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martes, junio 16, 2026

El acuerdo de Trump con Irán

Ayer fue un día de festejo en bolsas y mercados de todo el mundo tras el grandilocuente anuncio de Trump del acuerdo, tras más de una treintena de amagos, con Irán, y su inminente firma. Parece que esta vez va en serio, o eso es lo que compraron los valores, con subidas desatadas en las bolsas, récord del Ibex por encima de 19.000, caída del petróleo, con el Brent en 84$, aún caro, pero bastante menos que hace unas semanas, y sensación de que lo peor ha pasado. De todas maneras se mantiene una cautela lógica ante lo que pueda pasar estos días, sobre la estabilidad del acuerdo, y va a ser necesario bastante más tiempo del que muchos creen para que los flujos petrolíferos vuelvan a la normalidad, y los precios a niveles razonables.

Del acuerdo en sí hay dudas, porque se han filtrado versiones del mismo que son divergentes. Parece que existe consenso en cesar las hostilidades, en reabrir Ormuz, y poco más. Sí hay un compromiso de empezar a negociar desde este momento la cuestión nuclear, con la idea de que en sesenta días, que se antojan muy pocos, suscribir un acuerdo al respecto en el que Irán renuncie al arma atómica y se deje claro que pasa con cientos de kilogramos de uranio enriquecido a elevado porcentaje que el país mantiene. Se abre la puerta al desarrollo de un programa de energía nuclear civil, que necesita de un uranio con un nivel de enriquecimiento mucho más bajo (3,5% frente al más del 90% que necesita la bomba). A partir de aquí las dudas son crecientes, principalmente por tres aspectos. Uno, la posible compensación económica que Irán pueda recibir por parte de EEUU por los daños causados en los ataques, que el régimen de los Ayatolas da por cierto y la Casa Blanca lo desmiente. Dos, las renuncias al desarrollo de misiles y programas defensivos de ataque, entre los que se incluyen los drones, que EEUU considera como imprescindible y que Irán no quiere dejar de tener, y que según no pocos analistas sigue creando desde que se dio el cese parcial de las hostilidades. Esto incluye el final del respaldo a las milicias tipo Hamas y Hezbollah. Y tres, y el más espinoso de los asuntos, la deriva del Líbano Israel. Teherán considera que el acuerdo incluye el compromiso de cese de los ataques israelíes al Líbano y el fin de esa guerra, con el retorno de las poblaciones desplazadas y el fin del sufrimiento de la población civil, mientras que Washington no considera que este punto se incluya en el acuerdo por ser ajeno al enfrentamiento entre ambas naciones. Sin embargo, es evidente que Israel, más bien el desatado gobierno de Netanyahu, se opone frontalmente al acuerdo entre Irán y EEUU y ha declarado que no se ve concernido por él, de tal manera que seguirá con sus operaciones en Líbano y donde considere conveniente. Pero tan evidente como eso lo es la incomodidad creciente de EEUU con su socio israelí, principal causante de la entrada de los norteamericanos en el avispero iraní, y constante instigador de acciones sobre civiles que son imposibles de comprender por las opiniones públicas occidentales. Hasta la casa Blanca de Trump se ha dado cuenta de que la actitud de Netanyahu es tóxica para sus intereses, y se empiezan a filtrar con regularidad conversaciones en las que Donald insulta sin rubor al dirigente hebreo, acusándole de torpedear todos los acuerdos posibles y de actuar no ya por libre, sino de manera traicionera y estúpida, todo ello aderezado con el florido vocabulario insultante del magnate, que es tan claro como naranja su aspecto. Irán ha dejado claro que no sólo responderá a Israel ante ataques que sufra en su propio territorio, sino que si desde las IDF se siguen emprendiendo campañas contra el Líbano atacará objetivos militares y civiles israelíes. Está por ver si EEUU logrará meter en vereda a su socio israelí, pero entre las numerosas dudas que sugiere lo que se conoce del acuerdo, este flanco parece ser el más propicio para que se pueda romper, y las ganas que tiene Netanyahu de forzar esa ruptura son tan claras como peligrosas.

Lo único seguro de lo sucedido estas semanas de negociación es que, pese a que ambas partes lo vendan como una victoria, EEUU ha sido el más interesado en que la guerra se acabe para que los costes económicos de la misma no sigan erosionando las expectativas electorales de Trump en noviembre. EEUU ha perdido una guerra en la que no debió entrar, que imaginó como paseo militar con conquista de régimen a lo venezolano y que se ha convertido en una fuente de grandes daños en la infraestructura militar en la región, desaires profundos con sus socios de las monarquías del golfo, destrozos económicos, consumo desaforado de valiosos y difícilmente reemplazables stocks militares y, en general, ha dado la sensación de haber fracasado, con una carencia de estrategia absoluta.

martes, octubre 14, 2025

La firma del acuerdo de paz

Si Trump quería un día a mayor gloria suyo en el que todo el mundo le hiciera la pelota no hay duda de que ayer lo obtuvo, retransmitido en directo para todos los países y con la pompa de los acontecimientos especiales. El tiempo dirá si, además de coba, Trump obtendrá una reseña en la historia por ello, ya que Oriente Próximo es un lugar tan fértil en acuerdos de paz como en violentos incendios que los convierten en nada, llevándose por delante vidas y propiedades en estallidos de ira irrefrenables. ¿Cuál será la suerte de este acuerdo extraño? ¿Logrará persistir y dar fruto?

Esta es la primera vez que recuerde que, en los tiempos modernos, la diplomacia no la ejercen los profesionales, sino una serie de individuos que están allí y ocupan poder por ser amigos y familia de otros. Los que se presentaron hace unos días en la plaza de los rehenes de Tel Aviv para anunciar la futura liberación de los rehenes no fueron embajadores ni secretarios de estado ni nada por el estilo. Hablaron Steve Winkoff, millonario y amigo de Trump desde hace años, Jared Kushner, yerno de Trump, e Ivanka, hija de Trump y esposa de Jared. En una alocución anómala, desataron la euforia de los presentes y dieron esperanza a los familiares de los rehenes, creando el caldo de cultivo para la recepción que Israel le otorgó ayer a Trump, de rendida pleitesía y agradecimiento. Frente a la figura de Netanyahu, enemigo de parte de la sociedad israelí y gobernante rechazado por los familiares de los secuestrados, Trump se erigió ayer en el salvador de Israel, en el hombre fuerte del país, en el reinante. Todo fue un despliegue del poder y la sociedad israelí como pocas veces se habrán visto. Es obvio que el ego del magnate se sentiría más que recompensado, y viendo lo que se veía tenía motivos para ello. Los rehenes vivos fueron finalmente liberados, casi dos mil presos palestinos se soltaron de cárceles israelíes y fueron mandados a Gaza, y algunos de los cadáveres de los rehenes que han fallecido durante el secuestro han empezado a ser entregados a sus familias. Los frutos directos del acuerdo de paz se produjeron ayer en medio de escenas de enorme emotividad, de gran impacto humano, y el gran rentabilizador de todo ello fue Trump, que se convirtió en el hacedor de lo que estaba sucediendo. Es cierto que quizás haya sido más relevante el enfado de Qatar tras el ataque que Israel perpetró contra su territorio y la presión del resto de monarquías del golfo a la Casa Blanca para que se produjera lo de ayer que cualquier idea surgida de Trump y de su equipo, pero por una causa o por otra el magnate se apropió de lo que estaba sucediendo y la sociedad israelí se entregó a sus brazos por completo. A los suyos, no a los de Netanyahu o a los de cualquier otro político local. En el acto celebrado en el complejo turístico egipcio de Sharm el Sheikh, Las Vegas locales, se reprodujo la entrega de todos los presentes a la figura de un Trump que lo acaparó todo, en gestos, declaraciones y cualquier otro aspecto. Todos los invitados a la ceremonia, presidentes y primeros ministros de sus naciones actuaron de una forma algo infantiloide, aplaudiendo las gracias del presidente norteamericano y dejándose dominar por sus gestos y formas. Quizás, conscientes de su pequeñez, los europeos acudieron para solamente refrendar algo en lo que no han participado y para lo que no han sido consultados, como muestra de la total irrelevancia de la UE en el mundo global, y dieron por bueno que hacer la pelota al líder puede ser la única opción que les quede para que el niño rubio no se enfade y le de una rabieta en forma de aranceles, trabas o cualquier otra medida alocada. Para los expertos en protocolo y gestos el encuentro de ayer fue un festival de obscenidades, y para los diplomáticos, la muestra clara del fin de su papel en el mundo, arrumbados por magantes, amigos y familiares, que se han convertido en los tratadistas que escriben acuerdos y se reparten botines. El nuevo mundo de hombres fuertes que establecen las reglas se escenificó ayer en la costa del mar rojo egipcio.

Sobre el acuerdo en sí, ahora viene lo más complicado, una vez puestos en libertad los rehenes. La posibilidad de que se de una paz estable en la zona es escasa, y no son pocas las fuerzas que tratan de que así sea, y está por ver como lo acordado, vago y ambiguo como poco, permite una mínima estabilidad. En todo caso hace ya algunos días que no hay bombardeos en Gaza, no mueren civiles y la situación no empeora, y eso es un avance. El futuro de la arrasada franja y de sus habitantes sigue siendo sombrío, el islamismo desquiciado no ha desaparecido y el sionismo militarmente poderoso sigue crecido. El tiempo lo dirá. De momento, Trump ya tiene la gloria a la que aspiraba, sea efímera o no.

jueves, octubre 09, 2025

Primer acuerdo Israel Hamas

Ya ayer por la noche, pasadas las 23 horas, existía en las redes el runrún de que las conversaciones que mantienen Israel y Hamas en Egipto podían dar unos primeros frutos. La propia presión de la Casa Blanca, exigiendo casi que esta semana misma se pudiera tener algo tangible y los mensajes que empezó a lanzar Trump al respecto daban esperanzas de que, realmente, se pudiera alcanzar un logro en no muchas horas. Se especulaba incluso con una visita del presidente norteamericano este mismo fin de semana a la zona para, con su presencia, ratificar el acuerdo. Sobre esto último aún se especula, sobre lo primero, ya hay certezas

