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viernes, junio 19, 2026

Moscú, asediado por drones ucranianos

Moscú sigue siendo la mayor ciudad de Europa, una conurbación de unos 12 millones de personas de enorme extensión, con dos aeropuertos internacionales de gran tamaño y viviendas para dar y regalar, en medio de la estepa rusa. Posee numerosas instalaciones industriales en sus aledaños, no pocas de carácter pesado, en parte herencia de la época soviética, y desde hace unos años de un complejo de rascacielos modernos en uno de los meandros del Moscova que imitan a La Defense parisina o al Cannary Wharf londinense, rivalizando con las siete hermanas de Stalin, que han marcado tradicionalmente su perfil.

Puer bien, ayer esta ciudad sufrió el mayor ataque militar que ha vivido en sus carnes desde que los nazis, en 1942, comenzaron su asedio a la entonces URSS, dentro de lo que se llamó operación Barbarroja. Cientos de drones ucranianos se lanzaron contra la ciudad, donde las defensas aéreas lograron interceptar a muchos de ellos, pero otros tantos lograron alcanzar sus objetivos. Algunos impactaron en edificios residenciales, en torres altas, en pisos superiores, causando heridos y daños materiales de consideración a varias de las viviendas de los edificios, pero los objetivos principales eran instalaciones industriales, especialmente todas las relacionadas con el refino de crudo. Hay varias refinerías cerca de Moscú, con sus torres de destilación, conglomerados infinitos de tuberías y depósitos de almacenamiento, y algunas de ellas fueron golpeadas reiteradamente. Es impresionante la imagen en la que uno de esos depósitos, de los que tienen la forma de una lata de conservas, de mayor diámetro que altura, de dimensiones impactantes, estalla tras ser alcanzado por el dron. El interior, repleto de combustible, explosiona de una manera muy violenta y la tapa del depósito sale disparada al cielo por la fuerza de la onda expansiva y los gases. Una estructura metálica de decenas de metros de diámetro se eleva como si nada, asemejándose a un platillo volante que hubiera decidido llegar a la ciudad, para después, alcanzada su cota máxima, precipitarse al suelo contra los restos ardientes de los que partía, contribuyendo a aumentar aún más la destrucción. Al cabo de un rato Moscú era una ciudad en la que se podían divisar varias y enormes columnas de humo negro, fruto de los ataques exitosos de la tecnología ucraniana. No eran uno o dos, no, sino un montón de instalaciones las dañadas, que ardían de manera descontrolada, creando un paisaje propio de una película, con humaredas negras, densas, compactas, amenazantes. No pasaron demasiadas horas hasta que numerosos residentes de la ciudad notaran la llegada a sus viviendas de la ceniza de los incendios y de algo de precipitación en forma de lluvia aceitosa, fruto de la evaporación parcial de los hidrocarburos y su arrastre por la lluvia. Esto se vivió también en Teherán durante las primeras semanas de bombardeos norteamericanos, y debe ser una sensación asquerosa, a la par que siniestra, ver como medio llueve gasolina del cielo. La imagen que ofrecía ayer Moscú era inédita. Todos los vuelos con destino o procedencia a la capital rusa estuvieron suspendidos, su espacio aéreo cerrado y la población de la urbe con el miedo en el cuerpo por no saber si a esa oleada de drones le seguiría otra y otra, y con la constatación de que las defensas aéreas de la ciudad no son capaces, para nada, de detener estos ataques, y que la capacidad militar de Kiev ha llegado a un punto en el que es capaz de alterar por completo la vida del urbanita ruso que vive ajeno a la guerra, en medio de las preocupaciones que nos llenan la cabeza a cada uno de los que vivimos en las ciudades de hoy, entre las que no está, ni mucho menos, el peligro de ser alcanzado en un ataque aéreo por otra nación.

Ucrania ha justificado su acción por el ataque que sufrió el monasterio de las cuevas de Kiev a principios de esta semana por parte de misiles rusos. El lugar es uno de los más santos para el mundo ortodoxo, y la imagen de parte de la techumbre de ese espacio, ardiendo o semi derrumbada, conmocionó a todos los ucranianos y, en general, a todos los ortodoxos. Ayer Ucrania volvió a demostrar que sus capacidades tecnológicas de ataque mediante drones han logrado una capacidad que está mucho más allá de, si me apuran, cualquier sistema de defensa conocido. Ahora mismo Ucrania es líder mundial en el empleo y fabricación de drones militares, y no hay objetivo que se le resista. Ayer Ucrania sembró el miedo en el corazón de Moscú.

jueves, junio 04, 2026

La guerra escala en Ucrania

Huyamos de la pestilencia de los que nos desgobiernan y sus tramas mafiosas, vayamos a la guerra. En Ucrania esta semana ha sido especialmente trágica. El martes el país sufrió una de las mayores oleadas de ataques desde el inicio de la invasión rusa, con decenas de muertos en Kiev, causados por unos seiscientos drones y algo más de medio centenar de misiles de diferente tipo. Edificios residenciales, principalmente, y algún complejo industrial, fueron los objetivos de este “blitz” que sumió a la capital del país en el caos y la lleno de columnas ardientes, elevando sus humaredas al cielo. Las defensas aéreas locales poco pudieron hacer ante semejante oleada.

Ayer, en la inauguración del llamado “Davos de Putin” encuentro económico y político de alto nivel que el dictador ruso organiza anualmente en San Petersburgo, los ucranianos lograron golpear esa ciudad, que está a mil kilómetros en línea recta desde Kiev, con varios drones, no tan numerosos, pero sí efectivos, que causaron daños en el puerto, en algún buque militar ruso y en instalaciones fabriles de las afueras. A menor escala, pero la imagen que ofrecía ayer la bella ciudad rusa del Báltico era similar a la de Kiev, con varias columnas de humo elevándose, señal inequívoca de los impactos logrados. Las defensas rusas abatieron a la mayor parte de los proyectiles ucranianos, pero la escena no dejaba lugar a dudas. Kiev logró golpear la ciudad cuando Putin estaba en ella y, aunque los daños no son serios, mostró su enorme capacidad de ataque y la necedad de las defensas rusas. Ayer Zelensky humilló al dictador ruso, llevando el golpe hasta las mismas puertas de su acto de propaganda. Estos hechos son el culmen de un par de meses en los que Ucrania ha logrado detener el avance de las fuerzas rusas y, aunque de manera minúscula, ha recuperado kilómetros cuadrados de frente en el Dombas, región masacrada en la que no se si quedará algo en pie. Ante la creciente falta de efectivos humanos Kiev lo está apostando todo a la tecnología, principalmente drones, tanto aéreos como terrestres, que atacan las líneas enemigas y logran rescatar heridos de las primeras posiciones del frente. También está haciendo sus pinitos con la IA, empleando armas con cierta capacidad de decisión, que dan mucho miedo a todo el que las está analizando, porque el riesgo de que se escapen de control existe. Por parte rusa, sigue la leva de tropas y las bajas se cuentan por miles y miles cada mes, tanto en fallecidos como heridos de diversa consideración, mientras que el rendimiento de las unidades terrestres sigue siendo decepcionante. Los analistas observan un frente estancado en el que los avances rusos del invierno se han detenido y la primavera ha resultado ser positiva para la estrategia de Kiev. En este contexto crecen las voces para que se llegue a un acuerdo entre las partes, acuerdo en el que los ucranianos pudieran tener en estos momentos en una posición de poder negociador mayor que en ocasiones anteriores. Hay rumores crecientes de disensiones en el entorno de Putin sobre el desarrollo de la guerra, el creciente e inasumible coste, financiero y en vidas, que está suponiendo, y la necesidad de frenar esta sangría. Es difícil saber qué hay de cierto o no en estas informaciones, que se solapan con amenazas cada vez más explícitas de portavoces oficiales rusos hacia las naciones europeas, quien sabe si en un intento de amedrentamiento para que cesen su ayuda a Kiev o como una escalada real en la que Rusia puede intentar algún golpe de efecto que cause un miedo europeo que atenace a las capitales occidentales. ¿Una escalada para desescalar? ¿Un golpe, pongamos, en los bálticos, que exija a la UE ceder en sus posiciones para no arriesgar? ¿Es un farol? Hay serias dudas sobre la capacidad militar rusa, y su ineptitud se ha mostrado a las claras durante lo que llevamos de guerra, pero sería un error subestimar el daño que puede causarnos.

Con unos EEUU cada vez más ausentes de la seguridad europea, desentendiéndose de lo que pasa en Ucrania y errando de manera clamorosa en sus propios laberintos, Kiev sabe que lo que pueda conseguir pasa por el autosacrificio y la capacidad que tenga la UE de sostener sus gastos. Conoce las limitaciones del armamento europeo, de su incapacidad de producción, y se ha volcado en una evolución tecnológica que le está permitiendo resistir y convertirse, quien lo hubiera dicho, en líder mundial en la guerra de drones. ¿Será eso suficiente para mantener a Rusia a raya? ¿Cuánto tiempo más pueden mantener ambas naciones las hostilidades? No hay respuestas claras, sólo víctimas, destrozos y columnas de humo en el cielo.

martes, febrero 24, 2026

Cuatro años de guerra en Ucrania

Hoy se cumplen cuatro años desde que Putin lanzó su invasión contra Ucrania, una guerra de agresión que se suponía iba a ser breve y exitosa para el Kremlin y que se ha convertido en la más larga en más de un siglo para los rusos (hace poco superó a la duración para ese país de la IIGM) y que ha convertido el este de la nación invadida en una ruina en la que una tierra de nadie de más de mil kilómetros de largo se extiende, como una cicatriz de muerte, señalando el límite del avance ruso. Una quinta parte de la extensión del país invadido ha sido conquistada, a una velocidad de reptil inmundo, y los destrozos en el conjunto de Ucrania son considerables, y crecientes.

No hay visos de que la guerra termine a corto plazo, y si lo hiciera sería porque se fuerce a los ucranianos a una capitulación en la que debieran ceder territorio, soberanía y recursos. Durante estos años el pueblo ucraniano ha mostrado una fortaleza muy superior a la que nadie hubiera sido capaz de imaginar, y esa resistencia ha sido alimentada tanto por suministros exteriores como por el desarrollo de capacidades propias. La mayor parte del armamento del que han dispuesto los ucranianos ha sido norteamericano, que es el gran productor de occidente en este aspecto, financiado en su mayor parte con dinero europeo. Hasta la llegada de Trump a la presidencia EEUU ha ido aprobando regularmente paquetes de ayuda militar y de intendencia que incluían tanto donativo como material pagado por europeos que se destinaba a las tropas de Kiev para darles con qué luchar. En ucrania esas ayudas han sido decisivas para resistir, pero lo cierto es que el desarrollo de los combates, el disparo tecnológico que vive la guerra, junto a su configuración estática, en una mezcla de siglo XXI con el XIX que nadie hubiera sido capaz de prever, ha hecho que los ucranianos, poco a poco, hayan ido creando elementos militares de ataque de gran eficacia y en cantidades masivas. Esta necesidad se ha espoleado desde que el magnate naranja ha llegado a la presidencia en Washington y ha impuesto una política de hostilidad hacia Kiev que, con altibajos, parece perfectamente diseñada desde un despacho del Kremlin. Ucrania ha logrado desarrollar una industria de drones que es capaz de poner contra las cuerdas a las tropas rusas y causar cientos de bajas diarias, logrando alterar todos los esquemas con los que se inició el ataque. Los rusos, tristemente, también han aprendido sobre estas nuevas tácticas militares, y después del uso intensivo de drones de origen iraní, los sahel, han sido capaces de crear líneas enteras de producción de aparatos que les sirven tanto para atacar en el frente como para golpear a las ciudades del interior y occidente de Ucrania mediante oleadas de cientos de ellos de una sola vez. Enjambres de drones se destruyen mutuamente en la tierra de nadie y matan a todo lo que se mueva en el entorno en un combate de desgaste de enorme crueldad que no sirve para mover unas líneas de frente que, de hacerlo, se repliegan hacia el interior de Ucrania. Se estiman en varios centenares los muertos y heridos que se causan cada día en los combates, y es obvio que el país más pequeño es el que sufre la mayor sangría de población y recursos. Desde Kiev se contempla el deterioro de la situación con angustia, asumiendo que nadie esperaba que se pudiera aguantar tanto, pero con la duda constante de hasta cuándo se puede seguir así, en un proceso de desgaste constante que no parece tener fin. En Kiev importa la vida y futuro de los ucranianos. Huelga decir que en Moscú no, pero allí tampoco importa para nada la vida y el futuro de los rusos, y eso ofrece, si uno quiere seguir el baño de sangre, una excusa perfecta para mantener la guerra sin fin.

