar por la casa cosas que se antojan como valiosas o necesarias puede consumir un tiempo que, quizás, no tengamos. Hay que salir a la carrera, con lo puesto, tratando de salvarse a uno mismo y a los que nos rodean. Se ha visto como los equipos de emergencias llevaban a ancianos, personas con movilidad reducida y, en general, aquellos que no disponen de medios para desplazarse en su vida normal. No rebusque, no pierda ni un instante. Corra, y si no puede correr, avise para que quien sí es capaz pueda llevarle.

La incertidumbre de estar días como refugiado en tierra vecina sin saber qué habrá sido de las casas y pertenencias debe ser horrible. Los que están con los desplazados les cuidan de la mejor manera posible, pero no pueden aliviar su temor ante lo vivido y, sobre todo, ante lo que se pueda haber perdido en el caso de que el fuego haya entrado en las poblaciones. Esa angustia lo impregna todo, de igual manera que lo hace el olor a chamuscado, y no se va hasta que se puede retornar y se comprueba lo que ha quedado, el resultado de la macabra partida que los equipos de extinción han tenido que jugar contra el devastador fuego. Ojalá esto se acabe de una vez y los desplazados puedan volver, todos, a sus casas.

lunes, julio 27, 2026

Desastre absoluto

Ya el viernes por la tarde, mientras estaba trabajando en la oficina, en julio, se podía apreciar desde las ventanas que dan al oeste de mi edificio las enormes nubes de humo que cubrían la sierra de Madrid. Parecían formaciones tormentosas, el origen de los cumulonimbos que logran descargar en esa zona en los días de verano propicios para ello, pero no tenían un origen meteorológico, sino siniestro. Eran el reflejo del voraz incendio que estaba teniendo lugar en Ávila, en Toledo y en el suroeste de Madrid, todo zonas contiguas. El viento sostenido de suroeste originaba esa formación, que no llegaba a la ciudad, pero mostraba su amenaza.

A lo largo de estos días millones de personas residentes en el centro del país han, hemos, podido contemplar con nuestros ojos los devastadores efectos de unos incendios gigantescos, descontrolados, inabarcables, que se han cebado con vegetación, arbolado, enseres, infraestructuras y todo lo que han cogido a su paso. Las cifras de evacuados que se están teniendo que gestionar son propias de una catástrofe de película, o de una situación de guerra. En docenas de localidades, decenas de miles de personas, han tenido que abandonar sus hogares y llevan pasando ya tres o cuatro noches en polideportivos, locales municipales y cualquier otro tipo de instalación comunitaria, en medio del desvelo absoluto por no saber cómo estarán sus bienes. El único consuelo que queda es que, a estas alturas de la historia, no hay que lamentar desgracias personales, no hay fallecidos, ni heridos graves, pero todo lo demás es desolador. El número de personas que se emplean día y noche en luchar contra las llamas se cuenta por miles, entre bomberos profesionales, de reemplazo, voluntarios, militares, etc, en una movilización que también es digan, por su dimensión, de un tiempo de combate. Pese a todos los medios recabados, ha sido necesaria la variación de las condiciones meteorológicas, con el alivio del calor de este fin de semana, lo que ha permitido poner coto al avance de las llamas, pero el viento, el maldito viento, que sólo ayer empezó a ofrecer algo de tregua, ha traído por la calle de la amargura a todos los involucrados en la lucha contra el fuego. Las rachas sostenidas intensas, en los primeros días, llevaron las columnas de fuego a una velocidad insoportable, y a partir de este fin de semana, las más leves pero mucho más erráticas lo han expandido de manera caótica por zonas que los primeros días permanecieron a salvo. Se ha conseguido salvar el entorno de El Escorial, porque los medios y Dios lo quiso en forma de cambio de viento, pero ese mismo soplo de fortuna para esa zona supuso la condena del valle del Tiétar, en Ávila, una vez que el incendio de Castilla y León logró ascender toda la sierra en su vertiente norte y se lanzó sin freno a sotavento, recalentado. Muchas de las poblaciones que el sábado y ayer eran el centro de las llamas y la evacuación contemplaban con congoja, pero seguridad, la evolución del fuego el pasado viernes, cuando el suroeste sostenido les mantenía aparentemente lejos de la amenaza. El maldito viento ha sido su desgracia, ha jugado en su contra, y ha ganado a los esfuerzos de todos los que luchaban contra las llamas. No he estado nunca en esa zona de la sierra, que era conocida por sus parajes naturales, sus pueblos y por numerosos atractivos, la mayor parte relacionados con la gastronomía y el disfrute de los recursos. Cuando las llamas se extingan, muchos de los negocios de esas localidades se verán abocados al cierre, al existir, lo que quede de ellos, en medio de una extensión calcinada en lo que lo único que van a dar ganas de hacer cuando se pueda contemplar será llorar con rabia, con la angustia de saberse a salvo quien lo hace, pero encontrarse perdido en medio de lo que, hasta hace pocos días, era su paisaje, su vida, su pueblo, y ahora no es otra cosa que un erial de ceniza y desolación.

La meteorología vuelve a ponerse cuesta arriba a partir de esta tarde y mañana, con la llegada de varias jornadas de calor muy intenso, en el entorno de los 38 40 grados, por lo que, cuando los fuegos sean controlados del todo, la necesidad de refrescar el terreno deberá seguir siendo prioritaria para evitar reactivaciones, que el mero movimiento de una brisa entre semejante calorina bastará para convertirse en amenaza. Es de esperar que, con el avance de la semana, los desalojados vayan volviendo a sus hogares, pero aún queda bastante para hacernos una idea certera de las dimensiones del desastre que ha tenido lugar en esas comarcas, y de lo irreparable que va a ser en muchos de los casos. Qué maldito horror.

viernes, julio 24, 2026

ChatGPT se escapa

Una de las noticias más interesantes de la semana, que da mucho que pensar, es el incidente sucedido con un modelo de IA de la empresa OpenAI, creadora de los ChatGPT X. Al parecer, según han contado y ratificado otras fuentes, un modelo de IA que estaban entrenando en un entorno seguro y, presuntamente, aislado del exterior, logro encontrar un agujero en las medidas de seguridad que cercenaban su hábitat y escapó, de tal manera que violó el confinamiento. No sólo eso, sino que procedió directamente a lanzar un ciberataque a una empresa tecnológica emergente, de nombre Huggin Face. Esta empresa ha confirmado que sufrió el ataque.