Sí, hay anuncio oficial de un primer acuerdo entre las partes, en el marco del plan presentado por Trump. Resumidamente, Hamas acepta entregar todos los rehenes, vivos y muertos, en un canje que incluye a una larga lista de presos palestinos e Israel detiene sus operaciones militares en Gaza y comienza un repliegue de sus fuerzas en toda la franja. A lo largo de la mañana se conocerán más detalles de este primer acuerdo, pero al menos supone un notable avance respecto al desastroso punto en el que nos encontramos y, si no me equivoco, supondría también el final de los combates militares en la franja. No es sólo una tregua, sino el inicio del final de la guerra, o al menos así es como el plan presentado hace unas semanas recoge en su espíritu. Se supone que los islamistas de Hamas han aceptado el pacto muy presionados por sus aliados cataríes y que hoy Netanyahu, muy presionado por Trump, llevará este resultado a su gabinete para que lo ratifique. Es probable que en la reunión del gobierno israelí haya una gran bronca, porque los aliados ultras del primer ministro han expresado claramente, desde el principio, su oposición a la idea del pacto, desde cuando se presentó hace un par de semanas, pero es poco probable que logren desdecir a un primer ministro que ve como su aliado, su único aliado, está ya más que harto de todo lo que pasa en Gaza y le exige el final de una batalla cruel que también ha soliviantado a buena parte de la sociedad norteamericana. Para Israel el pacto supone, por encima de todo, la devolución de los rehenes, que es la gran aspiración de sus familias y del conjunto de la sociedad, y la esperanza de que todo esto suponga el estabelecimiento de unas condiciones de seguridad reales que impidan que algo como lo del siete de octubre de 2023 se vuelva a repetir. Sobre todo, para Israel, esto puede servir para empezar a asumir el desastre que su respuesta militar a los atentados de Hamas ha causado en el pueblo palestino y ver, a las claras, el hundimiento de su posición en el mundo. La imagen del país ha quedado destrozada tras verse embarcado en una guerra salvaje por parte de la minoría ultra que ahora lo gobierna. Sin la guerra, esos ultras se quedan sin motivo de existencia y está por ver cuál será la estabilidad del ejecutivo (no olvidemos las tramas de corrupción que asedian a Netanyahu y que ahora volverían a reactivarse, de lograrse la paz). Para los palestinos el acuerdo supone, primero, la supervivencia de todos aquellos que iban a seguir muriendo día tras día víctima de la ofensiva israelí y de las deplorables condiciones de vida, es un decir, que existen en la franja. Destruidos como sociedad, masacrados en lo militar, convertido en escombros su lugar de residencia, los gazatíes han sido los arrasados a lo largo de estos dos años, gracias al islamismo de Hamas y al integrismo de los halcones israelíes, y su futuro es una incógnita. Aunque llegue la paz Gaza es ahora mismo un lugar de pesadilla, y sin una asistencia internacional de verdad, masiva y coordinada, la hambruna que allí se vive y las pestilentes condiciones que lo rodean todo impedirán que cualquier tipo de solución prospere. No se sabe nada aún de todo este tipo de cosas, ni si se van a dar ni cuándo ni cómo.

El mero hecho del acuerdo y de que las bombas dejen de atronar en la franja es una muy buena noticia, tras dos años y dos días de desastre absoluto ininterrumpido, y de derrota absoluta, a mi parecer, de un Israel herido y un islamismo cruel. Que haya paz es la condición necesaria para que los gazatíes puedan volver a pensar que futuro es un concepto y no una mera unión de letras en forma de palabra. La solución de los dos estados, la única que tiene sentido, volverá a estar sobre la mesa, supongo, en un futuro cercano, y como se ha visto, sólo será viable si hay una presión internacional profunda, léase imposición de EEUU, que lo imponga. Esto es sólo el principio.

martes, octubre 07, 2025

Dos años de los atentados de Hamas en Gaza

Hoy se cumplen dos años de los salvajes atentados yihadistas de Hamas que causaron más de mil muertos en Israel, y del secuestro posterior de cientos de ciudadanos, tomados como rehenes por la milicia, con lo que se iniciaba el actual ciclo de terror que se vive en la franja y en toda la región. El ataque fue sorpresivo, devastador, de unas dimensiones nunca vistas en Israel. Fue el día en el que murieron más hebreos desde los de la liberación de los campos de exterminio. Un fantasma traumático se despertó en la sociedad israelí y no ha cesado, desde ese momento, de golpear con saña a todo lo que sienta como enemigo, lo sea o no.

El balance de estos dos años es desolador, y apenas mencionar algunos de sus efectos deja sin muchas esperanzas a nadie con dos dedos de frente. Gaza, la zona de la que surgieron los atacantes, se ha convertido en una escombrera debido a la invasión que han desarrollado las tropas israelíes, que no se han cortado en lo más mínimo. Decenas de miles de personas han muerto en unos combates donde la caza del islamista de Hamas o la búsqueda de los secuestrados ha mutado a un mero ejercicio de fuerza bruta sin conmiseración alguna. La franja ahora mismo es inhabitable y por ella deambulan los supervivientes sin rumbo, tratando cada día de escapar de los bombardeos. Asediados por Israel y abandonados por el resto del mundo, empezando por el conjunto de los países árabes, los palestinos han sufrido el mayor desastre en décadas por la acción combinada de los yihadistas de Hamas y el gobierno sionista de Netanyahu. Las IDF han mostrado unas capacidades enormes, y a lo largo de este tiempo han sido capaz de desarrollar ataques en hasta cinco frentes, a veces de manera simultánea: Gaza, Líbano, Siria, Irán y Yemen, dejando claro que no hay nadie que pueda hacerles frente. Irán, principal valedor de Hamas y la milicia libanesa de Hezbola, ha sido el país más debilitado por los ataques y ha perdido gran parte de su influencia en la región, y con ello la debilidad de sus proxy se ha visto muy claramente. Sólo los hutíes de Yemen se han mostrado irreductibles y capaces de hostigar a los israelíes, logrando alcanzar su territorio con misiles de una manera reiterada. También, junto con estos frentes convencionales abiertos, el gobierno de Netanyahu ha ido presionando sin cesar a la población de Cisjordania, en una campaña de enfrentamientos soterrados, alentando la violencia de los colonos y su expansión mucho más allá de lo que los acuerdos internacionales reconocían. No hay ahí una guerra como tal, pero si una presión violenta que busca convertir a esa zona en un lugar lo más hostil posible para los palestinos. Convertida en una especie de Esparta desatada, Israel ha ido dejando atrás su normalidad institucional, la propia de una democracia, para ir cayendo en un autoritarismo en el que su gobierno, presidido por el encausado en tramas de corrupción Netanyahu, apoyado en una serie de partidos extremistas, se ha lanzado descaradamente a la ejecución de una política sionista pura, ni semita, sino nacionalista integrista. Durante este tiempo algunos de los ministros del gabinete israelí han pronunciado discursos de un tono racista, supremacista, absolutamente indignos, idénticos a los que los islamistas proclaman cuando aspiran a la pureza en su región y desean acabar con el estado de Israel. El comportamiento durante estos dos años de guerra de la política y las IDF sobre el terreno ha supuesto un ejercicio de degeneración permanente hasta la pérdida completa de legitimidad que atesoró la nación hebrea cuando, hace dos años, Hamas le golpeó con una crueldad nunca vista.

Este proceso ha ido convirtiendo a Israel en un estado paria a ojos cada vez de más naciones en el resto del mundo, y la opinión pública global ha ido mutando de la solidaridad con Israel tras los atentados a una condena inequívoca de las acciones del gobierno de Tel Aviv. Hoy en día el gobierno de Netanyahu deshonra la bandera de la estrella de David y la arrastra por el fango violento causado por sus actos. Los palestinos han sido masacrados y la región, a pesar del acuerdo de paz que impulsa EEUU, el único que puede detener los acontecimientos, sólo ha visto dolor y muerte en este par de malditos años. El dominio absoluto de los extremistas en ambos bandos ha causado el mayor de los desastres, el horror sin freno.

miércoles, octubre 01, 2025

El plan para Gaza

De las pocas cosas que tengo claras sobre el futuro de Gaza, una es que sólo EEUU es capaz de frenar a Israel y detener el actual estado de guerra despiadada. Nada de lo que el resto de los países o poblaciones haga, sean declaraciones públicas, manifestaciones o boicots deportivos será de utilidad. EEUU es la fuerza decisiva en la región y el sustento del ahora atacante. Sin su apoyo militar, logístico, económico y público, Israel no puede sostener campaña militar alguna, por lo que frenar a Netanyahu y sus tropas requiere que EEUU desee hacerlo. ¿Es el plan presentado útil para ello? Puede que sí.

El plan contiene veinte puntos, algunos de ellos bastante vagos, que se pueden resumir en que si Hamas acepta su rendición completa y disolución Israel se retirará de la franja y los palestinos podrán seguir en ella. Sino, la guerra seguirá y las posibilidades de que haya palestinos vivos en Gaza se irán reduciendo de manera inmisericorde. El plan impone un ultimátum a Hamas, organización terrorista que es tratada en algunos medios españoles como una especie de ONG caritativa, y fuerza a que Israel no se anexione la franja, pero deja demasiado abierto un futuro nada definido. Que Trump se autoproclame como responsable del territorio ya es una manera de decir que nadie sabe qué se quiere hacer con aquel lugar ni con los que allí residían, ahora convertidos en parias. No está claro cuál sería el plan de reconstrucción de un lugar arrasado por completo ni el destino de lo que se recomponga allí. El plan habla de la posibilidad de un futuro estado palestino, pero Netanyahu ya ha dejado claro que no va a permitir nada de eso, y conociendo la volatilidad de las opiniones de Trump uno puede quedarse con una idea de lo que esos puntos suponen y escuchar, por boca del magnate, una interpretación completamente distinta al cabo de un par de días. Véanse sus cambios de opinión sobre Ucrania como ejemplo de la inconsistencia absoluta del personaje. En todo caso, y dado el nivel de desastre al que se ha llegado en la franja, todo lo que suponga un cese de los combates y el final de la sangría sería visto por todo el mundo como un avance. La liberación de los rehenes y la entrega de los fallecidos es condición necesaria para cualquier tipo de avance y se necesitan garantías explícitas por parte de los islamistas de que renuncian a cualquier aspiración militar. En este asunto es muy importante la participación de naciones como Qatar o Turquía, que han saludado el plan con buenos ojos, y según todas las fuentes están negociando con los representantes de Hamas para dar una respuesta lo más rápida posible, se espera que incluso a lo largo de los días que quedan de esta semana. Irán, patrocinador de Hamas, sustento económico y militar de la milicia, no ha dicho nada, o al menos eso es lo que consta. Un silencio no es un no, y algunas informaciones señalan que puede estar realizando un papel de mediación entre los países anteriormente mencionados y las milicias, pero no es seguro. La posición de debilidad en la que se encuentra el régimen de los Ayatolas tras el enfrentamiento habido con Israel y la incursión norteamericana en Fordo y Natanz no le otorga una gran posición de bloqueo en todo lo que sea negociaciones en la zona, cosa que sí podía hacer apenas hace un par de años. Si Irán da su brazo a torcer y convence a los islamistas para que se rindan puede que la opción de que la guerra termine gane muchos enteros, y se podría poner fin a tanto sufrimiento. Es la esperanza a la que se agarran muchas naciones de todo el mundo, los palestinos y los familiares de los secuestrados. Desde que Hamas atacó el 7 de octubre de hace dos años todo es un horror sin fin ni atisbo de solución.

De todas formas, reitero, si hay suerte y se produce la entrega de los rehenes y el final de los combates, no me queda nada claro qué futuro le espera a la franja. Esa autoridad internacional encargada de su gestión es un ente muy vacuo, apenas determinado, y el fin de la guerra no va a significar, ni mucho menos, que se haya acabado el odio entre los islamistas y los extremistas israelíes. De hecho, las voces críticas contra el plan en el ala radical del gobierno de Netanyahu son claras y se escuchan sin problemas. Demasiadas dudas sobre la mesa, pero si al menos sirve para que se frene la muerte, bienvenido sea el plan. Y luego Dios dirá.

miércoles, septiembre 10, 2025

Israel, descontrolada, ataca Qatar

Es una frase tan manida que apenas tiene sentido, pero el ataque que ejecutó ayer Israel sobre Qatar supone un salto cualitativo en todo lo que tiene que ver con la situación militar y geopolítica de Oriente Medio. En Qatar se encuentra alojada una delegación de Hamas que es la que mantiene el hilo negociador con el gobierno de Israel para mantener un hilo de comunicación entre ambas partes durante la cruel guerra que se vive en Gaza. Es de suponer que también allí se encuentran dirigentes de la organización islamista, que han escapado de las ruinas de Gaza, o que desde un principio se mantienen en la retaguardia a sabiendas de lo que iba a pasar en el territorio palestino.

