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lunes, junio 22, 2026

Starmer, amortizado

La capacidad de la política británica para destrozar liderazgos es asombrosa. Su queman figuras a una velocidad que parece muy superior a la que se crean, y uno tras otro, da igual la ideología, van cayendo en la pira que es la dirigencia de aquel país tras el Brexit, del que ahora se cumplen diez años. Está a punto de cumplirse el segundo aniversario de la arrolladora victoria de Keith Starmer al frente del laborismo en las elecciones de 2024. Tras la debacle conservadora, y es muy probable que hoy mismo el primer ministro presente o su renuncia o un calendario que acabe llevándole a ella en un breve plazo. Starmer ha pasado de ser una esperanza para el país a un lastre para los suyos, que se lo han cargado en una revuelta interna despiadada.

Su más que probable sustituto es Andy Burnham, hasta hace no mucho alcalde de Manchester, y que hace pocos días conseguía un escaño en el parlamento de Westminster al presentarse por un distrito que tocaba renovar en el que el candidato laborista renunció para dejar que Burnham se presentase. Al parecer es condición necesaria que el candidato a primer ministro en Reino Unido sea miembro del parlamento elegido, cosa que no sucede en España, y Burnham, que encabezaba la oposición a Starmer, estaba fuera de la bancada parlamentaria. Su elección abrumadora ha supuesto un mini referéndum sobre su figura entre las bases laboristas y ha dejado claro que no están con Starmer, por lo que la posición del primer ministro se ha debilitado de una manera que se considera ya irreversible. Si Starmer dimite el parlamento votaría la candidatura laborista de Burnham y, dado que poseen mayoría, accedería al cargo, en un movimiento similar a los muchos que se dieron durante el agitado mandato conservador de 2020 a 2024, donde se sucedieron en el cargo Borish Johnson, Theresa May, Lizz Trust y Risy Shunak, siendo sólo el desquiciado Johnson el que se presentó a las elecciones. La legitimidad del poder en un sistema parlamentario la otorga la cámara, por lo que todos los anteriores fueron primeros ministros válidos, como lo será Burnham si accede al cargo de esa manera (o como lo fue Sánchez aquí tras la moción de censura, o como lo sería alguien si ganase una moción de censura presentada contra Sánchez). Starmer ha sido devorado por la realidad y algunos errores propios. La realidad le ha devorado por tres frentes. La economía, que no acaba de despegar en un país que sigue sin ser consciente de su progresivamente menor tamaño en la economía global, la relación con EEUU, totalmente desarbolada tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, y el problema de la inmigración, que deriva cada cierto tiempo en episodios de inseguridad, reales, hábilmente explotados por los populistas ultranacionalistas, que no dejan de subir en las encuestas. Starmer logró una amplia mayoría en las elecciones de hace dos años, pero ha sido incapaz de domesticar estos problemas, quizás en parte porque no sea posible hacerlo. Entre los errores propios son destacados varios nombramientos que han salido rana en puestos de su ejecutivo y aledaños, minando su imagen de gestor y, sobre todo, lo relacionado con el caso Epstein. Las revelaciones vinculadas al pedófilo y a su círculo de influencia han causado, curioso, mucho más revuelo en Reino Unido que en EEUU, y la figura de Starmer, que no tuvo relación con el caso, ha quedado ligada a él a través de Peter Mandeloson, figura icónica del laborismo británico, embajador del país en EEUU, y que sí que participó en cosas feas de las de Epstein, con el conocimiento relativo de un Starmer que nunca ha aclarado lo suficiente por qué mantuvo su confianza en Mandelson cuando ese escándalo estaba teniendo lugar. Explicaciones vagas, excusas, cambios de versión (¿les suena?) han ido minando la credibilidad de Starmer entre la opinión pública y más entre los propios, que han pasado de verle de un dirigente valioso a un foco de problemas. Quizás hayan pensado eso de “muerto el perro, se acabó la rabia” y han considerado que liquidar a Starmer es la mejor manera de evitar todos los problemas que a él se asocian, y durante un tiempo así será, pero visto lo visto, ¿cuánto puede durar el liderazgo de la nueva figura laborista? No apuesten por demasiado tiempo.

Lo cierto es que, visto desde aquí, me da una cierta envidia lo sucedido entre las filas laboristas. Han descabalgado a su líder porque lo ven incapaz y fracasado, no condicionados por el cargo que cada uno de los sublevados desempeñase en el partido o gobierno. Ha habido dimisiones internas, renuncias, declaraciones de protesta acompañadas de hechos prácticos, etc. Desde la partitocracia dictatorial que se vive entre nosotros, donde el líder, aunque esté atrapado en todo tipo de casos de corrupción, no es capaz de ser cuestionado por los miembros de su partido pase lo que pase, resulta envidiable la sensación de libertad que se disfruta en la política británica. Quizás ellos sí se lo creen, quizás son válidos y saben como sacarse la vida sin recurrir a la usurpación del cargo público. Da que pensar, ¿eh?

martes, mayo 19, 2026

Victorias y derrotas andaluzas

De la serie de cuatro elecciones autonómicas con la que se inauguraba este año, el plato fuerte, la más importante, era la de Andalucía. Es la comunidad más poblada de España, granero de votos para el partido que la domine, y contaba con mayoría absoluta del PP tras los comicios de 2022. Por ello todos los partidos lo veían, con razón, como caza mayor, pieza que cobrada vale mucho y perdida es dolorosa en extremo, aunque ya se sabe que casi nadie miente tanto como un político a la hora de minusvalorar sus derrotas. El PP salía a ganar y revalidar la absoluta, y el PSOE a remontar con una candidata casi tan sanchista como el propio presidente del gobierno.

El resultado no ha tenido grandes sorpresas, salvo una que casi nadie vio, yo menos, que es el gran ascenso experimentado por Adelante Andalucía, antigua marca podemita que se salió de la secta de Iglesias hace ya tiempo y que ha derivado a una curiosa mezcla entre ortodoxia de ultraizquierda y andalucismo. Subió de dos a ocho escaños, eso es como para sentirse muy ganador, y se quedó con el último escaño en varios de los repartos de restos, y eso es lo que le ha privado al PP de reeditar la mayoría absoluta, habiéndose quedado a dos de los 55 escaños que otorgaban la plena tranquilidad. El propio Moreno Bonilla reconocía la noche electoral, en su alocución ante militantes y prensa, que habían logrado el objetivo de la victoria y no el de la absoluta, porque lo que D’Hont da unas veces te lo quita otras, y efectivamente fue así. Es curioso, y meritorio, que el candidato del PP dijera una verdad tan clara y sencilla como esa. Su victoria es incuestionable, arrasante, aunque al no tener la absoluta se ve abocado a entrar en el lío, como el mismo lo definió, de acordar políticas con Vox, está por ver si puestos en el gobierno. Los de Abascal han mejorado un solo escaño, se consolida la idea vista en las elecciones de Castilla y León de que su ascenso meteórico ha podido tocar techo y que ya han alcanzado el máximo de sus aspiraciones. Eso no les está quitando nada de su verborrea y chulería, impropia ante unos resultados que son buenos pero que ofrecen unas expectativas de estancamiento, que es el paso previo a descender. Los 13 escaños voxeros son poco frente a los 52 peperos, por lo que las exigencias que puedan plantear se antojan menores, pero en tiempos de chantajismo irracional como el que vivimos todo es posible, y no es descartable que los de Abascal acaben consiguiendo consejerías desde las que pregonar sus ideas locuelas e irrealizables, que en nada arreglan los problemas reales de la gente, incluyendo algunos de los que ellos denuncian sin cesar. El resultado del PSOE ha sido el que muchos esperaban y desde el partido y gobierno no se quería admitir. Partían de 30 escaños, el mínimo histórico cosechado por Juan Espadas en los comicios de 2022, y la candidata María Jesús Montero, probablemente la peor de las posibles a excepción del propio Sánchez, ha logrado perforar ese suelo, llegando a los 28 parlamentarios, y dándose por satisfecha de que el guarismo no hubiera sido aún menor. Si el PSOE planteaba estas elecciones como un plebiscito sobre la figura de Sánchez y la que ha sido su entregada número dos durante todos estos años, el veredicto es claro. Los numerosos errores protagonizados por la candidata durante la campaña, con meteduras de pata serias, han contribuido a crear la imagen de una improvisación constante y de una mera fachada para colocar a alguien a quien el dedo del presidente le ha otorgado prebendas constantes, sin que en ella recaiga capacidad ni valor alguno. Tras dejar el Ministerio de Hacienda arrastras, sólo tras la convocatoria oficial de los comicios, la candidata llegó al territorio como una paracaidista de libro, y su campaña ha sido el perfecto ejemplo de lo que no se debe hacer. Ha sido, de hecho, tan mala, como algunas de las últimas campañas desarrolladas por el PP, que es experto en pifiarla. Que eso lo haga una maquinaria mucho más profesionalizada como es el PSOE resulta curioso.

Como era de esperar, tras la derrota aplastante, no se ha visto en ningún momento al líder del partido saliendo a dar la cara. El PSOE se ha convertido en una extraña secta de entregados a un sujeto que los sacrifica en el altar de su ego, al que todos ellos aplauden sin cesar hasta que son derrotados uno tras otro, sin que nadie pida explicaciones al soberbio sobre su comportamiento, decisiones y actos. Visto desde fuera es incomprensible ese amor a la inmolación que surge en las filas socialistas, e insultante para los sacrificados la desvergüenza con la que, tras cada elección, el líder se escabulle, no asume responsabilidad alguna y hace como si nada de todo eso fuera con él. No hay más ciego que quien no quiere ver, y el PSOE ahora mismo es una nave de cegados en manos de un desquiciado.

lunes, mayo 11, 2026

Debacle laborista en Reino Unido

Sir Keith Starmer fue elegido primer ministro de Reino Unido en julio de 2024, en breve se cumplirán dos años. Al frente de una versión moderada del laborismo, recogió el gobierno tras la debacle conservadora en la que se sucedieron mandatarios errando uno tras otro. Cosechó una amplia mayoría absoluta en el parlamento de Londres y puede que sea el mandatario europeo que goza de mayor comodidad a la hora de presentar proyectos a las cámaras y de hacer su trabajo. Pues bien, a un par de meses del segundo aniversario, su figura ya es una sombra de la que fue y tiene pinta de estar tan achicharrado como sus predecesores, aunque la línea ideológica de estos fuera la opuesta.

