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miércoles, junio 03, 2026

Moción de censura atascada

Esta semana se ha cumplido el octavo aniversario de la moción de censura que descabalgó a Rajoy del gobierno y se lo otorgó a Pedro Sánchez, sujeto del que apenas sabíamos nada entonces, y del que ya hemos descubierto demasiadas cosas. Induce al sonrojo ver a Ábalos recitando un discurso lleno de presuntos compromisos éticos cuando ahora conocemos que estaba a punto de hacer desde su posición de poder, hasta qué nivel iba a degradarse él y su jefe y el resto de sus compañeros de gobierno y partido. Ver esas escenas inducen a volverse el sujeto más cínico del universo, para evitar la sensación de ser el engañado, el pagador de esa fiesta obscena.

Ocho años después, ¿Está justificada una moción de censura contra este desgobierno? Sí. ¿Es viable? No. La suma de PP y Vox sigue siendo insuficiente, y una iniciativa así sólo puede prosperar con el apoyo del PNV o Junts, partidos que se saben perjudicados por la deriva del sanchismo, que ven reducidas sus expectativas electorales por formaciones que les fagocitan, llámense Aliança catalana o Bildu, pero que saben que sus tácticas de chantajeo pueden prosperar unos meses más gracias a la debilidad del ejecutivo y no quieren aparecer ante sus propios electorados como los que han propiciado la llegada de los populistas de Vox al gobierno. La acumulación de escándalos seguirá su ritmo procesal, lento pero determinado, y el atrincheramiento del gobierno en posiciones trumpistas, conspiranoicas, parece que es su única estrategia para sobrevivir ante lo que no tiene defensa alguna, pero el mecanismo electoral para cambiar de ejecutivo sólo pasa por dos vías. O que Sánchez, a quien todo le da igual, adelante las elecciones, o que una moción imponga otro candidato como presidente del gobierno y sea ese el que convoque. De hecho, creo que la única opción para que una moción de censura prosperase, y es escasa, es precisamente que sea un candidato anónimo el que sea presentado como alternativa. Piense usted en alguien con el que se cruce por la calle o sus quehaceres a lo largo del día de hoy. Que sea él o ella la que ostente esa candidatura, con el único programa electoral de, una vez jurado el cargo de presidente del gobierno, disolver las Cortes y convocar elecciones generales. Nada más, sólo eso, que no es poco. Que no sea Feijoo ni nadie relevante del PP el que se presente como candidato. Aún en este supuesto, la posición de Junts o del PNV sería delicada, y probablemente no aceptarían votar a favor. La declaración de Junts de ayer retando a Feijoo para que acuda a Waterloo para negociar con el sedicioso las condiciones de una moción era una manera de expresar su no rotundo a cualquier colaboración con el PP, a sabiendas de que los populares no pueden acudir a la casa del fugado, como sí hizo el colaboracionista Sánchez. Por lo tanto, la discusión sobre la posible moción de censura no deja de ser un juego teórico muy interesante para las tertulias de café y bar, pero con pocas consecuencias prácticas, y nulos visos de realidad, al menos a día de hoy. Desde el principio de esta legislatura, una vez que Sánchez traicionó a los suyos, antes ya se lo había hecho al resto, otorgando una amnistía que negó una y mil veces, y consiguiendo los votos para ser investido presidente, en sus cálculos entraba que no iba a dejar el gobierno en los cuatro años que restaban por delante, pasara lo que pasase, porque todo le da igual, y porque sabe que descabalgarle implica la unión de fuerzas cuyo odio mutuo es superior al deseo que tienen de acceder al poder. NI imputado, ni aunque aparezcan vínculos con pagos ilegales, pase lo que pase, Sánchez no cederá el poder antes de tiempo. Esa es su principal garantía de inmunidad para lo que teme que le puede alcanzar, judicialmente hablando.

Los suyos, que van al degolladero en todas las elecciones futuras que se celebren mientras él siga en el poder, podían exigirle presentar una cuestión de confianza, pero tampoco creo que lo hagan. Tienen miedo de perder los carguitos de los que viven, y un año de altas nóminas públicas es una gran ayuda para las finanzas personales. El destrozo en la marca PSOE y el arrastrar nombres sin cesar por el calvario de los juzgados durante meses no causará mella en el líder que ha destrozado al partido y que se cree por encima de todo y de todos. Ajeno a la realidad, Sánchez seguirá lo que pueda, y querrá volverse a presentar. Y los suyos, en un acto de suicidio colectivo, se lo consentirán. Salvo gran sorpresa, es lo que creo que pasará.

lunes, mayo 04, 2026

El nacionalismo no admite bromas

El humor es una de las mayores armas que el ciudadano tiene frente al poder. Reírse de alguien, y más si ese alguien manda, es corrosivo, y despoja al que dicta de gran parte de su aura inexpugnable. Puede no servir de nada en caso de dictadura, pero son esos, los tiranos, los que más odian los chistes y los censuran hasta la paranoia absoluta, porque saben que quien se ríe de ellos no está totalmente sometido. Viñetistas, humoristas y demás siempre han tenido problemas con la autoridad y su censura, tanto en tiempos de dictaduras establecidas como en los actuales, donde la corrección política, el gremialismo exacerbado o el sentimiento constante de agravio tratan de imponer los mismos corsés que antaño los uniformados.

La pasada semana se vivió una trifulca relativa entre Sánchez y el PNV a cuenta de una viñeta publicada por los socialistas vascos, socios de gobierno en Vitoria, hecha con IA en la que Aitor Esteban, sonriente y trajeado, se tiraba a una piscina, en referencia a la alusión hecha por los peneuvistas hace meses de que no había agua a la que arrojarse en cuanto al nuevo estatuto de autonomía, del que llevan hablando ya demasiado tiempo, y al cambio reciente de opinión sobre si ahora sería posible llevarlo a cabo. Una imagen caricaturesca de elevada ñoñería y, para lo que se estila en las redes, apenas carga mordaz, bastante blanca. Propia del infantilismo en el que se ha convertido la política en nuestro tiempo, pero para nada ofensiva. Pues bien, el PNV, que mantiene un silencio sepulcral sobre todo lo que se dice a diario en el juicio a Ábalos y su tropa, salió en tromba haciéndose el ofendido máximo ante la publicación de la imagen y exigió, de la manera más ruidosa posible, una retractación de los socialistas vascos y una disculpa del propio Sánchez ante algo que consideraban intolerable. Tal escandalera montó que hasta los medios gubernamentales, que ocultan con exquisita profesionalidad todo lo que sea escándalo o problema de gestión que se den en el País Vasco, se vieron forzados a hablar del tema, escondiéndolo algo, pero publicándolo. Había mucho de impostura en la posición del PNV, de ego forzado, de chulería, de querer que se hable de mi, de solicitar un “casito” que los de Sabin Etxea creen que no reciben con la frecuencia deseada, cierto, pero también hay un fondo profundo en esa reacción que debe ser tenido en cuenta por parte de todo el mundo, y es que el nacionalismo, y el vasco hasta el extremo, no soporta el humor. No se pueden hacer chistes sobre cuestiones que el nacionalismo considera sacralizadas, como sus símbolos, dirigentes, historia, mitos y demás, porque son algo sagrado para ellos. Existe un componente de fe en el nacionalismo que llena su irracionalidad de misticismo, de creencia, de verdad revelada, de religión en la que la patria, la bandera y toda esa parafernalia sustituye al Dios de la religión organizada, y claro, los que se ríen de todo eso no pueden sino ser considerados como blasfemos, y el mayor de los castigos es poco para ellos. Vive el nacionalismo en un mundo imaginario, falaz, totemizado hasta el extremo, donde el poder de la simbología no debe ser alterada jamás, nunca puesta en duda y, desde luego, no ridiculizada. La gravedad de tono de todo lo que rodea a ese mundo puede resultar aplastante, no hay espacio para la risa, la broma o el desliz, todo es trascendente, eterno, infinito, lleno de futuro y destino. Las grandes palabras como la patria y demás son grabadas en piedra y adoradas como reliquias todos los restos del pasado mítico de la formación política y lo que ella decida que corresponde a los ancestros. En ese contexto, un bromista es visto como lo más subversivo que se pueda uno imaginar, y debe ser castigado sin demora, y sin apelación posible. No se puede consentir que alguien se ría de las ideas nacionalistas, no vaya a ser que eso las ablande, las muestre como la fantasía que son, y pierdan la fuerza que sirve de cohesión a ese mundo. No, el PNV no permite las bromas.

Hay programas de humor en la ETB, sí, y el “Vaya semanita” es quizás el mejor ejemplo de eso, pero es una excepción consentida, una válvula de escape que el nacionalismo otorga como dádiva, y desde luego bajo el control del medio propio, la televisión autonómica, chiringuito al servicio inexcusable del partido, la patria y toda esa serie de tonterías. En general, el fanatismo está reñido con el sentido del humor, y el exceso de ofensa ante las bromas revela, principalmente, una debilidad interna que se expresa en ira hacia los demás para tratar de escapar de las contradicciones propias, que el humor logra reflejar como casi nadie. Por eso, cuanto más autoritario es un régimen, más se persigue al humorista. Aquí y en todas partes.

jueves, diciembre 11, 2025

Puertas giratorias con nueces

La cascada de casos de corrupción que se acumulan en las postrimerías del sanchismo sólo es comparable a la verborrea de Trump. Ambos fenómenos son imposibles de abordar en su conjunto, saturan al que los recibe, estresan sin piedad al consumidor de noticias, que no logra enterarse de uno de los asuntos cuando aparece otro que lo sepulta. El ruido es total, la sensación de derrumbe creciente y la percepción pública, al menos en lo nacional, bastante coincidente en que esto es la agonía de un desgobierno que no arrancó traicionando su promesa electoral de no amnistiar y que acabará con un rosario de vistas a los juzgados y, quizás, a las prisiones.

Pero siempre los hay que sacan tajada en todas las ocasiones, y en esto es justo reconocer que el PNV es el maestro absoluto a la hora de llevárselo, crudo, cocinado o a medio hacer, da igual. Una de las peores consecuencias de la corrupción es la disolvente evidencia de que uno es imbécil, y que el corrupto así te trata a la cara. Véase lo que pasa en Telefónica. En esa empresa los gobiernos de turno siempre han metido más o menos mano, en función de la época y de la participación que el estado tenía en la compañía y, también, el descaro con el que se actuaba. Ahora mismo, con una posición del 10% en el capital de la empresa, Moncloa manda mucho y se cree el mandamás de la compañía, y eso afecta a todas las líneas estratégicas de la empresa, a sus negocios presentes y futuros, al valor depauperado de la acción y a un montón de cosas. En este contexto, se ha presentado un nuevo ERE que afectará a varios miles de personas. Se empezó a hablar de unas seis mil y ahora la cifra que se baraja ronda los cuatro mil. En todo caso, mucha gente, un porcentaje significativo de la empresa, que afecta a todas las estructuras de la misma. Vendidos como una herramienta para optimizar las cuentas, normalmente estos EREs suelen ser bastante generosos, y esconden en sus condiciones el desprecio que supone el que personas valiosas que puedan llevar mucho tiempo trabajando en la empresa y conocen del negocio sean echadas a unas edades en las que su productividad aún es alta para, en general, ser suplidos o por gente joven inexperta, que debe formarse, pero que cobra mucho menos, y en no pocos casos amiguetes que ni saben ni se espera que trabajen, pero que suponen la devolución de favores pasados en forma de lustrosos despachos, cargos con gran pompa en su denominación y presencia garantizada en eventos y todo tipo de saraos públicos, junto a un sueldo equivalente a varios de los válidos empleados echados de manera indigna. Ayer se supo que Movistar Plus, una de las grandes divisiones de la compañía, va a incorporar como consejero a Andoni Ortúzar, hasta hace poco presidente del PNV. El conocimiento de Ortúzar sobre el mercado audiovisual, el mundo de las plataformas, la conectividad y otras tareas que desarrolla la empresa en la que desembarcas es, probablemente, casi nulo, pero eso da igual. A Ortúzar no se le coloca por su valía o por los contactos, otra de las excusas que se usa en estos casos, a veces con cierto peso argumental, sino para compensarle por lo mucho que ha hecho para que el actual gobierno de Sánchez siga en el poder, empezando por el apoyo de los diputados peneuvistas a la moción de censura que descabalgó a Rajoy. Ortúzar siempre ha sido muy de Euskaltel, la operadora de telecomunicaciones vasca, lo que es una manera de decir que su nacionalismo siempre ha estado por encima de todo, un nacionalismo en versión chulesca en el que siempre ha tenido claro hasta qué punto él y los que considera “los suyos” tienen derecho a una posición de privilegio absoluto sobre todos los demás, a los que considera inferiores en todos los aspectos. Ortúzar siempre ha tenido a gala que el vasco, lo que él entiende como el vasco, claro está, está por encima de todo lo demás, en una visión medieval y retrógrada que puede ser blanqueada como “progresista” si se vota a favor de las medidas de los que venden el carnet de “progresista”. Visto lo que se va a embolsar ahora, es evidente el buen negocio personal que ha hecho.