La acción de ayer, en principio quirúrgica, pretendía acabar con esa delegación de Hamas, y consta que causó muertes en ella, aunque al parecer también hubo supervivientes, pero en todo caso se ejecutó violando la soberanía del país atacado, su espacio aéreo y la seguridad de todos sus habitantes, que se vieron expuestos a una acción militar de primer orden con fuego real y bombardeo efectivo. Qatar no es un país cualquiera, sino uno de los reinos de la zona con mayor capacidad de influencia, riqueza y poder. Es uno de los mayores exportadores de gas natural licuado del mundo y mantiene estrechas relaciones con Irán, al ser una nación chií. Más por lo primero que por lo segundo, sus relaciones con EEUU son muy estrechas, existiendo un nivel de cooperación económica y militar de primer orden. Qatar es uno de esos lugares del Golfo Pérsico en el que la riqueza se desborda, residen millonarios de medio mundo que llevan una vida artificiosa en resorts de una calidad y discreción difícil de imaginar y no tiene mucho que ver con las pobres naciones islámicas que asociamos al mundo del conflicto palestino. Atacar a Qatar es una decisión bruta por parte del gobierno de Israel que supone no sólo la extensión del conflicto, que también, sino atacar a un socio de EEUU, el principal, y ya único valedor de las autoridades de Tel Aviv. La manera en la que se ha producido el ataque, además, ha dejado a las claras que el gobierno de Netanyahu no se comporta precisamente como un socio fiable de la potencia americana, sino que, embravecido por su soberbia, ha decidido actuar por su cuenta y riesgo. Al mayor parte de las informaciones señalan que fue la inteligencia de EEUU la que detectó los movimientos de la aviación israelí y sus intenciones, sin que se hubiera producido una comunicación oficial por parte de las autoridades hebreas a sus homólogos norteamericanos. Ello provocó que el aviso que recibieron las autoridades qataríes por parte de EEUU de que se iba a producir un ataque se produjo cuando la acción ya se había iniciado y, dada la velocidad a la que se dan estos hechos, quizás ya hubiera concluido. Así lo confirmó la autoridad qatarí que ayer comentó lo sucedido a los medios internacionales por la noche, horario europeo, dejando clara la indignación del gobierno ante lo sucedido y anunciando que se producirían probables represalias o contramedidas de tipo no declarado. Es lógico el enfado profundo que puede tener ahora mismo ese gobierno y país. El comunicado de ayer por la noche de Trump en su red social haciendo referencia a lo sucedido también dejaba bastante claro que no había una especial satisfacción en la Casa Blanca por lo sucedido. Todo ha pasado a espaldas de las autoridades de EEUU, que han vuelto a ser toreadas por Netanyahu, a la manera a la que el maestro del engaño Putin ha convertido en su forma de actuar, dejando en el más absoluto de los ridículos a todo el Departamento de Estado, y a los responsables, por llamarlos de una manera, de la seguridad del país. Israel ayer se comportó como un macarra sin excusa ni justificación alguna ante un tercer estado. Y eso EEUU no lo puede consentir, por la sensación que transmite al mundo de que su aliado ya no está sujeto a su voluntad.

Lo cierto es que la degeneración que se vive en las autoridades israelíes en lo que hace a la gestión de la guerra en Gaza y todo lo que tiene que ver con ella ha entrado en una espiral difícil de contener. El componente ultranacionalista que mantiene en pie el gobierno de Netanyahu parece haberse hecho con el pleno control de la situación en el gabinete y no hay día en el que las acciones militares en la franja, y fuera de ella, aumenten en intensidad, gravedad y desparpajo. Israel va camino de convertirse en un estado paria global, en un apestado, y sólo la respuesta de su sociedad civil puede cambiar el rumbo, a mi entender suicida, en el que le ha embarcado su actual gobierno.

lunes, septiembre 08, 2025

Incidentes en la Vuelta a España

Ayer un corredor del Movistar resultó herido durante el transcurso de la etapa de la Vuelta a España al caerse por la irrupción de un espontáneo que, bandera palestina en ristre, trató de provocar un parón de todo el grupo principal. Afortunadamente no hubo más implicados en la caída, pero el susto fue monumental, y para el corredor afectado, doloroso. Pudo reincorporarse a la ruta, magullado. En la meta, antes de la llegada de los corredores, se reprodujeron los incidentes y algunas personas fueron detenidas por su actitud violenta. Finalmente, la llegada se produjo sin que hubiera problemas y la etapa acabo con normalidad.

Queda una semana de carrera y se está hablando mucho más de todos estos incidentes que de la propia competición. La presencia de un equipo patrocinado por Israel entre los integrantes del pelotón ha convertido a La Vuelta en el escaparate perfecto para los manifestantes que protestan por las acciones que Israel está desarrollando en Gaza. La presión para que este equipo se retire ha ido creciendo a medida que las protestas ganan fuerza, y el propio equipo ha decidido retirar el nombre de Israel de su equipación para disimularla y así pasar algo desapercibido, pero ha dejado claro que no va a abandonar voluntariamente la carrera. La Vuelta la organiza una entidad privada, que decide, en función de baremos deportivos y de negocio, los equipos que pueden correrla, y aunque se ha especulado con que se han lanzado mensajes al equipo israelí para que se retire, públicamente no ha hecho comunicado alguno. El gobierno, que no decide nada en este caso, ha mostrado su apoyo a la retirada del equipo, pero es una declaración voluntarista. A medida que pasan las etapas y se acerca la conclusión en Madrid, con un final de montaña el sábado y el domingo con el circuito por las calles de la capital, crece la preocupación ante lo que puede ser un acto de boicot completo en un evento que otorga una enorme visibilidad y que, por sus dimensiones físicas, es casi imposible de controlar en todo su recorrido, a pesar de que las fuerzas y cuerpos de seguridad se están empleando a fondo. Todo esto está pasando factura a varios corredores, que se sienten incómodos en medio de un clima de inseguridad creciente. Los serios incidentes que se produjeron en Bilbao, donde el final no pudo disputarse por invasión de la meta por parte de manifestantes, fueron el primer gran aviso del riesgo que corre la competición, y sus integrantes, ante los grupos violentos que pueden tomar el control de un espacio público. El mismo aficionado puede pensárselo dos veces si acudir al evento o no en vista de que las condiciones de seguridad se van deteriorando a medida que pasan los días. Hoy es jornada de descanso, y supongo que de reflexión de todos los organizadores y participantes, ante los días que quedan por delante, con las dos citadas etapas finales en Madrid y una contrarreloj individual en Valladolid que está por ver cómo se va a controlar. No hay ninguna noticia que haga supone que La Vuelta se vaya a cancelar ni nada por el estilo, pero es evidente que todo el mundo desea que acabe cuanto antes, y que en cuanto sea posible la sombra de la actualidad internacional desaparezca de un evento que no tiene nada que ver con la actuación del gobierno israelí. El Tour de Francia se salvó de este tipo de protestas, y eso que en él también corría en aquel caso el equipo de la discordia. Hace unos meses la guerra de Gaza y la crueldad que en ella se vive también se desarrollaba a plena luz del día, pero por lo que fuera en Francia no se vieron protestas al respecto, o no fueron relevantes, y desde luego no causaron incidencia alguna en la carrera. En este sentido La Vuelta ha tenido peor suerte, y o bien la mayor conciencia social de lo que pasa en Gaza o la presencia de alborotadores profesionales de origen local (en el caso de Bilbao es obvio) han sido factores distintivos que están llevando la carrera a una crisis bastante seria. Si el temor a lo que pueda pasar en los arcenes domina a lo que sucede en la carretera la carrera en sí queda bastante en entredicho.

Como siempre, me reitero, nada justifica la violencia. Se puede protestar por lo que se quiera, y lo que está haciendo Israel en Gaza merece todas las críticas posibles, pero la actitud violenta de los manifestantes deslegitima sus actos, siempre. También en este caso. Agredir a corredores, sabotear etapas y recorridos, enfrentarse a la policía, son actos violentos que no deben permitirse nunca, nunca, nunca. La Vuelta determinará lo que quiera respecto a su organización y los estados harán lo mismo, ya veremos si es así, en las competiciones en las que tengan competencias. Lo demás es bronca y malos modos. Y, por cierto, nada útil para aliviar el sufrimiento de los palestinos o para frenar a las tropas de Netanyahu.

martes, agosto 26, 2025

Israel usa tácticas rusas en Gaza

Ayer, durante su ataque al hospital Nasser, en Gaza, las IDF de Israel utilizaron una táctica que Rusia ha empleado en numerosas ocasiones en la guerra de Ucrania, destinada a disparar el balance de fallecidos civiles. Se denomina “doble tap” o doble golpe, para entendernos. Se busca primero un objetivo civil, fuera de las líneas de frente de batalla, que cause daños significativos y víctimas, a ser posible más heridos que fallecidos, y se espera a que los servicios médicos o rescatadores acudan al lugar a prestar ayuda a los que allí se encuentran. Es en ese momento, en el de los auxilios, cuando se vuelve a atacar el mismo lugar y se disparan las bajas causadas.

Acciones de este tipo no son muy efectivas en lo que hace a la toma de posiciones, urbanas o de otro tipo, pero sí funcionan muy bien a la hora de conseguir dos objetivos. Matar al máximo número de personas posibles e inocular el miedo irracional entre todos los que sobrevivan. Desde el momento en el que se realiza un acto así, la pregunta que surge en muchos al día siguiente, cuando se vuelve a dar un ataque en otro punto será “¿me están esperando a que vaya a ayudar y erradicarme?” Cruz roja, sanitarios y demás personal de auxilio, así como los medios de comunicación, acuden a cada ataque porque es su obligación, y eso les pone en primera línea en caso de un doble golpe. Decidir no acudir en el rescate de alguien por miedo a ser cazado es un acto racional, sí, pero que viola la humanidad de la profesión sanitaria y deja inermes a los ciudadanos de las zonas atacadas. Es por eso que la crueldad de este tipo de acciones es conocida por todos, y denunciada día tras día por parte no sólo de la población atacada, sino por muchas voces de eso que se llamaba comunidad internacional. Voces que claman en el desierto, porque el atacante sabe de la enorme efectividad, en bajas y en moral, que le reportan este tipo de acciones. Ayer, en el segundo golpe, murieron, entre otras personas, cinco periodistas que acudieron a informar de lo que había sucedido. Ha tenido mala suerte Israel, porque lo que seguramente estaba planificado era que debían morir el mayor número de sanitarios y sin testigos, pero en el ataque de ayer la proporción de informadores muertos es salvaje. Ello ha obligado a los portavoces de las IDF a salir a dar explicaciones, ha decir que se ha cometido un error y que lo investigarán. Estas declaraciones son, obviamente, falsas. El ataque de ayer buscaba provocar la mayor de las carnicerías posibles, y en número lo logró. Era una acción perfectamente planificada, programada y ejecutada, en el amplio sentido de este último término, y se llevó a cabo con el pleno conocimiento y aprobación de los mandos militares de las IDF y de los responsables del gobierno israelí, que son en última instancia los que dirigen la guerra en Gaza. A menos de dos meses del segundo aniversario de los salvajes atentados de Hamas, la venganza ciega y el odio din fin que destila una parte extremista de Israel se ha hecho con el control de la fuerza del país y lo ha convertido en un exterminador en la franja, donde no se distingue de ninguna manera ni a civiles ni a combatientes de Hamas ni nada, sólo se busca la destrucción, el asesinato indiscriminado y la reducción de la población allí asentada a una masa informe que puede ser desplazada, aprisionada, apelmazada y eliminada sin pudor alguno. Las imágenes que llegan todos los días desde allí, sabiendo que la propaganda también está presente en ellas, son bastante claras, y muestran la muerte lenta del pueblo de Gaza y la destrucción de un espacio físico en el que no será posible que nadie habite en mucho tiempo. ¿Cuál es el último fin de las ofensivas de las IDF? No, no es rescatar a los rehenes aún en poder de Hamas, sino salvar el pellejo a un primer ministro, Netanyahu, asediado por casos de corrupción, que ha visto en la guerra la mejor de sus oportunidades para seguir en el poder y eludir su responsabilidad. Si para ello debe cometer crímenes sin cesar, es evidente que está dispuesto a hacerlo sin reparo alguno.

