Ya llevamos más de una semana de guerra iraní, y se pueden extraer las primeras conclusiones del enfrentamiento armado. EEUU e Israel tienen prácticamente el control del cielo iraní, de tal manera que la aviación persa, lo que aún exista de ella, apenas puede operar, y las defensas antiaéreas no son efectivas. Las campañas de bombardeo se pueden realizar sin excesivo riesgo por parte de quienes las desarrollan y el número de objetivos alcanzados crece día a día. La respuesta de Irán se materializa en forma de misiles balísticos que atacan a los países vecinos, centrados en las bases conjuntas con EEUU, e infraestructuras como aeropuertos o desaladoras.
Y claro, los drones. Esta es la gran arma iraní y el gran fracaso norteamericano. Desde hace cuatro años asistimos todos, en Ucrania, a la eclosión del dron como arma en todos los sentidos. Ataque, defensa, observación, suministro, apoyo…. La evolución tecnológica y de capacidades de estos cacharros ha resultado asombrosa, y dignade estudio para todo aquel que le ha prestado una mínima atención a lo que allí pasaba. Al parecer, en EEUU, poseedores de una fuerza abrumadora, han descuidado este aspecto, lo han considerado menor, pobre, propio de naciones carentes de alternativa, y es en estos momentos cuando descubren que los drones les pueden suponer un enorme problema. Varios de los objetivos militares norteamericanos en la zona, entre ellos algunos radares de importancia estratégica, han sido alcanzados y destruidos por drones iraníes sin que se haya visto ningún tipo de defensa actuando frente a ellos. Asombroso. En los ataques que se producen contra los países vecinos e Israel Irán lanza drones de coste bajo frente a interceptores de respuesta que pueden costar diez veces más, y cuyos stocks no son precisamente ilimitados, dadas las dificultades que existen para producirlos, por coste y tecnología. A finales de la semana pasada se dio el ofrecimiento, por parte del atacado Zelensky, por parte del despreciado Zelensky, de ayuda a los EEUU para suministrarles y adiestrarles en el uso de drones interceptores, diseñados para evitar el impacto de drones de ataque, que poseen una efectividad similar a los interceptores clásicos (no son infalibles) pero que cuestan mucho menos, no necesitan costosas plataformas para operar y se pueden lanzar en masa, como los de ataque, de tal manera que neutralizan el efecto de saturación que un enjambre produce. El ejército de EEUU ha aceptado la oferta y se ha mostrado muy interesado, demostrando primero la mezquindad de la administración que desprecia al ucraniano atacado, y en segundo lugar, cómo la soberbia de quien tiene el mejor ejército del mundo se cree invulnerable. Es evidente que en un enfrentamiento convencional nada se puede hacer frente a las capacidades norteamericanas, pero claro, un país atacado que quiera responder no puede hacerlo de manera convencional, a sabiendas de su derrota, por lo que escoge otras vías. Irán es castigado duramente noche tras noche en bombardeos de alta intensidad, que acabarán destruyendo sus capacidades industriales y militares si siguen a este ritmo, pero la posibilidad de generar disrupciones en el tráfico aéreo, de meter miedo a sus vecinos, de colapsar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y, en definitiva, de hacer daño a los que le atacan sigue, dado que se recurre a unas capacidades versátiles y muy móviles, que no son tan fáciles de identificar ni de eliminar mediante el ataque aéreo convencional. Los silos de misiles balísticos y sus plataformas de lanzamiento fijas es probable que ya hayan sido eliminados, pero perseguir lanzadores de drones es bastante más difícil. Uno supone que, a sabiendas de todo esto, el régimen de los ayatolas posee suministros guardados de drones en abundancia para aguantar el tiempo necesario para agotar la paciencia del ególatra Trump, causando de mientras un daño económico elevado a la economía occidental. Esa es su mejor estrategia de supervivencia.
Los drones han revolucionado el escenario militar, y EEUU no se ha enterado de ello. Paradójicamente fue de las primeras naciones en usarlos, con los modelos raptor, de gran tamaño y altura, que podían realizar labores de observación y ataque preciso, pero eran, por así decirlo, una versión de aviación teledirigida. Lo que nos ha enseñado el frente ucraniano en estos años de guerra es otra forma de combate muy distinta, basada en enjambres pequeños, baratos, manejados o autónomos, que actúan de manera coordinada en distancias cortas sobre la trinchera o largas cuando se usan como elementos de ataque estratégico. Ahora mismo Ucrania y, tristemente, Rusia, son las grandes potencias en este tipo de armamento. El resto estamos muy lejos de ellos.
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