Parte de su derrumbe no es achacable a él mismo, sino a una economía como la británica, que al igual que el resto de las occidentales, no carbura como antes en un mundo en el que perdemos preponderancia, y eso lo nota el ciudadano de a pie en forma de precios más altos, carestía general, vivienda inasequible, salarios que no son capaces de soportar estos ascensos y competencia apabullante por parte de Asia, sea China o no. La llegada de Trump tampoco le ha ayudado nada, sino más bien todo lo contrario. Por motivos obvios, UK es el país europeo que posee la relación más estrecha con EEUU, de ahí que si en Washington hay tormenta en Londres no puedan evitar mojarse. Esa relación especial, como la llaman, sufre la misma crisis que la que vivimos los demás países occidentales con el gigante norteamericano, pero en el caso de UK los intensos y constantes vínculos entre ambas naciones amplifican el problema. Ver cómo desde el despacho oval se pone a parir al primer ministro británico es inaudito, y para el inquilino de Downing Street es algo para lo que no hay manual, dada su profunda anomalía. El resto de los problemas sí son achacables a Starmes y su partido, empezando por el incumplimiento de promesas económicas y sociales, lanzadas con la frivolidad habitual de las campañas electorales, que luego se estrellan contra unas cuentas públicas endeudadas que apenas son capaces de superar la prueba de los intereses de la deuda. El bono británico a diez años cotiza a unos tipos que superan ampliamente el 4%, bastante por encima del nuestro, y eso es una losa para las finanzas del país. Esos bonos que tiraron a la incompetente Lizz Truss a la basura a la par que se caducaba aquella famosa lechuga miran con el mismo recelo a Starmer y, sin ponerlo en la picota, lo amenazan día y noche. Las consecuencias del escándalo Epstein también le han perjudicado mucho. El gobierno nombró de embajador en EEUU a Pater Mandelson, un todopoderoso del laborismo, a sabiendas, como se ha conocido después, de que mantuvo una relación con Epstein, que luego ha salido en los papeles del pederasta, con frecuentes visitas a la isla de los horrores. No está claro si Starmer sabía todos los detalles, pero sí que era conocedor de esa relación entre el poderoso Mandelson y el sucio Epstein y, a pesar de todo, siguió adelante con el nombramiento. Eso es algo más que un error, y desde hace semanas, muchas, la sombra de este caso persigue al primer ministro con saña, sobre todo después de que Mandelson fuera cesado y, metido ya en sus propios líos, dejara de ser parapeto para el ejecutivo. En fin, un montón de hechos que han contribuido a que la figura del laborismo, y de Starmer como representante máximo del mismo, se hayan deshecho a una velocidad asombrosa. Curiosamente, o no, esto no ha servido para que los conservadores recuperen algo del prestigio perdido tras sus debacles. No, siguen sumidos en las sombras y, la verdad, con una perspectiva como partido y máquina de gestión del poder, realmente preocupante. La posibilidad de que el conservadurismo británico acabe siendo una formación anecdótica es, ahora mismo, algo más que una conjetura. Otro de esos hechos insólitos que cuesta creer aunque se vea.

El ganador de todo este tumulto es, se lo imaginan, el populismo, encarnado en UK por Nigel Farage y otra serie de personajes, a cada cual más inquietante. Al frente del Reform UK, ha obtenido un triunfo sonado en las municipales celebradas el pasado jueves, alcanzado miles de concejales y superando en intención de voto claramente a las dos formaciones clásicas. Con un mensaje anti inmigratorio duro, nacionalismo económico de garrafón y muchas dosis de demagogia, los de Reform han dado el golpe sobre la mesa que auguraban las encuestas y pueden convertirse en la primera formación política del país sin muchas dificultades. Starmer se ha negado a dimitir tras la derrota, pero crece la presión contra él en sus propias filas. Ya ven, para uno que gobernaba con mayoría…

martes, abril 14, 2026

Orban pierde el poder en Hungría

El dictamen de las encuestas electorales de las pasadas elecciones húngaras era unánime. Orban, tras dieciséis años en el poder, iba a perder la votación y con ello su poder. Sin embargo, el miedo que genera el personaje y la duda sobre lo que sería capaz de hacer en la propia jornada electoral alimentaban un sano escepticismo sobre qué acabaría pasando. Finalmente el domingo no hubo que trasnochar para asistir a la defunción oficial del régimen húngaro tras la arrolladora victoria del candidato Magyar, que logró la mayoría absoluta y. además, la necesaria para revertir las reformas desarrolladas por Orban en el país. 

Durante estos años Hungría se ha deslizado hacia el autoritarismo de una manera evidente y peligrosa. Si no ha caído completamente en él se ha debido a su pertenencia al club europeo y a los frenos que Bruselas ha intentado aplicar, pero se ha visto que no eran demasiado efectivos. El propio Orban definía a su régimen como iliberal, despreciando ese liberalismo que se encuentra en la base de las democracias tal y como las entendemos, ese liberalismo que permite que la voluntad ciudadana se exprese en las urnas pero que la libertar individual y los derechos de las personas sean lo que determinen los límites del poder del estado. En Hungría había elecciones, sí, pero no mucho de lo otro. La intromisión del poder en la vida del ciudadano era inmensa, y en este caso no por una ideología presuntamente socialista, no, sino por lo que se vendía como su reverso, por un conservadurismo tradicionalista que, tanto monta monta tanto, ha cercenado derechos por doquier y ha impuesto un modelo de gobierno en el que todas las instituciones estaban al servicio de un Orban no convertido en dictador, pero sí en lo más parecido a ello que se pueda imaginar en el contexto de la Europa de hoy en día. Su alianza con lo mejor de cada casa ha hecho que Hungría se convierta en un satélite ideológico de naciones como Rusia, China y los EEUU de Trump. Dos de esos países son dictaduras y en el tercero el magnate naranja sueña con construir la suya propia. Desde esa posición internacional, Hungría ha sido el caballo de Troya de Putin en Bruselas desde hace mucho, boicoteando en todo lo posible las muchas decisiones comunitarias que requieren unanimidad y, en el caso concreto de la guerra de Ucrania, actuando descaradamente como representante del país agresor, sin cortarse en lo más mínimo a la hora de despreciar a los ucranianos y festejar la invasión putinesca. Una posición muy deshonrosa en el exterior que se ha ido mezclando con la decadencia económica interior. Si las democracias son corruptas, ni les cuento los regímenes autoritarios. Las cifras económicas de Hungría muestran una decadencia que es una excepción entre el conjunto de las naciones del este europeo, que han visto como la adhesión a la UE ha sido lo mejor que les ha sucedido en casi un siglo, también en lo económico. Los miles de millones de euros de fondos europeos que riegan al resto de países vecinos no lo hacen en Hungría, donde la Comisión no ha encontrado otra manera de amonestar a su socio más díscolo que la de recurrir a ese chantaje económico. La verdad es que Orban se lo ha puesto fácil a Bruselas, porque el incumplimiento de numerosas condiciones referidas a derechos y libertades era flagrante, y eso daba argumentos legales a Bruselas para no transferir sus fondos. Envuelto en la retórica ultranacionalista, Orban ha hecho lo que habitualmente hacen los que son como él, empobrecer a sus naciones, empequeñecerlas, someterlas, hacer que viajen a lo que se vende como un pasado idílico y no es sino un pasado peor, un pasado de atraso. 

La principal bandera de enganche del candidato vencedor, que viene de una escisión del movimiento de Orban, es la lucha contra la corrupción, La supermayoría alcanzada le va a permitir desmontar legalmente mucho de creado por el orbanismo, pero el número de parásitos leales al régimen que se encuentren en cualquier punto de poder en Hungría será tal que va a costar mucho deshacer el régimen. El domingo por la noche fue casi festivo en Europa tras la derrota de quien ha sido uno de sus mayores enemigos internos. Voxeros, putinistas, trumpistas, pablemos y demás populistas globales han perdido a un aliado, más bien a un siervo. Y eso también merece ser festejado.

lunes, marzo 16, 2026

Pocas sorpresas en Castilla y León

En el primer fin de semana de la campaña electoral para las elecciones de Castilla y León estalló la guerra de Irán, y desde entonces, tanto las dos semanas de mítines como la jornada electoral han estado sepultadas por lo que iba sucediendo en el país persa y sus alrededores. El ojo de los informativos ha estado muy alejado de esa Comunidad Autónoma, y sólo ayer, el día de las votaciones, los informativos se centraron en ella, pero incluso en los programas especiales se mantenía un ojo fijo en Ormuz, con las últimas noticias que llegaban desde allí, entre escaño bailante y porcentaje de escrutinio.

Los resultados no han sido demasiado sorpresivos, aunque sí hay algunas diferencias respecto a lo que señalaban las encuestas. El PP gana, como se esperaba. Sube en escaños, de 31 a 33, y en porcentaje de voto, algo más de cuatro puntos, siendo este su dato más positivo de la noche. La mayoría absoluta queda muy lejos para Mañueco, pero eso lo daba todo el mundo por descontado. Frente a los resultados extremeños o aragoneses, buenos, pero por debajo de las expectativas, el PP puede estar bastante satisfecho. El PSOE sube en escaños, pasa de 28 a 30, y gana casi un punto porcentual. Esta es una de las sorpresillas de la noche, porque las encuestas daban por sentado que iba a perder los comicios, como así ha sido, pero le otorgaban un resultado peor. Tras la debacle de Extremadura o Aragón el PSOE puede sentirse aliviado, aunque no el sanchismo. En este caso el candidato no es un exministro, sino alguien local, que lleva siendo alcalde de Soria bastante tiempo, y que ha hecho una campaña propia en la que Ferraz no ha tenido papel relevante. Huir del sanchismo le ha beneficiado al PSOE, lo que es algo que todo el mundo sabe menos en la menguante secta de los adoradores al líder monclovita. ¿Extraerá alguna lección de esto el partido? Probablemente no, ya que los siguientes comicios, Andalucía, presentan a la Vicepresidenta de candidata, por lo que el voto de castigo al sanchismo, como en las dos primeras elecciones regionales de este año, se repetirá. VOX ha quedado tercero, como se esperaba. Sube un escaño, llegando a 14. Es un muy buen resultado numérico, pero confrontado con las expectativas resulta un gatillazo. Ansiaban llegar al 20% de los votos y, por poco, no han logrado el 19%. Su trayectoria de disparo, que se dio en Extremadura y Aragón, se ve frenada en estas elecciones, y por primera vez se pueden encender algunas señales de alerta en los cuarteles, nunca mejor dicho, de la formación. Supongo que las purgas de estas últimas semanas y la deriva psicótica que caracteriza a esa formación desde sus inicios, que no hace sino acentuarse, no contribuirán a que su ascenso sea sostenido. Un partido que se dice amigo de los agricultores y que sigue de manera servil al magnate que está provocando una subida de los precios de los combustibles por sus aventuras en Irán debiera hacérselo mirar. Pero no esperen reflexión en VOX, me sorprenderían si así fuera. En todo caso, mantienen el control de la investidura, porque sus votos son necesarios para ella, por lo que están en una situación de chantaje similar a la que presentan Extremadura y Aragón. Es probable que, tras la jornada de ayer, se empiecen a desencallar los pactos de coalición entre PP y VOX en estas regiones, pero no es menos cierto que hoy VOX tiene una posición algo más débil que la que mantenía ayer antes de los comicios. El resto de procuradores se atribuyen a fuerzas regionalistas como la agrupación leonesa, con tres, Ávila existe con uno y Soria ya con uno. Esta última formación pierde dos parlamentarios, uno de ellos va a parar al PSOE, por lo que sale derrotada de esta noche. La izquierda de la izquierda a la izquierda de la izquierda del PSOE consigue unos resultados lamentables. Con unos veintitantos mil votos lo que es IU Sumar se convierte en una resta absoluta. Pablemos alcanza un tercio de esa cifra de votantes, y es duplicado por lo que saca la cutrez de Alvise. Las tres formaciones son escombros.

