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jueves, septiembre 10, 2020

Tropiezo de la vacuna de Oxford en fase III


Ayer se supo que, en el proceso de testeo conocido como fase III, la vacuna de Oxford, una de las más prometedoras, tenía que parar su estudio por la aparición de un caso de infección grave en uno de los miles de voluntarios que se están utilizando como muestra activa. Parece que es una mieloide lo que le ha pasado, y está por ver si tiene relación con el proceso de prueba de la vacuna, pero en este tipo de ensayos la seguridad de los voluntarios sobre los que se realiza el trabajo es lo primero, y por es normal que se detengan los estudios en ciertos aspectos hasta saber qué es lo que realmente ha pasado. Lo primero que hay que decir es que, en el proceso de creación normal de vacunas, este tipo de traspiés son de lo más habitual.

El proceso de creación de una vacuna es largo, complicado, requiere una gran inversión económica, pruebas rigurosas y suerte, como todo en la vida. A veces las ideas más prometedoras caen a las primeras de cambio, otras llegan muy lejos pero, cerca del final, se muestran fracasadas, y cada uno de esos reveses supone dinero y tiempo. Y también, evidentemente, conocimiento, porque lo que ha fallado muestra ideas de por dónde no ir. El proceso habitual, una vez que hemos desarrollado el producto y se ha testado en animales, consta de tres fases. En la I e inocula a pocas personas, con el objetivo de comprobar que la vacuna es segura e inocua. En la II se suele usar un grupo de personas mayor, de unos pocos cientos, a los que se les inocula la vacuna y se testa, tanto la seguridad de la misma, como la fase I, como el hecho de que la vacuna funcione, es decir, que genere una respuesta inmune del cuerpo y se produzcan anticuerpos que luchen contra la enfermedad a la que se busca derrotar. Estas dos fases suelen durar varios meses cada una, no pocos, y en cada momento, si se produce una respuesta inesperada, o algo va mal, se para el proceso y se tiene que ver cuál es la causa del problema. Muchas han caído ahí. La fase III, la última, es la más larga, costosa y complicada. Se busca, una vez que la II se ha superado y la respuesta inmune se crea, comprobar que efectivamente el cuerpo lucha contra la enfermedad y la derrota. Para ello se cogen muestras de voluntarios mucho más amplias, de varios miles, y se crean dos grupos homogéneos en todas sus características. A uno de los grupos se le inocula la vacuna, al otro un placebo, y ni el inoculador ni el voluntario sabe a qué grupo pertenece. Todos los individuos son sometidos a control estricto pero, esta vez, se les deja una vida libre, de tal manera que se puedan exponer a la enfermedad y se vea como la combaten. Esta fase de estudio dura años, sí, años, y se buscan muchas cosas. Lo primero, garantizar que los resultados de las fases I y II, seguridad y respuesta inmune, se mantienen, lo segundo, comprobar que realmente la inmunidad funciona y la enfermedad es derrotada, lo tercero, comprobar cuánto dura la inmunidad, si es prolongada o requiere dosis recurrentes de vacunación. Lo cuarto, aprovechar el tiempo dilatado para ver los posibles efectos secundarios a medio y largo plazo de la vacuna en el cuerpo, que muchas veces tardan tiempo en presentarse, y así un montón de objetivos. Y uno no menor es comprobar que el efecto de la vacuna es superior al del placebo, de tal manera que la vacuna es, realmente, un tratamiento efectivo, muy superior al resultado natural que produce un cuerpo sugestionado ante un posible tratamiento que, realmente, es inocuo. Como verán, no es sencillo desarrollar vacunas, ni barato. Se imaginarán los costes logísticos, de gestión y de todo tipo que se generan a lo largo de los años en los que se llevan a cabo estas fases, y partiendo todos ellos de los elevados costes que habrá supuesto la investigación, desarrollo y creación del prototipo de vacuna. Es por eso, entre otras razones, por lo que muchas empresas farmacéuticas han abandonado este campo de trabajo en las últimas décadas, porque es muy difícil obtener beneficios con esta secuencia tan prolongada de costes e inversiones asociadas. La carrera de empresas que vemos ahora es extraordinaria, y se debe a que la situación que vivimos también lo es.

Como verán, en cada una de las fases son múltiples los factores que se analizan, y la aparición de un mal resultado exige un trabajo de investigación detallado para saber el por qué se ha producido y si ese resultado tiene relación con el proceso de creación de la vacuna. Las prisas que existen ahora mismo para que una de ellas surja y luche contra el coronavirus son contraproducentes. Correr mucho es una buena receta para aumentar los peligros y sufrir un accidente, y eso es sabido por todos, pero los políticos y la sociedad demandan con urgencia una vacuna cuyos tiempos de creación son los que son. Se están acortando lo más posible, pero es evidente que no habrá una que pueda ser suministrada con seguridad a la población, al menos, hasta inicios del año que viene, acelerando las cosas al máximo. Y parece que no será la de Oxford.

jueves, mayo 14, 2020

Muy lejos de la inmunidad de grupo


Ayer por la tarde se hizo público el primer avance de resultados el estudio de seroprevalencia, desarrollado por personal de distintos organismos públicos y privados y coordinado por el Instituto de Salud Carlos III. Este estudio aún está en ejecución, pero existen ya algunos resultados preliminares, que fueron los que se hicieron públicos ayer. Lo más básico de lo sabido es que las noticias no son buenas. La tasa media de infectados detectados en el país es del 5%, con picos provinciales que superan por poco el 10%, por lo que el concepto de inmunidad de grupo, buscado por algunos epidemiólogos, está muy lejos de haberse logrado.

Este estudio es una encuesta, que busca ver el alcance nacional de un fenómeno por métodos estadísticos. Es imposible testar a toda la población, por lo que se ha recurrido a herramientas ya conocidas y validadas para saber el alcance global de la enfermedad. Piense usted en la EPA o en un sondeo de intención de voto. Se genera una muestra de la población que se quiere analizar, representativa en el nivel de detalle buscado, en este caso provincial, que no tenga sesgos de edad, género u otras variables. En el caso de la EPA el INE pregunta a esa muestra sobre su situación laboral para conocer el estado del mercado de trabajo. En el caso del voto la empresa demoscópica cuestiona a la muestra sobre sus intenciones de cara a unas futuras elecciones, y con esos datos se crea una proyección de voto nacional. En este caso las “preguntas” consisten en la realización de test de anticuerpos a la muestra poblacional seleccionada, test que nos dirán si las personas pasaron la enfermedad o no, que no nos dirán cuándo la pasaron o con qué intensidad, o dónde o cómo se contagiaron. Sólo si han sido afectados o no. A partir de ahí los datos se extrapolan y obtenemos una imagen nacional, desagregada por provincias, de la incidencia de la enfermedad. Esta encuesta va a tener dos olas más, es decir, se va a proceder a testar nuevamente a la población muestral dos veces más con intervalos de dos semanas, para comprobar si existe una evolución en la tasa de contagio en ese periodo de mes y medio, pudiendo así no sólo una imagen fija del nivel de contagio sino también una cierta evolución de los mismos, obteniendo por tanto una valiosa información de hasta qué punto la tasa de contagio evoluciona en el tiempo. El resultado obtenido, muy bajo, es malo, malo en el sentido de que hace que la gravedad del problema que tenemos entre manos sea aún mayor de lo que pensamos. Piense usted que la catástrofe absoluta que hemos vivido se ha dado con unas tasas de infección realmente bajas, por lo que imagínese lo que pudiera suceder si los infectados hubieran sido, pongamos, el doble. Las insoportables cifras de muertos que arrastramos se multiplicarían quizás por esa proporción. También se puede estimar, de una manera burda pero acertada, cuál es la letalidad real de esta enfermedad, y con los datos de ayer y los de fallecidos que tenemos se puede situar en poco más del 1%. A algunos les parecerá muy baja, pero es realmente alta, y sobre el conjunto de la población española ese poco más del 1% supone cerca de medio millón de personas. Un disparate. Una temporada de gripe común suele situar su letalidad claramente por debajo del 0,1%, por lo que estamos ante un enemigo mucho mucho más mortífero que el de la gripe estacional. Sí, no es el ébola o la viruela, cuyos porcentajes son mucho más altos, pero es lo suficientemente virulento para ponernos a todos contra las cuerdas y bloquearnos, y hacernos sufrir lo impensable.

Sobre la inmunidad de grupo, recordar que este es un concepto teórico que se alcanza cuando se supera determinado umbral de infectados, y depende tanto de la letalidad de la enfermedad como de su capacidad de transmisión. Se estima que para este virus esa inmunidad empieza a funcionar a partir del 60% de la población. Estamos lejísimos, por lo que las posibilidades de un rebrote del mal en posteriores olas, que ya eran elevadas, lo son mucho más una vez conocidos estos datos. Desde luego, hasta que haya vacuna o tratamiento, nada volverá a ser como antes, porque este maldito virus lo ha trastocado todo y apenas nos ha empezado a afectar como población susceptible.

Mañana es San Isidro, patrón de Madrid y festivo local en la ciudad. Concepto absurdo este de festivos en estos tiempos de pandemia, pero así es. No habrá artículo en este, su blog.

martes, abril 28, 2020

Datos, certezas y dudas


Todas las mañanas Fernando Simón sale a comentar ante los medios los datos diarios de evolución de la pandemia, cifras que esconden vidas en cada uno de sus dígitos, salvadas en muchos casos, perdidas en demasiados. La exposición pública de Simón, la crudeza del horror que estamos viviendo y el baile a la hora de contabilizar lo que vemos está contribuyendo a abrasar al portavoz, lo que supone un eficaz cortafuegos para el gobierno y, en este caso, las CCAA, que son las que elaboran los datos y los suministran al Ministerio, que se encarga de recopilarlos y, en la medida de lo posible, armonizarlos. El que haya diecisiete formas aparentes de contar lo hace todo mucho más difícil.