Póngase usted en la piel de uno de los empleados de la empresa, pasada la cincuentena de años, con la vida a medio hacer y aún un montón de retos por delante, que recibe la comunicación de que es expulsado de la entidad a la que ha dedicado tiempo y sacrificios de todo tipo, y ve como alguien como Ortúzar es aupado (le encantaría a Andoni ese término) a la dirección de la entidad con unos costes que el empleado y gran parte de su departamento juntos jamás alcanzarían. La sensación de cabreo, de estafa, de engaño, es inevitable. Y sí, la sensación de que quienes nos gobiernan consideran que somos imbéciles, y como tales nos tratan.

lunes, julio 07, 2025

La ceguera del poder

Primer fin de semana de julio, temperaturas altísimas, y dos citas políticas de gran calado en Madrid, demostrando que, ante la llamada del poder, nada es freno, ni si quiera la canícula desatada. Lo de ambiciones no es sólo el nombre de una finca patrocinada por la prensa rosa, sino el motor que mueve a personas en todo el mundo a la búsqueda de un poder que ansían por encima de todo. En nuestro país, ese movimiento se desarrolla a través de dos formaciones políticas, PP y PSOE, cuyo estado de ánimo es inverso. La depresión de uno genera la euforia en el otro, y viceversa.

Convocó Sánchez el comité federal de su partido para reorganizarlo ante los escándalos de corrupción que lo acosan. Para arreglar la podredumbre producida por aquellos a los que él eligió ha sido él el que ha elegido a otros, y casi entre aclamaciones. Pocas han sido las voces críticas que han expresado su malestar por lo que pasa, el único relevante ha sido García Page, especialista en amañar y no dar, que puede expresar su opinión porque tiene un poder propio que le defiende de lo que decida el psicótico que se ha atrincherado en Moncloa. El resto de los que acudieron al comité, casi en su totalidad, viven de sueldos y cargos que dependen de que el líder se los mantenga, y evidentemente no expresaron duda alguna sobre las bondades de Sánchez y todas las mentiras, uy, no, quería decir verdades, que no dejan de salir por su boca a cada minuto que pasa. Lo único que ha resultado relevante de esa reunión es que uno de los más estrechos colaboradores de Sánchez, Francisco Salazar, ha sido apartado por conductas inadecuadas ante denuncias de acoso por parte de varias mujeres. Otra de esas historias que todo el mundo sabía en su entorno pero que nadie denunciaba por ser el protagonista alguien con un cargo relevante y protegido de su sanchidad. Era tierno, realmente patético, ver como a la entrada del comité más de uno y una defendía a Salazar, es decir, a Sánchez, que es quien lo había escogido, y a la salida esos mismos despotricaban contra Salazar, alabando a Sánchez el haberle retirado de sus cargos. Esto de decir una cosa y al poco la contraria es algo que se lleva en el fondo de todas estas organizaciones, donde el peloteo al líder es la consigna principal y la vía para ascender, conseguir cargos y, lo más deseado, dinero, en forma de sueldos públicos o de la organización, y a ser posible de ambos. En el congreso que ha celebrado el PP este mismo fin de semana no se han visto cosas muy distintas, en lo que hace a peloteo al líder, pero el ambiente era mucho más relajado. La crisis del enemigo es música para los oídos del partido rival, y eso se notaba en el ambiente de una reunión en la que bastaba con no hacer mucho ruido para que el escándalo constante que se vive en las filas socialistas cubra de expectativas de victoria a todo lo que suene a PP. Feijoo tenía una cita plácida, e incluso los rescoldos que le podían causar un cierto dolor de cabeza, como algunas iniciativas presentadas desde el Madrid de Ayuso o del PP catalán, fueron pactadas previamente al encuentro a la búsqueda de la unanimidad absoluta. La foto buscada era la de la unidad total, la de una máquina engrasada que, ante el derrumbe del contrario, se encuentra en plena forma para coger un poder que se escapa de las filas socialistas. El PP espera alcanzar el poder por incomparecencia del adversario, por la caída del mismo como fruta madura tras la sucesión de escándalos conocidos y los que puedan llegar. Saben los populares que pueden encontrarse con una travesía por el desierto aún más larga de lo esperado porque la decisión de convocar elecciones le corresponde exclusivamente a Sánchez, y él aguantará todo lo que quiera y pueda, consciente de que es su pellejo lo único que le importa, tras demostrar que nada de lo que fue el partido por el que se presentó, el histórico PSOE, le merece respeto alguno. De ahí que la agonía de los de la rosa se extienda mucho más de lo que sea previsible y la ansiedad de los del charrán amenace con crecer durante una temporada larga. Todo en medio de la podredumbre general.

Visto desde fuera ¿Cuál es el aliciente para incorporarse a un partido político? Pasada la época en la que mi ingenuidad me hacía pensar que ahí se defendían una serie de ideas y se trabajaba por el bien del país, los partidos se han convertido en nuestro tiempo en agencias de colocación de los no pocos mediocres que acuden a sus filas a la búsqueda de un empleo que jamás lograrían encontrar con sus propios medios. Con excepciones, que las hay, el nivel de los que forman los cargos orgánicos de estas formaciones ha degenerado de manera inexorable, y más allá del peloteo y la búsqueda del cargo, poco hay. Conseguir el poder, mantenerse en él, cobrar de mientras. Ese es el lema que rige la política hoy en día.

miércoles, junio 04, 2025

Leire como síntoma

El caso de la fontanera Leire, un personaje salido del guion no tan zafio como el que relata la vida de Ábalos y su troupe sexy, pero sí de igual dimensión en lo que hace a la indignidad, es el último en la larga lista de corruptelas que asedian al desgobierno sanchista, del que ya sólo espero su final, probablemente dentro de un par de años, dada la nula moralidad del presidente y su consciencia, pese a las encuestas amañadas que le obliga a hacer al CIS con nuestro dinero, que nova a volver a gobernar si se presenta a unas nuevas elecciones. Su idea será durar todo lo que pueda, llevarse lo que sea posible y reírse de todo el mundo hasta que la cosa ya no de para más. Bonita regeneración la que nos vendieron.

Con todo, la repugnancia de lo de Leire ejemplifica perfectamente el implacable proceso de degeneración en el que han caído los partidos, convertidos en meras agencias de colocación de sujetos carentes de escrúpulos y sí de ambiciones personales. El proceso de selección adversa que se ha ido dando a lo largo de los años ha provocado que los más capaces, los que tienen más cabeza y pueden pensar algo huyan de la política, dejando a los más necios la gestión y organización de unas entidades, los partidos, llenos de carcoma. Cierto, hay gente competente y estúpida en todas partes, pero en la política la proporción es bastante más sesgada a los otros que a los unos. Sin fijarnos en el PSOE, corroído por la corrupción y sometido al despotismo sanchista hasta dejar de ser lo que fue, el PP ha creado entidades como el pequeño Nicolas que, no nos engañemos, difícilmente vivirían en un entorno empresarial o se ganarían sueldo alguno en cualquier empresa seria. Carromero, ese hombre que un día perteneció a las juventudes peperas y que, ya talludito, empalmaba cargos orgánicos sin cesar causando desastres allí por donde pasaba es otro buen ejemplo de necio sin límites. Ahora la mayor parte de los focos de la corrupción están en el PSOE, y es lógico, porque al detentar el poder tiene una mayor capacidad de colocación de propios en puestos bien pagados y con acceso a la caja, y dado el nivel de los sujetos que ha posicionado es inevitable que el desfalco, la mentira y la juerga al estilo Torrente sean la marca de la casa. Muchos de esos sujetos se quedarán colgados de la brocha si el PSOE pierde el poder, y el PP, al llegar, empieza a colocar a los suyos en esos puestos. Y con el tiempo, empezaríamos a conocer apellidos, nombres de tramas e historietas en las que la repetición de la jugada corrupta sería constante. Eso sí, con la presunción de inocencia por delante, el “y tú más” de constante y la sensación ciudadana de que realmente debemos ser tontos porque los que se encargan de dilapidar la caja pública nos tratan como tales y ahí seguimos, permitiéndoselo. Los movimientos de regeneración política que surgieron en España por hartazgo ante corrupciones y precariedades derivadas de la crisis económica y financiera de 2008 – 2012 acabaron por cristalizar en una acampada en Sol el 15M, y de aquello apenas queda nada, salvo una gran sensación de fracaso. A mi entender, las cosas han empeorado con el tiempo no porque ahora haya más corruptos que antes, dado que siempre los ha habido y los habrá, sino porque se ha impuesto un discurso sectario en parte de la población que defiende plenamente las corruptelas y todo tipo de presuntos delitos si son cometidos por los “suyos”. Algo parecido a la futbolización se ha dado en la política, y en los medios de comunicación, de tal manera que el sentido crítico que antes permanecía asediado, pero presente, ha sido directamente barrido del mapa. Mazón es una desgracia como político y como gestor, pero no hay cargo del PP que lo afirme a riesgo de dejar de serlo. Leire, Ábalos y demás son unos sinvergüenzas y, presuntamente, autores de una larguísima serie de delitos, pero cualquier socialista con carnet y nómina negará que hayan hecho algo malo. Y todo así. Es una porquería absoluta, y eso aumenta la desafección ciudadana y la selección adversa que antes les comentaba, acelerando la salida de quien, por un mínimo de dignidad, no quiera saber nada de toda esta mierda y aumentando la llegada de arribistas sin escrúpulos a cargos de responsabilidad pública.

Todo esto también se ha visto favorecido por el contexto tecnológico, con la presencia de las redes sociales, su inmediatez, su sesgo y su necesidad constante de actualización, y la debacle financiera de los medios convencionales, que ahora sobreviven gracias a lo que el gobierno de turno pueda darles como dádiva a cambio de su servilismo fiel. Lo de Leire es asqueroso en todo, tanto en el fondo como en la forma, pero no es extraño en el ecosistema que hemos creado, y eso es lo peor, porque alguien tan necia y sectaria como Leire es la más adaptada para prosperar en medio de semejante mundo. Darwinismo puro.

jueves, abril 24, 2025

¿Se deshace el desgobierno?