La IA tiene, en este momento, dos grandes riesgos, de naturaleza muy distinta, y que en ningún caso, en mi opinión, se están afrontando como es debido. Uno es el financiero. La industria de la IA requiere enormes inversiones en centros de datos que sirvan para entrenar y abastecer de información a los modelos, llenos de carísimo equipamiento informático de última generación, y con ellos enormes costes energéticos de uso y refrigeración. Para lograr todo esto las empresas metidas en la carrera de la IA han anunciado inversiones inmensas, de cientos de miles de millones de dólares, se ha lanzado a la emisión de deuda privada a lo loco y se han convertido en devoradoras de capital con una voracidad pocas veces vista. Hasta ahora el mercado se lo ha consentido todo en aras de la expectativa de negocio que se puede estar creando, pero empiezan a surgir serias dudas de que toda esa montaña de costes pueda no sólo llevarse a cabo, sino ser rentable en un plazo razonable. Si crece la sensación de que estos costos no van a ser asumibles y este castillo financiero se derrumba, la IA puede llevarse por delante compromisos, emisiones, derechos y todo lo que ustedes imaginen que sucede cuando se produce una estampida financiera. La dimensión de las cifras apostadas en el sector es capaz de provocar un crack global si no cumple lo que promete. El otro problema, más de concepto si quieren, es el derivado de una tecnología que puede no ser tan controlable como se nos ha vendido. Desde el principio, mucho antes del surgimiento de los modelos LLM, ha habido una corriente precautiva con la IA ante el temor de que, si se alcanza, se escape de nuestro control y sea capaz de causar daños masivos. El que muchas películas hayan basado sus argumentos en este temor lo ha ridiculizado parcialmente para muchos expertos serios mantienen dudas profundas sobre qué va a suceder cuando las aplicaciones de IA sean capaces de operar solas y el control de quienes las diseñan no pueda mantenerlas en cautividad. La carrera que se vive entre empresas y naciones (EEUU y China) en este sector no hace sino aumentar los miedos a que alguno de los modelos llegue a un punto de escape. No hace falta que se alcance la AGI, la Inteligencia Artificial General que tanto ansían las empresas norteamericanas y que no dicen perseguir las chinas. Basta con que un modelo empiece a superar las capacidades de comprensión y seguridad de quienes lo han desarrollado para que se vuelva peligroso, como una criatura que ya no responde a quien le ha amaestrado, en este caso más bien creado. ¿Algo de esto es lo que le ha pasado esta semana a OpenAI? Puede ser, aunque recuerden que en este sector las noticias que asustan también son una excelente fuente de marketing. En todo caso, parece que estamos ante un incidente serio, que ha comprometido las medidas de seguridad de la empresa y que, probablemente, revele hasta qué punto esas medidas son, cada vez, más escasas ante el avance que se registra en la carrera tecnológica. Es probable que OpenAI haya sido sobrepasada por una de sus creaciones. Es muy necesaria una auditoría seria de lo que ha sucedido y tomar las medidas que sean necesarias para impedir que se repita.

En ambos planos, financiero y tecnológico, la IA corre a sus anchas sin apenas regulación, más allá de los intentos de una UE sobrepasada por completo. Las similitudes entre la carrera nuclear y la de la IA son numerosas, aunque hay un factor que, por ahora, las distingue claramente. En el caso nuclear primero vino la bomba, vimos el hongo y, tras ello, se vio la necesidad global de la regulación por seguridad. En la IA el desarrollo tecnológico sigue imparable sin apenas controles, pero con el temor de que, en algún momento, se produzca un accidente que revele la peligrosidad potencial de esa tecnología ¿Habrá que esperar a que eso suceda para regular como es debido? Ojalá no sea así, pero ya ven, los problemas crecen y las medidas para atajarlos no.

jueves, julio 23, 2026

Petróleo por encima de 90$

Llevamos ya algo más de una semana de ataques cruzados entre EEUU e Irán. Teóricamente las conversaciones entre ambas naciones siguen en vigor tras la firma del memorándum de entendimiento que se celebró tras la reunión francesa del G7, pero lo cierto es que desde hace días no hay noche en la que no se produzcan ataques norteamericanos y represalias iraníes. Se han dado también, y es el argumento norteamericano para reiniciar los bombardeos, ataques por parte de la guardia revolucionaria iraní contra navíos que pretendían cruzar las aguas de Ormuz, y es evidente que el tráfico de buques en esa zona del mundo sigue sin volver a la normalidad de febrero, antes del inicio de la guerra.

