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miércoles, mayo 31, 2023

Auge y caída de Ciudadanos

La historia de Ciudadanos es una de las más interesantes, bonitas, ilusionantes y frustradas de la política española de las últimas décadas, quizás desde que comenzó la democracia y se consolidaron los partidos clásicos. Surgió en medio del marasmo catalán, con el crecimiento del sectarismo secesionista catalán, como respuesta democrática y liberal a las ansias separatistas. A partir de ahí, de un comportamiento valiente y coherente, junto con una campaña moderna y un candidato novedoso, un tal Albert rivera, logró un protagonismo en los medios nacionales en un momento en el que, en el conjunto del país, PP y PSOE se iban a enfrentar a la gran recesión y a los daños que iba a provocar.

Ciudadanos salta a la política nacional en el momento en el que se inaugura la llamada “nueva política” la surgida tras esa catarsis que fue el 15M y que originó en un movimiento social de base amplia, que luego sería hábilmente secuestrado por una formación de extrema izquierda llamada Podemos. Ciudadanos y Podemos encarnaban dos formas muy distintas de abordar los problemas que asolaban al país, pero ambos surgían de una sensación social de fracaso de la partitocracia existente. El PSOE de ZP no quiso ver la que se le venía encima con la crisis y quedó arrasado. El PP llegó al poder pero, maniatado por la realidad económica y una visión funcionarial de la vida, propia del registrador que era Rajoy, completamente ajena a la pulsión social, nada empática, se fue desangrando. Además, la corrupción empezó a ser relevante en el panorama y los casos se iban multiplicando. La respuesta a todo ese caso, que era muy intenso, afortunadamente no tuvo ningún componente violento, y se canalizó hacia las dos formaciones novedosas, uno de extrema izquierda y otro de corte liberal. Como decía mucho en aquellos momentos, esos partidos no eran la solución al problema, pero sí fruto de él, una fiebre, un síntoma del malestar. Frente a la visión de izquierda setentera que vendía Podemos, Ciudadanos encarnaba un enfoque liberal que en España siempre se ha frustrado por una u otra vía. Era moderno en su concepción e ideario, se atrevía a proponer cosas como el contrato único y medidas avanzadas en economía, que se suelen tachar simplistamente de derechas, junto con una visión social de los derechos que, simplistamente, se suele tachar de izquierdas. Con una evidente falta de complejos y un equipo joven y muy preparado, Ciudadanos logró escalar hasta lo más alto de la política nacional y, en lo que iban a ser las primeras generales de 2019, se colocó como tercera fuerza política del país, a muy pocos escaños de un PP desmadejado, con un PSOE victorioso pero con escaso margen. Fue en ese momento cuando Ciudadnos, Rivera, tuvieron en su mano el destino del país, la oportunidad de cambiarlo para bien. Y un poco como Isuldur ante los fuegos del destino, la codicia le traicionó. Un pacto de Rivera con Sánchez otorgaba una cómoda mayoría absoluta, una estabilidad parlamentaria y una estrategia que hubiera moderado las pulsiones locas de un Sánchez al que no conocíamos entonces. Pero Rivera no pacto. Sánchez quería o no, eso seguirá en discusión eternamente, pero Rivera se obnubiló con la posibilidad de desbancar al PP, al que veía desde su bancada a tiro, herido gravemente, casi desangrándose. Rivera tuvo que escoger entre ser un seguro vicepresidente o entre el sueño de presidir un gobierno encabezado por él tras unos nuevos comicios en los que superase al PP y alcanzara al PSOE. Las brujas de Macbeth se le aparecieron y, que capullamente sabio era Shakespeare, ejercieron el mismo poder de influencia. Rivera se ahogó en su ensueño y se lanzó como poseso a la repetición electoral de aquel deprimente año, que le otorgó un resultado desastroso. Los ciudadanos que vieron al partido como útil para pactar lo abandonaron al comprobar que no pactaba y perdía su utilidad. El voto se fue en parte al PP y algo al PSOE, y no poco se quedó en casa. El resto, el pacto de Sánchez con Iglesias, lo conocemos de sobra.

Desde ese otoño de 2019 Ciudadanos no ha dejado de perder votos y representatividad. Rivera dimitió tras aquella debacle e Inés Arrimadas asumió el mando de una nave tocada y con un destino titánico, como el del barco. Su voluntad y arrojo no podían hacer nada para enderezar el rumbo y tapar vías de agua, y apenas contó con el apoyo de nadie en un ejercicio de capitanía condenado al heroísmo, entendido como el de la muerte del protagonista de la gesta. La decisión de ayer de no concurrir a las generales de julio es el colofón de una historia amarga, que compara lo que pudo ser, lo que a muchos nos ilusionó, con lo que ha acabado siendo. La realidad puede llegar a ser mucho más cruel que el más árido de los malvados deseos.

lunes, marzo 15, 2021

Zumo de naranja

Qué poco valor tiene la crónica política hoy en día. Expone uno sus ideas y opiniones sobre lo que pasa y lo que pasa da un salto mortal con tirabuzón y convierte en prehistórica la opinión soltada hace instantes. En un mundo en el que se busca la victoria en el próximo tuit y el largo plazo es el viernes de cada semana la reflexión de los opinadores es destrozada por la velocidad a la que se suceden los hechos, y la política, arte de trileros, se convierte en una especie de película de Benny Hill, tan acelerada como carente de gracia y tendente a provocar bochorno. Son los tiempos que nos han tocado, feos a más no poder, pero son los que son.

Hoy se reúne el consejo nacional de Ciudadanos en lo que se prevé será un encuentro tenso, en el que por nada del mundo me gustaría estar presente. La formación naranja, metida en problemas desde hace tiempo, ha pasado una de sus peores semanas desde que se fundó y se enfrenta a una crisis existencial en toda regla. La moción de censura en Murcia, planteada a principios de semana, se ha convertido en la voladura del partido en Murcia, en la convocatoria confirmada de unas elecciones en la Comunidad de Madrid que pueden destrozar su actual representación y en un goteo de abandonos de cargos, alentados por la dirigencia del Partido Popular, que huele a cadáver anaranjado y empieza a sacar partido de la carroña que puede encontrar. Si hace semanas, sólo semanas, se podía discutir la forma en la que, en unas futuras elecciones, se podrían asociar Ciudadanos y PP para juntar fuerzas, y eso en determinados territorios, ahora lo que se ve es directamente la posible destrucción de los naranjas y su incorporación parcial al PP, parcial porque algunos puede que se pasen al PSOE y otros, no pocos, se suman en la melancolía del fracaso. Visto con la perspectiva del mucho tiempo pasado, menos de una semana, la jugada murciana ha sido un desastre para los de Arrimadas, un mal negocio para el PSOE, y un potencial pero no carente de riegos avance para el PP. Es Arrimadas la que se encuentra en medio del huracán. Heredó una formación vapuleada tras las últimas elecciones generales, que perdió escaños de una manera asombrosa, y poco margen ha tenido para reconstruir algo en medio de la vorágine nacional. Su intento de navegar entre dos aguas, como una bisagra, era la única estrategia que le quedaba como viable para intentar sobrevivir y ganar tiempo, pero el desastre de la pandemia y el sectarismo de la vida política nacional se lo han puesto casi imposible. El resultado de las pasadas elecciones catalanas, crónica de un desastre anunciado, mostraba a la formación herida en el albero, con demasiadas banderillas clavadas como para poder reincorporarse. ¿Fue esta situación de agonía la que alentó a los dirigentes a aceptar la propuesta del PSOE de lanzarse a por el poder en Murcia? ¿Fue esa tentación de coger algo de aire en forma de cargos y notoriedad lo que decidió al partido a aceptar la propuesta socialista? No lo se. En todo caso lo hicieron, eso generó un terremoto la semana pasada de enormes proporciones y derivadas y hoy, lunes, el panorama es el que es, con la formación sumida en el caos y con Arrimadas como centro de ataques por parte de propios y ajenos. El partido en Murcia ha quedado convertido en la mitad y, prácticamente, sin posibilidades en la moción que se votará esta semana, en Madrid hay encuestas que le dan por desaparecido en la asamblea, y el votante del resto del país se plantea qué hacer cuando le llamen a urnas con la opción naranja, cuya utilidad se muestra muy devaluada. El grupo parlamentario del Congreso es probable que sufra las mismas divisiones y disputas que el partido y las opciones de Sánchez de apoyarse en ellos para liberarse en parte del yugo del taimado Iglesias se han debilitado notablemente. Alguien está exprimiendo las naranjas hasta dejarlas hechas zumo, pulpa y cáscara.

¿Sobrevivirá Arrimadas al día de hoy? Apenas ha dicho nada desde que se confirmó la marcha atrás de la mitad de sus parlamentarios en Murcia y todo lo que ha podido oír son críticas voraces hacia sus decisiones y liderazgo. Es una política valiente, notable, pero que no está claro que pueda salir a flote de una crisis de estas dimensiones. Heredó una formación herida por los errores de su fundador, que la llevó a la gloria y la estrelló en los arrecifes, y desde entonces Inés ha sido blanco de todas las críticas imaginables. Hoy será, quizás, uno de los peores días en su carrera política. Los malvados dirían que uno de los últimos. Veremos a ver qué pasa.

miércoles, junio 24, 2020

Las bazas de Ciudadanos


Con las últimas prórrogas del estado de alarma se pudo ver un incipiente giro en la política nacional que puede tener continuidad, o no, en función de cómo se desarrollen los acontecimientos. De hecho han sido dos las cosas que han resultado políticamente interesantes durante el llamado proceso de desescalada. Una es la disminución de la bronca política, que llegó a hacerse irrespirable en un determinado momento, inflamando parte de las calles. En ese instante Vox y Podemos, dos fuerzas extremistas, rupturistas, populistas y tan parecidas como aparentemente opuestas dominaban el discurso, y lo convertían en algo bronco, sucio, evitable. Parte de esa ira se ha suavizado y sus protagonistas devaluados.

