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viernes, mayo 22, 2026

¿Un asesinato familiar?

Una de las noticias nacionales de esta semana en España ha tenido trascendencia en los medios internacionales, y se ha comentado mucho, pero no es la relacionado con la trama de ZP y las ramificaciones venezolanas, no, pese a su gravedad. Es todo lo relacionado con la muerte de Isak Andic, el fundador y dueño de la cadena de ropa Mango, una multinacional presente en numerosos países, que falleció hace no mucho en un accidente de montaña en Monserrat, mientras daba un paseo con su hijo. Desde un primer momento se rumoreó lo sospechoso que resultaba la presencia del primogénito, Jonathan, en aquellos hechos y el escaso peligro que tenía la ruta que estaban realizando ese día, más propia de senderismo que de montaña.

Pues bien, en el mismo día en el que la Audiencia Nacional revolucionaba la política con la imputación de ZP, la jueza que lleva el caso de la muerte de Andic padre ha imputado al hijo de homicidio, de haber sido el causante de ese fallecimiento, provocando la caída del padre en el único sitio del paseo en el que realmente se podía producir un accidente serio y realizando todo tipo de labores para disimular lo que era un acto de agresión y transformarlo en un accidente. Jonathan es, ahora mismo, vicepresidente de la compañía y, por tanto, sigue ocupando un puesto muy relevante en el organigrama de la empresa, con poder de decisión y remuneración muy elevada. Esto ha hecho que la relevancia de la decisión judicial sea máxima, porque no estamos ante un familiar que, tras la muerte del padre, abandona el negocio, ni mucho menos. Las sospechas sobre las ambiciones de Jonathan han ido salpicando los medios durante todo el tiempo transcurrido desde el fallecimiento de Andic padre, y los números que se barajaban como herencias y similares eran mareantes, y muy tentadores si los escrúpulos de alguno de los implicados no eran excesivos. Se suponía que, a la muerte de Andic, la empresa, gestionada de manera profesional, pero que seguía siendo un negocio familiar, pasaría a manos de los hijos del patriarca, que son tres; el mencionado Jonathan y sus hermanas, Judith y Sarah (todos con h, ¿deseo del padre?). La brusquedad de lo sucedido precipitó los hechos, nunca mejor dicho, y en este tiempo se han cruzado algunas demandas y líos judiciales sobre la posesión del imperio, el reparto de los beneficios y cosas por el estilo. Ahora, además, se ha sabido que Isak planeaba alterar su testamento de tal manera que iba a donar la mayor parte de su fortuna a una fundación con el propósito que de se destinase a fines sociales, en la idea, muy norteamericana, de devolver a la sociedad algo de lo que ella le ha dado al magnate en su proceso de construcción del imperio. ¿Sabía Jonathan ese propósito testamentario y actuó antes de que se produjera? ¿Vio en la decisión de su padre un peligro de cara a la idea de millonario que se había hecho como heredero del imperio? ¿Le entró el pánico a verse desposeído de lo que creía que era suyo de pleno derecho? Son preguntas bastante lógicas, que la investigación judicial debiera tratar de resolver. Por ahora los peritos, en sus informes, tienen pocas dudas sobre la artificialidad de algunas de las marcas encontradas en el paseo de los Andik justo antes de la caída, de tal manera de que su tesis es que el hijo empujó al padre y luego pretendió simular un resbalón propio en la pista de piedras, de tal manera que esa fuera la causa del accidente. Ambos resbalaron y él se salvó, pero el padre no. Esa es la tesis que ha defendido desde el principio, pero claro, si se logra demostrar que esas marcas de resbalón son “forzadas” la cosa se complicaría mucho para Jonathan. El conocimiento de ese cambio en el testamento sería la excusa perfecta para justificar un acto de este tipo por parte de alguien corroído por la ambición, y de ahí a planificar los hechos y ejecutarlos no habría demasiado. Eso es lo que debe ser probado y, si así fuera, Jonathan pasaría un buen tiempo de lo que le resta de vida entre rejas.

Evidentemente todo esto tiene un aire de telefilme que resulta muy atractivo. Conjuga las horribles tramas violentas que llenan la programación de los sábados por la tarde de algunas cadenas televisivas con el glamour del negocio de la moda y con cifras de facturación de cientos de millones de euros, lo que lo convierte en un serial de ricos. La presencia de Mango en muchas naciones, su imagen global de marca y las similitudes con alguna serie de reciente factura y notable éxito (sí, Succession) he hecho que muchos medios pongan sus ojos en los Andic, en un pedregal de Monserrat y en un juzgado de Barcelona. La investigación y juicio pueden dar para bastantes películas más.

viernes, febrero 27, 2026

Cocaína por doquier

Esta semana otra mujer, al parecer actriz, ha presentado demanda contra Íñigo Errejón por abusos sexuales, por haber sido forzada por el que parecía un crío inocente. Sobre el personaje, su hipocresía y demás ya he escrito, y otros lo también lo han hecho mejor que yo. Quiero fijarme en un detalle secundario de la denuncia En ella la demandante describe sucintamente la situación que derivó en abuso haciendo hincapié en el consumo de alcohol y cocaína por parte de ambos, agresor y agredida, en un contexto de fiesta, consumo que, por lo que se intuye, no tenía nada de esporádico ni de mínimo. Lo de ponerse de copas hasta arriba no es algo excepcional, pero por lo que parece, colarse con rayas tampoco.

Y digo esto porque los datos, siempre muy imprecisos en este campo, hablan de una realidad de consumo de cocaína que es más que abundante en nuestro entorno. Las principales estimaciones se hacen en función de los alijos decomisados, cada vez mayores, los que se estiman que no se interceptan, y la mejor de las pruebas, el estudio de las aguas residuales de las ciudades, que sirvió en sus tiempos para prevenir las olas de Covid y ahora también señala que la gente se mete polvos en su interior más de lo que podría imaginarse. A grosso modo se estima en un 7% el porcentaje de la población que consume cocaína, y eso en un país de casi cincuenta millones de habitantes es mucho. Mucho. Los consumos se supone que se disparan el fin de semana, por eso del ocio, pero esta droga está muy vinculada también al trabajo, a la activación máxima del cuerpo ante situaciones de tensión, y es por ello que, aunque sí hay picos, se ve que los valles de los días laborales no son muy profundos. Hay un consumo regularizado y sostenido por parte de cientos de miles de personas que ven en esta droga algo de lo más convencional en sus vidas. Por lo que me cuenta alguna persona bastante joven, en su entorno casi es más frecuente el recurso a la cocaína y a drogas sintéticas que al alcohol en sus múltiples variedades, lo que no deja de ser algo chocante. La cocaína es una droga que mata, que destruye al que la consume, que deja secuelas y que destroza los entornos personales y sociales de los lugares en los que penetra, pero aun así sigue teniendo una imagen positiva. A un consumidor de cocaína no se le ve como un adicto, un enganchado, un drogata. Si me apuran incluso lo contrario, como alguien de éxito que recurre a eso para mantenerse en la cresta. Es una droga que tiene un estatus muy especial y que no ha conseguido perder con los años. Así mismo se ha dado en estos últimos tiempos un fenómeno curioso, que es su abaratamiento. Mientras el precio de la cesta de la compra no deja de subir, el de la dosis de coca ha ido bajando a medida que parte de la producción que era consumida en EEUU se derivaba a Europa dado el impacto que el fentanilo ha tenido en el mercado de los adictos norteamericanos. Europa está invadida de alijos, no cesan de llegar de cualquier manera imaginable y sus efectos económicos empiezan a ser más que serios en naciones como Países Bajos, donde la economía de la droga comienza a tener mucho más poder del debido en un sistema político que no es un narcoestado, pero que empieza a tener algunas de sus características. Lo cierto es que el consumidor accede hoy en día a un producto más barato que antaño y de mejor calidad, en el que la pureza es mucho más elevada de lo que solía ser. Ponerse renta más en todos los sentidos. Fuerzas de uno y otro sentido alientan el crecimiento de un mercado que no parece tener techo, y las noticias en las que sucesos de todo tipo tienen implicados a personas que han consumido cocaína se suceden, y son vistas con la naturalidad que refleja la extensión de su consumo en nuestra sociedad. ¿Cómo no va a tomarla él si yo lo hago, o conozco a alguien que lo hace?

¿Toma usted cocaína? ¿Lo ha hecho alguna vez? No, no me conteste, por supuesto, píenselo en su interior. Les confieso que mi papel de recatado en la vida no es una pose, y pese a que he podido hacerlo, nunca he consumido esa droga (y creo que ninguna otra, salvo alcohol) No me llama la atención para nada, no me resulta atractiva, no me estimula su presencia, no me pone, no….. Nunca la he probado, se lo confieso. Lo cierto es que tenemos un problema social con la normalización de algo que no lo es, con el consumo de una sustancia tan dañina. ¿Cuántos de su entorno de trabajo darían positivo en cocaína si se hiciera un control aleatorio un día cualquiera? ¿Cuántos entre su familia o amistades?

miércoles, octubre 22, 2025

El Louvre es Francia

En este caso sí puedo decir que he visitado el museo del Louvre. Lo hice en mi segundo viaje a París. En el primero opté por no acudir a museo alguno y contemplar la ciudad, que es desbordante, y ya en el segundo entré en alguno de los muchos que están por la ciudad. El Louvre me dejó sensaciones encontradas. Aplastante por la dimensión del edificio, su suntuosidad y por todo lo que allí se exhibe. Es un edificio apoteósico que, por ejemplo, deja a Versalles convertido en la casita del perro. Aún vacío el Louvre es una barbaridad que merece una visita intensa por el mero hecho de acceder a semejante edificio. Es lujo y poder sin límite.

En sí, el museo me pareció un caos apelotonado. Los accesos, modernizados tras las obras de la pirámide de Ming Pei en el patio, se habían quedado ya pequeños para la marabunta que trataba de acceder, todos con entradas ya compradas. En general la circulación interior era difícil, y el principal consejo que uno puede recibir si lo visita es no acercarse a la zona de la Mona Lisa ni a la de la Victoria de Samotracia, porque aquello va a estar siempre como los andenes de cercanías de Atocha. El espectáculo en ese caso no es la obra expuesta, y las que le rodean, sino la aglomeración de gente que allí se encuentra. En el resto del museo la densidad humana disminuye y hay zonas de gran interés poco frecuentadas que se pueden ver sin apelotonarse. Vi muy mala educación por parte de visitantes y grupos organizados con respecto a los vigilantes, personal de sala y demás empleados del museo, escenas que en España no he contemplado en ningún caso, y la sensación de que el control del espacio estaba en manos de los encargados de mover a los turistas. Respecto a la seguridad, cualquier apreciación que uno pueda tener es errónea, porque carece por completo del conocimiento real de los sistemas, visibles y no, que están instalados y que garantizan que las obras expuestas ni sean dañadas ni sustraídas. La impresión de que algunas zonas del museo tenían el ambiente propio de la Gran Vía madrileña debilitaba la sensación de posible seguridad que pudiera existir, y casi uno esperaba que el siguiente grupo de orientales que entraba por una puerta decidiera, motu proprio, llevarse alguno de los cuadros expuestos, así, por las buenas, tras haber decidido entre los miembros de la manada cuál era el preferido. Mientras deambulaba por allí hacía algunas ligeras cuentas sobre el precio de la entrada y las miles de personas que se encontraban en el interior, imaginando unas cifras de facturación millonarias, por no hablar de las relativas a las ventas de merchandising, recuerdos y servicios como el de cafetería. El Louvre es, en sí mismo, una fabulosa máquina de generar ingresos. Es evidente también que los costes de mantenimiento de edificio son enormes y su gestión diaria debe suponer un presupuesto disparatado, tanto en personal como en suministros, pero uno tenía la sensación de que estaba ante un negocio rentable, que proporcionaba más ingresos que gastos. Y, dado el carácter patrimonial de la institución, contando con la garantía del estado francés para solventar cualquier tipo de apuro que se pueda sufrir en forma de obras, reformas o cualquier otro tipo de intervención que, por las características del complejo, pueden resultar bastante más complicadas que las que se llevan a cabo en edificios modernos. De hecho, a principios de este año, Macron presentó un plan de reforma general en el que se hacía mucho hincapié tanto en la modernización de las instalaciones como en la reforma de los sistemas de acceso, y se abría la posibilidad, debatida desde hace tiempo, de que para garantizar la supervivencia de la instalación, hubiera dos entradas reales, una a todo sin la Mona Lisa y otra exclusivamente para ella, de tal manera que la obsesión que genera esa obra, absurda a mi entender, no acabe por destruir la experiencia de visitar el conjunto de la colección y desborde por completo las infraestructuras del museo. En ese plan también se habló de la seguridad, de cuestiones como la conservación de cubiertas, ventanas y otro tipo de elementos que empezaban a ser denunciados por los empleados del museo por su deterioro. Macron dijo que tranquilos, que todo se iba a estudiar, financiar y mejorar.