Si uno acude a la web del Instituto de Salud Carlos III puede descargarse las series de datos de variables infectados, recuperados, hospitalizados, estancias en UCI y fallecidos, que son las que dan la imagen de dónde nos encontramos. Esas series contienen asombrosos altibajos, números negativos en algunos casos si uno trata de hacer diferenciales para obtener las variaciones diarias, y la sensación de que cada día se tratan de pulir de una u otra manera. Algunos de estos ejercicios de ajuste tienen sentido, otros no tanto, pero en su conjunto generan un problema para los profesionales y aficionados que estamos intentando seguir la evolución de la pesadilla. El caso de los positivos detectados es uno de los más claros. Hasta hace unos días esa cifra era única, casos positivos y ya está, pero desde el viernes se desglosa en dos partes, positivos detectados por PCR y otros positivos detectados por pruebas serológicas. ¿Por qué esta diferencia? Tiene un sentido. Los que se han hecho la prueba PCR son, en su inmensa mayoría, aquellos que están bajo la sospecha de haber enfermado o en contacto con enfermos activos, como puede ser personal sanitario o de riesgo. Una PCR positiva quiere decir que estoy desarrollando la enfermedad, por lo que tengo que empezar un proceso de aislamiento en cuarentena y quizás, ojalá no, acabe en un hospital si los síntomas van a peor. El positivo en PCR puede acabar incluyéndose en todo el resto de categorías de recuento que manejamos. No así los serológicos. Estos son personas que ya han pasado la enfermedad, muchos de ellos asintomáticos. Si dan positivo en esa prueba estuvieron enfermos, pero ya no lo están, y no van a pasar un proceso hospitalario, por lo que no suponen una posible futura presión para el sistema sanitario. Ambos, PCR y serológicos, han sido o son enfermos, y cuentan como positivos reales, pero el tratamiento y atención médica que van a necesitar, y derivado de ello la exigencia de recursos que reclamarán, son muy distintas. Al sistema sanitario le interesan mucho más los PCR, porque son potenciales futuros clientes suyos si las cosas van mal, mientras que los serológicos no le van a dar demasiados problemas, casi seguro que ninguno. Por eso los técnicos han decidido que sólo los analizados con PCR sean los que, desde hace unos pocos días, se notifiquen públicamente como casos positivos, lo que ha hecho que la serie se rompa y presente un salto anómalo. Sin embargo todos, PCR y serológicos, han estado afectados por la enfermedad, por lo que debieran contar como positivos reales. Otro de los argumentos de sanidad para excluir a los serológicos del recuento diario es que no se sabe cuándo ubicarles, porque el serológico detectado hoy ya ha pasado la enfermedad, y es imposible saber cuándo la pasó. No le podemos asignar una fecha en el calendario de infección y recuperación, porque no existió en el sistema hasta que se detectó con la enfermedad ya curada, mientras que el PCR positivo detectado el día X va a generar una secuencia de datos que, si requieren hospitalización, se alargará en días posteriores a X, por lo que es importante registrarlo en el citado punto X.

Y este es sólo uno de los problemas gordos a la hora de analizar y contar los datos. No es lo mismo medir la mortalidad respecto a los positivos PCR que respecto a los positivos totales, siendo esta segunda mucho más baja que la primera. No es lo mismo considerar el número de tests que se hacen a la población para compararse con otros países si contabilizamos uno de los tipos de test o todos ellos, y así decenas y decenas de problemas asociados a un recuento que pudiera parecer obvio pero que no lo es, y que esconde trampas y problemas de fondo que lo complican mucho. Y eso sin tener en cuenta los diecisiete posibles criterios que están siendo utilizados en España, armonizados en algún caso, dispares en otro. Y en el resto de países me temo que pasará tres cuartos de lo mismo. Bueno, en los países en los que recuentan, claro.

jueves, julio 05, 2018

¿Qué esconde el mar de Encélado?


Cada cierto tiempo tenemos noticias sobre los hallazgos de los rovers y sondas marcianas que nos confirman la idea de que, en el pasado, Marte pudo ser un planeta muy distinto, con atmósfera más densa, agua en su superficie y condiciones necesarias, quizás, para ser precursoras de la vida. Pero también parece evidente que hoy en día Marte es hostil a la vida y las esperanzas de encontrar algo similar a moléculas orgánicas allí es escasa. De hecho casi podemos considerar que en todos los planetas del Sistema Solar no existe vida, ni nada que se le parezca. Siempre con el grado de duda necesario que requiere la ciencia, claro.

¿Descarta esto el Sistema Solar en su conjunto? No, porque existen otros cuerpos que se están demostrando mucho más interesantes. Las lunas que orbitan en torno a Júpiter y Saturno, por ejemplo, son sistemas solares en miniatura, dependientes del gigante gaseoso que los domina, y en algunas de ellas se esconden secretos que pueden ser apasionantes. Io y Europa han sido durante tiempo las más prometedoras, pero es ahora mismo Encélado, con acento esdrújulo, la que más interés suscita entre los científicos. Es este un cuerpo pequeño, 500 kilómetros de diámetro (la tierra tiene poco más de 12.000) que orbita en torno a Saturno. Visto desde fuera, Encélado brilla como pocos, porque es una blanca bola de hielo que refleja la luz con toda la fuerza posible. Una canica helada que podríamos suponer, con lógica, que alberga un mundo frío e inerte, pero no es así. Hay grietas en esa superficie de hielo y  por ellas, de vez en cuando, se escapan emanaciones a la atmósfera provenientes del interior. Gracias al análisis de esas fugas se ha podido determinar cómo es la estructura del planeta, y resulta sorprendente. Bajo el manto helado que cubre todo ese mundo, de decenas de kilómetros de espesor, se encuentra un océano de agua en estado líquido, existiendo por tanto fuentes de calor que permiten que el agua, a partir de cierto punto, no esté congelada. Esas fuentes pueden provenir tanto de la actividad del interior del planeta, que calienta las zonas aledañas, como de las llamadas fuerzas de marea, la diferencia de gravedad entre un extremo y otro del planeta que se sufre en un cuerpo como Encélado al orbitar tan cerca de un gigante como Saturno. Ese estruje de ida y vuelta, si así me lo permiten, agita todo el planeta y le otorga una fuente de calor. Agua líquida y fuentes de calor… eso suena muy bien si de lo que tratamos es de buscar un lugar acogedor para la vida, tal y como la entendemos. Ya tenemos dos ingredientes consideraos como básicos que no se dan en ningún otro planeta del Sistema Solar. Los análisis de las emanaciones que provienen del interior de Encélado, obtenidos gracias a las sondas que lo han orbitado, han sido fundamentales para añadir otra pata más a las opciones vitales de esa luna de Saturno. Resulta que esas emanaciones contienen componentes orgánicos, es decir, moléculas en las que el carbono está presente. Recordemos antes que nada que el concepto de química orgánica es muy engañoso, dado que engloba a moléculas que pueden pertenecer a seres vivos y no (todo el plástico es orgánico, pero no está nada vivo) por lo que la existencia de este tipo de moléculas no permite sacar conclusiones alocadas, pero sí saber que las fuerzas internas que agitan el mar de Encélado son capaces de proporcionar energía para que se produzcan reacciones químicas que generen esas moléculas. En la Tierra este proceso se da en lugares como las chimeneas hidrotermales, afloramientos en el océano de lava o vapor del interior del planeta que calientan el agua y le hacen reaccionar, generando polímeros y otras sustancias. Eso no es vida, pero es química que funciona bajo parámetros que conocemos y que tiene unas posibilidades enormes,

¿Hay peces en el mar de Encélado? Sugerir algo así sería, directamente, una sandez. No, no estamos hablando de eso, pero sí que en un cuerpo que no está muy lejos, en términos espaciales es el vecindario, se dan unas condiciones geológicas excepcionales para ir allí y estudiarlas. De momento sería necesario un plan de investigación basado en sondas que puedan analizar en detalle los compuestos que son expulsados, para conocerlos en profundidad y determinar cuál es, entre otras cosas, su grado de complejidad. Hace 50 años, en 2001, Kubrick nos llevó a Saturno y, cosas de la vida, hoy una de sus lunas nos vuelve a llamar la atención. Hay mucho trabajo por delante para investigar lo que sucede en, y bajo, Encélado.

miércoles, marzo 01, 2017

Bacterias peligrosas y antibióticos

Una de las maravillas del tiempo en el que vivimos, y de la que no somos conscientes para nada, es la victoria que hemos infringido a las bacterias, y los millones de vidas que, cada día, se salvan a cuenta de ello. Hasta hace menos de un siglo las tasas de mortalidad eran disparadas, las infantiles inimaginables y la esperanza de vida sumamente reducida. Varios eran los factores que influían, pero el más determinante eran las enfermedades, que se cebaban sobre una población indefensa. La selección natural funcionaba, al inmenso coste de vidas perdidas antes citado, y los individuos resistentes sobrevivían mientras que el resto moría. Cánceres, problemas cardiacos y otros males eran mucho menores porque muy pocos llegaban a la edad de poder padecerlos.

Esta segura existencia en la que vivimos se asienta en dos patas: la vacunación y los antibióticos. La efectividad de ambas armas frente a la enfermedad es inmensa, pero también la necesidad de usarlas con cabeza y criterio para que rindan como es debido. El caso de las vacunas es muy sencillo, hay que ponérselas y punto, y frente a las irracionales y peligrosas campañas de antivacunación, promovidas por incultos, o aún peor, iluminados, debemos insistir una y otra vez en la necesidad, la absoluta necesidad, de que toda la población se vacune de las enfermedades para las que existe esa herramienta. Sin excepciones. Los antibióticos presentan un problema distinto, y es el uso generalizado que se hace de ellos. Si ante las vacunas debemos luchar para que se prescriban y utilicen en masa, ante los antibióticos debemos adoptar una estrategia opuesta, reduciendo el uso masivo que hoy en día se hace de los mismos y prescribiéndolos sólo en los casos en los que resultan necesarios, y obviamente sólo ante enfermedades. El uso masivo de antibióticos en nuestros días no se da en las farmacias y hospitales, no, sino en las granjas de animales, donde miles, millones de ejemplares conviven en espacios muy pequeños y son atiborrados de esas sustancias para que no enfermen, con el riesgo económico que una pandemia, transmisible casi al instante a poblaciones tan concentradas, podría tener. Pero también se abusa, y muchísimo, de los antibióticos en el consumo humano, bien por excesiva prescripción como por automedicación, dos de los males farmacéuticos de nuestro tiempo. Como su propio nombre indica, el antibiótico sólo es efectivo ante enfermedades bacterianas, pero nada hace ante los virus. Por ello de nada sirve tomarlo ante, por ejemplo, la gripe, que es una enfermedad producida por un virus que cada año cambia. Repito, no sirve de nada, pero ¿cuántas personas habrán tomado, o solicitado, antibióticos para tratar esa enfermedad a lo largo de este invierno? Cada una de ellas no ha obtenido resultado alguno de la ingesta del medicamento, ninguno, se lo crea o no, pero habrá contribuido a debilitar la eficacia del medicamento. ¿Por qué? Nuestro amigo Darwin tiene la respuesta. El ciclo de vida de las bacterias es corto, su tasa de reproducción alta y, por tanto, sus generaciones no se miden en décadas como es nuestro caso, sino a veces en días. Esa espectacular tasa de reproducción hace que la selección natural funcione a cámara rápida, muy aceleradamente. Si en todo momento, sin necesidad en muchas ocasiones, enfrentamos a muchísimas generaciones de bacterias a un antibiótico llegará un momento en el que uno de los individuos, por mutación o por suerte, quizás sea capaz de resistir el efecto nocivo del medicamento, y con ello sus descendientes pueden ser capaces también de sobrevivir. Y eso que con un uso normal de la prescripción, acabaría sucediendo, pero en un plazo de tiempo lejano, se da ya en nuestros días, gracias sobre todo al referido mal uso, por el abuso, de unas herramientas tan fantásticas como los antibióticos.