La otra cosa interesante es el viraje de Ciudadanos, o más bien su intento de rentabilizar los diez escaños que tiene en el Congreso tras la debacle de las elecciones de noviembre. La trayectoria de Ciudadanos se estudiará en las escuelas de política, de cómo logrando en abril de 2019 un resultado espectacular su dirigencia, con Albert Rivera a la cabeza, naufragó, emborrachada de aspiraciones. Como en la escena clásica de la Odisea, Rivera oyó el tentador canto de las sirenas que le decían que superaría al PP, y se lanzó al agua embriagado por el mensaje. Y ahí se ahogó, políticamente hablando. En noviembre ciudadanos quedó laminado, perdiendo cuatro quintas partes de su representación electoral, y desde entonces estaba noqueado, como no podía ser de otra manera. El arranque de la legislatura, con el pliegue total del PSOE a las exigencias de Podemos y Esquerra le dejaba a los de Arrimadas, ya sola en el liderazgo, sin alternativas. Pero llegó la pandemia y lo cambió todo. A medida que se hacían necesarias nuevas prórrogas del estado de alarma y que el gobierno perdía apoyos el papel de Ciudadanos empezó a aparecer como uno de los relevantes, y en un momento dado Arrimadas decidió arriesgar, y ofrecer sus votos al gobierno para una de las prórrogas en las que ya estaba claro que sus socios de investidura se comportaban como los insaciables chantajistas que son. Esta decisión provocó reacciones de todo tipo, y sonoras críticas, tanto desde el entorno de los socios nada fiables como desde las propias filas de Ciudadanos, que vio como personas significativas que aún se mantenían desde la etapa anterior, como Juan Carlos Giraulta o Marcos de Quinto dejaban escaños, cargos y militancia, opuestos a las decisiones de Arrimadas. Desde medios afines al PP se han dado muchos palos a Ciudadanos por esta postura y esos palos han ido a más a medida que otras prórrogas han salido adelante con su voto y que empieza a vislumbrarse un posible acuerdo a futuro de presupuestos en el que los votos de Ciudadanos serían decisivos. Las críticas de esos medios inciden mucho en el papel de tonto útil que representan Arrimadas y los suyos, y el favor que le hacen a un Sánchez a quien lo único que le importa es él mismo y su supervivencia personal. Desde los medios afines al gobierno se alaba en letra pequeña el gesto de Ciudadanos y se les mira con displicencia, después de haberles criticado con saña en el pasado por todas sus decisiones, y como el partido es pequeño y carece de influencia mediática no he visto a ninguna cabecera que respalde su postura y apenas algunos columnistas que alaban lo que Arrimadas está tratando de hacer. Si con cincuenta escaños no había periódicos de Ciudadanos, con apenas diez ni les cuento lo que renta apoyar desde una tribuna escrita a esa formación.

¿Acierta Arrimadas con su estrategia? Está por ver, es arriesgada e incierta, pero creo que es la única viable que le quedaba. Lo que es seguro es que la estrategia anterior le sumió en el desastre y algo tenían que hacer para recuperar como mínimo una cierta relevancia. Si lo que ahora hacen se traduce en una pérdida de votos y escaños lo veremos en el futuro, pero es obvio que, viniendo de donde vienen, o se mueven o desaparecen, y que el gran desastre ya se produjo en noviembre. Desde las dos orillas políticas y mediáticas se ataca a la formación porque, aunque no son muchos, sus votos y escaños serían importantísimos si se unieran a uno u otro bloque en unos futuros comicios, son golosos tanto para PP como para PSOE. De momento Arrimadas muestra tener olfato y ha logrado cabrear a Esquerra lo que, como dice el portavoz Edmundo Bal, es síntoma de que algo estarán haciendo bien.

miércoles, mayo 20, 2020

Ciudadanos en la encrucijada


A medida que Sánchez ha ido prorrogando los estados de alarma se ha visto la enorme debilidad parlamentaria que lo sostiene. Actúa Sánchez con las formas y aspectos de presidente absoluto, pero cada votación en el Congreso muestra que conseguir la mayoría absoluta necesita un esfuerzo enorme, y que nada está garantizado. Sus presuntos socios, compañías tan poco aconsejables como Esquerra, le dejan tirado a las primeras de cambio y muestran que Sánchez es para ellos poco más que un tonto útil para poder exprimir a voluntad. Esto exige que la fábrica de propaganda de Moncloa cada vez se esfuerce más para ocultar lo obvio.

En la sesión del Congreso de hoy la prórroga que va a salir es de quince días, no el mes deseado por Sánchez, y gracias nuevamente al voto de Ciudadanos, un partido que arriesga mucho con esta posición pero que repite apoyo, como lo hizo ya hace dos semanas. De la mano de Arrimadas Ciudadanos ha adquirido un perfil distinto y se muestra como un partido pactista, que es por cierto para lo que nació, y desde la pequeña posición que ocupa en el Congreso, fruto de su desastre electoral de noviembre del año pasado, busca sacar un rendimiento a sus escaños. Lo cierto es que la posición de los naranjas es bastante incómoda. Por un lado saben que acordar con el gobierno medidas económicas de urgencia y mantener el estado de alarma mientras la movilidad deba estar restringida es algo necesario para el bien común de todo el país, pero a la vez corren el riesgo de que, pasada la alarma, Sánchez y los suyos vuelvan a dejar el sentido común en la cuneta y retomen las conversaciones con los independentistas catalanes para tratar de acordar todo tipo de cosas ilegales. Jugar en medio de dos orillas es un juego peligroso, porque al final quedas lejos de ambas y corres el riesgo de que desde todos lados te miren mal, pero creo que Ciudadanos está haciendo lo que debe hacer. Hace ahora un año, sólo un año que parece un siglo, con un resultado electoral excelente en abril, el Ciudadanos de Rivera erró de estrategia. Quizás el PSOE no quiso nunca pactar con él, pero se equivocó el dirigente naranja al no ofrecerse y dejar en evidencia la estrategia socialista. A Rivera se le abrió la posibilidad de superar al PP y eso le obnubiló, le llevó a soñar con un sorpasso en la derecha que era tan difícil como ilógico, pero en ello empeñó sus fuerzas. En la repetición electoral Ciudadanos sufrió una sangría espectacular, rivera se fue, y Arrimadas se ha hecho con el control de una formación famélica en el Congreso, pero que tiene que lograr dar valor a su apenas decena de escaños. Desde el acuerdo de hace dos semanas han sido muchas las críticas que se han lanzado sobre Arrimadas, la mayoría de ellas, como siempre, de personajes y sectores que nunca irían a votarla, hiciera lo que hiciese, pero también ha habido críticas internas, con la renuncia de caras muy visibles de la formación, como Juan Carlos Giraulta hace unas semanas y ayer mismo Marcos de Quinto, tras el acuerdo que hoy refrendará en su última votación como diputado. Sin duda esto debe ser duro para Arrimadas y su equipo, pero la política no es amable, sino una descarnada lucha por el poder, donde priman los intereses particulares y poco más. El cinismo vive a sus anchas en las dirigencias de los partidos, y esto es algo que todos debiéramos tener muy claro.

¿Saldrá beneficiado Ciudadanos, política y electoralmente, de estos movimientos? Es difícil saberlo, pero en el estado de semiruina en el que se encuentra poco importa empeorar un poco más. Es cruel este país, en el que la sociedad demanda constantemente pactos y acuerdos, pero que a la vez critica con saña a quienes a entendimiento llegan. Arrimadas está demostrando ser valiente y jugar de manera arriesgada. Cierto que eso no le garantiza recompensa futura, pero tampoco lo haría quizás en caso de mantenerse enquistada en sus posiciones. En todo caso, siendo la única mujer dirigente de un partido nacional, está demostrando tener bastante más “huevos” que muchos de los que junto a ella se sientan en el Congreso, y eso ya es mucho decir.

jueves, noviembre 14, 2019

Líderes y ego en la política


La caída de Albert Rivera ha supuesto la primera gran baja en la nueva alineación de políticos que se ha estado presentando a las últimas elecciones. Con un PSOE y PP desdibujados, los nuevos partidos, que ya no lo son, optaron por liderazgos absolutos, encarnados en las figuras que los crearon casi desde la nada. En este sentido el mérito de Iglesias y Rivera es incuestionable, pero también se les puede criticar sin ambages sobre cómo han gestionado las criaturas que ayudaron a crear, dominados por el ego personalista y sin hacer mucho caso a las voces que, desde otras realidades distintas a las suyas, les advertían de errores de bulto. Con una trayectoria descendente, iglesias sigue y acaricia el poder, y Rivera ya no está.

