miércoles, marzo 25, 2026

Manipulación de mercado

El lunes fue un día despiadado en los mercados financieros, con una volatilidad altísima y unas pérdidas y ganancias enormes. La sesión asiática cerró con caídas del más del 3% ante el incremento del precio del petróleo por las amenazas cruzadas entre EEUU e Irán. La apertura europea no fue mucho mejor, con un 2,5% de bajadas en nuestros parqués, pero, pasadas las doce de la mañana, Trump anunció contactos con el régimen de Teherán y el aplazamiento de las amenazas sobre las instalaciones eléctricas. En pocos minutos los índices se giraron completamente, pasando a subir más del 2%, y el petróleo cayó en torno al 10%. Giro de una brusquedad difícil de ver.

Pues bien, a lo largo de la tarde noche del lunes fueron publicándose algunos mensajes en redes que analizaban, con datos de alta frecuencia, los movimientos que habían tenido lugar minutos antes del anuncio de Trump, y se detectaba un patrón llamativo. Se habían producido de manera simultánea, antes del anuncio del magante, compras de futuros al alza en el SP500 de la bolsa de Nueva York y operaciones en corto en el mercado del petróleo, por unos volúmenes de entorno a 1.500 millones de dólares, demasiado para no dejar rastro. Unas operaciones que iban totalmente en contra del movimiento que estaba experimentando el mercado, y que sólo podrían ser beneficiosas si el signo de las cotizaciones se daba la vuelta… y eso es lo que pasó precisamente unos minutos después. Se calcula que los beneficios de esa jugada en el mismo lunes pudieron alcanzar los 60 millones de dólares, una ganancia de esas que te permiten retirarte para muchas vidas. ¿Casualidad? ¿Suerte? Nadie de los que conozco que analizan estas cosas, y que saben mucho más que yo, cree en eso. Todos se apuntan a la idea de la información privilegiada, del chivatazo, de la burda manipulación del mercado. Una jugada en la que algunos, casi con toda seguridad pertenecientes al círculo íntimo de Trump, familiar o no, fueron informados por el magnate de que iba a hacer un anuncio que cambiaría por completo las cotizaciones, y se les advertía de que tenían poco tiempo si querían aprovecharse de ello. Una jugada que parece una trampa colosal en la que unos manipuladores logran estafar a la banca, en este caso a muchos inversores particulares, que estaban actuando, como dictaba la lógica, ejecutando pérdidas ante el miedo por lo que pudiera suceder. Como en un homenaje a Regreso al Futuro II, Trump jugaba con una especie de almanaque deportivo que le permitía saber qué iba a pasar en los instantes posteriores a su anuncio, y que podía decidir cuándo y cómo hacerlo, estaba en condiciones de adivinar el futuro con exactitud y aprovecharse de ello antes de que ningún otro pudiera hacerlo. Jugar con cartas marcadas es hacer trampas, y la sensación general que existe en los mercados, desde hace tiempo, es que Trump ha hecho jugadas de este tipo en varias ocasiones, aprovechándose de que tiene acceso a información que nadie más sabe y a que el impacto de sus declaraciones, mensajes de red social y demás parafernalia mediática que moviliza con esmero es abrumador, planetario. La principal diferencia de lo que pasó el lunes respecto a otros episodios similares está en el volumen de las operaciones desarrolladas y, sobre todo, en la enorme gravedad de los hechos con los que Trump y sus socios estaban jugando. En medio de una guerra en la que muere gente y se destruyen infraestructuras críticas, con el mundo pendiente de las consecuencias de un conflicto que puede generar enormes problemas políticos y económicos, a Trump y cia lo que más parece importarles es cómo sacar tajada de ello, y si eso incluye manipular las bolsas, pues mejor que mejor, más beneficio.

¿Es posible encausar a Trump, o a alguien de su entorno, por lo que tienen todos los visos de ser un acto de manipulación? La SEC es el organismo regulador de los mercados de valores en EEUU, y es una institución seria, pero como todas las del país, ahora vive presionada por la ira de quien se sienta en la Casa Blanca. Es poco probable que se abra la necesaria investigación que los hechos del lunes demandan, y desde luego, vistos los precedentes, más difícil será que alguien se atreva a acusar o a abrir un procedimiento contra la banda naranja. La sensación de impunidad con la que se maneja el poder en Washington por parte de semejantes sujetos está alcanzando grados difícilmente imaginables.

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