El robo de joyas napoleónicas producido este fin de semana en una de las galerías del museo ha dejado sorprendido a casi todo el mundo salvo, al parecer, a los empleados de seguridad de la institución, que empezaron a comentar en los medios los parches con los que llevan tiempo trabajando. El golpe, audaz, de película, ha dejado en entredicho a toda la gestión del museo y ha supuesto un golpe moral, otro, más, a una Francia que va camino de una crisis psicológica profunda, en la que lo económico, lo político y social presentan grietas que no dejan de extenderse. Para “grandeur” los fallos que han facilitado la acción a los delincuentes.

jueves, octubre 16, 2025

Quince años de muerte abandonada

De entre todas las noticias que pueblan la actualidad ha habido una social que esta semana ha logrado escalar hasta lo más alto del debate en cafés, comidas y demás eventos diarios, que son los que definen el día a día de una sociedad. Se trata el hallazgo del cadáver de un hombre que llevaba quince años muertoo en su casa y a quien nadie había echado de menos. Las lluvias de la DANA Allice provocaron la inundación de la terraza de un edificio en Valencia y la gotera chorreante por varios pisos del bloque. Al acceder al último piso del edificio, justo debajo de la terraza inundada, quienes lo hicieron se encontraron un cadáver casi momificado en un dormitorio convertido en una especie de palomar improvisado.

El hombre se llamaba Antonio Famoso, y ha hecho honor a su apellido después de una vida sometida a un final de vacío espeluznante. Divorciado, con dos hijos de los que se distanció cuando eran muy pequeños, murió a los 86 años, en 2010, en plena crisis financiera global. El rastreo de los que permanecen vivos y llegaron a conocerle, realizado por los medios de comunicación tras el surgimiento de la noticia, ha permitido crear un perfil algo más detallado de una persona de aparente normalidad absoluta. Tras el divorcio Antonio se dejó ir, como señalaba alguno de los residentes por la zona que solían verlo pasear. Iba reduciendo sus apariciones y su aspecto se estropeaba poco a poco, como el de alguien que, tras perder lo que le impulsaba, se va frenando, y es la inercia menguante lo que le permite seguir avanzando. Saludaba a quienes se encontraba, pero no mantenía conversaciones. Correcto, distante, los lazos con su entorno eran mínimos. Es probable que llevara una vida tranquila, anodina y sin sobresaltos, triste. Y, sin duda, solitaria. A su muerte, mejor dicho, tras dejar de ser visto lo poco que ya era en el entorno, algunos pensaron que se habría marchado a una residencia, o a otro lugar, o que se habría recluido voluntariamente, quién sabe. En todo caso Antonio dejó de ser visto y nadie lo echó realmente de menos. El vacío en el que vivía se hizo total y la luz se apagó, real y metafóricamente, hasta esta semana, en la que la sorpresa ha sido mayúscula. El sistema burocrático en el que vivimos no ha detectado la muerte de Antonio, como es lógico, y seguía cobrando su pensión, lo que le permitía pagar los recibos domiciliados. Evidentemente no cogía el teléfono si le llamaban, y los comerciales pesados de cada día acabarían por ficharle como el peor de los engañables posibles, y hasta ellos le dejarían en paz. Como ya no se recibe apenas correspondencia su buzón no se llenaba de cartas, y la comunidad retiraba la publicidad que, muchas veces, es lo único que nos llega a ese punto de referencia. No compraba por internet, y por lo visto las revisiones técnicas de su instalación de gas o de cualquier otro suministro no eran lo frecuentes que indica la normativa, dado que nadie accedió a esa casa. La vida biológica de Antonio se detuvo de manera definitiva pero la relacionada con su persona jurídica no, y eso muestra lo implacable que puede ser la burocracia cuando se pone en marcha, y que su inercia no sufre efecto de rozadura alguna que la frene. La sorpresa de quienes encontraron los restos de Antonio debió ser enorme, y más dado que su habitación tenía la ventana entreabierta, así se quedó hace quince años, y desde entonces palomas y otras aves habían tomado posesión de la habitación, convirtiéndolo a la vez en el sueño y pesadilla de un ornitólogo, una escena digna de película de Tim Burton con cadáver incluido, que tenía todos los ingredientes para revolver el estómago del más aguerrido. Tras el hallazgo, se ha visto que los vínculos de la vida de Antonio con los demás eran realmente débiles, casi inexistentes. Un encierro voluntario hubiera bastado para romperlos del todo y dejar al hombre solo hasta la nada absoluta. Fue la muerte lo que lo logró, pero hubiera bastado un grado más de misantropía en su vida para conseguir el mismo efecto de huida de la realidad en vida que el logrado tras su fallecimiento.

Antonios no hay pocos, cada vez más, de hecho, y todos los que vivimos solos en nuestros pisos corremos el riesgo de acabar así, deslizándonos por una pendiente en la que la soledad sea cada vez más nuestra compañera. La biología hace que parientes y amigos vayan abandonando nuestras agendas, a las que llega una edad en la que la poda es superior al rebrote, y se van extinguiendo. Espero que no me suceda, pero más de una vez he pensado, si se produce una desgracia y, pongamos, me muero durmiendo en la cama, cuánto tardarían en darse cuenta el entorno de mi ausencia. En época laboral como la presente, intuyo que poco, pero ¿y en un futuro de retiro? Sí, un pequeño Antonio está presente en nuestras cada vez más solitarias vidas.

jueves, mayo 29, 2025

Dos tragedias

Ayer, mientras el desgobierno que padecemos se hundía sin cesar en la montaña de porquería que suponen todas sus tramas, cada vez más al descubierto, pudimos contemplar en directo dos tragedias humanas espantosas, que se saldaron con víctimas mortales, y que demuestran hasta qué punto el instinto de supervivencia, que nos mantiene en pie y a salvo cuando actuamos en soledad, se puede convertir en nuestro peor enemigo cuando son multitudes las que se enfrentan a un riesgo mortal. El individuo puede llegar a ser racional, la masa nunca, y el desastre está servido ante aglomeraciones y sometidas a presión vital. Mucha palabrería para enmarcar tragedias sin consuelo posible.

En el muelle de la restinga, en el Hierro, siete mujeres murieron cuando el cayuco en el que se encontraban, junto a muchísimas más personas, estaba apenas a cinco metros de la orilla del espigón, una distancia mínima, casi nula, frente a todo lo que ese grupo de personas había llegado a navegar desde que partieron de las costas de África, probablemente las senegalesas. En un momento dado se produce, a esa distancia tan enana, una aglomeración de personas en el lado del cayuco que está más cercano a tierra, y la barca empieza a zozobrar. A partir de ahí sólo la cabeza fría y la quietud pueden contener el desastre, pero no están por ningún lado, el miedo se dispara a medida que la borda se acerca al agua y algunas personas empiezan a caer. El colapso es muy rápido cuando la histeria se desata, y toda la barca se gira, cayendo al agua la gran mayoría de los que en ella estaban. El giro se mantiene por inercia y las personas que estaban metidas en lo más hondo de la embarcación, buscando un refugio frente al sol inclemente, quedan ahora, de repente, atrapadas entre el agua y el barco, que completamente girado, les impide salir a la superficie. Algunos de ellos aprovechan una mínima cámara de aire que se forma en el momento del brusco giro para aguantar, pero otros no son capaces de contar con tanta suerte y se ven hundidos sin remedio. En el agua la histeria es total y el personal que está en el muelle corre, se tira al mar, lanza salvavidas, hace lo que puede, pero a penas es capaz de mantener un mínimo control de la situación y de minimizar daños. Muchos de los inmigrantes se encuentran en estado de shock ante lo sucedido y no son capaces de reaccionar. Con enormes esfuerzos, se logra volver a girar la nave para que deje de ser una trampa para los que aún se encuentran en ella, pero ya es tarde, y no son pocos los cuerpos que, en el fondo del cayuco, yacen ya ahogados sin remedio. Inmigrantes y personal de emergencias tratan de recuperarlos, pero en la escena se ve como alguno de los que en ello están, de repente, se quedan fríos, aturdidos, inertes ante lo que ven, y no hacen nada. Están anulados, y deben ser retirados por el personal especializado, sacados de allí antes de que se caigan al agua o sufran cualquier otro tipo de contratiempo que ponga en peligro sus vidas y las de todos los que están en ese momento siendo rescatados, y las de los propios rescatadores. El episodio transcurre a una gran velocidad en tiempo real, pero parece detenido por momentos en fragmentos de terror y desastre personalizados, en los que hay rostros que expresan incredulidad, miedo, angustia… y también la nada, el vacío que se nos queda muchas veces en la cara cuando contemplamos algo que nos supera, el bloqueo que nos impide reaccionar. Lo sucedido es de una gravedad enorme, pero como bien señaló ayer Carlos Franganillo en su informativo, lo que pudimos contemplar es lo que muchas veces sucede de manera anónima en el mar, en las suicidas travesías que la desesperación y las mafias espolean para buscar el paraíso del rico occidente. A veces tenemos constancia de cayucos que se sabe que salieron y que no han llegado, pero en otras ocasiones sólo los rumores sostienen que algunos partieron, sin que se haya sabido nunca su destino ni, desde luego, hasta dónde llegaron. Ayer pudimos ver en directo esa tragedia, pero a sabiendas de que sucede, a escondidas, en medio del mar, de manera recurrente.

