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jueves, julio 30, 2026

El nivel de los stocks de armas de EEUU

Esta noche ha vuelto a ser de ataques intensos en el entorno de Ormuz. El ejército norteamericano ha disparado contra numerosos objetivos relacionados con instalaciones de la guardia revolucionaria iraní, y tras el relajo que se vio en los precios a principios de la semana, el barril de crudo vuelve a superar los 90$. Las erráticas declaraciones de Trump no hacen sino añadir confusión a una guerra que se prolonga de una manera gris. Un día dice que va a lanzar un ataque muy duro y al par anuncia que la negociación va muy bien, y luego otra vez. Es evidente que no tiene el control de la situación en la zona y que, militarmente, las cosas no le van como quisiera.

Durante los últimos días varias fuentes han hablado, y no poco, sobre los posibles problemas de suministros de armas a los que se enfrenta EEUU tras lo que lleva de campaña iraní. En los primeros meses de guerra se lanzó contra la nación persa un gran número de misiles, bombas y demás artefactos que tenían dos características muy importantes. Eran precisos y caros, muy precisos y muy caros. EEUU tiene un elevado catálogo de armas de este tipo, pero sabe que, al contrario de lo que pasa con la munición convencional de disparo, debe emplearlos con mesura, porque no es nada fácil reponer las existencias frente a, digamos, balas y obuses convencionales. Son armas pensadas para dar golpes duros y significativos a instalaciones militares, infraestructuras críticas y centros de mando y decisión, pero no para hacer barridos ni para ir a por objetivos menores. Frente a ello, la respuesta iraní, es sabido, ha consistido en el lanzamiento de algunos de sus misiles, y de muchos muchos drones de bajo coste que han logrado alcanzar no pocos de sus objetivos. El daño que pueden hacer estos drones es bastante menor que el de la munición precisa norteamericana, pero se pueden lanzar en oleadas de decenas o cientos de elementos, y su fabricación puede seguir siendo sostenida día tras día. Es una de las lecciones básicas que ha dejado la guerra de Ucrania. Precisión y potencia pueden ganarse con saturación de bajo coste. Estas fuentes analizaban los stocks que, se supone, constaban en los inventarios de defensa norteamericanos, de todo tipo de elementos: misiles Tomahawk, interceptores patriot, y una amplia gama de dispositivos similares. No pocos de los analistas que han hablado estos días estiman que EEUU ha gastado entre un tercio y la mitad de lo que tenía guardado en los almacenes, en apenas unos meses de combates contra Irán. A cambio ha obtenido… bueno, no se muy bien lo que ha obtenido, si no se puede calificar directamente como fracaso. Si esos cálculos son ciertos, EEUU tiene un problema, porque la producción de repuestos de este tipo de munición es cara, carísima, y lenta, sobe todo comparado con el proceso de elaboración de drones de ataque. El resto del mundo ha visto estos informes y comparte de la idea de que EEUU ha derrochado material de gran valía de una manera irracional, por el mero hecho de presumir de ella, pero que está mostrando unas notables carencias en el caso de que la guerra se prolongue. La estrategia de defensa de EEUU se diseña en base a su abrumador poder de intervención, pero no está planteada para conflictos largos de ataque de invasión. Sí para una entrada masiva y breve que, por aplastamiento, le de el control de la situación, pero no para un conflicto prolongado en el que el consumo de material de lata calidad se dilate en el tiempo. Simplemente, no hay lo debido de eso. Por eso no son pocas las voces que dicen que detrás de esas llamadas erráticas de Trump a la negociación se encuentran asesores militares que le advierten de que no se va a poder prolongar mucho más tiempo esta tipología de ataque a riesgo de ver seriamente comprometida la capacidad defensiva del país por el mero hecho de quedarse sin armas de primer nivel que poder disparar. Si esto es así, y es plausible, el fracaso de la estrategia norteamericana en Irán alcanzaría cotas antológicas.

En parte EEUU no ha aprendido nada de lo que sucede en Ucrania desde hace años por mera soberbia, por creerse invulnerable y operar desde una posición de privilegio absoluto. Este es uno de los caminos más directos hacia el error. El avance tecnológico que ha sufrido la guerra de drones ha vuelto obsoletas varias de las armas y tácticas clásicas de los ejércitos, y esa tecnología, masiva y barata, permite a naciones como Irán enfrentarse a EEUU con el conocimiento de que no van a ganar, cierto, pero tampoco van a ser derrotados, y eso, para el Pentágono, es una muy mala noticia. Terceras naciones, pensamos todos en China, toman buena nota de lo que está sucediendo, de lo que funciona y de lo que no y, en silencio, aprenden.

viernes, julio 03, 2026

250 años de EEUU

Mañana EEUU cumple 250 años, pocos países pueden decir que tienen una fecha de fundación dada, fija, y plasmada, en este caso en la famosa declaración de independencia de 1776. Una muestra de que la historia es impredecible es que nadie hubiera apostado en esas fechas, ni en muchas posteriores, a que esas trece colonias que se desgajaron de la corona británica iban a acabar siendo la nación más poderosa del mundo un par de siglos después y, depende de cómo lo veamos, la más poderosa que ha existido jamás en la Tierra. Con sus luces y sombras, EEUU tiene algo que celebrar mañana, y el objetivo de mantener lo logrado.

Precisamente llega este cumpleaños tan redondo en uno de los momentos más convulsos de la historia reciente del país. Hasta ahora, con aciertos y errores, era una nación que tenía clara su unidad y destino compartido, y también el papel que le correspondía en un mundo hecho, en parte, a imagen y semejanza de sus valores, al servicio de sus intereses. Desde la primera presidencia de Trump es evidente que ha nacido una división en el seno de la sociedad de aquella nación sobre cómo se ve a sí misma. A los europeos esto no nos suena raro, porque nuestros países han estado atravesados por conflictos civiles entre facciones que han tratado de hacerse con el conjunto de la nación desde premisas muy particulares, pero para los norteamericanos esto es nuevo. La unidad interna, el patrioterismo orgulloso que ellos exhiben, no pocas veces caricaturizado desde este lado del mundo, ha sido una de sus mayores fortalezas, y eso empieza a resquebrajarse. Hay una división profunda y creciente entre unos norteamericanos y otros, unos que ven a su nación de una forma radicalmente distinta a la que la contemplan los de enfrente, con una divergencia en las posturas que empieza a quebrar estructuras sociales en las que la política debe ser ajena. Eso es un peligro para toda sociedad, porque esa semilla de división, una vez que germina, resulta mucho más difícil de erradicar que cualquier otra cosa. La segunda presidencia de Trump no está haciendo sino ahondar en este problema, empezando por cuestionar las bases del sistema político de la nación, que ha soportado un cuarto de siglo de andadura sin haber sido jamás derribado por golpes civiles, militares o de otro tipo. Resulta cruel ver como desde naciones como la nuestra, con una experiencia democrática infantil, se pontifican lecciones hacia EEUU sobre cómo no perder la libertad. ¿Exime esto de riesgos a Norteamérica? No, ni mucho menos. Es difícil que suceda, pero también era difícil pensar que desde la presidencia de aquel país se desarrollara un programa de destrucción sistemática de los contrapesos y las costumbres legales que llevaban asentadas tanto y tanto tiempo. La disrupción que se ejecuta cada día desde el despacho oval por parte del populista naranja es asombrosa, pero también una advertencia de que EEUU no es inmune al virus de la degradación que tan bien conocemos los europeos y que, en el pasado, afectó a imperios y naciones que también se creyeron inmunes, bendecidas por los dioses, y elevadas a un rango más allá de la historia. El engreimiento es un camino seguro al fracaso, y no es fácil hacer ver a una potencia de las dimensiones de EEUU de los peligros a los que puede llevar una política populista ejercida desde sus propias instituciones. Para los que siempre hemos admirado a los padres fundadores de aquella nación, a los que pensamos que Franklin, Jefferson o Washington tuvieron la visión de crear una estructura política superior a todo lo conocido, la menos mala de las existentes, a los que creemos que presidentes como Lincoln o Roosevelt han encarnado lo mejor de eso que llamamos occidente, contemplar la deriva actual de EEUU nos duele, nos apena y, desde luego, nos preocupa. No podemos vivir en el mundo de hoy sin el papel que EEUU está destinado a cumplir en él.

Una muestra de la división del país es que gran parte de los actos previstos para este fin de semana se han suspendido porque Trump los ha querido patrimonializar para convertirlos en loas a su persona. Festivales de música que se iban a celebrar en Washington han visto como las estrellas de sus carteles se han caído a medida que el presidente iba convirtiendo lo que estaba previsto que fuera un homenaje a la historia de la nación en un mero acto de propaganda MAGA a su más absoluto beneficio. Este es el camino que acaba destruyendo consensos, generando rencillas profundas y debilitando a las sociedades. Sí, también las puede llevar a su enfrentamiento.

martes, junio 16, 2026

El acuerdo de Trump con Irán

Ayer fue un día de festejo en bolsas y mercados de todo el mundo tras el grandilocuente anuncio de Trump del acuerdo, tras más de una treintena de amagos, con Irán, y su inminente firma. Parece que esta vez va en serio, o eso es lo que compraron los valores, con subidas desatadas en las bolsas, récord del Ibex por encima de 19.000, caída del petróleo, con el Brent en 84$, aún caro, pero bastante menos que hace unas semanas, y sensación de que lo peor ha pasado. De todas maneras se mantiene una cautela lógica ante lo que pueda pasar estos días, sobre la estabilidad del acuerdo, y va a ser necesario bastante más tiempo del que muchos creen para que los flujos petrolíferos vuelvan a la normalidad, y los precios a niveles razonables.