El creciente chantaje norteamericano y la debilidad europea a la hora de suministrar armamento pesan como una losa sobre las opciones de Kiev, que sabe que no puede ganar a Rusia pero que toda cesión será una derrota, preludio quizás de una capitulación total en el futuro. La necedad mostrada durante estos años por el ejército ruso es digna de estudio, pero con la matanza de sus propias huestes está logrando destruir la capacidad de Ucrania para sobrevivir como nación independiente, sobre todo si EEUU no cree en ella y no le apoya. Como dijo el excanciller alemán Olaf Scholtz, Ucrania no puede perder, Rusia no puede ganar. En esas estamos, y parecen que aún seguiremos bastante tiempo.

miércoles, diciembre 03, 2025

La mesa de Putin

Ayer la delegación norteamericana que actúa como presunta mediadora en las negociaciones de paz en Ucrania acudió a Moscú a reunirse con la parte a la que defiende y admira. Estaba encabezada por Steve Witkoff, millonario amigo de Trump y rendido admirador del dictador rusos, y Jared Kushner, yerno de Trump, marido de su hija Ivanka. Si había algún representante del Departamento de Estado sería para llevar los papeles a esos jefes o para barrer el camino por el que transitarían el par de personajes. El desprecio a la diplomacia, la propia y la ajena, por parte de Trump, es absoluto.

No contento con el ejercicio de pleitesía que se iba a producir, Putin escenificó de una manera bastante clara quién está al mando de la situación, controla los tiempos e impone las condiciones. El encuentro se celebró con algunas horas de retraso sobre lo previsto por necesidades de la agenda del líder ruso, y eso permitió ver entrañables escenas de Witkoff y Kushner paseando por la plaza roja como dos turistas, haciendo tiempo hasta que el mandatario les recibiera. Como muestra del desprecio que le produce a Putin todo este paripé de negociación poco más es necesario. Cuando la reunión se produjo, el sátrapa quiso escenificar su proximidad con los visitantes, de tal manera que les reunió en una mesa más pequeña de las que se suelen estilar en el Kremlin, y ambas delegaciones no se pusieron en los extremos, sino en los laterales de tal manera que se encontraban una frente a otra con una gran proximidad. Algo así como “lacayos míos que son, merecen estar cerca de su amo”. Escenas de sonrisas mutuas, relajadas, justo de este tipo que no son ofrecidas por los norteamericanos ni a ucranianos y europeos, que sólo reciben gestos adustos en cada encuentro. Del teatro escenificado ayer no se podía sacar mucha cosa, y eso es lo que cuentan las crónicas de hoy, con un Putin reafirmando la necesidad de las concesiones territoriales de Ucrania, su semidesmilitarización y prohibición de acercarse a la OTAN no ya como líneas rojas, sino como meros puntos de partida que se dan por descontados. En fin, una nueva muestra de que el ultimátum que lanzó Trump hace un par de semanas no tenía como destino a los contendientes de la guerra, sino sólo a la nación agredida, a Ucrania, no a la invasora, Rusia, que sigue viendo como su ventana de oportunidad global se amplia con las cesiones constantes por parte de una traicionera administración Trump. Pero no contento con esta galería de gestos, Putin decidió que ayer era un buen día para meter miedo a los europeos, cosa que saber hacer muy bien como mafioso profesional que es. En un encuentro con algunos medios, creo que antes de la reunión, mientras sus invitados esperaban, Vladimiro reiteró que el no desea la guerra con Europa (le faltó decir que tampoco la deseaba con Ucrania) pero que si rusia es agredida está más que preparada para responder y añadió que, tras esa respuesta, no sabía si quedaría algún europeo como interlocutor para discutir algo. Todo esta bravata a lo Putin, dicha sin histrionismo, con el rictus serio e impasible de alguien que no duda en mandar matar porque es parte de su cultura y forma de ser. El destinatario de este mensaje no era ni Trump ni Zelensky, sino las cancillerías europeas, los gobiernos de la UE, débiles en lo militar, temerosos en lo estratégico, incapaces en lo que hace a industria de defensa y sustentados por poblaciones que siguen viendo la guerra como una cosa anacrónica que sólo aparece en libros de texto y en monumentos medio olvidados en las calles de sus capitales. El objetivo de esta amenaza era meter miedo a Europa, que no se piensa que su capacidad es válida frente a una Rusia decidida, que no meta las narices en lo que Putin no considera ya su patio trasero, sino directamente una zona en la que posee derechos indiscutibles. Ayer volvió a quedar claro con qué tipo de sujetos nos relacionamos en el patio global.

¿Les da miedo Putin? ¿Debe dárnoslo? El argumento, sólido, de que en estos años de guerra la inoperancia del ejército ruso ha quedado muy de manifiesto contrasta con la capacidad de su industria militar de sobreponerse a los avances tecnológicos y al sobrado poder nuclear que atesora a lo largo de su inmensa nación. Y, sobre todo, al sabido desprecio que Putin procesa por su ciudadanía, por lo que ni les cuento por ustedes y por mi. Jefe de una mafia extractiva que vive de la explotación de los recursos naturales y del sacrificio de sus ciudadanos, Putin no tiene miedo alguno, más allá del de su propio final, y aunque su posición presente debilidades obvias, la nuestra es mucho más precaria.

lunes, noviembre 24, 2025

Ucrania se la juega, nosotros también

A lo largo del fin de semana se han ido conociendo detalles sobre el proceso de gestación de la propuesta norteamericana de paz para Ucrania, ese documento de 28 puntos, y la percepción de todo el mundo ha sido que las cosas son peores de lo que ya se sospechaba. La incorporación a última hora de Marco Rubio al proceso de negociación ha permitido confirmar que todo ese documento ha sido elaborado por el enviado especial de Trump, Winkoff, y el representante ruso, y que es una mera recopilación de los deseos del Kremlin. No es una negociación previa entre EEUU y Rusia, sino la asunción norteamericana de las demandas de Moscú. Un texto pensado en la rendición de Ucrania, en su sometimiento.

Los países europeos, bueno, los tres que realmente pintan algo, Reino Unido, Alemania y Francia, han decidido que no pueden permanecer indiferentes ante una propuesta que no sólo reduce a Ucrania a una mera marca defensiva, sino que elimina garantías de seguridad para ese país y para el conjunto de la UE. Han visto, con lógica, que ese documento les agrede, les amenaza, y se han lanzado a colaborar con la parte ucraniana de cara a que las conversaciones que comenzaron ayer en Ginebra sean lo menos desequilibradas posibles. ¿Tienen alguna fuerza esas tres naciones para doblegar el pulso ruso y el de su aliado Trump? Me temo que no mucha, pero es loable el intento desesperado para conseguir apurar algo. Así de grave es la situación actualmente, con una Europa no sólo excluida inicialmente del proceso de negociación, sino sometida a un futuro chantaje en forma de vecino ruso crecido, impune tras su masacre y con ganancias evidentes en lo que hace a territorios, recursos y población. Y es que las naciones europeas podrían esgrimir un peso negociador si tuvieran la fuerza militar suficiente que les otorgase capacidad de disuasión. Una vez que hemos abandonado el mundo de la diplomacia, de las reuniones de presuntos caballeros y las palabras, y hemos entrado en el mundo de la fuerza, de los hombres duros y de la chulería, es el músculo militar, es el poder el que manda, y ese trío de naciones europeas, las que realmente cuentan para algo en el contexto global, carece ahora mismo de capacidad bélica como para impresionar a Rusia o a cualquier otro matón de barrio. Sabe bien Trump y sus asesores que Ucrania sólo puede seguir manteniendo el esfuerzo bélico si logra acceder al suministro de armas de EEUU, bien porque esa nación se lo entregue directamente o bien porque terceros, los europeos, lo compren y se lo pasen. Pero sí o sí el armamento que Kiev emplea para defenderse de la agresión rusa debe provenir mayoritariamente de EEUU, porque es el único país capaz de suministrárselo en cantidad y en el tiempo. Desde el estallido de la guerra en 2022 hemos tenido tres años en la UE para despertar y ponernos a fabricar stocks de munición como locos para convertirnos en suministradores fiables, pero es evidente que no lo hemos hecho. La indolencia, la confianza naif en un futuro de acuerdos, el pragmatismo equivocado, el pacifismo mal entendido, el desgobierno de nuestras naciones…. Muchas han sido las cusas que nos han llevado a la dejadez y que ahora nos muestran como los débiles aliados que somos, frente a un contexto internacional en el que EEUU, China o Rusia no sólo no dudan en exhibir músculo militar, sino que lo usan sin las cortapisas del pasado. Los símiles entre la herbívora Europa y su futuro rodeada de depredadores carnívoros están más que sobados en la literatura en los últimos tiempos, pero son certeros. La urgente y angustiosa necesidad de garantizar nuestra defensa pasa porque nos creamos lo que está pasando desde el jueves, desde que EEUU abrazó sin disimulo la posición rusa y asumen que traicionar a sus socios europeos es lo mejor que puede hacer, por el simple desprecio que le produce nuestra debilidad. No hemos querido verlo y ahora tenemos delante el peor de los panoramas posibles.

Los ucranianos se enfrentan al diabólico dilema de rendirse para conseguir la paz a cambio de la humillación o mantener una resistencia sin el apoyo de EEUU y con unos aliados europeos que poco más que ánimo podrán suministrarles. Es un chantaje cruel, en el que tienen mucho que perder sea cual sea el devenir de las negociaciones. Ucrania es la barrera que se interpone entre las ambiciones de la dictadura rusa y el miedo de las democracias europeas, y pese a la profunda necedad con la que Moscú lleva a cabo su guerra, es precisamente el desprecio por la vida de los demás lo que le hace mucho más fuerte y peligroso ante unos europeos que llevamos el pacifismo clavado en las venas. No somos conscientes del peligro al que nos enfrentamos.

viernes, noviembre 21, 2025

Traición a Ucrania, y a Europa

En el día en el que en España se ha conocido el fallo del juicio al Fiscal General del Estado, algo de justicia en medio de la usurpación sanchista de las instituciones, en los medios internacionales se iban filtrando los presuntos puntos de acuerdo de las conversaciones que, al parecer, se están desarrollando entre EEUU y Rusia sobre el futuro de Ucrania. Encabezadas por Steven Winkoff, el ricachón amigo de Trump que también ha estado detrás del plan de pacificación de Gaza, estos encuentros se producen en un ámbito muy reservado, y a ellos no están invitados ni representantes de la UE ni del país invadido, lo que es una buena muestra de lo que puede salir de ellos.