El resultado de ayer es beneficioso para el bipartidismo, ya que las dos formaciones nacionales salen ganando, y malo para los extremos, que menguan. El espectro extremo de izquierdas sufre, como les comentaba, un resultado tan lamentable que Rufián empieza a temer seriamente por la vidorra que se pega a cuenta de representar las presuntas esencias de algo que se disuelve. La extrema derecha también ve un primer escalón, el del 20% de los votos, que se le vuelve resistencia, que no logra franquear. Ojalá esto suponga el inicio de su bajada y que, junto con Pablemos y cía, llegue a la irrelevancia absoluta.

lunes, febrero 09, 2026

Aragón replica los resultados extremeños

Los comicios celebrados ayer en Aragón no han mostrado unos resultados muy sorprendentes, ajustándose bastante a lo que señalaban las encuestas, y reforzando unas tendencias que vienen viéndose desde hace tiempo y se consolidan a nivel nacional. Se ha vuelto a dar que el partido gobernante de la región, el PP, adelanta los comicios para reducir su dependencia de VOX y logra, sí, la victoria electoral, pero a cambio de unos números que aumentan aún más su dependencia respecto a la formación populista de derechas, de tal manera que la gobernabilidad, que era difícil, se vuelve aún más enrevesada. Y el resto pierden, aunque con excepciones.

Azcón, el presidente regional aragonés, ha salido algo decepcionado de lo que pasó ayer, aunque no quiere exteriorizarlo. Baja dos escaños respecto a lo que tenía, y ve como VOX duplica su fuerza, de siete a catorce, por lo que lo que antes era un grupo minoritario ahora es la tercera fuerza en al cámara y poco se puede hacer sin su concurso. La posición negociadora de los de Abascal en las cortes aragonesas se vuelve mucho más fuerte, y la del PP, más débil, como ya sucedió en Extremadura. También, al igual que allí, el PSOE sufre un resultado desastroso, iguala el peor de sus registros regionales en la comunidad, con el agravante de que, cuando eso se produjo, tenía a un Podemos enorme fagocitándole voto, por lo que se encontraba desplazado en su espectro político, pero la izquierda era la dominante. Ahora el PSOE se desangra en un escenario de crecimiento de la derecha, que si aunamos sus votos tiene un dominio regional como no se si se ha dado alguna vez en las tierras mañas. La candidata del PSOE, ministra y portavoz sanchista hasta el último momento en el que pudo serlo, ha sido, como se esperaba, un fracaso, y ha recibido en carne propia el castigo del electorado regional dirigido al presidente que él trata de eludir a toda costa, poniendo a subalternos fieles que son lanzados a las hogueras electorales en una sucesión de inmolaciones absurdas. Los fieles del PSOE contemplan con angustia como, elección tras elección, su marca y poder se deshace, cosa que no le importa en lo más mínimo al inquilino de Moncloa, únicamente obsesionado consigo mismo, y nada con el partido que utilizó para encumbrarse en el poder y que ahora se volatiliza bajo sus pies. Del resto de formaciones políticas, es muy reseñable el ascenso de Chunta aragonesista, izquierda regional que ha absorbido gran parte de los votos del populismo a la izquierda del PSOE y que duplica representación, por lo que ellos y los de VOX son los que pueden estar más satisfechos tras la noche de ayer. Se confirmó que lo que parecía un ascenso de formaciones provinciales denunciantes del abandono en el que se encuentran muchas de sus comarcas no era sino un espejismo. Teruel existe ha calado como lema nacional y se usa ya en contextos muy distintos al de la política, pero la formación ha perdido un escaño, y su relevancia se va diluyendo poco a poco. IU saca un escaño con un porcentaje de voto poco más que residual y su candidata, lo más gris que he visto en mucho tiempo, presume en su discurso de la estabilidad de su electorado (que va de casi nada a nada o casi) y el PAR, fuerza regionalista de larga trayectoria, no consigue escaño, por lo que ya veremos si la formación logra sobrevivir al desierto electoral y, sobre todo, a la ausencia de ingresos derivada de la pérdida de representación institucional. La participación subió ligeramente respecto a las últimas autonómicas, que también eran municipales, algo que no se esperaba, y eso no se ha traducido en un aumento del voto de izquierdas, sino más bien lo contrario. Los lemas de toda la vida para explicar las dinámicas electorales caducan a la velocidad a la que lo hace el cambio social.

Si Aragón es nuestro Ohio, que algo de eso tiene, lo visto ayer tiene una sencilla extrapolación en el caso de unas elecciones generales. Ahora mismo la suma de PP y VOX alcanza una holgada mayoría absoluta, con una más que probable victoria del PP en unas cifras que parecen haber tocado techo, en el entorno de los 140 diputados, y un VOX crecido que puede romper sus límites y acercarse a los 70, y con un PSOE al que VOX come los talones (Ayer en Teruel ciudad el PSOE quedó tercero) Con unas estimaciones más o menos como estas es lógico que Sánchez quiera apurar su mandato aunque no tenga ni presupuestos ni votos ni nada. Es muy probable que al desastre de su gobierno le siga el caos de la derecha pegándose entre ella.

lunes, diciembre 22, 2025

Final de 2025. Resumen nacional

El resultado de las elecciones autonómicas extremeñas de ayer es un buen colofón a este año, e indicativo de por dónde van los tiros en la desquiciada política nacional. En una de las regiones tradicionalmente más a la izquierda del espectro, la suma de PP y Vox alcanza el sesenta por ciento del voto emitido. El PP gana pero sin lograr la mayoría absoluta, Vox más que duplica su peso en votos y escaños, Podemos, la lista de extrema izquierda que se presentaba, mejora sus resultados y el PSOE obtiene los peores de su historia en esa región, dejándose once escaños y haciendo suelo en diputados y porcentaje de voto.

Todas las encuestas, menos la que se inventa Moncloa y publica con la marca del CIS, muestran un crecimiento sostenido del bloque de la derecha, un desgaste profundo de un PSOE noqueado y la reducción global de las posiciones de Sumar y Pablemos, si se quiere con un relativo trasvase de votos de la agónica marca de Yolanda Díaz a la de los morados. Este escenario se da en casi todas las comunidades autónomas, excepción hecha de País Vasco y Cataluña, con dinámicas políticas propias, que no obstante, en el caso catalán, también muestran la emergencia creciente de una posición de extrema derecha nacionalista, Alliança, que sube y sube. A lo largo del 2025 quizás la constante más clara que ha dominado la política, además de su absoluta infantilización, es la de los casos de corrupción que han ido rodeando cada vez más a la figura de un Sánchez asediado, que se ha acastillado en Moncloa contra propios y extraños, queriendo hacer ver que todo lo que sucede en su entorno no tiene nada que ver con él. El caso Ábalos y Koldo ha ido creciendo con personajes de todo tipo, algunos sacados de un vodevil cutroso como es Leire Díez, la llamada fontanera, y otros de gran calado político, como el de Cerdán, el que fuera secretario general del partido y que acabó dimitiendo pocas horas antes de que desde el partido y gobierno se le defendiera sin pudor alguno. Los informes de la UCO, hechos poco a poco y publicados con periodicidad, han sido como misiles dirigidos a la línea de flotación de un PSOE que no asume lo que pasa, y ha decidido ir por el camino de la negación. La debilidad del gobierno es palmaria desde que los sediciosos puigdemoníacos, aterrados con el ascenso de Alliança, han decidido romper con el gobierno y pasarse a la oposición con su habitual estilo elegante y comedido. Todos estos hechos aumentan la sensación total de parálisis, de bloqueo total en las cámaras y la imposibilidad de aprobar normas que sirvan para el bienestar del país. De los presupuestos mejor no hablar, porque este vuelve a ser otro año en el que se incumple la obligación legal de presentarlos, y se asume por no pocos que la incompatibilidad entre mantener el ejecutivo y no tener presupuestos es cosa de tiempos pasados, de gente pringada que no vivía en estos momentos de nueva política. Las perspectivas de bloqueo, como se podrá ver a partir de hoy en las negociaciones de gobierno en Extremadura, no son sólo propiedad de la presunta izquierda gobernante. Durante el año se han roto varios de los gobiernos liderados por el PP que estaban apoyados por Vox, y eso va a generar un cierto carrusel de elecciones regionales en 2026 (Aragón, Castilla y León y Andalucía) en donde es probable que se repita el patrón de lo sucedido ayer en Extremadura, de tal manera que el espectro político gobernante se traslade de la izquierda a la derecha, pero el problema del bloqueo siga. En unas hipotéticas elecciones generales pocos dudan de que la suma de PP y Vox alcanzaría una holgada mayoría absoluta, pero las disputas entre ellos pueden ser de tal calibre que veamos absurdeces como las reproducidas durante los primeros gobiernos del PSOE con Pablemos.

Sí, la política nacional está en un estado de degeneración absoluto. Hace tiempo que dejó de ser una vía para solucionar problemas de la sociedad para convertirse en una forma de proteger la vida de quienes a ella se dedican. Ayer, Gallardo, el candidato del PSOE, que cosechó el peor resultado visto por ese partido, no dimitió, y en su comparecencia acuso al PP de fracasar. El personaje está imputado en la trama de amaños para favorecer al hermando de Sánchez y busca un aforamiento por encima de todo para cubrirse las espaldas. Ayer lo logró, y eso es lo que le importa. Hay Gallardos en el PSOE, en el PP, en VOX, en Sumar, en Pablemos, en los sectarios partidos nacionalistas…. Así está el panorama.

miércoles, noviembre 05, 2025

Victoria demócrata en EEUU

Hoy se cumple un año de la victoria electoral de Donald Trump en las presidenciales de 2024, y como cada martes después de cada primer lunes de noviembre se han celebrado comicios en aquel país. El año que viene tocan las elecciones de medio mandato, que marcarán el rumbo de la presidencia del magnate, pudiéndole recortar poder en las cámaras. Las de ayer eran mucho menores, básicamente la elección de dos gobernadores, estados de Virginia y Nueva Jersey, y algunas alcaldías, destacando sobre todas ellas la de la ciudad de Nueva York. Todo era terreno propicio para los demócratas, las encuestas auguraban buenos resultados para ellos y no ha habido sorpresas.