En todas las organizaciones se crean estructuras de poder, más o menos difusas, más o menos férreas, y una cadena de mando que acaba en una cumbre. En los partidos, organizaciones creadas para alcanzar el poder de una manera no violenta y gestionarlo cuando se posee, ese liderazgo es muy marcado y, casi siempre, condiciona el comportamiento de la organización y su rumbo. En tiempos de redes sociales y de consultas a la militancia, los partidos se han ido cerrando cada vez más en torno a sus nichos de votantes fieles, los muy cafeteros, perdiendo matices y perfiles a medida que, paradojas de la vida, la sociedad cada vez se complejiza más. De ahí que los líderes de esos partidos no sean criticables en absoluto. Toda forma no ya de disidencia, sino de mero recelo, se castiga con la expulsión y el oprobio social, muchas veces en forma de tuits salvajes que desatan las jaurías que convierten a las redes sociales en crueles. campos de batalla. La promesa del líder de alcanzar el poder y premiar a los suyos con regalías crea adictos y aduladores que le siguen a pie juntillas, pase lo que pase, negando la realidad lo que haga falta con tal de alcanzar el objetivo. Si se produce este proceso con el líder ejerciendo el poder, el peloteo llega a niveles tan ridículos como absurdos. Siempre ha sido así, lo que pasa es que ahora lo vemos con una claridad tan meridiana que asusta, se aprecia el funcionamiento de la maquinaria a la vista de todos, y eso le hace perder el escaso aura de secretismo que poseía. El caso de Rivera y Ciudadanos ejemplifica todo este proceso de una manera redonda porque podemos ver la creación, auge y caída del liderazgo, el proceso completo. El de Podemos aún no está terminado, pero sucederá algo similar. Rivera fue alterando su discurso y estrategia a medida que aumentaba el poder de su partido, cada vez más convencido de que su visión de la realidad era la correcta. Los resultados electorales le acompañaban, pero también había voces que le aconsejaban que no cambiase de rumbo, que tuviera la cabeza fría. Cuantos más votos obtenía Rivera menos se escuchaban esas voces y más al del adulador ciego, por sincera admiración o por egoísmo de llevarse el fruto de un cada vez más suculento botín. Los meses transcurridos desde abril a noviembre ejemplifican cómo se puede desarrollar la peor de las gestiones posibles con el mejor resultado imaginado, y el cómo el liderazgo, cuando se cree en la verdad y no atiende a las voces discrepantes, lleva a la formación a la ruina. Curiosamente, y desde posiciones ideologías opuestas, Rivera ha ido cometiendo errores muy similares a los que Pablo Iglesias ejecutó en meses pasados. Altivez, inconsistencia, incoherencia entre lo dicho y lo hecho, narcisismo, fe ciega en el designio personal, conversión de los órganos de gestión del partido en meros coristas de aplauso cerrado, etc. Errores que, por cierto, no tienen nada de originales, se pueden ver en décadas pasadas y formaciones distintas. El goteo de bajas de Ciudadanos se hizo creciente a media que la sensación de descontrol crecía en los que observábamos la formación pero, como suele suceder, los fieles aplaudieron el nuevo rumbo que llevaba la barca naranja directamente contra los arrecifes, y no dejaron de aplaudir hasta el día del naufragio.

En su despedida, Rivera ha enmendado muchos de los errores, porque la ha hecho de manera sincera y asumiendo él toda la culpa de lo sucedido. Dijo una gran verdad, que en España es ley en forma de ese dicho que reza que la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana. El líder debe saber que ganar es algo que se hace gracias a todos, y que perder le supone una responsabilidad extra. Probablemente se estudie en el futuro estos meses naranjas, en los que Albert transitó del cielo al infierno. Y recuerden que, visto desde fuera, todo parece mucho más sencillo de analizar. Es muy probable que cada uno de nosotros, en situaciones similares y con esa responsabilidad, repitiéramos los mismos errores. Por eso, en política y en todo lo demás, use su instinto, pero, por favor, escuche opiniones contrarias, no se rodee sólo de fieles, y no deje que lo que cree supla a la realidad que le rodea.

martes, noviembre 12, 2019

El adiós de Albert Rivera


Las encuestas auguraban un muy mal resultado a Ciudadanos, pero la formación, con sus líderes a la cabeza, negaba la mayor y afirmaba que el espíritu de la remontada se sentía en el ambiente. No era lo que percibían el resto de participantes en la carrera ni el público que seguíamos el ambiente electoral. Se comentaba en los medios que un resultado por encima de los veinte escaños podría ser suficiente para salvar los muebles. Sin embargo, la realidad fue mucho más cruel y fueron exactamente la mitrad, diez, los que cosechó la formación naranja. Tres en Madrid, tres en Cataluña, dos en Andalucía y dos en Valencia, quedando arrasada en el resto del país. El fracaso es tan abrumador como doloroso.

En la noche electoral, en la que todos aparecen como ganadores sea cual sea su resultado, engañando nuevamente al electorado, Rivera no tenía escapatoria. Afrontaba el mayor desplome que uno pueda imaginar. Cuando salió ante los focos casi todos dábamos por sentado que presentaría su renuncia, pero no lo hizo. Admitió el desastre y convocó una reunión extraordinaria para el día siguiente, ayer lunes, en la que la formación tomaría decisiones. Se hizo responsable de los resultados y no buscó excusas ni parapetos. No entregó su cabeza, pero casi. Ese movimiento de renuncia se hizo efectivo ayer, en esa reunión del comité ejecutivo de Ciudadanos, en el que Rivera dimitió de todos sus cargos, renunció al escaño y a la política. Puso fin a su carrera de más de una década que, hasta hace siete meses, fue un constante ascenso desde la nada al olimpo del poder. El adiós de Rivera es, por así decirlo, una salida a lo Rajoy, completa, plena. No se queda en un segundo plano para tutelar el partido y su sucesión, como muchos exdirigentes que siguen ahí metiendo ruido y baza, sino que se va del todo. Abandona un mundo en el que de la nada se convirtió en una de las piezas más conocidas de la llamada “nueva política” surgida al calor de las brasas de la crisis económica de 2008, que lo alteró todo. Su discurso, centrista, abierto y moderno, era una rara excepción en el panorama anquilosado de la política patria, cómoda en sus trincheras y clichés. Bregado desde sus inicios en la política catalana, acostumbrado a vivir bajo la presión nacionalista y a ser un referente de los que no comulgaban con esa dictadura ideológica, Rivera lanzó su plataforma ciudadana como un experimento para tratar de vencer a ese nacionalismo mítico, ante la renuncia de la izquierda socialista y la incapacidad de la derecha anquilosada. Logró visibilidad mediática con aquella campaña en la que aparecía semidesnudo y desde entonces, su estilo brioso, su desparpajo de adolescente y su franqueza empezaron a conquistar masas de electorado ecléctico, que no se encontraba representado por lo que siempre se ha definido como izquierda y derecha. La transformación de la plataforma a partido político de alcance nacional es un proceso rápido y que tiene éxito, focalizado inicialmente en las grandes zonas urbanas, pero que poco a poco se extiende por todo el país. Elección tras elección Ciudadanos sube, y logra el milagro de robar votos que hasta entonces sólo eran del PP o del PSOE, logrando incluso atraer votantes nuevos, especialmente jóvenes y treintañeros. Su discurso antinacionalista periférico, pero no nacionalista patrio, sus propuestas económicas, su apertura en políticas sociales… un menú ecléctico que crea una masa de votantes que no acuden por fidelidad ideológica, sino por utilitarismo, por modernidad. En el PSOE se le observa con recelo y en el PP con miedo, porque drena el voto joven que podría acudir a esa formación y la deja convertid en un partido viejo de votantes de mucha edad. El mayor de los éxitos de la formación se da en las elecciones del pasado abril, con 57 diputados, a sólo nueve de un PP desangrado. Para entonces el discurso de Rivera ya se había escorado algo hacia la derecha, porque veía la oportunidad de ocupar el espacio de los populares, y tras el fracaso del sorpasso de Podemos al PSOE algunos veían posible un movimiento similar en el centro derecha. Y ahí, justo a las puertas del cielo, es cuando Ciudadanos empezó a estrellarse contra la realidad.

Las opciones viables de un gobierno de coalición de esa formación con el PSOE tras las elecciones de abril que hubieran otorgado mayoría absoluta a la entente, se deshicieron al instante cuando Rivera se negó en redondo a ello. En vez de haberse ofrecido desde un principio para ello, dejando en el PSOE la responsabilidad de que aceptase o rechazase el pacto, Rivera se negó, y Ciudadanos comenzó a agrietarse. Las fugas de los que veían la formación como un instrumento para pactos transversales empezaron a ser muy serias frente a un núcleo duro que veía tan cerca el liderazgo de la derecha que estaba cegado por la posibilidad de alcanzarlo. Convertido en una bisagra que no giraba, Ciudadanos empezó a perder solidez en sus soportes de voto, y en apenas meses se ha desmoronado por completo. ¿Sobrevivirá? Espero que sí.

lunes, octubre 07, 2019

Albert Rivera en su laberinto


Parece que se empieza a coger un cierto tono en la campaña electoral de las elecciones del 10 de noviembre y que los resultados no van a ser tan miméticos a los que tuvieron lugar en abril. Parece que algunas formaciones van a mejorar y otras a empeorar en función de lo que ha sucedido estos meses. Y parece que “parece” puede ser el mejor término para calificar la situación que creemos que es la que observamos y la que puede darse en forma de resultado en los futuros comicios, dado que la incertidumbre y volatilidad que vivimos es alta y cada uno analiza las variables en juego de una forma torticera. Como todos son portavoces de parte, cada relato que se escucha favorece a la parte interesada. Tengamos siempre eso en cuenta.