Los detalles que se han conocido asustan. Rusia promete detener las hostilidades si Ucrania acepta los siguientes puntos; reconocimiento pleno de la soberanía de Moscú sobre Crimea, entrega a Rusia de todo el Dombas, lo que implica la franja de tierra ya conquistada por las tropas de Moscú y zonas aún en disputa o en posesión ucraniana, y reducción muy significativa de las fuerzas militares ucranianas, con la renuncia expresa a poseer armamento de medio y largo alcance capaz de alcanzar territorio ruso, y la nula presencia de fuerzas militares de otras naciones, léase de aliados europeos, en su territorio. A cambio de esto se acabarían los combates por parte de Rusia y EEUU ofrecería garantías de seguridad a Ucrania de que sus fronteras serían estables. Recordemos que los términos de “garantías” y “seguridad” expresados por boca de portavoces de la Casa Blanca bien poco significan en los oscuros tiempos de Trump. En definitiva, el pacto que se puede estar negociando a espaldas del país agredido puede suponer su mutilación y sometimiento, y ese sería el mejor de los escenarios que se le ofrecen. Todo parece indicar que si, finalmente, acuerdos o términos de este tipo se hacen públicos, la presión de los dos grandes países recaería en el gobierno ucraniano, que sería forzado o a aceptar unas condiciones infames o, de no hacerlo, a ser tachado de belicista y culpable del mantenimiento de la guerra. Un vulgar ejercicio de matonismo callejero donde la pandilla violenta pega al indefenso y, si este no se somete, se le acusa de merecerse el castigo que recibe por parte de los delincuentes. Ayer un representante del gobierno de EEUU se reunió en Kiev, de manera formal, con miembros del gobierno de Zelensky, y es más que probable que fuera el encargado de comunicar a los representantes de Kiev estos y otros puntos del plan negociado, entregados como un texto cerrado en el que Kiev sólo tiene la opción de rubricar, no de añadir o de opinar. Los comentarios que han salido de fuentes oficiales ucranianas mezclan la incredulidad no expresada como tal como su voluntad a la negociación y sus líneas rojas, referidas al no reconocimiento de pérdidas de soberanía territorial fruto de una agresión invasiva injusta. Como pueden imaginar, el terreno en el que nos movemos ahora mismo es pantanoso, porque no hay constancia oficial de que la oferta que reciba Kiev se encuentre sujeta a esos términos, pero cuadra bastante con la posición que Trump ha ido expresando en público en los últimos tiempos, posición que cada vez se ha ido escorando más y más hacia los deseos de su buen amigo Putin. Si las cosas acaban siendo así, Ucrania se encontraría ante un texto que le deja convertido en un país pelele, en una especie de marca sometida a Moscú sin la capacidad, fuerza, de decisión necesaria respecto a su futuro. Y todo esto sucede cuando los avances rusos en el frente siguen siendo escasos pero constantes y los muertos civiles en el resto del país por los drones de Moscú se cuentan por decenas cada día.

No es Checoslovaquia en 1938, pero se le parece. Ucrania perdería y sería desposeída de parte de su integridad, soberanía y sentido de nación. Y Europa, en su conjunto, se enfrentaría directamente a una situación en la que Rusia habría obtenido réditos fruto de una agresión territorial injusta. La guerra le habría rentado al dictador ruso, lo que lanza un mensaje de lo más amenazante a todo el continente. ¿Qué garantías de seguridad tendrían los países bálticos en un escenario semejante? ¿Cuál es la credibilidad de unos EEUU rendidos ante los pies de Rusia, fruto de la admiración mutua que se tienen sus líderes? Traición, a esto suena la propuesta. 

martes, noviembre 18, 2025

Zelensky visita hoy España

Hoy Zelensky está en España, en la tercera y última parada de una pequeña gira europea en la que el presidente ucraniano está firmando acuerdos de suministros necesarios para el mantenimiento de la guerra. En Grecia, primera parada, ha suscrito un compromiso para adquirir gas y en Francia, segunda etapa, acordó ayer la compra de, entre otras cosas, un centenar de aviones de combate Rafalle, para fortalecer las capacidades aéreas tripuladas ucranianas, que son realmente débiles. Tengo serias duras de cómo se va a financiar esa compra por parte de las arruinadas arcas de Kiev.

En su estancia de hoy nuestro gobierno puede ofrecer suministros bélicos limitados y tampoco mucho más, quizás líneas de crédito para financiar compras de terceros países, y apoyo moral, que siempre viene bien, pero no sirve para que los enemigos huyan. La situación en el frente y, en general, en Ucrania, no es positiva que digamos. De camino al cuarto invierno de combates las tropas rusas siguen avanzando, despacio, pero lo hacen, en el frente del Dombás, y la localidad de Pokrovsk se encuentra casi rodeada por todos sus flancos, por lo que su caída se espera si no sucede algo sorprendente. Los ataques con drones son casi constantes en la zona de combates y en muchas localidades del conjunto del país. No son ataques que permitan ganar una guerra como tal, pero sí generan heridas que minan la solidez moral de una nación que ve como Rusia no cesa en su ataque y las respuestas de apoyo occidentales se debilitan. La economía rusa, tocada pero no hundida, es capaz de fabricar los cientos de drones que diariamente se lanzan sobre Ucrania y posiblemente pueda escalar aún más su producción en los próximos meses. Los daños que Kiev logra producir en la infraestructura económica rusa, principalmente mediante ataques a las refinerías y otras industrias similares, demuestran la inutilidad con la que Moscú gestiona su espacio aéreo, un coladero en el que no parece haber tecnología alguna de seguimiento, y ocasiones rupturas de stock en suministros tan elementales como la gasolina, lo que notan los ciudadanos rusos de a pie. Se han visto colas en estaciones de servicio en Moscú y otras ciudades mientras el gobierno sigue hablando de esa operación militar especial que se prolonga sine die. Nuevamente, Kiev no ganará su enfrentamiento de esa manera, pero al menos hará ver que mantiene la voluntad de lucha y es capaz de humillar a un enemigo tan poderoso, que muestra debilidades impropias. En todo caso, son cientos las personas que mueren o resultan heridas cada día en el frente, en ambos bandos, y la sangría continúa. Mantener esas tropas de combate empieza a ser cada vez más complicado para Kiev, dada su menor población frente a la rusa y la incipiente desmovilización que se ve por parte de capas de una sociedad que se está hartando de una guerra a la que no ve salida. Ucrania pasa por momentos de euforia y depresión, en función del éxito de sus ataques y el daño que sufre a manos de Moscú, pero ese sube y baja constante no es muy sostenible en el tiempo, y el que la situación en el este empeore, aunque sea a la ridícula velocidad de avance a la que actúan las tropas risas, mina toda esperanza. En el frente interno también siguen, y crecen, los casos de corrupción en el entorno del gobierno, que atacan directamente a la figura de Zelensky. Destituciones y ceses que, emprendidos por él, apenas logran atajar uno de los males endémicos del país y que ahora mismo más daño puede hacer a la moral de combate de los soldados y a la esperanza de un pueblo acosado. Pintan bastos para Kiev. Zelensky bien lo sabe.

El mayor de los bastos, sin embargo, no es todo lo anterior, sino Trump. El efecto más práctico de su política de contemplación, cuando no amiguismo con Putin, es el del agotamiento de los suministros militares norteamericanos, y la necesidad de que una Europa que no es capaz de producirlos pueda suplir esas carencias. Eso es de lo que más agobia a Zelensky, que sabe que cuenta con el apoyo, comprensión y respaldo financiero de la UE, pero que necesita armas, municiones, equipamientos físicos, de los que empieza a estar corto. Sin ese flujo de material de guerra Ucrania ira perdiendo fuerza en su resistencia. Putin sabe que, por ahora, el tiempo no corre en su contra, y no va a cesar sus ataques.

lunes, septiembre 22, 2025

Aviones que sí y que no

Ha sido este un fin de semana de lío en el mundo de los aviones, con presencia de algunos donde no debían estar y ausencia de otros que tenían que volar y no han podido hacerlo. El viernes sobre el espacio estonio y ayer sobre el mar Báltico, fueron detectados cazas rusos, en reiterados ejercicios de violación del espacio aéreo de la OTAN. Estonia, al igual que Polonia la semana pasada, invocó al artículo 4 de la OTAN y durante el fin de semana se han organizado patrullas de cazas de países de la Alianza, merodeando por allí para evitar nuevas incursiones no debidas. No está claro qué es lo que pretende Putin con estas acciones. Nada bueno, seguro.

Mientras los cazas rusos hacían de las suyas, el sábado fue un día de caos en el espacio aéreo civil europeo a cuenta de un ciberataque. La empresa atacada, norteamericana, se encarga del software que se emplea en la gestión de los embarques y facturación en varios aeropuertos, entre ellos Bruselas, Berlín y Heathrow. El sistema se cayó por el ataque y durante muchas horas esos aeropuertos tuvieron que cancelar montones de vuelos y operar los pocos que fueron posibles de manera manual. Siendo como son centros muy importantes en el continente, sus problemas se han ido extendiendo como una mancha de aceite a lo largo de toda Europa, ya que aunque otros aeropuertos no estuvieran afectados por la incidencia, por ejemplo, los que gestiona AENA en España, el hecho de que las conexiones con esos centros no funcionasen hacía imposible que vuelos que debían llegar a destino no afectado pudieran retornar. En definitiva, un lío de narices bastante grande, que aún hoy lunes se prolonga, al menos en el aeropuerto de Bruselas. Incomodidades, molestias, costes, desorganización, sensación de vulnerabilidad…. La pregunta que le ha surgido a mucha gente a lo largo del fin de semana es si los dos hechos comentados, las incursiones rusas y el ciberataque, están relacionados, si nos encontramos ante una cadena de actos que han surgido de la misma fuente y que, de manera física y de forma híbrida, han pretendido generar temores en el contienen europeo. En el caso de los cazas, la presencia y voluntad de Rusia es obvia, en el del ciberataque, la situación no es tan clara. Es difícil poder establecer a ciencia cierta el origen de este tipo de acciones porque, entre otras cosas, quienes las realizan son bastante buenos en lo suyo y dedican esfuerzos y trabajo en ocultar su procedencia, accediendo a los sistemas desde servidores pantalla, saltando de uno a otro y creando pistas falsas que puedan esconder su rastro. Es mucho más fácil saber que estamos siendo atacados en la web y descubrir lo que está pasando que quién y cómo se ha producido la incidencia. Muchas veces este tipo de ataques quedan impunes porque no está nada clara la procedencia de los mismos y quiénes han sido realmente sus autores. Por eso es apresurado atribuir a Rusia la culpabilidad de lo sucedido, pero no es ningún disparate, entre otras cosas porque sí ha sido su mano la que ha estado detrás de otras acciones de hackeo desarrolladas por las granjas de bots y activistas que operan desde su país. Es imprudente acusar a un país u organización de un acto de este tipo, porque para ello deben descartarse todas las demás alternativas, y la auditoría que la empresa atacada haga sobre lo sucedido es la condición necesaria para saber exactamente qué es lo que ha pasado y, a partir de ahí, determinar quién lo ha provocado. A veces este tipo de problemas ha surgido por fallos internos del software de la empresa afectada. Recordemos una actualización de Microsoft que dejó tirada a gran parte de la aviación comercial durante horas el año pasado, si no recuerdo mal. En ese caso no hubo una acción ofensiva por parte de un atacante, sino un fallo interno del procedimiento de la empresa informática que generó una caída en sus sistemas. El apagón de abril en España también parecía inicialmente un problema relacionado con ataques, y la realidad ha resultado ser bastante más prosaica. Por eso, no nos precipitemos…..