La OMS ha presentado recientemente en sociedad doce familias de bacterias, doce, que a día de hoy resisten a todos los antibióticos conocidos y desarrollados por la industria. Esto quiere decir que si esa bacteria nos ataca, hay bastantes probabilidades de que nos mate, porque todo dependerá de cómo trabajen EN SOLITARIO las defensas de nuestro cuerpo. Si hay suerte, bien, pero sino, al hoyo. Las proyecciones futuras de mortalidad de estas bacterias son para asustarse, por lo que urge actuar en dos direcciones. Una, la de la ciencia, buscando nuevas herramientas, antibióticas o no, para derrotarlas. La otra, médica y social, limitando el abuso en el consumo de antibióticos para que el zoo de bacterias malignas no siga creciendo. Este asunto es mucho más serio y grave de lo que parece.

jueves, febrero 23, 2017

Siete planetas orbitan en torno a Trappist-1, siete planetas

Afortunadamente, ya no es noticia el descubrimiento de exoplanetas, mundos que orbitan en torno a estrellas que no son nuestro Sol. Lo que hace unas décadas eran meras construcciones teóricas se cuentan hoy por cientos, y se agrupan en catálogos que los clasifican por tamaños, densidades, proximidades a su Sol, y otras muchas variables que hemos sido capaces de estimar con la tecnología actual. El número de los conocidos no deja de crecer, y esto es una magnífica noticia. Pero lograr una tacada de siete en un mismo sistema estelar es algo que supera los sueños de muchos. Y eso es lo que se dio a conocer ayer.

Trappist-1b es una enana roja, situada a sólo cuarenta años luz de nosotros. Eso en distancias estelares no es nada. Las enanas rojas son un tipo de estrellas, de las más abundantes que existen, y responden a la parte final de su ciclo de vida. Son más pequeñas y frías que nuestro Sol, más difíciles de detectar porque su brillo es tenue, y poseen una atracción gravitatoria menor. Durante años se pensó que, en torno a ellas no habría planetas. Cuando empezaron a descubrirse la teoría era que sería imposible que albergasen agua, por el escaso poder calorífico de la estrella, pero para solucionar este espinoso asunto llegó la gravedad en nuestro auxilio, y es que lo que denominamos pomposamente como “zona de habitabilidad” o espacio de órbitas en torno a una estrella que permitirían el agua líquida en la superficie, depende mucho de las características de la estrella. Cuanto mayor sea, más ancha será esa franja y más lejana se situará en torno a ella. Cuanto menor, como en las enanas rojas, más estrecha será la franja y más cercana a la estrella. Esto ha hecho que, en el caso de estas estrellas pequeñas, nos haya sido mucho más sencillo encontrar los planetas alejados que los cercanos. En Trappis-1 el sistema de siete planetas, descubierto por el método del tránsito (subidas y bajadas que se detectan en la emisión de luz de la estrella que llega a nosotros cuando “algo”, un plante, pasa delante suyo) se encuentra muy arracimado, mucho más cerca unos de otros que lo que sucede en nuestro sistema solar, por lo que para los “trappiestenses” la posibilidad de viajar entre sus mundos es, incluso con la tecnología que ahora poseemos, mucho más sencillo y barato que lo que resulta manda misiones a Marte o a los lejísimos Júpiter o Saturno. Los siete planetas detectados parecen rocosos, de dimensiones similares a nuestra Tierra, en un rango de tamaños que va desde el 80% al 120% de nuestro mundo, más o menos, y tres de ellos se encontrarían en la zona de habitabilidad de su estrella, tres. Para que nos hagamos a la idea, en nuestro sistema solar Venus estaría, por poco, fuera de esa “zona” por estar demasiado cerca del Sol, mientras que la Tierra está en su franja central y Marte, por poco, se mantiene en el extremo de esa franja. Las órbitas que describen estos planetas sobre su estrella son muy rápidas, por lo que los “años” se pueden contar en días o semanas. Así mismo, la proximidad a la estrella hace que, probablemente, sufran fuerzas de marea y eso haga que siempre muestren la misma cara a su Sol, como le pasa a la Luna con la Tierra, por lo que las diferencias de temperaturas entre un lado y otro de cada planeta pueden ser abismales. También hay que recordar que las enanas rojas emiten mucha radiación y que, al estar los planetas cerca de su estrella el efecto de las radiaciones sobre la superficie debe ser muy intenso, salvo que alguno de los mundos disponga de atmósferas que permitan disiparla. Todo esto es necesario para que no nos imaginemos, de golpe, la existencia de los antes mencionados “trappiestenses”, pero eso es lo de menos. La dimensión del descubrimiento es, en todo caso, enorme.


Ahora que sabemos que esos planetas están ahí debemos hacer todos los esfuerzos del mundo para averiguar lo más posible de ellos porque, la verdad, es que no sabemos nada de nada. El método de tránsito nos pone en bandeja la posibilidad de estudiar sus atmósferas a partir de la luz que, proveniente de su estrella, las atraviesa y llega aquí, y eso es una vía para conseguir mucha y muy valiosa información. Lo más importante de todo. Los sistemas planetarios están por todas partes, y las opciones de encontrar mundos, como este o de cualquier otro tipo, empiezan a ser infinitas. Como siempre, les recomiendo que lean al genial Daniel Marín para saber muchísimo más sobre estas apasionantes noticias.

martes, julio 05, 2016

El accidente del coche sin conductor

Ayer les hablaba de la llegada de Juno a Júpiter, que ha sido finalmente exitosa (Bien!!!!) Este es un caso de avance tecnológico en el que sólo hay lado positivo (o al menos no logro encontrarle parte negativa alguna) pero normalmente las cosas no son tan sencillas. Cada descubrimiento y avance científico abre la puerta a nuevas posibilidades de todo tipo y, también, nuevos riesgos. Algunos de ellos previsibles, otros, como sus posibilidades, ocultas hasta que alguien las descubre. Y a medida que nuestros dispositivos y tecnologías crecen en poder y complejidad los efectos, de todo tipo, son más intensos y, por ello, tan beneficiosos como peligrosos.

La semana pasada se supo del primer caso documentado de accidente de un coche sin conductor con el resultado de muerte del viajero. La noticia es un poco más compleja de lo que parece. Conductor había, que iba haciendo otras cosas mientras el programa de piloto automático instalado en su vehículo, un Tesla, le llevaba por una carretera de Florida. No estamos por tanto ante un coche vacío y sólo, sino ante el uso de un asistente que toma el mando del vehículo en determinadas condiciones, una situación híbrida entre lo que experimentamos cada día y la conducción completamente autónoma. Lo cierto es que un camión se cruzó en la trayectoria del coche, procedente de una incorporación, y el sistema del vehículo no lo detectó, impactando con él. Tras el golpe el coche perdió el control y ni software ni conductor pudieron hacer nada, acabando todos estrellados a unos cuantos metros del lugar del impacto inicial. El conductor era un forofo de la marca Tesla y del sistema de conducción autónomo, y de hecho había colgado varios vídeos en youtube en los que mostraba las habilidades del vehículo y lo feliz que era dejándose llevar por él. Al conocerse la noticia el primer impacto lo sufrió la marca Tesla, que bajo en torno al 4% en la bolsa, y luego empezaron a surgir las voces de los que claman contra esta tecnología y la inseguridad que puede provocar. Que se sepa este es el primero de los accidentes con víctimas mortales en los que se encuentra implicada esta novedad, y dado el uso, particularmente intensivo, que se le está dando en EEUU, con miles de vehículos, conductores y millones de kilómetros recorridos cada día, el balance no es muy negativo. Como siempre, y ante un accidente, tenemos que saber qué es lo que ha fallado para que este suceso haya tenido lugar, pero ante todo no debemos caer en un alarmismo infundado ni unirnos al coro de plañideras que claman, ante todo problema, por la supresión de la tecnología como la solución. Es cierto que el mundo de los coches autónomos es algo que está naciendo, ahora mismo, entre nosotros, y que como toda tecnología, al principio, es susceptible de tener fallos. Piensen ustedes en los pioneros de la aviación, que se subían a aquellos cacharros. Los accidentes eran muy comunes y las víctimas entre los pioneros casi la norma, pero poco a poco, con la experiencia y la mejora que de ella se deriva, la seguridad empezó a ser un sinónimo de volar, y hoy en día sigue siendo el método más seguro de viajar. ¿Es infalible? No, porque nada lo es. Por eso tampoco conviene caer rendidos a los brazos de los apóstoles de la tecnología salvadora, para los que el software del futuro solucionará todos los problemas. No es cierto. Siempre habrá accidentes, imprevistos y problemas que, ni nosotros ni un software que evolucione y aprenda sea capaz de prever. Y por tanto los accidentes de tráfico seguirán, aunque es muy probable que su número se reduzca de manera muy significativa a medida que la conducción autónoma se generalice. Y eso, en sí mismo, es un avance grandioso.


Y es que ese mundo, el de la conducción autónoma, que empieza a asomar la patita en los medios de comunicación, puede ser una de las revoluciones que marquen las próximas décadas. La producción, venta y uso de los coches se verán radicalmente alterados en un mundo en el que los vehículos puedan acudir a nuestra llamada y se aparquen solos por ahí una vez nos dejen. Nuestras ciudades, atestadas, aplastadas por la invasión de los coches, pueden verse libres de ellos por la vía de que se vayan fuera y nos esperen… ¿Habrá problemas, accidentes y conflictos sociales derivados de esta tecnología? Por supuesto, como los ha habido con cualquier otra, pero estoy seguro de que el balance será mucho más positivo que negativo. Y de eso se trata.

viernes, marzo 04, 2016

Scott y Mark Kelly, vaya par de gemelos

Esta semana, dentro de un vuelo de rutina, han regresado a la tierra tres de los residentes que permanecían en la Estación Espacial Internacional, ISS en inglés. Sita a sólo 400 kilómetros de la Tierra, la distancia que hay entre Madrid y Elorrio, mismamente, la ISS es nuestra “casa” en el espacio, y lleva ocupada desde hace muchos años, por tripulaciones que se relevan en estancias de unos tres meses. Esta vez no ha sido así. De los tres retornados, dos de ellos, Mijáil Kornienko y Scott Kelly han pasado 340 días en el espacio, casi un año, tratando de averiguar, entre otras cosas, los efectos de la estancia prolongada en ausencia de gravedad.