Todo esto ha llevado a que el pecio del petróleo se vuelva a disparar. Tras la firma del acuerdo, el barril de crudo se relajó, perdió la cota de los ochenta y el Brent europeo hizo un mínimo de 71$ a principios de julio, sin romper esa barrera. Recordemos que antes de la guerra, pongamos enero de este año, ese barril cotizaba en el entorno de los 60$. Pues bien, como era de esperar, la reanudación de las hostilidades ha provocado ascensos en el petróleo, y los 70$ se abandonaron rápidamente, y no ha pasado demasiado tiempo para que los 80$ dejen de ser el techo. Ahora mismo el barril cotiza claramente por encima de los 90$. En esta semana se ha ido encareciendo día a día, y a esta hora de la mañana lo hace en 96,027$ un previo muy muy alto. El máximo alcanzado durante la guerra fue de 114,44$ a principios de mayo. A las puertas de la gran operación salida del verano nacional, con el consumo de gasolinas y demás productos en máximos, en una época de viajes largos y multitud de escapadas locales, la presión del barril va a impulsar los precios de los combustibles al alza, lo que va a poner aún más por los cielos las que se esperaban ya como las vacaciones más caras de historia. El gobierno anunció hace unas semanas el apaciguamiento progresivo de la subvención que otorga a los combustibles, en consonancia con el relajamiento de los precios del barril tras el acuerdo, de tal manera que, si no recuerdo mal, serían 15 céntimos el descuento que se aplicaría en julio, 10 en agosto y 5 en septiembre, para en octubre eliminarse por completo. Eso era en el escenario en el que ya habíamos dejado atrás lo peor de la subida, pero si ahora empezamos una nueva escalada de precios es probable que ese calendario de medidas deba ser revisado en el caso de que estemos ante un ascenso sostenido. Conociendo la volatilidad de Trump puede que organice la marimorena en agosto o que, por las buenas, decida dar otra vez carpetazo a este fracaso de guerra. En todo caso, como eso es algo parecido a la meteorología, caprichosa e impredecible en plazos superiores a los pocos días, no podemos contar con ello, y habrá que ir siguiendo la actualidad día a día. Lo único seguro es que cada jornada en la que el precio del crudo sigue alto, y más de 90$ es muy alto, la presión inflacionista que se creía controlada, lo que parecía un shock de apenas unas semanas, puede volver en forma de fantasma permanente, haciendo que los precios de la mayoría de los productos escalen progresivamente a medida que los costes crecientes de la energía se filtren por la cadena productiva. La dimensión de este proceso depende sobremanera del tiempo en el que los precios del petróleo se mantengan altos. Nuevamente, si lo que vivimos es una escaramuza que se apacigua en días, el efecto será escaso, pero si la dinámica de ataques y represalias se mantiene en el tiempo, aunque la crudeza de la guerra no escale, puede ser suficiente para sostener precios energéticos altos durante más tiempo de lo que las cuentas de resultados de muchas empresas son capaces de soportar. Y eso se traduciría es ascensos de precios sostenidos y relevantes, tipos de interés al alza y frenazo económico. Supongo que los que se dedican a la modelización macro deben estar pasando un año de pesadilla a cuenta de esta maldita guerra y los shocks que provoca en los precios del petróleo.

Hay otro amiguito al que no debemos olvidar en esto de los precios y suministros, que es el gas natural. Aunque parezca lejano, ya hemos consumido el primer mes del verano y el recorte en el día empieza a ser relevante. Sí, aún queda mucho calor, pero es necesario empezar a rellenar los stocks de gas de cara al próximo invierno. En Europa las reservas están bajas, y los precios de la materia prima, espoleados por el disparate de Ormuz, altos. Si esto sigue así este invierno vamos a tener unas facturas de calefacción disparatadas, y en función de la intensidad del frío, veremos a ver si algunas naciones no pasan estrecheces de suministro. Queda tiempo, sí, pero hay que empezar a acumular ya.

miércoles, julio 22, 2026

Nolan y la ambición

Es indudable que Chritopher Nolan posee un sentido de la ambición fuera de lo común. Sus producciones son mastodónticas, y el éxito que ha cosechado con varias de ellas le permite mantener unos ritmos de inversión y despliegue de medios que están al alcance de muy pocos. Algunos le critican por eso, aunque no veo nada malo en ello. Lo que sí apruebo es el paralelismo que no pocos le dan con Kubrick, uno de los grandes, en su deseo de hacer, en cada género que toca, la obra total que lo deja clausurado, el referente que marcará el paso al resto, la búsqueda de la excelencia, el hito.

A Kubrick se le tachaba de perfeccionista, de histérico, de dictador en sus rodajes, etc. Una serie de comentarios que no le importaban para nada y no impidieron que el cineasta norteamericano, exiliado por propia voluntad en Reino Unido, dejara joyas de la historia del cine que son clásicos sin discusión alguna, y que hoy en día siguen creando ciertos problemas de interpretación entre los que las ven. ¿Era ambicioso? Claro, lo era, porque pensaba que lo que estaba creando era mucho más importante que los que en ello participaban. Tiene pinta de que Nolan también trabaja con esa idea en mente, aunque lo que se oye de sus rodajes no lo pone mal en el trato personal. Tener ambición a la hora de crear una obra no es necesario, no la convierte por ello en superior, es la cantidad, calidad del trabajo y la genialidad del creador lo que le otorga a lo creado una cualidad que destaca sobre el resto, pero tener ambiciones grandiosas en la vida puede ser la única manera de levantar monumentos que perduren. En la época dorada de Hollywood existían directores y productores que sabían que estaban ante retos fabulosos, pero que si los lograban pasarían a la historia y se convertirían en estrellas globales. Títulos como “Lo que el viento se llevó”, “Ciudadano Kane”, “Ben Hur”, “Cleopatra” o “Gigante” requieren una ambición desmedida por parte de quienes los desarrollaron, pero junto a ese deseo de grandeza también existía una enorme cantidad de trabajo de mucha gente y la presencia de genios, delante y detrás de las cámaras, que lograron llevar a buen puerto unos proyectos que podían haber naufragado por sus propias dimensiones. “Titanic” es un ejemplo de película moderna sobrada de ambiciones que acabó siendo un éxito rotundo en todos los sentidos, pero que fue un empeño megalómano de James Cameron, que casi supone su ruina y que era vista, en un principio, como un ejercicio absurdo por parte de un director especializado en acción y ciencia ficción, con títulos muy buenos en esos géneros, pero que no iba a ser capaz de levantar una historia realista, y con unos costes de producción disparados. Lo logró. De hace dos años es la película “El brutalista” de Brady Corbet, una cinta de enorme extensión temporal, más larga que La Odisea (llega a las tres horas y media y fuerza intermedio) que es un ejercicio de ambición de libro por parte de un director apenas conocido, que no llega a los cuarenta años, y que con un coste no muy elevado quiso llegar muy lejos en su diseño y filmación. ¿Lo logro? Creo que sí, o al menos a mi me gustó, aunque reconozco que es una película que tiene barreras de entrada y que, si no se superan, puede hacerse muy cuesta arriba. Corbet pedía mucho a su productora y pide mucho al público, y en algunos casos lo tiene y otros no. Recibió numerosos premios que le valieron reconocimiento y prestigio, y el ajustado coste de producción le ayudó a no generar pérdidas en su recorrido comercial. Corbet no juega en la liga de Nolan, desde luego no en lo presupuestario, pero probablemente sí en la visión de la obra que crea como algo enorme, desmedido, digno de realizarse por encima de todo obstáculo imaginable, y con la idea de que ese monumento perdure en el tiempo y ante los que se presenta, que sirva de referencia. Seguro que en eso están ambos muy de acuerdo.

