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martes, junio 09, 2026

León XIV y el liderazgo

Una buena muestra de hasta qué punto ha triunfado el Papa en su visita a Madrid es lo rápido que corren muchos a sumarse a su discurso, a coger fragmentos que creen que les benefician para intentar sacar rédito y conseguir que parte de las masas que aplauden a León XIV les sean propicias. Eso se vio ayer de manera descarada tras el discurso del Congreso, donde el Papa hizo una exhortación a favor de la doctrina clásica de la iglesia, en lo moral y social, y unos se quedaron con lo segundo, otros con lo primero, algunos con la integridad y Miriam Nogueras con la mano de su santidad en medio de su delirio nacionalista. Mucho interesado, pero poca sinceridad ayer en las Cortes por parte de sus señorías.

Lo cierto es que en estos días León XIV ha dado una lección práctica de liderazgo a muchos de los que cada día se llenan la boca con estrategias, campañas y demás operaciones de marketing. El liderazgo es algo muy difícil de lograr. Hay gente que tiene madera para ello, otros entrenan y lo consiguen, los hay negados, y los peores son los incapaces que creen serlo. El líder es el que guía, el que lleva a otros a cumplir la voluntad que él desea, bien por el interés colectivo o personal, y hay tantas formas de ejercer esa capacidad de liderazgo como uno pueda imaginar, pero básicamente, simplificando las cosas demasiado, las dividiría en dos. Por una parte, está el líder impositivo. Normalmente poseedor de un cargo, tiene una autoridad nominal y la ejerce. Es el consejero de legado de una empresa, el jefe de equipo, el cargo público, el directivo, el presidente, lo que sea. Ahí puede ejercer sus dotes y parte con la ventaja de que, a priori, se le va a hacer caso. En muchas ocasiones esta posición de autoridad deriva en autoritarismo, y el liderazgo se acaba ejerciendo por el mero ejercicio del poder, de la amenaza, de la imposición. Los equipos acaban cumpliendo los objetivos previstos, pero más por las amenazas que caen sobre ellos que por otra cosa. El cargo tiene la “potestas” que de él se deriva pero carece de la “autoritas” del ejercicio. Puede llegar a triunfar, pero la imagen que tendrán de él los que comparten trabajo y vida no será envidiable. Este tipo de liderazgo es el más común. El otro es el que yo denominaría líder persuasivo. Normalmente no está ligado directamente a cargos nominales, aunque puede darse el caso, y es aquel que logra convencer a los demás que lo mejor que pueden hacer es, precisamente, lo que él desea que suceda. Este es el liderazgo en el sentido puro, genuino, porque los demás ven en esa persona alguien en quien fiarse y observan como en su desempeño se da un grado de coherencia entre aspiraciones y sacrificios personales. El líder también se entrega. Sí, manda y coordina, pero trabaja como los demás, y uno se cree lo que hace bajo su dirección porque le ve igualmente implicado. Este tipo de liderazgo es mucho más instintivo, se puede tener o no, pero es difícil de adquirir. Se da en entornos variados, tanto profesionales como alejados del trabajo o de las esferas del poder. Es relativamente fácil de detectar, y muy difícil de imitar. En la práctica el liderazgo acaba teniendo un poco de todo, pero a mi entender la mejor combinación es la que tenga una escasa presencia del peso autoritario, que siempre debe darse en toda organización, y una elevada del componente persuasivo, que sea el ejemplo el que muestre el camino y mando. Abundan mucho más los liderazgos impositivos, porque son más fáciles, pero conseguir esa “autoritas” que sirva de guía es lo más difícil. En el caso del Papa, el actual titular del cargo, Prevost, parece un hombre sereno, poco dado a la efusión, tranquilo, con don de gentes pero lejos de la capacidad magnética de alguno de sus predecesores, como por ejemplo Juan Pablo II, líder carismático en estado puro. Ocupa un cargo de Rey absoluto en una jerarquía extendida por todo el orbe, y por tanto parte con ventaja de cara a ejercer su misión. Posee la “potestas” desde que fue elegido en el cónclave.

En esta visita ha empezado a construir su “autoritas”. Su estrategia parece sencilla, y es la de huir del dogmatismo de la tradición católica y, frente a unos liderazgos políticos globales basado en el grito, el insulto y las malas formas, con Trump como ejemplo perfecto de todo eso, lanzar un mensaje suave, conciliador, respetuoso con la tradición católica, pero sin estridencias. No abroncar, sino acompañar. Por lo visto estos días, y más allá de que existe un componente de “papilotría” en numerosos estratos de la sociedad, ha logrado posicionar su imagen global, ha empezado a construir su liderazgo. El cómo lo ejerza en el día a día y cómo afronte asuntos peliagudos (el tema de los abusos, las finanzas vaticanas, el choque con los gobiernos populistas) determinará su futuro, pero de momento ha acumulado un muy notable capital.

lunes, junio 08, 2026

León XIV triunfa en Madrid

Robert Prevost lleva poco más de un año de pontificado, tras su elección en el cónclave de 2025, después de la muerte del Papa Francisco nada más terminar la semana santa de ese año. Norteamericano, con aspecto de tímido, sus primeros meses de mandato fueron grises, poco dado a crear titulares. Tras la verborrea excesiva de su predecesor, Prevost decidió aplicar un criterio de reserva y no meterse en charcos, defendiendo el legado de Francisco, pero también el de sus predecesores, en lo que se consideraba un papado de compromiso. Pero claro, llegó Trump, y ante el huracán naranja es imposible no posicionarse, y el Papa lo ha hecho, y eso ha elevado notablemente su figura mediática, quizás por encima de lo que desea.

En el viaje a España que está realizando Prevost es defendido por todos, que toman parte de su discurso para apropiarse de él y adaptarlo a sus necesidades, obviando otros aspectos, y haciendo así del papado una carta que pueda servir a los intereses de parte. Y ese comportamiento es comprensible, dada la capacidad de movilización del pontífice, que arrasa como nadie. ¿Qué líder es capaz de llenar el centro de una ciudad como Madrid con más de un millón de personas en un encuentro como el de ayer? Sin incidentes, sin destrozos, sin violencia alguna, en plena serenidad, el movimiento de masas que ha logrado León XIV es llamativo y muestra una sensibilidad religiosa en la sociedad que permanece frente a todo. También, por qué no negarlo, una papolatría, una adoración al famoso y una búsqueda de recuerdo, imagen o presencia de alguien importante, cosa que es típica en el comportamiento social. En todo caso, la misa celebrada ayer en el centro de la ciudad fue un éxito desde todos los puntos de vista, tanto organizativo como en la imagen de congregación que se produjo. León XVI está de moda, como parece estarlo parte del imaginario católico, y eso arrastra masas. Ejerce un liderazgo espiritual blando, que pide y exige, pero con formas cuidadas, alejadas del insulto y la demagogia, y sólo por eso ya merece la pena escuchar su discurso. Frente al líder polarizante que caracteriza a la política de nuestro tiempo, simplista y dedicado a segmentarlo todo en un claro sí a él y no a todo lo demás, Prevost presenta un discurso en el que la fe se erige como pilar de todo, como respuesta a los dilemas de la persona, pero que no se impone, ni se exige ni se dicta. Se ofrece. Sus alocuciones son amables, buscan el entendimiento y se ofrecen a la sociedad como una alternativa en tiempos de pérdida, de confusión. Se proclama su mensaje, no se grita. El liderazgo del Papa no se produce por exclusión, porque le escucho a él frente a otros, sino por añadidura, lo escucho a él junto a otros, de ahí que cada uno escoja de su discurso lo que mejor le plazca y agrade a los oídos. Al Papa no le gusta eso, sabe que los políticos manipulan sus palabras para ser cada uno de ellos los beneficiarios de las mismas, conoce hasta qué punto un acto como el de ayer genera una inmensa envidia en los corazones de los “líderes” que tenemos, incapaces de salir a la calle sin ser abucheados, que reúnen cifras ínfimas de personas en sus encuentros y que todas ellas son coincidentes en plenitud con el discurso al que van a asistir. Frente a esa selección social medida, controlada, cercada, el Papa ofrece un encuentro abierto en el que el evangelio, algo conocido por todos, es la base, guía y referencia absoluta. Realmente no hay muchas novedades en los mensajes papales de los últimos siglos, ya que, por definición, su obra es la de mantener el legado de Jesucristo, pero los matices sobre cómo se hace esa labor son importantes. León XVI aún no ha asentado su pontificado, tiene que darle un toque personal que, por lo poco que lleva en el cargo, aún no ha sido capaz, pero en este viaje, en su primera experiencia ante las masas, está aprendiendo poco a poco a lanzar los mensajes que quiere y en el tono adecuado. Aún no es un líder global, pero puede llegar a serlo.

En lo que lleva de visita todo a transcurrido como estaba previsto, sin incidente alguno y con asistencia masiva a los actos, tan masiva como se esperaba por parte de la organización, que está funcionando de manera adecuada, ante los enormes retos que supone unas concentraciones como las de este fin de semana. Para los católicos la visita de León XVI es un chute de autoestima y un impulso necesario para mantener su fe y llevara a la práctica en el día a día. Para el conjunto de la sociedad, esta visita es una llamada de atención sobre cómo vivir en los tiempos que nos tocan, y cómo hacerlo de la manera más humana posible. Ya sólo por eso su presencia tiene una importancia imposible de eludir.

martes, mayo 20, 2025

Comuniones

Este domingo tuvieron lugar las comuniones en Elorrio, en una única ceremonia en la que todos los niños y niñas fueron agrupados. Esta vez han sido doce los participantes en el sacramento, lo que dadas las dimensiones del pueblo y los tiempos que corren no me parece un mal número. Salió un día radiante, de auténtico verano, el primero del año en el que se alcanzaron los treinta grados y que, pese a las previsiones, no tuvo un reverso tormentoso por la tarde. No, el buen tiempo aguantó toda la jornada, lo que supuso una alegría añadida a críos y familias, que pudieron festejar de manera completa la jornada sin preocuparse por lo que pudiera caer del cielo. Ya llovió ayer, pero no el domingo.