El caso de Scott Kelly es muy especial. Quizás le hayan visto alguna vez por la tele, es un hombre robusto, de mirada afilada, calvo pelado…. O puede que hayan visto a alguien que se le parezca mucho. Y es que Scott tiene un hermano gemelo, Mark, que no es astronauta. La existencia de este par de gemelos le ofreció a la NASA la posibilidad de hacer un experimento natural muy curioso. Ya sabemos que para realizar la mayor parte de experimentos de, por ejemplo, medicamentos, se buscan dos poblaciones lo más parecidas posibles, a una de ellas se le da el fármaco que se quiere testar y a otra no, y se compara entre ambas qué sucede con la enfermedad que padecen. Este grupo de pacientes no tratados es lo que se denomina “grupo de control” y la prueba del éxito (o fracaso) del experimento es que el grupo tratado tenga un comportamiento significativamente distinto, y en el sentido deseado, que el grupo de control. Así, una vez que la NASA determinó que tiene que volver a entrenar a sus astronautas en misiones de estancia prolongada en el espacio, de cara a futuros viajes a Marte u otros destinos (ojala!) la agencia contactó con los hermanos Kelly para proponerles el experimento. Scott se iría al espacio casi un año, y Mark se quedaría en la Tierra, y ambos estarían constantemente monitorizados en un montón de parámetros vitales, con el objeto de que, dado que la carga genética y el cuerpo de ambos es el mismo, contrastar contra un cuerpo “de control” los efectos de la gravedad prolongada. La idea es muy ingeniosa, y se ha podido hacer gracias a la casualidad de que exista este par de gemelos, y la colaboración del que se ha quedado en tierra, que no ha viajado al espacio pero que ha estado controlado en todo momento. En todo este tiempo ha sido, parafraseando a Alberti, astronauta en Tierra, y es de suponer que su vida haya sufrido perturbaciones de uno u otro tipo. Ahora, con su hermano de vuelta, ambos serán sometidos a pruebas de todo tipo para contrastar su salud, estado físico y demás variables que ustedes puedan imaginar. Ya se saben muchos de los efectos que son provocados por la ausencia de gravedad, y la antigua URSS, con el uso de la MIR, llegó a registrar estancias de sus cosmonautas en el espacio superiores a un año, comprobando que la debilidad física que genera la ausencia de gravedad y la pérdida de diversas sustancias importantes para el cuerpo generaban problemas que iban a más con permanencias cada vez más largas, sin lograr estabilizarse. Hacer gimnasia allá arriba para combatir esa debilidad creciente fue una de las lecciones de esos experimentos. Ahora podremos aprender mucho más.


Un pequeño apunte sobre la vida de Mark Kelly que no quiere dejar olvidado. Alcanzó una relativa, e indeseada fama, hace algunos años cuando su mujer, Gabrielle Gifffords, congresista demócrata, fue tiroteada y gravemente herida por un fanático cuando pronunciaba un mitin electoral al aire libre. Giffords se salvó, casi milagrosamente, pero sufrió enormes secuelas, físicas y mentales. Tuvo que volver a aprender a andar, hablar, vivir, y en todo momento Mark, y su gemelo Scott, estuvieron allí para ayudarle. En esos momentos Mark vivió en el cuerpo de su mujer lo más parecido a un infierno. Ahora su hermano Scott ha regresado del cielo. Desde luego los Kelly son unos gemelos muy especiales. Y admirables.

viernes, febrero 12, 2016

¡¡Einstein, hemos visto tus ondas gravitacionales!!

Ayer, en el día en el que la guerra de Siria siguió su curso hacia la nada, mientras algunos refugiados se ahogaban en el agua y el olvido, en el transcurso de la mayor caída del Ibex35 en tiempo, que lo lleva a la crisis bursátil, y de ahí a la general, entre el desgobierno patrio y otra corruptela más en el PP, y quizás durante otro nuevo y garrafal error del no Ayuntamiento de Madrid, científicos de varias nacionalidades realizaban un descubrimiento asombroso, verificaban la existencia de ondas gravitacionales y, cien años después, nos obligaban a ponernos a todos, otra vez, de rodillas delante del intelecto de Albert Einstein, que ya las describió hace un siglo.

Es un poco complicado explicar esto, y seguro que de mientras lo intento cometo enormes errores técnicos y conceptuales, por lo que si me lee alguien experto en la materia confío en que me disculpe. El fenómeno en sí es sencillo de entender si pensamos en un mundo diferente al que acostumbramos. Si sustituimos el vacío del espacio, esa negrura insoldable que nos rodea, y lo convertimos en una estructura, un tejido de espacio tiempo, un “aire” en el que todo se mueve, desplaza y actúa, el fenómeno es casi intuitivo de explicar. Hace pocos miles de millones de años un par de agujeros negros, de masas decenas de veces superiores a nuestro sol cada uno de ellos, que orbitaban uno en torno al otro (un sistema doble) acabaron colapsando y uniéndose en un único agujero negro, mayor. La masa de este agujero negro nuevo no era exactamente la suma de las masas de los pequeños, sino algo menor, y esa masa perdida se transformó en energía, generadora de las ondas gravitacionales. Al contrario que otras radiaciones, como la luz o cualquier otra del espectro electromagnético, que se desplazan en el tejido espacio tiempo (ese “aire” al que me refería) las ondas gravitacionales son fluctuaciones de ese mismo tejido, un movimiento físico del mismo generado por cualquier fenómeno en el que la gravedad esté presente, de una intensidad ínfima, y creciente cuanta mayor es la gravedad y energía generada por ese fenómeno. Imagínense un estanque. La luz del sol atraviesa el agua y gracias a ella podemos ver el fondo, pero el agua está quieta. Ahora arrojamos una piedra al estanque. Vemos que el agua se mueve, genera ondas físicas sobre la superficie que se transmiten y llegan hasta nosotros y mucho más allá. Ahora piensen en esa agua del estanque como el tejido espacio tiempo en el que nos encontramos. Toda radiación corre a través de él, como la luz en el agua, y eso nos permite “ ver” el universo en forma de luz visible, radio, microondas, etc. Y ahora imagínense la onda generada por esa fusión de agujeros negros a la que antes me refería, que hace que el espacio tiempo, el agua, fluctúe, se ondule, se mueva. Esa es la onda gravitacional. Se desplaza a la velocidad de la luz y tiene una intensidad muy muy muy débil. Es por ello que ha sido necesario invertir bastante dinero y tecnología en un proyecto, el LIGO, en el que la precisión del instrumental ha sido la suficiente como para captar el fenómeno. En el modelo de la relatividad general de Einstein las ondas gravitacionales aparecen como una de las consecuencias del mismo, pero el concepto de las mismas y su bajísima intensidad teórica las convertía en algo con escasas posibilidades de ser imaginado y, menos aún, medido. Hasta ayer. Ayer lo pudimos medir por primera vez, y demostrar así que el genio, el maestro, Einstein, volvía a acertar. Es fascinante.

Este descubrimiento abre las puertas a todo un mundo de la astrofísica, porque al igual que Galileo cuando inventó el telescopio (haciendo uso de la luz) o cuando el descubrimiento de la radio y otras frecuencias permitió el nacimiento de la radioastronomía, desde ayer se puede empezar a explorar el universo a través de las ondas gravitatorias. Como niños en la orilla, podremos medir el “mar de fondo” que la gravedad genera en lugares a los que nuestros ojos y antenas no pueden llegar. Es como si nos hubieran dotado de un nuevo “sentido” al cuerpo para “ver” de otra manera. Ayer fue un día histórico para la ciencia. De verdad. Y es, en medio de las noticias que en el día a día nos pueden y derrotan, un motivo de celebración.

viernes, febrero 05, 2016

¿Cuántos planetas tiene el sistema solar?

Es curioso que, cuando más potente es la ciencia, más crece la creencia en supercherías y mitologías sin base ni conocimiento alguna. Se desprecia a la ciencia que nos ha llevado a este punto de inmenso desarrollo y bienestar del que, egoístamente disfrutamos. Pese a ello la ciencia avanza, repreguntándoselo todo, y tratando de encontrar la verdad de la única manera posible. Con investigación, espíritu crítico y método científico. Así, cuestiones tan aparentemente sencillas como la del título del artículo de hoy se revelan sorprendentes, y nos dicen mucho de lo que sabemos, y más de lo que no.

Hasta hace pocos años la respuesta era nueve. Sin embargo, en un congreso astronómico se decidió, muy recientemente y no sin polémica, que Plutón dejaba de ser planeta, porque más allá de Plutón había catalogados otra serie de objetos de dimensiones similares que, de manera excéntrica, también orbitaban en torno al Sol. El criterio era sencillo. Si Plutón era planeta, esos objetos tenían derecho a serlo, y el Sistema Solar se convertía en una clase de las de EGB, de elevadísima población. El resultado era imposible. Para zanjar el debate se decidió que todos esos objetos perdían su rango planetario. La visita de la New Horizons del año pasado nos ha revelado que, sea planeta o no, Plutón es toda una belleza y una inmensa caja de sorpresas geológicas. Por lo tanto, parece que hemos contestado a la pregunta. Ocho planetas forman nuestro vecindario, siendo Neptuno el último. Y así es…. De momento. Hay una persona que juega un papel muy importante en todo este asunto, y se llama Michel Brown. Este fue el científico que propuso la eliminación de Plutón del catálogo planetario, lo que le granjeó odios en gran parte de la galaxia. Pero Brown ha seguido investigando a todo ese vecindario que se sitúa en el más allá del borde, y sus modelos y mediciones han ido dando resultados que apuntaban a una dirección sorprendente. Calculando las trayectorias de todos esos objetos, descubrió Brown que había perturbaciones en las mismas provocadas por la gravedad de “algo” que no existía, o que no estaba ahí. La fuerza de la gravedad es eterna e infinita, y la ejercemos todos los objetos que tienen masa, atrayéndonos todos unos a otros (sí, existe también entre usted y la mujer de sus sueños, aunque a unos niveles irrisorios). Brown se puso manos a la obra e hizo los cálculos para determinar qué características debía tener ese objeto no identificado que alteraba las órbitas transneptunianas, y sus resultados son asombrosos. Corresponden a un planeta del tamaño de Neptuno, mucho más grande que nuestra Tierra, y que orbitaría a una distancia salvaje del Sol, en una órbita sumamente excéntrica. Para que se hagan una idea, se denomina Unidad Astronómica, UA, a la distancia media en torno a la que la Tierra orbita al Sol (unos 150 millones de kilómetros para redondear). Neptuno tiene una órbita media de unas 30 UA, y ese objeto se situaría en el rango de las 600 a 1.200 UAs, con una trayectoria elíptica sumamente forzada. Estaría, por tanto, a una distancia veinte veces superior a la de la órbita de Neptuno. ¿Llega tan lejos el sistema solar? ¿Es ese cuerpo algo perteneciente a nuestro sistema? Y la pregunta más importante de todas, ¿realmente existe ese planeta? Porque los datos que les he comentado son, por así decirlo, las soluciones de las ecuaciones de Brown, lo que su modelo predice. Nadie ha visto nunca ni detectado ese cuerpo, pero el modelo dice que ahí está. Es asombroso.