Sí, no hay mayor fracaso que uno en el que la ambición ha sido la máxima, porque soñar con el cielo y estrellarse es lo peor. Ansiar vivir en el suelo y caerse hace menos daño, pero es necesario que haya en el mundo de la creación personas ambiciosas, que vayan más allá del resto, que intenten hacer cosas que no se han logrado o que ni siquiera se hayan planteado. Pueden tener éxito o no, y si lo que se busca es sólo el éxito es probable que la ambición creativa sea cercenada. Soñar con nuevos retos es lo que puede lograr que el arte alcance cotas no logradas. Sí también desastres antológicos, pero bueno, así es la gloria, pertenece a los que quieren llegar al cielo…. Y consiguen flotar en él.

martes, julio 21, 2026

La odisea, de Nolan

Fui a ver la peli de la odisea con reparos. Había tenido la oportunidad de contemplar un par de veces los avances y, la verdad, no me gustaban. Eran oscuros, había escenas marítimas propias del Mar del Norte más que del Mediterráneo, me daban una sensación incómoda que me llenaba de temores. Por ello, cuando empezó la proyección, a sabiendas de que me esperaban tres horas de visionado, me puse en guardia con unas expectativas bajas. A ver lo que ha hecho Nolan con la historia más vieja jamás contada, madre de todas las demás, pensaba en mi interior. Lo cierto es que, poco a poco, me acomodé a lo que veía y, finalmente, no pude sino alabarlo.

La complejidad de la historia, las tramas cruzadas, la fantasía que se relata en muchos de los pasajes, la violencia que todo lo impregna… la odisea es, junto a la iliada, el relato fundacional de la literatura occidental, y junto a algunos pasajes de la Biblia, el origen de todo. El resto lo único que ha hecho en estos miles de años transcurridos desde entonces ha sido copias, variaciones, alteraciones menores en un relato basado en la marcha de unos hombres a una guerra cruel y el desquiciado regreso de uno de ellos a casa. Tan simple como eso. Nolan opta por centrarse en el segundo de los relatos, el que da título a la película, pero con fragmentos intercalados de la primera historia, la de la guerra de Troya, presuntamente provocada por el rapto de Helena, hija de Menelao, por París, príncipe troyano. Uno supone que todo el mundo conoce la historia original pero eso no tiene por qué ser cierto, y las idas y venidas en el tiempo del relato permiten hacerse una idea al espectador que desconozca el origen de la historia de dónde surge todo. Es en Ítaca, la isla de la que es rey Ulises, Odiseo, donde se ancla toda la trama, con el acoso de los pretendientes a Penélope, la mujer de Ulises, que espera su vuelta mientras que los demás ansían un trono y lo esquilman de paso. La película elimina algunos de los pasajes del libro, por necesidad material de tiempo, pero incluye otros con un detalle espectacular, como el del cíclope Polifemo, la bruja Circe, o el paso por la isla de las sirenas, realizando una variante de los efectos del canto que resulta muy interesante. Hay mucha discusión entre los exégetas sobre cuánto hay de pérdida en la vuelta de Ulises o de demora deseada por parte de un pillastre, que es como se presenta al personaje, y la película no deja nada claro si opta por una u otra alternativa. No esconde, eso sí, que el héroe de la historia tiene un componente de crueldad intenso, no es para nada un hombre de corazón puro y blanco, sino un interesado, un tramposo, alguien que puede ser vengativo cuando no es necesario, que en ocasiones es sometido por la hibris, esa expresión griega que hace referencia a la ira desatada que enloquece. A medida que avanza el relato vemos como Ulises se salva de sus peripecias, sí, pero cada vez carga con más culpas de lo que sucede a su alrededor, del destino de los que le acompañan, a quienes rige, y pierde progresivamente en cada uno de los avatares que suceden en el camino. El proceso de carga de la culpa sobre el héroe aparece como uno de los grandes puntales de toda la historia, la llena de dramatismo y, como es habitual en todas las películas de Nolan, prácticamente hace que no haya ningún momento jocoso. Todo es muy serio, cada vez más. En la parte final de la película se nos descubre el origen del dolor que acosa al protagonista, fruto de la guerra a la que fue hace ya años, a esa Troya mítica que era la joya de la civilización de la época y que sucumbió al asalto de las tropas griegas gracias, entre otras cosas, a la astucia de Ulises. La culpa de lo que allí sucedió le atormenta de una manera absoluta, moderna, total. Hay un homenaje a “El corazón en las tinieblas” o “Apocalipsys now” en medio de las ardientes ruinas de una Troya devastada, en la que el soldado sucumbe ante las consecuencias de sus actos. Es, a mi entender, el momento culminante de toda la película, y es imposible permanecer inmune ante él.