Del acuerdo en sí hay dudas, porque se han filtrado versiones del mismo que son divergentes. Parece que existe consenso en cesar las hostilidades, en reabrir Ormuz, y poco más. Sí hay un compromiso de empezar a negociar desde este momento la cuestión nuclear, con la idea de que en sesenta días, que se antojan muy pocos, suscribir un acuerdo al respecto en el que Irán renuncie al arma atómica y se deje claro que pasa con cientos de kilogramos de uranio enriquecido a elevado porcentaje que el país mantiene. Se abre la puerta al desarrollo de un programa de energía nuclear civil, que necesita de un uranio con un nivel de enriquecimiento mucho más bajo (3,5% frente al más del 90% que necesita la bomba). A partir de aquí las dudas son crecientes, principalmente por tres aspectos. Uno, la posible compensación económica que Irán pueda recibir por parte de EEUU por los daños causados en los ataques, que el régimen de los Ayatolas da por cierto y la Casa Blanca lo desmiente. Dos, las renuncias al desarrollo de misiles y programas defensivos de ataque, entre los que se incluyen los drones, que EEUU considera como imprescindible y que Irán no quiere dejar de tener, y que según no pocos analistas sigue creando desde que se dio el cese parcial de las hostilidades. Esto incluye el final del respaldo a las milicias tipo Hamas y Hezbollah. Y tres, y el más espinoso de los asuntos, la deriva del Líbano Israel. Teherán considera que el acuerdo incluye el compromiso de cese de los ataques israelíes al Líbano y el fin de esa guerra, con el retorno de las poblaciones desplazadas y el fin del sufrimiento de la población civil, mientras que Washington no considera que este punto se incluya en el acuerdo por ser ajeno al enfrentamiento entre ambas naciones. Sin embargo, es evidente que Israel, más bien el desatado gobierno de Netanyahu, se opone frontalmente al acuerdo entre Irán y EEUU y ha declarado que no se ve concernido por él, de tal manera que seguirá con sus operaciones en Líbano y donde considere conveniente. Pero tan evidente como eso lo es la incomodidad creciente de EEUU con su socio israelí, principal causante de la entrada de los norteamericanos en el avispero iraní, y constante instigador de acciones sobre civiles que son imposibles de comprender por las opiniones públicas occidentales. Hasta la casa Blanca de Trump se ha dado cuenta de que la actitud de Netanyahu es tóxica para sus intereses, y se empiezan a filtrar con regularidad conversaciones en las que Donald insulta sin rubor al dirigente hebreo, acusándole de torpedear todos los acuerdos posibles y de actuar no ya por libre, sino de manera traicionera y estúpida, todo ello aderezado con el florido vocabulario insultante del magnate, que es tan claro como naranja su aspecto. Irán ha dejado claro que no sólo responderá a Israel ante ataques que sufra en su propio territorio, sino que si desde las IDF se siguen emprendiendo campañas contra el Líbano atacará objetivos militares y civiles israelíes. Está por ver si EEUU logrará meter en vereda a su socio israelí, pero entre las numerosas dudas que sugiere lo que se conoce del acuerdo, este flanco parece ser el más propicio para que se pueda romper, y las ganas que tiene Netanyahu de forzar esa ruptura son tan claras como peligrosas.

Lo único seguro de lo sucedido estas semanas de negociación es que, pese a que ambas partes lo vendan como una victoria, EEUU ha sido el más interesado en que la guerra se acabe para que los costes económicos de la misma no sigan erosionando las expectativas electorales de Trump en noviembre. EEUU ha perdido una guerra en la que no debió entrar, que imaginó como paseo militar con conquista de régimen a lo venezolano y que se ha convertido en una fuente de grandes daños en la infraestructura militar en la región, desaires profundos con sus socios de las monarquías del golfo, destrozos económicos, consumo desaforado de valiosos y difícilmente reemplazables stocks militares y, en general, ha dado la sensación de haber fracasado, con una carencia de estrategia absoluta.

martes, junio 02, 2026

Trump, troleado por Irán

Hace unas semanas les comentaba que Trump estaba cada vez más ansioso por firmar un acuerdo con Irán para poner fin a las hostilidades, reabrir Ormuz y desplomar el precio del petróleo, que se filtra entre los votantes norteamericanos en forma de inflación a cinco meses de las elecciones de medio mandato. Les comentaba que, en su ansia, se estaba plegando a muchas de las condiciones iraníes y que el ridículo que estaba haciendo EEUU en todo este asunto era de unas dimensiones difíciles de imaginar. Siete días después las cosas son aún más absurdas, ya que ni hay acuerdo firmado, ni hay bajada del petróleo ni reapertura de Ormuz ni credibilidad por parte de EEUU.

Trump publica en su red social, más o menos cada hora, un mensaje lleno de mayúsculas, que parece escrito por un alumno de parvulitos, en el que afirma que las negociaciones avanzan muy bien y que, prácticamente, está ya todo acordado, que no falta casi nada. Así lleva una semana, por lo que la mayor parte de los que siguen la actualidad y quieren tener una cierta información fiable de lo que sucede ya no hacen caso alguno a lo que dice este personaje. En estos días se han producido algunas escaramuzas militares entre ambas naciones, con el derribo de drones, hundimiento de lanchas y, en general, ataques de baja dimensión, pero que han dejado claro que las hostilidades siguen ahí y que no se van a ir de un día para otro. Quien ha aprovechado este impasse para su propio beneficio es Netanyahu, que ha iniciado una nueva y sangrienta ofensiva contra el Líbano, en un ejercicio de destrucción descarado que no tiene otro fin que el de la mera venganza. Irán, contemplando los actos de Netanyahu, ha encontrado la excusa perfecta para lanzar un órdago a EEUU y ha amenazado con levantarse por completo de la mesa en la que presuntamente negocia con Washington, afirmando que nada sucederá en ella hasta que Israel detenga su ofensiva. Ayer Trump afirmó haber hablado con Netanyahu con la intención de forzarle a cesar sus ataques, lo que sería, de ser cierto, toda una sumisión de la estrategia norteamericana a los deseos iraníes y a la actitud despiadada de Israel. Según algunas fuentes, la relación entre Trump y Bibi se ha agriado completamente en estos meses, porque parece que el magnate se ha dado cuenta de hasta qué punto cometió un error enorme involucrándose en la guerra iraní, que Netanyahu le vendió como rápida e indolora. Desde marzo EEUU se ha metido en un avispero del que no es capaz de salir, donde ha sufrido pocas bajas militares, pero sí significativos daños en instalaciones de gran valor estratégico, ha dilapidado munición cara de precisión y ha dejado su prestigio dañado. A cambio sólo ha obtenido inflación y la imagen de ser rehén de su aliado israelí. Los ayatolas, a los que nada les importa la nación que oprimen sin cesar, han descubierto el valor de Ormuz como arma estratégica, y es casi imposible que el tráfico por el estrecho vuelva a ser el que existía antes de la guerra, uno libre por aguas internacionales no tuteladas. Desde Washington algún iluminado pensó que atacar Teherán sería algo más ruidoso, sí, pero poco más difícil que la operación de cambio de régimen emprendida en Venezuela en enero, y con semejante ilusión, tan ilusa, se dio la orden para movilizar efectivos y armamentos en una operación carente de pensamiento que será estudiada como una de las más estúpidas jamás emprendidas por el soberbio ejército norteamericano. Tres meses después del inicio de esa guerra, lo que antes denominaba como ridículo de EEUU se extiende en el tiempo y la sensación de haber perdido el control de los acontecimientos se acrecienta. Se alcance un acuerdo explícito con Irán o no, la sensación de derrota es inevitable en Washington, aunque evidentemente nadie que no quiera ser despedido de su cargo pueda expresarla.

El cierre de Ormuz sigue tras estos tres meses, y la subida de precios del crudo va camino de convertirse en estructural. El agotamiento de las reservas de las que se está tirando para paliar la falta de suministros del golfo empieza a ser relevante y es casi seguro que habrá efectos de escasez en determinados componentes de la oferta y en algunas naciones que irán haciéndose evidentes a lo largo del verano. El daño económico global causado por esta crisis es de serias dimensiones, y era plenamente evitable. Todo es fruto de la soberbia de unos y la estupidez de otros. Todos lo pagaremos, y no poco, en el coste de lo que adquirimos. Duele pensar que semejante destrozo era plenamente evitable.

lunes, mayo 25, 2026

Posible acuerdo entre EEUU e Irán

A lo largo del fin de semana se ha ido consolidando la posibilidad de un acuerdo entre EEUU e Irán para poner fin a las hostilidades mediante un compromiso escrito de cese el fuego. El plan que ha trascendido incluye que, en el plazo de un mes, se produzca una apertura progresiva del estrecho de Ormuz y se reestablezca el tráfico de buques, con lo que volvería a fluir el petróleo de esa zona al resto del mundo. En dos meses se lograría un acuerdo respecto al programa nuclear, dejado aparte para permitir que el resto de los asuntos salgan adelante. Si todo lo demás es impreciso, en el caso nuclear la bruma es total.

Si se llega a un acuerdo de este tipo, se puede afirmar claramente que EEUU ha perdido la guerra de Irán, una guerra electiva, no buscada, de la que ha salido dañado en varios aspectos. La derrota no es de las clásicas, como no lo es la victoria de Irán, dado que no se ha producido un enfrentamiento terrestre ni toma de posiciones sobre el terreno. Irán ha soportado bombardeos intensos que han dañado todos sus intereses como país; infraestructuras, recursos, capacidades militares, edificaciones, instalaciones industriales…. Es difícil calibrar los daños, pero a buen seguro son extensos e importantes. Sin embargo, lo que más le interesa al régimen que oprime a esa sociedad, que es su supervivencia, se ha dado. La dictadura teocrática se mantiene en el poder, debilitada en sus capacidades, pero fortalecida al presentarse ante el mundo como un resistente. Ha ejecutado una táctica muy similar a la que ha desarrollado Ucrania, de tal forma que su objetivo era no perder mediante una resistencia asimétrica, con el empleo de drones y técnicas de ataque que han infundido el pánico en todos sus vecinos, y ha descubierto que Ormuz es casi más relevante para el mundo que el programa nuclear. Si el acuerdo se firma, la dictadura islámica seguirá al frente de la nación y ya podrá centrarse en la represión interna, por lo que para los habitantes del país todo habrá ido a peor. Por su parte, EEUU, que se embarcó en una campaña de bombardeos improvisada, animado por lo que parece por el deseo de Netanyahu de que le hiciera el trabajo sucio en su conflicto con los Ayatolas, ha terminado pidiendo la hora en este conflicto al verse superado. Entiéndaseme, la capacidad militar norteamericana es abrumadora, pero sólo resulta efectiva contra un enemigo después de un planificado proceso de despliegue y concentración de fuerzas, y nada de eso se ha dado aquí. Los drones iraníes, baratos y abundantes, se enfrentaban a los caros y escasos proyectiles de precisión norteamericanos, diseñados para otro tipo de misiones, más quirúrgicas que masivas. El consumo de munición carísima por parte de EEUU ha sido muy alto, y es de suponer que sus stocks han quedado bastante reducidos, debilitados en exceso, cosa de la que es consciente él y sus enemigos que observan lo sucedido. Además, aunque ha costado reconocerlo, ha sufrido daños significativos en algunas de sus bases en la zona y ha perdido instalaciones de radar que son vitales a la hora de coordinar ataques, gestionar la información y mantener el seguimiento de las operaciones. Los daños que Irán ha infringido a EEUU son superiores a los que el imperio puede permitirse, mientras que, desde la óptica contraria, al régimen teocrático bien poco le importa lo que sufra la población de su país. Esta asimetría también ha jugado en contra de EEUU, que pensaba ingenuamente que la dictadura de Teherán caería tras su descabezamiento, sin tener en cuenta el martirologio que impera en la zona y en la creencia chií, mostrando nuevamente como el uso de la inteligencia por parte de EEUU deja mucho que desear. La sensación de que estaba improvisando a cada paso ha sido evidente, y la imagen que deja el comportamiento de su ejército no ha sido la mejor posible, ni mucho menos.