En el mismo día, no a la misma hora, no cerca, una multitud hambrienta y desesperadas asaltaba un almacén de provisiones en Gaza en busca de comida, una nave industrial que era reventada por una avalancha de desesperación y necesidad de comida, en una escena propia de películas apocalípticas de esas que tanto venden, pero que no es cinematografía orquestada, sino realidad provocada. No se cual fue el balance de lo que allí sucedió, pero sí es fácil hacerse a la idea de hasta qué punto de humillación se encuentra sometida la población de Gaza para que pueda suceder algo así. También en directo, el desastre, el horror, la desesperación. No hace falta decir nada más.

jueves, mayo 22, 2025

Ejecución en Pozuelo

En las pelis pueden ser de muchos tipos, pero las escenas de sicariato se dividen, básicamente, en dos extremos. Por un lado, están las intensas, con música que atruena, disparos ruidosos y movimientos de cámara inestables, que dan una sensación de inmediatez enorme. Son acción pura y dura. Por otro están las silenciosas, tensas, que no intensas, en las que apenas suena algo, casi se siente la respiración de los protagonistas, los disparos pueden ser secos o silenciados, pero son el mayor ruido que se escucha en la escena. Juegan con anticipar al espectador lo que va a pasar y suelen ser muy efectivas.

El asesinato perpetrado ayer en Pozuelo demanda una escena de las del segundo tipo. Un barrio de ultralujo en un municipio de lujo en la corona metropolitana de Madrid, un colegio de élite y unos padres que llevan allí a sus hijos en unos coches que buen pudieran formar parte de un concesionario de alta gama situado en la milla de oro de Dubai. Dinero y discreción a raudales. Y tras dejar a sus hijas, cuando va a volver a su gigantesco Mercedes, dos o tres personas, hay dudas, se acercan por detrás a Andriy Portnov y le disparan, cayendo la víctima al suelo. En ese punto, uno de los atacantes le remata con un disparo en la cabeza. Trabajo efectuado, objetivo eliminado. Los autores salen de la escena del crimen, y a partir de aquí los testigos son confusos sobre cómo lo hacen y hacia qué parte de la inmensidad de la cercana casa de campo escapan. Lo cierto es que el trabajo es muy profesional, y que la víctima, sin duda, había sido seguida días antes para saber cuándo y cómo realizaba esa labor de llevar a sus hijas al colegio, el americano, donde la mayor parte de los clientes son extranjeros, pocos locales, todos con muchas posibilidades. Portnov era ucraniano, tomo parte del gobierno prorruso de Yanukovich, y perdió sus cargos cuando la revolución del Maidan hizo caer el régimen e instauró un poder en Kiev que no miraba a Europa, sino a occidente. Con el aspecto atemorizante que tienen muchos de esos hombres que provienen del este, Portnov tuvo acusaciones graves de haber perpetrado trabajos de represión contra opositores prooccidentales cuando estuvo en el gobierno y de mantener contactos con el crimen organizado tanto antes como después de su paso por el poder en Kiev. Estuvo durante un tiempo en la lista de personas sancionadas por la UE por su colaboración con Rusia y, creo, aunque dejó de figurar en ella, aún permanecía en registros similares del gobierno norteamericano. No era por tanto un personaje cualquiera, ni un simple sujeto grandote con mucha pasta, que también. Con estos antecedentes se abren dos principales hipótesis de trabajo para saber quién y por qué encargó el asesinato. Una es la vía política, en la que el actual gobierno de Kiev y sus servicios secretos ocupan los principales papeles de sospechosos. Quizá Portnov figurase en la lista interna que los espías de Zelensky poseen sobre personas odiosas que en el pasado les persiguieron, detectaron la presencia de Portnov en Madrid y decidieron ir a por él, decretando en un momento dado su ejecución, con un estilo de acción muy parecido al que desarrolla el kremlin cuando desea quitar de la circulación a quien no quiere ver más (los de Purin no sólo recurren a la táctica de arrojar a la gente por las ventanas). Un crimen político enmarcado dentro de la guerra de Ucrania. La otra vía es la del crimen organizado, con el que Portnov tenía conocidos vínculos. Quién sabe, unas deudas acumuladas, una traición, drogas, tráfico de personas, a saber cuál podría ser la causa que hubiera provocado la caída en desgracia de Portnov ante criminales de alto rango, que habrían optado también por la solución más expeditiva. En todo caso, una vía u otra actuaron con una precisión y frialdad llamativas. Y sí, de las que dan miedo.

Las escenas que se vivieron ayer a las afueras del colegio, en un entorno de diseño, eran surrealistas, con mensajes a los alumnos para que no salieran de las instalaciones, algunos padres volviendo deprisa a las mismas para tratar de sacar a los críos, y un cuerpo cubierto con una sábana junto a un Mercedes tamaño Panzer con todo el dispositivo imaginable de criminalística y medios de comunicación. Una escena de película, una ejecución a plena luz del día y, de momento, demasiadas preguntas sin respuesta.

martes, mayo 06, 2025

Un mal tren de vida

Últimamente coger un tren en España es una de las experiencias más intensas que uno puede llevar a cabo en su vida. El barranquismo, puenting y otro tipo de deportes extremos han sido superados por la total incertidumbre de llegar a una estación y descubrir qué pasará con los horarios del viaje programado. O aún peor, acabar conociendo desconocidos páramos de la geografía nacional en los que, por azar, el convoy ha quedado detenido tras el enésimo incidente, sin tener ni la más remota idea de cuándo ni cómo se acabará saliendo de ese lugar, que tiene su cierto encanto para verlo de paso, o incluso para pasar una tarde de asueto, pero en un viaje previsto, no en una parada prolongada, inesperada y sin plazo de finalización.

Maña suerte, averías, negligencias, sabotajes, todo lo imaginado parece conspirar para convertir a nuestra red ferroviaria en un agujero negro que se traga viajeros y horarios a una velocidad realmente fantástica, pero que los suelta a cuentagotas tras retrasos infinitos. La diversidad de causas que están detrás de estos desastres es múltiple, y para algunas RENFE, ADIF y el resto de empresas que trabajan en el sector poco pueden hacer, como sucedió hace una semana a cuenta del apagón nacional, pero en general se nota la decadencia del servicio, de sus instalaciones y la negligencia que rodea a todo el asunto. De hecho, la decisión del Ministerio de Fomento de suspender los compromisos de puntualidad de la Alta Velocidad hace año y algo y no ejercitarlos hasta que el retraso se sitúe en la hora, creo, era una buena muestra de la poca confianza que el gobierno tiene en la gestión de su red. Hay dos patas en el servicio ferroviario que funcionan mal y que reciben una atención mediática muy distinta. Poco se habla de los cercanías, los servicios urbanos de corta distancia, que son los que más personas mueven al cabo del día, alcanzando cifras espectaculares en nodos como los de Madrid o Barcelona. En ellos los retrasos y esperas son el pan de cada día, y los afectados, todos esos a los que antes mencionaba. Una jefa de mi trabajo recurre a ellos cada día para llegar a la oficina desde la localidad en la que reside, en el corredor del Henares, y se cuentan con los dedos de una mano los días del mes en el que no hay suspensiones, retrasos, bloqueos, desvíos, o cualquier otro tipo de incidente que trastoca la hora a la que tiene previsto llegar. Sabe cuándo sale de casa y sospecha que acabará llegando, pero sin certeza alguna sobre el tiempo empleado. En este caso son trabajadores, estudiantes, en general gente de recursos medios, que no disponen alternativas de transporte, o que no quieren sumarse al caos de tráfico diario, los que padecen los problemas. Una empresa púbica pagada por los impuestos de todos ofrece un mal servicio a quienes más lo necesita, generando un efecto regresivo de primer orden. Los cercanías sólo salen en los medios cuando el caos que se ha generado en ellos es total. La atención mediática se centra en la Alta Velocidad, el buque insignia del tren en España, que no mueve tanta gente como el cercanías, pero es muy utilizado y, gracias a las dimensiones actuales de la red, vertebra muchos de los desplazamientos de la nación, especialmente en fines de semana y puentes. Aquí los problemas son distintos, porque se ha dado una muy elevada inversión en la infraestructura y el material rodante, pero es un sistema de transporte que, por su diseño, requiere unas medidas de seguridad y control extraordinarios, y eso provoca que una incidencia que aparente ser menor genere disrupciones muy serias. Lo de ayer, fruto de un robo de cobre, afectaba a las comunicaciones entre las vías y los centros de control, y eso impedía que los convoyes pudieran circular a la velocidad debida. No es que se produjera una destrucción de la infraestructura “dura” sino de la tecnológica que da servicio a la línea, que en el caso de la Alta Velocidad es de importancia extrema. Cada vez que se produce un incidente en la Alta Velocidad los medios acuden raudos a las estaciones de cabecera, los grandes nodos de la red del país, y nos muestran el caos, las colas, la indignación y la casi siempre ausente información por parte de los gestores del tema, que se limitan a no decir nada a un montón de personas desesperadas. Vamos a un incidente de este tipo casi a la semana, a este paso va a haber que habilitar un espacio fijo para los corresponsales de los medios en las estaciones para que vivan allí.

En medio de todo este caos se encuentra el ministro Óscar Puente, todo un personaje, un señor que no hace honor a ese nombre y que aprovecha cualquier oportunidad para actuar en las redes sociales, y fuera, con un comportamiento macarra impropio no ya de alguien de la administración pública, que también, sino simplemente de lo humano. Con tendencia a la bipolaridad, puede facilitar a la vez información precisa de cómo avanzan las obras de reforma de un punto de la red de fomento como ciscarse en un ciudadano cualquiera y bloquearlo en las redes sociales, algo más propio de un trumpista de manual que de un gestor. Muchos de los problemas que sufre la red no son por su causa, otros muchos sí, pero cobra por dar la cara ante todos ellos. Y casi siempre se le olvida.

jueves, diciembre 12, 2024

Un joker asesino en Manhattan

Como ahora hay cámaras en todas las urbes los asesinatos se ven mucho más claros. En la escena vemos a un sujeto de espaldas, que avanza camino del punto de fuga de la imagen. De repente, a su izquierda, asoma un sujeto más enclenque que va a ser el que le dispare a bocajarro, por la espalda, asesinando al primer personaje de una manera fría, casi como por encargo, con toda la premeditación del mundo. Vemos fugaz mente cómo saca la pistola y apenas duda al actuar. No hay instantes de vacilación, de pensárselo, no. El autor está decidido y lo hace con toda su voluntad. Las imágenes son muy incriminatorias, de esas que les encantan a los fiscales de las películas, sí, las norteamericanas.