…pero, ¿y si ha sido Rusia? ¿Y si estamos ante una acción ofensiva de tanteo, como la de acercar los cazas a la frontera y hacerlos traspasarla unos pocos kilómetros? ¿Y si todo es una estrategia que busca ir aumentando los costes y miedos para los europeos occidentales para que rebajen la presión sobre el Kremlin? Algo así como “bueno, si nos seguís sancionando vais a empezar a tener problemas en vuestro elevado nivel de vida y os vamos a complicar la existencia”. Es una posibilidad, creíble, entre otras muchas. Desde luego da que pensar lo que ha pasado, y es necesario saber todo lo posible cuanto antes. Sea lo que sea, la vulnerabilidad europea sigue creciendo.

martes, septiembre 16, 2025

Drones rusos

La semana pasada vivimos un episodio de alta tensión en la frontera este de la OTAN. Varios drones rusos, unos diecinueve según parece, penetraron en el espacio aéreo polaco y acabaron cayendo sobre ese país, algunos de ellos sobre campos de cultivo, otro sobre la casa de un matrimonio, que se salvó, pero vio su hogar parcialmente destruido. La incursión se produjo principalmente a través de la frontera que Polonia tiene con Ucrania, pero unos pocos también entraron desde el norte, desde Bielorrusia, fiel aliado, más bien vasallo, de las directivas que emanan de Moscú. No hubo heridos en todo el episodio.

Esta es la mayor violación que sufre la soberanía territorial de Polonia desde hace décadas, y ha puesto a todo el mundo muy nerviosos. Los artefactos no tenían carga explosiva, eran del tipo iraní Shahed, una especie de ala delta con un cilindro en su parte intermedio que en la zona posterior monta el cohete que lo propulsa y en la frontal se inserta la carga militar que genera la explosión. En este caso llevaban instrumentos de medición, observación, no eran armas destructivas más allá del impacto que, a su velocidad, en el final de su trayectoria, sean capaces de provocar. Por eso, técnicamente, Polonia no ha sido atacada y no ha invocado el artículo 5 de defensa mutua de la OTAN, pero si el 4, el de apoyo, para que el resto de los países se pongan en guardia y preparen. Rusia ha afirmado que todo se debió a un error técnico y que no alberga intenciones oscuras sobre Polonia. Más allá de la nula credibilidad de lo que sale de los portavoces del Kremlin, su argumento del error se cae por su propio peso. Dada la intensidad de los ataques que se suceden contra Ucrania en forma de oleadas de drones, entra dentro de lo comprensible que uno o dos de ellos se desvíen por causas técnicas y acaben donde no deben, pero tantos como los que llegaron la semana pasada a territorio polaco no son un error, sino algo intencionado. Puede que sea cierto que Rusia, enfangada en su cruel guerra en Ucrania, no pretenda ir mucho más allá, porque su patético ejército ha demostrado la incapacidad que le corona como fuerza de conquista, pero sí creo que lo de estos días ha sido deliberado. Me da que Rusia ha tratado de tocar las narices, por así decirlo, de testar, mediante un ejercicio de riesgo, una situación semibélica más allá de las fronteras de Ucrania, en pleno territorio OTAN y UE, para ver qué respuesta se le da. Algo así como tirar la piedra, esconder la mano y comprobar si el acosado hace algún gesto que presente intimidación o se calla. Un ejercicio de sondeo sobre el terreno, muy a lo mafioso. ¿Cuál ha sido el resultado? La verdad, inquietante. No tanto por el plano de los países de la UE, que se han aprestado a responder verbalmente con dureza y dejando claro que la soberanía de Polonia y sus fronteras son intocables, sin hacer a la vez ningún tipo de bravata. Lo malo ha sido, nuevamente, que EEUU, por boca de Trump, ha hecho unas declaraciones fuera de tono, comprando el relato ruso del error sin intención, y no dejando claro si su voluntad de apoyar a Polonia, socio firme de la OTAN, se mantendría en caso de una agresión formal. Ante esta actitud norteamericana de ni sí ni no, el temor ha cundido en las cancillerías europeas, que ven como, poco a poco, el problema de la seguridad en el este del continente alcanza proporciones cada vez mayores y las posibilidades de disuasión conjuntas frente a Rusia no acaban de crearse. Putin nos da mucho más miedo del que nosotros le damos a él, y de mientras sigan así las cosas nada estará seguro en esa zona. Con una guerra de Ucrania que no cesa, el entrenamiento en nuevas tácticas y material de combate de las tropas rusas se está produciendo en directo, sin necesidad de maniobras aparatosas como las ensayadas este fin de semana en territorio bielorruso. La drónica de Moscú ya compite entre las primeras del mundo en capacidad destructiva, y sólo Ucrania en Europa, por motivos obvios, está a su altura.

De hecho, ver como se ha visto estos días a cazas europeos sobrevolando el espacio aéreo polaco como muestra de firmeza frente a Moscú encierra la cruel paradoja de que esos aviones, carísimos, apenas pueden hacer nada ante un ataque perpetrado por un enjambre de cientos de drones que actúen de manera coordinada, por no hablar del ridículo precio de esa novedosa acción militar. Las fronteras de la UE con las naciones hostiles del este deberán ser reforzadas, militarizadas y vigiladas sin descanso, a un coste elevado, pero la amenaza rusa y el resquemor a que, desde allí, se planteen acciones ofensivas, es algo que ha venido para quedarse.

lunes, junio 02, 2025

Ucrania ejecuta un Pearl Harbor sobre Rusia

El que lo más relevante de la actualidad nacional de este fin de semana sea la creación de un bulo por medios afines al gobierno, algunos pagados por él, y que tres ministros se dediquen a propagarlo sin vergüenza alguna dice casi todo sobre cómo estamos y lo que nos pasa. Saliendo del estercolero de quienes nos gobiernan, a los que mejor no prestar atención alguna, es evidente que lo que sucedió ayer en la guerra de Ucrania merece toda la atención posible, y que resulta asombroso, tanto por la manera en la que Kiev ha planeado la operación como por las consecuencias de la misma, devastadoras para la flota estratégica rusa. Es un golpe maestro.

Al parecer, ha llevado más de un año el proceso de planificación de este golpe, lo que hace que me recuerde a la acción israelí que atacó a Hezbollah mediante la manipulación de sus busas. Un trabajo concienzudo, meticuloso, lento, lleno de esfuerzo e inteligencia y que, favorecido por la suerte, ha alcanzado sus objetivos. En este caso Ucrania logró introducir en Rusia un grupo de contenedores que, como carga útil, llevaban maderas para la construcción de cabañas. Grises y estandarizados, cargados en camiones, esos contenedores atravesaron las fronteras de la federación y se adentraron en el territorio de Putin sin levantar sospechas. Los destinos eran las proximidades de bases en las que se estacionan los bombarderos estratégicos rusos, aviones de gran porte capaces de cargar armamento nuclear y que pueden volar a enormes alturas y recorrer grandes distancias. Junto con los submarinos y los silos, son la joya de la capacidad de disuasión rusa, y más si me apuran, porque permiten localizar de manera más precisa el posible ataque disuasorio que los misiles convencionales. Esos contenedores tenían trampa. En el techo falso de cada uno de ellos se encontraba un enjambre de drones, una buena colección por cada uno de ellos. Drones baratos, de unos 500 euros cada uno, que operaban en parejas. Uno de ellos iba cargado con explosivos y otro con cámara para poder registrar lo sucedido. Aparcados en las proximidades de las bases, la trampa, el caballo de troya, esperaba su momento, y ese fue ayer. A un conjunto de señales, transmitidos al parecer por móvil, sin usar codificación de gran complejidad, el programa instalado en el equipamiento se puso en marcha, se abrió la tapa de los contenedores, y los drones empezaron a surgir de ellos de una manera sorprendente. A mu baja altura, indetectables para los sistemas de seguridad de las bases, fue mínimo el tiempo entre su arranque y llegada a los objetivos. Las flotas de aviones que se encontraban en las pistas eran un blanco perfecto, sencillo, casi de juguete, y ahí fue cayendo uno tras otro, en varias de las bases rusas, alguna de ellas a unos 4.000 kilómetros de la frontera occidental del país. Rusia ha reconocido el ataque, lo que es una buena muestra del éxito logrado. Las estimaciones de lo sucedido varían, pero el daño es inmenso. Kiev informa que ha logrado eliminar cuarenta aeronaves, lo que supone cerca de la mitad de la flota rusa disponible. Entre ellos se encuentran modelos Tupolev de enorme envergadura y coste. Se estima en miles de millones de dólares las pérdidas infringidas a la aviación rusa en lo que ha sido el mayor golpe que ha sufrido en la historia moderna, y el daño causado a la capacidad de despliegue nuclear del país resulta significativo. En el corazón de la nación, Rusia ha sufrido un golpe tan intenso como humillante, y todo con una operación en la que, si se miran las cifras, se ha invertido una cantidad ridícula de dinero. Aviones de decenas, cientos de millones de dólares de coste, destruidos por drones de unos 500 euros. La asimetría entre el coste y el efecto de la operación resulta tan salvaje que todo el mundo está asombrado y, también, admirado, por lo que Ucrania ha logrado.

¿Es este el Pearl Harbor de Rusia? No lo se. Varios han sido los golpes sufridos por el que se vendía como el segundo mejor ejército del mundo que han podido ser decisivos en el curso de la guerra, pero ello no ha frenado los planes asesinos de Putin. El de ayer es un golpe de una escala hasta ahora no vista y que, además de ser estudiado en todas las escuelas militares, supone nuevamente la defenestración de las grandes y caras plataformas a costa de la tecnología de los drones y las armas de precisión. Ayer Ucrania revolucionó el arte de la guerra y dio un golpe asombroso. A ver cómo responde el asesino que reina en el Kremlin.

miércoles, mayo 28, 2025

Putin sigue matando

El comportamiento mafioso y chulesco de Trump es difícil de prever, pero algunos le tienen cogido el truco y le doblegan en beneficio propio. El caso de China es especial, porque ahí EEUU se enfrenta a un rival al que, en ciertos aspectos, no puede ganar, China lo sabe y responde, y en el juego Trump acaba inventando excusas baratas para ocultar sus fracasos (como Sánchez) pero el resto de jugadores globales deben jugar desde una posición de relativa inferioridad respecto a EEUU. Eso le da cierta ventaja al matón naranja, que la utiliza para golpear primero de manera absurda, y sorprender a todos. Pero, ay, el sádico Vladimiro le tiene bien calado.