Y si el modelo lo dice… con una altísima probabilidad, será, porque es un modelo científico contrastado. Así, como pueden ver, la pregunta “trivial” de cuántos vecinos tenemos en nuestro barrio estelar se complica de una manera que quizás usted nunca llegó a imaginar. Y si aquí al lado nos queda tanto por saber, ¿qué podemos decir del cuasi infinito universo que nos rodea? Lo más curioso, desde la vertiente humana del asunto, es que sea el mismo científico que destronó a Plutón del noveno puesto planetario el que parece haberle encontrado sustituto. El señor Brown es un ejemplo de lo que la ciencia da, y del fruto de su trabajo, constancia y curiosidad. De saber que nunca lo sabrás todo. Una lección válida para todos los ámbitos de la vida.

viernes, julio 17, 2015

Plutón es toda una sorpresa

La noticia de esta semana, con permiso de Grecia, los atentados terroristas de ayer en Egipto y EEUU y otras cuestiones económicas es, sin duda, Plutón. Como sucede muchas veces, al ventana de oportunidad para que algo ocupe los medios, habitualmente estrecha y fugaz, lo es más para noticias científicas, y ni les cuento para el caso de un planeta que, oficialmente, dejó de serlo hace pocos años. De hecho, cuando despegó la sonda New Horizons, que es la que ahora nos está informando sobre ese mundo, hace nueve años, Plutón era un planeta, pero en este tiempo transcurrido, en el que ha reventado nuestra burbuja, Plutón ha perdido estatus estelar.

El último de la lista de cuerpos del sistema solar, el que posee la órbita más excéntrica, que de hecho logra que muchas veces sea Neptuno el planeta más alejado de todos, ha sido siempre una sombra misteriosa. Pequeño, invisible al ojo humano, descubierto hace menos de un siglo, Plutón ha sido siempre un mundo menor, un planeta de segunda fila, que por dificultades propias y por ausencia de imágenes que nos lo mostrasen como tal, ha estado fuera de la imaginación y del hablar común. Creo recordar una sola excepción, que fue el programa de TVE “Plutón verbenero” de Alex de la Iglesia, y me quiere venir a la cabeza algún título de película, pero no me acuerdo y no quiero usar Google para aparentar que se lo que no se. Sin embargo, estos días, y con permiso de la actualidad, Plutón se ha colado en los informativos de medio mundo gracias a las preciosas imágenes captadas por la sonda, que ha logrado pasar a sólo 12.000 km de distancia de ese mundo. Ya sólo el hecho de viajar nueve años, a unos 14 kilómetros por segundo, y pasar tan cerca del objetivo, es para celebrar y felicitar al equipo que lo ha logrado. Y las imágenes que nos llegan, y seguirán haciéndolo, nos sorprenden. Con 2.370 kilómetros de diámetro, es más pequeño que nuestra Luna, que alcanza los 3.474 (La Tierra tiene algo más de 12.000, para hacernos una idea) pero frente a la imagen de nuestra Luna, inerte, llena de cráteres de edad antiquísima, y muy plana, la superficie de Plutón presenta un aspecto completamente distinto. Cordilleras y montañas de, se estima, más de 3.000 metros, se elevan sobre su superficie en algunos puntos, y el aspecto del planeta no es el que cabría esperar de una roca grande y muerta que recibe impactos de meteoritos, no. Posee cráteres, pero pocos, y en general la superficie parece muy “limpia”, como si esos esperados impactos se hubiesen “borrado”. Existen dos maneras conocidas de borrar esas marcas de impacto, y ambas funcionan en nuestra Tierra. Una es el clima, que erosiona los accidentes geográficos y los va suavizando poco a poco. Otra es la tectónica de placas, que poco a poco también va eliminando corteza terrestre y recreando nueva. En la Luna no existe ninguno de esos dos fenómenos, y por ello los impactos que allí se produzcan dejarán una cicatriz imborrable para siempre. ¿Qué es lo que está provocando, por tanto, que Plutón borre sus impactos y que su aspecto sea tan renovado? Ahora mismo nadie lo sabe, y hace una semana nadie podría imaginar que existiera alguna de estas posibilidades. Es difícil saberlo, y habrá que estudiar nuevas imágenes y datos para contrastarlo, pero la evidencia es aplastante. Plutón no es un cuerpo inerte que vaga, muy frío eso sí, como una simple roca. En ausencia de fuerzas de marea provocadas por la gravedad de un vecino gigante, como les pasa a varias lunas de Júpiter y Saturno, Plutón tiene una dinámica propia, que puede surgir o bien por la diferencia de temperatura que se genera entre las zonas expuestas y ocultas al sol (causa climática con atmósfera) o la energía que en el interior es capaz de mostrar potencia geológica. Lo cierto es que nuestro enano y poco considerado Plutón se basta y se sobra para lograrlo.

Es curioso como una sola foto es capaz de, en un instante, derrumbar muchas de las creencias que teníamos sobre algo y plantear nuevas e interesantes preguntas. Esta misión científica, como todas, solucionará algunas de nuestras dudas sobre Plutón, y nos enseñará más sobre cómo funcionan los planetas, en un momento en el que la detección de exoplanetas vive una época dorada, pero sin duda nos obligará a abandonar algunas convenciones que tenemos desde hace mucho y, desde luego, aumentar nuestros niveles de curiosidad y escepticismo, que siempre deben ser muy elevados. Al menos estaremos de acuerdo en que el modesto y enano Plutón se ha ganado, con creces, el derecho a ser considerado nuevamente un Planeta de primera división.

viernes, abril 24, 2015

La Tierra gira alrededor del Sol

Seguro que este título de hoy les sorprende, y piensan que tras él escondo una sofisticada metáfora política o económica, en la que el Sol, por ejemplo, es Alemania, y la Tierra, nosotros, o algo por el estilo. Pues no, el significado del título es literalmente el que es. Nuestro planeta gira alrededor del sol, en una órbita ligeramente elíptica, cuya duración es lo que denominamos año. Lo hace inclinado algo más de 20 grados sobre el plano, lo que genera las estaciones meteorológicas, y es nuestra rotación lo que genera el día y la noche. El sol no sale y se pone, aunque lo sigamos diciendo. Rotamos en torno a él.

Esto viene a cuento de los resultados de la VII Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología de FECYT, presentada ayer, en la que se encuentran perlas como que un 27% de los preguntados cree que es el Sol el que gira en torno a nosotros, como pensaba casi todo el mundo hasta la revolución copernicana. Una cuarta parte de la población está equivocada en lo más profundo, y sobre un concepto archidemostrado que se estudia, en teoría, en todos los colegios, aunque visto el resultado del sondeo habrá que poner en cuarentena lo del estudio y los colegios. Si quieren ustedes consolarse, en 2006, no en el siglo XIII, el porcentaje de los que pensaban que el Sol rota en torno a nosotros era del, agárrense, 38%, una cifra por la que darían toda su sangre PP y PSOE para poder alcanzarla en cualquiera de las citas electorales que tenemos en lo que queda de año. En este sentido hemos mejorado bastante, pero aun así con una cuarta parte de los votos, se pueden conseguir mayorías cualificadas para gobernar. Yendo a aspectos más cualitativos, la encuesta muestra que la percepción de la ciencia por parte de la población ha mejorado. Es un 59,5% el que señala que la ciencia tiene más beneficios que perjuicios, frente al 53% que opinaba eso mismo en 2012. Vamos mejorando, pero muy poco. Y no es suficiente. De hecho últimamente hay muchas noticias de movimientos anticientíficos que alcanzan relevancia y, como es de esperar, sus consecuencias son nefastas. No me refiero sólo a los que tienen montado el gran negocio del ocultismo, astrología y prácticas similares, que parecen ser tan fuertes que no podrán ser erradicados nunca, no. Ni los creacionistas y/o defensores del diseño inteligente, otra corriente de opinión profundamente equivocada, que entre nosotros afortunadamente no tiene mucho peso, pero que sigue siendo muy fuete en EEUU, y está logrando que su teoría, disparatada, se enseñe en algunas escuelas como contraste a la de la evolución darwiniana, como queriendo ofrecer dos alternativas posibles ante los hechos para que el alumno escoja, cuando la ciencia no es escoger, sino demostrar y descartar. Asombroso. Los que han cogido mucho bombo últimamente son los del movimiento antivacunas. Subidos a la moda de la vuelta a una arcadia natural, que es falsa entre otras cosas porque nunca existió, hay grupos organizados, no sólo de padres, que rechazan que a sus hijos se les vacune de ciertas enfermedades porque la vacuna puede causarles males mayores. Podríamos pensar que esto es una sandez muy grande, y lo es, pero las consecuencias que tiene son enormes. Enfermedades erradicadas, que son muy peligrosas, que durante milenios han matado sin control, y que gracias a las vacunas han conseguido ser vencidas, reaparecen por una decisión irracional basada en temores y miedos carentes de todo sentido. Y eso es una de las consecuencias no de no creer, sino de no respetar a la ciencia, de no valorarla como es debido.

Resulta muy curioso que en nuestro mundo, al que hemos llegado y podemos vivir gracias al desarrollo científico y tecnológico, en el que esos avances nos rodean por todas partes y hacen de nuestra vida la más cómoda y sencilla de las que han existido a lo largo de la historia de la humanidad, el negacionismo, el rechazo al avance, tenga tanta fuerza entre nosotros. El giro del Sol, los antivacunas, movimientos que parecen surgidos de tiempos medievales, arraigan en medio de nosotros y transmiten sus mansajes a través de miniordenadores que utilizan las frecuencias electromagnéticas, los smartphones, que no son sino uno de los frutos de esa ciencia que tanto critican y detestan. Queda mucho por hacer en el campo de la divulgación y, sobre todo, en el del convencimiento. Hay que seguir trabajando. ¡¡¡Viva la ciencia!!!

viernes, marzo 13, 2015

Agua en Ganímedes, Agua en Marte

Muchos son los que han dicho, desde tiempo inmemorial, que hemos bautizado de manera errónea al planeta en el que vivimos. La Tierra es un nombre que refleja muy bien el lugar en el que vivimos, pero nuestro mundo está cubierto en tres cuartas partes por agua. Si se nos mira desde el espacio se nos ve azules, con manchas verdes y terrosas de los continentes y motas blancas de la nubosidad que pueda estar en un momento dado circulando por la atmósfera. Es el agua lo que nos caracteriza y ha permitido nuestra existencia. Buscarla, por tanto, es imprescindible para averiguar si otros mundos pueden albergar vida o algo similar.