La victoria más mediática es la de Zohran Mamdami, que ocupará el despacho de alcalde en la capital simbólica del mundo. Mamdami pertenece a la corriente más a la izquierda del partido demócrata, y es un abanderado de las políticas públicas intervencionistas. Se define a sí mismo como socialista, aunque eso en EEUU es un concepto que no tiene por que ser lo que entendemos aquí al nombrar esa palabra. Es musulmán, lo que le ha granjeado enormes críticas, algunas de ellas con un tufo racista que echa para atrás, por parte del trumpismo. Las redes sociales han vomitado de todo en contra de su persona, empezando por memes en los que aparece una estatua de la libertar cubierta por un burka como uno de los primeros efectos de su posible mandato sobre la ciudad. Todo esto no ha sido óbice para que su victoria sea clara, con la mitad de los votos que se han emitido en la elección. A sus 34 años Mamdami se ha hecho famoso en todo el país por una campaña muy visual, muy de generación Z, con vídeos cortos en Tik Tok con diseño impactante y un discurso bastante alejado del político convencional. No es el reverso de Trump, pero en cierto modo se inspira en sus formas. Ha arrasado entre la juventud de la ciudad y se ha centrado en los dos grandes problemas que sufre la urbe, la carestía de los precios en general y la de la vivienda en particular. Hace tiempo que comprarse un piso en Manhattan se ha convertido imposible no sólo ya para el ciudadano medio, no, sino directamente para el potentado medio, dadas las cifras millonarias que allí se estilan. Ese efecto ha hecho que barrios antaño asequibles como Queens o Brooklyn se conviertan ya en prohibitivos para las rentas del ciudadano medio, en un fenómeno que les sonará, dado que no hay que viajar al otro lado del charco para encontrarse con un mercado inmobiliario desbocado. En lo que hace a la vida normal, esta semana se han publicado varios artículos en España sobre cómo los precios son insoportables en la gran manzana. Muchos han hecho referencia a esos nueve dólares que puede llegar a costar un tomate. Repito, un tomate, no un kilo o un saco, no, una sola pieza. Tomarse un café en Manhattan está a precio de menú del día español, y vivir allí se ha convertido en una odisea. Gente de todo el mundo, que acude a la ciudad por sus encantos y su dinamismo laboral se encuentra con una realidad áspera a más no poder, en la que la supervivencia se logra por los pelos, y siempre con el cruel invierno neoyorkino, cuyas nieves y fríos no son de postal si el coste de la calefacción desborda el presupuesto. Mamdami, con mensajes dirigidos a los jóvenes y la clase media, ha centrado todos sus esfuerzos en prometer el control de esos precios, cosa que desde la alcaldía de la ciudad se me antoja difícil, pero al menos sí ha visto dónde se encuentran los problemas del habitante de la calle en su urbe. Las consideraciones personales de su figura, empezando por su religión, son algo que me parecen bastante secundario. Londres lleva ya varios años con alcalde musulmán, y el mero hecho de la demografía y el cambio social harán que eso se de también aquí. Serán las políticas de Mamdami, como las del resto de mandatarios públicos, los que determinen su futuro y el aprecio de sus ciudadanos, no a qué Dios rece o de que creencia se muestre partidario.

Trump ha encontrado en Mamdami una némesis que, de momento, ha utilizado en su campaña de memes burdos y amenazas. Desde la Casa Blanca se ha dicho que retirarán fondos federales a Nueva York si Mamdami resultaba elegido, y es probable que, ya desde hoy, Donal dedique algunas palabras cada día para meterse con el nuevo regidor de la ciudad de la que es originario. A buen seguro la bronca entre ambos y las zancadillas que puedan ponerse mutuamente va a ser una de las comidillas para los medios desde el mismo momento de la toma de posesión del nuevo alcalde, así que Nueva York, cómo no, seguirá en el centro del mapa informativo. Así es esa ciudad, siempre brillante, aunque a veces la sordidez parezca derrotarla por completo.

lunes, febrero 24, 2025

Merz gana en Alemania

No ha habido granes sorpresas en el escrutinio de las elecciones alemanas anticipadas celebradas ayer. El orden de los partidos, en función de sus resultados, ha sido el predicho, y si acaso la victoria de los conservadores de la CDU ha sido un poco menos holgada, en porcentaje de voto, y el disparo de los ultras de AfD mayor, pero las posiciones de ambos, y la dimensión de la debacle socialdemócrata, han entrado dentro de lo estimado. Parece que finalmente los números van a dar para que una unión entre conservadores y socialdemócratas tenga la mayoría absoluta necesaria para gobernar sin problemas, y los verdes no serían necesarios. Más sencilla una gran coalición que un tripartito, visto la experiencia del último.

Merz dijo varias cosas ayer por la noche, y al menos en dos de ellas tenía bastante razón. Una, la premura que hay a la hora de alcanzar acuerdos de gobiernos, “porque nadie va a esperar a Alemania” en un reconocimiento explícito de que el contexto global avanza por un camino en el que el que fue durante tiempo el regente de la UE pinta cada vez menos. Esa asunción es positiva, porque sirve para recolocarnos a todos ante el escenario que se nos presenta, ya que si Alemania se siente acosada y prescindible, qué pueden esperar naciones de medio pelo como la nuestra. La otra declaración positiva es la de que la UE, bajo el nuevo impulso alemán, debe buscar una independencia estratégica de EEUU, que se ha mostrado como un socio no fiable, más bien como un socio regido por una administración desleal y desquiciada. La entente franco alemana, condición necesaria para que la UE haga algo en cualquier tema, lleva un tiempo paralizada a cuenta de los problemas políticos en ambos países, y sería muy conveniente que, tras la recomposición de un gobierno estable en Berlín, esas dos naciones volvieran a trabajar al unísono a la búsqueda de un camino de supervivencia. En este caso se van a ver apoyadas por un socio no previsto, Reino Unido, que se ha quedado completamente colgado tras el error del brexit y al legada al poder en Washington de traidores a la idea del vínculo trasatlántico. Los tres países son la condición necesaria para que Europa sea capaz de tomar decisiones valientes, y pueden constituir el núcleo que adopte algunas de ellas, en una versión extrema de lo que se llamó cooperaciones reforzadas en el pasado, de tal manera que otras naciones, si quieren, les acompañen, y de esta manera se pueda eludir el veto de países pro trumpistas y pro putinescos, que tanto monta monta tanto. Merz sabe que en Alemania el sentimiento a favor de Ucrania ha decaído y que el peso que formaciones como AfD o Die Linke, extremistas pero muy alineados en su apoyo a Moscú, es relevante. Aunque se pueda mantener un cordón sanitario efectivo en la cancillería y en el parlamento federal a las iniciativas de la extrema derecha, el resultado de AfD es grave, y tarde o temprano, en alguna de esas elecciones regionales que se dan regularmente a lo largo del país, AfD acabará ganando y, quizás, logrando alcanzar el poder. El estancamiento económico que vive Alemania, la gestión de la seguridad, sometida a periódicos ataques de tinte islamófobo, y la ola exterior que va a causar inestabilidades y subidas de precios son el caldo de cultivo perfecto para que la rabia que se ha canalizado en el país en forma de partidos ultras siga siendo fuerte. Por eso el nuevo gobierno debe tratar de conseguir rápidamente un cambio en la percepción de la población alemana, que parece estar mayoritariamente en shock ante el contexto global y la recesión. El trabajo es, por tanto, enorme, difícil y sin garantía de éxito. Y Alemania, por su situación en el centro este de Europa, notará en primera fila las consecuencias de lo que pueda ser un pacto de derrota de Ucrania en la guerra, impuesto por el mal aliado de Washington. Ahí Merz, sospecho, sólo podrá estar como espectador, al igual que el resto de los europeos.

De los resultados de ayer da mucho que pensar que, mientras el votante de mayor edad se ha decantado por formaciones clásicas (CDU y SPD principalmente) AfD y Die Linke, extremistas de derecha e izquierda, arrasan entre el voto joven, que no tiene recuerdo alguno del pasado del país y se informa por canales alternativos en la red, pasando de los medios convencionales. Es normal que la protesta se de en la juventud, pero que adopte formas políticas totalitarias resulta llamativo y, si, preocupante. El ruido de fondo del extremismo sigue agitado en Europa, y la incapacidad de las formaciones tradicionales para combatirlo se mantiene. Mala combinación.

miércoles, noviembre 06, 2024

Elecciones en EEUU (II) Gana Trump

Pues entre la mala y el peor, ha ganado el peor.

Lo más curioso de esta noche electoral, que llevo siguiendo desde poco antes de las cuatro de la mañana, es lo poco disputada que ha sido. Frente al escenario de un resultado incierto, disputado, en el que puñados de votos decidirían el saldo final, y se podría llegar a un proceso de impugnaciones diletantes y peligrosas, todo ha transcurrido con la normalidad que otorga una ventaja clara. En todos los estados donde se preveía que cada candidato ganase, lo ha hecho o está a punto de hacer, y en el resto, en los “swing”, los oscilantes, el balance es trumpista por goleada.

Trump, a la espera de que se haga oficial, ha ganado las elecciones con más margen del que se esperaba según los sondeos, y ha conseguido que la gran parte de esos estados bisagra se decante por su propuesta, en algunos casos con una escasa diferencia de dos o tres puntos porcentuales, en otros por décimas, pero, en general, con resultados claros e incontestables. Más allá de que pueda alcanzar un registro en el colegio electoral mucho mayor que los 270 necesarios, pudiendo llegar a los 300 si las cifras actuales se consolidan, puede conseguir la victoria en voto popular, que a veces no se da de manera concordante. Las cosas, por tanto, están bastante claras. El resultado ofrece pocas dudas y en breve se podrá analizar en detalle cuáles son los estratos de votos que han decantado el resultado, cómo se han comportado muchas de las minorías a las que, se presupone, se asignan votos determinantes para alcanzar el resultado, la distinción de lo escogido entre las zonas rurales y las ciudades, entre el voto de los que tienen muchos estudios y los que no, entre niveles de renta y otras muchas posibilidades, pero lo cierto es que Trump han ganado y Harris, los demócratas, han perdido. No he incorporado en la frase anterior el concepto de “los republicanos” porque la verdad es que el antiguo partido con ese nombre se ha convertido en un movimiento dominado por Trump, a su servicio, dejando las esencias de lo que antaño fue el llamado GOP (Great Old Party, grande y viejo partido) reducidas a su mínima expresión. La maquinaria ideológica, o más bien emocional, que Trump ha logrado crear en torno a sí mismo ha conquistado las estructuras del partido y lo ha convertido en una mera carcasa. Por ello, el republicanismo no ha ganado, lo ha hecho el trumpismo. El magnate vuelve a la Casa Blanca en una segunda edición de su gobierno a lomos de una victoria electoral de las de primera categoría y deja a los demócratas heridos, tras una presidencia de Biden que no ha servido para consolidar su discurso. El cambio de candidato a tres meses de las elecciones no ha servido para remontar un escenario que era de derrota. Durante un tiempo la nominación de Harris pareció levantar las expectativas de voto, girar las encuestas, y dar una ventana de oportunidad a los demócratas, pero se ve que sólo era un espejismo. La derrota siempre es cruel y dolorosa, y más cuando las expectativas creadas eran altas. Harris, una mala candidata, que ha sido muy criticada a lo largo de su papel como vicepresidenta de Biden, probablemente ha terminado su carrera política de una manera amarga, cosechando para las mujeres la segunda derrota, a manos del mismo candidato, Trump, tras la decepción de Hillary Clinton. Ahora mismo el partido estará en shock, y es de esperar que en los próximos días se enfrente a la cruel realidad de la pérdida del poder en toda su extensión. El Senado ha caído también para los republicanos y la Cámara de Representantes está en trance de seguir siendo controlada por ellos, por lo que el poder de la Casa Blanca será enorme. Las pocas posibilidades para los demócratas se centrarán en los estados en los que mantengan los cargos de gobernador, y ahora mismo no se me ocurre mucho más. La reflexión que se impone en el partido sobre la gestión de Biden y, sobre todo, a mi modo de ver, la segmentación que han generado en su electorado alentando las diferencias de género y otras cuestiones, es algo que van a tener que replantearse mucho. La inflación que han sufrido las clases medias también les ha penalizado, y no lo han sabido ver.