Toda la legitimidad que tenía Israel para responder tras los ataques yihadistas del 7 de octubre hace tiempo que ha quedado sepultada bajo los escombros y cadáveres en Gaza. La nación va camino de ser un paria internacional por el comportamiento extremista de su gobierno, y la crisis social en el país no deja de crecer. Las naciones que defienden a Israel hoy en día se cuentan con los dedos de una mano, y la destrucción de su imagen es total. El fruto sembrado por el islamismo yihadista ha devenido en árbol de odio que se expande por la región y ahoga por completo a la que fue la única democracia de la zona, ahora mismo sometida a un régimen que va camino de arrasarla, civil y legalmente. El desastre es total, absoluto.

jueves, julio 24, 2025

El infierno es Gaza

Puede que en estos momentos sea Gaza el peor lugar del mundo para vivir, si es que vivir es algo que tenga sentido allí ahora mismo. Sometidos a un cerco estricto del que no pueden escapar, en un paisaje lleno de escombros y ruinas, sin alimentos, y muriendo a decenas cada vez que se organizan colas para el suministro racionado de comida, el hambre empieza a causar los estragos propios de una situación de escasez generalizada. Los más débiles, niños y mayores, son los primeros que caen, y las escenas que de allí llegan son propias de hambrunas africanas de los ochenta, esqueléticas, atroces.

Hay una responsabilidad originaria de lo que está pasando, la de Hamas al desencadenar la matanza del 7 de octubre de 2023, pero ahora mismo es sobre Israel donde recae la mayor de las responsabilidades ante la situación de Gaza, ante la muerte y desesperación de sus habitantes. El que se produzca una hambruna en ese territorio es por causa de la guerra y de cómo el ejército israelí está desarrollando los combates, y cómo su estrategia de tierra quemada ha convertido a la población civil de ese territorio no ya en rehenes, que también, sino en un estorbo que pareciera ser necesario eliminar. A poca gente le importan los rehenes israelís que se encuentran aún en la franja, salvo a sus familiares directos. Desde luego nada le importan al gabinete de Netanyahu, que contempla con ojos muy abiertos como la guerra le ha permitido llevar a cabo el mayor de los planes radicales jamás soñados, en el que no sólo Gaza deja de ser un problema, sino que, directamente, los gazatíes pueden dejar de ser. Que decenas de personas mueran tiroteadas cada día en los infames puntos de aprovisionamiento de ayuda que ha organizado Israel en la franja es responsabilidad de Israel, no de la masa desesperada de hambrientos que no busca otra cosa que algo que llevarse a la boca para poder sobrevivir otro día en el infierno que es su vida. La sociedad israelí contempla con distancia lo que allí está pasando, con un sentimiento de cierta venganza, os lo tenéis merecido por lo que nos habéis hecho, y ese silencio es el que ampara a los más radicales entre los sionistas, que ejecutan su ambición de una Israel grande, limpia, pura, y sin presencia palestina. Es muy difícil decir si realmente se está produciendo un genocidio en Gaza, porque esa figura exige probar que hay una voluntad manifiesta, explícita, por parte de las autoridades que desarrollan la acción, de eliminar a una parte significativa de una sociedad o grupo humano, es decir, que es algo pensado y planificado, no fruto del azar o el caos. Sí hay facciones radicales en Israel que sueñan con ejecutar un proceso similar, e incluso miembros del actual gobierno israelí, de pequeños partidos ultranacionalistas, que abiertamente reconocen que su objetivo es erradicar a los palestinos, eliminarlos, en un lenguaje idéntico al del propio Hamas, que sueña con ese reino palestino desde el río hasta el mar, excluyendo a todo lo que suene a israelí. ¿Es viable una acusación formal de genocidio contra Netanyahu y su gabinete por lo que está sucediendo en Gaza? No lo se, pero a cada día que pasa, a cada imagen atroz que nos llega desde allí, la consistencia de esa acusación, la más grave que puede recaer sobre un gobernante, es más consistente. No es cuestión de si el número de fallecidos llega a un punto mayor o menor, o si el daño en el territorio es demasiado amplio o no. Se trata de saber si hay una orden clara y conocida de eliminar a un grupo humano por el hecho de compartir un origen, creencia, característica, etc. Es probable que en semanas o meses veamos procedimientos judiciales abiertos en tribunales internacionales, a los que Israel no otorga legitimidad, pidiendo investigar a Netanyahu y a otros miembros de su gabinete y de las fuerzas armadas israelíes por la comisión de este posible delito extremo, y serán los expertos y juristas los que digan si se puede usar esa palabra tan dura, y que nunca se debe pronunciar con frivolidad, pero reitero, a cada día que pasa, a cada escena que contemplamos, el tamaño con el que el término se define aumenta ligeramente, y ya sólo eso es insoportable.

Eso que se llamaba comunidad internacional, que va camino de la inexistencia, contempla lo que sucede en Gaza con una mezcla de horror e indiferencia. Los países europeos son los que denuncian de manera más clara lo que pasa, con diferencias entre ellos, mientras que los países árabes se suman al coro de los que no hacen ni dicen nada. En EEUU la posición empieza a ser dubitativa, con rumores de que la administración Trump ya no le ve sentido a lo que está haciendo su aliado Netanyahu, pero sin mojarse en lo más mínimo. La ausencia absoluta de poder de Europa en el mundo hace que nuestras condenas no sirvan para mucho, y nos aboque a la irrelevancia. Y a cada día que pasa la situación en Gaza empeora.

Mañana es fiesta en Madrid. Nos leemos el próximo lunes 28

jueves, julio 17, 2025

Volar el ministerio de defensa sirio

Desde hace unos días se producen graves enfrentamientos en los altos del Golán, territorio disputado entre Israel y Siria, entre fuerzas islámicas alentadas por el gobierno sirio y personas de la minoría drusa, aliada de Israel, que viven en esa zona. Apenas ha salido en los medios, pero el balance de la refriega ha dejado un saldo de cerca de trescientos muertos y numerosos heridos. El actual gobierno sirio, débil, no es capaz de imponer la seguridad en su territorio y las milicias que respalda, en muchas ocasiones, no es que se extralimiten, sino que directamente realizan acciones de tierra quemada en las que no dejan nada vivo. Ya pasó algo similar en Tartus, antigua base rusa y zona controlada por los alauíes, afectos al caído régimen de los Asad.

Pues bien, Israel, que ah descubierto que su mejor diplomacia es la del palo, y no la zanahoria, ayer atacó posiciones en el mismo centro de Damasco, la capital siria, y en una acción de gran impacto destruyó, directamente, la sede del ministerio de defensa sirio, con una serie de bombazos que redujeron el edificio a un conjunto de escombros. Como llamada de atención equivale a pulsar un timbre muy grande. Aunque Siria es enorme frente al tamaño de Israel, Damasco está situada en el extremo oeste, por lo que la distancia de tiro desde Israel es mínima, tanto para un lanzamiento balístico como para una operación aérea de ida y vuelta. Es de suponer que el gobierno sirio haya captado el mensaje y la situación en el Golán se reconduzca rápidamente, pero esta vuelve a ser una nueva muestra de hasta qué punto el gabinete israelí de Netanyahu ha decidido resolver todos sus problemas a base de ataques militares, empleando una fuerza disuasoria de capacidad no vista en la zona. Todos sus vecinos, a excepción de Egipto, creo, han sido atacados últimamente por Israel, con consecuencias devastadoras para la población civil y con el claro mensaje de superioridad que esos actos han implicado. Ahora mismo nadie es capaz de toser a Tel Aviv en su región, porque tanto Líbano como Siria como Irán han sufrido duros castigos que les han hecho ver que meterse con Israel es un mal negocio. En un mundo de diplomacia en retirada las armas imponen su ley, e Israel ha decidido que su seguridad vale más que cualquier otra cosa, y desde luego más que la vida de cualquiera de sus vecinos. EEUU ha reaccionado con una posición diplomática ante lo sucedido, reclamando la calma entre las partes y la apertura de negociaciones para que la situación en el Golán se encauce, pero de las declaraciones de Marco Rubio y de algunos miembros de su equipo trasluce una creciente incomodidad respecto a la autonomía estratégica con la que Israel se desenvuelve. Completamente dependiente del suministro de armas por parte de EEUU, Netanyahu se ha convertido en un pistolero de gatillo fácil en una zona demasiado convulsa, y el recurrir a bombardear como primera medida de presión es algo que no se contempla en los manuales de la diplomacia moderna. Hasta ahora estaba claro que la seguridad de Israel estaba en manos de EEUU y que la superpotencia era el garante último de lo que pasase allí, pero desde los crueles atentados de Hamas del 7 de octubre de 2023 y la llegada al poder en Tel Aviv del extremismo sionista, las reglas han cambiado, e Israel dicta su política de seguridad sin ambages, sin cortapisa alguna. Sabe que su imagen en el mundo se ha desplomado, pero no le importa, porque ha logrado meter miedo a sus enemigos históricos, que ahora están más débiles que nunca. El ciudadano israelí contempla como su país se ha embarcado en un proceso de militarización acelerada, con reservistas llamados a filas de continuo, con muchos negocios y empresas cerrados por los recelos de los clientes internacionales y la falta de trabajadores, algunos en el ejército, otros, inmigrantes, que no pueden acceder al país, y una sociedad que vive el orgullo de imponer su ley a todo quisqui que le rodee pero que no se quita el miedo de encima sobre posibles agresiones y venganzas. Israel está construyendo su seguridad a base de humillar a todo lo que le rodea, y ese es el perfecto caldo de cultivo de futuras venganzas.

Lo que antes les comentaba, recurrir a la violencia como primera alternativa, antes de la negociación, es, en parte, un resultado del mundo descontrolado al que vamos, en el que la labor policial que ejercía EEUU se está diluyendo con las decisiones que cada día toma Trump desde su despacho. Vamos a un escenario global fragmentado, inestable, peligroso, en el que la fuerza empieza a ser la vara de medir, y en el que varios actores pueden tomar decisiones militares de relevancia en la creencia de que nadie va a detenerlos. El nivel de peligrosidad crece y las violencias locales pueden resurgir. Israel, en este caso, puede ser el alumno aventajado de lo que está por venir.

jueves, julio 10, 2025

Agonizar en Gaza

Ahora ya no, pero durante los meses del curso escolar no han sido pocas las veces en las que, al subir al metro de la parada de mi barrio para venir al trabajo, he coincidido con una chica joven que llevaba dos colgantes metálicos en su cuello con sendas placas. En una se podía leer “bring them back” que es el lema con el que los israelíes se manifiestan para reclamar la vuelta de los secuestrados tras los atentados del Hamas del 7 de octubre de 2023. La otra placa, ilegible para mi, estaba escrita en caracteres hebreos. Supongo que será el mismo lema en su propia lengua.