En el frente interno, el castillo de naipes que iba a ser el régimen iraní, tal y como se le vendió a Trump por parte de algunos ilusos, se ha transformado en un petróleo disparado por encima de los 100 dólares y una gasolina cara que golpea al consumidor, y votante. Trump podía permitirse un par de semanas o tres de conflicto, no los casi tres meses que llevamos, y que han erosionado aún más sus perspectivas de cara a las elecciones de medio término de noviembre, para las que quedan menos de seis meses. Desesperado, el acuerdo es una manera de ganar tiempo de cara a esos comicios. En definitiva, si se firma, EEUU venderá una victoria, pero cosechará un fracaso.

jueves, mayo 14, 2026

Cumbre Xi Trump

Hoy comienzan las reuniones de Xi Jinping y Trump en el marco de la visita del norteamericano a Beijing. El agente naranja se ha hecho acompañar de un séquito en el que se incluyen luminarias como Musk, Cook (CEO de Apple) o Larry Flink, CEO de Black Rock, la mayor gestora de activos del mundo. Es un encuentro entre dos emperadores que ansían la supremacía global, encarnada desde hace décadas en Washington, pero amenazada cada vez con mayor descaro por Beijing, en un proceso de ascenso chino que, pese a sus problemas, por ahora no parece tener freno. Saldrá de ahí lo que ellos decidan y sus desacuerdos, y el resto, empezando por los europeos, acataremos y no se nos tendrá en cuenta para nada. Así es el mundo de hoy.

Los temas de debate son amplios, complicados y con numerosos puntos de fricción. El que ha surgido como último es el relacionado con Irán, aliado de China, y Ormuz, donde Trump acude como jugador de una partida en la que no va ganando, y el bloqueo del petróleo del golfo supone un agobio más para Asia que para EEUU, pero hay otros asuntos de fondo, de largo recorrido, que serán tratados. Está el tema de la guerra comercial, los aranceles que EEUU le ha impuesto a todos los países, obviamente también a China, y que Beijing trata de salvar con el mantenimiento de la cotización del yuan por debajo de lo debido (recordemos, no es convertible en mercados) y la subvención encubierta a sus productos que inundan los mercados globales, y sino dese una vuelta por su calle y cuente el número de coches chinos, de los que apenas sabía nada. Puede haber un acuerdo en este tema si se alientan opciones de inversión mutua, tanto industriales como financieras, pero ahí la disputa es intensa. Otro gran tema de discusión es la IA, la carrera tecnológica en la que ambas naciones están invirtiendo recursos a lo loco, con una ventaja competitiva actualmente por parte de EEUU frente a los modelos “low cost” chinos, y con las restricciones a la exportación de chips de última generación a Beijing por parte de Washington, en una medida que puede no haber funcionado como se esperaba. China ha respondido habitualmente a todo este tipo de sanciones con la amenaza, a veces llevada al efecto, de restringir sus exportaciones de tierras raras, fundamentales para el desarrollo de productos de alta tecnología y de carácter militar, de las que EEUU es muy demandante y dependiente. Uno le tiene pillado al otro con los chips, el otro a uno con los minerales, por lo que ambos saben que no pueden hacerse demasiado daño sin sufrir mutuamente más de lo que pueden aguantar. Realmente China es el único país que puede llevar la contraria claramente a EEUU, dado que su dependencia de seguridad respecto a Washington es nula, y EEUU sabe que las presiones que ejerce al resto de naciones, presuntas aliada o no, sólo serán respondidas de con amenazas creíbles desde China. Puede parecer que la situación actual es de tablas, pero la mayor parte de analistas recalcan que las desquiciadas decisiones que está tomando Trump en su segundo mandato hacen que EEUU afronte este momento desde una posición de debilidad. Arrasando con sus alianzas de seguridad y comercio, deteriorando su imagen global, empantanado en el golfo, los errores de EEUU son un regalo para una China que se quiere presentar ante el resto del mundo como fiable, asertiva, deseosa de hacer negocios y sin afán de inmiscuirse en las cuestiones internas del resto de naciones. A la dictadura de Beijing le interesa mantener el control sobre su población, pero parece darle igual lo que pasa en el resto del mundo, siempre que compren sus productos. Ese mensaje amable contrasta con la fiereza naranja, y en medio del caos, la competitividad china crece y crece.

Taiwán va a ser otro de los temas que estarán sobre la mesa, y no se descarta incluso que EEUU, en su política actual de desentenderse de la seguridad de quienes han sido sus aliados de toda la vida, se avenga a un pacto que acabe concediendo a China la soberanía de la isla, que ansía por encima de todo. En el contexto de la seguridad de Asia Pacífico, sin guerras abiertas como en Europa, los antiguos socios de EEUU contemplan como China crece militarmente sin freno y Washington se repliega entre insultos y exigencias. Hoy y mañana serán días muy importantes para todos, días en la mano de dos emperadores.

Mañana es fiesta en Madrid, subo a Elorrio y me cojo el lunes festivo, así que nos leeremos el martes 19, tras más frío y lluvia.

martes, mayo 05, 2026

Americanos en retirada

Muchos son los pilares que sostienen al ejército de EEUU, y lo convierten en el más poderoso jamás conocido. Su personal, el empleo incesante de la tecnología más avanzada, una dotación de medios apabullante, unos cuadros de mando formados de manera moderna y rigurosa, un presupuesto descomunal… la lista es larga, y cada una de las piezas que podamos añadir resulta determinante. Como en toda maquinaria, una de ellas rota supone un problema para el conjunto del sistema, y en el caso de la defensa, o ataque, que de eso va el ejército, un problema es un paso claro hacia el fracaso. Todo debe tenerse lo mejor engrasado posible.

Las bases que EEUU tiene en el resto del mundo son uno de esos puntales, a los que no se les presta especial atención, pero resulta determinante. En cada momento del año son decenas de miles, cientos, los soldados de EEUU que están fuera de su país en las bases que el Pentágono tiene por todas partes, cubriendo la mayor parte de la geografía global. Estas bases ejercen un poder de disuasión en sí mismas, es verdad, pero sobre todo, son la punta de lanza logística que permite al ejército del país poder operar en todo el mundo de manera eficaz. Suponen un acopio de provisiones, suministros, munición, combustible, etc, que hace que aviones que partan desde el territorio norteamericano puedan ejercer las tareas asignadas en cualquier parte del mundo en cualquier momento, a sabiendas de que es esa rede de bases la que les va a permitir reabastecerse de queroseno, de armamento, o de lo que sea, no quedándose tirados en el camino. Como si fueran portaviones inmensos, que no se mueven, sino que están varados en un punto concreto del globo, las bases actúan como elemento imprescindible para proyectar la fuerza que el ejército es capaz de desplegar, y se convierten en un elemento decisivo cuando se pasa de las palabras a los hechos. Es impensable la realización de operaciones como las que ahora están sucediendo en Irán sin la red de bases que proporcionan cobertura logística a todo el despliegue de fuerzas militares. La negativa de algunas naciones a prestar el uso de sus bases compartidas para esta guerra, como ha sido el caso de España o Italia, ha obligado al Pentágono a rediseñar sus rutas de suministro, a alterar los planes logísticos, pero con la red de bases de que dispone la situación se parece mucho a la del metro de una ciudad, en la que el cierre de una estación por obras supone un incordio, pero el mallado de la red permite el diseño de caminos alternativos, de tal manera que las cosas no funcionan con fluidez plena, pero lo hacen de manera efectiva, y el problema se solventa. Por eso, mantener esa red de bases y alcanzar acuerdos de colaboración con las naciones en las que se sitúan es primordial. China lo sabe, y esa estructura es una de las patas de las que no dispone su ejército, que está diseñando asentamientos en África para convertirlos en protobases, por así decirlo, dentro de los contratos de inversión civil que patrocina en muchos de los países de la zona, pero es evidente que carece de esa red, y de su inmenso poder de proyección. Beijing lo sabe, y es consciente de que, por mucho que su ejército crezca, no deja de ser un poder regional, incapaz de actuar en naciones situadas lejos de su vecindad. Puede llegar a convertirse en el hegemón regional, es a lo que aspira, a ser un rival insuperable en su área de influencia, pero conoce sus limitaciones y la imposibilidad de proyectar un poder militar global si quiera mínimamente comparable al norteamericano. En esto los EEUU han jugado muy bien su estrategia en el largo plazo, y han creado una estructura inigualable, tanto por su poder como por su extensión planetaria. Son los únicos que pueden actuar en todo el mundo en un momento dado.

Por eso, decisiones como las de Trump de retirar soldados de sus bases europeas por el berrinche que ha cogido tras la negativa de esos países de colaborar en la desnortada ofensiva contra Irán, además de ser otra muestra del infantilismo de su persona, es uno de los mayores daños que puede hacer a la propia capacidad militar de su país. Esas bases son joyas que deben ser mimadas, porque su papel logístico es de una importancia abrumadora. Desmantelarlas, reducirlas, abandonarlas, sería ir minando una red hasta el punto de que ya no pudiera ser operativa. Eso, el sueño dorado de la mayor parte de los enemigos de EEUU, es lo que el desquiciado de Trump está ejecutando en cada una de sus órdenes. Ver para creer.

jueves, abril 30, 2026

Powell deja la FED

Ayer fue la última reunión de la FED, la autoridad monetaria norteamericana, presidida por Jermo Powell, tras la cual termina su mandato y deja la institución. Powell fue puesto al frente de este organismo por elección de Trump en el año 2018, a mitad de su primer mandato, que nos parecía caótico y no sabíamos lo que nos esperaba. Ha demostrado ser un hombre pausado, reflexivo, serio, y profesional, en un mundo cada vez más turbio y desquiciado. Sus años al frente de la institución se recordarán por las dos crisis exógenas con las que ha tenido que lidiar y el gran problema, que nadie esperaba, y que ha marcado por completo su tramo final de mandato.