Así, deprisa y corriendo, uno de los primeros lugares en los que se va a notar el resultado electoral va a ser en el frente de Ucrania. Esta noche habrá sido de fiesta en el Kremlin, donde una victoria de Harris hubiera supuesto el mantenimiento del estatus quo, al menos en lo que hace a la ayuda militar a Kiev. Es probable que Trump abandone por completo a Zelensky y, siendo mucho más próximo a Putin, al que en el fondo admira, contribuya a asfixiar el esfuerzo bélico de Ucrania. La UE no está preparada para suplir a EEUU en ese papel (ni para nada de lo que viene de ahora en adelante) y es probable que el signo de la guerra empiece a decantarse claramente a favor de Rusia, y que una rendición ucraniana esté más cerca en el horizonte. Mierda.

martes, noviembre 05, 2024

Elecciones en EEUU (I)

Hoy y mañana, en medio del lodazal real y metafórico de Valencia, toca hablar de las elecciones en EEUU. Desde que empezó el año el día de hoy, 5 de noviembre, estaba marcado en los calendarios de todo el mundo como el más relevante de los que iban a acontecer en este 2024, porque, aunque esté en aparente retirada, EEUU sigue siendo el país más poderoso del mundo y su presidencia la que puede alterar más el curso de las vidas de mucha gente a lo largo de todo el planeta. Nos gustará más o menos, pero es así, y no tiene sentido negarlo. Para unas naciones en decadencia como las europeas, este tema es de una trascendencia aún mayor, dado que seguimos viviendo en un mundo organizado, y sostenido, por EEUU.

A principios de año los dos aspirantes eran el desquiciado Trump y el senil presidente Biden. El primero de los debates electorales puso en evidencia que Joe no estaba capacitado para presidir, y menos para enfrentarse a una reelección, por lo que, golpe palaciego de los demócratas por medio, Biden fue sustituido como candidato por su vicepresidenta Kamala Harris, que en sus años en el cargo ha demostrado una incompetencia y malos modos sobre los suyos que le tenían desacreditada. Fue un relevo de emergencia casi sin tiempo para ello. El día de hoy determinará cual de los dos accede al despacho con más poder del mundo, y como le repito a todo el mundo cuando me preguntan, la elección se dirime entre la mala y el peor, por lo que espero que gane Harris, aun a sabiendas de que sería una mala presidenta, frente a un Trump que da miedo pensar cuántos desastres sería capaz de organizar en su segundo, y vengativo, mandato. En cuestiones como la economía las cosas no cambiarán mucho respecto a lo visto con Biden, salvo que se agudizarán si gana Trump. Demócrata adorado por tantos, Biden ha desarrollado una política bastante proteccionista que ha sido lesiva para intereses como los europeos. Sus normas, como la IRA, vestidas de inversión verde, eran incentivos gigantescos a la caza de inversiones que se desplazasen de otras naciones a territorio norteamericano, y eso ha generado allí unos datos económicos excelentes, en crecimiento y empleo, y un gran pico de inflación post Covid compartido con todo el mundo. Harris, si gana, seguirá por esa línea. Trump, si lo hace, la acentuará, y de paso impondrá aranceles a lo loco en un empeño proteccionista que nos empobrecerá a todos, pero hará más daño a las naciones más pobres, siendo peor para la UE, por ejemplo, que para los propios EEUU. Si en estos años no ha habido intención alguna por parte de la Casa blanca de reactivar ese zombi que es la OMC, la llegada de Trump puede suponer su entierro. El programa trumpista es aislacionista, cerrado, de suma cero, en el que se sigue la falaz idea de que lo que es malo para el resto del mundo es bueno para EEUU (y viceversa). Para los europeos una victoria de Trump sería devastadora, porque además del daño económico, se da por sentado que dejará de apoyar a Ucrania (conociéndole puede llegar incluso a apoyar a Rusia) y abandonará toda la política de protección basada en el pacto trasatlántico. Con una guerra declarada en el este y con una Rusia hostil que no cesa, Trump en el poder va a poner de los nervios a media Europa, que sigue, seguimos, sin estar preparados para un escenario de seguridad estratégica no dependiente de EEUU. Estos cuatro años de Biden en el gobierno podían haber sido aprovechados por las grandes naciones europeas para iniciar acuerdos de cooperación en materia militar y de seguridad, de estandarización de producción de armamento, de inversión en líneas industriales de defensa y de concienciación a la población de que la seguridad depende de nosotros mismos, pero no ha sido así. Sólo los países bálticos, que esta noche se la pasarán medio en vela, y naciones como Polonia, se han puesto en serio a pensar al respecto, pero carecen de capacidad para llevar a cabo estrategias de seguridad efectivas por su cuenta.

El resultado se prevé muy ajustado, en las centésimas en los estados que pueden decantar la presidencia, y el peor de los escenarios posibles es que lleguemos a una batería de impugnaciones, denuncias, quejas, acusaciones de fraude, no concesión de la victoria por parte del candidato derrotado (más probable si el perdedor es Trump) y se empiece a generar una sensación de violencia y hostilidad. La división en la sociedad norteamericana es profunda, y el miedo a los incidentes violentos no es una ensoñación, después del intento de golpe de estado con el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. Nos jugamos mucho esta noche. Espero que mañana podamos contar un resultado claro.

jueves, septiembre 12, 2024

El debate Harris Trump, y los gatos

Había mucha expectación sobre el primer debate electoral entre Kamala Harris y Trump, sobre todo tras el desastre vivido con Biden en junio. Para Kamala era la primera vez que se enfrentaba a una prueba similar, ya que el debate que tuvo entre vicepresidentes con Pence en 2020 fue realmente un soso duelo de segundones. La mayor parte de los comentaristas, cierto que poseen un evidente sesgo demócrata, consideran que ella lo hizo mejor que él, y que logró sacar a Trump de sus casillas, siendo esta una de las formas por las que se puede lograr derrotar a un mentiroso patológico como el magnate. Veremos qué efecto tiene en los sondeos en estados decisivos.

Lo más comentado del debate tiene que ver con perros y gatos, y eso es una buena muestra de hasta qué punto la política, allí y aquí, se ha convertido en lodazal en el que las bobadas de las redes sociales son las que determinan de qué se habla. En estos tiempos de complejidad creciente, de retos abundantes, de necesidad de consensos, y con un panorama internacional caótico y hostil, otra sarta de estupideces que enfangan la agenda pública y lo llenan todo de ruido. Un par de días antes del debate, JD Vance, el candidato a vicepresidente de Trump, dijo en algún mitin, y luego lo difundió en sus cuentas de redes, que muchos de los inmigrantes que llegan a EEUU, especialmente los haitianos, raptan los perros y gatos de los norteamericanos, sus mascotas, para comérselos. Así, con un par. Si hubiera dicho que eran alienígenas los que hacían eso la sandez no hubiera aumentado en exceso. Esto generó una enorme polvareda en X y otras redes, y reconozco que, cuando lo vi en inglés, dado mi precario dominio de la lengua, no entendía el significado de la frase, o traduciéndola directamente, no era capaz de saber qué estaba diciendo, si era eso literalmente u otra cosa. Pues no, era eso, eso, eso, lo que quería decir. Y va el jefe de Vance, el desquiciado Trump, y lo repite en el debate, acusando a Harris y a los demócratas de alentar la invasión de inmigrantes que llegan al país y se comen nuestras mascotas. Ante esto lo mejor que uno puede hacer es lo que hizo Kamala, reírse y poco más, porque muestra el tipo de personaje y “argumentario” que está utilizando. Ya no es que las noticias falsas o tergiversadas sean un elemento de toxicidad electoral que se usa para desorientar al electorado, no, es que estamos ante el lanzamiento de burdas mentiras de tamaño estelar a las que nadie con dos dedos de frente haría el menor caso, y que en tiempos de redes sociales son capaces de expandirse como el calor en verano. En España también vemos casos similares, como el del pseudoprograma de actualidad de los sábados por la noche de una cadena de número verde y par que lleva a actores que se hacen pasar por profesionales de sectores afectados por problemas y ahí suelan discursos ideologizados que interpretan con estimable convicción, sobre todo por lo que van a cobrar gracias a ello. Estas porquerías están en todas partes y, dado lo copiones que somos de todo lo que pase en EEUU, no faltará mucho para que alguien que se tache de progresista acuse a los del PP de cenar gatitos a la plancha y desde algún atril de Génova se diga que Sánchez es autófago, cuando la necia maldad de nuestro actual gobernante y la incapacidad de la oposición se pueden argumentar con hechos y decisiones ciertas, sin recurrir a chorradas. En fin, que si lo más comentado del debate fue eso la llevamos clara. La degradación de la política no parece tener fin.

Lo más positivo para Kamala vino, curiosamente, después del encuentro con Trump, porque recibió el apoyo explícito de Taylor Swift, quizás la mujer que ahora cuenta con la mayor influencia en el mundo. En sus redes, y frente al subliminal apoyo demócrata de 2020, manifestó su adhesión a Kamala. Este espaldarazo puede mover voto joven, tradicionalmente más pasivo, y ser vital en aquellos estados decisivos. Recuerden que las encuestas que miden allí la diferencia entre candidatos por voto nacional agregado sirven de poco. Será presidente el que gane estados bisagra como Ohio, Pensilvania y otros pocos más. ¿Decidirán los swifties el resultado final?

lunes, agosto 26, 2024

Kamala candidata

La semana pasada, en Chicago, el partido demócrata celebró su convención para entronizar al candidato a la presidencia, un acto muy visual diseñado para que toda la nación conozca al que va a ser la opción de cada partido a las presidenciales (los republicanos hacen lo mismo) y a la figura de su escogido como vicepresidente. En este caso los demócratas afrontaban una convención extraña tras la renuncia forzada de Biden y la proclamación acelerada de Kamala Harris como su candidata, y la elección de Tim Waltz, el desconocido gobernador de Minnesota, como su ticket de cara a las presidenciales de noviembre.

Vaya por delante que mi opinión sobre Harris es mala, ha sido una nefasta vicepresidenta y un bluf absoluto desde que fue seleccionada para ese cargo hace cuatro años. Lo que sucede es que en la elección de dentro de dos meses y poco se enfrenta una mala candidata, ella, a un peligro peor, Trump, por lo que lo más sensato es escoger el mal menor y, en caso de tener que votar en las elecciones de allí, lo haría, con la pinza puesta en la nariz, a la candidatura demócrata. Cuando en 2020 fue seleccionada como ticket de Biden la elección de Kamala se vio como un revulsivo, por su origen, trayectoria y edad. El compromiso que los demócratas presentaban era el de alguien muy mayor con experiencia y una nueva imagen del partido que se iría curtiendo en los años de mandato de Biden, con la idea de que fuera su relevo natural. Al poco de que Joe ganara la elección y se superase el golpe asalto del Capitolio, y empezase realmente su mandato, se empezó a difuminar la imagen de Harris y a verse como el vacío que ha sido durante estos años. Se le encargaron algunas tareas de importancia, como por ejemplo todo lo relacionado con la frontera y la crisis migratoria, pero no llegó a solucionar problema alguno ni a ser noticia por sus logros. De hecho, lo único que salía en prensa sobre ella era la renuncia constante de personal de su oficina, entre rumores de malos modos, formas bruscas, talante dictatorial y cosas por el estilo. Pasadas las elecciones de mitad de mandato de 2022 Kamala era como una especie de fantasma, existía pero nadie sabía nada de ella, y Biden tenía cada vez más claro que quería presentarse a la reelección, aunque sus lapsus y fallos iban a más y la imagen que empezaba a mostrar era realmente lamentable. Los estrategas demócratas, asustados, empezaron por negar la mayor, la cada vez más obvia incapacidad de Biden, y centrarse en él como la alternativa al desastre que supondría la vuelta de Trump, y en todos los planes había una ausencia, la de Kamala, que se supondría seguiría siendo candidata a vicepresidenta pero que no se esperaba que hiciera nada de nada en la campaña electoral. El catastrófico debate de Biden de junio dejó claro que no era posible que repitiera como candidato, y supuso el derrumbe del trampantojo demócrata organizado en torno a su figura. La revuelta de varios de los mandamases demócratas forzó a Biden a la renuncia, sin que estuviera nada claro quién podría asumir su papel de candidato a pocos meses de las elecciones. Kamala surgió como alternativa obvia pero durante unas horas, tras el comunicado de Biden en el que renunciaba de manera expresa a presentarse, el vacío en el partido fue total. A partir de ahí se sucedieron los apoyos a la nueva candidata, aunque resultó llamativo el retraso con el que los Obama respaldaron a la nueva figura. Harris, al cabo de una semana, era la candidata indiscutible y no se iba a producir un proceso de primarias nuevo ni nada parecido. Con el plazo tan corto que quedaba para la votación los demócratas estaban forzados a hacer un ejercicio de unidad absoluto, fanático, religioso, en torno a su nueva candidata, aunque fuera un movimiento forzado y con dudas internas, y la convención de Chicago ha sido el último de los actos litúrgicos organizados, y el más importante, para encumbrar a Kamala y Woltz en el papel de nuevos apóstoles de la progresía global. Su misión, complicada, sigue siendo la de derrotar a Trump, que ya insulta a Kamala día y noche como la rival real que es.