Putin sabe que la egolatría de Trump no tiene límite, y conoce muy bien cómo alimentarla. Se interesa por sus cuestiones personales y le felicita cuando hay algún hecho significativo en su familia, le llena de alabanzas y proclama que reza por él y sus futuros éxitos, haciéndole la pelota de una manera un tanto extraña, pero efectiva. Trump, por su parte, tiene envidia de Putin, porque el ruso gobierna sin límite alguno, sin frenos y sin oposición. Hace lo que quiere y nadie se atreve a toserle. ¡Cómo le gustaría a él gobernar de esa manera! Él también tiene derecho a ser el sujeto autoritario que rija su nación sin freno. Sabiendo todo esto, Putin actúa y se camela al entorno del presidente y eso le da margen para mantener su guerra y demás asuntos sucios fuera del radar de la Casa blanca. Día tras día Trump dice cosas sobre Ucrania, y en algunas ocasiones arremete contra Putin, pero no deja de mantener un discurso inculpatorio sobre Zelensky y el país invadido, ese trozo de tierra que no le regala nada, ni a su bolsillo ni a sus oídos. Echa culpas a Rusia, sí, pero sobrevenidas, malo es lo que hace Putin ahora, pero tiene comprado su discurso falso de que no tenía otra opción que lanzar un ataque sobre los condenados ucranianos, que no dejaban en paz a los rusos. Jugando a presionar y amagar, Putin mantiene su ofensiva terrestre en el país y lanza andanadas cada vez más potentes de ataques aéreos sobre Kiev y otras muchas ciudades, mientras gana tiempo y los planes de Trump de acabar con la guerra en veinticuatro horas (otra mentira de campaña electoral) hace tiempo que naufragaron. Cada día que pasa la solidez de la defensa ucraniana no mejora y la capacidad de fabricación de drones rusos crece, siendo cientos los empleados cada una de las pasadas noches en los ataques sobre el país invadido. Rusia está aprendiendo tácticas modernas de combate a marchas forzadas, de tal manera que el uso de los misiles, mucho más caros, se ha reducido notablemente frente al empleo de los drones, bastante más baratos, menos destructores, pero efectivos a la hora de sembrar el miedo en la población y hacer daño. La velocidad de avance de las tropas rusas sobre el terreno es patética, y el número de bajas que sufren resulta desproporcionado, con cientos de muertos y heridos cada día, pero la situación ucraniana no es mejor, y el país cada vez tiene más problemas para recomponer las filas de soldados, dada su menor población, las fugas de habitantes que ha tenido desde que comenzó la contienda y la desmoralización que surge en muchas de las zonas de guerra. La población no ve el final de un ataque que no cesa y mina todo lo que fue la estabilidad y certeza en el país. Hay cálculos de servicios de estudios prestigiosos que afirman que Rusia puede mantener el actual ritmo de bajas durante más de un año, de tal manera que la guerra podría prolongarse durante, por lo menos, ese tiempo, pero esos mismos estudios señalan que la fortaleza ucraniana no podrá mantenerse ese mismo lapso, y que la necesidad de que se produzca una tregua irá creciendo desde el bando ucraniano a medida que su agotamiento crezca. El tiempo, en este sentido, juega en contra de Kiev. No olvidemos, además, que a Kiev sí le importan las bajas propias, y a Moscú no. Este es un factor difícil de asimilar desde nuestra mentalidad, pero muy relevante para definir el alcance y extensión de la ofensiva rusa.

Hace dos semanas los dirigentes de las principales potencias europeas, con vistas a las conversaciones que iban a tener lugar en Estambul, exigían a Putin una tregua de treinta días. Varios días después Ucrania ha sufrido los peores ataques aéreos desde que se inició la guerra y la sensación general es que Putin se ríe sin freno cada vez que un dirigente de esas débiles naciones del oeste de su continente que tanto desprecia le ordena cualquier cosa. El papel de la UE en el actual devenir de la guerra es menguante, y sólo EEUU es capaz de decantar la balanza, con su apoyo o abandono a Kiev. Y Putin, como les indicaba, le tiene bien calado al payaso egocéntrico que rige, es un decir, en la Casa Blanca.

viernes, mayo 16, 2025

Desprecios rusos

La chulería con la que Rusia actúa en todo lo relacionado con Ucrania sólo es comparable a la crueldad con la que se desarrollan sus acciones sobre el terreno de ese invadido país. El fin de semana pasado, tras una visita de los mandatarios de Reino Unido, Francia, Polonia y Alemania a Kiev, los cuatro acordaron exigir un alto el fuego inmediato de treinta días y la reanudación de conversaciones al más alto nivel entre Rusia y Ucrania. No les voy a engañar, que países europeos exijan algo a Rusia me pareció caso enternecedor, porque carecemos de cualquier tipo de poder disuasorio que sea capaz de amedrentar al tirano moscovita. Pero bueno, las declaraciones se hicieron. Y se esperó a ver qué efecto tenían.

Pocas horas después, en una comparecencia ante la prensa a horas intempestivas, Putin afirmaba que aceptaba la propuesta de reunirse con Zelensky, nombrando a Estambul como lugar neutral para ese encuentro. Este anuncio fue recibido con alborozo en muchos medios, especialmente los próximos al putinismo, y con recelo en casi todos los demás, por la sospecha de que estuviéramos ante un movimiento realmente sincero del kremlin en la búsqueda de un alto el fuego, aunque fuera parcial. Dejó claro el dictador que, eso sí, de tregua de treinta días nada de nada, que sus operaciones militares continuarían como estaba previsto. A lo largo de la semana se fue calentando el ambiente ante el posible cara a cara de Putin y Zelensky, una vez que el mandatario ucraniano dejó claro que él sí acudiría a Estambul. Incluso Trump, de gira en busca de negocios y corruptelas por las monarquías del golfo, anunció que, de darse la imagen de ambos contendientes juntos en torno a una mesa, ahí acudiría. Finalmente, como reza el dicho, vísperas de mucho, día de nada. Zelensky llegó a Estambul el miércoles ante el encuentro previsto el jueves, y ya ayer se confirmó por parte de Rusia que Putin no acudiría a la cita, pero es que ni si quiera Lavrov, su ministro de exteriores, se iba a molestar en presentarse. No, no, Rusia manda una delegación de tercer nivel, encabezada por un señor semi desconocido al que se le atribuye la reescritura de los libros de texto rusos para que los niños rusos aprendan bien las mentiras que el kremlin propaga respecto a la invasión ucraniana. Afirma el entorno de Putin que esta delegación tiene poderes absolutos para negociar, pero eso es algo que nadie se cree. Además de este evidente signo de desprecio, ayer se sucedieron las declaraciones de portavoces del Kremlin cuyo único fin era el de insultar, no metafóricamente, a Zelensky, tachándole de payaso, ridículo, prepotente y toda una serie de agravios dirigidos a ridiculizar la posición ucraniana. Con estos antecedentes nadie tiene claro si hoy se va a producir algún tipo de encuentro entre delegaciones de ambas naciones y, de darse, si va a servir para algo más que para cruzarse insultos. El suflé abultado que se había organizado a principios de semana respecto a este encuentro ha acabado casi en la nada, y con la sensación colectiva de que Putin ha manejado los tiempos, ha ganado algunos días y, ante los suyos, se ha mostrado dialogante frente a la intransigencia de un Zelensky que no admite esa paz que conlleva la claudicación ante las tropas rusas. El último en sumarse al fracaso de la iniciativa ha sido Trump y los suyos. Marco Rubio, el secretario de estado, ya ha comentado que tiene muy pocas esperanzas en este encuentro, devaluándolo al máximo, y el propio Trump ha dicho que hasta que él y Putin se junten no habrá solución a la guerra, dejando claro que el papel de Ucrania en este asunto sigue siendo el de acatar lo que las dos potencias decidan, dado que su voluntad como nación no existe para el asesino que la ha invadido y, desgracia, tampoco para el ahora presidente de la gran potencia global y líder de occidente, que ha sido el principal apoyo de los ucranianos durante estos ya más de tres años de invasión.

Más allá de farsas diplomáticas, en el terreno continúan los avances rusos, a una velocidad mínima y un coste disparado, más para ellos, pero también para los ucranianos. La guerra se cobra cientos de bajas al día, entre muertos y heridos, y el destrozo en las zonas disputadas es total. Si el escenario se mantiene como hasta ahora, y Ucrania no recibe la ayuda militar occidental, es muy difícil que con sus propios recursos humanos y materiales pueda sostener el combate. A ese juego de dilación y desangrado se dedica el maldito Putin, para quien los ucranianos importan tanto como sus propias tropas. Nada. Y Trump, para nuestra desgracia, haciéndole el juego.

Subo a Elorrio este fin de semana y me cojo el lunes. Nos leemos el martes 20. Pásenlo bien

miércoles, marzo 26, 2025

Rusia quiere tener acceso al SWIFT

Es lo que tiene que, en una presunta negociación, la parte que ejerce como mediadora, en este caso EEUU, sea un mero apoyo de uno de los dos que se sientan a la mesa, en este caso el agresor, Rusia, de tal manera que los pactos que se pueden alcanzar no son sino cesiones impuestas por los que pueden al que es atacado y se encuentra en una posición de clara debilidad. Nada de lo que está sucediendo en estas conversaciones mal llamadas de paz, es un diálogo, sino una mera imposición forzada revestida de formalismo. Es de esperar que el proceso de cesiones a las que se va a forzar a Ucrania siga y siga sin cesar.