El asesinado se llamaba Brian Thompson, un nombre anglosajón bastante convencional, y era el CEO, el Consejero Delegado de UnitedHealthCare, la mayor aseguradora privada del país, un ejecutivo de primer orden con ingresos enormes en un sector que en el aquel país factura cifras astronómicas. Tras el asesinato, que dejó a Manhattan asustada por la premeditación del crimen, el haberlo cometido a plena luz del día y la persona que lo había sufrido, comenzó la búsqueda del culpable, que fue grabado en varias ocasiones durante su huida, en general con el rostro tapado por la capucha de una sudadera, pero en una ocasión con él plenamente descubierto, en un momento en el que intentaba flirtear con la dependienta de un hostal, porque la necesidad de ligue parece que es algo irrefrenable y que no se frena ni por la tensión de una fuga. Finalmente atrapado, ha resultado ser un joven de menos de treinta años y que responde al nombre de Luigi Mangione, lo que ya por sí mismo le catapultaría a secundario de lujo en teleseries relacionadas con la mafia. Mangione proviene de familia acomodada, es un estudiante brillante, no ha pasado necesidades, no viene del lumpen ni nada por el estilo, no. Sufrió una lesión física hace pocos años de la que tuvo que ser operado y, al parecer, el seguro se negaba a cubrir sus gastos, por lo que empezó a rumiar venganza. Lo ha hecho con una planificación exquisita, siguiendo al responsable máximo de la empresa con la que tenía contratada su póliza, y dedicando tiempo incluso a grabar en los casquillos de las balas con las que iba a perpetrar su crimen palabras muy utilizadas en los formularios de excusa de las compañías para no hacer frente a los gastos que debieran según sus contratos firmados. Mangione ha actuado por pura venganza, por resentimiento ante una prestación que él pago pero que no recibió cuando debía. El caso es claro, asesinato, y la condena obvia para el tribunal que lo juzgue, pero la relevancia del asesinado y el siempre turbio mundo de la sanidad norteamericana, una de las más ineficientes del mundo, así como la fortuna de la empresa y del ejecutivo que ha fallecido, han hecho que se produzca un extraño e inquietante fenómeno. Las redes sociales han acogido en su seno a Mangione como un justiciero, como un vengador, alguien que ha hecho lo debido frente a la crueldad de las empresas aseguradoras, que se ha tomado la justicia por su cuenta y, de manera implacable, la ha ejercido. Ha dictado sentencia y ha procedido a hacerla realidad. Una ola de simpatía se ha extendido por las redes en aquel país ensalzando la figura de, no lo olvidemos, un asesino, alguien que ha decidido acabar con la vida de otra persona. Independientemente de lo que haya llevado a la ira a Mangione, y de la mala praxis de la compañía comandada por Thompson, ¿desde cuándo el asesinato es la manera de resolver algo? Esos que alaban al justiciero y aplauden su acción ¿estarían tan contentos si la persona asesinada sería un familiar suyo? ¿o ellos mismos? ¿Se han puesto por un instante en la piel de la familia de Thompson, en la pérdida irreparable que han sufrido? ¿Estamos todos locos?

En la película Joker, que es buena pero me dejo un amargo regusto, se produce una situación similar, un proceso en el que el cruel psicópata termina asesinando sin remordimiento ni justificación alguna, y es alabado por multitudes que lo jalean, que lo elevan como si fuera su héroe. Unas escenas que me parecieron brillantes por la forma en la que estaban rodadas y repugnantes por el mensaje que transmitían. Eso, que era ficción, se ha convertido casi en realidad, sin máscaras ni punturas en la cara, pero sí con un muerto, un asesino, una pistola y un crimen. Y la masa, que ya no es atrezzo, sino personas de verdad, a miles, alabando la violencia como solución de los problemas. Es aterrador.

jueves, noviembre 14, 2024

DANA tras DANA

Desde luego este otoño va a pasar a la historia meteorológica del país, con letras muy grandes y rojas. Ayer se volvió a repetir el fenómeno de la DANA, esta vez centrado especialmente en la zona de la costa malagueña y de Castellón Tarragona. La ciudad de Málaga vivió inundaciones intensas que, afortunadamente, no causaron desgracias personales, pero sí todo tipo de incidencias y daños, siendo aún muy pronto para valorarlos. Esta noche ha vuelto a llover ahí, y también en la zona valenciana arrasada por la DANA de hace un par de semanas, y hoy se esperan chubascos fuertes en costa de Cádiz y Huelva, siendo el litoral atlántico el más perjudicado. A partir de mañana se espera una estabilización general.

Para esta DANA las cosas han funcionado razonablemente bien, como debieran. La predicción de AEMET ha sido ajustada, el aviso rojo por lluvias puesto de manera firme y con antelación y los sistemas de aviso a la población por parte de las autoridades han respondido como es debido, incluyendo el sistema de mensajes a móviles. Colegios y otras muchas actividades fueron cancelados preventivamente, se ha desalojado a algunas personas que residen en zonas bajas e inundables, y junto a otras, es casi seguro que todas estas medidas han evitado alguna desgracia personal. Bien. Correcto. Se ha hecho prácticamente todo lo que no se hizo en la DANA de Valencia, y quizás el ver el desastre causado en la región levantina ha hecho que todo el mundo, con lógica, tenga el susto en el cuerpo, y se haya prevenido de manera general e intensa. ¿Se habría actuado igual dentro de unos meses, cuando la vorágine en la que vivimos haya hecho a muchos olvidar el desastre valenciano? El recuero de lo que allí ha pasado es la mejor señal de alerta que tenemos para prever episodios similares, que se van a dar en el futuro sí o sí, y lo que ha pasado en Málaga es un bue ejemplo de que, actuando de manera preventiva, no se podrán evitar destrozos físicos causados por un agua imparable, pero sí salvar vidas humanas, que es lo más importante. Tenemos ya, en apenas un año, tres ejemplos de gestión de una DAAN catastrófica que nos sirven de lección. El primero, en septiembre del año pasado, fue el que pudo afectar a Madrid ciudad y al final descargó en Aldea del Fresno, causando algunas víctimas y destrozos. Fue el primero en el que se usó el aviso a los móviles, y esa medida recibió críticas de todo tipo por parte de mucha gente, no sólo de los desquiciados habituales. A AEMET le llovieron críticas porque no fue capaz de ajustar la precisión de una tormenta de tal intensidad (no es posible hacerlo) y como lo que pasó fue muy localizado, en una localidad del sur de Madrid, cerca de la provincia de Toledo, la desgracia quedó olvidada rápidamente. La prevención fue correcta, pero nadie se la tomó en serio. Valencia es el ejemplo perfecto en el que todo se ha hecho mal, desde el antes hasta el después, y sirve como guía maravillosa para saber cómo no actuar ante un desastre similar. Sólo AEMET hizo bien su trabajo, con una previsión más que correcta, pero ninguna administración se lo tomó en serio, no se avisó, el desastre ha sido apocalíptico y, tras él, todas las administraciones han fallado clamorosamente. Un destrozo físico apocalíptico (difícilmente evitable dadas las precipitaciones registradas) y más de doscientos fallecidos (probablemente varios de ellos evitables) son el balance de la total necedad. En el tercer ejemplo, Málaga, se juntan una precipitación extraordinaria, aunque menor que la de Valencia, y una gestión de prevención correcta, y que ha sido tomada en serio por las instituciones y la población. Como antes señalaba, muchos de los daños causados por el agua embravecida no son evitables, pero al menos el balance humano es, por ahora, inexistente. Tres ejemplos para aprender a hacer las cosas como es debido.

Sí, las DANAS son consustanciales a nuestro clima, especialmente el Mediterráneo, y el calentamiento cada vez mayor de las aguas de ese mar les proporciona energía extra, por lo que, cuando se den, pueden ser potencialmente más dañinas. Remodelar cauces y construcciones es un trabajo enorme que lleva décadas y es probable que, dada la desidia que nos caracteriza, no se haga nunca, pero avisar, gestionar la emergencia previa con la mejor información, y ser precavidos, es algo que nos puede evitar desgracias como las sufridas en Valencia. Las DANAS son erráticas, muy difíciles de precisar. Los avisos deben ser generalizados, extensos en superficie y drásticos cuando algo así se espera. No nos queda otra.

viernes, noviembre 08, 2024

Los enormes costes económicos de la DANA

A medida que pasan los días el barro disminuye en las zonas valencianas afectadas por la DANA, pero ni mucho menos a la velocidad a la que debiera. Siguen faltando medios, material y voluntad política para limpiarlo todo. En parte esto se debe a que la necedad política que nos rige, tanto en la Generalitat como en el gobierno central, ya sólo está preocupada en salvar su bien remunerado culete y echar las culpas al otro de los enormes errores de previsión, actuación y gestión perpetrados por los responsables de ambas administraciones. Ojalá paguen por ellos con la pérdida de su poder y una buena condena en la cárcel. Pero ya saben, ellos pueden amnistiarse.

Limpiar las calles es sólo el primer paso de lo que vienen después, es una condición necesaria para, en primer lugar, ver la dimensión completa del destrozo que han sufrido las olas afectadas. Es importante entender que no estamos ante una inundación convencional. De hecho, en algunas de las localidades afectadas como en Catarroja apenas llovió. No fue la crecida progresiva de una riada lo que ha causado el desastre, sino una ola proveniente de la cabecera del barranco, en la que la precipitación fue histórica. No estamos ante la clásica inundación, sino algo más parecido a un tsunami, en este caso de interior. El poder de destrucción de esa ola es mucho más intenso que el de una riada convencional, y los daños causados son totales en muchas de las localidades hasta una altura de, más o menos, dos metros. Nada ha sobrevivido en ese espacio invadido por la ola. Coches, garajes, comercios, tiendas, expositores, mobiliario urbano, pabellones industriales, infraestructuras superficiales y subterráneas, espacios de cultivo, almacenes…. Todo lo que usted pueda imaginar ha sido borrado del mapa y convertido en residuo, basura. Mierda. Las cifras de la afectación se miden en unidades inmensas. Se habla de unos setenta mil coches destruidos, locales comerciales y viviendas por miles, siendo todas las que se encontrasen en bajos totalmente inutilizadas, edificios destrozados y muchos otros que, a partir de ahora, habrá que empezar a valorar si se deben derruir o no tanto por los daños que han podido sufrir como por las posibles remodelaciones a las que se enfrente el casco urbano de estas localidades…. En dinero a lo que nos enfrentamos es a una factura astronómica, que a lo largo del pasado puente se me antojaba cercana al 2% del PIB nacional, veinte muchos mil millones de euros. Sólo la reconstrucción de las infraestructuras de transporte nacionales y regionales puede salir por unos pocos miles de millones, y a partir de ahí imagínense el reguero de afectados, daños particulares y empresariales. Las administraciones han empezado a crear las primeras líneas de ayudas y el consorcio de compensación de seguros ya ha recibido miles de peticiones, empezando por los vehículos, pero eso sólo es el principio de una cascada de daños enormes que va a ser lento poder evaluar. Se han puesto en marcha herramientas como los PERTEs para garantizar el empleo en las zonas afectadas, pero el problema es más profundo, porque si bien en la pandemia teníamos una situación de encierro forzado pero sin destrucción, de tal manera que, cuando se decretaba la apertura, uno volvía a su negocio o empresa a trabajar, en este caso sí tenemos destrucción física completa. A un trabajador o autónomo le pueden dar una ayuda para seguir tirando, sí, pero si su negocio se ha convertido en una montaña de escombros, ¿de dónde va a sacar el dinero para recomprar todo lo que necesite para volver a trabajar? El nivel de destrucción de capital empresarial puede ser enorme Piense en pabellones industriales, polígonos en los se acumulan cientos y cientos de millones invertidos en maquinaria, suministros, stocks… y que todo eso se haya convertido en mierda inservible. De bien poco sirve una ayuda para mantener nóminas en una empresa que ah dejado de serlo porque donde antaño se encontraba ya no queda nada. Frente al Covid, definido como una guerra sin destrucción, ahora tenemos un nivel de destrucción bélico en la zona afectada.

El PIB de la región se va a ver muy dañado durante bastante tiempo, sólo por el hecho de que esa zona deja de ser productiva y que muchos de los que en ella viven trabajan en localidades distintas, o en la propia ciudad de Valencia, y no pueden ir a trabajar porque la mayor parte de las carreteras han desaparecido y casi todo el mundo se ha quedado sin coche. Creo que aún no somos conscientes como país el daño enorme que ha causado este fenómeno, y los años, muchos, que va a costar volver a levantar toda esa comarca. Eso sí, todo esto a los necios de la Generalitat y del gobierno central les importa bien poco. Ya saben, sus bien remunerados culetes, y nada más.

lunes, noviembre 04, 2024

Imagen de estado fallido

La capacidad que tenemos para fracasar colectivamente ante los retos que la realidad nos impone no conoce límites. Obsesos con el deporte y otros temas menores, donde nos creemos algo, no somos capaces de responder como se debe, con las carísimas herramientas con las que nos hemos dotado, cuando las cosas importantes, las del comer y vivir fallan. En medio de la angustia, fracasamos, y nuestro único objetivo es buscar culpables que escondan las inexcusables fallas que se han cometido. Esconderse, irresponsabilizarse, es el auténtico deporte nacional, en el que somos campeones mundiales sin apenas competencia.

