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miércoles, febrero 23, 2022

La lealtad en política

A medida que avanzaba el día de ayer se podía ver en directo el derrumbe no ya del proyecto, sino de la propia figura de Pablo Casado. Si el domingo lunes, ya muy tocado, se escribía en los medios sobre sus estrategias de aguante y ganancia de tiempo para tratar de construir una defensa, un parapeto en torno a sus fieles y al aparato del partido que controlaba desde Génova. A medida que avanzaba el martes la situación era distinta, con la imagen de una estructura que se derrumbaba, que colapsaba a medida que pilares y forjados cedían ante la presión de las fuerzas externas que los golpeaban y la propia debilidad. Desde un momento estaba claro que asistíamos a una agonía sin sentido, sin otra resolución posible que la marcha del, ya, no líder.

Se ha visto claramente en este caso lo que lleva sucediendo en la política y el poder desde que este existe, y es que la lealtad de los propios depende, casi en exclusiva, del acceso al poder que tiene al que siguen, y de la influencia que son capaces de alcanzar estando a su lado. Todo son amigos y fieles servidores de quien posee los oropeles y fieros adversarios de quien lo ha perdido. Y así era en los tiempos babilónicos y en la era de internet, con la única diferencia de la velocidad a la que se desarrollan los acontecimientos. La creación de un liderazgo requiere apoyos y personas capaces en las que el líder pueda apoyarse, porque un líder sin apoyos ni ayudas no es posible, aunque alguno no se lo crea, pero es inevitable que entorno a la figura de poder aparezcan aprovechados, ventajistas, buscavidas, pelotas y personajes que, en general, buscan a ver qué pueden sacar ellos en claro de la ocasión. De mientras el poder del que se aprovechan se mantenga no descansarán un minuto en sacar tajada y en defenderlo a capa y espada, rasgándose las vestiduras ante todo el que quiera verlo, para así hacer que la tajada sea lo mayor posible. El poderoso sabe que esto es así, y conoce, o debiera conocer, cuáles de sus seguidores lo son por convicción y cuáles por interés, teniendo en cuenta que pocos tendrán el primero de los factores y todos, todos, algo del segundo. El problema es que el poderoso, humano, disfruta con los halagos que recibe de los que le siguen y eso le enorgullece hasta perder el sentido de la realidad, se acaba creyendo que es él la única causa por la que el resto está ahí. Cuando se llega a este punto de divorcio con la realidad las probabilidades de cometer errores se disparan y el poderoso empieza a fastidiarla, acumulando problemas que serán los que, con el tiempo y suma, le levarán al desastre. El endiosamiento no crea líderes, sino payasos. Cuando la figura del líder empieza a perder poder, la capacidad de dar y otorgar, la estructura organizada en torno a él se resiente, y comienza a deshacerse. Los primeros que se van son los más listos, los que, como en la bolsa, venden en lo alto del ciclo y, con ganancia ejecutada, asisten a la bajada de las cotizaciones desde lugar seguro. Los últimos en irse, si se queda alguno, son los suicidas, que acaban siendo arrastrados por el líder derrumbado al final de su carrera. Suelen ser pocos y la historia los trata con la crueldad con la que el siguiente líder describe los años oscuros del que le precedió. Y entre medias, de todo, aprovechados que escapan poco a poco, traidores, oportunistas que al ver que el viento cambia esperan y dudan sobre qué hacer, plegando a veces las velas o tratando de que captar brisa desde todas las direcciones posibles… es fácil distinguirlos en el marasmo de la caída. Un hecho muy común a casi todos ellos es el, por así llamarlo, síndrome del apóstol Pedro, que les permite, cuando el liderazgo ha caído, negar un, dos, tres o miles de veces si hace falta el que ellos estuvieran al lado del antaño hombre fuerte. Sin rubor alguno, reescriben su pasado para tratar de ocultarlo y conseguir que algo les caiga del nuevo liderato. Aunque no lo parezca, esta táctica funciona más de lo que parece y permite engañar a muchos, no a todos, pero si a los suficientes como para seguir viviendo cobijado bajo una nueva sombra de poder.

Casado caía, y los casadistas huían, y se desdecían, en un proceso mil veces visto y que produce tanto asombro como tristeza, visto desde fuera. Cada vez más sólo, el líder empieza a preguntarse qué es lo que ha hecho mal para acabar así, y tardará tiempo, algunos nunca lo logran en averiguarlo. Y sobre todo, en asumirlo. La ventaja respecto a los tiempos pasados, digamos el clasicismo griego y romano, es que ahora no te apuñalan físicamente y tu cadáver sanguinolento no mancha el enlosado del foro, la curia o el escenario que sea escogido para perpetrar la última traición, pero lo cierto es que la imagen, metafóricamente, se mantiene. El cadáver, político, de Casado yace expuesto para el que lo quiera ver.

lunes, febrero 21, 2022

El PP se desangra

Lo que tienen las crisis de hoy en día es que se desarrollan a una velocidad de vértigo, que arrolla a sus protagonistas y enloquece a quienes la siguen. El viernes la pugna entre Casado y Ayuso estaba en aparentes tablas, con el líder del partido habiendo sido muy duro en una entrevista en la Cope, ventajas de jugar en casa, y la líder popular, con p minúscula no de partido y sí de potestad, respondiéndole a sus acusaciones, mostrando información de las comisiones cobradas por su hermano en los contratos de la polémica. Este pulso en lo alto era ya demasiado intenso como para que se mantuviese sin que uno de los dos cediera, o simplemente cayese. Y eso parece que puede suceder hoy.

El sábado Casado reculó, donde veía un grave problema de corrupción y de imagen empezó a ver algo que no era ni grave ni éticamente reprobable. Probablemente presionado por los mayores de su partido y por cargos de todo el país, que ven como la estructura a la que defienden, y de la que viven, se desmorona, sienten la alarma del vacío bajo sus pies, y desean que todo este espectáculo se acabe de una vez. Ayer domingo, con la resaca de la rectificación de Génova, una manifestación ruidosa tuvo lugar a las puertas de la sede de la formación, en la que los convocados glorificaban a Ayuso y se ciscaban en la madre de todo el que pasase por allí, empezando por Casado, claro, objeto principal de sus odios. Esa manifestación fue puro Berlanga, el uno contra sí mismo, la histeria del fan que adora a su estrella contra el mundo que no la valora, y especialmente contra los jefes de la estrella. A lo largo del día, más allá del ruido generado por esa convocatoria, la figura de Casado empezaba a desdibujarse. Si el sábado parecía que el cese de su segundo, Teodoro García Egea, como responsable de la cutre trama de espionaje, podía ser la pieza de caza que contentase a la jauría, a medida que avanzaba el festivo quedaba claro que el propio Casado ocupaba un liderazgo que se desmoronaba por la vía de los hechos, por el mero rechazo de unos y de otros a su gestión y, también, por el silencio clamoroso de los que, si le apoyan, no se manifestaban. Los medios de la derecha, normalmente disciplinados, empezaron ya el día dejando clara su posición, con El Mundo retirando su apoyo a la ejecutiva de Génova, pero fue significativo que a media tarde ABC sacase en la web una editorial extraordinaria en la que pedía la renuncia de Casado. El resto de medios de esa ideología ya eran ayusistas desde antes de esta crisis, cuando no directamente “voxeros”, y se ha visto cómo los periodistas, sometidos en este caso a la disciplina de voto a la derecha (sí, también ocurre lo mismo a la izquierda, y sí, eso no es periodismo) tenían que escoger bando, y de la división del viernes y los silencios generales se ha pasado a un alineamiento total en contra de la figura de un Casado que ya no manda en el partido, sito en un estado comatoso. La encuesta exprés que publica hoy El Mundo es un clavo más en el ataúd de un dirigente que, o no ha podido o no ha querido gestionar esta crisis, pero lo que está claro es que no ha sabido. Las voces de los mayores del partido, además de su frustración absoluta, abogan por retirar a Casaso y no entronizar a Ayuso, escogiendo una vía intermedia en un congreso extraordinario, en lo que se conoce como la tercera vía o solución Feijóo, de tal manera que sea el líder gallego, experimentado y serio, el que ponga orden en el caos en el que los dos críos celosos han sumido a la formación. Para que eso se produzca un primer paso se puede dar hoy, dado que esta mañana se reúne el comité de dirección en Génova, comité compuesto por fieles a Casado, nombrados por él, pero que empiezan a no ser dirigentes de nada. El único objetivo de un partido político es ganar elecciones y llegar al poder, por eso los que no lo logran con reiteración acaban desapareciendo, y tras lo sucedido estos días el PP se ha dejado millones de votos, algunos con destinos claros, otros no tanto, y su supervivencia está en juego.