En el acuerdo presentado ayer, se habla de una tregua marítima de treinta días, de tal manera que el Mar Negro vuelva a ser un lugar de tráfico marítimo sin obstáculos, necesario entre otras cosas para que la exportación de cereal desde los puertos ucranianos y rusos sea posible. No se dice nada en este pacto de cómo se va a verificar y garantizar, quién va a controlar que no se viole y nada por el estilo. En todo caso, Rusia, que controla la mayor parte de la costa norte de ese mar tras las incorporaciones ganadas en la guerra, exige que, para cumplirlo, una de sus entidades financieras vuelva a tener acceso a SWIFT. Alega Moscú que ese banco se encarga de las transacciones financieras que se derivan de la compra y venta de cereales, como si fuera una financiera especializada en agro, y que por ello debe tener acceso al sistema de pagos para poder llevar a cabo realmente el proceso de exportación, que tiene una variante física y otra monetaria. Qué cachondos. El SWIFT es el sistema por el que interoperan la mayor parte de las entidades financieras internacionales, y es allí donde se registran las transferencias que se realizan entre ellas, de tal manera que es un nodo fundamental para operar de manera global. Sin acceso a él, un banco, caja o lo que sea de la UE, por ejemplo, no puede compensar movimientos con otros y está aislado del mundo. SWIFT es un consorcio internacional pero opera desde la UE, desde Bruselas concretamente, y es desde allí donde se levantan sanciones o se aplican. La expulsión de las entidades rusas del sistema SWIFT fue una de las medidas que estaban en los primeros paquetes de sanciones que la UE, junto con otras naciones como EEUU cuando los EEUU eran lo que eran, puso en marcha como respuesta a la invasión rusa de Ucrania. Es una de las piezas clave de ese entramado de sanciones y, sin ser la más visible, es de las que más problemas prácticos ha podido causar a la economía rusa. Pues bien, en el pacto de ayer se pide que una entidad de esa nación vuelva al sistema, y EEUU, por supuesto, lo avala. ¿Y la UE? Como no estamos ni de invitados a esa mesa trampa de negociación los representantes europeos se enteraron de esto a la vez que usted y yo, y sin que haya respuesta oficial al respecto, es obvio que un pacto de este tipo es una violación de los paquetes de sanciones, y la decisión de levantar la restricción para esa entidad es un asunto serio en el que la UE tiene mucho que decir. Si ese banco vuelve a operar, en el fondo, se abre la puerta a que sirva de puente para que el resto de entidades financieras rusas dejen de estar aisladas de occidente, de tal manera que flujos de capitales retenidos en entidades europeas podrían encontrar una vía de escapatoria y volver a circular rumbo a Moscú. La idea de incorporar esta clausula en la negociación por parte del Kremlin es muy buena para sus intereses, una de esas cartas que dice Trump que ellos tienen y Ucrania no, y que EEUU la avale supone, directamente, una traición al acuerdo que imperaba a ambos lados del Atlántico sobre la unanimidad en las sanciones a Rusia. La brecha que se abre en el charco entre los aliados se ahonda y por ella quiere colarse Moscú, sacando beneficio de una injusticia manifiesta.

En el fondo, esto no es sino el reflejo del pensamiento que impera en la Casa Blanca, y que se ha visto perfectamente reflejado en ese chat que organizaron altos cargos par preparar el ataque a los hutíes de hace una semana en el que, por error, incorporaron a un periodista. En él, entre otras cosas, el secretario de defensa y, anteriormente, presentador de la Fox, califica a los europeos de patéticos y dice estar harto de tener que salvarnos una y otra vez. Si tu gran aliado piensa eso de ti y actúa en consecuencia no nos debe extrañar que pacte con el agresor del este en su intento de desestabiliza a Europa. Así estamos, cada vez más rodeados.

miércoles, marzo 19, 2025

Putin y Trump, de compadreo

Lo único seguro de la larga conversación telefónica que tuvieron ayer Putin y Trump es que las formas fueron mucho más agradables que las vividas en el día de acoso a Zelensky en la Casa Blanca. Trump no deja de expresar su admiración por el líder ruso, lo que muchos entendemos no tanto como loa como envidia. A Trump le gustaría gobernar como a Putin, sin oposición, sin medios que le rebatan los argumentos, sin jueces que paralicen sus decisiones, con la sensación de que su ordeno y mando es lo que determina el suceder diario del país. Qué rollo de democracia, tú sí que te lo has montado bien, Vladimir, seguro que le suelta el magante de vez en cuando en sus conversaciones mutuas.

Tras hora y media de encuentro telefónico, el resultado de la conversación de ayer es magro y, a todas luces, satisfactorio para el Kremlin. Recordemos que, con chantajes de por medio, y explotación colonial a la vista, Trump había conseguido de Zelensky una oferta de tregua completa de treinta días en todos los frentes, y esa era la propuesta que se iba a tratar en el encuentro entre los dos máximos dirigentes de ayer. Tras él, Putin acepta una tregua de treinta días, pero sólo referida a las instalaciones energéticas, de tal manera que el Kremlin acepta no atacar las ucranianas y exige que Kiev haga lo mismo y deje en paz las rusas. El resto de frentes no se incluyen en el compromiso al que se aviene Moscú, y sigue siendo posible asesinar ucranianos civiles sin cortapisas, como volvió a suceder ayer por la tarde noche tras una nueva oleada de drones rusos sobre varias localidades del país, cierto es que ninguno contra infraestructuras energéticas. Putin considera que una tregua completa es posible, pero exige que se solucionen las causas profundas del conflicto, como él lo llama, y que Rusia tenga garantías de seguridad. En la práctica Moscú no se aviene a una tregua si no es mediante la rendición de Ucrania, de tal manera que los territorios en los que ahora ya hay presencia rusa sean propiedad de la federación y que el gobierno de Kiev, siga siendo detentado por Zelensky o, a ser posible, por otra persona, sea proclive al entendimiento con Moscú, donde entendimiento se traduce en sometimiento. Putin no ve compatible la existencia de una Ucrania independiente y soberana como un desenlace de la actual guerra, y va a hacer todo lo posible para que así sea. Manteniendo la presión militar y pidiendo el cese de la cooperación militar de EEUU con Kiev, el Kremlin ve como los frentes de batalla se convierten en avances en territorio ucraniano, lento pero constante, y que en este momento el cesar la batalla es una mala jugada para el bando que va avanzando. Las semanas pasadas han dejado muy claro hasta qué punto una decisión unilateral de EEUU respecto a la capacidad de acceso a tecnología e información militar ha sido capaz de bloquear por completo los avances de las fuerzas ucranianas, impidiéndoles usar un material militar de primera división que no sirve de nada si el software que utiliza está sometido a restricciones. Algo casi tan sencillo como pulsar un botón en un cuartel de la inteligencia de EEUU en alguna parte de su país es capaz de convertir precisas y letales máquinas de guerra en poco más que carísima chatarra que no es capaz ni de apuntar a un objetivo. Ucrania, que no estuvo presente en la conversación de ayer, es parte de un mercadeo entre los dos dirigentes que hablan sin reparos, al menos desde la Casa blanca, de intercambios de territorios e instalaciones críticas como, por ejemplo, la central nuclear de Zaporiya, la más grande de Europa, sobre la que Rusia mantiene un endeble control. No albergo muchas dudas sobre la existencia de equipos rusos y norteamericanos dedicándose a dibujar fronteras, rayas en el mapa, ámbitos de influencia mutuos, destripe de lo que antes era un país para acabar siendo un botín repartido entre ambos de una manera vergonzosa, descarada, humillante.

Es casi seguro que se habló poco de la UE en la conversación de ayer, y si salimos es probable que ambos dirigentes estuvieran muy de acuerdo en ciscarse en nosotros, en despreciarnos, en fondo y forma. Putin ha dejado muy claro que no aceptará tropas UE, léase OTAN, en territorio ucraniano, haciendo el papel de fuerzas de interposición para garantizar el cumplimiento de un hipotético acuerdo de paz. El desprecio que Rusia muestra por las iniciativas británicas, el país que más propugna por la presencia de tropas europeas en el terreno, es manifiesto. De momento, y como se esperaba, Rusia sigue contando con gran ventaja en este proceso de “negociación” amañada.

miércoles, marzo 12, 2025

Ucrania, tregua chantaje

Era de esperar un resultado similar al obtenido ayer. La ronda de negociaciones abierta en Arabia Saudí entre EEUU y Ucrania no es sino una manera muy educada de referirse al ejercicio de chantaje abierto al que la administración Trump somete a Zelensky y todo el país. Desde hace una semana más o menos EEUU ha negado el acceso a la inteligencia al ejército ucraniano, y los drones y ataques rusos se han recrudecido de manera exponencial, ante la incapacidad creciente de las defensas de Kiev de interceptarlos si no disponen de la información adecuada. O te rindes o te ganan y les dejamos hacer, es el mensaje que sale de Washington.

Con este panorama, Ucrania ha optado por aceptar la situación y ofrecer una tregua de treinta días, deteniendo todos los combates en el frente, si es que Rusia la acepta, paso previo a unas negociaciones, otra vez las comillas serían necesarias, en las que Moscú y Kiev acordarían un alto el fuego duradero y las futuras fronteras de ambas naciones. Dentro de este ofrecimiento de tregua forzado se incluye el acuerdo por el que EEUU actuará de manera colonial en la nación ucraniana, llevándose en torno a la mitad de las ganancias que se deriven de la explotación de sus recursos minerales, especialmente energéticos y tierras raras, más abundantes en aquella nación los primeros que las segundas. Con su firma Kiev se ha puesto a los pies de los caballos norteamericanos y es probable que sea pateada por estos sin mucha conmiseración. Frente a las opciones de aguantar en el frente que se mantenían con el apoyo de Biden, ahora mismo Ucrania no va a poder sostener los combates si EEUU no le presta la intendencia militar y la inteligencia precisa. Una y mil veces he repetido aquí que el apoyo de la UE a Kiev es fundamental en el plano diplomático y económico, porque nosotros sostenemos las finanzas del país, pero en el frente de guerra se dispara y muere, y ahí es la tecnología y suministros norteamericanas las que le sirven a Kiev. Es cierto que el país ha desarrollado una industria de defensa propia, centrada en el sector de los drones, que ha revolucionado las tácticas de combate en el frente y hace replantearse a todas las naciones cómo enfocar sus sistemas de defensa y en qué invertir, pero aún así la maquinaria rusa es superior en capacidad militar y en efectivos, en cadáveres puestos sobre el terreno. Esa propuesta de alto el fuego a la que ayer se comprometió Ucrania es, digámoslo sin muchos rodeos, el primer paso para la rendición del país ante el invasor, y la asunción de concesiones territoriales y de todo tipo a cambio de una “paz” convertida en la humillación y el miedo permanente a que se vuelvan a reactivar los combates en el caso de que a Putin se le ocurra que algo, lo que sea, lo que se invente, no se ha cumplido en los presuntos acuerdos que llegue a firmarse. O simplemente tenga la sensación de que la seguridad de su nación se encuentra amenazada por vaya usted a saber qué sensación proveniente del oeste. El plan expansionista del kremlin, diseñado y publicado por Putin hace ya algunos años en un documento muy claro, se basa en la superioridad de la nación rusa frente a sus vecinos y en el sometimiento de los mismos, no sólo los ucranianos, a la voluntad de un kremlin garante de la seguridad global. Para la cosmovisión de Putin y su mafia, el este de Europa es su patio trasero y como tal debe ser considerado por los demás, una zona de influencia en la que es Moscú quién decide cómo se gobierna, quién lo hace y para qué, con los intereses rusos por encima de todo. Ucrania osó a mostrar un camino independiente, en búsqueda de su libertad, y ha sido castigada, y más que lo será.

¿Qué va a hacer Moscú con la oferta de tregua de ayer? No lo se. Es probable que acabe aceptándola de una manera u otra, sin detener sus ataques de inmediato, sabiéndose en una posición de superioridad en la mesa de chantaje organizada por Washington. Tiempo tendrá de configurar un acuerdo humillante para Kiev que defienda sus intereses, sus ilegales conquistas y, sin duda, no dejará de pensar en cómo deshacerse de Zelensky y poner en la capital de Ucrania a un títere que le eche en brazos el resto de la nación. Ayer fue el primer día en el que la derrota de Ucrania se convierte en el principal de los escenarios de la guerra. Día triste e injusto.

lunes, marzo 03, 2025

La infamia del viernes

Casi lo sigo en directo, de casualidad. Me quedé el viernes por la tarde en la oficina un rato largo trabajando y, tras ello, fui al centro a hacer un recado, y acabé en una cafetería tomando algo y, sin más que hacer, saqué el móvil y me conecté a la red de Eloncio para ver qué pasaba. Sabía que esa tarde, mañana en Washington, Trump recibía a Zelensky y estaba prevista la firma del acuerdo de explotación colonial de las reservas minerales y energéticas de Ucrania, aunque no se supiera nada de las garantías de seguridad que EEUU fuera a conceder a cambio del expolio organizado. Esa firma me parecía un ultraje, una humillación. No me gustaba nada.

