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viernes, mayo 22, 2026

¿Un asesinato familiar?

Una de las noticias nacionales de esta semana en España ha tenido trascendencia en los medios internacionales, y se ha comentado mucho, pero no es la relacionado con la trama de ZP y las ramificaciones venezolanas, no, pese a su gravedad. Es todo lo relacionado con la muerte de Isak Andic, el fundador y dueño de la cadena de ropa Mango, una multinacional presente en numerosos países, que falleció hace no mucho en un accidente de montaña en Monserrat, mientras daba un paseo con su hijo. Desde un primer momento se rumoreó lo sospechoso que resultaba la presencia del primogénito, Jonathan, en aquellos hechos y el escaso peligro que tenía la ruta que estaban realizando ese día, más propia de senderismo que de montaña.

Pues bien, en el mismo día en el que la Audiencia Nacional revolucionaba la política con la imputación de ZP, la jueza que lleva el caso de la muerte de Andic padre ha imputado al hijo de homicidio, de haber sido el causante de ese fallecimiento, provocando la caída del padre en el único sitio del paseo en el que realmente se podía producir un accidente serio y realizando todo tipo de labores para disimular lo que era un acto de agresión y transformarlo en un accidente. Jonathan es, ahora mismo, vicepresidente de la compañía y, por tanto, sigue ocupando un puesto muy relevante en el organigrama de la empresa, con poder de decisión y remuneración muy elevada. Esto ha hecho que la relevancia de la decisión judicial sea máxima, porque no estamos ante un familiar que, tras la muerte del padre, abandona el negocio, ni mucho menos. Las sospechas sobre las ambiciones de Jonathan han ido salpicando los medios durante todo el tiempo transcurrido desde el fallecimiento de Andic padre, y los números que se barajaban como herencias y similares eran mareantes, y muy tentadores si los escrúpulos de alguno de los implicados no eran excesivos. Se suponía que, a la muerte de Andic, la empresa, gestionada de manera profesional, pero que seguía siendo un negocio familiar, pasaría a manos de los hijos del patriarca, que son tres; el mencionado Jonathan y sus hermanas, Judith y Sarah (todos con h, ¿deseo del padre?). La brusquedad de lo sucedido precipitó los hechos, nunca mejor dicho, y en este tiempo se han cruzado algunas demandas y líos judiciales sobre la posesión del imperio, el reparto de los beneficios y cosas por el estilo. Ahora, además, se ha sabido que Isak planeaba alterar su testamento de tal manera que iba a donar la mayor parte de su fortuna a una fundación con el propósito que de se destinase a fines sociales, en la idea, muy norteamericana, de devolver a la sociedad algo de lo que ella le ha dado al magnate en su proceso de construcción del imperio. ¿Sabía Jonathan ese propósito testamentario y actuó antes de que se produjera? ¿Vio en la decisión de su padre un peligro de cara a la idea de millonario que se había hecho como heredero del imperio? ¿Le entró el pánico a verse desposeído de lo que creía que era suyo de pleno derecho? Son preguntas bastante lógicas, que la investigación judicial debiera tratar de resolver. Por ahora los peritos, en sus informes, tienen pocas dudas sobre la artificialidad de algunas de las marcas encontradas en el paseo de los Andik justo antes de la caída, de tal manera de que su tesis es que el hijo empujó al padre y luego pretendió simular un resbalón propio en la pista de piedras, de tal manera que esa fuera la causa del accidente. Ambos resbalaron y él se salvó, pero el padre no. Esa es la tesis que ha defendido desde el principio, pero claro, si se logra demostrar que esas marcas de resbalón son “forzadas” la cosa se complicaría mucho para Jonathan. El conocimiento de ese cambio en el testamento sería la excusa perfecta para justificar un acto de este tipo por parte de alguien corroído por la ambición, y de ahí a planificar los hechos y ejecutarlos no habría demasiado. Eso es lo que debe ser probado y, si así fuera, Jonathan pasaría un buen tiempo de lo que le resta de vida entre rejas.

Evidentemente todo esto tiene un aire de telefilme que resulta muy atractivo. Conjuga las horribles tramas violentas que llenan la programación de los sábados por la tarde de algunas cadenas televisivas con el glamour del negocio de la moda y con cifras de facturación de cientos de millones de euros, lo que lo convierte en un serial de ricos. La presencia de Mango en muchas naciones, su imagen global de marca y las similitudes con alguna serie de reciente factura y notable éxito (sí, Succession) he hecho que muchos medios pongan sus ojos en los Andic, en un pedregal de Monserrat y en un juzgado de Barcelona. La investigación y juicio pueden dar para bastantes películas más.

miércoles, abril 29, 2026

Magnicidios trumpistas

Si llega a tener éxito en su intento de atentado, el magnicidio de Trump hubiera alcanzado el récord de periodistas testigos, dado que la cena anual de corresponsales es el evento que más profesionales de este ramo reúne cada año en Washington. Más de mil de ellos asistían a un evento que descarriló, sin que afortunadamente la cosa fuera a más, pero que pudo ser el hecho de sus vidas en el caso de éxito del atacante. Vista la estrategia de quien pretendió perpetrar el atentado, escasas eran sus posibilidades de éxito pero, entre su capacidad de carrera y ciertas brechas en el perímetro de seguridad, estamos ante un intento serio de asesinato presidencial.

Y, sospecho, no será el último. Trump ha sembrado una estela de odio político en el interior del país, donde extremistas de todo pelaje abundan, y sus declaraciones casi diarias con carácter insultante hacia todo lo que se mueve han normalizado una manera de entender la política con una elevada carga de violencia, que en un país sobrearmado como es EEUU dispara los riesgos de que los tiros sean los que hablen. Insultar, ciscarse en la madre de alguien, ser chulesco… lo que Trump hace en sus mensajes, al estilo de lo que vemos aquí con Óscar Puente y seres por el estilo, no es política, es simplemente insultar, es mala educación. Si las formas son soeces, el fondo no lo es menos, como bien sabemos todos cada día, viendo cómo desempeña su labor esta administración norteamericana, pero huelga decir que eso no excusa que se cometan atentados. Ha sido una desgracia, para EEUU y para el resto del mundo, que un sujeto como Trump llegue al poder, pero deberá ser retirado del mismo por los medios constitucionales previstos. El recurso a la violencia abre una espita muy peligrosa que no debe ser traspasada, porque desde el momento en el que se justifica un atentado bien poco queda para justificar otro, y otro, y nada evita que otros justifiquen atentados que sean en sentido contrario, y se abre una espita muy peligrosa que puede acabar en el peor de los escenarios. Ya en EEUU se vivió una situación muy peligrosa cuando se produjo el atentado que acabó con la vida de Charlie Kirk, joven activista MAGA muy famoso allí, apenas conocido en Europa. Se temió una respuesta violenta ante ese hecho, que afortunadamente no se produjo, pero es probable que haya alguno que esté recordando ese asesinato para exhibirlo como excusa de futuros actos crueles que esté planificando. Si un intento de magnicidio sobre Trump tuviera éxito, ojalá que no, las consecuencias del hecho serían históricas pero, además, y dada la extrema polarización que vive el país, el riesgo de que eso derivase en una espiral de enfrentamientos entre facciones civiles armadas sería muy elevado. No hace falta ser peliculero para ponerse ante un escenario de guerra civil, de baja o alta intensidad, da igual, en el que el orden constitucional de la nación se pusiera en entredicho por el empleo de armas y ataques entre grupos de partidarios del asesinado presidente y de los opuestos, acusándose todos ellos mutuamente de haber llevado al país a una deriva de enfrentamiento. Algunos de los ingredientes necesarios para que eso se dé ya existen, sobre todo dos de ellos. El odio profundo que se abre sin cesar entre dos sectores de la sociedad que se ven como ajenos, irreconciliables, y la particularidad norteamericana de que todo el mundo está armado hasta los dientes, de tal manera que allí las discusiones pueden derivar en disparos de una manera mucho más natural de lo que es pensable en nuestro entorno.

Espero que no se produzca nada de esto, pero el riesgo existe, y despreciarlo, o considerarlo como imposible es un error. La actitud diaria de Trump, lejos de mitigar este riesgo, lo acrecienta, y es de esperar que en los meses que quedan hasta las elecciones de medio mandato, en noviembre, veamos hechos que pongan en riesgo la estabilidad constitucional del país. Tengo mis dudas sobre si esas elecciones se llegarán realmente a producir, o hasta qué punto serán libres con Trump y los suyos al frente de la administración. Si para el resto del mundo Trump resulta conmocionante, para los EEUU puede ser el mayor de los peligros al que se ha enfrentado en su historia reciente. Cosas de la vida, este año esa nación cumple el 250 aniversario.

viernes, abril 17, 2026

Inacción

Ayer por la tarde, de camino a casa, viví un incidente en el metro, de los desagradables, que afortunadamente no se dan con frecuencia. A tres paradas de casa el tren en el que iba empezaba a estar más tiempo de lo debido en la estación y el conductor avisó de que, por avería en línea, estaríamos detenidos un rato. El convoy estaba bastante lleno, pero no de manera agobiante. Uno de los pasajeros, al que ya se le había escuchado murmujear a lo largo del trayecto, empezó a cagarse en todo en voz alta, sin cortarse mucho, y se levantó y salió del tren. El vagón en el que viajaba era el primero, el más cercano a la cabina del conductor.

El pasajero iracundo, por así llamarlo, salió, como les decía, y se plantó en frente a la puerta del conductor del tren. Empezó a lanzar insultos a lo loco, gritando como un poseso, con toda la retahíla de hijos, madres meretrices y demás expresiones de ese tipo. Dio también algunos golpes, no se si con el puño o patadas, a lo que supongo sería la puerta del conductor, por lo que sentimos los que nos quedamos dentro del vagón, y al poco decidió volver al interior, sin gritar tanto, pero con una mala leche alucinante y hablando en alto claramente, cagándose en el conductor y en todo lo demás. Obeso, medio calvo, con vaqueros desgastados, camiseta sudada y mochila, sudaba abundantemente. Pocos instantes después el tren dio el aviso de cierre de puertas y salimos de la estación. Al poco llegamos a la siguiente, a dos paradas de casa, donde arribamos, se abrieron las puertas, y un empleado de seguridad, acompañado de dos miembros del personal del metro, entraron en el vagón y se dirigieron al iracundo, que seguía sentado en el suelo y perjurando por lo bajo. Le conminaron a que se bajase, cosa a la que él se negó. El vigilante empezó a ser insistente y dijo que mientras el iracundo siguiera en el vagón el metro permanecería detenido, a lo que siguieron algunas voces de pasajeros pidiendo al sujeto que se bajase de una vez. Al cabo de un minuto, el iracundo decidió levantarse del suelo y salir del vagón, escoltado por el personal del metro y seguido del vigilante de seguridad. En el andén, los dos empezaron a discutir y, en un momento dado, el vigilante le sujetó de la mano para que no acercase tanto el brazo, cosa que hacía de manera intimidatoria. Eso provocó que la iracundia se transformase directamente en intento de agresión. El iracundo se encaró directamente con el vigilante, amenazándole con hacerle de todo si le volvía a tocar y gritando como un descosido: Cada vez se acercaba más al vigilante, con esa pose chulesca de “que pasa” que mantienen algunos en las discusiones cuando tratan de acorta el espacio de cortesía que nos separa a todos en condiciones normales para hacerse con él. Los empleados del metro, dos mujeres, sacaron sus walkies y, supongo, llamaron para relatar lo que estaba pasando y pedir refuerzos. Con el iracundo desmelenado, a pesar de su calvicie, a penas a unos centímetros del vigilante, amenazando con mandarle mucho más allá del otro barrio a base de toto tipo de golpes, volvió a sonar la señal del aviso de puertas y se cerraron, tras lo que el tren emprendió su rumbo y, en no mucho, transcurrieron las dos paradas que quedaban hasta llegar a la que es la mía. Cuando el tren arrancó, dejando la escena al otro lado de los cristales, se pudo sentir una especie de alivio generalizado entre todos los pasajeros que íbamos allí, espectadores involuntarios de una escena desagradable, que había estado a punto de descarrillar en más de una ocasión, y que tenía pinta de que no iba a acabar nada bien.