Casado y Ayuso han pecado de ser críos ambiciosos, a los que les da igual la ideología, y menos aún los problemas de la sociedad a la que dicen deberse (en esto último no se diferencian de ningún otro político). Elevados a posiciones de poder sin conocimiento ni talla para ejercerlos, los celos mutuos los han consumido, y en esta batalla de infantiles egos Ayuso ha demostrado ser más lista que Casado, tener mejor instinto para detectar cómo hacer sangre y cuenta con un respaldo electoral del que carece el presidente nominal. Corren ambos el riesgo de cargarse el partido que les ha llevado hasta donde están, pero les da igual, sobre todo a Ayuso, cuya marca propia es tal que le permitiría volar por libre si hiciera falta. Su futuro es posible, el de Casado ya no, y cuanto más se resista a ello peor. Así de cruel es esto.

viernes, febrero 18, 2022

PPP, Patético PP

Uno de los problemas que tiene el tratar de analizar la realidad es que, por defecto, tendemos a hacerlo desde supuestos racionales, en los que valoramos las acciones presentes y futuras por lo que pueden ganar y perder quienes las ejecutan, realizando cálculos fríos, y en función de esas estimaciones predecimos lo que puede pasar. Y nos equivocamos una y otra vez, porque esa aproximación racional es una falacia, que puede funcionar en ocasiones, pero que normalmente es vencida por la hibris, la visceralidad que surge del interior humano, lo que Keynes denominó los “animal spirits” que es lo que parece. Y entonces el caos es inevitable.

El suicidio en directo que protagoniza el PP, con episodios puntuales los pasados meses, mediante puñaladas y desgarros en la plaza pública desde ayer, es un buen ejemplo de la irracionalidad más absoluta aplicada, en este caso, a la política, o a lo que sea que creen que practican estos personajes de segunda. El enfrentamiento manifiesto entre Casado y su lugarteniente Teodoro con Ayuso es un ejemplo de hasta qué punto lo que debiera ser la prioridad de estos personajes, alcanzar el poder, sea convertido en la fuente de odios y celos que amenaza con destruirlos. Casado es el presidente del partido pero no arrastra a las masas, sigue siendo el candidato a las elecciones generales y, de ganarlas y poder gobernar, sería el que alcanzaría el soñado sillón de la Moncloa. Ayuso carece de cargo orgánico en Genrova pero arrastra el voto en su región de una manera asombrosa, se ha convertido en la líder de facto de la oposición durante los casi dos años transcurridos de pandemia y no deja de acaparar portadas y titulares. Casado se muere de celos por una Ayuso que, en un concurso de popularidad, le dejaría a la altura del barro y Ayuso desea cargos en el partido que le reconozcan como lo que es y, llegado el caso, le permitan alcanzar el puesto de dirigencia que crea más conveniente. Ambos, que al parecer fueron amigos en el pasado, han sido picados por el aguijón del poder, y sienten que es el otro el que les obstaculiza en su carrera para alcanzarlo. El caso de las presuntas comisiones cobradas por el hermano de Ayuso en un contrato de suministros en la pandemia puede tener su aquel pero, reconozcámoslo, para los estándares de corrupción que se manejan habitualmente en la casa PP es una minucia. Sirve como munición de unos contra otros, y de arma para despellejar al adversario. A medida que la sima entre Casado y Ayuso crecía uno pensaba, tirando de ese estúpido razonamiento racional que les comentaba, que acabarían por ponerse de acuerdo y ocultar todas sus rencillas porque era la única manera que tenían de que la marca que les cubre, el PP, alcanzase el poder. No entendía como estos dos críos se pegaban por un juguete, el gobierno, que no tienen. Si están en política es para ganar elecciones, y luego vine todo lo demás (sí, sí, el interés de los ciudadanos es lo último del todo, para estos y para los otros y los de más allá) por lo que un enfrentamiento descarnado sólo serviría para que ambos perdieron el escaso poder real que, por ahora, han conseguido. Luego, desde la lograda Moncloa, si a eso llegasen, ya se despellejarían, como paso antes con otras familias peperas. Pero no, la histeria y los celos han sido mucho más fuertes que cualquier cálculo político y, tras el decepcionante resultado de Castilla y León, la guerra en la casa popular ha empezado, casi cuando Biden anticipó que lo haría la de Ucrania. En la situación actual, de mensajes de odio y amenazas cruzadas soltadas sin tapujos, y con la ya clásica actuación de un espionaje chapucero digno de tebeo, sólo parece viable que uno de los dos, o Ayuso o Casado, sea el ganador de esta guerra, pero ambos resulten perdedores políticos de un conflicto que amenaza con mandar a la ruina a la marca de la derecha. Es estúpido, pero sí.

En general, la falta de madurez de los personajes de esta historia es asombrosa. Todo aparenta tanto el ser una bronca entre chiquillos que no saben nada de la vida que resulta tan divertida como impresentable. ¿En quién de todos ellos confiaría usted algo que le resultara importante? A buen seguro, ante semejante pandilla de incapaces lo mejor sería salir corriendo. Escasa decencia, nula capacidad de sacrificio, un mero deseo de alcanzar el poder lo más rápido posible sin tener en cuenta ninguna otra cosa, total desprecio de los problemas reales de la sociedad a la que dicen querer representar…. El PP ahora mismo es un partido en cuya cúpula se pegan un grupo de malcriados que recuerda a adolescentes enganchados al móvil que no son capaces de estar cinco minutos sin conexión. Es todo tan tan tan patético……

miércoles, noviembre 10, 2021

PPPP (Peleas a Palos en el PP)

Una de las leyes que mejor funcionan en la política es que la unidad suma votos y la desunión los resta. Las formaciones que aparecen enfrentadas de cara al electorado son penalizadas, porque siembran división entre los propios y hacen que nadie que no lo sea esté tentado de apoyarles. Esa necesidad de unión, demasiadas veces, se traduce en liderazgos cesaristas que exigen sometimiento, y eso crea otro tipo de problemas, pero de cara a una votación, estar unidos es lo más efectivo. El último ejemplo nos lo han dado los demócratas en EEUU. Ahora se carcomen entre visiones políticas irreconciliables, pero que acudieron juntos como una piña a las elecciones contra Trump con una idea lógica. Sólo nos pegaremos sobre qué hacer con el poder si lo logramos.

En el PP, no sólo en Madrid, pero sobre todo ahí, existe una disputa sobre qué estrategia seguir de cara a las elecciones generales. Esta semana se cumplen dos años de las últimas y el gobierno hará todo lo que esté en su mano para que las próximas sean dentro de dos. Sin poder nacional, con la gestión de algunas CCAA como principal baza para exhibir, el PP cuenta con una dirección que no ha ganado elecciones y unas baronías que sí, y eso descompensa su estructura interna. Las constantes referencias a la lealtad entre todos esconden un problema, que es que si Casado no gana las próximas elecciones su futuro será, y hasta entonces los barones con poder sí pueden hacer gala de tenerlo. La lucha por la organización en Madrid es una perfecta muestra de los miedos que atenazan a la dirección del partido, la ambición de los dirigentes locales y la necesidad de, para eso son políticos, controlar el poder. Génova, sede que lo sigue siendo tras condenas y promesas de venta, no quiere que Ayuso sea la presidenta de la formación en Madrid, y está alentando una disputa en la que involucra a Almeida, el actual alcalde, para tratar de rebajar el poder que acumula la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid. Tras los espectaculares resultados de las elecciones de mayo, en caso de que se hiciera una consulta, Ayuso saldría escogida por aclamación por una militancia que es bastante más combativa que la media del PP nacional, y eso le otorgaría poder orgánico en la formación, cosa que ahora no tiene. No deja de reiterar Ayuso que está colmada con ser presidenta de Madrid, que no ambiciona más, pero ya se sabe que las promesas de un político son tan sólidas como el caluroso aire del verano. Son ambiciosos, todos ellos, por eso están ahí, y se visten de corderitos cuando en el fondo quieren degollar a los que les rodean para ser ellos los que lideren la manda…. esto, el partido. Sabe Casado que todo lo que sea el crecimiento de Ayuso supondrá una tutela sobre su figura y, sobre todo, una cuenta atrás a su permanencia en la dirigencia nacional del partido si, llegado el día de las elecciones, no logra aspirar a la presidencia del gobierno. Sólo le quedaría una oportunidad, y Casado, que no es un gran estudiante, no acostumbra a aprobar las cosas a la primera. ¿Solución? Tratar de segar la hierba debajo de los pies de Ayuso tanto para dejarle claro quién manda ahí como para tratar de garantizarse su propia seguridad. No es esto que vemos algo muy distinto a peleas anteriores, aunque hay un matiz distinto, y es que en la época de trifulcas entre Esperanza y Gallardón, también en Madrid, el PP tuvo el poder nacional durante algunos de esos años de broncas, y ambos contendientes ansiaban destrozar al otro, en una guerra total de perfiles y estrategias. Ahora las cosas son más complicadas. El PP no manda en la nación y en un escenario pluripartidista que llegue a la Moncloa se ha complicado mucho. La derecha está fragmentada y las corrientes duras ya han tomado partido por Ayuso frente a Casado y los suyos, y elevan el tono de sus insultos a quien lo quiera oír, supongo que un masoquista con ganas de pasarlo mal. Turbio panorama.