El apocalíptico desastre creado por la DANA en Valencia ha degenerado en una enorme crisis de estado por la incompetencia, desidia, mala fe y necedad de todos los actores implicados. Sólo la AEMET hizo bien su trabajo, prediciendo hasta donde pudo, avisando con sus pocos medios y sin que nadie le hiciera el caso debido. La responsabilidad de avisar a la población de que el martes se podía organizar una gorda caía en la Generalitat valenciana, y falló, en el primero de todos los graves errores de su gestión. Minusvaloró el problema, no le dio importancia y pasó de ello. Cuando llegó el desastre, tarde noche del martes 29 de octubre, nadie estaba atento a lo que sucedía, nadie miraba. Con todos los cientos de muertos ya muertos, enterrados en el fango, ninguna cadena de televisión generalista levantó su programación nocturna, indistinguible en su chabacanería, para informar que algo muy gordo había pasado no en Afganistán, sino en el extrarradio de la tercera ciudad del país. Sólo Franganillo en Telecinco pudo hacer un avance de unos pocos minutos a eso de las diez y media de la noche. Al día siguiente el desastre era absoluto, pero no se vio ninguna prisa por parte de las autoridades regionales o nacionales para hacer algo. El gobierno, que corrió lo que pudo y más para el martes del horror asaltar el Consejo de RTVE, no mostró reacción significativa, demostrando que lo importante es lo importante, y lo que no no. A medida que pasaban las horas y la dimensión de un desastre inmenso empezaba a calar, se veía que la respuesta de la Generalitat, tanto por incapacidad como por incompetencia, no era, ni mucho menos, la necesaria. La imagen de Mazón y su administración empezaban a hundirse en ese lodo apestoso, y alguno en Moncloa vio la oportunidad de sacar tajada, escaqueándose todo lo posible y dejando al gobierno regional que fuera devorado por los hechos y su necedad. Esa, y no otra, es la única explicación posible a esa displicente declaración de Sánchez en Moncloa del sábado en la que afirmaba que, si la CCAA necesitaba más medios, que los pidiera, dejando claro que no iba a mover dedo alguno por su propia voluntad. Decenas de miles de ciudadanos abandonados a su suerte entre montañas de mierda y cadáveres mientras dos administraciones, una regional regida por el PP y otra nacional regida por el PSOE, mostraban hasta qué punto la vileza del cálculo político más repugnante se ha instalado entre nosotros. Afectos a cada uno de los gobiernos bombardeaban las redes sociales tratando de defender la impresentable posición de cada uno, porque para ellos lo más importante es ganar méritos por si alguna vez les toca el premio de, pongamos, ser consejero en una tele pública con un nuevo sueldo de 100.000 euros al año. La indignación de las víctimas era paliada únicamente por los voluntarios, que acudían a ayudar lo que podían, mientras que los medios oficiales, ejército, maquinaria y demás llegaban a cuenta gotas, con la sensación de que no era necesario volcarse en la tragedia como si fuera la catástrofe nacional que es, sino como si se tratase de otro de esos juegos que los fabricantes de relatos políticos crean en sus habitáculos, desconectados de la realidad, en la que las vidas, propiedades y futuros de las personas no importan en lo más mínimo frente a sus desmedidos egos y los de los que tan bien les pagan.

Ayer al mediodía, dos fracasados, Sánchez y Mazón, se escudaron en el Rey para presentarse ante la población de Paiporta, una de las más afectadas por el desastre, y allí cientos de vecinos desesperados la emprendieron a gritos, lanzamiento de barro y otro tipo de actitudes reprobables, pero tristemente esperables. El más cobarde de todos, Sánchez, huyo. El más inútil de todos, Mazón, se escondió lo más que pudo, y el rey y la Reina, embarrados, dieron la cara, aguantaron literalmente el chaparrón, y fueron los únicos que, en medio de tanta mierda, estuvieron donde tenían que estar. El estado ha fracasado por culpa de los necios que nos rigen.

jueves, octubre 31, 2024

Un desastre inmanejable

Aún es pronto para cerrar el recuento de víctimas que ha dejado la DANA, especialmente en Valencia, pero es de prever que el centenar de fallecidos se supere con amplitud. Algunas localidades aún no han sido inspeccionadas por los servicios de emergencia, que siguen con enormes dificultades para moverse por una zona de estado similar a una bombardeada en una guerra, y es de esperar que haya desagradables sorpresas en bajos, garajes y otros lugares no visitados en los que algunos buscaron refugio ante lo que se les venía o, simplemente, fueron sorprendidos por el desastre sin que fueran conscientes del mismo. La tragedia es enorme.

Hay que señalar algunos puntos relevantes sobre lo sucedido para evitar algunas de las cosas que se escuchan por ahí, dado que el tertulianismo barato se ha extendido por todas partes. Esta DANA estaba perfectamente prevista. Ya desde el Domingo AEMET y un montón de aficionados y expertos meteorológicos indicaban que el riesgo de un episodio violento en el Mediterráneo era cierto, y que potencialmente podía tener dimensiones catastróficas. Las alertas empezaron a marcarse en toda la costa, desde Tarragona hasta Málaga, y es ahí donde se han producido las mayores incidencias, el lunes en la parte andaluza y el martes en la levantina. Lo que no se puede prever, ni con la tecnología que tenemos ni por cuestiones técnicas (dinámica atmosférica caótica) en que zona concreta, que localización precisa, va a tener un episodio de tormenta excepcional como el que se vivió el martes por la tarde en la provincia de Valencia. La configuración local de vientos, orografía, carga de humedad, frío en altura y otro montón de variables que no dejan de evolucionar en el tiempo dieron como resultado que en esa zona se produjo la combinación perfecta para generar el desastre. Y pudo no ser ahí, y pudo no ser, pero fue, y fue allí. No es posible determinar en una tormenta si se va a dar un tornado y, una vez creado, cuál va a ser su trayectoria. No es posible en una DANA precisar dónde se puede crear un tren convectivo de tormentas y, en su caso, cuándo y cuánto va a caer. Ante situaciones como estas lo único posible es seguirlas con la mayor precisión posible y, si se dan, avisar lo más rápido posible y salir corriendo para que no te pille. En el caso de los tornados en EEUU, donde el seguimiento meteorológico está a otra dimensión respecto a lo nuestro, la mejor táctica sigue siendo la huida cuando el monstruo se acerca a la población, porque nada se puede hacer ante su fuerza. Lo que ha sucedido en la comarca valenciana arrasada es algo mucho más extenso en dimensión que un tornado y de una mayor dificultad de control. Es probable que los sistemas de aviso a los móviles, que tanto impresentable critica cuando se usan, se hubieran tenido que disparar antes, pero también creo que, en una zona tan densamente poblada, y en un día laborable como el que era, y no siendo de noche, estaríamos ante un balance de víctimas igualmente aterrador. Hay que aprender de lo sucedido y, especialmente, de los sistemas de aviso, vigilancia y seguimiento, y de la acción coordinada de una serie de administraciones que deben ser las primeras en creerse que cuando los meteorólogos dicen que puede venir algo serio el riesgo mayor es no hacerles caso. Hemos visto hace semanas en Florida cómo se decretaron evacuaciones masivas frente a la llegada de un huracán enorme. Las DANAS son más capullas, por erráticas y acción mucho más restringida en el terreno, pero habría que empezar a pensar en diseñar protocolos para que, cuando se de la siguiente gran DANA, que la habrá, el mayor número de personas no esté en la carretera, o en el trabajo, o de ocio, o de lo que sea. Y contar con la suerte necesaria, sí, la suerte, algo incontrolable, para que el balance de víctimas sea el menor posible. Pero tengamos presente una cosa, podremos reducir el impacto de estos eventos, pero no eliminarlo. Tenemos que aprender a convivir con estas desgracias, que se escapan de nuestra capacidad de previsión y respuesta.

Se pueden replantear reformas urbanísticas y adecuación de ramblas, y bien vendrán, pero no quiero engañarles. Con precipitaciones monzónicas de 300 a 400 litros por metro cuadrado en una tarde, como lo que pasó el martes, no hay cauce ni infraestructura ni nada que soporte el embate que se puede generar. Nada. La única opción es subirse a lo más alto y cruzar los dedos. Un tercio de la lluvia que cae en un pueblo del Cantábrico como Elorrio (1.200 de media anuales) en una tarde es una bomba que lo arrasa todo, caiga donde caiga. No hay planificación posible ante eso. Genera impotencia, pero debemos asumirlo. Es lo que hay.

miércoles, octubre 30, 2024

DANA destructiva en levante

Ya el lunes por la tarde noche la DANA empezó a dejar un rastro de destrucción en las zonas en las que empezó a materializar su fuerza. Las provincias andaluzas de Málaga, Granada y Almería fueron las más azotadas, con inundaciones locales y fenómenos puntualmente muy severos, como la granizada que afectó a El Ejido y que, con bolas del tamaño de pelotas de tenis, destrozó todo lo que estuviera en el suelo, fuese coche, invernadero o cualquier otro enser. Sin embargo, todo esto no fue sino el anticipo de lo que sucedió ayer, cuando el centro de la depresión se colocó en Marruecos, cerca de Marraquesh, y las bandas de precipitación de gran convección empezaron a llegar a la península.

Dentro de las muchas zonas afectadas, destacan dos. Una es la localidad albaceteña de Letur, en la zona montañosa que separa la Mancha y Murcia, lugar en el que vientos como los de ayer, por la orografía montañosa, generan una gran capacidad convectiva, alimentada en este caso más que de sobra por el aire frío que estaba en las capas altas. El pueblo, en el que no he estado, está en una zona abrupta, llena de cortantes y barrancos, tiene cuestas abundantes y es el acceso a unos parajes naturales conocidos por su belleza. Las trombas de agua que cayeron ayer no tuvieron otra que seguir la bajada de las montañas y se encontraron a su paso con el pueblo, que se transformó en una especie de espigón en medio de un mar embravecido. Las imágenes en redes no dejan lugar a dudas sobre la violencia de las cataratas que han asolado la localidad y dejado varios desaparecidos, a los que se les sigue buscando. La otra zona afectada, mucho mayor en dimensión y, me temo, destrozos y vidas perdidas, es Valencia, su provincia, y en concreto el conjunto de localidades que desde Utiel Requena llegan hasta los aledaños de la propia capital. Durante gran parte del día de ayer un frente tormentoso estuvo prácticamente estacionario sobre esa zona, aumentando de tamaño, degenerando en algo que se llama sistema convectivo de mesoescala (huyan de eso si les sale al paso) que reciclaba constantemente el aporte de humedad que le llegaba a través del viento de levante en cortinas de precipitación que eran imposibles de evacuar, ni allí ni en ninguna parte. Hay registros de varias localidades en los que se superan los trescientos litros por metro cuadrado, y en algunos casos se alcanzan los cuatrocientos, dimensiones difíciles de imaginar y que son propias de fenómenos estilo huracán o lluvias monzónicas. Son niveles de precipitación inasumibles ante los que da igual el terreno, la infraestructura o lo que se pueda haber previsto, nada es capaz de contenerlos. Las dimensiones de la inundación, por su extensión y destrozos, pueden ser realmente históricas. A lo largo de la tarde noche de ayer se iban conociendo vídeos y testimonios de particulares que relataban como el mar de agua y lodo en el que se había transformado su comarca iba engulléndolo todo, dejando las calles de sus pueblos llenas de coches flotando, que se movían al ritmo de una corriente impetuosa que no daba tregua. Subirse a lo más alto de las viviendas, para los afortunados que estaban en casa, era la opción más segura, pero muchas personas se vieron atrapadas en sus vehículos volviendo del trabajo, yendo de un lado a otro haciendo lo que tenían previsto, las miles de contingencias del día a día que uno pueda ser capaz de imaginar. Varios millares quedaron atrapados en transportes públicos, como el caso del tren, o en grandes carreteras como la A3, cortadas en numerosos puntos, perdidas en medio del mar de lodo que iba anegándolo todo. Muchos de ellos han pasado la noche allí, en el punto donde el agua no les dejó seguir, y los servicios de emergencia, que no han parado en toda la noche han sido incapaces de atender todas las llamadas de socorro en una zona tan extensa y poblada, en la que muchos miles de habitantes han podido verse afectados de manera seria.