Ayer se produjo una crisis en público entre los miembros de la coalición que sostiene a este desastre de gobierno a cuenta de un contrato de armamento no cancelado a una empresa israelí, cuyo objetivo es el de suministrar munición a la Guardia Civil. Varios millones de balas están recogidas en la compra, y alguna, metafóricamente, se ha disparado entre los miembros del ejecutivo, con el ministro de interior Marlaska como principal destinatario de los ataques por parte de los miembros de Restar y de algunas de las marcas, como IU, que medio están en ese conglomerado.

La verdad, es poco probable que el gobierno naufrague por deserción de sus socios, más que nada porque ninguno de ellos va a ser capaz de encontrar en mucho tiempo un trabajo tan cómodo y sobradamente remunerado. Nunca se han visto en semejante privilegio y saben que no volverán a él, porque los sondeos electorales no amañados dan, con seguridad, la pérdida del poder a la coalición actual. Así que, por el lado del amor a la moqueta mullida y al coche oficial no habrá deseos de ruptura. Lo que sí que puede naufragar por completo es el proyecto de Restar, bueno, oficialmente sigue llamándose Sumar, que nunca estuvo muy claro qué era y que, con la racha de estrepitosas derrotas electorales que ha ido cosechando se ha convertido en poco más que una carcasa para que Yolanda Díaz y Ernest Urtasun sigan creyendo que pintan algo en la política nacional. Sumar es, en sí mismo, una coalición de partidos, que se hace llamar espacio, pero que conforma agrupaciones varias cuyo principal objetivo es, como todas, alcanzar el poder, y que confluyeron, no en un espacio, sino en la obviedad de que yendo todas contra todas minimizaban sus expectativas electorales. La propia IU fue un primer intento de amalgamar fuerzas que se hacían la contra entre ellas, además de ser un ropaje en el que esconder algo tan vetusto como el Partido Comunista. En la polémica de ayer IU ha sido la formación que más claramente se ha manifestado por salir del gobierno, mientras que los portavoces de Sumar, con Urtasun y Yolanda a la cabeza, han expresado su indignación por lo del contrato de las balas con la misma intensidad de mantenerse en el gobierno, por los gastos propios que deben afrontar en sus vidas personales. La verdad es que corre más riesgo la propia Sumar, sea lo que sea, que el gobierno en sí mismo. Sánchez ya ha demostrado que la vida de autócrata le queda bien y es capaz de no pasar nada por el parlamento durante todo el tiempo que estime necesario para seguir gobernando, por lo que los votos de sus socios no son relevantes si no hay nada que votar. Quien observa con deleite todo esto es Pablemos, ese grupúsculo secta que se dice de izquierdas que no es sino una extensión de la familia Iglesias Montero, con una representatividad ridícula, pero que ve como la marca guay de la izquierda que encumbró a Yolanda y compañía se desmorona, fruto de sus propias inconsistencias. Desde la esquina de su bar, con un ojo puesto en la actualidad y otro en la hucha con la que intenta recaudar dinero para ampliarlo, Iglesias maquina un futuro en el que vuelve como salvador de la izquierda, con su formación como eje y con algunas de las marcas que se integraron en Sumar abandonando el barco semihundido para retornar a los rediles del líder supremo, al que nunca debieron abandonar. Ahora mismo los dirigentes de IU pueden estar dudosos sobre que hacer, y es probable que alguno de ellos sea más proclive a volver con el devaluado macho alfa que a seguir en el ridículo yolandista, pero que el futuro de una entidad política dependa de escoger entre esas dos horrendas alternativas dice mucho sobre cómo se encuentra la extrema izquierda de nuestro país, sometida a crisis constantes y en franco retroceso en todas las encuestas de verdad.

Desde lo que un día fue el PSOE, ahora Sánchez y su corte de aduladores, se contempla con preocupación relativa todo lo que pasa ahí. Por un lado, se creen beneficiados por estas luchas porque el votante de izquierdas contemplará a su sanchidad como la única alternativa de voto útil, esperando así quedarse con papeletas que fueron yolandistas o pablistas, pero también saben en Ferraz que con eso no basta para llegar a los 176 escaños, y que el desplome electoral de la extrema izquierda nacional (menudo oxímoron) impediría reeditar un Frankenstein en el Congreso. Toca, por tanto, seguir y aguantar todo lo que se pueda, de escándalo en escándalo, con la suculenta nómina pública de cada mes como premio para los fieles. No es mal incentivo, visto lo visto.

martes, enero 14, 2025

En Los Ángeles también arde la unidad de EEUU

Sigue el incendio en la ciudad de Los Ángeles, aumentando la cicatriz urbana en forma de destrucción y propiedades arrasadas. Se espera que los vientos resecos del interior soplen nuevamente con fuerza, tras la tregua de este fin de semana, y aviven aún más las llamas. Eso hará que los daños sigan creciendo y, a pesar de los esfuerzos cada vez mayores destinados a contener el fuego, éste siga siendo un enemigo formidable y para nada contenido. Miles y miles son las personas que lo han perdido todo, que no tienen a donde volver, porque lo que fiera una vez su casa no existe en ningún sentido, más allá de la negruzca parcela en la que están sus restos arrasados.

Em está asombrando, a la vez que enojando y entristeciendo, que en el desastre de Los Ángeles se están dando muchos paralelismos con lo sucedido en la DANA de Valencia. En ambos casos el origen primario del horror es algo ajeno, un incendio forestal en la temporada en aquel caso, un diluvio histórico en el nuestro, y a partir de ahí se observa una secuencia de comportamientos por parte de las autoridades y responsables diversos que es, en ambos casos, un cúmulo de negligencias e irresponsabilidades. No hay información sobre lo que pasa a la ciudadanía, no se corre a tomar medidas, no existe una sensación en las personas responsables de que estamos ante un desastre de enormes dimensiones y de graves daños, personales y materiales. Hay una escasa respuesta de los medios de extinción en un caso y rescate en otro, y poco a poco, de manera remolona, se ve cómo los efectivos acuden, pero como si lo hiciesen a disgusto. En California no se ha visto la intervención del ejército de EEUU, el más poderoso del mundo, y aquí costó Dios y ayuda que lo hiciera. Ha habido fallos de coordinación, técnicos, logísticos, de todo tipo. Ambas son zonas proclives a los desastres que han sufrido, no les ha tocado algo que no les sonase, y pese a ello la respuesta ha sido muy deficiente. Y, para rematar, en algo muy repugnante, sí que ha habido una total coincidencia entre ambos desastres, y es su uso en la bronca partidista local y nacional. Aquí está más que debatida y, para mi, no admite discusión la necedad mostrada por Carlos Mazón al frente de la Generalitat Valenciana (cada día que sigue es un insulto a toda la ciudadanía) y el aprovechamiento del desastre por parte de Sánchez para hundir a un gobierno del PP (si necesitan ayuda, que la pidan) obstaculizando el envío de recursos. En California, gobernada por los demócratas, el gobernador Gavin Newson está siendo blanco de graves acusaciones por parte de unos y de otros ante la inacción de los recursos del estado, los fallos que se han visto en los puntos de suministro de agua y retardante y, en general, la escasez de medios mostrada. Ante esto, los republicanos, con Trump a la cabeza, se han lanzado a mandar mensajes en las redes sociales donde muestran poca afección ante las víctimas y sí mucho ímpetu para criticar a los demócratas y, en especial, a Newson. En su momento el gobernador de California sonó como posible rival de Trump en el caso de que Biden lo dejase y, tras la retirada del candidato presidencial y la elección apresurada de Kamala como candidata, sus aspiraciones presidenciales parecieron verse atenuadas, pero para muchos era el auténtico tapado tanto en el caso de que Kamala ganase, como posible relevo, como sobre todo si perdía, como posible esperanza para el partido. Este desastre puede ser la tumba política de Newson, aunque se toma lecciones de Mazón y se atrinchera en el cargo por encima de los muertos y la catástrofe puede acabar sobreviviendo. Eso le exigiría arecer de escrúpulos y de cualquier tipo de ética, pero bueno, eso es lo que se lleva en estos tiempos en la inmensa mayoría de los que se presentan a cargos políticos.

Sí, tanto en Valencia como en California, el desastre ha sido visto por unos y otros como una nueva herramienta de enfrentamiento político, como una oportunidad para atacar al contrario. Aquí y allí, las víctimas de la tragedia han sido, para ambos, un estorbo, coste, una contrariedad a la que hay que evitar, despreciar, orillar. Si se puede, como en el caso de Margarita Robles, abroncar. Es como si cada partido rezase para que se produzca un horror semejante cada cierto tiempo en una región controlada por el otro para usarlo como munición en el enfrentamiento mutuo. El agua y el fuego pueden ser destructivos, sí, pero son poca cosa frente al odio humano, al cinismo político, al cálculo de los que escriben “relatos” y viven de las cenizas y fango que la naturaleza es capaz de diseminar por un territorio. Pobres de nosotros.

lunes, abril 22, 2024

Bildu casi gana, el PNV resiste

Lo primero, visto el resultado, es que de entre lo malo y lo peor que podía haber pasado, nos hemos quedado con lo malo. La resistencia del PNV es asombrosa, y tras cuatro décadas ganando elecciones autonómicas, vuelve a hacerlo, por la mínima, en el agregado de votos, pero en un empate a escaños que le deja con un sabor agridulce. Pese a ello, con la expectativa de una derrota que muchos vendían, y con el conocimiento de que, por ahora, mantendrá el Gobierno Vasco, su euforia de ayer por la noche está justificada. El feudo nacionalista sigue en pie, aunque asediado como nunca. Han sobrevivido y el poder seguirá en sus manos.

El resultado de Bildu es excelente, sin paliativos, y para este que les escribe, una noticia desoladora. Segundo en votos en el agregado de la Comunidad, a poco más de veinte mil de los peneuvistas, es la primera fuerza en Guipúzcoa, en todo, y por primera vez en la historia, gana en votos en Álava, donde empata en escaños con el PNV. El resultado alavés da para todo tipo de análisis e interpretaciones, y se convierte en un misterio en sí mismo. Los de Otegui han sacado oro de cada voto y lo han rentabilizado en escaños mejor que el PNV, que tiene en Vizcaya a su alma y la cosecha de sufragios necesaria para mantenerse como la formación más votada. En el duelo generacional es muy probable que Bildu haya ganado de calle a los jeltzles, siendo el voto nacionalista mucho mayor en edad, y eso le otorga a Otegui y compañía la opción de ser, en las próximas elecciones, los más votados. Nada de su infame comportamiento sobre la cuestión terrorista y el desprecio a las víctimas ha sido penalizado por un electorado amnésico, que olvida el pasado y desprecia sus lecciones a una velocidad que genera escalofríos. No hay consuelo moral para las víctimas de una época, que fueron asesinadas y despreciadas por todos, y que hoy son olvidadas por casi todos, y ven como el que fuera brazo político de aquellos que les mataron está a un paso de ser la principal formación electoral de su tierra. El mensaje ético y moral que se traduce de estos resultados es, simplemente, horrible, para llorar y no dejar de hacerlo. El resto de partidos, a la sombra, se reparten los restos. El PSE saca dos diputados más y se lleva algo de lo que fuera Pablemos, y puede darse por satisfecho. Mantendrá en principio la coalición con los nacionalistas y la correlación de fuerzas le dará algo más de peso en ellas. Además, la presencia de un Bildu en igualdad de escaños hace que el PNV sea consciente, aunque no lo reflejara ayer, de su debilidad parlamentaria. El PP sube un escaño, y supera sus anteriores resultados, los peores, y venderá como un éxito lo logrado, pero la verdad es que el botín es escaso. Además, no ha conseguido que Vox desaparezca, dado que han mantenido el escaño de Álava, por lo que los populares van a seguir siendo una fuerza accesoria y sin capacidad de decisión alguna. Sólo un cambio de fuerzas a nivel nacional le daría el revulsivo necesario para ganar peso en el País Vasco, pero eso, de momento, no se dará a corto plazo. Los grandes perdedores de la noche son el espacio a la izquierda del PSOE, donde se presentaban por separado Pablemos y Sumar. Los representantes de la familia del ex líder supremo han sacado cero escaños y los de la marca de Yolanda Díaz uno. Partían de los seis que tenía Elkarrekin Podemos, por lo que no hay que ser muy espabilado para comprobar que lo cosechado es una profunda derrota. El escaño de consolación lo han logrado por Álava, donde es mucho más barato en votos que en el resto de provincias. Ellos y Vox se han visto beneficiados por este aspecto y, aunque psicológicamente no han desaparecido, han conseguido escasamente cinco mil votos cada uno de ellos, superando por poco el 3,5% de todos los depositados. La coalición de Yolanda Díaz naufraga en cada elección que se realiza y sus expectativas nacionales son, cada vez, peores. Sobre la secta de Iglesias y familia, poco más que añadir. Su desaparición es una excelente noticia.