Aquí, como siempre, la lógica indica que lo primero sería el partido, y luego los que lo gestionan. Lo más inteligente para el PP sería encumbrar a Ayuso en Madrid y utilizarla como baza, a buen seguro que con alguien de la dirección guardando los errores para cuando sea necesario utilizarlos, y aunar todo su voto de cara a unas generales que, cada día que pasa, se acercan. Y si luego las ganan, bien para ellos, y si las pierden, malo. Este guion, que es sencillo, se estrella contra los miedos y ambiciones personales, que todo lo ciegan, y llevan a las formaciones políticas, ahora al PP, a cometer enormes y estúpidos errores que les lastran. No me apasiona el tema, pero creo que va para largo, y cuanto más sea así, peor para ellos.

miércoles, febrero 17, 2021

Inmobiliaria PP

El PP se lanza al mercado inmobiliario, del que quizás nunca haya salido del todo. En una decisión algo sorpresiva, que fue calificada como cosmética por el propio Casado hace algunos meses, el actual dirigente del partido anunció que abandonarán la sede de Génova 13 por estar envuelta en un proceso judicial. Ya lo estaba el viernes pasado, y meses y años atrás, pero nada espolea tanto a un partido como un resultado electoral, en este caso el nefasto obtenido en Cataluña. También esta decisión demuestra que el españolito de a pie sigue viendo en el ladrillo la solución a sus problemas de inversión y futuro, cuando a veces lo es y otras, para nada.

Dejar la sede, de la que el PP es propietario, tanto vendiéndola como alquilándola, proporcionará a la marca unos ingresos que le vendrán bien para tapar los agujeros que le producen los juicios en los que está inmersa y, supongo, ayudará a cuadrar unas cuentas que ahora no deben tener los ingresos extraordinarios de épocas pasadas, de vino, rosas y Bárcenas amistosos. La gestión por parte del PP de sus tramas corruptas es una muestra de no asunción de la realidad y de la no aplicación de ese dicho de que más vale ponerse una vez rojo que cien colorado. Empiezan a ser muchos años de procesos judiciales los que van desde que se destaparon los papeles de Bárcenas y aún quedan sesiones de los presentes y futuras vistas en las que la marca PP va a quedar sometida al escrutinio de la prensa, fiscalía y demás entes sin que el partido pueda decidir si tal o cual revelación salga en medio de una campaña electoral. ¿Ha perjudicado al PP que Bárcenas “cante” un par de semanas antes de los comicios catalanes? Bien no le ha venido, desde luego, pero peor ha sido la gestión de Casado de los últimos días con declaraciones a los medios referidas a la actuación de su partido en los días previos al sedicioso referéndum de 2017. Si nos retrotraemos a elecciones pasadas, las que tuvieron lugar el año pasado dieron dos resultados muy distintos a dos PPs muy diferentes en dos regiones que se parecen en lo mucho que llueve en ellas, y poco más. La cosecha de votos en el País Vasco fue desastrosa, entre otras cosas por la elección de Casado de un candidato ya amortizado y ajeno a la política vasca desde hace muchos años, que no tiene ni tirada ni discurso (por lo que se pudo ver ni leyéndolo). En Galicia el PP arrasó. Jugaba en casa, eso es cierto, y partía con ventaja, pero aun así logró unos resultados excelentes, por encima de lo que señalaban muchas encuestas. No es ese mérito de Casado, sino de Feijóo, y de una visión distinta del PP. ¿Quiero decir que basta con relevar a Casado del PP para arreglar ese partido? No, las cosas son más profundas, pero es a él a quien le ha tocado la tarea de atravesar el desierto de la oposición tras la derrota electoral, y comerse los marrones que surjan en el camino. Demuestra la experiencia política que, siendo más o menos capacitado, el líder que se encuentra en la posición de Casado se va a tragar mucho dolor, derrotas y amarguras, y que será otro el que recupere el poder para su formación. En la acera de enfrente Almunia o el desaparecido Rubalcaba podían contar historias semejantes, de partidos que comandaron en sus horas bajas y a los que decisiones propias, acertadas y erróneas, en poco contribuyeron a enderezar una nave que iba sin rumbo, como todo partido alejado del poder, y que logró encontrarlo cuando otro candidato, ZP o Sánchez, ganó unas elecciones ante errores propios del rival ajeno. Quizás Rajoy sea una excepción a esa regla, porque insistió hasta que la crisis le llevó a ganar, con la inestimable ayuda de un calamitoso ZP en medio de la quiebra, pero me da que Casado y compañía no quieren saber nada de Rajoy. Y que si le llaman será desde una vieja cabina de un perdido país del este, sin posibilidad de que la llamada quede registrada en ninguna parte.

La sede de Génova 13 es un edificio de, me suena, unas siete plantas que hace esquina con Zurbano y que se encuentra a no muchos metros de la Audiencia Nacional. Equidista más o menos de la plaza de Alonso Martínez y la de Colón, y es por tanto un caramelito para oficinas o, incluso, viviendas si algún promotor se hace con ello y plantea una nueva reforma del edificio, que más le vale sea escrupulosa con la ley porque será observada con muchos ojos. Es un lugar morboso, asociado al poder, a personajes famosos y a hechos y festejos sonados, y a noches aciagas. Más de uno quisiera quedarse con un hueco de esa sede por el placer de ciscarse en ella, y otros para decir que residen donde lo hicieron algunos de los que admiraban. El morbo del poder pasado, ahora mismo perdido, que a todos vuelve loco y que tantos errores provoca.

jueves, febrero 04, 2021

B, de Bárcenas, de caja B

Hemos visto que se puede aprender mucho de las películas. Las de catástrofes nos relatan cómo asaltar supermercados cuando no queda comida en ellos, aunque no digan nada del papel higiénico, y muestran cómo al llegar el momento de salvarse los aprovechados son los que acaparan el espacio en los botes salvavidas, o las vacunas si estamos ante una epidemia, inventando falsas excusas para esconder sus actos. En todos los casos los pringados caen y, por la magnanimidad del guionista, alguno de los malos también, para dar carnaza al espectador. En las pelis de mafiosos las cosas son un poco más complicadas, pero también es habitual que los pactos se rompan por cuestiones menores, que no fueron previstas por quienes los hicieron.

La confesión de la caja B del PP por parte de Luis Bárcenas que se supo ayer es uno de esos giros de guion que tanto gustan a los escritores de tramas que todo el mundo intuía que tenía que acabar pasando pero que no llegaba, y que no se encontraba por parte de los creadores del relato la clave que permitiese que se revelase esa verdad. Desde el momento en el que pillaron a Rajoy con aquel SMS “Luis, se fuerte, hacemos lo que podemos” estaba bastante claro quién era quién en todo ese entramado de corrupción financiera, y a lo largo de estos años el papel de Bárcenas ha estado oscilando entre el contable arrepentido (un clásico papel en las pelis de mafiosos, casi tanto como el acariciado gato del más malo) y el responsable profesional que no sabía de qué le estaban hablando. Numerosos medios comentaban desde hace tiempo que el PP, la dirigencia de entonces, tenía un acuerdo tácito con Bárcenas. Se le intentaría salvar a él mediante los recursos del poder cuando el partido estuviera en el gobierno, siendo ese “hacemos lo que podemos” la expresión de ese pacto. Si eso no fuera posible, se le garantizaba que al menos a su mujer nada le afectaría, nada le pasaría. Este presunto pacto de (tramposos) caballeros esconde lo habitual en estos casos, un conjunto de traiciones mutuas. El PP decía que haría lo comentado pero es poco probable que, en el poder, se quisiera meter en charcos para salvar a lo que el partido consideraba como poco más que un empleado, por lo que intentaron robarle la información que tuviera el fuerte de Luis en su poder mediante una trama de una torpeza tan absoluta como tronchante, incluyendo el uso de policía paralela, personajes disfrazados de curas y espías a la casa de Bárcenas que hubieran quedado grotescos hasta en los tebeos de Mortadelo. De los que idearon estas argucias para salvar al partido, más allá de su condena por corruptos, merecen muchos años de cárcel por la estupidez que pergeñaron. Por su parte Luis, que no es tan tonto, conservó copias de la documentación que le implicaba a él y a muchos otros a sabiendas de que eran su seguro y el de su mujer. Lo de conservar copias es algo que aparece en todas las pelis de corrupción y es asombroso que los dirigentes del PP confiasen su suerte a la trama payasa antes comentada. Quizás confiaban en que el tiempo ablandase a Luis y apechugara con lo suyo, y que no quisiera montar el lío pese a lo de su mujer, a pesar de lo que él insistió en este asunto. Rosalía Mera, que así se llama la esposa, ha resultado ser una de las piezas clave de todo este asunto, y su caída puede acabar arrastrando a todos los que en su momento pactaron su destino en torno al dinero ilegal que se recaudaba y distribuía en Génova. La trama tampoco es muy original. Un partido que no posee ingresos y quiere gastar para ganar las elecciones, unos empresarios que se ofrecen a donar a cambio de contratos futuros, unos políticos que prometen esos contratos si llegan al poder y dinero que va y viene, que requiere ser contado, registrado, repartido y escondido. Y un tesorero fiel que, como el aceite, engrasa toda la maquinaria y permite que gire como es debido. El ABC de la corruptela política, nada nuevo bajo el Sol.

