martes, marzo 10, 2026

Locura en el petróleo

Cuando se pronuncia la expresión “guerra en Oriente Medio” lo primero que se le viene a la cabeza a todo el mundo es el precio de la gasolina, las colas ante los surtidores, los contadores locos, el coste disparado. Desde hace dos sábados los combustibles han comenzado a subir a lo loco, anticipándose a lo que pueda pasar con el precio del barril de petróleo, que ayer vivió su jornada más caótica en mucho mucho tiempo. Si uno va a repostar pagará unos veinte céntimos de más, como mínimo, respecto a los precios de febrero. Ese sobrecoste es un impuesto a todo, a todos, una fricción, un dolor que se filtra por la cadena productiva y sólo genera inflación.

El gráfico del Brent de ayer fue impresionante. Comenzó la jornada en el entorno de los 93$, y rápidamente subió, superando la barrera de los 100, hasta marcar un máximo de 115$, precio desatado que significa dolor. Desde ese punto inició un suave goteo a la baja que se aceleró bruscamente cuando Trump empezó a lanzar mensajes sobre el hecho de que la guerra estuviera ya casi ganada, queriendo hacer creer que esto iba a durar poco más. El precio se derrumbó y llegó a cotizar por debajo de los 90, marcando un mínimo diario en 86$. Todo esto en un solo día. Esos mensajes trumpistas fueron los que giraron las bolsas de EEUU y les permitieron cerrar al alza, frente a las pérdidas moderadas de las europeas y durísimas de las asiáticas. Ahora mismo el Brent cotiza en los 93,4$ muy caro, recogiendo la montaña de incertidumbre que sigue en pie en torno a Irán y la errática conducta de Trump. Es cierto que el mundo no es lo que era, que la intensidad de consumo de petróleo en las economías ha ido cayendo de manera sostenida a lo largo de las últimas décadas y que la aparición de fuentes de energías alternativas, junto a soluciones tecnológicas, han contribuido a que el crudo no sea el determinante de todo. No, no estamos en los años setenta u ochenta, pero no es menos cierto que determinados sectores, como el transporte, siguen siendo determinados por el precio de la gasolina, y todo lo que hace referencia a logística, mover cosas que pesen de un lado para otro, se correlaciona muchísimo con el mundo del crudo, y que los precios del barril se disparen no es una buena noticia. Para los europeos, que lo importamos en su práctica totalidad, es nefasto. Al petróleo se le une su primo el gas, energía que ha ido creciendo en uso e importancia en sectores como el energético o industrial. Los fertilizantes, la calefacción y muchas otras cosas dependen ya más del gas que del petróleo. También lo importamos los europeos, en este caso principalmente licuado en barco, tras el corte de los suministros rusos desde la invasión de Ucrania, por lo que el daño que nos puede provocar es mayor que a otras regiones. El miedo generalizado entre los economistas es que unos costes energéticos altos, pero que duren apenas unos días, no van a pasar de un susto desagradable, pero si esta situación se mantiene será inevitable una filtración de la subida de los costes a las cadenas productivas, y de ahí a una nueva ola inflacionaria no hay nada. Tras el subidón que se vivió entre los años 2021 y 2022 las alzas de precios se han moderado, pero los niveles no han vuelto a los de entonces. Ir al supermercado, o a una cafetería a tomar algo se ha vuelto un deporte de riesgo, donde es casi imposible no salir herido víctima de una cuenta dañina. ¿Cuánto más pueden soportar las familias y empresas un disparo de precios generalizado? ¿Qué sectores, más allá de los obvios, serían los más perjudicados y tendrían un futuro negro por delante? Un barril que se mantenga de manera sostenida en el tiempo por encima de los 90$ es un freno a la economía considerable y una fuente de subidas de precios. Valores del barril por encima de 100$ empiezan a causar daños directos en algunos sectores y hacen muy probable que el ciclo económico se revierta.

Esto, el daño en los precios, puede ser lo que haya provocado que Trump anuncie que queda poco. Al consumidor americano, que tiene la ventaja de no quedarse desabastecido dada la capacidad de EEUU de producir petróleo, también le sube el precio de la gasolina, y de lo que compra en el súper, y la inflación fue una de las principales causas que provocaron la derrota de Biden. Allí tampoco se pueden permitir otra ola de precios al alza. Por eso tratar de que el petróleo no fluya por Ormuz y que el mercado se desestabilice es una de las mejores estrategias de Irán para resistir, y puede ser la clave para que el enfrentamiento acabe en breve. De momento, hoy seguimos por encima de los 90$.

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