Todos los sondeos coinciden en que Ciudadanos va a ser uno de los perjudicados el próximo noviembre. Hay una amplia horquilla sobre cuánto va a bajar, pero nadie discute el signo de la evolución de su voto y número de escaños. La situación de los naranjas, cómoda y exitosa tras los comicios de abril, puede volverse pesadillesca en apenas seis meses, dejando a muchos de los actuales parlamentarios y cargos sin asiento en el que dejarse caer y a la directiva del partido, encabezada por su líder único Albert Rivera, como responsable directo de lo que pueda suceder. Si el exitoso resultado de abril fue mérito suyo, también lo será un hipotético fracaso en noviembre. ¿Qué es lo que ha pasado en estos meses? Más bien es lo que no h pasado, y es la opción de gobierno que existía en caso de alianza entre el PSOE y Ciudadanos. Desde un primer momento Rivera se empeñó en que esa opción no era no ya sólo posible, sino siquiera imaginable. Veía a su partido como nuevo sucesor del PP en el liderazgo de la derecha, y no era consciente, o no quería serlo, de que sus muchos votos eran producto de una amalgama de descontentos moderados del PP, sí, pero también de descontentos moderados del PSOE y de descontentos moderados en general. Ciudadanos actuaba como una fuerza de centro, o eso se vendía, y en sus cargos y militantes había personas que flirteaban con la izquierda y la derecha de manera tibia, sensata, sin alaracas. Votantes centrados que veían la formación como una vía para aportar estabilidad y servir de palanca de acuerdos que quitase a los nacionalistas su capacidad de bloqueo. Era sencillo, por tanto, pensar que tras los comicios de abril se abriese una puerta para el diálogo entre Sánchez y Rivera. Los gritos de la noche electoral en Ferraz que proclamaban “con Rivera no” era la manifestación de los socialistas exaltados, pero con los miembros exaltados de un partido nada se hace, son los templados los que llegan a acuerdos (por eso con Podemos y vox poco se puede hacer, porque sólo hay exaltados en sus filas). Y al día siguiente de las elecciones Rivera se empeñó en el no acuerdo como guía estratégica, destruyendo esa opción de gobierno. Su negativa a reunirse con el candidato Sánchez y a plantar cara frente a un PSOE sin concesión era una vía para rascar más votos del PP, pero una forma segura de perder todos los demás. Comenzaron las deserciones de miembros de la ejecutiva, como Toni Roldán, personas de talla y valía que veían como Ciudadanos no era lo que ellos creían que debía ser ni, sobre todo, lo que les habían dicho que era. A pocos días del final de la legislatura Rivera cambió de rumbo y ofreció una posibilidad de acuerdo al PSOE cuando ya era imposible llegar a compromiso alguno. Error tras error. Su mejor alternativa hubiera sido, desde el principio, ofrecer ese acuerdo al PSOE a cambio de una serie de compromisos (Navarra, Cataluña, economía…) y dejar que fuera Sánchez el que, si lo rechazaba sin contemplaciones, apareciese como el culpable del no acuerdo, pero no ha sido así, y en plena precampaña Ciudadanos aparece como un partido bisagra que no gira y como una formación creada para llegar a acuerdos que los niega, y es uno de los responsables del bloqueo y fracaso político en el que nos encontramos. Las deserciones son muestra de la sangría de votos y el resultado que puede cosechar en noviembre será, sin duda, peor que el de abril. Queda la duda de lo duro que será el castigo.

Resulta curioso, pero desde dos ópticas completamente diferentes, y posiciones enfrentadas, Albert Rivera y Pablo iglesias van camino de descomponer las formaciones políticas que crearon y lograron llevar hasta unos resultados muy exitosos. Cegados por el éxito, la soberbia y el ego personal, se han convertido en los líderes de sus formaciones y hace tiempo que no escuchan el consejo de nadie que les contradiga, lo que es la receta perfecta para el desastre. Han desperdiciado los resultados de abril y las excelentes oportunidades políticas que se les abrían, y quizás nunca vuelvan a verse en otra mejor. Dado su carácter, ninguno parece que está dispuesto a admitir sus errores y fracasos, y quizás sólo lo hagan cuando un resultado electoral nefasto les arrincone en la esquina de la irrelevancia. Tan curioso como triste.

martes, septiembre 17, 2019

El vértigo electoral asusta a Ciudadanos


Hoy sabremos si, como parece, tendremos que ir nuevamente a votar el próximo 10 de noviembre, tras la incapacidad mostrada por los partidos para llegar a un mínimo de acuerdos a lo largo de todos los días transcurridos desde el 28 de abril. Es vergonzoso. Leí ayer que, además de procastinar, que es un término de origen latino que quiere decir que se dejan las cosas para el día siguiente, la lengua de Virgilio también definía perendinare, que es dejarlas para dos días después, retrasando aún más las cosas debidas e incumpliendo lo que se ha comprometido. Nuestros políticos, que nacen de nuestra sociedad, son expertos en perendinar, son maestros en ese rancio arte.

Como la posibilidad de elecciones empieza a ser muy cierta, ya están en marcha los cálculos en la sede de todos los partidos sobre lo que puede pasar en ellas, y si en unos cunde el optimismo, en otros el pánico resulta evidente. Todas las encuestas señalan tres potenciales perdedores; Vox, Podemos y Ciudadanos. La actitud de estos dos últimos en el proceso negociador resulta tan absurda como lesiva para sus propios intereses y los de la gobernabilidad del país, y por ello es probable que sean castigados en una nueva votación. Si no son útiles, para qué escogerlos. Mucho hemos hablado de los garrafales errores de Podemos, supeditados al infinito ego de un líder mesiánico que, se disfrace o no de corderito, se cree que está siempre por encima de todos los demás. En su pecado llevará su penitencia electoral. No hemos hablado tanto de Ciudadanos, cuyo camino negociador ha sido una copia con retardo del desarrollado por Podemos. Rivera se ha ido creciendo como líder a medida que su formación ha despegado, y se ha ido contagiando del mesianismo de todos los jefes de partido que le rodean, adoptando los mismos tics autoritarios y nefastos que Sánchez o Iglesias ejercitan cada día (Casado no, no porque no quiera, sino porque de momento no puede). Ha ido perdiendo candidatos y personas de alto nivel a medida que su discurso se ha escorado y radicalizado, y el partido centrado y liberal se ha ido convirtiendo poco a poco en una máscara que no ocultaba la aspiración, creo que imposible, de convertirse en la fuerza hegemónica de la derecha. Sacó unos excelentes resultados en las elecciones de abril, pero quedó por detrás del peor resultado imaginable para el PP. Si entonces no lo superó difícil que lo haga alguna vez. Muchos asesores aconsejarían a Rivera que mirase a su flanco izquierdo. Ciudadanos ha recogido votantes descontentos moderados, lo que significa centro derecha y centro izquierda. Su idea de escorar al partido ganando más por el extremo derecho que por el centro izquierda llegó a su máximo resultado en abril, pero desde entonces la formación palidece. La negativa rotunda a negociar con Sánchez, ni siquiera a reunirse con él, es algo que nadie ha entendido. Ayer, sospecho que definitivamente asustado ante unas elecciones que parecen inevitables, y con sondeos que le cuentan a él lo que le cuentan a todos, Rivera decidió dar un volantazo, que llega tarde y mal. Ofreció una alternativa de pacto a “Sánchez y su banda” con tres puntos llenos de lógica, pero ni el entusiasta titular que le dedica hoy El Mundo a esta oferta de Rivera puede esconder la asunción del fracaso que supone a la hora de valorar lo que Ciudadanos ha hecho desde el 28 de abril. una vez fracasada la investidura de julio, como muy tarde, Rivera ya debía de haber hecho esta propuesta, en un mensaje de tipo “no aguanto a Sánchez, pero me importa más la gobernabilidad del país”. Eso hubiera sido coherente con su idea de partido bisagra, abierto a la sociedad civil y enemigo de los extremistas y nacionalistas. Con una oferta de este tipo, sostenida en el tiempo, Rivera hubiera dejado en el tejado del PSOE y Sánchez la obligación de justificar su política de alianzas y los movimientos durante el proceso negociador. Casi al 100% Sánchez hubiera hecho durante este tiempo lo que hizo ayer, rechazar la propuesta, pero al menos los de Rivera podían presentarse como pactistas frente al radical Sánchez. Sería una estrategia mucho más inteligente de cara a elecciones, hubiera o no.

Ahora la situación es mucho más difícil para Rivera y los suyos. El movimiento de ayer es muestra de debilidad y miedo, una acción a la desesperada, y tanto PSOE como PP, que ven bien la repetición, calculan cuántos de los escaños que perderán los naranjas e irán a uno u otro partido mayoritario. Por motivos distintos, Iglesias y Rivera han dado una lección de cómo no negociar las cosas del poder, obteniendo ambos, probablemente, un resultado nefasto de sus movimientos. Políticos jóvenes, muy preparados en teoría, que van camino del fracaso. Se aprende a hacer camino al andar y tropezar, sí, pero el recorrido que llevan hacia ninguna parte es tan asombroso como incomprensible. Y mientras tanto, El Rey, harto, muy harto de todos ellos.

Cojo unos pocos días de vacaciones y subo a Elorrio. Si todo va bien volveremos a leernos el miércoles 25, a mediados de la semana que viene.

martes, julio 30, 2019

Ciudadanos, o crisis de la nueva política


Con el bloqueo político que vivimos, y que en la práctica se prolonga ya desde hace algunos años, comienzan a surgir voces sobre la necesidad de las nuevas formaciones que aparecieron en el mercado de la política hace pocos años y tienen pinta de haber sido sometidas a un proceso de envejecimiento muy acelerado. Sin llegar al lustro de existencia, términos como purga, depuración, críticos, limpieza y cosas por el estilo llenan los comentarios al referirse a las mismas, y se ve que reproducen, a escala, los comportamientos de los “viejos partidos” como ellos los denominan, a los que aspiraban a suceder. Parece que ese objetivo maximalista ya nunca va a ser alcanzado. ¿Cuál es, entonces, su futuro?