La marca PP la lleva cruda para quitarse de encima el sambenito de corrupta, y peor que lo va a pasar a medida que las personas incriminadas por Bárcenas tengan que desfilar por banquillos y hacer frente a sus responsabilidades. Los actuales dirigentes del partido tiene pinta de que no estaban ni en la universidad cuando todas estas cosas pasaban (algunos aún ni se han sacado el máster) pero tendrán que lidiar con el peso de la opinión pública por el cargo que ocupan y por el logo que muestran detrás. Otros dirigentes del partido, que no aparecen en estos listados de Luis, podrán sacar pecho y decir que ellos no se llevaron nada y alguna vieja gloria de la casa, que no deja de conspirar, debiera contar cuánto se llevó en sus tiempos en los que España iba bien, pero sus finanzas personales aún mejor. Una buena panda de golfos.

viernes, octubre 23, 2020

El discurso de Pablo Casado

En el fondo, y por lo visto era consciente, Pablo Casado era la pieza de caza mayor de la moción de censura planteada por Vox en el Congreso esta semana. Los de Abascal sueñan con el sorpasso al PP, como lo hizo desde otro punto ideológico Rivera, o como todavía fantasea Iglesias respecto al PSOE en los ágapes que se da en su finca. Y esta estrategia de usurpación a los populares es magníficamente vista por parte del gobierno y el PSOE, que saben que no tendrá lugar, pero que produciría una falla aún mayor entre el electorado conservador, lo que sería la salvaguardia de que el PSOE ganaría las elecciones y, en el reparto de escaños, saldría más beneficiado que lo que pudiera indicar el margen de votos obtenido.

Y ayer les decía que Casado, que no era líder ni tenía muchas luces, no podía hacer otra cosa, si quería sobrevivir como dirigente y mantener a su partido en pie, que plantarse ante el discurso de Vox, un discurso tóxico en todos los sentidos, pero que en la exposición que hizo Abascal el miércoles sólo puede ser considerado como propio de iluminados. Por momentos, en su diatriba, Santiago era una encarnación de Trump en pequeño, a una escala como la de la propia España respecto a los EEUU. Mismos conceptos, mismas mentiras, mismas paranoias. De esa palabrería que se desgranó en la Tribuna sólo se podría salvar la crítica inicial a un gobierno, el presente, incompetente hasta el extremo, pero el resto era simpe y sencillamente intolerable, desde todos los puntos de vista. Nadie con algo de raciocinio puede compartir ese discurso, lo que no quiere decir que millones de personas puedan votarlo, eso es otra cosa. Si un partido aspira en occidente, en una democracia y economía liberal, en la sociedad de la información, en el mundo de economías y males globalizados, a gobernar, no puede subirá a desgranar un discurso que sería de manual a principios del pasado siglo XX o, si me apuran, la Edad Media. El resultado de un gobierno con esas directrices sería Venezuela, un país arruinado por una megalómana visión que lo destruye todo, vestido de ropajes izquierdistas, pero igualmente tóxico. Muchos estrategas de todos los partidos esperaban el discurso de Casado de ayer, mantenido en secreto para todos, con la sensación de que una posición blanda del líder del PP ante lo desgranado por Vox sería buena para Abascal e ideal para el gobierno. Y lo cierto es que ayer Casado sorprendió a propios y extraños. Hizo lo que tenía que hacer y lo que el que aquí escribe le recomendó como única opción posible, y para una vez en la vida que acierto, lo subrayo. En su discurso Casado fue durísimo con Abascal, en todos los planos imaginables. Separó a su partido en lo ideológico de una formación ultramontana que utiliza el verde para esconder negras ideas, pero también atacó a Abascal en lo personal, recordándole que su vida y carrera han sido posibles gracias al PP al que ahora ataca, mencionándole lo que ganó y cómo vivió mientras a la sombra del PP se desarrolló, y considerándole como un desagradecido que paga con la traición a los que durante media vida le acogieron y le dieron de todo. A medida que avanzaba en su discurso, el semblante de Abascal iba mudando de la seriedad a la irritación, y algo similar pasaba en la bancada del resto de grupos. Los partidos del gobierno, que llevaban preparadas intervenciones en las que Casado sería el gran atacado con la excusa de Vox, por su complacencia con los de Abascal, tuvieron que rehacer sus textos ante unas palabras del líder del PP que les dejaron sin argumentos. El que todo partido opuesto al PP se quedase ayer sorprendido por lo visto es una muestra de que la estrategia de Casado ayer sí fue la correcta. Descolocar a tus adversarios es un primer paso para ganarlos, y quien entró el miércoles como gran damnificado y señalado como perdedor general de todo lo que pasase salió ayer como triunfador moral. Iván Redondo sufrió ayer un duro revés en sus planes. Y lo sabe.

¿Quiere decir todo esto que el PP no tiene problemas serios con la presencia de Vox? Ni mucho menos. El PP es un partido de gobierno, de poder, y sin él se marchita como la hierba en verano. Sabe que no habrá elecciones generales hasta que Sánchez no tenga más remedio que convocarlas, y para eso aún queda mucho, y que va a seguir recibiendo palos políticos desde todas partes, y judiciales fruto de las causas pendientes. El liderazgo de Casado es débil, inestable, y no soportará mucho tiempo al frente del partido si no logra triunfos y cotas de poder. Tiene críticos en el partido y Abascal y los suyos seguirán tratando de destruirle. Pero justo es reconocer que ayer Casado sí aprobó un examen de máster político, en el que un suspenso le hubiera supuesto, casi, el ocaso de su carrera política.

miércoles, septiembre 09, 2020

Bárcenas, hasta en la “Kitchen”


Una de las palabras que definirá, en el futuro, la crónica política de estos años que ahora vivimos es la de corrupción, y asociada a ella el caso Bárcenas y todo lo que le rodea será, quizás, el ejemplo más recurrente para analizarla. No es el mayor en cuanto a dinero defraudado, es una minucia comparado con los EREs del PSOE andaluz, ni es el que más salpica a una gestión institucional, siendo en este sentido de primaria frente al 3% de los nacionalistas catalanes, pero lo tiene todo, y tiene estética y relato lo suficientemente denso y complejo como para servir de muestra de todas las facetas asociadas a la corrupción. No se acaba nunca, nunca deja de sorprender.