A la vez que se celebraba la ceremonia en Elorrio, en el Vaticano tenía lugar la llamada misa de entronización de León XIV, y es que un Papa es un rey absoluto en el Vaticano como estado y en la iglesia como institución, y era ese día en el que tenía lugar algo parecido a una coronación, con todas las distancias que ustedes quieran tener, pero con el mismo significado. El Papa es la cúspide de la iglesia y esos críos de Elorrio su base, y entre medias, todo un mundo sometido a una crisis profunda. Mientras asistía a la misa en Elorrio, con una audiencia mucho mayor de la habitual, fruto de las familias y allegados que se habían reunido para la celebración, no dejaba de pensar en si lo que estaba presenciando tenía futuro o no. Esos críos han visto, por ahora, una cara de la iglesia asociada a lo festivo, a lo celebrante, no mucho al trabajo y sacrificio, y menos a la hipocresía, que es lo que los adultos descubrimos con el tiempo en casi todas partes, no sólo en los templos. ¿Cuántos de esos críos mantendrán una cierta vinculación con el mundo de la fe en el futuro? Ya en la ceremonia se comentó que el acto que se celebraba no era el final de la carrera de la fe, sino una etapa que debía ser sucedida por otras ¿Se apuntarán muchos a confirmación? ¿Alguno la hará? Dentro de, pongamos, dos décadas, ¿cuántos de ellos pisarán la iglesia más allá de algunos actos formales, como bodas o funerales? La pompa del Vaticano contrastaba notablemente con el fondo de una creencia que se ha debilitado notablemente en la sociedad. Sí, sigue habiendo creyentes, y algunos muy convencidos, pero el catolicismo está en retroceso en nuestra sociedad. Nadie lo diría viendo las masas que se han congregado recientemente en la Semana Santa, tanto en lo que hace a cofrades como a espectadores, pero eso lo asocio más a costumbres locales y a un cierto componente de folclore que a religión entendida como tal, como fe en la trascendencia. El número de sacramentos impartidos se ha derrumbado, los bautizos, comuniones, confirmaciones y bodas sean cada vez más escasos, y ahí se ha juntado tanto el proceso de descreencia como el del derrumbe de la natalidad. La inmigración creciente, en toda Europa, no tiene un anclaje religioso equivalente al del territorio que le acoge. Si em apuran, en España, somos la excepción dada la prevalencia católica de muchos de los latinoamericanos que llegan a nuestro país, pero entre ellos también han crecido con fuerza los componentes evangélicos, y el proceso de secularización a medida que sus vidas prosperan en lo material. ¿Es la religión algo del pasado? No, no lo es, porque el sentido de la trascendencia que les comentaba sigue anidando en el interior de cada uno de nosotros, y periódicamente reclama respuestas que no somos capaces de darle. La vida moderna, cada vez más ocupada y compleja, con absurdos crecientes, ha quitado mucho del espacio que antes era ocupado por el rito religioso, tanto en los horarios como en la mente. Y es evidente que la religión, tal y como era entendida en el pasado, no es capaz de dar las respuestas necesarias a gran parte de la población que, en el ocio y el disfrute, ha encontrado una manera de acallar sus miedos interiores. Para muchos es efectiva, no para todos. ¿Es ese, el disfrute hedonista, el pensamiento religioso de nuestro tiempo? Un observador ajeno seguramente concluiría que sí, dado el peso que le otorgamos en nuestro día a día y en la planificación futura de todos nuestros actos.

El nuevo Papa, como cabeza de la iglesia, tiene muchos retos, algunos mundanos, pero todos ellos importantes. El que más, creo, es lograr que la institución que preside sobreviva a la modernidad, y no se si se conoce la receta para ello. En Europa, al menos, el sentimiento religioso católico practicante puede ser superado en breve por el del rito musulmán, que crece con fuerza. El riesgo de que las iglesias y templos acaben siendo lugares de museo, en el mejor de los casos, cuando no espacios olvidados y sometidos a la decadencia, es real, y la iglesia debe plantearse qué debe hacer para reconectar con una sociedad que no la ve como uno de sus pilares. ¿Cuántos niños harán la primera comunión en unos años?

viernes, mayo 09, 2025

Robert Prevost, Papa León XIV

Es un chiste fácil decir que el Prevost estaba destinado a ser un preboste, y finalmente así ha sido, al ser elegido Papa en el cónclave tras la que, se supone, ha sido la cuarta votación (como mucho la quinta). Los quinielistas y demás expertos daban por casi segura la victoria del secretario de estado Parolin en el caso de un cónclave rápido, y el resultado final ha dejado a todos bastante sorprendidos, porque Prevost no era un desconocido, pero no figuraba como papable en casi ninguna apuesta. En general hubo sorpresa ayer al conocerse la persona señalada para regir la iglesia a partir de ahora. Su candidatura se pagaría muy bien en las casas de apuestas.

Se ha destacado mucho de él que es norteamericano, lo que le convierte en el segundo Papa del continente americano, tras Bergoglio, y que tiene un perfil misionero y similar en bastantes aspectos al de su antecesor. Se ha resaltado también su pertenencia a una congregación, la de los agustinos, su perfil técnico, al poseer un título en matemáticas, algo no muy habitual entre los pertenecientes a la jerarquía católica, y que es un nacido en Chicago de padre francés y madre española, poseyendo también la nacionalidad peruana, donde ha ejercido un montón de años como misionero. Todos los medios recalcan los retos a los que debe hacer frente, con las finanzas vaticanas, la gestión de los abusos y la división eclesial como grandes asuntos, pero creo que Prevost, como sus antecesores, tiene un reto mucho mayo por delante que, en el fondo, es el causante de muchos de los problemas que aquejan a la iglesia, que es el de la pérdida de la fe en la religión. En occidente, con la siempre mencionada excepción de EEUU, aunque también allí a la baja, el proceso de descreimiento de la población es acelerado y, en algunos casos, total. Para varias naciones la fe es algo secundario, que ha quedado relegado a tradiciones folclóricas como es el caso de las procesiones de Semana Santa en España, pero que no representa un pilar en el comportamiento de los individuos que conforman la nación. La creencia en Dios, y el sometimiento a religiones estructuradas como el catolicismo hace aguas en toda Europa y parte del mundo, siendo esa fe sustituida, en muchos casos, por disfrute hedonista de corto plazo y poco más. No se si esto es bueno o malo, pero sí que lo es, que existe, y que la iglesia y sus estructuras son cosas que, en muchos lugares, ofrecen una imagen de decadencia casi imparable. La falta de vocaciones agudiza una crisis enorme a la hora de relevar cargos, ministerios sacerdotales o, no digamos, congregaciones monásticas. Es en Latinoamérica y Asia donde la religión católica aún encuentra un mercado floreciente, pero con la constante presión de los evangélicos, que ofrecen un mensaje de mayor volumen y, parece, atractivo en algunos casos. La disputa por las creencias en esas zonas es grande, y la iglesia de Roma hace tiempo que sabe que su futuro vendrá de lo que se pueda decidir en esas regiones, no de una Europa decrépita en la que pierde fieles, donativos, presencia y poder, esto último de manera mucho más acelerada. Los escándalos vinculados a la organización eclesial, tanto los sexuales como los económicos, le han hecho un daño enorme, y pese a que son desgracias que se dan en cualquier otro ámbito de la sociedad, es obvio que una institución que pregona el amor y la fe en un Jesus evangélico sea doblemente castigada por el hecho de cometer semejantes delitos y pecados. La sensación de impunidad de algunos jerarcas, su vivencia fuera de la realidad, el creer que la sociedad no se ha transformado, ha hecho que muchos de estos graves errores no sean atajados como es debido, y han acelerado aún más el proceso de descreencia que antes señalaba.

Prevost, como León XIV, tiene un enorme reto por delante, y es muy probable que no sea capaz de hacerle frente por completo. La verdad es que no se muy bien cómo se puede lograr semejante objetivo. Acudiendo a la teoría de Javier Gomá, el ejemplo funciona, y el Papa, y la iglesia, sólo podrán convencer a la sociedad de que crean en ellos si muestran actitudes evangélicas. Actitudes de bondad, de piedad, de entrega y compromiso. Aunque pueda ser similar a Francisco en su discurso, León XIV es bastante más reservado en las formas y parece mucho más tímido, discreto. No es argentino. Va a necesitar suerte y mucho apoyo.

miércoles, abril 23, 2025

Francisco, político

Argentino en fondo y forma, Francisco no ha sido un marxista, como muchos le han acusado durante estos años, sino un peronista, una de esas cosas que son difíciles de definir, pero que arraigó en Argentina y se encarnó en la figura de Juan Domingo Perón, dirigente autoritario que mezclaba tanto una doctrina social paternalista con toques socialistas como un populismo desatado y, desde luego, una concepción del poder total en manos de una persona que dicta sin consultar a nadie. Una figura más cercana al Mussolini italiano que a otro tipo de dictadura, aunque es muy conocido lo bien que Franco y Perón se llevaban. Les unía algo muy profundo.

Francisco no se ha cortado mucho a la hora de opinar de los asuntos terrenales, dejando orillados temas de doctrina y espiritualidad, en los que no se sentía cómodo. Sabía que le iba a dar más relevancia una opinión sobre, pongamos, los inmigrantes, cuando jugaba con la ventaja de poder expresarse sin tener que tomar medidas al respecto. Que yo sepa, el Vaticano no acoge ni a refugiados ni a inmigrantes que han sido rescatados de sus embarcaciones ni nada. Tampoco el Papa se somete a un escrutinio electoral, y su puesto depende de los votos que saque. Es un rey absoluto que opina sin tener que sufrir el riesgo de perder su puesto de poder. Ello facilita que actúe como conciencia moral del resto, cosa que se agradece, pero que pueda caer en excesos populistas, que ha sido el caso de Francisco en muchas ocasiones. Es fácil atacar políticas y gobiernos que son vistos como hostiles por la opinión pública en ciertos aspectos, aspectos donde la hipocresía de esa opinión pública es manifiesta, y la inmigración vuelve a ser un ejemplo perfecto. Sin embargo, no ha sido un Papa nada locuaz en otras ocasiones donde su voz hubiera sido necesaria, no para alterar el curso de los acontecimientos, pero sí para ofrecer consuelo. La guerra de Ucrania me ha parecido el mayor de los fallos de este pontificado, sobre todo su actitud equidistante. No debiera sentirme extrañado, la iglesia católica, especialmente su jerarquía, no ha perdido la oportunidad de abandonar a las víctimas y comprender a los asesinos en cuanto ha visto que tenía el riesgo de convertirse en parte del primero de los grupos. La indiferencia, hasta complicidad, que demostró en el caso del terrorismo etarra en nuestro país es un caso clamoroso de traición de los purpurados y demás ordenados a sus votos, abandonando a las víctimas de la violencia etarra a su suerte, cuando no culpabilizándolas. Ni la iglesia española ni el Vaticano han pedido nunca perdón por lo que hicieron y dejaron de hacer en esos años, y no creo que lo hagan nunca. En la guerra de Ucrania Francisco se refería habitualmente al país invadido como “martirizado”, correcto, pero en cada una de sus declaraciones trataba de ponerse en el medio de una supuesta balanza que no lo es tal, ante un evidente caso de agresión matonista por parte de Putin. Es cierto que el Vaticano ha congelado sus relaciones con el patriarcado ortodoxo de Moscú, pero no le quedaba otra alternativa una vez que los popes moscovitas se han convertido en fervorosos seguidores de las matanzas que ejecuta el presidente ruso. Desde que se produce el inicio de la invasión, en febrero de 2022, Francisco no dejó de perder oportunidades de visitar Kiev, cosa que ha hecho cualquier dirigente con un mínimo de sentido de humanidad. Ni se previó nunca esa visita ni se escuchó opinión alguna en la Santa Sede sobre la necesidad de un viaje no hecho que empezaba a ser todo un agujero en la agenda papal. Excusas variadas que sirvieron para pasar el tiempo y que empezaron a ser menos necesarias cuando la salud del pontífice empezó a mostrar debilidades manifiestas. A mi entender, esa no visita es un enorme baldón en su trayectoria, y ejemplifica lo peor del pensamiento político de la persona que ocupaba el papado. Es fácil hacer gestos que son bien recibidos, es arriesgado ejecutarlos cuando suponen un peligro personal y te pueden llevar a críticas profundas por parte de poderosos, de esos que sí que te pueden meter en problemas.