Las encuestas, que eran muy prometedoras para Trump, muestran ahora un escenario indeciso, donde Harris ha remontado notablemente, subida a la ola de popularidad tanto de la convención como del ejercicio de unidad demócrata suscitado en torno a ella. Sin embargo, poco ha hablado la candidata de su programa, de sus ideas, de lo que quiere hacer, más allá de ser un muro de contención del trumpismo. La nada que supusieron sus pasados años en la vicepresidencia puede volver a aflorar y dejar a Kamala en poco más que lo que es ahora mismo, un interesante experimento de marketing. La elección de noviembre está reñida, y la calidad de los adversarios es ínfima. Así están las cosas a poco más de dos meses.

martes, julio 23, 2024

Kamala, candidata

Tras la multitud de apoyos cosechados desde numerosas partes del partido demócrata, no todas, pero sí las mayoritarias, Kamala Harris tiene prácticamente en su mano la nominación en la convención de agosto, al contar con suficientes delegados, que iban a votar a Biden, pero ya no pueden hacerlo. El que se hayan disparado las donaciones a su campaña es, sin embargo, el síntoma más evidente de será ella la que concurra a las elecciones de noviembre. Va a tener que pensar aceleradamente en cómo organizar una campaña electoral presidencial de urgencia y quién va a ser su acompañante en el ticket, su candidato a vicepresidente.

Diríase que el partido demócrata trata de hacer en un par de semanas lo que debiera haber estado trabajando desde hace años. Cuando Biden se presentó a la presidencia la figura de Kamala emergía como su relevo natural, y todo el mundo daba por sentado que el protagonismo de ella iba a ir creciendo a medida que la edad fuera incapacitando al presidente. Un mandato de transición, se dijo en aquel momento, para serenar el país tras los años de Trump y, sobre todo, tras lo vivido en el asalto al Capitolio del día de reyes de 2021. Pero no, las cosas no han sido así, Biden ha ejercido su cargo, en apariencia, mostrando la decadencia prevista, que ha sido negada por todos pese a que era evidente, y la figura de Kamala se ha desdibujado completamente a lo largo de este mandato. Queda la duda de si ha sido su propia incompetencia y lo que lo le ha dejado lo que ha convertido a la que se veía el relevo natural en un bluf de inconsistencia, pero lo cierto es que apenas ha tenido relevancia, no ha participado en actos de entidad, no ha hecho ningún discurso que se pueda destacar por nada en especial… ha estado medio desaparecida, y por lo poco que ha aparecido en los medios ha sido por dos asuntos negativos. Uno, esta irrelevancia que les comentaba, el otro, los frecuentes problemas denunciados por los empleados que trabajan a su cargo, que la han tachado de despótica y de imponer un esquema de trabajo basado en la coacción. No se ha llegado a denuncias de acoso laboral, pero sí de toxicidad. Eso ha impedido que contase con un equipo estable, sólido y conocido. Por ello, ya desde mitad de mandato, los analistas, aun los más conspicuos demócratas, la veían como una apuesta totalmente fallida y se enfrentaban a un horizonte en el que un Biden decrépito era una mejor alternativa que una Kamala fracasada. Esto es, lo que se dice, un menú para atragantarse. Los medios han ido construyendo la imagen de un Biden que era independiente de la edad y los achaques que todos veíamos en público, y esa farsa ha aguantado algo más de un año, hasta que se derrumbó en el debate electoral de junio, donde quedo clara la incapacidad del actual presidente para optar a la reelección. La renuncia expresa de Biden del domingo deja el camino despejado para que una candidata a la que nadie ha tomado en serio y no ha hecho nada para que eso se produzca sea la esperanza de los demócratas frente a un Trump crecido que llega con aires de venganza y que, a priori, sigue siendo favorito. Es probable que las encuestas muestren una cierta recuperación del voto demócrata, una vez que se ha frenado la sangría provocada por el enroque de Biden, pero la verdad es que el reto que tiene el partido y la candidata es enorme. A día de hoy sus posibilidades de éxito son escasas, por lo que cierto es que tiene un margen amplio para mejorar y lograr una sorpresa en noviembre, pero también es verdad que va a tener que cambiar mucho para que sea tomada en serio por el establishment de su partido, por el de los analistas y, sobre todo, por los votantes, que no han visto nada en ella durante cuatro largos años. Frente a una Hillary Clinton, poseedora de un enorme perfil político, Kamala Harris no llega ni al nivel de becaria. Cierto es que suscita menos odios que aquella, pero tampoco levanta pasión alguna.

Ante nosotros se presenta una elección trascendental en la que lo peor que puede pasar es que Trump gane, por lo que una victoria demócrata sería el menor de los males. Pero eso no sirve de excusa para ocultar que, en caso de victoria, y más allá del hecho histórico de que Kamala sería la primera mujer presidenta de EEUU, su perfil es tan bajo que da miedo pensar lo que sería su administración en un contexto global de hostilidades crecientes por parte de autocracias como la rusa o la china, que actúan coordinadamente. EEUU sigue siendo el país necesario para sostener el orden en el que vivimos. Trump se lo cargaría, ¿está capacitada Kamala para mantenerlo?

lunes, julio 08, 2024

Legislativas francesas. Segunda vuelta

Lo primero es que, tras el incumplimiento de los sondeos y la reversión de la tendencia que apuntaba la primera vuelta, Francia, y la UE, se ha librado de un gobierno de extrema derecha encabezado por Le Pen. Las consignas de voto para establecer el cordón republicano, o sanitario, y la formación de extrema derecha no sólo no ha ganado las elecciones, sino que ha quedado en tercera posición, por lo que uno de los peligros que tenía la loca idea de adelantar las legislativas ha sido conjurado. Por así decirlo, y parafraseando la expresión de Shakespeare, hemos evitado lo peor. Ahora empieza lo malo.

El ganador ha sido el nuevo frente Popular, asociación de partidos de izquierda desde los convencionales socialistas hasta la extrema izquierda de Melenchon, el Pablemos local, cuyos postulados son igual de psicóticos que los de Le Pen, vestidos en su caso de marxismo decadente. En segundo lugar ha quedado la formación de Macron, que ha resistido mejor de lo que se esperaba. En aquellos sitios donde quedaron con opciones han recibido los votos de la izquierda para desbancar a los de Le Pen y eso les ha otorgado un plus de escaños que, seguramente, no entraban en sus previsiones. Lo cierto es que las diferencias de escaños entre la primera y tercera fuerza política tras los resultados finales, que se conocerán a lo largo del día de hoy, no son excesivas, y cada uno de esas tres formaciones se ha quedado bastante lejos de una mayoría de gobierno, por lo que la expresión de “parlamento colgado” se repite en muchos de los titulares de los medios desde ayer por la noche. Francia pasa de tener un legislativo en el que los de Macron tenían una mayoría suficiente para gobernar a un parlamento en el que va a ser imposible aprobar nada si no se produce un acuerdo entre varias formaciones políticas. Todos los ojos se ponen ahora en el partido de Macron, porque desde su posición de centro es el único capaz de articular acuerdos en los que puedan participar derechas e izquierdas. Y entendiendo ambas posiciones como las moderadas de entre los suyos. Los republicanos, la derecha tradicional francesa, ha sacado unos cuantos escaños, a gran distancia de las tres formaciones, pero no escasos. Dentro del Frente Popualr ganador hay una amalgama de partidos, que se odian bastante entre ellos. La Francia Insumisa de Pablemos Melenchon ha sido el que más escaños ha logrado, pero otros, como los socialistas clásicos han conseguido representación. ¿Es viable una gran coalición moderada a la francesa? Habrá que esperar, como les decía, a que termine el escrutinio y se produzca la asignación completa de escaños, pero una suma de macronistas y derechas e izquierdas moderados puede estar cerca no de una mayoría absoluta, pero sí de la relativa necesaria para ir sacando proyectos e iniciativas. Y, sobre todo, puede tener el peso suficiente para frenar a Le Pen y Melenchon, que es el objetivo último de todo gobierno serio que pretenda serlo. Si se logra, el cordón sanitario contra el extremismo podría ser una realidad y, aun débil y sometido a tensiones diarias, y jugándosela en cada votación, el que fuera escogido como primer ministro tendría posibilidades de desarrollar una agenda que no incurriese en las disparatadas ideas de Le Pen y Melenchon. Quizás lo que estoy describiendo es más el fruto de un deseo que una posibilidad cierta, pero es lo único a lo que se me ocurre agarrarme para evitar un escenario de bloqueo total, de una asamblea legislativa que, al modo de la española, sólo sea una cámara de eco de insultos, ruidos y despropósitos diarios. Es ese acuerdo entre moderados o la parálisis, y a la UE tampoco le conviene nada de nada este segundo escenario.

Lo cierto es que el poder en Francia gravita mucho más en torno a la figura del presidente que de la asamblea, que tiene un papel relevante, pero menor. Macron, en los tres años que le quedan de mandato, sigue teniendo las riendas del poder y capacidades que, desde nuestra óptica, pudieran parecer casi dictatoriales. No propondrá a Melenchon, ni a ninguno de los suyos, como candidato a primer ministro, y puede vetar acuerdos y resoluciones de la cámara llegado el caso. Eso aporta un grado mínimo de estabilidad que no tenemos aquí. En todo caso, en Francia van a tener que empezar a sentarse unos cuantos a discutir y tratar de acordar, en una experiencia bastante nueva para sus usos políticos modernos. Sí, hemos evitado lo peor, pero el panorama sigue estando muy turbio.

jueves, julio 04, 2024

Elecciones en Reino Unido

4 de julio, fiesta en EEUU y en Elorrio, lugares emblemáticos de occidente. Como los ingleses tienen sus rarezas hasta en esto de las elecciones hoy es el día en el que están citados a las urnas para renovar su parlamento y conformar un nuevo gobierno. Sunak, el actual primer ministro, adelantó la convocatoria en una comparecencia ante el 10 de Downing Street que empezó nubosa y acabó con un buen chubasco, que le cayó de pleno porque nada le protegía. Su imagen, empapada, chorreante, era una buena metáfora del final de ciclo conservador que se espera tras los comicios de hoy. Catorce años que bien poco han conservado al país.