Y últimamente nuestra búsqueda ofrece resultados fascinantes. Dos noticias recientes ponen el foco en esa agua, en los límites de nuestro sistema solar, y en momentos temporales muy distintos. LA NASA confirmó hace semanas que en un tiempo muy remoto, de miles de millones de años, Marte tuvo un océano de agua líquida sobre su superficie, de gran dimensión y poca profundidad, algo así como un Mediterráneo, y que permaneció muchos millones de años en el planeta. En aquellos tiempos la Tierra era un infierno en formación, y el agua que existía estaba en forma gaseosa y no depositada sobre una superficie torturada por la emergencia de volcanes y placas tectónicas en proceso de solidificación. Y entonces Marte podría ser algo muy parecido a lo que entendemos hoy en día por un planeta habitable, con todas las reservas posibles en esa expresión. Pero es indudable que la imagen de un planeta con océanos líquidos y tiempo, mucho tiempo, hace que si no en la superficie de ese mundo, surja en la cabeza del estudioso o lector de la noticia la imagen de vida brotando en sus orillas. ¿Fue esto así? Y si llegó a existir, ¿qué ha pasado con esa vida? ¿A dónde se fue? Mismas preguntas se pueden hacer respecto al agua, aunque en ese caso la respuesta es más sencilla. Parte puede quedar congelada en los polos, junto al hielo seco (CO2 congelado) otra parte puede permanecer bajo la superficie del planeta, en acuíferos o pozos subterráneos, y la mayor parte, me temo, se ha perdido. La atmósfera marciana es tan liviana y su presión tan baja que el agua hierve nada más aparecer en la actual superficie, con lo que asciende y, disociada su molécula, sus componentes escapan de un planeta que, ni por gravedad ni densidad atmosférica, es capaz de retenerlos. Para despejar todas las dudas sólo hay un camino, que es investigar, mandar sondas, misiones a Marte, que horaden la superficie y extraigan muestras, que como si fuera un campo de fracking, trepanen la corteza del planeta y nos ofrezcan una imagen de lo que existe bajo la actual, rojiza y yerma superficie marciana. Eso requiere inversión, tiempo y ganas, factores ambos que dependen en exclusiva de nuestra fuerza de voluntad. La otra noticia espacial referida al agua nos lleva algo más lejos en la distancia, nada en dimensiones estelares, pero al tiempo presente. Tenemos que salir de Marte, cruzar el cinturón de asteroides y llegar a Júpiter, el coloso de nuestro sistema solar, en torno al cual orbitan montones de satélites que recrean un sistema en miniatura. En la más grade de ella, Ganimedes, el telescopio Hubble, de manera indirecta, ha encontrado agua bajo su superficie. Y las estimaciones sobre cuánta son asombrosas. Se habla de un océano subterráneo que podría contener más agua que toda la que hay en la Tierra. Sí, sí. Agua en cantidades inimaginables, protegida por la corteza de la luna, sometida a no se sabe qué condiciones, pero que está ahí, quieta, estable e inviolada desde a saber cuándo. Otra posible puerta a cualquier tipo de fantasía se abre sin salir de nuestro “barrio” planetario.

Las lunas de Júpiter y Saturno, en especial la citada Ganimedes, Encelado e Io, han sido mundos muy interesantes para los astrónomos, mostrando características geológicas y formaciones que los hacen muy interesantes de cara a misiones espaciales que, por su lejanía y escasa tecnología propia, las hacen costosas y muy dilatada en el tiempo. Sin embargo, como en el caso marciano, saber que existe agua en esos planetoides hace más necesario que nunca el ir allí, el visitarlos, a sabiendas que, habiendo el preciado líquido, podemos subsistir y obtener energía de él. La exploración espacial no deja de abrir ventanas que nos ofrecen maravillas sin fin. No dejemos nunca de perseguirlas!!!!

jueves, noviembre 20, 2014

El éxito de Philae


Cuando estaba en Elorrio, el módulo de descenso Philae se quedó sin baterías en la superficie del cometa 67P, entró en modo hibernación para garantizar su futura supervivencia y emitió sus últimos datos. Lo que se presumía iba a ser una misión de varios meses se convirtió en un fin de semana de contrarreloj para poder saber lo más posible sobre el cometa y sus propiedades, y algunos  medios, que pusieron mucha atención en todo lo que tenía que ver con la misión, empezaron a criticarla por su supuesto fracaso o, en el mejor de los casos, ignorarla. Años de trabajo y esfuerzo sólo para “eso”, decían muchos.

Y “eso” tan poco importante, en apariencia, es haber logrado alcanzar, en medio de la nada, un objetivo de un tamaño ridículo para lo que es el espacio, y haberse posado sobre él. A la cerca de media hora luz de distancia que nos separa de 67P es imposible, incluso para un tertuliano sabelotodo, poder maniobrar en directo cualquier nave y corregir trayectorias o hacer frente a imprevistos. El aterrizaje, si se puede usar la expresión, de Philae sobre el cometa fue bastante más accidentado de lo que se preveía y, al parecer, fueron tres los rebotes que experimentó, causados principalmente por la prácticamente nula gravedad que existe en la superficie de ese pedrusco. El primer punto en el que se pudo tomar tierra era muy bueno, pero en cada uno de los rebotes la sonda se fue alejando cada vez más de él y acabó en un lugar en el que apenas podía recibir luz solar, poco más de una hora, insuficiente para recargar sus baterías con los paneles que porta y, por tanto, estaba condenada a quedarse sin energía en un plazo de decenas de horas. Las beterías estaban diseñadas para dar soporte a la maniobra de aterrizaje y los primeros momentos de estancia sobre la superficie, y algunas rutinas esenciales, pero en ningún caso se pensaron ni construyeron para aguantar semanas, o meses (mire a su precioso Smartphone y piense lo que le dura la batería, de una tecnología mucho mejor a la que lleva Philae, antes de sacar conclusiones precipitadas) En esa carrera contra el tiempo la sonda desplegó todos sus instrumentos, midió lo que pudo y envió lo que fue capaz a Roseta, que sigue orbitando en torno a 67P, y es nuestro nexo de unión con él. Los resultados son muy interesantes. 67P es mucho más denso de lo que se pensaba en un momento, cuando muchos lo suponían como una agregación de polvo, puede contener agua en forma de hielo en su interior, y existen trazas de sustancias orgánicas, lo que refuerza la teoría de que los cometas pueden ser capaces de transportar elementos capaces de sustentar vida y llevarlos a lugares donde no existan. La sonda porta un taladro que estaba diseñado para penetrar en la superficie, que se ha activado, pero que aún no está claro si fue capaz de horadarla como se preveía o no. Lo que sí ha podido estudiarse más en detalle es la atmósfera o, mejor dicho, la traza gaseosa que existe justo en la superficie del cometa. Muchos son los datos que en estos pocos días de angustia Philae ha podido remitir al control de misión, y que sin duda son tan valiosos como complejos de analizar. En este sentido la misión ha sido un éxito, y todos los que en ella han trabajado durante años, décadas, pueden y deben sentirse muy orgullosos, y los europeos, que la hemos financiado con nuestros impuestos, también.

Existe una pequeña posibilidad, pero no nula, de que Philae vuelva a ponerse en marcha. En su trayectoria orbital 67P se acerca al Sol (la P del nombre indica que es periódico en su órbita solar, que va y viene con regularidad) y cuanto más cerca esté mayor será la intensidad de la luz y, pese a su escasez, quizás sea capaz de recargar las baterías para un rearranque. También es verdad que la superficie del cometa se inestabilizará con el calor y viento solar y que, al empezar a generar una cola, acabará por destruir la sonda por completo, pero hay una pequeña ventana de oportunidad para que Philae pueda volver a contactar con nosotros, quizás dentro de un año, o algo más. Ojalá pueda!!!!!

jueves, noviembre 13, 2014

Lecciones del éxito de la sonda Philae


Ayer, finalmente, Philae logró alcanzar su objetivo y, pese a que hay serias dudas sobre la estabilidad que tiene sobre la superficie de 67P, dado que los sistemas de enganche no han funcionado como debían y apenas son unos tornillos lo que la mantienen anclada, lo cierto es que ha logrado emitir datos desde el suelo del cometa, y el éxito de la misión, de momento, es total. Años de trabajo, el esfuerzo de miles de personas y una inversión en tecnología punta coronadas por el éxito de una maniobra de una complejidad difícil de asimilar y que tiene lugar entre las órbitas de Marte y Júpiter, a una distancia asombrosa, en medio de la nada.

Hay algunas lecciones que nos otorga la carrera espacial que vienen muy bien para la vida diaria, en todos los sentidos, y que debiéramos utilizar mucho más de lo que lo hacemos. Una de ellas es la de la cooperación. La ESA es un consorcio formado por un montón de países europeos, que aportan fondos, especialistas, contratistas y tecnología para poder llevar a cabo sus proyectos. A medida que los retos espaciales se complican la necesidad de cooperar es mayor, y se convierte en una condición necesaria si se quieren abordar objetivos como una estación espacial o un viaje interplanetario. La estación, precisamente, es uno de los mayores exponentes de lo que la cooperación internacional puede llegar a alcanzar, y nos emite un mensaje que no necesita de antenas ni de otros dispositivos para ser captado. Juntos somos más. Los humanos somos capaces de lograr maravillas asombrosas e infamias incalificables, pero juntos nuestras capacidades crecen y podemos afrontar retos que serían imposibles de manera aislada. Otro de los mensajes profundos es el del pensamiento a largo plazo. La misión Rosetta fue aprobada por la ESA en el año 1993, y despegó de la Tierra en 2004, y ha alcanzado su objetivo en 2014. Casi veinte años han transcurrido desde que se dio el pistoletazo de salida al diseño y construcción de las naves hasta que estas han alcanzado su objetivo, incluyendo un periodo de diez años, diez, dos legislaturas y media, de viaje espacial a lo largo de los planetas interiores del sistema solar para poder alcanzar su objetivo, sito en el exterior, más allá de Marte. Es obvio que tantos años de trabajo exigen una dedicación enorme, pero sobre todo un pensamiento profundo y con una dimensión temporal igualmente larga. En tiempos como los que vivimos en los que los plazos se acortan, en los que todo es para ya y sino no tiene sentido, pensar en objetivos a diez, veinte años se nos antoja ilusorio, una fantasía, pero la exploración espacial es una carrera de muy muy largo fondo, no es un sprint que sucede en apenas unos segundos. Como en otros proyectos científicos, como el caso del acelerador LHC, se requiere una mentalidad de trabajo muy alejada del frenético ritmo de vida actual, tanto por la complejidad de lo que se está realizando como por las dificultades técnicas que se abordan. Simplemente, viajar en el espacio es muy complicado, soñamos con naves que vayan a velocidades fascinantes de un planeta a otro, pero eso sólo pasa en las películas. De hecho nuestras naves “vuelan” a asombrosas velocidades de decenas de kilómetros por segundo, pero la inmensidad del espacio es tal, inimaginable aún en las dimensiones de nuestro barrio planetario, que se requieren años para cualquier misión que trate de acercarse a un cuerpo “cercano”. Ir a Marte es un proceso de viaje cercano al año y en los momentos de máxima aproximación. Sólo nuevas tecnologías, aún experimentales, y que parecen ser prometedoras, pero en futuros algo lejanos, podrían acortar estos plazos, pero manteniéndolos en un orden de dimensión muy grande. Pensar en “ahí fuera” implica pensar en años.