El título de hoy, inacción, viene de que eso es lo que hicimos todos los que viajábamos en el tren durante todo el suceso. Nada. Mirar, si, cada vez con mayor atención y reparo a lo que iba pasando, pero sin mover un dedo. Sólo algunas voces que pidieron que se bajase el iracundo tras el aviso de detención del vigilante hicieron ver que había público en la escena, el resto fue un silencio sepulcral. La violencia desatada por ese sujeto hizo que nadie se atreviera a mover un dedo en ningún sentido, a pesar de que habíamos visto un intento de agresión al conductor, al que no le pasó nada por estar protegido en su habitáculo. La violencia coarta. El miedo es efectivo. Esa ley de la selva, que tanto se lleva ahora en la actualidad internacional, funciona en todos los escenarios.

viernes, enero 16, 2026

El trumpismo violento en EEUU

Ya son varias las noches de disturbios que se registran en Mineápolis, capital del estado de Minnesota, con serios enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del ICE, la guardia pretoriana creada para realizar redadas en el marco de la política federal de inmigración a la búsqueda de ilegales en el país. Son altercados callejeros en los que las fuerzas del ICE responden con saña ante masas de gente, mayormente pacífica, y algunos alborotadores que tiran petardos y otro tipo de objetos. Las imágenes muestran una manera de protestar que dista mucho de los niveles de violencia vistos en algaradas en nuestro entorno, piense usted en País Vasco o Cataluña. Quizás el intenso frío que se vive en la zona contribuye a lo desatarlo todo.

El origen de estas protestas es el asesinato, no hay otro término para definirlo, por parte del ICE, de una mujer cuyo coche fue dado el alto por parte de miembros de ese cuerpo de seguridad. La conductora, que iba sola en el vehículo, se puso nerviosa ante la presencia de una serie de personas a su alrededor completamente militarizadas en aspecto y armamento, y comenzó a mover su coche con intención de evadirlos, momento en el que un par de agentes se acerca a la ventanilla más próxima a su puesto de conductora y uno, sin dudarlo, le dispara, causándole heridas fatales que provocarán su muerte pocas horas después. La escena es lenta, silenciosa, no hay muchos gritos ni acelerones. Ella no busca huir lanzando su vehículo a lo loco ni contra la patrulla ni en sentido contrario. Es el miedo lo que se intuye que mueve lentamente el coche, y asistimos a una ejecución a sangre fría sin conmiseración alguna. Este grave incidente es lo que ha soliviantado a la ciudadanía de Mineápolis y le ha hecho salir a la calle a protestar. Es una protesta legítima. Ante ello, el Ice está actuando sin cortarse en lo más mínimo, contraponiendo una respuesta violenta notablemente desproporcionada respecto a la amenaza que suponen los manifestantes. Desde el momento del crimen se ha producido una extravagante polarización de lo sucedido en los medios y autoridades de aquel país, y digo extravagante porque es normal que ante hechos que admiten visiones contrapuestas las opiniones se fragmenten y puedan ser no coincidentes, pero en este caso, viendo el vídeo de la escena, pocas dudas hay. Pues bien, la secretaria de seguridad interior del gobierno de Trump afirmó, en una entrevista televisiva, comentando las imágenes de lo sucedido, que era evidente que la conductora pretendía atropellar al agente y que éste había respondido en defensa propia, para salvar su vida ante lo que era una agresión premeditada. Las imágenes de la escena muestran justo lo contrario, pero Kristine Noem, que así se llama el alto cargo trumpista, no tenía reparo alguno en mentir ante el entrevistador y ante todo aquel que tuviera ojos y estuviese despierto. Era asombroso, un ejercicio de falsedad casi insuperable. Desde el primer momento los cargos trumpistas, y sus medios afines, han comprado la idea de la defensa propia del agente del ICE y de la culpabilización de la víctima, una peligrosa radical, una extremista, una bollera. Lo único cierto es que una mujer asustada fue asesinada por un empleado federal armado en el ejercicio absolutamente fuera de sentido de una violencia ejecutora para la que cuenta con el pleno respaldo de la autoridad del país. La población de EEUU asiste, en su mayor parte asombrada, ante el hecho y la no ya frialdad, sino simple descaro con el que las autoridades federales justifican lo que para casi todos es un ejercicio de violencia si escrúpulos por parte de quien debe tener más cuidado para no caer en ella.

Renee Nicole Good es el nombre de la mujer asesinada, y también la primera víctima conocida, hay muchas otras anónimas, de una campaña de intimidación perfectamente orquestada desde la presidencia del país con el objeto de meter miedo a la población, de hacerle saber que si protesta ante las medidas que tome el gobierno federal se arriesga a salir muy mal parada, o a incluso no hacerlo. El número de agentes del ICE no deja de crecer, supera ya los 10.000 y su impunidad legal es total. Van camino de ser una fuerza armada al servicio directo de Trump y sus deseos autocráticos. Son un ejemplo de violencia ejercida por el estado para secuestrar la libertad de los ciudadanos. El trumpismo ya es un peligro cierto para los habitantes de EEUU, y lo será cada vez más.

viernes, diciembre 05, 2025

Ejecuciones en alta mar

Sigue sin estar nada claro cuál es el objetivo del despliegue milita norteamericano frente a las costas de Venezuela, peo sí sabemos lo que hace con las presuntas lanchas de narcotraficantes que navegan por esas aguas. Las elimina. Desde que empezó esta campaña son numerosas las embarcaciones que han sido atacadas y hundidas por impactos de misiles lanzados desde aviones de EEUU, y la cifra de fallecidos se estima que ya anda por los ochenta, que no son pocos. Uno sería más que suficiente para que estuviéramos ante el dilema de lo que está sucediendo, porque lo que hace EEUU en esas aguas es completamente ilegal.

Cierto que esas embarcaciones pueden ser de narcos, portar drogas y servir para abastecer las líneas logísticas de los traficantes que luego las introducen en el país norteamericano y en otros, no lo niego, pero aun suponiendo esto, ¿Cuál es la legitimidad que tiene una nación para ir ejecutando a personas en el mar? Se puede hostigar a esas naves y forzarlas a que regresen a sus puertos, establecer un cierto bloqueo que permita el tráfico comercial y que ante naves sospechosas se ofrezca resistencia, pero esto de atacarlas como si estuviéramos ante un videojuego resulta inconcebible. Por la misma regla de tres la Guardia Civil podía avisar al ejército cada vez que se detecta una narcolancha en el estrecho o en la zona del Guadalquivir, y que un helicóptero artillado acudiese y la hiciera estallar en mil pedazos, asesinando a sus ocupantes. ¿Cómo lo veríamos? El ajusticiamiento del presunto delincuente no es justicia, sino dictadura. Por esa regla de tres Trump puede decretar que todo lo que no le guste es susceptible de ser disparado, y a buen seguro que estaría encantado de que así fuera. En fin, en medio de este debate en el que poca gente entra sobre lo que pasa en el Caribe, esta semana sí se han oído voces críticas en EEUU contra estas actuaciones porque en una de ellas se ha producido un hecho aún más grave. Se produjo el ataque aéreo sobre el buque y las imágenes posteriores mostraron que algunos de sus tripulantes seguían con vida, y desde el Departamento de Defensa, ahora renombrado como de Guerra, se ordenó rematarlos, cosa que la marina norteamericana hizo. Varios medios del país y congresistas han clamado diciendo, con razón, que si el ataque a las lanchas es un acto de difícil soporte jurídico, esta escalada no puede sino considerarse como una ejecución para la que el gobierno norteamericano carece de justificación ni de cobertura legal. Es un acto de lo más crudo y cruel y no hay forma de defenderlo. Ante el revuelo organizado, el Secretario de Guerra, Hegseth, trumpista hasta la médula, ha ido usando discursos alternativos en los que, en unos casos, admitía lo sucedido y en otros decía no saber si realmente había supervivientes tras el ataque inicial o no. Como buen cobarde que es, ha descargado las culpas de todo lo que haya podido suceder en un almirante naval, y se ha reafirmado en el discurso de dureza de la actual administración contra las drogas, la delincuencia, la inmigración y todo lo que suene a no trumpista. Hegseth es un ex presentador de la Fox, un Javier Ruiz de allí para entendernos, un indocumentado que poco más sabe a parte de mirar bien a la cámara, y que está al frente de la mayor maquinaria militar del planeta. Pillado ya en más de una ocasión compartiendo planes secretos de operaciones militares con conocidos en una red social no protegida, un grupo de Signal, Hegseth es de las personalidades más polémicas y peligrosas de toda la administración Trump. Su desprecio a todo lo que no sea él mismo es elevado, y las muestras de desafección que ha dirigido a Ucrania, y en general a toda Europa, lo definen muy bien. De gatillo fácil, no duda en usarlo, y ha convertido a las aguas del caribe venezolano y aledaños en su particular campo de tiro en el que, como si fueran platos, no duda en lo más mínimo a la hora de ejecutar. Le da absolutamente igual la vida de los que van en esas lanchas, sean quienes sean.

Estos son los prolegómenos de lo que pueda llegar a pasar en una Venezuela que sigue sometida a la opresión de la dictadura de Maduro, pero que puede enfrentarse a un ataque, quizás quirúrgico, de las tropas de EEUU. Derrocar a Maduro es una necesidad para que Venezuela pueda llegar algún día a la democracia. Hacerlo mediante una invasión o golpe auspiciado por EEUU es una de las peores maneras posibles de lograrlo, y puede convertir al sátrapa en una especie de mártir para los suyos, blanqueando los crímenes que ha cometido en estos largos años de dominio en Caracas. Todo lo que Trump toca se ensucia, puede que también la esperanza de la oposición venezolana.

jueves, diciembre 04, 2025

Salazar o la hipocresía absoluta

Supongo que ustedes no conocían hace unos meses, allá por el verano, a Francisco Salazar, alto cargo de la Moncloa sanchista. Yo tampoco. Le puse nombre y cara cuando, durante unas horas, sonó como sustituto de Cerdán al frente de la secretaría general de algo que en sus tiempos se llamaba PSOE, pero que apenas duró un par de días en las quinielas al destaparse unas denuncias de acoso sexual durante su desempeño como gran jefazo en el entorno laboral de la presidencia del gobierno. Después de ese incidente sus opciones decayeron y se le apartó de la vida pública, según informaron fuentes del partido.