Las dos crisis han sido el Covid y la guerra de Ucrania, muy distintas, muy serias, y ambas han requerido determinación y buen hacer. El Covid se presentó como algo totalmente inesperado y novedoso, mandándonos a casi todos a casa, derrumbando la demanda y provocando una recesión artificial porque la economía, como todo lo demás, entró en suspenso. Ahí el problema era la inexistencia de demanda y el riesgo de que la falta de liquidez de las empresas al derrumbarse la actividad se convirtiera en insolvencia y quiebra. La FED, junto con otras instituciones similares, actuaron de manera coordinada y con una hoja de ruta similar, realizando inyecciones de liquidez como no se veían desde la crisis de 2008 – 2013 y garantizando la solvencia temporal de empresas, negocios y estados hasta que la situación sanitaria permitiese una vuelta a la normalidad. No había una guía muy clara de qué hacer ante ese problema, pero se trabajó bien y se superó, vacunación mediante. La otra crisis ha sido la de la guerra de Ucrania, muy distinta, no fruto del azar genético sino de la maldad deseada de Putin. Coincidiendo con la salida del Covid y la reactivación de la demanda se produjo el estallido del conflicto y la consiguiente tensión en las cadenas logísticas, con especial impacto en las que atañen a alimentación y productos energéticos. Si el Covid hundía la demanda y dejó la inflación en cero Ucrania provocó un disparo de precios, una crisis inflacionaria como no se veía desde hacía décadas. Las causas no eran monetarias, sino cruelmente físicas, pero la FED no podía quedarse de brazos cruzados viendo como los precios subían sin cesar, por lo que pasó de un modo Covid ultraexpansivo a una posición restrictiva, con subidas de tipos que trataban de contener los precios. Su éxito aquí fue relativo. Sí consiguió que las expectativas de inflación siguieran ancladas en el entorno del 2%, de tal manera que todos los agentes consideraron, como así fue, que el brote inflacionario sería temporal, pero no logró contener su dimensión, y el daño que esas subidas han hecho a la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, especialmente en sus compras diarias, es algo que no ha sido paliado, ni por la autoridad monetaria ni por ninguna otra. La guerra de Ucrania nos ha empobrecido a todos en términos, reales, cierto que a algunos más que a otros, pero ha devaluado los salarios y rentas. Ahí la FED actuaba con las herramientas que tiene para tratar un problema que derivó en monetario, pero que tenía unas causas reales que no se pudieron atajar como es debido. Hizo lo que pudo con lo que tenía, y logró algo, pero menos de lo deseado. Powell ha sido el primer responsable de la FED desde Volcker que se ha enfrentado a un brote inflacionario, justo después de una crisis de deflación, como le pasó a Bernanke. Las dos pesadillas del banquero central casi seguidas una tras otra. Ha tenido mala suerte el bueno de Jerome.

El gran problema, jamás imaginado, ha sido el acoso de Trump en el segundo mandato. Por encima de todas las cuestiones económicas comentadas, Powell pasará a la historia como el gobernador que se enfrentó al presidente en defensa de la independencia de la institución, como el funcionario que recibió insultos y desprecios incesantes desde la alocada Casa Blanca y que no tuvo miedo, pese a ello, a responder a Trump cuando lo consideró necesario. Esa independencia de la FED es su valor máximo, su capital intangible por excelencia, y Powell se ha dejado horas, la vida, su aspecto físico lo denota, en batallar para defenderla. Sólo por eso merece el mayor de los homenajes

miércoles, abril 29, 2026

Magnicidios trumpistas

Si llega a tener éxito en su intento de atentado, el magnicidio de Trump hubiera alcanzado el récord de periodistas testigos, dado que la cena anual de corresponsales es el evento que más profesionales de este ramo reúne cada año en Washington. Más de mil de ellos asistían a un evento que descarriló, sin que afortunadamente la cosa fuera a más, pero que pudo ser el hecho de sus vidas en el caso de éxito del atacante. Vista la estrategia de quien pretendió perpetrar el atentado, escasas eran sus posibilidades de éxito pero, entre su capacidad de carrera y ciertas brechas en el perímetro de seguridad, estamos ante un intento serio de asesinato presidencial.

Y, sospecho, no será el último. Trump ha sembrado una estela de odio político en el interior del país, donde extremistas de todo pelaje abundan, y sus declaraciones casi diarias con carácter insultante hacia todo lo que se mueve han normalizado una manera de entender la política con una elevada carga de violencia, que en un país sobrearmado como es EEUU dispara los riesgos de que los tiros sean los que hablen. Insultar, ciscarse en la madre de alguien, ser chulesco… lo que Trump hace en sus mensajes, al estilo de lo que vemos aquí con Óscar Puente y seres por el estilo, no es política, es simplemente insultar, es mala educación. Si las formas son soeces, el fondo no lo es menos, como bien sabemos todos cada día, viendo cómo desempeña su labor esta administración norteamericana, pero huelga decir que eso no excusa que se cometan atentados. Ha sido una desgracia, para EEUU y para el resto del mundo, que un sujeto como Trump llegue al poder, pero deberá ser retirado del mismo por los medios constitucionales previstos. El recurso a la violencia abre una espita muy peligrosa que no debe ser traspasada, porque desde el momento en el que se justifica un atentado bien poco queda para justificar otro, y otro, y nada evita que otros justifiquen atentados que sean en sentido contrario, y se abre una espita muy peligrosa que puede acabar en el peor de los escenarios. Ya en EEUU se vivió una situación muy peligrosa cuando se produjo el atentado que acabó con la vida de Charlie Kirk, joven activista MAGA muy famoso allí, apenas conocido en Europa. Se temió una respuesta violenta ante ese hecho, que afortunadamente no se produjo, pero es probable que haya alguno que esté recordando ese asesinato para exhibirlo como excusa de futuros actos crueles que esté planificando. Si un intento de magnicidio sobre Trump tuviera éxito, ojalá que no, las consecuencias del hecho serían históricas pero, además, y dada la extrema polarización que vive el país, el riesgo de que eso derivase en una espiral de enfrentamientos entre facciones civiles armadas sería muy elevado. No hace falta ser peliculero para ponerse ante un escenario de guerra civil, de baja o alta intensidad, da igual, en el que el orden constitucional de la nación se pusiera en entredicho por el empleo de armas y ataques entre grupos de partidarios del asesinado presidente y de los opuestos, acusándose todos ellos mutuamente de haber llevado al país a una deriva de enfrentamiento. Algunos de los ingredientes necesarios para que eso se dé ya existen, sobre todo dos de ellos. El odio profundo que se abre sin cesar entre dos sectores de la sociedad que se ven como ajenos, irreconciliables, y la particularidad norteamericana de que todo el mundo está armado hasta los dientes, de tal manera que allí las discusiones pueden derivar en disparos de una manera mucho más natural de lo que es pensable en nuestro entorno.

Espero que no se produzca nada de esto, pero el riesgo existe, y despreciarlo, o considerarlo como imposible es un error. La actitud diaria de Trump, lejos de mitigar este riesgo, lo acrecienta, y es de esperar que en los meses que quedan hasta las elecciones de medio mandato, en noviembre, veamos hechos que pongan en riesgo la estabilidad constitucional del país. Tengo mis dudas sobre si esas elecciones se llegarán realmente a producir, o hasta qué punto serán libres con Trump y los suyos al frente de la administración. Si para el resto del mundo Trump resulta conmocionante, para los EEUU puede ser el mayor de los peligros al que se ha enfrentado en su historia reciente. Cosas de la vida, este año esa nación cumple el 250 aniversario.

martes, abril 21, 2026

Marineros atrapados en el golfo

Mientras estamos en el brete de si hay negociaciones o no entre EEUU e Irán, y cada uno hace ejercicios de pose cara a la galería mezclado con movimientos profundos, el estrecho de Ormuz sigue cerrado, por lo que la asfixia económica y energética que provoca se cronifica, y sus efectos, que pudieron llegar a ser transitorios, empieza a adquirir dimensiones más y más intensas. Sin embargo, hay un problema muy grave al que hasta ahora muy poca gente le habría prestado atención y que empieza a requerir la debida. No es económico, sino humano, y hace referencia directamente a miles de personas, las atrapadas en el golfo.

Se calcula que hay cerca de dos mil barcos que, en su mayor parte, siguen en las aguas interiores del golfo o están ala espera de entrar al mismo, y que no pueden franquear Ormuz. Y son miles, se estiman en más de veinte mil, los marineros que llevan ya más de mes y medio a bordo de esos buques en una estancia que se prolonga sin visos de que se pueda revertir en breve. En cada barco habrá una tripulación de distintos rangos y cometidos, pero que de manera indistinta come, bebe y duerme. Las provisiones que esos buques llevan tendrán unos márgenes de seguridad, para mantener el abastecimiento de la tripulación en caso de incidencias en el viaje, pero la que se está viviendo ahora es más que probable que haya desbordado muchos de los criterios de precaución con los que armadores y capitanes han planificado el viaje. Comienzan a llegar noticias de racionamiento de agua y víveres a bordo de muchas de las naves, y los problemas irán a más en una zona no precisamente fresca, donde las temperaturas seguirán subiendo cada día y el calor comenzará a ser un serio problema para todos. A todo esto se debe sumar el habitual caos que se produce en el sector marítimo, donde el armador suele ser uno, el pabellón bajo el que se navega otro, y las tripulaciones muchas veces parecen un espejo de la ONU, con procedencias muy diversas, idiomas y culturas de lo más diferente y sólo el trabajo a bordo como nexo común que agrupa a todos. Si las cosas se complican, y pasar hambre y sed son cosas muy complicadas, es fácil suponer que la tensión dentro de las tripulaciones se disparará y habrá incidentes de todo tipo. En el barco la máxima autoridad es el capitán, es un mundo reglado donde está bastante clara la jerarquía, el reparto de tareas y lo que cada uno representa en la vida a bordo, pero en situaciones como estas son clásicos los relatos de motines, revueltas, insubordinaciones, tomas de control, camarillas enfrentadas y todo tipo de incidencias en las que el orden interno va degenerando y la sociedad colapsa. ¿Alguien ha pensado en el estado de esas tripulaciones? ¿Hay previstos planes de reabastecimiento? No se si existe la posibilidad de que esos buques puedan arribar a puerto en el interior del golfo, y más dada como está la tensión bélica. Con ese riesgo, que ya se ha llevado a más de un marinero en los ataques infringidos por parte de los contendientes en este mes y medio de guerra, es la orilla sur del golfo, la que comparte Kuwait, Arabia Saudí, EAU y Omán la única que parece viable para que estas naves puedan tomar puerto y aprovisionarse de víveres y agua. También tengo dudas de en qué estado estarán sus reservas de fuel. Es fácil suponer que eso es algo que se carga con mucho margen, pero también es verdad que en mes y medio de vida a bordo los motores del barco son la única fuente de energía para todo, empezando por la luz de los camarotes y todos los sistemas de navegación. ¿Van a poder repostar? Si alguno de los buques llega a agotar su combustible se convierte en un objeto flotante sin rumbo ni capacidad de imponerlo, un gran objeto a merced de las corrientes que puede convertirse en un peligro para la navegación de todos los demás. Que se sepa aún no ha sucedido nada de eso, pero no es descartable que pase si la situación se prolonga en el tiempo.

