Más de una vez ha declarado Carlos Alsina que su intención no era la de perpetuarse, sino jubilarse pronto, descansar, no trabajar tanto para poder disfrutar de eso que te ofrece la vida y que el día a día te lo niega. Creo que ni sus oyentes ni los jefes le hacíamos demasiado caso ante esas palabras, su carrera está en lo más alto en popularidad y facturación, su prestigio es grande, su imagen y nombre ya son marca de la radio en España y, también, no es muy mayor. Con 57 años se está en plenitud de facultades y aún se tiene cuerda para rato. Es cierto que las generaciones jóvenes ya vienen a coger el relevo, pero eso es ley de vida, ley natural. No es una edad para retirarse de nada, salvo que uno sea deportista, claro.
Por eso, conocer la decisión de Alsina de dejar el tramo de las noticias de su programa para presentar sólo la segunda parte, esa que huye de la política, ha supuesto una cierta conmoción para muchos, empezando por mi mismo, y más sabiendo que es la decisión menos mala posible, porque las intenciones iniciales de Alsina eran la de dejarlo todo, abandonar, renunciar a su carrera y colgar los micrófonos. Persuadido por los ejecutivos de su empresa, ha aceptado quedarse en lo que muchos consideran un destino menor, residual, secundario, el jiji jaja como él mismo afirmaba ayer que lo consideran muchos profesionales del medio, frente al portaviones blindado que supone el tramo político de muy primera hora hasta las 10 de la mañana. Declaró ayer Alsina que se siente gastado, cansado de dar la perorata todos los días, de incidir una y otra vez en una actualidad que, sí, cada vez es más amarga, en comentar una política que ha degenerado con el paso del tiempo y que no necesita casi ni comentarios, porque se ve lo cutre que es con sólo echarle un vistazo. Él, que es muy listo, sin duda ha llegado a hartarse de hacer entrevistas en las que sabe sin duda alguna que el entrevistado le está mintiendo de la manera más descarada, y que por mucho que intente sacarle algo de verdad, no de jugo, sino de simple sinceridad, no habrá manera, porque hace tiempo que la política ha huido de la verdad para esconderse en el relato fabricado, y ha visto en los medios, algunos quebrados, todos necesitados de ingresos en un mercado menguantes, a los siervos que les puedan ofrecer el servicio adecuado. Carlos ha visto, sin duda, la degeneración de la profesión, el banderismo que se ha instalado entre unos y otros, la obsesión por analizarlo todo desde la trinchera política (qué coñazo de gente, como ayer reiteró) y el papel cada vez menos relevante para la sociedad de un periodismo que se encuentra, quizás, en el nivel de prestigio más bajo de su profesión desde hace mucho tiempo. No son pocos los factores que han contribuido a ello, empezando por el cambio tecnológico y social que vivimos desde hace años, pero uno de ellos, y muy relevante, ha sido el abandono de la profesionalidad del periodista para hacerse amigo a sueldo de una corriente política que sea la que le garantice ingresos. Muchos periodistas y medios ya no cuentan lo que pasa, cuentan lo que les dicen que cuenten para justificar las decisiones que unos u otros toman. Para eso, ¿para qué consumir periodismo? piensa más de uno y de dos. Alsina ha tratado de huir de ese comportamiento, y en un país polarizado como el nuestro, sometido al infantilismo de unos y otros sobre cualquier asunto, en el que la carencia de razonamiento, criterio técnico y solvencia es la nota dominante de casi la totalidad de quienes hablan y opinan de manera remunerada y constante, Alsina ha tratado de escapar y crear, desde un medio de gran porte y alcance, una radio política que no diera vergüenza, que no tuviera fieles escuchantes, adeptos a la consigna que es conocida de antemano. Lo mejor que se puede decir de Alsina es que, antes de escucharle opinar sobre un tema, no está nada clara cual va a ser su postura, y en muchas ocasiones resulta sorprendente. E ilustra. Puede que esa sea una de las obligaciones del periodista, la de plantearse sus convicciones en contraste con la realidad. Alsina es de los pocos que ha tratado de hacerlo, día a día, año a año. Y sí, eso cansa. Eso gasta.
No les voy a engañar, parafraseando a Rufián, vaya vaya, estoy jodido, porque a partir de septiembre voy a tener una cierta orfandad informativa. No nos sobran las mentes lúcidas en este país, ni las voces con algo relevante que decir, como para que Alsina deje de opinar sobre lo que nos pasa y lo que los gobernantes nos imponen. Su marcha es una pérdida enorme que muchos lamentaremos, aunque más de uno y dos brindarán al no tener que soportarle. En un mundo de bandos Alsina ha tratado de escapar de ellos, y en no pocas ocasiones, por ambos ha sido atacado. No hay mayor elogio posible para un periodista, un opinador, un escritor, español. Muchas gracias por tanto, y fortuna en la nueva etapa, y vida.