Y entonces compruebo, asombrado, que surge una catarata de tuits puestos por los corresponsales de los medios españoles e internacionales que estaban en Washington, contando algo que no era lo previsto, ni mucho menos. Una bronca, un enfrentamiento, una discusión en la que Trump acusaba a Zelensky a voz en grito de ser un provocador en medio del despacho oval, delante de todos los periodistas. Cortes de una escena en la que el presidente ucraniano está sentado en una silla, algo adelantado, y el norteamericano no deja de dirigirse a él de manera amenazante, señalándole con el dedo, abroncándole. ¿Pero qué XXX es esto? Me preguntaba, sin entender nada de lo que estaba pasando. Poco a poco los corresponsales empiezan a relatar lo sucedido y lo que descubro es aún peor de lo que imaginaba, una discusión enorme, comenzada por el vicepresidente JD Vance, secundada por algún periodista forofo del trumpismo, y el gran jefe maestro de todo, Donald, que actuaba como el presentador de un reality en el que fuera la estrella, el invitado y el patrocinador. Los hechos se precipitaban y a los pocos minutos se confirmaba que la prevista firma del acuerdo de expolio se suspendía, y Zelensky abandonaba la Casa Blanca al rato en medio de una tormenta diplomática de primera. El desastre que se había escenificado a gritos se plasmaba en la ruptura absoluta. La sensación de todos los que habían asistido al acto era de estupefacción, incredulidad, vergüenza, bochorno… escojan ustedes el término que quieran. Durante la noche empezaron a circular los primeros análisis de lo que había sucedido, todos teñidos de dramatismo y de asombro a partes iguales. Con el paso de un par de días se puede decir sin temor a equivocarse que lo que se vivió el viernes fue la escenificación de una ruptura, el teatro creado por Trump y los suyos, la encerrona indigna a la que fue sometido Zelensky, la actuación a plena luz del día del grupo de mafiosos que rigen los destinos del gobierno de EEUU, que decidieron dar una lección al díscolo Zelensky para que aprenda lo que es bueno, para que se someta y deje de dar la coña. El viernes una escena de acoso y abuso de colegio, de “bulling” que se dice inapropiadamente ahora, donde los abusones de la clase acorralan al débil en el hueco de los baños y deciden darle una buena paliza para que quede claro quien manda. Esos abusones son los dueños del colegio, son los que dictan las normas, tienen el poder y abusan de él sin cortapisa alguna. La escena era repugnante en fondo y forma, injusta y llena de odio. Ejemplifica lo peor de la condición humana en un contexto de negociación, de intercambio de pareceres, y no deja de ser sino la expresión manifiesta de como los sujetos como Trump se manejan por la vida, con la chulería absoluta de quine no sólo se cree en posesión de la verdad, sino que también tiene el poder y dinero para comprar voluntades que le secunden y respalden. Zelensky, que preside un país bombardeado por el dictador Putin, acudió a la Casa Blanca en busca de ayuda, vendida como chantaje, y recibió una encerrona de uno de los más fieles socios del malnacido que masacra a diario su país. Su cara de asombro, de descoloque, en un lugar que le es ajeno y en un idioma que no es el propio, lo decía todo. No entendía muy bien lo que pasaba, sólo sabía que allí, también allí, estaba rodeado de enemigos.

Trump el viernes escogió bando, y decidió claramente alienarse con Putin, sellar ante la audiencia global un pacto entre el sátrapa conocido y el que aspira a serlo, y tras ese nauseabundo acto, se fue a Florida a vaguear y mandó a todas sus huestes, incluidos los payasos que le secundan en España, a escribir como locos defendiendo la indignidad que acababa de suceder. Trump ya es un enemigo del mundo libre, y no tengo nada claro como el resto de las naciones vamos a ser capaces de defendernos de él. Las opciones de Ucrania, asediada por Putin, traicionada por Trump, son muy escasas. Las de Europa, en su conjunto, no son mucho mayores.

miércoles, febrero 19, 2025

Una reunión humillante

Humillante es el término más suave que se me ocurre tras contemplar la escena que ayer se dio en Ryad, en el encuentro entre delegaciones de muy alto nivel de EEUU y Rusia. Rubio, el secretario de estado de Trump, con dos altos cargos, consejero de seguridad y enviado especial para Europa y Oriente Próximo, se sentaban frente a Lavrov, el eterno ministro de exteriores ruso, y el exembajador de Putin en Washington. En la cabecera, algún jeque de la familia reinante en el desierto, ávido de la propaganda relacionada con el encuentro y, a buen seguro, beneficiario de algunas de las propuestas económicas que puedan salir de ahí.

Esa escena supone, directamente, la rehabilitación de Rusia como interlocutor reconocido, dejando atrás su papel de paria en el contexto global. El entramado de sanciones organizado desde occidente como represalia por la invasión de Ucrania empezó a deshacerse ayer ante los ojos del mundo, con el decidido concurso de la nueva administración norteamericana, que es mucho más partidaria de las posiciones rusas que de la legalidad internacional, más que nada porque envidia cómo Putin hace lo que quiere sin cortapisas y la ley no es sino un freno a las ambiciones de Trump. En esa mesa no había presencia alguna de Ucrania, el país invadido, el que ha sido sometido a una violación territorial y es constantemente masacrado por las fuerzas rusas. Kiev, ayer también ataca por drones salidos desde Putinlandia, ni está ni se le espera, porque no se le deja. Los “adultos” han decidido quienes son los niños en esta historia y no tienen permiso para entrar en la habitación en la que se reúnen para decidir sus cosas. ¿Tenían ayer los negociadores escuadra y cartabón en sus manos? ¿O eso se lo van a dejar a los especialistas de segundo rango? La idea de que ambas naciones, una agresora, otra rendida, se repartan Ucrania como si fueran despojos, y lleven sus ambiciones imperiales mucho más allá resulta estremecedora, pero es a lo que estamos asistiendo. Es irrelevante que de la reunión de ayer no surgiera acuerdo alguno, porque lo trascendente es su mera celebración. La imagen de una Rusia salvaje reconocida como propia por quien, hasta hace un par de meses, seguía siendo el estandarte del mundo libre y ahora a mutado a gigante neocolonialista movido sólo por intereses crudos. Si Ucrania no estaba en la mesa no esperen que Europa pinte algo más. El que la resolución de la guerra suponga el mayor cambio en la seguridad del continente desde la caída del muro es algo que se la trae al pairo a las dos naciones allí reunidas, porque ellas son las propias garantes de su seguridad, pero es evidente que quita el sueño a las múltiples naciones europeas, cuya propia seguridad depende, en gran parte, de la conducta de EEUU. Pensemos en los países bálticos, Moldavia, Bulgaria, Rumanía… naciones débiles, pobres algunas, minúsculas otras, que comparten frontera con el gigante ruso, que están directamente a tiro de sus baterías, sin que esa frase sea una metáfora, pertenecientes la mayor parte de ellas a la UE. Hasta hace unas semanas contemplaban con temor la guerra en Ucrania pero tenían la seguridad de que el bando occidental mantendría su apoyo a Kiev para detener al gigante ruso. Ahora las cosas han cambiado. EEUU, o lo que es lo mismo, unas tres cuartas partes de eso que llamamos occidente en poder económico y militar, ha decidido que su política ya no tiene nada que ver con lo que interese a sus socios, que realmente no tiene socios, que no los necesita. Engreído hasta el extremo, Trump ha hecho que su país ponga en solfa sus compromisos y trate con el mayor de los desprecios a los que, hasta ayer, han sido colaboradores fieles. A cambio, exige contraprestaciones, pagos, recursos, tierras, chantajes de inspiración colonial que son propios de lo que las naciones europeas hacían en África o Asia en el siglo XIX, y todo ello sin garantizar apoyos futuros, sólo como pago lo que hasta ahora EEUU ha hecho para defender el estatus quo. Vean la escena de ayer desde una de esas débiles naciones del este y sentirán un escalofrío

Contemplarla desde una débil nación situada en el extremo occidental europeo no resulta mucho más relajante, en absoluto. La humillación se extiende por todo el continente a la par del miedo, de la sensación de desamparo absoluto ante un escenario en el que EEUU, Rusia y China pueden actuar como les dé la gana, repartiéndose esferas de influencia, territorios y voluntades con la absoluta impunidad que les otorga su superioridad tecnológica, económica y militar. El resto somos espectadores invitados, cuando no platos servidos a la mesa del banquete de los “adultos”. La palabra traición empieza a estar en boca de algunos, para definir lo que Trump está haciendo. Y poco a poco, adquiere un significado plenamente cierto.

jueves, febrero 13, 2025

Trump traiciona a Ucrania

Lo primero de todo es que, tristemente, no supone ninguna sorpresa. Desde antes de empezar su campaña presidencial Trump se mostró claramente hostil a la posición ucraniana en la guerra que este país sufre tras la invasión rusa. Sólo le preocupaba el coste de la aportación norteamericana a la defensa de la nación eslava y respondía, a quien quiera que le preguntase, que su buena relación con Putin era lo que iba a poner fin rápidamente a una guerra que, en pocos días, llegara a su tercer año. Por eso, cuando el magnate ganó las elecciones todos entendimos que Putin ganaba con él y que Zelensky perdía a un aliado, a su más importante aliado.

A partir de ahí, la forma y la dimensión de la traición que esté planeada en la mente de Trump es un poco lo de menos. Lo relevante es el abandono a la posición justa que representa Kiev en la guerra de Putin, la sensación de que al sátrapa moscovita le va a salir rentable haber arrasado medio país y asesinado sin freno a parte de su población, y el mensaje global de que los intereses primarios de EEUU, más bien del consorcio Trump, son los que dictaminan su actuación global y que las causas profundas de los problemas son lo de menos. ¿planea Trump construir alguna de sus torres en Moscú? ¿Ya ha apalabrado con Putin que en la costa de Crimea y Mariupol puedan desarrollarse complejos inmobiliarios de capital mixto mafia rusa mafia trumpista? No lo descarten, ni mucho menos. Con la llamada de más de una hora entre ambos sujetos que ayer se hizo pública empieza el proceso de finalización de esta guerra, en la que a Ucrania se le va a imponer una paz, así se llamará, en la que va a tener que renunciar a parte de su territorio, de su soberanía, de sus recursos, de su entidad como país, de algunas de las características que le hacen viable como nación, y sin garantía alguna de que no se vuelva a repetir una agresión injustificada por parte de su imperialista vecino si, en cualquier momento, el kremlin determina que se siente incómodo con la situación o cree que puede volver a dar un golpe de mano. Las condiciones preliminares que expuso ayer Trump en una futura y cercana negociación de paz son humillantes para Kiev, porque dan por sentada la pérdida de territorio que ya ha sufrido la nación ucraniana tras la invasión, Crimea y el Dombás. Así mismo, Trump habló de la necesidad de que Ucrania ceda a EEUU sus posesiones de tierras raras, minerales estratégicos para el desarrollo de las tecnologías que ahora dominan el mundo, quizás como garantía de que EEUU no permita a Rusia ir más allá, probablemente como chantaje, a sabiendas de que si no es así los recursos norteamericanos desaparecen del escenario de batalla y el ejército ruso contaría con una ventaja difícilmente superable. Tras esa conversación con Putin, Trump informó a Zelensky. El orden de los factores es, en este caso, lo que determina el producto, y es que el agredido es informado de lo que el agresor y su, hasta ayer, aliado, han pactado al respecto. La posición de Kiev en todo este asunto es la de sufridor pasivo, por lo visto. Ayer, por la mañana y por la noche, rusia lanzó misiles sobre la capital ucraniana, destrozó edificios y mató personas, pero el gobierno de Kiev no cuenta para Trump a la hora de fijar una posición ante el agresor que le golpea con saña. Es, en definitiva, una humillación en toda regla, una forma de dejar claro quién manda aquí, Trump y Putin, y de quién obedece, Zelensky. Supongo que la segunda llamada, la de la Casa blanca A Kiev, fue de un tono mucho más tajante que la primera, porque se trataba únicamente de comunicar al derrotado de qué manera debe prepararse para aceptar su claudicación, de exigirle que acate las condiciones de lo que se le ofrezca, aunque se vista de presunta negociación, y que llame paz a lo que no es sino una rendición impuesta. A Zelensky se le llamó para que sepa las dimensiones de la derrota que, por ahora, se le va a imponer.