Pues bien, Salazar ha vuelto a la actualidad pública no porque se ha solventado el expediente que se le abrió en su momento y se han determinado sus culpas, no sino por todo lo contrario, porque el partido ni le apartó de verdad ni, en la práctica, ha realizado gestión alguna para averiguar qué había detrás de las denuncias ni para escuchar a las posibles víctimas de los abusos señalados ni nada de nada. En estos meses lo que ha hecho el partido son dos cosas. Por un lado, dejar que el tema se duerma y desaparezca de los medios, y por otro, trabajar para rehabilitar a Salazar y devolverle algún cargo relevante. Sobre el acoso y las denuncias, nada de nada. Ahora, con el intento de recolocación del personaje, ha saltado a la web la denuncia de las víctimas de la total inacción del partido, de todas sus estructuras, de los altos cargos que las ocupan, a la hora de hacer algo en defensa de las mujeres que denunciaron unos comportamientos no se si delictivos, quizás sí, pero desde luego asquerosos y reprobables. Esas víctimas han sido tratadas por la organización, por eso que un día se llamó PSOE, con el mismo respeto con el que unos críos perciben a una papelera en la calle cuando pasean. Ante semejante desprecio, las víctimas han alzado su voz y la reacción del partido, pásmense, no ha sido la de darles la razón y rectificar lo hecho, no, sino intentar silenciarlas. La obsesión del PSOE ha sido en todo momento la de que nada de todo esto trascienda, de que una especie de omertá se imponga entre los militantes y cuadros directivos de la organización, que las vergüenzas se tapen de la manera más oculta y discreta posible, que esto no pueda ser utilizado como arma política por parte de ninguno de los adversarios del arco parlamentario. Realmente eso último es lo único que les importa. Tras un par de días de escalada en las noticias, y vista la imposibilidad de tapar lo que era una gestión imposible de defender, han empezado a surgir voces significativas que tachan a Salazar de lo que parece que es, voces que durante estos meses han callado con toda su fuerza y que, hasta hace apenas un mes, mantenían una relación de cordialidad absoluta con el personaje, porque el que tuvo poder algo mantendrá, y todo lo que hay en Moncloa tiene capacidad de decisión sobre el partido de una manera tan absoluta como no se ha visto nunca en esa organización que se llamaba PSOE. Ayer por la noche, a ser posible sin testigos, se convocó una reunión telemática en Ferraz con las delegaciones territoriales de igualdad para tratar el caso. Por lo que parece, las directrices del partido, léase de Moncloa, no han cambiado. Actuaremos, prietas las filas, silencio, fe en la organización y nada de preocupaciones. El mantra habitual de estos casos en los que la complicidad y el fracaso lo impregnan todo, pero por lo que se sabe esta sarta de mentiras tan repetidas ya no han colado como antaño, y la bronca entre las agrupaciones regionales del partido debe ser significativa. Quizás Ferraz, es decir, Moncloa, deba hacer algo de una vez, algo como tomarse en serio las denuncias de las víctimas y acudir a la fiscalía. Basta que pongan en los rostros de las acosadas un carnet de partido distinto al suyo para que empiecen a verlas como lo que parece que son, mujeres abusadas, no herramientas de disfrute al servicio del alto cargo de los “míos” que como tal a todo tiene derecho.

Quizás lo más relevante de este caso de inmensa hipocresía política, que ahora sucede en el PSOE, pero se repite a buen seguro en el resto de partidos de nuestro entorno, es que las informaciones que han destapado la necedad de la organización han partido de un medio afín, de eldiario.es, uno de los más fieles de la sincronizada sanchista, y el trabajo de ocultamiento de la televisión, radio y prensa oficiales no ha servido para cerrar la brecha. Si esta información la hubiera publicado, digamos, El Mundo, ¿qué recorrido habría tenido? Como siempre en la mierda de sectarismo político que vivimos en estos tiempos, no es el qué, sino el quién, y la víctima que se joda si no puedo usarla políticamente. Todo muy asqueroso, pero sin el estilo literario de Santiago Lorenzo

martes, noviembre 11, 2025

Los narcos disparan sin mirar

Durante este puente de tres días en la capital se han producido dos operaciones policiales relacionadas con los narcos que han llegado a los medios por la extrema violencia que han desatado. En una, ocurrida en los meandros del Guadalquivir, un policía resultó gravemente herido cuando los delincuentes repelieron el intento de asalto de las autoridades a una nave en la que se almacenaba droga. En otra, en el Casar de Escalona, Toledo, un narco falleció en el enfrentamiento a tiros que se desató cuando las fuerzas del orden acudieron a la vivienda en la que residía, junto con otras personas, para detenerlas por temas de narcotráfico.

Este tipo de acciones, en las que policías y narcos intercambian disparos sin control, se están empezando a convertir en frecuentes, lamentablemente, y tienen mucho que ver con el disparo en todo lo relacionado con la gestión de las drogas que se produce en nuestro país. Si echan un vistazo a las noticias sobre este tema verán que las incautaciones de todo tipo de droga, especialmente hachís, cocaína y químicas, no dejan de crecer y batir récords. Cada vez hay más droga en nuestro entorno, es más accesible y su precio es menor, y eso se debe a varios factores. Por un lado, el consumo ha aumentado en una población que ha perdido en parte el miedo al uso de sustancias de ese tipo, demandas tanto por fines recreativos como, en no pocos casos, medios para sostener un ritmo vital acelerado en extremo. También es verdad que España se ha convertido en una de las principales puertas de acceso de Europa a la droga, cuando era Rotterdam tradicionalmente el punto de entrada de referencia para el continente. Algeciras, el estrecho y, en general, toda la costa sur, son ahora otro referente de una importancia enorme, y desde ahí se dirigen flujos que no sólo abastecen a nuestro país, sino al resto de las naciones de la UE. Otro factor que ha contribuido a inundar de droga Europa y a tirar sus precios es que el consumo en EEUU, especialmente de cocaína, ha caído notablemente, pero no porque los norteamericanos se hayan vuelto más sanos, no, sino por el efecto del fentanilo, que ha copado parte de la clientela adictiva de esa nación y, de paso, se la carga a una velocidad mucho mayor que el resto de sustancias. EEUU ya no es el mercado primordial de la cocaína latinoamericana, y Europa se ha vuelto la joya para los productores, por lo que las operaciones de cruce del Atlántico con mercancía se han disparado, usando para ello todos los medios posibles. Hasta hace no mucho era impensable que submarinos cargados de droga cruzaran los miles de kilómetros que separan las costas americanas y españolas, pero eso empieza a ser algo que ha saltado de la incredulidad a lo convencional. En fin, en un mercado inundado y que consume a espuertas los narcos se han hecho con una cantidad de recursos bárbara, emplean a gran cantidad de personas en todo tipo de trabajos relacionados con la recepción, distribución y gestión de los alijos y sus formas de trabajo se han profesionalizado a la par que su nivel de violencia. El mercado es tan grande que da para muchas bandas, algunas de ellas especializadas en labores muy concretas de todo el proceso, otras de tipo vertical que operan en toda la cadena, desde la llegade los alijos al blanqueo de dinero, y de esta manera se ha creado todo un ecosistema económico y empresarial que, como en el resto de sectores, tiene actores de todo tipo y poder. La rivalidad también se da entre ellos, no sólo los supermercados compiten a la hora de colocar sus productos en el barrio, y los casos de robos, ajustes de cuentas y fenómenos de ese tipo se dan cada vez con más frecuencia, y todo con un enorme nivel de violencia. Los narcos de ahora primero disparan y luego preguntan, y lo hacen con armas automáticas de gran calibre, algunas de corte militar, que no dejan nada vivo sea cual sea la precisión del tirador si este logra impactar en su objetivo.

La policía, jueces y personal especializado en el tema, incluyendo a varios periodistas, llevan tiempo alertando tanto de la creación del ecosistema económico que antes les comentaba, que hace que parte de la sociedad viva de él y lo defienda, como de la falta de medios para enfrentarse a unas bandas que operan no con impunidad, pero sí con una sensación de meter miedo a todo quisqui, también a la policía. Es arriesgado afirmar que zonas como Algeciras o la parte baja del Guadalquivir son territorios fuera de la ley, pero algo de eso hay, y no se pueden escatimar recursos a la hora de dotar a las fuerzas de seguridad de medios para defenderse, atacar y hacer su trabajo. Por lo que parece, el narco tiene ingresos sin límite, y la policía debe escatimar sus medios. Mala combinación.

viernes, octubre 03, 2025

Revuelta Z en Marruecos

Quizás recuerden como, hace pocos meses, se produjo una revuelta en Nepal, protagonizada por la juventud de aquel país. Se le apodó como revuelta Z, en alusión a la generación que la encabezaba, y era un movimiento de protesta ante el autoritarismo del gobierno y las constantes denuncias de corrupción. La cosa acabó desmadrada, con el parlamento nacional en llamas y la casa del primer ministro igualmente incendiada. Creo recordar que en uno de esos asaltos falleció la mujer del mandatario. En todo caso, el ejército tuvo que intervenir para imponer un cierto orden en el país, que se encontraba en plena anarquía,

Es distinto, pero en Marruecos también se está produciendo un movimiento juvenil de protesta que lleva ya varios días en las calles y que, poco a poco, se traduce en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y leva ya un balance de tres manifestantes fallecidos por disparos de la policía y un buen puñado de heridos fruto de cargas atropellos. La mecha que ha prendido la revuelta ha sido la muerte de varias mujeres embarazadas en un hospital de Agadir al recibir una anestesia que se encontraba en mal estado. El recorte de servicios sanitarios que vive el país se traduce en cosas como esas, y las protestas, que en principio eran localizadas y contra ese recorte, se han expandido. Otro de los motivos que está movilizando a los manifestantes es el dispendio absoluto en el que está cayendo el gobierno a la hora de invertir para el mundial de la cosa esa de pegar aptadas a un balón de 2030. Nuevos y faustuosos estadios con un coste disparatado, para el que no hay recorte alguno, conviven con la economía de un país con enormes carencias en infraestructuras, servicios sociales y todo lo relacionado con el estado del bienestar. Ver como no hay problemas para financiar un obrón relacionado con el balón pero sí una asistencia sanitaria es algo que solivianta, en Marruecos, aquí y en todas partes, y la juventud del país se ha lanzado a las calles. Debemos de tener en cuenta que la demografía marroquí no tiene mucho que ver con la nuestra. Pese a que allí también ha comenzado el frenazo a la natalidad que se da en casi todas las naciones del mundo, su población mantiene una estructura de pirámide bastante coherente, y los menores de veinticinco años son, más o menos, el 40% de la población total. La masa de gente joven en el país es enorme, sus tasas de paro elevadas, y sus perspectivas de futuro, escasas. La principal aspiración de muchos de esos jóvenes es emigrar, legal o ilegalmente. A catorce kilómetros de distancia de su país se encuentra el nuestro, la puerta de una Europa que, a pesar de sus problemas, tiene un nivel de vida inimaginable para el grueso de la población marroquí, y unas estructuras de poder democrático muy alejadas de la monarquía que rige en Rabat, donde Mohamed VI, no es listo el tío, no, pasa la mayor parte del año en su lujosa residencia parisina o en alguna de las villas de recreo que posee en África, lejos en todo caso de la vida real del país que rige con firmeza. Algunas de las promesas de apertura y democratización que la casa real ha realizado a lo largo de los años se han ido diluyendo por completo, y si bien es cierto que Marruecos no es una dictadura perfecta, no cumple los estándares necesarios para ser calificado como democracia. El control del régimen, junto con el papel de líder religioso que el monarca encarna para la creencia alauí, ha permitido que el islamismo no arraigue en el país, evitando un enorme problema que generó la guerra civil que desangró a la vecina Argelia y que ha sembrado de inestabilidad a todo el Sahel. En ese sentido el poder ejercido desde Rabat ha convertido a Marruecos en un país fiable para occidente y sus vínculos con EEUU no han hecho sino estrecharse, lo que ha supuesto un grave perjuicio para los saharauis y su causa, tradicionalmente defendida desde España, y de la que Sánchez renegó un viernes por la tarde sin dar explicación alguna al respecto.