A tres meses de cumplirse los dos años de aquella salvajada islamista, la situación en Gaza y aledaños es, simplemente, desoladora. El número de palestinos que mueren cada día a manos de las tropas de Israel se cuenta por docenas, el nivel de destrucción de la franja la ha convertido en poco más que un erial lleno de escombros y la superioridad aplastante de las tropas del IDF respecto a los milicianos de Hamas se ha traducido en un constante abuso de la fuerza, siendo incontables los casos denunciados de violaciones de los derechos humanos cometidos en la franja por parte de las tropas israelíes. Hace tiempo que la guerra de Gaza dejó de ser un ejercicio de legítima defensa para convertirse en una venganza largamente rumiada por parte de la sociedad israelí, y las acciones que allí se han desarrollado han estado marcadas, sobre todo, por ese deseo de resarcimiento, de devolver el dolor sufrido una y mil veces, hasta la extenuación. El destino de los secuestrados, desde que empezaron las operaciones, ha sido la menor de las preocupaciones del gobierno de Netanyahu, que ha visto en esta guerra la oportunidad de oro no sólo de mostrar a las claras la extensión de su ideología extremista, sino, sobre todo, la vía para paralizar los procesos judiciales que le acosaban en casa por denuncias de corrupción. Bibi se ha envuelto en la bandera y subido al tanque para eludir a los jueces que le empezaban a cercar. Esta guerra, también por la actitud comentada de su gobierno, ha supuesto una partición profunda en la sociedad israelí, completamente unida respecto a la necesidad de rescatar con vida a los rehenes y traerlos de vuelta, el lema que lleva la chica del metro colgado al cuello, pero totalmente dividida en todo lo demás. Los sectores liberales de Israel contemplan con miedo como los más radicales de entre los suyos se han hecho con el control del gobierno y no han dudado ni un segundo en lanzar ofensivas militares a diestro y siniestro para asegurarse el control del territorio y, también, de la sociedad. Se repiten cada fin de semana en Tel Aviv las manifestaciones de ciudadanos que reclaman la vuelta de los rehenes y acusan al gobierno de Netanyahu de prorrogar la guerra de Gaza sin sentido, pero no es menos cierto que en el conjunto del país se ha instalado una especie de mantra de olvido respecto al sufrimiento de la población palestina de Gaza. Hay una especie de sensación, vista desde fuera, de que se están mereciendo lo que les pasa tras años y años de hostigamiento terrorista, y es muy difícil realmente saber hasta qué punto el país asume que lo que está cometiendo en Gaza no es un genocidio, no, pero sí una guerra de dimensiones injustas y llena de actos de absurda crueldad. Con su acción terrorista, Hamas ha provocado la destrucción de Gaza, la muerte de decenas de miles de palestinos y una especie de corrupción moral en el seno de Israel que está dejando herida a la sociedad civil, y que ha arrasado la imagen del país en el mundo. Para muchas sociedades y naciones Israel es culpable de cometer crímenes de guerra y su bandera el símbolo de un estado agresor. Esa nación, que se fundó como respuesta al mayor crimen colectivo del siglo XX, está ahora mancillada por la actitud de su gobierno y el silencio, en parte cómplice, en parte muestra de miedo, también de conmoción, de una parte significativa de su sociedad. Desde el 7 de octubre de 20213 el mal ha anidado de una manera nunca vista en aquella parte del mundo. Si ese era el plan de los estrategas islamistas de Hamas, enhorabuena, sus peores deseos se han hecho realidad.

Cuando coincidía con esa chica, que se quedaba en mi línea tras bajar yo de ella en busca de un intercambio que me acercase a la oficina, me quedaba con muchas ganas de preguntarle sobre todo esto, sobre si tenía vinculación con alguno de los secuestrados, sobre cómo ve la situación de su país y la actitud de su gobierno, sobre si apoya a los manifestantes sabatinos de Tel Aviv, sobre cómo valora lo que está pasando allí y cómo se observa desde las sociedades occidentales, tradicionales valedores de Israel, ahora en gran parte hostiles por la oposición de sus opiniones públicas a lo que ven que pasa cada día en Gaza. Muchas preguntas, que no formularé y para las que, al menos yo, no encuentro respuestas satisfactorias. Sólo una sensación profunda de dolor y pena. Nada más.

jueves, junio 19, 2025

Escenarios en la guerra de Irán

Es muy difícil saber qué es lo que va a pasar en la guerra de Irán, por muchos motivos, pero uno de ellos es la propia imprevisibilidad de Donald Trump, que juega a amagar y no dar muchas veces, lo que ocasiona que no se tenga claro si sus faroles son chulería o esconden una acción ofensiva real. Él mismo dejó ayer dudas sobre qué iba a hacer, y a la vez que urgía a negociar señalaba que se acababa el tiempo de los acuerdos. Simultáneamente decía que el régimen iraní no tendrá la bomba y que el régimen puede caer. Este factor del “loco Donald” no sólo se da en la economía, sino que es ya una constante para todo lo relacionado con EEUU.

Si nos fijamos en cómo están las cosas sobre el terreno, parece que la fuerza de misiles iraníes lanzados contra Israel va decayendo poco a poco, lo que no impide que alguno alcance sus objetivos y cause daños y bajas civiles. Le castigo al que la aviación israelí somete a las instalaciones militares persas es metódico y puede estar empezando a ser lo suficientemente intenso como para comprometer toda la cadena de suministro de misiles y la de sistemas de lanzamiento. Fuera de Irán, EEUU mueve claramente sus piezas en el tablero global, con el desplazamiento de varios portaviones a la zona y la puesta en alerta de unidades de bombardeo. El ejército norteamericano ha empezado un procedimiento de movilización naval y aérea muy significativo, que puede ser un amago, y frenado antes de que actúe, pero que supone dejarlo todo preparado para una orden ejecutiva se lleve a cabo de la manera más rápida y precisa posible. Las dos dudas secuenciales sobre lo que puede suceder por parte norteamericana son si va a intervenir o no, y si lo hace, si será una acción quirúrgica centrada en las instalaciones nucleares o un golpe general que también abarque a los centros de poder del régimen y suponga descabezarlo. Creo que a la primera duda mi respuesta es que sí, que EEUU va a acabar por intervenir, aunque son muchas las reticencias internas dentro de la administración Trump y su movimiento de fieles que tratan de evitarlo, no por amor a los ayatolas, sino por mero desprecio a todo lo que sucede fuera de las fronteras de EEUU. Si se da la orden de ataque, y dado que no hay una movilización de tierra prevista ni se le espera, me inclinaría por una acción quirúrgica. Pongamos Fordo, o Natanz, los dos grandes centros nucleares. EEUU puede escoger uno de ellos y borrarlo del mapa (y de las profundidades de la tierra) en lo que sería un ataque duro, intenso, espectacular, pero limitado. Y tras ello vendría la espera para ver la respuesta del régimen iraní, ya con la constatación de que el farol de Trump no lo es tanto. Si Irán mantiene sus lanzamientos de misiles o realiza alguna acción ofensiva relevante sobre bases americanas en el golfo, o aún peor, toma el estrecho de Ormuz como rehén de la economía global, entonces EEUU podría destruir el otro centro nuclear y algunas de las sedes del poder iraní, lo que incluye al líder supremo Jamenei y a otros poderes del estado. Lo que debe tener claro Washington es que, tras las experiencias pasadas de Libia o Siria, o de la propia invasión estadounidense de Iraq de 2003, resulta claro que cambiar el régimen de una dictadura islámica no es tan sencillo como cargarse al dictador, y que EEUU no puede empantanarse en una nueva guerra en Oriente Medio que le distraiga de sus objetivos y drene recursos. Para los intereses de EEUU puede ser bueno que la dictadura de los ayatolas caiga, reitero mi deseo de que así sea, pero sólo si es sustituida por una nueva legalidad que controle el país y no lo suma en una disputa interna caótica. Por eso, el dar pasos secuenciales parece la alternativa más sencilla para controlar la situación. Si se da lo que les comento y el mundo, y sobre todo Jamenei y los suyos, comprueban que la destrucción de uno de los complejos nucleares es absoluta, la lógica indica que se aprestarán a negociar rápidamente para salvar lo que pueden de su poder y cederán en su programa nuclear. La espectacularidad del primer golpe puede ser definitiva, y no necesitarse más.

¿Funcionará esta lógica? También existen respuestas de desesperación, en las que los agentes actúan de manera irracional pensando que, pese al golpe recibido, pueden resistir y contraatacar. La historia militar está llena de momentos así, que sólo llevan a fracasos aún mayores (véase la situación actual del ególatra de Moncloa como un buen ejemplo de esto que les señalo). Parece que lo que vaya a pasar en Irán será en muy breve plazo, por lo que no debiéramos tardar en salir de dudas. De momento el petróleo está en 75$. Cotiza tensión, pero no desastre. A ver cómo evoluciona.

miércoles, junio 18, 2025

La situación en Irán se complica

En este par de días la situación bélica entre Irán e Israel se ha complicado bastante, y el balance es notablemente peor para Teherán. El intercambio de ataques aéreos por parte de los cazas israelíes y el lanzamiento de cohetes por el régimen de los ayatolas se ha mantenido, pero es evidente que la superioridad aérea que goza la aviación de las IDF sobre el espacio aéreo iraní (y las tres naciones, Siria, Jordania e Irak) que se encuentran entre ambas naciones otorga al ejército hebreo una capacidad de acción casi absoluta. Puede permitirse el lujo de seleccionar los objetivos de una manera tranquila e ir eliminándolos poco a poco de forma sistemática. Es, nuevamente, una guerra bastante asimétrica en lo que hace a capacidades mutuas.

Esta superioridad israelí está, de facto, cambiando los objetivos con los que se supone comenzó Netanyahu el ataque. La idea era frenar el programa nuclear iraní, y por eso los primeros objetivos fueron, además de las instalaciones de defensa antiaérea, para alcanzar la actual superioridad, bases y equipamientos relacionados con los centros de proceso y enriquecimiento de uranio, así como lugares de investigación y similares, pero durante estos días los objetivos se han ampliado notablemente y tienen claramente en la mira al régimen en su conjunto. Varios mandos del ejército, cúpula política y de las fuerzas de élite han sido eliminados, y desde Tel Aviv se ve como factible la posibilidad de hacer caer a todo el régimen islámico. ¿Es esto posible? Nada se puede descartar en la vida, y me parecería una noticia excelente el derrumbe de la dictadura de los ayatolas, pero no creo que bombardear Teherán sea la mejor manera de lograrlo. El incremento de las hostilidades está llevando a que la presión de Israel sobre EEUU aumente para que los norteamericanos también se metan en la guerra, y ayuden a las IDF a eliminar las dos principales bases relacionadas con el programa nuclear, Fordo y Natanz, donde a unos cien metros de profundidad se esconden las plantas de enriquecimiento de uranio en las que taraba el régimen islámico. Sólo EEUU pose el armamento capaz de llegar hasta esa profundidad y hacer desaparecer instalaciones de ese tipo. Los mensajes que lleva transmitiendo Trump desde hace unas veinticuatro horas son de urgencia creciente. Tras abandonar la cumbre del devaluado G7 ayer tuvo varias reuniones internas, entre otras una en la sala de situación, que sale en tantas películas, donde se supone que los militares le enseñaron posibles operaciones a desarrollar, riesgos y consecuencias. Trump ha recomendado a los habitantes de Teherán, una ciudad de unos diez millones de habitantes, que la evacúen, ha dejado claro que Irán no tendrá una bomba nuclear, y ha pasado de una dialéctica de forzar a los ayatolas a negociar un acuerdo, forzado por las circunstancias, a hablar de una solución definitiva al problema. Así, los signos de que EEUU se va a meter en este avispero aumentan con el paso de los minutos, y no sin bronca entre los miembros de la administración Trump y los que se declaran como salvaguardas de las esencias del movimiento MAGA, que ven en esta guerra otra distracción que ni les va ni les viene respecto a la necesidad de la política interna de EEUU. En todo caso, puede que hoy mismo sepamos si ese movimiento se va a dar, porque los rumores de que Trump va a hacer una declaración oficial al respecto, un anuncio al país para justificar lo que venga después, crecen y crecen. En este momento todos los escenarios están abiertos, desde una operación quirúrgica que emplee una fuerza devastadora sobre esos dos centros de procesamiento hasta una acción militar coordinada integral entre EEUU e Israel que, además, decapite al régimen, eliminando a todas sus figuras de poder, incluyendo al líder supremo Jamenei.