Con el inicio del día podremos hacernos a la idea de la magnitud del desastre que se ha causado, de la dimensión de las zonas afectadas y, me temo, de las víctimas que se han podido dar. Mazón, el presidente de la Generalitat, ya ha confirmado que hay fallecidos, pero a esta hora no se sabe ni cuántos ni quienes. Vienen horas y días duros en los que las labores de búsqueda van a estar llenas de angustia y mierda arrastrada por la riada. Las administraciones y especialistas de rescate van a tener mucho trabajo para que esas labores sean lo más rápidas posible, pero aún hay zonas a las que el mismo acceso resulta casi imposible. Sobre los daños materiales, que pueden ser inmensos, tardaremos bastante en saber su magnitud precisa. Ahora eso es lo de menos.

miércoles, octubre 23, 2024

Un héroe en ADIF

A medida que se conocen más detalles sobre lo que pasó el sábado en el túnel de alta velocidad que conecta Chamartín y Atocha crece la sensación de que, por los pelos, hemos evitado una enorme tragedia. La mala fortuna, la impericia, los errores, la incompetencia, a saber cuáles han sido las causas y en qué proporción, que han generado una situación absurda y de altísimo riesgo, que pudo poner en peligro la vida de cientos de personas que viajaban en otro tren que estaba entrando en ese mismo túnel en sentido inverso. Ha sido, por lo que parece, la decisión valiente y de un empleado de ADIF que, en segundos, tuvo que escoger entre lo malo y lo peor, y actuar.

Como mínimo hay dos enormes fallos que exigen una profunda explicación. El primero es cómo, en el camino al segundo intento de subida de la rampa del túnel en su parte final, se suelta de la cabecera que lo arrastraba el tren que estaba averiado. Los enganches ferroviarios son algo más que un celo y una cuerda atada, son un sistema mecánico sencillo pero muy eficiente, que se puede lograr por impacto de un convoy contra otro, pero que en la práctica requiere una decisión e intervención para revertir, para desacoplar. Que dos unidades enganchadas se suelten es algo rarísimo. El segundo problemón es la total ausencia de un sistema de frenado en el tren remolcado que, una vez suelto, no hace otra cosa que empezar a bajar por la pendiente del túnel, sostenida un 2% - 3% a lo largo de sus siete kilómetros, salvando la cota de más de cien metros de altura que separa Chamartín de Atocha. En caída libre, y con el peso que tiene un tren y su ínfimo rozamiento, la velocidad que se puede alcanzar es enorme, y es casi seguro que los cien kilómetros por hora se cogieron sin gran dificultad. A bordo de la unidad remolcada iban dos mecánicos, cuyo testimonio será decisivo, y que van a poder contarlo porque han sobrevivido a la que puede que haya sido la experiencia más peligrosa de sus vidas. Al parecer la unidad remolcada estaba averiada, no se sabe qué tipo de avería, y el remolque buscaba trasladarla a las cocheras de Fuencarral para repararla. Es normal que, teniendo una avería, no arrancase y que, por ello, tuviera que recurrir a un tractor para avanzar, pero se me antoja asombroso que no tuviese ningún sistema de frenado de emergencia, nada que los mecánicos pudieran accionar en el vehículo cuando se ven desacoplados y que impidiese su loca carrera de descenso. Al menos, ya les digo, hay que explicar estos dos factores, y muy bien. Lo cierto es que, tras el fallo múltiple, la unidad suelta cae por la pendiente y acelera. En la parte final del tramo visto desde Chamartín, el acceso a Atocha, la vía se convierte en única y lleva hasta algo más allá de la playa de salida de la alta velocidad convencional, uniéndose al ramal principal. Antes de eso hay un cambiador de agujas bajo el jardín botánico, que permite que los convoyes puedan usar las dos vías que tiene el túnel una vez superado el cuello de botella del paso de Atocha. El tren alocado corre sin control por el túnel acercándose a todos esos puntos y hay un convoy de Iryo, uno de los operadores, que ha salido de Alicante y ha dejado Atocha con destino Chamartín. En no muchos segundos es casi seguro que el que está fuera de control acceda a la zona de vía única y pueda impactar con el tren que lleva pasajeros. La situación es crítica. En el centro de mando de ADIF cunde el pánico ante lo que parece un accidente casi seguro, y entonces un operario lleva a cabo, de manera remota, el cambio de agujas para que el tren sin control pase de la vía por la que va a la otra. A esa velocidad el cambio de vía es imposible (siempre es una operación que fuerza a los ejes y a la estructura del tren) y la unidad descarrila, se sale de la vía y se estrella contra el lateral del túnel, quedando ladeada y bloqueando por completo una de las dos vías. Los dos mecánicos que van en el interior sufren el impacto pero salen ilesos. Se ordena al Iryo, y a todas las composiciones que están en las proximidades del túnel que se detengan, y lo más grave se ha evitado. El miedo debe seguir vivo en todos los que han vivido ese momento durante horas y horas.

La decisión de ejecutar el cambio de vía era, visto lo visto, la única posible para evitar la colisión entre las dos unidades. Se decidió en segundos en una situación real de máxima tensión y de riesgos enormes para la seguridad de la infraestructura y vida de los pasajeros del tren que iba en sentido contrario. El operario que la ejecutó, decidió o lo que fuera, es un héroe. Su acción ha permitido que estemos tratando este incidente como la concatenación de una serie de fallos chapuceros y no como la enorme catástrofe que podría haber sido. No se quien será la persona que accionó esa orden de cambio de vías, pero ha salvado muchas muchas vidas. Se merece homenajes sentidos y la admiración de todos.

miércoles, agosto 28, 2024

Un naufragio muy poco probable

Reconozco que cuando me enteré que el velero de lujo hundido frente a las costas de Sicilia se llamaba “Bayesian” no pude evitar que me saliera una vena chistosa relacionada con la estadística, la típica de los personajes frikis, como supongo que era Michael Lynch, el dueño del barco. Sino, es imposible que llames a tu embarcación en homenaje al teorema de la probabilidad condicionada, también conocido como teorema de Bayes. Lynch era una de las mayores fortunas de Reino Unido y su riqueza vino de negocios relacionados con la seguridad criptográfica e internet, por lo que, sí, sí, sería un friki de tomo y lomo.

El naufragio del Bayesian es una de las historias de este verano y un suceso que reúne un montón de características que lo hacen llamativo. El barco era uno de los mayores veleros privados del mundo, con algo más de cincuenta metros de eslora, y con un mástil de aluminio de 75 metros, el mayor de los de su clase jamás construido. Era una belleza de buque y algo de coste demencial. Propiedad de Lynch, se alquilaba cuando su dueño no hacía uso de él, a un coste algo superior a los 200.000 dólares semanales, tripulación, combustible, suministros y fondeo aparte. Se encontraba, la noche del suceso, fondeado a pocos centenares de metros de la costa de Sicilia, frente al puerto de Porticello, y en el estaban, creo, siete pasajeros y doce tripulantes. Hubo tormenta en esa zona, de gran intensidad, y por lo que cuentan algunas fuentes, una manga marina pudo impactar con el barco, suceso de probabilidad escasísima dadas las escasas dimensiones que tienen esos fenómenos en el Mediterráneo, escasas en extensión, no en virulencia. La cuestión es que se sabe que el palo del barco se partió y que en minutos toda la embarcación se hundió, quedándose en el fondo del mar, en este caso a una cota de cincuenta metros bajo la superficie. La mayor parte de la tripulación, que debía estar en cubierta, se salvó, y casi todo el pasaje falleció, entre ellos el dueño de la nave, Lynch, y su hija de ocho años, También falleció uno de los mayores ejecutivos de Morgan Stanley, amigo de Lynch, que se encontraba a bordo haciendo la travesía. La enorme suma de millones propiedad de los fallecidos ha elevado el caso al morbo global, en una especie de repetición del Titanic a escala, en lo que hace a lujo marítimo, desgracia y potentados ahogados. Las autoridades italianas, tras proceder al rescate de los supervivientes, han realizado las inmersiones necesarias para lograr encontrar a los fallecidos, que se sitúan al parecer no en sus camarotes, sino en uno que está más cerca de la salida, como si algo les hubiera despertado del sueño en el que se encontraban y hubieran intentado salir del barco, pero el agua se lo hubiese impedido. ¿Estaban descansando? ¿O de resaca tras una fiesta a bordo? ¿Por qué casi todos los fallecidos son precisamente del pasaje y casi todos los supervivientes de la tripulación? Los expertos que han hablado sobre el tema no se explican como un pedazo barco de esas dimensiones y de construcción tan moderna, con todos los sistemas de seguridad marítimos imaginables, ha podido naufragar de una manera tan catastrófica y veloz, y se hacen preguntas sobre si estaban los protocolos de seguridad preparados para ello, si se habían hecho ejercicios para prever una situación de riesgo con un pasaje tan especial, si estaban cerradas las escotillas y todo aquello que hubiera podido facilitar una vía de agua, y cosas por el estilo. No salen de su asombro. En el café, esta semana, uno que tiene experiencia en navegación me decía que todo le parecía muy raro. Que en caso de tormenta se pliega todo el velamen para que no coja vuelo y se lleve el barco por delante, y que quizás la rotura del mástil pudo venir porque parte de las velas se abrieron, pese a estar recogidas, y el tirón que provocaron rompió la estructura y condenó al barco, pero que en todo caso le parece un suceso muy raro. Hay un vídeo, de mala calidad, en blanco y negro, tomado desde la costa, en la que se aprecian las luces del barco y cómo lo que parece un enorme chaparrón de lluvia azota sin piedad la escena, difícil de apreciar, y en un momento dado las luces del mástil se derrumban, síntoma de su ruptura. No soy capaz de sacar conclusión alguna viendo esas imágenes.