Las intervenciones políticas de Francisco han sido alabadas en exceso por algunos, que lo veían como un Papa próximo, y criticadas con saña desde el otro extremo político, donde se le veía como un traidor. No era ni una cosa ni otra. Mucho más rígido en la doctrina de lo que aparentaba, Francisco ha sido un personaje mediático al que le gustaban las cámaras y sabía sacarles partido, y ha sido manipulado por propios y ajenos, a buen seguro con su beneplácito, a sabiendas del dicho que dice que lo mejor es que hablen de uno, aunque sea mal. Pisó varios charcos y disfrutó del revuelo que organizaba al chapotear en ellos. Era todo un personaje.

martes, abril 22, 2025

Francisco, Papa

Bergoglio llegó a Papa tras un momento rupturista de la iglesia, realmente revolucionario, mucho más acorde a ese término de lo que se está diciendo desde ayer para calificar su papado. Mer refiero a la renuncia de Ratzinger, de Benedicto XVI, que no pudo seguir adelante con su labor, pese a que aún le quedaba vida por delante. Sobrepasado por el deber y, muy probablemente, incapaz de doblegar las voluntades vaticanas que seguían viviendo ajenas a la iglesia, Ratzinger dimitió y provocó la convocatoria de un cónclave del que salió el primer Papa latinoamericano de la historia, el primero jesuita y el que adoptó el nombre de Francisco por vez primera.

Creo que se pueden distinguir dos papas Francisco, el religioso y el político. En el primer plano, el fundamental para los católicos, no ha sido un pontífice de doctrina, ni de estudio teológico, sino de gestos y mensajes. Ante el auge imparable de los evangélicos, y la ola de descreimiento global que afecta a la mayor parte de las religiones, el Vaticano optó por un Papa que volviera a las esencias del evangelio, a su mensaje más puro, queriendo ejemplificar la entrega y sumisión a Jesús, y sus enseñanzas referidas a los pobres y marginados. Muchos han sido los signos externos con los que Francisco ha querido quitar pompa al cargo de Papa, rebajando de paso el aura de los cardenales, que si están debajo de él no pueden comportarse como príncipes orgullosos con un Rey modesto. El Papa, no lo olvidemos, es un Rey absoluto en la iglesia, es un monarca elegido al que todo el mundo se presta a obedecer una vez proclamado, por lo que su estilo y guías de actuación resultan determinantes. La imagen de la iglesia como institución ha mejorado en lo social durante el reinado de Francisco, aunque no haya habido sustanciales cambios en lo profundo. El papel de la mujer y la presencia de los laicos sigue siendo menor, y no se ha producido un arrepentimiento colectivo de la institución eclesial en los casos de abusos de menores, de abusos de poder, que han aflorado por mucha diócesis a lo largo de los años. Francisco empezó con mucha fuerza en la imaginería popular pero, sea por la edad o por la imposibilidad de hacer lo que quería, ha ido perdiendo fuelle y ha acabado siendo una imagen algo aislada en el entorno de un Vaticano lleno de intrigas. Para las parroquias de base ha sido un revulsivo, porque los curas y demás podían enseñar a su jefe, él, como un ejemplo de entrega y servicio, pero eso no ha frenado la pérdida de vocaciones ni la de asistencia a los ritos, con una sociedad cada vez más desacralizada en lo que hace a las religiones oficiales. No carente de sentido de la trascendencia, pero incapaz de encontrarlo ya en el mensaje católico tradicional y en las estructuras organizadas en su entorno. Probablemente la actitud de Francisco haya contribuido a frenar algo el despoblamiento, pero no a revertirlo, y la demografía de las congregaciones, especialmente en occidente, sigue mostrando un envejecimiento acelerado. En muchas naciones el número de fieles de la iglesia cae sin cesar desde hace décadas, las nuevas generaciones no se ven seducidas por su mensaje y, pese a los intentos vaticanos, el papel del catolicismo en la vida diaria de las naciones es menguante. El hedonismo ha cubierto gran parte de las necesidades diarias de la población, y la iglesia sigue sumida en una crisis camino de ser existencial. La modernización de sus estructuras, que empieza a ser una necesidad acuciante, no ha podido ser llevada a cabo por Francisco, lo haya querido hacer o no.

En sus viajes apostólicos este Papa ha mostrado su preferencia por el mundo no occidental, lo que es bastante lógico, dado que es en esa parte del globo donde el número de fieles crece, y eso se ha reflejado también en el colegio cardenalicio, con presencia de una gran cantidad de miembros de naciones que muchos no serían capaces de encontrar en el mapa hace unas décadas. Su idea de viaje ha sido, también, la de testimonio de entrega a los pobres y desfavorecidos, algunas veces con mensajes muy críticos ante los gobiernos del mundo en cuestiones como la inmigración u otras, donde ha sembrado polémicas de todo tipo. Su papado no ha dejado indiferente a nadie.

martes, febrero 25, 2025

El Papa, hospitalizado

88 es una edad lo suficientemente alta como para que cualquier incidencia de salud se pueda convertir en algo decisivo. La vida es una carrera contra el tiempo y cada vez corremos menos, y él nos atrapa. No hace falta ser un lince para suponer que la salud del Papa Francisco no va a mejorar con el tiempo y que los numerosos achaques que mostraba en el día a día, tanto de movilidad como de otros aspectos, eran preludio de un deterioro progresivo. Su internamiento hospitalario desde hace más de una semana, y el agravamiento experimentado este fin de semana han hecho prever un escenario de sede vacante a corto plazo. Ya se verá si es así o no.

El cuadro médico es complicado, con neumonía bilateral y afecciones varias, suministro de oxígeno y ausencia de respiración mecánica. En comparación a situaciones de salud del pasado, es de agradecer que el Vaticano está tratando este asunto con una transparencia encomiable, forzado también por la actitud del propio Papa, que cuando hace unas semanas renunció a leer el discurso, dejando claro que le costaba respirar, decía en público que su salud se estaba hundiendo. La gestión de la salud de los mandatarios se ha llevado muchas veces en secreto y eso ha alentado rumores de todo tipo, y el Vaticano es, en sí mismo, una fábrica constante de dichos y susurros sobre cualquier aspecto, no es necesario una conspiración para que se hable de ella. Exponer a las claras la situación en la que se encuentra el enfermo, los tratamientos suministrados y la evolución de los mismos es la mejor de las medicinas posibles para curar la desinformación y los bulos, que corren casi solos. Como antes les comentaba, está por ver si Francisco sale de esta crisis o no, pero en todo caso estamos ante una situación grave, y es probable que, de recuperarse, quede aún más debilitado de lo que estaba, por lo que estaríamos ante la fase final de su pontificado, y eso él lo sabe. Tras la insólita renuncia de Benedicto XVI Francisco dejó claro que no tenía intención de seguir ese camino salvo que las fuerzas le fallasen y la salud le impidiera realizar su labor, momento en el que sí podría optar a una renuncia. La idea de permanecer en el cargo hasta la muerte en un estado agónico o claramente incapacitante no pasa por su cabeza, no quiere ser Juan Pablo II. Considera que ese mensaje de martirologio no sirve para nada, y cree que lo más útil es que haya un dirección clara de la institución sin una sede vacante semi virtual, con un pontífice agostado y que sigue vivo pero que sólo ocupa una silla. ¿Optará Francisco por esa renuncia a corto plazo? Mucho va a depender del estado en el que salga de esta situación, y eso es desconocido para todos. De la experiencia del Covid aprendimos que las neumonías de este tipo son duras para el paciente, y que dejan restos de debilidad en el cuerpo durante bastante tiempo. A esos 88 años que comentaba Francisco no está para muchos trotes, y su agenda va a tener que ser recortada sí o sí si se produce la recuperación. Puede mantener el control del Vaticano pero es muy probable que los viajes internacionales y otro tipo de citas similares tengan que ser recuerdos del pasado. ¿Hasta dónde está dispuesto a renunciar para considerarse un Papa en efectivo? Un funcionario en su despacho, ¿es un Papa? Recordemos que, aunque tarde este año, la Semana Santa se acerca y es el momento de las celebraciones más importantes para el mundo católico, y el Vaticano y Roma son el centro de varias de ellas. Normalmente suponen un sacrificio físico intenso para el obispo de la ciudad, que es el Papa, y hoy en día es evidente que Francisco no estaría en condiciones de celebrarlas, veremos si asistir a ellas. Es casi seguro que en la intendencia de la Santa Sede ya tienen previsto quiénes y cómo se supliría la figura del Pontífice en todo lo que tiene que ver con el ceremonial y actos asociados, pero una Semana Santa sin Papa será deslucida para los muy cafeteros de la cuestión religiosa.

En estos años pasados Francisco ha ido renovando el consejo cardenalicio, que es el que escoge al Pontífice, de tal manera que, si se produce su fallecimiento o renuncia, el futuro cónclave que se reúna tenga poco que ver con lo que han sido encuentros pasados, existiendo, probablemente. la mayor diversidad territorial en este grupo de electores desde que existe como tal. Supongo que por Roma empiezan a circular apuestas sobre quién sería el sucesor de un Papa que ha sido famoso en el mundo entero, al que critico habitualmente por asuntos muy serios, y que rige una iglesia que está en retroceso global. Geopolítica de sotanas en estado puro.

jueves, diciembre 05, 2024

Reabre Notre Dame

El colapso del gobierno francés, del que hablábamos ayer, finalmente tuvo lugar, y ahora mismo el país vecino atraviesa una situación inédita desde hace bastantes décadas, sumido en la inestabilidad política. Los malditos populismos siguen cobrándose naciones. Allí donde se instalan las convierten en ingobernables. Esta tarde Macron se dirige a la nación, puede que para presentar a su próximo candidato a inmolablle primer ministro. Lo hará sabiendo la gravedad del momento y en capilla de uno de los acontecimientos más esperados para todos los franceses de los últimos años. Y también deseado por medio mundo, entre los que me incluyo