Decía antes que, por ahora, el PNV mantendrá el poder porque el PSE le apoyará, pero saben los “jeltzales” que no pueden descartar un escenario como el de Pamplona, una traición ordenada desde Moncloa, que otorgue a Bildu el poder con un apoyo del PSOE, total o parcial. A corto plazo ese movimiento no se va a dar, pero la idea de que pueda suceder, visto lo visto, está en la mente de todos, también en la del PNV, y eso le obligará a ser cauto. Es probable que la continuidad del gobierno vasco se mantenga durante un tiempo, pero todo está sujeto a la volatilidad extrema de lo que sucede en la política nacional, donde el resultado de las catalanas de dentro de tres semanas determinará muchas cosas. Salvado por la campana, el PNV suspira de alivio, pero con el susto ya instalado en el cuerpo.

jueves, abril 18, 2024

Raúl del Pozo y la amistad de un periodista

En La2 de TVE, la cadena que casi nadie ve que sí tiene programas propios de una televisión pública, se ha estrenado una serie de diez capítulos, titulada “En Primicia” en los que Lara Síscar, flanqueada por amigos y conocedores del personaje, recorre la vida y obra de periodistas fundamentales de nuestra historia. El primer capítulo, dedicado a Raúl del Pozo, es un ejemplo de buena producción, guion y testimonios, tanto del homenajeado como de aquellos que le han conocido y glosan su figura. Es muy recomendable su visión y creo que, en conjunto, la serie merecerá mucho la pena. Enhorabuena a Lara y el resto del equipo por su trabajo.

Entre las muchas cosas valiosas que suelta del Pozo en la hora que dura el programa, hay una que creo merece ser enmarcada en la mente de todos aquellos que, ahora o en el futuro, se dedican a la profesión, y es que un periodista no debe hacerse amigo de un político, nunca, porque el político le utilizará para sus intereses, y el periodista acabará siendo una herramienta más del poder. Es curioso que alguien que tiene más de ochenta años, y que ejerce aún su profesión de manera tan brillante, sea capaz de dar un consejo tan lúcido a tantos y tantos que, menores a él, por cuestiones biológicas, no dejan de ser ejemplo de compadreo con los políticos en el día a día de su ejercicio periodístico. Si algo de eso ha habido siempre, la situación actual llega unos límites de obscenidad que, sin duda, son una de las causas de que la percepción social de la figura del periodista se encuentre en uno de sus niveles más bajos. La pregunta “de qué partido es” que casi todos nos hacemos cuando nos mencionan el nombre de tal o cuál profesional es un síntoma inequívoco de decadencia. Lo peor se da entre aquellos entregados a la causa del partido de turno, que llegan hasta el punto de ser meros propagandistas de unas siglas, pervirtiendo por completo su profesionalidad en aras de prebendas, ingresos a cuenta o, quizás, un simple canapé más que el resto. La destrucción financiera de las empresas periodísticas que ha provocado la llegada de internet y las redes sociales ha hecho que muchos vean en el partido de turno la manera de garantizarse unos euros que les permitan vivir por encima de los salarios rácanos que ahora mismo se pagan en precarias redacciones donde la eventualidad es una de las únicas cosas no sujeta a cambios. El periódico con medios, profesionales bien pagados y equipos robustos hace tiempo que desapareció, y ahora las cabeceras subsisten dentro de estructuras empresariales carcomidas, con deudas, algunas de ellas cotizadas en bolsa a valores de derribo, con una relevancia social menor que la de cualquier influyente de esos que se creen la monda y arrastran multitudes. Convertirse en empleados a sueldo de unas siglas es caer lo más bajo posible, pero es algo que vemos y leemos a diario, sin que haya mucho pudor en quienes actúan así. Siempre ha habido pelotas del poder, nunca faltarán, pero es verdad que en los tiempos en los que Raúl del Pozo creció, no en los jóvenes, donde ir en contra del poder era meterse en un lío bastante feo, el periodista podía jugar a arrimarse a todas las bandas posibles y mantener siempre una distancia prudencial. Compadrear con el poderoso es algo que, al final, sólo acarreará ventajas al que mantiene el poder, no al que se ha utilizado como portavoz. Y si el poder se pierde, ambos acaban dando vueltas en el Linkedin, suplicando oportunidades y blanqueando un perfil que, hasta entonces, era de una militancia exacerbada. Recuerdo la película “los papeles del Pentágono” de Spielberg, muy recomendable, adorada por los periodistas, en la que en más de una escena se observa una camaradería absoluta de los protagonistas, periodistas y ejecutiva del Washington Post, con los políticos demócratas, la oposición en aquel momento, y cómo hay voces que les recuerdan que la principal diferencia entre el Nixon presidente y el demócrata opositor es que uno es el que manda ahora y otro el que lo hizo y desea volver. No es el tema fundamental de la película, pero se nota que, por momentos, alguno de los protagonistas se ve como un elemento con el que los que detentan el poder juegan, y “los suyos” también lo hacen, y eso le repele.

Supongo que desde la posición y edad de Raúl del Pozo es más fácil resistirse a estas presiones que desde un contrato precario y unos años en los que es casi imposible conseguir una hipoteca, y pactar con el diablo político puede ser la vía para acceder al salón con Netflix con el que sueñan tantos y tantos. Cada época es distinta, y las oportunidades y sueños también, pero lo que no cambiará nunca es el hecho de que, como dijo Lord Palmerston refiriéndose a Inglaterra, el poder no tiene amigos ni enemigos permanentes, sólo sus intereses son permanentes. Recuérdenlo todos los que se dedican a ese noble y necesario oficio del periodista.

jueves, abril 11, 2024

Bronca por Broncano

En este extraño país nuestro se da por sentado que los medios de comunicación públicos, pagados por los impuestos de todos, deben de estar al servicio del gobierno de turno, sea cual sea el medio y gobierno. El caso más obsceno es el de las televisiones autonómicas, auténticos NO DOs de sus creídos dirigentes, que cuando no retransmiten la boda del alcalde de la ciudad, como este sábado en Telemadrid con el enlace de Almeida, se dedican directamente al proselitismo sedicioso e independentista, como bien saben hacer en TV3 o EiTB. No entiendo, ironía, como alguien puede ver eso y cómo esas televisiones no son, directamente, privatizadas.

La joya de la corona, decadente, es TVE, sometida al más cutre de los mangoneos cada vez que cambia el equipo directivo de Moncloa, que inmediatamente empieza a escoger a candidatos afines para sentarlos en el Consejo de Administración con el único fin de que conviertan a los informativos de la empresa en portavoces oficiales de la verdad, es decir, de lo que al gobierno le interesa decir. Dentro del ente hay grupos de personas de afinidad más que descarada a cada uno de los partidos y bien que se encargan de pregonarlo y sacarle rédito, en forma de sustanciosos sueldos, cuando los suyos mandad, retirándose a los cuarteles de invierno cuando el viento sopla en otro sentido y conviene mantenerse a cubierto. Así, son muchos los empleados del ente que viven, y muy bien, en un escenario de politiqueo, sin importarles lo más mínimo la veracidad de la información, o el mero ejercicio de una profesión, el periodismo, que se está hundiendo en el lodazal del servilismo al partido de manera generalizada. La última gran polémica de la casa ha sido el intento, varias veces frustrado, finalmente logrado, de fichar al cómico David Broncano para que lleve su programa, La Resistencia, de Movistar al horario estrella de la noche. La idea, directamente ordenada desde Moncloa, busca hacerle la competencia al líder de las noches en España, El Hormiguero, en Antena3, considerada como cadena el averno por parte de los especialistas en propaganda sanchista. Pablo Motos, el presentador y creador del hormiguero, y Broncano, realizan un programa que no es muy distinto en el fondo, siendo ambas variaciones del formato de “Late Show” creado por las televisiones norteamericanas hace ya varios años, con enfoques diferentes en cada caso. Si quieren mi opinión particular, ambos programas me parecen un truño, son notablemente insoportables y no me hacen gracia, por lo que no los veo. En el caso de Antena3, financiada por la interminable retahíla de anuncios con la que llena su programación, es libre de hacer las producciones que le de la gana siempre que sean legales, allá ella con su dinero, como el resto de televisiones privadas, pero TVE, que se financia con el presupuesto del estado, con el dinero de todos los ciudadanos, la vean o no, tiene unas servidumbres de programación, estilos y contenidos que sí desarrolla en La2, canal que apenas se ve, pero que viola flagrantemente en La1 a todas horas. Gastar veintiocho millones de euros en un contrato con una productora ajena a la empresa pública, de la que van a sacar notable beneficio empresas amigas del gobierno como el Terrat o Prisa, para hacer un programa de entretenimiento con el que Moncloa quiere hacer la competencia a cadenas privadas y, de paso, recibir coba, es, me parece, malversación, derroche de dinero público, desvío de fondos que tendrían cientos, miles de prioridades antes que esa, algunas en TVE, otras muchas fuera de ella. La idea adiciona, plasmada en el contrato, de reducir el tiempo de emisión del Telediario de las 21:00 para que el programa de Broncano empiece antes es, además de una absoluta traición al departamento de informativos de la casa, una descripción de lo más precisa de para qué quiere el gobierno, en este caso este que padecemos, la tele pública.

Lo más probable, aviso que me suelo equivocar mucho, es que Broncano no triunfe porque el perfil de espectadores que tiene no se acerca nada al público que suele ver TVE, aunque pueda hacerle daño al Intermedio de Wyoming, una versión aún más sanchista de este tipo de espacios, que se emite en La Sexta (del grupo Antena3). Todo este asunto ha dinamitado el consejo de administración de TVE, presidido ahora por una militante socialista orgullosa de serlo, como no podía ser de otra manera, y hará un daño tremendo a la imagen de los informativos de la cadena, que debieran de ser lo más importante, pero que, por contrato, son considerados como meros teloneros de Broncano. Al final sí hay algo en lo que se parecen TVE y BBC. Ambas tienen tres letras en sus siglas.

martes, noviembre 14, 2023

Cameron, un inútil, repescado

Es un hecho constatado que el liderazgo político en los países occidentales se encuentra en constante y profundo declive. Una de las causas apuntadas es que el cada vez mayor éxito de la empresa y de sus ingresos asociados hace que los más brillantes acudan a ella y, por descarte, lo peor acabe formando parte de la carrera política, en la que el compadreo es mucho más importante que la capacidad. En España, desde el, me temo, presidente reelegido hacia abajo, uno puede comprobar que no son muchos los políticos que son capaces de leer algo y entenderlo, y sólo sobreviven por su instinto depredador y el miedo que les produce perder poder, cargo y prebendas.

