lunes, mayo 11, 2026

Debacle laborista en Reino Unido

Sir Keith Starmer fue elegido primer ministro de Reino Unido en julio de 2024, en breve se cumplirán dos años. Al frente de una versión moderada del laborismo, recogió el gobierno tras la debacle conservadora en la que se sucedieron mandatarios errando uno tras otro. Cosechó una amplia mayoría absoluta en el parlamento de Londres y puede que sea el mandatario europeo que goza de mayor comodidad a la hora de presentar proyectos a las cámaras y de hacer su trabajo. Pues bien, a un par de meses del segundo aniversario, su figura ya es una sombra de la que fue y tiene pinta de estar tan achicharrado como sus predecesores, aunque la línea ideológica de estos fuera la opuesta.

Parte de su derrumbe no es achacable a él mismo, sino a una economía como la británica, que al igual que el resto de las occidentales, no carbura como antes en un mundo en el que perdemos preponderancia, y eso lo nota el ciudadano de a pie en forma de precios más altos, carestía general, vivienda inasequible, salarios que no son capaces de soportar estos ascensos y competencia apabullante por parte de Asia, sea China o no. La llegada de Trump tampoco le ha ayudado nada, sino más bien todo lo contrario. Por motivos obvios, UK es el país europeo que posee la relación más estrecha con EEUU, de ahí que si en Washington hay tormenta en Londres no puedan evitar mojarse. Esa relación especial, como la llaman, sufre la misma crisis que la que vivimos los demás países occidentales con el gigante norteamericano, pero en el caso de UK los intensos y constantes vínculos entre ambas naciones amplifican el problema. Ver cómo desde el despacho oval se pone a parir al primer ministro británico es inaudito, y para el inquilino de Downing Street es algo para lo que no hay manual, dada su profunda anomalía. El resto de los problemas sí son achacables a Starmes y su partido, empezando por el incumplimiento de promesas económicas y sociales, lanzadas con la frivolidad habitual de las campañas electorales, que luego se estrellan contra unas cuentas públicas endeudadas que apenas son capaces de superar la prueba de los intereses de la deuda. El bono británico a diez años cotiza a unos tipos que superan ampliamente el 4%, bastante por encima del nuestro, y eso es una losa para las finanzas del país. Esos bonos que tiraron a la incompetente Lizz Truss a la basura a la par que se caducaba aquella famosa lechuga miran con el mismo recelo a Starmer y, sin ponerlo en la picota, lo amenazan día y noche. Las consecuencias del escándalo Epstein también le han perjudicado mucho. El gobierno nombró de embajador en EEUU a Pater Mandelson, un todopoderoso del laborismo, a sabiendas, como se ha conocido después, de que mantuvo una relación con Epstein, que luego ha salido en los papeles del pederasta, con frecuentes visitas a la isla de los horrores. No está claro si Starmer sabía todos los detalles, pero sí que era conocedor de esa relación entre el poderoso Mandelson y el sucio Epstein y, a pesar de todo, siguió adelante con el nombramiento. Eso es algo más que un error, y desde hace semanas, muchas, la sombra de este caso persigue al primer ministro con saña, sobre todo después de que Mandelson fuera cesado y, metido ya en sus propios líos, dejara de ser parapeto para el ejecutivo. En fin, un montón de hechos que han contribuido a que la figura del laborismo, y de Starmer como representante máximo del mismo, se hayan deshecho a una velocidad asombrosa. Curiosamente, o no, esto no ha servido para que los conservadores recuperen algo del prestigio perdido tras sus debacles. No, siguen sumidos en las sombras y, la verdad, con una perspectiva como partido y máquina de gestión del poder, realmente preocupante. La posibilidad de que el conservadurismo británico acabe siendo una formación anecdótica es, ahora mismo, algo más que una conjetura. Otro de esos hechos insólitos que cuesta creer aunque se vea.

El ganador de todo este tumulto es, se lo imaginan, el populismo, encarnado en UK por Nigel Farage y otra serie de personajes, a cada cual más inquietante. Al frente del Reform UK, ha obtenido un triunfo sonado en las municipales celebradas el pasado jueves, alcanzado miles de concejales y superando en intención de voto claramente a las dos formaciones clásicas. Con un mensaje anti inmigratorio duro, nacionalismo económico de garrafón y muchas dosis de demagogia, los de Reform han dado el golpe sobre la mesa que auguraban las encuestas y pueden convertirse en la primera formación política del país sin muchas dificultades. Starmer se ha negado a dimitir tras la derrota, pero crece la presión contra él en sus propias filas. Ya ven, para uno que gobernaba con mayoría…

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