Como en una buena serie, la temporada de este caso abre con el levantamiento del secreto de sumario de la operación Kitchen, que es la denominación que la policía dio a la operación que investigaba la trama paralela que buscaba chantajear a Bárcenas para que se callase, y sus papeles dejaran de circular por el mundo provisto de ojos. En los seriales televisivos hay subtramas que, con el tiempo, alcanzan consistencia propia y pueden acabar opacando el argumento original. Llega un punto en el que los guionistas deben optar por si siguen en esa dirección o, directamente, segregan esa trama en otra serie, que surge de la original. Es lo que se llama “spin off”. Fraisier, por ejemplo, fue una serie que surgió de Cheers, una vez que se vio que el personaje del psicólogo interpretado por Kelsey Grammer adquiría una dimensión más que relevante. Pues bien, la Kitchen va camino de ser una serie propia con todas las de la ley, si me permiten el chiste, y es que a la trama financiera, que era la principal en el asunto Bárcenas, monopolizado por un tesorero y unos cobros ilegales y repartos de los mismos, se une la de la cruel venganza de la política y el poder contra ese tesorero por parte de los que, todo esto con presuntamente cada cinco o seis palabras, se beneficiaron de los cobros iniciales. Lo que se ha publicado del sumario es tan explosivo en lo político como jugoso en muchas otras facetas de la vida, y pone a la altura de la mayor cochambre posible a todos los implicados, más de uno con carrera política que le llevó hasta ministerios como el de Interior (Jorge Fernández Díaz) o Defensa (Cospedal) y salpica profundamente a Rajoy, que en esos testimonios publicados aparece como “el barbas”. La constante presencia en toda la operación de ese personaje que parece creado por los mejores escritores de Hollywood, el comisario Villarejo, introduce un lado sórdido, lleno de tacos hispanos, y comportamientos mafiosos. Muy resumidamente, la trama parece consistir en una operación montada desde Interior y Génova para, utilizando el chófer de Bárcenas, conseguir el acceso a su vivienda y vida para hacerse con la documentación peligrosa que pudiera conservar el tesorero y, de paso, amenazarle para que mantenga la boca cerrada. Si no podemos evitar el caso Bárcenas, hagamos que no vaya a más nunca, parece que se dijeron los conspiradores, y a ello se pusieron. Como en todos estos casos, alguien se tiene que ir de la lengua para que se sepa lo sucedido. A veces “canta” un mindundi al que se le prometió un dinero y la racanería del corruptor deniega o retrasa el pago, y ese eslabón más débil es el que se suele romper. Otras no, y esta parece ser de esas segundas. Aquí el que parece haber revelado información importante de este asunto es Francisco Martínez, que fue Secretario de Estado de Interior (puestazo) con el Ministro Fernández Díaz. En sus mensajes, que figuran en el sumario, Martínez se muestra decepcionado con sus superiores, asqueado con lo que ve, y considera que su lealtad hacia ellos ha sido correspondida con la urdimbre de una trama corrupta y parapolicial. ¿Es la ética lo que hace decir a Martínez lo que figura en el sumario? Quizás. Si así fuera tendríamos aquí al hombre bueno de la serie, al arrepentido que declara para salvar su honra en medio de la quema de quienes fueron sus superiores. Está por ver que este sea uno de los hilos del guion.

Como ven, la serie lo tiene todo. Un partido, el PP, hundido en un lodazal de corrupción que, para salvarse, idea una trama parapolicial en la que pervierte los instrumentos de seguridad del estado y logra no esconder sus oscuras finanzas y sí degradar la imagen de funcionarios y servidores públicos. Con razón Pablo Casado, que era un becario en Génova cuando todo esto sucedía y me da que no pintaba nada ni en la cafetería del partido, trata de eludirlo y declara a quien le pregunte que no sabe nada de eso y que es de una época anterior. Tiene razón en ambas cosas, pero lo que ha pasado en la casa que él preside es algo que le afecta, lo quiera o no. Y el ser el presidente del partido hace que le caiga todo el ruido mediático que esta apasionante historia va a generar. Como verán, en nuestra “política” el que se aburre es porque quiere.

martes, febrero 26, 2019

Pablo Casado en TVE


Ayer Carlos Franganillo entrevistó en TVE a Pablo Casado a la misma hora a la que lo hizo a Pedro Sánchez hace una semana. Supongo que esto será suficiente para acallar el ruido de los que hace siete días clamaban en las redes en contra de la politización de TVE y el uso partidista de la misma por parte del gobierno y su partido. Vivimos épocas de fanatismo en las que las que se vuelcan odios viscerales a cada paso que se da. Ayer esos indignados estaban aplacados, pero tranquilos, que otros surgirían, porque como dice la bola de JotDown, en plan irónico, cualquier momento es buen para odiar, y cual excusa resulta válida. Qué agotador debe ser vivir así todo el día.

Casado llegó a la jefatura del PP hace pocos meses, y se le nota un alto grado de bisoñez en su comportamiento y declaraciones. Es normal. Es una persona muy joven que apenas ha tenido experiencia de gestión y de hacer frente a crisis y problemas serios. Está al frente de una maquinaria, la del PP, engrasada desde hace tiempo para comportarse electoralmente muy bien pero que adolece de problemas de fondo que, de momento, no ha sido capaz de afrontar. El PP en su conjunto no acaba de entender que la pérdida de votos y escaños que ha sufrido durante las últimas elecciones no se debió a su gestión, buena o mala, sino a los casos de corrupción que salpicaron esos años y a todos sus dirigentes. Era necesaria una renovación de los mismos, y de ahí surge Casado, un candidato no esperado tras el proceso de primarias del partido, donde dos mujeres eran las grandes aspirantes, y acabaron siendo derrotadas por él. Si el contexto electoral que vivimos fuera normal las posibilidades de victoria del PP, tras el proceso de renovación, serían elevadas, pero nada es como era. La crisis catalana condiciona el día a día de la política, empantana al país en un bucle melancólico que ni Juaristi hubiera sido capaz de imaginar en toda su profundidad y ha alterado, de manera profunda, las pautas de voto y los actores políticos. Por primera vez a unas elecciones generales se presentan tres formaciones políticas que se disputan el electorado del centro derecha, y ambas van a sacar representación. El PP, que hasta hace no muchos años jugaba sólo en ese ámbito de ideas, tiene dos serios competidores. Por un lado Ciudadanos, que ya le arrasó en la propia Cataluña, donde nació, y que ha jugado a la transversalidad para arañar votos desde una posición de centro. Por otro lado Vox, escisión de personas provenientes del PP de toda la vida, que representa el discurso de extrema derecha que tanto éxito tiene en otras naciones europeas en nuestros días y es alentado (y financiado) por redes en las que participan sujetos como Steve Bannon o Putin. Vox va a ser la no sorpresa electoral de abril, porque la duda es cuántos escaños va a sacar, no si lo hará o no, y todos esos escaños antaño estaban cobijados bajo un PP moderado, que era votado por algunos de los actuales votantes de Vox con pinzas en la nariz ante la ausencia de alternativa. Comido por todas partes, el PP y Casado se enfrentan a unas elecciones que pueden ser para ellos muy lesivas en votos y escaños y, paradójicamente, muy efectivas en el acceso al poder si la suma de las tres formaciones alcanza los míticos 176 escaños de la mayoría absoluta. Pero sabe el PP, lo sabemos todos, que la división del voto resta, que la asignación de escaños puede ser muy cruel ante la existencia de muchas listas, que en la izquierda se está produciendo un reagrupamiento de voto en torno al PSOE vista la debacle de Podemos, y que el PP debe conseguir no perder votos para mantener las opciones de victoria coaligad. Por eso fueron dos los grandes ejes de su discurso de ayer. El enfrentamiento con Pedro Sánchez, como figura maligna necesaria para movilizar al voto, y el del voto útil, el del PP como el lugar en el que ese voto de descontentos, enfadados y temerosos del sanchismo deben acudir para conseguir su objetivo. En este sentido la campaña del PP es más bien a la defensiva, a tratar de minimizar las pérdidas de sufragios que, saben, se van a ir a otras formaciones políticas.

¿Es Casado el mejor líder para conseguir este objetivo? Su bisoñez es un problema, y sus declaraciones, cambiantes y dominadas por la necesidad de generar impacto, incurren en contradicciones y titulares gruesos que le acaban dejando en mal lugar. Frente a una Soraya Saénz de Santamaría, que poseía experiencia y no generaba rechazo en el votante moderado, Casado ha optado por implantar una línea dura y “sin complejos” que le puede cercenar el mercado político mucho más de lo que cree. Es un error, a mi entender, aproximar al PP a los postulados de Vox, porque siempre, entre originales y copias, la gente vota a los originales y los extremistas que se han unido a la moda Abascal no van a votar a Casado. Se encuentra, por tanto, a un reto al que el PP nunca se ha enfrentado, y no está claro cómo va a salir de ahí.

martes, agosto 07, 2018

El master persigue a Casado


Raudo, y más para ser seis de agosto, convocó Pablo Casado una rueda de prensa, en la que hubo una audiencia periodística muy alta, para nada la de un soñado agosto, para explicarse y opinar sobre la decisión judicial que le complica su carrera política. La jueza que instruye el caso del máster cree que hay delitos que Casado puede haber cometido, pero como es aforado, se inhibe ante el Supremo. Ella seguirá llevado la causa de los compañeros de clase, sujetos a las mismas sospechas, pero será el Supremo el que investigue a Casado. Es un tema secundario, sí, pero en este caso el aforamiento vuelve a dar ventaja al cargo público frente al ciudadano de a pie. Esto habría que revisarlo profundamente.