David Cameron es uno de los peores primeros ministros que han pasado por el cargo en el Reino Unido a lo largo de la historia presente. Quizás sólo Liz Truss la breve y Borish Johnson el loco se puedan equiparar a su nivel de estulticia. Miembro de la clase alta británica, pasó por todos los colegios y universidades a los que obliga el pedigrí en aquel país para poder elaborar los contactos que te harán rico y te protegerán el resto de tus días. Es conocida su presencia en varias hermandades en su etapa docente, más interesadas en el alcohol y las novatadas que en el conocimiento. En su trayectoria al frente del partido conservador y el gobierno demostró un extraño empeño en destruir el Reino Unido, cosa que los enemigos de la Gran Bretaña seguro agradecerán con generosidad. Convocó un referéndum suicida sobre la posible segregación de Escocia de la nación, referéndum que allí es posible porque no hay constitución que lo prohíba y Escocia fue independiente antes de firmar una adhesión a una entidad llamada Reino Unido. Estuvo a punto de perderlo y, si lo salvó, fue por la activa participación del ex primer ministro Gordon Brown, laborista, escoces, economista brillante y personaje gris, que se movilizó como nunca para salvar a su nación. Después de semejante ejercicio de irresponsabilidad, Cameron debió pensar que si había fallado a la primera podía acertar a la segunda. Tras unos consejos de la UE en los que se mostró chantajista hasta un punto desconocido, y con la presión constante del nacionalista UKIP, encabezado por el psicótico Nigell Farage y adulado, entre otros, por un personaje de melena rubia descontrolada que empezaba a ser conocido por la opinión pública, Cameron organizó un segundo referéndum, en este caso para determinar si UK seguía o no en la UE. Optó por hacer campaña por la permanencia, pero con la indolencia propia de un señorito british que lo hace todo con desgana, salvo beber y perseguir chicas en las campiñas de Eton. El referéndum salió como todos sabemos, Cameron dimitió, se generó una enorme crisis en la UE y otra, mucho peor, en un Reino Unido fracturado, traumatizado, sometido al control por parte del ala más radical de un conservadurismo que lo es de nombre, pero que tiene una pulsión caótica en su interior digna de estudio psiquiátrico. Nadie echó de menos a Cameron tras su despedida, y un reguero de primeros ministros se han ido sucediendo al frente de Downing Street, todos ellos conservadores, ejecutando cada vez peor unas presuntas políticas en las que la improvisación, la total falta de rumbo y la inutilidad han estado por encima de todo. La pulsión entre el ala más dura de los conservadores, obsesionada por la inmigración y el control de fronteras, y las más posibilista, ha ido oscilando entre ocupante y ocupante del cargo, hasta llegar al presente, donde Rishi Sunak, de origen hindú y de alma conservadora partida es muy nacionalista en los días pares y aperturista en los impares, demostrando carecer de brújula. Frente a sus predecesores, ha aportado algo de sosiego institucional, cosa que era sencilla, pero no logra remontar en las encuestas, dirige una economía que apenas crece y está llena de graves problemas, y en lo social no cuenta con respaldo para sus decisiones. Es probable que en las próximas elecciones generales, si no cambia nada, los laboristas arrasen.

Ayer Shunak remodeló su gobierno, cesando a la polémica ministra de interior, que había hecho varias declaraciones muy agresivas al calor de la crisis de la guerra de Gaza, y sorprendió a todos repescando al incompetente de Cameron para el cargo de ministro de asuntos exteriores, un puestazo. La sensación que le queda a uno es de desolación, porque tras su catastrófica gestión pasada resulta que Cameron sigue recogiendo frutos, y sueldos públicos. Seguro que hay cientos y cientos de diplomáticos británicos infinitamente más competentes que él para ocupar ese puesto, pero no. Allí también los necios ascienden al poder y saben mantenerse. Así nos va.

jueves, agosto 31, 2023

El PP y PSOE no acordarán nunca

Es una buena noticia que Sánchez y Feijóo se hayan reunido, aunque nada haya salido de ese encuentro. Sólo una hora de reunión, pero es más que media. No creo que lleguemos a saber qué se han comentado más allá de lo que ellos o sus portavoces quieran hacer creer, pero lo cierto es que son las dos únicas personas que pueden presidir el gobierno y la suma de sus votos la única combinación capaz de lograr mayorías aplastantes que puedan aprobar medidas y reformas que son cada vez más necesarias, tanto en lo político como en lo económico. Que sea extraordinario que los líderes de los dos principales partidos se reúnan es una medida de la anormalidad que vivimos.

Es bastante probable que Sánchez consiga ser investido cediendo ante los independentistas todo lo posible, humillando al estado y dejando claro que el poder es lo único que le interesa. Eso no sería ninguna sorpresa, dado que todos los que se presentan a las elecciones aspiran a alcanzar ese poder por encima de cualquier cosa. Sigo pensando que la mejor estrategia para Sánchez es no pasarse en sus ofrecimientos a los sediciosos y ponerles en la tesitura de apoyar o provocar una repetición, en la que, de darse, Sánchez acudiría siendo aquel que no cedió lo que no podía. Ya veremos. En todo caso lo mejor, que sería un acuerdo PP PSOE, no se va a dar. Y no sucederá porque los electorados de ambos partidos no lo perdonarían. En esto se produce algo muy similar a lo que pasa cuando la gente es preguntada sobre lo que ve en la tele. Ante el interrogador se quiere dar una imagen buena y se declara sinceramente que todas las tardes La 2 reina en los hogares, pero luego, en casa, en privado, sin dar cuentas a nadie, la inmensa mayoría ve mierdas del corazón o descuartizamientos, y la audiencia de La 2 es la que realmente es. A la pregunta de si un partido debe pactar con su contrario para garantizar estabilidad al país y ofrecerle consensos, casi todos contestan con un sí rotundo, lleno de espíritu de la transición, pero a la hora de la verdad, en un pacto contra natura, el electorado del partido se revuelve y decide castigar al líder que ha firmado un papel con su oponente. Y eso en el caso del votante templado de ambas formaciones, porque el exaltado que tiene acceso a Twitter (lo de llamarlo X es absurdo) tardará dos nanosegundos en ponerse a escribir insultos, quejas, gritos y todo tipo de amenazas con adjetivos soeces hacia el cobarde traidor que ha tirado las esencias del partido para acordar algo con su enemigo. El peso de esta banda de descerebrados es menor del que parece y, sobre todo, inferior al insoportable ruido que generan, pero son una fuerza de presión determinante para los partidos, porque su forofismo es total y eso les permite a las organizaciones tener movilizados en todo momento y lugar para lo que haga falta. Las redes sociales han permitido que los “ultras” se hagan con el control mediático de los partidos, o que directamente los formen o dirijan, de tal manera que no hay forma de que la razón se asiente en las formaciones políticas. Por eso, y pese a que es la solución obvia, PP y PSOE no van a pactar nada. Si lo hicieran, los sediciosos, batasunos y ultras populistas de izquierda y derecha quedarían relegados a lo que son, extremos molestos, ruidosos, peligrosos pero incapaces de lograr nada. La inmensa mayoría de votantes del país ha escogido formaciones moderadas, reflejando lo que es la sociedad, un conjunto de personas que no viven el día a día a la manera crispada y rencorosa que desarrollan sus representantes políticos. Afortunadamente la inquina de ellos no se ha logrado trasladar plenamente a nuestra sociedad, que está partida por muchos ejes, pero que no se encuentra enfrentada. En general, esa bronca política se ha traducido, en el día a día de la calle, en desapego y hartazgo, y es lo mejor que ha podido pasar.

Los endiablados resultados del 23J ofrecen un parlamento con una posible mayoría sanchista tan ajustada que no sólo el insoportable coste de las cesiones, sino cualquier avatar que pueda suceder una vez lograda la investidura, puede dar al traste con un gobierno que estaría a merced de cualquiera de los muchos grupos que lo apoyan. Las primeras encuestas que han surgido, más lo harán en otoño, muestran un panorama casi inmóvil, abocado a la parálisis y el tedio, en el que la política y el gobierno se convierten en un problema y no en una fuente de solución. Ni si quiera en un mínimo sistema de gestión diaria. Eso es lo que tenemos. Deprimente, pero es lo que hay.

lunes, julio 24, 2023

Amarga victoria, alegre derrota

Recuerdan que el viernes hacía un pseudovaticinio de las elecciones de ayer, afirmando que el PP las ganaría pero que la gobernabilidad estaba mucho menos clara. Una vez conocidos los resultados, puedo decir que he, curioso, he acertado, porque sí que el PP las ha ganado, pero por mucho menos de lo que señalaban las encuestas. Los 136 diputados que ha obtenido son muchos viniendo de donde venía, pocos para lo que esperaba y nada para ser herramienta de gobierno. La suma de PP y Vox no alcanza los 176 diputados, por lo que el cambio mediante un acumulado del bloque de derechas, que era lo que casi todos los sondeos señalaban, no se puede dar.

¿Significa eso que la gobernabilidad está clara? Para nada. El PSOE pierde las elecciones. Obtiene 122 escaños que saben a gloria, porque son dos más de los que tenía, de tal manera que las expectativas de quedar por debajo de los 110 que se preveían por muchos se han deshecho. Sumar cae por debajo de lo que tenía Podemos, pero la suma de PSOE y Sumar se convierte en la primera fuerza parlamentaria. A partir de ahí Sánchez puede reeditar un Frankenstein II con los socios de investidura de la legislatura anterior, y sumando escaños se acerca mucho a la ansiada mayoría absoluta de 176, pero se topa con un obstáculo. Junts per Cat, el partido del prófugo Puigdemont, que cae, alcanza los siete escaños, y se convierte en la clave de bóveda del actual parlamento. Por absurdo que parezca, la investidura de Sánchez, y cualquier votación que se realice en el Congreso que requiera superar a PP+Vox necesitará, como mínimo, la abstención del prófugo de Waterloo, lo que es rizar el rizo. ¿Es capaz Sánchez de pactar con Puigdemont lo que sea con tal de mantenerse en el poder? Nadie tiene ninguna duda al respecto, pero lo que es obvio es que un resultado tan tan estrecho impide la mínima estabilidad necesaria para poder mantener un gobierno longevo. La investidura, a la que Feijóo ha dicho que acudirá, será un proceso largo en el que, tras el más que probable fracaso del candidato del PP, Sánchez tendrá apenas dos meses para amarrar un acuerdo de legislatura con unos socios que le van a exigir un precio alto, como ya adelantó ayer la candidata que actúa en nombre del prófugo. En todo caso, la euforia que se exhibió anoche en Ferraz es más que comprensible. Hasta que no comenzó el recuento el gobierno de Sánchez estaba casi liquidado y sus altos cargos tenían casi un pie ya fuera del gobierno. Ahora la situación es bastante distinta y las opciones de mantenerse al frente de los ministerios existen, y son altas. Por la misma causa, la celebración de ayer de la victoria del PP fue de lo más descafeinado, porque era evidente que ganar las elecciones no servirá, salvo enorme sorpresa, para nada. Respecto a las expectativas creadas, el PP se encuentra ahora en situación de fracaso, de objetivo que creía al alcance de la mano y que se le ha escapado de una manera incomprensible. Ahora comenzarán los análisis y será para muchos obvio lo malo que han sido algunos movimientos de campaña y de gestión de la victoria electoral en las autonómicas y municipales, los mismos movimientos que se consideraron exitosos hasta conocerse los resultados. La única esperanza para el PP, a corto plazo, es que se frustre la investidura de Sánchez por no poder hacer frente a las exigencias Puigdemoníacas o que, tras ser investido, la labor de gobierno sea una pesadilla en la que cada votación signifique un rubicón. ¿Cómo aprobar unos presupuestos con este parlamento? Esa esperanza cogerá a un PP noqueado, medio grogui, que va a sufrir bastante, y que se encuentra con una dirección general que no gestiona poder, y sí un grupo parlamentario que, más allá del ruido, no tiene capacidad para hacer casi nada. La sensación de vértigo se puede apoderar de más de uno en esa dirección popular, con el ruido proveniente de los que consideren a Feijóo como un candidato fracasado que es necesario reemplazar. En Génova hoy, y el resto del verano, serán días de crudo invierno.