Esa estabilidad en Marruecos es condición necesaria para que las complicadas relaciones que tenemos con esa nación se mantengan dentro de unos cauces razonables. La seguridad de Ceuta, Melilla, el estrecho y muchas otras cosas más dependen más de los designios del gobierno marroquí que de nuestras propias capacidades disuasorias, que no son tales. Vamos a ver en qué acaba esta revuelta, si es reprimida o logra ablandar las posiciones del gobierno. En todo caso, hay un magma de cólera en la sociedad del país vecino que puede llegar a ser explotado si alguien, con argumentos falaces, logra hacerse con la voz necesaria. El islamismo, que siempre está ahí, seguramente también observará con interés las protestas.

jueves, octubre 02, 2025

Abusos sexuales en Bernedo

Bernedo es una pequeña localidad, relativamente cerca de la zona de bodegas de la denominación de origen rioja alavesa y de la frontera con Navarra. No he estado nunca allí. Como en varias localidades, en verano suelen celebrarse allí colonias, concentraciones de chavales cuidados por monitores que pasan unos días de ocio y disfrute de la naturaleza, dejando de paso algo de tranquilidad a sus padres, que también tienen de esta manera unas ciertas vacaciones en lo que a sus obligaciones se refiere. Se supone que este tipo de colonias están controladas, tienen los permisos y seguros adecuados, y las cosas son más o menos normales.

No es el caso de la de Bernedo, y este ha sido el año en el que se ha destapado un escándalo mayúsculo relacionado con esa colonia y una acumulación de negligencias por parte de las administraciones públicas que pasa de lo sonrojante a lo delictivo. Algunos de los padres de niños y niñas que estuvieron en los campamentos de verano denunciaron las condiciones en las que se encontraban sus hijos. Teóricamente el plan de la colonia, así se divulgaba de manera pública, se centraba en el fomento del euskera y la igualdad sexual, entendida por los monitores como el tratamiento indiferenciado por sexos. Eso se ha traducido en escenas en las que niños y niñas se duchaban juntos, lo que es discutible, pero con la presencia de adultos, lo que no tiene un pase. Algunos de los testimonios de los críos aludían a la obligación que les imponían algunos monitores de chuparles los dedos de los pies para conseguir cosas, favores o atenciones, lo que pueden ustedes calificar como quieran, pero que suena a lo que suena. Los críos escribieron cartas a sus padres narrando escenas que les asustaban, pero no llegaron porque los monitores lo impidieron, pero una vez en casa unos pocos tuvieron el valor de contar estas y otras cosas, que sin duda pusieron a los padres de los nervios, y empezaron las denuncias. Los monitores, y la organización de la colonia, mostraron en todo momento su orgullo por cómo habían dirigido el evento, en medio de un escándalo creciente, y achacaban a los padres ser unos mojigatos, estar dominados por el heteropatriarcado y demás argumentos dignos de un cómic woke. Una vez destapado el asunto, empieza el papel de las administraciones en todo esto, y se asiste por parte de la ciudadanía al habitual ejercicio de escaqueo, de negación de responsabilidades y de búsqueda de otros culpables. La Diputación de Álava empezó alegando que eran muchas las colonias y campamentos que se desarrollan en verano y que no puede ir vigilándolas una a una, dejando claro que para recaudar tributos no perdona una, pero para revisar permisos de actividades es mucho más laxa. El gobierno vasco se puso de perfil y echó las culpas a la Diputación, que ya empezaba a virar su discurso a medida que se iban conociendo detalles cada vez más sórdidos de lo que había pasado en la colonia. El bombazo llega cuando se hace pública la noticia que, desde enero de este año, la Ertzaintza ya investigaba unas denuncias por agresiones sexuales presuntamente producidas en esa misma colonia durante el verano de 2024. Es decir, hace ya un año se produjeron hechos intolerables en ese lugar y por parte de esa misma organización, y con una investigación en curso nadie, ninguna institución, había pensado si quiera que fuese buena idea suspender las actividades previstas para este verano, de tal manera que los padres, sin tener ni idea, mandaron a sus hijos a un lugar en el que ya se investigaban hechos de enorme gravedad. La fiscalía ha declarado que nadie le había trasladado denuncia de ningún tipo, por lo que no podía dictar orden alguna al respecto al desconocerlo todo. La descoordinación entre todas las instituciones no es ya total, sino que bordea la negligencia premeditada, como si el objetivo fuera ocultar lo sucedido, o que algo de semejante gravedad no sea considerado como lo que es. Y de mientras, los niños desprotegidos, potencialmente abusados, y sus padres absolutos desconocedores de la naturaleza del lugar al que mandaban a los hijos.

En esta historia, llena de sordidez, basura y negligencia, también destaca la capacidad del PNV, que es el poder local, para ocultar las cosas. Titular tanto del Gobierno Vasco como de la Diputación Foral de Álava, se las ha arreglado bastante bien para que el escándalo no salga mucho más allá de las fronteras del País Vasco, hasta que ha sido inevitable, pero aún así con gran sordina. Salvo El Correo, que lo ha hecho saber a todo el mundo, la discreción con la que los medios nacionales tratan un asunto que abriría todas las portadas de haberse producido, pongamos, en una colonia celebrada en la sierra de Madrid, es más que destacable. Qué profesional es el PNV para ocultar sus miserias y pregonar las del resto. Qué eficacia la suya.

martes, septiembre 23, 2025

Perdón y odio

Hay varias cosas que distinguen a los norteamericanos de los europeos, que les hacen ser más distintos de lo que pudiéramos pensar. Una de ellas, que es obvia en la actividad pública, es el peso de la religión, muy diluido entre nosotros, pero indispensable para entender la sociología de aquella nación. Aunque entre los millenial y los Z se está dando un proceso de laicidad creciente, el país aún está imbuido de misticismo cristiano por todas partes, empezando por ese “In God we trust” (confiamos en Dios) que luce en los billetes de un dólar, algo que sería impensable ni en la ceca de la más creyente comunidad protestante europea.

Esta es la causa de que el acto funerario realizado el pasado domingo como homenaje a la memoria del asesinado activista Charlie Kirk se convirtiera en una extraña ceremonia de canonización civil en la que el mesianismo lo inundaba todo y la fe en Dios y en el mensaje de Kirk se aunaban de una manera que resulta tan absurda como hortera vista desde aquí. Todo el acto se parecía a una especie de misa, sin comunión física, pero sí comunión espiritual de los presentes en torno a la figura del líder asesinado. Su imagen, su vida, su testimonio, un ensalzamiento que rozaba la idolatría y que crea en su figura la de un mártir para una causa que, bajo las siglas de MAGA, empieza a ser un movimiento con más que vida propia. En ese acto intervinieron muchas personalidades de la vida norteamericana, junto a familiares y allegados del fallecido, y han sido dos de todas esas apariciones las que han suscitado más interés para los medios, por motivos obvios. Y esta vez sí que la atención puesta en ellas resulta merecida. Una ha sido la presencia de su viuda, la típica rubia neumática norteamericana, exmodelo, madre abnegada, creo que con intenciones de divorciarse antes del fatal hecho, convertida en la viuda de América para los MAGA. En su intervención, sentida y llorosa, como es lógico, lanzó un mensaje de reconciliación, de rendido homenaje a su marido, sí, pero de búsqueda de la grandeza, de exaltación de sus valores, pero de necesidad de compartirlos. No se dejó llevar por la ira, y en un gesto derivado de su creencia cristiana profunda, proclamó entre sollozos el perdón al asesino de su marido, algo que no es nada habitual, y menos apenas transcurrida una semana del asesinato, cuando el trauma de lo que ha pasado apenas acaba de empezar. Érika, que así se llama la mujer, no quiere la pena de muerte para el asesino de su marido, cargo al que probablemente se enfrente el presunto culpable cuando tenga lugar el juicio. Sus palabras bajaron las revoluciones del acto y, curioso, supusieron un bálsamo para el conjunto de un país aún conmocionado, y asustado por lo que pueda suponer este crimen para su futura convivencia. La otra intervención comentada es, obviamente, la de Trump. Un Trump que no gritó, pero trasladó un mensaje de dureza cruel, justo el opuesto al de Érika. El presidente, de manera explícita, afirmó que discrepa de la viuda, y que él no perdona a los enemigos, que los odia, los odia, recalcando ese término “hate” entre los aplausos de una masa no enfervorecida, pero sí sometida al magnate. Justo cuando más necesario es aplacar la situación, enfriarla, sentarse para debatir cómo acabar con la violencia política que se hace fuerte en el país y empieza a convertirse en una amenaza para el futuro, el presidente, la máxima autoridad de la nación, lanza un mensaje de odio a todo lo que pueda entender como rivales, contribuyendo a inflamar aún más a los extremistas que empiezan a hacerse fuertes a izquierda y derecha, por simplificar las cosas, en el espectro político del país. Las palabras de Trump, frente a las de Érika, suponen echar más gasolina a un fuego que no deja de avivarse y se puede descontrolar por completo.

Para los MAGA, la imagen de Kirk ya es un icono digno de ser colocado en el altar de la patria, en un proceso de unificación de ese movimiento político con una visión cristiana integrista que no deja de ser preocupante. Toda esa fuerza unificada, por una fe y una creencia política, está en manos de Trump ahora mismos, y de su responsabilidad y de cómo actúe se derivará si se acaba convirtiendo en una parte del establishment nacional, domesticándose, o en algo capaz de subvertir el orden establecido, mediante la reforma legal o incluso el uso de la violencia. Conociendo ligeramente al personaje naranja me temo que los augurios no son nada buenos.

lunes, septiembre 15, 2025

La violencia venció a las bicis

Era de esperar, y por ello ni me acerqué a la zona, cosa que sí he hecho en los años anteriores. Con el ambiente caldeado por la animación, entre otros, del propio presidente del gobierno, y con la esperable pasividad de la delegación, que está controlada por el propio presidente, las manifestaciones pro palestinas acabaron desbordándose y los grupos violentos que se encontraban en ellas tomaron el centro de Madrid e impidieron por completo la finalización de la etapa de la vuelta y el acto protocolario del pódium, con la entrega de premios e himnos. Un espectáculo de violencia se impuso al evento deportivo y dejó una imagen triste.