El meollo del asunto es que, quiera reconocerlo o no, Casado tiene un serio problema con ese máster, y no sólo derivado de su actitud en aquel momento de estudio, cosa que serán los jueces los que tendrán que investigar, sino por todo lo relacionado con el organismo de la Universidad Rey Juan Carlos que detentaba el profesor Álvarez Conde. Visto desde fuera, ese instituto público adscrito a la universidad tenía todo el aspecto de ser un chiringuito destinado a expedir títulos a quienes debían tenerlos por una u otra causa, pago mediante. Son varias las causas abiertas al respecto, en las que no sólo está implicado Casado, ni mucho menos, pero que le acabarían afectando desde el momento en el que se ha convertido en una figura de gran exposición mediática. La imagen de regeneración que quiere vender el PP casa mal con un tema tan turbio, menor si se quiere en comparación a otros casos corruptos que todos tenemos en la cabeza, pero que indica unas prácticas, una forma de hacer las cosas, que nos lleva nuevamente al mundo de lo oscuro, lo podrido, lo otorgado por lo que soy y el cargo que ocupo, no por mi mérito. Casado y su equipo van a intentar, como todos los políticos, jugar a la baza del victimismo, la persecución, la cacería, que a veces funciona y a veces no, pero que siempre es enarbolado por aquel que ha sido pillado en falso. Si logra convencer a sus votantes para que no tenga efecto el caso logrará el control de daños que aspira alcanzar, pero con sus votantes en exclusiva sabe Casado que no puede volver a ganar elecciones. Sólo un sobreseimiento por parte del Supremo de este asunto le dejaría limpio de polvo y paja ante los suyos y los demás, y con las puertas abiertas para poder disputar el voto del espectro no socialista. Pero de mientras el caso esté en trámite podemos desayunarnos cada día con novedades al respecto, algunas ciertas, otras no, que pongan su figura y la del PP en entredicho. Esa debilidad ofrece una ventana de oportunidad aún mayor al PSOE para caer en la tentación de adelantar las elecciones. Imaginemos que, en un escenario negativo para Casado, el Supremo le imputa y le llama a declarar. Su imagen pública quedaría tocada, más allá de lo que puedan amortiguar las estrategias de comunicación del partido, y en ese caso una convocatoria electoral pillaría al PP en un estado cercano a la interinidad, con el líder debilitado y la formación dudosa sobre qué hacer. Sánchez ha dicho que no quiere adelantar las elecciones, pero esa es otra de las mentiras que todo político, y más siendo presidente, debe decir para no perder el privilegio y oportunidad de ser el que las convoque. Y más allá de especulaciones, parece seguro un adelanto electoral en Andalucía para octubre o enero, según lo que uno lea. El caso del máster no va a ser breve, me temo, y se puede convertir en un serio dolor de cabeza para el PP.

Una reflexión final sobre el valor de los estudios. Casado ha demostrado en las primarias tener más olfato (y colmillo) político que Soraya, pese a que las carreras académicas de ambos son opuestas. Vemos las dudas en torno a la de él, mientras que ella es licenciada y titular de una durísima oposición a abogacía del estado, en la que demostró su valía intelectual y memorística. ¿Quién tiene ahora mismo mejor carrera política? La respuesta ahora mismo parece obvia, aunque está por ver qué sucederá en unos meses, dada la afición de la política española a darnos sorpresas. En todo caso, padres, menuda papeleta tenéis para convencer a los hijos de que estudiar les dará un futuro más próspero, porque como se pongan a comparar entre uno y otra…

viernes, julio 20, 2018

Soraya y Casado buscan su Luna


Hoy, 20 de julio, se cumple el 49 aniversario de la llegada del hombre a la Luna, del momento histórico en el que Neil Armstrong nos enseñó cómo hacer realidad las gestas. Desde entonces hemos vuelto cinco veces más, y luego décadas enormes, inmensas, sin que exista plan alguno de retorno, y menos financiación asociada. Ahora que la iniciativa privada bulle en el mundo aeroespacial sería entrañable que, de cara al medio siglo de ese acontecimiento, que se cumple el año que viene, un proyecto volviera a llevar hombres allí, esta vez con intenciones de permanencia, de quedarse tiempo, de investigar, colonizar y residir.

Cuando Armstrong bajaba por la escalerilla del módulo lunar aún faltaban algunos años para que nacieran Soraya Sáenz de Santamaría, apodada S3, y Pablo Casado (tampoco había nacido yo) y este fin de semana, que no será nada del otro mundo para mi, se convertirá en, quién sabe, definitivo para uno de ellos dos, porque sólo uno podrá ganar la batalla en la que se ha convertido la sucesión a la presidencia del PP. ¿Quién? No lo se, pero a buen seguro una vez que salga el resultado, mañana a eso de las 13 si se cumple el esquema previsto por la organización, serán muchos los que lo vean como obvio y directo. Quizás tantos como los muchos que decían que Rajoy estaba prensando en presentarse otra vez en las elecciones de 2020 tras acabar su mandato, quizás casi los mismos que tras la moción de censura afirmaban que Rajoy dimitiría para evitar la llegada de Sánchez al poder. Casi pueden ser los mismos, infinidad, que veían a Rajoy como líder de la oposición y que, en minutos, dieron como obvia su renuncia y le alabaron por lo que hasta minutos antes era un anatema. Tras el inicio de la carrera de candidatos casi todos los anteriores comentaristas daban por segura la entronización de Feijóo como delfín sucesorio natural, y tras la renuncia a concurrir del gallego todos esos expertos, muchos y que todo lo saben reconstruyeron su discurso para justificar la espantada del sucesor y dar a entender que era tan claro que no se iba a presentar como un despejado día de verano. ¿Qué quiere decir todo esto? Lo obvio, que nadie tiene ni idea de casi nada, que opinar es gratis, que decir que “fuentes relevantes del partido” me han dicho equivale a la nada y que todos esos opinadores y expertos esperan con ansia el resultado para unirse de manera descarada al caballo ganador y, haciendo l apelota mediante, conseguir favores y prebendas. Vamos, lo que ha pasado siempre en todos los ámbitos del poder. En la pelea entre S3 y Casado ha salido lo peor del PP, que es lo mismo que decir de cualquier estructura que lucha por el poder. Las rencillas, el ahondamiento de las fracturas ideológicas, los ataques bajo cuerda, las acusaciones y el comportamiento desleal de lo que hasta hace no mucho eran compañeros y colaboradores, que vivían unidos en torno a un núcleo de poder y que, ahora, al poder acceder a él, ya no respetan a los que hasta hace nada solicitaban ayuda. En este sentido se le ha visto mucho más el colmillo a Casado, que ha mostrado ser más hábil en el uso del juego sucio frente a una S3 que ve cómo parte del partido quiere cobrarle los años del gobierno en los que ellos no se llevaron la tajada perdida. Al menos este proceso ha servido para deslegitimar para siempre la teoría de la lista más votada cuando no se obtiene mayoría absoluta, dado que sólo la defiende el que la ha sacado, en este caso ella, y las llamadas “coaliciones de perdedores” son válidas si uno se encuentra en ellas. Cosas veredes.

Gane quien gane el congreso popular, empezará para su candidatura lo más difícil, que es recuperar el voto perdido. Sigo pensando que si fuera del PP S3 es mejor candidata para una batalla electoral que Casado, que no va a ser capaz de recuperar votantes centrados, pero está por ver todo lo que pase. Desde luego, cuando mañana se sepa el resultado, yo pensaré que no estaba nada claro, y leeré con ansia y deleite las crónicas, tuits y artículos de expertos que, a día de hoy, en privado, no se apuestan ni un euro de chocolate por quién vencerá y mañana por la tarde alabarán con fiereza al ganador, o ganadora, que tenía, desde el principio, todas las bazas en su mano. Y la Luna, ahí arriba, mirándonos, sola.

Subo a Elorrio y me cojo una semana de vacaciones. Si no sucede nada raro, nos leemos otra vez el lunes 30 de julio. Pásenlo bien y cuídense.

viernes, julio 06, 2018

Soraya vs Casado


Con una participación muy alta, superior al 80%, del exiguo censo de votantes que podían hacerlo, la votación para la elección del presidente y compromisarios del PP celebrada ayer otorgó unos resultados más que interesantes, y que dejan bastante abierto el Congreso de dentro de dos semanas. El extraño sistema de doble vuelta, una abierta otra cerrada, credo por el PP puede hacer que los resultados finales sean confusos y, sobre todo, contestados por parte de la militancia. De momento, y por mil quinientos votos, algo más del 2,5% de margen, Soraya Sáenz de Santamaría ha ganado a Pablo Casado y al resto de candidatos. Ellos dos se disputarán el poder popular.