Con una producción de enorme altura, en la que se nota el cuarto de millar de dólares invertidos en cada momento, la cinta ofrece un espectáculo absoluto, pero sometido al desarrollo de la historia. Como pasa en muchas de las cintas del autor, exige al espectador de una manera bárbara y lo deja exhausto, pero a cambio ofrece un producto de un nivel técnico perfecto y que resulta conmovedor. Nolan logra, a mi modo de ver, una excelente versión personal de la madre de todas las historias, en la que imprecisiones como las señaladas por muchos respecto al tipo de armaduras y otras cuestiones de contexto no desmerecen para nada el resultado final. El reparto borda una exigencia extrema y la película está, sin duda, entre sus mejores trabajos. No se la pierdan.

lunes, julio 20, 2026

No me gusta el fútbol

Esas cinco palabras del título de hoy ya son toda una declaración de intenciones vital, y en un país como el nuestro, motivo de exclusión, o como mínimo de observación por parte del resto de la sociedad, que me ve como si se tratase de un espécimen digno de ser guardado en una vitrina de museo. Si a eso se le suma una serie de cosas que tampoco me gustan y que la gente considera que son de obligado seguimiento, la imagen que tantos poseen de mi es, como mínimo, exótica. Cuando uno es pequeño eso le causa problemas, pero a medida que los años avanzan y todo resulta más relativo, no me preocupa lo que el resto quiera pensar. Sólo trato de que no me impongan sus aficiones. Al menos, claro, las que rechazo.

Manuel Vázquez Montalbán, que era muy del Barça, escribió un ensayo, que no he leído, con un título brillante: “Fútbol, una religión en busca de un Dios” en el que se planteaba, según relataban las crónicas, su pasión por ese deporte y, sobre todo, la pasión social que despertaba. Y sí, el título es muy bueno, porque describe bastante bien el irracional fenómeno de masas que se desata en torno a unas personas que pegan patadas a un balón y logran que millones crean que eso es relevante en sus vidas. Todos los procesos que se dan en el entorno de las religiones organizadas se reproducen de una manera casi milimétrica en torno al mundo del balón, con las congregaciones de fieles, adoradores ciegos de una enseña, unos colores, una marca, un equipo, una selección, a la que defienden a muerte respecto al resto, a la que ven como única. Un rebaño que comparte símbolos, autoridades y discursos en forma de sermones por parte de los dirigentes de su equipo y los que juegan en él, que son elevados a los altares formando un panteón de diosecillos que reciben adoración. En estos días se podía ver a aficionados montando altares en sus hogares o en los lugares de congregación de la feligresía futbolera en los que se ponían estampitas con la imagen de los jugadores, con fotos de celebraciones pasadas, con insignias, escudos y demás parafernalia, conformando altares con todas sus letras, donde sólo faltaban las barrocas columnas salomónicas para ser dignos de consagración. Ese movimiento de fe produce exaltados, creyentes acérrimos ciegos que no dudan jamás, que viven su pasión hasta el extremo y se dedican a perseguir a los que consideran impuros, tibios, o simplemente no dignos de su creencia. Pasa en todas las religiones, los exaltados se reúnen en sectas particulares y empiezan a dictar la norma que el resto ve como una exageración, pero en no pocas ocasiones se convierte en el objetivo a seguir. Envueltos en bufandas, uniformes, cánticos y no pocos signos más de pertenencia a la tribu, esos puristas van sembrando su mensaje entre los suyos y el resto y, antes o después, llegan los incidentes. El fútbol, como simulacro de guerra entre bandos, es proclive a la violencia y se considera que esta, mal vista de manera oficial, es algo natural en el entorno del balón. Todo el mundo ve obvio que existan corrientes de aficionados salvajes, de sujetos broncas, que extienden su mal vivir a los aledaños de los estadios, y cuyos actos son, no pocas veces, reídos como gracias por parte de los responsables de los clubes, que los consideran como muy necesarios de cara a conformar el espíritu de la entidad que dirigen. Esos mismos responsables que, casi siempre, eluden la ley, gestionan los equipos de manera opaca y con un ansia de protagonismo sólo comparable al nivel de presunto fraude que cometen ante todo tipo de leyes, especialmente las urbanísticas y financieras, y que cuentan con el beneplácito de las autoridades, que en nombre de los “colores” conceden privilegios a esas entidades del balón con los que no pueden ni soñar otro tipo de empresas o asociaciones, de lucro o no, que son perseguidas con saña por la administración en forma de normas e impuestos, mientras que los del balón se ven beneficiados de todo tipo de privilegios, quizás porque no hay nada que al poder le guste tanto como subirse a un palco de un estadio y sentirse por encima, en todos los sentidos, de la plebe a la que somete en sus formas de ocio y saja de manera financiera, mientras consigue el vulgo aplauda enfervorizadamente a los santones que corren por el campo.

Lo siento, soy un ateo de esa religión organizada que es el fútbol. Si el deporte me dice poca cosa, si verlo por televisión me parece una manera de aburrirse difícilmente superable, lo del fútbol es algo que me supera. Nunca me ha gustado, cada vez menos, y la intromisión que supone su desarrollo en la vida de los demás me parece un abuso que no tiene excusa posible. Obviamente me he enterado de lo que pasó ayer, aunque de todo lo que sucedió vi nada más que la entrega de premios, para comprobar qué espectáculo organizaba Trump y su secuaz Infantino. No defraudaron, actuaron a la altura de lo que ambos era esperable. Poca cosa más me interesaba de lo de ayer, nada del jolgorio de hoy, ni de lo que venga después, ni de los siguientes partidos, o ligas, o copas, o competiciones internacionales, o duelos del siglo, o….

viernes, julio 17, 2026

Una derrota para Europa

Era de esperar que, tras el pronunciamiento que expresó el abogado general, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitiera el veredicto de ayer, avalando la indigna ley de amnistía y otorgando validez jurídica a la rendición de la democracia española ante Puigdemont y el resto de sediciosos. La decisión es una manera de arrodillar los valores europeos ante el intento totalitario que se dio por parte del nacionalismo separatista catalán en 2017, una insurrección populista que contó con apoyos de enemigos externos de la UE, y que nunca fue entendida por las instituciones comunitarias como lo lesiva y peligrosa que era para la idea de la Unión en sí misma.