Si ayer analizaba algo más en detalle la situación de un Podemos decadente y anclado en las necesidades de la familia Iglesias Montero, podemos echar hoy un vistazo a Ciudadanos, que sufre desgarros constantes y se encuentra cada vez en una situación más incómoda. Los resultados electorales fueron buenos para la formación, su uno los compara con los de comicios anteriores, pero dejaron al partido de Rivera en la tierra de nadie, como me gusta decir, un lugar árido en el que no logra sobrepasar al PP, imposibilitando ese sorpasso por la derecha al que aspiraba y no se convierte en fuerza decisiva para casi nada. Mejora, sí, pero insuficiente. A partir de ahí las pulsiones en la formación han ido creciendo a medida que rivera ha escorado su discurso y cerrado vías de entendimiento con formaciones que no sean el PP. A escala, lo que pasa en ese partido se parece un poco a Podemos, de tal manera que la formación se está convirtiendo en un medio para que las ambiciones personales de sus dirigentes sean satisfechas y, si no es así, el medio se corrompe. En cierto modo es algo que le pasa a todos los partidos políticos, dado que las personas que los dirigen son ambiciosas y luchan por el poder por encima de lo que sea. De hecho para eso se presentan a unas elecciones. El problema es cuando tus ansias son excesivas, tus deseos absolutos y tus prisas letales. Puede que Ciudadanos encontrase en las pasadas elecciones su techo, dado que era una formación que jugaba a dos bandas y trataba de sacar votos del centro izquierda y centro derecha. La idea de orientar el partido a la derecha para crecer más por ese costado deja desguarnecido el flanco izquierdo y supone una peligrosa sangría de votos por esa ala, en la que no sólo hay socialistas desencantados. También habitan en ella auténticos creyentes de un pacto transversal, de una búsqueda de acuerdos que eviten los “rojos y azules” que muchas veces con acierto menciona Rivera. Las bajas de dirigentes de Ciudadanos de estas últimas semanas (Roldán, Serrano, Maura….) representan una enorme pérdida de capital humano para el partido, y para la política española en general. Son profesionales de prestigio acreditado, moderados, no sectarios, que buscaban una entente para arreglar los graves problemas que nos afligen, que pudieran estar equivocados o no, pero desde luego no actuaban con orejeras al servicio de una estrategia de acoso y derribo. Frente a ellos, los Sánchez, rivera, casado e Iglesias suponen polos opuestos, no tanto en ideología como en formas, en autoritarismo, en necesidad de adoración al líder y seguimiento sin fisuras. Con la remodelación de la cúpula aprobada ayer, Rivera tiene un Ciudadanos mucho más a su medida personal, pero, creo, mucho menos a la medida de la sociedad española. ¿Tenía Ciudadanos otras opciones? Creo que sí ¿Por qué no ofreció Rivera un acuerdo a Sánchez con unas claras líneas rojas en cuestiones como el separatismo, Cataluña, etc a cambio de un apoyo parlamentario? ¿Por qué renunció a que el candidato socialista se retratase públicamente en esos aspectos antes de iniciar su ofensiva de derribo?

La pregunta que se hacen muchos, hoy mismo, es por qué si el escenario político no hace más que dibujar el manido enfrentamiento entre izquierda y derecha tenemos opciones múltiples que sólo sirven para enturbiarlo todo. Visto lo visto, si uno quiere que gobierne la izquierda debe votar al PSOE y huir de Podemos. Si quiere que gobierne la derecha debe votar al PP y escapar de Vox lo más rápido posible. ¿Dónde queda Ciudadanos en este marco polarizado? Se arriesga el partido de Rivera a ser carcomido por ambos extremos por el voto útil y quedarse con las raspas de la formación, lo que no sería nada útil para un candidato, Rivera, al que se le empieza a cerrar el cielo del poder de manera más o menos clara. Eso para todo político es deprimente, y parece ser, fuerza a cometer errores de bulto. Que se le pregunte al mesiánico faro luminoso de Galapagar.

martes, junio 25, 2019

Grave crisis en Ciudadanos


Cuando se hizo el análisis de las pasadas elecciones, todas las que nos han arrollado en lo que llevamos de año, Ciudadanos emergía de ellas como uno de los ganadores, en términos absolutos, porque había crecido en votos, parlamentarios, concejales y opciones de poder, pero en términos relativos su victoria no lo era tanto, y parafraseando al González de 1993, era una amarga victoria, porque el gran objetivo de este ciclo electoral, superar al Partido Popular, no se había dado. Con un PP en sus horas más bajas, con una extrema derecha que lamía votos a los populares por el otro extremo, las siglas clásicas de la derecha habían aguantado el envite y el naranja no rebasaba al azul. Si en esas condiciones no lo lograba, ¿cuándo lo haría?

Visto de manera centrada, que es la que más le debiera gustar a los de Rivera, su partido se quedó en la tierra de nadie, un lugar inhóspito y desagradable donde te pueden caer palos desde todos los lados. No es preminente en ninguna parte y la flexibilidad a la hora de poder pactar a izquierda y derecha se reduce porque el veto a Sánchez y la presencia de Vox lo condicionan todo. Es este último actor, Vox, el que más está contaminando al partido de Rivera. La idea de conformar bloques de gobierno de centro derecha hubiera sido limpia si sólo Ciudadanos y el PP alcanzasen las mayorías necesarias, pero la presencia de Vox lo altera todo, dado que sus votos son decisivos, fundamentales, para lograr uniones de derecha gobernantes. En Andalucía se salvó el escollo de mala manera y con grietas, pero en casos como Madrid, Comunidad y Ayuntamiento, resulta evidente el destrozo que para la estrategia moderada de Ciudadanos representa una formación altanera y ausente de toda racionalidad como Vox. Las negociaciones que se dan entre ellos, reducidas a un extraño mundo de infantilismo en el que no se ven peo acuerdan por parte interpuesta, han tensado al partido naranja, en el que conviven varias corrientes, y acabaron por aflorar ayer con la marcha de Toni Roldán, el portavoz económico en el Congreso, diputado de gran valía y hombre sensato y moderado. Días antes varios fundadores de lo que fue el movimiento inicial que dio lugar a ciudadanos expresaron públicamente su preocupación por la deriva actual del partido y la necesidad de replantearse las alianzas, evitando que Vox siguiera contaminando la marca. Veían con alarma como la derechización de la formación, cierta o no. Era realmente así percibida por parte de la sociedad, y eso suponía no sólo una posible pérdida de futuros votantes, sino la traición parcial del espíritu no ya regenerador, sino alejado de extremos, que era la base creadora de esta formación. Recordemos que Ciudadanos surge como movimiento civil en Cataluña frente al nacionalismo imperante y la rendición de las fuerzas constitucionalistas. Con un mensaje moderno, abierto e inclusivo, Ciudadanos explota como fuerza política allí y se extiende a toda España como una tercera vía centrista, tratando de huir del pesado y maniqueo debate que consume la política en nuestro país. Logra una implantación muy relevante en varias regiones (y fracasos absolutos como País Vasco o Galicia) e inicia el ascenso mediático, demoscópico y de votos, hasta llegar a sus mejores resultados, en abril de este año, con más de cuatro millones de sufragios y 57 diputados, tercera fuerza en el parlamento. A partir de ahí, el dilema de qué hacer, y el riesgo de, ya teniendo poder, utilizarlo de manera práctica o errónea. Vamos, lo de siempre, el reto que todo político desea enfrentar y del que muy pocos salen indemnes.

¿Qué puede hacer Ciudadanos en la situación actual? Los que le ruegan que facilite la investidura de Sánchez esperan las siguientes elecciones para robarle votos por su izquierda, mientras los que le imploran para que se mantenga firme lo esperan para robarle votos por la derecha. Todos sus “consejeros mediáticos” huelen la crisis que vive el partido y ven ahí votos que les pueden servir a sus partidos de cabecera, PP o PSOE. En el escenario de una posible repetición electoral, que aumenta sus probabilidades poco a poco, es posible que Ciudadanos vea castigados sus resultados por la polarización y la pérdida de apoyos tras sus pactos, y sea uno de los perjudicados. Rivera debiera meditar muy bien qué hacer y qué es lo mejor para su partido y el país, teniendo en cuenta que probablemente lo uno sea incompatible con lo otro.

lunes, junio 17, 2019

Ciudadanos, entre dos tierras


Tras la constitución de los ayuntamientos este pasado sábado, que dejó situaciones de lo más diverso, en algunos casos divertido, en otros reflejo de la intolerancia nacionalista, se puede hacer un cierto balance de ganadores y perdedores de los pactos alcanzados. Y nuevamente los dos grandes partidos aparecer como los mayores beneficiados. El PSOE, que ganó esas elecciones en votos, consigue feudos importantes y una elevada representatividad en todo el país, y el PP, que sacó un mal resultado, alcanza el poder en varias plazas gracias a las alianzas a dos o a tres, maquillando en gran parte el escrutinio de votos, que fue malo para ellos. Tanto en Ferraz como en Génova tienen motivos para sentirse satisfechos.