Ucrania está en Europa. Y ayer ninguna cancillería europea recibió llamada alguna de la Casa Blanca al respecto, porque para Trump Europa no pinta nada en este asunto. Es más, en las condiciones de “paz” se le impondrán a la UE obligaciones económicas y militares, como mero actor subsidiario, pero sin que se le permita opinar ni hacer nada al respecto. Si a Zelensky se le humilla, a Europa directamente se le ningunea, sometiéndole al mayor de los desprecios, a su mera inexistencia. Las declaraciones del nuevo Secretario de Defensa en las que deja claro que Ucrania no será OTAN y que su seguridad corresponde a los países europeos lo dejan todo bien claro. Traicionados y abandonados. Así estamos.

miércoles, diciembre 18, 2024

Un asesinato en Moscú

Poco a poco, los ciudadanos de Moscú se han ido enterando de que hay una guerra en el oeste, en Ucrania. No lo han hecho porque familiares, amigos o vecinos hayan sido reclutados para ella, porque el dictador ha abastecido sus tropas con gente proveniente de las provincias más pobres y lejanas, pero con el paso de los meses los drones ucranianos han comenzado a llegar a la capital, el kremlin mismo ha sido objeto de algún ataque y se han producido disturbios en el espacio aéreo de la capital, bloqueando sus aeropuertos, gracias a ataques y sabotajes. La falsamente vendida como operación militar especial no es sino una guerra que aumenta de tamaño cada día y en la que, si Ucrania muere, Rusia se desangra.

Hasta ayer. Un bombazo en un barrio residencial de Moscú despertó a un montón de habitantes de la capital y dejó a no pocos sin cristales en sus ventanas en medio de un gélido amanecer. Al asomarse por las grietas de ellos los vecinos afectados pudieron contemplar una escena cruel. En el suelo, en medio de la nieve, frente al portal del que acababan de salir, yacían los restos amorfos de dos personas, reventadas por la explosión de un dispositivo, que era lo que había causado también la onda expansiva que afectó a sus casas. Había que acercarse bastante al lugar de lo sucedido para descubrir que, junto a los fallecidos, se encontraban los restos de un patinete, lo que luego ha permitido concluir a los investigadores que el atentado, que ante eso estamos, se produjo mediante la colocación de una bomba en ese aparato, el patinete, sin que me haya quedado muy claro si el dispositivo que la hizo estallar estaba controlado a distancia o de manera automática. En todo caso asesinó de manera efectiva a las dos personas que en ese momento salían del edifico a la calle. Uno era un guardaespaldas, cuyo nombre desconozco. El otro era el general Kirillov, uno de los mandamases de la cúpula militar rusa, responsable de las estrategias defensivas relacionadas con la guerra NBQ (nuclear, bacteriológica y química) y, en definitiva, un muy alto cargo del organigrama militar del país. Kirillov ha sido el responsable de, entre otras cosas, el uso de armamento químico en Ucrania, destinado a intoxicar a los soldados que están en las trincheras para forzarlos a salir y que así sean un blanco fácil por parte de los que tratan de acabar con ellos. Estas acciones ya lo tenían señalado entre la inteligencia ucraniana como uno de los objetivos a batir, y cuando se supo que él era la víctima del atentado todas las miradas se dirigieron a Kiev como certero origen de la acción. En efecto, no pasó mucho tiempo y a lo largo de la mañana de ayer las fuentes de inteligencia ucraniana admitieron estar detrás de la operación, sin dar apenas detalles de cómo se había desarrollado, y declararon la legitimidad del ataque en base a las prácticas militares que antes les comentaba que este general había desarrollado en el frente de guerra. Su eliminación se veía desde Kiev como la captura de un trofeo preciado, como la muesca lograda en una cacería cuando se abate a una pieza valiosa. Apenas se sabe nada sobre cómo se ha desarrollado la acción, si se ha producido una infiltración permanente de elementos de inteligencia ucranianos en Moscú, manteniendo un comando estable en la capital, o ha sido una entrada y salida en Rusia para realizar el atentado. Es probable, pero no se sabe, que un acto de este tipo cuente con cierto respaldo local, y es que es sabido que para hacer algo así se requiere un seguimiento de la futura víctima, estudio de sus rutinas, planificación y decisión sobre cómo operar. Obviamente Kirillov estaba vigilado desde hace tiempo, y se había escogido la salida de su casa como la opción más sencilla para matarle, y el uso del patinete como lo más efectivo. El éxito del atentado demuestra una elevada capacidad de acción por parte de la inteligencia ucraniana y, sí, también, una enorme brecha de seguridad en el policiaco estado ruso. Una más.

Este golpe es duro para la imagen del kremlin y la organización militar rusa, que desde ayer sabe que cuenta con un enemigo real en las calles de la ciudad en la que vive y desarrolla su trabajo de criminal planificación militar en Ucrania. Las declaraciones de altos mandos rusos, ni palabra de Putin hasta el momento, mostraban condolencia y ánimo de venganza, con los habituales rictus serios propios de seres fríos, como los que tan bien encarna el antiguo primer ministro Mevdeved. Más allá de las crueles acciones que se pretendan hacer en suelo ucraniano, matando inocentes como respuesta a este atentado, la imagen de una Rusia blindada y un régimen fortificado, inexpugnable, ha vuelto a ser deshecha por la realidad, como las decenas de cristales rajados en el vecindario donde tuvo lugar la explosión.

viernes, noviembre 29, 2024

Noches gélidas en Kiev

Estas noches está haciendo bastante frío en Madrid. No hemos llegado a la helada, pero sí baja hasta los tres grados. Llegas a casa en la oscuridad con el frío empezando a desplomarse y sales por la mañana en medio de la misma negrura con el frío golpeándote en la cara al dejar el portal de casa. Las noches más largas del año son estas, ya de camino al solsticio, se hacen infinitas y, con el frío, insoportables. En mi casa, con calefacción central que abastece a todo el bloque, de unos ciento cincuenta pisos, el calor es intenso, se está muy bien, y tiene uno la sensación, cuando entra en ella, de que la realidad queda lejos, que ese frío nocturno está derrotado.

Es una sensación falsa. Si ahora el gas se cortara por lo que sea o la caldera común volase no pasarían muchos días hasta que el interior de los pisos se pusiera a una temperatura insoportable. Los días de sol las paredes que lo recibieran se caldearían algo, pero sería un mero alivio, una tregua, porque el día es corto y el sol, aunque ilumina, carece de fuerza. Sólo pensar lo que debe ser vivir sin calefacción en un invierno me pone de los nervios. No somos conscientes del privilegio que supone tener un refugio en el que hace calor en medio de la época más oscura y fría del año. Lo damos por sentado, pero no tiene nada de automático, nada de nada. Por eso, cada vez que leo noticias en las que un nuevo ataque ruso dirigido contra la infraestructura energética de Ucrania ha dejado a no se cuantos cientos de miles, o millones, sin suministro eléctrico, me estremezco. Me imagino esas noches que antes les comentaba, pero con el agravante de que allí, al estar más al norte, la oscuridad es aún más prolongada, que los días son cortos hasta el extremo, y que las temperaturas alcanzan unos valores que no somos capaces de imaginar. En Kiev que en invierno las máximas no lleguen a cero y las mínimas se desplomen muchos grados por debajo de esa barrera es habitual, dejando nuestros inviernos convertidos en tibias primaveras. ¿Cómo se puede soportar aquello sin calefacción? Los que vivan en casas en el campo pueden tirar de chimeneas, de quemar cosas e ir tirando, pero los que viven en ciudades, en pisos, en instalaciones que dependen de un sistema de calefacción externo, alimentado de fuentes como el gas o la electricidad, ¿cómo conseguir el calor? No soy capaz. He salido friolero, vasco hasta la médula de origen, pero para nada chicarrón del norte, más bien un alfeñique. Por debajo de veinte grados empiezo a sentirme incómodo, y el invierno es una estación problemática, en la que combatir el frío es una necesidad primaria. Recuerdo, en el piso que tenía hasta hace un par de años, que dejé para vivir en el actual, que el sistema de calefacción era por acumuladores eléctricos nocturnos, que rendía bien, sin excesos de ningún tipo, pero que tardaba una noche en cargarse cuando se arrancaba. Era lo habitual que, cuando subía a Elorrio un fin de semana, lo dejara apagado, para no consumir, lo que suponía que cuando regresaba me esperaba una noche desagradable. La casa se había enfriado ligeramente tras dos o tres días sin sistema de calefacción, y claro, uno se metía en la cama con el pijama gordo, el edredón por encima de las mantas y todo el sistema de acumuladores arrancado, pero con la certeza de que esa noche sólo el ovillo que lograra hacer con mi cuerpo bajo la protección de mantas varias iba a ser la cobertura que me libraría del frío. Era un peaje incómodo, que pude evitar si hubiera hecho obra de reforma, pero indolente como soy para ciertas cosas, eludí, y nada hice para ahorrarme esas primeras noches frías a mi vuelta. No quiero pensar lo que debe ser un invierno sin calefacción, no puedo. No sobreviviría.

Kiev y el resto de ciudades ucranianas empiezan a estar más marcadas por las cicatrices de la presente guerra que por el resto de sus pasadas historias, y son miles las viviendas que ya no son habitables, que han perdido la capacidad de mantener el mínimo confort. A pesar de ello, muchos, carentes de alternativa, pasarán este nuevo invierno, probablemente el más cruel desde que empezó la guerra, en esos pisos con ventanas rotas, con tuberías reventadas, luz intermitente, aires que se cuelan de la calle que apuñalan por lo gélidos que son, y la sensación de que todo va a peor. Mientras nosotros en nuestras casas estamos calientes y vemos como las corruptelas gubernamentales nos rodean, en Kiev millones de personas pasan frío, un frío de verdad, un frío absoluto. Un frío asesino.