La mayor de las corrupciones de esta no legislatura que estamos viviendo no es la económica, relacionada con las distintas tramas, algunas presuntas, otras ya condenadas, que se desarrollan en torno al poder del sanchismo. Ni si quiera es todo lo relacionado con las cloacas y Leire, una historia de degeneración en la que el uso partidista de las instituciones y medios públicos para tratar de sabotear investigaciones que afecten al entorno del presidente y el partido demuestra un grado de envilecimiento mucho mayor que el de los que se dedican a mangonear del presupuesto. No, la mayor corruptela, la más imperdonable, es la traición que Sánchez cometió al conjunto de sus votantes y, por extensión, a toda la sociedad española, cuando juró y perjuró que nunca se aprobaría una ley de amnistía para los condenados del Procés pero, tras los resultados electorales de las elecciones de julio de 2023, en esa misma noche, afirmó eso de “somos más”, teniendo ya muy claro desde entonces que esa amnistía se aprobaría sin problema alguno a cambio de los votos de Puigdemont. Esa es la mayor de las corrupciones de este tiempo, la cesión de la verdad a los que fueron condenados por sedición tras sus actos viles y su entronización ante una parte de la opinión pública, mucha de ella beneficiada de prebendas y mordidas que, como el resto, contempló lo sucedido en 2017 con la misma congoja con la que lo hacía todo el país. La absoluta vulneración de la ley y los derechos de gran parte de los catalanes, y del conjunto de los españoles, por parte de los totalitarios nacionalistas pasó de ser juzgada y condenada por la ley a ser amnistiada por el mero interés del mantenimiento en el poder de Sánchez. Hubiera dado igual la naturaleza de los delitos que se hubiesen cometido durante aquel golpe postmoderno, como muchos lo han calificado. La absoluta falta de escrúpulos de quien ostenta la presidencia del gobierno tenía muy clara que los siete votos de Junts valían lo que fuera necesario, y si había que amnistiarles, se les amnistiaba, y si hasta el día anterior se decía con contundencia que eso era imposible, a partir del día siguiente se argumentaba que cómo no se había hecho antes. Un proceso de corrupción institucional y de la verdad absolutamente repugnante, dirigido sin escrúpulo alguno desde la presidencia del gobierno, secundado al unísono por todo aquel que quisiera mantener un cargo público en el nuevo ejecutivo y coreado sin escrúpulo alguno por muchos que, en la órbita del gobierno, pasaron de defender con ardor la negativa a conceder semejante medida a justificarla con vehemencia por el mero hecho de que a una sola persona le convenía que se produjera. La destrucción de capital social y prestigio que se produjo en aquellos momentos fue enorme, irreparable. Contemplar el arrastramiento de no una o dos, sino tantas opiniones por el mero hecho de congratularse con el poder que les garantizaba una posición cómoda, sin el más mínimo rubor ante la traición a la ley, a la verdad y a la realidad que estaban realizando… Ese ha sido el mayor acto de corrupción de esta no legislatura. El resto, casi todo lo demás, sólo es robo protagonizado por vulgares ladrones.

Ayer, mientras en Luxemburgo se leía una sentencia injusta, es muy probable que en el Kremlin en otros despachos muy decorados se brindase con alborozo, y se riera con ganas ante la demostrada estupidez de una UE que no ha sabido, querido o podido, no se cuál de las tres opciones es peor, enfrentarse a un movimiento que atacaba sus bases institucionales, jurídicas a ideológicas, todo ello enmascarado en una presunta revuelta popular. Los sediciosos no actuaron solos, y muchos de ellos y los que les apoyaron pueden acabar inmunes, mientras que los que defendieron la libertad de todos y actuaron de parte de la ley sólo han obtenido desprecios, empezando por los emanados de sus mayores superiores. Tristeza inmensa.

jueves, julio 16, 2026

Bajan las ventas de pisos

Los últimos datos publicados de venta de pisos muestran que el mercado se frena. Las compras bajan respecto a meses anteriores y se empieza a notar un tiempo de espera creciente en las operaciones. Ya no te quitan el piso de las manos, o al menos no existe esa urgencia desaforada que hasta hace poco convertía las compras en casi subastas al mejor postor realizadas en plazos récord. El vendedor empieza a no tener todas las cartas en su mano y el comprador, angustiado, renuncia, por lo que las transacciones no se hacen a toda velocidad. Parece que, esta vez sí, hemos tocado un techo en el mercado.