Ante estos escenarios, muchos ojos miran a la cotización del petróleo, +4% ayer, y al estrecho de Ormuz, paso obligado para muchos de los petroleros que exportan desde la zona del golfo, y que Irán ha amenazado frecuentemente con bloquear como amenaza. Un acto de este tipo tendría consecuencias económicas y geopolíticas globales, y el que varios portaviones norteamericanos estén viajando a la zona indica que pueden estar preparándose para actuar sobre ese estrecho en caso de intervención militar. Como ven, las espadas están en alto y la tensión es creciente. Los riesgos de todo lo que está sucediendo son elevados. Mucho.

lunes, junio 16, 2025

Guerra Irán Israel

Dominados por la avalancha de fango que nos rodea, que surge del gobierno y no de donde sus propagandistas denunciaban, en España hemos prestado poca atención a la nueva guerra que se ha declarado en Oriente Medio, una que enfrenta directamente a dos naciones que se odian, Israel e Irán. En medio del proceso de negociaciones entre Washington y Teherán sobre la situación del programa de enriquecimiento de uranio con el que el régimen de los ayatolás busca el acceso al arma nuclear, Tel Aviv desató una ofensiva aérea el viernes, mientras Cerdán y compañía decían que eran inocentes, y lo que se suponía un pulso soterrado ha acabado siendo una guerra abierta entre las dos naciones. Es escenario se ha complicado muchísimo.

Es una guerra sin presencia terrestre, porque Israel e Irán están separadas por dos naciones, Siria e Irak, en las que la influencia de Teherán es enorme. No estamos ante un enfrentamiento de blindados o tropas, sino ante lo que se denomina un intercambio de salvas, en el que Irán dispara misiles balísticos contra Israel e Israel ataca con cazas las infraestructuras nucleares y militares de Irán. Más allá del balance de víctimas que se ha podido establecer hasta ahora, unos doscientos fallecidos persas y algo más de una decena en Israel, la situación muestra una clara superioridad de la estrategia hebrea. En la práctica se ha hecho con el control del espacio aéreo iraní, y sus cazas operan con una cierta libertad en todo el país una vez que las defensas antiaéreas iraníes han sido vapuleadas. La respuesta iraní, lanzando misiles, se ha encontrado con la eficacia de la cúpula de hierro israelí, que aunque trabaja a destajo, no ha sido capaz de pararlos todos. De ahí la destrucción causada en un barrio en Tel Aviv, donde se concentran la mayor parte de la víctimas israelíes, alcanzado por misiles iraníes, que ha sufrido enormes daños físicos, y donde aún se trata de rescatar a personas bajo los escombros que fueron sus viviendas. Israel ha logrado eliminar a varios de los dirigentes de la cúpula militar iraní, tanto de su ejército regular como de la sección de inteligencia como de la élite que conforman los guardianes de la revolución, en una especie de juego de busca y captura similar al que ay realizó en su ofensiva libanesa contra la milicia chií de Hezbollah. Lo cierto es que los daños causados al régimen de Teherán por Israel aparentan ser severos, tanto en instalaciones como en personal de alto rango, y la superioridad aérea que muestran las IDF en su actuación parece mostrar un escenario en el que Tel Aviv puede casi escoger sus objetivos a placer. Tras sólo cuatro días de enfrentamiento abierto empieza a haber voces que señalan que el objetivo último de Israel es la decapitación del régimen chií y su caída del poder, buscando un cambio total en el poder del país persa. ¿Es esto así? Se ha filtrado que Trump ha prohibido a Netanyahu cargarse al líder supremo de la revolución iraní, el ayatola Jamenei, pero está por ver si eso es así o no. El ególatra de Netanyahu ya nos tiene acostumbrado a desarrollar operaciones militares de envergadura en la que la eficacia de las tropas movilizadas contrasta con la ausencia de planes realistas sobre qué hacer tras golpear. Puede que el régimen de terror chií que aprisiona a Irán durante décadas colapse, y no se lo voy a negar, me encantaría que así fuera, pero no acabo de ver que el bombazo constante a Teherán y otras localidades sea la mejor estrategia posible para lograrlo. Además, en caso de riesgo existencial para su supervivencia, el régimen puede optar por medidas drásticas, sabiendo que no tiene nada que perder, y muchas de ellas tienen que ver con el petróleo, la gestión del estrecho de Ormuz y el posible estrangulamiento de parte del suministro global, lo que dispararía la cotización del crudo y nos metería a todo el mundo en un serio problema económico. ¿Pueden las cosas llegar hasta ese punto? No es descartable

¿Y sobre el programa nuclear iraní? Los principales centros de enriquecimiento se encuentran en Natanz y Fordo, lugares situados al sur de Teherán. Enterradas a gran profundidad, esas instalaciones cuentan con edificios en superficie que han sufrido daños por los ataques israelíes, pero es sabido que las IDF no tiene el armamento necesario para penetrar hasta el centenar de metros que separa las grandes plantas de enriquecimiento y de creación de la bomba. Sólo EEUU tiene ese tipo de misiles y bombas, y no consta que esté dispuesto a emplearlas. Israel trata de forzar a EEUU para que se implique en la guerra, pero por ahora Trump amenaza a Irán pero no mueve sus tropas. La situación, como ven, es volátil y peligrosa.

viernes, mayo 23, 2025

El desastre absoluto de Gaza

El asesinato a tiros de una pareja de ciudadanos israelíes, funcionarios de la embajada en Washington, a las puertas del museo del Holocausto de la ciudad, sucedido ayer, es la última de las desgracias que se suceden relacionadas con la guerra de Gaza, que hace tiempo que ha degenerado en un conflicto asimétrico entre un gobierno israelí desatado y una milicia islamista que mantiene secuestrados aún a decenas de ciudadanos hebreos. Y, en medio, cerca de dos millones de palestinos que sufren cada día, sin cesar, las penurias de unas vidas destrozadas en medio del campo de escombros de lo que alguna vez fueron sus ciudades.

A las víctimas del atentado de ayer les podemos poner nombres. Son Yaron Lischinsky y Sarah Lynn Milgrim. Se iban a comprometer la semana que viene con vistas a su futura boda, y sus rostros esconden una vida llena de sucedidos, que los allegados pueden relatar, para hacernos una composición de cómo han sido su transcurrir por este mundo hasta que alguien programado vengador de la causa palestina, decidió sacrificarlos. Ellos son al excepción, porque la gran mayoría de víctimas de Gaza no tienen nombre ni rostro ni historia. Algo similar sucede con los más de mil hebreos asesinados en los atentados del siete de octubre de 2013, el origen de la pesadilla que ahora vivimos. Desde entonces todo ha sido una pesadilla descontrolada. Hamas, sigo pensando que con conocimiento de causa, decidió ejecutar una acción salvaje y cruel hasta el extremo para forzar al gobierno del extremista Netanyahu a que actuase sin piedad y quedara retratado ante el resto del mundo. En este juego los palestinos eran la excusa, la carne que se ponía en la balanza para ser mostrada como sacrificio ante la opinión internacional. Como espoleado por la muleta que mueve el torero, el gabinete israelí desató una ofensiva militar en Gaza que aún continúa y que, con altibajos y escasas treguas, ha causado la muerte de decenas de miles de palestinos, varios de los dirigentes de Hamas, no pocos de los secuestrados, la destrucción casi total de la franja, la miseria absoluta de los que residían en ella y el hundimiento total de la imagen de Israel en el mundo. Apoyado en algunos de los sectores más extremistas de su nación, Netanyahu no ha dudado en usar la guerra como arma política para mantenerse en el poder y tratar de acallar las voces y protestas que demandan su marcha, que ya eran muy activas desde antes del inicio de la guerra a causa de un montón de acusaciones de corrupción, que empezaban a cercarle. Las bombas acallan los juzgados, debió pensar Bibi, convirtiendo la desgracia en una oportunidad personal. El balance de todo lo que está sucediendo desde entonces es cruel en extremo, con los palestinos como los principales perjudicados, carentes de futuro alguno en la actual Gaza, y convertidos en pieza de juego de manera obscena por Trump y Netanyahu en una especie de concurso de ideas absurdo sobre a qué parte del mundo se les puede trasladar, como si fueran muebles de una mudanza, para vaciar Gaza y convertirla en un remedo de la costa azul. Sí, que lleguen a plantearse escenarios similares demuestra hasta qué punto vivimos en un mundo en el que la frivolidad más absoluta se ha convertido en bandera no ya de muchos de nosotros, sino de los gobernantes que se supone nos rigen. Israel ha demostrado una fuerza militar avasalladora en todos los escenarios en los que se ha desenvuelto desde octubre de 2023, siempre contando con el apoyo de EEUU, pero ha excedido con mucho las atribuciones que le otorga el derecho a la defensa y el concepto de agresión comedida. Lo que ejecuta desde hace meses en Gaza no es una guerra convencional, sino un proceso de arrase, de destrucción de la franja, sin importarle en lo más mínimo las consecuencias civiles. Es más, algunos de los miembros más extremistas del gabinete israelí parecen contentos con las muertes que ocasionan cada día, y les parecen pocas. Son declaraciones repugnantes.

Israel ha ganado la batalla militar en los frentes en los que ha actuado, pero con su actuación de estos meses ha perdido la legitimidad a ojos de la opinión pública internacional y de muchos de los gobiernos, especialmente los occidentales, que han sido sus tradicionales aliados. La única democracia de su entorno, rodeada de enemigos teocráticos islámicos que desean su destrucción, está cayendo en la trampa de ser socavada desde su interior por aquellos radicales que, empleando una creencia distinta, exponen argumentarios de superioridad peligrosamente similares a los islamistas a los que dicen convencer. Israel está fracasando, por culpa de su necio y extremista gobierno. Desgracia tras desgracia es lo que en ese mundo sucede desde el maldito siete de octubre de 2023.

jueves, febrero 06, 2025

Trump Resorts SA en Gaza

Seguro que han visto ya alguna de las asombrosas ruedas de prensa que da Trump en el salón oval cuando firma compulsivamente esos decretos o recibe a visitas. Sentado, rodeado de periodistas que le asedian, se pone a contestar una pregunta tras otra en medio del caos y, sin freno alguno, suelta lo que se le ocurre, a veces pensado, otras no, qué más da. La soberbia del poderoso otorga a sus dictados valor de aparente verdad. En las ruedas de prensa organizadas, como la del miércoles tras su entrevista con Benjamín Netanyahu, actúa de la misma manera, convirtiéndose en el creador de espectáculo por excelencia. Disfruta domando el circo que organiza.

La que soltó ese miércoles ante los periodistas de medio mundo es de las gordas, pero me temo que no era una improvisación ni se puede decir que resultase completamente novedosa. Sí era un disparate, y una aberración, pero nada alejado de lo que anida en la mente del personaje. Dijo de manera alta y clara, sin dar lugar a equivocaciones, que Gaza es un lugar inhabitable, una escombrera tras la bárbara actuación del ejército de Israel, que ahí no se puede estar. Que los palestinos que son de allí, cerca de dos millones de personas, deben abandonar ese espacio, y residir permanentemente en otra nación, mencionando a Jordania o Egipto, y que ya se encargará EEUU de reconstruir y gestionar toda la franja, convirtiéndola en una especie de gran resort, un paraíso del turismo, la Riviera llegó a afirmar. A cada una de estas frases los medios, y todos los que lo escuchaban, iban poniendo cara de asombro y sensación de no estar en medio de un salón oficial sino en una gala chistosa carente de humor. Con un balance como el de la guerra no concluido, con más de cuarenta mil palestinos fallecidos y aún israelíes secuestrados en manos de Hamás, con un sufrimiento atroz entre todos los civiles que allí vivían y los que en Israel sufrieron la masacre del 7 de octubre de 2023, Trump considera a Gaza como una extensión del extrarradio de Las Vegas en la que construir chalets, centros comerciales, casinos y, desde luego, una o dos torres con su logo, de tal manera que quede claro no sólo quién manda, sino el negocio que allí puede prosperar. La vida de los palestinos que son de Gaza no le importa en lo más mínimo, sólo hay sitio en su cabeza para las cuentas de una enorme operación inmobiliaria en la que, para más inri, el trabajo de urbanización le saldría gratis, sufragado por el conjunto de los norteamericanos y ejecutado por el ejército del país. Asombroso, si no fuera porque el personaje es perfectamente capaz de tener esa idea en su cabeza y considerarla como la más lógica del mundo. De hecho, este plan no es nuevo. Hace ya varios meses, en la primavera del año pasado, Ashton Kurchner, el marido de Ivanka y “asesor” para la región durante el primer mandato de Trump, expresó esa misma idea, la de Gaza como un futuro destino turístico una vez que la guerra hubiera terminado. Por aquel entonces casi nadie prestó atención a semejante disparate, salvo los más radicales entre los sionistas de Israel, que empezaban a ver como la guerra de Gaza se iba transformando en una masacre en la que las tropas de las IDF estaban laminando barrio a barrio, enclave a enclave, toda la estructura urbana. Desde esa ala extremista se veía como cierta la posibilidad de hacerse con Gaza, de extirpar de una vez a los palestinos de allí, fueran de Hamas o no, de sacarlos a la fuerza a los que quedasen vivos, de liquidar al mayor número posible mientras durasen los combates, y convertir todo el espacio en un erial para, en un futuro, hacer con él lo que se quisiera. ¿Estaba esa idea en la manera en la que Netanyahu ha dirigido la guerra? ¿Era su extensión y dimensiones algo premeditado una vez que el ataque del 7 de octubre obligaba a responder? ¿Había urbanistas israelíes pre diseñando por dónde irían los nuevos bulevares y paseos marítimos, e indicando a las IDF qué bloques derruir? Sólo hacerse estas preguntas estremece, pero la realidad es que no cuesta nada imaginarse a Trump mirando el plano de Gaza y colocando casitas como si del Monopily fuera.

En casi todo el mundo este plan ha sido visto como una aberración, pero dado quién y como lo ha dicho la cosa es bastante más que un juego. Dentro de EEUU también varios republicanos consideran esta idea como absurda, desquiciada, e incluso algunos miembros del gabinete, como el Secretario de Estado Marco rubio han empezado a matizarla, pero albergo pocas dudas con que Trump lo decía muy en serio. Habrá que seguir esto con detalle, pero no descarten que un día de estos tropas norteamericanas desembarquen allí y empiecen a “sacar” a la población. Y de paso, todo el islamismo radical global se frota las manos ante semejantes Trumpadas, que no hacen sino darle excusas para emprender nuevas acciones terroristas.

jueves, enero 16, 2025

Tregua en Gaza

Ayer se hizo público el acuerdo alcanzado por Israel y Hamas que pone, por fin, un punto y a parte a la guerra de Gaza, declarando un alto el fuego que entrará en vigor a partir de este domingo 19 de enero. El acuerdo recoge la entrega de los rehenes que Hamas mantiene en la franja, en tres fases, y la excarcelación de cientos de presos palestinos que están detenidos en Israel, además de la retirada de las IDF del territorio de la franja, con vistas a que sea la Autoridad Nacional Palestina la que pueda ir haciéndose con el control de la zona, con vistas a su administración futura.

Transcurridos quince meses desde los atentados salvajes de Hamas, que causaron una conmoción absoluta en la sociedad israelí, la situación en el vecindario de Israel nada tiene que ver a como era el día anterior a la ejecución de esa matanza yihadista. Israel ha emprendido una política militar despiadada contra todas las terminales chiíes comandada por Irán y, a lo largo de estos meses, las ha convertido en una sombra de lo que eran. En Gaza, la situación es horrenda. Más de un año de guerra abierta han arrasado por completo el territorio, convirtiéndolo en una escombrera. El número de víctimas de palestinas se cifra en casi cinco decenas de miles, aunque puede ser más alto, y la situación del resto de habitantes, entorno a los dos millones, es de indigencia absoluta y de imposibilidad de volver como tal a una residencia dado el nivel de destrucción alcanzado. Hamas, como fuerza militar, se encuentra sumamente devaluada y es mucho más inofensiva que antes. La inmensa mayoría de sus arsenales militares están destruidos y, pese a que la actuación israelí haya podido crear un sentimiento favorable a la resistencia palestina, es obvio que el mundo del miliciano en la franja ha desaparecido como tal. Es casi seguro que la mayor parte de sus fuerzas paramilitares de élite yacen ahora bajo toneladas de escombros y no hay nadie capacitado para montar una resistencia militar activa. Otro factor, trascendental, que va a hacer que Hamas no pueda recuperarse a corto y medio plazo es la situación de debilidad en la que ha quedado irán, su valedor, financiador y suministrador de armas. El régimen de Teherán es uno de los grandes perdedores de toda esta guerra, habiendo sido derrotado de manera indirecta en Gaza, Líbano y Siria, perdiendo en los tres territorios la gran parte de sus capacidades militares y viendo diezmadas las fuerzas que alimentaba en cada uno de ellos y le servían para mantener bajo control. En definitiva, la guerra de Gaza ha arrasado el territorio y destruido al enemigo de Israel, pero deja muchas preguntas sobre cuál va a ser el futuro de ese territorio y de sus habitantes. La actitud israelí hacia los palestinos durante esta guerra, tanto en Cisjordania como en Gaza, ha sido de desprecio profundo, y la posibilidad de crear dos estados viables se ha casi deshecho dados los daños causados en Gaza y el asedio constante al que los colonos han sometido a las poblaciones de Cisjordania, el único territorio viable a partir del que se podía construir una nación palestina como tal. La acción de Hamas desquició a la población israelí y ha hecho que muchos de los más radicales se hayan colocado al frente no sólo del gobierno, sino de gran parte de los centros de influencia. El expansionismo israelí, reforzado por la dimensión de sus victorias militares, ha hecho del país una fuerza hegemónica en la zona, y ha mostrado a todos sus enemigos que su capacidad militar de respuesta, y el deseo de usarla, está mucho más allá de lo que nadie hubiera imaginado. Volver a embridar a Israel en una política de colaboración con el resto de fuerzas de la zona va a ser complicado, y eso es un factor nuevo que antes no existía. El sionismo es poderoso en el país, y el saldo de las guerras le ha otorgado un prestigio del que carecía. La división política en el país se mantiene, se ha profundizado si me apuran, pero el poder ahora mismo lo llevan los halcones.

¿Es el acuerdo anunciado ayer el primer fruto de la llegada de Trump al poder? En parte creo que sí. Cierto es que el texto pactado no deja de ser una versión muy similar a la que Biden propuso ya en mayo de 2024, pero creo que ha sido la presión de Trump sobre Netanyahu la que ha forzado a Israel a acordar ahora lo que ha rechazado durante meses. Trump es el aliado más fiel con el que puede contar el sionismo israelí y, también por ello, al que más caso va a hacer, aunque le sugiera cosas que no le gusten. Me da que Trump quiere que la zona deje de ser noticias, avalará a un Israel dominante, y se centrará en conflictos que considere de primera división (léase Rusia y China). No olvidemos que el pacto empieza a regir un día antes de su jura presidencial.

jueves, noviembre 28, 2024

Israel termina la guerra del Líbano

El martes, a media noche, comenzó la tregua pactada entre Israel y Hezbollah, que permite la conclusión de la guerra del Líbano, que Israel comenzó de manera abierta hace pocos meses. Unos intensos bombardeos sobre el sur de Beirut fueron los últimos actos de esta campaña militar que ha costado la vida a algo más de tres mil libaneses, según fuentes de ese propio país, y que ha reducido a escombros parte de los suburbios de Beirut y otras localidades de la zona sur, cercanas a la frontera con Israel. Desde ayer eran incesantes las caravanas de vehículos que llegaban a Beirut y otras poblaciones, miles de personas que huyeron en cuanto empezó la guerra y que retornan a sus hogares, convertidos en muchas ocasiones en ruinas.

El balance de la guerra para Israel es mucho mejor de lo que nadie hubiera imaginado. Recordemos que el golpe contra Hezbollah empezó con aquella asombrosa operación en la que los buscas y walkies de miles de los altos cargos de la organización estallaban sin previo aviso, siendo portados por sus poseedores, que resultaban heridos de mayor o menor consideración, pero que, en todo caso, se quedaban con el miedo en el cuerpo al comprobar hasta qué punto la inteligencia israelí estaba infiltrada en sus estructuras. Tras ese audaz golpe vinieron algunos ataques puntuales y, después, el inicio de la guerra en sí, con una acción impactante, como fue la destrucción del búnker en el que se ocultaba el jefe de la milicia pro iraní, el jeque Nasrallah, mediante el empleo de unos misiles que provocaron unas explosiones devastadoras en un Beirut que empezaba a sentir en sus carnes lo que se le venía encima. Descabezada, nerviosa y sin capacidad de comunicación, Hezbollah ha sido masacrada de manera sistemática por parte de las IDF, que han actuado a placer, con una muy escasa resistencia, destruyendo objetivos marcados y, si me apuran, barrios completos en los que se sospechaba se escondían milicianos de la organización y silos de misiles y otro tipo de armamentos. La respuesta militar de la organización ha sido realmente escasa, como si, la verdad, hubiera quedado noqueada. Se han lanzado algunas salvas de misiles sobre el norte de Israel, pero que no han causado apenas víctimas y unos daños materiales menores. Queda la sensación de que el enorme poderío de la milicia ha sido muy dañado, convirtiéndola en algo no irrelevante, pero sí desde luego muy lejos de lo que ella misma vendía en cuanto a capacidades de ataque. Una vez arrancada la tregua, y que la vida vaya volviendo poco a poco al castigado Líbano, estará por ver que las redes sociales que han permitido a Hezbollah ser el principal músculo de poder en el país se mantengan como tales, que el flujo de dinero y recursos que Irán le destinaba pueda seguir fluyendo como antaño y si, en definitiva, el país se mantendrá como una especie de protectorado controlado desde Teherán por su milicia. Es evidente que esta guerra, como todas, sembrará odios y venganzas, y no serán pocos los que quieran una revancha para hacer que Israel sufra algo por los crímenes cometidos en su ofensiva, pero la verdad es que, tras el apabullante poder militar y de inteligencia mostrado por las IDF, más de uno, en Líbano y Teherán, se lo va a pensar mucho antes de emprender cualquier tipo de respuesta ofensiva contra Israel. El gobierno de Netanyahu ha demostrado que no tiene cortapisa alguna a la hora de actuar y que cuenta con unos efectivos humanos y materiales que están a muy amplia distancia respecto a sus enemigos, por lo que es probable que, al menos, el frente libanés esté apaciguado durante un tiempo, el que se tarde en reconstruir gran parte de los enormes daños sufridos en el país y se reorganicen las estructuras sociales de un Líbano que, ya antes de la guerra, era un estado fallido, quebrado y semi deshecho.