Ya lo he dicho en muchas ocasiones, y me reiteraré hasta el hartazgo, aunque me temo que me quede sólo en mi opinión. Uno puede manifestarse por lo que quiera, la libertad de expresión implica precisamente eso, pero la libertad de uno termina donde empieza la de los demás, y tanto derecho tienen los manifestantes que denuncian la actuación del gobierno de Israel como los ciclistas a recorrer una etapa en un evento organizado. Esto, que es tan obvio, genera una enconada discusión por parte de los que, esta vez amparados en la bandera palestina, ayer en cualquier otra cosa y mañana a saber, se creen con el derecho de usurpar las calles atizar la violencia contra el resto de los que se encontraban en la zona del circuito, por no hablar de los heridos registrados entre las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, que hicieron lo que pudieron frente a la movilización que les desbordaba y sabiendo que la autoridad de sus mandos jaleaba a los manifestantes. Se podía haber corrido toda la etapa y que las banderas palestinas, como ha pasado en muchas etapas, fueran las que llenasen los arcenes y las pantallas de televisión, y la protesta hubiera sido efectiva para aquellos que quieren usar la carrera como escaparate para sus reivindicaciones, pero no pasó eso. El evento se suspendió, los ciclistas y sus equipos se vieron atrapados en una encerrona en la que en algún momento peligró su integridad física y la escena que ayer se ofreció al mundo fue la equivocada. La algarada en la que se convirtió la tarde atrapó a no pocos ciudadanos, varios de ellos familias con niños, que acudieron al circuito a ver el paso de los corredores con la ilusión que sólo los críos tienen (y que tristemente los adultos suplimos con cinismo y mala leche) y tuvieron que salir de allí corriendo para que nada de lo que pasaba les supusiera daños. Cargarse La Vuelta, que es lo que ha sucedido, no va a alterar para nada los planes de Netanyahu en Gaza, sólo supone cargarse La Vuelta. Si las cosas fueran así de sencillas muchos de los problemas del mundo se arreglarían. La legitimidad de la protesta de ayer fue perjudicada por los violentos que creen que la calle es suya, y la calle es de todos, lo que significa que todos podemos usarla, utilizarla y hacer de ella un espacio de ocio, disfrute y, sí, también, reivindicación. La organización de la carrera no puede expulsar de la misma al equipo contra el que se dirigen las protestas si las autoridades deportivas internacionales no lo inhabilitan, que es lo que pasó hace unos pocos años con las entidades rusas. No siendo así, la organización del evento carece de derechos para impedir su presencia. Es a las autoridades federativas internacionales, a los estados, a los gobiernos, a los que los manifestantes deben exigir que actúen para que consigan lo menos relevante, la no presencia de un equipo deportivo en un evento internacional que se rige por normas no nacionales que, en este caso, se ha producido en España, y lo relevante, que es que se detenga la guerra de Gaza. Suena tan imposible como es. Resulta curioso, en este sentido, cómo un ente tan entregado a la causa como RTVE, tan sometido al gobierno que ya es un apéndice más, no toma en firme la decisión, tema menor donde los haya, de no participar en la siguiente edición de Eurovisión, cosa en la que tiene toda la potestad para decidir estar presente o no, alegando que Israel sí va a concursar. ¿Qué le importa más a RTVE, su compromiso con la causa palestina o los ingresos que le reporta Eurovisión? Por ahora la respuesta es clara, e indicativa de lo que realmente le mueve.

En fin, durante unos días vamos a tener una bronca política de primera a cuenta del triste espectáculo de ayer, y la sensación de que el gobierno ha encontrado en la desgracia palestina un banderín de enganche para tratar de ocultar sus corruptelas y necedades. Todo es muy patético. Y de mientras, en Gaza, Netanyahu seguirá ordenando arrasar la franja sea cual sea el coste en vidas palestinas, que para nada le importan, mientras Trump le mantenga su apoyo. Lo demás, folclore en las opiniones públicas de países ricos que viven ajenos a la guerra y a sus infames consecuencias. Y los palestinos, entre masacrados y utilizados, muriendo a decenas.

viernes, septiembre 12, 2025

Se dispara la violencia política en EEUU

Charlie Kirk apenas era poco conocido en Europa, y apenas en España. En EEUU era una celebridad, un personaje mediático de primer orden nacido en el mundo de las redes sociales, con decenas de millones de seguidores en Tik Tok. Kirk no se dedicaba a los retos virales o a hacer recetas de bizcochos con forma de orquídea, o cosas así, sino al proselitismo político. Era un abanderado de los MAGA, un fiel trumpista, y volcó todas sus dotes de comunicación en la difusión de las ideas de esa ola que mezcla conservadurismo, mesianismo y disparates populistas de una manera que se me hace difícil de entender. Era uno de los más influyentes en ese mundo.

Casado con una exmodelo y con dos hijos, defensor del matrimonio tradicional, la procreación y la sumisión de la mujer, a sus treinta y pocos años llevaba una vida coherente con sus ideas. La cuestión es que lo primero ha desaparecido. Su asesinato, perpetrado en la tarde del miércoles, noche en Europa, por un francotirador, que le disparó un tiro certero en el cuello a unos doscientos metros de distancia en un acto público al aire libre en la universidad de Utah, ha conmocionado a aquel país y ha generado un escalofrío intenso al poner sobre la mesa la violencia política como la forma de resolución de las discrepancias. No se sabe nada del asesino, que sigue siendo buscado, más allá de la juventud que parecen transmitir las pocas imágenes que de él se han captado y que era un tirador de gran calidad. Kirk defendía una ideología que muchos apoyan y otros critican, yo entre ellos, y lo más probable es que su asesino se encuentre entre estos últimos. La decisión de matarle se habrá basado, probablemente, en la intolerancia que el autor del hecho ha ideo desarrollando ante los discursos de Kirk, y el odio que eso le ha ido inculcando. Es de suponer que ambos se encuentran en espectros opuestos, irreconciliables en lo ideológico, y que el asesinato ha sido la última de las alternativas que el perpetrador ha estudiado para acabar con lo que, para él, era insoportable. En fin, es desolador. Este hecho será observado desde el prisma ideológico de manera inevitable, y hay defensores del mismo en las redes que festejan la muerte de Kirk, tantos como otros lo canonizan como un mártir de su causa. Quienes actúan de la primera manera son unos indeseables, quienes hacen lo segundo, unos irracionales. La ideología, las creencias, lo que cada uno pensemos sobre determinados aspectos, religiones y otras muchas cosas son cuestiones secundarias respecto al respeto a la vida del individuo, que debe prevalecer siempre. Asesinar en nombre de una idea es, simplemente, asesinar. Kirk podía ser un activista MAGA, como pudo haber sido un proselitista de lo woke o de cualquier otra ideología, eso es lo de menos, porque fuera cual fuese el caso no hay excusa alguna, no hay excusa alguna, no hay excusa alguna, que justifique su asesinato ni el de nadie. Matar de manera premeditada a alguien es el mayor de los crímenes posibles, porque la exterminación de la persona es lo definitivo, lo que la elimina de este mundo y le cierra el paso al futuro que se sucede instantes después de su muerte. Durante décadas, en el País Vasco, aquí mismo, se ha matado a cientos de personas por presentas creencias ideológicas, por parte de un movimiento totalitario y mafioso que contaba con la comprensión de no pocos y que hoy en día se vende como lo más del progresismo. Y esas cientos de personas asesinadas por el terrorismo etarra no tenían que haber muerto, ninguna, y ninguno de esos crímenes tiene justificación alguna en patrañas como las ideas, el conflicto, los derechos y todas esas argucias que quien asesina construye para tratar de justificar la indignidad del acto que ha cometido. Un asesinato carece de apellidos, es sólo un asesinato.

En EEUU la violencia física es algo bastante más extendido que aquí, y la existencia de armas por todas partes provoca que el número de fallecidos en incidentes con disparos sea atroz. La política allí también ha tenido su buena cantidad de asesinatos, no sólo el de Kennedy, y la polarización creciente que vive la nación hace temer a muchos que sucesos graves, como el asesinato de Kirk, abran brechas irrecuperables y lancen a más de uno a coger las armas como el recurso para imponer sus ideas. El clima político del país se empieza a volver irrespirable y un asesinato como este sólo contribuye a empeorarlo todo.

lunes, julio 14, 2025

Disturbios en Torre Pacheco

La presencia bastante más numerosa de fuerzas de la Guardia Civil ha logrado impedir enfrentamientos entre personas en Torre Pacheco, Murcia, pero por tercera noche consecutiva se han dado incidentes, que en este caso han consistido en actos de “kale borroka” por parte de violentos contra las fuerzas del orden. Ya saben, arrojamiento de objetos, quema de contenedores, cruce de los mismos, destrozo de mobiliario urbano, etc. No se si hay nuevos detenidos que sumar a los que ya se han producido, pero al menos no consta que haya heridos ni agresiones personales. Tarde, demasiado tarde, pero la calma se irá imponiendo en las calles.

Lo de Torre Pacheco es un tema complicado, en el que la demagogia hace que se expandan las posiciones simplistas y se llegue a justificar la violencia de manera absurda, cuando bien saben ustedes que la violencia no tiene justificación alguna, y quien al esgrime pierde toda la razón o argumentos que pudiera tener en un momento dado. Hace cuatro días un jubilado de la localidad sufrió una agresión que le dejó mal herido. Al parecer los autores eran un grupo de chavales, de origen magrebí, que estaban desarrollando un reto viral, una de esas estupideces que tan de moda se ponen a cuenta de las redes sociales y que no logro entender qué valor pueden tener para quienes las llevan a cabo. Tras ese incidente, serio, se produjo una primera noche de incidentes en la que nacionales, nacidos en el pueblo de familias de allí, se dedicaron a buscar a hijos de inmigrantes, tan nacidos en Torre Pacheco como los primeros, para llevar a cabo un ajuste de cuentas. Venganza con tintes racistas. Esa noche ya hubo altercados significativos, sin respuesta de las fuerzas y cuerpos de seguridad, cuyos mandos debían estar viendo algo más interesante en sus despachos que lo que sucedía a pie de calle en un pueblo de Murcia. La segunda noche fue aún más violenta, con grupos de origen magrebí y vecinos y llamados a través de las redes sociales por grupos de extrema derecha enfrentándose de manera más violenta y organizada. Esa noche los disturbios superaron cualquier límite tolerable y ya había en la calle más periodistas que fuerzas de seguridad. Tras ello se decidió movilizar a la Guardia Civil y esta tercera noche, al menos, se han evitado las agresiones mutuas. Al parecer, según dicen los vecinos, no son pocos los hijos de inmigrantes que residen en la localidad que no tienen trabajo ni ocupación y causan problemas de manera regular, cosa que ha hartado a mucho de los residentes y llevado la tensión en las calles a un punto en el que la acción contra el jubilado ha desatado los ánimos. Al calor de esta situación se han sumado profesionales de la algarada, en este caso de la extrema derecha, que se han movilizado por redes y han llamado a acudir a Torre Pacheco a algo así como “la caza del inmigrante” en un movimiento de tintes xenófobos que echa para atrás y que debe ser perseguido de raíz. Los autores de la paliza al jubilado que ha servido como excusa para que se den todos estos incidentes deben ser detenidos y puestos a disposición judicial, al igual que todos aquellos que se han enfrentado y agredido a otras personas, sean o no de las fuerzas de seguridad, por agresión a la autoridad. Me da igual el origen de los que se dedican a pegar a otros o queman contenedores por la calle, son una panda de indeseables y deben ser detenidos, y castigados. Que en sus apellidos aparezcan nombres de tradición hispana o magrebí sólo señala quiénes eran sus padres, no la excusa de sus innobles actos, y por ellos deben pagar. Así mismo, se deben rastrear las redes para detectar quiénes alientan, amparados en la seguridad del anonimato seguramente, actos de violencia organizada, cacerías y semejantes disparates. Deben ser detenidos de igual manera que los que arrojan cosas, porque ellos han arrojado odio organizado.

