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viernes, abril 16, 2021

Con Javier Cercas

Es Javier Cercas un excelente escritor, novelista de lo cotidiano, que en sus textos afila la punta y deja al lector sometido a vaivenes de los que no saldrá impune. Ecléctico como pocos, en su narrativa se encuentran novelas convencionales, escritos que bordean la autoficción tan en boga en estos tiempos y aproximaciones al ensayo tan originales como certeras. Ha contado con el respaldo de crítica y público desde el inicio de su carrera, que crece día a día tanto por la obra publicada como por el impacto de la misma. Leer a Cercas es necesario, además de gratificante, y sus libros son una recomendación segura para aquel que pide material en el que sumergirse y aún no lo conoce. Si ese es el caso, no lo duden, adéntrese en sus textos.

Cercas no vive en una torre de marfil, aislado del mundo, sino en Gerona, en medio de una Cataluña sometida al delirio independentista y controlada, política y mediáticamente por una secta intolerante que ha enarbolado el separatismo como podía haber lucido la bandera del arrianismo, cualquier cosa con tal de mostrar su intolerancia a las ideas de otros y el racismo absoluto a quienes consideran inferiores, que son todos menos ellos. Cercas no se calla, cuando le pregunta por política responde, cuando le preguntan por la sociedad se moja, y eso, en el ambiente tóxico en el que ha arraigado la infamia nacionalista catalana es peligroso. Cercas no es dócil, no se convierte en un perrito amaestrado, como muchos otros, que saben que si callan ante la dictadura que allí se está creando podrán cobrar unas migajas del dispendio de dinero público y privado que las élites están realizando en nombre de una fantasiosa patria estelada. Cercas no necesita subvenciones para vivir, se basta y se sobra con su obra, ni soporta que una dictadura, se vista como se vista, le imponga el qué pensar y el qué decir. Cercas ya se ha colocado en el bando de los malos catalanes, que es el bando de los malos vascos ante el nacionalismo batasuno y la mafia eterra, o era el lado de los malos españoles a ojos de la dictadura franquista, o era el lado de los malos norteamericanos para Trump, o era…. Siempre la misma historia de odio, de mentiras, de falsedades sembradas por el grupo de intolerantes de turno que adquieren semejante fuerza y tamaño como para ser tenidos en cuenta por el resto de la sociedad y, sobre todo, temidos. Cada vez que Cercas acude a TV·, o a cualquier otro medio de comunicación de todos, convertido en un ruidoso altavoz sectario de esa tropa de intolerantes, dice la verdad en medio de la mentira guiñada que no deja de salir de esas ondas. A cada pregunta responde con educación, sinceridad, rebatiendo un falso discurso victimista que siempre es adoptado por los matones de la esquina cuando realizan sus fechorías. Y eso convierte a Cercas en blanco de tiro para los intolerantes, que alientan a sus jaurías en las redes para que le insulten y calumnien sin cesar. Como dice el escritor, en Cataluña se ha instalado la mentira, que crea esclavos, y a todos los que no se someten se les presiona sin fin para que, o se callen o se larguen. Son tratados no ya como ciudadanos de segunda, no, sino como residuos, como restos que deben ser depurados, eliminados de la vista. A escala el odio sembrado en esas Comunidad funciona con la eficacia con la que lo ha hecho en el País Vasco durante décadas, bien es cierto que allí con el respaldo de una banda mafiosa asesina, que otorgaba a todo el panorama un sabor mucho más siniestro y peligroso, pero el mismo odio, el mismo racismo, el mismo supremacismo, la misma comprensión hacia el violento por parte de las autoridades locales y regionales, el mismo esquema dictatorial, perfeccionado hasta el extremo gracias al tiro en la nuca, es lo que se está sembrando en una Cataluña económicamente rica hasta el hartazgo, pero ya gangrenada por ese virus del odio y la mentira, en el que tantos viven.

Frente a ellos, Cercas, y muchos otros, pero ni mucho menos todos, se planta y sigue gritando, ante los terraplanistas que la tierra es redonda, ante los negacionistas del virus que el Covid existe y mata, y ante los sectarios independentistas que la libertad es mucho más que ellos, que él es catalán, como todos los que allí viven, que nadie puede calificar a otros como buenos o malos en función de su ideología, y que ni se va a largar ni se va a callar. Ante una dictadura en proceso de formación, que no es otra cosa lo que sucede en Cataluña desde hace ya algunos años, y el silencio cómplice de tantos que se dicen intelectuales y progresistas, Cercas, se levanta como un faro luminoso en medio de la tormenta, y no deja de recibir embestidas de olas fanáticas. Somos muchos los que estamos, contigo, los que estamos con Javier Cercas.

viernes, febrero 21, 2020

Terrorismo ultra en Hanau


No ha sido muy original Tobías R a la hora de ejecutar su sangrienta matanza en la noche del miércoles en la localidad alemana de Hanau. Siguiendo la estela de otros supremacistas asesinos, grabó un vídeo en el que expone sus convicciones y argumentos, lo que supuso el primer atentado de la noche, en este caso al sentido razona y racional del concepto de argumento y, tras ello, salió a la calle a buscar esos subhumanos que poblaban su mente, con el objetivo de acabar con ellos. Asesinó a ocho personas en dos locales, y luego, volviendo a casa, mató a su madre y se mató a sí mismo, concluyendo la barbarie que, a buen seguro, habría planificado.