Sí, este fin de semana se reabre la catedral gótica de Notre Dame, el monumento más relevante de un París repleto de ellos, el símbolo de la ciudad, en torno a la que se fue construyendo lo que ahora es una de las capitales más llamativas y famosas del mundo. En primavera de 2019, dirían algunos que como preludio siniestro de lo que vendría meses después, un incendió causado por una chispa en las obras de restauración que se estaban realizando en las cubiertas degeneró en un incendio total que arrasó la techumbre, parte de las bóvedas y a punto estuvo de generar el derrumbe del templo. Las escenas de la cubierta de Notre Dame ardiendo y de la aguja neogótica que se instaló en el siglo XIX desplomándose sobre la estructura herida de la iglesia conmocionaron a los parisinos y a todos aquellos que lo contemplábamos por televisión. Las catedrales góticas son edificios majestuosos, de apariencia poderosa e inmutable, pero como toda construcción, sujetos a esfuerzos y tensiones que, si se desequilibran, pueden provocar la caída de parte o de toda la construcción. Los bomberos consiguieron extinguir las llamas ya muy de noche, pero se tardaron varios días en apagar todos los rescoldos y comprobar hasta dónde llegaban los daños, que eran muy considerables. Toda la cubierta de la nave destrozada, bóvedas caídas, desequilibrios varios, vidrieras dañadas, contaminación tóxica en todas las paredes interiores, daños variados en la decoración y pinturas, el órgano gravemente afectado… el balance daba la imagen de ser la de un accidentado con un pronóstico grave. Las torres aguantaron indemnes, aunque parece ser que por poco, y era evidente que se debía afrontar no ya un proceso de restauración, que también, sino directamente de reconstrucción. Macron, en su primer mandato, tenía ante sí el reto de devolver a la capital de su nación el lustre al monumento más valioso, y se marcó un objetivo ambicioso, el de que Notre Dame volviera a la vida en un plazo de cinco años. Calificada por muchos como irrealizable, esa ambición ha guiado los pasos de vientos y cientos de expertos, profesionales y colaboradores de todo tipo, desde aquellos habituados al uso de las tecnologías más innovadoras hasta los que han sido sacados de talleres en los que se mantienen conocimientos medievales para reconstruir elementos que se han rehecho mantenido la absoluta fidelidad a lo que fueron antes del incendio. Más allá de alguna vidriera que se ha reelaborado con motivos modernos, en la reconstrucción ha dominado la fidelidad absoluta a lo que fue destruido, lo que también ha suscitado polémicas, por el hecho de que se puede caer en una falsificación, al ver algo que antoja ser antiguo cuando no lo es. Las imágenes que han trascendido del interior del edificio también han provocado broncas entre los expertos, porque ofrece una imagen de limpieza chocante, una claridad como de recién hecho, sin la pátina del pasado que otorga abolengo a estas construcciones, o al menos se lo da según nos hemos acostumbrado a verlas con el tiempo. La reinauguración servirá para comprobar realmente cuál es el resultado de la obra, qué es lo que se ha hecho y cómo ha quedado, y ofrecerá a técnicos y especialistas sensaciones certeras de cómo se ha resuelto el gran problema de la reconstrucción, más allá de unas fotos aisladas que pueden estar influenciadas por el momento de la toma. Como vivimos en tiempos de discusión permanente, es difícil que haya acuerdo, pero lo único seguro, e importante, es que el edificio y el templo están vivos, a salvo, y vuelven a realizar su función social, cultural y religiosa.

Este domingo, cuando comiencen nuevamente las celebraciones en su interior, se celebra la advocación de la Inmaculada Concepción de María, bajo la que también se encuentra la basílica de Elorrio. No es casualidad, ni mucho menos, que Macron fijase ese día en cinco años como punto de reapertura, siendo Notre Dame una iglesia de advocación mariana. La vuelta de la catedral desde las sombras de su medio ruina es una excelente noticia, una pequeña gota de esperanza en medio de tanta sombra y estupidez. Mandatarios de todo el mundo, Trump incluido, acudirán a París a un evento que tendrá mucho de exhibición de poder, por lo que el sábado serán las ceremonias políticas y el domingo las celebraciones en su interior. Notre Dame vuelve a reinar en su isla, sobre el Sena.

viernes, mayo 17, 2024

Guerra de clarisas

Con la creación de la figura literaria del esperpento, Valle Inclán daba forma de relato a acontecimientos que se escapaban de lo normal, empezando por su propia vida y actos, llenos de sorpresa, irracionalidad y, también, carcajada. Lo esperpéntico se ha convertido en una denominación de origen, y la actualidad española siempre ha estado bastante dispuesta a ofrecer historias con las que llenar ese tipo de crónicas. Si no fuera por su importancia y gravedad, casi todo lo que pasa en nuestra política entra de lleno en esa categoría, donde el ridículo que provocan los personajes y las tramas que crean sólo inducen a pensar en un teatro irracional.

Lo de las clarisas de Belorado, Burgos, entra de lleno en la definición, y hasta el mismo Valle Inclán hubiera disfrutado de lo lindo con el tema. Unas monjas de clausura que, en un momento dado, se dicen poseídas por la verdad religiosa y abjuran del catolicismo del último medio siglo, o un poco más, en busca de pureza espiritual que no encuentran. Un convento en la localidad vizcaína de Derio, que las clarisas burgalesas pretenden vender para, con ese dinero, hacerse con otra propiedad monástica en Orduña, Vizacaya, en el linde con Burgos, y formar allí su comunidad de religión verdadera. Una operación inmobiliaria de compra venta en la que hay bastante dinero en juego, al que se suma el que las monjas obtienen por los dulces que fabrican, que les ha llevado a ser famosas en medio mundo y a aparecer en congresos tipo Madrid Fusión junto a restauradores de varias estrellas Michelín. Una madre superiora que actúa como tal, gestionando las redes sociales del convento (lo de clausura con Instagram debe ser como una de esas recetas modernas con maridaje de los cocineros estrellados) y se erige en portavoz de todas ellas. Y, desde luego, la presencia de un personaje estrafalario, un sujeto que se hace pasar por Obispo, un tal Pablo de Rojas, alguien que ni es cura ni obispo ni nada, que reside en un pisazo de la Gran Vía de Bilbao decorado con el mal gusto típico de Donald Trump, que se dice preconciliar, admirador de Franco, encarnado de las virtudes teologales y mundanas, con un señor adjunto que actúa de portavoz que va de serio pero no puede ser más ridículo, y que se convierte en el faro de pureza teológica al que las clarisas, que reniegan del pecado en el que han vivido tantos años, se ofrecen como servidoras. El Pablo ese las acoge en su seno, a ellas y a todas las propiedades materiales e inmobiliarias de las que sean titulares, y les ofrece crear una iglesia cierta, donde refulja la luz de Cristo y el pecado de los impíos se consuma en zarzas siempre ardientes, siempre bajo la protección del invicto caudillo. Uno junta todos estos elementos, sin copas de alcohol de por medio, y obtiene una ensalada mental de alta graduación capaz de volver lisérgico a cualquiera. Los medios de comunicación, en este caso tan asombrados como el resto del mundo por una historia sin pies ni cabeza, han intentado hablar con las monjas, con el renacido Papa bilbaíno y con las autoridades de la iglesia católica, que por ahora no salen tampoco de su asombro y ven como su institución es objeto de cierta mofa ante el desarrollo de un guion más loco que cualquier comedia imaginada. Las similitudes de lo que se puede estar cociendo aquí son altas con la historia del Palmar de Troya, de aquella secta que organizó el autodenominado Papa Clemente en las marismas de Doñana, y que era una de las historias más cachondas que se podían leer en sus tiempos, con toda la parafernalia del mundo al servicio de una estafa organizada, que lograba generar ingresos más que sustanciales para mantener una basílica, empleados y demás. En sus tiempos hubo bastante turisteo por los alrededores de aquel tinglado, hoy casi olvidado.

¿Es esto un cisma? Más bien me parece una mezcla de chaladura y estafa a partes iguales. Creo que el Pablo ese ha visto que las clarisas tienen bastante más dinero que él y ha decidido hacerles una OPA de absorción, sin descartar que haya convencido por su parte a la madre superiora de una u otra manera. Los familiares de las monjas de clausura están preocupados por las decisiones que se puedan tomar por parte de esta banda sobre sus allegadas, pero lo cierto es que, por ahora, domina el cachondeo absoluto en un serial del que aún quedan por escribir varios capítulos, sin guion alguno. ¿Cuánto tardará alguna de esas ávidas plataformas en hacer la serie? El tal Pablo de Rojas da para mucho pero, eso sí, con el compromiso de que los beneficios los done a los pobres y necesitados, sin que un solo euro llegue a sus bolsillos.

jueves, enero 05, 2023

El adiós a Benedicto XVI

Hoy, a las nueve de la mañana, comenzará en Roma la ceremonia funeral por Benedicto XVI, fallecido el último día de 2022. A los que elaboran los resúmenes del año no hay cosa que les pueda fastidiar más que justo en ese postrero día suceda algo importante. Y la muerte de un Papa lo es, y más cuando fallece sin estar al cargo del puesto para el que fue elegido por un cónclave. Por su renuncia, la segunda en la historia papal, la primera en siete siglos, es por lo que pasará a la historia Joseph Ratzinger, por un gesto inusual que, en cierto modo, esconde una derrota del hombre ante su misión, o la asunción de no ser capaz de llevar a cabo lo que deseaba. Hay muchos silencios en esta historia.

Todo el mundo ha destacado, y con razón, la enorme altura intelectual de Ratzinger, que fue en sus escritos teológicos hasta donde muy otros pocos pudieron, pero es precisamente esa brillantez intelectual su tara, su reverso, lo que creo que le hizo fracasar en su desempeño papal. Siempre a la sombra de Juan Pablo II, como prefecto para la congregación de la doctrina de la fe Ratzinger se encargó de sujetar el dogma y actuar como el poli malo de la sociedad papal, frente a un Juan Pablo II dotado del carisma y el carácter necesario para encandilar a las masas. El papa polaco era un excelente actor, disfrutaba en el escenario del mundo. Ratzinger no, vivía recluido en sus lecturas y pensamientos. Mientras Juan Pablo II se elevaba a los altares de la fama global, luego lo haría literalmente en el santoral católico, la gobernanza de la iglesia se desmadró por completo, con escándalos crecientes que empezaban a ser imposibles de ocultar. El llegar a la silla de San Pedro Ratzinger tenía unas finanzas quebradas y corruptas, acusaciones de pederastia creciente en todas las diócesis y prelaturas como la de los Legionarios de Cristo envueltas en rumores de corrupción moral que, con el tiempo, se demostraron mucho más graves de lo que incluso se pensaba. El nuevo Papa tenía que meter en vereda muchos asuntos en casa, en una casa descuidada, y era mayor, y era inteligente, pero no tenía el don de gentes ni la fuerza personal para hacer lo debido. A medida que avanzaba el papado la sensación que me daba Ratzinger era la de un hombre aprisionado en una estructura que le devoraba. Su salud era débil, y sin tener achaques graves, daba una imagen de poca fortaleza. Sus viajes al extranjero trataban de emular el contacto con las masas y la elocuencia de la que hacía gala Wojtyla, pero era evidente que se le veía incómodo representando un papel, el de estrella mediática, que ni entendía ni era capaz de usurpar. Fue el primer Papa que se tomó en serio el tema de los abusos en la iglesia y empezó a imponer medidas disciplinarias, pero, como sucede en esa institución, y en todas aquellas en las que esos repugnantes fenómenos se dan, la protección con la que cuentan los abusadores en el interior por parte de los que los encubren es bastante mayor de lo que pudiera parecer. Trató de reorganizar las finanzas vaticanas, pero no pudo evitar que el caso Vatileaks le estallase en las manos y todos viéramos los dispendios que se daban entre la curia cardenalicia. Apartó de su prelatura a Marcial Maciel, el jefe de los legionarios, y tras ello se vio como el mejicano realmente se había montado un harén tras una fachada de fariseísmo extremo. Eran incontables los problemas que le surgían a un Ratzinger que trataba de arreglar lo que durante décadas se había ido destruyendo, o consolidando en su podredumbre, pero la sensación que daba era de estar sobrepasado, superado. Y en cierto modo aterrado por lo que iba viendo. En cierto modo Ratzinger fue una especie de Gorbachov, un creyente de un sistema que trató de eliminar lo que en él estaba deshecho pero que fue arrasado por las fallas de lo que se había llegado a convertir la idea a la que su vida dedicó. Su renuncia, que a todos sorprendió, fue la admisión de su incapacidad de hacer frente al desastre que tenía ante sí.