La verdad es que salvo el PSOE y Bildu, que gana un escaño, todos los demás fracasaron anoche, aunque en sus discursos pareciera que el éxito benefició a todos. Los mayores desastres fueron para ERC, que pasa de 13 diputados a 7 y para los del Vox, que se derrumban de más de cincuenta a 33, convirtiéndose en irrelevancia absoluta. El fracaso de los de Abascal, una buena noticia, debiera hacer reflexionar a sus votantes, dadas las pocas luces de la dirigencia del partido, y darse cuenta de que su mera existencia es una garantía de que la mayoría de derechas no puede sumar por dispersión de voto, más allá de que el discurso de un partido trumpista y desquiciado apenas le gusta a nadie. En fin, un resultado de lo más complejo. Veremos cómo se trabaja con él después de las vacaciones.

miércoles, junio 21, 2023

Vox es, también, antipolítica

Hay un viejo aforismo político que dice que los partidos son como los autobuses de línea. Te acercan a casa, pero no te dejan en el portal. Uno coge el bus que mejor le conviene pero sabe que no le va a llevar hasta el límite de sus deseos. En sociedad, y con una complejidad creciente, las circunstancias personales de cada uno son inabarcables y las ideas dogmáticas, de manual errado, sólo sirven para arengar a los muy convencidos de ellas, pero a casi nadie más. En política las verdades absolutas no existen, los dogmas son peligrosos y las ideas mesiánicas fuente de dolor y sufrimiento. Es algo que enseña la historia una y otra vez. Y no aprendemos.

La llamada nueva política, que empezó tras el 15M, ha resultado ser algo parecido a la primavera árabe, un movimiento que trajo muchas esperanzas y que sólo ha generado caos y decepción. Inicialmente fueron dos las fuerzas que surgieron de ese movimiento, Ciudadanos y Podemos, y una tercera, Voz, que ya existía desde antes, de manera casi testimonial, se encarnaron en partidos hechos y derechos que empezaron a cosechar votos y cambiar el panorama político. Ciudadanos era una fuerza moderna, reformista, de aire liberal, que venía a cubrir el hueco del centro, que en España había sido encarnado de manera fugaz por fuerzas de éxito y luego ruina. Era una idea del liberalismo europeo de toda la vida que tuvo un ascenso meteórico, unas posibilidades maravillosas y que, por errores de estrategia que se estudiarán en las escuelas de negocio y política, naufragó. Hoy sigue existiendo como formación, pero lamentablemente ya no es nada. Los otros dos partidos eran espejos, reflejos simétricos de las ideologías clásicas llevadas a su extremo, que es donde se juntan en su afán totalitario y opresor. Podemos fue el que más lejos llegó, alcanzando el poder nacional tras las segundas elecciones de 2019 y el pacto de gobierno con Sánchez, y a partir de ahí ha ido decayendo, fruto de la soberbia de sus dirigentes, especialmente de ÉL dirigente, y de enormes errores propios, causados tanto por el dogmatismo como por el simple desconocimiento. Podemos ha sido un desastre como partido gestor y de cogobierno, y ha escorado al PSOE hacia unas posiciones antinaturales para ellos. Vox, que es lo mismo que Podemos, pero vestido con camisa azul y reminiscencia de escudos preconstitucionales, fue subiendo en escaños y poder a medida que el PP, privado del poder tras la derrota de Rajoy en la moción de censura, se sumía en sus líos y luchas. La estrategia del “cuanto peor mejor” demagogia mediática y en las redes y el afán de bronca, herramientas que también Podemos ha utilizado de manera masiva, han dado a los de Abascal una representatividad aparente mucho mayor de la que realmente tienen. En parte la subida de Vox también responde a una estrategia del PSOE, que veía con agrado como la división en la derecha servía para que ese espectro de voto fuera castigado a la hora de repartir escaños, por lo que impedía que el PP fuera nuevamente un gran partido. La debacle gestora de Sánchez y sus engaños constantes han hundido al PSOE y han propiciado que un nuevo ciclo de voto de derecha se haga con gran cantidad de poder local tras las elecciones de mayo y que, con elevada probabilidad, sume mayoría absoluta en el próximo Congreso que surja tras las generales de julio, pero será una suma partida, escindida en dos formaciones, la clásica del PP y la disparatada de Vox. Si hemos vivido durante estos años la pesadilla de un gobierno de coalición con exaltados comunistas puede que estemos a las puertas de tener a unos exaltados falangistas reivindicando la cuota de poder que creen que les corresponde.

Lo sucedido ayer en el parlamento extremeño es una perfecta muestra del disparate al que nos podemos abocar a partir del 24 de julio, con aires de 2019, si un partido intransigente, que tiene ideas propias de siglos pasados y que se cree poseedor de la verdad absoluta no permite que se forme un gobierno estable, centrado y moderado. Como le digo a la gente, si quieres que gobierne el PSOE, vota al PSOE, si quieres que gobierne el PP, vota al PP, pero votar a todo lo demás es meter en un lío a tu espectro ideológico y generar un caos en el que el país no avanza y nos somete a la melancolía de una política de bandos, insultos y demagogias. No cuenten conmigo para eso. Me parece genial que Podemos esté a punto de pasar a la historia. Ojalá Vox pierda votos a chorros en todas las elecciones y se quede convertido en la marginalidad ideológica que es.

lunes, junio 19, 2023

Xavier Trías y el saber perder

Afortunadamente la ley establece que la constitución de los ayuntamientos apenas deja margen para que no tenga lugar el día previsto y que no se salde con la elección de un alcalde, por lo que no tenemos unos ocho mil potenciales caos de investiduras atrasadas y demás disfunciones que pueden suceder en las autonomías y el gobierno central. Este sábado ha sido el día señalado, tras las elecciones de mayo, para realizar todos esos actos cívicos y administrativos. En la mayor parte de los casos ya se sabía quién iba a ser elegido regidor, bien por disponer de mayoría o por contar con un pacto que superase a la lista más votada, que es la que se lleva el gato al agua. Barcelona era la gran incógnita, y dio espectáculo.

Allí el más votado fue Trías, en la candidatura independentista de derechas de Junts, y después estuvieron el PSC de Collboni, Esquerra, independentistas de (eso dicen) izquierdas y luego los Comunes de Colau. Ambos partidos sacaron unos resultados muy similares, con un PP de quinta fuerza a una enorme distancia. Desde un principio se abrían tres posibilidades. Sin pactos explícitos, Trías, lista más votada, sería alcalde con una minoría muy inestable. A partir de ahí se abrían dos posibles pactos. Uno de ellos independentista, con Junts y ERC reeditando el bloque soberanista, ahora mismo sumido en una gran fractura, y el otro el pacto entre PSC y los Comunes, que con el apoyo del PP daría una mayoría no soberanista, pero que contaba con la oposición de los Comunes, que no podían soportar que el maligno PP les apoyara. Durante días Esquerra y Junts han estado negociando, y las cosas parecía que iban bien, por lo que por la primera o segunda alternativa Trías disfrutaría del momento de tener el bastón de mando en sus manos, y a sus setenta y muchos años coronaría su carrera política, emulando a joviales de su quinta como Biden o Trump. El hombre fuerte de Esquerra, Ernest Maragall, también es otro “joven”, promesa estrella de su partido. Sin embargo, el guion independentista se frustró por obra y gracia de la decisión del PP de sumar sus votos a los Comunes y al PSC, una vez que ambos habían anunciado que votarían conjuntamente, por lo que el socialista Juama Collbonie, que ha sido teniente de alcalde con Colau en la última legislatura, sería escogido como alcalde. El revuelo en el pleno fue grande, pero nada comparado con la indignación absoluta de un Trías que veía como la alcaldía que ya casi tenía en la mano le era arrebatada en el último minuto. Casi emulando esos esprintes ciclistas en los que la foto finish determina qué tubular ha sido el primero en cruzar la línea de meta, los votos no soberanistas vencieron a los soberanistas, y el PSC se puede colgar la medalla de haber reconquistado, tras muchos años, la alcaldía de una Barcelona que dominó en el pasado. El propio PSOE, aunque su relación con el PSC sea lo que es, puede exhibir el triunfo de gobernar la segunda ciudad de España. Los Comunes, desalojados de todo su poder municipal, mantienen una pica de influencia en el consistorio que más publicidad puede darles y el PP tiene como argumento para la venta su sentido de estado a la hora de una votación en la que no pintaba casi nada. Los que ganan, ganan, todos. Y los que pierden… bueno, lo pierden todo. ERC no consigue la vice alcaldía tras unos malos resultados locales en Cataluña y Junts pasa de las mieles del éxito en la plaza Sant Jaume a la nada más absoluta. Los gestos de Trías empezaron la jornada mostrando templaza y senny, pero la sorpresa iba creciendo a medida que el pleno avanzaba y, al desvelarse el sentido de las votaciones, trías pasó de una imagen de ancianito adorable y bonachón a la de un viejo resentido, cabreado y lleno de ira porque le habían quitado el juguete con el que soñaba. Enfadado, descolocado y poseído por la venganza, Trías hizo un discurso sabiendo que ya no sería elegido en el que, literalmente, mandó a todos a paseo y expresó un “que os den” que resonó en toda España.

En el fondo Trías actualizó aquel anuncio del Scatergorys, (los millenial no saben de qué les hablo) de tal manera que dejó claro que él y los suyos entienden la democracia como un juego en el que todos votan y se respeta la voluntad de los ciudadanos siempre que el resultado sea el que debe ser, es decir, que los ganadores sean ellos. Todo lo demás es pucherazo, bronca, usurpación de la voluntad, dictadura, fascismo y todas esas tonterías. Los “indepes” como buenos totalitarios, se llenan la boca con la democracia, el derecho a decidir, votar y esas cosas como meros procedimientos de refrendo de lo que desean imponer a la sociedad, y si esa sociedad les da espalda, la sociedad es traidora, manipulada e indigna de las nobles ideas políticas que los indepes proclaman. Menuda lección dio Trías el sábado, hizo todo lo que no hay que hacer, y como contraejemplo es, simplemente, perfecto.

jueves, junio 15, 2023

Sumando restas

Formar una coalición política es un tema serio, o al menos así debiera considerarse, sobre todo por los que están tratando de armarla. El problema muchas veces surge de lo que está detrás de la política, la lucha por el poder, y las ansias que eso desencadena. Cuando abunda, el poder se puede repartir y disfrutar entre más y eso apacigua los ánimos, pero cuando escasea la lucha se vuelve despiadada, cruel, sin descanso alguno. Esa es la base de muchas de las tragedias clásicas, que vemos repetida cada día en nuestro país y en todo el mundo, porque las personas somos como somos, y así nos va. Pero cuidado, fina es la línea que separa el drama de la farsa.

