jueves, junio 04, 2026

La guerra escala en Ucrania

Huyamos de la pestilencia de los que nos desgobiernan y sus tramas mafiosas, vayamos a la guerra. En Ucrania esta semana ha sido especialmente trágica. El martes el país sufrió una de las mayores oleadas de ataques desde el inicio de la invasión rusa, con decenas de muertos en Kiev, causados por unos seiscientos drones y algo más de medio centenar de misiles de diferente tipo. Edificios residenciales, principalmente, y algún complejo industrial, fueron los objetivos de este “blitz” que sumió a la capital del país en el caos y la lleno de columnas ardientes, elevando sus humaredas al cielo. Las defensas aéreas locales poco pudieron hacer ante semejante oleada.

Ayer, en la inauguración del llamado “Davos de Putin” encuentro económico y político de alto nivel que el dictador ruso organiza anualmente en San Petersburgo, los ucranianos lograron golpear esa ciudad, que está a mil kilómetros en línea recta desde Kiev, con varios drones, no tan numerosos, pero sí efectivos, que causaron daños en el puerto, en algún buque militar ruso y en instalaciones fabriles de las afueras. A menor escala, pero la imagen que ofrecía ayer la bella ciudad rusa del Báltico era similar a la de Kiev, con varias columnas de humo elevándose, señal inequívoca de los impactos logrados. Las defensas rusas abatieron a la mayor parte de los proyectiles ucranianos, pero la escena no dejaba lugar a dudas. Kiev logró golpear la ciudad cuando Putin estaba en ella y, aunque los daños no son serios, mostró su enorme capacidad de ataque y la necedad de las defensas rusas. Ayer Zelensky humilló al dictador ruso, llevando el golpe hasta las mismas puertas de su acto de propaganda. Estos hechos son el culmen de un par de meses en los que Ucrania ha logrado detener el avance de las fuerzas rusas y, aunque de manera minúscula, ha recuperado kilómetros cuadrados de frente en el Dombas, región masacrada en la que no se si quedará algo en pie. Ante la creciente falta de efectivos humanos Kiev lo está apostando todo a la tecnología, principalmente drones, tanto aéreos como terrestres, que atacan las líneas enemigas y logran rescatar heridos de las primeras posiciones del frente. También está haciendo sus pinitos con la IA, empleando armas con cierta capacidad de decisión, que dan mucho miedo a todo el que las está analizando, porque el riesgo de que se escapen de control existe. Por parte rusa, sigue la leva de tropas y las bajas se cuentan por miles y miles cada mes, tanto en fallecidos como heridos de diversa consideración, mientras que el rendimiento de las unidades terrestres sigue siendo decepcionante. Los analistas observan un frente estancado en el que los avances rusos del invierno se han detenido y la primavera ha resultado ser positiva para la estrategia de Kiev. En este contexto crecen las voces para que se llegue a un acuerdo entre las partes, acuerdo en el que los ucranianos pudieran tener en estos momentos en una posición de poder negociador mayor que en ocasiones anteriores. Hay rumores crecientes de disensiones en el entorno de Putin sobre el desarrollo de la guerra, el creciente e inasumible coste, financiero y en vidas, que está suponiendo, y la necesidad de frenar esta sangría. Es difícil saber qué hay de cierto o no en estas informaciones, que se solapan con amenazas cada vez más explícitas de portavoces oficiales rusos hacia las naciones europeas, quien sabe si en un intento de amedrentamiento para que cesen su ayuda a Kiev o como una escalada real en la que Rusia puede intentar algún golpe de efecto que cause un miedo europeo que atenace a las capitales occidentales. ¿Una escalada para desescalar? ¿Un golpe, pongamos, en los bálticos, que exija a la UE ceder en sus posiciones para no arriesgar? ¿Es un farol? Hay serias dudas sobre la capacidad militar rusa, y su ineptitud se ha mostrado a las claras durante lo que llevamos de guerra, pero sería un error subestimar el daño que puede causarnos.

Con unos EEUU cada vez más ausentes de la seguridad europea, desentendiéndose de lo que pasa en Ucrania y errando de manera clamorosa en sus propios laberintos, Kiev sabe que lo que pueda conseguir pasa por el autosacrificio y la capacidad que tenga la UE de sostener sus gastos. Conoce las limitaciones del armamento europeo, de su incapacidad de producción, y se ha volcado en una evolución tecnológica que le está permitiendo resistir y convertirse, quien lo hubiera dicho, en líder mundial en la guerra de drones. ¿Será eso suficiente para mantener a Rusia a raya? ¿Cuánto tiempo más pueden mantener ambas naciones las hostilidades? No hay respuestas claras, sólo víctimas, destrozos y columnas de humo en el cielo.

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