Muchos, antes de la proclamación de candidaturas, esperaban un duelo S vs C, Soraya vs Cospedal, pero finalmente esa “C” combatiente representa a Casado, un candidato no esperado hace semanas y que ha hecho una campaña que a punto le ha dado la victoria en votos. Las dos figuras representan almas distintas del partido, más ideologizado él, más práctica ella, con experiencia de mitineo y de partido él, con conocimiento de gobierno ella. De cara al éxito de la formación, lo ideal sería un perfil que tuviera ambas características, y dado que eso no existe, un acuerdo entre ellos, pero no parece que vaya a darse algo así, tras lo escuchado la pasada noche. Casado ha visto ante sí la oportunidad de su vida de alcanzar el poder real y Soraya tiene por delante la ardua tarea de hacer que los compromisarios que pudieran apoyar a otras candidaturas no se unan en su contra. En los discursos de anoche ya se vio esa diferencia de forma clara. Casado estaba exultante, se le escapaba la sonrisa en todo momento, sonrisa que no ocultaba un colmillo afilado que ansiaba ser clavado en la faz de Soraya. Sus declaraciones dejaban claro que él y el resto de candidatos tenían en común algo relacionado con las esencias del partido y las ideas (de las que nadie ha dicho nada en varios años, por cierto) frente a otros (queriendo decir otras). El discurso de casado era de ataque, de lucha hasta el final, y de ganas de ganar. Su ambición era enorme, como la de cualquier político. Soraya, en su alocución, sabedora de lo anteriormente dicho, tiró de la táctica de la magnanimidad. Como ganadora, ofreció pacto, cesión, acuerdo y reparto de poder. Llamaba a la unidad en todo momento, ofreciéndose como garante y gestora de la misma y, por tanto, acusando a los que no acepten su oferta, de ser los causantes de la desunión. Su discurso, mucho más amable en las formas, escondía también cargas de profundidad destinadas al resto de contrincantes, y dejaba claro que había partido, y que en estas dos semanas puede pasar de todo. Se sabe ganadora débil frente a la fortaleza del derrotado. Ahora, desde ya, los compromisarios elegidos para el congreso, más de tres mil, van a recibir constantes llamadas de ofertas, de puestos, de cargos, de colocaciones futuras para ellos y los suyos, por parte de ambos equipos. De la capacidad de convicción, de las promesas hechas, del precio que pongan los compromisarios, de todo lo que suceda entre las bambalinas justo antes de la votación del 20 – 21 de julio, dependerá quién sea el ganador. Y la cosa está muy abierta. Como en pasados congresos políticos, el del PSOE que eligió a ZP por ocho votos es un buen ejemplo, la política es así.

Creo que, de cara a unas elecciones generales, Soraya es mejor candidata que Casado de cara a que el PP recupere voto, pero mi opinión en este caso es irrelevante. De todas maneras, los compromisarios están mucho más pegados al cargo público electo que los militantes. Muchos son concejales, alcaldes y cosas por el estilo, y deben hacerse en todo momento la pregunta de Keynes. Si quieren acertar no deben votar al candidato que ellos prefieran, sino al que creen que el electorado le puede otorgar el voto. El PP, como todos los partidos, lo que busca no son las ideas y el discurso, sino el poder. Y eso es lo que está en juego. Y todo ello con el caso del máster de Casado que, en dos semanas, pudiera dar novedades.

jueves, junio 28, 2018

¿Cuántos afiliados tiene el PP?


En la era del big data hacerse una pregunta que empieza por “cuántos” debiera tener una rápida y precisa respuesta, pero no es así, ni mucho menos, para un montón de cuestiones. Algunas, por su propia complejidad, otras, por el oscurantismo con el que son tratadas, y ahora mismo estamos entrando en un caso de estos últimos, porque el censo de afiliados del PP, como muestra de la rigurosidad con la que se gestionan estas cosas por parte de los partidos y entidades similares en España, ha demostrado ser un agujero negro de difusas proporciones, bastante más lleno de vacíos que de correosos, vivos y, sobre todo, cotizantes militantes.

Poco más de sesenta mil personas se han inscrito de manera efectiva para votar en el proceso de primarias abiertas en el PP, cuya votación tendrá lugar, en primera vuelta a principios de julio. Sobre las míticas cifras de ochocientos mil militantes de las que tanto se ha hablado, el porcentaje de inscritos es ridículo, lo cual hace pensar en dos alternativas, ambas malas. O bien hay una desmovilización descomunal en las bases del partido ante el proceso, muy importante, que se está desarrollando o bien esa cifra de cientos de miles no tiene nada que ver con la realidad y los inscritos sí representan un porcentaje relevante de los afiliados reales que posee el PP ¿cuál es la respuesta cierta? Ni idea, pero ambas enfrentan a los populares a escenarios negativos. Quizás lo menos malo para el partido sea pensar lo segundo, y asumir que su censo de militantes es una lista de personas que, o bien se apuntaron alguna vez y nunca más han tenido relación con el partido o que muchos de ellos lo fueron y ya no están en este mundo de los vivos. Tiene el PP en este proceso una oportunidad de oro para depurar sus datos, realizar un ejercicio de transparencia y honestidad hacia sí mismo y hacia los militantes reales, y saber de verdad con quiénes cuenta. Y de paso, en el plano financiero, hacer un trabajo de depuración y cobro de pagos atrasados, o regularizar las deudas mediante una tarifa plana, ya ofertada a un coste de 20 euros, para que el concepto de censo sirva también como fuente tributaria. Para hacernos una idea, el PSOE, que ya ha realizado algunos ejercicios de primarias, supera por poco los ciento ochenta mil militantes reales, y Podemos logró en la consulta alucinante del chalet del líder supremo un registro de casi ciento noventa mil inscritos. Por lo tanto, sospecho que la cifra real de militantes del PP no andará muy lejos de esas cifras. Dado que tiene una amplia y veterana implantación territorial puede que las supere, pero me sorprendería que por mucho. A partir de ahí, el porcentaje de inscritos para las primarias se situaría en un 30% de esa estimación e iría bajando a medida que el censo real subiera. Comparar eso con el poco más de 7% que resulta de dividir los sesenta y cuatro mil inscritos entre los teóricos ochocientos mil hace que el porcentaje supuesto de participación sea más presentable, sí, pero igualmente bajo. Esto se puede explicar porque ser militante del PP y participar son dos conceptos antagónicos que hasta ahora no se han dado nunca. En usos y costumbres de democracia interna el PP se parece a un enfermo que lleva postrado en la cama varios años en coma y que, al despertarse de manera brusca, pretende hacer ejercicio. Le va a doler todo, se va a tropezar y tendrá la sensación, lógica, de incapacidad y de constante error. Eso es normal y está el PP en el proceso de aprendizaje de lo que es la democracia en un partido, un sistema mucho más complejo y susceptible de producir errores de cara al público que la dedocracia cesarista, que es sencillísimo, aparentemente monolítico y que genera errores que son imposibles de corregir por definición.

Nos quejamos de que la información de los tiempos antiguos era errónea e incompleta, pero puede que sepamos más de los censos romanos y de lo precisos que eran a la hora de contabilizar quién estaba en Belén o en Nazaret en torno al año cero que cuántos militantes tiene el PP en Murcia. Quizás en Génova podrían ahorrarse el trabajo de criba y preguntarle directamente a Google, que se lo sabe todo, que le diga quiénes son realmente sus afiliados. Seguro que el buscador, que nos tiene a todos fichados, conoce los nombres de los que acuden a los mítines, pegan carteles y aplauden a rabiar a los líderes. Y desde luego sabrá quienes pagan, quienes no lo hacen y quiénes dicen que sí pero no pasan por caja.

jueves, junio 21, 2018

Soraya vs Cospedal y el anillo de poder


Curiosamente se cumplió lo previsto y, a lo largo de la mañana de ayer, no se presentó un candidato sorpresa de renombre a la carrera por la presidencia del PP. Sí lo hizo un concejal de un pueblo valenciano, que junto con otros dos de los aspirantes forman el trío de desnocidos. García Margallo juega por libre, y Pablo Casado, Cospedal y Sáenz de Santamaría son el trío de ases en esta disputa que enfrenta a siete aspirantes. Entre ellos estará la disputa por el trono de hierro, o el anillo de poder que se diría en El Señor de los Anillos. Por lo que hemos visto en estos últimos años, la metáfora de Tolkien me parece más acertada que la de Martin.