El proceso de construcción de sumar, el partido que encabeza Yolanda Díaz. Plataforma que reúne a todas las siglas a la izquierda del PSOE, ha sido una mezcla curiosa entre almíbar empalagoso y puñaladas traperas. El conglomerado y la nueva marca son, otra vez, el enésimo intento de envolver al partido comunista en una estructura que permita que a los comunistas no se les llame así. Primero fue Izquierda Unida, luego llegó Podemos, ahora nace Sumar…. En el fondo todo es de lo mismo, de esconder esa extrema izquierda populista, reflejo de la extrema derecha populista agrupada en Vox, bajo un paraguas que enmascare las pulsiones totalitarias de una ideología de pasado y presente indefendible. Creo que son quince las formaciones que se han unido entorno a YoYolanda, como la denomina brillantemente Carlos Alsina, y la última de ellas ha sido Podemos, un partido devaluado y camino del desguace por causas propias. Podemos se unió a la coalición sumar apenas a un par de horas del final del plazo de inscripción de agrupaciones para las elecciones del 23 de julio, en medio de un vodevil de acusaciones mutuas y de vetos explícitos no nombrados. Los súbditos del camarada Iglesias querían negociar con Yolanda de tú a tú, pero los resultados de las elecciones locales de mayo dejaron claro que el tono morado de Podemos se ha convertido en un pálido tirando a velo. Tras los votos, el peso de la negociación entre ambas partes estaba claro, Yolanda podía imponer sus condiciones e Iglesias y los suyos eran unos fantasmas sin capacidad de decidir nada, pero al líder supremo nada se le resiste, la realidad tampoco, y así, antes y después de los comicios, dedicaba todas sus fuerzas a atacar el personalismo del proyecto de Yolanda (sí, sí, el ególatra mayor del reino acusando a otros de personalismos) y exigiendo que Irene Montero debiera estar en las listas de sumar como la reina que es. YoYolanda, que no es tonta, sabe que Montero es tóxica, un fracaso andante y una máquina de perder votos, y no la quiere ni en pintura, por lo que dejó claro a los negociadores de su parte, sin decir una palabra en público, que a Montero nada, y que Iglesias dijera lo que le viniese en ganas. Pablemos amagó con no unirse a la coalición pero, finalmente, lo hizo, eso sí, como el niño malcriado que es, diciendo que se ha unido pero que no está a gusto, que ha firmado pero que no hay acuerdo, y reiterando sus exigencias al momento siguiente de juntarse para que el proceso de conformación de listas sea el más convulso y zafio posible. Desde sus canales y púlpitos, bien regados de dinero, Iglesias sigue acusando a todos aquellos que no se pliegan a ante él de ser unos vendidos al capital, al fascismo y a todas las bobadas que no deja de decir desde que alguien le puso un micrófono delante, sólo que ahora ya no encandilan a tantos que, tontos, se dejaron engañar por el personaje. Ahí seguirá hasta que se cierre el plazo de constitución de listas, creo que el lunes que viene (no descarten sorpresas) y luego, en campaña, dirá que hay que votar a Sumar, pero con la nariz tapada porque son unos traidores a su causa y bla bla ba

Desde luego, si una plataforma política aspira a hacerse un hueco relevante en el panorama político del país, esta no parece la manera más inteligente de conseguirlo. Estos proyectos siempre nacen con un grupúsculo torpedeándolos, porque las esencias ideológicas de la izquierda pura prevalecen entre los iluminados de turno, se llamen como se llame, y no dejan de producirse escenas que hacen que los sketches clásicos de la vida de Bryan sobre el Frente de Liberación de Judea y el Judaico Popular sean el mejor tratado politológico al que uno pueda acudir para entender lo que pasa en esa jaula de grillos. Será difícil que sumar supere los veinticinco escaños, y eso sin el torpedeo de Pablemos y de los sectarios que le siguen. Proyecto unido e ilusionante lo llaman.

miércoles, mayo 31, 2023

Auge y caída de Ciudadanos

La historia de Ciudadanos es una de las más interesantes, bonitas, ilusionantes y frustradas de la política española de las últimas décadas, quizás desde que comenzó la democracia y se consolidaron los partidos clásicos. Surgió en medio del marasmo catalán, con el crecimiento del sectarismo secesionista catalán, como respuesta democrática y liberal a las ansias separatistas. A partir de ahí, de un comportamiento valiente y coherente, junto con una campaña moderna y un candidato novedoso, un tal Albert rivera, logró un protagonismo en los medios nacionales en un momento en el que, en el conjunto del país, PP y PSOE se iban a enfrentar a la gran recesión y a los daños que iba a provocar.

Ciudadanos salta a la política nacional en el momento en el que se inaugura la llamada “nueva política” la surgida tras esa catarsis que fue el 15M y que originó en un movimiento social de base amplia, que luego sería hábilmente secuestrado por una formación de extrema izquierda llamada Podemos. Ciudadanos y Podemos encarnaban dos formas muy distintas de abordar los problemas que asolaban al país, pero ambos surgían de una sensación social de fracaso de la partitocracia existente. El PSOE de ZP no quiso ver la que se le venía encima con la crisis y quedó arrasado. El PP llegó al poder pero, maniatado por la realidad económica y una visión funcionarial de la vida, propia del registrador que era Rajoy, completamente ajena a la pulsión social, nada empática, se fue desangrando. Además, la corrupción empezó a ser relevante en el panorama y los casos se iban multiplicando. La respuesta a todo ese caso, que era muy intenso, afortunadamente no tuvo ningún componente violento, y se canalizó hacia las dos formaciones novedosas, uno de extrema izquierda y otro de corte liberal. Como decía mucho en aquellos momentos, esos partidos no eran la solución al problema, pero sí fruto de él, una fiebre, un síntoma del malestar. Frente a la visión de izquierda setentera que vendía Podemos, Ciudadanos encarnaba un enfoque liberal que en España siempre se ha frustrado por una u otra vía. Era moderno en su concepción e ideario, se atrevía a proponer cosas como el contrato único y medidas avanzadas en economía, que se suelen tachar simplistamente de derechas, junto con una visión social de los derechos que, simplistamente, se suele tachar de izquierdas. Con una evidente falta de complejos y un equipo joven y muy preparado, Ciudadanos logró escalar hasta lo más alto de la política nacional y, en lo que iban a ser las primeras generales de 2019, se colocó como tercera fuerza política del país, a muy pocos escaños de un PP desmadejado, con un PSOE victorioso pero con escaso margen. Fue en ese momento cuando Ciudadnos, Rivera, tuvieron en su mano el destino del país, la oportunidad de cambiarlo para bien. Y un poco como Isuldur ante los fuegos del destino, la codicia le traicionó. Un pacto de Rivera con Sánchez otorgaba una cómoda mayoría absoluta, una estabilidad parlamentaria y una estrategia que hubiera moderado las pulsiones locas de un Sánchez al que no conocíamos entonces. Pero Rivera no pacto. Sánchez quería o no, eso seguirá en discusión eternamente, pero Rivera se obnubiló con la posibilidad de desbancar al PP, al que veía desde su bancada a tiro, herido gravemente, casi desangrándose. Rivera tuvo que escoger entre ser un seguro vicepresidente o entre el sueño de presidir un gobierno encabezado por él tras unos nuevos comicios en los que superase al PP y alcanzara al PSOE. Las brujas de Macbeth se le aparecieron y, que capullamente sabio era Shakespeare, ejercieron el mismo poder de influencia. Rivera se ahogó en su ensueño y se lanzó como poseso a la repetición electoral de aquel deprimente año, que le otorgó un resultado desastroso. Los ciudadanos que vieron al partido como útil para pactar lo abandonaron al comprobar que no pactaba y perdía su utilidad. El voto se fue en parte al PP y algo al PSOE, y no poco se quedó en casa. El resto, el pacto de Sánchez con Iglesias, lo conocemos de sobra.

Desde ese otoño de 2019 Ciudadanos no ha dejado de perder votos y representatividad. Rivera dimitió tras aquella debacle e Inés Arrimadas asumió el mando de una nave tocada y con un destino titánico, como el del barco. Su voluntad y arrojo no podían hacer nada para enderezar el rumbo y tapar vías de agua, y apenas contó con el apoyo de nadie en un ejercicio de capitanía condenado al heroísmo, entendido como el de la muerte del protagonista de la gesta. La decisión de ayer de no concurrir a las generales de julio es el colofón de una historia amarga, que compara lo que pudo ser, lo que a muchos nos ilusionó, con lo que ha acabado siendo. La realidad puede llegar a ser mucho más cruel que el más árido de los malvados deseos.

miércoles, mayo 17, 2023

Hipocresía electoral con lo de Bildu

No hay un solo atisbo de piedad ni de decencia. La ética arrumbada, la moral, sepultada. Sólo cálculo electoral, estrategas que miden tendencias, estiman a diario los votos que se pueden cosechar, mantienen vivas series de datos permanentemente actualizadas, miden impactos de lo que sucede en forma de votos ganados y perdidos y, en función de ello, recomiendan cambiar discursos y deshacer lo que hasta hace minutos era A por una B. Sólo hay eso, nada más que eso. Queda el consuelo de que siempre puede ser peor, pero el despliegue de mentiras que se quieren hacer ver como verdad es tan obsceno que asombra que sigan siendo efectivas.

El papelón al que Bildu ha arrastrado al PSOE es de los que merecen la pena ser recordados en un futuro. Si el PSOE ha gobernado ha sido por el apoyo de Bildu, y parece que no hay nadie en el viejo partido de Ferraz que se haya parado a pensar cómo reaccionar cuando un socio tan repulsivo realice actos indignos y supongan coste para la marca del puño y la rosa. Cuando nadie piensa pasa lo que pasa. Ya les comenté que Bildu incluyó a asesinos condenados en sus listas porque está muy orgulloso de lo que esos personajes hicieron, y decidió llevarlos en las localidades donde mataron para dar el mensaje, clarito, de que en esos pueblos ellos mandan, y que lo que se mató una vez bien matado está y no hay nada más que decir. Pura mafia. Nada sorprendente. Ante la noticia, la reacción socialista, y del gobierno, fue la del silencio para tratar que una polémica no esperada que ha irrumpido en campaña se diluyera lo más rápido posible. Primer control de daños, que pase el cáliz y que no se hable de ello. La labor de denuncia de Covite es cogida en volandas por muchos, no pocos nos indignamos, y la polémica no deja de crecer. Los estrategas del PSOE empiezan a escoger a unas declaraciones tibias de que no les gustan esas listas frente a la respuesta inicial de escapar de los medios, y los que trabajan en la sala de máquinas electoral empiezan a detectar que la polémica hace daño, que ha generado una vía de agua por la que se van votos. Los medios afines al gobierno tratan de tapar la brecha de una manera tan voluntariosa como triste, pero es tarde. La bronca crece y, con ella, los daños. Algunos barones socialistas empiezan a decir que con Bildu nada de nada, después de tres años de legislatura en la que con Bildu todo de todo, y la posición de Ferraz y Moncloa empieza a ser insostenible. La oposición ni se cree el regalo que le ha caído y lo explota con toda la capacidad de la que es posible, como es de esperar, porque en campaña las desgracias de uno son alegrías de otro. Ayer, Bildu decide dar una especie de marcha atrás y anuncia que los siete condenados por delitos de sangre no estarán en las listas, pero dice en su comunicado que todo es fruto de la intoxicación de las cloacas del estado y que ellos son pacifistas y demás morralla fruto del delirio. Lo único cierto es su experiencia propia en el tema de las cloacas y demás residuos. Tras ese anuncio se sucede la catarata de reacciones y, evidentemente, de entre los que más se alegran por la decisión de renuncia de Bildu son los que primero no se pronunciaron al respecto, es decir, Moncloa y Ferraz, que se felicitan por una medida que ni por asomo solicitaron ni quisieron valorar. En cuatro días de escapar de la prensa para eludir comentarios a convocarla para expresar su satisfacción por la decisión de sus socios necesarios. ¿Se puede ser más hipócrita? Pásmense, pero sí. Hay tenemos el caso de Podemos. Si los socialistas han pasado de huir del tema a sacarle rédito, los morados directamente han hecho el viaje completo, porque como muy amigos que son de Bildu, y en este caso con orgullo manifiesto, alabaron en su momento la capacidad que tenían los exbatasunos de hacer con sus listas lo que quisieran, dando así su apoyo a que la mafia se comportase como tal, y ayer alababan el gesto pacificador de los de Otegi, en un cambio de declaraciones que es tan cutre y falso como impostado. Teatro del malo.