La guerra en el norte ha terminado, pero no en el sur. Las ofensivas en lo que ya es la escombrera de Gaza se mantienen, con un Hamas totalmente aislado, abandonado por su patrocinador chií y el resto de lo que fueran sus socios colaboradores, una población palestina sometida a unas condiciones de vida insoportables y en torno a un centenar de rehenes israelitas que, se supone, se mantienen entre los restos de la franja en manos de sus captores. No está claro cuántos de ellos siguen vivos, temiéndose que no sean demasiados. Sus familias siguen reclamando al gobierno de Netanyahu su liberación y acusan al gabinete y al primer ministro de no haber sido esa prioridad, la de los rehenes, la que ha guiado sus actos, sino todo lo que fuera en beneficio del propio Bibi que, por ahora, sale fortalecido por las guerras y se encuentra en búsqueda por decreto de la Corte Penal Internacional. Poco le importa.

viernes, octubre 18, 2024

Israel sigue eliminando objetivos

Ayer, en una operación desarrollada en Gaza, en la que murieron cerca de una veintena de palestinos, fue ejecutado Yahia Sinwar, el actual líder de Hamas, que ascendió al cargo tras el asesinato por parte de las tropas israelíes de los que le precedieron en el cargo. Hay escenas impactantes tomadas por drones del interior de la vivienda en la que se refugia el islamista, ya golpeado, que intenta arrojar algo a la cámara que le observa, todo cubierto de polvo de escombros, pero no es capaz de ni de acercarse a su objetivo. Posteriormente comandos especializados accederían al lugar y procederían a rematar el trabajo, nunca mejor dicho. Las fotos del resultado son esclarecedoras.

La bíblica frase de ojo por ojo, diente por diente, se está ejecutando en aquel lugar del mundo con un grado de vigencia difícil de concebir. Sinwar fue el autor intelectual de los atentados del 7 de octubre, de esa matanza indiscriminada de israelitas que soliviantó al mundo y cambió para siempre la zona. De él partió no se sabe seguro si la idea, pero sí el permiso para planearla y ejecutarla. Al parecer era consciente de que con esa decisión iba a desencadenar una guerra de la que no saldría vivo, y así ha sido. De paso, miles y miles de palestinos, a los que sin duda el fanatismo de Sinwar consideraba prescindibles, han fallecido en esa batalla que él inicio. Las consecuencias de aquellos actos de hace apenas un año reverberan en la región y en todo el mundo, y han mostrado a un Israel dolido, vengativo, fiero, inasequible y sin piedad, que muestra un poderío militar frente al que sus vecinos apenas pueden hacer nada. Todos los grupos proxies que atacaban a Israel, dominados por Irán, van camino de ser diezmados y convertidos en poco más que sombras de lo que fueron, al precio de reducir el vecindario de Israel a una montaña de escombros y a miles y miles de víctimas inocentes que han sido atrapadas entre las represalias de la acción de Sinwar. La situación de los palestinos comunes, los que no pertenecen ni apoyan a las milicias islamistas, es desoladora. Se encuentren donde se encuentren, una bomba habrá caído en sus proximidades o algún familiar habrá fallecido en combates o ataques contra civiles. Gaza es ya un lugar inhabitable, convertido en un campamento de refugiados que subsisten bajo el sol protegidos por tiendas de campaña y poco más, dependientes por completo de una ayuda externa que entra con cuentagotas, sometida al control del ejército israelí. La destrucción física de la franja es casi total y la posibilidad de que allí los supervivientes vuelvan a vivir de una manera razonable es muy escasa. El sur del Líbano va por el mismo camino, siendo ahora el lugar en el que se centran las ofensivas militares. Beirut sigue siendo golpeada por las bombas casi a diario, especialmente en los barrios que se encuentran más al sur, que ya lucen cráteres y escombros en abundancia. Una gran cantidad de los habitantes de la capital libanesa, y del resto del país, han optado directamente por escapar para salvar su vida y las pocas pertenencias que hayan podido reunir y transportar en sus propios medios. El balance de destrucción y muertos en Líbano supera ampliamente ya a lo que pasó en la guerra de 2006, y las operaciones están aún lejos de finalizar, dada la extensión de aquel territorio y la enorme fuerza, tanto militar como humana, con la que contaba Hezbollah, ahora ya bastante disminuida en ambos conceptos. Las acciones militares israelíes encuentran resistencia en su avance, y ocasionalmente se producen bajas, pero la sensación que está dando por ahora la operación es de una superioridad aplastante de las IDF frente al enemigo islamista, que está siendo doblegado y, en cierto modo, exterminado. Si las cosas siguen así es probable que Israel gane esta guerra, en lo militar, de una manera rotunda, incontestable.

Quedan un centenar de rehenes secuestrados en Gaza, en ese montón de ruinas, de los que poco se sabe. La probabilidad de que sigan vivos es baja, dado lo que ha pasado sobre sus cabezas, pero sus familiares mantienen la esperanza y exigen sin cesar a Netanyahu que los libere, que sea ese, y sólo ese, su objetivo. El primer ministro ya ha demostrado que los rehenes son una prioridad menor frente al hecho de mantenerse en el poder, y una guerra triunfante, según muestran las encuestas, puede ser la mejor manera de consolidar su posición. Sobre la sangre de los indeseables que mataron a los suyos, y sobre la de otros muchos miles inocentes, Netanyahu puede salir consolidado de todo este desastre. E Israel rodeado de escombros y odio, pero victorioso.

miércoles, octubre 02, 2024

Irán contraataca

Una de las grandes preguntas que suscitaban los acontecimientos de esta semana es la posible respuesta de Irán. Las opciones que debatían los expertos eran dos. O no lo hacía porque estaba realmente asustado ante el despliegue efectuado por Israel o lo hacía porque era la única manera de seguir manteniendo el estandarte de su presunto poderío militar y de lo que llaman la resistencia frente al sionismo. Ambas alternativas eran peligrosas para Irán, ninguna era buena, pero una de ellas iba a ser la que se iba a dar, con todas las consecuencias posibles. Finalmente, Irán optó ayer por la tarde por la primera, un ataque directo con misiles contra Israel, intenso en volumen, pero no en carga explosiva.

Fue una manera de decir “aquí estoy” pero sin cargar las tintas, pese a que supuso una ruptura de la brecha de seguridad aérea israelí y la constatación de que no hay sistema antiaéreo que pueda sostener un ataque de saturación. Con casi doscientos misiles lanzados, los tres niveles de defensa aérea israelí se emplearon al máximo, pero o lograron evitar que bastantes proyectiles impactasen sobre la nación hebrea, causando daños menores, que se sepa hasta el momento. En sus declaraciones, el gobierno de Teherán anunció que esta era la venganza ante la eliminación de los dirigentes de Hamas y Hezbollah, uniéndolo todo en un pack, de tal manera que quisiera anunciar que considera saldado el golpe recibido con una acción que, a todas luces, es de bastante menor intensidad de lo que se esperaría. Esto puede indicar varias cosas. El miedo que antes señalaba en el régimen de los Ayatolás ante la potencia y precisión demostrada por las IDF y la inteligencia israelí, quizás incluso, si me apuran, que el potencial militar iraní no es el que se presuponía, y que parte de la fuerza que exhibe sea un farol. Lo cierto es que la situación pareciera encontrarse en tablas, pero no es así, porque Israel considera que el ataque recibido ayer requiere respuesta, y que Teherán debe saber que no sólo sus proxies, sino el propio régimen chií debe entender que la impunidad de sus actos respecto a Israel ha terminado. Esto nos mete de lleno en una espiral de respuesta, de acción y reacción, que puede descontrolarse rápidamente. En abril las cosas se pararon en este punto, con una salva de misiles iraníes de menor entidad y efecto, y luego se instauró una calma tensa entre ambas naciones. Los esfuerzos que EEUU trata de hacer desde ayer se dirigen precisamente a una repetición del escenario de abril de un toma y daca y que las cosas no vayan a más, pero espoleado por los éxitos logrados a lo largo de las últimas semanas, y con la sensación de que la ventaja tecnológica y militar está de su lado, Netanyahu puede estar tentado a lanzar un golpe directo contra el patrocinador de todos esos movimientos que buscan destruir Israel, y que ahora se encuentran sumidos en del desconcierto. Si se fijan, parece haber un patrón en el proceso de gestión de Israel de esta guerra. Desde que se produjeron los salvajes atentados del 7 de octubre, primer aniversario el lunes que viene, nada es ya igual. El gobierno israelí determinó que ya no hay límite ni freno a sus actos, que los más de mil ciudadanos hebreos asesinados en esa jornada son la causa que justifica la acción militar sin contemplación alguna frente a aquellos que amenazan la seguridad del país, y que no habrá paz para nadie que busque el enfrentamiento con Israel. Primero Gaza, el feudo directo de Hamas, el atacante primordial, y el más débil de la ecuación. Desde hace unas semanas Líbano y Hezbollah, la milicia más poderosa y activa de todas, y ahora Irán, el patrocinador de todas ellas, junto con golpes intermitentes a las milicias hutíes del Yemen, que hasta ahora, curiosamente, se han mostrado como las más ofensivas y dañinas para la seguridad Israelí desde que comenzó la guerra. Si la secuencia es la que parece, Irán va a recibir un serio ataque por parte del ejército de Israel, y eso nos pondría ante una tesitura muy muy peligrosa. Ayer el miedo empezó a cotizar en los mercados.

¿Opciones de ataque israelí? Una, la más obvia, es Natzan, el complejo donde Irán desarrolla su programa nuclear, un lugar que intuyo más que enterrado y protegido, y que Israel habrá tenido desde hace tiempo sobre la mesa a la hora de planificar un ataque que lo arrase. Otro objetivo puede ser la destrucción de infraestructuras petroleras iraníes, refinerías y lugares de embarque de crudo en el golfo pérsico, por donde exporta la mayor parte de su petróleo (su gran fuente de ingresos). Sin ellas la economía del país se hundiría y el régimen lo iba a pasar muy mal. Si quieren imaginar, pueden hacerlo con un golpe a la cúpula del país, que imagino atrinchera en un búnker desde ayer por la tarde. No se, puede pasar cualquier cosa.