Hay que reconocer que al PP le ha surgido, casi de la nada, un proceso sucesorio de lo más democrático, abierto y moderno, justo en un partido que, literalmente hasta ayer, se caracterizaba por entronizar a los líderes que eran señalados como tales por el que en ese momento era el regente del poder. Aquellos años en los que el sucesor estaba escrito en un cuaderno azul y Aznar presumía de ello, y enseñaba las tapas para dar morbillo a la prensa (y miedo a los suyos) afortunadamente son pasado. Los militantes del PP se enfrentan, por primera vez, a una sucesión en la que pueden elegir, en la que van a ser escuchados y preguntados, cosa que nunca antes sucedió, y eso deja abierto el escenario sobre lo que puede llegar a suceder. Todas las quinielas disputan la elección entre las dos grandes exjefas que han existido hasta hace unos días. Descartando el tío desconocido, a Margallo, y a sabiendas de que a Pablo casado le esperan aún bastantes noticias sobre sus másteres y demás estudios convalidados, es lógico pensar que la lucha se dispute entre Cospedal, la jefa del partido, que controla el poder interno del mismo, y Sáenz de Santamaría, hasta hace nada vicejefa del gobierno, que controla los resortes de lo que era el poder efectivo. Lo ideal para el partido sería un candidato que combinase ambos factores (¿Feijóo?) pero no es así, por lo que la elección se presenta disputada. Y como en toda elección que busca un candidato electoral, los miembros del PP debieran preguntarse no sólo cuál es el rostro que prefieren, sino también cuál es el rostro que cuenta con más posibilidades de cosechar votos en unos futuros comicios. Quizás, si les preguntamos a los militantes, sea Cospedal su favorita, crecida dentro del partido y defensora de una postura más clásica y rígida, y si les preguntamos a los votantes de centro derecha la favorita sería Sáenz de Santamaría, que ofrece una imagen más moderna, abierta, dialogante y con el conocimiento de lo que es gobernar de facto. Como dijo Keynes, para acertar quién gana en un concurso de belleza (entonces estaban mucho más de moda que ahora) no debes votar a la que te parezca más guapa a ti, sino a la que crees que al resto se lo va a parecer. Me da que Soraya sería un cartel electoral mucho más potente de cara a unas futuras elecciones, y los rivales del PP también lo saben. Probablemente prefieran una victoria de Cospedal, mucho más asociada a los casos de corrupción de la época recién terminada, y a la que se puede también atacar por su papel al frente de la Junta de Castilla la Mancha. Para los nuevos partidos (ya no tan nuevos) Soraya también resulta más difícil de ser atacada porque ofrece un perfil de gestión mucho más técnico y menos político. Ese, precisamente, es, curiosamente, el mayor obstáculo de Soraya para ganar estas primarias y cualquier elección. Su falta de emoción, la ausencia total de sentimiento en su discurso, que sigue todavía lleno de tics de opositor que recita temas. En un mitin en un pueblo Soraya se puede encontrar con auténticos problemas para conectar con la audiencia. En eso Cospedal es una política muy superior. Gane quien gane de las dos (si no lo hace un tercero) accederá al control de un partido que ya no será tan rígido como antaño y que tendrá que “recoser” tras el proceso electoral y el trauma de la pérdida de gobierno.

Y el poder y el anillo… quien se presenta a estos cargos es porque, sobre todo, ansía el poder, que es una de las drogas más duras y efectivas. Dejar el poder supone un trauma por el que todo el que lo alcanza debe pasar, antes o temprano, lo admita o no. En este sentido la imagen de Rajoy entrando ayer en su despacho de registrador de la propiedad de Santa Pola es, así lo siento, admirable. Rajoy, tras su derrota en la moción, se ha ido del todo, se ha retirado, porque ha considerado que es lo más honesto que podía hacer. “Ni tutela ni tutía” que dijo Fraga, pero de verdad. La democracia es esto, que alguien que hace dos semanas lo fuera todo ahora ya sea una persona normal, sin cargo ni responsabilidad. A Rajoy le quitaron el poder y ha sabido renunciar a él. Y eso le honra.

martes, junio 19, 2018

Feijóo no luchará por la presidencia del PP


Ayer, tras casi dos semanas de total oscurantismo, concedió Pedro Sánchez su primera entrevista en televisión tras la llegada a la Moncloa, a una TVE que, como es habitual, fue indulgente con el jefe. Lo más novedoso que aportó, a parte de un escenario muy distinto a los acostumbrados, fue su intención de aguantar en el cargo hasta cuando pueda, verano de 2020 como plazo máximo para convocar elecciones. Si la intención de Sánchez era la de acaparar hoy los titulares y portadas, en parte no lo ha conseguido gracias a que, desde Galicia, se los robaron hora y media antes.

Y es que, si a las 22:00 empezaba la entrevista al presidente, a las 20:30 terminaba una comparecencia de Núñez Feijóo con aire de mitin de campaña en la que todo el mundo daba por sentado que haría su oficial su aspiración a la presidencia del PP y que se saldó con la enorme sorpresa de su renuncia a intentarlo. Escudado en su obligación con los gallegos, estando como está a mitad de mandato, y entre lágrimas, Feijóo fue muy gallego para decir que no se presentaba sin ser explícito, pero lanzando el mensaje de su renuncia de manera señalada. Sorpresa total. Otra vuelta inesperada de guion que vuelve a descolocar a analistas y opinadores de todo tipo que, en estos tiempos, están demostrando saber más o menos lo mismo que el resto de mortales. Es decir, nada. La candidatura de Feijóo era la más segura y dad por arrolladora ganadora en el congreso del PP. Se hablaba incluso de que fuera necesario que alguno más apareciera para dar imagen de batalla frente al líder gallego que concitaba todos los apoyos posibles. Ese esquema se derrumbó ayer por completo en medio de un sol que relucía en Galicia como no lo ha hecho durante meses, según dicen las crónicas meteorológicas del largo invierno y primavera que hemos vivido. A los pocos minutos del suceso era obligado escuchar comentarios y análisis, y aquí, otra vez, asistimos a uno de esos ejercicios de travestismo intelectual a los que nos tienen acostumbrados periodistas y expertos a la hora de coger todos sus pasados argumentos y olvidarlos en segundos ante la nueva realidad. Los que hasta las 20:20 daban por seguro que Feijóo sería el nuevo presidente del PP argumentaban, ni un par de horas después, que era lógico que Feijóo no se presentase dado el convulso estado en el que se encuentra el partido, la lucha soterrada que se vive en él y el oscuro horizonte electoral que le espera en las seguras municipales del año que viene y en las, quién sabe cuándo, generales próximas. Yo seguía instalado en mi sorpresa ante lo que había anunciado el político gallego cuando mi asombro fue sustituido por esa capacidad reversible que dota al tertuliano y opinólogo de argumentos para vadear todo tipo de situaciones de la actualidad y poder pontificar sobre ellas con plena autoridad, al menos durante unos instantes, hasta que el viento sople por otro lado y la autoridad la otorguen otros apellidos y figuras. ¿Es el miedo a la futura derrota en las urnas lo que ha hecho que Feijóo no quiera presentarse? ¿Aspira a liderar un PP triunfador pero no quiere comandar la travesía en el desierto? ¿Cree que el liderazgo que surja el mes que viene será débil, provisional y sometido a la dureza de unas votaciones nefastas para el partido? ¿Se ha acobardado? No tengo ni idea. Pero lo cierto es que el panorama difícil para el PP, el escenario muy complicado, ya estaba sobre la mesa a las 20:20 de la tarde, antes de que Feijóo se pronunciase, no apareció de la nada como si fuera el sol en el Cantábrico. ¿El no de Feijóo materializó todos esos fantasmas que se conocían pero, pensaban los pelotas de turno, que él borraría? Más misterios y dudas sobre la mesa.

¿Y ahora, qué? Excelente pregunta. La conclusión obvia es que ya nada frena el esperado y debido duelo entre Cospedal y Sáenz de Santamaría, aunque de momento ninguna de las dos se ha presentado oficialmente, y visto lo visto ayer sería conveniente que lo hicieran para dar por sentado que así será. Hay cuatro candidatos de momento, dos desconocidos y otros dos, Margallo y Pablo Casado, famosos y con pocas posibilidades de ser líderes del partido. Si las dos jefas se presentan, la batalla será dura, el liderazgo disputado, y las dagas voladoras se oirán en todas las sedes del partido. Y todo ello será visto con silencio y distancia desde Galicia. ¿Esperará Feijóo a que este tiempo pase y, en unos años, volver a intentarlo? Pregunten a los sabios opinadores que, a posteriori, todo lo aciertan. Yo no tengo ni la más remota idea.