Las familias de esos miles de marineros, que sabían que los suyos iban a hacer un viaje por el mar, de esos que siempre llevan su tiempo, ya están esperando más de la cuenta, y su angustia irá creciendo ante la incertidumbre de la situación y la prolongación de algo que nadie esperaba. Los testimonios de personas que se encuentran atrapadas en esta situación empiezan a circular, bien es cierto que, de manera escasa, y relatan miedo, angustia y desesperación creciente. Junto con la guerra hay miles de damnificados que han visto convertido su trabajo en una pesadilla, y su barco en una cárcel de la que no pueden salir de ninguna manera. Una odisea nada poética.

jueves, abril 09, 2026

Crisis en el movimiento MAGA

Sin que esté nada claro ni el contenido ni la pervivencia del acuerdo que ha supuesto una tregua entre EEUU e Irán, ayer los mercados financieros festejaron el fin provisional de las hostilidades y el gobierno israelí se dio un banquete de bombazos en el Líbano, al que no considera sujeto a tregua alguna, matando a más de un centenar de personas y dejando otra zona del país convertida en escombros. Trump y los muy suyos presumen de una victoria arrolladora de su nación, pero el resto del mundo cada vez entiende menos lo que pasa y contempla con estupefacción los delirios, o no, de un personaje que supera todo lo imaginado.

Cuando he hecho referencia a sus seguidores me he referido a los muy suyos porque los suyos normales empiezan a huir. Trump llegó a la presidencia aunando a una serie de fuerzas conservadoras bastante heterogéneas, con ideas distintas respecto a muchas cosas. Algunos provenían del republicanismo clásico, otras del conservadurismo evangélico, no pocos del aislacionismo, etc. En general el desprecio a lo woke y a la administración Biden era la mayor de sus coincidencias, y la creencia en la decadencia que vive su nación (creencia, por supuesto, falsa) por lo que ese lema de Make America Great Again, el MAGA, que lucía Trump en gorras y demás mercachifles electorales les venía al pelo como lema. Se acabó creando un movimiento MAGA, que arrasó en las elecciones de noviembre de 2024, y ha sido el puntal que ha sostenido toda la deriva presidencial durante este tiempo de gobierno, que a todos se nos hace inacabable. Sin embargo, desde hace ya algunos meses, se han abierto serias grietas en ese mundo por culpa de las políticas prácticas que realiza Trump. La locura del ICE en Mineápolis sirvió para que las bases conservadoras clásicas, recelosas de la inmigración como las que más dentro de ese movimiento, se alejaran de Trump por las formas salvajes con las que actuaba la guardia pretoriana dirigida desde la Casa Blanca, dos ejecuciones de norteamericanos incluidas, pero ha sido la deriva internacional de Trump lo que ha mosqueado a todos. El magnate llegó al poder con el mantra de que se acabaron las guerras demócratas en el exterior, que quitan recursos para la nación y son costosas para el ciudadano. Lo del intervencionismo fuera es cosa de los woke, decía, él iba a salir de todo eso. Era la idea del EEUU aislacionista que dominó durante no pocos años, entre finales del siglo XIX y principios del XX. Pero, una vez en el poder, el caudillismo trumpista ha visto en el ejército, en su uso y abuso, lo más apropiado para poner a todo el mundo a sus pies, para doblegar voluntades y conseguir “acuerdos” sea lo que sea que él llama acuerdo. La movilización de las tropas es casi constante desde que ha llegado al poder y sus intervenciones incesantes. Empezar 2026 capturando a Maduro en Venezuela no es precisamente un ejercicio de aislacionismo. La guerra de Irán, enorme conflicto militar que está dejando secos los arsenales de precisión del país y ha causado ya varios muertos norteamericanos, es todo lo contrario de lo prometido en campaña. Arrastrado por Netanyahu a un conflicto que imaginaba cosa de un par de días, una Venezuela un poco más grande, pensaría, cada día de guerra le ha costado críticas crecientes de sus bases, que no entienden lo que hace EEUU allí. La sensación de traición entre los propios es creciente, y la desafección electoral no hace sino crecer. La popularidad de Trump está en un nivel bajísimo.

El mensaje del martes amenazando con el fin de la civilización ha sido la gota que ha colmado el vaso de muchos, incluso de acérrimos defensores del trumpismo, personajes mediáticos y políticos conocidos por su radicalidad, que se han expresado totalmente en contra de la presidencia, reclaman su caída e, incluso, llaman a la desobediencia a las tropas ante las órdenes que surjan del departamento de defensa, o como se llame. Si hay algo que le preocupe a Trump debiera ser eso, porque sin el apoyo de todo el grupo que le siguió, especialmente sin los líderes mesiánicos que les movilizaron, no va a poder ganar ni las elecciones de una comunidad de vecinos. Quizás muchos de ellos descubran ahora que a Trump, lo que si que no le importa para nada, son unas elecciones. Un poco tarde para descubrirlo.

miércoles, abril 08, 2026

Salvados por la campana

Ayer por la tarde se vivió una situación muy extraña en la que el grado de paranoia global se disparó. A lo largo de la Semana Santa Trump ha ido escalando en el contenido insultante de sus mensajes en redes, alcanzado cotas barriobajeras que dejan al Pérez Reverte cabreado como un becario, hasta que hace dos noches escribió eso de que, a un día de expirar la fecha del ultimátum, anunciaba que en poco una civilización dejaría de existir. Así, por las buenas, de golpe, lamentándolo, pero sin remilgos. La amenaza máxima.

No hace falta ser una lumbrera para interpretar qué tipo de armamento se puede asociar a una amenaza así, y a lo largo de la tarde española, mañana en EEUU, a medida que el plazo se acercaba a su fin, empezó a circular la idea de si EEUU estaba dispuesto a utilizar armamento nuclear en su enfrentamiento con Irán. Sólo el especular con este hecho delata el riesgo que se vivió ayer, la tensión que se respiraba a medida que pasaban las horas. La idea general, a la que se agarraban casi todos, es que esto no era sino otro farol, enorme, del tahúr naranja en su proceso de negociación con los Ayatolas, pero el comportamiento errático y desquiciado que reina en el mundo Trump hace que alusiones imposibles dejen de serlo y que opciones que nadie contemplaría en su sano juicio tengan que ser puestas encima de la mesa para ser tratadas como viables. Con la llegada de la noche española la tensión se mantenía, pero los mercados, de bolsa y petróleo, no reaccionaban en modo pánico, apostaban a que por detrás del escenario se estaba dando una negociación que iba a permitir que el ultimátum no se ejecutara. La bolsa de Nueva York cotizó en rojo moderado todo el día, pero al final de la sesión recuperó pérdidas y cerró casi plana, con alguno de sus índices en un muy ligero tono positivo. No cotizaba el miedo que se percibía en no pocas de las opiniones globales. Dado que los que mueven el dinero tienen mejor información que muchos, la apuesta a que el mus de los mafiosos se mantenía y la dictadura iraní y el desquiciado naranja estaban regateando era lo más fácil de suponer. Pasadas las once de la noche españolas, a unas tres horas de expirar el plazo, se empezó a filtrar a los medios una propuesta de Pakistán, país que lleva ya varios días ejerciendo el papel de mediador improvisado, en la que se ofrecía una opción de acuerdo. Básicamente EEUU suspendía sus ataques a Irán durante dos semanas y, a cambio, los ayatolas reabrían el estrecho de Ormuz al tráfico internacional, se presume que peaje mediante, que sería utilizado para obtener unos ingresos que se venderían como compensaciones de guerra. De esta manera se detendrían los ataques cruzados en la zona, que afectan a Irán ya a todas las monarquías del golfo, se reducirían los daños que se siguen causando en infraestructuras energética vitales para la explotación de los yacimientos energéticos y la presión sobre los precios del crudo y sus derivados aflojaría. Esa propuesta implicaría reconocer, para EEUU, aunque no se diga, que el régimen de Teherán no sólo no ha caído, sino que pasa a tener una posición de control explícito de la zona de Ormuz, porque recordemos que antes del inicio de la guerra el paso de naves por ese punto era libra, sin peaje ni traba alguna. En este acuerdo Irán no saldría tan perjudicado como pudiera parecer

Pues bien, a estas horas de la mañana la noticia global es que estos son los términos acordados entre ambas naciones, y que por un plazo de dos semanas la guerra iraní queda en suspenso. EEUU consigue una vía de salida para intentar escapar del avispero en el que se había metido y los ayatolas van a tener tiempo para reconfigurar su mando y consolidar el control del país (y de paso liquidar a todo el que se mueva en su contra). El petróleo baja y las bolsas suben, todo el mundo suspira de alivio y la apuesta suicida de Trump parece haberse quedado en nada. Pese a ello, este acuerdo huele a fracaso para unos EEUU carentes de estrategia, cabeza y capacidad de análisis. Como mucho, es una victoria pírrica. Veremos a ver si se mantiene. Ojalá que sí.

miércoles, marzo 18, 2026

Piezas cobradas en Oriente y EEUU

Ayer Israel volvió a demostrar que posee los mejores servicios de información del mundo, y que ese trabajo de análisis se puede traducir, en breves instantes, en operaciones de ejecución tan frías como certeras, capaces de eliminar a aquellos sujetos que el gobierno tenga identificados como de interés. Pese a las precauciones tomadas, Israel ha descabezado nuevamente a la cúpula del poder iraní, no al proclamado nuevo líder supremo Jamenei hijo, del que se sabe bien poco, sino a los que actualmente regían los designios del país: el líder de la seguridad iraní, Ali Larijaní, y el jefe de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani. Dos hombres fuertes capaces de controlar las riendas del poder, lo militar y la represión social.

Por su parte, en EEUU caía el responsable de la seguridad interna antiterrorista, John Kent, pero no eliminado físicamente ni nada por el estilo, no. Dimitía de sus cargos, y en una carta hecha pública acusaba al lobby israelí de haber engañado a Trump y sus asesores para embarcarse en una guerra inútil contra un Irán que no suponía una amenaza para la nación. Ante esta baja, la respuesta del ególatra supremo ha sido de calificar a Kent como “débil”, literalmente, y no darle importancia alguna a su marcha, pero el hecho es que lo tiene. Por una parte, lo que dice en su escrito de renuncia es lo que se defiende desde muchos altavoces, de ideologías variada, la idea de que EEUU ha sido arrastrado a una intervención en la que no creía y que veía con más problemas que ventajas, que es Netanyahu el que lidera las hostilidades y el que tiene una posición de fuerza, entre otras cosas muy necesaria para salvar su propio pellejo político respecto a las acusaciones de corrupción que no pueden actuar contra él mientras se mantenga la guerra. Por otra, Kent, el dimitido, no es precisamente un demócrata que viene de la administración Biden y que, en su momento, no fue relevado por Trump. No, Kent es un miembro activo del MAGA, el movimiento populista que creo Trump y que ensalzó a Trump como su mesías. Es un conservador furibundo, alguien para el que el republicanismo clásico llega, como mucho, al nivel de derechita cobarde, para entendernos por aquí, y que se ha apuntado a todas las campañas de desinformación habidas y por haber desarrolladas por el entorno MAGA respecto a la actualidad nacional e internacional. Es un nacionalista norteamericano radical y un aislacionista patológico. Si ha dimitido no es por la conciencia de que EEUU esté actuando erróneamente, o por el miedo a que las consecuencias económicas de la guerra castiguen al bolsillo del votante o cosas por el estilo. No, si lo ha hecho ha sido porque considera que Trump ha traicionado los principios con los que se presentó a las elecciones y cosecho millones de votos, entre ellos el suyo. Trump vendió la idea de que EEUU no se iba a meter en más guerras inútiles, de esas que duran muchos años, llevan cadáveres a los pueblos del interior del país y acaban o en espantadas humillantes o en derrotas sonoras. Eso era cosa de los demócratas, de esos intervencionistas que olvidan al pueblo norteamericano. Él se iba a centrar en el país, en arreglarlo, en olvidar lo que pasara fuera y dejar que si alguien tuviera problemas en el exterior se las apañase. Poco después de cumplir el primer año de mandato Trump y su gabinete e han desatado en una política internacional intervencionista en grado sumo de una manera tan bruta, improvisada y macarra que tiene estupefactos hasta a los suyos. La base de votantes MAGA se está revolviendo contra las directrices de una administración, por llamarla de una manera, que se ha convertido en la más intervencionista y belicosa de las que ha habido en las últimas décadas, y eso de momento sólo se ha traducido en cadáveres volviendo al país, por ahora pocos, y unos precios que amenazan con volver a dispararse y asediar al consumidor, y votante.

