martes, junio 02, 2026

Trump, troleado por Irán

Hace unas semanas les comentaba que Trump estaba cada vez más ansioso por firmar un acuerdo con Irán para poner fin a las hostilidades, reabrir Ormuz y desplomar el precio del petróleo, que se filtra entre los votantes norteamericanos en forma de inflación a cinco meses de las elecciones de medio mandato. Les comentaba que, en su ansia, se estaba plegando a muchas de las condiciones iraníes y que el ridículo que estaba haciendo EEUU en todo este asunto era de unas dimensiones difíciles de imaginar. Siete días después las cosas son aún más absurdas, ya que ni hay acuerdo firmado, ni hay bajada del petróleo ni reapertura de Ormuz ni credibilidad por parte de EEUU.

Trump publica en su red social, más o menos cada hora, un mensaje lleno de mayúsculas, que parece escrito por un alumno de parvulitos, en el que afirma que las negociaciones avanzan muy bien y que, prácticamente, está ya todo acordado, que no falta casi nada. Así lleva una semana, por lo que la mayor parte de los que siguen la actualidad y quieren tener una cierta información fiable de lo que sucede ya no hacen caso alguno a lo que dice este personaje. En estos días se han producido algunas escaramuzas militares entre ambas naciones, con el derribo de drones, hundimiento de lanchas y, en general, ataques de baja dimensión, pero que han dejado claro que las hostilidades siguen ahí y que no se van a ir de un día para otro. Quien ha aprovechado este impasse para su propio beneficio es Netanyahu, que ha iniciado una nueva y sangrienta ofensiva contra el Líbano, en un ejercicio de destrucción descarado que no tiene otro fin que el de la mera venganza. Irán, contemplando los actos de Netanyahu, ha encontrado la excusa perfecta para lanzar un órdago a EEUU y ha amenazado con levantarse por completo de la mesa en la que presuntamente negocia con Washington, afirmando que nada sucederá en ella hasta que Israel detenga su ofensiva. Ayer Trump afirmó haber hablado con Netanyahu con la intención de forzarle a cesar sus ataques, lo que sería, de ser cierto, toda una sumisión de la estrategia norteamericana a los deseos iraníes y a la actitud despiadada de Israel. Según algunas fuentes, la relación entre Trump y Bibi se ha agriado completamente en estos meses, porque parece que el magnate se ha dado cuenta de hasta qué punto cometió un error enorme involucrándose en la guerra iraní, que Netanyahu le vendió como rápida e indolora. Desde marzo EEUU se ha metido en un avispero del que no es capaz de salir, donde ha sufrido pocas bajas militares, pero sí significativos daños en instalaciones de gran valor estratégico, ha dilapidado munición cara de precisión y ha dejado su prestigio dañado. A cambio sólo ha obtenido inflación y la imagen de ser rehén de su aliado israelí. Los ayatolas, a los que nada les importa la nación que oprimen sin cesar, han descubierto el valor de Ormuz como arma estratégica, y es casi imposible que el tráfico por el estrecho vuelva a ser el que existía antes de la guerra, uno libre por aguas internacionales no tuteladas. Desde Washington algún iluminado pensó que atacar Teherán sería algo más ruidoso, sí, pero poco más difícil que la operación de cambio de régimen emprendida en Venezuela en enero, y con semejante ilusión, tan ilusa, se dio la orden para movilizar efectivos y armamentos en una operación carente de pensamiento que será estudiada como una de las más estúpidas jamás emprendidas por el soberbio ejército norteamericano. Tres meses después del inicio de esa guerra, lo que antes denominaba como ridículo de EEUU se extiende en el tiempo y la sensación de haber perdido el control de los acontecimientos se acrecienta. Se alcance un acuerdo explícito con Irán o no, la sensación de derrota es inevitable en Washington, aunque evidentemente nadie que no quiera ser despedido de su cargo pueda expresarla.

El cierre de Ormuz sigue tras estos tres meses, y la subida de precios del crudo va camino de convertirse en estructural. El agotamiento de las reservas de las que se está tirando para paliar la falta de suministros del golfo empieza a ser relevante y es casi seguro que habrá efectos de escasez en determinados componentes de la oferta y en algunas naciones que irán haciéndose evidentes a lo largo del verano. El daño económico global causado por esta crisis es de serias dimensiones, y era plenamente evitable. Todo es fruto de la soberbia de unos y la estupidez de otros. Todos lo pagaremos, y no poco, en el coste de lo que adquirimos. Duele pensar que semejante destrozo era plenamente evitable.

No hay comentarios: