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martes, mayo 12, 2026

Otros dos guardias civiles muertos por el narco

Este fin de semana, mientras los ojos de medio mundo y toda la logística del estado estaban puestos en Canarias, en la operación de desembarco y reparto de los pasajeros del Hondius, el crucero afectado por el brote de hantavirus, morían dos guardias civiles, otros dos guardias civiles, en medio de una persecución a narcolanchas en la zona de Huelva. En el fragor de la carrera, persiguiendo a la nave de los delincuentes, las embarcaciones de la benemérita sufrieron un choque y el fatal desenlace deja dos fallecidos y dos heridos, que fueron trasladados lo más rápidamente posible al hospital para tratar de recuperarlos. Los malos huyeron

Otra vez en aguas próximas a la costa andaluza, esta vez no en Barbate, pero no muy lejos, y nuevamente la sensación absoluta de desamparo por parte de los que se dedican a la persecución de la delincuencia, los que trabajan para que nosotros estemos seguros, al comprobar como su voluntad choca contra el muro de la falta de medios frente a un enemigo que rebosa de dinero y es capaz de hacerse con embarcaciones, armas, coches y cualquier otro dispositivo que supera con creces todo lo que puedan llevar a cuestas los miembros de la benemérita. Casi siempre en estas persecuciones en el agua las lanchas de los narcos son, directamente, inalcanzables, llevan una capacidad motora fuera de toda regla, y la única posibilidad de frenarlos es una actuación coordinada que las intercepte, que trate de romper sus trayectorias rectas, lanzadas, y que en una de estas se vean bloqueados. Eso expone cada vez más a los agentes frente a unos delincuentes que tampoco se cortan a la hora de usar la violencia. Los métodos desatados que reinan en el mundo del narco latinoamericano, piense usted en México por unos instantes, ya han llegado aquí, y dotados de armas de precisión y potencia casi militar, los traficantes no dudan en disparar contra las patrulleras, o directamente embestirlas, confiando en que su velocidad sea la fuerza que les permita eludir las intercepciones. Es un juego asimétrico en el que las posibilidades de fuga de los malvados son altas, casi tanto como las de los agentes de salir mal parados. La sensación de desánimo cunde sin freno entre los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que operan en toda esa zona, que incluye al estrecho, al ver que día sí y día también se enfrentan a un juego de toreo en el que ellos no llevan el estoque y, cada vez más, son los que caen y acaban arrastrados en la plaza. La mayor parte del país descubrió esta situación cuando se produjo el asesinato, porque no tiene otra denominación posible, de dos guardias en Barbate cuando su patrullera fue embestida por una narcolancha que iba con el propósito directo de acabar con ellos, cosa que consiguió. En los días posteriores, de luto y rabia, el clamor de la impotencia llegó con fuerza desde una zona en la que el narco cada vez tiene más poder real en la calle, gracias al riego de dinero con el que inunda comercios, empleos, vidas y esperanzas. Frente a ello, los servidores de la ley malviven con sueldos bajos, material escaso, cuando no claramente defectuoso, y una gran parte de la sociedad que, o está temerosa por el poder del narco y su imperio de la violencia, lo que le hace callar, o ve en el negocio de la droga una alternativa vital que no es la que prefiere, pero que le permite acceder a un nivel de vida que sería completamente impensable de alcanzar de maneras legales. La imbricación del narco en la sociedad en esa zona del país está alcanzando niveles de gravedad extrema, y si no se muestra voluntad para dotar de medios a los agentes, piensen en lo que se hace (nada) para evitar que cientos de chavales y mayores se conviertan en prósperos empleados de unas redes de narcotráfico que son casi multinacionales.

El ministro de Interior no acudió al funeral de los guardias en Huelva. Estaba en Madrid en el dispositivo organizado en relación con el hantavirus. Sin duda prefirió la tranquilidad de la oficina y los medios sedosos que pisar una población en la que dos personas habían fallecido en el acto del deber. Nada hacía Marlaska en Madrid que fuera más importante que estar en la capilla ardiente de los agentes muertos. Su ausencia en ese acto, la ausencia clamorosa de ministro alguno es una muestra de lo que le importa al gobierno este tema, de los medios que dedica a ello, de la prioridad que le otorga a este asunto. Abandonados por el estado murieron los agentes, abandonados por el estado fueron durante su despedida.

martes, abril 28, 2026

Un año del apagón, cero responsables

Hoy se cumple un año del apagón que llevó todo el país a negro y nos puso delante de una de esas situaciones peliculeras que cada vez se dan más en nuestras vidas. Al mediodía de hace 365 días la luz se fue en la oficina en la que trabajo, y lo que parecía el efecto de alguna obra de mantenimiento, cosa que antes pasaba con cierta regularidad, derivó en otra cosa mucho más extraña. Los semáforos del barrio no funcionaban, y la información que llegaba indicaba que la situación no se daba en mi puesto de trabajo, sino en todas partes, en todo el país. Algo anómalo estaba sucediendo sin que nadie supiera ni el qué ni el por qué. Incertidumbre máxima en un día completamente soleado, como de película.

Un año después se ha producido un apagón de responsabilidades, lo que dice mucho del nivel de degeneración en el que han caído no ya las instituciones, que también, sino sobre todo el músculo moral de la sociedad, que si siempre ha estado fofo ahora no es más que un acomodaticio depósito de grasa. Si uno escucha a los expertos sobre el tema, a los de verdad, no a los tertulianos incultos pagados por el gobierno y afines, sabe bastante bien lo que pasó, una mezcla de mala suerte, irresponsabilidad en la gestión y deseos de experimentar con cosas con las que no se debe jugar. El hecho de que, desde entonces, la factura de la luz haya subido en promedio más de un 10%, evento iraní aparte, por las medidas impuestas por Red Eléctrica para que no se vuelva a repetir algo así es sintomático de que se podía haber evitado el suceso si la gestión actual se hubiera dado ese día, y los precedentes, donde ahora sabemos que se dieron momentos que podían también haber generado una situación de colapso como la vivida el 28 de abril. Un año después la gestión de Red Eléctrica ha cambiado, y es casi seguro que algunos de sus técnicos, los profesionales que más saben de esto, habrán sido purgados, pero la cúpula directiva de la entidad, con su presidenta Beatriz Corredor a la cabeza, ahí sigue, cobrando los cientos de miles de euros anuales con los que está retribuido su cargo, para el que no poseía ni mérito ni conocimiento cuando fue nombrada para ello, y que desde el día de la desgracia no ha hecho otra cosa que esforzarse sin cesar para salvar su nómina y exculpar a todos los demás de sus propios errores. Reconozco que cuando llegue el día del cese de este señora me alegraré aún más que el del de Tezanos, porque lo del sociólogo manipulador es de vergüenza, pero el daño que produce resulta mínimo respecto al destrozo económico y social que supuso el apagón. Beatriz Corredor es el perfecto ejemplo de incompetente puesto al frente de una entidad gestora pública, que está ahí por su lealtad al partido gobernante y a sus dirigente, no por nada más, sólo por hacer la pelota mejor que otros a los que mandan, y que gracias a ello se lleva una retribución inmensa, que a cualquier ciudadano le supondría el fin de sus problemas económicos. Corredor es el exponente perfecto de esas élites extractivas que Acemoglu y Robinson tan bien describieron en su obra seminal, y que lejos de perseguirse, por lo dañinas que son, han proliferado como los mosquitos en las aguas estancadas de nuestra sociedad. Su presencia se da a todos los niveles y en todas las administraciones, sea cual sea su color político, pero es evidente que cuanto mayor es el grado de poder que detenta una entidad política más lejos pueden llegar sus inútiles, más pueden cobrar y más destrozos son capaces de crear. En los ayuntamientos de España, donde hay todas las ideologías que quieran, hay miles de Beatrices Corredores cobrando sin merecerlo y haciendo destrozos que afectan a la vida de los residentes en esas localidades, pero su impacto es muy local, no trasciende. Destruye, como las termitas que corroen el tronco, pero es difícil de apreciar. En el caso de un organismo de la importancia de Red Eléctrica los aciertos también son invisibles, pero los errores pueden ser tremendos e imposibles de disimular. La oscuridad total se ve perfectamente.

Corredor se ha mimetizado perfectamente con el zeitgeist de nuestro tiempo, ese que viene a decir que admitir las responsabilidades de lo hecho y asumir los errores, pagando por ello, es de pringados, de cobardes, de débiles. Que el ciudadano que paga impuestos es un sujeto despreciable al que se le puede engañar todo lo posible y que dimitir es para otros, no para los que tienen el rostro pétreo, el morro infinito y se encargan de que haya siempre alguien a sueldo que les cubra las espaldas y defienda, a ser posible en medios controlado. Caerá Corredor algún día, lo festejaré, pero la probabilidad de que sea sustituida por una necedad semejante es muy alta. Y si hay otro apagón, ya saben a joderse tocan, que culpables no hay. Ni habrá.

viernes, marzo 27, 2026

Noelia, abandonada

Ya les avisó, el tema de hoy es feo, así que no va a haber motivos de sonrisa ni de aprendizaje alguno. La muerte de Noelia Castillo, tras llevarse a cabo finalmente su eutanasia, no es sino el final de un fracaso en todos los sentidos, un fracaso colectivo en el que ella ha sido la víctima de toda una serie de desastres vitales, familiares, institucionales y sociales, para los que sólo ha encontrado como vía de escape la muerte, lo único que no nos permite huir, dado que, con elevada probabilidad, supone el fin de la existencia y de toda sensación. Entre ellas, las de descanso y libertad. Noelia ha muerto y todos somos culpables de ello.

El proceso judicial en el que se ha visto envuelta ha reiterado sentencias favorables a su decisión, tomada como mayor de edad en plenas facultades según todos los tribunales que han estudiado el asunto, por lo que el tema legal, en el que no soy ningún experto, parece finiquitado. La ley sobre la eutanasia es una ley necesaria en un momento histórico en el que la prolongación médica de la vida se realiza muchas veces en contra de la voluntad de los pacientes, y también es correcta desde un punto de vista liberal, porque uno es poseedor de su propia vida y puede ejercer derechos sobre ella, y uno, el definitivo, también. Que este caso haya llegado a los medios, probablemente, se deba a que la protagonista es muy joven y que ha vivido una vida de horror que, para los amantes de la truculencia, entre los que no me encuentro, genera un atractivo irresistible. Su trayectoria ha sido la de un abandono familiar, una agresión sexual, posteriores intento de suicidio, que no lograron su propósito y la dejaron impedida y, desde entonces, la búsqueda de esa muerte que ansiaba por fines legales dada su incapacidad física para lograrlo. En todos esos años a Noelia le ha fallado todo y le han fallado todos. Le ha fallado la familia, el lugar en el que uno nace, que no se escoge, pero que debe ser el que acoge, como normalmente sucede, pero no en ocasiones, y esta es una de ellas. Le han fallado los servicios sociales y todo el entramado que tenemos organizado para intentar que los menores no sean víctimas de la depredación de sujetos abominables. En no pocos casos, estos servicios se han mostrado proclives a permitir conductas infames, y abundan, de manera incomprensible, casos de menores tutelados por instituciones que sufren abusos y otro tipo de episodios repugnantes sin que ningún responsable público de la cara o asuma consecuencias. A Noelia le ha fallado la red sanitaria y psicosocial que cuida de todos los que podemos sufrir males físicos o emocionales. Tras la agresión sexual que sufrió sólo encontró como remedio el suicidio, que intentó de manera efectiva, y eso es muestra de que no hubo el apoyo necesario que permitirá frenar ese impulso. Padecía un trastorno límite de la personalidad, una dolencia mental, que no fue tratada como es debido, sin que uno tenga que ser un gran experto en la materia para afirmar algo así, y tuvo que enfrentarse sóla, con sus limitaciones, con todos los obstáculos posibles, a una experiencia de la que muchos no saldríamos indemnes. Tras las secuelas de su tentativa, optó por la vía legal para conseguir llegar al final, lo único que deseaba, y desde entonces se han sucedido los recursos y apelaciones, en un esfuerzo judicial que podría haberse evitado si algunas de las múltiples cosas que fallaron antes se hubieran hecho bien por parte de familia e instituciones. Finalmente Noelia murió ayer, como deseaba, y su caso termina de la peor manera posible, tras un bagaje desolador en el que se ve cómo los derechos y esperanzas de una persona se pueden destruir a lo largo de una vida gracias al mal hacer de tantos, obsesionados por su egoísmo y comodidad.

Lo último, el uso de Noelia como estandarte partidista en una batalla mediática y política, es otro síntoma de la bajeza en la que nos henos instalado y en la necedad mental que nos domina. A casi nadie le importa el dolor de la víctima, sólo su capacidad para ser usada como arma arrojadiza para sostener la posición ególatra que uno, otro o el que sea, pretende imponer como debida. Asistir a todo esto desde la barrera es contemplar una degeneración absoluta, un espectáculo asqueroso protagonizado por sujetos que estarían encantados de fabricar “Noelias” si les sirvieran para sus fines. Este es el nivel del debate en el que estamos instalados.

martes, enero 27, 2026

El desastre de cercanías

Sobrevivo en Madrid gracias al metro. Tengo un coche que duerme en lonja en el pueblo y, hace años, pasó un verano en la capital, pero tengo la suerte de tener una boca de metro cerca de casa y más cerca aún de la oficina, por lo que no necesito vehículo para desplazarme. Sin ese servicio público de transporte la ciudad sería invivible, estaría sumida en el colapso permanente. Lo mismo se puede decir, a menor escala, respecto al servicio de autobuses o al de cercanías de RENFE. Entre semana, y en hora punta, somos cientos de miles de trabajadores los que los utilizamos para ir a nuestros empleos, y los cogemos otra vez para volver a casa. Sin ellos no sería posible.

Por eso, asistir como ha sucedido al constante proceso de degradación de los servicios de cercanías en nuestras ciudades, fruto del abandono por parte de la administración central, no me atrevo a decir que si por premeditación o por pura necedad, es sangrante, es injusto, y, sobre todo, supone un golpe para las rentas medias y bajas, que no disponen alternativa de transporte ni medios para sufragarse un vehículo o similar. Dejar morir las cercanías es golpear a las capas de la sociedad que más requieren el servicio público, con un gobierno cuyo constante marketing no hace sino pregonar su defensa de ese tipo de bienes, los públicos. El abandono es constante, y sus efectos progresivos, pero aquí también se puede utilizar esa frase que se le atribuía a Mark Twain. A la pregunta de cómo llegó a la ruina respondió “primero poco a poco, luego, de repente”. Desidias, faltas de inversión y mantenimiento, orillamiento, dejadez… el estado de la infraestructura y los trenes se va deteriorando poco a poco, como todo lo que se usa, y empiezan la catarata de incidencias que ataca la fiabilidad del servicio y lo convierte, poco a poco, en una lotería. Sus usuarios, recordemos que muchos de ellos sin alternativa, empiezan a ver al cercanías no como una solución, sino como el primero de sus problemas diarios. Aglomeraciones constantes, interrupciones de servicio, paradas no programadas, horarios que son fantasías… la dinámica del mal funcionamiento se instala como rutina, y de ahí a que se produzca un incidente serio no suele mediar demasiado. Todo esto se ha vivido así tanto en Madrid como en Barcelona, pero por las informaciones que han llegado desde allí, los incidentes han sido más serios y continuados en el área metropolitana catalana. A ninguno de los irresponsables políticos regionales que han pasado por cargos de poder en esa comunidad le ha interesado eso en lo más mínimo, seguramente porque muchos de ellos consideran en su fuero interno como chusma a la mayor parte de los usuarios del cercanías, no son “de los suyos”. En fin, ha querido la desgraciada casualidad que el Rodalies, que es la marca con la que el cercanías de RENFE opera allí (sí, para desvincularse del estado sí han sido efectivos, para nada más) tuviera un grave incidente en la misma semana de la tragedia de Adamuz, con el balance de un maquinista en prácticas fallecidos y decenas de heridos al descarrilar una unidad por desprendimiento de un talud de la AP7, en este caso parece que fruto de las intensas lluvias que han azotado toda aquella zona. A partir de ahí se ha producido un pulso entre los maquinistas, que llevaban tiempo denunciando el deterioro del servicio y la inseguridad creciente, y los gestores de las entidades ferroviarias y administrativas, que han hecho todo lo posible para acallar las críticas y no solucionar ninguno de los problemas. Plantes, huelga, revisión de las vías prometida y no realizada, nuevos sustos, nuevas huelgas, interrupción total del servicio durante el fin de semana ante la incapacidad del asegurar el funcionamiento correcto del mismo, rearranque ayer y un cúmulo de incidencias, incluidas las informáticas, que lo dejaron todo nuevamente medio parado…

Cientos de miles de usuarios catalanes ninguneados, burlados, despreciados por las administraciones a las que pagan sus impuestos y que ven como no hay manera de que el servicio de trenes funcione, mientras que el número de cargos y asesores en la administración y empresas paralelas no deja de crecer, al igual que sus nóminas. Lógica indignación, sensación de estafa, cabreo, descrédito absoluto ante las vacías promesas de un gobierno regional y nacional que miente más que habla, y en el día a día, incomparecencias en el trabajo, citas perdidas o aplazadas, malestar, angustia y todo lo que ustedes ya saben. Sí, sale muy caro tener a unos inútiles al mando. A ellos, a sus elevados ingresos, no. Al resto del país, carísimo.

miércoles, octubre 29, 2025

Un año de la DANA

Hoy se cumple el primer aniversario de la DANA que arrasó la huerta sur de Valencia, la zona justo situada al otro lado del nuevo cauce del río Turia, que no afectó para nada a la ciudad, pero sí a todos los municipios que se encuentran en la zona. Paiporta, Alfafar, Benetúser, Aldaia… una cadena de nombres de localidades, de las que yo no sabía casi nada, que no hubiera sido capaz de localizar en el mapa antes, se hicieron famosos en todo el país por una desgracia apocalíptica que les destruyo todo tipo de infraestructuras, servicios, negocios y bienes, y mató a más de doscientas personas. Ha sido el mayor desastre de las últimas décadas en España, y hay que remontarse a escenas en blanco y negro para encontrar situaciones similares.

Esa DANA fue el culmen de la necedad que se ha hecho fuerte al frente de las administraciones públicas en nuestro país, y que ha descubierto que su incompetencia puede serle útil a la hora de arrojársela al partido contrario y tratar de salvar la cara propia. Nada podía evitar que cayeran los cientos y cientos de litros de lluvia que se concentraron en la zona alta de los barrancos, especialmente el del Poyo, y probablemente los daños materiales serían, en gran parte, imposibles de revertir, pero los humanos, los cientos de víctimas que se produjeron en esa maldita tarde, sí era posible que no se produjeran. Si se hubiera advertido a la población como se ha hecho con las últimas DANAS, las de este año por ejemplo, muchos de los ciudadanos se habrían quedado en casa, no tendrían que haber viajado por la comarca por trabajo, colegios o cualquier otra causa, y cuando las aguas empezaron a anegar los municipios la alarma habría ya vaciado las calles y todos los negocios. Pero no, no se hizo nada de eso, no se actuó de manera preventiva en ningún caso, y las alertas a los móviles sonaron pasadas las 20 horas, cuando la mayor parte del destrozo ya era realidad y las victimas, en su mayor parte, ya existían. Una negligencia en la gestión preventiva y en todo el proceso de alertas que era competencia de la Comunidad Autónoma, y que se ha convertido en el perfecto ejemplo de negligencia absoluta a la hora de afrontar algo así. Al frente de la Generalitat se encontraba Carlos Mazó, que un año después sigue siendo el máximo responsable autonómico. Su negligencia durante aquel día fue palmaria, y cada paso que se va conociendo sobre lo que hizo y no hizo en esa jornada, su papel queda no sólo en entredicho, sino casi sometido a la necesidad de un juicio penal. Es imposible hacerlo peor pero, pese a ello, Mazón sigue en su cargo. No puede ser despojado de él si no dimite, eso es cierto, pero su partido no ha hecho nada para relevarle ni cesarle de una posición política que respalda su autoridad administrativa. El PP se ha encontrado con Mazón un marrón enorme que no ha sabido o querido afrontar, y ambas alternativas son graves. Una vez producido el desastre y la nulidad autonómica, alguien vio en Moncloa la oportunidad de sacar tajada de lo que sucedía, y de ahí surgió esa comparecencia indigna de Sánchez en la que dijo lo de “si la necesitan ayuda, que la pidan” con doscientos muertos en el fango y miles de millones de pérdidas. La lentitud premeditada en el envío de recursos, la movilización de militares a cuentagotas para acudir al rescate, la asistencia masiva de voluntarios que, con lo que tenían, fueron a la zona a hacer lo que las administraciones no querían… durante esos días la vergüenza absoluta cayó en las espaldas de unas administraciones, principalmente la autonómica, subsidiariamente la central, que no sólo no hicieron su trabajo, sino que trataron principalmente de arrojarse el lodo de manera mutua, con el fin de que otro fuera el que cargase con toda la culpa. Hace un año el estado fracaso en Valencia, por pura maldad, por necedad, por vileza de unos irresponsables que dicen gestionarlos. La población fue abandonada antes y después del desastre y la inmensa mayoría de los cargos públicos que tienen algo de culpa de lo sucedido siguen cobrando sustanciosos sueldos pagados por todos, también por los afectados que aún no han visto llegar la reconstrucción a sus barrios.

La sentencia social de lo que sucedió en la DANA la dictó la ira popular, barro en mano, forzando la huida de Sánchez y la ocultación de Mazón ante la figura del Rey. Felipe y Letizia se comieron el barro que estaba destinado a esos dos sujetos, y fueron las únicas autoridades que mostraron proximidad, valor y coraje. El resto, una panda de cobardes ineptos, sólo merecieron el desprecio que se han ganado con sus actos. Un año después a la mayor parte de medios y demás sólo le importa la batalla política de los sujetos basura que siguen al cargo de las administraciones. Las víctimas no le importan a casi nadie, y rehacer lo que allí se destruyó, aún menos. Este es el país que hemos construido entre todos.

jueves, octubre 02, 2025

Abusos sexuales en Bernedo

Bernedo es una pequeña localidad, relativamente cerca de la zona de bodegas de la denominación de origen rioja alavesa y de la frontera con Navarra. No he estado nunca allí. Como en varias localidades, en verano suelen celebrarse allí colonias, concentraciones de chavales cuidados por monitores que pasan unos días de ocio y disfrute de la naturaleza, dejando de paso algo de tranquilidad a sus padres, que también tienen de esta manera unas ciertas vacaciones en lo que a sus obligaciones se refiere. Se supone que este tipo de colonias están controladas, tienen los permisos y seguros adecuados, y las cosas son más o menos normales.

No es el caso de la de Bernedo, y este ha sido el año en el que se ha destapado un escándalo mayúsculo relacionado con esa colonia y una acumulación de negligencias por parte de las administraciones públicas que pasa de lo sonrojante a lo delictivo. Algunos de los padres de niños y niñas que estuvieron en los campamentos de verano denunciaron las condiciones en las que se encontraban sus hijos. Teóricamente el plan de la colonia, así se divulgaba de manera pública, se centraba en el fomento del euskera y la igualdad sexual, entendida por los monitores como el tratamiento indiferenciado por sexos. Eso se ha traducido en escenas en las que niños y niñas se duchaban juntos, lo que es discutible, pero con la presencia de adultos, lo que no tiene un pase. Algunos de los testimonios de los críos aludían a la obligación que les imponían algunos monitores de chuparles los dedos de los pies para conseguir cosas, favores o atenciones, lo que pueden ustedes calificar como quieran, pero que suena a lo que suena. Los críos escribieron cartas a sus padres narrando escenas que les asustaban, pero no llegaron porque los monitores lo impidieron, pero una vez en casa unos pocos tuvieron el valor de contar estas y otras cosas, que sin duda pusieron a los padres de los nervios, y empezaron las denuncias. Los monitores, y la organización de la colonia, mostraron en todo momento su orgullo por cómo habían dirigido el evento, en medio de un escándalo creciente, y achacaban a los padres ser unos mojigatos, estar dominados por el heteropatriarcado y demás argumentos dignos de un cómic woke. Una vez destapado el asunto, empieza el papel de las administraciones en todo esto, y se asiste por parte de la ciudadanía al habitual ejercicio de escaqueo, de negación de responsabilidades y de búsqueda de otros culpables. La Diputación de Álava empezó alegando que eran muchas las colonias y campamentos que se desarrollan en verano y que no puede ir vigilándolas una a una, dejando claro que para recaudar tributos no perdona una, pero para revisar permisos de actividades es mucho más laxa. El gobierno vasco se puso de perfil y echó las culpas a la Diputación, que ya empezaba a virar su discurso a medida que se iban conociendo detalles cada vez más sórdidos de lo que había pasado en la colonia. El bombazo llega cuando se hace pública la noticia que, desde enero de este año, la Ertzaintza ya investigaba unas denuncias por agresiones sexuales presuntamente producidas en esa misma colonia durante el verano de 2024. Es decir, hace ya un año se produjeron hechos intolerables en ese lugar y por parte de esa misma organización, y con una investigación en curso nadie, ninguna institución, había pensado si quiera que fuese buena idea suspender las actividades previstas para este verano, de tal manera que los padres, sin tener ni idea, mandaron a sus hijos a un lugar en el que ya se investigaban hechos de enorme gravedad. La fiscalía ha declarado que nadie le había trasladado denuncia de ningún tipo, por lo que no podía dictar orden alguna al respecto al desconocerlo todo. La descoordinación entre todas las instituciones no es ya total, sino que bordea la negligencia premeditada, como si el objetivo fuera ocultar lo sucedido, o que algo de semejante gravedad no sea considerado como lo que es. Y de mientras, los niños desprotegidos, potencialmente abusados, y sus padres absolutos desconocedores de la naturaleza del lugar al que mandaban a los hijos.

En esta historia, llena de sordidez, basura y negligencia, también destaca la capacidad del PNV, que es el poder local, para ocultar las cosas. Titular tanto del Gobierno Vasco como de la Diputación Foral de Álava, se las ha arreglado bastante bien para que el escándalo no salga mucho más allá de las fronteras del País Vasco, hasta que ha sido inevitable, pero aún así con gran sordina. Salvo El Correo, que lo ha hecho saber a todo el mundo, la discreción con la que los medios nacionales tratan un asunto que abriría todas las portadas de haberse producido, pongamos, en una colonia celebrada en la sierra de Madrid, es más que destacable. Qué profesional es el PNV para ocultar sus miserias y pregonar las del resto. Qué eficacia la suya.

martes, agosto 26, 2025

Israel usa tácticas rusas en Gaza

Ayer, durante su ataque al hospital Nasser, en Gaza, las IDF de Israel utilizaron una táctica que Rusia ha empleado en numerosas ocasiones en la guerra de Ucrania, destinada a disparar el balance de fallecidos civiles. Se denomina “doble tap” o doble golpe, para entendernos. Se busca primero un objetivo civil, fuera de las líneas de frente de batalla, que cause daños significativos y víctimas, a ser posible más heridos que fallecidos, y se espera a que los servicios médicos o rescatadores acudan al lugar a prestar ayuda a los que allí se encuentran. Es en ese momento, en el de los auxilios, cuando se vuelve a atacar el mismo lugar y se disparan las bajas causadas.

Acciones de este tipo no son muy efectivas en lo que hace a la toma de posiciones, urbanas o de otro tipo, pero sí funcionan muy bien a la hora de conseguir dos objetivos. Matar al máximo número de personas posibles e inocular el miedo irracional entre todos los que sobrevivan. Desde el momento en el que se realiza un acto así, la pregunta que surge en muchos al día siguiente, cuando se vuelve a dar un ataque en otro punto será “¿me están esperando a que vaya a ayudar y erradicarme?” Cruz roja, sanitarios y demás personal de auxilio, así como los medios de comunicación, acuden a cada ataque porque es su obligación, y eso les pone en primera línea en caso de un doble golpe. Decidir no acudir en el rescate de alguien por miedo a ser cazado es un acto racional, sí, pero que viola la humanidad de la profesión sanitaria y deja inermes a los ciudadanos de las zonas atacadas. Es por eso que la crueldad de este tipo de acciones es conocida por todos, y denunciada día tras día por parte no sólo de la población atacada, sino por muchas voces de eso que se llamaba comunidad internacional. Voces que claman en el desierto, porque el atacante sabe de la enorme efectividad, en bajas y en moral, que le reportan este tipo de acciones. Ayer, en el segundo golpe, murieron, entre otras personas, cinco periodistas que acudieron a informar de lo que había sucedido. Ha tenido mala suerte Israel, porque lo que seguramente estaba planificado era que debían morir el mayor número de sanitarios y sin testigos, pero en el ataque de ayer la proporción de informadores muertos es salvaje. Ello ha obligado a los portavoces de las IDF a salir a dar explicaciones, ha decir que se ha cometido un error y que lo investigarán. Estas declaraciones son, obviamente, falsas. El ataque de ayer buscaba provocar la mayor de las carnicerías posibles, y en número lo logró. Era una acción perfectamente planificada, programada y ejecutada, en el amplio sentido de este último término, y se llevó a cabo con el pleno conocimiento y aprobación de los mandos militares de las IDF y de los responsables del gobierno israelí, que son en última instancia los que dirigen la guerra en Gaza. A menos de dos meses del segundo aniversario de los salvajes atentados de Hamas, la venganza ciega y el odio din fin que destila una parte extremista de Israel se ha hecho con el control de la fuerza del país y lo ha convertido en un exterminador en la franja, donde no se distingue de ninguna manera ni a civiles ni a combatientes de Hamas ni nada, sólo se busca la destrucción, el asesinato indiscriminado y la reducción de la población allí asentada a una masa informe que puede ser desplazada, aprisionada, apelmazada y eliminada sin pudor alguno. Las imágenes que llegan todos los días desde allí, sabiendo que la propaganda también está presente en ellas, son bastante claras, y muestran la muerte lenta del pueblo de Gaza y la destrucción de un espacio físico en el que no será posible que nadie habite en mucho tiempo. ¿Cuál es el último fin de las ofensivas de las IDF? No, no es rescatar a los rehenes aún en poder de Hamas, sino salvar el pellejo a un primer ministro, Netanyahu, asediado por casos de corrupción, que ha visto en la guerra la mejor de sus oportunidades para seguir en el poder y eludir su responsabilidad. Si para ello debe cometer crímenes sin cesar, es evidente que está dispuesto a hacerlo sin reparo alguno.

Toda la legitimidad que tenía Israel para responder tras los ataques yihadistas del 7 de octubre hace tiempo que ha quedado sepultada bajo los escombros y cadáveres en Gaza. La nación va camino de ser un paria internacional por el comportamiento extremista de su gobierno, y la crisis social en el país no deja de crecer. Las naciones que defienden a Israel hoy en día se cuentan con los dedos de una mano, y la destrucción de su imagen es total. El fruto sembrado por el islamismo yihadista ha devenido en árbol de odio que se expande por la región y ahoga por completo a la que fue la única democracia de la zona, ahora mismo sometida a un régimen que va camino de arrasarla, civil y legalmente. El desastre es total, absoluto.

miércoles, agosto 20, 2025

Fuegos e ineptos eternos

Me repito hasta la saciedad. He dicho una y mil veces que no hay mayor desastre natural que un incendio forestal, por mucho que otros sean también dañinos y visualmente espectaculares. Nada destruye como un fuego, nada arrasa propiedades, enseres, vidas, infraestructuras y paisaje de una manera tan profunda y duradera como un fuego. Seguimos sin ser conscientes de ello, y lo naturalizamos, lo damos como normal, no castigamos con la dureza requerida a quienes prenden fuego al monte, no hacemos lo que es debido para evitarlos.

La previsión de ola de calor disparatada y larguísima que teníamos para primeros de agosto colocaba sobre la mesa las condiciones necesarias para que se desatasen fuegos, por lo que nadie debiera extrañarse de que se hayan producido. Necesario no es suficiente. Han tenido que jugar las tres variables que se le añaden al calor asfixiante para generar el desastre; la imprudencia, la mala suerte y la maldad delictiva. Las dos primeras son difícilmente evitables, porque errores humanos y desgracias como las provocadas por las tormentas secas son apenas imposibles de evitar. Las terceras, las maldades provocadas por sujetos odiosos que alientan sus fines particulares, económicos o de otro tipo, son las que deben ser perseguidas sin descanso, sin tregua, con el mismo afán desde los despachos judiciales con el que miles de personas se juegan su vida a diario para tratar de parar el avance de las llamas. Tengo por seguro que no se hará, que no conoceremos los partes de detenidos, que no habrá medios de comunicación siguiendo juicios en los que pirómanos son condenados a altas penas de cárcel por el enorme daño causado. No habrá nada de eso, casi seguro. También tengo claro que de este desastre, como de anteriores, como el de la DANA, volveremos a sacar la conclusión de que vivimos en un país disfuncional, un reino de taifas llamadas Comunidades Autónomas que, en general, son bastante incapaces de afrontar situaciones complicadas, y que una vez desbordadas, ni piden la ayuda debida ni, por su puesto, la encuentran en el gobierno nacional, que primero duerme, luego mira de qué color político son las CCAA afectadas y, haciendo unos cálculos sobre los votos que puede ganar o perder, actúa desganadamente para tratar de no chamuscarse. El mismo esquema que vimos en la DANA, en aquel caso con una Generalitat Valenciana inepta y un gobierno central inexistente, se ha visto en estos incendios, con el agravante técnico de que las muertes de la DANA se produjeron, casi todas ellas, durante la tarde noche de la maldita riada, y el destrozo ya era inevitable, pero aquí, afortunadamente sin un número de víctimas tan salvaje, el tiempo es fundamental para actuar y tratar de que un incendio no se convierta en un fenómeno incontrolable. Esos días en los que los que Castilla y León o Galicia no han sido capaces de atajar el fuego y el gobierno central no ha movido un dedo para actuar se han traducido en decenas de miles de hectáreas adicionales arrasadas, en pueblos que han desaparecido. En comarcas enteras convertidas en ceniza, donde antes había poca gente, algunos recursos y mucha riqueza forestal ahora ya no queda nada, ni siquiera casas en las que habitar. Cientos de kilómetros cuadrados donde residían personas mayores, abandonadas, olvidadas, se van a convertir en páramos arrasados donde ya no podrá vivir casi nadie, donde la sombra será inexistente y el recuerdo de un paisaje verde se morirá completamente en apenas pocos años, cuando los lugareños se extingan. El olvido que ya son esas comarcas se ha visto claramente en la incapacidad o indolencia a la hora de actuar contra los fuegos.

Sí, estamos, otra vez, ante un fallo de país, ante una inoperancia institucional y social, ante una batalla entre administraciones, encantadas de haberse conocido y de recaudar tributos, pero que no son capaces de actuar pase lo que pase en sus territorios porque su calculadora de votos es más importante que todo lo demás. El desastre natural es absoluto, el social enorme, el sentimental, para quienes son de allí, eterno. Para el político, regional o nacional, la oportunidad de navajear con lo sucedido vuelve a ser grande, y para el ciudadano común, se reproduce la sensación de asco y de temor, asco ante quienes nos gobiernan y temor por la evidente soledad de cada uno de nosotros ante lo que el futuro depara. Otra vez, hemos fallado como país. Otra vez.

jueves, julio 03, 2025

Fallo tras fallo tras fallo tras fallo

Todo sistema es susceptible de fallar, y cuanto más complejo e interconectado está, esa probabilidad crece. Tarde o temprano algo va a salir como no se espera y habrá problemas, y por eso los equipos de mantenimiento trabajan sin descanso revisando piezas, procedimientos, maquinarias y lo que sea para comprobar que cada una de las partes del sistema es lo más robusta posible. Eso, que no evita fallos, los hace mucho menos recurrentes, y aumenta la fiabilidad de todo el sistema, y con ello la calidad del servicio que presta y la seguridad de todos los que hacen uso de él.

Pues bien, la racha de fallos que llevamos en los transportes públicos de alta capacidad en España empieza a estar muy por encima de lo que indicaría cualquier curva de probabilidad razonable. El colapso de ayer en Barajas por un problema informático que afectó a los controles de seguridad fue el último de una secuencia que, como no, tuvo a principios de semana su recurrente episodio ferroviario en la línea Madrid Sevilla, con catenarias estropeadas y convoyes tirados en medio de la nada a cuarenta grados. Una anciana tuvo que ser evacuada de urgencia, y costó lo suyo, porque empezó a mostrar síntomas de gravedad, sin duda fruto del calor. Lo de que coger el AVE se haya convertido en una prueba de esfuerzo y algo parecido a la lotería negativa, con una pedrea de retrasos que, esa sí, está muy repartida, es algo que nos debiera escandalizar a todos, y que requiere explicaciones claras. Obviamente el ciudadano de a pie ya se ha empezado a dar cuenta que, desde el sujeto que ocupa la Moncloa hasta el energúmeno que cobra como ministro de fomento para insultar sin cesar desde su cuenta de X, hasta el último directivo colocado en la empresa pública de turno, nadie se hace responsable de nada de lo que pasa, las críticas de los miles de viajeros que, día sí y día también, sufren abandono en estaciones o descampados no sirven para nada y las hojas de reclamaciones deben tener como uso el convertirse en objetos reciclables una vez que han sido rellenadas. Los formularios webs de las empresas gestoras de las redes, sea ADIF o REDEIA o la que ustedes deseen, esconden de manera prodigiosa todo lo relacionado con las quejas y reclamaciones, y si usted logra acceder a ellas y rellenarlas sabe, con seguridad, que pulsar al botón de envío en esa web equivale al de borrado de los datos del formulario, porque su queja nunca será atendida. Ayer, sin ir más lejos, en el colapso de Barajas, fueron AENA, el gestor aeroportuario, el Ministerio de Interior, responsable de los controles de seguridad, y el Ministerio de Fomento, titular de la infraestructura, los que se cruzaron acusaciones mutuas sobre lo que había sucedido sin que ninguno asumiera parte alguna de la culpa. Lo que había pasado no era un hecho real, parecía decir cada uno de los entes involucrados, porque ellos lo habían hecho todo bien, y en todo caso sería responsabilidad de los demás. De los cientos de vuelos perdidos, de la frustración que se vivió ayer en el aeropuerto, de la colosal estafa que vivieron miles y miles de viajeros, nacionales y de todas las procedencias imaginables, ni palabra. Nada de indemnizaciones, de asunción de responsabilidades, ni siquiera de ofrecer unas míseras disculpas públicas por lo sucedido, no. Disculparse debe ser de pringados, pensarán todos los ejecutivos de los entes públicos que, mes tras mes ven engordar sus patrimonios en medio de la decadencia de los servicios que están obligados a prestar. Reitero lo del principio. Los errores existen, y asumirlos es el primer paso para evitarlos. Lo que estamos viendo desde hace tiempo en determinados sectores, el ferroviario desde luego, no es error, sino pura negligencia, desidia, abandono, desatención.

Aquí, en el fondo, lo que pasa es que la táctica sanchista ha calado en lo más hondo de muchos de los que por él han sido nombrados. Pase lo que pase, aguanta, no te muevas, no cedas, no dimitas, no te vayas, no seas tan gilipollas de dejar de cobrar el pastizal que te estás levantando. Acusa a todos los demás y al mundo entero, extiende la confusión, crea bulos, invéntate sabotajes y patrañas, dedica un pequeño porcentaje de los ingresos de tu ente a pagar a manipuladores mediáticos que te defiendan y acusen a todo lo que se mueva para salvar tu culo. Y el ciudadano, el usuario de los servicios públicos, el que los paga vía tasas o impuestos, que se joda, que se pudra, que se fastidie. Puro sanchismo en acción

jueves, junio 05, 2025

Una banda de sinvergüenzas

Hace pocos días murió, a los noventa y cinco años, Jose Luis Ozores, olvidado por muchos y despreciado por casi todos los que, como él, se dedicaron al cine, sin que ninguno de ellos admita que fue su trabajo incesante el que permitió que muchos hicieran carreras y pudieran vivir de las películas. Las que hicieron famoso a Ozores son cutres, no vamos a negarlo, pero sirven perfectamente como documental de una época, como retrato de unas formas de ser y costumbres que eran las del momento, y que no aparecen reflejadas en otra parte. Y sí, también, esas películas muestran personajes miserables, vergonzantes, que se mantienen en nuestro día, y que en no pocos casos han llegado a lo más alto del gobierno.

Creo que ni Ozores hubiera sido capaz de diseñar una escena como la que se vivió ayer en Madrid, protagonizada por varios de los miembros de la banda de delincuentes que han florecido a la sombra del sanchismo. En sus pelis Ozores le daba mucho peso al humor, un peso que aliviaba la carga de cutrez de lo que se exponía, y otorgaba al conjunto una pinta mucho más amable de lo que era realmente. Te reías con esas historias y las risas te ocultaban lo patéticas que eran y lo nauseabundo de sus protagonistas. Berlanga era similar, pero con mucha mayor calidad cinematográfica. Pero compartía la colección de sujetos que se creen algo y que, en el fondo, son unos mierdas que viven de robar y engañar. Ozores en bruto y Berlanga en destilado definen una manera de ser que no es únicamente hispana, pero que ellos supieron adaptar perfectamente al paisanaje que conocían. Pues bien, ni uno ni otro hubieran diseñado una escena como la de ayer, porque les hubiera entusiasmado verla, seguro, pero habrían considerado que el casting de protagonistas no daba la talla y hubieran temido, con razón, que cualquiera de ellos les acabase robando las ganancias obtenidas por la distribución del filme. Una chula de barrio que es una vulgar trepa que se hace pasar por periodista de investigación y que se dedica veinte minutos a posar sin decir nada para alimentar su desmedido ego (en eso también es sanchista de pura cepa) un comisionista encausado por corruptelas de todo tipo que se le enfrenta a la chula, otro comisionista que sale en defensa de ella y que agrede al primero, escenas de pasillo, insultos, amenazas, empujones, golpes, formas de personajes de tugurio puestos de todo a las tres de la mañana en un hotel madrileño a eso de las diez de la mañana en un día de verano delante de toda la prensa del mundo, que asiste atónita a un espectáculo no diseñable pero que es propio de un reality televisivo. Ruidos de caídas, de cámaras rotas, más móviles que en un encuentro de influencers y una sensación generalizada, de quien ve la secuencia, de asco y bochorno, al comprobar cómo la pseudopolítica española y los arribistas que se han forrado a cuenta de las dádivas del actual gobierno han degenerado en un espectáculo tipo sálvame que, tanto Ozores como Berlanga, hubieran considerado indigno. Pero, ay, estamos en tiempos de vulgaridad consagrada, de malas formas elevadas al olimpo de lo que debe ser. Época esta en la que, con el dinero público, la tele del gobierno contrata a los sujetos basura de lo que fue el sálvame de Tele Cinco a un coste de millones de euros para llenar su programación estelar de tarde, por recomendación de Moncloa, y con la alabanza de todo el equipo de opinión sincronizada al servicio del gobierno. Esa mierda que hace TVE, que ha tenido que recortar ya porque es un fracaso absoluto de audiencia, puede ser renovada para la siguiente temporada con la sustitución de los mierdosos personajes del sálvame original por los del actual desgobierno, empezando por Leire, Aldama. Ábalos, Dolcet, Koldo y Jesi…. Bueno, muchas Jesis, que las hay. Además, todos esos ya saben lo que es cobrar sin límite del presupuesto público por la cara. Seguro que hay gente en TVE que ya conoce sus cuentas corrientes para ingresarles una nómina.

Lo ideal, lo propongo por si puedo vender la idea y llevarme algo de comisión, es montar una casa al estilo gran marrano, un concurso de eliminación entre todos estos sujetos, reunidos juntos bajo el mismo techo, en el que se produzcan eliminaciones y se despellejen públicamente, entre citas con las varias Jesis que habría por todas partes. El que sobreviva al reto puede optar a ser, no se, jefe de comunicación de Presidencia del Gobierno, con el ínclito Idafe como jefe, para fabricar mentiras orquestadas por el poder con sello oficialista. ¿A qué es buena idea? Además, con un poco de suerte, estos sujetos pasan a las manos de verdad y se eliminan “del todo" unos a otros, y todos salimos ganando al desaparecer semejante escoria.

viernes, febrero 07, 2025

La inquisición y Karla Sofía Gascón

Una de las películas de la temporada es Emilia Pérez, semi musical de origen francés. No la he visto. En ella gran parte del protagonismo recae en el papel que interpreta Karla Sofía Gascón, actriz y trans, que le ha valido numerosas nominaciones, como la del Goya de este fin de semana y el óscar, y ya le ha reportado premios como el recibido en Cannes a la mejor actriz. Allí soltó un discurso combativo relacionado con su experiencia trans, bastante ajeno a las cuestiones cinematográficas, y recibió aplausos y vítores por parte de todo el mundo. En la constelación progresista había nacido una estrella, y además era reconocida por su trabajo profesional.