No se puede decir lo mismo en la sede de Ciudadanos. Sus resultados electorales fueron buenos, buenos en el sentido de subir en votos y concejales respecto a las elecciones pasadas, donde ni existían en muchos municipios. El resultado global de los pactos les otorga poder real, cosa que antes no tenían, por lo que también en ese sentido la situación es mejor, pero el regusto que deja la jornada es algo amargo para los de Rivera. Y lo es porque, parafraseando esa canción de Héroes del Silencio, el partido se quedó entre dos tierras y no le dejan aire que respirar. El ascenso de Ciudadanos es indudable, sí, pero claramente insuficiente para conseguir los dos objetivos que buscaba Rivera. Uno, el fundamental, convertirse en el líder del centro derecha en España, cosa que no ha sucedido. Ha estado cerca, ha tenido en frente al peor de los PPs imaginables, pero aún así no lo ha rebasado. Y de ese “sorpasso” esperado se deducía el otro objetivo, la independencia, la autonomía a la hora de pactar, autonomía en forma de no verse sometido a la necesidad de recurrir a Vox. Y ahí es donde el resultado de Ciudadanos es claramente insatisfactorio. La división en el voto de la derecha ha convertido a Vox, para desgracia de casi todos, en aliado necesario si se quiere conformar una mayoría alternativa. El caso obvio, por notorio, es el de Madrid. Si Vox no vota el acuerdo entre PP y Ciudadanos Carmena seguiría de alcaldesa, y si lo vota es porque espera sacar rédito de ello. De momento no aparecen cargos de la formación extremista en la composición del gobierno municipal, dada a conocer ayer, pero es probable que sí estén presentes en segundos y terceros niveles, como responsables de juntas de distrito o similares. Bueno, dirán algunos, vamos a pasar de tener responsables de distrito de extrema izquierda, como eran Romy Arce o Sánchez Mato, a tenerlos de extrema derecha, y eso es una manera de decir que pasamos de un problema a otro, de signo contrario, pero de igual intensidad. Ambos extremos son, desde mi punto de vista, igual de lesivos para la convivencia y la gestión pública, y pese a que resulta obvio que en España está mucho mejor visto ser comunista que pseudofranquista, a mi me parecen dos reversos de una moneda igual mente vacía de valor, y llena de problemas. ¿Hasta qué punto tensará Vox la cuerda en el día a día en su gestión y exigencias? Lo veremos, pero está claro que todos sus movimientos se convertirán en una carga, azuzada convenientemente por los medios, para un Ciudadanos que se verá presionado en todo momento por estos acuerdos. Al PP parece importarle poco que le asocien con una formación tan extremista, porque en parte los votantes de Vox eran votantes del PP, que votaban esas siglas con pinzas en la nariz a falta de otra alternativa viable. Si con el tiempo las cosas transcurren como es debido, Vox se desinflará y su representatividad irá a mucho menos, entre otras cosas porque sus votantes han visto cuáles son las consecuencias, para la derecha, de fragmentar el voto, y la pérdida de poder que eso supone, pero durante unos cuantos años, al menos cuatro, vox tendrá el papel en los municipios que las municipales le han otorgado, y para Ciudadanos gestionar eso se va a convertir en uno de sus mayores dolores de cabeza. Puede hacer como que no están ahí, pero esa táctica de negación, tarde o temprano, resulta tan infantil como inútil.

¿Qué hacer? Una opción es la de la vía Valls, que en el ayuntamiento de Barcelona regaló sus escaños para que ERC no alcanzase la alcaldía. Con este gesto, inédito en la política española, Valls optaba directamente por el mal menor, y se saltaba las líneas rojas de un Ciudadanos que no hubiera apoyado ni a uno ni a otro. Cierto es que los escaños de Valls no daban para mucho más, pero su gesto es valioso. La pregunta es ¿Hubiera hecho lo mismo Valls en una situación como la madrileña, renunciado a los votos de Vox? ¿Hubiera renunciado al poder allí donde tendría opciones reales de alcanzarlo? Y de hacerlo, ¿le hubieran recompensado los votantes por su gesto en las siguientes elecciones? Esa es la gran pregunta que en Ciudadanos deben hacerse sin cesar.

martes, enero 23, 2018

Ciudadanos pone muy nervioso al PP

Las encuestas electorales conocidas la semana pasada han alterado mucho la visión del panorama político nacional. Año nuevo, vida nueva, se dice, y puede que algo haya de eso. Subido a la ola de los excelentes resultados electorales cosechados en Cataluña, Ciudadanos recibe una prima de respaldo en toda España y empate a nivel técnico con un PP que no deja de, poco a poco, caer desde el momento de la victoria electoral en verano de 2016. Por su parte el PSOE consolida su nivel de voto, pero no aumenta, y Podemos entra en un proceso de desangre permanente que le hace perder puntos, proceso agudizado sin duda por su opinión respecto a todo lo que ha sucedido y sucede en Cataluña. La crisis de Podemos va a más, y cuanto más se nieguen a verlo su iluminado dirigente y coro de fieles, peor será.

¿Tiene opciones reales Ciudadanos de ganar unas elecciones generales? Es una pregunta muy difícil de contestar, y aunque ahora mismo me incline por decir “no” la mera posibilidad de que fuera “sí” sería tan fascinante como revolucionaria. Además, recordemos, una cosa es ganar en votos y otra es la asignación de escaños, y eso son dos asuntos muy distintos. Y otra tercera es ganar y gobernar, que a veces tienen poco que ver. Hay regiones, como se ha visto en Cataluña y se intuye en Madrid, en las que hoy en día Ciudadanos ganaría al PP y se convertiría en la primera fuerza electoral. En otras como Valencia y las Castillas la cosa está más disputada, y es probable que en Andalucía y, sobre todo Galicia, el PP conserve un electorado muy fiel y venza tranquilamente a los naranjas. En todo caso, el resultado catalán, un desastre absoluto para los populares, que siguen sin querer verlo y aceptarlo, ha encendido las alarmas en Génova, mucho más tarde de lo que debiera haber sido conveniente para sus intereses. Ciudadanos, no lo olvidemos, surge tras la decepción del votante no nacionalista, popular y socialista, ante el conchabeo de sus formaciones con el nacionalismo pujolista, encarnado por figuras del clan o secuaces de segunda línea. La visión de Albert Rivera, un hombre joven, sin pasado ni deudas, es novedosa y rupturista, y su forma de hacer campaña, muy moderna, frente al anquilosamiento de PP y PSOE. Con el tiempo Ciudadanos se consolida como cuarta fuerza electoral y, escondido tras el gran resultado de Podemos en las dobles elecciones de 2015 2016, aguanta el pulso y logra alcanzar un pacto de legislatura con el PP. Y entonces estalla con toda su fuerza la crisis catalana, y ahí todos los partidos se ven retratados. Para el votante no nacionalista Ciudadanos es la única fuerza política coherente, digna y sensata, y las encuestas así lo van reflejando. Génova y Ferraz desprecian esos augurios y, tras el resultado electoral, lloran por su derrota y error. En el PP, convertido en fuerza marginal en Cataluña, se inicia una campaña contra los de rivera para solicitar que les ayuden a tener grupo propio, acusándoles de no querer combatir con la fuerza necesaria a los nacionalistas, después de haber sacado un escrutinio propio de una fuerza (muy) antisistema, y las encuestas de la semana pasada, por fin, desatan el miedo en el PP. Rajoy, que como ahí aguanta demuestra ser el más listo de todos, sabe que suya es la competencia para convocar elecciones, y cuanto más tarde sean más espera que se diluya el dulce momento electoral de Ciudadanos. Rivera lo sabe, y el mayor error que puede cometer es caer en la prisa, el orgullo y la complacencia que tanto ejerció Podemos en el pasado, que le ha llevado a su actual crisis. Le toca seguir trabajando cada día y no dejarse emborrachar por estadísticas que, como veletas, un día soplan a favor y otro en contra.

Juega con ventaja Ciudadanos respecto al resto de formaciones políticas. No gobierna, no gestiona. Su discurso regenerador y reformista no se ha enfrentado a la cruda realidad de la decisión política del día a día, en minoría, negociando, que todo lo enturbia y deja como resultado un pacto que nunca satisface a nadie. ¿Sería un gobierno de Ciudadanos tan distinto a lo que ya conocemos? No se si tendremos la oportunidad de comprobarlo, pero no duden que habría notables diferencias entre su discurso y la actuación. Pasa siempre. De momento, viven un momento dulce, que a nadie le amarga, salvo a los rivales, que ven con angustia como los naranjas crecen y ellos menguan. Apasionante se presenta este ciclo político.

miércoles, junio 28, 2017

Qué hacer con la gestación subrogada

El tertulianismo carece de límites, su opinión es omnisciente y nada escapa de sus garras. Bien lo describía ayer Rubén Amón en un certero artículo, desde su propia condición de tertuliano, con una aire de cierta admiración y sorpresa ante el tertuliano profesional que de todo opina y, desde luego, sabe, subido a su trinchera ideológica desde la que dispara sin descanso contra la de enfrente, en la que habita un sujeto muy similar a él. El autor de un blog diario, como es mi caso, cae muchas veces en el exceso de opinión, dado que casi todo lo que escribo no dejan de ser opiniones personales, pero trato, cada vez más, de juzgar lo menos posible, entre otras cosas porque crecen los debates en los que no se qué postura tomar.