Que haya un problema de integración de ciertas comunidades en pueblos y comarcas del país, que es cierto, no es excusa para alentar comportamiento violento alguno. El mantenimiento de la seguridad pública es una de las principales labores de un estado digno de llamarse como tal, y eso también significa que si el delincuente es de origen inmigrante debe ser tratado con la misma severidad como cualquier otro. La visión buenista ante el delito en función de la procedencia de quien lo cometa sólo origina problemas mayores y, por cierto, no le hace ningún favor alguno al delincuente, que no es consciente de la gravedad de lo que ha hecho. Cabeza fría, intensa presencia policial y represión ante cualquier conato violento hasta que las noches en Torre Pacheco vuelvan a ser sólo un lugar en el que el calor del verano afloja algo.

viernes, marzo 28, 2025

Sobre el libro de José Bretón

Anagrama ha decidido, motu proprio, suspender indefinidamente la distribución del libro que Luisge Martín ha escrito sobre José Bretón, el asesino de sus hijas, ejecutor del acto más cruel posible sobre ellas para castigar a su mujer, Ruth Ortiz, la madre. Condenado por esos hechos, al parecer en el libro confesaba por fin su culpabilidad, que no había admitido aún, ni siquiera en ninguno de los momentos del juicio. El libro ha generado una enorme polémica y las voces que han pedido cancelarlo, por respeto a Ruth, son las que prevalecen, y algunas de las medidas judiciales que se han tomado iban en ese sentido.

Este es un tema vidrioso, feo, en el que el protagonista es un criminal de dimensiones inabarcables, por la atrocidad cometida y la absoluta maldad que la rodea. Creo que debe estar encerrado en prisión hasta el último de sus días, sin remisión alguna, y que sólo cuando fallezca en la cárcel pueda salir. ¿Debe prohibirse el libro? Hay creo que la respuesta es negativa. Todos los días se publican muchos libros, algunos buenos, la mayor parte irrelevantes, no pocos malos. El autor tiene derecho a escribir lo que quiera sobre lo que quiera, y aunque el tema sea repulsivo, la decisión de prohibir su publicación abre un melón de difícil gestión. ¿Cuándo es suficientemente grave un delito para no ser lítico escribir sobre él? ¿Cuánta maldad es excesiva para determinar que sobre unas cosas sí se puede publicar y sobre otras no? La dimensión de estos hechos puede ser cuantificable en penas acumuladas en el código penal, pero no en moralidad, porque un asesinato ay es ir al más allá de la maldad, aunque luego puedan existir regodeos. Además, quién soy yo, o cualquier otra persona, para determinar lo que es lícito publicar o no, o los sentimientos que puedan ser heridos por una determinada obra. En todo caso, mi elección será la de consumir esa obra o no, considerar que el tema me atrae o no, pensar si hago bien o mal al adquirir ese libro… en definitiva, decisiones personales de cada uno ante la obra existente. Creo que son dos las barreras que deben respetarse a la hora de hacer cosas como este libro, o las series que nos inundan. Una, que el causante del mal no se beneficie económicamente de ello. Pagar a un asesino derechos de autoría por una obra que habla de su crimen es recompensarle por lo que ha hecho, y eso me parece una indignidad absoluta. En este caso Anagrama, la editorial, ha dejado claro que no se va a producir algo así, que los únicos que cobrarían dinero por la obra serían el autor y el editor. La segunda cosa que creo es obligada es que, en este caso la editorial, se ponga en contacto con la víctima, Rut Ortiz, para que sepa lo que se está pensando hacer, cuente con su opinión y tenga un acceso previo a la información. Enterarse por los medios de una polémica así no es nada agradable, y ahí al editorial ha fallado calamitosamente, mostrando una profunda insensibilidad con la víctima. ¿Es eso motivo de prohibición? Me da que no. Prohibir es una palabra muy intensa que debe ser usada con moderación, no a la ligera (ahí si me leyera alguno de mis geniales compañeros del centro de cálculo de Sarriko, de los que tanto debí aprender) y aún más en estos tiempos de redes sociales, donde el mero hecho de generarse una polémica así aumenta el interés de todo el mundo y dispara las posibles ventas y repercusión económica. Ante las series que nos invaden sin cesar sobre crímenes reales, eso que se ha dado en llamar “true crime” que no me llama mucho, la verdad, la polémica es similar, y me da que si se determinase el criterio de prohibir como norma general gran parte del catálogo de las plataformas que ahora mismo se puede escoger para ver en casa sería eliminado. No entiendo el morbo que le produce a la gente este tipo de horrores, pero existe, y a sabiendas se realizan productos para que sean consumidos, sirviendo para alimentar a la sociedad que los demanda. Se pueden tener todo tipo de objeciones morales y opiniones al respecto, y optar por consumirlos o no, pero prohibir, reitero, es una palabra que no debe ser usada a la ligera.

Hay una derivada interesante de esta historia, relacionada con lo anterior, que la expuso Sergio del Molino hace unos días en una de sus columnas, que es la relativa hipocresía de una sociedad que demanda prohibir el libor pero que ha consumido programas televisivos basura día tras día sobre el caso, con entrevistas y tertulias sin fin, con un enorme afán comercial en todo ello. Si prohibimos el libro, ¿qué hacemos con todos esos programas televisivos que hace un verano, por ejemplo, casi enseñaban a descuartizar un cuerpo y defendían a quien lo había hecho? No, creo que el libro debe editarse, y que José Bretón debe morir en la cárcel, y que nada habrá en el mundo que pueda devolver consuelo a Ruth Ortiz. Todo lo demás es ruido y desolación.

miércoles, febrero 05, 2025

Suecia, el no paraíso

La escena es muy similar a la de todas las que suelen darse en este tipo de horrores. Gritos, carreras alocadas, miedo, alumnos, en este caso adultos, que se esconden en aulas o salas comunes, acumulación de fuerzas de seguridad en el exterior, nervios, pánico, y un atacante al que no se ve pero que es la causa de todo el desastre que se está viviendo. En el exterior el frío parece intenso y la nevada es generalizada. Un centro escolar, una matanza. Estamos, por el tiempo que hace, seguramente en un estado del norte de EEUU. Minnesota o algo así. Incluso por la época del año puede que no hayamos tenido que ir muy lejos de Boston. En breve veremos los logos de las cadenas norteamericanas y a sus presentadores haciendo directos.

Pero no, algo no cuadra. En las escenas apenas se distingue lo que hablan, pero no parece inglés. En las furgonetas de la policía que están fuera no aparece referencia a sheriff alguno ni a condados. Muchos caracteres de aire nórdico nos trasladan instantáneamente a Europa, y a los pocos segundos uno descubre que está viendo una escena en una escuela de adultos sueca, concretamente situada en la localidad de Örebro (si no saben donde está no se preocupen, yo tampoco) que tiene nombre de pieza de vajilla de IKEA. Un lugar en el que probablemente no pase mucha cosa habitualmente, menos en invierno, y cuya historia local ya quedará marcada para siempre por esta tragedia. Con el paso de las horas se puede hacer un balance de lo sucedido y es atroz. Diez muertos, asesinados de manera cruel por un atacante sin que se sepan a esta hora ni las causas ni los motivos. La información que ha trascendido, escasa, descarta el motivo terrorista (islamista o similar) y se centra, por ahora, en la ejecución de un sujeto que se haya trastornado y decidido acabar con lo que le rodea. Va a haber que investigar intensamente sobre lo que ha sucedido, para ver si estamos ante un lobo solitario que ha actuado movido internamente por alguna causa ideológica o el asesino era alguien perturbado, traumatizado por vaya usted a saber qué causa, que ha decidido acabar con todo lo que le rodea de la manera más cruel posible. Este tipo de sucesos, que como indicaba en primer párrafo, siempre asociamos a EEUU, es realmente anómalo fuera de allí, aunque los casos empiezan a ser un goteo preocupante ¿Hay gente que se inspira en esas salvajadas para reproducirlas en sus naciones? Habrá que averiguar también si esto tiene que ver con la ola creciente de violencia que sacude a Suecia, de la que apenas se habla en los medios. A priori es poco probable, y me apuntaría a la idea de que estamos ante una desgracia aislada, sin vinculación con otro tipo de tramas, pero lo cierto es que Suecia lleva un tiempo degenerando en sus niveles de seguridad pública a cuenta de los enfrentamientos crecientes entre clanes, principalmente de drogas. En esa nación, una de las cunas de la social democracia y siempre ejemplo de seriedad, calidad de vida y desarrollo, el crimen organizado ha echado raíces y se ha hecho con el control de barrios y negocios tanto en Estocolmo como en otras localidades, especialmente costeras del sur, que es donde hay más gente residiendo y negocio. El tráfico de drogas es la principal industria que mueve recursos, intereses y moviliza la ejecución de actos criminales. Los ajustes de cuentas entre bandas se han convertido en una constante a lo largo de los últimos años, y los métodos violentos para llevarlos a cabo se han ido volviendo cada vez más salvajes. De las palizas se ha pasado a los asesinatos, y de los disparos a las bombas, de tal manera que no hay semana en la que se produzcan auténticos atentados terroristas de baja intensidad, si me permiten la expresión, en la que algunos capos o sus secuaces son asesinados o resultan heridos a manos de bandas rivales. Evidentemente la población en la que se dan estas atrocidades las sufre con el mismo grado de terror y sensación de descontrol. La seguridad, su ausencia, es ahora mismo uno de los mayores problemas sociales del país.

Estas acciones han sido una de las causas por las que las formaciones de ultraderecha han ido escalando posiciones en las encuestas y, luego, en las elecciones. Muchos de los miembros de las bandas criminales son de origen inmigrante, a veces por convicción y otras por necesidad, y el discurso simplista de asociar inseguridad con inmigración ha calado en gran parte de la sociedad sueca, que asiste al crecimiento de ambos fenómenos y los asocia, aunque no tengan en sí mismos mucho que ver. Lo cierto es que ahora mismo en esa nación existe un enorme problema de seguridad que las autoridades no logran atajar. La matanza de ayer, sea cual sea su causa, aumentará la sensación de deriva instalada en parte de la sociedad sueca.

lunes, enero 27, 2025

Auschwitz, ochenta años después

Hoy se celebra el día mundial en conmemoración del Holocausto. La fecha escogida se debe a un 27 de enero de  1945, en su avance hacia Berlín, las tropas soviéticas llegaron a la localidad polaca de Auschwitz y se encontraron con el campo de concentración que, a las afueras de la misma, constituía todo un complejo industrial de enormes dimensiones. Lo que allí hallaron era la prueba de un rumor que corría por Europa desde hacía ya años, pero que nadie había querido confirmar, muchos ni creer. La dimensión del horror que se escondía detrás de aquel conjunto de alambradas, barracones, hornos y pabellones sigue, hoy, siendo incomprensible.