Ahora mismo Karla Sofía Gascón es una apestada a la que todo el mundo lapida en público con la saña con la que se disfruta derribando estatuas de los pedestales. Alguien hurgó en los mensajes que ella había colgado en redes sociales en el pasado y se encontró con textos que no eran políticamente correctos, en los que se metía con los musulmanes, despotricaba contra las vacunas del Covid y cosas por el estilo. Esto ha supuesto un destrozo para su imagen, especialmente para la galaxia progre, y en estos tiempos en los que la corrección política resulta determinante, su pasado es insoportable. En este caso muchos de los abanderados de esa corrección, que dictan en sus tribunas cómo debemos comportarnos todos los demás en cualquier aspecto de nuestras vidas para ser aceptados, que actúan como los antiguos inquisidores, con igual dogmatismo, aunque ahora sin sotana, se han visto en un brete muy complicado. Por un lado Karla encarna el éxito de los trans, la reconstrucción del género como opción y la expresión de la libertad sexual y emocional que tanto encandila al mundo progre y revienta a carcas tipo voxeros y compañía. Por otro lado, resulta que en ese cuerpo autodeterminado existe una personalidad que tiene y expresa opiniones que en algunos casos podrían ser coreadas en mítines trumpistas, por lo que a esos dictadores de la corrección todo este mejunje les ha debido cortocircuitar las pocas neuronas que tienen, todas ellas sectarias. Finalmente han determinado que Karla debe ser sentenciada y condenada en plaza pública, y sobre ella ha caído el oprobio, la denuncia y el ostracismo. De ser la gran nominada a los premios ha pasado a ser una apestada a la que no se invita a gala alguna, no se menciona, se esconde, se oculta y se avergüenza. El director de la película, un sujeto llamado Jacques Audiard, ha pasado en pocas semanas de alabarla con una desmesura exagerada a acusarla de todos los males, repudiarla y apartarla como si fuera una enfermedad gravemente contagiosa. El comportamiento de Audiard, reconozcámoslo, es de una hipocresía tan inmensa como repugnante. Cuando ella era un activo para su película la utilizó, y cuando la dictadura del pensamiento la ha convertido en tóxica, la repudia. A Audiard lo único que le importa es que la peli que ha hecho triunfe, lo que significa que él triunfe, y si antes eso significaba una cosa y ahora es justo la contraria, pues se justifican ambas opiniones y aquí no pasa nada. Es un nivel de egoísmo despreciable que lo equipara a lo que vemos todos los días en la política. Audiard no es ninguna excepción. Desde el Ministro de no Cultura del desgobierno hasta el último de los famosetes de medio pelo entrevistados en cualquier medio de comunicación, prácticamente todos han pasado de gloriar a Karla a crucificarla, tratando primero de sacar tajada de ella y ahora, por causas inversas, hacer exactamente lo mismo. Es despreciable. ¿Es buena o no la interpretación de Karla en la peli? Eso es lo que se juzga en un premio de cine. No importa para nada la ideología del actor o si el actor antes era actor y ahora actriz. Eso no es relevante, no importa nada. Si se premia el trabajo que se hace sólo cuenta el trabajo que se hace. ¿O no se premia el trabajo? ¿Es su triunfo en Cannes y sus nominaciones una estafa?

Como siempre, volvemos a lo de “no es el qué, sino el quién”. Si Karla hubiera lanzado sus tuits insultantes sobre otro tipo de asuntos, pongamos Ayuso, los que ahora la insultan la alabarían, y no les importaría. La verdad, vivimos en una sociedad infantilizada y bastante de mierda. Me da igual lo que piense Karla Sofía Gascón, me parecerá una maleducada si no respeta la formas al opinar sobre lo que sea, y no me importa en lo más mínimo si antes se acostaba con unas y ahora con unos, o al revés o todo conjuntamente. Si ella es actriz, se le juzga como actriz por cómo interprete, y lo demás es mierda. Y sí, Karla, todos los que te decían querer hace meses ahora te desprecian, porque realmente ninguno te quería, todos te utilizaban. Al menos ahora sabes cuántos de los que te rodean son despreciables y cuántos merecen la pena.

Se me olvidó avisar el viernes que el siguiente artículo del blog será el miércoles 12 de febrero

martes, diciembre 03, 2024

Biden se traiciona a sí mismo

En la fase final de su mandato, cuando quedan apenas ocho semanas para que Trump jure frente al Capitolio, Biden ha decidido traicionarse a sí mismo e incumplir una de las promesas que lleva jurando y perjurando desde que llegó a la Casa blanca. Antes ya de ese momento, los líos judiciales de su hijo Hunter eran numerosos, y en ellos se mezclaban drogas y blanqueo de dinero junto a otro tipo de delitos. Al llegar al poder Biden dejó claro que la justicia era igual para todos y que, si se producían condenas en los procesos de su hijo, él las cumpliría, y en ningún caso utilizaría las prerrogativas presidenciales para librarle de la pena. Lo ha repetido decenas de veces, abroncando incluso a los que le insistían con el tema. No, no y no.

Hasta ayer. La Casa blanca emitió un comunicado en el que se anunciaba que Biden padre había reflexionado el fin de semana y cambiado de opinión, e iba a otorgar un indulto amplio a su hijo, que en la práctica le exonera de todas las penas que ya posee y de las que puedan llegar en los procesos que aún tiene abiertos. De un día para otro Biden traicionó su reiterada palabra y dejó colgados a todos aquellos que, a lo largo de estos años de presidencia, han respaldado el discurso oficial de que no se ejercería el nepotismo. Pues dicho y hecho, indulto concedido, palabra pisoteada y desvergüenza manifiesta. La portavoz de la Casa blanca, de la que ustedes pueden encontrar decenas de respuestas con un rotundo NO ante la posibilidad preguntada de ese indulto, justificaba ayer con la misma naturalidad la decisión que echa por tierra toda la credibilidad que ella y su jefe puedan tener. Dado que queda ese corto lapso de tiempo para que el poder de Biden desaparezca y, por tanto, esa portavoz pierda su empleo, ¿por qué no ha tenido ella arrestos para dimitir y negarse a hacer un ridículo tan humillante? Sí, los gastos navideños son caros y las facturas no se pueden aplazar mucho, pero la honra, por poca que sea, vale más. Pues nada, honra perdida. Con su indigna decisión Biden ha hecho un Sánchez en toda la regla, ha violado algo que se autoimpuso y que era un gesto no sólo político, sino sobre todo moral, un mensaje al conjunto de la ciudadanía norteamericana sobre la igualdad de la justicia para todos, sobre el hecho de que el poder no se salta las reglas que a los demás sí les someten. Cada vez que Biden decía que no indultaría a su hijo apuntalaba la legitimidad de un sistema de reglas y leyes en su nación, y acrecentaba la fe en quienes más necesitan que ese sistema funcione, que no son los poderosos, sino todo lo contrario, los humildes, las clases medias y bajas, que no pueden pagar sobornos, caros despachos de abogados ni perder parte de su vida en procedimientos judiciales eternos y muy caros. Todo norteamericano, y español, claro, tiene la sensación de que cuanto más dinero y poder tienes menos problemas tendrás con las togas, y que la ley será mucho más laxa contigo. Negarse a amnistiar a los condenados del procés o indultar al hijo del presidente eran ideas fuerza que recalcaban que la justicia puede perseguir también a los políticos, que ellos no son inmunes por sus actos, como no lo es nadie, cuando estos incurren en delito. Traiciones como la efectuada por Sánchez o Biden son desoladoras, hacen un daño enorme, no sólo por la pura injusticia que suponen, sino por el destrozo de esa credibilidad social ante la justicia, las normas, las leyes, que es la base de la convivencia de las sociedades modernas. El imperio de la ley y del estado de derecho es la garantía de que los más fuertes no imponen su norma a los más débiles, de que de la jungla hobbesiana pasamos a un marco de relaciones regladas. Lo que ha hecho Biden es un enorme error, que mancha su presidencia y que es totalmente indefendible por quienes tenemos un cierto respeto al estado de derecho y creemos en la norma. Ha sido una traición a todo lo que ha defendido en estos años.

Y claro, una vez que Biden ha hecho esto, ¿qué impide que Trump haga algo similar? No se ha cortado nada el magnate en afirmar que en su ánimo está que los condenados por el golpe de estado del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 sean libres. Si lo hace, si les indulta, consumará su traición a la democracia, y dejará libres a una banda de golpistas a los que él alentó en su ánimo dictatorial. Se me argumentará que son casos muy distintos, desproporcionados uno frente al otro, y es cierto, pero también lo es que la justicia y sus normas están para regular las violaciones de la ley, sean estas menores o mayores. Con su decisión, Biden legitima a Trump para que haga cosas similares. Es una desgracia absoluta.

viernes, noviembre 22, 2024

El horrible caso Pelicot

Vivimos una burbuja de series criminales, un bombardeo en las plataformas de infinitas variantes sobre cómo cometer crímenes e investigarlos, con argumentos cada vez más retorcidos y, sospecho, inverosímiles y, pese a ello, la realidad nos muestra casos de abyección humana difícilmente imaginables, situaciones totalmente incomprensibles que, a buen seguro, hubieran sido rechazadas por cualquier guionista de una u otra productora, bajo la excusa de lo imposible o de lo retorcido. El caso Pelicot, cuyo juicio está llegando a su conclusión en Francia, es una de esas historias que, si no fueran reales, sería prácticamente imposible de imaginar. Tristemente, ha sucedido.

Que el violador sea tu marido, que la violada sea la esposa, es algo que se ha dado en demasiados matrimonios a lo largo del tiempo, lo que no quita ningún ápice a ese delito, pero la variante que ha creado el marido de Guiselle, cuyo nombre no recuerdo y, aunque así fuera, no escribiría, es de lo más repugnante. Usaba a su mujer como pieza de caza para aquellos que la deseasen, la drogaba e, inconsciente, era abusada por hombres sin cesar, previo acuerdo del violador y el marido. Ella no se enteraba de nada, estaba sometida de una manera absoluta, pero, a la vez, inconsciente. Su voluntad no existía. Este proceso de abuso se ha mantenido en el tiempo a lo largo de decenas y decenas de hombres crueles, cuyo único objetivo era mantener sexo con una mujer y que nunca vieron objeción alguna en lo que se les proponía. En la lista de abusadores, que sobrepasa ampliamente la media centena de sujetos, hay de todo, desde inmigrantes hasta franceses de más pura cepa que las viñas de Burdeos, personas de clase alta y media, poseedores de propiedades o asalariados comunes, una muestra de la vida real del país y de sus muchos estratos. Sólo les igualan dos cosas, ser hombres y repugnantes. Los testimonios que han ido sucediéndose durante el juicio muestran el arrepentimiento, a posteriori, de los abusadores, pero la plena coincidencia entre ellos de no ver nada extraño en lo que sucedía, en obviar por completo la vida y voluntad de la mujer abusada, que para todos ellos no era una persona, sino un objeto de carne flácido e inerte con el que hacer lo que quisieran, una especie de muñeca hiperrealista para dar rienda suelta a sus deseos. Nada había por encima de esos deseos, nada. Ni la ética, ni la moral, ni la extrañeza de la situación ni, desde luego, la conmiseración que pudieran tener ante la mujer abusada, que no era sino una agrupación de coño y tetas en un envoltorio carnal deseable. Ninguno vio delito en lo que sucedía, no hubo tentación alguna de denunciar ante la policía lo que, visto desde fuera, es una violación en toda regla, y los encuentros se sucedían uno tras otro, con el marido usando a su mujer como un mero envoltorio y, se supone, disfrutando como voyeur privilegiado de la representación que creaba en cada una de las violaciones que apalabraba. Nadie en la localidad en la que tenían lugar los hechos vio nada raro, ni se mosqueó ante un reguero de visitas a una casa en la que no tenía lugar un negocio privado anunciado en la puerta. Los periodistas que han intentado hablar con los vecinos se han encontrado con un muro de silencio, que esconde seguramente vergüenza ante lo sucedido, pero también, no lo duden, complicidad, el escondido sinsabor de ser conscientes de que algo pasaba y que no hicieron nada por evitarlo, quizás porque más de uno aspiraba a unirse al carrusel de abusadores, y una vez desarticulada la trama se han quedado con las ganas. ¿Tiene sentido lanzar una acusación semejante? Visto el éxito que tuvo la asquerosa iniciativa del marido y de la complacencia de los distintos abusadores tampoco es demasiado difícil suponer que no eran pocos los que hubieran querido sumarse a semejante festín de atrocidades. La sensación de impunidad y el secretismo abren puertas que nos conducen a abismos en los que cada uno de nosotros puede transformarse en un monstruo.