Con este panorama es normal que las encuestas pronostiquen la elevadísima probabilidad de que, en las elecciones de medio mandato, a celebrar en noviembre de este año, los demócratas se hagan tanto con el Senado como con la Cámara de Representantes, cercenando notablemente los poderes presidenciales. Trump dice que eso le da igual, y lo peor es que quizás sea cierto, tanto por la absoluta indiferencia que muestra hacia todo lo que no sea él como por el hecho de que pueda osar a incumplir la voluntad de las cámaras, mandando en contra de sus elecciones, o incluso porque ya tenga pensado que eso de las elecciones de medio mandato es un incordio que no debe celebrarse, para no distraerle de sus ensoñaciones. Todo puede ser.

martes, marzo 17, 2026

Lealtad

La lealtad se encuentra en la base de toda relación que sea digna de tal nombre, y su surgimiento implica el respeto mutuo entre los que mantienen el vínculo. Uno sabe que el otro se va a comportar de manera leal, aún cuando desarrolle actividades ajenas, propias, privadas, y eso hace que la confrontación que pueda surgir por lo que se haga fuera de la relación sea lo menor posible. Ser leal a alguien es algo preciado, lo sabe el que lo es y lo sabe aún más el que puede confiar en el comportamiento del otro. La vida y sus avatares ponen a prueba todo esto, y cuando la lealtad se otorga, se recibe, se comprueba, la fidelidad del vínculo se afianza sobre raíces profundas, muy difíciles de arrancar.

Todo esto, que parece palabrería barata de autoayuda, vale para las relaciones de amistad, de pareja y, sí, también, internacionales entre países. Es cierto que en este último caso domina la máxima de aquel primer ministro británico (no era Churchill) que decía que los países no tienen amigos, sino intereses, y so hace que a veces algunas naciones sean sus amigas y otras no. En todo caso, cuando se establecen vínculos entre países se espera una lealtad mutua, se entiende que cada uno buscará lo propio por encima de todo lo demás, pero se espera un comportamiento predecible, una cooperación, y una actuación leal que permita que ese pacto suscrito sea llevado a la práctica y beneficie a ambos. Desde los años cuarenta hasta ahora el pacto trasatlántico ha sido uno de los mejores ejemplos de esto, una relación asimétrica entre EEUU y Europa en la que estaba meridianamente claro quién era el líder en lo económico y militar, quién el protegido, y donde todas las naciones se beneficiaban mutuamente de una simbiosis que les permitía ganar seguridad y prosperidad. El éxito de este pacto es que ha sido copiado por otros grupos de naciones, con mejor o peor fortuna. Recordemos el pacto de Varsovia en el mundo soviético en la guerra fría, que fracasó por ser un acuerdo de sumisión más que otra cosa, o la ASEAN en el Pacífico, centrado sobre todo en temas económicos, pero que supone una vinculación estrecha entre naciones que va más allá de los negocios. Pues bien, el pacto trasatlántico se está hundiendo ante nuestros ojos en pleno mar, lo que es una desastrosa noticia para todos aquellos que estamos involucrados por él. Curiosamente esto no se debe a que haya socios díscolos en la parte europea, donde el guirigay es constante y las opiniones no pueden ser más diversas dado el número de países soberanos que existen, no. El pacto se hunde porque es EEUU, la nación más poderosa, la que se ha embarcado en una senda de incumplimiento, de revancha y, sí, de deslealtad. Trump I ya fue un preludio de lo que vemos, pero no llegó a tanto. Desde antes de él ya se percibía una creciente indiferencia en Washington ante los problemas europeos, dado el creciente ascenso de China y la sombras que eso suponía sobre el mundo norteamericano, pero ese desentendimiento, que puede ser comprensible, no iba acompañado ni de formas ni de decisiones absurdas. Con Trump II las cosas han cambiado completamente en todos los sentidos. Desde un principio su discurso ha tenido en el objetivo al resto de economías y democracias liberales, atacándolas sin cesar, dedicándoles palabras gruesas y decisiones que buscaban romper el clima de entendimiento creado a lo largo de décadas. No es que EEUU con Trump se haya vuelto aislacionista, no. Eso sería un problema, pero un problema ya conocido en el pasado. Lo que sucede es que se ha vuelto agresor, marrullero, opositor a los principios liberales, y ahora es mucho más proclive a colaborar con dictaduras que le sirvan que con democracias con las que pueda negociar. Trump admira a los autócratas y recela de los sistemas democráticos. Aspira a ser gobernante único y perpetuo.

Ayer, por primera vez, y en bloque, la UE se negó en redondo a colaborar ante el llamamiento que hizo Trump de solicitar colaboración para una misión que garantice el paso de petroleros por el estrecho de Ormuz. No queremos meternos en algo que otros han iniciado, vino a decir desde Bruselas la UE, en una declaración que destilaba enojo por lo que pasa y por la decisión trumpista de levantar las sanciones de venta de crudo al invasor ruso. La UE ya ha comprobado que los actuales EEUU no son leales, no ya a sus intereses, sino directamente al concepto profundo que recoge ese término. Algo viejo y noble se hunde en el Atlántico, en medio del regocijo de nuestros enemigos.

jueves, marzo 12, 2026

Crece la división entre EEUU e Israel

¿Engañó Israel a EEUU para enfangarse en la guerra de Irán? Es una pregunta con mucha miga que, a medida que pasan los días, no deja de adquirir mayor sentido. Hay algunas fuentes que señalan que Netanyahu llevaba tiempo deseando que se produjera el ataque del sábado 28 de febrero, y que susurraba sin cesar al oído de Trump para que diera su permiso. Trump, reacio en principio a intervenciones, se ha ido soltando en este aspecto de una forma sorprendente, pero en su círculo íntimo no lo veían nada claro. El éxito de la operación de Maduro en Venezuela sorprendió a todos, y envalentonó a los más intervencionistas, pero muchos repetían, con razón, que Irán no es Venezuela, y que en el país persa todo sería mucho más difícil.

Camino de las dos semanas de intervención, es evidente que EEUU tiene prisa para dar por cerrada la operación y que el gobierno de Israel no siente apremio alguno, y si por el fuera seguiría el resto de la existencia golpeando. Los precios del petróleo suponen para Trump una losa, porque sabe que, tarde o temprano, los va a acabar pagando el consumidor estadounidense, que es también el votante. En Israel la economía está intervenida de facto desde los ataques islamistas de Hamas del 7 de octubre de 2023 y se mantiene asistida por lo que EEUU le proporciona, y la población aprueba mayoritariamente la escalada militar frente al que ha sido su enemigo histórico en la región. A Bibi y los suyos no les importa que el crudo supere los 100$ pero a EEUU y a occidente sí. Además de este coste directo existen costes financieros asociados a la guerra que son crecientes y que suponen una factura extra para el presupuesto norteamericano. El mero hecho de mantener cada día la maquinaria de guerra operativo supone cientos y cientos de millones de dólares, y el consumo que se está haciendo de armas de precisión agota los stocks y obliga a reponerlos con unos costes no previstos. Los que pensaban en el entorno de Trum que lo de Irán sería un paseo están empezando a sudar mucho, y las declaraciones contradictorias que salen de unos EEUU carentes de estrategia de salida una vez comenzadas las hostilidades resultan ser la principal muestra de una división, de una desorientación interna que no augura nada bueno. Trump ahora mismo desearía dar por terminada la operación, cosa que dice los días impares, aunque los pares repita que el esfuerzo sigue hasta que no se alcancen todos los objetivos. Parece evidente que el régimen islamista, tocado, no se ha hundido, y que la población de Irán va a sufrir en sus carnes tanto el efecto de los bombardeos norteamericanos como la represión de una teocracia que sigue haciendo todo lo posible para aguantar, convencida de que el tiempo que sea capaz de prolongar las hostilidades es su mejor aliado, tanto por los efectos económicos globales que puede causar como por la falta de paciencia del niño naranja que gobierna en la Casa Blanca. Más de uno lamentará ahora mismo en el complejo presidencial de Washington haberse embarcado en este berenjenal viendo cómo se están desarrollando los acontecimientos, y los recelos respecto a las promesas de victoria segura que vendería Netanyahu y su gestión local de la guerra es casi seguro que crecerán día a día. Visto desde fuera, resulta sorprendente cómo la primera potencia del mundo se encuentra inmersa en un conflicto en el que es Israel el que parece llevar la voz cantante en cuanto a operaciones, estrategias y decisiones. Es absurdo, y para los EEUU, a mi modo de ver, humillante.

Una derivada no menor de lo que sucede es que una y otra nación están consumiendo sus stocks de munición de la mejor calidad a una velocidad más alta a la que la pueden reponer. Ayer se supo que EEUU desviaba baterías de Patriots asentadas en Corea del Sur para trasladarlas a Oriente medio. Otro signo de mala planificación de la operación principal, de improvisación del ataque del 28 de febrero y, ojo, aviso a navegantes de que el teatro de operaciones de Irán empieza a enfangar a la maquinaria norteamericana. ¿Va a aprovechar alguno la coyuntura para intentar algo? El poderío del ejército de EEUU es inmenso, pero no infinito, y mal gestionado puede cometer errores tan burdos como algunos de los que vemos estos días.

miércoles, marzo 11, 2026

Europa en el laberinto

Cuando se utiliza la expresión “el mundo de ayer” se vuelve inevitablemente a la obra homónima de Stephan Zweig, su biografía, un libro que todo europeo, al menos, debiera leer en su vida. En ellas el bueno de Stephan cuenta lo ilusos y felices que vivían todos antes de la IGM, cuando ese conflicto no se había desatado y, desde luego, nadie pensaba que se acabaría llamando de esa manera. Exuda nostalgia el texto por un pasado perdido, idealizado, porque esa sensación no es de ahora, sino eterna, la de la seguridad de lo ya transitado frente a la incertidumbre de lo que nos espera. Escrito de maravilla, es un testimonio vital impagable y la crónica del suicidio del continente.