Hace ochenta años del descubrimiento de algo así, y bastante menos tiempo desde que la humanidad es consciente, y doliente, por lo que allí pasó. Los supervivientes contaron su testimonio tras la liberación pero muchos no los escucharon porque no daban crédito. Fue más el trabajo de los historiadores, recopilando las pruebas que demostraban la idea y creación de esa red de campos de exterminio lo que acabó calando en la imagen global que las palabras de los pocos que lograron salir de esas instalaciones con vida. Y recordemos, no nos consta testimonio alguno de los que entraron en las cámaras, porque ninguno de ellos salió con vida. Auschwitz se ha convertido en sinónimo de horror, pero de un horror inconcreto, de una monstruosidad ausente. No son los campos nazis los mayores exterminadores que haya conocido la humanidad, quizás ese siniestro mérito hay que otorgárselo a los gulags rusos o a los centros de reeducación de la revolución cultural maoísta en la China de mediados del siglo XX, pero si han logrado alcanzar la relevancia que poseen es porque en esas instalaciones nazis se aúnan una serie de cosas que parecen antitéticas, pero que nos describen perfectamente como seres humanos. Sí, porque sólo inteligencias humanas serían capaces de concebir lugares de exterminio como Auschwitz, y desatar todo el proceso administrativo, industrial, logístico, necesario para que una instalación de ese tipo funcionara. Sólo los humanos son capaces de trabajar coordinadamente en equipo, de una manera concienzuda, fría, inteligente y razonada, para alcanzar el logro de un lugar así. El exterminio de una parte de la humanidad como proyecto de trabajo de otra parte es algo que sólo los humanos somos capaces de hacer. Y la manera tan eficiente, planificada con la que esa labor se desarrolla en los campos nazis es lo que llega a estremecer hasta la locura. Diseñar una instalación en la que se asesine a unas diez mil personas al día a su máxima capacidad de rendimiento es un reto para ingenieros, planificadores, encargados de planta... Auschwitz era una fábrica de muerte, y enfrentarse a esa idea produce un vacío total. La negación de lo que allí pasó no es nueva, existe desde el momento en el que se descubre, en parte por el deseo de quienes estaban involucrados en lo que pasó de no hacerse responsables de algo que iba a ser juzgado con dureza por el resto del mundo, pero ese negacionismo no sólo se dio entre los jerarcas nazis y quienes simpatizaban con sus ideas, no. Miles y miles de personas en todo el mundo secundaban en su momento la incredulidad por lo que se iba sabiendo al descubrir ese y otros campos. En parte hay un sentimiento colectivo de culpa (no supe que eso pasaba, no hice nada para evitarlo, quiero pensar que no sucedió) pero también hay una negación ante lo que parece ser algo impropio del hombre. No es posible que algo así sucediera. Simplemente no se puede planificar el exterminio de millones de personas porque es algo tan atroz que escapa al entendimiento humano, no hay maldad real que sea capaz de algo así, debe existir un monstruo, algo no humano que ha hecho eso, algo que no somos nosotros. Es una reacción comprensible, equivocada, escapista, pero real. La imagen de que los nazis no eran humanos es la más sencilla de implantar en unas mentes que no son capaces de asimilar lo sucedido. Eso no pudo pasar. Pero sucedió. Ocurrió y, por ello, puede volver a suceder.

Apenas quedan supervivientes de Auschwitz con vida. El paso del tiempo está a punto de convertir al campo de un lugar de memoria a un espacio de la historia. Y esa ausencia de testimonios es el principal factor de olvido, de que Auschwitz se vaya empequeñeciendo en el espacio de la memoria de las generaciones vivas, que la señal que de allí emana, la del mayor peligro para nuestra existencia, nuestro irracional odio, pueda volver a reencarnarse en ideologías nuevas, o en versiones modernas de las de siempre. Hoy habrá muchos dirigentes en el campo reclamando mantener una memoria viva, y millones de personas ausentes que actúan como si eso no hubiera sucedido. Si hay algo que jamás debiéramos olvidar en nuestra existencia es todo lo que allí sucedió, y todo lo que lo hizo posible.

jueves, diciembre 12, 2024

Un joker asesino en Manhattan

Como ahora hay cámaras en todas las urbes los asesinatos se ven mucho más claros. En la escena vemos a un sujeto de espaldas, que avanza camino del punto de fuga de la imagen. De repente, a su izquierda, asoma un sujeto más enclenque que va a ser el que le dispare a bocajarro, por la espalda, asesinando al primer personaje de una manera fría, casi como por encargo, con toda la premeditación del mundo. Vemos fugaz mente cómo saca la pistola y apenas duda al actuar. No hay instantes de vacilación, de pensárselo, no. El autor está decidido y lo hace con toda su voluntad. Las imágenes son muy incriminatorias, de esas que les encantan a los fiscales de las películas, sí, las norteamericanas.

El asesinado se llamaba Brian Thompson, un nombre anglosajón bastante convencional, y era el CEO, el Consejero Delegado de UnitedHealthCare, la mayor aseguradora privada del país, un ejecutivo de primer orden con ingresos enormes en un sector que en el aquel país factura cifras astronómicas. Tras el asesinato, que dejó a Manhattan asustada por la premeditación del crimen, el haberlo cometido a plena luz del día y la persona que lo había sufrido, comenzó la búsqueda del culpable, que fue grabado en varias ocasiones durante su huida, en general con el rostro tapado por la capucha de una sudadera, pero en una ocasión con él plenamente descubierto, en un momento en el que intentaba flirtear con la dependienta de un hostal, porque la necesidad de ligue parece que es algo irrefrenable y que no se frena ni por la tensión de una fuga. Finalmente atrapado, ha resultado ser un joven de menos de treinta años y que responde al nombre de Luigi Mangione, lo que ya por sí mismo le catapultaría a secundario de lujo en teleseries relacionadas con la mafia. Mangione proviene de familia acomodada, es un estudiante brillante, no ha pasado necesidades, no viene del lumpen ni nada por el estilo, no. Sufrió una lesión física hace pocos años de la que tuvo que ser operado y, al parecer, el seguro se negaba a cubrir sus gastos, por lo que empezó a rumiar venganza. Lo ha hecho con una planificación exquisita, siguiendo al responsable máximo de la empresa con la que tenía contratada su póliza, y dedicando tiempo incluso a grabar en los casquillos de las balas con las que iba a perpetrar su crimen palabras muy utilizadas en los formularios de excusa de las compañías para no hacer frente a los gastos que debieran según sus contratos firmados. Mangione ha actuado por pura venganza, por resentimiento ante una prestación que él pago pero que no recibió cuando debía. El caso es claro, asesinato, y la condena obvia para el tribunal que lo juzgue, pero la relevancia del asesinado y el siempre turbio mundo de la sanidad norteamericana, una de las más ineficientes del mundo, así como la fortuna de la empresa y del ejecutivo que ha fallecido, han hecho que se produzca un extraño e inquietante fenómeno. Las redes sociales han acogido en su seno a Mangione como un justiciero, como un vengador, alguien que ha hecho lo debido frente a la crueldad de las empresas aseguradoras, que se ha tomado la justicia por su cuenta y, de manera implacable, la ha ejercido. Ha dictado sentencia y ha procedido a hacerla realidad. Una ola de simpatía se ha extendido por las redes en aquel país ensalzando la figura de, no lo olvidemos, un asesino, alguien que ha decidido acabar con la vida de otra persona. Independientemente de lo que haya llevado a la ira a Mangione, y de la mala praxis de la compañía comandada por Thompson, ¿desde cuándo el asesinato es la manera de resolver algo? Esos que alaban al justiciero y aplauden su acción ¿estarían tan contentos si la persona asesinada sería un familiar suyo? ¿o ellos mismos? ¿Se han puesto por un instante en la piel de la familia de Thompson, en la pérdida irreparable que han sufrido? ¿Estamos todos locos?

En la película Joker, que es buena pero me dejo un amargo regusto, se produce una situación similar, un proceso en el que el cruel psicópata termina asesinando sin remordimiento ni justificación alguna, y es alabado por multitudes que lo jalean, que lo elevan como si fuera su héroe. Unas escenas que me parecieron brillantes por la forma en la que estaban rodadas y repugnantes por el mensaje que transmitían. Eso, que era ficción, se ha convertido casi en realidad, sin máscaras ni punturas en la cara, pero sí con un muerto, un asesino, una pistola y un crimen. Y la masa, que ya no es atrezzo, sino personas de verdad, a miles, alabando la violencia como solución de los problemas. Es aterrador.

jueves, septiembre 26, 2024

Desorden global

Septiembre suele ser el mes de la Asamblea General de la ONU, el encuentro de dignatarios de todo el mundo que acuden a Nueva York para disfrutar de la Gran Manzana y que se suben a la tribuna de organización para soltar un breve discurso laureado por los medios de la nación regida por el hablante y, en general, olvidado por casi todos los demás presentes en el hemiciclo. El papel dela organización lleva siendo descendente desde hace bastantes años y, ahora mismo, se encuentra sumida en una gran irrelevancia, olvidada por muchos e ignorada por aquellas naciones que tienen poder para decidir qué pasa en el mundo.

Coincide este declive de la multilateralidad con la retirada parcial de EEUU del foco. La pasada presidencia de Trump fue la del portazo de Washington a muchos de sus aliados y compromisos globales, la que dejó claro a casi todos que lo que se suponía era la potencia dominante y fiable pasaba a ser otra cosa. La llegada de Biden prometía revertir algo las cosas, pero la creciente senilidad de su persona y los hechos han demostrado que si antaño lo que decía EEUU se cumplía ahora ya no sucede. Lo que está pasando en el desastre de oriente próximo es una buena muestra de hasta qué punto el aliado más fiel de Washington en la zona, Israel, actúa por su cuenta y riesgo, sin atender a peticiones que vienen de la capital del poder, deseosa como la que más de una tregua en la zona que le permita sacar esa guerra del foco de la campaña electoral. Los muy frecuentes viajes y propuestas de acuerdo del secretario de estado Blinken a Israel se han saldado con el mismo resultado. Fotos amables, discursos comprometidos y ausencia total de novedades. Las conversaciones desarrolladas en Egipto o Qatar han tenido, según se nos ha contado, más de un momento en el que el acuerdo de tregua estaba ya al alcance de la mano, pero nunca ha llegado a concretarse. Si ampliamos el foco resulta evidente que en el mundo de hoy hay ciertas potencias llamadas revisionistas, encabezadas por China y Rusia, que discuten la manera en la que se ha gobernado el mundo las últimas décadas, y creen que ha llegado el momento no tanto de imponer nuevas reglas, pero sí de no acatar las que surgen de occidente. Y es que desde que se acabó la IIGM, tanto en el capítulo de la guerra fría como todo lo sucedido tras la caída de la URSS, el atentado del 11S y las guerras de oriente medio, la gobernanza global ha sido regida por instituciones multilaterales en las que las naciones occidentales han tenido un peso predominante, mientras que el resto de países existían y formaban parte de ellas, pero carecían de poder real para ejercer un control. Cierto es que el consejo de seguridad de la ONU da derecho de veto a las cuatro naciones que ganaron la IIGM, EEUU, Rusia, Francia y Reino Unido, a las que se une China, pero durante décadas, el poder de verdad, el militar y el económico, ha estado en EEUU y en lo que llamamos occidente. Ya no. Desde hace años China ha emergido como una enorme potencia económica, la segunda del mundo, dejando atrás a Europa occidental en su conjunto, y rivalizando con EEUU en muchas estadísticas relevantes. Recordemos que en la época de la guerra fría la URSS era un enorme poder militar e ideológico, pero en cuestiones económicas su PIB era ridículo. China no es así, y el crecimiento de China, o de India, se está traduciendo desde hace tiempo en movimientos que cuestionan ese orden que, bien o mal, ha funcionado durante décadas. Instituciones como la Organización Mundial del Comercio viven totalmente bloqueadas y sin hacer ninguna de las funciones que se les encomendaron, dado que las potencias han empezado una escalada de aranceles mutuos en busca del proteccionismo que dañan a la economía global. La ONU y sus organizaciones asociadas (UNESCO, FAO, etc) van camino de ser más un símbolo que una realidad operativa, porque dependen de que haya una voluntad por parte de los países que las forman de respetarlas y hacer acatar lo que indican, y esa voluntad se está deshaciendo a marchas forzadas. No es probable que acaben rotas, pero si se convierten en cáscaras vacías su sentido será similar al de la no existencia, y ese riesgo está ahí.