Aunque esa sensación de derrota es inevitable, y marca su figura, la renuncia lo eleva. No quiso seguir siendo cómplice de lo que veía y no soportaba, y estando en lo más alto del poder, renunció, lo dejó. El valor que demostró al hacer eso es inmenso, impropio de una figura fría y racional como la suya. Desde que se retiró ha vivido en un monasterio en el Vaticano, encerrado, entre sus paredes y sus pensamientos. Se ha ido apagando sin ejercer tutela ni tratar de influir en el devenir de la iglesia. Ha estado en silencio, preparándose para la llegada de su último día, el último de 2022. Creo que su figura irá ganando muchos enteros con el tiempo, pese a ser una figura difícil de comprender por el gran público. En cierto modo, este tiempo no era el suyo.

martes, marzo 08, 2022

Putin como gran líder cristiano

Una prueba de lo que ayer les comentaba, de cómo ideologías presuntamente opuestas mantienen idénticos discursos respaldando el argumentario del Kremlin son los calcados discursos que este fin de semana han pronunciado tanto la líder de extrema derecha francesa Marine Le Pen como varias ministras de Podemos. Aparentemente distanciadas en extremos ideológicos irreconciliables, comparte una misma idea, nauseabunda, en la que Putin es su referente y guía, aunque ahora no conviene que lo digan, y supongo que siguen tratando de ganarse el sueldo que les giran desde Moscú. Que las ministras de Podemos sigan en el gobierno tras esto es sólo una muestra de su sinvergonzonería y la nulidad de su jefe.

Pero lo del apoyo a Putin va más allá de las ideologías, y no sólo comunistas y la extrema derecha le adoran, no. Hay un curioso movimiento, transversal, que uno podría identificar de primeras con ideas de derecha, pero que es mucho más complejo y abierto, que ha encumbrado durante los últimos años a Putin como gran líder por su defensa de los valores tradicionales y el cristianismo. Sí, sí, como suena, Putin casi como guía espiritual. Opinadores, blogueros, articulistas de todo tipo han ido sumándose al carro de los que elevan a Putin como salvaguardia de las costumbres y morales occidentales cristianas, en un movimiento que causa tanto asombro como vergüenza, pero que tiene su aquel y resulta de lo más interesante. Frente al relativismo de las sociedades occidentales y la presunta caída de sus valores morales, el Kremlin ha construido la imagen de un líder que es la fortaleza de esos principios. Defensor del matrimonio entre un hombre y una mujer, contrario a la ideología de género y a la feminización de la sociedad, defensor de los valores tradicionales de la familia, rechazo profundo, rozando el odio, a todo lo que tenga que ver con el mundo gay, Putin se ha convertido en la salvaguardia del tradicionalismo, y todo ello envuelto en el aura de la defensa de la religión ortodoxa, que durante sus años de mandato ha vivido una resurrección, no en lo religioso, pero sí en lo que hace a poder e influencia. Vladímir, que es maligno pero no está loco ni es tonto, vio en el patriarcado ortodoxo un posible fiel aliado para someter a las masas y ha hecho que los popes de la iglesia se vean encumbrados a una posición de relevancia en el poder ruso como no se daba desde los tiempos zaristas, y no por casualidad. Ha creado una simbiosis entre su figura como regio garante del estado y defensor del patriarcado de Moscú que lo hace aún más intocable, que visto desde fuera es completamente anómalo, pero que a los españoles me da que nos resultará familiar, porque es lo más parecido que conozco a esas imágenes del NO DO en las que Franco desfilaba bajo palio. Sí, Putin ha creado una especie de Nacional Catolicismo versión ortodoxa que es psicodélico pero que le ha funcionado muy bien de cara al interior de Rusia y que, pásmense, le renta en el exterior. No sólo en España, hay movimientos evangélicos en EEUU y Latinoamérica que ven a Putin desde hace tiempo como una figura redentora, como alguien que viene a restaurar los valores atacados por la laxa moral de la decadente sociedad occidental. Frente al hedonismo consumista de occidente, Putin ofrece un refugio, un lugar en el que el valor clásico de la figura paterna fuerte y la moral robusta sobreviven a los ataques de la postmodernidad y el contubernio gay. Todo esto les puede sonar un poco absurdo, y en parte lo es, pero es la mera descripción de una realidad que, como pulida herramienta de propaganda, ha logrado calar en las mentes y corazones de millones de personas, y ha elevado la influencia dogmática de Moscú mucho más allá de lo que uno se pueda imaginar. Como herramienta de marketing es brillante y ha funcionado de una manera tan exitosa que, incluso con cientos de muertos ucranianos al día, algún vocero sigue escribiendo sobre el espíritu cristiano de un Putin que, equivocado, sigue contando con el favor de Cristo.

Putin, como eficiente dictador, sólo tiene una creencia, él mismo, y el poder que pueda amasar. Si para ello le conviene asociarse con la iglesia ortodoxa, pues lo hará, si le viniera bien juntarse con una congregación del hare krishna allí que se iría con bongos e inciensos. Además de un grandísimo hijo de mala madre, es un inmenso pecador frente a todos los preceptos religiosos y morales de la iglesia, sea la ortodoxa o la de cualquier otra confesión, como lo han sido y serán todos los dictadores que en el mundo ha habido y habrá. Putin ha sido más listo que otros al vestir su dictadura con ropajes celestiales para engañar aún más, pero no es sino un asesino que reza para que algunos fieles sigan engañados frente a su figura. Nada nuevo bajo el Sol.

jueves, septiembre 09, 2021

El amor no es algo satánico

No es un delito enamorarse, si acaso un milagro, y ni les cuento si resulta correspondido, puede que sea el mayor de los milagros que uno es capaz de imaginar. Esto debiera ser algo tan obvio como para no provocar discusiones, pero la realidad muestra que todo es susceptible de ser interpretado de una manera retorcida. La iglesia basa su fe, o es su deber, en el amor al prójimo y a Dios sobre todas las cosas, de tal manera que propugna una especie de enamoramiento colectivo entre los hombres y de todos ellos con el Dios encarnado. Las lecturas del evangelio se pueden ver de muchas maneras, pero una es comprobar como los discípulos caen rendidos ante el maestro y, tras revelárseles como lo que realmente es, el Espíritu Santo les colma, como una versión arcaica de Cupido que les atravesase con la flecha del amor divino.

Por eso, que Xavier Novell, obispo de Solsona, se haya enamorado de una mujer y ha ya pedido la dispensa de su cargo eclesial no deja de ser algo humano y propio de su sentimiento. El reglamento de la iglesia, discutible, dice que uno no puede ser sacerdote y amar a una mujer, aunque el evangelio explícitamente señale que la incompatibilidad real está entre adorar a Dios o al dinero. Dada la norma de la religión católica, Vendrell no podía compatibilizar su amor a Dios, que es lo que en teoría le llevó al sacerdocio, con el cariño a una mujer, y ha escogido. El caso ha generado revuelo, porque no es habitual que un sacerdote lo deje por una mujer, al menos oficialmente, aunque tampoco es tan raro. Varios factores en esta historia han aumentado el morbo de los medios de comunicación y del púbico, que se ha encontrado de pronto con una historia atractiva y con muchos factores como para hacer chistes y tertulias. Vendrell era el obispo más joven de España y de los más jóvenes del mundo, supongo, dada la edad media de la jerarquía católica. De gran perfil mediático en la Cataluña a la que adoraba por encima de casi todas las cosas, se había distinguido por combinar un discurso teológico duro, una visión social y sexual retrógrada, un independentismo militante de constante lacito amarillo y una obsesión por la presencia del diablo en la vida, habiéndose especializado en exorcismos, eso que sirve para hacer películas de miedo y coña pero que, entre usted y yo, no es sino una pachanga bastante cutrosa. Veía Novell al diablo en bastantes sitios, especialmente entre los divorciados, los gays y, claro, los españoles, sobre todo entre estos últimos, practicasen las relaciones íntimas de una manera u otra. Elevado a los altares del independentismo sociológico como el prelado de la futura república independiente, el que ahora esa estrella haya dejado el alzacuellos por una mujer, que escribe novelas de corte erótico satánico, ha sido para muchos un golpe demasiado duro. Sólo lo hubiera superado dejando los votos religiosos por un escritor o, si me apuran, por un ciudadano de otra CCAA de España, fuera en este caso el objeto del amor hombre o mujer. Lo que empezó como una noticia menor, la renuncia del obispo de Solsona a su cargo por razones personales se ha convertido en un culebrón con suficientes toques picantes como para que no dejen de salir noticias sobre Novell y su novia, que se llama Silvia Caballol, que a sus 38 años es bastante más joven que el camino de ser exobispo, y que según algunas fuentes, le asesoró en el pasado en rituales exorcistas promovidos por Novell, cuando era obispo y nadie sospechaba de su estado mental al hacer semejantes cosas. Ahora, parte del obispado de la ciudad, que se ha quedado sin jefe, dice que es Novell el que ha sido aducido por el diablo y quieren practicar un exorcismo sobre su persona, lo que eleva aún más el grado de incredulidad de la historia y demuestra que si el amor vuelve locas a las personas no son pocas las que ya están muy taradas antes de que el más mínimo sentimiento a los demás anide en su alma.

La oficialía católica no dice nada sobre este caso, lo que contrasta con su locuacidad sobre otros temas. Es interesante que, los que crean en exorcismos, no vieran la posibilidad de practicarlos en el pasado, cuando jerarcas de purpurado cardenalicio llevaban a un dictador bajo palio, o cuando durante décadas monseñores del País Vasco y resto de España han apoyado y defendido la causa de una banda terrorista asesina o, ya en nuestros días, cuando no pocos prelados, como era el caso de Novell, se apuntaban con fervor a una causa independentista basada en el racismo y el odio al que se considera inferior. Todo eso sí es coquetear con lo más parecido que uno pueda imaginar al diablo, pero no, hay no hubo exorcistas escandalizados.

jueves, junio 24, 2021

Obispos sediciosos

Como es lógico, los impulsores de los injustos indultos han celebrado cada una de las voces que, por convencimiento, interés o vaya usted a saber por qué, se han unido en apoyo de esa medida. Los que me respaldan son los buenos y los que no los malos es una estrategia simplona pero que se repite con insistencia en todas las facetas de la vida. Seguro que usted también ha pensado así alguna vez. No importa que quien se sume a mi causa sea un enemigo acérrimo al que critico con saña día tras día. Si en algo me apoya, tiene toda la razón y se lo reconozco. Si en la vida normal la hipocresía triunfa, en la política es el estandarte que todos enarbolan.

