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martes, julio 01, 2025

Mentir sin rubor

Entraba dentro de lo posible, pero sabido es que la mayor parte de los opinadores siguen teniendo un sesgo a favor de este desgobierno que padecemos, por lo que la opción de que Cerdán fuera enviada a prisión preventiva se despachaba con un “seguro que no” generalizado. Lo peor es que en Moncloa y en los aledaños de ese poder que se pudre seguían manteniendo la esperanza de que eso no sucedería jamás, de ahí que la conmoción ante lo sucedido, ver al furgón de la Guardia Civil entrar en Soto del Real con el ex secretario general del PSOE hasta hace unos pocos días, haya sido enorme entre quienes fueron sus compañeros y subordinados.

A partir de ahí es la capacidad de mentir sin rubor alguno lo que define no ya lo pétreo que uno tiene el rostro, sino la capacidad de sobrevivir como político en un entorno cruel en el que la mentira, el engaño y la traición es lo único que importa para mantenerse en unos cargos bien remunerados y que ofrecen defensa ante la actuación de la justicia. Contemplar a la vicepresidenta del gobierno, de cuyo nombre no quiero acordarme, decir que el encarcelado no tiene relación con el partido cuando era el segundo de mayor rango en él hasta hace tres semanas, resulta impúdico. Piensa esa mujer que, con declaraciones como esas, salva el trámite, pero no hace sino hundirse aún más en el mayor de los ridículos, uno que empieza a causar vergüenza ajena a todo el que lo contemple. Quizás ella, y desde luego su jefe, unos sujetos profundamente amorales, estén satisfechos al oírse y se crean las mentiras que sueltan. Lo que es seguro es que piensan que a los que se las dirigen son imbéciles, que se les puede decir A y no A en la misma frase con el semblante igual de serio, haciéndose pasar por compungido a la vez que por enfadado, como si la cosa no fuera con ellos. Siempre hemos visto a políticos mentir descaradamente cuando se trataba de ocultar casos de corrupción en el partido propio, caso con el mismo descaro con el que lanzaban acusaciones al de enfrente, pero creo que jamás hemos asistido a un caso de sinvergonzonería pública como el presente en el que la dirigencia del partido y gobierno asediado por la corrupción se muestre de una forma tan descarada a la hora de escaquearse de sus responsabilidades. Cospedal puso altísimo el listón en su rueda de prensa del despido en diferido de Bárcenas, uno de los mayores ridículos de la historia reciente del país, que todo el mundo tomo como lo que era, un insulto hacia quienes estaban en la sala y viendo aquello, pero la actual vicepresidenta, su psicótico jefe, y el resto de los que forman actualmente el desgobierno que nos ha tocado padecer, lo han superado. Han pasado en un par de semanas de poner la mano en el fuego sin duda alguna por Cerdán a referirse a él como “ese señor” logrando parafrasear a Rajoy a una velocidad que el propio dirigente popular jamás sería capaz de lograr. ¿Somos realmente tan imbéciles como estos sujetos nos imaginan? El comprobar como, a cada episodio corrupto más vergonzoso, sigue surgiendo argumentario basura desde Moncloa para tratar de evadirse de todo y que algunos sean capaces de comprarlo es indicativo de que sí, cierta imbecilidad anida en la sociedad en la que estos sujetos indignos chapotean, medran y logran mordidas, llámense comisiones o sueldos públicos asociados a cargos que ostentan pero no desempeñan. Es desolador, pero es lo que hay. Seguro que a esta hora algunos de los ideólogos que cobran por fabricar esas mentiras que libren al gobierno se están devanando los sesos y llamando a amigos que se dicen periodistas para tratar de rizar el rizo y que lo que ayer vimos sea introducido en otro relato basura que trate de contextualizarlo. Sí, hay gente para todo, y con las nóminas que ellos se levantan, no me extraña que se esfuercen. No va ya a ser que a quien pelotean sin freno pierda el poder y ellos sus ingresos.

Lo más asombroso es que no sólo hay gente que se cree relatos basura de estos, sino que los lleva a todas partes, acabando por existir en una realidad paralela artificial. El propio Cerdán, pillado hasta las trancas en una red de mordidas y amaños, le contó al juez el relato de la persecución, de los bulos, de las conspiraciones y demás bobadas, que tiene recorrido entre los adeptos a sueldo del gobierno, pero no más allá. Imagino al magistrado asombrado ante semejante argumentario de defensa, y dudando si mandar al encausado a la cárcel o a una institución mental. Creerse las propias mentiras sólo conlleva al desastre. Me alegro de que eso sea lo que le ha pasado a Cerdán, ojalá no acabe sólo en su celda y aledaños.

jueves, septiembre 07, 2023

Batet se va

Ayer por la tarde, sin aviso previo ni rumores que hubieran llegado a medios conocidos o no tanto, Meritxell Batet hizo pública su decisión de abandonar su escaño, recién logrado en las elecciones de julio, y retirarse de la política, en la que lo ha sido todo en el PSC, la rama catalana del PSOE, y ha llegado hasta la tercera autoridad del estado, ocupando la presidencia del Congreso durante la tempestuosa última legislatura. En un hilo de tuits desea lo mejor al PSOE y da por segura la consecución de un gobierno “progresista” (las comillas son mías) presidido por Sánchez, pero no explica las causas o motivos que le han llevado a tomar esta decisión.

El PSC consiguió en julio unos excelentes resultados en Cataluña, unos datos que se les escaparon a todos los encuestadores y que son la base del aguante de Sánchez a nivel nacional. Un millón de votos en la provincia de Barcelona a la candidatura encabezada por Batet es una buena medida de un éxito incontestable. Por eso, después de algo así, resulta aún más sorprendente la noticia de la marcha de Meritxell, que ha desatado algunas especulaciones y sin duda será motivo de entretenimiento para comentaristas políticos durante algunos días. Huelga decir que no tengo ni la más remota idea del por qué se va. Me encantaría que fuese porque no soporta lo que su líder y partido van a hacer para contentar al delincuente puigdemoníaco y a su secta, pero no tengo información alguna. Sólo el deseo de que haya sido la honra y vergüenza la causa de su movimiento, y el anhelo de que al suyo sigan otros, pero sin contar con apenas esperanza de que esto sea así. De cara al 23J Sánchez diseñó unas listas en el PSOE destinadas a resistir en la posición que las urnas le otorgasen, llenas de fieles que no van a levantar la voz ante los designios de su jefe, entre otras razones porque de ello dependen sus ingresos. El partido, que siempre ha sido una estructura con corrientes y voces críticas, es desde hace tiempo una mera caja de resonancia de las consignas que se elaboran en Moncloa y que se empaquetan en los medios afines día a día, y la lealtad absoluta no sólo es algo que se supone, sino que debe ser demostrada sin disimulo en todo momento. Si hace un par de meses conseguir que Puigdemont compareciera ante la justicia era el mantra del PSOE, ahora lo es la “audacia” de la amnistía, y sin retorcimiento mental alguno. Toda discrepancia ante los bandazos y golpes de mano del sanchismo serán castigados con la sombra, y la ausencia de nómina. Las voces críticas que se escuchan en el PSOE provienen de jubilados que lo fueron todo en el partido pero que ahora, como mínimo, son despreciados por los que dirigen esas siglas. Los insultos que reciben González, Guerra y muchos otros por medios afines a pablemos y sus sectas, cuya alianza con los independentistas es plena y compartida, no son contestados en ningún momento por ningún dirigente socialista, que a buen seguro se indigna ante lo que ve y oye, pero que mantiene un silencio servil por la cuenta que le trae si quiere aspirar a algún cargo (remunerado) y cierta cota de poder. Los principios a cambio de pasta, algo que se ha dado siempre en política y en todas las formaciones, pero que en estos tiempos es tan sangrante y descarado que clama al cielo. Acastillado en mayoría absoluta de Castilla La Mancha, Page dice de vez en cuando cosas que Moncloa desprecia con la mayor de las fuerzas, pero aguanta por los votos que el líder regional ha aportado al conjunto nacional y por el propio poder que le da el ser un presidente autonómico, pero sabe Page que esa es su única defensa para mantenerse en una organización que le cesaría de todos los cargos si no hubiera alcanzado el poder tras las autonómicas. Parcialmente blindado, Page puede jugar algo por libre, pero que no se le ocurra hablar demasiado porque se puede topar con enemigos poderosos, que no se cortarán a la hora de insultarle y tratarle como lo que ellos creen que es, un vulgar paleto, un inferior. Y para los socios de Sánchez, lo peor y más degradado que se puede ser en el mundo, un español.

Durante varios años Batet estuvo casada con Jose Maria Lasalle, y hubo un tiempo en el que ella era líder de un PSC en Cataluña y el Secretario de Estado en el gobierno de Rajoy. Un día me crucé con ellos paseando por Madrid, y me gustó la imagen. De posiciones ideológicas distantes, pero no enfrentadas, pertenecientes a partidos cuya relación mutua cada vez es más hostil, eran un buen ejemplo de que la política es importante, pero ni mucho menos lo es hasta extremos absolutos. Aquella pareja se rompió, y hoy Batet abandona un mundo, el de la política, cuya degradación es total a ojos vista de todos los que la seguimos y que, cada vez más a nuestro pesar, nos interesa.

martes, enero 26, 2021

Illa lo deja

Nunca hay que descartar nada, dado el caótico comportamiento de Sánchez, pero si no hay sorpresas hoy dimitirá Salvador illa como ministro de Sanidad, siendo sustituido por Carolina Darias, hasta ahora ministra de Política Territorial, y en su lugar entraría Miquel Iceta en el ejecutivo para desempeñar ese mismo puesto. Las cuotas de poder en el bigobierno seguirían siendo las mismas y el poder del PSC dentro del PSOE también. Sobre la competencia, idoneidad y capacidad de los salientes, entrantes y rotantes, nada de nada, eso es lo de menos. Lo importante es el poder y que se mantenga en las mismas orgánicas manos.

Illa llegó a un ministerio devaluado y casi sin competencias como cuota del PSC. Proveniente del poder municipal catalán, su nombramiento ni causo sorpresa ni fue llamativo. Sanidad es uno de esos ministerios que se han quedado en las raspas, abandonados a su suerte en la estructura del gobierno. Con pocos funcionarios, menos medios y nula relevancia social y mediática, Illa fue nombrado para cubrir la cuota del PSC que antes comentaba y para ser un enlace más en las negociaciones con el soberanismo catalán. Su toma de posesión, acaecida hace prácticamente un año, se mencionó en los medios de pasada, como la pedrea de un sorteo de poder que nunca ha pasado por la sede de Sanidad, un soberbio edificio del Paseo del Prado en el que, me da, son muchos los huecos. En aquellos días un virus desconocido empezaba a causar problemas en China, pero se veía como algo lejano. Algunos lo seguíamos desde principios de 2020, pero sin sospechar que se acabaría convirtiendo en la pesadilla que ha arrinconado nuestras vidas en el oscuro lugar en el que ahora se encuentran. La explosión del coronavirus colocó a Illa en el centro del mayor huracán que uno pudiera imaginar, y eso ha permitido ver claramente sus capacidades y carencias. A lo largo de un año de elevada exposición, hemos podido contemplar a una persona de amables formas y profundo desconocimiento de la materia. Illa es educado, moderado, no dado a los gritos, al comportamiento altisonante, posee unas formas que no abundan en la política española, y que son de agradecer. Veremos a ver si a lo largo de la campaña que empieza mañana seguirá mostrando ese mismo talante amable. Esas formas, que han sido de lo mejor de la crisis que estamos viviendo, contrastan con la absoluta incompetencia de su gestión ante la crisis, aunque es cierto que, en su descargo, él no es el principal responsable. Como desconocedor absoluto del tema ¿qué decisiones podría tomar en cada momento? Sus opciones siempre han sido escasas, y se ha encontrado, como antes les comentaba, con una estructura hueca, un ministerio vaciado de competencias, profesionales y recursos, que no había realizado una compra de medicamentos centralizada desde que se transfirió la Seguridad Social a las CCAA y que apenas tiene personal para las cuestiones administrativas básicas. Illa ha envuelto en sus formas la inacción, el ir al arrastre de los acontecimientos, y ha tirado mucho del recurso a la opacidad, inventando comités de expertos que no existían, informes de evaluación de criterios desconocidos y resoluciones no aparecidas, y así un largo rosario de momentos en los que Sanidad, con Illa a la cabeza, se ha mostrado completamente desbordado e incapaz. Frente a él, diecisiete Comunidades Autónomas de todo signo político y pelaje que han disputado con fiereza el título de incompetencia particular y de queja perpetua. A lo largo de toda la pandemia la relación del ministerio con los gobiernos autonómicos ha sido una pesadilla en la que ha quedado muy clara la disfuncionalidad administrativa en la que vivimos, que la necedad no distingue de baronías ni de grados de pompa, y que todo el mundo sueña con afianzar su poder a costa de todos los demás, en un juego en el que los que pierden, seguro, son los ciudadanos, voten donde voten, lo hagan o no.

El voto. Illa mintió a sabiendas, negando su candidatura a la Generalitat un día antes de que esta fuera hecha oficial, en un ejercicio de política que le iguala con todos los que han sido y serán. Le vuelve loco el poder, como a todos los que en ese mundo están y a él acuden. LA pandemia, los hospitales, los fallecidos, las crisis económicas…. Esas molestias no le importan ni a él ni a su jefe ni a sus oponentes ni a nadie que se presente a unas elecciones, pongamos las catalanas dentro de, se supone, tres semanas, que son las que realmente quitan el sueño al PSOE, al PP, a ERC, a Cs y a todas las siglas que usted quiera añadir. Sirva eso para valorar la gestión de Illa en su año en el cargo. Un buen hombre que ha sido un nefasto ministro.

miércoles, noviembre 20, 2019

La sentencia de los ERE


Antes de nada, resulta impropio que la primera sentencia de los innumerables juicios que restan en el caso de los EREs se produzca muchísimos años después de haber tenido lugar los hechos que se examinan. Una justicia lenta y con semejante tardanza escasa justicia es, y el que esto sea así no se debe tanto a la desidia de los que han desarrollado el proceso judicial, que algo también ha habido, sino sobre todo a la falta de medios y recursos de una justicia que, como en esta ocasión, puede condenar a los responsables de, entre otras cosas, dotarle de medios. Pocos alicientes tiene el político corrupto para espolear una institución que se le puede venir en contra.

En lo que hace en sí al caso y la sentencia, la conocida ayer es dura, y deja negro sobre blanco, en miles de folios, unas prácticas corruptas que se dieron de manera reiterada y sistemática desde los organismos de la administración andaluza, de manera amparada y consentida por los responsables políticos de la Junta, que desde ayer dejan de ser presuntos para pasar a ser culpables. El caso de los ERE es uno de los principales entramados de corrupción de la época moderna y lo tiene todo para ser atractivo para el espectador y el guionista. Corruptelas, políticos enfangados, sobornos, putas, cocaína… lo suficiente para una buena película en la que los malos esta vez no serían los de derechas sino los de izquierdas. Quizás, permítanme ser un poco malvado, por eso no hay película, y dudo que la haya. Este caso ha sido utilizado por el PP para tapar las vergüenzas de los suyos y echárselo a la cara del PSOE. Los socialistas, por su parte, no han dicho apenas nada de este tema en muchos años, la renuncia a los cargos políticos de Chaves y Griñán vino impuesta como condición por Ciudadanos para el anterior pacto de gobierno de los naranjas con los socialistas en la Junta, y conocida ayer la sentencia, pudimos ver a Jose Luis Ábalos, portavoz del PSOE, transmutarse en portavoz del PP en el caso Gürtel. Mismos falsos argumentos, misma manera de escurrir el bulto, mismas mentiras, mismo descaro. Los cerca de cuarenta años de poder ininterrumpido y absoluto del PSOE en la Junta de Andalucía propiciaron la creación de una red clientelar que dilapido caudales públicos sin control alguno, de la misma manera que el PP lo hizo en Valencia y Madrid, y por la misma causa, la posesión absoluta del poder. El que haya habido condenas en este caso quiere decir que parte del sistema institucional ha funcionado, y que la corrupción del poder no ha logrado pervertirlo del todo, pero son evidentes los esfuerzos que se hicieron desde la Junta de Andalucía para que el procedimiento de mangoneo que se había implantado no cayera. La sentencia absuelve al interventor, que hizo lo que pudo, bien poco, para evitar que el desfalco siguiera, pero no fue capaz de impedirlo porque, nuevamente, el poder político se las había arreglado para sabotear el trabajo de la institución encargada de fiscalizar los gastos. El de los EREs es otro ejemplo de manual de lo que Acemoglu y Robinson llaman, en su obra ya de referencia, las élites extractivas, el comportamiento de rapiña por parte de los que detentan el poder de los recursos y capacidades de lo público para lograr el beneficio personal. Da igual si el que lo hace se viste de pepero, socialista, podemita, independentista o arquitecta neofranquista, el procedimiento de robo es el mismo y las justificaciones que los del propio bando y medios afines harán de lo sucedido serán idénticas, cambiando únicamente los nombres de los encausados, sus siglas y la denominación judicial del caso de que se trate. No se vio ayer por parte de los socialistas el más mínimo propósito de enmienda ni asunción de culpa (tampoco lo esperaba) como no se vio en su caso en el PP ni en otros tantos partidos y asuntos. La idea es que el tiempo pase y que el siguiente caso sea de otro partido para utilizarlo como arma arrojadiza. Y así el cutre infantilismo sigue.

Un detalle interesante, y grave, de la sentencia de ayer, son los comentarios que diversos medios han ido haciendo sobre presiones para que la publicación del fallo tuviera lugar pasadas las elecciones del 10N. No se si eso es así o no, pero de serlo, sería muy grave. En todo caso, el PSOE es mucho mejor a la hora de gestionar la imagen y la opinión pública para tapar sus escándalos que el PP, que parece que aún está en primaria en lo que hace al cinismo y márketing, por lo que tengo mis dudas de que de salir la sentencia antes de las elecciones hubiese tenido influencia efectiva. En todo caso, debiera saberse si eso iba a ser así o no y si hubo esfuerzos para que se retrasase, y si el rumor es falso, que los propagadores del mismo paguen con oprobio el sembrar mentiras sobre la ya amplia zafiedad que rebosa en este caso.

jueves, enero 31, 2019

¿Quiere el PSOE competir por Madrid?


La sorpresa fue total la noche del martes cuando se supo que Pepu Hernández, que fue seleccionador nacional de baloncesto, era el escogido por Pedro Sánchez como candidato socialista a la alcaldía de Madrid. Semanas se llevaba especulando sobre quién podría ser el candidato, y sólo había certezas sobre los nombres que habían rechazado presentarse, empezando por el de Rubalcaba y algunos ministros del actual gobierno. Durante días el nombre de Reyes Maroto, actual titular de industria, fue la que más sonó, pero finalmente saltó la sorpresa, y la designación de Pepu ha dado la oportunidad a bromistas de todo tipo de hacer su miniagosto en medio de una revuelta semana de enero, porque el elegido y su pasado propician la broma.

La duda que me queda es si, realmente, el PSOE quiere presentarse a estas elecciones o ya las da por tan perdidas que ni le importa. Algunas encuestas a principios de semana señalaban que incluso Vox podría superar en votos a una marca tan consolidada como la del puño y al rosa, que en Madrid ciudad no consigue un éxito desde los tiempos de Juan Barranco, y si muchos de ustedes no le recuerdan ya tienen ahí un indicativo de cómo vive este partido en la ciudad. Batallas y luchas fratricidas han sido el sino de la sempiternamente dividida FSM, o como sea que se llame ahora el organismo que coordina al PSOE en Madrid, donde el último gran escándalo llegó tras la expulsión de Tomás Gómez, el último candidato que, sin aspiraciones a ganar, podía ser al menos recordado en las encuestas cuando se le preguntaba al elector por él. Mientras que en la Comunidad el PSOE ha encontrado en Gabilondo un candidato solvente, que no logra alcanzar el poder pero mantiene muy bien el tipo y la marca del partido, en el ayuntamiento los socialistas caminan de desastre en desastre hacia la nada. Hace varios meses se filtró la noticia de que Sánchez había ofrecido a la propia Carmena presentarse por las listas socialistas, lo que era una manera nada encubierta e renunciar a la carrera por parte de Ferraz y admitir que muy poco pintaban en esa competición. Carmena renunció públicamente a este ofrecimiento, quizás porque ya entonces estaba pensando en cómo amasar las empanadillas con las que iba a cortejar a Errejón, y porque sabía que su marca, ella misma, era mucho más poderosa que la de quien le ofrecía un puesto en su lista. De hecho el ver quién ofrecía a quién, o quién se plegaba a quién si así lo prefieren, mostraba dónde se encontraba el poder real y el desesperado. Tras estos movimientos, era obvio que el candidato que seleccionase el PSOE iba a ser el líder de una lista fracasada, un contrincante de consolación. “Como no ha sucedido lo que deseaba, te toca a ti cubrir el expediente” era el mensaje que cada uno de los tentados por Sánchez podía leer en su llamada de ofrecimiento. Evidentemente las negativas han sido numerosas, porque a nadie le gusta inmolarse gratis, acudir a una derrota segura y estrepitosa, y pasar a cambio las penalidades que supone una campaña electoral, estar en el foco mediático, ser escrutado y, en estos tiempos, vilipendiado por pertenecer al mundo de la política. Y todo para perder sin remedio. En este sentido me recuerda la figura de Pepu a la del antiguo ministro de Industria Miguel Sebastián, que aceptó el encargo de ZP de presentarse como alcaldable de esta villa y corte a sabiendas de su segura derrota. Su campaña fue tan triste (¿recuerdan aquel debate con Gallardón en el que utilizó tácticas del estilo “Sálvame”?) como nefasto su resultado. Sebastián, que era leal a su jefe, o no pudo o no supo renunciar al amargo cáliz que éste le ofrecía y se sacrificó delante de todo el mundo en un estrellato que le alejó definitivamente de la política. Quizás Villarejo tenga cintas en las que se puedan escuchar los argumentos con los que ZP le convenció para presentarse. Sería curioso poder oírlos.

Muchos socialistas madrileños, desnortados, asisten con sorpresa al fichaje de Pepu y empiezan a mostrarse reticentes, sabedores que los experimentos con famosos suelen acabar mal, sea cual sea la sigla que encabecen. Al final habrá primarias porque Manuel de la Rocha ha anunciado que también quiere ser candidato, pero uno y otro saben que la marca PSOE será aplastada en Madrid. Algunos de sus votantes le apoyarán, muchos se quedarán en casa y muchos otros votarán a Carmena, quizás la primera que le dijo no a Sánchez. Y en la noche electoral de mayo en Ferraz poco habrá que celebrar sobre las votaciones que decidan el destino del palacio de Cibeles, Ya habrá quien, desde hoy, escriba argumentarios de excusas.

viernes, junio 23, 2017

El enorme error del PSOE con el CETA

No ha supuesto grandes sorpresas la vuelta de Pedro Sánchez al frente del PSOE. Pese a las acusaciones que sobre él lanza Rajoy, lo cierto es que el renacido secretario general es también bastante previsible. Su objetivo es darle la vuelta a todo lo que había, enarbolar el NO a lo que sea por bandera y tratar de recuperar un voto perdido que ha abandonado la rosa socialista por el puño podemita. En su afán por lograr estos objetivos lleva tiempo Sánchez confundiendo al militante con el votante, a los 180.000 que componen su organización con los, al menos, ocho millones de electores que necesita para ganar suficientes escaños en el Congreso, y ese error lleva a otros mucho más graves.

El del CETA es uno de ellos. Estas siglas corresponden al acuerdo de libre comercio firmado entre la Unión Europea y Canadá, fruto de años de negociaciones que, como resultado, dieron un texto enorme, complejo, lleno de cláusulas y condicionantes. Tras el parón, casi agonía, en la que lleva viviendo durante años la Organización Mundial del Comercio, encargada de fortalecer esas relaciones globales y rebajar tasas y aranceles mutuos, la tendencia ha sido la de firmar acuerdos locales, entre naciones y áreas de interés (el transpacífico, el NAFTA, el proyecto de acuerdo trasatlántico, etc). Curiosa y absurdamente, a medida que estos acuerdos han ido progresando y las naciones implicadas en ellos se han beneficiado, han surgido poderosas voces que recelan de los mismos, que utilizan argumentos de todo tipo, pero que en el fondo esconden el miedo a la pérdida de soberanía de las naciones que firman los compromisos, soñando como siempre con una arcadia feliz y próspera, sita en un pasado de riqueza y pleno empleo que, ya les aviso, nunca existió. Tradicionalmente han sido grupos de izquierda los que han encabezado este tipo de protestas, pero desde hace algunos años se han sumado al movimiento partidos de extrema derecha, como el Frente Nacional francés o el UKIP, que hace hoy un año consiguió la victoria del Brexit. La postura de Trump, contraria a estos acuerdos, también es muy conocida, y sólo el hecho de que un sujeto como Trump los deteste supone un argumento de peso para defenderlos. En definitiva, la oposición a esos acuerdos no es tanto ideológica en el sentido clásico de derecha izquierda como en el nuevo eje de globalización sí o no. Como defensor de la globalización, y creyente en la necesidad de establecer unas reglas que permitan que las cosas funcionen, estos acuerdos me parecen la manera más lógica y sensata de establecer un sistema de intercambios global regulado, sujeto a normas, derechos y compensaciones. Las dos alternativas existentes, el caos comercial y el proteccionismo, son graves errores que sólo empobrecen y crean divisiones entre naciones y personas. Es cierto que las cuestiones comerciales son mucho más complejas de lo que parecen, y que para llegar a esos acuerdos cada parte lucha ferozmente en pos de sus intereses y en contra de los de enfrente, pero es lo habitual en toda negociación. El CETA necesitó muchos años de discusiones entre dos áreas, la UE y Canadá, que comparten visión estratégica global, cultura democrática y sentimientos de respeto ante las libertades y los compromisos globales, entre ellos los medioambientales. Aun así costó lo suyo llegar al entendimiento, y ahora ese pacto debe ser ratificado por los países de la UE para que entre en vigor. En España se votará la semana que viene en el Congreso, y a lo largo de esta semana Sánchez ha hecho que el PSOE pase de aprobarlo a negarlo para, finalmente, abstenerse.


¿Es el CETA un acuerdo mejorable? Sí, como todos los acuerdos, dado que no responde a la mejor de las aspiraciones de cada uno de los firmantes. A medida que se ponh¡ga en marcha podrán ir viéndose cosas que pueden mejorarse o que se quedaron cojas, o que se vieron como lógicas y no funcionan de la manera prevista, como pasa en todos los acuerdos de todo tipo, pero la postura del PSOE es un error de bulto, y una visión de la vida, vestida de presunto izquierdismo, que sólo muestra corteza de miras, miedo al futuro y proteccionismo del más rancio. Si esa es la estrategia de Sánchez para recuperar votantes de Podemos, dudo que funcione, pero puede que sea útil para espantar al votante socialista moderado, que es el que le da el gobierno y se lo quita. Así el PSOE no va a ninguna parte.

lunes, mayo 22, 2017

El retorno de Pedro Sánchez

Nos pasamos la vida exigiendo a los partidos políticos debate, confrontación de ideas y candidatos y, en general, formas democráticas. Y cuando así lo hacen, nos pasamos el resto del día criticando sus divisiones internas y las crisis que han aflorado. Es un poco incoherente, cuando no esquizofrénico. En este sentido el PSOE cumple plenamente todo lo dicho. Ha dado un ejemplo de democracia interna, ante los suyos y ante todo el país, y del proceso de primarias sale con unas divisiones que son objeto de análisis y siembra de cizaña por parte de todos los que se dedican a seguir los avatares políticos. Al menos debiéramos reconocerles el ejemplo democrático que han dado.

La victoria de Pedro Sánchez en la noche de ayer fue tan incontestable como amarga la cara de derrota que exhibía Susana Díaz durante su breve y esquiva comparecencia. Sánchez vuelve a la secretaría general del partido aupado por la rabia de una militancia que ven en él un revulsivo frente a las formas del aparato, que lo ha erigido como líder pese a que los resultados electorales cosechados bajo su mandato fueron desastrosos, y que confía en su palabra basada en un no a Rajoy como bandera, pese a la ausencia de un proyecto global de futuro y de una línea socialdemócrata definida. El voto a Sánchez por parte de los militantes es tanto un voto de esperanza en un nuevo PSOE como una manera de enterrar el PSOE de toda la vida. Los líderes históricos, que en su inmensa mayoría, por no decir totalidad, apoyaban a Susana, han sido derrotados con ella, y ahora están ya jubilados de facto en un partido que, en su próximo congreso federal abordará, quizás la mayor renovación de cargos internos de su historia. Pese a lo logrado, Sánchez se enfrenta a enormes retos que pueden hacer muy ingobernable su victoria. La división en el PSOE a la que antes aludía es cierta, y los susanistas, heridos pero no desaparecidos, esperarán a cobrarse alguna pieza tras lo escuchado durante la campaña electoral. Así mismo, la mayor parte del poder regional que conserva el partido lo detentan cargos, barones, afines a la línea clásica del partido, no de la cuerda de Sánchez, por lo que la cohabitación con ellos será inevitable y, veremos hasta qué punto, dolorosa. Al maremágnum interno del partido se suma un exterior muy hostil. Podemos sigue en la puerta con el lanzallamas, tratando de destruir la sede y alma del viejo partido para conseguir la hegemonía en la izquierda, su objetivo principal, como buen estalinista, y ya la primera versión de Pedro Sánchez mostró ser un débil adversario para un maquiavélico Pablo Iglesias. ¿Habrá aprendido algo Sánchez de aquella traición? ¿Será ya consciente de que Podemos no es sino el peor adversario del PSOE, y que sólo busca su desaparición? El PP quiere ganarle, pero también le necesita, sin embargo Podemos aspira a laminarlo, hacerlo desaparecer. A todo este lío, de muy difícil previsión, se junta la crisis global que atraviesa la socialdemocracia en toda Europa. Elección tras elección los partidos socialistas europeos pierden poder y se convierten no en minorías, sino en irrelevancias. En la próxima cita, 8 de junio, le puede tocar el turno al laborismo británico. ¿Se enfrenta el PSOE a un escenario similar? Son dos las alternativas posibles. Una, la que desea Sánchez, la portuguesa, en la que el PSOE remonta, se convierte en claro líder de la izquierda y, sumando apoyos del resto de partidos, logra el gobierno. La otra, la que muchos temen, la francesa, en la que el PSOE, con un candidato radical, provoca la marcha de los votantes tranquilos del partido a otras opciones (¿Ciudadanos?) y cae por completo en el ostracismo, dejando el grueso de la izquierda en manos radicales. ¿Será Sánchez el Benoit Hamon español? Sólo el tiempo lo dirá.