¿Alguien se salva de la quema de este triste episodio? La oposición ha hecho leña del árbol caído, porque los del PP y cía también tienen un equipo que detecta cada voto que se mueve, y han visto en este episodio el sueño de sus deseos, pero también hemos visto al PP en situaciones chusquísimas en las que no ha dejado de cometer errores y tomarnos por tontos. Curiosamente, el PNV ha mantenido desde el principio una postura muy dura contra Bildu, pero ahí los que se encargan de contar las expectativas de voto en Sabin Etxea, la sede bilbaína del partido, también cuentan, de cara al enfrentamiento a cara de perro que ambas formaciones van a vivir en muchos municipios vascos. Sí, sólo Covite puede mostrar con orgullo que ha ganado una batalla contra los etarras y sus colaboradores. El resto, cenizas, tierra baldía, y sin rastro del arte de TS Eliot.

miércoles, mayo 10, 2023

Subastas electorales

Iba a decirles que, cuando llega la campaña electoral, se produce un disparo de ofertas para intentar seducir, o engañar, a los electores, pero como vivimos en campaña permanente desde hace años no está claro cuándo empieza el proceso de subasta y cuándo termina. En todo caso, resulta curioso que los políticos piensen que este tipo de ofertas de gasto discriminado arrastran votos, que las califiquen como cañón electoral, dejando claro que su única intención con esos anuncios no es la de hacer algo a favor de los ciudadanos, sino sólo conseguir su voto para luego, como siempre, olvidarlos. Si lo hacen será porque funciona, y si así es, triste es.

En este juego, que todos practican, Sánchez vuelve a ser innovador en fondo y forma. El grupo de propagandistas que no descansa que vive en Moncloa inventa nuevas ideas de gasto que serán sufragadas por la ingente deuda pública, que no cesa de crecer. Elaboran en paralelo un discurso mitinero para el jefe y un extracto para los medios afines, para que haya coordinación entre el líder y los periódicos, radios y televisiones que trabajan a su servicio. Sánchez sube a la tribuna de un polideportivo o lugar lleno de gente en fin de semana en el mitin que toque, y anuncia lo que el Consejo de Ministros aprobara el martes, con el citado incremento de gasto no presupuestado como único punto en común con todos los anuncios. Al poco de ese mensaje ya algunos medios propios empiezan a difundirlo como la buena nueva de la semana, aunque sea algo sin contenido, sin viabilidad, sin capacidad de llevarse a cabo. Qué más da, es propaganda. No pasa mucho tiempo hasta que el resto de formaciones políticas responden al anuncio, y de los primeros suelen ser los socios de gobierno. Por lo general se muestran muy críticos con lo que Sánchez pregona, usando para ello incluso términos duros, soeces. Se escandalizan de una forma impostada, falsa, porque a los dos o tres días del anuncio tendrán en la mesa del Consejo de Ministros, el que se supone que es de verdad, el texto del anuncio redactado en formato BOE, trabajo realizado por el equipo de Moncloa. Y ahí, dóciles y mansos, los miembros de Podemos votarán de manera unánime con sus compañeros socialistas, a los que insultan sin cesar, pero de los que dependen las elevadísimas nóminas que los altos cargos morados se llevan todos los meses a casa. La rueda de prensa tras el Consejo de Ministros es una prolongación del mitin del fin de semana, sin tanta alharaca porque no hay público que aplauda (algunos de los periodistas allí presentes quizás lo harían, por gusto u obligación) y se anuncia la nueva a los cuatro vientos. Supongo que la tarde del martes será libre en Moncloa y el personal descansará tras el ímprobo trabajo realizado, y a partir del miércoles nuevas reuniones de ideas para ver qué se anuncia el fin de semana que viene, que toca mitin en otro recinto urbano. Cuánto gasto nos sacamos de la manga para promocionar otra idea que afecte a un segmento del electorado que nos ha abandonado por nuestra incompetencia y debemos recuperar recomprando, y cómo estructurar los párrafos del anuncio y los artículos de la prensa para mantener la tensión. En una de esas reuniones alguno de los asistentes puede que mencione el que de las medidas anunciadas hace un par de semanas, o tres, ya se ha visto que, en la práctica, no se va a poder hacer nada de nada, y que todo es un bluf que apenas se aguanta, pero ahí aparecerá uno de sus jefes, recordándole que nadie se acuerda de lo que se prometió hace tres semanas. El efecto que se consiguió entonces conseguido fue, y ahora hay que repetirlo, y que da igual lo que se anuncie, sea bueno malo, realista o falaz. Esto es propaganda, no gestión. Y el empleado dudoso se pondrá al trabajo con la ilusión del primer día.

Una de las causas de la desafección del ciudadano con la política es esa sensación de que los gobernantes nos toman por tontos, y en campaña, o pre, prometen todo lo posible, a sabiendas de que no lo harán. Pero parte de la culpa de ese proceso de mentira consentida la tenemos los propios ciudadanos, a los que nos encanta que nos adulen y nos hagan la pelota, también a sabiendas de que los cariños que nos manda el gobernante son tan falsos como los títulos de deuda griegos de 2012. En este juego mutuo de mentiras nos movemos todos, políticos y gobernados, y poca cosa seria puede surgir. Lo único seguro es que el gasto no dejará de aumentar, y de que como nada es gratis, alguien acabará pagándolo. Y será usted o yo, no el político.

lunes, abril 03, 2023

Podemos no pudo, ¿Sumar sumará?

Si uno sigue la política española en los últimos años, además del ruido insoportable, comprobará que las palabras y expresiones que se usan han perdido todo su valor. Si alguien desconoce el idioma seguro que no entiende nada y, para los que lo conocemos, se puede decir lo mismo, añadiendo un toque de indignación. El marketing político siempre ha sido burdo, nada elaborado, pero Rajoy fue el que llegó más lejos en el arte de no decir nada hablando mucho. Tras él vino la política del no es no, que ha sido superada por la tautología inversa, la ley del sólo sí es sí, que esconde tanta incompetencia en su redundancia que resulta antológica. Explíquele a un guiri que es eso del no es no y sí es sí, y entonces quizás se de cuenta de lo absurdo que resulta todo.

El lanzamiento de la candidatura a la presidencia del gobierno por parte de Yolanda Díaz ha puesto la marca Sumar en el disparadero, y la ha unido al enorme conjunto de nombres, adverbios y términos que se engloban en el espectro de la izquierda, auténtica máquina de crear formaciones que se suceden unas a otras en un continuo espacio tiempo ideológico. Sumar nace del hecho de que Podemos no puede, y aquí tienen ustedes otro juego de palabras difícil de explicar a un foráneo. El invento que creo Pablo Iglesias hace tiempo que se ha convertido en una decadente secta a mayor gloria del líder fundador que, desde la trastienda, maneja los hilos de un conglomerado político que tocó techo hace bastante tiempo y se desinfla sin remedio entre su propia incompetencia y el sectarismo que reparte a los demás. Surgido del caldo de cultivo de la indignación del 15M, Podemos nació como una formación de orígenes diversos, que sobre todo respondía al hartazgo frente a la respuesta bipartidista a la crisis económica, y de ahí su eclosión espectacular en todo el país, pero Iglesias, listo, supo organizarlo en forma de partido político, dejando la transversalidad muy rápido para refundar una organización comunista de corte estalinista, al servicio de su propia imagen y deseos. El disparo mediático de Podemos hizo que las formaciones a la izquierda del PSOE empezarán a ser llamadas confluencias, y se unieron en torno a este nuevo actor político, obteniendo muy buenos resultados electorales. Lo que era Izquierda Unida, esa carcasa creada para esconder las quemadas siglas comunistas, se pasó por completo a Podemos y Garzón e Iglesias escenificaron, con unas cervezas y abrazos en Sol, la unidad de ese espectro. Tras los buenos resultados, Podemos empezó a transformarse a toda velocidad en Pablemos, y no es un chiste, sino la descripción de una amarga realidad. Todos los que osaron no seguir los dictados del líder fueron siendo apartados, defenestrados, insultados sin piedad por las fieras que Iglesias controla desde sus redes sociales, y el partido fue siendo cada vez más una secta. Afortunadamente la gente lo fue viendo y el resultado electoral de la marca fue declinando desde su máximo, aunque antes tuvo la oportunidad de llegar al poder del gobierno tras la segunda repetición electoral de 2019. La derrota absoluta de Iglesias en las elecciones autonómicas madrileñas de 2021 le llevó a dejar la formación, de boquilla, y a nombrar a Yolanda Díaz como su sucesora, con la idea de que la marca Yolanda aportase algo de frescura a unas siglas chamuscadas pero, desde luego, siempre bajo la supervisión de Iglesias, que marcaría el mensaje, las candidaturas y los movimientos. UN trabajo en la sombra con una marioneta en el escenario. La marioneta resultó ser más lista y menso dócil de lo que el autoritario suponía, y ha creado su propia marca de una manera curiosa, en un proceso lento y con el respaldo que supone hablar desde la vicepresidencia del gobierno. La puesta de largo de la formación y la candidatura de ayer recordaba mucho a escenas vistas hace unos años, cuando Podemos era algo incipiente y generaba ilusión en ese espectro político. ¿Le espera a sumar un destino similar? ¿Estamos ante la repetición de lo ya visto? ¿Es Yolanda Díaz puro marketing o hay algo más?

Por de pronto ayer, en el acto, no estuvieron los dirigentes de Podemos, que a partir de hoy se van a dedicar a sabotear lo que Yolanda proponga a sabiendas de que no hay sitio viable en la extrema izquierda para dos formaciones. Podemos quiere coliderar Sumar con Yolanda, lo que significa que Iglesias siga decidiendo, y ella sabe que, si quiere tener alguna opción electoral, debe huir como de la peste de los modos y maneras del dictador de Galapagar. Si Sumar crece en su espectro el PSOE puede ser uno de los damnificados, de la misma manera que Sánchez puede beneficiarse de lo que la unión de ambas formaciones sea capaz de lograr si consiguen apuntalar sus resultados. Ahora mismo las encuestas no indican eso. Veremos a ver qué pasa.