Quienes se han sumado con alborozo al indulto han sido, qué sorpresa, los obispos catalanes, y con ellos el silencio consentidor del resto de obispos de España, mostrando una vez más la catadura moral de este conjunto de personas. Es un caso de estudio este el de los obispos, porque a lo largo de la historia, la vida les pone ante bretes para posicionarse y siempre lo hacen de la manera más injusta posible. Un obispo nunca defenderá al pobre, al débil, al oprimido, sino que se unirá con todas sus fuerzas al rico, al poderoso, al violento que oprime. ¿Demagogia? No, nada de eso. Durante las décadas de franquismo casi todos los titulares de cátedra se dedicaban a pasear bajo palio al dictador sin sonrojo alguno, recibiendo por ello prebendas sin cesar. El evangelio, al que se debían, era manipulado día tras día, pero bueno, no parecía importar mucho. Pocos eran los que se oponían al régimen, la mayor parte silentes, unos cuantos valientes y otros, minoría, exaltados, que pasaron de abrazar la religión cuartelera a la nacionalista. La íntima asociación entre iglesia y nacionalismo vasco, existente desde la fundación del segundo, llegó al punto en el que toda manifestación nacionalista era respaldada desde los púlpitos, y el terrorismo etarra era una más de esas manifestaciones. A medida que ETA crece y se convierte en el monstruo que, durante décadas, asesinará y dejará el terror como única seña de identidad allá donde pise, los obispos vascos apenas modifican sus posturas de apoyo hacia la banda mafiosa, y los del resto de España se van sumiendo en un silencio tan cobarde como cómplice. Nada cambia con la caída del franquismo y la llegada de la democracia. ETA sigue su paseíllo militar oprimiendo vida y libertades y los obispos lanzan constantes mensajes de comprensión, de entendimiento, que esconden su profundo desprecio a las víctimas de la banda, el absoluto abandono en el que sumen a sus familiares y la complicidad casi total con gran parte del ideario xenófobo que defienden los de la serpiente y el hacha (por sus logos les conoceréis). Nuevamente el evangelio es pisoteado, esta vez en nombre de otra dictadura, que pretende llegar a serlo. Hay unidad de acción obispal ante temas como la enseñanza de religión, el aborto o el asunto de los gays, en los que los obispos de todo el país marchan unidos por las calles y alientan manifestaciones ruidosas, todas ellas buscando mantener unos privilegios que les vienen de antaño, pero cuando ETA pone una bomba y mata a dos o tres, silencio, ni una palabra, un funeral clandestino celebrado a oscuras y largo. Hubo excepciones, sí, sería injusto no referirse a ellas, pero en curas de calle, en sacerdotes individuales que se jugaron el pescuezo sin respaldo alguno de su jerarquía. ETA nunca atentó contra un cargo eclesiástico, síntoma de que nunca salió de la boca de un preboste de la iglesia palabra alguna que ofendiera los sensibles oídos de la chusma terrorista.

Llega el procés, un movimiento civil alentado por las élites económicas catalanas, que buscan en medio de la crisis mantener sus privilegios manipulando a la opinión pública para crear un problema político que enmascare la ruina de gran parte de la sociedad, y ¿qué hacen los obispos? Sí, lo de siempre, sumarse al bando de los privilegiados, de los manipuladores, de los que coartan la libertad, de los que siembran el enfrentamiento. La verdad es que, como brújula moral, la de un obispo español es buena para ser seguida, siempre que se haga exactamente lo contrario de lo que predica en público. Pocos estamentos sociales han caído más bajo en su acción pública, pocos han pecado más en su vida que todos ellos, investidos de autoridad por un evangelio al que no dejan de despreciar.

martes, marzo 09, 2021

El Papa en Irak

Una de las instituciones que más se está viendo afectadas por la disrupción de la normalidad provocada por la pandemia es el papado. Desde hace décadas el ocupante del trono de San Pedro dedica muchos esfuerzos a su proyección mediática global, y los viajes son una herramienta muy importante dentro de esa estrategia de comunicación. Encerrado en el Vaticano, con medio mundo sometido a un encierro similar dentro de sus casas y fronteras, Francisco ha pasado más de un año sin realizar viaje alguno y con una muy escasa presencia en los medios. Su propia salud, con una ciática de por medio, no le ayuda, y el ser persona de riesgo ante una infección Covid ha hecho que su burbuja sea férrea. Poco ha pintado en este tiempo.

Su primer viaje desde que empezó la pesadilla vírica ha tenido lugar este pasado fin de semana, y ha sido a Irak, nación convulsa donde las haya, en la que fallecer por una infección vírica es uno de los muchos problemas con los que sus habitantes se enfrentan para garantizarse la supervivencia diaria, quizás no el más peligroso de todos. Era un viaje peligroso, en el que la seguridad del pontífice podía estar amenazada en todo momento por el cúmulo de grupos extremistas que operan en aquellas tierras, y el que hoy podamos estar hablando de lo que allí ha pasado sin que medie atentado ni refriega de por medio se puede calificar ya de éxito en toda regla. La idea del viaje era triple: sacar al Papa de Roma para recuperar ese protagonismo perdido, llevarlo a un lugar en el que la violencia se ha cebado para enviar un mensaje de paz y tratar de crear puentes con el islam chií, que es el dominante en la zona. De fondo, como constante, apoyar a la comunidad cristiana que, en aquella nación, ha sido devastada por las guerras y fanatismos de los últimos años. La caída del régimen de Sadam Husein fue el pistoletazo de salida de una violencia islamista, que alcanzó su auge más despiadado con el autoproclamado califato del DAESH, y que desde luego tuvo a los cristianos en su punto de mira a la hora de ejecutar persecuciones y masacres. Des una población de algo más de un millón de fieles a esa creencia ahora quedan poco más de unos pocos cientos de miles. El resto o han huido o, simplemente, han muerto a manos del islamismo. No sólo cristianos. DAESH persiguió con saña a todos aquellos que no encajasen en su rigorista y fanática visión del islam y las muertes que provocó son tan atroces como innumerables. Son muertes causadas por el odio, sí, pero por la intransigencia religiosa de fondo, amparadas por una visión creyente, por una fe que sustentaba aquella máquina de poder y destrucción. Como representante máximo de una creencia, el Papa se ha sentido interpelado por el hecho de que la religión sea amparo de asesinos y fanáticos. No ha podido expresarlo con la crudeza necesaria delante de las actuales autoridades islámicas de la zona, con las que se ha reunido en encuentros de gran relevancia ecuménica y, quizás, histórica, pero sí ha mandado un mensaje genérico recordando una obviedad, que es que una religión no puede amparar la violencia. El mensaje de Dios es de amor, de comprensión, de fraternidad, de unidad, y quien lo utiliza para sembrar cizaña y causar el mal a otros está pecando doblemente. Aquel que se ampara en la religión para causar sufrimiento a los demás está violando los preceptos de la religión en la que dice creer, es el mensaje que ha lanzado Francisco en medio de las ruinas de varios templos en un Mosul que es, en gran parte, monumento presente de los efectos de ese fanatismo. La verdad es que no necesitaba el Papa viajar mucho para decir esas palabras. Podía, por ejemplo, ir al País Vasco y repetirlas delante de la curia de sacerdotes y obispos que, aún hoy, comprenden y amparan al terrorismo etarra. Podía, por ejemplo, expresar su mensaje en la iglesia del Buen Pastor de San Sebastián, y reclamar en consecuencia que alguien como José María Setién, que fue obispo y taimado defensor del terrorismo, fuera desalojado de la tumba que ocupa en un lugar preminente de esa iglesia. No lo hará, porque es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la vida en el propio, pero el mensaje es el mismo, igual su validez allí que aquí.

Transcurridos ya varios años desde que Francisco llegó a lo más alto del poder vaticano, su figura sigue siendo el centro de numerosas polémicas internar en el seno de una iglesia dividida y menguante en su poder, y los años no pasan en balde en la salud de un hombre que ve como su legado empieza a ser parte de su carrera. Los mayores problemas los sigue teniendo el Papa en casa, con escándalos recurrentes de financiación y asociados a escabrosos temas como la pederastia y las luchas de poder entre facciones y corrientes católicas. Este año pandémico no le ha sentado bien a la iglesia, menos al papado, opacado por una realidad ante la que no ha sabido, o podido, hacer frente en forma de referente. ¿Cuáles serán los siguientes pasos de Francisco en su proceso de “vuelta” a la actualidad?

lunes, febrero 18, 2019

Antonio César Fernández, misionero, asesinado


¿Conocían ustedes de algo a Antonio César Fernández? ¿Le sonaba su nombre o rostro? ¿Sabían a qué se dedicaba? ¿Habían oído hablar alguna vez de su trabajo y de los frutos que da? ¿Sabían que se encontraba en Burkina Faso, en plena África Central? Antes que nada, ¿cuántos de nosotros sabemos dónde está Burkina Faso? ¿Y lo que allí sucede? Hay veces en las que la noticia que nos llega está tan desubicada respecto a la experiencia vital de nuestro día a día que el impacto que genera es prácticamente nulo. Y en muchas de esas ocasiones es pura injusticia lo que hacemos al ignorar esa noticia, que muchas veces esconde problemas reales, enormes, y actitudes humanas que, en su bondad y maldad, extremas, nos hacen cuestionarnos todo.

Antonio César Fernández era un misionero salesiano, del que nada sabía yo hasta que este fin de semana vi la noticia que ha protagonizado en la prensa, en páginas no muy destacadas, y en los telediarios, en los momentos esos de relleno que empiezan a partir del minuto veinte veinticinco, que son tratados a toda velocidad y sin detenimiento, y que a veces incluso se narran con una musiquilla de fondo para que su duración parezca aún más breve. Antonio César Fernández tenía 72 años de edad, una edad a la que muchos se dedican al paseo y al inicio de la contemplación de los años restantes con una mezcla de inquietud, desgana y curiosidad, con el cansancio acumulado de la vida transcurrida, mejor o peor según haya sido. Él no estaba jubilado, sino que seguía trabajando día a día. No precisamente cerca de su casa, el cordobés municipio de Pozoblanco, sino en Burkina Faso, uno de esos países de África que nos suenan remotamente, que no somos capaces de situar en mapa alguno y de los que acertaremos si decimos que sufren violencia y pobreza, pero casi seguro que nada más somos capaces de aportar cuando nos pregunten por él. Antonio César Fernández era misionero salesiano. Ordenado hace muchos años, su vida eran las misiones, y allí se encontraba, allí donde él se encontraba a sí mismo, lejos de casa, de lo conocido y lo seguro, trabajando sin descanso por unas personas a las que nadie, casi nadie, excepto locos como Antonio, les importa. En las misiones, oculto a los ojos de la sociedad de la que partió y que hace mucho que olvidó su existencia, Antonio se desvivía por aquellos que, entre los más necesitados, lo son mucho más. Países y sociedades desgarrados por la violencia, la pobreza y el absoluto olvido. En las misiones Antonio y sus compañeros enseñarían la palabra de Dios, sí, y también desarrollarían todo lo que fuera necesario, trabajando como médicos, asistentes, ingenieros, maestros, divulgadores, agricultores, hombres del tiempo, organizadores, cuidadores infantiles, y piensen cientos y cientos de profesiones más. Sin ingresos, sin derechos, sin horarios, sin desconexiones. A una edad en la que casi todo el mundo ya no hace nada, y que empieza a ser arrinconado por la sociedad propia, obsesa por esa juventud eterna tan apasionante como falsa, Antonio se desvivía a los 72 años por una comunidad sita en Uagadugú, un lugar en el que sólo GoogleEatrh me puede decir dónde está, porque nada de mi existencia o conocimiento previo es capaz de ayudarme si quiera a situarme. Ahí volvía Antonio desde Lomé, en Togo, cuando un comando yihadista se cruzó en su camino y le mató a tiros. Los terroristas quizás buscaban misioneros, en su lucha contra todo lo que no sea la fe verdadera del islam, que corrompen a cada paso que dan en su fanatismo. O no, les daba igual si era religioso o no, si era occidental o no, si era de allí o no. Lo mataron, de tres disparos, y acabaron con la vida de Antonio, que en 1982 llegó a África y que este sábado, en 2019, murió dejando su sangre en aquella remota y olvidada tierra.