La policía italiana ha recomendado a los supervivientes que no abandonen el país, porque es probable que tenga que volver a interrogarles varias veces para seguir averiguando qué pudo pasar esa noche. Los seguros han empezado los peritajes y son varias las opiniones que demandan que el barco sea reflotado para investigar, in situ, los daños y el estado en el que se encuentra, para poder reconstruir lo que sucedió. En todo caso, misterio, millones, cadáveres y tornados, la combinación perfecta para crear una trama adictiva que supera a muchos de los guiones imaginables. Y todo con una muy baja probabilidad de ocurrencia.

miércoles, julio 24, 2024

Sí, nada somos sin internet

Este pasado viernes se produjo un incidente, por un error humano, que llevó a parte de nuestra vida a retroceder algunas décadas. En algún punto de EEUU, imagínense una oficina cualquiera en el medio oeste, o en un lugar californiano no muy llamativo, un empleado de CrowdStrike, una empresa de antivirus, pulsó el ok a cargar una actualización de su software en el sistema Windows en servidores de la nube. Era el último paso antes de que ese trabajo de actualización, creado por desarrolladores de software de la empresa, empezase a funcionar, y a buen seguro tras él, se iría a tomar un merecido café con otros compañeros de trabajo. Dejo a su elección la tipología de donuts con los que sería acompañado.

A los pocos minutos estaba claro que no iba a haber nada dulce en ese día para ese empleado, empresa, y muchos otros miles de personas y corporaciones en todo el mundo. El software cargado tenía un error que tiraba Windows, hacía que el sistema operativo del ordenador no funcionara, y eso se iba propagando, a la manera de un virus, en todos aquellos equipos en los que la actualización se iba instalando. En unas horas el caos global era enorme, con miles de vuelos cancelados al no funcionar los sistemas de seguimiento de las torres ni las tareas básicas de las terminales, como facturación o gestión de embarques. Empresas de todo el mundo se encontraban con que sus trabajadores no podían no sólo fichar, sino ni si quiera abrir documentos en unos equipos informáticos que, de repente, se habían vuelto bastante inútiles. El viernes 19 fue un día de caos global, con afecciones de todo tipo, que resultó ser bastante más intenso en las naciones anglosajones pero que impactó en todo el mundo. Microsoft, la empresa cliente del antivirus, fue la gran perjudicada, y los usuarios de sus sistemas, millones en todo el mundo, lo notaron de una u otra manera. Curiosamente, en mi trabajo, donde usamos Windows como casi todo el mundo y, de manera creciente, sistemas de nube relacionados con la marca de Redmont (Azure, 365, etc) no tuvimos incidencia alguna, todo funcionaba correctamente, aunque de vez en cuando a algunos compañeros les llegaban correos de error porque no habían podido ser entregados, por fallos en los sistemas de destino. Económicamente, el viernes 19 fue un día de pérdidas no previstas en empresas y gobiernos, de una manera global, y en una época de muchos viajes, por lo que el impacto en turismo, reservas y demás resultó ser de lo más intenso. A medida que el caos crecía empezaron a surgir las voces, nunca faltan, que alertaban de la excesiva dependencia de nuestras vidas de la tecnología, y de los problemas que ello ocasiona. Son declaraciones agoreras que contienen un pequeño porcentaje de realidad, mucho más de alarmismo y una dosis de hipocresía notable, porque todos los que esas cosas denuncian no dejan de usarlas, y sus advertencias llegan a todo el mundo gracias a esas tecnologías de las que dicen abominar. Que el software, y demás desarrollos tecnológicos, tiene fallos es una obviedad, no es precisamente el descubrimiento del Pacífico. De hecho, como todo lo construido, posee problemas, una vida límite, se somete a un proceso de degradación y puede llegar a causar problemas mal usado. A los coches les pasa lo mismo, son útiles, pero si uno se estampa contra un muro por ir demasiado deprisa y se mata la cosa ya no es tan agradable. A nuestros cuerpos humanos, desarrollados por la evolución de manera no dirigida a lo largo de millones de años, les pasa lo mismo. Son fantásticos, pero fallan, dan problemas, se rompen, y a veces son injustos. Un infarto puede matar en minutos a una persona que, por lo demás, está perfectamente, un ictus cerebral es capaz de convertir la mente más lúcida en un folio en blanco, vacío, y destruir una personalidad en momentos. ¿Depende nuestra vida demasiado de cosas tan nimias como los vasos sanguíneos capilares que riegan el cerebro? Sí, pero es lo que hay. Uno puede vivir sin piernas, sin brazos, sin ojos, sin oídos, pero apenas aguantamos tres minutos sin respirar. Las cosas son como son y, como en todo sistema complejo, algunos componentes son más críticos que otros.

Sí, en un mundo analógico, como el de hacer cuarenta o cincuenta años, el software no podía causar problemas, pero tampoco seríamos capaces de hacer casi nada de lo que hoy es instantáneo, generalizado, accesible y baratísimo en tiempo y recursos. El progreso tecnológico tiene sus peajes, caras amables y otras más oscuras. Renunciar a ello es una elección personal pero no una opción social viable. El conocimiento y las ideas se expanden, y frenarlas no suele ser viable, ni lógico, ni rentable. Sí, sin internet no somos nada, pero ¿les gustaría volver a un mundo en el que no existiera? ¿Con todas sus consecuencias? ¿Todas? Piensen fríamente antes de contestar. Si lo desean, con papel y bolígrafo en la mano.

Mañana es fiesta en Madrid, nos leemos el viernes 26.

lunes, mayo 20, 2024

Accidente mortal en Irán

El otro día, al homenajear al fallecido escritor Paul Auster, mencionaba, como lo han hecho todos los que han glosado su figura, el papel que daba al azar en sus relatos, tema que el resto de escritores, y personas, tratamos de obviar, como si no existiera. Sin embargo, los hechos casuales existen, y generan efectos significativos. Llamémosle suerte, accidente o como se quiera, pero son situaciones que escapan de nuestro control y, quizás por eso, preferimos cerrar los ojos ante ellas. Sin embargo, ahí están, y como sucedió ayer en las montañas que separan a Irán de Azerbayán, pueden darse, y crear efectos totalmente inesperados.

Tras una visita del presidente de Irán, Raisi, y su ministro de asuntos exteriores, a Azarbayán, para supervisar las obras de construcción de una presa financiada con capital persa, la delegación oficial de Teherán partió de vuelta a casa en un convoy de tres helicópteros, que atravesaron una zona montañosa en la que la niebla era intensa. Poco después de despegar se supo que, al menos uno de los aparatos, había tenido que realizar un aterrizaje brusco, sea eso lo que sea, y que se había perdido el contacto con él. Las agencias internacionales empezaron a difundir la noticia y la sensación generalizada era que el presidente de Irán estaba metido, de golpe, en un señor problema. A lo largo de la tarde la información fue confusa, pero todo apuntaba a un accidente aéreo que dejaba muy pocas probabilidades de supervivencia a la cúpula iraní. La agencia oficial de noticias persa, escueta como siempre para temas serios, se limitaba a señalar que se había dado ese aterrizaje brusco al que me refería anteriormente y que se estaba tratando de acceder al lugar para tener más información. Las imágenes que llegaban de la zona eran la de un erial montañoso, con apenas arbolado, estepario, dominado por una niebla cerrada y una sensación de frío que se percibía con mirar un rato a la pantalla. Si alguien es capaz de sobrevivir en ese entorno después de un accidente tiene un cierto componente de héroe. Al parecer ha sucedido lo que uno podía esperar tras escuchar las primeras noticias y ver esas escenas. Los restos del helicóptero siniestrado han sido encontrados, completamente calcinados, y sin superviviente alguno, por lo que los medios oficiales iraníes ya dan por segura la muerte tanto del presidente como del ministro de asuntos exteriores, lo que es un golpe de primer orden a la estructura de poder del régimen. No es el definitivo, ni mucho menos, pero sí serio. Irán tiene un sistema de poder extraño, difícil de explicar y más de entender, en el que los cargos teológicos mandan más que los civiles, y donde el Ayatolá supremo es realmente el que dirige la nación. Ese papel ahora recae en manos de Ali Jamenei, que sigue vivo, a una edad muy avanzada, pero que se prodiga en público y mantiene el control del régimen con mano firme. Raisi fue elegido tras las últimas elecciones y representaba la corriente dura del islamismo chií que dicta todos los destinos de lo que sucede en aquella nación. Frente a otros caracteres más aperturistas, Raisi era partidario de la represión a la disidencia interna y de una postura de fortaleza de cara al exterior, alineado completamente con el consejo de clérigos que pastorea Jamenei. Bajo su mandato, que empezó hace poco, se ha producido la escalada de ataques entre Israel e Irán, con el primer intercambio directo de disparos entre ambas naciones, tras años de guerras proxy a distancia. Es más que seguro que la respuesta iraní que comenzó esas hostilidades abiertas, como contragolpe ante el ataque israelí al consulado iraní en Damasco, estuvo aprobada por Raisi y Jamenei, pero es realmente difícil saber hasta qué punto fue el presidente el impulsor de esa decisión o actuó en grupo sin ser él realmente el que más fomentó ese movimiento armado. La toma de decisiones en Irán es un misterio en cierta medida y nunca queda claro cuáles son las cadenas de mando que se establecen, más allá de la última palabra del Ayatolá supremo.

Por este motivo, resulta difícil saber cuáles serán las consecuencias de este accidente, más allá de un luto oficial y unas exequias que se organizarán para que sean lo más multitudinarias y propagandistas posibles, y que serán vistas por los terroristas suníes como una nueva oportunidad para atentar contra el régimen. Es probable que Raisi sea relevado por alguien de los duros, dado que son los que parecen tener ahora mismo el control del poder en el país, y que la sociedad civil iraní siga sometida al mismo control, férreo e inmisericorde, que la asfixia desde hace décadas, pero como todo acontecimiento imprevisto, y más en una zona que está caldeada hasta el extremo, habrá que ver qué es lo que pasa en los próximos días en Teherán, y los movimientos que se hagan desde la cúpula del poder.

viernes, febrero 23, 2024

Trágico incendio en Valencia

Hay días en los que uno se levanta con la esperanza de que las malas noticias de la noche no se hayan convertido en desgracia, pero el amanecer, en ocasiones, no sólo trae reflejos dorados del Sol, también viene con malas nuevas. Al irme a la cama el balance del incendio de ayer en Valencia era de dieciséis heridos, seis de ellos bomberos, sin que ninguno presentase un cuadro grava. Viendo las escenas de televisión esa contabilidad era un sinónimo de milagro. A esta hora de la mañana las cifras son bastante más graves, con cuatro fallecidos confirmados y diecinueve desaparecidos, a la espera de que se pueda acceder al interior de la construcción.