Giselle, la abusada, la que ha sufrido semejante delito, ha optado en el juicio por una postura valiente, frontal llena de mérito. No se ha escondido, no ha aparecido cubierta ni tras una mampara. No. Con la cara bien visible, ha respondido a todas las preguntas, ha estado en la sala y en ningún momento ha sentido la vergüenza que muchos hubieran creído que la iba a poseer, porque ella era muy consciente de que el autor del delito, su marido, y sus cómplices, los abusadores, eran los que debían sentirse avergonzados por lo que habían hecho. Ella es la víctima de una crueldad insoportable, que ha destruido a esa familia y que no podrá ser reparada sea cual sea la condena a la que se le someta al marido. Pero ella mantiene la mirada firme ante un tribunal asombrado y una sociedad hipócrita, que ahora la defiende y antes la traicionó.

martes, noviembre 12, 2024

Tonto el que dimita

Era toda una declaración de principios de la política nacional, y de la forma de ser que nos caracteriza, el conjunto de frases que soltó la portavoz del gobierno valenciano el pasado domingo cuando, entre otras cosas, afirmó eso de que no es momento de dimisiones, que dimitir es algo que no es una opción posible, que no se contempla. Ante el evidente fracaso de su gestión ante la pavorosa crisis de la DANA, esa política, que seguramente no sea capaz de hacer mucha cosa más allá de loar a quien le ha colocado en ese lugar, expresaba en voz alta y clara lo que es el auténtico lema de (casi) todos los que alcanzan un cargo púbico en España. Aguanta, el que aguanta gana, el que se va es bobo.

Si hace años era común el chiste fonético ese que decía que en España no se iba nadie de su cargo por que dimitir es un verbo ruso, lo cierto es que ahora ya vivimos en el apogeo de la irresponsabilidad total, en el descaro absoluto de la gentuza que ocupa puestos de responsabilidad, institucional o no, que ensucia sin cesar el nombre de los lugares que ocupa, y que ha descubierto que en el absoluto clima de toxicidad sectaria en el que nos encontramos pueden llevárselo crudo sin problema, con total desparpajo. Nadie dimitió del gobierno cuando se destapó la trama Koldo, que afecta a quien fuera ministro y secretario de organización del PSOE. Nadie dimitió cuando la aplicación de la ley del sólo sí es sí empezó a dejar las consecuencias que varios previeron, en forma de delincuentes sexuales beneficiados por rebajas de penas injustas. Nadie dimitió cuando se negaba la amnistía a los sediciosos del procés y, de un día para otro, se decidió concedérsela, humillando a todos aquellos que estamos obligados a cumplir las leyes. Nadie ha dimitido en Restar ni en el resto de las organizaciones que han encubierto la conducta depredadora sexual de Íñigo Errejón, a sabiendas de lo que estaba haciendo. Nadie ha dimitido del gobierno de la Generalitat Valenciana después de haber mostrado una incompetencia absoluta en las primeras fases de la gestión de la DANA y no haber avisado a la población cuando todavía había tiempo para salvar vidas, que no enseres. Nadie ha dimitido en el gobierno nacional que, cruzado de brazos durante días, dejó abandonados a los ciudadanos de las zonas arrasadas de Valencia, calculando de mientras cuánto daño le haría al PP su nefasta gestión de la riada. Nadie ha dimitido de entre los altos mandos encargados de la gestión logística, civil o militar, que han demostrado una inoperancia y descoordinación absoluta durante días y días, en los que una panda de pringados, los voluntarios, han sido los que han permitido salvar algunas vidas y ofrecer algo de normalidad a los que se han quedado encerrados en medio de ruinas y mierda. Nadie ha dimitido en las Confederaciones Hidrográficas, que teniendo los datos sobre la crecida no hicieron lo debido alertando a quienes podían avisar a la población (aunque luego esos estuvieran haciendo necedades conocidas). Nadie ha dimitido de los medios de comunicación que ignoraron la llegada de la DANA y que el martes noche, con cientos de muertos ya en las calles, no daban cobertura alguna sobre lo que había pasado no en un recóndito valle afgano, sino a apenas unos pocos kilómetros de la tercera mayor ciudad del país. Nadie ha dimitido de los responsables de ciertos programas de televisión y medios de otro tipo, que han alimentado el morbo con cifras de miles de víctimas y con barro estratégicamente repartido por el cuerpo de algunos reporteros minutos antes de que conectasen en directo en sus coberturas. Nadie ha dimitido, en fin, en medio del absoluto desastre institucional en el que se ha traducido la gestión de la DANA, en medio de un fracaso absoluto de un país que no ha sabido, podido y querido, las tres, hacer lo que tenía que hacer para paliar en lo posible el daño causado por un fenómeno natural arrollador.

Lo único que interesa a la gentuza que actualmente rige en la mayor parte de nuestras instituciones es su cargo, sueldo, puesto, privilegio y, cómo no, la propaganda que les ensalce lo más posible. El día del desastre lo que le preocupaba a Mazón era colocar a alguien al frente de la televisión valenciana para que le sirviera de altavoz a su servicio. Lo único que le preocupaba al gobierno de Sánchez el miércoles tras la DANA era colocar a los suyos en el Consejo de RTVE para lo mismo que quería Mazón en la televisión valenciana. En el fondo, todos son unos Rubiales, una panda de sinvergüenzas que ofenden sólo con su presencia, y que gritan a los cuatro vientos que no quieren dimitir, porque vana seguir trincando hasta que no tengan opción alguna.

lunes, noviembre 04, 2024

Imagen de estado fallido

La capacidad que tenemos para fracasar colectivamente ante los retos que la realidad nos impone no conoce límites. Obsesos con el deporte y otros temas menores, donde nos creemos algo, no somos capaces de responder como se debe, con las carísimas herramientas con las que nos hemos dotado, cuando las cosas importantes, las del comer y vivir fallan. En medio de la angustia, fracasamos, y nuestro único objetivo es buscar culpables que escondan las inexcusables fallas que se han cometido. Esconderse, irresponsabilizarse, es el auténtico deporte nacional, en el que somos campeones mundiales sin apenas competencia.

El apocalíptico desastre creado por la DANA en Valencia ha degenerado en una enorme crisis de estado por la incompetencia, desidia, mala fe y necedad de todos los actores implicados. Sólo la AEMET hizo bien su trabajo, prediciendo hasta donde pudo, avisando con sus pocos medios y sin que nadie le hiciera el caso debido. La responsabilidad de avisar a la población de que el martes se podía organizar una gorda caía en la Generalitat valenciana, y falló, en el primero de todos los graves errores de su gestión. Minusvaloró el problema, no le dio importancia y pasó de ello. Cuando llegó el desastre, tarde noche del martes 29 de octubre, nadie estaba atento a lo que sucedía, nadie miraba. Con todos los cientos de muertos ya muertos, enterrados en el fango, ninguna cadena de televisión generalista levantó su programación nocturna, indistinguible en su chabacanería, para informar que algo muy gordo había pasado no en Afganistán, sino en el extrarradio de la tercera ciudad del país. Sólo Franganillo en Telecinco pudo hacer un avance de unos pocos minutos a eso de las diez y media de la noche. Al día siguiente el desastre era absoluto, pero no se vio ninguna prisa por parte de las autoridades regionales o nacionales para hacer algo. El gobierno, que corrió lo que pudo y más para el martes del horror asaltar el Consejo de RTVE, no mostró reacción significativa, demostrando que lo importante es lo importante, y lo que no no. A medida que pasaban las horas y la dimensión de un desastre inmenso empezaba a calar, se veía que la respuesta de la Generalitat, tanto por incapacidad como por incompetencia, no era, ni mucho menos, la necesaria. La imagen de Mazón y su administración empezaban a hundirse en ese lodo apestoso, y alguno en Moncloa vio la oportunidad de sacar tajada, escaqueándose todo lo posible y dejando al gobierno regional que fuera devorado por los hechos y su necedad. Esa, y no otra, es la única explicación posible a esa displicente declaración de Sánchez en Moncloa del sábado en la que afirmaba que, si la CCAA necesitaba más medios, que los pidiera, dejando claro que no iba a mover dedo alguno por su propia voluntad. Decenas de miles de ciudadanos abandonados a su suerte entre montañas de mierda y cadáveres mientras dos administraciones, una regional regida por el PP y otra nacional regida por el PSOE, mostraban hasta qué punto la vileza del cálculo político más repugnante se ha instalado entre nosotros. Afectos a cada uno de los gobiernos bombardeaban las redes sociales tratando de defender la impresentable posición de cada uno, porque para ellos lo más importante es ganar méritos por si alguna vez les toca el premio de, pongamos, ser consejero en una tele pública con un nuevo sueldo de 100.000 euros al año. La indignación de las víctimas era paliada únicamente por los voluntarios, que acudían a ayudar lo que podían, mientras que los medios oficiales, ejército, maquinaria y demás llegaban a cuenta gotas, con la sensación de que no era necesario volcarse en la tragedia como si fuera la catástrofe nacional que es, sino como si se tratase de otro de esos juegos que los fabricantes de relatos políticos crean en sus habitáculos, desconectados de la realidad, en la que las vidas, propiedades y futuros de las personas no importan en lo más mínimo frente a sus desmedidos egos y los de los que tan bien les pagan.

Ayer al mediodía, dos fracasados, Sánchez y Mazón, se escudaron en el Rey para presentarse ante la población de Paiporta, una de las más afectadas por el desastre, y allí cientos de vecinos desesperados la emprendieron a gritos, lanzamiento de barro y otro tipo de actitudes reprobables, pero tristemente esperables. El más cobarde de todos, Sánchez, huyo. El más inútil de todos, Mazón, se escondió lo más que pudo, y el rey y la Reina, embarrados, dieron la cara, aguantaron literalmente el chaparrón, y fueron los únicos que, en medio de tanta mierda, estuvieron donde tenían que estar. El estado ha fracasado por culpa de los necios que nos rigen.

martes, octubre 29, 2024

El fracaso de una generación

Ayer comparecieron, por separado, algunas dirigentes de Mas Madrid y Yolanda Díaz, como no queriendo saber unas de la otra y viceversa, aparentando una distancia orgánica que no es sino teatral. En ambos casos el resultado fue el mismo. Pedida de disculpas, reconocimiento de errores, revelación de que las denuncias contra Errejón llevaban mucho tiempo ahí pero no se hizo nada, nula asunción de responsabilidades políticas, ninguna decisión sobre ceses y menos de dimisiones, intento de extender la culpa a la sociedad, infantil manera de afrontar la gravedad del asunto y ceguera ante la destrucción política de las formaciones en las que militan todas ellas.