Todo esto viene a cuento de lo que dijo ayer Von der Layen, la presidenta de la Comisión europea, al respecto de cómo afrontar el nuevo desorden mundial. Úrsula tiró la toalla y abogó porque Europa deje de defender un orden que ha caído, un orden multilateral basado en reglas que ahora empiezan a ser papel mojado. Desde la oposición política a la presidenta, y también desde dentro de las instituciones comunitarias, se lanzaron serias críticas a esta declaración, tanto por considerar que era una manifestación que, con mucho, excedía las competencias sobre las que la presidenta de la Comisión puede hablar, como por el fondo. El presidente del Consejo, Antonio Costa, socialdemócrata, encabezó la oposición institucional europea a las declaraciones de Von del Layen, y ayer era el día para ponerse en uno u otro bando en función de la ideología en la que uno esté adscrito. Creo que las cosas son un poco más complicadas, y crudas. Yo soy partidario del orden multilateral liberal basado en reglas que todos acatamos, y que cumplimos de una u otra manera, a veces mejor, otras peor, pero en un marco estable y conocido, un marco que todos damos por sentado, y que nos permite establecer vínculos de confianza. Un marco regulado, protegido y defendido. Esa es la situación en la que hemos vivido durante bastantes décadas, principalmente desde el final de la IIGM, en un orden en el que los europeos hemos ido perdiendo influencia poco a poco y en el que EEUU ha sido el gran hegemón, el garante de la estabilidad, tanto económica como de seguridad. Sí, el orden multilateral se ha mantenido porque los europeos hemos abogado por ello, pero, sobre todo, porque la primera potencia económica y militar del mundo también lo ha hecho, y ha puesto financiación y soldados para ello. Sin el respaldo de EEUU estas pasadas décadas de multilateralismo hubieran sido imposibles, y por eso la pesadilla a la que ahora nos enfrentamos es tan alarmante. Otras naciones han podido saltarse el orden, de una manera u otra, pero sus perturbaciones no iban a ir más allá del conflicto regional, normalmente alejado del territorio europeo, por lo que no nos perturbaba mucho más allá de ocupar espacio en los informativos a la hora de la cena. La prosperidad y seguridad europea y nuestros lazos globales estaban sostenidos por los EEUU, que colaboraba con nosotros, que ganaba en esa simbiosis, y que permitía que las reglas se acatasen. El disparo económico de China a partir del siglo XXI empezó a alterar este escenario, porque su dimensión y potencia eran ya demasiadas para mantener las reglas que habían funcionado hasta entonces, pero los europeos hicimos como que no queríamos ver, mientras que nuestras economías eran superadas métrica a métrica por el gigante asiático, que no dejaba de crecer hasta tener a EEUU a tiro. La hegemonía económica occidental hace tiempo que ha pasado a ser un juego a dos, con China compitiendo en todas las dimensiones y ganando ya en muchas de ellas. Su capacidad de imponer reglas es casi natural en muchos de los mercados, porque es quien dictamina la oferta, la calidad, el volumen, la tecnología... todo.

Ahora EEUU, dominada por un populismo ciego, ha decidido romper el pacto de seguridad global, y dar rienda suelta a sus instintos, sabedor de que nadie puede hacer frente a su capacidad militar, y eso incluye no tener en cuenta las opiniones de las pequeñas, débiles y divididas naciones europeas. Si el garante de nuestra seguridad nos ignora (cuando no torpedea) y nuestra economía empieza a estar dominada por China, es normal que el pánico cunda entre las cancillerías europeas. El mensaje de Von der Layen es útil si acaba cristalizando en un debate serio sobre cuáles son nuestras alternativas reales, hoy y ahora. En cierto modo ya lo dijo bien claro Carney en su discurso de Davos. El mundo de ayer no va a volver, y nos toca a nosotros decidir cómo afrontar lo que se nos viene encima, nos guste o no.

martes, marzo 10, 2026

Locura en el petróleo

Cuando se pronuncia la expresión “guerra en Oriente Medio” lo primero que se le viene a la cabeza a todo el mundo es el precio de la gasolina, las colas ante los surtidores, los contadores locos, el coste disparado. Desde hace dos sábados los combustibles han comenzado a subir a lo loco, anticipándose a lo que pueda pasar con el precio del barril de petróleo, que ayer vivió su jornada más caótica en mucho mucho tiempo. Si uno va a repostar pagará unos veinte céntimos de más, como mínimo, respecto a los precios de febrero. Ese sobrecoste es un impuesto a todo, a todos, una fricción, un dolor que se filtra por la cadena productiva y sólo genera inflación.

El gráfico del Brent de ayer fue impresionante. Comenzó la jornada en el entorno de los 93$, y rápidamente subió, superando la barrera de los 100, hasta marcar un máximo de 115$, precio desatado que significa dolor. Desde ese punto inició un suave goteo a la baja que se aceleró bruscamente cuando Trump empezó a lanzar mensajes sobre el hecho de que la guerra estuviera ya casi ganada, queriendo hacer creer que esto iba a durar poco más. El precio se derrumbó y llegó a cotizar por debajo de los 90, marcando un mínimo diario en 86$. Todo esto en un solo día. Esos mensajes trumpistas fueron los que giraron las bolsas de EEUU y les permitieron cerrar al alza, frente a las pérdidas moderadas de las europeas y durísimas de las asiáticas. Ahora mismo el Brent cotiza en los 93,4$ muy caro, recogiendo la montaña de incertidumbre que sigue en pie en torno a Irán y la errática conducta de Trump. Es cierto que el mundo no es lo que era, que la intensidad de consumo de petróleo en las economías ha ido cayendo de manera sostenida a lo largo de las últimas décadas y que la aparición de fuentes de energías alternativas, junto a soluciones tecnológicas, han contribuido a que el crudo no sea el determinante de todo. No, no estamos en los años setenta u ochenta, pero no es menos cierto que determinados sectores, como el transporte, siguen siendo determinados por el precio de la gasolina, y todo lo que hace referencia a logística, mover cosas que pesen de un lado para otro, se correlaciona muchísimo con el mundo del crudo, y que los precios del barril se disparen no es una buena noticia. Para los europeos, que lo importamos en su práctica totalidad, es nefasto. Al petróleo se le une su primo el gas, energía que ha ido creciendo en uso e importancia en sectores como el energético o industrial. Los fertilizantes, la calefacción y muchas otras cosas dependen ya más del gas que del petróleo. También lo importamos los europeos, en este caso principalmente licuado en barco, tras el corte de los suministros rusos desde la invasión de Ucrania, por lo que el daño que nos puede provocar es mayor que a otras regiones. El miedo generalizado entre los economistas es que unos costes energéticos altos, pero que duren apenas unos días, no van a pasar de un susto desagradable, pero si esta situación se mantiene será inevitable una filtración de la subida de los costes a las cadenas productivas, y de ahí a una nueva ola inflacionaria no hay nada. Tras el subidón que se vivió entre los años 2021 y 2022 las alzas de precios se han moderado, pero los niveles no han vuelto a los de entonces. Ir al supermercado, o a una cafetería a tomar algo se ha vuelto un deporte de riesgo, donde es casi imposible no salir herido víctima de una cuenta dañina. ¿Cuánto más pueden soportar las familias y empresas un disparo de precios generalizado? ¿Qué sectores, más allá de los obvios, serían los más perjudicados y tendrían un futuro negro por delante? Un barril que se mantenga de manera sostenida en el tiempo por encima de los 90$ es un freno a la economía considerable y una fuente de subidas de precios. Valores del barril por encima de 100$ empiezan a causar daños directos en algunos sectores y hacen muy probable que el ciclo económico se revierta.

Esto, el daño en los precios, puede ser lo que haya provocado que Trump anuncie que queda poco. Al consumidor americano, que tiene la ventaja de no quedarse desabastecido dada la capacidad de EEUU de producir petróleo, también le sube el precio de la gasolina, y de lo que compra en el súper, y la inflación fue una de las principales causas que provocaron la derrota de Biden. Allí tampoco se pueden permitir otra ola de precios al alza. Por eso tratar de que el petróleo no fluya por Ormuz y que el mercado se desestabilice es una de las mejores estrategias de Irán para resistir, y puede ser la clave para que el enfrentamiento acabe en breve. De momento, hoy seguimos por encima de los 90$.

lunes, marzo 09, 2026

Errores militares de EEUU

Ya llevamos más de una semana de guerra iraní, y se pueden extraer las primeras conclusiones del enfrentamiento armado. EEUU e Israel tienen prácticamente el control del cielo iraní, de tal manera que la aviación persa, lo que aún exista de ella, apenas puede operar, y las defensas antiaéreas no son efectivas. Las campañas de bombardeo se pueden realizar sin excesivo riesgo por parte de quienes las desarrollan y el número de objetivos alcanzados crece día a día. La respuesta de Irán se materializa en forma de misiles balísticos que atacan a los países vecinos, centrados en las bases conjuntas con EEUU, e infraestructuras como aeropuertos o desaladoras.

Y claro, los drones. Esta es la gran arma iraní y el gran fracaso norteamericano. Desde hace cuatro años asistimos todos, en Ucrania, a la eclosión del dron como arma en todos los sentidos. Ataque, defensa, observación, suministro, apoyo…. La evolución tecnológica y de capacidades de estos cacharros ha resultado asombrosa, y dignade estudio para todo aquel que le ha prestado una mínima atención a lo que allí pasaba. Al parecer, en EEUU, poseedores de una fuerza abrumadora, han descuidado este aspecto, lo han considerado menor, pobre, propio de naciones carentes de alternativa, y es en estos momentos cuando descubren que los drones les pueden suponer un enorme problema. Varios de los objetivos militares norteamericanos en la zona, entre ellos algunos radares de importancia estratégica, han sido alcanzados y destruidos por drones iraníes sin que se haya visto ningún tipo de defensa actuando frente a ellos. Asombroso. En los ataques que se producen contra los países vecinos e Israel Irán lanza drones de coste bajo frente a interceptores de respuesta que pueden costar diez veces más, y cuyos stocks no son precisamente ilimitados, dadas las dificultades que existen para producirlos, por coste y tecnología. A finales de la semana pasada se dio el ofrecimiento, por parte del atacado Zelensky, por parte del despreciado Zelensky, de ayuda a los EEUU para suministrarles y adiestrarles en el uso de drones interceptores, diseñados para evitar el impacto de drones de ataque, que poseen una efectividad similar a los interceptores clásicos (no son infalibles) pero que cuestan mucho menos, no necesitan costosas plataformas para operar y se pueden lanzar en masa, como los de ataque, de tal manera que neutralizan el efecto de saturación que un enjambre produce. El ejército de EEUU ha aceptado la oferta y se ha mostrado muy interesado, demostrando primero la mezquindad de la administración que desprecia al ucraniano atacado, y en segundo lugar, cómo la soberbia de quien tiene el mejor ejército del mundo se cree invulnerable. Es evidente que en un enfrentamiento convencional nada se puede hacer frente a las capacidades norteamericanas, pero claro, un país atacado que quiera responder no puede hacerlo de manera convencional, a sabiendas de su derrota, por lo que escoge otras vías. Irán es castigado duramente noche tras noche en bombardeos de alta intensidad, que acabarán destruyendo sus capacidades industriales y militares si siguen a este ritmo, pero la posibilidad de generar disrupciones en el tráfico aéreo, de meter miedo a sus vecinos, de colapsar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y, en definitiva, de hacer daño a los que le atacan sigue, dado que se recurre a unas capacidades versátiles y muy móviles, que no son tan fáciles de identificar ni de eliminar mediante el ataque aéreo convencional. Los silos de misiles balísticos y sus plataformas de lanzamiento fijas es probable que ya hayan sido eliminados, pero perseguir lanzadores de drones es bastante más difícil. Uno supone que, a sabiendas de todo esto, el régimen de los ayatolas posee suministros guardados de drones en abundancia para aguantar el tiempo necesario para agotar la paciencia del ególatra Trump, causando de mientras un daño económico elevado a la economía occidental. Esa es su mejor estrategia de supervivencia.