Ese techo se alcanza en las zonas en las que la demanda es fuerte, léase grandes capitales, costa y demás. En muchas otras zonas del interior peninsular las compraventas siguen bastante lánguidas, aunque se ha notado la expansión de mercados como el madrileño, que incapaz de satisfacer la demanda propia, expulsa a residentes cada vez más lejos de la ciudad en busca de precios asequibles a costa de traslados cada vez más largos y costosos. Este freno al mercado inmobiliario se da en medio de una coyuntura económica complicada, con costes energéticos que no se disparan pero, dadas las incertidumbres en Ormuz, no bajan como debieran, y una inflación que ataca al bolsillo del consumidor en su día a día, dejándole menos margen disponible para el ahorro y aún menos para aventuras financieras como es la compra de un piso. El coste de la financiación hipotecaria tampoco afloja. El euríbor, en media mensual, está en lo que llevamos de julio en el 2,77%, un pelín por debajo de su cierre de junio, que fue 2,8% pero bastante caro si lo comparamos con el 2,2% de febrero, el último mes anterior a la guerra de Irán. A partir de ahí los tipos remontan y la financiación se encarece. Esto, evidentemente, es un freno a la demanda, que, hasta ahora, por lo menos, “sólo” tenía como enemigo los precios disparados, pero al menos en las entidades financieras las condiciones para solicitar hipotecas eran relativamente laxas. Desde hace unos meses ya no es así, y sean a tipo variable, mixto o fijo, el coste de la compra se ha encarecido también por esa vía. Puede que esta haya sido la puntilla a un mercado que ya estaba demasiado tensionado y, en opinión de todos, no podía seguir con esa fuerza mucho más tiempo. Quizás la subida de tipos ha adelantado la formación de un techo que pudiera haberse alcanzado a finales de año si la dinámica de subidas de precios de los pisos se hubiera mantenido. Todo este análisis esconde una realidad bastante cruel, porque la demanda de vivienda sigue estando ahí, enorme, dada la formación de hogares y el ritmo de crecimiento de la población del país, fruto en gran parte de la llegada de inmigrantes. El que los precios se estanquen y las transacciones bajen no quiere decir que la demanda haya dejado de existir, no, simplemente señala que la capacidad de compra de esa demanda no da más de sí, y que si no puede adquirir la vivienda que necesita renuncia a ello y busca alternativas como la de compartir el piso alquilado con cada vez más gente, o volver a casa de los padres, u otro tipo de soluciones similares que no son sino parches ante un problema irresoluble, no llegar al precio requerido para poder comprar. Por su parte, los datos de oferta siguen siendo rácanos, tanto en nueva vivienda como en segunda mano. Los procesos que se hacen de conversión de edificios de oficinas a residenciales son muy escasos y, en general, asociados a viviendas de lujo, segmento inmobiliario en el que no jugamos la inmensa mayoría de los ciudadanos. Las licencias de obra nueva se siguen concediendo a cuentagotas en medio de una burocracia exasperante y el mercado de segunda mano va como va. El cuello de botella de la oferta se mantiene.

¿Qué va a pasar en los próximos meses? No lo se. Si el techo se prolonga habrá muchos vendedores que puedan esperar y mantener precios altos, pero algunos empezarán a sentir presión por deshacerse del inmueble y optarán por comenzar a bajar sus peticiones, pero ese es un proceso que, si se da, deberá ser ratificado por bastante más que una serie de anuncios donde se publicita una rebaja. Si la inestabilidad económica global se mantiene es probable que el mercado entre en una fase de estancamiento, con goteos a la baja y pérdida de dinamismo. Con las vacaciones de verano casi a pleno rendimiento, será en otoño cuando podamos saber con más certeza qué rumbo toman las cosas.

miércoles, julio 15, 2026

La crisis de Volkswagen como síntoma

El viernes pasado, tras varios días de especulaciones, la empresa alemana Volkswagen hizo púbico su plan de reestructuración, que en grandes líneas confirmaba lo que se estaba comentando en los mentideros especializados del sector. En esencia, una jibarización de la compañía, una reducción. Menos empleos, con bajas que pueden llegar a los 100.000 despidos en todo el mundo, menos producción, con reducciones desde los doce millones de vehículos producidos en la actualidad hasta nueve, y menos gama, con una cancelación de casi la mitad de las tipologías que actualmente se fabrican. Volkswagen se achata para tratar de sobrevivir.

Hasta hace poco, y durante varios años, Volkswagen ha sido el mayor productor mundial de vehículos. Poseedor de marcas como la de la propia empresa, SEAT, Audi, Cupra, SKODA, Porsche y otras, su producción y ventas son globales, y ha sido referente en el mundo de la automoción por calidad y diseño, aunando la marca de “ingeniería alemana” a unos precios asequibles frente a firmas germanas de más estatus como BMW o Mercedes. Hace ya algunos años perdió el trono de la mayor productora frente a Toyota, la japonesa, que encontró en la hibridación la piedra angular que le permitió despegar en los mercados occidentales a medida que las restricciones con las emisiones contaminantes empezaban a ponerse serias. Desde entonces las marcas asiáticas han ido ganando cuota de mercado sin cesar en el mundo, perdiéndolo las norteamericanas, reducidas casi al nicho de su país (con la excepción de Tesla), y las europeas, los gigantes globales que ven cada día como su trono se derrumba. Tras la irrupción de los japoneses, con la mencionada Toyota, Nissan o Suzuki como abanderadas llegó la de los vehículos coreanos, con una primera entrada de Daewoo, que no llegó a consolidarse, y con la implantación de Kia y Hunday, marcas que esconden detrás inmensos conglomerados industriales que son líderes en temas como el naval, la elaboración de componentes para la industria extractiva, el refino y muchas cosas más. Las marcas coreanas han ido ganando en fiabilidad y diseño de una manera constante y ahora mismo sus modelos son tan apetecibles como cualquiera de los europeos. Los últimos en llegar al mercado han sido los chinos, pero no por ser los últimos son precisamente los menos importantes. Justo lo contrario. Con una enorme cantidad de marcas, muchas de las cuales sigo sin reconocer, la capacidad productiva de las empresas chinas y su salto a la electrificación sin complejos, junto a las subvencione que su omnipotente gobierno les ha concedido, todo ello les ha llevado a pasar de ser anecdóticas a posicionarse como las que más crecen en todos los mercados. El mes pasado, por primera vez, una marca china, BYD, vendió en el conjunto de la UE+UK+Noruega más vehículos que Citröen, una de las más clásicas europeas. Las marcas chinas operan tanto mediante enseñas propias (BYD, Jaecco, Omoda, etc) como a través de las adquisiciones que han hecho en Europa de industrias automovilísticas en crisis, de tal manera que los Ebro, MG, Volvo o Polestar que usted ve por la calle pueden tener un sello europeo y haber sido diseñados aquí, pero esconden tecnología, fabricación e ingresos chinos. Ahora mismo en España las marcas chinas ya se han hecho con una cuota de mercado global que ronda el 10% y tiene pinta de que van a ir a más. Para los conglomerados europeos clásicos, como los franceses Renault o el grupo Stellantis (Peugeot, Citröen, Fiat, Opel…) o los alemanes ya mencionados, en un mercado maduro como el europeo, el ascenso de marcas chinas supone en gran medida una pérdida de los fabricantes locales. Las decisiones anunciadas por Volkswagen responden a esta pérdida progresiva de mercado.