A diario los informativos abren sus ediciones con casos de corrupción y pederastia en la iglesia, con las denuncias de abusos y delitos, continuados a veces, ocultados casi siempre. Es normal que así sea, y que estas conductas, viles, se aireen y sean castigados como es debido los culpables de esos crímenes. Pero qué poco se dice, apenas nada, de aquellos sacrificados que, en nombre de su fe, dan la vida por otros, y que han abierto el camino a organizaciones civiles no gubernamentales, que siguen sus pasos. La única arma que poseía Antonio era su creencia en un Dios de amor y la entrega que esta fe le obligaba a profesar a los demás. Su muerte ha sido poco más de un breve en las noticias. Su vida, un monumento de entrega y sacrificio, seguirá oculta para todos nosotros. Pero sus actos, buenos, y su testimonio, verdadero, no habrán sido en vano.

viernes, marzo 03, 2017

El bus, la libertad y el error

La noticia más comentada de esta semana no tiene que ver con política, economía, ciencia ni nada por el estilo. Es la de ese autobús fletado por la plataforma católica Hazte Oír con un mensaje referido al sexo de los niños y niñas. Previa a cualquier consideración, resulta curioso que, gracias al bombo y ruido en las redes que ha conseguido esta campaña sus impulsores pueden estar plenamente satisfechos. Entre todos hemos hecho que su mensaje triunfe y eso, como mínimo, debiera llevarnos a reflexionar sobre el poder que tienen las redes, el uso que de ellas hacemos y quienes logran aprovecharse de las mismas. Eso daría ya para muchos debates.

No me gusta la campaña de Hazte Oír, ni en las formas ni en el fondo de su mensaje. Pero este asunto me pone ante dos enormes dilemas que, de sencillo, no tienen nada. Uno es de la prohibición de la misma. Prohibir es una palabra seria, que cada vez usamos con menos recato y más firmeza. Si abogamos por la libertad de expresión y, como se dice por ahí, el respeto a “todas las ideas” no tendría mucho sentido impedir que Hazte Oír siguiera con su campaña, pese a que yo pueda opinar que es errónea. Con el mismo argumento debiéramos prohibir a los grupos ultras que, en los estadios y fuera de ellos, gritan consignas xenófobas, a los partidos que promueven la discriminación, a los que enarbolan banderas que consideramos de odio… y eso, en algunos casos se hace y en otros, como bien sabemos, no. Por eso la idea de prohibir circular ese autobús, si se lleva a cabo, debe ser con todas las garantías legales y siendo rigurosos con el procedimiento. La fiscalía ha abierto diligencias al respecto, y si el proceso concluye con la prohibición, estará hecha de una manera consistente, y con todas las garantías posibles para los que, equivocados, enarbolan esa campaña y mensaje. Junto a este dilema se me abre otro aún más profundo, y es mi incomprensión ante la obsesión que tienen los grupos que se califican como religiosos, sea cual sea su fe, sobre la conducta privada de las personas y la laxitud que muestran sobre algunos problemas públicos de inmensa gravedad. La asociación directa y absoluta del concepto de pecado con las conductas humanas, casi siempre relacionadas con el sexo, y la comprensión ante otras conductas que, sin duda alguna, suponen un quebranto de cualquier principio, sea religioso, moral, ético o lo que ustedes deseen. Me preguntaba yo de pequeño, y sigo haciéndolo ahora, por qué los curas no podían dar la comunión a una persona divorciada pero sí a un terrorista, habiendo como había en mi pueblo personas de una y otra condición social. Me cuestionaba, cuando apenas sabía nada, y sigo haciéndolo, ahora que creo que se aún menos, que era ilógico que en un sermón en la iglesia de mi pueblo el sacerdote opinara con tanta claridad sobre temas espinosos como el aborto (luego vendría el tema del matrimonio homosexual) y nunca dijeran nada sobre la violencia etarra, o en todo caso, al referirse a ella, lo hiciera con una suavidad, y a veces disculpa, rayana en el perdón. Y así durante años y años. En los ochenta, en la época de plomo del terrorismo, los curas que bramaban en el País Vasco y resto de España contra el divorcio o la píldora se negaban a oficiar funerales por las víctimas del terrorismo o, si lo hacían, buscaban esconderlos de los ojos del público, como si fuera algo vergonzoso. Esa actitud no cambió apenas en las décadas posteriores, salvo por el mayor número de manifestaciones públicas en contra de algunas medidas sociales y el menor número de funerales por la eficacia policial contra el terrorismo. Hubo excepciones, sí, pero dentro de una regla general, y en ese caso la unidad de criterio que existía entre la iglesia vasca y el conjunto de la española era tan férrea como paradójica.

Nunca un grupo de confesión católica integrista, y no pocos son los que hay también en el País Vasco, fletó un autobús en el que, aún en minúsculo, pusiera ETA NO. Por miedo, por cobardía, por dejación, por “comprensión”, por acojone…. Nunca lo hicieron. Por eso ETA nunca asesinó a ningún religioso. Quizás los miembros de esos grupos, como sugiere el evangelio en las acusaciones de Jesús a los fariseos, disfrutan siendo fuertes con los débiles y débiles con los fuertes, a sabiendas de que en ninguno de los casos corren riesgos. Y todo eso, vestido con el ropaje de la religión, que es un mensaje de amor y paz, hace que no entienda nada de nada.

Subo a Elorrio el fin de semana y me cojo tres días festivos. Si no pasa nada raro, el siguiente artículo será el Jueves 9 de marzo. Descansen y ojo al cambio de tiempo de este fin de semana.


jueves, octubre 27, 2016

La iglesia y los polvos


Quizás, en medio de la investidura y tantos otros avatares, la noticia que más comentarios está causando esta semana es la de la nueva regulación que el Vaticano ha estipulado sobre las cenizas de los fallecidos. Las cremaciones se han disparado, creo que superan los enterramientos físicos, y las cenizas, sus urnas y lo que se hace con ellas da para todo tipo de anécdotas y comentarios. Estipula la Iglesia que las cenizas y sus contenedores no se pueden tener en casa ni ser arrojadas por ahí, ni transformadas en joyas u otros objetos, sino que deben mantenerse en lugar sagrado, so pena de no celebrar un funeral por el fallecido.
 
Quizás será porque desde Roma se busca batir un récord, pero creo que los que en la curia establecen este tipo de normativas saben que, en la práctica, no las cumple casi nadie. Tantas son las normas y preceptos de la iglesia que son obviados por todos, sean creyentes o no, que a buen seguro algún gerifalte de la Santa Sede sonríe para sí cada vez que declama un nuevo decreto de prohibición que, a sabiendas, nadie acatará. Este asunto de las cenizas, más allá de los numerosos chistes que ha generado, pone sobre la mesa no tanto la gestión de la muerte y los restos de nuestros seres queridos como la pérdida del papel de la religión en general, y de la iglesia en particular, en los ritos sociales que nos determinan como personas. Hubo una época no muy lejana en la que era la iglesia y sus ceremonias la que marcaba el paso vital de la persona, su nacimiento, su entrada en sociedad, su unión a un ser querido, su trascendencia y su muerte. En todos esos pasos, y en muchos otros, la iglesia, su ceremonial, sus representantes, eran intermediarios obligados, y regían así la vida de las personas. Poco a poco, a medida que la sociedad se ha ido sacralizando, ese papel se ha perdido. El matrimonio ha sido, claramente, la institución en la que la iglesia ha perdido mayor relevancia, siendo hoy las ceremonias civiles las mayoritarias y el vínculo entre ellas, poco indisoluble, por decirlo de una manera. La caída de la natalidad ha hecho que los bautizos, comuniones y confirmaciones sean sucesos anecdóticos y de escasa relevancia social, aunque de una enorme carestía. Queda la muerte, el último de los pasos, el más angustioso. La religión en este punto exhibe músculo, porque al mensaje de paz y amor que predica (aunque no lo parezca eso proclaman todas) se une, obviamente, porque eso las transforma en religiones, la fe en una vida más allá de la presente, expresada de una u otra manera. Ante el fin, el miedo se dispara, la angustia crece y las vocaciones reverdecen. Casi todo el mundo se pone a rezar cuando su propia vida o la de los seres queridos afronta un duro trance, y las oraciones que nunca se quisieron aprender brotan de los labios con una fluidez propia del río Jordán en época de lluvias. Aunque empiezan a surgir ceremonias civiles de despedida, en los funerales la iglesia sigue teniendo casi el monopolio del asunto, y ante unos familiares destrozados por la muerte de su ser querido, es esta institución la que les acoge, consuela y ofrece una ceremonia pública y social de duelo y acompañamiento. ¿Es realmente así? En muchas ocasiones esto es cierto, pero en otras no. Muchas personas han abandonado la iglesia no tanto por la pérdida de fe, sino porque sus ritos y los que los ofician han dejado de ofrecerle el consuelo y esperanza que buscan de manera ininterrumpida. Y decisiones como la tomada por el Vaticano esta semana son un paso más para que ese proceso de desconexión entre iglesia y ciudadanía se ahonde aún más.
 
El dolor de la pérdida de un familiar puede ser amortiguado por la fe en una vida plena en el más allá, pero en el momento de la muerte, en sus días posteriores, y en todo el proceso de gestión del luto, el que se queda en el mundo de los vivos es quien sufre realmente la pérdida. Y las cenizas que muchos tienen, tenemos, en casa, ayudan a aliviar ese natural proceso de asimilación de la marcha del ser querido. Muchos les hablan, les rezan, les acompañan, porque en ellas encuentran ese ansiado consuelo y compañía, que en tantas ocasiones nunca obtuvieron de sacerdotes o de iglesias, sea cual sea su creencia. El Vaticano se equivoca notablemente con esta nueva doctrina, y dudo que más de uno le haga caso.

lunes, agosto 01, 2016

El asesinato de un sacerdote (para Jacques Hamel)

Menos mal que en verano no pasan cosas, como rezaba, se ha visto de manera infiel, el viejo aforismo de la prensa. La sucesión de noticias de este final de julio ha batido todas las marcas de la ignominia posible. Y no, no me estoy refiriendo a lo que pasa en nuestro patrio político, que también es infame hasta el hastío, sino a lo que sucede, de manera milagrosa, más allá de nuestras fronteras. Entiéndaseme bien, el milagro está en que aún España no haya sido golpeada en este fatídico verano, en el que todos los islamistas y descerebrados del mundo, valga la redundancia, se han puesto a asesinar en Europa.