Frente al terrorismo islamista, el supremacista no dispone de una estructura organizada como tal, unas cabezas que emiten y coordinan mensajes, sino que se basa en la actuación de lobos solitarios fanatizados, que de manera aparentemente aleatoria y descoordinada actúan de manera muy violenta en sus lugares de residencia, llevando el horror hasta allí. Curiosamente este perfil también se da entre los islamistas fanatizados, sobre todo desde la desarticulación de estructuras como DAESH y el descabezamiento de Al Queda, pero esa similitud no debiera extrañarnos tanto, porque aunque parezca que las motivaciones son completamente opuestas, sigo defendiendo que los asesinos islamistas y los supremacistas son dos formas idénticas de expresar violentamente unas ideas xenófobas basadas en la superioridad de una idea, grupo o colectivo frente a las demás. Con una coraza religiosa basada en el islam unos, con una concepción arcaica del mundo y al defensa de la superior raza blanca en otro caso, ambos tipos de asesinos viven en un mundo cerrado en el que ellos y los suyos son los superiores, amenazados por todos los demás, seres inferiores, y la violencia está permitida para combatir o exterminar a esos inferiores que no permiten que el paraíso, en forma de califato o de estado ario puro. Qué más da el falaz sueño que alimenta esas pesadillas, si se traduce en una misma manera de actuación, el asesinato en masa, que genera violencia y terror. Los que actúan a través de células organizadas son, potencialmente, más peligrosos, pero, paradójicamente, más fáciles de perseguir, mientras aquellos que maquinan sus planes en el interior de sus habitaciones y obtusas mentes pueden tener un alcance letal menor, pero la posibilidad de detectar sus intenciones es mucho más difícil. Lo cierto es que, nos guste o no, el terrorismo supremacista esta entre nosotros, y a las fuerzas y cuerpos de seguridad les va a tocar ponerse las pila ante esta nueva forma de agresión a la libertad y a nuestras sociedades que va cogiendo forma y fuerza de manera imparable. Naciones como Alemania, Nueva Zelanda o EEUU poseen focos de este terrorismo que han mostrado una virulencia exacerbada y ser un peligro cierto para la convivencia en ciertas zonas. Hay reiteradas acusaciones ante las autoridades de cierta pasividad, de sensación de dejadez, de falta de importancia ante este fenómeno, y de ser ciertas estas denuncias las autoridades estarían cometiendo algo mucho peor que un error, porque es necesario cortar de raíz todos estos movimientos que, ya sabemos, pueden ser algo mucho más denso y complicado de erradicar si arraigan en ciertas capas de la población. En España, afortunadamente, no tenemos casos similares a los comentados, pero no estamos libres de ese peligro, nadie lo está. Declaraciones racistas tan sentidas y profundas como las que realizó la alcaldesa de Vic la semana pasada son el caldo de cultivo para que el sentimiento de fanática superioridad que anida en parte del soberanismo catalán haga degenerar a algunos pocos. Y no olvidemos que el terrorismo etarra, vestido de internacionalismo y marxismo, era un movimiento muy racista, que consideraba a los vascos superiores al resto de españoles, dignos estos últimos de ser eliminados como seres inferiores que eran. Pensamientos de este tipo se siguen oyendo hoy en día, atenuados, pero latentes.

Ángela Merkel, la gran Ángela, condenó ayer sin paliativos la matanza de Hunau y dejó claro que los demócratas debemos estar siempre vigilantes para defender las libertades de aquellos que luchan,a sangre y fuego, para destruirlas. A medida que pasan los años y se pierde el recuerdo de los años treinta y cuarenta del siglo XX crecen los fantasmas de esa época y los emuladores de la misma, que dan tanto miedo como los que, subidos a lomos de su fanatismo, nos llevaron al desastre. Quizás como especie estemos condenados, cada cierto tiempo, a repetir los mismos males y combatir en las mismas batallas. Debemos ser conscientes de ello, y atajar toda ola de fanatismo desde el momento en el que asome su presencia. Nos va en ello la vida y la libertad.