Y claro, requiere invertir dinero. Mucho o poco, pero invertirlo, en el antiguo sentido de la inversión, el de arriesgar unos fondos durante bastante tiempo para acabar consiguiendo un rendimiento sujeto a mucha incertidumbre. La carrera espacial es rentable, sí, a largo plazo lo es, pero nada puede hacer frente a ganancias instantáneas en operaciones financieras de cortísimo plazo. Por ello muchos ingenieros ahora no están en la NASA o la ESA, sino en bancos o entidades financieras, diseñando productos complejos para operar en los mercados. Ojalá Philae vuelva a despertar vocaciones perdidas y logre que los ojos que, una vez miraron a las estrellas, y ahora sólo ven oficinas, retornen a esos mundos del espacio.

miércoles, noviembre 12, 2014

Hoy vamos a aterrizar en un cometa!!!! (misión Rosetta Philae)


Agárrense bien a sus asientos, sujeten todas sus pertenencias y mucho cuidado con las turbulencias. Si todo va bien hoy, 12 de noviembre de 2014, la ciencia conseguirá que, por primera vez en la historia, un artilugio fabricado por nosotros se pose en la superficie de un cometa. El objeto afortunado que va a escribir este bello capítulo de la exploración espacial se llama Philae, una sonda robótica llena de instrumental que, dada la bajísima gravedad que tiene su destino, el cometa de nombre impronunciable 67P/Churyumov-Gerasimenko, deberá anclarse a él con unos pernos, para no salir despedisa.

Philae es la joya de la corona de misión Rosetta de la ESA, lanzada hace ya un montón de años, y que hoy va a vivir sus momentos decisivos. El viaje desde la Tierra al cometa 67P, para darle un diminutivo asumible, ha sido arduo y extenuante, y tras años de vagar por el espacio, usando sus propios motores para efectuar correcciones orbitales y, sobre todo, carambolas de gravedad entre planetas para alcanzar mayor velocidad, la sonda se encuentra orbitando en torno a ese cometa, de aspecto extravagante, como si fuesen dos piedras unidas por una pasillo, y de dimensiones respetables para La Tierra, pero ínfimas en el espacio exterior. En esta imagen pueden ver una simulación del tamaño del cometa respecto a la ciudad de Los Ángeles, para apreciar un poco el lugar de destino. Todo, cometa y nave, se encuentra ahora mismo en una órbita intermedia entre Marte y Júpiter, en medio de la nada, a algo más de veinte minutos luz de La Tierra. El objeto de la misión es, esencialmente, cuádruple. Por un lado estaba el reto de poder alcanzar un cuerpo que, dadas sus dimensiones, tiene un comportamiento mucho más inestable que un planeta y, por ello, mucho más difícil de alcanzar (apuntamos por así decirlo a un blanco muy móvil). El segundo, que tiene lugar hoy, es conseguir posarse sobre él. En este caso no se deben vencer las resistencias atmosféricas que complican el aterrizaje en la Tierra o Marte, de las que hemos oído hablar en muchas ocasiones, sino más bien lo contrario, la casi inexistente gravedad impide efectuar maniobras de “entrada” como suele ser habitual y el reto es tanto conseguir frenar antes de que un exceso de velocidad provoque un impacto contra la superficie como, una vez alcanzada ésta, engancharse a la misma para no salir despedidos. Por eso la maniobra de hoy es importantísima. Además determinará si se puede llevar a cabo el resto de la misión, que básicamente es de análisis de la composición del cometa. Philae lleva instrumentos para tomar imágenes y medir distintos posibles componentes químicos que puedan existir en 67P, tanto de carácter orgánico como de otro tipo. Y esto es muy importante para determinar si, como se sospecha, los cometas son capaces de albergar componentes orgánicos, o precursores, pese a carecer de atmósfera y otras condiciones planetarias. Pero es que además Philae, anclada al cometa, va a iniciar un fabuloso viaje que le va a volver a acercar a nosotros. Sí, 67P orbita en torno al Sol, con una órbita muy excéntrica, pero que le acerca a nuestra estrella. A medida que se aproxime a la misma la radiación solar le afectará y provocará que empiece a desprender gases y otras partículas, generando lo que en la Tierra llamamos una cola. Esas emanaciones acabarán por destruir a Philae, pero de mientras la sonda permanezca activa podrá, por primera vez, medir y enviarnos información de los cambios que se produzcan en la composición de su huésped, y sabremos cosas del interior del cometa. Por ello Philae está destinada a ser destruida, sacrificada, pero de una manera noble, dando su “vida” por la ciencia, lo que no deja de ser un final bastante romántico.

Toda la información del proceso de aterrizaje, contada de la manera más profesional, didáctica y rigurosa posible, pueden ustedes consultarla en este enlace del grandioso Daniel Marín. Así mismo la ESA, en un día de triunfo para la carrera espacial y, en lo que nos toca, la tecnología europea, tiene previsto retransmitir vía web este apasionante episodio de ciencia no ficción a través de su web. En la estimación de horario, Philae se debiera separar de Rosetta a las 8:46s UTC de la mañana, una hora más tarde en horario español, y si todo va bien debiera posarse en 67P en torno a las 17 horas de España. Lo dicho, crucen los dedos, aguanten la respiración y prepárense para ver algo que no ha sucedido nunca. Animo Philae!!!!!

jueves, junio 12, 2014

Un tetrapléjico y el Mundial de Fútbol


Me temo que, si nada lo impide, y parece complicado que así sea, hoy se inaugurará en Brasil el Mundial de fútbol, apoteosis de la pesadez balompédica que nunca cesa, que todo lo inunda y que mantiene una férrea dictadura sobre los medios de comunicación y las conversaciones humanas del día a día. Como no me gusta nada el fútbol no pienso hablar aquí de lo que suceda en el país carioca, salvo que se produzcan hechos desafortunados que nadie desea pero lo cierto es que en la inauguración de hoy se va a producir un acto que tiene su relevancia científica y tecnológica, y que va a dejar a mucha gente sorprendida. Un tetrapléjico va a realizar el saque de honor.

Antes que nada quiero destacar que hay mucha polémica entre los especialistas sobre lo que realmente se va a producir hoy, y hasta qué punto es un avance, espectáculo, estafa o promesa cumplida a medias. Con rigor y claridad lo cuenta el bueno de Antonio Martínez Ron en su artículo de hoy (léanlo, merece mucho la pena) pero simplificándolo mucho se trata de que un exoesqueleto movido por el control de las ondas cerebrales del paciente será capaz de levantarlo, hacerlo caminar y llevarle hasta el balón, dado una patada al mismo. El tetrapléjico se levantará de la silla, como si de un milagro se tratase, y andará, movido por una estructura metálica con la estructura de unas piernas, que llevará adosada a sí mismo, un casco con electrodos, que serán capaces de captar el pensamiento que señale el deseo de caminar, y un ordenador que procese toda la información y mueva las piernas artificiales, y con ellas al cuerpo, para generar un movimiento de caminar. Más allá de hasta si realmente el caminar será inducido o no, de que el exoesqueleto no está integrado en el tejido medular del paciente, como se había previsto, y que todo se puede quedar en un ejercicio más cercano al ilusionismo que a la ciencia, lo cierto es que la tecnología de los exoesqueletos ha pasado de estar confinada a las películas de ciencia ficción a ser algo que, siendo aún muy novedoso, empieza a aparecer como real. La teoría es muy sencilla, pero la práctica es de lo más complejo. Se trata de crear una estructura que replique la parte del cuerpo que ha dejado de funcionar, especialmente las piernas, adaptarla al cuerpo del paciente mediante correajes y anclajes, y dotarla de un sistema de control que “ande” a voluntad del paciente y que le permita a éste moverse de manera autónoma, abandonando la silla de ruedas. ¿Fácil, verdad? Pues no. Las complicaciones son enormes y han supuesto, principalmente, y simplificándolo todo de manera aberrante, tres retos. Uno, el mecánico, diseñar unas piernas robóticas que repliquen el movimiento natural de caminar, aspecto que está ya bastante resuelto, pero que aún tiene que pulirse y que ha resultado ser más difícil de lo esperado (nos parecerá fácil, pero andar requiere una coordinación muscular en las piernas y unas articulaciones complejísimas). El segundo problema, casi resuelto, es el de la capacidad informática que permita procesar las piezas del exoesqueleto para dotarle de movimiento, equilibrio, estabilidad y dinamismo. Antes era necesario un supercomputador para eso y ahora (la ley de Moore de la que hablaba el martes) lo puede hacer un chip muy pequeño. Y el tercer paso, el más complejo, es el lograr que la máquina actúe a la “voluntad” del paciente. Se puede hacer (cutre) que el artilugio tenga unos mandos y el usuario los maneje con las manos (poco operativo) o conectar el artilugio al cerebro de tal manera que éste lo interprete como nuevas piernas, y las maneje como si fueran las originales. Este es el ideal, que se pretendía mostrar en la inauguración, pero la ciencia neuronal no parece haber avanzado lo suficiente para lograrlo, de ahí el uso del casco que lee el pensamiento neuronal y lo transforma en órdenes, que es un paso intermedio.

Lo significativo, por tanto, del espectáculo de hoy, es la presentación en sociedad de una tecnología a la que aún le falta mucho por recorrer (y abaratarse de precio, claro está) pero que tiene por delante unas enormes posibilidades. Pensemos no sólo en enfermos confinados en sillas de ruedas, sino en personas mayores, de movilidad reducida, o cualquier otra situación en la que los miembros del cuerpo ya no responden y son capaces de actuar como es debido. Las posibilidades de autonomía para los usuarios de estas prótesis, por llamarlas de una manera, son inmensas, y supondrían, como mínimo, el fin de las sillas de ruedas. Aún queda mucho para eso, no hay que hacerse falsas ilusiones, pero por ese camino vamos, pasito a pasito.

viernes, marzo 28, 2014

La biología y la genética rompen otra barrera


Hace unos días hablábamos de un descubrimiento cosmológico de alcance que confirmaba la teoría del Big Bang y su desarrollo inflacionario. Hoy las portadas de los medios se llenan de adjetivos para calificar otro descubrimiento, en otro campo de la ciencia tan diferente como la biología genética, que puede suponer en sí mismo un Big Bang en lo que hace al desarrollo futuro de estas ciencias. Nuevamente me va a tocar explicarlo un poco, en breve, a lo bruto, y cometiendo errores que espero si los lee un experto en la materia no le escandalicen en exceso.