Los drones han revolucionado el escenario militar, y EEUU no se ha enterado de ello. Paradójicamente fue de las primeras naciones en usarlos, con los modelos raptor, de gran tamaño y altura, que podían realizar labores de observación y ataque preciso, pero eran, por así decirlo, una versión de aviación teledirigida. Lo que nos ha enseñado el frente ucraniano en estos años de guerra es otra forma de combate muy distinta, basada en enjambres pequeños, baratos, manejados o autónomos, que actúan de manera coordinada en distancias cortas sobre la trinchera o largas cuando se usan como elementos de ataque estratégico. Ahora mismo Ucrania y, tristemente, Rusia, son las grandes potencias en este tipo de armamento. El resto estamos muy lejos de ellos.

viernes, marzo 06, 2026

Errores profundos de EEUU

Más allá del aprovechamiento partidista de la guerra de Irán por parte del presidente del gobierno y de las declaraciones anómalas, siendo diplomático, del ególatra que rige en la Casa Blanca (vaya dos castigos nos han tocado) el desarrollo de la guerra ofrece ya algunas lecciones interesantes, y EEUU no sale precisamente victorioso de ellas. Sospecho que los generales veteranos del ejército de ese país deben estar con un profundo cabreo al ver cómo se desarrollan los acontecimientos y comprobar como sus estudios de estrategia se han sustituido por tuits baratos, consumibles y de rápido olvido. Triste, pero es lo que hay.

Lo más importante, EEUU parece no tener una estrategia sobre qué es lo que quiere hacer. Más allá de la eliminación de la cúpula del régimen y la destrucción de sus principales capacidades militares ofensivas, ¿cuál es el objetivo de la guerra? Desde Washington se ha esgrimido el cambio de régimen como uno de los fines buscados, pero eso ha sido los días pares, ya que los impares lo de que el régimen cayera se consideraba como algo accesorio. Trump alentó a los iraníes sometidos a la dictadura teocrática a que se levantasen contra los tiranos cuando las bombas cesases, pero ayer mismo afirmó que desea que el poder lo tutele alguien a quien el pueda seleccionar y le sirva, al estilo Delcy, de tal manera que la dictadura pudiera mantenerse en pie sin problema. Este continuo cambio de posición es una muestra de desnorte asombrosa por parte de la principal potencia global, algo inédito en los EEUU, donde las cosas se piensan y planifican en detalle, independientemente de que luego, como es obvio, los planes salgan como estaban previstos. Aquí todo parece fruto de la improvisación, de las prisas, del seguidismo a un Israel dominado por la facción dura de Netanyahu que no tiene mucho que perder arrasando su vecindario pero que ha logrado enfangar a su gran aliado en una guerra que, como mínimo, va a causar serios costes económicos. Si esto fuera normal EEUU llevaría el liderazgo de las operaciones e Israel acataría sin rechistar lo que se le dictase desde Washington, porque está claro quien manda, pero no sucede nada de eso. Una muestra de la precipitación es que EEUU sólo dispone de fuerzas navales y aéreas para atacar el país, por lo que puede realizar campañas de bombardeo más o menos intensas, que obviamente debilitarán mucho al ejército iraní y a todas sus capacidades de ataque, pero que por sí mismas son incapaces de lograr una revolución en el país, una nación inmensa, unas tres veces España, con cien millones de habitantes y con millones de ellos formando parte de los cuerpos estatales afectos al régimen. Irán no es un barrio de las afueras de una urbe, sino un país complejo y difícil, y pensar que se puede lograr un control y sometimiento del mismo sólo con el empleo de la fuerza aeronaval se me antoja de una ingenuidad propia de primaria. Las noticias de estos días de que los norteamericanos están alentando a los kurdos para que ataquen a los iraníes son, a mi entender, otro disparate propio de la improvisación, que sólo va a conseguir que más kurdos fallezcan, si comienzan las hostilidades, cuando los norteamericanos les abandonen nuevamente a su suerte. Esta no es manera ni de hacer guerras ni de trabajar sobre el terreno ni nada de nada. Es un desastre como operación estratégica y muestra, como en todo lo que hace Trump, una combinación de riesgo, soberbia, ignorancia y desprecio por la realidad que resulta asombrosa, casi patológica. Y si eso es peligroso en economía o en otras cuestiones sociales, en temas militares ni les cuento.

Dada la improvisación absoluta en la que estamos, tampoco es descartable que Trump, como el niño caprichoso que es, se harte en unos días de todo y de por concluida la operación tras unos cuantos días de ataques, decretando una victoria en el punto en el que desee sin que nadie tenga claro qué es lo que se ha podido ganar. Estaríamos ante el tramposo que mueve la portería, o cambia las reglas a mitad de juego, para determinar que así ha ganado y ya está. Y todo el mundo se quedaría con la cara de asombro y mosqueo que se nos ha perpetuado desde que este personaje volvió a la presidencia del país más importante del mundo. Su proceso de destrucción de esa nación y de la cordura progresan adecuadamente.

jueves, marzo 05, 2026

¿Nos puede boicotear EEUU?

Lo más relevante de la declaración plasma de ayer de Sánchez, sin periodistas, sin preguntas, sin nadie, en medio de la soledad de la sala de prensa de Moncloa, ejerciendo un presidencialismo autoritario que no le corresponde, fue que abre una probabilidad, por ahora pequeña, para que se adelanten las elecciones generales a este año, una vez que los gurús del presidente han encontrado en el “No a la guerra” un lema para, creen, movilizar a los suyos, que se mueven tras el desastre de gestión de la actual presidencia. ¿Acabará dándose esa carambola de elecciones conjuntas en Andalucía, Cataluña y generales? Sigue pareciéndome muy complicada, pero ya no es descartable.

Yendo a lo que importa, ¿nos puede bloquear comercialmente Trump, como amenazó hace un par de días? La respuesta rápida y convencional es que no, pero con el ególatra supremo ya se sabe que hay pocas cosas convencionales. Nuestro gobierno ha usado la ley de manera correcta al no permitir el uso de las bases conjuntas para el actual ataque a Irán por entender que no es una actuación legítima, de la misma manera que convirtió en legal el ataque que, con el apoyo de esas bases, se dio en verano, también sobre Irán. En todo caso, la posición de denegar el uso tiene respaldo con el convenio suscrito entre EEUU y España en la mano. El cabreo de Trump ante esta decisión se puede traducir en palabras, como las de hace dos días, o en hechos, aún no realizados. Las políticas comerciales de España son soberanas, pero con una “s” pequeñita, dado que muchas de sus competencias están transferidas a la UE, que es la que tiene la capacidad para firmar tratados. En este caso nosotros vamos con el resto de socios europeos, y cuando empezó el lío de los aranceles ilegítimos del año pasado, los que ha tumbado el Supremo de EEUU hace un par de semanas, la Comisión le recordó a EEUU que no podía dictar normas distintas a las naciones de la UE, que todas debieran ser tratadas de igual manera. Esto es lo que dice la ley. ¿Puede saltarse Trump la ley? Sí, lo hace con frecuencia, y ese es el problema máximo. Desde que dijo esas palabras todas las empresas y los que trabajan en las relaciones comerciales con EEUU están agobiados, porque saben que la seguridad jurídica con la que se han desarrollado esas relaciones en las últimas décadas se ha derrumbado. Donde antes había reglas claras ahora dicta la voluntad de un sujeto que decide de manera arbitraria y son argumentos. En números, en los últimos años la balanza comercial con EEUU se ha ido deteriorando porque hemos aumentado nuestras compras de energía, especialmente desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, de tal manera que ya es uno de nuestros principales suministradores de petróleo y gas natural licuado. Eso hace que ahora el déficit comercial con ellos supere ampliamente los 10.000 millones de dólares. Es decir, EEUU gana dinero en sus relaciones comerciales con España, no le conviene reducirlas, aunque sea por un mero interés financiero. Nuestras exportaciones allí se centran en maquinaria, servicios industriales y de consultoría (sector importante en el que hemos ganado mucha cuota de terreno desde hace años) y, claro, la agroalimentaria. Este último sector es el que más ha sale en los medios cuando se habla de este tipo de problemas. Bodegueros, fabricantes de queso, jamones y demás productos, especialmente los de alta gama, tienen en EEUU desde hace tiempo un mercado que compra con firmeza sus productos y de donde saca unos márgenes nada despreciables. Desde el inicio de Trump 2, esto se ha resentido notablemente, tanto por los aranceles famosos como por la creciente sensación de inestabilidad. Vender allí se complica cada vez dada la actitud hostil de la administración, que no la de los clientes, que son los perjudicados por las subidas de precios. Es de esperar que este clima confuso, lejos de mejorar, se enturbie aún más.

El problema de fondo, que Sánchez no es capaz de ver y que el resto de naciones europeas no quieren admitir, es que el país más poderoso del mundo, dotado del mejor ejército, ha decidido actuar de manera unilateral en nombre de lo que se supone son sus intereses, aunque realmente sean sólo los de Trump y la camarilla que le rodea. Un mundo de reglas y acuerdos, sostenido por la voluntad y fuerza de EEUU, se derrumba ante nuestros ojos, demolido precisamente por aquel que ha contribuido a crearlo. Ante esto, las actitudes de países de segundo o tercer nivel, como somos nosotros, pueden resultar pueriles y ser castigadas de una manera desproporcionada. ¿Cómo gestionar este escenario? Ni la más remota idea.