Y es el de la gestación subrogada, fina manera de denominar a los vientres de alquiler, una de esas controversias en las que miro a todos los lados de la mesa y no se con qué carta quedarme. La propuesta presentada ayer por Ciudadanos en la mesa del Congreso para que se debata este asunto en la cámara es un primer paso para abrir los ojos a una realidad que está ahí, y que carece de ley o soporte que la ampare. No son pocas las personas que han recurrido a esta técnica para tener hijos, bien porque no pueden por motivos médicos o, como en el caso de las parejas homosexuales masculinas, por falta de útero. Y no son pocos los famosos que presumen de hijos que, sabido y público es, se han concebido mediante esta técnica, fuera de España. Ahora mismo esta posibilidad está abierta a aquellos que tiene mucho dinero, siendo por tanto una posibilidad limitada exclusivamente por la renta, no por cuestiones de gusto o necesidad. Los muchos que se oponen a ella utilizan dos argumentos de peso. Uno es el de la explotación de la mujer, el uso de la misma como mero “vientre con patas” para la gestación, como si de una máquina se tratase, sin tener en cuenta las implicaciones médicas y emocionales que genera un embarazo. El otro argumento es que tener hijos no es un derecho como tal, y que si por lo que fuera no resulta posible no es necesario establecer un procedimiento alternativo que, por encima de todo, sólo genere satisfacción a los futuros padres. Partidarios y detractores se enfrentan, desde trincheras ideológicas y morales, que muchas veces cruzan los estereotipos y no pueden ser cribadas con el clásico, maniqueo y absurdo criterio de “izquierda y derecha” con el que los españolitos de a pie tratamos todos los problemas. Hay parejas de todas las ideologías y espectros sociales que han usado vientres de alquiler y, que de tener la renta para ello, no dudarían un instante en recurrir a ella, y opositores a la misma que van desde muchos grupos feministas que son vistos como de izquierda hasta toda la visión católica de la vida, que no suele asociarse precisamente con las corrientes progresistas. Todos tienen argumentos de peso y, además, sentimientos profundos al respecto, deseos insatisfechos que pueden llegar a corroer el alma y la relación de pareja, y visiones de la vida tan opuestas como fundadas. Veo y leo los argumentos y no se con qué carta quedarme, porque todos ellos tienen parte de razón, y llegado el caso unos u otros son los vencedores en función del contexto en el que se ponga el problema. Y esto no hace sino ir a más, porque a medida que la pareja tradicional empieza a perder peso frente a nuevas formas de convivencia, monoparentales incluidas, el uso y demanda de este tipo de técnicas, u otras, no hará sino crecer.


Por ello hay que reconocer a Ciudadanos el mérito de haber sacado este tema del limbo para ponerlo delante de la mesa, y plantear la necesidad de que, de alguna manera, se regule. La propuesta de Rivera y compañía promueve una legalización controlada y no sujeta a contrato económico, de tal manera que no exista un precio por ser madre, más allá de la financiación de los costes asociados al proceso de embarazo. Puede ser un punto de partida, como lo sería cualquier otro, para discutir, para cruzar argumentos y acabar generando un texto que ponga orden y seguridad jurídica a algo que, nos guste o no, sucede en nuestra sociedad. Los dogmatismos que mencionaba al principio no ayudan en los debate, pero cerrar los ojos e ignorarlos tampoco sirve para nada.

martes, marzo 28, 2017

Ciudadanos y un señor de Murcia

Me enamoré perdidamente de Ninette, el genial personaje creado por Miguel Mihura, en la encarnación que para la tele hizo Victoria Vera en los ochenta. Francesa, pelirroja, alegre, desinhibida, moderna, Ninette era el paraíso. Hija de unos exiliados de la guerra civil española de origen asturiano que viven en París, se convierte en el sueño hecho realidad de un señor de Murcia, genial Jesús puente, que va a visitar a su paisano que también reside en la capital francesa, con la planta y voz de Alfredo Landa, que cuenta maravillas de su vida en Europa, pese a que el día a día de su existencia no sea nada más que tristeza, excepto cuando ve a la luz, encarnada en Ninette.

La política, que no es tan agradecida como los textos del gran Mihura, escribe estos días un sainete murciano en el que hay poco de Ninette y bastante de tristeza, con un toque de enredo muy propio de la tierra. Hace poco venció el plazo que Ciudadanos dio al PP para que propusiera un candidato nuevo que supliera a Pedro Antonio Sánchez, actual presidente del gobierno regional, e investigado en el caso relacionado con la obra del auditorio de Puerto Lumbreras, municipio del que fue alcalde con anterioridad. Ciudadanos dijo que si Sánchez no se iba apoyaría una moción de censura de la oposición, sumando sus votos a PSOE y Podemos, para desbancar al PP del gobierno y convocar nuevas elecciones. El plazo, cumplido, llega con el PP fijo en su postura y candidato, y el PSOE y Podemos reclamando el voto de ciudadanos ante una moción ya presentada en las cortes, pero que no ven ambos partidos como una vía para convocar elecciones, sino como una forma de quitar el gobierno al PP y lograr el control de la comunidad. En su afán por la transparencia y la dignidad Ciudadanos se ha colocado en la peor de las opciones posibles. Si apoya con sus votos esa moción de censura permitirá un gobierno PSOE Podemos y si no lo hace permitirá que el PP siga gobernando con el imputado Sánchez al frente. Un dilema de los gordos en el que no hay opciones buenas para la formación de Rivera, en el que haga lo que haga será vapuleado por unos y por otros, por las respectivas voces mediáticas de cada grupo y por la sociedad en su conjunto. Ello ha provocado también disensiones entre los naranjas, entre la dirección central del partido, partidaria de no sumarse a la moción dado que no se convocarán elecciones, y los representantes regionales, que no descartan nada, a sabiendas de que serán los primeros y principales perjudicados de la decisión que tomen, en un sentido o en otro. Este caso también está provocando desgarros en el PP, aunque sean livianos, dada la profesionalidad de este partido a la hora de amarrar el poder cuando lo posee y ocultar la corrupción cuando amenaza. Pocos días han pasado desde que Alberto Garre, expresidente murciano, que ocupó ese cargo apenas un par de años desde la marcha de Ramón Luís Valcárcel hasta la llegada de Sánchez, presentara una carta en la que abandonaba la formación popular, y expresaba su queja y decepción por cómo el PP ha gestionado los casos de corrupción, o más bien por cómo no los ha gestionado. Garre en su texto menciona directamente a Rajoy, a su táctica de dejar pasar, de ponerse de lado ante los corruptos, de consentirlo, y se declara no tanto indignado como decepcionado. Su escrito es una llamada de atención ante los comportamientos corruptos que persisten en la política, en todas las regiones, y que se ven alimentados por el dinero negro de la financiación de los partidos, algo a lo que nadie quiere meter mano.


Ante este panorama, ¿qué es lo que va a pasar en Murcia? Ni idea. En principio la moción de censura se debate en el parlamento regional la semana que viene y, salvo sorpresa en el procedimiento judicial que se sigue contra Sánchez, no tendremos nuevas piezas de juego sobre la mesa de las que conocemos ahora mismo. Si Ciudadanos mantiene su postura oficial es muy probable que no secunde la moción, pero quizá opte por una posición de libertad de voto, para tratar de no mojarse en exceso. Lo que parece seguro es que nada sucederá a la altura de lo que, seguro, sería capaz de escribir Mihura con estos mimbres. Lean su obra y, consejo, revisen esa serie televisiva, echa con todo el gusto, gracia y talento posible.

viernes, marzo 10, 2017

¿Peligra el pacto Ciudadanos PP?

En esta semana la actualidad política se ha calentado mucho. Con el runrún del caso tres por ciento de fondo, que ya vemos que era aún más mordida que la que expresa esa cifra, las relaciones entre el PP y Ciudadanos se han agriado más de lo que cabría esperar a estas alturas de legislatura. El detonante ha sido Murcia, la imputación del presidente regional, el incumplimiento de la palabra dada por dicha autoridad y la decisión del partido de Rivera de romper la alianza regional, con un ultimátum al PP para que, o escoge un nuevo candidato a presidencia, o apoyará una moción de censura junto con el PSOE, y el apoyo de Podemos, para convocar nuevas elecciones regionales.

Este clima local de desencuentro se ha trasladado al Parlamento nacional, donde el acuerdo PP Ciudadanos garantiza 170 escaños, que son muchos, pero no mayoría absoluta, y ha generado un cruce mutuo de acusaciones incumplimiento de pactos y un lanzamiento a la cara de comisiones de investigación sobre las corruptelas propias y ajenas que, la verdad, ha resultado bastante patético. Parece obvio que el PP no se ha hecho a la idea de que ya no tiene mayoría absoluta, de que depende del voto de otros para sacar sus iniciativas y ocultar sus trapos sucios. Las declaraciones que cada día realiza Rafael Hernando, portavoz popular en el Congreso, enmiendan, con su tono y forma, cualquier llamada al diálogo que surge, también cada día, de muchos de los altos cargos y ministros del gobierno. En este reparto del “poli bueno poli malo” a Hernando le ha tocado ser el jefe de los “muy malos” y es él el que se reúne con mayor frecuencia con Ciudadanos. El partido de Rivera, por su parte, se encuentra en una posición complicada. Su coherencia, que la ha demostrado en el caso murciano, cojea por su escaso peso electoral. Por así decirlo, es una muleta corta, que se sabe necesaria pero no imprescindible. Sus resultados electorales, buenos, se quedaron en el camino hacia lo excelente, y les ha colocado en una posición incómoda que les permite poco lucimiento. Además, Rivera tiene la estabilidad del gobierno como una de sus metas, y sabe que cuanto más pese ese criterio en sus decisiones menos relevancia aún obtendrán sus propios escaños. Atrapado entre la necesidad y la virtud, Rivera se ve en un brete bastante desagradable. Además hay otros dos factores que le hacen la vida más complicada si cabe. Uno es el caso que sigue existiendo a su izquierda, con un Podemos subido al monte de Iglesias y Montero, con el que casi nada podrá hablar, y menos pactar, y un PSOE en estado comatoso, cuyo liderazgo sigue en disputa y sin que nadie se atreva a hacer vaticinios certeros al respecto. Ahora mismo las relaciones parlamentarias de Ciudadanos con el PSOE son bastante buenas, pero una hipotética victoria de Sánchez en las primarias puede hacer que esas ententes cordiales se desvanezcan. El otro problema añadido es el del llamado “botón nuclear” que es la forma rimbombante con la muchos analistas denominan a la opción que tiene Rajoy de convocar elecciones cuando le plazca, para aumentar la dimensión de su grupo electoral a costa de las crisis y debates internos que viven los demás. Una y otra vez ha reiterado el Presidente del Gobierno que quiere acabar la legislatura, que le parece un disparate volver a las urnas tras el caótico año 2016, y su fama de previsible hace que esta voluntad pueda ser realmente la que se esconde en sus deseos, pero no son pocas las voces de su entorno (sobre todo el mediático) que de vez en cuando sueltan la posibilidad de esa convocatoria, que dejan caer la opción, como amenaza velada.