Es bastante probable que la estructura del edificio, de forjados de hormigón, resista lo que ha sucedido y no colapse, pero es fácil imaginar que nada queda más allá de los pilares y las placas de los pisos. La intensidad del incendio ha devorado todo lo que pudiera encontrarse en el interior de las viviendas y ha destruido enseres y elementos de decoración y revestimiento por completo. Las llamas que se vieron en algunos momentos eran de una dimensión inusitada para tratarse de un incendio en viviendas, y habrá que investigar muy bien qué es lo que ha pasado para que el fuego se extendiese de esa forma. Varios de los expertos que han hablado han achacado lo sucedido al revestimiento del edificio, una solución decorativa y aislante en la que los componentes plásticos son parte de las capas que, como un sándwich, generan el panel que se adosa a la pared para revestirla. Si uno contempla las primeras imágenes del fuego, originado en un piso de la planta séptima, comprueba que al poco parte de la fachada coge llama y a partir de ahí el fuego se expande siguiendo literalmente todo el revestimiento que rodea balcones y ventanales, a una velocidad enorme, por lo que el papel de esa cobertura exterior en el avance del fuego sí que puede resultar decisivo. Una vez que las llamas se extendían por ahí era imposible que, reventando las ventanas, el fuego no penetrase en los pisos, donde el material combustible abunda en forma de cortinas, sofás, muebles, elementos de la cocina, etc. Si las llamas se hubieran contenido dentro de la vivienda donde se originaron, cosa que es lo que suele suceder habitualmente en estos casos, estaríamos ante una desgracia muy localizada, con efectos llamativos pero escasos. Sin embargo, con el fuego desatado por toda la fachada, era ya imposible que ninguna de las viviendas resultara inmune ante una oleada de fuego imparable. También puede ser que esos paneles que propiciaron la extensión del fuego fueran los responsables de extenderlo al edificio anexo, más bajo, pero con estructuras compartidas con el principal, y construido de igual manera, por lo que el proceso de propagación de las llamas fue exactamente el mismo, desde el exterior al interior. Los bomberos y demás personal de protección y seguridad desplazado a la zona apenas pudieron hacer más que rescatar a las pocas personas que estaban en los balcones de sus viviendas, en un ejercicio de valor y audacia que les hace, nuevamente, ser considerados como héroes en una situación en la que la mayor parte de nosotros, desde luego yo, estaríamos dominados por el miedo absoluto. Desde fuera, con escalas y mangueras, la capacidad de extinción de un edificio de cientos de pisos ardiendo de manera simultánea es casi nula, por lo que los medios trataron, sobre todo, de que esas llamas no se siguieran propagando a ninguna otra construcción. El cortafuegos que separa el bajo comercial de la zona de pisos funcionó, y en los accesos de calle y en los establecimientos no se dio la extensión del incendio, por lo que al menos esa zona de la edificación se ha salvado y permitió que los que en ella estuviesen fueran evacuados sin problema.

Es pronto para hacer balances, pero el panorama pinta desolador. La destrucción física es enorme, con cientos de viviendas arrasadas por completo, sin que ninguna pertenencia que estuviera en ellas haya podido sobrevivir. Los heridos que ayer estaban en el hospital no revisten gravedad, pero la cuenta de desaparecidos a esta hora, diecinueve, y de fallecidos, cuatro, eleva lo sucedido al grado de tragedia, con elevada incertidumbre sobre el número final de muertos. Tiempo habrá para investigar las causas y el porqué de la vivaz extensión de las llamas. Ahora lo urgente es que los desaparecidos estén vivos, y que el balance de muertos no siga subiendo.

viernes, enero 26, 2024

Muerte por amor en Morata

Lo de morir de amor tiene su épica romántica, y hacerlo con el preludio de Tristán e Isolda puede ser el sumun de lo orgiástico, pero en la práctica es un triste final. El amor, su existencia y ausencia, es algo que marca nuestras vidas de una manera profunda, aunque a veces no seamos conscientes de ello. Sigo sin tener clara como es la vida amorosa plena, aunque reconozco que cuando uno está prendido la sensación es muy llamativa, como esa manida expresión de estar a unos metros sobre el suelo. Ya si ese sentimiento es correspondido lo metros se transformarán en kilómetros, quizás, y durante un tiempo nada será relevante. Luego habrá aterrizajes más o menos forzados, pero volar, volar, se habrá volado.

De esa sensación se pueden aprovechar algunos que buscan abusar en la herida que sea más fácil de hurgar, y en el enamoramiento las barreras se bajan hasta extremos irracionales. El suceso que se ha conocido estos días en Morata de Tajuña, con el asesinato de tres hermanos envueltos en una estafa amorosa ha causado impacto por el número de fallecidos, elevado, pero también por la manera absurda, tremendamente estúpida, vista desde fuera, de la situación que ha desembocado en tan horrible crimen. Engañadas las hermanas con un viejo timo en el que, por las redes sociales, alguien se hace pasar por un adorable jubilado que se enamora de ellas, pero que vive en EEUU y necesita dinero para visitarlas, el corazón de las hermanas solteras de Morata creyó encontrar alguien con quien llenar su vacío. Solas, a una edad en la que las oportunidades escasean y la sensación de que esto se acaba se acrecienta, picaron en algo tan inconcebible porque, ay, querían seguir enamorándose, echaban de menos a alguien que les quisiera, como nos pasa a todos, y en su ingenuidad encontraron en internet y en la foto del presunto amor trasatlántico el cariño que la vida real no les había dado. A partir de ahí, el objeto de la estafa empezó a cobrarse sus frutos en forma de transferencias de dinero a la cuenta del adorable jubilado, en un importe creciente y, cada vez, más ruinosos. Ellas seguro que pensaban que compraban la felicidad del amado, ciegas en su ensoñación, y no se pusieron a pensar en todo lo que les estaba suponiendo ese desembolso. Llegó el momento en el que se les acabó el dinero, pero no el sueño, y empezaron a pedir prestado, y a partir de ahí el cuento de príncipes y princesas rana se transforma en una historia tipo Scorsesse con prestamistas, chantajes, impagados, amenazas y miedo. El final de este tipo de historias suele ser más o menos sangriento, pero todos ellos comparten un drama y, habitualmente, algún cadáver. En este caso más de uno. La investigación, aclarada por la confesión de un sospechoso de haber sido él el asesino de los tres hermanos, dilucidará los detalles de todo lo sucedido y la secuencia de pagos y amenazas, y el cómo las víctimas se empezaron a preocupar más de lo que debían que del amor que esperaba allende los mares. Con el tiempo no descarten que se elabore una miniserie con toda la trama, en la que se conjugan varias de las pasiones que arrebatan a la audiencia, incluyendo un dramático final en forma de atestado criminal de esos que llenan de cintas los barrios impidiendo el traspaso de los curiosos y los que se hacen pasar por periodistas para luego contar en televisión detalles macabros y sacar su particular tajada del suceso. Tertulias, opinadores, expertos… el tema da para mucho y la producción televisiva recalcará el morbo del crimen, el miedo creciente de los hermanos, las llamadas nocturnas de los prestamistas chantajeando, todo muy de noche, sombríamente, lleno de malicia. Peliculón al canto, seguro que la incluyen en la lista de las ciento treinta cosas que no puedes dejar de ver la semana en la que se estrena para no seguir siendo un enteradillo.

No me interesa para nada esa trama, me da igual, es la misma de siempre. Me interesa, y mucho, lo anterior, lo que las lleva a pedir dinero, lo que realmente las enloquece, que es su enamoramiento, su soledad, su necesidad de querer y ser queridas, su angustia infinita por el vacío en el que viven y que no son capaces de llenar con nada ni con nadie de los que se encuentran en su entorno: Quieren que alguien las abrace, las quiera, las ame, las sobe, las folle, las sobe, las arrope, las acueste, las comprenda, las escuche, les haga sentir importante, les de la sensación de que están vivas. Y en la soledad de su casa no hay nadie, nada, el vacío, al igual que en el fondo de su corazón. Y entonces se agarran a un perfil falso de internet como si fuera el último salvavidas que pudiera evitar que se ahoguen para siempre en su soledad.

lunes, octubre 02, 2023

Muerte en Murcia

Apenas tengo recuerdos de cuándo me he quedado hasta las seis de la mañana de fiesta. Debió ser hace mucho tiempo, y en contadas ocasiones, seguramente. Vivo una vida en la que los sábados por la noche trato de alcanzar el reto de “Oli”, un compañero de trabajo, que afirmaba que un sábado en el que uno se acuesta antes de las 24 horas lo es perdido. Muchas semanas lucho para aguantar hasta esa hora, a sabiendas de que el desenfreno existe ahí fuera, pero ya no participo en él. Será la edad dirán algunos, o como soy, que nunca me ha llamado esa juerga descontrolada.

Lo cierto es que a esas horas cualquiera está en un estado algo comatoso, por lo que si se produce un accidente las consecuencias pueden ser dramáticas. A estas horas de la mañana no se ha cerrado aún el balance de la tragedia que acaeció ayer en un polígono de discotecas de Murcia ciudad. Son trece las víctimas mortales confirmadas y cinco, al parecer, los que permanecen desaparecidos sin que se tenga constancia segura de que estén entre los restos de los complejos de ocio. El incendio que se desató en uno de ellos ha arruinado por completo varios locales de grandes dimensiones, de esos que se alojan en naves industriales, aunque parece que todas las víctimas estaban en un mismo local, llamado “Teatro” y más concretamente en la planta superior del mismo. Quizás el incendio comenzase allí, o la salida de esa planta fuera más complicada que la de otros lugares de esa instalación, a saber. Lo cierto es que testigos que se han salvado pudieron escapar por la salida de la planta baja y cuentan que los de la alta no lo lograron. Las imágenes de los bomberos muestran la estructura del edificio convertida en un cascarón hueco, porque el fuego ha logrado derrumbar los forjados y ya no hay plantas separadas en el interior de lo que fue la discoteca. El trabajo de los servicios de emergencia y extinción de incendios está siendo duro y peligroso, las llamas fueron voraces y el destrozo interior tiene un enorme peligro para los que en él penetran. La recuperación de cuerpos de los fallecidos está siendo penosa, por las condiciones en las que han debido quedar, y las labores de identificación son muy lentas, siendo hasta el momento sólo tres las personas a las que se les puede poner nombre, rostro, historia. Familiares de los muchos que en la madrugada del sábado estaban de fiesta en la zona lleva un día entero de angustia, tratando de saber si los suyos están entre el listado macabro de víctimas de la tragedia. A medida que pasan las horas y los que pudieron salir indemnes del desastre han vuelto a casa son los que echan en falta a los suyos los que se temen las peores noticas, los que intuyen que la tarde del sábado pudo ser la última en la que vieron a hijos, amigos, primos…. Ponga usted aquí el parentesco o afiliación que desee. Una noche de juerga en un fin de semana de otoño de trazas veraniegas, que para muchos pasaría sin pena ni gloria, y para otros quizás llegase a tener un vínculo especial con su futura historia personal se ha convertido, para todos, en un momento que nunca podrán olvidad en sus vidas, en una tragedia absurda, sin ningún sentido, que ha llenado de horror a todos los que han tenido alguna relación con ese lugar. A lo largo de la semana iremos viendo rostros, me temo que juveniles, de los que ya no están, conoceremos algunos de sus planes, ideas de futuro, relaciones, qué querían hacer con sus vidas, y qué habían logrado. Una retahíla de proyectos, truncados de la manera más cruel y carente de sentido. Decenas, cientos de “por qué” se alzan ahora entre todos los murcianos sin que se pueda dar respuesta alguna. No la hay.

Hace ya una década, cuando se produjo la tragedia del Madrid Arena, que costó la vida a cinco chavales, resultaba insoportable la acumulación de vidas que se abrían a la madurez segadas, en aquel caso, por una sucesión de incompetencias e ilegalidades que pudieron ser previstas. Aquí está por ver qué papel ha jugado el azar, la ley, la negligencia o la mala suerte, pero el resultado es el mismo, futuros truncados que son muy crueles. Supongo que todos esos locales, ahora ruinas, serán demolidos en un futuro no muy lejano, y que quedará algún recuerdo memorial de lo sucedido. Pero el hueco para las preguntas sin respuesta seguirá dejando marca.