El 15M tuvo lugar durante el año 2011, y arrancó con casi el final de la campaña electoral de las municipales de entonces, en mayo. De aquella protesta derivada de la crisis económica que, a partir de 2008, cambiaría occidente, nació un propósito regeneracionista que buscaba luchar contra la corrupción y el problema político que asediaba a la sociedad española, inmersa en una devaluación interna que se acrecentaría aun más en los siguientes dos o tres años. Vivíamos a crédito y nos negábamos a creerlo, y se acabó. Varias formaciones surgieron para recoger ese espíritu de protesta, e ideológicamente fueron dos las que acabaron cuajando. Por un lado Ciudadanos, de corte liberal, tanto en lo económico como social, fue el experimento más interesante de todos, el que pudo llegar más lejos y el que antes se estrelló, por la ceguera de quien fue su líder y fundador, Albert Rivera, que acertó y acertó hasta que cometió algunos de los mayores errores políticos vistos hasta entonces. Por otro lado, en las antípodas ideológicas, surgió Podemos, un movimiento que se autoproclamaba transversal, pero que no era sino la versión más cruda y estalinista del comunismo trasnochado de toda la vida, pero vestido con ropajes jóvenes. Tres personas lideraron el movimiento; Monedero, Errejón e Iglesias, siendo este último el que acaparaba mayor atención mediática, y el que acabaría llegando más alto en la escalera del poder, siento en 2020 nombrado vicepresidente primero del gobierno de Pedro Sánchez (habrá que jurar que lo vivimos para que se crea que semejante disparate pudo suceder). Como suele ser habitual en todos esos movimientos de izquierdas, el dogmatismo de sus líderes, su obsesión dictatorial y los odios internos empezaron a devastar la formación, y las purgas se fueron sucediendo. La fábrica de marcas que ha supuesto estos años de izquierda descontrolada ha sido enorme, realmente imaginativa en algunos casos, pero siempre tratando de crear un grupo separado del original en el que el segundón busca ser el líder. Errejón, que parecía el más pringado de todos, acabó siendo el cofundador y colíder de la última de las marcas, ese Sumar que ya ha muerto, y sin llegar al gobierno, cosa que ha hecho Yolanda Díaz a través de esa plataforma y con la ayuda de Errejón, logró ser el muñidor de una enseña que llegó a desbancar por completo al arcaico invento de un Iglesias al que ya todo el mundo veía como el cutre dictador que aspiraba a ser. Nombres, enseñas, logos, idas y vueltas para aburrir, generando el mayor de los caos en torno a unas ideas fuerza tan grandiosas como vacías, que tan pronto generaban ilusión en su electorado potencial como unos resultados electorales decepcionantes, mostrando hasta qué punto muchas de esas marcas apenas eran sino meros experimentos de marketing bien organizados en despachos y alimentados por presuntos periodistas, así se hacen llamar, que les daban todo el bombo posible, esperando sin duda conseguir prebendas públicas por parte de aquellos a los que inflaban, una vez que estos hubieran alcanzado cotas de poder y acceso a la posibilidad de nombrar y gastar a dedo. Los cero escaños que sacó Sumar en las elecciones gallegas, de donde es Yolanda Díaz, fueron el preaviso de su defunción política.

Tras lo de Errejón ya la patética huida hacia delante de toda la dirigencia de las formaciones en las que él participó, y desarrolló sus comportamientos, se puede dar por oficialmente terminado el ciclo político que empezó el 15M. El resultado es lamentable, el mayor de los fracasos posibles. La política hoy es un lugar polarizado, insoportable, en el que la mentira vuela baja, se compra a los medios para que difundan eslóganes y todos los que allí se encuentran sólo buscan hacer carrera, conseguir un cargo, un sueldo, y lo demás les da igual. Nadie lo ha contado mejor que González Ferríz en “La Ruptura”. El sueño de la regeneración ha creado el monstruo en el que ahora vivimos. El fracaso de esta generación política es absoluto, total.

lunes, octubre 28, 2024

Restar se va a acabar

Era imposible que Restar, lo que aún oficialmente se llama Sumar, no compareciera púbicamente para dar explicaciones sobre el escándalo de Errejón, el número dos de su organización. Bueno, maticemos lo de imposible, porque a estas horas del lunes la vicepresidenta que cobra como tal en nombre de dicha organización no ha dado aún la cara. Se espera que lo haga hoy, aunque conociéndola habrá pasado este tiempo fabricando excusas baratas para quitarse toda responsabilidad de encima. La cosa es que la organización que ella y Errejón crearon tenía que dar explicaciones, y para eso convocaron a los medios el sábado.

El resultado de la comparecencia fue lisérgico. Caras largas, acto de contrición público, muchas declaraciones de propósito de enmienda, pero ninguna explicación ni asunción de responsabilidades. Los comparecientes se dedicaron a echar balones fuera sobre lo sucedido, negando que supieran nada, cosa que fuentes y fuentes no dejan de repetir que es falso, y por supuesto, ni se anunciaron dimisiones ni renuncias. Todos los cargos orgánicos de la formación seguirán en sus puestos, cobrando, y desempeñando las labores que tienen nominalmente atribuidas en el desgobierno de coalición, hubo un ministro en la rueda de prensa del sábado, cobrando de todas ellas también. Sí anunciaron como gran medida que salvará todos los problemas la instauración de unos cursos obligatorios de igualdad para todos los dirigentes de la formación, en lo que se puede interpretar directamente como un insulto a los que seguían en directo la comparecencia y a todos aquellos que esperaban una mínima respuesta. A punto estuvieron los comparecientes de deslizarse por el peligroso tobogán auto exculpatorio por el que Errejón trato, en su lamentable carta de despedida, de hacerse la falsa víctima frente a las reales que él sí había causado. Ese argumento de que “el neoliberalismo me forzó a actuar así” o “el heteropatriarcado se comió mis deberes” que ha sido comprado por algunos de los más adictos a la monserga oficialista estuvo a punto de salir en la rueda de prensa, pero finalmente no afloró del todo. Los periodistas que allí estaban, estupefactos ante la desvergüenza de los comparecientes, hicieron algunas preguntas sobre si esas eran las únicas explicaciones que iban a dar a la militancia de su partido y a la sociedad en su conjunto. Una de ellas les recordó que la patética idea de los cursos ya estaba en su programa fundacional, y que estaban anunciando una nada que encima no era novedosa, a lo que la responsable de igualdad del partido respondió que era cierto, pero que no habían sido capaz de ponerlos en marcha por la tensión creada por el ciclo electoral que se ha vivido en estos dos años. Supongo que tras no responder a varias de las cuestiones los comparecientes se dieron cuenta de que estaban haciendo un ridículo espantoso, y dieron por concluida un acto que, por momentos, me recordaba a las ruedas de prensa de Cospedal cuando empezó la Gürtel y estalló lo de Bárcenas. A ella le pagaban por mentir a la prensa y a la sociedad y los que acudían a Génova a las convocatorias de prensa sabían que todo era mentira, que nada de lo que la portavoz anunciaba era cierto y que sus preguntas jamás serían contestadas. En aquel caso se trataba de una corrupción económica y política, en lo de Restar estamos ante una corrupción sexual y que viola por completo uno de los fundamentos ideológicos de la marca, el de la lucha contra la igualdad. El daño reputacional que lo de Bárcenas provocó al PP fue grande, y le acabó costando el poder. Y no podía ser menos dada la gravedad de aquello. El destrozo para Restar del caso Errejón es absoluto, el hundimiento de su imagen de marca en medio de balbuceos ante el estallido de la hipocresía que existía en su interior respecto al abusador comportamiento de uno de sus máximos dirigentes los condena al desastre electoral y a la irrelevancia política. Como en “Los Otros” Restar ya está muerto, pero aún no lo sabe.

Un pequeño apunte estético sobre “los comparecientes” del sábado. Ante un caso de abusos sexuales, subieron al estrado a dar explicaciones cuatro mujeres silentes que escoltaban a un hombre, Urtasun, Ministro de Cultura, dejando bien claro cómo se reparte el poder en la formación, cómo las mujeres se utilizan como banderín ideológico y florero estético, y recalcando que toda organización política es un juego de egos en el que los hombres siempre van a querer luchar por tenerla más grande que todos los demás, y ni les cuento cuál es el papel subordinado de ellas. Seguro que el estalinista Iglesias, que debe estar disfrutando de lo lindo con lo sucedido, puede contar experiencias al respecto. Bueno, mejor que las cuenten otras.

viernes, octubre 25, 2024

La caída de Errejón

Ahora resulta que empiezan a salir voces autorizadas diciendo que lo de Errejón era muy conocido, que desde hace tiempo, en su partido y aledaños, se sabía de sus comportamientos y que le habían dado más de un toque al respecto. Eso debe ser lo de la tolerancia cero ante los abusos y el creer a las víctimas. Pues sepan ustedes que yo no tenía ni idea de nada, no me había llegado rumor alguno y para mi fue una sorpresa descubrir, a lo largo de la tarde, el pastel que se destapaba en torno a los comportamientos privados de Errejón, presuntamente delictivos, que por la noche ya incluían el anuncio de la presentación de una denuncia por parte de una de las víctimas ante la policía. Asombroso.

No merece ni un minuto detenerse en el comunicado difundido por Errejón, un texto lleno de farfolla, pedantería y palabras huecas en las que, sobre todo, el autor intenta aparecer como una víctima de lo que ha hecho, y le echa la culpa de todo a conceptos de sociología como el patriarcado, el neoliberalismo y otras cosas por el estilo que no son sino recursos baratos de una presunta inteligencia que trata de ocultar lo que, parece, ser un comportamiento de abusador de toda la vida. A pesar de su apariencia de no haber roto un plato, Errejón parece que destrozaba vajillas, en forma de mujeres a las que accedía por su posición, por el poder, por la relevancia pública de su cargo y vida, y que el consumía y trataba como si fueran objetos. Es un caso clásico de uso de la posición de poder para conseguir lo que no es posible de otra manera. Algunos, a lo Aldama, se forran, y otros, a lo Errejón o Ábalos, se ven sometidos por su entrepierna, todo ello con las presunciones debidas. En casi todos los casos de abuso sexual se da una posición de poder, una dominación, alguien que ocupa un puesto de mayor relevancia económica y social y el abusado, que está en inferioridad, que cuando es consciente y quiere negarse a lo que está pasando sabe que debe renunciar a una vida, ingresos, seguridad, y caer en el pozo de la pobreza en no pocos casos. Eso da al abusador toda la ventaja del mundo, y de ahí al horror apenas queda un paso. En el entorno de trabajo en el que ambos elementos se mueven las tornas suelen estar claras, y el que detenta la posición de poder tiene toda la ventaja posible para enmascararse, conseguir coartadas, recabar apoyos de los suyos, que no suelen ser los últimos de la clase precisamente, y así mantener la ficción de que nada hace, de que es inocente, de que esos rumores no son sino maledicencias. En este caso las explicaciones que deben dar todos los que pertenecen a ese invento mal llamado Sumar y a lo que queda de Pablemos son amplias, porque la trayectoria de un sujeto de este tipo no se crea con un caso ocasional, con un desliz no deseado que es un borrón, sino con reiteraciones, con abusos continuados, con un reguero de víctimas que se suceden en el tiempo, que viven experiencias similares y que han sido engañadas de una forma parecida (cada uno de estos sujetos posee una táctica propia que le caracteriza y reitera, porque aunque sea incomprensible, les funciona) por lo que será amplio el tiempo en el que estos sucesos se han dado, y numerosas las personas que lo conocían, tanto en los partidos como en sus proximidades. ¿Cuántas de esas voces tan gritonas sobre los derechos de la mujer sabían algo y no han dicho nada? El mismo Errejón era un baluarte en lo que se refiere a feminismo y parece que resultaba ser todo lo contrario. Ante el depredador confeso, ¿cuántos han sido los silencios cómplices necesarios para que ejerciera su labor destructiva? ¿quiénes, sabiendo, miraban hacia otro lado y, con toda la desvergüenza del mundo, proclamaban discursos que eran vejados en el despacho de al lado? Si la formación de Yolanda Díaz ya ha demostrado desde su inicio ser un fracaso político, este caso puede ser su puntilla. Por parte de Pablemos, se sentirá encantado al ver como uno de sus odiados, uno de los que le traicionó, se hunde entre las sombras. Pero también debiera explicar lo que sabía, desde cuándo, y si calló, por qué.