Quizás el atentado más repugnante de todos, no tanto por el número de víctimas ni por su intención, sino por la manera de ejecutarlo y la víctima escogida, fue el del asalto a la pequeña iglesia del norte de Normandía perpetrado el martes 26, en el que un comando islamista, compuesto por dos miembros ya fichados por las autoridades galas, penetró en el templo de la localidad de Saint Etienne du Rouvray. En ese momento apenas cinco personas se encontraban en la iglesia. Dos monjas, un matrimonio laico y un cura, anciano, que oficiaba una pequeña misa para todos ellos. Personas mayores, indefensas, pacíficas. Nada podían hacer en caso de ser asaltadas por una banda de pillos, menos si un grupo terrorista se enfrentaba a ellos. Lo sucedido en el interior de la iglesia es algo confuso, ya que los autores del asalto fueron abatidos por la policía. Una de las monjas logró escapar y dio la voz de alarma, y cuando varios minutos después los atacantes salieron al exterior del tempo la policía gala no dudo un instante en disparar, en vista del comportamiento suicida de estos salvajes. La otra monja y la pareja laica fueron soltados por los terroristas y, tras ello, puestos a salvo por la gendarmería, pero nada pudo hacerse por el cura, que se llamaba Jacques Hamel. Jubilado, de 86 años, colaboraba con el templo en el que había desarrollado la mayor parte de su trabajo pastoral. Los terroristas no lo dudaron mucho y, obligando a los cuatros restantes del pequeño grupo de orantes a presenciarlo, degollaron al sacerdote sobre el altar de la iglesia, cometiendo un asesinato y, además, todo tipo de sacrilegios, independientemente de la religión con la que sean juzgados, medidos o considerados. Hamel, 86 años, fue ejecutado de una manera cruel y perversa en el lugar en el que había pasado la mayor parte de su vida y, seguramente, en el que nunca esperaba encontrar la muerte, y desde luego jamás de esa manera tan abyecta. Rememorando a Tomas Becket y Canterbury, Hamel volvió a ser un sacerdote víctima del fanatismo, religioso en este caso, y su cuerpo el lugar en el que el acero empuñado por el mal traspaso la carne del bienhechor. Los testigos, horrorizados, vieron una escena que ni en la más loca de sus pesadillas pudieron imaginar, y al parecer los autores del crimen lo grabaron en vídeo para, seguramente, poder alardear del mismo en este mundo, en el virtual y el de más allá, satisfechos hasta la médula de su alarde yihadista. La muerte y la manera de morir de Hamel horrorizó a Europa la semana pasada, puso en el punto de mira del terrorismo a los lugares de culto, por si faltaba alguno en la lista, y nos hizo ver a todos, por si quedaba alguno con dudas, de que el terror no distingue objetivos. Todos somos víctimas potenciales. Todos podemos caer bajo su yugo.

Ayer, en Francia, se rezó en todas las iglesias por la memoria de Jacques Hamel, por su alma y por la de todos los asesinados por esta barbarie terrorista. Se invitó a los creyentes musulmanes a que participasen de ese rezo, y no fueron pocos los que se apuntaron. Se les ve junto a los demás, abatidos, perplejos y tristes. Y es que el asesinato, se enmascare en motivos religiosos, políticos, económicos, raciales o bajo cualquier otra bandera de conveniencia, es sólo asesinato. La religión es un instrumento poderoso, y como tal puede ser muy peligroso en manos de fanáticos que la utilicen para su provecho. Sea la vida de Hamel ejemplo de cómo obrar en el marco de una creencia, de una fe.

miércoles, enero 14, 2015

El yihadismo y el problema de la religión


A lo largo de estos días, cada vez que ha surgido el tema de los atentados parisinos, los debates acaban convergiendo en el asunto de la religión, en la influencia del islam, y en el integrismo de las creencias que lleva a cometer actos salvajes como los que hemos visto. Lo primero que hay que dejar claro, como bien lo hizo ayer el primer ministro francés Manuel Valls, es que estamos en guerra, sí, pero contra el yihadismo, contra el fanatismo, no contra una religión. Así como gritábamos hace años “vascos sí, ETA no”, ahora debemos gritar “musulmanes sí, yihadistas no”.

Personalmente siempre he tenido una visión ingenua de la religión que la realidad, machacona, se empeña en llevar la contraria. Educado en un ambiente católico, en un País Vasco en los setenta y ochenta en los que la religión lo era todo, he tenido épocas de creencia más intensa y épocas de menor compromiso. Creo que con los años esa fe se ha ido diluyendo y, aunque persiste, es débil. He llegado a la obvia conclusión de que la religión es un ámbito privado de las personas, que se puede expresar en público, pero que no puede condicionar el devenir de toda una sociedad, porque en ella hay pluralidad de creencias o increencias. Es fácil, pero no. También desde pequeño tenía un problema, que sigo manteniendo, con el concepto de integrista. Dado que los evangelios hablan de amor, de entrega a los demás, de poner la otra mejilla, y presentan en general a un Jesús que no es violento, pensaba en mi infancia que los integristas religiosos debían ser los más pacíficos, mansos y amorosos del mundo. Cuando conocía la existencia de las comunas hippies de los sesenta me recordaron mucho a esa imagen que tenía del integrista, como fuente de amor compartido y de paz (en los evangelios no se fuma, pero eso eran detalles de contexto, atrezo). Sin embargo en los medios de comunicación la imagen del integrista era, y es, la de un señor muy enfadado, rabioso, que ordena a sus acólitos cometer barbaridades y que enarbola la violencia como auténtica palabra de Dios. A lo largo de la historia el integrismo, de todas las confesiones religiosas, ha derivado en violencia sectaria y en episodios de crueldad que son completamente antirreligiosos. A mi modo de ver se da la paradoja de que, quienes se confiesan como integrista son, en realidad, los mayores pecadores posibles, porque atentan contra todos los principios de la fe que dicen defender, pero que violan, vejan y afrentan en cada uno de sus actos. En el caso de la religión católica, que nos pilla más de cerca, durante siglos hemos logrado domesticarla hasta convertirla en una creencia personal y ajena a la violencia, pero en ocasiones vemos comportamientos, como los casos de abusos sexuales a menores, o la violencia que emplean ciertos grupos antiabortistas en EEUU, que son completamente irracionales y ajenos al evangelio. Se puede estar en contra del aborto, pero justificar en base a ello el asesinato de un médico no solo es estúpido y delictivo, sino también una tergiversación de la fe que la mancilla por completo. No soy experto en el Corán, y pese a que es cierto que la religión musulmana posee preceptos que mezclan más que otras la gestión de la vida pública y la privada, no me queda duda alguna respecto a que la práctica normal y “domesticada” de esa religión es pacífica, tranquila y respetuosa con los demás. El integrismo que nos afecta, y que sigue un pequeño pero no despreciable porcentaje de los musulmanes, es un grave problema que, sobre todo y en primer lugar, interesa atajar a los propios musulmanes que defienden y quieren su religión, no esa versión rigorista y fanática que pretende secuestrarla.

En las sociedades occidentales actuales, muy descreídas, el papel de la religión ha sido ocupado por otro tipo de creencias como, por ejemplo, el amor a los colores de un equipo de fútbol, que levanta pasiones y, bien lo sabemos, violencia irracional. La fuerza de la religión, que apela a lo más íntimo de las personas y nos enfrenta al dilema sin fin de la vida y la muerte, es enorme, y su mal uso puede generar monstruos como los que vemos estos días en acción, pero esos monstruos han sido creados por personas que han cogido unos textos y los han violado, los han corrompido. La religión no es el problema, es el uso y el abuso que de ella hacemos. Y eso es lo que debemos controlar, perseguir y castigar.

miércoles, noviembre 26, 2014

La iglesia, el Papa Francisco y la pederastia


Son de momento tres los sacerdotes, junto a un laico, los detenidos en el marco de la operación policial por el supuesto caso de pederastia que se ha descubierto en Granada. El aparentemente líder de la trama, un tal Román, creo una estructura sustentada en el poder y el culto a la personalidad, que se hacía llamar los “Romanes” y que, con tácticas muy próximas a lo sectario, ha tenido sometidos a varios jóvenes durante años, habiendo practicado presuntamente abusos sexuales continuados y de todo tipo. Hay muchos puntos aún por desvelar en este caso, pero esa parece ser, en esencia, la estructura delictiva desmantelada.

Estamos ante otro caso, uno sería demasiado, de abusos sexuales en el seno de la iglesia católica. Cierto es que delitos de abuso sexual se cometen, triste e incomprensiblemente, en muchos otros ámbitos, tanto por parte de criminales que buscan víctimas ocasionales, como el del violador de ciudad lineal, detenido hace pocas semanas, como por depravados que realizan actos viles y continuados amparados en estructuras sociales, colegios e instituciones deportivas, por ejemplo. En el caso de la iglesia el delito es el mismo pero el pecado es, si me permiten, doble, dados los votos consagrados y la pátina de limpieza y pureza que se le supone a los que en ella viven y consagran su existencia. Sin embargo, este caso de Granada puede marcar, afortunadamente, un antes y un después en lo que hace a este tipo de situaciones, y ello debido principalmente a la implicación del Papa Francisco. Sabido es que una de las víctimas de los abusos escribió directamente al Papa para explicarle lo que pasaba, dado que no confiaba en la jerarquía de la Diócesis (punto fundamental en todo este asunto). Y el Papa ordenó a esa jerarquía, al obispo, que actuase para que esto no volviera a suceder. Como las órdenes de Roma no acabaron cumpliéndose y las denuncias seguían, Francisco hizo que la historia saliera a la luz, animó a la víctima a que lo denunciara ante la justicia y el caso estalló para la opinión pública. Esto equivaldría, más o menos, a que fuera Rajoy el que, ante denuncias de un militante, hubiera denunciado a Bárcenas o a Granados, provocando su caída. Inimaginable, ¿verdad? Pues en el caso de la iglesia hasta ahora también era impensable que algo así sucediera. El papado de Juan pablo II, elogioso por tantos aspectos, tiene sombras, y quizás la más oscura fuera la permisividad con la que estos asuntos fueron tratados, tapándolos y buscando que no salieran a la luz, incluso con escándalos tan sonados como el de Marcial Maciel, fundador de los muy rígidos y estrictos Legionarios de Cristo, cuya vida era la de un absoluto delincuente sexual. La llegada de Ratzinger al papado supuso un giro en esta situación. El Papa alemán aborrecía estos comportamientos, pero fue incapaz de hacer virar al trasatlántico eclesial, quizás por su carencia de fuerzas físicas y de apoyos. Se ha especulado mucho con que esta fue una de las razones fundamentales que provocaron su histórica renuncia a la silla de San Pedro. Francisco, cargado de fuerza y respaldo social, consideró la batalla contra la pederastia (y los abusos sexuales en general) como un deber imperioso, una necesidad inexcusable. No basta con pedir perdón ante el delito, aunque sea necesario, no es suficiente implorar un “lo siento” en público. Parafraseando el evangelio, a Dios lo que es de Dios, el perdón, y al César lo que es del César, el juicio y la prisión si se demuestra el delito. Esta es la única manera de luchar para que estas repugnantes conductas no se repitan. Luz, taquígrafos, policía y jueces.

Por eso señalaba que un punto fundamental es la desconfianza de la víctima ante su jerarquía, en este caso el Obispo de Granda, porque esa jerarquía es la que ha amparado, ocultado, comprendido o simplemente silenciado estos casos durante años. Bien está que el Obispo y todos los implicados se postren ante el altar implorando perdón, pero mejor estará que testifiquen ante el juez sobre qué sabían sobre todo esto. Desde esta semana se ha terminado la impunidad sobre el delito sexual en la iglesia, y el causante de ello es el propio Papa. Una decisión, que en verdad es justa y necesaria, y que le honra a él tanto como vergüenza debiera causar a tantos otros.