martes, marzo 24, 2026

Sobre las medidas de alivio económico

Como la guerra va al vaivén de las alocadas decisiones de Trump, ayer comenzamos el día en el peor de los escenarios y lo acabamos con festejo, con una variación intradía en los mercados absolutamente salvaje, y con más que probable uso de información privilegiada del entorno del magnate a la hora de operar. En todo caso, el petróleo bajo hasta la cota, muy alta, de los 100$ y las bolsas subieron con fuerza. A saber si a lo largo de la semana vamos a asistir a un ensayo de acuerdo, con fin de las hostilidades, o todo esto es una pausa previa a un recrudecimiento. Lo que diga el hombre naranja será lo que suceda.

En este contexto, las medidas económicas aprobadas el viernes, y que deben ser ratificadas esta semana en lo que hace al decreto de verdad, no el de juguete fabricado para Restar, tienen bastante sentido y son un compromiso entre lo que sería más eficiente y lo equitativo. Ante estas situaciones los gobiernos siempre tienen el dilema de qué hacer, hasta dónde llegar, qué distorsiones introducir y qué coste va a suponer todo al erario público. Estamos ante un shock externo ante el que las decisiones de nuestros gobiernos no pueden hacer nada, y lo mejor es una posición de apoyo a los sectores más afectados y un enfoque gradual, a la espera de ver cómo evolucionan los acontecimientos. La medida estrella es una bajada de impuestos, del IVA en todo lo que hace a gas y producto petrolíferos y del de generación eléctrica. Esto se traduce directamente en una bajada del precio de los productos gravados, sin que los intermediarios ni el consumidor final tengan que hacer grandes esfuerzos técnicos, y en una reducción de la recaudación impositiva. Es una transferencia directa, un impuesto negativo al consumidor de esos bienes. Supone una medida lineal que afecta a toda la población, sea usted un asalariado con una nómina bajita o el residente en una urbanización de lujo, por lo que esa taba rasa conlleva, como siempre, un sesgo regresivo. Hubiera sido mejor poder discriminar el beneficio de la medida en función de la renta, de tal manera que el coste tributario es menor y se podría alcanzar una progresividad en la medida, pero las enormes carencias técnicas en las que vive la administración y la gestión en este país, donde la IA y otras tecnologías ni están ni se le esperan, y la parálisis burocrática que nos aplasta impedirían poder llevar a cabo algo así de manera rápida y eficaz. Por lo tanto, mejor algo rápido e imperfecto que algo mejor pero tardío y a saber cómo. En paralelo, para los sectores profesionales que usan el transporte como medio de trabajo, se ha establecido una bonificación de, creo, 20 céntimos por litro de combustible, de tal manera que vean una doble rebaja en sus facturas. Esta es una medida particular, destinada a combatir el daño de la subida de precios a quien, sí o sí, no tiene otro remedio que afrontarla. No tengo coche en Madrid, no tengo por qué repostar, pero si trabajo de transportista el llenar el depósito del vehículo es tan trascendente como el comer para la persona, y no hay manera de eludirlo. Combinadas ambas medidas, son una manera de afrontar el primer impacto de la subida. Los sectores profesionales han denunciado que las subidas que se han producido en los combustibles desde el 28 de febrero, inicio de la guerra, han sido bastante mayores que el efecto combinado de las ayudas aprobadas el pasado viernes, por lo que siguen en una situación de costes disparados en todo lo que llevamos de mes, que será inevitable trasladar a la cadena productiva, y que si se mantienen, pueden llevar a problemas, quiebras, movilizaciones, cierres, etc.

La observación diaria de la evolución de la guerra y los precios de las materias primas asociadas, a la par que el margen que los distribuidores petrolíferos aplican una vez puestas en marcha las medidas, es algo que va a ser muy necesario por parte de las autoridades. A eso se ha comprometido el Ministerio de Economía, y se juega bastante en ello. La graduación de las medidas y su duración, previstas en principio hasta el final de junio, van a depender mucho de lo que suceda en el teatro de operaciones. La posibilidad de unos precios del crudo enquistados en cotas altas es real, y eso, tarde o temprano, generaría efectos inflacionarios de segunda ronda y una contracción económica, ante la que estas medidas no serían sino simples paliativos.

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