El anuncio de ayer de Trump de un acuerdo con Irán para este fin de semana disparó los índices de la bolsa de EEUU e hizo caer el petróleo, pero esta supuesta tregua es parecida a la que se ha anunciado unas treinta veces en las últimas semanas, y sospecho que el único objetivo de ese anuncio era el de espolear los mercados justo en el momento de la colocación de las acciones de SpaceX, garantizándose así hoy una salida al mercado exitosa de la espectacular empresa espacial de Elon Musk. ¿Un mero amaño de mercado? No sería la primera vez que el tahúr de Trump lo hace, ni sería la última.
En lo relevante, el miércoles se supo el dato de inflación de EEUU, que en tasa interanual ha subido en mayo hasta el 4,2% , la más alta desde los tiempos del descenso de la tasa tras el disparate de la salida del Covid y el inicio de la guerra de Ucrania. Es un valor muy alto, altísimo, que erosiona profundamente la capacidad de compra del consumidor, devalúa sus ingresos y activos y, dado su carácter regresivo, destruye mucho más a las clases bajas y medias que a las adineradas. Ante un panorama semejante, con daños estructurales en Ormuz y su entorno que van a hacer que los precios de la energía no vuelvan a ser bajos en bastante tiempo, es de esperar que las tasas de inflación no retornen a corto plazo al nivel deseado del 2%, por lo que las autoridades monetarias deben actuar, les guste o no. De ahí la intervención del BCE de ayer, con una subida de tipos de 0,25%, dejando los oficiales de la eurozona en el 2,25%. Esto se va a traducir rápidamente en un encarecimiento del crédito, tanto el de inversión como el de consumo o el hipotecario. Este último lleva ya unos meses poniéndose cuesta arriba, porque el euríbor está actuando como buena señal de tensión monetaria, alcanzando cotas de cierre mensual del 2,8% Esto encarece las hipotecas a tipo variable, y por ello el porcentaje de las que se firman a fijo sube y sube, pero decisiones como las de ayer encarecerán las ofertas de fijo de los bancos, por lo que la financiación para la compra de inmuebles se pondrá más difícil sí o sí. ¿Puede ser esa la causa por la que parece que hemos llegado a un techo en el precio de los inmuebles? Quizás, aunque también el que su precio sea disparatado y la demanda no tenga fuerza infinita influirán sobremanera. En todo caso, y como pasó ante el disparo inflacionario de 2022, las causas de esta subida de precios no son estrictamente monetarias, no hay un disparate de emisión de moneda o algo así, son causas físicas, principalmente la escasez en el abastecimiento de energía, pero el BCE y el resto de autoridades monetarias no disponen de fragatas u otro tipo de elementos “reales” con los que hacer frente a las crisis de precios. Sólo pueden actuar sobre variables intermedias, como los tipos, los coeficientes de reserva y cosas por el estilo, para tratar de buscar una contención de la demanda y que así los precios se vean menos tensionados. Combatir problemas de escasez de oferta frenando la demanda no parece la mejor de las soluciones posibles, y no lo es, pero no hay muchas alternativas si no hay movimientos que arreglen los problemas en el mundo real. Las autoridades monetarias son las responsables de variables financieras, y no tienen muchas más opciones. Deben controlar el nivel de precios y no pueden consentir que, sea cual sea la causa, se dispare. A partir de ahora el BCE está a expensas de los anuncios de Trump, y de lo que acabe sucediendo en Ormuz. Si la crisis se mitiga en el medio plazo podrá volver a una senda de moderación, pero si las cosas se enquistan y, con ello, los precios, no tendrá más remedio que volver a subir tipos.
Para la economía de la UE, débil y golpeada por varios frentes, la subida de tipos va a sentar mal a muchos sectores, nuevamente los más débiles, los necesitados de financiación o los que tienen ingresos bajos. Los precios aquí no han llegado a ese 4% de ascenso que se registra en EEUU, pero en gran parte eso se debe a las subvenciones que se siguen aplicando, por parte de los gobiernos, a los combustibles, por lo que un gasto fiscal extra está sosteniendo artificialmente los precios de la gasolina, y esto no puede ser indefinido. O baja el barril en origen o las subvenciones se irán recortando. Las medidas de estímulo necesarias para que nuestras economías remonten allí donde lo necesitan se encarecerán.
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