Hay un aspecto de este proceso que no puedo eludir comentar. Sánchez, Díaz y López han sido votados por sus militantes, 180.000 personas, un número ridículamente bajo del censo electoral. El grado de afiliación política en España es bajísimo, y esa muestra de militantes probablemente no es representativa de la población. El que haya ganado el candidato de la militancia, mucho más radicalizada que la media, en vez de el electorado, puede ser una de las causas por las que el PSOE no logra remontar el voto. En todo caso, la decisión está tomada, y ahora queda por ver cuál es la versión de Sánchez que se nos muestra esta vez y, sobre todo, qué respaldo electoral logra cuando haya elecciones, que no se prevén en breve.

lunes, enero 16, 2017

Empieza la lucha por el liderazgo del PSOE


De las pocas certezas que tenemos para este 2017, cuatro de ellas pasan por la celebración de los congresos de las principales formaciones políticas de nuestro país, obligadas a renovar sus liderazgos tras el desastroso año 2016, desastroso para todos, aunque quizás ellas no quieran verlo así. Los cónclaves más emocionantes son los de Podemos y el PSOE. En Podemos el cruce de espadazos entre pablistas, errejonistas y anticapitalistas se efectúa a través de amorosos mensajes en las redes sociales, lo que le da un toque entre absurdo y “pimpinilesco” si me lo permiten. Pero bajo esa apariencia ñoña se esconde una cruel lucha de poder en la que, probablemente, el líder supremo actual lamine a todos los que no le adoran como es debido.
 
En el PSOE todo es mucho más complicado. Incluso los propios socialistas están de acuerdo a la hora de calificar como horrible su situación. La posición de bloqueo a la que lo llevó Pedro Sánchez, la traición a la que le sometió Iglesias, el aprovechamiento de la situación por parte del PP, los resultados electorales, cada uno peor que el anterior… 2016 es un año de letanías para las gentes de Ferraz, que culminó en un comité federal convulso y lamentable, lleno de incidentes, que acordó la salida de un fracasado Sánchez pero que dejó herido al partido, abierto en canal ante una opinión pública que asistía, con una mezcla de asombro, pena y morbo, al despiece de las siglas históricas. La gestora constituida tras ese aquelarre se puso como objetivo doble el de coser el partido y organizar la convocatoria de un congreso en el que zanjar el problema del liderazgo, y para ello decidió, no le quedaba otra, propugnar la abstención en la investidura de Rajoy, para que no fuera el clima electoral el causante de una nueva, quien sabe si letal derrota. En los meses transcurridos no ha habido muchas novedades, pero sí algunos movimientos. Fruto de sus erróneas declaraciones y su trayectoria errática, la figura de Sánchez se ha ido devaluando poco a poco, y muchos de sus fieles le han abandonado, siendo sintomático que la más relevante de sus defensoras, Zaida cantera, que llama día tras día a la militancia para que le apoye, sigue sin ser militante. Susana Díaz, la lideresa, que descabalgó a Sánchez en la pugna del año pasado, sigue por su parte deshojando una margarita que tiene más pétalos que euros el déficit público, y no anuncia si se presenta o no, cuando todo el mundo le da como candidata. Tras el comité federal de este fin de semana se ha abierto el plazo para presentar candidaturas a la secretaría general, que será elegida mediante las letales primarias, y ya hay un primer aspirante. Los rumores pasados han resultado ser ciertos y Patxi López anunció, ayer domingo, que se postula a liderar el PSOE, desde un discurso de izquierda clásica, según fueron sus palabras, sin terceras vías ni rendición ante la política del PP. En su presentación estuvieron presentes algunos de los llamados “sanchistas” y es que la candidatura de López puede aspirar a representar al sector díscolo frente al oficialista, que es el encarnado por la “tirapétalos” Susana. ¿Es esto así? ¿desactiva la candidatura de López una intentona de Sánchez? Si Susana se presenta, ¿se puede llegar a una candidatura de consenso para no fragmentar aún más el partido? ¿Puede haber terceros candidatos y una elección reñida, como pasó en la ocasión anterior? ¿Será capaz el PSOE de reconstruirse y hacer frente al asalto cruel de Podemos y a la crisis que vive la socialdemocracia europea? Todas estas preguntas y muchas más, debieran encontrar respuesta en los próximos meses. Sino, la crisis que vive ahora el partido puede ser devastadora para su futuro.
 
No puedo evitar dedicar unas líneas a Javier Fernández, presidente de Asturias, responsable máximo de la gestora del PSOE, que desde ese convulso comité vive al frente del partido, en una situación que nunca le hubiera gusta ver ni padecer. Se ha revelado ante todos como un hombre sensato, coherente, tranquilo, certero en sus palabras y análisis. En un tiempo de infantilismo, ansia por las prisas, tuits de cuatro palabras (muchas mal escritas) y eslóganes vacíos, Fernández ha demostrado ser un señor con la cabeza bien amueblada, las ideas claras, expresión certera y mirada larga, alejada de la cruda y falsa inmediatez. Su presencia es lo mejor que le ha podido pasar al PSOE, y sus crítico, y letales odiadores de Podemos, lo saben.