En lo ideológico Errejón era el típico hipócrita que vive como un rico en occidente y proclama que el paraíso es una dictadura comunista latinoamericana, de esas a las que visitaba para ser agasajado y cobrar. Rodeado de una pátina de intelectual, fabricante de frases tan pomposas como vacías e incomprensibles, Errejón era la cara amable del estalinismo moderno encarnado por Pablo Iglesias. Ambos comenzaron su aventura ideológica juntos, y el ansia de poder les separó. Ahora Errejón se enfrenta a posibles cargos penales y el ostracismo social, y se convertirá en fácil objetivo de los que quieran hacerse los puros, pero que probablemente esconden en sus armarios mierdas similares a las que nos ocupan. Cuánta hipocresía.

martes, octubre 22, 2024

Política zafia

Hoy en dos semanas tendrá lugar el día electoral en EEUU, aunque cada vez sean más los estados que permiten el voto anticipado, y por ello millones de ciudadanos ya ha acudido a las urnas a dejar su decisión. La campaña, sucia, empeora. Este fin de semana Trump ha dicho en un mitin que Kamala ha sido una vicepresidenta de mierda, literalmente, con esas palabras, sin tapujo alguno. Lo curioso, o ya no, es que eso ha sido jaleado con gozo por los asistentes al encuentro, y es probable que le de más votos de los que le pueda quitar, lo que define muy bien la degeneración a la que ha llegado la política allí, y aquí, y en todas partes.

Hace tiempo que los políticos, exclusivamente preocupados por ser reelegidos y sacar tajada del tiempo que puedan disfrutar de sus cargos, descubrieron que las nuevas formas de comunicación, especialmente las redes sociales, premian el exabrupto, la estupidez, la palabra malsonante, el escándalo. Proponer y trabajar no genera “me gustas” y lanzar insultos y mentir hace que el ruido sea el alimento de los algoritmos para progresar y captar la audiencia. Sí, no todo son redes sociales, pero lo que en ellas sucede cada vez condiciona más la vida real, y el estruendo que de ellas emana se contagia a los medios de comunicación tradicionales, que ven como sus audiencias declinan y deben sumarse al circo de la bronca para conseguir espectadores, porque nada engancha más que las malas formas. Lo que se ha llamado el “sálvame” de la política se ha convertido en un bucle constante de mamporreros, creadores de lemas, ideólogos de lo sucio, mentirosos, insultadores profesionales y todo tipo de sujetos de baja estopa subidos a los aledaños del poder establecido o del que pretende suplirle, todos ellos con unas formas odiosas que, a mi, sólo me generan repulsión. Hace tiempo que la política dejó de ser una manera imperfecta pero posible de tratar de encontrar respuesta a las disputas sociales para convertirse en una mera generadora de disputas. Y esa fábrica de broncas ha conseguido avinagrar relaciones y todo aquello a lo que toca. Ahora resulta que es política ver una televisión u otra, comprarse un coche u otro, coger o no una bici, y soplapolleces por el estilo. Todo se quiere ver desde una óptica política para así conseguir que esas máquinas de ruido se realimenten lo más posible, consiguiendo más y mas relevancia en las redes. Se crean polémicas inmensas por asuntos de estupidez colosal que obligan a todo el mundo a posicionarse, a estar indisociablemente unido a uno u otro bando, bandos artificiales diseñados en una sala de marketing, y de cada una de esas segmentaciones se obtienen resultados sobre la pureza ideológica de los que son los fieles a mi idea, a mi partido, a mi líder. Todo es una cutrez y banalidad insoportable, y claro que los que denunciamos esta deriva, que somos pocos, se nos tacha de todo desde los que las fabrican, porque el tibio es lo peor de cara a un algoritmo que necesita sesgos para retroalimentarse. La degeneración de los perfiles que acceden a los altos cargos de la administración y la gestión política es tal que, sinceramente, ninguno de ellos sería capaz de pasar ningún proceso de selección para trabajar en empresa alguna, dada su inutilidad, pero son válidos como convencidos repetidores de consignas, y eso es lo que les otorga el prestigio, al fe de los suyos, los miles y miles de seguidores, algunos reales, otros falaces, que les jalean a diario en el absurdo en el que se ha convertido la crónica política. Esto pasa en todas las naciones occidentales. En España, y dada la incultura generalizada de nuestra sociedad, las falacias y basuras a las que uno se exponen son aún de un calibre superior a las que se dan en otros países, pero no tienen una excepcionalidad muy grande. Las opciones de que Trump sean reelegido son altas, y eso nos dice mucho del momento que estamos viviendo.

Vi el otro día, referido al proceso electoral norteamericano, que un número creciente de estadounidenses ha decidido reducir su exposición a las noticias para evitar la bronca política y, así, poder establecer un cortafuegos en sus vidas privadas respecto a lo que de ahí emana. Es lógico. Desde hace tres meses no compro prensa los fines de semana, por decisión consciente, para no tener que pagar por argumentarios escritos desde un despacho de poder que son de una estupidez indigna, de un valor muy inferior al papel en el que se han impreso. Si la única manera de sobrevivir al ruido es escapar del ruido, sólo esos necios quedarán en su charca de lemas falaces. ¿Qué hacer? ¿Cómo soportarlo? ¿Es posible revertir la situación? ¿Quedará algo de vergüenza entre tanto indeseable e interesados a sueldo?

martes, julio 09, 2024

ERC o la descomposición de la política

No parece haber fondo en el proceso de descomposición de la política en nuestro tiempo. Sí, quizás la veía antaño con ojos más ingenuos, pero es que entonces, creo, quedaban dirigentes que supeditaban sus actos a algo más que al interés propio, con vistas a construir algo para la sociedad a la que se decían deber, y a la que, es la verdad, todo debían. Ahora parece que no. Las organizaciones han sido tomadas por hordas sectarias adictas de notoriedad, amantes del griterío, de las bajas formas, de la pura cutrez, que usan las redes sociales para atizar a diestro y siniestro e imponen discursos basura de tal necedad que espantan a cualquiera con dos dedos de frente. Eso se da entre nosotros y fuera. No es consuelo, sólo epidemia.

Convenientemente camuflado por los medios controlados por Moncloa, ha tenido lugar estos días en la ERC catalana un escándalo de tintes psicóticos y despreciables, que muestra a lo que están llegando todos los partidos. Tras las catalanas de mayo, y ante cualquiera de las posibilidades que se den hasta el 25 de agosto, fecha límite para la constitución de un gobierno autonómico, gran parte de la responsabilidad de lo que ocurra está en manos de ERC, uno de los perdedores de la noche electoral. Sin embargo, si se inviste a Illa o se provoca una repetición será, en gran parte, por decisión de ese partido, que se denomina a sí mismo republicano y de izquierdas. Pues bien, los malos resultados y las distintas alternativas que tiene ante sí han abierto completamente la caja de los truenos y han estallado guerras cruzadas de todo tipo en el seno de la formación. Podía uno pensar que todo es un enfrentamiento entre soberanistas moderados, partidarios de pactar, y radicales, que buscan la repetición con una posible unión con Junts. En todo caso ambos sectarios y, desde luego, nada de izquierdas, pero no, la guerra interna es de un todos contra todos, y se ha manifestado en declaraciones, amenazas, plantes y escenas de desunión a varias bandas, con el colofón de una campaña despreciable, como les señalaba al principio, en la que varios carteles con las efigies de los hermanos Maragall aparecieron por Barcelona en paradas de autobús y paredes varias. En ellos el lema único, repetido varias veces, decía “Fuera el Alzheimer de Barcelona” en una clara alusión a la demencia que está acabando con la vida del ex alcalde de la ciudad Pascual, que fue del PSC, y de paso un insulto a su hermano Ernest, desde hace tiempo en ERC. La imagen de ambos hermanos llena la parte central baja de la composición, con el lema repetido de fondo en toda la imagen. No ha quedado claro qué sector de ERC está detrás de semejante estupidez, pero los rumores apuntaban a, entre otros, Sergi Sabrià, vice-consejero y mano derecha del aún presidente de la Generalitat en funciones Pere Aragonès. Sabrià ha negado varias veces tener relación alguna con semejante asunto, pero hace pocos días dimitió de su cargo, diciendo que lo hacía con la conciencia tranquila, en lo que para algunos fue una espantada, para otros una negación a lo San Pedro de la culpa tras esa campaña y para no pocos la escenificación de una víctima ejecutada en público fruto de la guerra total que hay en el partido. Es difícil saber si Sabrià, que ha ocupado un cargo relevante, y muy bien remunerado, está detrás de algo similar, pero lo más patético de todo esto es que alguien, en el interior del partido, el que sea, ha visto normal llevar a cabo semejante iniciativa, alguien ha escrito ese lema ruin, ha mandado hacer copias impresas y lo ha puesto por las calles de Barcelona. Alguien, seguramente con una nómina pagada por los impuestos de todos, ha dedicado tiempo, recursos e iniciativa en denigrar a una persona que tiene una demencia incurable que la va a matar y a su hermano. ¿Esto es política? Quizás así lo entiendan algunos en la era de twitter, pero no, es simplemente mierda, y quien, quienes hacen semejantes actos son eso mismo. Unos mierdas.

La peste del balón, las formas zafias y talibanas que reinan en eso que dicen que es deporte, se han instalado plenamente en la política, entre los que la ejercen y los que antaño fueron periodistas, hoy meros hinchas del partido de turno que les garantiza ingresos y puestos desde los que alardear de sus “meritos profesionales”. Obsesionados por el poder, y por usarlo para beneficiar a propios y a los que les puedan ayudar, los políticos se han convertido en una lacra para el desarrollo de la sociedad actual. El que cualquier otra alternativa a su existencia sea peor no sirve de consuelo ante el erial en el que nos encontramos. No se si vendrán tiempos mejores, lo dudo, pero no se puede vivir de la nostalgia.