Todo lo que no sea una arrolladora victoria laborista hoy será sorprendente. Sobre los algo más de seiscientos escaños de la cámara de los comunes las encuestas auguran que los laboristas no obtendrán menos de cuatrocientos, lo que les otorgará una mayoría absoluta indiscutible. La dimensión de la debacle conservadora está por ver, entre otras cosas por la presencia de Reform UK, el partido del ultra Nigel Farage, que le va a restar votos y puede que escaños, pero es fácil que se queden por debajo del listón de los cien parlamentarios. De hecho se estima como bastante probable que la mayor parte de los componentes del actual gabinete, incluido el primer ministro Sunak, no revaliden su escaño. Sunak ha cogido los restos del desgobierno conservador que ha ido degenerando a lo largo de una serie de mandatos en los que la incompetencia se ha ido superando de una manera difícil de entender. Cameron, May, Johnson, Trust y el propio Sunak han sido la lista de primeros ministros “torys” que han liderado el país, por decirlo de una manera. Entre medias de todos ellos se han ido sucediendo acontecimientos relevantes, especialmente uno, el Brexit, fruto de la incompetencia absoluta de David Cameron, que pasará a la historia como uno de los más necios políticos de entre los habidos en aquel país. A partir de ahí todo ha sido un camino de descenso hacia la dura realidad de la separación de la UE y la reducción del país a una nación menor, de segunda fila, como cualquiera de las otras que estamos en Europa, pero carente de algunos de los lazos y coberturas de seguridad que ofrece la UE. El proceso de negociación del divorcio, la división social fruto del resultado y la fractura que se ha extendido en el interior de los partidos sobre el tema, la pérdida de acuerdos comerciales consolidados, el aumento de las trabas a la necesaria inmigración laboral que demanda su mercado de trabajo, la imposibilidad de ser “el Singapur” de occidente como soñaban algunos iluminados…. El Brexit ha supuesto un bofetón de realidad a una sociedad que no es ni tan rica ni poderosa como lo fue, pero que aún no es consciente de ello, y que va a tardar en asimilarlo. En paralelo a este terremoto, se dio la pandemia de Covid, y el comportamiento desquiciado de Boris Johnson, un personaje más propio de un cómic que de la realidad, que alcanzó una gran mayoría absoluta en las generales de 2019 y que la dilapido en apenas unos meses en medio de escándalos variados, necedad sanitaria, desastrosa gestión y fiestas imparables. De ahí en adelante el proceso de hundimiento del conservadurismo británico como estructura de gobierno ha sido imparable, y hasta cierto punto digno de ser visto como una telecomedia, porque la baja calidad de los intérpretes de la trama no le permitía acceder a un grado de calidad “shakespiriano”. La marcha de Johnson, en medio de la vergüenza general de propios y ajenos, fue suplida, tras un proceso interno entre los conservadores, por la figura de Liz Trust, que, literalmente, no aguantó más tiempo en su cargo que una lechuga de supermercado fresca fuera de la cámara refrigeradora. Sunak tomó las riendas de un partido y gobierno deshecho y ha estado poco más de un año dirigiendo una nave hundida que hoy, por fin, se estrella contra los arrecifes, pongamos que de Dover, para que el impacto tenga algo de pompa y circunstancia británica.

Ante el suicidio del oponente, el laborismo, encarnado en la figura moderada de Stamer, va a conseguir un poder como no tenía desde los primeros mandatos de Tony Blair, pero los retos que va a afrontar son enormes, tanto los derivados del eterno Brexit como los propios de una economía endeudada, con altas tasas de inflación y baja productividad, y todo ello en un entorno global volátil y hostil. A corto plazo, lo que más necesita el Reino Unido es estabilidad y un cierto sosiego, para así pensar cómo afrontar sus retos. El laborismo va a tener la mayoría necesaria de gobierno para poder sentarse tranquilamente y pensar, con cuidado, qué hacer. Los conservadores, ya veremos, estarán centrados en su propia supervivencia como formación política.

lunes, julio 01, 2024

Legislativas francesas. Primera vuelta

Lo más noticioso del resultado de la primera vuelta de las legislativas francesas es que todo ha transcurrido como se esperaba. La victoria ha correspondido a RN, la marca de extrema derecha de Marine Le Pen, que ha sacado un tercio de los votos, con el nuevo Frente popular de izquierdas como segunda opción, a unos cinco puntos de ventaja, y el partido de Macron en tercer lugar con un 20% de los sufragios. Los republicanos tradicionales, la derecha de toda la vida, ha sido cuarta, en el entorno del 10% de los votos, un resultado desastroso pero que se convierte en valioso de cara a la segunda vuelta, que tendrá lugar el domingo que viene.

El sistema electoral francés es lioso, pero se basa en asignar de manera mayoritaria el escaño en cada circunscripción. Si en esta primera vuelta alguno ha sacado más de la mitad de los votos, la silla es suya y se acabó. En caso contrario, pasan a segunda vuelta los candidatos que hayan superado el 12,5% de los votos, y el que quede primero de entre todos ellos es al que se le asignará el escaño. Por eso, en la segunda ronda, suele haber partidos que, en determinadas circunscripciones, deciden retirarse para concentrar el voto de los suyos en otra marca, buscando que gane alguien en concreto o, mucho más habitual, que sea otro el que no lo haga. Por eso, en la elección de ayer es probable que fueran muy pocos los asientos del legislativo francés los que quedaron escogidos, y todo queda a expensas de lo que suceda en siete días. Los mensajes que han transmitido ya los candidatos del frente Popular se basan en pedir que los que hayan quedado terceros se retiren para que no sean los de Le Pen los que consigan los escaños, y la declaración del, por ahora, primer ministro, el delfín de Macron, sin pedir la renuncia de sus candidatos, sí ha llamado al voto para impedir la victoria de la extrema derecha. Por eso les comentaba que el resultado de la derecha convencional, esa cuarta fuerza, puede ser relevante. Sus dirigentes han decretado libertad de voto y no van a pedirlo para ninguna otra fuerza, por lo que es probable que de ahí salga muy poco para la coalición de izquierdas y algo más para Le Pen. Con estos resultados, es muy difícil que, tras la elección del próximo domingo, San Fermín, RN no sea la primera fuerza en la cámara legislativa, y en función de sus resultados estará la posibilidad de que pueda acceder al gobierno o no. La agrupación de izquierdas genera aún más rechazo entre muchos de los franceses que la extrema derecha, porque la presencia de Francia Insumisa, el partido de Melenchon, es tóxica para muchos. Esa formación es algo parecido a nuestro Pablemos, con la misma delicadeza en sus formas y profundidad de pensamiento en el fondo. Socialistas y otras fuerzas moderadas se han unido a ellos con una pinza bien gorda en la nariz, buscando únicamente la derrota de Le Pen, pero sin tener nada claro como colaborar entre ellos en el engendro que han organizado, Frente a ellos, los de Le Pen se muestran sólidos, optimistas y, por primera vez, en condiciones reales de alcanzar la mayoría que les permitiría obtener el gobierno, lo que llevaría a tres años de cohabitación con el presidente Macron, Otro posible resultado del próximo domingo es una victoria de Le Pen, sí, pero insuficiente, lo que nos puede llevar a un escenario de parlamento colgado, en el que no haya una mayoría clara ni estable, y la posibilidad de elegir primer ministro sea remota. Y de hacerlo, su cargo esté al albur de cada votación, lo que llevaría al país al bloqueo. Como pueden ver, las alternativas políticas francesas pasan por lo desconocido, siendo malos o peores los escenarios en función de dónde nos coloquemos. Lo que parece segura es la debacle de la actual mayoría centrista y la posibilidad de que, en los próximos años, Francia sea un referente de estabilidad en la UE. Sabido es que, sin Francia ni Alemania nada sucede en la UE, por lo que el resultado galo nos afecta a todos, mucho más de lo que nos podamos creer.

La vedad, tristemente, es que Francia ofrece un espectáculo en el que dos extremos, retroalimentados, se disputan el poder desde una visión antagónica, existencial y populista de la vida. Dos formas completamente opuestas de entender la sociedad y la economía, llenas de sesgos, prejuicios y errores, que pueden llevar a las cuentas públicas francesas al colapso, disparando deuda y gasto, y debilitar al euro y al mercado común. De un gobierno centrista y moderado pasaremos a uno extremista, si es que llega a haberlo, por lo que la sensación de derrota para los que somos moderados, buscamos aburrimiento en la política y abominamos de los populismos, sea cual sea el traje con el que se vistan, es grande. Malos tiempos para la razón.

viernes, junio 28, 2024

Primer debate Biden Trump

Esta noche, horario español, se ha celebrado el primer debate electoral entre Biden y Trump de cara a las presidenciales de noviembre. Es el primero de los dos previstos, y el que se celebre tan pronto es anómalo en sí mismo, dado que a estas alturas del año ninguno de los dos candidatos ha sido escogido oficialmente por sus partidos, que celebran las convenciones nacionales entre mediados de julio y agosto. El tema de la salud de los oponentes era uno de los más comentados y que iba a tener trascendencia, dado el formato, de hora y media de pie con pausa para ir al baño, que en unos cuerpos de 78 años, Trump. Y 82, Biden, supone todo un reto. Se esperaba que el debate fuera bronco, mostrando la fractura absoluta entre ambos.

No lo he visto, por lo que no les puedo contar mis impresiones, pero por lo que veo que está ya en todos los medios, el resultado es de desastre para los demócratas, precisamente porque la imagen que ha transmitido Biden ha sido la de una gran fragilidad. Con voz ronca, achacada a un catarro por alguno de sus asesores, gesto cansado, algunos lapsus y pausas, la sensación que ha dado es la de ser una persona de 82 años que no es capaz de afrontar el reto que tiene por delante. Si los medios progresistas están utilizando expresiones como fracaso, decepción y similares, los conservadores pro Trump están eufóricos ante lo que creen que ha sido una muestra clara de la incapacidad del candidato demócrata para no ya ganar las elecciones, sino simplemente ser competitivo en lo que queda de campaña. Las primeras encuestas realizadas, a toda prisa y de noche allí, una de ellas por la CNN organizadora del debate, dan claramente ganador a Trump, al que ni sus condenas judiciales ni la imagen de vengativo extremista que aspira al poder para vejarlo aún más le han hecho mella en lo más mínimo. Me va a tocar leer algo más en profundidad sobre lo que ha pasado concretamente en el debate, pero si las cosas son como parecen, el pánico se va a instalar entre las filas demócratas y la presión para que, a cuatro meses de los comicios, se produzca un cambio de candidato, se va a disparar. ¿Es esto posible? No recuerdo bien si hay precedentes, pero puede darse. El candidato lo elige la convención del partido en su acto nacional de verano, refrendado por los delegados escogidos durante el proceso de primarias de invierno primavera y los grandes barones de cada una de las formaciones. En el caso demócrata, que aspira a la reelección, no ha habido como tal un proceso de primarias, salvo algunas votaciones en estados aislados, porque se daba por descontado que, tras anunciar el presidente que aspira a un segundo mandato, nadie de su formación con un mínimo de relevancia podría ser rival. Por ello, la convención demócrata se suponía que iba a ser un ejercicio de aclamación al actual presidente y una vía para mostrar unidad en un partido fracturado, al que el poder logra unir como nada en el mundo. Tras lo visto esta noche es probable que el guion cambie, y los altos cargos del partido empiecen a discutir seriamente la posibilidad del recambio, de usar esa convención, que tienen un gran seguimiento mediático y social en el país, para presentar a un nuevo candidato a la presidencia y que Biden le avale. Sería un acto muy arriesgado, algo que ya les digo no se si tiene precedentes, una especie de apuesta al todo o nada forzada por la posibilidad real de una derrota en noviembre, que los sondeos ya señalaban desde hace varios días, y que ahora se puede ver como mucho más segura. La gran duda es quién puede ser el escogido para ese peligroso relevo. El tiempo corre y apenas queda un mes para que se produzca el evento y, como les comentaba, el partido está muy fracturado, entre el ala moderada, que es la representada por Biden, y la radical, donde el número de figuras es elevado. El poder actual y la lucha por renovarlo es lo que las une, y la ausencia mencionada antes de un proceso de primarias ha permitido que la división interna no se manifieste en toda su crudeza. Escoger a un candidato alternativo puede ser abrir la caja de los truenos y la batalla interna en toda su crudeza.

