jueves, marzo 12, 2026

Crece la división entre EEUU e Israel

¿Engañó Israel a EEUU para enfangarse en la guerra de Irán? Es una pregunta con mucha miga que, a medida que pasan los días, no deja de adquirir mayor sentido. Hay algunas fuentes que señalan que Netanyahu llevaba tiempo deseando que se produjera el ataque del sábado 28 de febrero, y que susurraba sin cesar al oído de Trump para que diera su permiso. Trump, reacio en principio a intervenciones, se ha ido soltando en este aspecto de una forma sorprendente, pero en su círculo íntimo no lo veían nada claro. El éxito de la operación de Maduro en Venezuela sorprendió a todos, y envalentonó a los más intervencionistas, pero muchos repetían, con razón, que Irán no es Venezuela, y que en el país persa todo sería mucho más difícil.

Camino de las dos semanas de intervención, es evidente que EEUU tiene prisa para dar por cerrada la operación y que el gobierno de Israel no siente apremio alguno, y si por el fuera seguiría el resto de la existencia golpeando. Los precios del petróleo suponen para Trump una losa, porque sabe que, tarde o temprano, los va a acabar pagando el consumidor estadounidense, que es también el votante. En Israel la economía está intervenida de facto desde los ataques islamistas de Hamas del 7 de octubre de 2023 y se mantiene asistida por lo que EEUU le proporciona, y la población aprueba mayoritariamente la escalada militar frente al que ha sido su enemigo histórico en la región. A Bibi y los suyos no les importa que el crudo supere los 100$ pero a EEUU y a occidente sí. Además de este coste directo existen costes financieros asociados a la guerra que son crecientes y que suponen una factura extra para el presupuesto norteamericano. El mero hecho de mantener cada día la maquinaria de guerra operativo supone cientos y cientos de millones de dólares, y el consumo que se está haciendo de armas de precisión agota los stocks y obliga a reponerlos con unos costes no previstos. Los que pensaban en el entorno de Trum que lo de Irán sería un paseo están empezando a sudar mucho, y las declaraciones contradictorias que salen de unos EEUU carentes de estrategia de salida una vez comenzadas las hostilidades resultan ser la principal muestra de una división, de una desorientación interna que no augura nada bueno. Trump ahora mismo desearía dar por terminada la operación, cosa que dice los días impares, aunque los pares repita que el esfuerzo sigue hasta que no se alcancen todos los objetivos. Parece evidente que el régimen islamista, tocado, no se ha hundido, y que la población de Irán va a sufrir en sus carnes tanto el efecto de los bombardeos norteamericanos como la represión de una teocracia que sigue haciendo todo lo posible para aguantar, convencida de que el tiempo que sea capaz de prolongar las hostilidades es su mejor aliado, tanto por los efectos económicos globales que puede causar como por la falta de paciencia del niño naranja que gobierna en la Casa Blanca. Más de uno lamentará ahora mismo en el complejo presidencial de Washington haberse embarcado en este berenjenal viendo cómo se están desarrollando los acontecimientos, y los recelos respecto a las promesas de victoria segura que vendería Netanyahu y su gestión local de la guerra es casi seguro que crecerán día a día. Visto desde fuera, resulta sorprendente cómo la primera potencia del mundo se encuentra inmersa en un conflicto en el que es Israel el que parece llevar la voz cantante en cuanto a operaciones, estrategias y decisiones. Es absurdo, y para los EEUU, a mi modo de ver, humillante.

Una derivada no menor de lo que sucede es que una y otra nación están consumiendo sus stocks de munición de la mejor calidad a una velocidad más alta a la que la pueden reponer. Ayer se supo que EEUU desviaba baterías de Patriots asentadas en Corea del Sur para trasladarlas a Oriente medio. Otro signo de mala planificación de la operación principal, de improvisación del ataque del 28 de febrero y, ojo, aviso a navegantes de que el teatro de operaciones de Irán empieza a enfangar a la maquinaria norteamericana. ¿Va a aprovechar alguno la coyuntura para intentar algo? El poderío del ejército de EEUU es inmenso, pero no infinito, y mal gestionado puede cometer errores tan burdos como algunos de los que vemos estos días.

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