De las próximas elecciones norteamericanas surgirán dos posibles gobiernos. El segundo de Trump, que sería más violento, hostil y proteccionista que el primero, y el de Kamala, candidata de la que apenas sabemos nada, cuyo prestigio internacional es escaso y sus posiciones en casi todos los aspectos no pasan del manual de lo políticamente correcto. Es decir, no está nada claro que EEUU quiera, o pueda, liderar nada globalmente. Y eso abrirá aún más la puerta a los aventureros, a lo Netanyahu, que quieran aprovechar su oportunidad para cobrarse venganzas, revanchas y otras acciones en las múltiples disputas que hay abiertas en el mundo. Sí, el desorden no es sólo una sensación, sino una cruda y desagradable realidad. En eso estamos.

lunes, septiembre 23, 2024

La electrónica de consumo como arma de guerra

Lo sucedido la semana pasada en Líbano, esa acción militar organizada por Israel que ha herido a miles de combatientes de Hezbollah haciendo explotar sus buscas y walkie talkies, previamente manipulados, ha disparado los temores a que algo así pudiera suceder a escala masiva y mediante un complot organizado, de tal manera que muchos de los dispositivos electrónicos que nos rodean se convirtiesen, automáticamente, en armas. Titulaba Marta García Aller su último artículo como ¿Puede tu tostador convertirse en una bomba? La respuesta corta y simplista es no, pero como todo, hay una derivada más compleja que abre posibilidades de todo tipo.

Si los buscas y walkies han explotado es porque han sido manipulados, es decir, alguien ha introducido mínimas cargas de explosivos en ellos y los ha hecho detonar. Sino, es imposible que estallasen. Eso nos garantiza que un electrodoméstico casero no va ya a reventar en nuestra casa, junto con otro miles, de manera coordinada, salvo que alguien haya conseguido que todos esos equipos tengan un bomba camuflada escondida en su interior. Alguien podría pensar que no es algo tan descabellado visto lo visto, y si hace un par de semanas me lo hubiera preguntado habría sido mucho más rotundo a la hora de negar la posibilidad. Pero el que no exploten no quiere decir que no estén sujetos a riesgos. Cada vez son más los dispositivos que tenemos a nuestro alcance conectados a internet, que se actualizan en red y adquieren su sentido en esa nube virtual, y por ello las opciones de hackeo se disparan. Quizás los móviles tengan software que les permita defenderse de un ataque, pero a medida que bajamos en la escala de “inteligencia” las contramedidas de seguridad son menores, y más factible que puedan ser usados por delincuentes o estados agresivos. Un ciberataque bien pensado que bloquee sistemas vitales puede convertir cualquier nación de hoy en día en una extraña imitación del siglo XIX, pero con ciudadanos mucho más perdidos e indefensos, y muchos de esos objetos que se conocen vulgarmente como “el internet de las cosas” pueden servir de puerta a intrusiones de este tipo. ¿Se puede con software generar daños físicos a las personas? Sí, y uno puede ser retorcido imaginando cosas. Coches autónomos que pierden el control y reciben la orden de acelerar estén donde estén, ocasionando cadenas de accidentes, bloqueo de sistemas de seguridad de redes ferroviarias, que impida que los trenes reciban las señales adecuadas y se expongan a choques o descarrilamientos en cruces gestionados de manera remota, cortocircuitos en sistemas de señales o similares que consigan apagar redes de metro o aeropuertos, ataques que generen sobrecargas en puntos estratégicos y se traduzcan en apagones masivos… el hecho de que la digitalización se haya extendido de tal manera aumenta los riesgos potenciales de problemas profundos en caso no ya de fallo, sino de ataque buscando crear daños. Hace no muchos meses vivimos una situación de colapso en varios sistemas, sobre todo aeropuertos, a causa del fallo de una actualización vinculada a Windows, el sistema operativo predominante en el mundo. Miles de vuelos se tuvieron que quedar en tierra porque los sistemas de un montón de aeropuertos no funcionaban. Eso se tradujo en caos, retrasos, nerviosismo, pérdidas económicas serias para las compañías, molestias de todo tipo en usuarios y empresas, y una disrupción que, aunque fue breve, no fue nada menor. El cine ha planteado varias veces la posibilidad de que un ataque terrorista no se base tanto en bombas y fusiles como en cibercolapso, y aunque por ahora la realidad no ha ido por ahí, es un riesgo que existe y que no puede ser minusvalorado, ni mucho menos. Muchos son los profesionales que, en todo el mundo, trabajan sin descanso para evitar que los ataques, que se producen de manera constante, no lleguen a ninguna parte, pero el riesgo existe.

Los millones de smartphones que atrapan nuestra vida, y de los que no nos separamos ni un segundo, son la puerta de entrada a toda la existencia y, potencialmente ya son la pieza más delicada y relevante del mundo tal y como lo conocemos. Su inutilización nos dejaría incomunicados, aislados e incapaces de realizar trámite alguno. ¿Pueden explotar remotamente? Sus baterías cada vez son más potentes, y todas ellas tienen un riesgo de incendio por sobrecalentamiento, como bien saben los transportes públicos en el caso de los patinetes, pero la experiencia nos dice que los casos habidos son mínimos dado el ingente parque de móviles. Su riesgo es que dejen de estar operativos. Y, potencialmente, pudiera ser.

martes, septiembre 17, 2024

Segundo intento de asesinato contra Trump

Este domingo noche, hora española, se conoció la detención de un hombre apostado en las afueras del club de golf de Donald Trump en Florida. Esa noticia iba acompañada de la decisión del servicio secreto de proteger al expresidente y la sensación, confusa en un principio, de estar ante otro altercado serio en el entorno de la seguridad del candidato presidencial. Después del atentado que casi lo mata en julio cualquier precaución es poca, y el miedo a un incidente similar se disparó. Dos días después sabemos que la situación de seguridad no era tan grave como en Pensilvania en verano, pero sí que era otro intento de magnicidio, afortunadamente frustrado.

Al detenido se le incautó un fusil automático, mira telescópica, bolsas con munición y una cámara con la que, probablemente, pensaba grabar su fechoría y lucirse como un héroe. No llegó a disparar, pero con el arma que llevaba la distancia de algunos centenares de metros que le separaba de su objetivo era algo fácilmente superable. El sujeto es un viejo conocido de la policía, con antecedentes múltiples y que ya hace bastantes años protagonizó un encierro con armas en el que la intervención de las fuerzas de seguridad fue necesaria. Muy involucrado en todo lo que pasa en Ucrania, parece que quiso enrolarse como voluntario en esa guerra a favor de Kiev, pero no se sabe si llegó a lograrlo y si, de hacerlo, participó en combates. Está detenido e ileso, por lo que, frente a lo que sucedió con el abatido tirador de julio, este sí va a poder ser interrogado y sabremos, se supone, las causas que le han llevado a tratar de cometer ese asesinato, y si ha contado con algún tipo de colaboración o ayuda. Una vez sofocada la emergencia, y a expensas de lo que se vaya sabiendo de las motivaciones del personaje, vuelve a la palestra el papel de los servicios secretos de seguridad, que esta vez han abortado un nuevo intento de ataque antes de que se produzca, pero que siguen en entredicho tras el clamoroso fallo de Pensilvania y, sobre todo, ofrecen una imagen de escasa seguridad en el entorno del expresidente y candidato Trump. Dos intentos de asesinato en dos meses no es ninguna tontería, y a dos meses escasos de las elecciones la tensión no deja de subir, y es probable que, visto lo visto, alguno más quiera probar suerte para ver si él lo logra y pasa a la historia. Trump, que ha pasado una mala semana electoral tras el debate en el que perdió (sin admitirlo) y los bulos sobre los perros y gatos, ha visto como una nueva oportunidad este ataque fallido, y desde su red social no ha dejado de gritar en defensa de sí mismo, de los suyos, de su campaña, de que no dejará de intentarlo, que se mantiene fuerte, y que, lo más importante y grave, todos estos ataques se deben al clima sembrado por Biden y Harris. Es evidente que el nivel de violencia política que está mostrando esta campaña norteamericana es anómalo, grave y muy peligroso. Si se considera como normal que cualquier concentración política, en este caso de Trump, pueda ser objeto de un atentado, nos estamos deslizando por una pendiente peligrosa que puede restar valor al resultado electoral. ¿Qué ocurriría si, perdiendo las elecciones, Trump no lo admite y cree que estamos ante un atentado de otro tipo? ¿Hasta qué punto sus fieles serían capaces de responder con violencia ante una llamada de su líder? Hay ciertas preguntas que casi es mejor no hacerse, pero la verdad, el desarrollo de esta contienda electoral muestra tintes muy preocupantes sobre la salud no ya del sistema electoral norteamericano, sino sobre la propia cohesión de su sociedad. Estos atentados pueden acabar consolidando la idea de que el poder no se conquista con los votos, sino con la violencia, y pueden ser la excusa para acciones muy graves. Y Trump no necesita muchas excusas para subvertir el poder establecido, las convicciones sociales y la seguridad pública.

Tenemos en mente el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, unas imágenes horrendas en las que el legislativo de aquel país es invadido por una turba golpista alentada desde la Casa blanca por quien iba camino de ser expresidente. No se lo que va a pasar de aquí al 5 de noviembre, ni quién será presidente electo el 6. A día de hoy kamala tiene algo más de probabilidad de ganar, pero está todo muy muy reñido, pero lo que suceda a partir de entonces puede ser tan delicado como inimaginable. La violencia jamás es un argumento válido en política, ni aquí ni allí ni en ninguna parte. Eso, que EEUU lo ha tenido claro durante siglos, puede empezar a debilitarse.