Es obvio que un destrozo, y no digamos ruptura, del acuerdo PP Ciudadanos nos acercaría mucho a esa convocatoria electoral, pero mi sospecha es que, ante esa disyuntiva, Rivera cedería para evitar el daño de la disolución, campaña y pérdida de tiempo asociada. Lo que puede ser determinante para que haya elecciones anticipadas, o las aleje del todo, es la negociación presupuestaria con el PNV, y sus frutos. Si finalmente hay acuerdo y se aprueban unos presupuestos para 2017, o incluso, prorrogados estos, para 2018, no habrá adelanto electoral. Si ese “pacto del tractor” no se cierra, la tentación para disolver las cámaras por parte de Rajoy será muy alta y, amparado en la ausencia de cuentas públicas, con muchos argumentos. Toca esperar y ver.

miércoles, mayo 25, 2016

Albert Rivera en Venezuela

Es imposible, a casi un mes de las elecciones, deslindar la visita de Albert Rivera a Venezuela de la campaña electoral. De hecho todo lo que se haga en estas fechas, sea pensado en esos términos o no, será interpretado en clave política y electoral. Pero es indudable la valentía y el coraje que Rivera ha demostrado en su gesto de apoyo a los opositores venezolanos, a los que luchan por la libertad en aquel país y a las clases medias y bajas de una nación que, harta de la corrupción tradicional, se echó en brazos de un mesianismo armado que la ha conducido a la más profunda de las crisis y pobrezas. Rivera ha hecho lo debido. Y eso es indudable.

Es Venezuela la constante historia de una posibilidad frustrada, de unas excelentes condiciones de partida, de una riqueza natural y humana extraordinaria, que no deja de echarse a perder por cómo se ha gestionado. Durante décadas los ingresos, fabulosos, provenientes del petróleo condenaron a la economía venezolana a eso que se llama la “trampa de los holandeses”. El río de divisas que accedía al país de manera irrefrenable y sólo a cuenta del crudo hacía que cualquier otra inversión productiva no fuera rentable. Era imposible crear empresas de otro tipo, y sobre esa catarata de dinero empezaron a surgir, como suele ser habitual en estos casos, oligarcas, potentados y familias que se hicieron con la mayor parte de los réditos de la economía nacional, convirtiéndola en un cortijo. Si Latinoamérica ha tenido en su abrupta desigualdad uno de los mayores males de su historia, el caso venezolano era paradigmático. Corrupción desatada e ineficiencias acabaron por soterrar a la democracia en Caracas, democracia que era más formal que efectiva, y un golpe de estado encabezado por un militar bravucón y poseído por una verborrea alucinógena, de nombre Hugo, se hizo con el poder, no al primer intento, es verdad, pero sí a la larga. Chávez mostró inteligencia política, y se dio cuenta de que su reinado absolutista sólo podía durar si atrapaba a las masas, si las encandilaba, y se puso al frente de un discurso basado en el comunismo de toda la vida y el nacionalismo, tanto venezolano como latinoamericano. La explotación del discurso de la agresión exterior siempre funciona en sociedades pobres, incapaces de hacer frente al hecho de que quienes más les roban no son los de otros países, sino algunos de sus propios compatriotas. El chavismo fue afianzando su poder a base del palo de la represión y la zanahoria de los subsidios basados en ese maná petrolífero, que llegó a costar bastante más de 100 dólares el barril. Así mismo Chávez supo engrasar, nunca mejor dicho, su imagen en el exterior, tanto exhibiéndose como abanderado de los desarrapados (un clásico de la falsedad) como financiando movimientos y grupos de trabajo en el exterior que elogiasen su figura y obra. La economía venezolana, mientras tanto, seguía igual de abandonada, en Caracas se daba un asesinato cada media hora más o menos y la estructura del país se descomponía, pero el petróleo caro todo lo amparaba. La muerte de Chávez por un cáncer, la llegada al poder de Nicolás Maduro, un vulgar imitador que no duraría ni dos días en un programa de variedades televisivas, y el derrumbe del petróleo, eran las condiciones necesarias para que Venezuela, otra vez, se derrumbase. Y en ello está, cayendo en picado por el pozo negro de la corrupción, dictadura, inflación y pobreza.

Venezuela es el ejemplo perfecto de esa teoría de Acemoglu y Robinson de que son las instituciones, la forma en la que los humanos gestionamos los recursos, lo que permite el crecimiento económico y la huida de la pobreza. De nada sirve la infinita riqueza natural de Venezuela si, bien una panda de corruptos o de golpistas, o de ambas cosas, se hacen con el poder y mangonean a su antojo. Rivera lo está viendo con sus propios ojos, y su intervención ante la asamblea venezolana, en un acto que eleva su condición de presidenciable, es el mensaje que, proveniente de un liberalismo tranquilo y de un sentimiento democrático normal, el de la Europa que deseamos muchos, no se olvida de Venezuela en este momento tan dramático para su población.

jueves, mayo 14, 2015

Ciudadanos, o cómo ganar en río revuelto

Hablaba ayer de Podemos, el fenómeno político de la temporada, pero sería injusto, e irreal, que no me refiriese a Ciudadanos, otra formación a la que las encuestas, de momento, le otorgan un papel decisivo el 24 de Mayo, y que desde hace unos meses ha superado a Podemos como la marca de moda en el patio político. Como si una burbuja sucediera a otra, el desinfle de las huestes de Iglesias ha sucedido en paralelo al auge de la formación de Rivera, y eso que tengo muchas dudas de que entre los votantes de ambos partidos haya un elevado trasvase de votos.

Ciudadanos, como Podemos, también es un partido personalista, lo cual es bueno para conseguir una relevancia pública en el panorama mediático, pero puede ser letal una vez que el partido crece y es mucho más que su líder o fundador. Rivera parece que ha ido estudiando uno a uno los errores que ha cometido Iglesias en su proceso de ascenso a los altares catódicos, y los ha ido enmendando. Donde el líder con coletas ponía indignación y demagogia, Rivera aportaba serenidad y formas amables, la arrogancia de Iglesias contrasta con la afabilidad de Rivera… casi son como dos polos opuestos, que en cierto modo reflejan dos visiones del problema que vive España. Podemos se nutre de los descontentos e indignados por la crisis que, hartos de sentirse engañados, quieren romper el tablero de juego de pura rabia, cargárselo todo, invalidarlo, refundar una nueva sociedad. Ciudadanos también se alimenta de esa ola de crítica, pero recoge el guante y trata de ofrecer una posible solución a los problemas. Para simplificar las cosas, y ya saben que eso es caer en el riesgo de la equivocación, Podemos implica protesta y Ciudadanos propuesta. Rivera, que lleva muchos años en política, pegándose y siendo zurrado por el inmenso poder del nacionalismo catalán, ha encontrado un filón en el aire tecnocrático y responsable de muchos de sus fichajes, con Luis Garicano a la cabeza, a cuyas charlas yo iba hace un par de años cuando no lo conocían demasiados y había huecos en el auditorio, y se ha lanzado al ruedo con unas propuesta en materias económicas, principalmente, pero no solo, que han logrado el gran éxito de liderar el debate en torno a ellas. Podemos no ha logrado articular un programa económico de tal nombre ni, sobre todo, situar sus propuestas en el centro del debate. Ciudadanos sí, tanto por los apoyos como por las críticas que recibe, y eso ya es un triunfo para una formación que, carente de representantes en las instituciones y de poder duro, vive de los medios y del ruido que en ellos pueda hacer. Dentro de esa simplificación, ¿representa Ciudadanos, como dicen muchos, a los indignados de derechas? Es evidente que recoge un voto de antiguos seguidores del PP que se sienten decepcionados por Rajoy y sus medidas, pero desde luego son votantes del PP que no han comulgado plenamente ni con la ideología del partido ni con sus líderes, son “peperos templados” por llamarlos de una manera, liberales de verdad (y no, Esperanza Aguirre NO es liberal) pero también recoge ciudadanos a descontentos del PSOE, y a muchos otros votantes moderados, de izquierdas y derechas, que no se sienten representados por las formaciones de toda la vida y que ven en la deslegitimación que plantea Podemos una especie de pataleta, quizás motivada, pero que no sirve para mucho más que para expresar un desahogo. Rivera ha sido en este sentido muy hábil para darse cuenta de que la crisis política ha sido tan profunda que ha permitido madurar un voto de descontento que ha ido más allá de la bronca. La indignación 1.0 ha dado paso poco a poco a la búsqueda de soluciones, en la fase 2.0

¿Cuáles son las expectativas reales de poder que tiene Ciudadanos? No las se, dado el volátil panorama electoral y demoscópico en el que vivimos. En poco más de una semana tendremos una primera estimación verdadera. Corre el riesgo de sufrir, como Podemos, un desinfle a medida que avance el tiempo y que la sobreexposición en los medios le empiece a pasar factura (ya está empezando a cometer errores tontos en este sentido) De momento, a falta de votos, buenos sean los datos y análisis, y este breve y visualmente bello artículo de Kiko Llaneras es una muy buena base para estudiar en torno a qué posición se sitúan las formaciones políticas en España, cómo son percibidas y cuál es el espacio electoral que se disputan.

Mañana es fiesta en Madrid ciudad, por lo que no habrá artículo hasta el Lunes 18. Aunque remite, ojo al calor!!