Supongo que ustedes ya saben lo que es el ADN de nuestras células, esa escalera de caracol formada por dos hebras que se enroscan y contiene la información que nos configura como sujeto vivo. Todos los seres vivos que nos basamos en células eucariotas, las normales, por así llamarlas, somos iguales. Puede sonarles raro, pero así es. El mosquito que le molesta a media mañana, los árboles del parque sito junto a su casa o su jefe, querido u odiado, somos entes compuestos por proteínas y sintetizados gracias a la información contenida en el ADN de nuestras células. Ese ADN es el libro de instrucciones que define cómo va a ser la célula del cuerpo, y todas las células del cuerpo poseen la secuencia de ADN íntegra para generar no sólo esa célula en concreto, sino el cuerpo en su totalidad. El ADN se organiza en los llamados cromosomas, fragmentos de la cadena que contienen instrucciones concretas, estructurados en parejas, que son algo así como su una enciclopedia de ciencias la dividimos en tomos, uno dedicado a la física, otro a la química, otro a la biología, etc. En los humanos son 42 los pares de cromosomas, y todas nuestras células contienen esos 42 pares. ¿Todas? No, hay dos que sólo tienen la mitad, los espermatozoides masculinos y los ovarios femeninos, de ahí que la unión de esas dos células genere un ser humano, definido por la información contenida en esos 42 pares. La información está escrita en el ADN en forma de secuencia de bases, moléculas especiales, que se denominan por sus iniciales, AGCT, de tal manera que la A siempre se engancha a la T y la G a la C. Siempre. En las células, asociados a los cromosomas, ahí por así llamarlos, dos máquinas biológicas muy importantes. Una se encarga de copiar esa secuencia de ADN en un proceso denominado  mitosis, previo a la división celular, para que cuando surjan dos células de donde sólo había una ambas tengan la misma información y, por tanto, pertenezcan al mismo individuo. El proceso es simple, la hebra de ADN se desenrosca, como el abrir de una cremallera, las bases quedan asiladas unas de otras y “buscan” bases libres que las complementen. Como la secuencia siempre es A con T y C con G, al cremallera abierta se va cerrando creando dos cremalleras idénticas. La otra máquina biológica es la que, con la información contenida en el ADN, elabora proteínas, que son los ladrillos que nos construyen como cuerpo. En las hebras de ADN las bases se ordenan siguiendo una secuencia, por ejemplo ATTAGACGTAAGGCA y ciertos fragmentos de esa secuencia, leídos de tres en tres letras, sirven para construir las proteínas. Esas máquinas biológicas “leen” esas secuencias y fabrican las proteínas. Por ello, cada individuo y especie se resume, muy en el fondo, en miles, millones de ATGC que siguen una secuencia determinada. Los libros de esa enciclopedia que comentábamos al principio contienen instrucciones para fabricar un organismo, y están escritos no en español o en inglés, sino en “ATGCano” el lenguaje genético. Secuenciar esa cadena de letras definitoria para cada especie, saber cómo leerla e identificar cuáles son las páginas que definen cómo crear cada una de las proteínas que conforman nuestros cuerpos es saber cómo crear una especie, es conocer cómo fabricar una entidad biológica. Tremendo.

Entonces, ¿qué es lo que han conseguido estos investigadores? Algo alucinante. En un laboratorio han sintetizado, creado de manera artificial, un cromosoma de una célula de levadura, más pequeña y simple que una de las nuestra, pero que funciona exactamente igual. El cromosoma original, compuesto por más de 300.000 pares de bases, secuencias de las letras ATGC, ha sido reemplazado por ese cromosoma artificial, que se ha construido con algo menos de letras, unas 270.000. Y una vez puesto el nuevo cromosoma en la célula, la maquinaria biológica se ha puesto en marcha y… funciona!!! Se replica como el natural, y genera proteínas como el natural.. pero NO ES el natural. En pocas palabras. Esa célula de levadura es otra especie de levadura distinta al resto, la primera creada en laboratorio. Algo alucinante.

martes, marzo 18, 2014

La inflación cósmica, Sheldom Cooper y The Big Bang Theory


Siempre estamos oyendo hablar de inflación, en su sentido económico, que hace referencia al aumento de los precios, y sobre ella se discute apasionadamente, porque tampoco se la entiende del todo, y en épocas aparentemente deflacionistas como las actuales, aún más. Pero hay otras inflaciones a parte de las del dinero. La más conocida, y casi tan compleja (es un chiste) es la cósmica, teoría desarrollada en torno a los años ochenta del siglo pasado para explicar algunos detalles de la teoría del Big Bang cuya observación dejaba sorprendidos a los científicos. A ver si soy capaz de explicárselo sin que ningún experto que me lea me asesine.
 Supongo que la teoría del Big Bang sí les suena, la del surgimiento de nuestro mundo mediante una explosión a partir de un punto de densidad infinita. Con el tiempo se ha ido refinando y asentando como la teoría más aceptada. Si ustedes la estudian en profundidad verán que la creación del universo sigue un proceso bastante lógico de expansión y enfriamiento, desde un principio infinitamente cálido, y llega una edad, en torno a los 400.000 años a partir del nacimiento, en el que la temperatura baja lo suficiente para que la materia deje de estar en forma de plasma y la radiación la pueda superar y expandirse. Según esa idea, debe quedar aún en nuestro universo, de más de 13.000 millones de años, restos de esa radiación, a una temperatura muy baja, y es que frecuencia y temperatura a estos efectos son equivalentes. Pues bien, hace ya algunos años esa radiación, de fondo de microondas como se la denomina, se detectó, y el Big Bang recibió el espaldarazo definitivo. A partir de ahí, sabiendo cómo había sido el inicio, se trataba de configurarlo de tal manera que pudiera generar el universo que observamos habitualmente. Y una de las preguntas que obsesionaba a los científicos es que, mire uno hacia donde mire, el universo parece idéntico a sí mismo. Hay galaxias con millones de estrellas, pero la densidad media que se observa es similar en todas partes. Es curioso que de un surgimiento caótico se genere un “aparente” orden. Esto, junto a otros problemas de orden cuántico más complejos, traía de cabeza a muchos expertos, que se encontraban con un escollo muy grande a la hora de cuadrar la prueba de la existencia del Big Bang con un resultado del Big Bang incoherente. En los ochenta Alan Guth y otros científicos desarrollaron lo que se llamó la teoría inflacionaria. Para ellos, instantes después de la explosión del Big Bang, se produjo una expansión repentina y muy acelerada del tejido del espacio tiempo, que es lo que contiene a la materia, a nosotros, al BCE y a la FED, a una velocidad mayor aún que la de la luz, que llevó al universo de medir la casi nada a un tamaño enano, como el de una moneda, y que al estirarse de manera tan súbita, se aplanó, permitiendo que la materia y radiación se distribuyeran de manera homogénea. Si lo viéramos a través de un gráfico de dos dimensiones, desde el punto inicial el universo no se expande linealmente como un cono, hacia arriba y hacia abajo, sino que adopta una forma de campana, creciendo bruscamente desde el punto inicial y luego suavizando su tasa de crecimiento, expandiéndose de manera más suave. La cuestión es que la teoría inflacionaria resolvía el problema del universo homogéneo y un montón de complejas cuestiones asociadas, pero era una idea extravagante, como sacada de la manga, sin mucho sentido inicial. Funcionaba sobre el papel, pero ¿cómo verificarla? ¿Cómo saber si no era nada más que una elucubración matemática sin sentido real? Los científicos que la desarrollaron dijeron que, de haber existido, la inflación hubiera dejado rastro, en forma de ondas gravitacionales (perdón por el concepto) en la radiación de fondo de microondas.
 Es decir, que en la radiación que hemos visto al principio que ya hace años se detectó como prueba palmaria del Big Bang debieran existir trazas de “algo” que justificaría la inflación. Y eso es justo lo que se anunció ayer, el descubrimiento de esas trazas, de las marcas que en esa radiación dejó la inflación, las huellas que permiten afirmar que ese extraño proceso tuvo lugar al principio del universo y que la teoría que lo promulgaba era cierta. Como supondrán, un bombazo en lo que hace a la cosmología, la física teórica y la ciencia en general. Pueden consultar información, mucho más completa y mejor explicada de lo que yo soy capaz de hacerlo en, por ejemplo, aquí, aquí y aquí. Hoy es un gran día para Sheldom, Leonard y los demás personajes de The Big Bang Theory!!!!!!!!!

jueves, enero 16, 2014

Izpisúa se va y a nadie parece importarle


Quizás la noticia de la que más se hable hoy en Cataluña, y el resto de España, sea la de la votación en el parlamento catalán para pedir al gobierno central la competencia de organizar referéndums, para así dar carta legal a la consulta soberanista de Noviembre. Las divisiones en el PSC, la posible ruptura de la disciplina de voto, el frente soberanista trabajando en común… cada gesto de la votación será analizado con detalle y cientos de páginas y artículos escudriñarán hasta el absurdo todo lo que allí pase, considerándolo como trascendente.

Gran error. La noticia más relevante del día de ayer, de hoy y de mucho tiempo en Cataluña, y en el conjunto de España, es la marcha del científico Juan Carlos Izpisúa, hasta ayer mismo director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona, uno de los centros mundiales de referencia en la materia, puntero en el uso de tecnologías y métodos experimentales, y núcleo internacional de primer orden en todo lo que hace a la investigación médica. Izpisúa se va porque no le dan ni la atención ni los recursos ni los medios necesarios. Se va porque, supongo, está harto de comprobar como en el día a día la ciencia y la investigación en España no son tratadas como se merecen, siendo en muchas ocasiones directamente despreciadas por las autoridades, que las ven como algo interesante si poseen un carácter “inaugurable” pero se convierten en una rémora en el momento en el en esos centros se investiga y no se obtienen titulares. Ante la marcha del científico, y para acallar voces, las administraciones, tanto catalana como nacional, con un acuerdo presto y completo que brilla por su ausencia en el resto de temas de interés, acusan a Ispizúa de haber dedicado más tiempo al centro de Salk, California, líder mundial en la materia, y del que en cierto modo depende el centro barcelonés. El argumentario público es débil, infantil y, sobre todo, revelador de lo mucho, todo, que desconocen las administraciones españolas sobre la gestión de la ciencia en un mundo interconectado, globalizado, donde los equipos tienen unas sedes teóricas pero trabajan con personal de todo el mundo, donde el conocimiento se busca allá donde surja, hable el idioma que hable, y se traslada por todo el mundo. Pensar que contratar a un científico puntero para un centro dado va a significar que el señor no se va a mover de su despacho y que todo lo va a hacer en la ciudad en la que se encuentra dicho centro es absurdo, y revela una mentalidad nacionalista, mejor dicho paleta, que anida en el fondo del gobierno catalán, y de cualquier otro gobierno que exista en España, que piensa que innovar y crear ciencia es fichar a algunas lumbreras para salir en los medios y dejar que luego se pudran en organismos infradotados, que deben luchar día a día para conseguir unos recursos que se les niegan por definición y que ven como, frente a centros de otros países, no logran relevancia alguna en la sociedad en la que se encuentran. Más bien lo contrario. Haga usted una encuesta por la calle y pregunte a ver quién conoce a Izpisúa. Pongámoslo más fácil. Vayamos a Barcelona y pregunte usted por el Centro de Medicina Regenerativa. Sería interesante, probablemente descorazonador, descubrir el resultado de ese estudio que, sin duda reflejaría datos muy similares si lo realizáramos en otras ciudades españolas en las que se encuentren centros de investigación de relevancia. Esa relevancia para nosotros, simplemente, no existe.

Porque creo que este es el problema de fondo de la ciencia y la innovación en España. No lo es la incapacidad de las administraciones al respecto, no, sino la indiferencia y el desprecio social con el que el ciudadano observa estos temas. Los futbolistas son héroes para el país y cada uno de sus miembros, los niños quieren ser futbolistas. La televisión se llena de sujetos zafios y despreciables que, día tras día, cosechan inmensas audiencias y obtienen enormes sumas de dinero con querellas, libros basura y demás porquerías. E Ispizúa y los científicos viven en las sombras sin que a nadie, sector público, privado o social, le importe mucho. Pocos llorarán al marcha del científico. Esa es nuestra tragedia.