Además, dada la premura de tiempo, ese candidato debe ser alguien ya muy conocido en el país, no pueden presentar a un personaje del que el votante lo desconozca todo, porque no va a tener tiempo para saber quién es antes de los comicios de noviembre. La lista se acorta. ¿Obama otra vez? ¿Su mujer? La actual vicepresidenta, Kamala Harris, ha resultado ser una apuesta fallida y nadie da un duro por ella. En todo caso, me da que este fin de semana los nervios se van a desatar entre los demócratas y las voces pidiendo el relevo crecerán mucho. Prepárense para semanas tensas, de sorpresas, en una competición electoral en la que nada está escrito y puede pasar de todo. Y en la que el resto del mundo, y Europa más, nos jugamos muchísimo.

martes, junio 25, 2024

Posible debacle tory en Reino Unido

La inesperada convocatoria electoral francesa tras las europeas del 9 de junio centra toda la atención política del continente, pero no son las únicas grandes elecciones europeas antes de las vacaciones de verano. También anticipadas, el 4 de Julio, fiesta en EEUU y Elorrio, Reino Unido acude a las urnas a la búsqueda de un gobierno que le aporte algo de estabilidad tras los tumultuosos años vividos y la sucesión de primeros ministros conservadores que han dejado el pabellón de su partido, el tory, hundido hasta cotas casi impensables. Que van a perder el gobierno es seguro, la dimensión de la derrota es lo que queda por saberse.

La cámara de los comunes del Reino Unido se elige por sistema mayoritario en cada una de las circunscripciones en las que se divide el país, de tal manera que el que gana en ella es el elegido para ocupar el escaño. Esto hace que gran parte de los votos no obtengan representación alguna y que mayorías no muy significativas de voto agregado puedan convertirse en grandes mayorías parlamentarias. Si las encuestas no se equivocan, y los laboristas mantienen los cerca de veinte puntos de ventaja electoral que se estiman, que es muchísimo, pueden alcanzar una victoria en la cámara con una mayoría tan absoluta que la convierta en un rodillo sin fin, con cerca de cuatro quintas partes de los escaños ocupados por diputados laboristas. Los conservadores pueden no ya perder, eso es seguro, sino obtener uno de los peores resultados de su historia, y quedar convertidos en una fuerza residual. La mayor parte de los actuales miembros del gabinete, empezando por el primer ministro Sunak, no revalidarían su escaño, y el poder y dinero asociado a los cargos políticos y representativos abandonaría en masa el partido. Por si esto fuera poco, la decisión del traidor a su nación de Niguel Farage de presentarse a los comicios con su propia formación amenaza con drenar aún más los resultados conservadores, y algunas encuestas lo sitúan muy cerca en porcentaje absoluto de votos. ¿Cómo se traduciría eso en escaños? Es difícil decirlo, y el resultado global puede ser una resta conjunta tanto para los conservadores como para los extremistas de Farage, dado que su desunión favorecería la opción laborista y la llevaría a ser aún más dominante en algunos distritos, pero eso puede depender de pocos votos y habrá que esperar al recuento. Lo cierto es que los conservadores van a recoger el fruto a cinco años de caos absoluto, iniciados tras la mayoría absoluta de Boris Johnson, obtenida a finales de 2019. Histriónico, payaso y absurdo, Johnson se reveló como el peor de los dirigentes posibles ante una crisis de primera magnitud como fue la del Covid, y a partir de ahí el gobierno entró en caída libre. Asediado por los escándalos de todo tipo tuvo que acabar dimitiendo, dejando una imagen de decadencia profunda. Otro vendrá que bueno te hará, debió pensar Johnson viendo la imagen de Liz Truss, su sucesora al frente de los conservadores, una mujer que duró en el cargo menos que una lechuga fuera de la cámara frigorífica del supermercado, en un esperpento de política y economía ficción que, durante unas semanas, hizo temblar todo el sistema financiero británico y llevó a su clase política al ridículo global. Tras esto quizás lo más elegante hubiera sido convocar elecciones directamente, pero a sabiendas de que serían destrozados por las urnas, los conservadores escogieron a un nuevo líder, Rishi Sunak, que ha demostrado ser más serio que todos los anteriores, pero incapaz de remontar el rumbo de un barco sin timón. Nada podía hacer para salvar las expectativas de un partido tocado por el fracaso de esta legislatura, con una población asediada por la inflación y las consecuencias del nefasto Brexit. Sunak ha impuesto algo de orden en sus filas, lo que le han dejado, y comparado con sus predecesores es casi un estadista, pero no podía salvar lo que no tenía arreglo. Harto quizás de todo, adelantó las elecciones unos cinco meses y la semana que viene puede recoger una derrota total.

El próximo primer ministro británico, salvo colosal sorpresa, será el laborista Keith Stammer. Lord, presenta una imagen tranquila, moderada y muy alejada del extremismo que impuso el anterior líder del partido, el fracasado Jeremmy Corbin, la versión especular de Borish Johnson. Su programa es difuso, con referencias al refuerzo en lo social, mayor colaboración con la UE pero ni palabra de revertir el Brexit y la idea fuerza de la tranquilidad y lo predecible tras el caos conservador. Puede tener una mayoría tan absoluta que sería capaz de hacer casi lo que quiera en el país. La economía será uno de sus grandes problemas, dado que no acaba de arrancar, y que la competitividad del país sigue declinando. A ver por cuánto arrasa la semana que viene.

miércoles, junio 12, 2024

Tormentón político en Francia

No hubo sorpresas en las europeas del pasado domingo, y las encuestas de verdad, no la patraña manipulada del CIS, estuvieron atinadas. El PP ganó con el margen de votos suficiente para salvar los muebles, pero sin el necesario para darse por satisfecho, el PSOE perdió, pero no quedó noqueado, y el resto fracasaron en mayor o menor medida, a excepción de Alvise, el agitador de Telegram, que se llevó tres escaños y se convirtió en el nuevo Pablo Iglesias. Diez años después, tenemos a otro iluminado demagogo, amante de la bronca, que cosecha un excelente resultado electoral. Ahora vestido de populismo de extrema derecha.

En el resto de Europa tampoco hubo grandes sorpresas, y el ascenso de la extrema derecha se dio como se esperaba pero no tanto como se temía. En Francia es donde las consecuencias electorales han sido mayores. Ganó Le Pen, como señalaban todos los pronósticos, y, en la misma noche electoral, Macron activó el botón y convocó a elecciones legislativas. Ojo, no presidenciales, no deja el cargo, y seguirá en él tres años más, pero sí llamó a votar a la Asamblea Nacional, el parlamento de la república, que tiene importantes competencias, entre ellas la de elegir el primer ministro, pero que está algo subordinado al poder de la presidencia imperial de la república, tal y como la concibió De Gaulle. Hasta ahora el partido de Macron era la primera fuerza en la asamblea, pero no tenía mayoría absoluta, por lo que algunas normas las tenía que negociar, y otras votaciones las perdía, traduciéndose eso en imposibilidad o no para el presidente en función del tema de que se tratara. El mensaje electoral del domingo fue claro, la representatividad que tiene ahora la asamblea no es la que salió de las urnas, por lo que algo hay que hacer, y Macron ha optado por la jugada más arriesgada de todas, una apuesta al todo o nada por el que llama a los electores a elecciones, son mayoritarias por distrito a dos vueltas, en la esperanza de que la concentración de voto anti Le Pen le permita revalidar unos resultados en la asamblea que mantengan en pie su agenda de gobierno. ¿Le saldrá bien? Ahora mismo la mayor parte de las apuestas señalan que no, que el votante francés está muy cabreado con el rumbo del país, y que Le Pen ha conseguido conectar con él, y que ese miedo a la extrema derecha que, hasta ahora, ha funcionado como cortafuegos para impedirle el ascenso a la presidencia de la república ya no funciona como antaño. Los cordones sanitarios, favorecidos por el sistema electoral, han permitido que votantes de ideologías muy dispares acabasen votando de manera conjunta para que la candidata extremista no llegara al poder, pero es probable que eso no suceda en las próximas semanas. Se ha producido ya un primer acuerdo entre las formaciones de izquierda, débiles y radicalizadas, para presentar una candidatura conjunta, y lo más interesante es la fractura que ya ha surgido entre la derecha conservadora convencional, que es una sombra de lo que fue, a la hora de apoyar o no a Le Pen. Algunos de sus cuadros dirigentes sí optan por la unión al caballo ganador, mientras que otros reniegan completamente de esa postura, se mantienen fieles a lo que ha sido su estrategia en los años pasados y amenazan con fracturar el partido. Si lo que antaño fueron los republicanos, el PP de allí para entendernos, era ya una formación secundaria, tras el resultado de la bronca que están viviendo las posibilidades de volver a ser algo en la política francesa se convierten prácticamente en la nada. Curiosamente, puede acabar como el Partido Socialista francés, convertido en poco más que una marca comercial sin apenas dirigencia, votos ni poder. La capacidad de Le Pen de absorber todo el electorado de derecha, sea cual sea la intensidad de su sentimiento, es muy elevada.

El partido de Macron, la Francia en Marcha, cuyas siglas, EM, coinciden con el nombre de su máximo dirigente (no, no es casualidad) sale como perdedor en todas las encuestas, y es posible, a día de hoy, que la derrota sea la única de las realidades que ser afronte desde el Eliseo a principios de julio, tras la segunda vuelta electoral. Con un sistema de doble vuelta en cada uno de los más de quinientos distritos en los que se divide el país, el partido mayoritario puede conseguir una representación mucho mayor de lo que un sistema proporcional otorgaría. Esto, hasta ahora, ha penalizado sobre todo a Le Pen, pero puede ser, por primera vez, su gran baza para vencer. La parálisis política se cierne sobre una posible Francia en cohabitación. Y eso es malo para toda Europa.