Si un gigante como el alemán toma medidas de este tipo puede uno imaginarse lo seria que es la situación en el sector, un sector que genera un arrastre de inversiones y empleo enormes, porque a las plantas de producción de coches debemos añadirle las miles y miles de empresas que fabrican componentes auxiliares para ell.as de tipo mecánico, plástico, tecnológico, informático, etc. Todo un ecosistema que se tambalea ante el empuje de las marcas chinas y la revolución tecnológica que empieza a transformar el coche a una especie de Tablet con ruedas en la que la batería y la tecnología son lo más importante, perdiendo la mecánica importancia a pasos agigantados. Es toda una revolución.

martes, julio 14, 2026

Cómo afrontar la extinción

Ver el paisaje desolado que deja un incendio es una de las experiencias más duras que se pueden experimentar, y más aún si es el entorno que ha protagonizado la vida de quienes lo contemplan. No hay peor catástrofe natural que un incendio forestal, ninguna deja secuelas más extensas y persistentes, ninguna duele como él. Pese a ello, año a año, gracias a la fatalidad, la desidia y los desalmados, miles de hectáreas arden en nuestro país, y en los demás, y el daño que producen se extiende, retroalimentando las emisiones de CO2 y dejando un rastro de destrucción y pérdidas, materiales siempre, en ocasiones de vidas, que ya no verán nada.

Me da la sensación de que, a medida que la virulencia de los incendios crece en medio de los veranos intensos y extensos que vivimos, la técnica que se enfrenta a ellos empieza a no ser suficiente. Se ven ejemplos constantes de grandes fuegos, en España, en Francia, en EEUU, en Canadá, donde los frentes de llama son amplísimos y las condiciones meteorológicas que provocan, con pirocúmulos asociados, se convierten en sí mismas en peligros para el entorno y todos los que se encuentran cerca, además de contribuir a la propagación despiadada de las llamas. O se actúa muy rápido, nada más comenzar el fuego, o muchos de ellos alcanzan rápidamente una dinámica que los vuelve incontrolables. La inversión en medios para apagarlos no deja de crecer, en forma de aviones, camiones motobombas y, en el caso particular de España, todo lo relacionado con la UME y su trascendental papel en esta labor de apagadores, pero no parece ser suficiente. Los expertos ven como las dimensiones del enemigo no dejan de crecer y, en muchos casos, la seguridad de los que trabajan en la extinción exige la propia retirada de su presencia ante el avance de unas llamas que pueden llegar a acorralarlos. En el incendio de Almería la superficie calcinada es elevada, 6.000 hectáreas, pero poco de ese terreno era arbolado, la mayor parte consistía en matojos, brezo, monte bajo, que espoleado por el viento desatado se convertía en yesca que hacía avanzar las llamas a una velocidad de vértigo. Sumado a eso una orografía endiablada y la dispersión de las viviendas, la receta para el desastre estaba servida, pero no ha sido un incendio como los devastadores de Zamora, León o Galicia del año pasado, de enormes masas forestales desatadas. En Almería el gran enemigo de la extinción ha sido el viento, con la orografía. El año pasado eran las dimensiones del propio fuego las que impedían atacarlo con opciones. Era demasiado grande, demasiado virulento. Con temperaturas asfixiantes y sin tregua no había mucho que hacer. Gran parte de la carga de agua que los aviones soltaban desde sus panzas se evaporaba antes de alcanzar las llamas, como si fueran virgas, y la desesperación era evidente entre todos los que trataban de combatir el incendio. ¿Cómo atacar a un fenómeno así? Si la meteorología no ayuda, ¿es posible vencerlo? Empiezo a sospechar que, a día de hoy, la respuesta es negativa, y eso nos pone ante un dilema difícil de asumir, que es el riesgo real de que alguno de estos incendios acabe por crear un enorme problema social y vital, en forma no ya de aldeas quemadas, sino de localidades de entidad atacadas y asediadas por unas llamas que no puedan frenarse. En enero del año pasado pudimos ver barrios enteros de la ciudad de Los Ángeles devorados por las llamas, que alentadas por los vientos de Santa Ana, corrían sin freno. Urbanizaciones de todo tipo, desde las residenciales de clase media hasta algunas de millonarios, sucumbían a un incendio que era imparable, y que no hubo manera de controlar hasta que los vientos aflojaron. Para entonces, cientos, miles de viviendas quedaron arrasadas, y barrios enteros del extrarradio de la ciudad se convirtieron en cenizas y ruina. El espectáculo era aterrador, y distópico, y generaba tanto miedo como impotencia. ¿Cómo frenar estos fenómenos?

Tras una desgracia de este tipo se reiteran los llamamientos políticos a pactos, que se olvidan pasados los días, pactos que se centran en contenidos políticos, pero que eluden la cuestión técnica de cómo afrontar algo para lo que empezamos a no estar preparados. Los veranos abrasantes y extensos pueden ser una “nueva normalidad” frente a la que el entorno forestal, abandonado, no sea capaz de sobrevivir de manera natural. Olvídense de eso de las políticas preventivas, estamos en España, tierra de procastinación perpetua. Urge pensar algo, inventar métodos, técnicas, soluciones, compuestos, ingeniería aplicada, lo que sea, para poder atacar a esos fuegos de manera más efectiva. Y lo de urgir va en serio.